Declaro que esta historia no me pertenece. Los perdonajes de Stephanie Meyer son adaptados a la historia de Susan Fox, una excelente autora que me gustaría dar a conocer a los que todavía no tuvieron la oportunidad de leer sus entretenidas y románticas historias.
Este es el segundo libro de la Serie Se busca novio vaquero.
La adaptación conserva el mismo nombre del libro.
Chicas mil perdones por tenerlas colgadas, no hay escusa y prometo pero juro no volver a irme tanto tiempo! Amo esta historia particular asi que espero poder cumplir con todas sus expectativas! Las quiero!
Pasaporte al amor
Capitulo 9
FUE una nueva y agradable sensación levantarse junto a Jasper. Las cortinas tapaban buena parte del sol de la mañana, de modo que ella no podía saber qué hora era. El brazo alrededor de su cintura se flexionó y la llevó sólidamente junto a su cuerpo desnudo.
Alice se puso en tensión, pero la sensación del calor de Jasper era inesperadamente cómoda. Si ella tenía alguna esperanza de que su matrimonio fuera algo más que un mero arreglo financiero, tenía que darle una oportunidad a momentos como éste.
Lo que ella le había dicho a Jasper la noche anterior sobre la clase de matrimonio que quería, había sido mucho más que un truco para evitar el sexo. Realmente quería esas cosas, aunque después de haberse visto forzada a casarse con Jasper, secretamente había perdido la esperanza de tenerlas alguna vez.
El hecho de que la prisa de Jasper por el sexo se frenara por su confesión realmente la afectó. Esta pequeña confirmación de que él era un hombre decente la hizo enternecerse hacia él aún más.
El brazo que rodeaba su cintura se movió, y la gran mano de Jasper se curvó alrededor de sus costillas. Su mano empezó a moverse, acariciando su costado arriba y abajo perezosamente, desde justo debajo del pecho hasta la cadera. Ese lento movimiento provocó una ansia tentadora muy dentro de ella.
Dejó de tocarla, y Jas[er se levantó sobre su mano para inclinarse sobre ella. Una dura barba oscurecía su fuerte mentón. Sus ojos, tan azules y hambrientos bajo la débil luz, buscaron los de ella. Sus dedos subieron lentamente y dudaron justo bajo su pecho. Su pulgar trazó dulcemente su curva y el ligero contacto envío calor a través de ella.
En el justo momento que se inclinó hacia ella, Alice se dio cuenta de que quería besarla. Atontada, se llevó la mano a los labios.
—Perdón, tengo mal aliento por las mañanas —declaró con voz ronca, haciendo que Jasper frunciera el ceño sorprendido.
Alice se deslizó bajo su brazo para bajarse de la cama. Jasper la dejó, y se quedó mirándola cuando se quedó de pie frente a él.
El asombro fue desapareciendo de la expresión de Jasper según miraba la ceñida hechura del camisón de satén blanco. Al comprender lo expuesta que estaba, Alice intentó alcanzar su bata de satén, sólo para descubrir que se había resbalado por algún sitio y estaba enredada entre la ropa de cama.
Jasper se sentó en la cama e inclinó su espalda sobre el cabecero. Alice caminó hacia el pie de la cama para buscar su bata, mientras Jasper observaba cada uno de sus movimientos con una débil sonrisa.
—Me alegro de que nunca conocieras al hombre que te diera la luna.
Las palabras le sorprendieron y le hicieron dirigir una mirada a Jasper. Ya no reía y el penetrante azul de sus ojos ardía.
Alice sintió cómo se ruborizaba y bajó la vista para continuar su búsqueda. Encontró la bata justo entonces, y rápidamente se la puso y se la ató.
—¿Quieres que pida el desayuno? —le preguntó a Jasper.
—No. Dime lo que quieres, que lo pediré mientras te vistes —contestó él con suavidad.
—Gracias, me gustaría filete y huevos con un poco de fruta.
Jasper asintió y buscó el teléfono en la mesilla de noche. Ella eligió sus cosas rápidamente y se metió en el baño para ducharse y vestirse para el día.
Cuando el desayuno llegó a la habitación, ya estaban duchados y vestidos. Alice había estirado las sábanas y había sacado algunas de sus cosas de su maleta y las había metido en los cajones del vestidor. Jasper ya se había ocupado de sus propias ropas y artículos personales, y a ella le gustó que él no hubiera esperado automáticamente que ella se hiciera cargo de esa tarea.
Jasper había encargado un gran desayuno. Ambos tomaron filete con huevos y un pequeño plato de fruta, pero el pastel de café que también había encargado estaba pecaminosamente bueno. Habían terminado su comida y estaban sentados tomando café cuando Jasper habló.
—Aún no es demasiado tarde para ir a algún sitio más original de luna de miel.
Ella bajó su taza.
—Si es algo que te apetece —respondió, buscando su cara.
Ambos coincidían en que Dallas estaba lo bastante lejos para una luna de miel, pero no era justo para Jasper quedarse allí si él quería ir a algún otro lugar. Alice había viajado durante toda su vida, pero dudaba de que Jasper también. Ahora que él tenía dinero y podía hacer lo que se le antojara e ir donde le apeteciera, ella no quería ser quien le pusiera obstáculos.
—Nunca tuve un anhelo especial por los sitios exóticos —dijo él—, pero tampoco tuve tiempo ni el dinero necesario. Podría querer algún día. Podría incluso ir hoy si tú quieres.
Lo que él pensaba de lo que ella quería, y su voluntad para cambiar sus planes para complacerla, le hizo sentirse próxima a él. Ella se había alegrado de que planearan pasar su luna de miel en Dallas. Jasper pareció aliviado cuando ella lo sugirió, y Alice había supuesto que él estaría más cómodo con ella en un entorno familiar. Ella sí se encontraba más segura con él en un lugar que conocía bien.
—Deseo ir donde te apetezca, pero estoy contenta en Dallas.
—¿Estás segura?
Alice sonrió.
—Estoy segura. Es muy amable por tu parte preguntarlo.
Para su sorpresa, el ceño de Jasper se frunció como si lo que acababa de decir le hubiera ofendido.
Jasper nunca había pensado que la palabra amable pudiera describirle nunca. Pero su mujer tenía una forma tan refinada de hablar, que él no se debería haber sorprendido.
Él se sintió aliviado de que ella pareciera feliz de estar en Dallas. Como Alice era tan aficionada a decir de múltiples formas, eran extraños el uno para el otro. Por otro lado, quizás habría sido mejor si la hubiera llevado a algún lugar como París.
En Dallas, ella conocía los lugares y no lo necesitaba para ir de un sitio otro. Un lugar como París les podría haber colocado en una situación más equilibrada.
Pero él estaba deseando satisfacerla. Ella era el premio por todo su duro trabajo y su espectacular racha de buena suerte. Él la había querido durante mucho tiempo, y en esos momentos era suya.
Independientemente de lo que hiciera respecto a James Tunner, Alice Brandon le pertenecía. De momento.
Adelantos…
La generosidad de Jasper le preocupaba tanto como la enternecía. Alice había protestado varias veces por la cantidad de dinero que se estaba gastando en ella, hasta que él finalmente se puso serio.
—Nunca he tenido a nadie a quien mimar y comprar cosas —declaró—. El placer de tener dinero y tener mujer está en poder comprarle cosas a ella.
