Declaro que esta historia no me pertenece. Los perdonajes de Stephanie Meyer son adaptados a la historia de Susan Fox, una excelente autora que me gustaría dar a conocer a los que todavía no tuvieron la oportunidad de leer sus entretenidas y románticas historias.
Este es el segundo libro de la Serie Se busca novio vaquero.
La adaptación conserva el mismo nombre del libro.
Chicas quiero pedirles mil disculpas por haber dejado colgada esta historia, así como también no haber contestado ninguna reviews, se que no es excusa pero estuve a full con exámenes en la facultad y recuperatorios para llegar a los benditos finales, ni hablar de los trabajos prácticos que tuve que entregar.
Igual hasta mitad de diciembre no empiezan los finales así que voy a actualizar mas seguido!
Estamos a mitad de esta maravillosa historia pero todavía faltan muchas cosas que pasen! Así que espero que sigan leyéndola! Las quiero mucho! De vuelta perdón!
Ayer se estreno Amanecer parte 2! Pero como rendí una parcial y mi papa cumplió años no pude ir a verla! Voy hoy al medio día! Yupiiiiii!
Ahora si! Las dejo leer tranquila!
…
Pasaporte al amor
Capitulo 12
A Alice le agradaban las flores frescas recién cortadas dentro de un jarrón en un extremo de la mesa del comedor. El jarrón había sido un regalo de bodas. Dos servicios de su nueva porcelana, que había sido un regalo elegido de su lista de bodas, estaban colocados al final de la larga y pulida mesa.
Jasper se sentaría en la cabecera de la mesa, con Alice a su derecha. Candelabros de diversas alturas flanqueaban el arreglo floral, con sus velas encendidas creando un ambiente romántico bajo la gran lámpara del techo.
Alice se había duchado y se había puesto un vestido de corpiño ajustado, que se acampanaba para terminar en un suave dobladillo justo por encima de sus rodillas. El vestido sin mangas con finos tirantes, era de varios tonos amarillo pálido y muy femenino. Era uno de los vestidos que Jasper le había comprado en Dallas. Se había recogido el pelo hacia arriba, con algunos mechones rizados cayendo alrededor de la cara y sobre su cuello.
Jasper había entrado en la casa hacía media hora. Diego le informó que su nuevo marido había subido por las escaleras traseras y que bajaría para la cena en breve.
Y así esperó, hallando ocasionalmente alguna razón para inclinarse sobre la mesa y colocar una flor del arreglo o mover un candelabro una fracción de pulgada hacia un punto ligeramente mejor.
Los nervios la hicieron preocuparse. Ahora que estaban en casa, ¿se conformaría Jasper con sólo dormir a su lado? ¿Se conformaría ella?
La pregunta aumentó su nerviosismo, y miró nerviosa el reloj sobre la repisa de la chimenea en un extremo de la gran habitación.
El regalo que había planeado darle a Jasper en su primera noche en casa estaba junto a su sitio colocado sobre un cuadrado de satén artísticamente arrugado para mostrar la pequeña caja.
Aunque en ese momento dudaba de la conveniencia del regalo, dejó la caja con su divertido envoltorio donde estaba. El regalo era tan valioso como sentimental. Los gemelos de oro con incrustaciones de ópalo habían sido de su padre.
Su regalo de boda para Jasper, comprado con su propio dinero, se lo daría al día siguiente. Aunque lo había encargado antes de la boda, pensó que él lo disfrutaría más en casa, después de su luna de miel.
El reloj de la chimenea dando la media hora la sobresaltó. Casi en ese mismo momento, oyó los pasos de Jasper en el vestíbulo.
Jasper entró en el comedor, sumergido en una suave iluminación. Se había bajado la luz de la lámpara en favor de las altas velas a ambos lados del jarrón de flores.
Su novia estaba de pie junto a la cabecera de la mesa, con el bonito vestido amarillo que le había comprado, brillando suavemente como una suave luz del sol. Alice estaba tan guapa que le cortó la respiración.
Reprimió sus deseos de tocarla. A cambio, pasó por la cabecera de la mesa y se puso detrás de ella para ofrecerle la silla, y ella se sentó. Y entonces, Jasper fue hasta su sitio e hizo lo mismo.
Estaba más serio que nunca. Alice miró preocupada el pequeño regalo junto a su plato, y luego lo miró a él. La expresión de Jasper no se alteró. Aquel día las cosas habían ido bien entre ellos. ¿Qué habría pasado para que él hubiera cambiado?
—¿Ha ido todo bien en el rancho mientras estuvimos fuera? —le preguntó.
—Bastante bien —respondió Jasper, taciturno.
—Hay algo que había planeado darte en nuestra primera noche en casa. Es un regalo sentimental —dijo nerviosa, haciendo un pequeño gesto en dirección a la caja, haciendo así que él también mirara—. Eran de mi padre —explicó con suavidad.
Las severas facciones de Jasper parecieron endurecerse aún más cuando miró hacia la alegre cinta y el papel de regalo. Los segundos que pasaron hicieron que el aire a su alrededor se volviera pesado y mortecino. Jasper no reaccionó al regalo, no lo tomó, ni mostró una pizca de interés.
—Gracias —gruñó, haciendo que la alegre caja sobre el cuadrado satinado pareciera ridícula.
Entonces apareció Diego con una gran bandeja. Les sirvió a los dos eficientemente.
—¿Algo más señora ...señor?
Ella negó con la cabeza.
—No, gracias —contestó Jasper.
Y así, Diego desapareció tan rápidamente como había aparecido.
Alice bajó la mirada a su plato y se puso la servilleta sobre el regazo. Tensa, combatiendo sus sentimientos heridos por el menosprecio de Jasper hacia su regalo, su apetito desapareció.
Sin embargo, tomó su tenedor y comenzó a comer con determinación. La distancia entre ellos pareció aumentar. La tensión la hizo sentirse rígida e incómoda.
Semanas de preparativos de boda, días de estar a solas con Jasper y de encontrar una posibilidad de que llegaran a existir profundos sentimientos de amor entre ellos, de repente, le parecieron la estupidez de una mujer romántica que tenía más ideas borrosas que sentido común. Todo, desde la ceremonia de boda hasta su luna de miel y su regreso a casa a la gran mansión del rancho de Jasper, parecían ahora no haber sido más que una producción teatral de una obra maldita. Una obra con todos los trajes apropiados, todas las órdenes de escenario apropiadas, pero sin verdadero corazón ni verdadera historia que la hicieran durar en cartel.
Pero James había negociado un acuerdo financiero que estaba casi seguro de conseguir, y Jasper se había procurado una especie de esposa trofeo que él mismo había elegido y virtualmente comprado, de modo que no tendría que molestarse en cortejarla o en aprender a hacerlo.
La sensación de que ella había sido atrapada dentro de algo mucho más difícil de resolver que los problemas de James con su banco, hizo que su estado de humor decayera. El recuerdo de que se había casado con Jasper para calmar las preocupaciones de su tía Bree la hicieron sentirse sólo marginalmente mejor.
Ella había tenido algunas esperanzas. La reacción de Jasper ante su regalo las había aplastado y parecía que un montón de cosas tristes todavía estaban por llegar. Le había dicho a Jasper que el regalo tenía un valor sentimental, que había pertenecido a su padre. Y unos días antes le había confiado lo cerca que había estado de sus padres. Seguramente, él se daba cuenta de la importancia que tenía para ella regalarle algo que una vez perteneció a su padre.
El timbre de la puerta emitió una melodía de ricos y perfectos tonos dentro del silencio de la gran casa. Una sensación de terror la invadió. Dejó su tenedor mientras oía a Diego caminar enérgicamente por el vestíbulo hacia la puerta principal.
Pareció pasar una eternidad antes de que él volviera y entrara en el comedor.
—Han llegado el señor James Tunner y su esposa, señor. Están esperando en el recibidor principal. Les he informado de que están cenando y que les llevaré café mientras esperan.
Alarmada porque James se había presentado sin invitación en su primera noche en casa, Alice miró rápidamente a Jasper.
—Gracias, Diego —dijo él imperturbable, y el mayordomo se fue a la cocina a por el café.
Alice no pudo evitar fijarse en la cara de Jasper mientras se terminaba su carne y alcanzaba con calma el café que había elegido en lugar de vino. Aunque no le dijo una palabra ni perdió la calma, estaba claro que estaba enfadado.
—Mis disculpas —dijo Alice con extrema suavidad—. Es realmente bastante grosero que los invitados se presenten sin avisar, especialmente en nuestra primera noche en casa.
—¿Preocupada porque estropee el acuerdo con James? —preguntó Jasper mirándola con intensidad y acobardándola—. ¿Tienes algo que decirme antes de que entremos ahí?
La pregunta de Jasper la pilló de sorpresa.
—No entiendo, ¿hay algo que quieres que diga? Perdona la intrusión.
Con una calma totalmente opuesta al enfado que Alice sentía en él, Jasper dejó su servilleta junto al plato. Apartó la silla y se puso de pie, dirigiéndose hacia ella para retirarle la silla.
Alice se levantó sin decir nada y dejó su servilleta a un lado. Mientras lo hacía, su mirada cayó sobre las pequeñas ondas brillantes de cinta que decoraban el regalo. La pequeña piña brillante pareció destellar una última vez, luego se apagó. Ella retiró su mirada, demasiado consciente de la crisis que se avecinaba como para insistir en el rechazo de Jasper hacia su regalo.
Caminaron juntos hacia el recibidor donde esperaban James y tía Bree. En el momento en que entraban, James dejó de caminar y fue directamente hacia Jasper. Alice se paró, dirigiendo su atención brevemente a tía Bree, que estaba sentada muy tiesa en el borde de una silla.
James sonrió muy alegre.
—¡Bienvenido a casa, Jasper! —exclamó con la mano extendida mientras era recibido con un frío silencio.
En lugar de aceptar la mano de James, Jasper sujetó a Alice por el codo y evitó que cruzara la habitación en dirección a su tía.
—¿Alice? Quizás tú y tu tía queráis estar solas un rato para hablar de vuestras cosas.
La sugerencia de Jasper sonó bastante suave, aunque claramente estaba ordenando a Alice que se llevara a su tía a otra parte. Y como Alice sabía que ni ella ni Bree podrían actuar de mediadoras entre los dos hombres, aceptó.
—Sí, tía Bree, hemos hecho algunas compras en Dallas y me gustaría enseñártelas.
Pet estaba tan nerviosa que se levantó inmediatamente y fue hacía Alice.
—Bienvenido a casa, señor Whitlock —declaró al pasar a su lado, sonriendo vacilante.
Jasper simplemente asintió, moviendo su mirada de Bree a su marido.
Alice tomó la mano de su tía y las dos salieron del recibidor.
—Lo siento tanto, Alice —se lamentó su tía cuando estuvo segura de que no podían oírles—. No dije una sola palabra a James sobre vuestro regreso. No sé cómo lo ha descubierto, pero se ha negado a esperar hasta mañana o el lunes.
Alice apretó su mano.
—Siento que no esperara, pero no hay nada que nosotras dos podamos hacer ahora —se forzó a sonreír—. Ven, vamos primero al garaje. Jasper ha sido bastante generoso.
Incluso mientras decía estas palabras y trataba de darle a Bree la impresión de que todo iría bien entre los dos hombres, Alice no podía evitar sentirse mal y con dolor de cabeza, y siguió igual incluso después de enseñarle a Bree su nuevo coche y de haber subido a la habitación a enseñarle la ropa.
Una vez estuvieron en el dormitorio principal, tía Bree cerró la puerta, se giró hacia Alice y tomó sus manos.
—¿Ha sido honesto contigo, cariño?
Alice sonrió.
—Sí, tía Bree. Es realmente cortés.
Bree la miró con interés.
—Perdóname por hablar de esto de nuevo, pero... ¿él no ha sido un bruto ...en ese sentido? —preguntó poniéndose colorada.
—En absoluto, tía. Ha sido muy paciente. Entiende que no nos conocemos lo suficiente todavía.
—¿Estás segura?
—Estoy segura. Jaspper ha sido más caballeroso que muchos de los hombres considerados bien educados —sonrió, para tranquilizar a su tía.
Bree la miró profundamente a los ojos durante un momento, pareciendo satisfecha con sus respuestas.
—De acuerdo, querida, pero por favor, si en algún momento te maltrata o te asustas de él, por favor, no dudes en venir enseguida a casa —apretó fuertemente las manos de Alice—. Y lo digo de verdad.
—Gracias —dijo Alice suavemente, conmovida por la preocupación de su tía—, pero no será necesario.
Cuando Diego subió para informar a la tía Bree que James estaba esperando en el vestíbulo para marcharse, la jaqueca de Alice era más fuerte.
En cuanto Bree se marchó, Alice se dirigió al armario de las medicinas del baño principal. No solía tener dolores de cabeza por los nervios, pero cuando los tenía, eran martirizadores. En el armario tenía varios analgésicos para elegir, y Alice tomó una dosis completa.
Había intentado controlar los nervios de las últimas semanas, pero la conducta de James esa noche y su preocupación secreta sobre lo que Jasper podría hacer respecto a él parecían haber sido la gota que colmó el vaso.
Dudaba si bajar para saber enseguida lo que había pasado entre James y Jasper, pero decidió que era bastante tarde y Jasper estaría a punto de subir. Sabía que él quería regresar a su rutina de trabajo ahora que estaban en casa, así que asumió que también se querría ir pronto a dormir.
A causa de su dolor de cabeza, decidió acostarse temprano, y empezó a prepararse. Después de recogerse el pelo, se desnudó y entró en la ducha próxima al jacuzzi en el espacioso cuarto de baño principal. En unos momentos, chorros de agua caliente cayeron sobre ella. Ella estaba de pie en silencio, dejando que el agua a presión golpeara su cuello con el calor que esperaba le pudiera aliviar la tensión en la zona. Cuando por fin sintió alivio, terminó su ducha y salió para secarse y vestirse.
Agotada por el largo día, la visita de esa noche y su jaqueca, todo lo que quería era irse a la cama y dormir algo. Apagó la luz del baño y entró en el dormitorio suavemente iluminado.
Jasper estaba de pie delante de las puertas de la terraza que daba a la parte de atrás de la casa, de espaldas a ella. Alice pudo leer inmediatamente la tensión en su larga y fuerte figura. Advirtió que él ya se había quitado las botas y que estaban junto al arcón al pie de la cama. También advirtió que sólo una de las dos puertas de la terraza estaba abierta y que él podía verla reflejada en la puerta que había dejado cerrada.
—Parece que no soy el único en irse a la cama temprano.
Su voz baja no le dio ninguna pista sobre lo que había pasado entre él y James.
—Tengo una fuerte jaqueca.
—¿Suponías que me despediría de tu tío sin llegar a un acuerdo firme? —preguntó él con tranquilidad.
—Como dije, no estaba segura de lo que harías. Fue descortés venir tan inesperadamente. Tía Bree estaba bastante avergonzada —contestó, sintiéndose algo mejor por la aspirina.
—Y ahora tienes dolor de cabeza —declaró él con escepticismo.
—A veces tengo dolores de cabeza por la tensión —dijo ella mientras caminaba hacia la cama y retiraba la colcha y la sábana—. Una aspirina y un poco de sueño normalmente los curan.
Jasper se giró hacia ella mientras cerraba la puerta del balcón.
—Es un poco pronto en un matrimonio para argumentar un dolor de cabeza. Un simple no habría bastado.
Alice vio que estaba muy serio mientras avanzaba hacia ella. Algo en el modo en que la miraba le produjo escalofríos y la dejó inmóvil. Era como si él tuviera alguna extraña clase de poder sobre ella. Se sintió amenazada, sintió miedo, pero sus piernas estaban de repente demasiado pesadas para moverse.
Jasper se detuvo delante de ella y le puso la mano en la mejilla. Sus ojos brillaban con luz propia mientras rozaba el nudillo de uno de sus dedos contra su suave mejilla, bajando después hacia su garganta. Con la punta de ese dedo, dibujó una línea desde su garganta hasta su seno, pero se paró justo antes de su objetivo.
—No puedo dormir una noche más a tu lado sin tenerte.
Ella intentó disimular la repentina sequedad de su garganta.
—Nosotros todavía no...
—No importa. Hay muchas cosas que tú y yo nunca sabremos del otro y muchas cosas que nunca sentiremos. Ahora mismo, quiero hijos, y quiero uno para la próxima primavera.
No hacía falta ser un matemático para figurarse que ella tendría que quedarse embarazada enseguida. Alice agitó su cabeza.
—Yo también quiero hijos, pero no tan pronto. Necesitamos un año, quizás más para...
—Como he dicho, hay muchas cosas que nunca sabremos sobre el otro. El sexo no tiene que significar algo profundo, sólo tiene que ser bueno y ocurrir regularmente.
Alice no pudo ocultar su consternación.
—Yo no puedo compartir sexo contigo, no bajo esas circunstancias.
Las manos de Jasper la rodearon y apretaron contra él mientras se inclinaba. Alice sintió el áspero sabor de su aliento y volvió la cara hacia otro lado. Sus labios aterrizaron sobre la tierna carne de su cuello. Al mismo tiempo, su otro brazo la rodeó y la apretó fuertemente contra él. No había duda de su excitación. O de su determinación.
Las manos de Alice estaban atrapadas entre ellos, y ella empujaba con todas sus fuerzas. Sin embargo, sus esfuerzos la hacían ganar sólo una fracción de pulgada. La boca de Jasper se volvió más voraz, intercalando besos con pequeños mordiscos en el cuello. Ella sintió cómo su ira retrocedía, y también notó que él se había suavizado de algún modo. Pero su pasión era desmedida, y Alice temblaba al sentir cómo su propio cuerpo comenzaba a responder.
Ella sentía que su resistencia se ablandaba y tenía que luchar para mantener firme su voluntad. No podía hacer el amor con un hombre al que no conocía de verdad, incluso aunque fuera su marido.
Pero de repente se encontró a sí misma tumbada de espaldas en la gran cama, con el camisón y la bata bajados hasta la cintura y el enorme cuerpo de Jasper junto a ella. Su pierna enfundada en el vaquero se deslizaba sobre su muslo y abrasaba su suave piel, sujetándola firmemente contra el colchón.
Alice mantuvo los brazos cruzados sobre su pecho, pero él se colocó sobre ella.
—Por favor, Jasper, no —gimió desesperada.
Pero sus palabras no tuvieron efecto, y observó indefensa cómo él se inclinaba para besarla. Jasper suavemente persiguió su boca hasta que sus labios cubrieron los de ella en un beso estremecedor.
Jasper le abrió sus labios con su boca e introdujo su lengua mientras le desabrochaba la bata. Se la abrió y le bajó el camisón hasta la cintura.
Ignoró el intento de Alice para taparse, besándola con tanta suavidad y de manera tan persuasiva que ella empezó a derretirse.
Era agradable que Jasper supiera tocar a una mujer de tal forma que asegurara su complicidad. Le puso la mano en el pecho y centró la atención en su sensible pezón.
De repente, Alice no pudo resistirse a la salvaje tormenta de sensaciones que él le provocó y se sintió caer hacia ese lugar oscuro y profundo donde no había razón, sólo deseo. Entonces supo que la violenta respuesta de su cuerpo le había dado a Jasper todo el control. El último pensamiento coherente de Alice, que debía haber algún modo de detenerse a sí misma, se evaporó bajo el calor de sus labios y de sus manos.
Y despacio, Alice se sintió reaccionando a él, respondiendo a la agresiva seducción que anulaba su voluntad. Su esfuerzo por empujarle terminó cuando ella subió las manos desde su pecho para rodearle el cuerpo. La dolorosa e intensa excitación que él le provocó la hizo desear tocarlo tanto como él la estaba tocando a ella.
De algún modo, una por una, sus ropas desaparecieron. De algún modo, entre los sonidos suaves de la piel dura y curtida sobre la piel blanca y suave, y los suspiros y los latidos de los corazones, se unieron dos cuerpos. Se enlazaron dos corazones de un modo para el que ninguno estaba preparado, y luego todo se evaporó en un torbellino de necesidad, hambre y sensaciones.
Chicas! Muchas gracias!
Arizbe Hilka
Lili4ever
montego 24
Romy92
carolyncullen
SweetAlice13
saffuran
Christina Becker
Evangeline K
LuNnAaPoTtEr
Medea Circe
SammyCullenHale
Shal198303
Shinithaxz
alice-Whitlock 128
