Declaro que esta historia no me pertenece. Los perdonajes de Stephanie Meyer son adaptados a la historia de Susan Fox, una excelente autora que me gustaría dar a conocer a los que todavía no tuvieron la oportunidad de leer sus entretenidas y románticas historias.
Este es el segundo libro de la Serie Se busca novio vaquero.
La adaptación conserva el mismo nombre del libro.
Pasaporte al amor
Capitulo 13
Jasper abandonó a su novia dormida mucho antes del amanecer. La agradable sensación de saber que realmente era virgen, fue como un afrodisíaco para su orgullo masculino.
El había precipitado las cosas. Se había aprovechado brutalmente de su inexperiencia y sus intenciones no habían sido muy honorables. No se había sentido capaz de acostarse una noche más a su lado sin hacerla suya, pero también había querido hacer cambiar a Alice de opinión sobre el amor. Demostrarle que el amor no era necesario ni primordial.
Pero no sabía si ella le había dicho la verdad sobre que no sabía que iban a ir sus tíos. Al principio, él creyó que ella les había invitado, pero no había querido confesárselo. Y parte de la razón por la que la había seducido, había sido para crear un nuevo lazo de lealtad hacia él y romper alguno de sus fuertes lazos familiares.
A él le importaba Alice y la deseaba, pero no la amaba. Y no quería hacerlo. Pero quería su fidelidad y su lealtad.
Y como se estaba empezando a asustar con la idea de que algún día ella pudiera imaginarse que estaba enamorada de él, había supuesto que tener sexo pudiera ser la única forma de acabar con las ideas de Alice sobre el amor.
Y al hacerlo, había descubierto que el sexo era mejor entre un marido y su mujer. Había sido impresionante, pero al fin y al cabo sexo. Y como para él, el sexo nunca había significado amor, le parecía lógico que después de la noche anterior tampoco lo significara para Alice.
¿Pero por qué sus pensamientos le provocaban una angustia que no quería examinar detenidamente?
Cuando Alice despertó, eran las nueve de la mañana. Notó el vacío a su lado en la cama antes de estar totalmente despejada. La profundidad de los sentimientos tiernos y dulces que tenía hacia Jasper era asombrosa. Nunca se había sentido tan expuesta y tan cerca de alguien en toda su vida como lo había estado con Jasper la noche anterior. Nunca había imaginado que la pasión pudiera ser tan feroz y suave. Nunca había imaginado que su cuerpo pudiera sentir lo que Jasper la había hecho sentir. Pero mientras estaba tumbada pensando, sumergida en el recuerdo de sus besos, y en la sensación de su cuerpo fuerte y duro y en el modo en que habían hecho el amor, empezó a lamentar que hubiera ocurrido tan pronto.
Y se dio cuenta de que no hubo entre ellos palabras tiernas, ni susurros de amor. Y entendió qué lugar ocuparía ella realmente en la vida de su marido.
La yegua negra de seis años era magnífica. Había sido expertamente entrenada y había participado en suficientes competiciones para ser una promesa. La compra de la yegua había dañado seriamente las finanzas de Alice.
Y aunque la yegua era preciosa, era un gesto tan extravagante que Alice se avergonzaba.
Pero no quería que su matrimonio sin amor siguiera así y tampoco quería divorciarse.
Mientras Alice veía al mozo llevar a la yegua a hacer ejercicio, se dio cuenta de que era culpable de intentar comprar el afecto de Jasper.
Y como Jasper era un buen jinete y un buen ranchero, había pensado que un buen caballo sería el regalo más preciado que podía hacerle. Y como era un hombre muy rico no podía imaginarse dándole algo pequeño que él pudiera comprarse en su siguiente viaje a Dallas. Alice estaba preocupada por la reacción de Jasper a su regalo la noche anterior. No sabía qué había ocurrido y tenía miedo de preguntar. No podía imaginar algo peor a que Jasper reaccionara del mismo modo a la yegua.
Torturada por el arrepentimiento y el miedo, de mala gana siguió al mozo mientras llevaba la preciosa yegua negra a los establos.
Jasper tenía calor, y estaba cubierto de sudor y arena, y hambriento. El toro que habían traído por la mañana tenía un corte de alambrado que le había abierto el pecho y el hombro. Habían sido necesarios cuatro hombres para llevar al animal enloquecido de dolor a la mesa de operaciones que el veterinario había llevado al rancho en su camión. El doctor había sedado al enorme animal, y cuando el toro había comenzado a sucumbir a la anestesia, la pequeña máquina y la polea colocaron al animal sobre su costado.
Después de examinarlo y de limpiar las heridas, el veterinario cosió al animal rápidamente, administró una gran jeringa de antibiótico y dio instrucciones para la recuperación de la anestesia y para su cuidado los siguientes días. Después de que el veterinario se marchara y de que hubieran puesto al animal de pie, Jasper vio a Alice caminando hacia él por el sucio callejón que dividía la red de corrales.
Vestida con una blusa sin mangas, vaqueros de diseño y botas vaqueras que todavía brillaban como nuevas, su suave melena caía sobre sus hombros tan perfectamente como si se la acabara de cepillar.
La imagen de su delicada y oscura belleza contra un fondo de tablones de madera, ganado maloliente y los cobertizos, era arrebatadora. Su pronunciada feminidad agitaba todo lo masculino que había en él y su boca se secó. Y cuando ella se acercó lo suficiente, él pudo ver que el rubor de sus mejillas no tenía nada que ver con los efectos del sol.
Y la mirada triste de Alice le hizo sentirse culpable. Jasper se alejó de la valla en dirección a ella.
—Lo comprobaré más tarde contigo, Embry.
Una vez que estuvieron uno frente al otro, se pararon. Alice rompió el contacto visual y miró por detrás de él hacia el toro.
—Tienes un animal herido. ¿Interrumpo? —preguntó con suavidad.
—Todo está hecho, pero no deberías estar fuera bajo el sol del mediodía sin sombrero y con los brazos desnudos.
Alice miró a Jasper, conmovida por su preocupación.
—No pensaba estar fuera mucho tiempo, pero me gustaría verlo todo. No sé mucho sobre llevar un rancho, pero me agradaría aprender —dijo sonriendo.
Se le había ocurrido que Jasper podría querer que ella no tuviera contacto con la operativa real del rancho ya que podría tener ideas definidas sobre cuáles eran sus respectivos lugares.
—No sabía que estuvieras interesada. Pero si es así, tendrás que taparte los brazos y ponerte un sombrero.
Animada porque él estuviera respondiendo positivamente y de un modo protector a su interés por el rancho, se sintió un poco más tranquila para darle la yegua.
Pero el nerviosismo la hizo olvidar su discurso planeado que concluiría dándole su regalo, y habló apresuradamente.
—Te compré un regalo de boda hace un par de semanas. Quería esperar hasta que estuviéramos en casa para dártelo, pero ya ha llegado y me gustaría dártelo ahora —dijo desanimándose al ver la expresión dura de Jasper, pero intentando disimular—. Sé que no te impresionó demasiado mi regalo de la cena de anoche, pero espero que éste sí te guste —añadió nerviosa—. Anoche pareciste disgustado con mi regalo, y pareces enfadado porque te quiera dar otro —respiró profundamente—. Pero si no puedes aceptar mis regalos, yo no puedo quedarme con los que tú me compraste en Dallas, ni la ropa ni el coche.
Con eso, ella se volvió y caminó con rígida dignidad hacia el establo, girando entonces camino arriba hacia la casa.
Jasper no fue a casa para almorzar, aunque estaba claro que Diego le había esperado. Cuando llevó el almuerzo de Alice al comedor, retiró los cubiertos de Jasper al salir.
Más tarde, Alice subió para hacer algunas llamadas desde su dormitorio, pero miró con frecuencia fuera por las puertas del balcón, buscando alguna señal de Jasper.
Gran parte de la actividad en los graneros y corrales era tapada por los mismos edificios, pero incluso cuando vislumbraba momentáneamente a alguien, no era Jasper.
Alice llamó a las diversas obras de caridad en las que trabajaba. La Escuela de la Biblia de Vacaciones empezaría en su iglesia el lunes por la mañana, así que llamó al coordinador del programa para confirmar sus planes de enseñar a la clase de jardín de infancia, y discutieron las ideas de Alice para ajustar sus lecciones con el tema de ese año, Enseñar Jesús al Mundo.
Luego entró en una de las habitaciones vacías donde Diego había instalado un teléfono y almacenado sus papeles de las obras de caridad, y sacó la enorme caja donde había guardado sus materiales de la Escuela de la Biblia. Decidida a distraerse, lo puso todo sobre la gran cama de esa habitación, lo revisó e hizo notas adicionales. Sacó sus tijeras y el montón de revistas, que ella había seleccionado especialmente por la variedad de sus fotografías, y empezó a pasar páginas. Pensaba utilizar las fotografías para ilustrar varios ejemplos de cómo los niños podrían Enseñar Jesús al Mundo a través de sus buenas intenciones y sus buenas actitudes.
Según avanzaba el día, el ánimo de Alice iba decayendo. Terminó de preparar la Escuela de la Biblia, lo guardó todo en la caja, y colocó la caja junto a otro montón de revistas que pensaba apropiado para que los niños cortaran cosas.
Cuando ella bajó para cenar, Jasper todavía no había llegado. Esa vez, sólo había en la mesa cubiertos para ella. Cuando preguntó a Diego el motivo, él le informó que Jasper estaba en algún lugar en las montañas y que no volvería hasta tarde.
Después de cenar, Alice fue a dar un paseo y acabó en el establo. La yegua negra estaba comiendo grano y saludó a Alice relinchando. El gran caballo sacó su negra cabeza para que se la acariciara. Alice lo hizo, le dio las buenas noches y regresó a la casa.
Era de noche, cuando Jasper subió a la habitación para ducharse, no encendió la luz, y cerró la puerta silenciosamente antes de cruzar hasta el baño con las botas en la mano.
Una vez se hubo duchado y secado, fue directo a su lado de la cama para meterse entre las sábanas. Alice estaba allí y quizás llevara horas dormida. No hizo ningún ruido ni se movió cuando él se colocó a su lado.
Jasper había necesitado todo ese tiempo para enfrentarse a sus regalos. Había colocado la cajita de la noche anterior en el cajón más alto de su armario. La abrió la noche anterior mientras Alice estaba en la ducha.
Él no había recibido muchos regalos en su vida, así que cuando ella le había dado ése tan especial con un valor sentimental, se puso como un manojo de nervios.
No había estado preparado para algo así. Eso le hizo pensar en todas las otras ocasiones, cumpleaños, Navidad, ocasiones especiales, en las que se había sentido como si fuera el único niño en el mundo que no le importaba a nadie lo suficiente como para hacerle un regalo.
No había parecido importar que en ese momento fuera un adulto. Ver el pequeño regalo envuelto le hizo recordar todo aquello. Había vuelto a sentir el dolor de un niño solitario, la pena de ser el único que Santa Claus había olvidado.
Los gemelos eran muy bonitos, pero la yegua era uno de los mejores caballos que había visto nunca. Él no era digno de ninguno de los dos regalos. Cuando recordaba la desolación en los bellos ojos de Alice, se sentía abatido. No podía pensar en un momento de su vida en el que se hubiera sentido más avergonzado de sí mismo. Dejar a Alice con la impresión de que no le gustaban o que no quería ninguno de sus regalos era una vergüenza que se había impuesto a sí mismo.
¿Cómo podría decirle todo lo que sus atenciones le habían hecho sentir? Él nunca hablaba de sus sentimientos, nunca los ponía en palabras. Sólo la idea de hablarle de la historia que había detrás de su mala reacción golpeaba su corazón con terror.
Porque lo sentía de veras, y porque él ansiaba su ternura y secretamente rezaba por su perdón, se puso a su lado. Tocó la sedosa piel de su brazo, dejó caer su mano hasta la cintura y la rodeó para acercar su espalda hacia él.
Ella hizo un pequeño ruido y murmuró algo que él no entendió. Y como estaba seguro de que ella dormía, le dio un tierno beso en la oreja y giró su cabeza para colocar su áspero mentón junto a sus suaves pómulos.
No quería amarla y no podía, a pesar de lo mucho que pensaba en ella y de lo privilegiado que se sentía por poder dormir a su lado y tocarla.
Momentos más tarde, la ansiedad que había tenido todo el día le hizo relajarse y suavemente la puso de espaldas. Entonces ella se movió justo cuando él se inclinaba para besarla. Cuando adormilada, Alice le llevó la mano a la mejilla, Jasper profundizó el beso. Ella no se resistió en absoluto, y de algún modo, el sexo esa noche se convirtió en algo mucho mayor de lo que él había pensado.
Que les puedo decir chicas…amo esta historia, este Jasper tan herido por su enigmático pasado, una Alice tan dulce e inocente que la hace a veces tan vulnerable ante un Jasper que solo le interesa conseguir lo que se pone como meta, aunque en realidad el anhela mas.
Adelantos del próximo capitulo…
—James no ha sido el mismo desde hace un tiempo, Ali. Yo pensaba que su disgusto se debía únicamente a los problemas del banco, pero me temo que también podría tener otra aventura.
Irónicamente, Alice se sintió mejor. James nunca le había sido fiel a Bree, así que la información no era ni nueva ni peor de lo normal. Aunque vivían en la misma casa, Bree y James tenían dormitorios separados y vidas prácticamente separadas desde que Alice podía recordar. James vivía para el banco y Bree para sus obras de caridad. James era discreto con sus flirteos, y Bree rara vez hacía ver que lo sabía, aunque Alice sospechaba que su tía los conocía todos.
—¿Hay algo diferente esta vez? —preguntó Alice directamente porque notaba que su tía quería hablar.
Bree mantuvo sus ojos firmes sobre la mesa, aunque con la cabeza tan erguida como siempre.
—Ésta le ha dado un hijo.
Nos vemos el viernes chicas!
Gracias por las review!
Besos!
