Declaro que esta historia no me pertenece. Los perdonajes de Stephanie Meyer son adaptados a la historia de Susan Fox, una excelente autora que me gustaría dar a conocer a los que todavía no tuvieron la oportunidad de leer sus entretenidas y románticas historias.
Este es el segundo libro de la Serie Se busca novio vaquero.
La adaptación conserva el mismo nombre del libro.
Pasaporte al amor
Capitulo 14
—¡Oh, Alice, te hemos echado de menos! —exclamó Kate Denali corriendo hacia ella y abrazándola—. ¿Cómo está la nueva novia? —preguntó riéndose al ver a Alice ruborizarse—. ¡No te culpo, chica! ¡Si yo tuviera suerte para conseguir a un hombre como Jasper Whitlock, no sólo me sonrojaría, lo mantendría en la cama durante un mes!
El atrevido comentario de Kate hizo sonreír a Alice.
—No parece el tema más apropiado para comentar en la escalera de una iglesia antes de la misa del domingo —le riñó Alice, aunque tenía los ojos brillantes y alegres.
—Bueno, ¿dónde está ese atractivo pecador con el que te casaste hace una semana? —preguntó Kate mientras subían las escaleras de la iglesia.
Kate había sido su dama de honor, pero Alice consiguió confiarle poco sobre su verdadera relación con Jasper. Como si hubiera notado la reticencia de Alice, Kate no le hizo muchas preguntas delicadas, aunque le preguntó frecuentemente si estaba segura de que quería casarse y cosas así.
Alice apreciaba a su amiga por su honradez, su sentido común y su divertida sinceridad. Kate no era la persona favorita de James y Kate sentía exactamente lo mismo hacia él. Para tía Bree, Kate era la alegre y bulliciosa mejor amiga de la sobrina que amaba, así que la había aceptado tiempo atrás y parecía disfrutar de su compañía. Alice no sabía cómo aceptaría Jasper a su amiga, pero a pesar de los problemas en su matrimonio, esperaba que fuera tolerante.
Kate se inclinó hacia ella.
—Tía Bree entró hace un momento. No quiero preocuparte, pero sus ojos estaban un poco hinchados y parecía cansada. James se quedó en casa, como siempre.
Kate la siguió mientras Alice se dirigía hacia el banco en que se sentaba su tía. Ambas se sentaron junto a Bree, quien las saludó silenciosamente, pero con evidente alivio.
La misa comenzó con una bonita mezcla de himnos tradicionales y música religiosa contemporánea. El pastor sermoneó sobre la paciencia, que según dijo iba de la mano con intentar comprender a los demás, especialmente a la gente con la que a veces podría ser difícil llevarse bien. El mensaje pareció ser bastante apropiado para su situación con Jasper e hizo pensar a Alice.
Después de misa, Kate insistió en que las tres fueran a uno de los mejores restaurantes de la ciudad. Aunque Bree estuvo reservada al principio, Kate consiguió hacerla reír una o dos veces, y pronto las tres estuvieron relajadas y pasaron un buen rato. Kate fue la primera en irse cuando terminaron de comer y de hablar. Alice y Bree tomaron una última taza de café.
—Tengo entendido que Jasper irá al banco mañana por la mañana —comenzó Bree—. James parece haberse calmado un poco después de su conversación la otra noche.
Alice movió su cabeza.
—Jasper no dijo cómo habían ido las cosas. Tuve la impresión de que no habían alcanzado un acuerdo firme
—Es comprensible —comentó Bree, aunque se la veía preocupada y sin comprender en absoluto—. Tiene derecho a tomar decisiones sobre su propio dinero. Como tú indicaste a James más de una vez, no hay ningún acuerdo escrito entre ellos dos.
Bree no pudo mirarla a los ojos en los momentos que siguieron.
—Pareces muy preocupada —observó Alice con suavidad.
Tía Bree removió su cremoso café y pareció estar intentando controlar sus emociones. Alice esperó a que hablara.
—James no ha sido el mismo desde hace un tiempo, Ali. Yo pensaba que su disgusto se debía únicamente a los problemas del banco, pero me temo que también podría tener otra aventura.
Irónicamente, Alice se sintió mejor. James nunca le había sido fiel a Bree, así que la información no era ni nueva ni peor de lo normal. Aunque vivían en la misma casa, Bree y James tenían dormitorios separados y vidas prácticamente separadas desde que Alice podía recordar. James vivía para el banco y Bree para sus obras de caridad. James era discreto con sus flirteos, y Bree rara vez hacía ver que lo sabía, aunque Alice sospechaba que su tía los conocía todos.
—¿Hay algo diferente esta vez? —preguntó Alice directamente porque notaba que su tía quería hablar.
Bree mantuvo sus ojos firmes sobre la mesa, aunque con la cabeza tan erguida como siempre.
—Ésta le ha dado un hijo.
Alice miró a su tía, sorprendida por la noticia.
—¿Qué te hace pensar eso?
—Yo estaba en el banco después de que un ayudante del sheriff saliera del despacho de James. Estaba esperando a que Marjorie terminara unos papeleos antes de irnos a comer, y aparentemente James no se dio cuenta de que yo estaba cerca. Unos minutos después de que saliera el ayudante, James salió de su despacho y se fue del banco. Parecía furioso. Fue entonces cuando decidí ver qué pasaba. Como Shelly, su secretaria, parecía estar más sorprendida de que él saliera corriendo del banco que del hecho de que yo me hubiera pasado a saludarlo, me dijo que podía esperarlo en su oficina. No me gusta cotillear las cosas de los demás, pero estaba en la oficina de James y Shelly cerró la puerta para que pudiera tener intimidad. Fue entonces cuando vi un montón de papeles en el suelo junto a la papelera de James y fui a recogerlos.
—¿Qué eran?
Bree tomó aire.
—Una citación judicial advirtiéndole de una querella por paternidad, puesta por una mujer cuyo nombre no reconocí. Su dirección está fuera del condado, así que no vive cerca.
Alice sintió compasión por su tía y le tomó la mano a través de la mesa.
—Lo siento, tía Bree. No debe haber sido fácil para ti descubrirlo.
—No fue fácil, pero ahora me alegro. Si alguna vez se supiera, sería tal escándalo..., pero al menos ahora estoy sobre aviso.
—¿Qué harás?
—No lo sé. Además de mantener la cabeza alta y ayudar a los necesitados, no sé lo que puedo hacer. Excepto que intente contactar con esta mujer yo misma para ver si puedo persuadirla de que retire la acusación y mantenga silencio. Por supuesto, el niño necesitará un apoyo económico adecuado, pero eso puede arreglarse fácilmente sin necesidad de una audiencia pública.
—Salvo que él no sea el padre —añadió Alice.
Tía Bree asintió.
—Yo también había pensado eso, pero seguramente la mujer no se atrevería a comenzar un juicio, donde habría petición de análisis de sangre para determinar la paternidad, si no estuviese totalmente segura de quién es el padre.
Las dos se quedaron en silencio un rato. Bree bebió su café, pero le temblaba la mano.
—¿Puedo hacer algo, tía?
Pet negó con la cabeza.
—No querida, nada. A veces la vida no es fácil. Ésta no es la primera vez en la historia de los malos matrimonios que ha pasado tal cosa. No será la última, pero espero representar mi papel en este pequeño drama con alguna elegancia.
—Lo siento muchísimo —se lamentó Allice con total sinceridad.
—Yo también lo siento, pero quizás sea hora de que tomemos algunas decisiones. Tendré mucho en lo que pensar en las próximas semanas.
Alice presintió lo que quería decir su tía.
—¿Estás pensando en... divorciarte?
La pregunta hizo que Bree le dirigiera una mirada penetrante.
—No sé por qué, cuando he aguantado tanto y durante tanto tiempo, pero sería una completa tonta si no lo considerara ahora —se encogió suavemente de hombros—. Es posible que James crea que está enamorado de esa mujer y quiera este bebé. Siempre me ha parecido raro que James nunca pareciera querer un hijo propio, pero tal vez él no quería esa profunda atadura conmigo. Si yo desaparezco, podría ser en beneficio del niño.
Alice extendió las dos manos y Bree las sujetó.
—En cualquier cosa que decidas hacer, te apoyaré, ya lo sabes —le dijo a su tía.
Los ojos de Bree estaban llorosos, pero su sonrisa era fuerte y tranquilizadora.
—Lo sé, querida. Siempre has sido una buena chica, perfecta en todos los sentidos, y la mayor alegría de mi vida.
En ese momento fue a Alice a la que se le llenaron los ojos de lágrimas, y se mordió el labio para evitar llorar.
—¿Por qué no vienes al rancho a pasar la tarde? Podríamos atrevernos y ponernos algo cómodo y quizá Jasper o alguno de su hombres nos dé una vuelta para enseñárnoslo todo. Sería totalmente diferente de lo que tú estás acostumbrada, y quizás una estupenda distracción. Sé que siempre te han gustado los caballos. Jasper tiene unos cuantos. Si quieres ir a montar, seguro que nos dejará alguno. Tú no has montado en mucho tiempo.
Bree asintió y sonrió, aparentemente agradecida por la invitación.
—Echo mucho de menos montar. Perdí el interés después de que mi pequeña y dulce María muriera. Después, simplemente estaba muy ocupada para buscar su sustituta. Por cierto, ¿le gustó la yegua a Jasper?
Alice se debería haber dado cuenta de que su tía preguntaría y se esforzó en pensar algo que decir que no hiciera a Jasper parecer un ogro.
—Creo que conseguí sorprenderle.
Era la verdad, aunque lejos de la completa verdad. Pero después del sermón del pastor de esa misma mañana, había decidido dejar a un lado sus sentimientos de dolor y descubrir por qué Jasper había reaccionado ante sus regalos de la forma en que lo había hecho. Él tenía tantas virtudes y la trataba tan bien que ella estaba llegando a la conclusión de que su rechazo no había sido motivado por la crueldad.
Pensar en él le hizo recordar cómo hicieron el amor la noche anterior. Jasper había sido muy tierno. Alice había conseguido quedarse dormida, pero él la despertó al meterse en la cama. Ella debió haberse resistido, pero todo lo que tenía que hacer él era tocarla para que cualquier pensamiento de ese tipo se desvaneciera. Él había sido amable, tomándose su tiempo, asegurándose que estaba totalmente despierta y dispuesta antes de excitarla febrilmente. Esa vez, él había utilizado palabras cariñosas, llamándola preciosa y cariño.
El recuerdo del fervor y de la tensión en su profunda, ronca voz cuando dijo esas palabras todavía tenían fuerza para provocar una rayo de calor y debilidad dentro de ella. Esa mañana, Alice se había sentido decepcionada por despertarse sola de nuevo.
—¡Oh, querida, no sé si debería ir a montar! —exclamó tía Bree en voz alta, rompiendo el hilo de sus pensamientos—. Hace más de tres años que no subo a un caballo.
Aunque tía Bree negaba con la cabeza, Alice podía notar por el brillo en sus ojos que le atraía enormemente la idea.
—Entonces, hagámoslo —la animó—. Por favor, tía, sería tan bueno para ti...
Bree sonrió de repente como si fuera una niña nerviosa.
—Pero deberías llamar primero a Jasper y asegurarte de que está de acuerdo. No sería educado que simplemente me presentara —su sonrisa entusiasta se apagó un poco—. Todavía siento mucho que nos presentáramos de improviso la otra noche.
—Las dos sabemos que fue idea de James, tía. Por favor, olvídalo —Alice soltó la mano de Bree y sacó rápidamente su monedero—. Usaré un teléfono público para hacer saber a Jasper que estamos de camino.
Sacó su cartera y dejó dos billetes grandes sobre la mesa para pagar la cuenta, asegurándose de que incluía lo suficiente para dar a la camarera una propina respetable, antes de levantarse en busca de un teléfono público.
Jasper no estaba en casa. Tras llamar al vigilante, supo que Jasper estaba en la montaña comprobando el ganado. Como él llevaba un teléfono móvil, el vigilante le dio el número y finalmente lo localizó.
—¿Te importa si llevo a tía Bree a pasar la tarde? Estábamos pensando en una pequeña vuelta por el rancho, pero tía Bree disfrutaría especialmente si pudiera montar uno de tus caballos. Es una buena amazona.
Al otro lado, sólo hubo silencio.
Preocupada porque pudiera decir que no y que los sentimientos de Bree fueran heridos, Alice insistió con suavidad.
—Por favor, Jasper, significaría mucho para mí poder llevar a mi tía de visita. Y para ella poder ir a montar.
—¿Tenéis las dos ropa que evite que os friáis vivas?
Su pregunta directa la alivió.
—Las dos podemos ponernos los vaqueros y las camisas de manga larga que me compré para llevar por el rancho. Tengo dos pares de botas, así que todo lo que necesitamos es un par de sombreros. Podríamos comprarlos en Wal-Mart de camino.
—Diego compró algunos para tenerlos a mano para invitados. Bill puede daros una vuelta y proporcionaros un par de caballos.
Y la línea se quedó muerta.
Las palabras de Jasper desanimaron a Alice. Ella había esperado que Jasper les enseñara todo. Pero después de dos días de levantarse sola y de haber estado sola todo el día anterior, no pudo evitar tener la clara impresión de que estaba manteniéndola a distancia deliberadamente.
Hasta ese momento, no se había dado cuenta de la profundidad de sus crecientes sentimientos hacia Jasper. El dolor de ser ignorada la ayudó a descubrirlo.
