Volvi! Se que no tengo perdón con dejarlas colgadas!

Pero queria dejarles un nuevo capitulo y desearles muy feliz navidad chicas!

Muchas gracias por seguir esta historia y dejar reviews!

Declaro que esta historia no me pertenece. Los perdonajes de Stephanie Meyer son adaptados a la historia de Susan Fox, una excelente autora que me gustaría dar a conocer a los que todavía no tuvieron la oportunidad de leer sus entretenidas y románticas historias.

Este es el segundo libro de la Serie Se busca novio vaquero.

La adaptación conserva el mismo nombre del libro.

Pasaporte al amor

Capitulo 15

Alice y Bree llegaron al rancho y subieron rápidamente para ponerse ropa de montar. Como eran prácticamente de la misma talla, los vaqueros y camisas de Alice le sentaban a Bree tan bien como su propia ropa. Los pies de Bree eran media talla más pequeños, pero pudo ponerse también unas botas de su sobrina.

Cuando bajaron, Diego les llevó una selección de sombreros del guardarropa de la cocina. Todos los sombreros les estaban demasiado grandes o demasiado justos. Optaron por los sombreros más grandes, se los pusieron, se miraron e inmediatamente rompieron a reír.

—Lo siento, tía Bree —dijo Alice cuando consiguió parar—. Nuestros sombreros son un poco grandes.

—Sin duda parecemos caricaturas. Estos sombreros deben estar hechos para gigantes —bromeó Bree.

Bree se volvió impulsivamente hacia Diego, que miraba en silencio.

—¿Qué piensas tú, Diego?

—Parecen dos damas muy encantadoras llevando sombreros de jardín, sombreros de jardín al estilo Texas, por supuesto.

Las pequeñas cejas de Bree subieron tanto que desaparecieron bajo su sombrero.

—Qué comentario más dulce, Diego. De repente, me apetece urdir un plan para llevarte lejos de mi sobrina.

Los ojos del mayordomo brillaron y se sonrojó levemente.

—Muchas gracias, señora. Me siento halagado —declaró, y como se sintiera de pronto avergonzado, desvió la mirada de Bree hacia Alice—. El señor Whitlock telefoneó justo mientras bajaban ustedes las escaleras. Me ha pedido que las lleve a dar una vuelta por los edificios principales. Fui obsequiado recientemente con un paseo parecido, y tengo bastante buena memoria para los detalles. Si usted está de acuerdo, señora, necesitaré unos minutos para cambiarme de ropa.

Alice sonrió.

—Por supuesto, Diego. Sería muy agradable que nos enseñaras los alrededores. Tómate todo el tiempo que necesites. Te esperaremos.

Diego asintió con la cabeza a cada una de ellas, y después se volvió para ir hacia las escaleras traseras y subir a su habitación. Alice se volvió hacia tía Bree y captó una mirada triste en sus ojos. La mirada melancólica se volvió triste. Tía Bree la miró, sonrojándose cuando se dio cuenta de que Alice había estado observándola.

—Es bastante agradable que un hombre haga comentarios corteses a la mujeres. Por supuesto, sé que a tu lado no soy nada, pero incluso así, ha sido un pequeño empujón a mi ego.

Alice abrazó afectuosamente a su tía y sus sombreros se golpearon.

—Tía Bree, eres una mujer hermosa, no sólo por fuera, sino también por dentro. James es un tonto.

Bree la abrazó fuertemente un momento, soltándose después para colocarse su sombrero.

—Gracias, pero no estropeemos nuestra pequeña aventura hablando de James —su sonrisa tembló un poco, pero enseguida se estabilizó—. Especialmente cuando hay más caballeros agradables por aquí.

Y más tarde, durante el recorrido que les estaba dando Diego por los edificios, Alice se dio cuenta de que había frecuentes miradas entre Diego y su tía. Aunque ninguno de los dos hizo ningún comentario abiertamente coqueto, ya que los dos se comportaban correctamente, no había duda de las miradas que se intercambiaban.

Diego se había puesto una camisa vaquera de color azul pálido con costuras alrededor del cuello y botones perlados. Los vaqueros que llevaba eran azules muy oscuros de tejido no lavado. Sus botas eran negras. Llevaba su propio sombrero negro de vaquero que completaba la atractiva imagen que tenía así vestido. Alice pronto tuvo la impresión de que Diego sentía un amor secreto por el Oeste y por Texas en particular. Y, salvo que ella estuviera alucinando, también le atraía tía Bree.

Más tarde, tía Bree eligió una brillante yegua parda para montar y le recomendó otra yegua parda a Alice. Diego sorprendió a las dos eligiendo un caballo para él mismo. Mientras el mozo del establo ensillaba las monturas de Alice y Bree, Diego ensilló eficientemente la suya.

Y cuando ellas montaron y bajaron por un camino entre los corrales hacia la montaña, Diego las vigiló hasta que pareció convencido de su capacidad, pasando entonces a dirigir el camino en una pequeña vuelta por el rancho que él prometió que sería agradable y pintoresca.

Finalmente, Alice se retrasó de Diego y Bree, preocupada por su tía y los años de soledad que había vivido y se puso a observar. Aunque su matrimonio fuera penoso, Bree era una mujer casada. Era también una mujer vulnerable. Y a medida que transcurría la tarde, Alice vio que su tía perdió sus reservas y flirteó cortésmente con Diego.

Alice hizo todo lo que pudo para llamar la atención de su tía sin que pareciera muy evidente. Bree había sufrido largo tiempo en su matrimonio. El asunto de la paternidad de James podría haber sido la gota que colmara el vaso.

¿Cómo podría encontrar algún modo de contener a su tía y evitar que hiciera algo de lo que se arrepintiera más tarde? Al mirarlos y ver cómo aumentaba la fascinación de su tía por el mayordomo de Jasper, llegó a la conclusión de que no tenía ni idea de cómo conseguirlo.

—¿Le gustó la visita a tu tía?

Alice levantó la mirada del libro que estaba leyendo. Tenía dolores de montar a caballo y haber estado al aire libre le daba más sueño de lo habitual. La verdad era que había estado a punto de dormirse. La llegada de Jasper a la habitación la despertó totalmente.

—No te he oído subir las escaleras. Sí, tía Bree estaba emocionada con la visita —Alice se incorporó contra las almohadas que había colocado entre su espalda y la cabecera. Se había ido a la cama para sentarse y leer un rato—. Gracias por permitirle venir y montar uno de tus caballos. Ella solía montar todos los días antes de que su caballo muriera hace unos años. No había montado desde entonces.

Jasper caminó hacia el pie de la cama y la miró con intensidad.

—¿Tiene intención de venir todos los días a montar?

La pregunta sonó apacible, pero Alice no pudo saber si él lo aprobaba o no.

—Lo dudo. Cuando todavía tenía a María, la guardaba en un establo más cercano a la ciudad —Alice dudó—. Pero si quisiera, ¿te molestaría?

Jasper sonrió mirándola a los ojos.

—No lo sé. Parece bastante agradable. Probablemente demasiado educada para ser una molestia.

Alice sonrió por su percepción.

—Sí, lo es. Ella fue quien me pidió que te llamara para pedirte permiso para venir.

Jasper pareció ligeramente incómodo.

—Ella no necesita mi permiso para venir. Es su marido sobre el que yo quiero que me avisen.

Alice lo miró a la cara, agradecida por la concesión a su tía.— Me alegro, Jasper. Gracias. Mi tía significa mucho para mí.

La expresión de Jasper pareció endurecerse un poco.

—Sabes que mañana iré a hablar con James, ¿verdad?

—Sí. ¿Y tu recuerdas que la Escuela de la Biblia de Vacaciones empieza en la iglesia por la mañana?

Alice había decidido que lo mejor sería no centrarse solamente en el viaje de Jasper al banco. Podría pensar que estaba intentando presionarlo.

Y él pareció aliviado de que ella hubiera respondido así.

—De nueve a once. Yo te llevaré. Iré a hablar con James y te recogeré cuando haya terminado.

Como si ése fuera el final de la discusión en lo que a él concernía, Jasper se volvió y se metió en el cuarto de baño.

En momentos, Alice oyó la ducha. Con los párpados repentinamente demasiado pesados para leer, dejó el libro sobre su mesilla de noche y apagó la lámpara. Se metió en la cama y con todas las luces apagadas exceptuando la de la mesilla de Jasper, descubrió que no tenía tanto sueño.

Sin embargo, debió dar una cabezada, porque no se dio cuenta de que él había terminado su ducha hasta que sintió el colchón hundirse cuando se metió en la cama. Abrió los ojos y vio que él había apagado su lámpara. Lo miró en la oscuridad, sintiendo que su pulso se aceleraba cuando él se colocó a su lado.

Ella esperaba que él la besara y sintió que se excitaba. Levantó la mano, le tocó el brazo y se sintió decepcionada cuando él no se movió.

—Mil gracias por la yegua.

Las suaves palabras y la emoción oculta tras ellas, la pillaron desprevenida.

Entonces, se dio cuenta inmediatamente que ésa podría ser su única oportunidad de conseguir que Blue le explicara las reacciones ante sus regalos. Pero, acostada en la oscuridad, de repente sintió la respuesta.

Quizás por la pobreza de la infancia de Jasper, y la soledad de su vida adulta, él no había recibido muchos regalos. Un hombre duro de pocas palabras que mantenía sus sentimientos rígidamente bajo control, podría no estar preparado para reaccionar de un modo diferente a sus regalos. Alice acababa de decidir no hacerle por tanto ninguna pregunta, cuando él la sorprendió dándole una explicación.

—No me han dado muchos regalos en mi vida. No te lo digo para que sientas compasión por mí. Es sólo para que sepas la razón de cómo actué. Me siento orgulloso porque me hayas regalado algo que perteneció a tu padre, y la yegua es uno de los mejores ejemplares que jamás he visto. Te lo agradezco.

Alice tenía lágrimas en los ojos. Alargó las dos manos y colocó sus palmas sobre los pómulos de Jasper.

—De nada, Jasper. Me alegra que te gustaran. Gracias por decírmelo, ahora lo entiendo.

Dicho eso, ella lo besó. Sus tiernos sentimientos por él florecieron al tocarse sus labios.

Entonces, Jasper le hizo el amor. Los conmovedores sentimientos entre ellos estallaron en una pasión tan caliente y feroz que los dejó exhaustos al concluir.