Declaro que esta historia no me pertenece. Los perdonajes de Stephanie Meyer son adaptados a la historia de Susan Fox, una excelente autora que me gustaría dar a conocer a los que todavía no tuvieron la oportunidad de leer sus entretenidas y románticas historias.

Este es el segundo libro de la Serie Se busca novio vaquero.

La adaptación conserva el mismo nombre del libro.

Pasaporte al amor

Capitulo 17

Alice intentó levantarse bastante temprano para tener tiempo de hablar con Jasper. Como no había dormido bien, se despertó agotada. Había puesto el despertador a las siete, pero Jasper ya se había marchado.

Condujo hasta el pueblo para su clase de la Escuela de Biblia, y almorzó allí mismo rápidamente antes de ir al hospital. Trabajó en la enfermería de los recién nacidos un rato, ayudando a alimentar a los bebés y a cambiar pañales. Más tarde, fue a la sala de pediatría para leer y jugar con varios de los niños. Eran casi las seis cuando terminó ese día.

Cuando se dio cuenta de que estaría en el hospital hasta más tarde de lo que había planeado, llamó a Diego para que lo supiera. Diego le informó que no había sabido de Jasper, pero que la cena estaría lista cuando llegaran a casa.

Alice estaba caminando por el largo vestíbulo trasero del hospital, con intención de marcharse por la salida del departamento de urgencias, cuando vio de lejos que Bree y su ama de llaves, Martha, entraban por las puertas automáticas.

Martha se hizo con la silla de ruedas más cercana y rápidamente sentó a Bree. Cuando Alice vio el fuerte moretón y el corte sangrante sobre la pálida mejilla de su tía, salió corriendo por la sala. Las alcanzó justo cuando Martha paraba la silla frente a un mostrador de admisión.

—¡Tía Bree! —Alice tocó la mano de su tía e inspeccionó automáticamente su mejilla herida—. ¿Qué ha pasado?

Bree apartó la mirada de ella y apretó el pequeño trapo húmedo que sujetaba unos cubitos de hielo sobre la herida, más como para ocultarlo que para aliviar el dolor.

—Me pondré bien. No hay nada de lo que preocuparse —dijo con voz temblorosa.

Martha hizo un sonido desaprobador, pero no dijo nada. Cualquier cosa que ellas tres pudieran haber dicho a continuación se perdió en la ráfaga de preguntas que hizo el recepcionista. Cuando éste preguntó cómo se había hecho la herida, Bree fue confusa.

—Una pequeña colisión. ¿Está el doctor Evans de servicio?

—Sí —contestó el recepcionista mientras entregaba dos papeles a Bree para que los firmara—. Y tiene usted suerte, señora Brandon. No hay demasiado trabajo esta tarde, de modo que el doctor Evans la podrá ver inmediatamente.

Y al instante apareció una enfermera para llevar a Bree a una sala de exploración. Martha y Alice las siguieron. Cuando la enfermera comprobó las constantes vitales de Bree, le preguntó cómo se había hecho la herida.

—Una pequeña colisión —volvió a repetir Bree, y la enfermera le preguntó cómo había quedado su coche—. ¿Mi coche? —Bree pareció confusa—. ¡Oh, mi coche! Está bien. Ni un rasguño.

Alice miró fijamente a su tía. Bree estaba mintiendo, y no muy bien. Nunca en su vida había oído mentir a su tía, y Alice de pronto sintió terror.

Martha emitió otro sonido de desaprobación que la enfermera no percibió mientras cerraba su informe.

—El doctor Evans vendrá enseguida, señora Brandon. La herida parece de poca importancia, no se preocupe.

—Gracias, querida.

Su voz suave y el esfuerzo tembloroso para sonreír asustaron a Alice. Algo iba muy mal.

Cuando la enfermera se fue y cerró la puerta, Martha se acercó a Bree.

—Tiene que contar lo ocurrido, señora Bree.

Bree cerró los ojos agotada y una pequeña lágrima empapó sus pestañas.

—Por favor, Martha, no.

Alice se acercó a Bree.

—¿Qué ha pasado?

Bree bajó la cabeza como si soportara un enorme peso. Martha le puso el brazo en los hombros.

—Ya ha aguantado bastante, señora Bree. No tiene sentido soportar algo como esto por su culpa.

—¿Por culpa de quién? —preguntó Alice alarmada y empezando a encolerizarse por sus sospechas.

Bree bajó la cabeza más y las lágrimas casi salían a chorros de sus ojos. Martha miró a Alice preocupada y Alice soltó la mano de Bree para acercarse más y rodearle la cintura con su brazo.

Como Bree no podía responder, Martha miró airadamente a Alice.

—Es ese condenado James. Llegó a casa y Bree finalmente le dijo que sabía lo de la acusación de paternidad. Él gritó y tiró cosas a su alrededor. Rompió aquella pequeña muñeca de porcelana que tanto le gustaba a la señora Bree. Yo estaba escuchando junto a la puerta, así que cuando empezó a tirar cosas, abrí y entré. Antes de que pudiera alcanzar a bree, él la levantó y la abofeteó tan fuerte que la golpeó contra la chimenea. Mientras estaba en el suelo, estaba a punto de golpearle la pierna cuando yo le empujé lejos.

Impresionada, Alice sintió cómo el color desaparecía de sus mejillas.

—Oh, Dios —sollozó.

La idea de que James hubiera abofeteado a su tía y la habría pateado si no hubiera intervenido Martha le ponía tan enferma que pensaba que se iba a desmayar.

James nunca había pegado a Bree. Con frecuencia, era arisco y descortés, pero nunca le había puesto una mano encima. Y menos mal que Martha estaba cerca para entrar en la habitación cuando James comenzó la paliza.

Alice sintió las lágrimas en sus mejillas al inclinarse y besar la mejilla sana de Bree. Al incorporarse, tomó la mano libre de Martha para agarrarla.

—Gracias, Martha. Siempre has sido muy buena con nosotras, pero esto estaba por encima del deber o de la amistad.

Martha se sonrojó.

—He tenido bastante del viejo James hoy. Espero que la señora Bree también, porque desde luego ya no puede estar segura a su lado. Si piensa que puede continuar viviendo con él, entonces lo hará sin mí —declaró el ama de llaves con dureza.

El ultimátum hizo que Bree levantara la cabeza. Sus ojos llorosos miraron perplejos y asustados a Martha.

—¿Te irías?

—Me iría en este mismo momento si pensara que iba a seguir cerca de ese animal. Mientras estaba en el cuarto de baño en casa, llamé al sheriff. Llegará en cualquier momento, así que debe decirle todo lo que ha pasado. Y nada de esa pequeña colisión.

Bree negó con la cabeza.

—No puedo...

Martha se mostró implacable.

—Claro que sí. No importa quién sea James, le golpeó y habría continuado. Usted hace todo ese trabajo por la protección de las mujeres maltratadas, pero ahora, ¿es demasiado buena y su vida demasiado bonita como para confesar esto?

—No, no... yo no soy demasiado buena. Pero James... el banco...

—James necesita saber ahora mismo que no puede hacer esto y librarse —insistió Martha con firmeza—. Además, él no le llega ni a la suela de los zapatos.

—Martha tiene razón, tía Bree —añadió Alice, enfurecida y llena de dolor—. Debes hablar con el sheriff y dar un informe a la policía.

Pet movía la cabeza de un lado a otro, abrumada. Alice se inclinó y la abrazó. Martha las abrazó a las dos.

Más tarde aquella noche, las tres se dirigieron al Rancho Whitlock, Alice había ido con Bree y Martha a casa de su tía a ayudarlas a recoger algunas cosas. Los ayudantes del sheriff estaban buscando a James, pero el sheriff mismo había ido a la casa con ellas para protegerlas.

El sheriff Lem Reynolds recordaba la vez que su mujer resultó tan gravemente herida en un accidente de coche que le había llevado meses recuperarse. Y no había olvidado que Bree Tunner había ido a su casa diariamente, ayudando pacientemente a su mujer a volver a aprender a leer y escribir y a hacer matemáticas básicas, mientras la convencía para hacer toda la posible terapia física. Y cuando su mujer se desanimó tanto de todos esos meses de dolor agonizante y aprendizaje que se fue a buscar una de sus pistolas, fue Bree quien había sentido durante su visita aquel día que algo iba mal. Bre Tunner se preocupó lo bastante por su mujer como para volver a su casa aquella noche después de que él se fuera al trabajo. Llegó a tiempo de descubrir a su mujer en el porche trasero con una pistola. Ella convenció a Sandy de que no se suicidara. Gracias a Bree, el sheriff Reynolds todavía tenía a su bella esposa y ella se había recuperado tan bien que había sido capaz de darle dos hermosos hijos.

Un hombre no olvidaba esa clase de cosas, y nunca paró de sentirse agradecido. Cuando las tres mujeres terminaron de hacer el equipaje, el sheriff siguió al coche de Bree, que conducía Martha, y al de Alice todo el camino hasta el rancho.

Hola chicas! Lo prometido es deuda! Un nuevo capitulo para empezar el finde semana! Quedan 6 capítulos contando el epilogo para que termine esta historia…una pena lose, uno día a día va aprendiendo a querer a esta Alice y este Jasper. Pero no se preocupen que un nuevo galán de la familia Cullen va a aparecer y hacer estragos! Ni hablar de que es uno de mis favoritos!

Les dejo un avance del próximo capitulo…que lo disfruten! Nos estamos leyendo! Las quiero!

Jasper odiaba la invasión de su casa. Aunque lo sentía por Bree y estaba indignado por lo que James había hecho, no se había dado cuenta hasta que Bree y Martha se mudaron de cuánto le afectaba la estrecha relación de Bree con su esposa.

Era una manera poco apropiada de sentirse para él, especialmente porque no le debería haber importado tanto. Él no quería enamorarse de Alice, entonces, ¿por qué le debería importar que otros la amaran y que ella les devolviera ese amor?

Pero todo lo que Alice decía y hacía parecía girar en torno a su tía, y él sintió tales celos que difícilmente podía estar tranquilo.

Como había sabido desde el principio, si la lealtad de Alice fuera puesta a prueba, él sería siempre su segunda elección.

Aunque él no amaba a Alice, tenía que admitir que esos días la echaba de menos. El viernes por la mañana, cuando supo que Alice se había ido a la iglesia y Martha con Diego a recoger algunas cosas más a casa de Bree, volvió a la casa. Excepto por el cocinero y el ama de llaves, Bree estaba sola.

Había llegado el momento de que alguien hiciera algo.

Chanchan! Que hará Jasper?

El proximo capitulo va a ir dedicado a una seguidora implacable de esta historia y que día a día deja unas reviews magnificas! Romi92!