Declaro que esta historia no me pertenece. Los perdonajes de Stephanie Meyer son adaptados a la historia de Susan Fox, una excelente autora que me gustaría dar a conocer a los que todavía no tuvieron la oportunidad de leer sus entretenidas y románticas historias.

Este es el segundo libro de la Serie Se busca novio vaquero.

La adaptación conserva el mismo nombre del libro.

Pasaporte al amor

Capitulo 18

Una vez que Bree y Martha estuvieron acomodadas en uno de los dormitorios del piso de arriba, Alice ayudó a Diego a instalar una cama portátil para Martha en esa misma habitación. Alice había tratado de convencer a Martha de que ocupara otro de los dormitorios amueblados junto al de Bree, pero Martha rehusó.

—Bree podría descansar mejor si me quedo con ella.

Diego estaba serio, pero había corrido por toda la casa de un modo poco propio de un mayordomo para llevar a las tres mujeres una bandeja de comida llena de toda la comida que se les ocurrió a él y a la cocinera que podría apetecerles.

Alice dejó a su tía al cuidado de Martha mientras se preparaba para buscar a Jasper. Diego puso una silla junto a la habitación de las mujeres para poder estar cerca en caso de que necesitaran algo.

Ella se puso unos vaqueros, una camisa y botas. Jasper no estaba en casa, así que decidió salir a buscarlo y contarle lo de Bree y Martha y por qué pensaba que necesitarían quedarse en el rancho los días siguientes. Esperaba que a él no le importara.

Encontró a Jasper en el establo, quitando una herradura suelta a un caballo. Pareció sorprendido de verla.

—Estás muy lejos de la casa a estas horas de la noche —le dijo con una débil sonrisa.

—Le ha ocurrido algo a tía Bree esta tarde. Se pondrá bien, pero la he traído a ella y a su ama de llaves, Martha, al rancho. Me gustaría que se quedaran unos días hasta que tía Bree decida qué va a hacer —Alice apretaba con fuerza las manos frente a ella—. Sé que es casi una imposición...

—¿Qué le ha pasado?

—James —contestó ella casi sin voz.

Jasper se acercó y le puso las manos en los hombros.

—¿Qué pasa con James?

Alice le hizo un breve resumen de lo sucedido.

—¿Llamó ella al sheriff? —preguntó él muy serio.

—Bree está humillada, pero dio un informe a la policía y pidió que prohibieran a James acercarse a ella. El sheriff Reynolds dijo que lo mejor sería que se quedara en algún lugar seguro los próximos días, hasta que las cosas se arreglaran.

—Así que las trajiste aquí —declaró él, inexpresivo.

—Espero que no te importe.

—Ella estará aquí a salvo —le aseguró Jasper—. Diego está tanto para seguridad como para cualquier cosa.

Alice se sintió aliviada. Jasper la estrechó entre sus brazos. Ella se pegó fuertemente a él, con su húmeda mejilla descansando sobre su camisa. De repente, se sintió segura.

—Gracias, Jazz. No puedo decirte cuánto significa poder tenerla aquí y saber que estará a salvo.

¿Dónde está James ahora?

—Nadie lo sabe. El sheriff y dos de sus ayudantes lo están buscando.

—Te acompañaré hasta casa y luego iré al barracón para hablar con los hombres. James probablemente no aparezca por aquí, pero puede merecer la pena que todo el mundo esté advertido.

Agradecida de que Jasper se tomara el asunto tan en serio, y de que estuviera tan dispuesto a hacer todo lo que pudiera para proteger a Bree, Alice lo abrazó con fuerza y se deleitó en la manera en que caminaron sujetándose de la cintura hacia la casa. Cuando entraron en la cocina, el suave beso que él le dio en la frente fue maravillosamente consolador. Jasper se marchó enseguida a hablar a sus hombres.

Los siguientes dos días fueron sombríos. Ante la insistencia de Jasper y de Bree, Alice mantuvo su horario de la Escuela de la Biblia y el hospital. El sheriff Reynolds fue a la casa la tarde siguiente para informarles que había arrestado discretamente a James esa mañana, pero que el juez le había impuesto una fianza tan pequeña que James sólo estuvo fuera del banco la duración de un almuerzo largo.

Él advirtió a Bree que la noticia seguramente saldría a la luz, pero le aseguró que el escándalo por el que estaba tan preocupada nunca les afectaría negativamente a ella o a Alice a causa del buen concepto que la gente tenía de ellas. Después de que se fuera el sheriff, Bree se retiró a su habitación.

Aunque Martha la animaba y Diego siempre estaba cerca, Bree se separaba de todos y pasaba los días en cama.

El día siguiente al arresto de James, el teléfono del rancho sonó constantemente con llamadas de amigos de toda la vida y de personas con buenos deseos que habían oído la noticia. Llevaron flores casi cada hora, y algunas personas se pasaron por la casa. Diego consiguió controlar el alboroto con calma y aplomo, pero Bree rechazó contestar llamadas o dejar su habitación.

Aquella noche, Alice comenzó a preocuparse por el estado de ánimo crecientemente depresivo de su tía.

Jasper odiaba la invasión de su casa. Aunque lo sentía por Bree y estaba indignado por lo que James había hecho, no se había dado cuenta hasta que Bree y Martha se mudaron de cuánto le afectaba la estrecha relación de Bree con su esposa.

Era una manera poco apropiada de sentirse para él, especialmente porque no le debería haber importado tanto. Él no quería enamorarse de Alice, entonces, ¿por qué le debería importar que otros la amaran y que ella les devolviera ese amor?

Pero todo lo que Alice decía y hacía parecía girar en torno a su tía, y él sintió tales celos que difícilmente podía estar tranquilo.

Como había sabido desde el principio, si la lealtad de Alice fuera puesta a prueba, él sería siempre su segunda elección.

Aunque él no amaba a Alice, tenía que admitir que esos días la echaba de menos. El viernes por la mañana, cuando supo que Alice se había ido a la iglesia y Martha con Diego a recoger algunas cosas más a casa de Bree, volvió a la casa. Excepto por el cocinero y el ama de llaves, Bree estaba sola.

Había llegado el momento de que alguien hiciera algo. No vaciló mientras entraba en la casa y cruzaba la cocina. Recordando quitarse el sombrero, lo colgó en una percha de la pared junto a la escalera trasera, para después subir las escaleras hacia el segundo piso.

Jasper se paró junto a la habitación frente a la suya y golpeó la puerta.

—¿Señora Bree? Necesito hablar con usted.

Sonó como si fueran negocios.

—Un momento, querido.

El tratamiento afectuoso le hizo sentir una sensación peculiar en el pecho. Pero Bree llamaba normalmente a todos así. No significaba nada especial en su caso, así que lo ignoró.

Oyó pasos y el ruido del picaporte al girar. Bree abrió la puerta unas pulgadas y lo miró.

Su pómulo tenía un aspecto amarillo y feo, el corte todavía pronunciado sobre su fina piel, pero estaba cicatrizando bien. Su pelo claro lo tenía despeinado, no llevaba maquillaje y todavía estaba en pijama.

Sintiéndose un poco impaciente porque a las diez de la mañana no estuviera vestida y lista para el día, y sabiendo que no podría mantener una conversación con ella desde el pasillo, le echó una mirada tan severa como imaginaba que ella necesitaba.

—No puedo hablar con usted hasta que se vista. Nos vemos abajo en la salita en veinte minutos.

Jasper vio que su tono autoritario asombró a Bree. Él la había asustado y ahora se sentía tan grosero como James. Sin embargo, tenían que hablar. Bree había sido mimada durante dos días y nada había cambiado. No importaba cuánto dinero tuviera. Si se divorciaba de James tendría que espabilarse y hacerse su propio camino en la vida. Alguien tenía que endurecerla, o ella nunca estaría bien, para sí misma ni para los demás.

Jasper bajó rápidamente a la cocina, parándose lo justo para pedirle a la señora Burns que le llevara una bandeja de café con dos tazas, antes de ir a esperar a la salita.

Veinte minutos después, Bree apareció en la puerta abierta. Estaba peinada, llevaba una bonita blusa y pantalones de pinzas y se había maquillado la cara tan bien que casi no se veía el moretón. Se había puesto joyas y tenía buen aspecto.

Jasper se levantó brevemente y la invitó a sentarse en el sillón frente a él. Cuando ella vio la bandeja de café sobre la mesa, automáticamente sirvió café para los dos.

—Imagino que se ha cansado de mí, ¿no, señor Whitlock?

Esas palabras pillaron desprevenido a Jasper. Tomó un trago de café mientras estudiaba su cara.

—No comprendo cómo una mujer que ha hecho tanto por la gente, que ha ayudado a los demás en los momentos difíciles, puede de repente quedarse en la cama cuando algo le pasa a ella.

Sus palabras sonaron duras, aunque él había tratado de decirlas amablemente. Como Bree parecía capaz de aguantar, Jasper prosiguió.

—Su sobrina ha estado enferma de preocupación por usted, y a Martha probablemente le gustaría visitar a su hija y al nuevo nieto que tiene en San Antonio.

Bree pareció sorprendida, luego nerviosa.

—¿Nuevo nieto? Martha no lo mencionó.

—Martha ha estado preocupada por su actitud. No quiso que ninguno de nosotros le dijera lo del bebé, porque sabía que usted la obligaría a ir a verlo. Dijo que no habría manera de que fuera hasta que no estuviera mejor.

Bree lo miró horrorizada y dejó la taza en la mesa.

—Yo no me daba cuenta.

—Bien, ahora ya sí.

El silencio en la habitación martilleó la conciencia de Jasper. Él intentaba sacar a Bree de su autocompasión, pero ¿qué sabía él de frágiles aristócratas? Si ella era tan frágil como parecía en ese momento, sus duras palabras posiblemente la enviaran al hospital.

De repente, Jasper recordó cuánto le gustaba montar a caballo y le echó una mirada penetrante.

—¿Puede montar con esa ropa?

Bree no se había recuperado todavía del primer asalto. Le llevó un momento seguir el cambio de tema. Se miró a sí misma como si no fuera capaz de recordar lo que llevaba puesto. Luego lo miró.

—No, pero... Martha trajo alguna ropa para montar, y mis botas.

—Vaya a cambiarse. Un paseo a caballo le hará bien. Necesito supervisar el ganado y podría acompañarme.

Jasper contuvo la respiración. Bree pareció impactada. Justo cuando él se preguntaba si ella se desmayaría o huiría escaleras arriba para encerrarse en su habitación, ella pareció reponerse.

—Sí, creo que montar me sentará bien. Subiré a cambiarme.

Aunque se levantó con la misma elegancia que también era natural en Alice, al llegar a la puerta salió corriendo de repente hacia las escaleras de un modo poco propio de una dama. Jasper estaba sentado escuchando sus pisadas.

Después de unos minutos, él se levantó y fue hacia el vestíbulo de la entrada para dirigirse sin prisa a la salida trasera, se puso el sombrero de camino. Seguramente, no volvería a ver a tía Bree.

Perdón por tenerlas colgadas chicas! Pero en compensación van dos capítulos!