Declaro que esta historia no me pertenece. Los perdonajes de Stephanie Meyer son adaptados a la historia de Susan Fox, una excelente autora que me gustaría dar a conocer a los que todavía no tuvieron la oportunidad de leer sus entretenidas y románticas historias.

Este es el segundo libro de la Serie Se busca novio vaquero.

La adaptación conserva el mismo nombre del libro.

Pasaporte al amor

Capitulo 19

Alice volvió corriendo a casa para almorzar y ver cómo estaba Bree antes de regresar a la ciudad para pasar la tarde en el hospital. Cuando entró por la puerta de atrás, descubrió un tumulto en la cocina.

Diego y Martha discutían y la señora Burns y la señorita Tilly les miraban con preocupación.

—El señor Jasper no sabe nada de la señora Bree —decía Martha.

Diego permanecía de pie fríamente, elevando una ceja al mirar a Martha, mucho más baja que él, que le miraba desde abajo.

—El señor Whitlock no es conocido por maltratar a los demás, señora. Si se llevó a la señora Bree a dar un paseo a caballo, puede usted estar segura de que está siendo cuidada adecuadamente.

Martha negó enérgicamente con la cabeza.

—La señora Bree no estaba en estado de ser sacada de la cama y llevada a correr por medio Texas.

Diego no pareció afectado.

—Sin embargo, señora, el señor Whitlock está al cargo, y sospecho que él ha actuado con la mejor intención hacia la señora Bree. Le aseguro que no podría estar en mejores manos.

El rostro de Martha se enrojeció mientras seguía discutiendo.

—La señora Bree tiene miedo del señor Jasper.

Las dos cejas de Diego se arquearon hacia arriba.

—Entonces, tal vez cuando haya pasado un poco de tiempo con él, comprenderá que no hay nada que temer.

Martha respiró profundamente para tomar fuerzas. Alice eligió ese momento para dar a conocer su presencia. El nivel del conflicto de la cocina había sido demasiado intenso para que nadie advirtiera su presencia.

—Estoy segura de que Diego tiene razón, Martha.

Todos los ojos se volvieron hacia ella. Martha inmediatamente se apresuró a defender su postura.

—El señor Jasper esperó a que todos nos hubiéramos ido antes de hacer salir a la señora Bree de la cama para ir a montar. Usted la vio por la mañana. No estaba lista para nada que la acelerara, menos aún para ser arrastrada por el rancho sobre un caballo.

Alice tomó la mano de Martha. Aunque de repente ella tenía sus dudas sobre lo que Jasper había hecho, no podía imaginar que él quisiera hacerle daño a su tía.

—Estoy segura de que Jasper está cuidando bien de ella. Algún tiempo fuera y el aire fresco podría ser justo lo que necesita para levantar el ánimo.

La tranquila confianza que Alice esperaba aparentar pareció afectar a Martha, aunque no estaba del todo convencida.

—No quiero ofenderla, señorita Alice, pero no puedo evitar preguntarme en qué estaría pensando él para molestarla de esa manera.

—Yo también Martha, pero esperemos antes de disgustamos demasiado —Alice sonrió suavemente.

Martha finalmente se calmó. Como era una mujer muy sensata y justa, se volvió hacia Diego.

—He cuidado de la señora Bree durante años —dijo con brusquedad—. Puede que me haya precipitado en mis conclusiones, pero el señor Jasper debería haber consultado con alguien más antes de actuar.

Diego asintió con reservas.

—Tal vez, señora, pero creo que podemos confiar en que trate a la señora Bree con cuidado.

Martha hizo un sonido que permitió saber a todos que se reservaba su opinión, pero se la guardó. Miró hacia Alice.

—Trajimos más cosas de la señora Bree, incluyendo algunos recuerdos familiares que estaban en el ático. No tiene sentido dejar que el viejo James se las quede. Me ocuparé de ellas hasta que la señora Bree vuelva —los miró a todos—. De todos modos, no tengo apetito para el almuerzo.

—Gracias, Martha.

Alice siguió sonriendo hasta que estuvo segura de que Martha estaba lo bastante lejos como para no poder oír. Se volvió a Diego.

—Desearía que Jasper lo hubiera discutido conmigo primero.

Diego la miró amablemente.

—El señor Whitlock no está acostumbrado a discutir cosas con los demás, aunque estoy seguro de que cambiará cuando se acostumbre a la vida de casado. Tal vez descubrió que su tía parecía mejor y se le ocurrió ofrecerle un paseo a caballo. Ella pareció disfrutar mucho al aire libre el domingo pasado.

Alicese relajó.

—Sí, le encanta montar. Siento que Martha reaccionara con tanta fuerza. Ella ha estado con mi tía durante años.

—Sí, la lealtad es un magnífico rasgo de la personalidad. Comprendo la actitud protectora de Martha, a la luz del reciente incidente, aunque no estoy de acuerdo en que fuera necesario en este caso. Estoy seguro de que cuando la señora Bree regrese, todos podremos ver lo beneficioso que ha sido su paseo.

—Estoy segura de que tienes razón —murmuró Alice.

De repente, Alice tampoco tenía apetito. Y tuvo que obligarse a ir al hospital. Como Bree no había vuelto a casa cuando ella se marchó, estuvo a punto de no ir. Pero había gente en el hospital que contaba con ella. Ella sólo tenía que confiar en que Jasper estaba cuidando de su tía, sin importar cuánto tiempo estuvieran ausentes de la casa.

Cuando Alice volvió a casa a las cinco de la tarde, tía Bree todavía no había regresado. Como ya había informado a Martha, que permanecía de pie junto a la señora Burns y la señorita Tilly, Diego le contó tranquilamente a Alice que había conseguido contactar con Jasper por un teléfono móvil que uno de los mozos del rancho le había llevado.

Tía Bree había trabajado con un equipo de siega esa mañana, almorzó en la cocina de campaña junto a los mozos del rancho, pero había ido después a ayudar a Jasper a comprobar los tanques de agua y los molinos de agua que bombeaban el agua dentro de los tanques.

Alice estaba anonadada por el informe. Incluso Diego se había puesto solemne. Tía Bree no estaba acostumbrada al trabajo duro de ninguna clase, y sonaba como si todo a lo que había estado expuesta aquel día fuera muy diferente de la clase de actividad que solía hacer.

Momentos después de que Diego le diera su informe, la puerta trasera se abrió y tía Bree entró en la cocina.

Bree andaba como si hubiera envejecido cuarenta años. Su enorme sombrero estaba torcido, su pelo rubio le caía por debajo del sombrero y estaba cubierta de una capa de polvo de Texas. Tenía un corte en una manga, una rama de heno pegada a su hombro y una mancha de estiércol en la rodilla de sus pantalones. Había perdido casi todo el maquillaje por el sudor y sus ojos azules estaban aturdidos por el cansancio.

Alice estaba horrorizada. Cuando bree consiguió quitarse el sombrero, vio las oscuras manchas de grasa en sus manos y que sus habitualmente bien cuidadas uñas estaban sucias y más cortas.

Cuando Bree se dio cuenta de que todos en la casa estaban en la cocina, mirándola con sorpresa, les regaló una sonrisa encantadora.

—Hay muchas cosas interesantes que hacer en un rancho —declaró con una sonrisa brillante—. Incluso conseguí reparar uno de los molinos de viento —se rió, como si encontrara divertida la vista de todas aquellas caras serias a su alrededor—. ¿Tan mal aspecto tengo? Estoy bastante agotada, pero os aseguro que me siento mejor después de un día de trabajo en el rancho de lo que he estado en años —empezó a dirigirse hacia las escaleras traseras y se detuvo—. Aunque dudo que pueda subir las escaleras con alguna clase de elegancia.

Alice y Martha estuvieron a su lado enseguida. Cada una tomó a Bree por un brazo para ayudarla, pero Bree emitió una suave queja.

Edward la oyó y rápidamente se acercó para ofrecer su ayuda.

—Si me lo permite, señora Bree, ¿puedo llevarla arriba? —preguntó, sonrojándose cuando las tres mujeres lo miraron sorprendidas—. Por supuesto, acompañado de la señorita Alicey de Martha.

Bree le sonrió encantada.

—Diego, qué sugerencia más considerada. Agradecería mucho que usted me llevara escaleras arriba.

Bree miró a su sobrina y le guiñó un ojo.

El guiño provocó una risita en Alice, pero Martha, que lo había visto todo, emitió un sonido malhumorado. Alice se puso seria enseguida, pero en su interior estaba muy animada.

Era tranquilizador ver a tía Bree despreocupada. Parecía alegre y divertida.

Diego se inclinó y cuidadosamente tomó a Bree en brazos. Los brazos de Bree rodearon su cuello. Diego trataba de no mirar hacia el brillo de los ojos de Bree, pero sus propios ojos brillaban igual de alegremente. El avanzó hacia las escaleras y comenzó a subirlas a un ritmo continuo. Martha y Alice le siguieron, aunque Martha era la única que realmente supervisaba. Cuando las dos alcanzaron el piso superior, Martha tomó el brazo de Alice y le susurró al oído.

—Me pregunto qué pretende Diego.

Alice se encogió de hombros. Por el momento no le importaba. Aunque estaba agotada, Bree Brandon parecía auténticamente alegre. La crisis había pasado, y por primera vez, Alice sintió que las cosas irían bien para ella. Bree tenía algunas decisiones difíciles que tomar, pero en ese momento parecía capaz de tomarlas

Cuando Alice dejó que Martha ayudara a Bree con su ducha, Diego había bajado. Jasper no había vuelto todavía del campo y Alice estaba ansiosa por verlo.

Desde que trajo a Bree y a Martha al rancho, ellos casi no habían tenido tiempo para estar solos, mucho menos para hablar. Jasper, quizás por consideración, no había hecho peticiones en la cama por la noche.

Ahora que Bree se había recuperado, Alice se dio cuenta de lo centrada que había estado en los problemas de Bree. Aparentemente, Jasper no era el único que necesitaba adaptarse a la vida de casado.

Recordando su anterior disgusto porque Jasper no había consultado con ella para llevarse a Bree fuera de la casa durante el día, Alice se acordó de las cosas que no había discutido con él.

El caso de la paternidad de James y el uso de la píldora se habían desvanecido de su mente esos últimos días. Y cuanto más retrasara hablar con Jasper sobre ello, más se podría enfadar él.

Alice se cambió de ropa para la cena, y se sintió frustrada cuando fue la única en la mesa. Diego había subido una bandeja para Martha y Bree, pero Jasper no había vuelto a casa.

Comió porque estaba repentinamente desfallecida. Después, se puso ropa de campo y estaba a punto de salir para buscar a Jasper cuando Diego la encontró y le dio un mensaje.

—El señor Whitlock ha dicho que no volverá hasta tarde.

Alice agradeció a Diego el mensaje, pero estaba decepcionada. ¿Era ése otro caso de la preferencia de Jasper por su primer amor, su rancho, antes que su mujer?

Como era viernes por la noche, Alice se dio un largo baño de espuma, y leyó un poco antes de estar demasiado cansada para mantener los ojos abiertos.

Aunque intentó esperar a Jasper despierta, no pudo lograrlo después de las once.