Un fin de semana... ¿Normal?
Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, solo me pertenece la trama.
Muchas gracias a: GaliaMRamon, montego24 y a las que dejaron un review que no pude responder.
Gracias también a las que me agregaron a sus favoritos y alertas
Aquí está el segundo capítulo, espero les guste :)
Capítulo 2: Nuevos Sentimientos
Edward POV:
Lunes.
Me desperté temprano, a pesar de que ayer no pude dormir recién hasta las 4 de la madrugada, vi la hora:
5:45 a.m.
Santo Cielo, necesito poder dormir mas.
Imposible. Me quedé dando vueltas sobre mi cama sin poder conciliar el sueño, vi la hora otra vez y solo habían pasado cinco minutos.
Empecé a pensar en muchas cosas, pero llegó a mi la imagen de una persona: Isabella, la mejor amiga de mi hermana, aunque ella prefería que la llamaran Bella. Siempre la vi solo como una hermana, ya que ella y Alice se conocen desde pequeñas, pero en este último tiempo me siento extraño hacia ella, empecé a mirarla distinto, con otros ojos. Ella era la razón de mi falta de sueño en estos días.
―Te atrae ―dijo mi conciencia.
Claro que no.
―Claro que sí, siempre te atrajo, solo que nunca te has dado cuenta.
No, solo la quiero como quiero a Alice, es casi como mi hermana.
―No es tu hermana, no cometerás un pecado si te acercas a ella ―casi gritó.
Eso ya lo sé, no es necesario que grites.
―¿Quién grita?
Tú. Ya, enserio, sal de mi cabeza.
―No puedo, Einstein ―se mofó― soy sólo un producto de tu imaginación.
―¡Vete! ―le grité, genial, ahora toda mi familia pensará que estoy loco, espero que nadie me haya escuchado.
―Gruñón ―dijo como despedida.
Paz al fin.
Volví a mirar la hora, 6 a.m. Aún es temprano.
Seguí pensando en Bella, en los momentos en que visitó a mi familia, cuando cuidaba de Alice cada vez que se enfermaba, sin duda, era una gran persona, honesta, leal, inocente… siempre poniendo delante de ella al resto, sin importarle sus problemas. Admito que a veces era frustrante verlo, no se daba la importancia que ella misma necesitaba, y se subestimaba demasiado, además, era una mujer independiente e inteligente pero muy testaruda y un poco infantil, pero por eso me gustaba.
―¡JA! ―no, otra vez no. Me lamenté internamente de haber dicho esas simples palabras― lo has admitido, eso es un gran avance.
No he dicho nada fuera de lo común, digo, ¿a quién no le agradaría Bella?
―Si, claaaro ―dijo empleando sarcasmo. Bufé― Cuando te des cuenta de que estás enamorado de ella va a ser muy tarde, ¡abre los ojos!
¿Enamorado? Eso fue lo que dijo, lo escuche claramente. ¿Podría estar enamorado de Bella Swan?
Una parte de mi mente decía que sí, y me felicitaba por haberlo admitido, pero una muy pequeña decía que no, solo eran imaginaciones mías, o eso era lo que quería creer yo.
Nunca me interesó ninguna chica, a pesar de tener a muchas detrás de mí. Crecí entre el amor de mis padres, una amor puro y verdadero, y de pequeño mi deseo fue encontrar a alguien así, con quien compartir el resto de mi vida, que me haga sentir el hombre mas afortunado por tenerla a mi lado. ¿Podría ser Bella esa chica? ¿La que me haga feliz todos los días? ¿La que me acompañe en cualquier momento? Miles de preguntas surcaron mi mente, pero fueron remplazadas por una imagen donde me encontraba abrazada a ella, delante de una hermosa casa, sonriendo. Ambos estábamos felices, y le di un casto beso en los labios.
Una sonrisa tonta apareció en mi rostro, y, pensando en eso, me quedé profundamente dormido, siendo ella la que protagonizó mis sueños
~.~
La luz que atravesaba la ventana dio de lleno en mi cara, despertándome. ¿Cuánto habré dormido? Miré la hora.
11:58 a.m.
No puede ser, me quedé dormido.
Mi estomago rugió y bajé tranquilamente a la cocina para poder comer algo, ya no tenía sentido ir al instituto. Al llegar me encontré con mi madre, Esme. Ella era la mejor persona que alguien pudiera conocer, sin ser presumido. Tenía cabello color caramelo, rostro en forma de corazón y unos ojos color azules muy profundos que demostraban felicidad y el amor hacia su familia. Su mirada y su sonrisa siempre eran tiernas, era la mejor madre que alguien pudiera desear.
―Vaya, parece que al fin alguien se despierta ―dijo con un dulce tono de voz.
―Buenos días, mamá ―besé su frente―. Lo siento, no fue mi intención faltar al instituto.
―Tranquilo, cariño ―dijo comprensivamente―. Sé que últimamente no has podido dormir bien. Ahora, ¿Puedo saber cuál es el motivo? ―me sonrojé y bajé la mirada apenado. No le diría a mi madre que mi falta de sueño estaba relacionada con la confusión de mis sentimientos hacia Bella, sería muy… vergonzoso. Levanté la vista y ella me miraba con los ojos entrecerrados― Problemas de amores ―susurró casi incompresiblemente, pero alcancé a escucharla.
―¿Qu-qué estás diciendo? ―Genio, el tartamudeo no te ayudará, puedes inventar una excusa perfecta para salir de algunos problemas ¡y no puedes decirle un simple "no" piadoso a tu propia madre!―.
―Nada, cuando llegue el momento me lo dirás ―dijo dándome unos ligeros golpecitos en la cara y se dispuso a salir de la cocina. Al llegar a la puerta volteó y dijo con una sonrisa en la cara― Sírvete lo que quieras ―acto seguido se fue.
Muy bien, a veces mi madre daba tanto miedo como Alice.
~.~
Al fin, viernes.
Estos días pude dormir mucho mejor que los anteriores, la semana pasó rápido y sin inconvenientes.
Me levanté y fui a tomar una ducha. El día solo estaba nublado, así que me vestí con unos jeans color negro, y me coloqué una camisa color azul, dejando los primeros dos botones sueltos, junto a unas converse que combinaban.
Intenté peinar mi cabello, pero al ver que era una misión imposible, decidí dejarlo como estaba. Ya no sé ni para que me molesto en intentarlo.
―Porque eres un tonto.
No empieces.
Bajé a la cocina, donde se encontraba mi padre leyendo el periódico con una taza de café, mi madre poniendo la mesa y Alice tomando su desayuno, que consistía en hotcakes y un vaso de jugo de naranja.
―Buenos días ―los saludé a todos.
―Buenos días ―dijeron papá y mi hermana al unísono.
―Buenos días, tesoro ―dijo mi mamá, siempre tan amorosa― ¿Quieres algo especial para desayunar?
―Sólo un cuenco con cereales, pero déjalo ―la frené al ver que se dirigía a prepararlo―, yo lo preparo ―me sonrió cariñosamente y siguió con sus cosas.
Me preparé el desayuno y me senté en mi silla. En eso, se escuchó un saludo estruendoso.
―¡Familia! ―saludó Emmett, Alice saltó de su asiento por el susto y casi se cae, papá tiró un poco de su café sobre la mesa, y mamá y yo intentábamos no reírnos, acostumbrados a los saludos de el Oso, así era como le decíamos a mi hermano, ya que se parecía demasiado a ese animal.
―Buenos días a ti también, Emmett ―dijo Alice fingiendo estar molesta. Papá y mamá solo rieron negando con la cabeza, la misma escena de todas las mañanas.
―Hola, Eddie ―me saludó. Por dios, prefiero que me ignore.
―No me digas Eddie, sabes que lo detesto.
―Como digas, Eddie.
―¡EMMETT!
―Niños, no empiecen ―empezó a regañarnos nuestra madre.
―Los siento, mamá ―dijimos ambos al unísono.
―Me las pagarás ―le susurré para que nadie mas me escuche.
―Ya quiero ver eso ―también susurró. Esme se acercó mirándonos acusatoriamente, con el desayuno de Emmett, seguro algo escuchó. Nosotros solo atinamos a mirarla inocentemente.
―Comes como si nunca hubieras probado bocado, Oso ―dijo Alice mirando su abundante desayuno, compuesto por hotcakes, huevos, galletas y un gran vaso de jugo de naranja.
―Tu misma lo has dicho, hace honor a su nombre ―le respondí.
―Digan lo que quieran, nadie mas que yo tiene este cuerpazo ―dijo sonriendo orgullosamente.
―Gordo ―susurró Allie para que solo nosotros escuchemos.
―Alice Cullen –empezó mi madre, pero ella la cortó.
―Edward, mi auto se descompuso, podemos ir a buscar a Bella a su casa, se lo prometí ―dijo mirándome con su cara de cachorrito abandonado. Sonreí inconscientemente.
―Claro, no hay problema ―dije mas entusiasmado de lo que creí. En cuanto terminé de hablar, me miraba de forma extraña, y luego apareció una sonrisa pícara en su rostro.
―Iré con ustedes, quiero ver a mi Belly Bell's ―no sé porque, pero las palabras de Emmett me hicieron sentir algo extraño. Son los celos, canturreó mi subconsciente. Ignoré a la molesta voz y me dirigí hacia mi bello Volvo Plateado, mi posesión mas preciada después de mi piano. Así es, el gran Edward Cullen toca el piano, pero es un secreto que solo sabe mi familia.
Conocía de memoria el camino hacia la casa de Bella, varias veces tuve que traer a mi hermana aquí o venir a buscarla cuando aún no mis papás no le habían regalado su Porsche. Sin embargo, esta vez me encontraba ansioso por verla.
Cuando faltaba poco para llegar, Alice tomó su celular, marcó un número y se acercó el aparato al oído.
―Alice, juro que si no es importante te mataré ―alcancé a escuchar. Wow, que carácter que tiene Bella en las mañanas.
―Buenos días a ti también, pequeña dormilona ―dijo con un dulce tono de voz.
No entendí que dijo, pero parecía molesta.
―Nada importante… solo quería recordarte que es viernes, hay clases, y hoy tenemos un lindo examen de historia gracias a mi muy querido hermano Emmett ―dijo con sarcasmo mientras nos lanzaba dagas con los ojos a mi y a Emm, ya que yo me reía silenciosamente y él la miraba como si fuese un niño acusado injustamente.
Hubo un gran momento de silencio hasta que llegamos a su casa. Mi hermana se había puesto nerviosa al ver que no le contestaba.
―¡Bella! ¡Bella! ¿Estás ahí? Bella, si no contestas le diré a Emmett que derribe la puerta ―no me sorprendería que lo hiciera de verdad, quería a Bella como si fuera su propia hija.
De repente, se escuchó un fuerte golpe, que resonó en todo el auto. Me estaba empezando a preocupar.
―¡Demonios, eso dolió! ―se escuchó su queja. No se golpeó, ¿Verdad?
―No es momento de saludar a tu gran amigo el piso, si no te apresuras llegaremos tarde. Tienes treinta minutos para estar en el auto o iremos en tu búsqueda y vendrás como estés ―colgó el teléfono y enseguida Emmett se rio a todo pulmón.
A los veinte minutos aproximadamente, Bella salió de su casa. Se quedó estática al ver mi auto, lo que me permitió admirarla mejor.
En su hombro traía colgada su mochila y en un brazo su cazadora. Vestía nos jeans entubados y una remera azul escotada que permitía ver todo su cuello y parte de su clavícula, también gracias al viento que corría el pelo de su cara. Demasiado tentador.
―Cierra la boca, Eddie –me las pagarás Emmett Cullen.
―Tengo que darle algunas clases para vestirse.
―Alice, está perfecta así ―las palabras salieron en un suspiro, sin que las pudiera retener.
Emmett y Alice se quedaron con la boca abierta, ni yo podía creer lo que había dicho.
―Edward, pero que… ―empezó Alice, pero paró abruptamente al ver que Bella se acercaba a la puerta y la abría algo dudosa.
―Hola, Bella ―dije sonriéndole. ¡Justo hoy no podía controlar lo que salía de mi boca! La miré a través de espejo retrovisor, su rostro en forma de corazón, sus mejillas levemente sonrosadas y sus expresivos ojos color chocolate me deslumbraron por un momento. Ese color le quedaba perfecto.
Repentinamente se adoptó un tono mas fuerte y susurró un suave hola que alcancé a escuchar. Parecía una niña que fue encontrada en mitad de una travesura, se veía tan adorable. Esperen… ¿Yo dije eso?
―Isabella Marie Swan, dime que has desayunado ―eso podría explicar porque no tardó tanto tiempo.
―Hola, mamá ―sonreí por como llamó a Alice
―Responde ―dijo ignorándola.
―Cla-claro que si… ―dijo tartamudeando, era una pésima mentirosa. Hice una mueca ante su respuesta, el desayuno es la comida mas importante del día.
―Eso explica porque eres tan liviana y debilucha, ¡si no comes nada! ―dijo Emmett pasando su brazo por los hombros de ella. Otra vez el sentimiento extraño.
―Lo siento si no puedo comer como un equipo de fútbol completo igual que tú ―lo golpeó débilmente en el pecho.
―Oye, hay que mantener este cuerpazo ―dijo señalándose de la cabeza a los pies. El sentimiento crecía…
―¿En serio? Yo solo veo panza ―dijo en tono inocente.
―Me ofendes ―le hizo un puchero, ella lo abrazó y se rio, seguida de mis dos hermanos. Se veía cómoda en sus brazos.
―Ya llegamos ―dije en un tono frío luego de estacionar.
Bajé del auto y un segundo después tocó el timbre. Cerré la puerta de un portazo y me dirigí hacia la clase que me tocaba, sintiendo tres miradas en mi espalda, una de ellas mas intensa que las otras.
No presté atención a lo que explicaba el profesor, estaba muy distraído pensando en Bella. Estuvo intentando llamar mi atención toda la clase, sin lograrlo. No aguantaba mas, necesitaba salir.
―Al parecer, el señor Cullen, está muy distraído hoy ―creo que me preguntó algo y no lo escuché.
―Lo siento, profesor Picket.
―Por favor, retírese y no vuelva hasta que decida prestar atención a la clase ―Profe, no sabe cuanto se lo agradezco.
Salí sin ninguna queja y caminé hasta mi Volvo. Había estado lloviendo, ya que el suelo estaba húmedo y por las nubes parecía que iba a volver a llover pronto. Puse un CD de Debussy, mi favorito, pero aun así no logró calmarme, así que decidí salir a caminar.
Sin darme cuenta, me dirigí hacia el bosque que rodeaba el instituto. Al llegar, me interné un poco, pero lo suficiente como para poder perderme si me olvidaba el camino de regreso.
Me recosté sobre un tronco caído mirando el poco cielo que se podía, ya que los árboles cubrían la mayoría del espacio.
―¿Por qué me siento así? ―susurré para mi mismo.
―Estas celoso, por que no lo admites ―dijo mi subconsciente.
―Por que no. No puedo estar celoso de Emmett. Es mi hermano ¡Y tiene novia!
―No creo que sea esa clase de celos.
―¿Entonces cuales?
―Estás celoso porque él pasa mucho tiempo con Bella, él la contiene, el la abraza, algo que tú no.
―¿Y qué propones?
―Acércate a ella, conviértete en su amigo.
―No creo poder, ¿has visto que me quedo sin palabras cuando estoy con ella? Nunca me había pasado con nadie.
―Tengo otra idea, dile lo que sientes… A que esa si es buena, ¿eh?
―No.
―¿Por qué?
―Por que soy tímido, además, que pasa si me rechaza… ―una realidad me golpeó de repente― ¿Y qué si no siente lo mismo que yo? ¿Y si ya le gusta alguien? ¿Y si ya tiene novio y nunca lo supe? Quedaré humillado, e incluso mucho peor de lo que estoy ahora.
―Deja la paranoia de lado, si abrieras los ojos te darías cuenta de que siente lo mismo que tú.
―Tu qué sabes ―lo acusé.
―Mucho mas que tú.
Con eso terminó la conversación conmigo mismo. Gracias al cielo que nadie me vio, definitivamente creerían que estoy loco de remate.
Miré la hora, ¡Rayos! ¿Cuándo pasó tan rápido el tiempo? Ya me había perdido dos horas mas y estaba a punto de tocar el timbre del almuerzo.
Decidí que era la hora de volver y me fui hacia a la cafetería. En cuanto llegué ya estaban mis hermanos y Bella sentados en una mesa en la esquina; Jasper y Rose faltaron esta semana porque al parecer se intoxicaron por algo que ella cocinó, me reí internamente, Rosalie debería tener la entrada prohibida a la cocina.
Tomé una bandeja, agarré dos porciones de pizza, una botella de gaseosa y una manzana. Me dirigí hacia la mesa donde estaban sentados y me senté en único lugar libre, a mi derecha se encontraba Emmett, con una bandeja repleta de comida. ¿Dónde le entraba tanto? A mi izquierda Alice y en frente mío estaba Bella. Recordé que a la mañana Bella no había desayunado y miré lo que traía en su bandeja. Fruncí el ceño al ver sólo una botella de jugo de limón y la miré a los ojos. Al darse cuenta que la miraba bajó la mirada sonrojada, evitando que la viera, ocultando su rostro.
―¿Sabes que no es bueno dejar de comer? ―le dije en tono gracioso pero acusatoriamente
―No tengo hambre ―susurró casi incomprensiblemente.
―Ten ―le dije tendiéndole una porción de pizza ―, come ―le ordené. Me preocupaba su salud, con lo frágil que se veía y sin comer quizás desde anoche, si es que comió, se descompensaría durante la clase de gimnasia ―Por favor, Bella ―casi le rogué. Se quedó mirándome por un momento, en el que la pude admirar mejor. Era como un ángel, tenía un aspecto tan inocente y dulce.
No sé cuanto tiempo pasó, pero se sonrojó levemente y una sonrisa pequeña apareció en su cara. Sin duda, un ángel.
―Gracias ―la sonrisa aún estaba en su cara. Le sonreí en respuesta a lo que se sonrojó mas fuerte, si es que era posible.
El almuerzo pasó rápido, sin que pudiera apartar la mirada de Bella, y cada vez que ella me atrapaba solo atinaba a sonreírle como idiota.
Un idiota enamorado.
Cada segundo que pasaba cerca de ella, el sentimiento se intensificaba. Se sentía tan bien. Pero…
¿Qué voy a hacer con esto que siento?
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Les recomiendo "Un nuevo atardecer" de Montego24
Saludos,
Tellus :))
