Un fin de semana… ¿Normal?

Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, sólo la trama es mía.

Muchas gracias a las que dejaron sus reviews, a los que me agregaron a alertas y favoritos, y a las lectoras silenciosas :)

Acá está el tercer capítulo, espero les agrade :D


Capítulo 3: ¿Un Avance?

Edward POV:

Luego de que tocó el timbre anunciando que terminó la hora del almuerzo, nos dirigimos los cuatro hacia el gimnasio, la única materia que compartíamos todos juntos.

Las chicas se dirigieron a su cambiador y nosotros al nuestro. Empecé a cambiarme y cuando me disponía a salir, alguien me cortó el paso.

―¿Qué onda, Edward?

―Hola, Mike ―dije cortésmente. Mike Newton nunca fue de mi agrado, y tal vez era por el simple hecho de que se creía superior a los demás o que era un presumido.

―¿Qué cuentas?

―Nada ―dije cortante, no tenía ganas de hablar con él. Hice amago de salir, pero me volvió a bloquear el paso.

―Ah… Oye, ¿has escuchado que habrá una fiesta este fin de semana? ―¡Es que este chico no entiende las indirectas!

―No, no estaba enterado. Ahora, si me disculpas, Mike, debo irme ―le dije saliendo, al fin, del vestidor.

―Disfrutando de tu tiempo con Mike, Eddie ―dijo Emmett burlonamente cuando lo encontré en la entrada del vestidor.

―¡Qué no me digas Eddie!

―Que gruñón que eres, Edward, deberías buscarte una novia ―sin pensarlo vinieron imágenes mías y de Bella juntos. Una fuerte carcajada me sacó de mi ensoñación.

―Al parecer cupido te flecho ―otra carcajada―. Solo mira la cara de bobo que has puesto ―mas carcajadas.

En un intento de callarlo lo golpeé fuertemente en la nuca.

―Auch, eso dolió ―dijo sobándose el lugar afectado.

―Te lo mereces por idiota.

―Decir la verdad no me convierte en idiota. Ahora… ¿Quién es la afortunada? ―dijo moviendo las cejas sugestivamente.

―No te lo diré

―Acabas de admitir que te gusta alguien ―¡Diablos!

―No, no lo hice.

―A Eddie le gusta alguien, a Eddie le gusta alguien ―empezó a cantar girando a mi alrededor.

Qué vergüenza.

Todos los que estaban allí se voltearon a vernos.

―Emmett, quédate quieto, estas haciendo el ridículo ―le dije entre dientes.

―¿Qué? ¿No quieres que la chica vea a tu hermano? ¿Tienes miedo de que le pueda llegar a gustar yo? ―dijo ególatramente.

―Claro que a Bella no le podrías gustar tú ―susurré, ella quería mucho a Rosalie, no le haría eso.

Caí en la cuenta de lo que dije.

Oh por dios, que no me haya escuchado, que no me haya escuchado. No pude haber dicho eso en voz alta.

Su mandíbula de desencajó y sus ojos se abrieron como platos, creo que si te escuchó.

―¡Te gusta… ―le tapé la boca antes de que lo gritara.

―Emmett, por favor, no digas nada, haré lo que sea, pero no le digas a nadie, mucho menos a Alice, ¿Sabes lo que haría? ¿¡Sabes lo que haría!? ―me estaba desesperando, conocía a mi hermana lo suficiente como para saber que no me dejaría en paz, ni a ella ni a mí.

Sacó mi mano de su boca y empezó a hablar.

―No importa, ya lo sabía ―¿Qué?― Eres muy obvio, Eddie. Tranquilo, no le diré nada a nadie, pero con una condición… ―esa sonrisa no puede ser buena.

―¿Cuál? ―ya temía lo peor.

―Díselo ―esa única palabra acabó con lo poco que quedaba de cordura.

―¿¡Cómo quieres que se lo diga!? ¿¡Y si me rechaza!? ¿¡Y si no siente lo mismo que yo!? ―ahora él me tapó la boca.

―Hey, deja de gritar, haces el ridículo frente a todos ―rodé los ojos― ¿Qué pensará Bella?

La busqué con la mirada y lo único que hacía era mirar el suelo, su semblante estaba triste, mi hermana estaba a su lado, viéndola con una mueca y después miró en nuestra dirección. Si las miradas matasen… creo que estaría cien metros bajo tierra.

―Muy bien, alumnos ―nos llamó el profesor―, hoy practicaremos vóley, sólo calentamiento. Quiero grupos de cuatro integrantes ―automáticamente, Emmett y yo nos acercamos a donde estaban Bella y Alice.

Mis hermanos estaban callados, algo inusual en ellos, y Bella parecía que no tenía consciencia de donde estaba o de lo que hacía.

El juego pasó sin ninguna clase de charla, y admito que era un poco incómodo, con el silencio de Emmett, la conducta de Bella y las miradas de furtivas de Alice. ¿Sólo yo me sentía así?

Antes de intentar pensar en algún causante, pude ver que Bella golpeó la pelota, que había sido atajada por Alice para devolverla, pero esta rebotó en el palo de la red y golpeó su cabeza haciéndola caer al suelo.

―¡Bella, Bella! Lo siento, no fue mi intención ―decía Alice desesperadamente mientras se acercaba a ella.

―Que alguien acompañe a la señorita Swan a la enfermería, por favor ―dijo el profesor en un tono cansado, acostumbrado a la torpeza de Bella. Casi le gruñí, ¿No se tendría que preocupar, por lo menos?

―Tranquila, Allie, yo estaba un poco distraída, fue mi culpa ―dijo, pero llevó una mano a su frente y cuando la bajó apareció una mancha roja. Su cara perdió el color y podría jurar que dejó de respirar.

―Te acompañaré a la enfermería ―le respondió mi hermana, pero si Bella se desmayaba, no la iba a poder cargar. Preocupado por eso, me adelanté.

―All, deja que yo la llevo ―vi que Bella abrió los ojos como platos al escucharme, y mi hermana sólo me miraba incrédula, lanzándome dagas con los ojos.

―¡No! ―dijo Bella nerviosa―, digo… estoy perfectamente bien ―intentó sonreír. Mi hermana y yo rodamos los ojos.

Antes de que Alice me cuestionara, alcé a Bella en vilo. Una especie de corriente eléctrica me recorrió por todo el cuerpo. Su cara terminó a centímetros de la mía, y tuve que recurrir a todo mi autocontrol por no besarla en ese momento. Ella mordía su labio inferior nerviosamente. Eso no ayuda…

―Edward, ¿qué haces? ―dijo mordaz mi hermana. Le agradecí internamente por la interrupció prestarle atención, me dirigí hacia la salida del gimnasio.

Cuando llegamos al pasillo, sentí que Bella inhaló y después de unos segundos, habló.

―Edward, puedo caminar, bájame.

―Prefiero no arriesgarme, te has dado un fuerte golpe ―eso no era del todo cierto, si bien me preocupaba mucho su salud, sólo quería tenerla entre mis brazos, se sentía muy bien.

―Ya estoy acostumbrada ―susurró contra mi pecho, con intención de que no la escuche, pero lo hice.

―No volverá a pasar mientras esté a tu lado ―dije en voz baja, no se lo que me impulsó a decir eso.

Ella levantó la cabeza para mirarme a los ojos, error, estaba demasiado cerca. Su olor a fresas invadió mis fosas nasales, dejándome aturdido por unos momentos. Amaba sus ojos chocolate, eran muy expresivos, pero esta vez, en ellos había un deje de tristeza.

Al parecer nos miramos mas del tiempo que deberíamos y ella lo notó, ya que se sonrojó furiosamente y bajó la mirada, cortándome la conexión con su alma.

Apoyó su cabeza en el hueco de mi cuello y sus manos en mi pecho, todavía sentía el calor de su cara sobre mi piel. Era una sensación tan placentera que sonreí inconscientemente, por lo menos, no se había alejado.

Cuando llegamos a la enfermería, a regañadientes, la dejé suavemente sobre la camilla, sentía una sensación de vacío al no tenerla cerca.

Luego de que le limpiaron la herida, que resultó ser sólo un rasguño, y que la enfermera le recomendara no hacer movimientos bruscos por el golpe en la cabeza, salimos de allí.

―Gracias, Edward, no debiste molestarte ―la miré confundido ¿Qué planeaba?―. Bueno, puedes volver a gimnasia, debo irme ―dijo con ademan de irse.

Ah, no. Si piensa que la dejaré irse así, está muy equivocada

―Oye, no puedes irte así.

―Estoy bien, puedo ir sola a mi casa ―dijo un poco molesta sin darse vuelta. No entendí el porqué.

―¿Y se puede saber como? ―le dije sabiendo la respuesta. Gracias, Alice. Al parecer la comprensión llegó a su mente, ya que se detuvo y volteó a verme.

―Puedo caminar ―dijo después de pensarlo por un minuto. No te dejaré.

―No ―dije sin dejar lugar para discutirlo―. Ven, vamos a esperar a mis hermanos en el auto ―se cruzó de brazos como una nena chiquita, parecía un gatito indefenso intentando parecer un león furioso. Usé toda mi fuerza para no reírme, se enfadaría mucho mas― Bella, no me obligues a llevarte a la fuerza ―mantenía su postura, mirándome desafiante.

―Muy bien, yo te lo advertí ―le dije, y rápidamente, volví a tomarla en vilo.

―Edward, bájame, ya mismo ―no le hice caso a sus quejas y los suaves golpes que daba a mi pecho, intentando lastimarme sin éxito.

Así llegamos a mi auto y la bajé. Se apoyó sobre la puerta del conductor, mirándome molesta. No estábamos a una gran distancia.

―¿Qué te sucede? ―le pregunté, mi curiosidad ganó.

―Nada ―dijo cortante.

―¿Nada? No te creo ―sin darme cuenta, di un paso hacia ella.

―¿Y eso me tiene que importar?

―No lo sé ―otro paso mas―. Tú si me importas ―su mirada se suavizó un poco, estaba cediendo.

Sin darme cuenta, nuestros cuerpos ya estaban muy cerca. Tomé su barbilla y la levanté, obligándola a mirarme, de modo que nuestros labios solo eran separados por un par de centímetros.

―Edward ―suspiró con los labios entreabiertos. Eso fue todo lo que necesité, su dulce aliento dio de lleno en mi cara, ofreciéndome una invitación que no podía rechazar.

Estábamos sólo a milímetros, nuestros labios casi se rozaban.

―¡Edward, Bella! ―esa voz tan familiar nos hizo separarnos de un salto. Bella estaba sonrojada y su respiración un poco agitada, yo estaba igual. No me animé a mirarla a los ojos, y al parecer ella tampoco ya que sólo observaba el suelo.

Estaba a dos milímetros, ¡DOS MILÍMETROS!

Juro que voy a matarte…


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Acepto comentarios, críticas y sugerencias de cualquier tipo :)

Espero les haya gustado :D

Les sugiero: "Un nuevo atardecer" de Montego 24

Besitos,

Tellus :)