Un fin de semana… ¿Normal?

Los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer, sólo la historia me pertenece.

Muchas gracias a las que dejaron sus reviews, a las que me agregaron a sus alertas y favoritos y a las lectoras silenciosas :)

He aquí el cuarto capítulo de la historia, con los puntos de vista de Alice y Emmett. Me divertí mientras lo hacía, imaginando las situaciones, espero les gusté :D


Capítulo 4: La Oportunidad

Alice POV:

―Bella, Bellita, Belly Bell's ―le dije con cariño a mi amiga mientras nos dirigíamos a los vestidores.

―No voy a ir de compras, Alice ―como me conocía. Por eso la amaba.

―Este fin de semana habrá una fiesta ¡Tenemos que comprar atuendos nuevos! ―dije saltando de alegría e ignorando su comentario anterior.

―All, no voy a ir a una fiesta, sabes que no me gustan.

―No te entiendo, Bella ¡Las fiestas son geniales!

―A ti te gustan las fiestas.

―Pero vas a venir conmigo ―dije con convicción.

―No voy a ir a ninguna fiesta ―contratacó ella.

―Por favor ―le hice mi mejor puchero al estilo Alice Cullen. Nadie se resiste a eso.

―No ―Bien, sus defensas bajaron.

―Por favooooor ―dije alargando la o.

―No ―piensa otro método.

―Bueno, pero me acompañarás a comprar un vestido para mí ―eso va a servir… Ella no tiene porqué estar al tanto de lo que haremos después, ¿no?

―No me agradan las compras… ―dijo con una mueca.

―Isabella Marie Swan ―le grité, todas las chicas del vestidor voltearon a vernos.

―Está bien, te acompañaré, pero por favor, no quiero estar toda la tarde en el centro comercial ―Punto para mí.

―¡Bien! ―dije dando saltitos de alegría.

―Promételo.

―Lo prometo ―le dije con dos dedos cruzados detrás de mi espalda. Me miró con los ojos entrecerrados, pero al final sólo suspiró y murmuró algo como "no te creo".

No importa, lo importante es que iremos de compras y después a una fiesta. Sonreí internamente.

~.~

Salimos del vestidor, y mientras seguía hablando con Bella sobre que podía llevar a la fiesta, vi de reojo que mis hermanos ya habían salido del suyo. Parecía que estaban discutiendo.

De repente, Emmett se puso a gritar que a Edward le gustaba alguien, mientras giraba a su alrededor dando saltitos. Edward estaba sonrojado.

¡Nunca lo vi así!

Habían llamado la atención de todos los presentes, y me habría puesto a reír de no ser por la expresión de Bella.

Sus ojos denotaban tristeza, bajó su mirada triste, evitando que la viera, pero alcancé a ver una lágrima solitaria que rodó por su mejilla.

Hice una mueca y maldecí internamente a mi hermano por hacerla sufrir.

Más te vale que sea de Bella de quien estén hablando, o juro que te mataré con mis propias manos.

Miraba de reojo, atenta a lo que hacían mis hermanos; y Emmett, extrañamente, estaba serio, sólo rogaba que sea por algo bueno. Sentí la mirada de ellos sobre mí y fulminé a Edward con la mirada.

El profesor ordenó que nos organizáramos en grupos de cuatro personas, y los chicos vinieron hacia donde nos encontrábamos nosotras.

El rato pasó en silencio, ninguno decía palabra, y como tampoco tenía ánimos de hablar, me puse a pensar.

¿Había errado en mis suposiciones?

Cuando le pregunté a Edward si podíamos pasar a buscar a Bella, su cara prácticamente se iluminó, y cuando la vio, ni hablar, juro que hice todo el esfuerzo que pude en no reírme a carcajadas de su cara y fingir incredibilidad.

Iba a cuestionarlo, para ver si podía sacarle algo de información, y lograr que admita lo sentía por Bella, pero justo a ella se le ocurre salir del trance en ese momento. Ella aún es mas obvia, creo que hasta mis padres y Emmett saben que le gusta mi mellizo.

¡No puedo creer que todavía no se hayan dicho nada!

Otra reacción que confirma mis sospechas es la que tuvo Edward cuando Bella hablaba con Emmett y lo abrazó.

Celos.

Sin ninguna duda, podría jurar que Edward estaba celoso. ¡Celoso de su hermano! Por un momento, creí que era aún mas idiota. ¡Él sabe que Bella solo quiere al oso como hermano! Todavía tengo en la cabeza el portazo que pegó al salir del auto, a su preciado Volvo, al que cuida mas que a su vida, su tesoro, después de su piano de cola negro, creo.

Después, cuando lo vi yendo hacia el bosque que rodeaba el instituto, desde la ventana de mi clase, supuse que fue para pensar, su veía aturdido, molesto, confuso. Creí que debía sentirse muy mal si se salteaba clases, no era una actitud normal de mi hermano.

En el almuerzo se veía mas calmado, hasta diría que estaba aliviado.

Me pareció tan tierno de su parte que se preocupe por Bella; eso sí, debería controlarse. Pobre Bella… mi hermano no le quitó la mirada ni un momento. Y cada vez que alzaba la vista, él le sonreía, mientras ella aumentaba a su color un tono mas de rojo.

No, no creo que haya errado, es obvio que se quieren.

Estaba pensando anticipadamente, necesitaba hablar con Emmett y averiguar que le había dicho Edward.

Sin darme cuenta de mis movimientos, la pelota que había golpeado recientemente, terminó golpeando a Bella en la cabeza.

―¡Bella, Bella! Lo siento, no fue mi intención ―le dije mientras me acercaba a ella.

―Que alguien acompañe a la señorita Swan a la enfermería, por favor ―dijo el profesor en un tono cansado. Qué insensible.

―Tranquila, Allie, yo estaba un poco distraída, fue mi culpa ―dijo. Se llevó una mano a su frente y cuando la bajó pude distinguir una mancha de sangre, pequeña. Perdió el color y dejó de respirar, era una reacción normal de ella cuando veía u olía sangre, como decía ella.

―Te acompañaré a la enfermería.

―All, deja que yo la llevo ―miré incrédula y molesta a mi hermano. Ya lastimaste a Bella, no te dejaré pasar mas tiempo con ella.

―¡No! ―dijo nerviosa mi amiga―, digo… estoy perfectamente bien ―intentó sonreír, a lo que mi nosotros rodamos los ojos.

Sin que pudiera reaccionar, vi que Edward tomó a Bella en vilo. Por un momento me emocioné, estaban tan cerca, solo un par de centímetros los separaban. Sin embargo, sabía que si mis pensamientos estaban errados, esto sólo lastimaría mas a Bella.

―Edward, ¿qué haces? ―le dije a mi hermano, pero me ignoró y salió del gimnasio.

¡Aprovecha que se fueron!

―¡Emmett! ―grité, no me importó la mirada de mis compañeros.

―Oye, duende, estoy a tu lado, no hacía falta que grites en mi oído ―dijo con una mueca de dolor.

―Lo siento, no te vi ―levantó una ceja incrédulo, iba a decir algo pero lo corté―. Dime que te dijo Edward ―ordené.

―Ahora el que pide disculpas soy yo, no puedo decirte ―Eso creé él.

―¿Por qué? ―lo acusé.

―Por que no.

―¿Por qué no?

―Porque le prometí que no se lo diría a nadie.

―¿Por qué le prometiste que no se le dirías a nadie?

―Porque no quiere tú te enteres que le gusta Bella ―Touché.

¡Al fin!

Mis sospechas estaban confirmadas, ahora sí podía interferir, mas de lo que ya lo hacía a veces.

En mi interior saltaba y chillaba de la alegría, pero mantuve mi expresión serena.

Esto va a estar bueno…

―¿Por qué no quiere que me entere que le gusta Bella? ―seguí con el juego. ¿Se daría cuenta?

―Porque creé que interferirás ―Ohh, sí, como me conoce.

―¿Y tú que crees que haré? ―le dije inocentemente.

Creo que ahora sí cayó en la cuenta de lo que me dijo ya que abrió los ojos como platos.

Mierda ―susurró. Se arrodilló a mi lado y me tomó una mano ―Hermana, hermanita, mi peque, mi duendecito de la suerte, mi favorita, mi princesa ―empezó a suplicar, cómo disfrutaba esto…―, por favor, no le digas a Eddie que te lo he dicho, ¡Me matará! ¡Me convertirá en puré! ¡Soy muy joven para morir! ¿¡Qué hará el mundo sin mi belleza!? ―ya lo arruinó; y seguía― ¡Tengo un futuro por delante! ¡Quiero un hijo! ¡Si muero antes de tener un hijo, Rosalie irá a buscarme para volver a asesinarme con sus propias manos! ¿¡Quieres eso para tu hermano!? ¿¡Para el que te cuida, el que te defiende, el que te ama mas que a su propia vida!? ¿¡Para tu hermano mayor, el oso!?

―Emmett ―lo llamé. A estas alturas, ya estaba en el piso lloriqueando como un nene―. Emmett ―intenté mas fuerte.

Nada, él solo seguía lamentándose, y diciendo cosas sin sentido.

―¡EMMETT! ―levantó la vista― Tranquilo, ya lo sabía ―le dije palmeándole la cabeza.

―Gracias al cielo, Allie. Si Edward se hubiese enterado que salió de mi boca…

―Yo no dije que no le diría nada… ―canturreé. Una sonrisa traviesa estaba plasmada en mi rostro.

Tragó pesadamente, y en sus ojos había miedo.

―¿Qu- qué me harás? ―levanté una ceja incrédula.

Ni que lo fuera a matar, ¡no soy un monstruo!

―No te voy a comer, Emm ―su postura se relajó notablemente y suspiró aliviado, rodé los ojos―, peeroo… quiero dos favores tuyos.

―Bueno… supongo que es algo justo ―balbuceó― ¿Qué quieres?

―En primer lugar, me llevarás al centro comercial, cuando yo quiera, sin quejas, por dos meses.

―Ni lo pienses, ¡Tienes un auto! ―se quejó.

―Ya lo sé, pero en tu Jeep entran mas cosas ―dije como lo mas obvio del mundo.

―Está bien ―dijo resignado.

Iba a decirle mi segunda condición, pero el profesor nos cortó.

―Chicos, pueden retirarse antes, ya que se quedaron sin sus compañeros…

―Claro, adiós, profesor ―dijimos mi hermano y yo al unísono.

Salimos del gimnasio y cuando llegamos a la salida del instituto, sonó mi celular. Miré el identificador, y al parecer mi hermano también, ya que ambos nos miramos confundidos.

―¿Mamá? ―ella no llamaría a esta hora, tenía que asegurarme.

Hola, hija, lo siento, pensé que estarías en clases, y solo te dejaría un mensaje. ¿Estás con tus hermanos?

―Sólo con Emm, y no te preocupes, salimos antes gracias a Bella ―dije soltando unas risitas― Espera, te podré en altavoz ―luego de ponerlo, volví a hablar― Listo, saluda a mamá, oso ―me dirigí hacia mi hermano.

―Hola, mamá ¿Cómo estás? ―dijo el aludido

―Bien, cielo.

―¿Sucedió algo? ―le pregunté

Tu padre debe viajar de urgencia a Chicago, al parecer, uno de sus pacientes tuvo un accidente allá y él se ofreció a ir a revisarlo.

―Oh… y… bueno, ¿nos llamas para decirnos sólo eso? ―miré a mi hermano, quien tenía el ceño levemente fruncido.

No, en realidad… ―dudó por un momento, estaba pensando.

―Mamá, sólo dilo ―dijo Emmett; la paciencia no era una cualidad de él.

Bueno, cómo sólo será una consulta corta, él dijo… no, no, nosotros decidimos que… podríamos aprovechar el tiempo, y… ―nunca escuché a mi madre nerviosa, pero ya sabía hacia donde se dirigían sus palabras. Solté un par de risas.

―… ¿tomar una merecidas mini-vacaciones? ―terminé. Creo que se sorprendió por mi respuesta.

―¡Genial! ―gritó Emm― ¡Vacaciones! ―lo golpeé en la nuca ¿Es que acaso no entendía?

―Emmett, no seas idiota, usa el cerebro que tienes ―regañé a mi hermano― si es que tienes uno ―susurré.

―¡Oye! Escuché eso… ―dijo con un puchero.

Cielo, lo siento, pero… ―empezó mi mamá, pero decidí facilitarle las cosas.

―Escúchame, oso. Lo que mamá nos quiere decir es que ella y papa tomarán este fin de semana para descansar ―no lo entendía―, juntos ―solo me miraba―, solos… sin nadie que los moleste ―frunció el ceño― nosotros nos quedaremos aquí ―y señalé el lugar donde estábamos parados. Suspiré, era como intentar explicarle a un niño de cuatro años la raíz cuadrada de dieciséis.

Hijo, tu padre y yo nos iremos a Chicago, y ustedes, Edward, Alice y tú, se quedarán en casa, allí, en Forks. Ahora estamos en el aeropuerto y nuestro vuelo sale en treinta minutos, queríamos saber si estarían bien. ―agregó mi madre.

Oh, Dios bendito y bueno, ¡gracias por esta oportunidad!

Antes de que Emmett replicara, le tapé la boca con mi mano, lo callé con la mirada y rápidamente respondí.

―Claro, mamá, vayan sin problemas, no se preocupen, todo estará bien. Somos unos adultos responsables que saben cuidarse por sí solos. Los amamos, cuídense ―escuché que iba a decir algo mas pero corté.

―Yo quería vacaciones ―dijo Emmett cruzado de brazos y con un puchero como niño chiquito, rodé los ojos.

―Emm, mamá y papá se fueron… ¿Sabes lo que eso significa?

En sus ojos brilló la comprensión, y sonrió abiertamente.

―¡Tenemos la casa para nosotros solos! ―gritamos los dos a la vez, y nos pusimos a saltar, reír y bailar de la alegría. A veces creía que mi hermano mellizo en realidad era Emmett, no Edward, que la mayoría de las veces, era un amargado.

Edward.

Una idea llegó a mi cabeza.

―Oye, ¿te acuerdas que te había pedido dos favores?

―Sí… ―dijo con precaución― pero faltaba uno.

―Bien, te lo diré ahora.

―¿Cuál es?

―En segundo lugar… ―le pedí que se acerque y miré a ambos lados, asegurándome de que nadie escucharía, para crear misterio― quiero que me ayudes a lograr que Bella y Edward terminen juntos antes de que termine este fin de semana.

Estalló en una tenebrosa carcajada, y una gran sonrisa apareció en mi rostro, tomé eso como respuesta afirmativa. Cuando paró de reír, su semblante era igual que el mío.

―No hacía falta una amenaza. ¿Cuándo empezamos?

―Ahora mismo… ―y una sonrisa macabra apareció en mi rostro.

Esos dos terminarían juntos como que me llamo Alice Cullen.

Emmett POV:

―Oye, ¿te acuerdas que te había pedido dos favores? ―dijo la duende que tengo como hermana.

―Sí… –dije con precaución. De ella se podía esperar cualquier cosa― pero faltaba uno.

―Bien, te lo diré ahora.

―¿Cuál es?

―En segundo lugar… ―me pidió que me acerque y miró hacia ambos lados, creando misterio. ¿Debería estar asustado?― quiero que me ayudes a lograr que Bella y Edward terminen juntos antes de que termine este fin de semana.

Su pedido me dejó asombrado, pero, sin ninguna duda, aceptaría. Todo por ver a esos dos tórtolos juntos.

Al fin, después de tanto tiempo, Edward había admitido que sentía algo por ella, y Bellita… bueno, no hacía falta que lo diga, bastaba solo con ver como se comportaba cuando él estaba cerca.

¡Era imposible no reírse! Como se queda sin palabras, o cuando tartamudeaba ¡o cuando se ponía mas roja que un tomate! Aunque todo eso se lograba con cualquier comentario vergonzoso hacia ella…

Solté una carcajada, aceptando su propuesta, y una sonrisa apareció en su rostro. Cuando paré, también sonreí.

―No hacía falta una amenaza. ¿Cuándo empezamos? ―estaba tanto ansioso.

―Ahora mismo… ―y una sonrisa macabra apareció en su rostro. Luego de unos segundos, agregó― Vamos, hay que darles la grandiosa noticia ―me tomó de la mano y retomamos el camino hacia el auto de Edward.

Lo que vi desde donde me encontraba me dejó sin palabras.

Mi hermano, Edward, el mojigato, el señor correcto, estaba prácticamente sobre Bella, mientras la acorralaba sobre el auto. Estaba a punto de besarla.

―¡Edward, Bella! ―grité, no sabía que me impulsó a hacerlo, pero ¡Vamos! Ella era como mi hermanita, no quería que ningún hombre la tocara, aunque sabía que Edward era el indicado, y había prometido a Alice ayudarla.

Una cosa era decirlo, otra cosa era verlo.

―¡Emmett, eres un idiota! ―siseó. Bien, ahora una queja del remolino de energía.

Piensa rápido Emmett, piensa, piensa…

―Hey, piensa en esto, si empiezan juntos desde ahora, este fin de semana no habrá nada divertido que hacer, ¿No te parece aprovechar la oportunidad? ―Soy un geniooo.

Me miró con los ojos entrecerrados, creo que se dio cuenta…

―Bueno, no importa el porque lo hayas hecho. Supongo que tienes razón ―sonrió traviesamente.

Ohh, si. Este fin de semana prometía…

Y mucho.


Algún review? Críticas, comentarios, sugerencias, palabras de apoyo...

Espero que les haya gustado tanto como a mí escribirlo :)

Les recomiendo: "Un nuevo atardecer" de montego 24

Bueno, no las molesto mas...

Saluditoss :D

Tellus