Un fin de semana... ¿Normal?

Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, sólo la historia es mía.

Muchas gracias a las que dejaron su review, a las que agregaron la historia a sus alertas y favoritos y a las lectoras silenciosas :)

Perdón por la tardanza, se me complican las cosas por el colegio, y no me puedo conectar seguido

El quinto capítulo de la historia... Este tal vez no les parece muy "interesante" o "entretenido", pero es para entender lo que siente Bella.


Capítulo 5: ¡Peligro! demasiados sentimientos

Bella POV:

La cabeza me va a estallar. Muchos sentimientos para un día.

En el almuerzo, Edward se comportó tan amable conmigo, por un momento pensé que le importaba, y me alegré, pero una vocecita razonable en mi cabeza me decía que él sólo lo hacía porque era casi como su hermana. Alice y yo pasábamos mucho tiempo juntas desde prescolar, y era posible que haya tomado algo de afecto hacia mi, ¿no?

Sin embargo, mi subconsciente desapareció al sentir su intensa y penetrante mirada. Cada vez que alzaba la vista, me sonrojaba a mas no poder, y el me regalaba una hermosa y deslumbrante sonrisa torcida, mi favorita.

No sabía ni que era lo que llevaba a mi boca, me habría dado igual si era pizza o tierra, sólo me concentraba en sus bellos ojos esmeraldas y en esos labios tan tentadores que tenía.

Después, cuando Alice me propuso ir a una fiesta, me agobié. Odio las fiestas, y ella lo sabe, pero del mismo modo, me obligaría a ir. La conozco lo suficiente como para saber que planeó algo además de la espléndida (nótese el sarcasmo)idea de ir de compras.

Compras.

Alice Cullen y compras no son una buena combinación para mis piernas. A ella le encanta comprar, y creo que podría estar horas dentro de un centro comercial.

Corrijo.

Está horas dentro del centro comercial. No sé como una pequeña personita, como es ella, puede tener tanta energía para caminar y caminar; llena de bolsas y cajas en sus brazos. Aunque claro, siempre las llevan sus hermanos, que son prácticamente obligados, como yo, a soportar el agotador momento.

Quiero mucho a mi amiga, pero no me gusta que gaste dinero en mí; ni ella ni nadie. No necesito ropa que nunca usaré por voluntad propia.

Luego, mientras esperábamos a que el profesor dé inicio a las clases de gimnasia, alcancé a escuchar cantitos de Emmett, quien giraba alrededor de Edward, diciendo que le gustaba alguien.

Sentí que algo se rompió dentro de mí, y una traicionera lágrima se me escapó. Me sentía tan triste. ¿Cómo podía llegar a pensar que le importaría a Edward? Una punzada de celos me atacó, y me pregunté quien sería la afortunada, porque él nunca se mostró interesado por ninguna chica.

Hasta ahora.

Agradecí mentalmente a mi voz interior por darme los ánimos que necesitaba. Me fue de gran ayuda.

Mi mente se desconectó de mi cuerpo y me movía por pura inercia, creo que parecía un zombi. Intenté no pensar, pero no lo logré. De solo pensar en Edward con una chica en brazos, mi corazón solo se estrujaba mas. No creí que lo que sentía por él era tan fuerte.

Repentinamente, una pelota cortó el hilo de mis pensamientos. Agradecí por esa pequeña distracción, aunque dolió.

―¡Bella, Bella! Lo siento, no fue mi intención ―escuché gritar a Alice.

―Que alguien acompañe a la señorita Swan a la enfermería, por favor ―dijo el profesor en tono monótono. No me importó, cualquiera de cansaría de la torpe Bella.

―Tranquila, Allie, yo estaba un poco distraída, fue mi culpa ―le dije para calmarla. Sentí algo viscoso en mi frente, y llevé mi mano hacia allí.

Sangre.

Tal vez solo era un rasguño, pero el olor impregnó mis fosas nasales, mareándome, y dejé de respirar. Odiaba ese aroma a óxido y sal.

―Te acompañaré a la enfermería.

―All, deja que yo la llevo ―Esa voz. Por favor Alice, no dejes que me lleve, no lo soportaría.

Ya sé, era un poco exagerada, pero en serio, no soportaría estar a solas con él sin cometer alguna estupidez.

―¡No! ―dije nerviosa―, digo… estoy perfectamente bien ―intenté sonreír, pero tal vez solo salió una mueca, ya que ambos rodaron los ojos.

Antes de que pudiera reaccionar, Edward me había cargado en vilo, y me llevaba hacía la enfermería. Sentí una corriente eléctrica recorriendo mi cuerpo. Nuestros rostros estaban muy cerca, y su esencia masculina, mezclada con lo que parecía miel, me aturdió totalmente, olvidándome de hasta de mi nombre.

Cuando al fin los sentidos se reconectaron con mi cerebro, inhalé un poco mas su aroma y me digné a hablar.

―Edward, puedo caminar, bájame ―en realidad, no quería que lo haga, me encontraba cómoda, pero no debe ser muy cómodo para él cargarme.

―Prefiero no arriesgarme, te has dado un fuerte golpe ―sus palabras me crearon falsas expectativas, pero las esfumé rápidamente. No quería salir herida después.

―Ya estoy acostumbrada ―susurré contra su pecho, no quería que me escuchara.

―No volverá a pasar mientras esté a tu lado ―dijo en voz baja. ¿Había escuchado bien?

Levanté la cabeza para ver su expresión, pero estaba muy cerca, mas de lo que creí.

Lo miré mas del tiempo que se consideraría "educado" y cuando me di cuenta de mi error, bajé la mirada sonrojada. Bien, ahora pensará que el golpe en la cabeza fue mas fuerte de lo que creyó.

Estaba agotada, así que apoyé mi cabeza en el hueco de su cuello y dejé que mis manos reposaran en su pecho. Me sonrojé ante mi propio atrevimiento, pero, se podían aprovechar las oportunidades, ¿no?

Llegamos y me apoyó sobre una camilla, me sentí vacía y un extraño frío se extendió por mi cuerpo, extrañaba su calor.

La doctora limpió mi herida y al momento de salir, no planeaba estar mas tiempo con él.

―Gracias, Edward, no debiste molestarte ―intenté sonar decidida y él me miró con el ceño levemente fruncido―. Bueno, puedes volver a gimnasia, debo irme ―dicho eso, empecé a caminar hacia la salida.

Quería salir lo mas rápido de ahí, pero su grito me distrajo por un segundo.

―Oye, no puedes irte así.

―Estoy bien, puedo ir sola a mi casa ―dije un poco molesta y sin voltear. Me pregunté porque no iba a pasar el rato con su chica y me dejaba en paz.

―¿Y se puede saber como? ―No, no puede ser. Lo había olvidado, ellos me trajeron, en su auto. Lo pensé.

―Puedo caminar.

―No ―dijo sin dejar lugar para discutirlo ―ven, vamos a esperar a mis hermanos en el auto ―no iba a estar sola en un auto con él, digo, ¿qué haría?

En una reacción totalmente madura me crucé de brazos como una nena caprichosa. Noté que hacía un esfuerzo por no reírse, yo lo habría hecho también.

―Bella, no me obligues a llevarte a la fuerza ―no me moví, solo lo miraba desafiante ¿Qué podía hacer?― Muy bien, yo te lo advertí ―antes de que pudiera reaccionar, me tenía entre sus brazos otra vez.

―Edward, bájame, ya mismo ―me quejé. Él no me escuchaba, y yo sólo podía intentar lastimarlo con suaves golpes en su duro y bien esculpido pecho.

¡No te distraigas!

Llegamos a su auto y me bajó. Me sentía aun mas aturdida y me apoyé en la puerta de conductor. Lo miré molesta.

¿Cómo puede tener tanto control sobre mí?

―¿Qué te sucede? ―me preguntó.

Nada, lo que pasa es que tú y tu bonito cuerpo me confunden

No le diría eso, se asustaría.

―Nada

―¿Nada? No te creo ―dijo sonando endemoniadamente sensual.

¡Acaso quiere volverme loca!

―¿Y eso me tiene que importar? ―Tengo que ser fuerte…

―No lo sé. Tú si me importas ―Adiós barreras.

Me percaté de que nuestros cuerpos estaban muy cerca.

¿Cuándo pasó?

No lo sé.

Bajé la mirada, algo cohibida por la suya, pero él tomó delicadamente mi barbilla y me obligó a mirarlo a los ojos. Nuestros labios sólo eran separados por un par de centímetros

Suspiré su nombre intentando detenerlo, no quería salir mas lastimada. A estas alturas, mi corazón latía desenfrenadamente sobre mi pecho, creo que él podría escucharlo.

Se fue acercando lentamente, como si intentara guardar el momento. Sin embargo, como nada bueno puede pasarme, un grito nos hizo separarnos de un salto.

Bajé la mirada, sonrojada como nunca en mi vida. De repente, el suelo me pareció de lo mas interesante.

Mi respiración estaba agitada, y Edward estaba en las mismas condiciones que yo. Además, intentaba normalizar el latido de mi corazón

Lo miré de reojo, y parecía molesto.

Otra vez, decepción.

Seguro se acabó de dar cuenta de lo que estaba a punto de hacer, y se arrepintió al momento.

¿Quién no lo estaría? Si soy la patética y torpe Swan, la que se tropieza solo con el aire.

Me molesté con quien sea que controlase mi vida y me hacía pasar por todo esto.

~.~

Emmett y Alice llegaron donde nos encontrábamos nosotros, tenían miradas y sonrisas cómplices.

Algo traman.

Estos dos juntos no podían ser buena combinación.

Subimos al auto, y emprendimos el camino hacia mi casa. Alice estaba en el asiento del copiloto y Emmett al lado mío.

―Ya que nadie dirá nada, nosotros tenemos buenas noticias ―empezó a decir Alice con una gran sonrisa. Ninguno respondió, Edward parecía sumido en sus pensamientos y yo, sinceramente, no tenía ganas de nada y volvía a repetir los hechos del día en mi cabeza.

―Calma, se lo diremos, no se desesperen ―agregó Emmett ya que nadie soltó palabra.

―¿Qué sucede? ―Edward salió de su trance. Pero aún parecía medio ido.

―¡Mamá y papá se fueron, así que tendremos la casa para nosotros solos! ―dijo mientras saltaba de la alegría.

―Qué bien ―dije intentando alegrarme por ellos.

―Cuanta razón tienes, Belly Bell´s ―dijo Emm.

―Por eso, vendrás con nosotros ―siguió Alice.

―Que bien ―repetí.

Esperen…

―¿¡Qué!? ―gritamos Edward y yo al unísono. Creo que salió mas alto de lo planeado, ahora estaba alterada; y el grito de él demostraba que estaba sorprendido por la noticia.

―Eso mismo, Bells, pasarás este fin de semana, con nosotros, en nuestra casa ―Me niego, no pasaré el fin de semana cerca de Él, mucho menos después de lo que casi pasó.

Casi.

Llegamos a la entrada de mi casa y vi la patrulla de mi padre, salió antes, pensé

Me despedí, pero Alice me detuvo.

―No tienes opción, Belly ―canturreó el duende malvado―. Es por las buenas, o por las malas.

―¿Sólo me has traído aquí para evitarme bajar? ―le dije mordaz, me enojé con ella.

Ella y Emmett rieron, Edward parecía aun shockeado con la noticia.

―Claro que no, Bella. No soy tan mala ―rodé los ojos ante la descripción de mi amiga― Vinimos para decirle a Charlie y buscar algunas de tus cosas.

―¿Puedo bajar, entonces? –pregunté inocentemente. Pensé que podría encerrarme rápido en mi casa. Tarde o temprano se irían, ¿no?

―Bella, ¿me crees ingenua? ―rio―. Yo iré por tus cosas y le avisaré a Charlie ―dicho eso, se dirigió hacia la entrada de mi casa.

En un impulso, quité el seguro de la puerta y casi la abrí.

De nuevo, casi.

El oso me sujetó las muñecas impidiendo que pudiera salir. Mi padre ya le había abierto la puerta a Alice, y ambos desaparecieron cuando esta se cerró.

Qué gran padre, ni siquiera miró hacia el auto.

―Emmett, suéltame ya mismo ―le ordené

―Lo siento, Belly Bell´s, son órdenes del duende ―dijo con burla.

―Quiero ir a mi casa ―dije intentando, inútilmente, soltarme de su agarre. No quería estar con Él, ya estaba muy lastimada.

Ya no respondía a las palabras, me estaba desesperando, y creo que me saldrían cardenales en las muñecas por la fuerza.

Sintiéndome impotente, mis ojos empezaron a picar; odiaba esto, llorar cuando me enojaba, ¡era un pésimo hábito!

Emmett me vio a los ojos y su agarre se suavizó. Me tomó por la cintura y me colocó en su regazo, apoyé mi cabeza en su pecho y le agradecí mentalmente por eso. Sus caricias en mi espalda eran tranquilizantes y cuando me di cuenta, ya estaba llorando.

No lo sabia muy bien, sólo necesitaba descargarme, y esa lágrimas silenciosas, que caían por mis mejillas, demostraban lo débil que era en realidad.

Perdí la noción del tiempo y el espacio. Ya no me importaba si alguien me escuchaba, o si me secuestraban por toda la vida. Sólo intentaba recomponer mi corazón, que, sin razón alguna, estaba en pedacitos, todo por culpa de unos ojos color esmeralda.

Mi mente se desconectó de mi cuerpo por segunda vez en el día. Sólo escuchaba murmullos; creo que Emmett me estaba meciendo mientras me susurraba palabras tranquilizadoras, a lo que después se sumaron palabras inquietas de Alice y, al final, un llamado preocupado de esa persona.

Antes de poder reaccionar, todo se volvió negro.


Comentarios, críticas, sugerencias?

En el próximo capítulo ya empieza el fin de semana, y tal vez empiece el plan de los chicos...

Saluditos,

Tellus :)