Capitulo 2: Pesadilla.
Hacia horas que estaba allí encerrado, era una celda húmeda, sucia, y no tenia ni una mísera cama, solo una manta en un rincón. No había vuelto a saber nada de el desde que nos habían separado, y el inquietante silencio me estaba poniendo de los nervios. Me dolía el estomago por culpa de la presión. Nunca había soportado bien los nervios, y en la situación actual era lo ultimo que podía hacer, enfermar. Tenia que ser fuerte, fuerte para cuidar de el, para aliviarle, y fuerte para sobrevivir. Empecé a pensar en la forma de escapar, por lo que había visto tenían buenas armas y entrenamiento militar. Por otro lado no sabia nada de ellos ni de donde estábamos. Unos pasos me pusieron alerta, abrieron la celda y tiraron a Ryuuzaki contra una pared, el se te dejo caer al suelo lentamente, como si fuese incapaz de mantenerse de pie. Cuando se hubo alejado me acerque a el, su mirada me asusto, ausente, completamente vacía, estaba en shock. Su respiración era superficial y muy rápida. ¿Qué hacia? Le lleve a la pared más alejada de la puerta, era como llevar a un niño pequeño, se hice sentarse y le tape con la manta. Estaba helado. Con mi reloj le conté el pulso, excesivamente rápido.
-Venga Ryuuzaki….. Tienes que calmarte, te va a dar algo.- Murmure con suavidad. A la desesperada le rodee con mis brazos.
Dejo caer la cabeza sobre mi pecho aferrandose a mi camiseta, por fin empezaba a reaccionar.
-Light….
-Tranquilo… intenta dormir.
Al despertar me encontraba fatal, los nervios me habían pasado factura y estaba que no me aguantaba. Le mire, el dormía como un bebe, medio sonriendo, le aparte el pelo de la frente con ternura. Le di un suave beso no quería despertarle, el se removió como un gatito murmurando en sueños, sonreí. ¿Cómo era posible que pareciese tan inocente como en esos momentos? Una puerta se cerro y el despertó de golpe, se tenso alejándose de mi, pero cuando reconoció que era yo se tranquilizo.
-¿Has dormido? Tienes mala cara.-Me dijo.
-Los nervios me han pasado factura, he dormido solo un par de horas.-Le acaricie la mejilla.-¿Cómo te encuentras? Me asustaste.
-No recuerdo que ocurrió.
-Estabas en shock cuando te trajeron. Ryuuzaki tenemos que pensar la manera de largarnos de aquí.
-Es imposible. Lo único que podemos hacer es esperar por que nos encuentre. O por que nos envíen a una de las casas…
-¿Una de las casas?
Se alejo de mi, acurrucándose mas en el rincón. No quería hablar de ello. No me dio tiempo a preguntarle nada más, el mismo que le había traído me vino a buscar.
-Tu, monada, el jefe va a empezar con tu educación. -Me dijo.
Ryuuzaki se tenso al oírlo, no era buena señal, la verdad es que eso de educación nunca me había sonado tan mal. Me levante.
-Light.-Me llamo antes que saliera.-Aguanta.
Me llevo al salón donde le había visto la noche anterior, Solo llevaba unos pantalones de cuero negros, demasiado ajustados. Tres hombres más estaban en un rincón jugando a las cartas, pero lo dejaron al verme, uno comento que no quería perderse el espectáculo y pidió a los demás que lo grabaran. El estomago me estaba matando, pero por nada del mundo iba a quedar como un débil delante esos tíos.
-¿Tienes hambre?-Me pregunto.-Si eres buen chico podrás desayunar.
-¿Y Ryuuzaki?-Pregunte.
Se levanto de un salto y me golpeo con fuerza en la cara. Di un paso atrás, pero antes que pudiera alejarme más me sujeto por la camiseta.- Tu no hablas si no se te ordena.- Cada palabra iba acompañada de un golpe.-¿Te ha quedado claro?
Me soltó de golpe y caí al suelo, tosí, tenia la boca llena de sangre. Asentí en silencio, aunque me moría de ganas de partirle la cara, estaba en clara desventaja. Me levante despacio.
-¿Te estas divirtiendo he jefe? No te pases mucho, recuerda que es nuevo.- Le dijo uno.
-No se por que me molesto en conservarle. No vale ni para un buen rato. De rodillas.-No me moví.-Te he dicho de rodillas.-Me golpeo en el estomago y me hizo arrodillarme.-Eso es.
Quede parado cuando vi que se bajaba la cremallera del pantalón, ¿no me iba a pedir lo que estaba pensando no? Por suerte cambio de idea. Suspire aliviado y los otros dos se pusieron a reír.
-¿Aliviado?- Me preguntaron.
-Encargaros vosotros de el. Yo tengo cosas que aclarar con L. -Dijo.
Se marcho en dirección al pasillo por el que estaba la celda. ¿Qué le iba a hacer? Intente levantarme, peo el cañón de una pistola sobre mi frente me lo impidió.
-¿Quién te ha dado permiso para moverte? Perro. Mientras el jefe se encarga de su juguete preferido nosotros te enseñaremos a ti a jugar.
Ambos hombres se despojaron de sus pantalones. Intente levantarme, pero me golpearon con la culata en la frente y caí al suelo atontado. Estaba mareado, no podía moverme, uno me sujetaba desde atrás con fuerza mientras el otro introducía su miembro en mi boca por la fuerza. No podía respirar, lo metía tan profundamente que me daban arcadas. Para terminarlo de rematar, no podía detener mi llanto. Sentí que me habrían el cinturón y trate de soltarme de nuevo. Me sujetaron con mas fuerza mientras se ponían a reír. Me golpearon las nalgas con un cinto.
-Que mono.
-Por favor….-Pedí. Al diablo el orgullo. Cuando sentí algo rozarse con fuerza contra mi entrada, ya no pude más.-No por favor…. Por favor…
Intente reprimir un grito cuando entro en mi, lo hizo con rapidez y sin ningún tipo de consideración por mi. Sabia que no iba a conseguir nada, no podía huir de ellos, no podía soltarme. Simplemente me quede quieto dejando que tomaran mi cuerpo como quisieran sin oponer resistencia, algo me decía que Ryuuzaki estaba pasando por lo mismo en ese mismo momento. Cuando terminaron los dos me deje caer al suelo, sollozando. Me tiraron los pantalones a la cara.
-Vístete de una vez nenaza.
No había rastro de mi ropa interior. Apenas podía andar, me dolía todo el cuerpo, sobretodo mis partes y mi culo. Pero lo peor era como me encontraba mentalmente. En ese momento no era capaz de mirar a Ryuuzaki a la cara, aun menos de cuidar de el. Me llevaron de nuevo a la celda, yacía en el suelo cubierto de sangre y semen con la ropa rasgada y medio inconsciente. Uno se puso a reír, me tiro una bolsa con unos panecillos y unas botellitas de agua antes de cerrar. Me arrodille a su lado y trate de despertarle. Me quite la camiseta y le fui limpiando todo lo que pude, se había ensañado con el. El gimió, llorando en silencio.
-Light…-Balbuceo.- Estas… sangrando…
-No es nada.-Mentí, tenia un daño de mil demonios en la cabeza y el resto del cuerpo era mejor no sentirlo. Tienes que comer.
-No quiero.
-Tienes que comer Ryuuzaki.-Repetí más firme.
-No yo… quiero morir.
Aquello, esas palabras fueron como un jarrón de agua fría.
-Como te vuela a oír decir eso te doy una ostia.-Dije.- No puedes abandonarme.
Eso le hizo reaccionar de alguna manera, me miro, viendo por primera vez mi estado.
-Te han golpeado muy fuerte.- Dijo.
-Nada que no pueda soportar.
Ambos sabíamos lo que había ocurrido, desvíe la mirada hacia la pared. No quería hablar de ello, no quería que nadie lo supiese. El asintió en silencio, lo entendía, no volvió a mencionarlo. No volvería a mencionarlo nunca, era un pacto entre los dos. Un pacto silencioso. Pasase lo que nos pasase allí, jamás saldría de esas celda.
Horas más tarde volvieron a llevarnos al salón, Ryuuzaki se puso a temblar cuando el hombre se nos acerco.
- Mis hombres me han informado que hay aviso de tu desaparición.¿Quién te esta buscando?
-No lo se.- Le temblaba tanto la voz que apenas se le entendía.
-Contéstame! -Le golpeo.
-No lo se.
Ambos sabíamos que mentía. Era Watari quien le buscaba. Le levanto y le arrojo sobre el sillón. Mientras avanzaba hacia el se quito el cinturón. Intente intervenir pero me sujetaron con fuerza.
-Tu quietecito.-Me dijeron
- Veo que tendré que enseñarte a obedecer de nuevo.
Empezó a golpearle con fuerza. Ryuuzaki era una bola y gemía cada vez que le tocaba. Pronto empezó a sangrar, sollozaba.
-Ya basta, déjale. Le mataras.-Dije.
Revolviéndome más allá de mis fuerzas conseguí soltarme y me incline sobre el protegiéndole con mi cuerpo. Me dio varios golpes, hasta que se canso. Ya no podía más y me deje caer sobre el, al borde de la inconsciencia, note unos brazos rodeándome y lo ultimo que vi fueron unos soldados entrando en la sala.
