Parecía más tranquilo. Había dormido unas horas seguidas sin interrupción y tenia hambre. Sin embargo estaba ausente, desconectado y muchas veces murmuraba incoherencias. Intente arrancarle una conversación, preguntándole sobre como ponernos en contacto con ellos.
-No quiero.- Contesto.- Se que esto te parecerá un locura, pero no quiero volver con ellos aun no.- En ese momento era totalmente consciente de sus palabras. - Así no.
- Esta bien, pero solo unos días.. Acepte.
El sonrío, asintiendo.
-Light… siento lo que te hicieron. Si no te hubiera dejado venir…
-No te preocupes por aquello.- No quería recordarlo. Me sentía mal, sucio solo de pensarlo. Jamás me había sentido tan humillado, me sentía como una basura.- Aquello ya paso, ahora solo tenemos que pensar en que haremos ahora.
- Eres muy fuerte, ¿pero cuanto crees que aguantaras así?
Le mire, pensando en lo que terminaba de decir. Se durmió, acurrucado en el camastro y yo salí a estirar las piernas, la cabina era muy estrecha, para una sola persona. Camine por el pasillo, dándole vueltas. Sabia a lo que se refería, algo en mi había cambiado, no me gustaba la multitud, no me gustaba que se me acercase la gente. Y sobretodo yo tampoco quería volver con ellos. Una parte de mi si, eso significaría que estábamos a salvo y que todo había terminado, pero también que tendría que explicar lo ocurrido. No me atrevía a mirar a mis padres a la cara, ni a los demás del equipo, como iba a actuar cuando supiesen
la verdad sobre lo que me habían hecho. Apoye la frente en el cristal de la venta, y me puse a sollozar en silencio. No podía más. Todo era demasiado confuso y sucedía demasiado rápido.
- Muchacho.- Me dijo una voz.
Me seque las lagrimas y me gire, era un hombre joven aunque mayor que yo. De unos veinticinco veintiséis años, por su ropa toda de marca tenia dinero.
-¿Puedo ayudarle?- Pregunte, algo sorprendido por que hablaba un perfecto ingles.
-Quizás si. Estoy aburrido y quiero pasar un buen rato.- Se me estaba insinuando descaradamente. -Podrías sacar bastante dinero.
Al principio no entendí por que lo decía pero luego recordé que llevaba la ropa de un campesino. Sonreí tímidamente, no sabia que hacer. Necesitaba el dinero, pero no seria capaz de dejar que ese tío me tocase, no sabia como podía reaccionar si lo intentaba. Pero tenia que irme con el si quería conseguir algo. Suspire, mirando hacia la habitación de Ryuuzaki, lo haría por el. Asentí despacio, y le seguí. Sabia que aquello estaba mal, pero quería dejar de sentir.
Su cabina era espaciosa, había alquilado una triple a pesar que por su equipaje viajaba solo. Todo mi cuerpo temblaba, el se quito la camisa y se sentó en la cama haciéndome un gesto para que me sentase a su lado. Se senté en el borde, alejándome de el. Sabia que aquello no iba a funcionar, que no podría dejar que me tocase, me tense, casi me pongo a gritar cuando me acaricio la mejilla. Le aparte de un empujón cuando me beso.
-No me toques. Lo siento….
Me levante para irme, pero me cogio del brazo y me tiro sobre la cama.
-¿Dónde crees que vas? No me vas a dejar así.
-No me toques…. Por favor…
El ruido de la puerta le hizo volverse, yo me senté en la cama tratando de alejarme de el. Quede parado al ver quien era. Se tambaleaba, tenia la mirada perdida de nuevo. Apenas tuve valor para susurrar su nombre.
-¿Quién eres tu?- Me miro-¿Un amigo tuyo?
-Déjale.
-Dos por uno. -Su sonrisa era siniestra.
Ryuuzaki se acerco a el y le beso, quede parado. Su mirada estaba vacía, lo único que pude hacer fue apartarme de la cama cuando le obligo a tumbarse, asombrado de cómo estaba dominando la situación y al desconocido con un simple beso. ¿Qué estaba pasando
realmente? Me miro, aprecie un leve tinte rojizo en sus ojos, no eran sus ojos oscuros de siempre, pero tampoco eran los ojos de shinigami. Cada vez se tornaban más rojizos, hasta que al final, cuando aparto la vista de mi, eran totalmente rojos. Bajo por su cuello mientras que el hombre solo podía suspirar, de pronto se tenso y emitió un pequeño grito, luchando por que le soltara. No consiguió deshacerse del firme abrazo al que le sometía. Temblando incline un poco la cabeza, mi estomago dio un vuelco cuando lo vi, un fino hilo de sangre se deslizaba hacia el colchón, desde donde los labios de Ryuuzaki habían horadado la piel. Sentía como succionaba suavemente su sangre. Salí corriendo de allí y me encerré en nuestra cabina, acurrucándome en el minúsculo baño. Mi cabeza daba vueltas, estaba tan confuso que no sabia lo que sentía, por momento no sabia quien era ni donde estaba. Aquello me superaba, y si no encontraba un ancla terminaría volviéndome loco. Horas después salí, ya más calmado. Me sobresalte al encontrarme con el sentado en la cama, esperando. Me miro, sus ojos eran tan negros que dude en que lo que había visto horas antes fuese real.
-Light…-Murmuro de forma lastimera.- Lo siento… perdí el control…- Me dijo.
Me senté a su lado, algo confuso. Lloraba en silencio, y a juzgar por el estado de sus ojos, hinchados, debía llevar horas haciéndolo.
-¿Qué… ha pasado?
-No volverá a ocurrir… de verdad… tenia sed…
-Me has salvado de nuevo.-Dije.- Gracias.
Le seque las lagrimas con cuidado, el sonrío inclinando ligeramente la cara hacia mi toque.
-Perdóname…
-¿Bebías su… sangre?- No podía seguir con la duda. Asintió, apartándose de mi. Vale, no eran locuras mías, lo que había visto había ocurrido. -¿Por… por que?
-Tenia sed…- Se excuso.- Perdí el control… no volverá a ocurrir.
-Eso ya lo has dicho…- Le corte.-Perdona… estoy asustado.
-Nunca te hare daño.
-Lo se.
Nos tumbemos. Aun faltaban dos largos días de viaje, y esa cabina empezaba a ahogarme. Necesitaba salir de allí, aire fresco, poner en orden mis ideas. Para centrarme empecé a pensar que haría cuando llegásemos a la ciudad. Le mire, se había quedado dormido de nuevo. Era extraño ver la cantidad de horas que dormía ahora, cuando el dormía horas cada tres días. Tenia la boca entreabierta, le costaba respirar, le toque la frente, ardía. Moje un trozo de tela que arranque de la sabana y se la puse en la frente, no tenia nada que darle que se la bajase. Dos pequeñas puntas sobresalían un poco de sus labios, con cuidado de no despertarle aparte sus labios para descubrir que era. Dos pequeños colmillos, imperceptibles a primera vista pero que podían hacer daño. Se revolvió murmurando cosas en varias lenguas, parecía una pesadilla aterradora por la forma como se revolvía, gemía y se aferraba a mi camiseta. Le acaricie la mejilla, no podía seguir haciendo eso, no podía seguir cuidando de el de esa manera, lo único que estaba haciendo era forzándonos a ambos más allá de lo que éramos capaces. Desperté solo, mire el reloj, pasada la
medianoche.¿Dónde estaba? No estaba en condiciones de ponerse a deambular solo por el tren. ¿Y si le había pasado algo?
-Maldita sea, Ryuuzaki…
Me lo recorrí de punta a punta pero no le encontré. Empecé a pensar que quizás no estaba en el tren.¿ Y si se había ido? Pase por delante de la cabina del hombre de la tarde, y vi luz encendida.¿viajaba solo no? Me acerque despacio agudizando el oído, unos sollozos suaves salían del interior, los reconocí enseguida y abrí de golpe.
Ryuuzaki estaba en el suelo, llorando desesperadamente, el cuerpo del hombre seguí sobre la cama, pero no había duda que estaba muerto. Me arrodille a su lado y le acaricie la cabeza. Levanto la cara, tenia las mejillas rojas por la fiebre.
-Yo no quería hacerle daño… lo siento… de verdad… lo siento… no pude evitarlo… era demasiado fuerte…
- Tranquilo… Me habías asustado.
-Light… tengo miedo… no quiero hacer daño a nadie… pero la sed…
-Tranquilo, buscaremos la manera de solucionarlo juntos pero necesito respuestas.
-Júrame que no me odiaras… te necesito… tengo miedo que me abandones…
-Nunca lo hare. Confía en mi.
Le bese suavemente y le levante en brazos. Apenas pesaba, sonrío levemente, con tristeza. Suspiro cuando le deje en la cama, temblaba y no era de frío. Le aparte el pelo de la frente y entrelace nuestras manos.
