N/A: Hola! Espero que esten bien! Aquí hay un nuevo conti...aunque sólo haya recibido 3 reviews en el último cap ¬¬. Anyway, sólo faltan dos capítulos para culminar!

N/A 2: ¿Te gustan los zombies y los dramas y romances? ¡No dejes de leer El Ocaso por M. C Torres! Consiguelo en Amazon por tan sólo $2.99!

DISCLAIMER: Bleach no me pertenece y el fragmento de canción le pertenece a Rihanna ft Chris Brown de su fabulosa canción Nobody's Business.

Espero sus reviews!

ADVERTENCIA: Incluye contenido Adulto. Si no te gustan los lemons, NO lo leas! :)


CAP III

You'll always be mine, sing it to the world
Always be my boy, always be my girl
Nobody's business, aint nobody's business

6 Meses después

— ¡Kurosaki-sempai! ¡Inoue-sempai! ¿Cómo se sienten de saber que su trabajo ha sido muy bien acogido por el público y que pronto estarán firmando un contrato con una cadena para dar comienzo a un proyecto de anime?— había preguntado la moderadora de uno de los programas radiales más importantes de Japón. Orihime bajó la cabeza, tratando de contener el rubor que se había extendido por sus mejillas.

Demonios, saber que todo eso estaba ocurriendo la hacía sentirse en las nubes…

Ichigo sonrió, complacido del trabajo de Orihime y él. Crear un manga no era tan fácil como se pensaba, ellos pasaban horas y horas discutiendo los posibles giros en la historia, pero al final tenían una gran recompensa. Un gran éxito. —Antes de todo, debemos agradecer a los cientos de miles de fanáticos que han contribuido a este logro. Como has de imaginar, Mukita-san, Inoue y yo estamos afrontando uno de los mejores momentos de nuestras vidas. Es todo un logro— respondió él, con una pequeña sonrisa dibujada en sus labios. La moderadora se sonrojó, para luego voltearse a Orihime, quien estaba demasiado nerviosa.

—Es uno de los m-momentos más emocionantes de nuestras vidas, Mukita-san. Todo se lo debemos a los fanáticos, como dijo Kurosaki-kun— comentó, con una tímida sonrisa en su rostro.

Mukita carraspeó un poco, antes de comenzar nuevamente. — ¿Qué les parece si recibimos un par de llamadas? A todos los amigos radioescuchas, si deseas preguntarle algo a estos dos increíbles mangakas, ¡no dudes en marcar!— exclamó emocionada Mukita, mientras arreglaba sus audífonos y desbloqueaba el cuadro telefónico. No habían pasado más de un minuto cuando las pequeñas luces del cuadro telefónico comenzaron a parpadear. —¡Wow! El público parece ansioso, Kurosaki-sensei, Inoue-sensei— los dos jóvenes de cabello naranja se observaron sorprendidos.

Ichigo sabía que haber lanzado al mercado un "producto" como ese junto a Orihime podía ser un éxito, lo que él no sabía era que sería de esa magnitud.

—¡Ohayo! ¿Puedes decirnos tú nombre y a quien quieres saludar?— había cuestionado Mukita a la primera llamada. Orihime, Ichigo y la moderadora tuvieron que llevar sus manos a sus oídos ante semejante grito de emoción.

—¡Kyaaaaaaaa! ¡No lo puedo creer! ¡Estoy en vivo en la radio!— gritó emocionada la joven, provocando que Ichigo arqueara una ceja y que Orihime comenzara a reírse en voz baja.

—Así es, ahora puedes decirnos tú nombre, por favor— pidió Mukita, respirando hondamente y arreglando su cabello negro. Orihime no pudo dejar de pensar en el parecido que tenía la mujer con Riruka, a excepción del color de cabello y su carácter.

— ¡Gomen, Mukita-san!— se disculpó la fanática — ¡Me llamó Sakura y soy de Tokio! Quiero enviarle miles de abrazos y besos a mis mangakas predilectos. ¡Los amo, Kurosaki-sensei, Inoue-sensei! ¡Son lo más kawaii que hay en este universo y espero que dejen a Ryu con Ai! ¡Son la mejor pareja! ¡Soy una cien por ciento Rai fan!— Orihime miró a Ichigo y ambos se rieron en voz baja, negando la cabeza. Los fanáticos y sus obsesiones compulsivas con las parejas…

—Muchas gracias, Sakura-chan. Continuamos con la próxima. ¡Ohayo!— exclamó una vez más Mukita.

—¡Kurosaki-sensei cásate conmigo! ¡Eres el hombre más guapo de Japón!— la llamada se cortó y Mukita y Orihime se rieron al ver como las mejillas de Ichigo se ruborizaban ante el cumplido.

—G-gracias, creo— respondió, negando la cabeza y sintiendo sus mejillas arder. ¡Malditas fanáticas obsesionadas! ¡Esa no era la primera vez que le acosaban! Hacían dos semanas una muchacha se le había ido detrás para pedirle un autógrafo en su manga. Él le firmó, pero la jovencita se le abalanzó encima tratando de besarle… el peor día de su vida…

—Siguiente llamada. ¡Ohayo!—

— ¡No! ¡No! ¡Noooo, Kurosaki-sensei, Inoue-sensei! ¡No puede permitir que Ryu se case con la inútil de Ai! ¡Él tiene que quedarse con Misuki! Ellos son los verdaderos protagonistas y son la pareja más kawaii de este universo. ¡Se lo dice la Ryoki número uno de este planeta!— exclamó la joven.

—Pero Ai no es inútil, ella es la curandera principal de la historia. Sin Ai, Ryu abría muerto ante el ataque devastador de Yûki. — razonó Ichigo, arreglando sus auriculares. No le parecía justo que criticaran uno de sus personajes predilectos, no siendo este tan parecido a cierta chica…

—¡Pero Misuki lo salvó también y cambió su mundo!— exclamó una vez más la joven fanática, casi al borde del llanto. Orihime, a sabiendas que Ichigo tenía cierta afinidad con el personaje, decidió tomar el control de la situación.

— ¡Ohayo, fanática-chan!— saludó —Misuki y Ai son las mejores amigas de Ryu y ambas son muy importantes para él. ¡Si ninguna de las dos existieras, la vida de Ryu no tendría sentido! Ai no es inútil, simplemente no es una guerrera tan kawaii como Misuki. Ella está destinada para otra cosa, ¡pero eso no quita que Misuki sea una de los mejores personajes y que tenga una gran y estrecha relación con Ryu, fanática-chan!— la tranquilizó Orihime, provocando que Ichigo la observara con orgullo.

—¡Eres tan kawaii, Inoue-sensei!— gritó la fanática, llorando de emoción.

—Y continuamos con la próxima— interrumpió Mukita, lanzándole una guiñada a la ruborizada Inoue. —¡Ohayo!— saludó.

—¡Ohayo, Mukita-chan! Te saluda una gran fanática— Orihime e Ichigo palidecieron al reconocer la voz. Sólo podía pertenecer a una sola persona…

Matsumoto Rangiku.

—Un gran placer tenerte aquí… ¿cuál es tú nombre?— Ichigo deseaba decirle a la moderadora que cortara la llamada, que la persona que estaba hablando no era nada más que una demente de otra dimensión… pero entonces él sería el demente, ¿no?

Rangiku rió. —Realmente no importa. De todas formas, deseó saludar a Kurosaki e Inoue-sensei y felicitarles por su éxito. ¡Son tan kawaiis!— Orihime sintió su garganta secarse al escuchar esas palabras por parte de Rangiku… ¡era tan lindo de su parte! —Sólo quiero decir que yo no tengo ninguna pareja oficial en el manga, sino en vida real… ¡¿apoco no son lindos ellos dos juntos, Makita-chan?! ¿Por qué apoyar el Ryoki o el Rai cuando puedo apoyar el Ichihime? Kurosaki-sensei e Inoue-sensei tendrían lindos bebes con cabello naranja y con el suficiente intelecto de hacer mejores historias, ¿no crees?— Ichigo tenía las mejillas tan rojas como Orihime, sólo que esta se encontraba escurriéndose por su asiento de forma lenta mientras que él tenía tanto enojo que lo único que deseaba era salir por el teléfono y matar a Rangiku quien de seguro estaba acompañada por Rukia y Renji.

—Jumm, ¿el ichihime? ¡Nunca lo había pensado y tiene cierta lógica, fanática-chan!— comentó Mukita, riéndose ante el estado de nerviosismo de los dos mangakas. —Seguimos con la siguiente, ¡Ohay...—

—¡Kyaaaaaaaa! ¡Mi nueva pareja predilecta, el ichihime! ¡Ustedes deben quedarse juntos, Kuorsaki-sensei, Inoue-sensei! ¡Tendrían lindos bebes, aunque sería injusto... ustedes son tan perfectos!— gritó otra fanática, provocando que Ichigo dejara caer su rostro sobre la mesa.

¡Maldita Rangiku!


—¡Qué día! Una llamada más y creo que hubiera muerto— comentó Ichigo, abriéndole la puerta a Orihime para así salir ambos entrar al edificio donde estaba su oficina. Inoue rió en voz baja. Luego de que Matsumoto llamara, más de cinco chicas llamaron para pedirle a Ichigo que se casaran con ellas. Hubo una que otra que trató del filtrear con ella, pero eso no era nada nuevo... no teniendo como experiencia a Chizuru...

—No tendrías por qué morir, Kurosaki-kun, las llamadas eran sólo para cortejar contigo— Ichigo colocó los ojos en blanco, antes de negar la cabeza ante la risa de Orihime.

—¿Desde cuando eres tan mala?— cuestionó con diversión, provocando que la chica le sacara la lengua. Se sentía tan bien el volver a tener la confianza de antes...

Para Ichigo, el volver a recuperar la confianza de Orihime, había sido un proceso lento. Él no podía dejar de compararlo como el proceso para ganar la confianza de un pequeño venado silvestre. Debía ser precavido, lento y mostrarle que él no deseaba hacerle daño... no como en aquella ocasión. Por suerte, luego de un par de semanas de intensa incomodidad, ella comenzó a liberar sus tensiones y miedo.

Ahora volvían a ser aquellos dos chicos que asistían a la misma universidad y que recitaban versos de las obras de Shakespeare bajo la sombra de un árbol.

—No soy mala, sólo señaló lo obvio, Kurosaki-kun— comentó Orihime, con una pequeña sonrisa burlona en sus labios. —¡Tienes a más de un centenar de fanáticas pidiéndote matrimonio!— exclamó, provocando que Ichigo gruñera.

—Puff, ni siquiera son capaces de seducir. ¡Son unas crías!— Orihime estalló en risa, ambos entrando al elevador. Sintiéndose lo suficientemente valiente como para continuar molestándolo, Orihime murmuró en voz muy baja un "¡Como si supieras tanto sobre seducción!" Ichigo arqueó una ceja, antes de voltearse hacia ella. —Se más de lo que te imaginas— le dijo, cruzándose de brazos y mentalmente disfrutando de volver a tener de nuevo a su amiga.

Orihime no era como Rukia, eso estaba muy claro. Kuchiki era su compañera de armas, aquella que le había ayudado a desarrollar sus poderes y a la que él consideraba su hermana mayor (muy mayor, por supuesto. Él solía molestarla llamándola vieja) y Orihime... ella era diferente. Él la veía como esa amiga con la que no tendría problemas de pasar la vida platicando. Le gustaba escucharla reír y le fascinaba cuando ella tomaba esa actitud burlona para con él.

A Ichigo, aunque pareciera demasiado vulgar o extremo, le excitaba el pensar en Orihime como en algo más que una amiga. Él no era aquel chico que no tenía interés en las chicas, él ya era un hombre. Él, en ocasiones (que le llamaran pervertido, le importaba una mierda) solía deslizar su mirada por la fina curvatura de los labios de ella, aparte de observar de reojo como su pecho se movía a causa de sus suaves respiraciones... también solía pensar en sus piernas...

Orihime sacó su lengua y presionó el número 15. Ichigo, sonriendo de lado, se detuvo tras de ella. Ese era un juego que podían seguir dos personas.

Con gran astucia, acercó su rostro al fino y blanquecino cuello de ella, respirando de forma honda y sensual por él, provocando que ella se quedara sin respiración y que tragara seco. Las piernas de Orihime temblaban como gelatina Jell-o cuando él deslizó su mano por su vientre y la acercó hacia su torso, pegando de forma firme su pelvis al trasero de ella.

—K-kurosaki-k-kun...— fueron las únicas palabras coherentes que pudo decir Orihime, mientras los finos y largos (y bastante expertos) dedos de Kurosaki recorrían de forma peligrosa su plano vientre. Su respiración profunda continuaba sobre su cuello, subiendo sólo un par de centímetros hasta el lóbulo de su oreja... soplándolo suavemente.

Orihime (ni siquiera con Daike) jamas había sentido una ola de placer tan grande como en ese momento. Su cuerpo estaba en llamas, sediento de ese ardiente y fuerte placer que sólo un par de caricias sobre su cuello y vientre estaban ocasionando. Algo dentro de ella deseaba estallar... algo dentro de ella deseaba liberarse en una fuerte embestida... un oscuro e intenso placer que se encontraba a las sombras el olvido. Ella era una mujer, una joven y sexualmente activa mujer que no se encontraba satisfecha con su vida. Él era un hombre, un joven hombre sexualmente activo que encontraba en cada caricia un placer nunca antes vivido.

Y no es difícil imaginarse que sus labios se buscaron y se unieron en un pasional beso. Allí no estaba ni la mínima presencia de aquella tonta y siempre tímida chica; tampoco la presencia del héroe de la sociedad de almas que siempre ignoraba a las chicas. Allí simplemente estaban sellados en un beso...

...un hombre y una mujer.

La boca de Ichigo estaba hambrienta de pasión, hambrienta de los labios de ella... bueno, estaba hambrienta de todo. Él, a ciegas, presionó uno de los botones que hizo detenerse el elevador. Sus labios, su cuerpo... él estaba hambriento de ella y todo por un simple y sencillo juego de seducción que había iniciado como una mera broma entre dos viejos amigos.

El problema, según su subconsciente (el de Ichigo), es que ellos nunca habían sido simplemente dos viejos amigos. Ellos siempre han sido algo más. No sólo en esos momentos donde él abría su blusa y acariciaba sus pechos, sino desde mucho antes. Ella era importante para él, tan importante que él se había olvidado de que Rukia estaba herida cuando peleó con Ulquiorra por el honor de Orihime.

Si bien era cierto de que él la había rechazado en un momento de su vida por estar demasiado confundido y perdido él, muy en el fondo de su alma y mente, estaba seguro de que ellos siempre terminarían juntos. De una forma u otra, el resto de sus amigos también lo sabían.

Él era la luna. Ella era el sol. Ellos estaban en constante movimiento en sus vidas, estaban separados por que eran diferentes... sin embargo, de vez en cuando ocurren los eclipses y aunque esto sólo indica que uno de ellos (la luna) oscurece al otro (el sol), para ellos era simplemente la unión entre ellos. Ese choque pactado por el universo para que sus dos almas se unieran.

Podía escucharse demasiado cliché para alguien como él, pero Ichigo no era normal. Provenía de una madre quincy y un padre shinigami... también era un escritor que le encantaban las palabras profundas... y también se había convertido en un adicto a la boca, al cuello y al pecho de ella.

¿Cómo detener una adicción como esa? ¿Cómo frenarla si él ni siquiera sabía cuál era la causa? Ademas, ¿por qué detener algo que realmente le gustaba?

—Ohh, Ichigo— su nombre saliendo de su boca, de esa boca tan tentadora, se escuchaba demasiado bien. Sus ojos grises oscureciéndose por la lujuria y el placer provocado por cada una de las caricias a esa parte tan íntima de ella provocaba que una intensa oleada de orgullo se extendiera por su pecho (aparte de provocar que su miembro ya erecto se endureciera mucho más)

Demonios, le importaba una mierda lo que el mundo dijera. Le importaba una mierda si su relación no era del todo bien vista por ella ser una madre soltera. ¡Le importaba una mierda el mundo! ¡Ella era de él, sólo de él! No es que la viera como un objeto, no, no... simplemente él la veía como el tesoro más preciado de su existencia. Ese tesoro que deseaba continuar teniendo a su lado.

¿Follar dentro de un elevador? ¿Reducir sus gemidos para que nadie los escuchara? Ellos lo habían llevado a un límite nunca antes visto. Un límite donde sus gemidos a causa del placer nunca antes vivido no eran un problema. Un límite donde a ninguno de los dos les importaba si habían personas escuchando. Ese era el pequeño cielo de los dos. Ese pequeño lugar donde no existían problemas, donde no existía Daike, donde no existían los hollows... ese pequeño lugar del universo donde sólo estaban ellos dos.

Cuando ella mordía sus labios de esa forma tan tentadora, él enloquecía. Sus labios eran carnosos y rosados... por eso cuando ella los mordía él sentía una gran tentación por ellos. Por eso no pudo contenerse a adentrarse a su interior, de comenzar a embestirla de forma fuerte y profunda. No había dolor, sólo un deseo de recibir más, más y más. Cada uno de esos gritos que Orihime no era capaz de vocalizar decían siempre lo mismo... "más, más, más..."

Y luego, ese acto se convirtió en una explosión de placeres donde el de ella llegó primero. Su vista se nubló y luego sintió como él llegaba a la cima con una explosión caliente en su interior. Sus piernas estaban tan débiles, que Inoue tuvo que recostarse de él, respirando entrecortadamente. —I-Ichigo...— murmuró ella sobre su hombro.

Él besó su frente y colocó un par de mechones de su cabello tras de sus orejas. —Hime...mi Hime...— ella sonrió, complacida. Parecía ridículo que hubieran terminado de esa forma por un simple juego... ¿pero qué diablos podían hacer?

Al igual que él, Orihime no pudo dejar de pensar que realmente no le importaba nada de lo que la gente pensara. Era su vida, simple y sencillamente su vida... y ella deseaba pasarla con él.


Había sido lo suficientemente extraño salir de aquel elevador. Orihime se había avergonzado al descubrir que su cabello había estado revuelto... al menos había sido incomodo cuando los empleados los habían observado como bicho raro. Ella se había sonrojado... ¿Ichigo? Él simplemente le lanzó miradas asesinas a todos y la tomó de la mano. Típico de él... a excepción de la mano, eso no era muy "Ichigo".

La tarde había pasado entre miradas, sonrisas y comentarios que provocaban que cualquiera que lo escuchara se sintiera incomodo de estar en medio de un jugo de seducción por parte de ellos. Pero para su suerte (y la de los empleados) nadie estaba presente.

Cuando salieron de la oficina, los dos se dirigieron a buscar a Daisuke, quien había corrido hacia Orihime y había saltado feliz de ver a su madre una vez más.

—¡Ohayo, Kurosaki-kun!— había saludado Daisuke con una sonrisa supernova a su nuevo gran "amigo". Cuando Orihime e Ichigo se reunían a discutir acerca de los dibujos y diálogos, Daisuke solía sentarse a un lado de Ichigo. Cuando Orihime estaba ocupada, los dos comenzaban a jugar algún juego de mesa. Daisuke no poseía un reatsiu muy alto y es por ello que él a duras penas sólo podía ver fantasmas... y Orihime deseaba que continuara de esa forma. Ella no quería que su pequeño estuviera envuelto en nada que tuviera que ver almas. Al menos no por el momento.

—Daisuke, ¿qué tal tú día?— le había preguntado Ichigo, para luego los dos involucrarse en una conversación acerca de que equipo de futboll ganaría la copa mundial. Orihime, ya en su nuevo apartamento (uno un poco más amplio puesto a que ahora ganaba lo suficiente como para pagarlo) se encontraba cocinando cuando escuchó la puerta.

Cuando se dirigió a abrirla, le sorprendió el ver a su vecina. —Ohayo, Orihime-san. Como no estabas, dos oficiales me dejaron esta carta para que te la entregara— Inoue frunció el ceño y luego de agradecerle y despedirse de su vecina, fue hasta la sala, donde Ichigo y Daisuke comenzaban un juego de cartas.

La joven abrió el sobre y en cuanto leyó su contenido, se calló sobre el mueble, mientras sus ojos comenzaban a cristalizarse. ¡Ella pensaba que él no lo haría! ¡Ella creía que él se había arrepentido!

Ichigo se puso de pie rápidamente y fue hasta donde ella se encontraba. Daisuke, incapaz de entender que ocurría, sólo miraba a su madre con confusión evidente. —¿Qué ocurre, Hime?— ella le extendió el documento.

En cuanto Ichigo lo leyó, maldijo en voz baja.

"Moción para la custodia de Daisuke Aizawa Inoue. Vista preliminar el 5 de abril..."

...y eso sería dentro de dos semanas.

"Mierda"


ESPERO SUS REVIEWS! :)