De como James conquistó a Lily mientras Severus estaba en el rincón
Muchas gracias a Cris Snape, Silvers Astoria Malfoy, Espectro Azul, Me, Connie1, Misila, Let me kiss you, Agus Potter y Escristora por sus reviews. ¡Alimentan mi ego! :D
Sábado 11 de febrero de 1978
Lily despertó bastante temprano para ser sábado. Solía despertarse a las once, pero ese día ya estaba levantada a las nueve. Marlene, Mary y Alice seguían dormidas. Con cuidado se levantó de la cama, intentando no despertarlas, y se metió en el baño para lavarse y cambiarse. Salió rápidamente, luego de darse una ducha. Y limpiar los restos de vómito de Mary. Eso último lo hizo con un poco de asco.
Se puso la ropa muggle que tenía guardada en el baúl. Le gustaba que los fines de semana se pudiera usar ropa normal, se sentía en casa, aunque fuera simplemente vistiendo una remera y un pantalón. Agarró su mochila y se dirigió a la puerta.
Antes de salir de la habitación pudo escuchar a Marlene decir "Sirius" entre sueños. Sonrió y bajó las escaleras, haciendo el menor ruido posible.
Se sentó frente a la chimenea, dispuesta a terminar de escribir el ensayo de treinta centímetros que el profesor Binns había pedido. Era para el jueves, sí, pero era una persona muy organizada y prefería no hacer las cosas a último momento. "No como Potter", pensó mientras escribía los últimos párrafos. "¿Estará durmiendo? Sería tan adorable verlo dorm… ¿Pero en qué diablos estoy pensando?"
Intentando distraerse de sus pensamientos, leyó la carta que sus padres le habían enviado ayer en la noche. En ella le contaban que Petunia había empezado a trabajar como secretaria y que parecía interesada en un sujeto llamado Vernon "Que horrible nombre", pensó, riéndose para sus adentros,que trabajaba con ella. Además le habían escrito que su tía abuela Lorraine estaba enferma. Pero más allá de eso, estaban alegres de que estuviera en Hogwarts y le deseaban lo mejor. Al llegar al final de la carta se decidió a escribirles una contestación.
De a poco, varios alumnos empezaron a bajar por las escaleras, la mayoría vestidos con ropa muggle, y fueron a desayunar, mientras algunos se quedaban estudiando y otros aún seguían durmiendo. La luz ya entraba por los ventanales cuando Lily decidió releer su carta, ya acabada:
Queridos Mamá y Papá (y Tuney, si estás ahí):
¿Cómo están? Yo bien, pero un poco enojada con mi profesor de Encantamientos. Me ha puesto con James Potter, sí, Potter, el chico del que les he hablado. Y no, no me gusta, mamá. Sé lo que piensas, te conozco muy bien.
Más allá de eso, no hay mucho que contarles sobre Potter, pero mis amigas insisten en que a mí me gusta cuando no es cierto.
¿Cómo está la tía Lorraine? ¿Qué tiene? ¿Va a mejorar? Espero que sí, ella siempre me presta sus libros de misterio.
¿Y Tuney? ¿Ha vuelto a casa? ¿O sigue trabajando? Dile a Petunia que espero que Vernon sea simpático sino lo hechizaré. Es broma, es broma, me odiaría más de lo que me odia.
En fin, no tengo mucho que contarles, así que me voy despidiendo.
Los quiere mucho:
Lily
P.D: No, mamá. No me gusta Potter.
Se levantó, camino hacía la entrada de la sala común y salió, rumbo a la lechucería.
Caminó por los pasillos, lentamente, sin apuro. Todo estaba tranquilo y silencioso. Solo se escuchaba un leve murmullo unos pisos más abajo, en el Gran Salón. Quizás más tarde luego de enviar la carta bajaría y comería algo, un pedazo de tarta de melaza o un poco de pastel de calabaza.
Después de subir un par de escaleras, llegó a la lechucería. Atiborrada de aves en las vigas del techo y de huesos de roedores en el suelo, Lily caminó con mucho cuidado por el lugar. Se le hacía complicado caminar, ya que debía evitar pisar excrementos y otras cosas y no se confiaba de las lechuzas en las vigas.
Se acercó a una de las ventanas y observó a una bonita lechuza de ojos ámbar. Se preguntó de quien sería, ya que no tenía el conocido escudo del colegio. La lechuza también la miró a ella, girando su cabeza. Lily sonrió y se acercó. La acarició un poco y poco después la lechuza salió volando.
Luego fijó su mirada en la lechuza de color marrón que solía llevar y traer sus cartas. Le ató la carta a la pata, le indico la dirección de la casa de sus padres y se quedó mirando como el ave se alejaba del castillo.
Luego de varios minutos inmóvil, Lily decidió ir al Gran Salón, donde seguramente Marlene y Alice la estarían esperando, así que se dio la vuelta y se encaminó hacia la puerta.
Mientras caminaba por el corredor del cuarto piso, escuchó unos ruidos y martilleos que parecían provenir de un espejo grande y ostentoso colgado casi al final del pasillo. Se detuvo, confusa. ¿Desde cuándo los espejos hacían ruido? Como buena prefecta decidió investigar qué era lo que sucedía y se acercó lentamente al espejo.
De pronto, los martilleos cesaron y Lily pudo oír una voz que le resultaba conocida:
—¿Crees que Cornamenta y Canuto se tarden? — "¿Canuto y Cornamenta? ¿Qué es eso?" se preguntó Lily, con sorpresa—. No veo la hora de que lleguen con lo que hace falta.
—Llegaran Lunático, tú tranquilo —le respondió otra voz—. Serán lentos, pero ya llegarán.
"¿Qué diablos está pasando? ¿Quiénes llegarán? Oh, Merlín, sean quien sean se ganaran el castigo más grande que un prefecto le haya dado a un estudiante"
Y como respuesta a sus pensamientos, mientras observaba el espejo, debatiendo entre acercarse más o no, escuchó otras voces, una que conocía particularmente bien, a sus espaldas.
—Te lo digo en serio James, creo que mi hermano está enamorado de Mary McDonald. ¡Mary McDonald!
—Eso no puede ser, Sirius, no puede ser. ¿Tu hermano no es el que defiende a los sangre pura y todo eso? ¿Cómo le podría gustar McDonald si es hija de muggles?
Lily se dio vuelta rápidamente, rezando para que el que estaba atrás suyo no fuera…
—¡James! —exclamó Sirius, intentando disimular lo que traía en las manos—. ¡La pelirroja está aquí!
—¡Evans! Um, eh —tartamudeó James—. ¿Qué haces aquí? ¿Vienes a pedirme salir?
—No te cansas, ¿eh? —replicó Lily, desdeñosa—. ¿Qué hacen aquí?
—¿Nosotros? Nada, nada. Solo pasábamos por aquí —respondió rápidamente Sirius—. ¿Y tú, pelirroja? ¿Qué haces por aquí?
—No te interesa, Black ¿Qué llevas en la mano? —preguntó curiosa, viendo como el merodeador intentaba esconder la pequeña bolsa que llevaba en la mano—. ¿Por qué lo escondes?
—Yo… Um… Sólo es un poco de… pastel de chocolate —intento explicar Sirius. La mirada escéptica de Lily le bastó para saber que ella no se lo había tragado.
—Sí, Evans —intervino James—, solo es un poco de pastel de chocolate que sacamos del Gran Salón.
—Claro, claro. Y McGonagall no es estricta —dijo con sarcasmo Lily—. Lo repetiré una vez más: ¿qué llevan ahí? Porque si es ilegal o perjudica a alguien haré que los castiguen de por vida.
Pero antes de que pudieran, siquiera, abrir la boca para inventar alguna excusa, apareció, franqueado por sus amigos, al otro lado del corredor, la persona que menos le agradaba a Lily y a James: Severus Snape.
Su mirada cetrina se encontró con la verde de Lily. Rápidamente desvió la mirada y avanzó hacía la escalera, donde Lily, James y Sirius estaban. Pero jamás llegó a bajar ya que Sirius se lo impidió con unas mordaces palabras:
—¡Quejicus! Hace cuanto que no nos vemos, ¿no? ¿Te han dejado de crecer las uñas? Supongo que sí, pero si quieres que te vuelva a hechizar sólo tienes que pedírmelo —gritó el merodeador, con todas sus fuerzas.
Severus le lanzó una mirada desdeñosa y murmuró:
—Vete de aquí, idiota.
—¿A quién le dices idiota? —replicó Sirius, molesto—. ¿Quieres que te lance un hechizo a ver qué tan idiota soy?
—Sirius —lo interrumpió James—, deja que Quejicus se vaya —Severus, sus amigos, Sirius y Lily lo miraron con la sorpresa reflejada en sus rostros. ¿Desde cuándo James defendía a Severus?
—Snape, ¿has hechizado a James mientras nadie te veía? —preguntó Lily, mirando a James como si fuera la primera vez que lo veía hacer algo bien.
—Yo no he hecho nada —masculló Severus, evitando la mirada de Lily. Una mirada que siempre le dolía—. ¿Para qué yo iba a hechizar a ese imbécil?
—Hey, hey, te estoy defendiendo. Insulta a Sirius si quieres, pero a mí no —dijo James, divertido por las reacciones de sus compañeros. "Creo que es más que obvio que estoy fingiendo", pensó el merodeador, "no entiendo como no se dan cuenta"—. Vámonos, Sirius. Seguramente Remus y Peter nos estén esperando —eso lo último lo dijo abriendo los ojos, como para decirle "Tenemos que irnos de aquí, ¡ahora!"
—¡Oh, sí! —exclamó Black, entendiendo la indirecta de James —. Tenemos que irnos. Un placer haber charlado con ustedes. Y tú, Quejicus —murmuró—, ten cuidado. No sabes cuando algo puede deslizarse hacia tu copa…
—Sirius, ya —reiteró James—. Andando.
Y se alejaron rápidamente, bajando la escalera, hacia el tercer piso, dejando mudos a Lily y a Severus.
—¿Qué crees que haces, Cornamenta? —preguntó Sirius, totalmente anonadado. ¿James defendiendo a Severus? ¿James diciéndole que no hechice a Quejicus? ¿Qué diablos estaba sucediendo?
—Lily, hermano mío, Lily es la persona por la cual hago todo —respondió James con ojos soñadores.
—¿Defiendes a Quejicus por Evans? —volvió a preguntar el merodeador, escéptico.
—Claramente, amigo mío. ¿No lo entiendes? Si defiendo a Snape, ella pensará que soy buena persona y…
—No creo que sea tan así —lo interrumpió Sirius—. Creo que es más complicado que eso.
—Está bien, está bien. Planearé otra cosa. La conquistaré, ya lo verás. Todos lo verán —dijo James con una mirada algo demente—. Todos lo verán —repitió. Luego rio de forma extraña.
—Amigo, ¿estás bien? Creo que ya estás chiflado.
Se dirigieron al pasillo secreto detrás del tapiz del tercer piso. Ese corredor los llevaba de nuevo al cuarto piso. Era un pasadizo bastante largo, por lo que tardarían en llegar de nuevo al espejo.
—En fin, ¿qué deberíamos hacer? ¿Colagusano y Lunático seguirán en el pasadizo del espejo? —preguntó Sirius
—Quizás se hayan dado cuenta de que había problemas y se quedaron allí.
—Creo que seguían allí. Evans… —Sirius se interrumpió—. ¡Evans! ¿Nos habrá descubierto?
—No lo creo, nos lo hubiera echado en cara, ¿no? Luego nos castigaría, etcétera, etcétera, etcétera…
—Pero ella estaba mirando al espejo… ¿Crees qué…?
—Sirius, no. No lo creo —lo tranquilizó James.
—Encima estaba indagando sobre lo de la bolsa —exclamó Sirius con consternación, sacándose la bolsa del bolsillo de su túnica.
—¿Los tienes? ¿Están en buen estado? —preguntó, intentando mirar dentro de la bolsa.
—¡Por supuesto que sí! ¿Por quién me tomas? —lo reprendió Sirius.
—Ya, ya, está bien, volvamos rápido al espejo. Tengo que ir a la biblioteca—dijo James irritado.
—¿Qué diablos…? —gritó Sirius con una mueca de horror en la cara—. ¿Para qué estás yendo a la biblioteca?
—Para buscar información sobre el trabajo de Encantamientos, ¿qué no es obvio?
—¿Por el trabajo de Encantamientos? Pero sí te sabes de memoria la teoría sobre hechizos levitadores —observó Sirius.
—Pero así puedo parecer mejor persona para Lily. Una persona estudiosa y que…
—No funciona así, amigo —lo interrumpió de nuevo Sirius evitando la iracunda mirada de James. ¿Es que todo el mundo lo iba a interrumpir siempre?—, ella ya sabe que tú no eres así.
—Está bien, me callaré y planearé otra cosa.
Caminaron en silencio por el pasillo. Parecía que jamás se acabaría, pero luego de varios minutos llegaron al final, una puerta de hierro, mohosa y llena de óxido.
En su cuarto año James y Sirius habían encontrado el pasadizo y la manera de abrir la puerta ya que ningún hechizo servía: simplemente había que hacerle cosquillas al picaporte.
—Sabes, Sirius —dijo James mientras ambos le hacían cosquillas al picaporte—, creo que deberíamos hacer la broma el martes.
—¿El martes? —preguntó Sirius con curiosidad, mientras abrían la puerta y salían al pasillo del cuarto piso.
—Sí, sabes qué día es el martes, ¿verdad?
—Hoy es once, mañana es doce —Sirius hizo la cuenta mental y cuando llegó al martes esbozó una sonrisita—. Me parece bien, que sea el martes entonces.
Caminaron rápidamente hasta llegar al espejo (y previamente miraron si no había nadie cerca de ellos) y entraron, encontrándose con la indignada mirada de Remus y Peter.
—Nos tuvieron esperándolos más de media hora —los reprendió Remus—. ¿No era que no tardarían más de diez minutos?
—Hubo un problema con la prefecta perfecta y Quejicus, nada importante —dijo Sirius, rodando los ojos.
—En fin, Canuto ha traído lo necesario y tenemos planeado hacer la broma el martes.
—¿Pero el martes no es…? —preguntó Peter contando los días con los dedos.
—Sí, mi querido amigo —respondió James alegre—. El martes es el día de San Valentín.
Primero que nada: ¡Perdón, perdón, perdón! Actualizo a paso de tortuga, lo sé, lo sé y les pido perdón, pero la sí-vida me tiene absorbida, que la secundaria, que la fractura de mi pie, que esto, que lo otro, estoy atareadísima. Prometo intentar subir más rápido…
Bueno, ahora sí, la historia: ¿Qué les ha parecido? ¿Interesante, verdad? Bah, es algo, por lo menos… Y sí, es un capítulo un poquitititito más largo que los otros… ¡Hurra!
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¿Qué pasará en el siguiente capítulo? ¿James conseguirá enamorar a Lily? ¿Lily dejará de ser tan gruñona? ¿Los merodeadores lograrán hacer su broma? ¿Estás leyendo esto con voz de anuncio televisivo? ¡Yo sé que sí!
En fin, espero que les haya gustado tanto como me está gustando escribir esta historia a mí, Juli.
P.D: ¿Un review para una pseudoescritora? ¿Por el amor de Rowling?
