Al subir al avión, no pude evitar pensar en mi padre, pues su mayor ambición era saber cómo funcionaban los aviones.

Asiento numero 27B en primera clase, con Gio junto a mí y Baltazar detrás.

No me gustaba el silencio, así que hable;

-¿De qué color son los ojos de los vampiros?

Gio parecía sorprendido con mi pregunta pero respondió.

-No hay un color específico, pueden ser del que sea, menos morado.

-¿Por qué no?

Baltazar fue el que contestó desde atrás de nosotros.

-Sólo tienen el color morado los vampiros que manejan los 4 elementos, un príncipe inglés, de nombre Ricardo lo tiene, y también uno ruso, sólo ellos dos.

-¿Tan pocos hay? Pero aún así, yo pensaba que el color dependía de la alimentación. - Dije confundido, había leído algo por el estilo en un libro.

-No, esa es una absurda leyenda, - Dijo Gio- para mí los que los tienen de color rojo son por presumidos, presumen que desangran a sus víctimas, pero nosotros no, el color que si tenemos en común es negro, cuando no hemos comido desde algún tiempo.

Y esa fue la última palabra, me dejo pensando... ¿Quién era el malo? ¿Alexander o Derek?

Al llegar a Rusia, nos esperaba una camioneta, con un vampiro recargado en ella, cabello negro, ojos verdes, no tendría más de 30 años.

-¡Hola! Me llamo André- Me tendió la mano, se la estreché- Tenemos pocas horas, así que vámonos.

Subimos a la camioneta, que estaba vacía, André condujo con Baltazar en el asiento del copiloto, Gio y yo íbamos atrás.

El camino fue un poco largo, llegamos a un barrio que se veía abandonado.

-Este lugar, no es nuestra base, claro, pero aquí habrá más seguridad, por si algo sale mal… - Dijo André

Llegamos a lo que parecía un hotel muy viejo, en la entrada estaba Alexander y Scor.

-Espero que hayas tenido buen vuelo, vamos adentro. -Dijo Alexander, tan amable como siempre…

Los 6 subimos a un elevador, pero en vez de ir hacia arriba, fue hacia abajo, al abrirse las puertas pude ver instalaciones con mucha tecnología, nada que ver con lo de arriba. Caminamos hacia adelante.

-Tenemos el tiempo encima, no hay mucho tiempo, pues los príncipes dieron órdenes, sin ofender André, pero nosotros obedecemos a los príncipes ingleses, no a los rusos.

-No hay problema, respeto las decisiones de mis compañeros ingleses.

-¿Eres un príncipe?-Pregunté intrigado.

-Sí, pero ya tendremos tiempo de platicar de eso, por ahora lo más importante, hacia la sala C.

Entramos a una habitación rectangular, en la que sólo había una pequeña nevera, pero no quería averiguar su contenido. Alexander y yo nos pusimos en medio de la habitación

-Ronald Weasley ¿Aceptas cambiar de mago a vampiro para siempre?

-Sí

-¿Aceptar seguir nuestras leyes y tradiciones?

-Sí - Aunque eso signifique matar personas.

En ese momento Alexander rasgo mi camisa, y me mordió.

Grite, y doblé mis piernas, pues el dolor era inmenso, podía sentir como mi sangre salía, pero algo entraba, era frío, pero sentía que me quemaba, empecé a quedarme ciego, una especie de niebla nublaba mis ojos, poco a poco, hasta que quede en oscuridad total.

Cada vez sentía menos, no podría sentir mis piernas, mi torso, mis brazos, todo, no podía sentir nada, pero escuchaba los latidos de mi corazón, cada vez más rápidos.

De pronto, comencé a sentir mucho calor, sentía que me quemaba, quería gritar, pero no sabía dónde estaba mi boca…

Cuando de pronto la encontré, pero la encontré debido a algo en ella, algo frío, me aferre a ello, descubrí que era liquido y tenía excelente sabor, así que lo bebí con frenesí, al beberla, mis latidos se aceleraron mas, y mas...

Una sensación de dolor apareció en mi, oh por Dios, ¡enserio duele! Era como una quemadura, comenzó en mis pies, para luego ir subiendo por mi cuerpo y también su intensidad, ¡duele duele DUELE!

El sabor cambió, ahora era tibio, pude volver a sentir mis piernas y mis brazos, noté que estaba hincado, con algo entre las manos… pero no me importó, con eso el dolor disminuía, no quería soltarlo.

Podía escuchar todo… enserio todo… el ruido que hacia al beber, alguien estaba muy nervioso cerca, distinguí 3 personas aparte de mí pero quería estar seguro…

Abrí mis ojos y vi el mundo por primera vez en mi nueva vida

La luz, que antes veía tenue, ahora me quemaba los ojos, me los cubrí con una mano, sin soltar con la otra lo que tenía en mis brazos. O por Dios... ¡era una persona!

-¡Apaguen la luz!-¿Esa era mi voz? Ahora era diferente.

También el sonido me lastimaba. Escuchaba todo muy fuerte, cuando disminuyó la luz, quité mi mano, pero no separé mi boca, pues temía que si lo soltaba, regresaría a ese infierno.

Seguí bebiendo, dos, tres tragos mas de sangre, cuando el flujo término escuché a mi corazón pararse en seco, solté el cuerpo inerte, quería más, eso era lo único en lo que pensaba. No me di cuenta cuando los latidos regresaron, pero claro, mucho más lento que los de un humano.

Empecé a recordar el olor de aquella cosa tan genial, era un poco dulce, comencé a buscar por toda la habitación, la rodeé 2 veces antes de prestar atención a un "bip" que sonaba de una caja metálica que estaba arriba de la nevera, después Alexander sacó de ahí una bolsa, con un contenido rojo, eso era, me acerque rápidamente la mordí con mis nuevos colmillos.

Muchas gotas cayeron sobre mi camisa rasgada, de hecho la mayoría del contenido, pero no importaba ahora, lo que importaba era el sabor de la sangre, era diferente, pues esa había sido calentada, pero aun así era genial.

Me dio otras 3 bolsas antes de que pudiera pensar en otra cosa que no fuera sangre. Estaba todo cubierto de rojo, cuando pude pensar, me paré en una esquina de la habitación, la más alejada de Alexander, Scor y André.

Revise cada parte de mi cuerpo, sentía como si pudiera correr hasta Bulgaria sin cansarme, en mi boca tenía un nuevo par de colmillos, algo afilados. También note el cadáver que había en el suelo, vestía con andrajos, no parecía una persona muy importante.

-¿Todo bien? - Dijo Scor, ¡hasta él se escuchaba diferente!

-S….s… si, solo que me siento diferente

Observé cada esquina, cada rincón de ese lugar, pude distinguir como una araña se escabullía, una mosca se acercaba a el cuerpo del suelo, como la bombilla del techo se meneaba lentamente, lo notaba todo, absolutamente, todo.

-Y te vez diferente -Dijo Gio, abriendo la puerta y empujando frente de él un espejo de cuerpo completo.

De repente, sin previo aviso, lo volteó, para que quedara frente a mí... ¿Ese era yo?

Lo único que reconocía era mi cabello, rojo como el fuego, que contrastaba con algo más; mis ojos.

Mi cara, antes desigual, ahora era completamente simétrica, si quitábamos las manchas de sangre de mi ropa, parecía que acababa de arreglarme, todos mis cabellos estaban en su lugar, como recién peinados, mis pecas, habían disminuido considerablemente, sólo había unas pocas.

Me acerqué poco a poco al espejo, revisando cada uno de mis movimientos, aunque en mis ojos se veía la duda, en el resto de mi cuerpo no, cada parte se movía con algo de elegancia, precaución y seguridad.

En menos tiempo que un respiro estaba tan cerca del espejo que pude tocarlo y como niño pequeño, acerqué mi dedo índice al espejo, sólo para verificar que no era broma, ese era el nuevo Ron, o mejor dicho…

-Bienvenido a la nueva vida, Dimitri Von.