Al despertar, abrí un poco los ojos, de inmediato lo cerré, pues la luz me molestaba demasiado, me dolía la cabeza tanto que sentía como si me hubieran dado una paliza.

Intente de nuevo abrirlos, poco a poco, estaba en mi habitación (como llegue ahí, no lo sé), tendido en mi cama, me levante poco a poco y después de que las cosas a mi alrededor dejaran de girar, fui a darme una ducha, a cambiarme, volverme a vendar el brazo y baje a el comedor que había en el cuartel.

Al entrar, fui a la mesa donde estaban sentados Gio, Rick, Sophie y otros vampiros.

-¿Qué tal la resaca? - Dijo Rick mientras me sentaba junto a él, al ver mi expresión me acerco una copa plateada con un liquido azul - bebe esto y se te pasara en unos minutos.

Por increíble que parezca, así sucedió, en unos 30 minutos me sentía excelente.

-Así que dinos… - Sophie sonreía con malicia - ¿Quién es Hermione Granger?

Me atragante con mi último trago del líquido azul

-¿Qué… quien… es?- Dije mientras tosía - ¿Por qué?

-Bueno, ayer, en tu estado, comenzaste a decir a todo pulmón que amabas a una tal Hermione Granger pero que no querías volver a verla ni en pintura, ¡Ah! Y cantaste, muy bien debo decir- Dijo Sophie, mientras Gio y Rick se reían por lo bajo.

-¿En cerio?

-Sí, y por lo que nos contaste creo que tu nombre está mal, en vez de llamarte Dimitri te hubieras llamado "Cuernelio"… - Y sin poder aguantarse, Gio empezó a carcajearse.

Y yo también.

Por alguna extraña razón (tal vez el hecho de que no sabía nada de Londres ni de ella desde hace buen tiempo) ya no me dolía nada cuando me llamaban Rick o Gio "Cuernelio", en vez de eso, simplemente me reía y les seguía la broma.

Los días pasaron, hasta que un día Sophie, Alexander y André llamaron a la puerta de mi habitación (o más bien mini-departamento).Alexander fue el primero en hablar, sentándose junto a mí, observándome.

-¿Hace cuanto que te alimentaste?- Obvio se refería a mi alimentación vampírica.

-Mmm… hace más o menos una semana

La verdad no lo recordaba muy bien, pues me alimentaba cada que quería, tomaba bolsas llenas con contenido rojo, de un refrigerador y las calentaba en el microondas de mi pequeña cocina, no se comparaba con la sangre que tomé cuando fui transformado, pero algo era mejor que nada.

-Entonces deberías de estar bien, pero tus ojos tienen un ligero tono grisáceo….

-Ahora no Alexander, hay cosas más importantes, debemos planear muy bien tu regreso, pues, aunque no lo notes, no solo has cambiado físicamente, si no que ahora caminas diferente e incluso arrastras un poco las palabras -Dijo André sentándose frente a mí.

-Con esa parte te ayudaré yo, te enseñare a moverte lo más parecido que se pueda a un humano aunque debes de saber que aun tus movimientos serán mucho muy diferentes a ellos.- Alexander daba vueltas a toda mi habitación. - Con la parte física, te ayudara Sophie, ella sabe mucho sobre maquillaje - Puse una cara de desagrado total - si lo sé, lo siento, pero solo eso te hará pasar desapercibido porque…

-Tu cara es más perfecta que la de un humano, por si no lo notaste, ya no tienes la nariz tan larga, eres más pálido, tu cara es más fina, ni tienes tantas pecas… -Sophie decía todo eso mientras observaba con mucha atención mi cara.- También tendremos que hacer algo con los ojos, los lentes de contacto no son una buena opción, pues se necesitarían muchos para tu estancia, tus ojos los desintegraran….

-De eso podría encargarme yo, quiero averiguar si es que tiene al menos ya un todo de lila claro en sus ojos - Dijo André, mientras el volvía sus propios ojos de un intenso morado.

Al pasar los días, me sentía más tonto aun, Sophie hacia lo que podía con mi cara, ponía de esto y de aquello, y me enseño a ponerlo por mí mismo, repitiéndome que si no utilizaba todo eso todos estarían en peligro, aunque no me explico el porqué.

Alexander me enseñaba a encorvarme un poco, a arrastrar los pies y a recordar y utilizar de nuevo movimientos que hacía de humano, como pasar mi mano por mi cabello o frotar mis manos.

Lo más difícil, era cambiar mis ojos de color, y si, ya tenía un ligero lila, pero era sumamente difícil, una semana después solo pude cambiarlos de rojo a un ligero aguamarina, en vez del intenso azul que tenía antes.

Hasta una semana después, estuve listo.

Sin más tiempo que perder, preparé mis cosas (había comprado ropa lo más parecida a los gustos del antiguo Ron), cambié mis ojos a mi antiguo azul, me puse mi reloj (que por obligación lo llevaba a todas partes), cambié mi venda y fui al aeropuerto de Moscú.

-Primero te irás tú, y tu auto, y en tres semanas me reuniré contigo, tengo que ir a América, pero te alcanzaré dentro de poco- Dijo Alexander, mientras bajaba mis dos maletas de su camioneta-Toma- Me tendió dos tarjetas de plástico, una plateada y una dorada - de esta sacaras dinero y lo cambiaras por galeones para poder moverte en el mundo de los magos- dijo dándome la plateada- y esta es para que gastes el dinero como quieras- me dio la dorada- ¡Nos vemos en dos semanas!

El viaje fue muy placentero, iba en primera clase, pero de repente me sentí muy nervioso, ¿Qué pasa si algo salía mal? Mi venganza estaba planeada ¡Obvio! Pero... no conocía a ciencia cierta que pasaría, tendría que estar preparado y hacerle frente a lo que fuera.

No supe cuanto tiempo paso, ni a qué hora me dormí, pero cuando desperté, habíamos llegado.

Después de salir del aeropuerto, subí mis maletas a mi auto, y con un gran temblar en mis piernas, me dirigí hacia la Madriguera.

Tiempo después llegue. A pesar de estar a unos 10 metros de distancia, escuchaba con toda claridad que ocurría dentro.

-¡Mamá algún idiota se estaciono frente al gallinero!- Sin duda, ese era George.

Mi pulso se acelero hasta llegar a ser igual que al de un humano (que para alguien como yo era muy rápido). Salí del auto.

-¿Quién?... ¡George! ¡Es tu hermano! ¡Es Ron!- Era mi madre.

La puerta de la casa se abrió, y llegaron a mi nariz una enorme ola de olores, no quería perder el control, así que hacia cortas respiraciones.

-¡Ron! ¡Hijo! ¿Por qué no nos avisaste que regresabas? - Mi madre llego junto a mí y mi abrazo, estaba llorando, detrás de ella se acercaba George.

-¡Hermano! - George me abrazo- Lindo auto…

Después de eso entramos a la casa.

Unas horas y mucha comida después (mi madre dijo que regrese horriblemente delgado) llegaron mi padre, Percy (estaba un poco confundido), Bill y Charlie.

Pasada la media noche, justo antes de irme a dormir, observe la pared en la cocina, un reloj con todos en la familia, y pude ver claramente que la mía decía "en casa", subconscientemente sonreí, si, estaba en casa…