Una semana después, (una feliz semana, pero complicada, ya que tuve que inventar muchas escusas para no hacer magia) fui al cuartel, y la única cara familiar era la de Sophie, que estaba sentada en una mesa redonda.

-Hola querido, que bueno que viniste hoy - Le di un beso en la mejilla- estaba a punto de ir por ti, toma, te lo manda Alexander - me tendió un teléfono celular -no sé cómo le hizo pero ahora funciona en zonas de magos, y esto, es una lista de hechizos con los que debes de tener cuidado, pues son los que afectan a los vampiros, o al menos son los que conocemos y de las pociones, todas surten efecto con nosotros.

Eran una lista muy corta;

*Avada kedavra

*Crucio

*Imperio

*Confundus

*petrifucus totalus

*Anapneo

*Creación de recuerdos

-¿Y para que me la dan?-Pregunté

-Porque te daremos una misión - Era el príncipe que al parecer me odiaba, y hasta ahora no había notado que llevaba un dije colgado en forma de V, con una corona en medio.- Tendrás que regresar a Hogwarts, e investigaras todo lo que puedas sobre cómo nos ven los magos a los vampiros.

Eso cambiaría radicalmente mis planes, pues yo quería ir pero a principios de noviembre, pero bueno, así tendría más tiempo.

-De hecho hay 4 maestros dentro de Hogwarts, que saben sobre vampiros y los aceptan lo suficiente como para que puedas revelarte ante ellos, y para eso necesitas esto- Dijo Sophie haciéndome llegar un dije igual al del príncipe, solo que más pequeño.

Al recibirlo, me sentí totalmente extraño, ¿sería una especie de espía? No me había alimentado en dos semanas, así que me sentía un poco débil, y el azul de mis ojos era un poco opaco.

Tenía muchas dudas, pero a las personas frente a mí, no les podía contar nada, mis amigos estaban muy lejos, pues seguían en Rusia, mi "tutor" estaba del otro lado del mundo y de Balthazar hace mucho que no sabía nada de él.

Una voz sonó en mi cabeza "Si necesitas mi ayuda, búscame en Ottery St. Catchpole". Sin más demora, me despedí de Sophie, y me dirigí hacia ahí.

Al llegar caí en cuenta que no sabía dónde buscarlo así que sólo me dedique a dar vueltas por el pueblo hasta que alguien detrás de mí susurró.

-Sabía que algún día vendrías.

Al darme la vuelta, vi a Derek, seguía igual a como lo recordaba.

-Pues de hecho yo… necesito….

-No se diga mas, acompáñame.

Con un poco de duda, lo seguí. Nos dirigimos a una pequeña casita.

-Así que… ¿Qué te ocurre?

Tal vez fuera la necesidad de ser escuchado y de decir mis temores o que él me inspiraba mucha confianza, que terminé contándole todo, desde el día que descubrí todo, hasta las horas anteriores, y de inmediato, Derek se preocupó.

-¡No pueden enviarte! Sería ponerte en peligro de muerte, si es cierto y 4 profesores son de confianza, la mayoría no lo son, aparte, ya que tu magia y tu sangre son más fuertes, las criaturas del bosque prohibido….

-¿Perdón? ¿Mi qué?

-¡Tu magia! ¿No me digas que utilizaron ese tonto cuento de que ya no tenías magia?

-Pues si…

-¡Tonto! Por lógica, no la perdiste, para más fácil ponlo así, antes en ti había un muggle y un mago, si estas dos partes de ti, se enfrentan a un vampiro, ¿quién tiene más posibilidades de vivir?

-El mago… -Dije sin dudar.

-¡Ahí lo tienes! Mmm, espera - Fue a un mueble cercano, abrió un cajón y sacó una varita- Inténtalo, era mía, pero como ya soy vampiro completo, ya no tengo magia, te servirá a ti.

La tome con duda y dije el primer conjuro que pensé;

-¡Lumus!

De la varita salió una potente luz, era más potente que la que salía de mi varita cuando era humano.

Estaba entre feliz y enojado, Derek me regaló su varita y prometió (aunque no se lo pedí) que se alojaría en Hogsmeade mientras yo estuviera en Hogwarts, pues era sumamente peligroso que yo estuviera solo.

Así que, al llegar a la Madriguera le envié una carta a la profesora McGonagall pidiéndole que me dejara estar en Hogwarts un mes o dos.

Un día después recibí su respuesta afirmativa, y también decía que entraría como "Prefecto Honorario" y pude comprobar por la firma, que ahora ella era la directora.

Después de hablar con mis padres y comentarles que regresaría a Hogwarts, mi padre se puso feliz, pero mi madre estaba un poco preocupada.

-Ay Ron, es que, Harry… no mejor no hablo, será mejor que te enteres por tu cuenta…

No me agrado mucho su respuesta, pero aun así, dos días después, estaba preparado, mis cosas las metí a mi antiguo baúl, le hice un encantamiento reductor y lo metí en una mochila normal que me colgué, me puse mi inseparable reloj, tomé la varita de Derek y después de despedirme de mi familia, me desaparecí.

Tardé unos segundos en acostumbrarme de nuevo a Hogsmeade, y otros para llegar (corriendo) a las rejas de Hogwarts, abrí una y entré.

Hogwarts era muy diferente, algunos espacios aun estaban sin reconstruir, otros a la mitad pero la mayoría ya se alzaba tan imponente como antes.

Cuando estaba entrando la euforia era enorme, por fin estaba en Hogwarts, mi segundo hogar…

Solo pensaba en eso cuando una voz me distrajo.

-¿Ronald Weasley?

Sin duda alguna, esa voz solo podía ser de una persona; Draco Malfoy.

Me puse tenso de inmediato, di la vuelta y puse una mirada como diciendo "sólo pierdo mi tiempo contigo".

-¿Qué?

-¿Eee… eres… Weasley? Eres… diferente a como eras… antes… - Malfoy se veía por primera vez, dudoso ¡Genial!

-El extranjero ayuda- Me encogí de hombros.

Al parecer quería entablar una larga conversación, y yo no estaba de humor así que entré al castillo dándole la espalda.

-¿Han visto al pelirrojo?...

-¿Ese es Ron Weasley?...

-¡Estúpida Granger! ¿Por qué lo dejó ir?...

-¡Malfoy es un asco junto a él!...

En mi camino al castillo hacia despacho de la profesora McGonagall seguí escuchando comentarios como esos. Si pudiera sonrojarme, ahora mi cara sería del mismo tono que mi cabello.

Me cruce con algunos conocidos como Seamus y Dean saludándolos solo con un gesto de la mano, y al llegar frente a la gárgola que cubría el despacho del director busqué en mi mochila hasta encontrar la carta de la ahora directora pues ahí estaba escrita la contraseña.

-Tarta de moras

La gárgola hizo lo de siempre, subí por la escalera y al llegar toqué la puerta y al escuchar un "entre" abrí la puerta.

El despacho seguía casi como lo recordaba, con instrumentos plateados y extraños por doquier, lo único diferente era la persona sentada frente a la mesa del director, ahora lo ocupaba una mujer algo mayor, vestida con una túnica verde esmeralda que me sonreía.

-Buenos días señor Weasley, tome asiento por favor - Señaló la silla frente a ella, donde me senté - Debo admitir que su carta me sorprendió, ¿Qué lo ha traído de vuelta?

-Digamos que solo extrañaba Hogwarts profesora.

-Mmm de acuerdo, -al parecer esa no era su respuesta esperada- como decía en mi carta usted estará en el sexto piso, cerca de donde está el homenaje a los caídos en guerra, y dígame, ¿Cuánto tiempo planea quedarse?

-Tal vez solo hasta diciembre.

-De acuerdo, entonces en su estadía aquí espero y pueda ayudarnos a los profesores en unas cosas o hacer una ronda en los pasillos por la noche ¿Está bien?

-Claro profesora

Nos levantamos pero justo cuando tomaba mi mochila del suelo, el dije (que estaba en una bolsa lateral) se salió y la profesora McGonagall lo vio y se quedo totalmente tiesa.

Lo recogí lo más rápido que pude y lo tenía en mi mano cuando la profesora me lo quitó y dijo;

-¿Qué es esto? ¿Sabe al menos lo que significa esto?

Antes de poner afirmar o negar algo pareció como si comprendiera algo pues tomo mi muñeca para tomar mi pulso.

-Es lento pero aun late... solo que…. No... no puede ser…. Hace años que no…. ¡Weasley explíquese!

Decidí hacerme el ignorante

-¿Explicar qué?

-Esto -Sacudió el dije en mi cara- Porque… yo….

Se destapó la muñeca derecha dejando a la vista una pulsera de plata donde, muy pequeño (máximo 2 centímetros) colgaba una réplica del dije.

-¡Explíquese! ¿Qué le ocurrió en su ausencia?

Me miraba con una mezcla de curiosidad y felicidad.

Pero me inspiró confianza, como en mis años de estudiante, así que le conté mi historia, un poco cambiada, en esa versión mi empleo en Irlanda fue verdadero, y que ahí me encontré con un grupo de vampiros que me hablaron de la vida como vampiro, así que pensé que esa sería una gran forma de vivir, y después de unos meses fui semi-transformado y volvía a Londres sólo por un par de años y después me iría para no volver.

-Así que… supongo que no está aquí solo porque "extrañaba Hogwarts" ¿verdad?

-No

-Supongo que su estadía aquí es como decirle adiós, a este colegio.

-Mmm si, algo así

Bueno al menos no tuve que contarle que estaba ahí como "espía"

-De acuerdo,- parecía en shock- en ese tiempo ¿podría cumplir con una sencilla tarea? Este año los exámenes TIMO y ÉXTASIS serán un poco diferentes, así que debido a sus nuevas… "habilidades" podría ser de gran ayuda en la parte práctica, ¿puedo contar con su apoyo?

-Claro

Después de eso me fui a la que sería mi habitación por los siguientes meses, estaba en el sexto piso, a medio pasillo, donde había una escalera casi escondida y ahí había una puerta que sólo yo podría abrir.

La habitación era pequeña, pero aparte tenía mi propio baño, tenía una ventana que daba una vista excelente del lago.