¡Hola hola, mis sexys ichirukistas! ¿Cómo los trata la vida?
Ya sé que no tengo vergüenza, me he tardado demasiado tiempo en actualizar éste fic, pero además del poco tiempo que la escuela me deja últimamente, tuve que reescribir el capi unas 3 veces para quedar más o menos conforme con él. Por eso realmente espero que le guste y que disculpen el retraso.
Sin más que decir los dejo con el último capítulo de "Casada con Ichigo Kurosaki", disfruten su lectura.
RECONCILIACIONES
El agua tibia descendió a través de su espalda, liberando un poco de la tensión acumulada. Repasó los eventos de esa tarde, tratando de encontrar en su memoria alguna pista sobre la misteriosa chica enmascarada, pero la imagen de Rukia volvía una y otra vez con esa mirada que le golpeaba directo al corazón y dolía más que cualquier agresión física.
-Maldición-Dejó caer ambos puños sobre los azulejos de la pared
Se puso una Yukata limpia, respiró hondo y salió del baño. La morena descansaba sobre su lado derecho, de modo que sólo podía ver su espalda
-Oi, Rukia…
No hubo respuesta. A pesar de que no le gustaba nada la idea, decidió esperar hasta la mañana siguiente para aclarar las cosas.
Mirando fijamente a la pared, la teniente de la división 13 suspiró en silencio. Sabía que Ichigo quería explicaciones por su comportamiento, pero ella misma no estaba segura de por qué sentía un hueco en el estómago y era incapaz de hablarle. Apretó la almohada en su puño. Lo peor de todo era que, a causa de sus impulsos, estaba perdiendo la oportunidad de encontrar nuevas pistas para devolverle su vida a Nahomi y Taito.
"Eres un desastre" Se dijo a sí misma y luego pensó que era así desde que conoció a Ichigo aquella noche, sólo que nunca lo había manifestado tan severamente.
Extendió el brazo de forma inconsciente, palpando el lugar vacío de su compañera. Abrió los ojos despacio, y al descubrirse solo en la habitación, se levantó de un brinco.
-Genial-masculló al descubrir un traje gris con una nota escrita a mano que rezaba "salón de reuniones"
Bajó las escaleras de dos en dos, con una ansiedad casi incomprensible. Abrió las puertas bruscamente, esperando cualquier cosa menos lo que encontró: portando un hermoso vestido rojo, Rukia elaboraba un arreglo con flores, listones y algunas frutas.
-Buenos días-Le saludó, con una sonrisa jovial
-¿Qué estás haciendo?-Cuestionó él, más atemorizado por esa nueva actitud que por cualquier hollow
-¿Acaso no es obvio?-Aunque sonreía, no lo había mirado directo a los ojos-Preparo un regalo para la familia Kuchiki
-¿K-Kuchiki?-Su rostro se ensombreció más al escuchar el nombre. Ella asintió
-Nos han invitado a una pequeña reunión en su mansión, junto a otras familias nobles
Pensó que seguramente era un plan para investigar a los sospechosos y al menos Byakuya no podría tratar de matarlo con toda esa gente cerca, ¿verdad?... Volvió a la primera parte de su pensamiento: SOSPECHOSOS
-¿Dónde está Kotomi?
-Ah, dijo que tenía que encargarse de algunos asuntos familiares así que nos verá allá. Muy bien-dio un último vistazo a su creación antes de ponerse en pie-Vamos
-Espera un momento-Espetó. Sacó la cabeza para asegurarse de que no hubiera nadie cerca y cerró la puerta-Tenemos que hablar
-¿Sucede algo malo?
-¿Quieres dejar ya ese tono meloso? Nadie nos está viendo-Refunfuñó
-Pero cielo, éste es mi tono de siempre
La miró brevemente. Obviamente no iba a ceder y no podían pasarse todo el día discutiendo lo mismo. Maldijo por lo bajo. Muy bien, si iba a usar su papel como Nahomi para molestarlo, entonces no le dejaba otra opción más que jugar a la par hasta recuperar a la verdadera Rukia Kuchiki.
-Tienes razón-Cambió la mirada severa por una media sonrisa-lamento haberte hablado así
Hizo un esfuerzo para que la sorpresa no se reflejara en su rostro. Se había convencido de que lo mejor para la misión era dejar de lado todo lo personal, pero no esperaba que él lo aceptara así de fácil; en realidad, estaba segura de lo contrario.
-Es hora de irnos, no queremos llegar tarde-Respondió, sobreponiéndose
Un carruaje ya los esperaba a la entrada. Los asientos de terciopelo rojo contrastaban alegremente con el dorado del exterior y resultaron muy cómodos para la pareja que no pronunció una palabra en todo el camino durante el cual se estudiaron con sigilo. Cuando finalmente se detuvieron, un mozo abrió la puerta y los condujo a través de la enorme mansión Kuchiki.
-Pst, pst-El sonido provenía de una puerta lateral y sonaba como si estuvieran llamando a un gato
El mozo y la pelinegra iban al frente, y no notaron el momento en que Ichigo se desvió del camino. Detrás de la puerta corrediza, Urahara y Yoruichi esperaban divertidos
-Oh, Kurosaki-san-soltó el sombrerero-, ese atuendo en verdad te queda muy bien
-Olvida eso-Tajó-. ¿Encontraron al responsable de éste desastre?
-Algo así-dijo Yoruichi
-¿Cómo que "algo así"?-Frunció el ceño
-Calma, Kurosaki-san-Urahara movió las manos de un lado a otro, tratando de disminuir la tensión. Sabía que estaban poniendo a prueba la paciencia del pelinaranja al no permitirle intervenir directamente, como hacia siempre, pero era algo que tendría que aprender tarde o temprano… Además, le resultaba muy divertido ver sus reacciones cada vez que la hermana menor de Byakuya estaba cerca
-Estoy cansado de tener calma. ¿Por qué no simplemente enfrentamos a Kotomi y acabamos con esto de una buena vez?-Gruñó
En realidad su problema no era mantener la calma- Su mayor problema era que entre más tiempo pasaban en esa misión, más raras se ponían las cosas con la ojivioleta.
-Escucha, Ichigo-Yoruichi le palmeó el hombro como a un niño en su primer partido de fútbol-, estamos aquí precisamente para confirmar nuestras sospechas. Pero tendrás que controlarte allá afuera
-¿Y eso qué…?
Antes de terminar la oración, la morena lo empujó fuera del salón
-¡Oye!-Estuvo a punto de golpear la puerta, pero el mozo regresó a buscarlo
-¿Está todo bien, señor?-Preguntó, con tono ausente
-Eh… Sí, yo sólo… me perdí en el camino
Pese a su poco creíble excusa, el chico sólo asintió y lo guió hasta el salón sin decir nada más. Al llegar, inclinó la cabeza en forma de disculpa y se retiró.
Echó un vistazo al lugar. Debía admitirlo: la mansión Kuchiki era imponente con sus salones amplios, paredes finamente decoradas y muebles pulcros y tradicionales. Clavó los ojos en Rukia, que sonreía angelicalmente en una de sus actuaciones; cuando reconoció al comensal con quien conversaba, avanzó a grandes zancadas.
-Hola, cariño-Saludó la pelinegra, sin dejar de sonreír
-Kaito-san, me alegra que decidiera acompañarnos-Secundó el mismo hombre de ojos verdes que habían conocido unos días antes
-A mí también-convino-. Lamento la tardanza, linda
Depositó un beso en la frente de la chica y la rodeó por la cintura con su mano derecha. Aquel tipo no le gustaba para nada, miraba a su mujer de una manera que le hacía hervir la sangre… Excepto, claro, que Rukia no era su mujer en realidad, entonces ¿por qué se sentía así?
"Maldición" Pensó. ¿Desde cuándo las mujeres eran tan complicadas?
-¿Está todo bien, Taito-san?-Preguntó el ojiverde con una sonrisa mal disimulada
-Perfectamente-Respondió con tal dureza que casi pareció deletrearlo
Una batalla de miradas se desencadenó. Noshimura miró a Ichigo, luego a Rukia y otra vez a Ichigo con una arrogancia casi descarada. El castaño, que entendió perfectamente aquel gesto, tiró suavemente de SU CHICA para rodear su cintura con ambos brazos y luego se inclinó para descansar el mentón sobre la cabeza de ella.
Se estremeció al sentir el íntimo abrazo de su compañero. Luchó por controlar el color que seguramente había subido a sus mejillas. DESASTRE. Definitivamente.
Noshimura hizo una mueca, pero cambió la expresión al ver cómo alguien carraspeaba la garganta detrás de la pareja.
-Ah, Kuchiki-sama
Ambos shinigamis se irguieron cual soldados. Giraron despacio, resignados a encontrarse con el impredecible capitán. No obstante, él mantenía el semblante neutro y sereno que lo caracterizaba; en lugar de su Shihakushō, llevaba un tradicional traje negro con rayas grises que, dispuestas de forma vertical, lo hacían ver más alto y resaltaban sus ojos.
-K-Kuchiki-sama-balbuceó la pelinegra, tragando saliva
-Noshimura-san, Hattori-san, Aizawa-san-Inclinó levemente la cabeza para saludar-Qué gusto tenerlos aquí
-Agradecemos su invitación-Respondió una vez más Rukia, recuperando un poco el control de sí misma
-No había tenido la oportunidad de felicitarlos por su reciente matrimonio-Hizo una pausa. Le dirigió una mirada a Ichigo que parecía decir cualquier cosa menos "no he olvidado lo que hiciste", o tal vez era un "no te pases de listo con mi hermana". En cualquier caso, logró hacer que se aferrara más a ella, como todo un adolescente al que le han prohibido salir con la chica que le gusta.
-En efecto-habló por fin el castaño-, nuestra vida en pareja ha sido como miel sobre hojuelas
Le quedaba claro que estaba abusando de su posición, pero ¿qué iba a hacer? Ellos le habían asignado la misión y gracias a eso estaba como estaba
-Mi pequeña Nahomi es dulce, tierna y muy hermosa
-Oh, cariño, creo que estás exagerando-Le dio un par de palmadas en la mejilla con más fuerza de la necesaria para mantenerlo a raya
-De ninguna manera-Esbozó una sonrisita, omitiendo el dolor-¿Acaso no creen que tengo razón, caballeros?
Una venita apenas visible palpitó en la sien del capitán. Obviamente Kurosaki se divertía con aquello sin que él pudiera, si quiera, mirarlo despiadadamente.
Rukia, por su parte, ya sentía cómo le faltaba el aliento. No importaban las circunstancias, era inaceptable comportarse así frente a su hermano. La noche anterior había decidido poner TODA su atención en cumplir la misión encomendada, sin embargo, los planes habían cambiado: Definitivamente patearía a su imprudente y muy idiota "marido".
Ambos aludidos asintieron ligeramente para responder
-¡Kotomi-chan!-Exclamó la morena, aliviada por la llegada de la rubia
La ojiazul se acercó con una cautela que no pasó desapercibida para ninguno, igual que el nerviosismo reflejado en el movimiento de sus manos. Forzó una sonrisa para saludar de paso a todos los presentes e hizo una reverencia al llegar donde el grupo.
Por unos segundos, Ichigo consideró la posibilidad de encararla y resolver el embrollo en que estaban metidos; No entendía la razón de tanto misterio y estaba ansioso por olvidarse de los perfectos modales y los trajes elegantes, pero sobre todo, estaba ansioso por recuperar su relación con la enana.
-¿Está todo bien?-Cuestionó la ojivioleta
-Por supuesto-Contestó la rubia, tratando de aparentar una tranquilidad que su acelerado pulso le negaba.
Otras dos horas pasaron entre tediosos e interminables temas de conversación, antes de que pudieran despedirse con la excusa de terminar los preparativos para el baile.
Durante el trayecto de regreso se limitaron a escuchar las indicaciones de Kotomi sobre el baile; ella mirando por la diminuta ventana del carruaje y ella con atención ausente en la rubia.
Entraron directo al salón, ya ocupado por mesas con manteles dorados y una enorme y reluciente pista de baile con azulejos negros.
Practicaron el vals de aprertura una media docena de veces, acompañados por la música dulce y los aplausos acompasados de Kotomi. Durante ese tiempo, la mirada de Rukia y los constantes pisotones que lo propinó al chico, dejaron muy en claro que estaba molesta por lo de un rato antes; él correspondió con quejiditos apenas audibles y una mirada fulminante.
-Buen trabajo-Aplauidó la directora cuando los bailarines finalmente desistieron de sus juegos y realizaron la rutina completa- Ahora, no deben olvidar el beso de cierre, no queremos que nada le resulte sospechoso a los invitados
-Hablando de cosas sospechosas-empezó Ichigo, decidido a terminar aquella farsa de una buena vez-¿Qué hiciste hoy por la mañana?
La rubia abrió los ojos de par en par-
-Ah, yo… tenía asuntos que atender
-¿Qué asunto pudo ser que te veías tan nerviosa al llegar a la mansión Kuchiki?-el shinigami soltó a su pareja y se acercó a la ojiazul, con un movimiento ágil y firme; ella dio unos pasos hacia atrás hasta sentirse acorralada con la pared, donde él la atrapó poniendo las manos al lado de sus pequeños hombros.
Ella comenzó a sudar frío. Había hecho todo lo posible por ocultar su alterado estado antes, pero era obvio que todos sus esfuerzos resultaron infructuosos, aunque no esperaba que la enfrentaran de esa manera. Inhaló todo el aire que pudo y cerró los ojos, lista para confesar.
Cuando lo vio en esa postura no pudo evitar la punzada que atacó su estómago. Sin pensar en lo que hacía, lo tomó por el cuello y lo arrojó hacia atrás, arrastrándolo consigo.
-¡Maldita sea, Rukia. SUÉLTAME!-Refunfuñó el chico, retorciéndose. Ella lo soltó cuando finalmente estuvieron en la suit que habían compartido hasta entonces
-¿Podrías explicarme qué demonios fue eso?-Cerró la puerta tras de sí
-Oh, ahora sí quieres hablar-Se puso de pie con la ropa hecha un desastre
-¿Qué pasa contigo?
-Kotomi está ocultando algo. Tú la viste
-¿Y por eso estás comportándote como un completo idiota?
De alguna manera sentía que la morena no se refería a Kotomi. La miró directo a los ojos, esos profundos y orgullosos ojos violáceos que podían hablar por sí mismos
-¿Qué está pasando?-Preguntó, y ella supo que no hablaba de la misión
-Aterrorizaste a Kotomi-Respondió, como si no entendiera el verdadero significado de la pregunta. Pero lo entendía.
-Ah, claro-En su voz había una mezcla de sarcasmo y frustración
-¡¿Qué significa eso?!-Refunfuñó. Puso las manos en las caderas y lo miró desafiante.
-Significa-Dio un paso largo para alcanzarla, inclinándose para hablarle de frente, pero ahí, tan cerca de sus ojos y de sus labios, de pronto no estaba seguro de lo que quería decir-significa…
Sintió el deseo de anular completamente la distancia que los separaba
-¿Ichigo?-Llamó ella, ansiosa. ¿Desde cuándo el idiota se quedaba sin palabras? Notó cómo él se inclinaba un poco más, y un cosquilleo comenzó a recorrerle el pecho. Ante la inquietud, hizo lo único que su cuerpo le permitió: golpeó al muchacho en la mandíbula-¡Oi, respóndeme!
-Tsk, ¡enana, realmente te has esforzado en fastidiarme estos días!
Aquel comentario no pudo enfurecerla más
-¡¿Haaa?! ¡¿Y por qué iba a esforzarme en algo tan inútil?!
-¡Dímelo tú!
-¡No lo hago!
-¡¿Entonces por qué te has comportado tan extraña estos días?! ¿Ha?
-¡Eso no es cierto!
-¡Por supuesto que sí!
-¡No!
-¡Maldición, ¿podrías por lo menos ser honesta contigo misma?!-La asedió con ambos brazos, enfrentándola con un gesto duro
-¡Porque besaste a esa chica!-Apenas las palabras salieron de su boca, se dio cuenta de lo que acababa de revelar
-¿Celosa?-Preguntó con ansias
-¡De ninguna manera! Lo único que interesa aquí es que podrías arruinar la misión con tus imprudencias-Dijo, tratando de cambiar el rumbo de la conversación
-Oh, con que eso es…
-¡Por su puesto que sí! ¡¿Por qué iba yo a…
Era obvio que la chica no cedería tan fácilmente, y el castaño comenzaba a cansarse de aquel juego. La miró mover la boca rápidamente, probablemente gritándole y negando sus insinuaciones, pero sus enormes ojos violentas no podían mentirle y no pudo evitar sentir el impulso de callar aquellos finos y delicados labios. Con un movimiento ágil y certero, presionó sus labios contra los de la chica, haciéndole olvidar todos sus reproches y excusas; fue un beso breve y tierno, pero le quitó el aliento a ambos. Cuando finalmente se separaron, se miraron unos segundos con los labios levemente enrojecidos y el corazón acelerado.
-Ichigo…-Comenzó a decir ella, tratando de asimilar lo que estaba sucediendo
Un sonido seco interrumpió el momento. Olvidándose de su situación, los shinigamis se dirigieron al lugar de donde provenían los ruidos.
Kotomi estaba en la puerta, con ambas manos en la boca y una expresión angustiada. Al acercarse más, vieron a Nahomi tirada en el piso con la joven sirvienta de cabellos rojos que había llevado a Rukia hasta su prueba de vestido la tarde en que la enmascarada había besado a Ichigo. La pelirroja había cambiado su expresión tímida por una mirada furiosa, con ambas manos, sujetaba a la pelinegra con las muñecas al lado de la cabeza y usaba sus piernas para impedir que se levantara.
-¿Pero qué demonios…? Oye, suéltala ahora mismo-Reaccionando casi de inmediato, Ichigo tomó a la chica por la cintura y la levantó sin grandes problemas, mientras Rukia ayudaba a Nahomi a incorporarse. Aguantando los arañazos y patadas, encerraron a las tres chicas en distintas habitaciones.
-¿A dónde vas?-Cuestionó Rukia, viéndolo avanzar con grandes zancadas hacia la habitación donde estaba Kotomi
-A terminar con esto de una vez
Le dirigió una mirada severa, con la espalda recargada en la pared y los brazos cruzados sobre el pecho.
-Tenemos que esperar a que Nii-sama y…
-No me interesa-Tajó él-. Me cansé de esperar que los demás hagan todo
Sin decir nada más entró en el salón seguido de su compañera. Kotomi estaba sentada sobre sus rodillas, con la respiración agitada y la mirada clavada en sus manos.
-Lo siento-Dijo, sin mirarlos a los ojos.
Ahí, con el rostro pálido y la frente sudando frío, a ninguno de los dos shinigamis le pareció que fuera capaz de hacerle daño a alguien más. La miraron en silencio, esperando que siguiera hablando.
-Hace un rato… en la mañana, Nahomi me pidió que la ayudara a salir del lugar en el que se ocultaban sin que los guardias lo notaran. Dijo que tenía que hablar con Eiri y…
-¿Eiri?-Interrumpió el castaño
La rubia levantó la mirada para encontrarse con su rostro confundido
-Yo, creí…
-¿Quién es Eiri?-Volvió a preguntar al ver que la chica vacilaba
-Mi media hermana-Interrumpió Nahomi, abriendo la puerta bruscamente
-¿Cómo…-Comenzó a cuestionar Ichigo, pero ella se adelantó
-Es mi casa, Kurosaki-san. Conozco más de una forma de salir de una habitación cerrada. Y también sé que Kotomi no tiene nada que ver con esto, como están pensando
-Ah, ¿enserio?-Rukia la miró con una leve sospecha de lo que sucedía, mientras su compañero se cruzó de brazos, desafiándola a explicarse
-Mientras estaba escondida encontré, en los viejos diarios de mi padre, una revelación bastante dolorosa pero nada sorprendente: tengo una media hermana, producto de una de sus infidelidades con una joven a la que conoció en sus… expediciones por la SS.
Todos, excepto Kotomi, alzaron las cejas
-No fue difícil descubrir el secreto cuando leí su descripción: el cabello rojo intenso no es muy común por aquí. Le pedí a Kotomi que me ayudara a escapar porque quería comprobar por mí misma que se trataba de ella y tratar de hacer las paces antes de tener que revelar toda esta información-Desvió la mirada, claramente incómoda por tener que confesar aquello
-Pero las cosas no resultaron tan fáciles, ¿eh?-Añadió el castaño
-¿Te dijo por qué intentó lastimarlos?-Preguntó Rukia, golpeando al chico en las costillas por su falta de tacto. De alguna manera entendí el sentimiento de querer estar cerca de su hermana y el de no querer revelar su pasado
-Ella…
-Venganza-Interrumpió una nueva voz. Yoruichi entró en la sala, con el sigilo y la elegancia que la caracterizaban-El padre de Nahomi abandonó a la madre de Eri y le negó a su hija cualquier derecho
-¿Y qué hay de...?-Iba a preguntar por la chica enmascarada, pero de pronto le pareció una mala idea sacarlo a la luz. La Shihōin lo miró con una media sonrisa
-Oh, ¿ibas a preguntar por esto?-De algún lugar desconocido sacó una peluca que se asemejaba al cabello de Nahomi y un antifaz bien conocido-Parece que la chica pensó que sería buena idea inculpar a su hermana: Nahomi, paranóica por los celos intentaba culpar a su amiga Kotomi al usar bombas de su familia para auto-agredirse, así evitaría que se acercara a su marido; nosotros las descubriríamos y todos quedarían bajo sospecha, excepto la doncella sin voz. Parece queeso era lo que pasaba por su mente.
-Su madre murió por una enfermedad que pudo prevenirse de haber tenido los medios que un hombre noble posee-La pelinegra clavó la mirada en el suelo, tratando de contener su tristeza y culpa que sentía. Obviamente estaba más afectada por la historia de la chica que por sus intentos de vengarse.
La habitación se sumió en silencio por un momento. Finalmente, Byakuya entró para informarles que Eiri estaba bajo custodia y que Nahomi y Kaito podían, finalmente, regresar a su vida normal. El recién casado entró unos segundos después para abrazar a su esposa y besarla con dulzura. Al ver aquella escena ambos shinigamis recordaron lo sucedido antes de la pelea entre hermanas y no pudieron evitar sonrojarse levemente.
-Tal vez los chicos puedan prestarles la suit nupcial una noche más. Así terminan de arreglar sus problemas-Le susurró a Ichigo, que ahogó un grito
¿Cómo hacía para saberlo TODO?
-No te preocupes-Remató la morena-Yo me encargo de Byakuya
Con la mandíbula desencajada y el color rojo hasta en las manos, tomó a Rukia por el brazo y la sacó a rastras de ahí. Se detuvo en el jardín, con la respiración agitada y una muy confundida Rukia al lado.
-Oi, Ichigo…-Llamó ella en voz queda
Giró lentamente, sin saber exactamente qué decir o qué esperar. La miró con esos ojos sinceros y confundidos como los de él mismo, y no pudo evitar sentir un cosquilleo en el estómago; se inclinó un poco más, guiado puramente por ese sentimiento y, al ver que ella no retrocedió, tiró de su mano para disminuir la distancia que aún nos separaba. A pocos centímetros de sus labios, ambos cerraros los ojos, dispuestos a descubrir lo que aquellas nuevas emociones significaban.
-Kurosaki Ichigo
La voz que sonó a lo lejos los hizo estremecer. Se separaron de un brinco, mirando hacia lados opuestos mientras el capitán del sexto escuadrón caminaba hacia ellos.
-Ven conmigo
El color azul sustituyó al rojo en el rostro de los chicos que aguantaban la respiración. El castaño lo siguió sin decir nada más, mientras Nahomi llevaba a su suplente a otra ala de la mansión.
La muy agradecida pelinegra había insistido en que Rukia usara el vestido que habían preparado para ella y que fuera una invitada de honor en la ceremonia, pero luego de los abrumadores acontecimientos, la teniente había decidido declinar la invitación y mirar el baile desde lejos, como lo que era: una orgullosa shinigami.
Ichigo apareció un par de horas después, justo cuando comenzaba el baile de apertura.
-Ese maldito de Byakuya me hizo llenar un inmenso reporte-Explicó, tratando de dar respuesta a la pregunta reflejada en los ojos de ella
Un reporte. Seguro.
Asintió para dejarle claro que lo había oído y se volvió para mirar a la pareja bailando. Ichigo observó la pista de baile y luego la figura menuda que se erguía frente a él; unos días antes había pensado que Rukia se veía hermosa con aquel elegante kimono y el maquillaje en sus labios, pero ahí, admirándola su sonrisa sin que ella lo supiera, se dio cuenta de que nunca había estado más hermosa.
-Oi, Rukia-Llamó. Ella volvió la cabeza para mirarlo de perfil.
Sonrió para sus adentros.
-¿Cuándo se caerá el color de mi cabello?
Y…. ¡Ahí lo tienen!
Realmente espero que disfrutaran de éste FF y que el final no los decepcionara. Muchas gracias a todos los que siguieron la historia, sus comentarios me animan a seguir escribiendo aunque sea un parrafito cada día.
Por favor no se olviden de escribir lo que opinan, críticas buenas y malas son siempre bien recibidas para seguir mejorando y traerles nuevas historias :D
Los invito también a leer mis otros FF:
"El primer amanecer". Especial IchiRuki de año nuevo
"Ahora o nunca". Un IchiRuki que apenas comienza y que se origina en el día de San Valentín *.*
De nuevo agradezco inmensamente su paciencia y sus ánimos, por favor dejen sus comentarios. Que la fuerza del ichiruki los acompañe siempre, espero leerlos pronto.
¡Besos!
