Estigmas.

Sumary: Religión y Magia siempre habían sido dos conceptos que se huían el uno del otro. Cuando Draco Malfoy muestra signos de heridas misteriosas en el cuerpo, estos dos conceptos se mezclarán de manera alarmante. Harry y Draco aprenderán lo difícil que es estar en el medio de una batalla de creencias y lucharán lado a lado como aliados, amigos y tal vez algo más.


Capítulo 3: Látigos.

Draco realmente odiaba Azkaban, era un lugar frío, decrépito y parecía gritar muerte y tristeza por todos lados; Stefan lo dirigió hacia la entrada donde el guardia les pidió la varita y les dio identificaciones para entrar, otro guardia se acercó a ellos para llevarlos dentro de la prisión. Draco se estremeció de asco y repulsión a pasar por el lugar, personas decrepitas lo miraban a través de las barras mágicas de sus prisiones, el rubio trató de no mirar alrededor y se apretó inconscientemente hacia el costado de Stefan, el castaño entendió de inmediatamente su agitación y lo envolvió protectoramente con un brazo. Llegaron a una celda completamente sellada con una puerta de metal, el guardia dio un golpecito con su varita y la puerta se abrió dando paso a otro guardia más bajito que los demás.

-Solo puede pasar el chico-dijo con voz fuerte, el rubio tragó saliva y miró desesperadamente a Stefan.

-Estaré aquí todo el tiempo, cuando ya no quieras seguir hablando puedes salir-dijo el castaño acariciándole el cabello con suavidad, Draco respiró varias veces para darse valor y entró en el lugar. Estaba oscuro y olía mal, el guardia entró tras él e iluminó el lugar, lo instó a sentarse en una silla y abrió otra puerta en el fondo. Una mujer emergió de ahí. Tenía el cabello negro acomodado en ondas de manera elegante, llevaba una túnica negra vieja pero en perfecto estado, su rostro pálido mostraba lo hermosa que era a pesar del pequeño gesto malicioso que torcía sus labios.

-Has venido-dijo ella con voz suave, como saboreando el momento.

-Has llamado y he venido, acabemos con esto para que puedas ir a donde mereces-dijo el rubio frunciendo el ceño, la pelinegra le sonrió con burla.

-Todavía no tengo la intención de irme, Draco, querido, me gusta vivir-dijo la bruja con descaro sentándose en una silla delante de él, una barrera mágica se levantó instantáneamente entre los dos y Draco supo que era el guardia el que lo había puesto.

-¿Qué quieres de mí?

-He oído de tus heridas-dijo con una sonrisa-y tengo la respuesta a lo que necesitas.

-¿Y qué es eso, según tú?-dijo el rubio cruzándose de hombros.

-Primero ¿Cuántas heridas ya tienes?

-¿Cómo que cuántas? ¿Cuántas deben ser?

-Respóndeme primero-respondió la bruja mirándolo fijamente.

-Dos en la mano y dos en los pies.

-Ya veo, y no sangran ¿verdad?

-No-respondió con lentitud, la bruja ensanchó su sonrisa.

-He visto esto antes ¿sabes? En el pequeño Regulus-sonrió recordando algo-triste final el suyo, solo unos pocos sabemos lo que le pasó en verdad.

-¿Qué fue lo que le pasó?

-Ahí es a donde quería llegar-dijo inclinándose ligeramente hacia adelante-verás, yo todavía no quiero morir, Draco así que te propongo un trato, te iré diciendo la información que necesitas de a poco y tú sigues viniendo, mientras exista un motivo para que siga viva entonces no me harán nada.

-Es ridículo, puedo buscar esto yo mismo.

-Te aseguro que encontrarás nada-dijo ella con una mirada cargada de maldad-Regulus tampoco halló nada y por eso murió-el rubio la miró con los ojos dilatados de pánico y ella le sonrió-¿Tenemos un trato?-Draco se mordió el labio de manera insegura durante un segundo antes de recomponer su máscara de frialdad y asentir rápidamente-Perfecto, entonces quiero que vengas cada viernes ¿entendido?

-¿No me vas a dar algo de información a cambio, primero?-preguntó el rubio con molestia, ella le sonrió.

-Prepárate, porque las heridas que vienen se llevarán algo más que sangre-dijo ella de manera misteriosa mientras se levantaba.

-¿Por qué?-la bruja lo miró-¿Por qué lo hiciste? ¿Por qué el bebé?

-¿Qué te puedo decir? Era simplemente insoportable-dijo con crueldad-Draco-se despidió con un asentimiento.

-Tía Andrómeda-se despidió él a su vez.


Hermione observaba desde la ventana como Malfoy y Rickman se marchaban y como Harry los seguía a cierta distancia. Las cosas se estaban dando de una manera bastante interesante y la castaña no podía decir que estaba casi encantada de como sucedían las cosas. Todo había sido muy difícil para Harry luego de que la guerra se terminara, lloraron las muertes de sus amigos y ayudaron a reconstruir el mundo mágico; justo cuando parecía que las cosas por fin iban a ir bien para ellos sucedió la desgracia más terrible. Teddy, el pequeño ahijado de Harry, hijo de Remus y Tonks, había sido asesinado. Había sido el pandemónium cuando descubrieron que había una traidora entre ellos muy bien camuflada.

Andrómeda Black de Tonks.

Harry no se había detenido con nada hasta que la sentenciaron a la máxima pena para ella, que era el beso del dementor, estuvo destrozado todo el verano luego del entierro del bebé, todos sus amigos lo habían apoyado y habían estado ahí para él y aunque el moreno había llegado deprimido a este curso ahora Hermione podía ver como el interés brillaba en sus ojos. Malfoy, siempre era Malfoy quien tenía que hacerlo reaccionar, aunque la castaña tenía que admitir que esta vez estaba preocupada, con las heridas misteriosas de Malfoy sospechaba que algo malo iba a pasar y estaba segura que Harry no resistiera perder a alguien más.

Una lechuza ululó detrás de ella y la chica se giró para recibir la carta y paquete que tenían, los cogió con cuidado y los desenvolvió con rapidez. El libro era viejo y estaba algo maltratado pero Hermione estaba casi segura de que la respuesta a las heridas misteriosas estaba ahí, casi y esperaba realmente equivocarse. Leyó con rapidez la breve carta de sus padres antes de abrir el pesado tomo, pasó las hojas con rapidez hasta llegar al tema que le interesaba, leyó con avidez párrafo tras párrafo. Cerró el libro con pesar y suspiró, había tenido razón. Sintió ganas de llorar de frustración ¿Cuándo demonios conseguirían algo de paz? Aún había varias cosas que no sabía, el libro explicaba de manera muy general lo que sucedía pero le había dado una idea bastante clara de lo que sucedería y no le gustaba para nada.

Ahora, tenía que ver de qué manera le diría esta información a Harry.


Lucius observó el rostro del muchacho en la foto, esta se movía dentro de un campo ya que había sido hecha cuando apenas era un muchacho de quince años en Hogwarts. El chico de cabello negro sonreía levemente con los ojos grises mirando directo hacia él, su uniforme de Slytherin con una orgullosa insignia de prefecto se dejaba ver y, medio oculto por la manga, dos vendas blancas. Lucius cogió la foto con él y caminó hacia el salón donde estaban sentados su familia y el sanador Rickman.

-Él era Regulus-dijo dándole la foto a su hijo, el muchacho la miró con curiosidad.

-Las heridas de Regulus empezaron cuando tenía quince, unas extrañas heridas en la mano que nadie podía determinar cómo habían sido hechas o quién se las había hecho-dijo Narcisa mirando con nostalgia la foto del Slytherin-Las heridas del pie le pasaron varios años después, cuando se unió al Señor Tenebroso y ahí se acabó el sangrado de su mano, ninguna de las heridas volvió a sangrar igual que te sucede a ti.

-¿Qué pasó después?-preguntó el rubio inclinándose hacia adelante sumergido en el relato.

-Nosotros sabemos muy poco de Regulus después de que se unió pero recuerdo que las pocas veces que lo veía estaba como trastornado, se asustaba de cualquier sombra o ruido fuerte.

-Una vez lo vi con una venda alrededor de la frente pero creo que fue un gran golpe o caída, no estoy seguro-aportó Lucius.

-¿Y de qué murió Regulus?-preguntó Stefan que había estado callado hasta ese momento.

-Nadie lo sabe, desapareció un día de repente y no volvimos a saber de él-dijo la rubia.

-Pero tía Andrómeda si lo sabe ¿no?-la cara de Narcisa se llenó de amargura al pensar en su hermana mayor-lo siento, madre, no quería incomodarte.

-Ella no es tu tía, Draco, es mala semilla, mala mujer-dijo apretando sus manos-mira que hacerle eso a un pobre bebé, un bebé sobreviviente que le confiaron su propia hija y su marido, es simplemente increíble.

-¿Ustedes no sabían que ella era informante?-dijo el rubio.

-No, a veces veíamos al señor oscuro muy contento por información secreta, siempre creímos que había sido Severus así que no decíamos nada al respecto.

-Yo siempre he sabido que Andrómeda era más retorcida que Bellatrix, por eso a todos les sorprendió cuando dijo que se casaría con un muggle y se desligaría de la familia, creí que la había juzgado mal, que aún era buena pero fue una muy buena fachada, alejarse de su familia para unirse a la Orden sin que nadie sospechara que ella seguía el lado oscuro por sus raíces de sangre pura-Narcisa suspiró-Andrómeda era muy inteligente, no era como Bellatrix, loca y algo incoherente, Drommie disfrazaba su crueldad con dulzura, sus palabras duras con miradas suaves, sabía perfectamente manipularte y hacerte sentir responsable de lo que ella había hecho.

-Nosotros no sabíamos que ella había sido la mano derecha del señor oscuro al final, fue ella también la que delató a Severus como poseedor de la varita de sauco, lo que causó su muerte-Draco endureció el rostro.

-Entonces no me someteré a lo que pide, ella debe pagar todo lo que ha hecho.

-Draco, yo odio a mi hermana, eso es verdad, pero… pero si ella puede darnos una respuesta a lo que te pasa, si ella puede ayudarnos en eso, entonces creo que deberías ir.

-¡Pero, madre…!

-Escucha bien, Draco, hemos buscado, en todos lados, en todos los libros que encontramos, no hay nada y tengo la sensación de que las heridas no pararán, necesitamos la solución y si ella nos la va a dar solo por unas semanas más viva, entonces que así sea pero no te voy a perder ¿Me entiendes? No a ti-el rubio observó el rostro lloroso de su madre y asintió en silencio.

-Bueno, es hora de volver al colegio-dijo Stefan rompiendo con el tenso silencio que se había formado, Draco asintió. Su madre lo envolvió con fuerza entre sus brazos, Lucius también lo abrazó con cariño.

-Cuídate mucho, hijo-dijo su padre despidiéndose, su hijo asintió antes de marcharse por la chimenea junto con Stefan.


-Necesito hablar contigo-dijo Hermione cuando Harry entró en la sala común.

-No tengo ganas de hablar ahorita-murmuró el moreno con desgana.

-Es sobre Malfoy-el efecto fue instantáneo, los ojos de Harry brillaron interesados y la castaña tuvo que esconder su sonrisa.

-¿Qué sucede?

-Primero déjame ver si ya llegó-cogió el mapa de Harry y lo revisó minuciosamente-ya llegó, está caminando hacia la lechucería en estos momentos, hay que ir porque estoy segura que también le interesará esto.

-¿A dónde van?-la voz de Ron los distrajo, el pelirrojo los miraba con los ojos entrecerrados de sospecha.

-Necesitamos hablar con Malfoy-dijo Hermione mientras el pelinegro echaba miradas ansiosas al mapa

-Te contamos después ¿sí?-dijo Harry con impaciencia y jaló a Hermione fuera del cuadro, Ron los siguió con la mirada. Ambos amigos corrieron hasta llegar a la puerta de la lechucería, Malfoy volteó al escuchar el sonido y los miró con frialdad y curiosidad.

-Potter, Granger-saludó con un leve asentimiento atando una carta a su lechuza, Harry le echó una última mirada al mapa para asegurarse que nadie venía y Hermione selló la puerta y la insonorizó-¿Por qué acaban de hacer todo eso?

-Tengo información acerca de tus heridas, Malfoy-el chico la miró con una pequeña muestra de interés sin variar la expresión serena del rostro.

-¿De qué se trata?

-Bien, lo encontré en un libro que me mandaron mis padres, es… un libro de religión.

-¿Religión?-preguntaron los dos chicos a la vez.

-Sí, resulta que en el mundo muggle todos conocen el significado de tus heridas.

-¿Y cuál se supone que es ese significado?-dijo apoyándose en la pared, Harry no pudo evitar recorrer los ojos por su figura, cuando ambos ojos se encontraron ambos desviaron rápidamente la mirada y se sonrojaron levemente, Hermione se mordió la lengua para no reírse y volvió a ponerse seria.

-Las heridas se llaman Estigmas y son conocidas como las heridas que sufrió Jesús antes de ser crucificado.

-¿Jesús?-dijo Harry analizando rápidamente en su mente todo lo que había aprendido de religión.

-Pero esas son creencias, todo el mundo sabe que la biblia fue manipulada por muggles y magos para que dijeran una versión que al final está bastante alejada de la verdad-dijo Draco sorprendiendo a los dos chicos por saber eso-¿Yo también leo, saben?

-Bueno…-carraspeó Hermione-puede que haya sido manipulada pero las heridas coinciden, al menos las que tienes hasta ahora.

-¿Cuántas son?

-Cinco: las manos, los pies, los latigazos en la espalda, la corona de espinas y la lanza en el costado.

-Hermione, no recuerdo muy bien de que se trataban esas heridas…-murmuró Harry, Draco enarcó una ceja y el pelinegro se ruborizó sintiéndose muy tonto.

-Las manos y pies es de cuando lo clavaron en la cruz, los latigazos y la corona fueron previos a clavarlo y la lanza en el costado fue el golpe fulminante que le dieron cuando ya estuvo crucificado.

-¿Dices que los muggles han visto más de estos casos?-preguntó Draco.

-Sí, la mayoría ha visto lo de las manos o los pies, otros pocos las heridas de la frente pero nadie ha visto las cinco heridas completas, pocas han tenido hasta la cuarta herida y han muerto debido a la fuerza de esta-los dos chicos tragaron saliva.

-¿Dice por qué sucede?

-En la explicación del libro decía que le sucedía a personas muy religiosas o profundamente devotas pero también sucede cuando has estado en contacto con algo de gran maldad. Esto de los estigmas viene con más cosas que solo las heridas, ha habido posesiones, sueños, alucinaciones.

-Bien… bien…-el rubio parecía estar ordenando sus ideas-necesitaré hablar con Stefan acerca de esto, a ver que puede investigar él fuera de Hogwarts.

-¿Qué es ese chico?-preguntó Harry sintiendo el familiar rugir de sus celos.

-¿No lo sabes?-dijo Hermione con sorpresa-Es su psicomago-Harry miró al rubio incrédulo y vio que este tenía una sonrisa maliciosa en el rostro.

-¡Lo hiciste a propósito!-le reclamó frunciendo fuertemente el ceño.

-¿Hacer el qué exactamente, Potter?-preguntó Draco fingiendo inocencia.

-¡Para ponerme celo…!-se calló a media frase y se sonrojó enormemente a ver la enorme sonrisa burlona del Slytherin y a Hermione alzando una ceja divertida-no importa, y bueno, ¿Por qué tienes un psicomago?

-Porque creyeron que las heridas me las hice yo como intento de suicidio-replicó el otro con gesto aburrido, ambos leones se miraron confundidos.

-¿Por qué demonios querrías hacer eso?-el rubio tosió de manera incómoda y desvió la mirada-¿Lo intentaste antes?-preguntó Harry con alarma y el rubio lo fulminó con la mirada.

-Claro que no-dos miradas incrédulas se posaron en él y Draco suspiró con fastidio-me diagnosticaron estrés postraumático y depresión clínica-los dos se sobresaltaron ¿las cosas habían estado tan mal para Draco después de la guerra?

-¿Desde cuándo te atiendes con Stefan?

-Desde las heridas, en verano.

-Pues parecen muy cercanos-dijo Harry y el rubio pudo detectar otra vez ese tono ácido y amargo que lo llenaba, se hizo el pensativo mientras contenía la sonrisa que quería asomarse por sus labios.

-Bueno, Stefan es joven y guapo, coincidimos en muchas cosas, nos hemos visto varias veces fuera de consulta-Harry tenía el ceño cada vez más fruncido, Draco lo miró con un brillo travieso en los ojos y el pelinegro notó que solo estaba jugando con él otra vez, se sonrojó al ser tan evidente para el otro chico-somos amigos, en genial tener a alguien con quien hablar, alguien imparcial y a la vez más sabio que me diga su opinión de las cosas, es un gran psicomago.

-He leído sobre él en el profeta, es un prodigio.

-Lo sé-contestó en otro sintiendo un leve orgullo por el hombre, suspiró-debo irme ahora, supongo que gracias por la información, Granger-la chica se ruborizó y asintió, Draco se despidió con un movimiento de cabeza y salió del lugar. Hermione y Harry se quedaron unos momentos en silencio.

-Hermione.

-¿Sí?

-¿Malfoy acaba de pasar por las protecciones que pusimos?

-Sí.

-¿Sin varita?-ambos se miraron.


El sábado amaneció tranquilo y frío, Draco se abrigó ligeramente y salió a caminar por el jardín, últimamente le gustaba estar en soledad por los jardines, le desesperaba ligeramente que todos lo cuidaran, sus amigos tratándolo como si fuera de cristal incluso los Gryffindors ahora estaban investigando por él. Potter, Draco suspiró al pensar en su nombre ¿Qué estaba sucediendo con ellos? Se habían besado dos veces y a regañadientes el rubio tenía que admitir que esos habían sido los dos mejores besos de su vida, esos labios tan tiernos y a la vez tan fogosos que lo habían besado en el baño y la enfermería, por más que lo intentaba no podía olvidar la sensación de esos labios sobre los suyos. Suspiró otra vez.

Caminó calmadamente hacia el árbol a lado del lago cuando se dio cuenta que había alguien ahí, se acercó despacio y se sorprendió cuando vio a una mujer con un bebé en brazos. La mujer era hermosa, de cabellos negros como la noche, rostro pálido y rasgos finos, un vestido blanco envolvía toda su delicada figura que mecía en sus brazos al rubio bebé; Draco se detuvo a admirarla unos momentos, hipnotizado por su imagen, la mujer se giró levemente y lo miró con sus profundos ojos azules, el corazón de Draco se aceleró. La mujer esbozó una leve sonrisa antes de empezar a caminar hacia el lago, el rubio se había quedado paralizado mirándola avanzar hasta que el agua le llegaba a la cintura, la vio alzar al bebé y se le atoró el aliento.

-¡NO!-gritó pero la mujer había soltado al bebé en el agua. Draco corrió todo lo que le daban las piernas y se lanzó al frío lago, empezó a nadar con desesperación y casi por el fondo pudo ver la manta blanca que había visto envuelta en el bebé. Nadó rápidamente hundiéndose cada vez más ¿Por qué estaba tan lejos? Nadó con fuerza hasta que pudo coger la manta con una mano pero se sorprendió al ver que solo era una tela, el bebé no estaba, Draco giró hacia arriba para subir y se dio cuenta con horror que se había metido muy profundo, el aire empezaba a faltarle, buscó con desesperación entre sus ropas la varita pero no podía hallarla ¿La había sacado? La vista empezó a nublarse, sus pulmones protestaban y ardían, los oídos le pitaban y la negrura empezaba a apoderarse de su mente ¿Esto era todo? ¿Había sobrevivido a una guerra y moriría de esta manera? Tal vez era una buena forma de morir, en el agua, sin sentir dolor, tal vez sería bueno que se dejara ir, raramente unos ojos verdes pasaron por su mente y sonrió, cerró los ojos con un parpadeo y se dejó ir…


-¿Qué pasó?-dijo Harry entrando apresuradamente a la enfermería seguido de Hermione, Blaise miró a Pansy que le asintió y se giró hacia ellos.

-Casi se ahoga en el lago-ambos jadearon.

-¿Cómo sucedió? ¿No se supone que ustedes lo acompañaban a todos lados?

-¿Y qué te importa eso a ti, Potter?-los demás se giraron hacia la cama de Draco, a su lado había un chico de cabello negro oscuro, piel pálida y bonitos ojos negros como la noche; su rostro lucía molesto y arrogante-¿Por qué demonios le tienen que dar explicaciones a Granger y a Weasley acerca de nuestro dragón?

-Ellos lo han estado ayudando, Theo, nos dieron la información acerca de lo que puede ser que le esté sucediendo a Draco así que… digamos que estamos trabajando juntos.

-Es extraño, creí que se odiaban ¿Nuestro dragón está de acuerdo con esto?-los dos chicos asintieron, el pelinegro les lanzó una mirada llena de desdén a los Gryffindor y se sentó a lado de la cama del rubio y se quedó en silencio. Las puertas de la enfermería se volvieron a abrir y por ellas entró una muchacha rubia de ojos azules.

-Pansy, Blaise ¿Cómo se encuentra?-preguntó acercándose rápidamente, se quedó paralizada al pie de la cama cuando vio al chico a lado de Draco-Theodore…

-Astoria-los dos se quedaron mirando en silencio. Pansy y Blaise se miraron de manera nerviosa y Harry y Hermione se sentían excluidos de todo lo que sucedía.

-¿Qué haces aquí?-preguntó con frialdad la rubia.

-Draco me escribió-respondió el pelinegro, la chica estrechó un poco más los ojos.

-Ah, claro, ahora vienes pero ¿Dónde estuviste cuando sus heridas comenzaron, eh? Vaya amigo.

-Tú jamás lo entenderías, siempre metida en tu pequeño mundo ideal mientras los demás sufríamos la realidad-replicó Theo con acritud.

-¿Mundo ideal? Yo me quedé aquí, en Hogwarts, peleé por Hogwarts junto con mi hermana y ella murió ¿Dónde estabas tú, Nott? ¿Acaso no huiste como una rata?-le dijo ella con desprecio, ambos se miraron con rencor a los ojos.

-¿Astoria?-el rubio había abierto los ojos-¿Theo?

-Dragón-dijo el pelinegro aliviado antes de fruncir el ceño-¿Me puedes decir por qué demonios te lanzaste así al lago? ¡Casi me congelo cuando entré a sacarte!

-¿Lo siento?-dijo el rubio medio confundido mirando a todos los presentes-¿Qué sucede?

-Estábamos preocupados-dijo la rubia a su lado.

-Tú ni siquiera eres del grupo habitual ¿Qué haces aquí?-le gruñó Theo, la rubia no se dejó amedrentar y le sonrió de manera despectiva.

-Para tu información, Nott, yo sí puedo estar aquí, soy su prometida.

-¿Su qué?-preguntaron a la vez Theo y Harry mirando con incredulidad a la chica.

-¿Vas a casarte con él?-preguntó el pelinegro en voz baja.

-Dado que el prometido que me impusieron huyo como cobarde-dijo dándole una mirada muy significativa-mis padres decidieron que Draco era una buena opción y él también ha aceptado, nos casaremos saliendo de Hogwarts según el Pacto de los Veintiocho.

-¿Qué es eso?-preguntó Harry en voz baja.

-Después te explico-le susurró Hermione de vuelta.

-Astoria, yo…

-Greengrass para ti, Nott o futura señora de Malfoy-dijo con algo de burla, se giró hacia el rubio mirándolo con su habitual seriedad-me alegra que te encuentres mejor, Draco.

-Gracias-ella le sonrió levemente y se marchó dejándolos en un silencio incómodo hasta que llegó la enfermera y los sacó para que el rubio pudiera descansar.


Harry se encontraba pensativo mirando el fuego, Hermione le había explicado de qué se trataba el Pacto de los Veintiocho y no podía evitar sentir una opresión en el pecho, se colocó la capa de invisibilidad sobre el pijama y salió de la sala común; caminó sin rumbo durante un buen rato hasta que se dio que sus pasos lo habían llevado inconscientemente a la enfermería. Suspiró y entró, Malfoy estaba sentado apoyado en las almohadas leyendo un libro; Harry se quitó la capa y caminó hacia él, el rubio alzó la mirada algo sorprendido.

-Es algo tarde para una visita ¿no?-dijo volviendo a mirar el libro.

-Supongo que sí, quería ver si estaba bien.

-No soy de cristal, Potter, no me voy a romper-replicó el chico alzando la mirada y se sorprendió de lo mucho que el pelinegro se había acercado a él, sus ojos volvieron a quedarse enganchados en esos hermosos luceros verdes y olvidó de lo que estaban hablando.

-No lo eres ¿no?-susurró el chico en sus labios y lo besó antes de que pudiera contestar. Draco gimió ante el contacto y puso sus manos sobre sus hombros para apoyarse, Harry lo apegó a él por la cintura y fue trepando por la cama para estar más cerca haciendo que Draco se recostara. El rubio liberó su boca para buscar algo de aire, Harry bajó su boca y empezó a besar y morder ese pálido cuello tan tentador, Draco se mordió los labios para no gemir pero igual los sonidos encontraba paso a través de su boca, acarició su espalda con gula hasta su trasero el cual apretó hacia su cuerpo, ambos gimieron cuando sus erecciones se apretaron. Harry volvió a besarlo casi con violencia y el rubio le respondió de igual manera moviendo desesperadamente su cadera hacia él, el pelinegro gimió antes de imitar sus movimientos con fuerza, ambos demasiado perdidos en todas las sensaciones que estaban viviendo. Draco apretaba fuertemente su trasero para juntarlos y Harry besaba y mordía el cuello con hambre.

-Harry…-susurró el rubio cuando el orgasmo invadió su cuerpo y ese pequeño susurro fue lo más erótico que pudo haber escuchado el pelinegro que terminó en ese mismo instante sobre el rubio. Ambos respiraban agitadamente y se sentían agradablemente adormecidos; Draco hizo un hechizo limpiador con un movimiento de su mano y se movió un poco para que Harry se acomodara a su lado, el pelinegro lo envolvió en sus brazos y le dio un beso en el cabello antes de que ambos se quedaran rápidamente dormidos.


La semana siguiente pasó rápida y llena de actividad, con Harry arrinconando a Draco casi cada vez que lo veía y el rubio dejándose atrapar todas las veces. Era tonto como todo parecía haber cambiado entre ellos, hablaban a veces, se besaban y compartían su tiempo a expensas de sus amigos quienes sabían que pasaban las tardes juntos pero no lo que hacían. Draco sentía su ánimo mucho mejor y esos pequeños ataques de depresión que había estado teniendo antes se habían detenido, se dejaba llevar por el torbellino de pasión que era Harry y no le molestaba para nada. Harry estaba viviendo los mejores días de su vida al lado del rubio, se sentía como si estuviera constantemente subido en una nube y no quería hacer nada por bajar de ahí. El primer fin de semana de Octubre llegó con una salida a Hogsmeade, Harry y Draco quedaron en encontrarse luego de la cena y salieron a pasear con sus amigos.

-Te veo de buen humor, dragón-dijo Theo analizándolo con la mirada mientras caminaban por las calles del pueblo.

-No sé a qué te refieres-dijo con una pequeña sonrisa, el pelinegro alzó una ceja y negó con la cabeza.

-Oh, mira ¿Esa no es Ginny Weasley?-el rubio giró rápidamente y vio a la pelirroja caminando sonriente hacia el trío dorado, la vio saludarlos y al final acercarse a Harry para besarlo-¿Draco?-el rubio hiperventilaba.

-Vámonos-dijo en un susurro caminando apresuradamente, Theo lo siguió mirándolo con preocupación. Draco se sentía muy estúpido ¿Qué había creído? ¿Qué Harry querría tener una relación con él? ¿Qué lo suyo iba camino a algo serio? Casi se rio de su propia estupidez y con frialdad ignoró la manera en que sus ojos ardían y su garganta se secaba. Esto se había acabado. Se encerró el resto del día en su habitación y se negó a hablar con nadie, sus amigos estaban preocupados por él pero no lo presionaron, sabían que a veces el rubio tenía esos ataques de depresión en los que solo quería estar solo.


-Zabini-el castaño giró hacia el pelinegro que lo había llamado-Mm… ¿Has visto a Malfoy?-Blaise lo analizó con la mirada, Theo le había contado lo que había pasado en el pueblo y estaba seguro que lo que le sucedía al rubio era culpa de él.

-Está en su habitación descansando-respondió con frialdad.

-Oh, puedes, puedes… ¿Llamarlo?-el castaño enarcó una ceja y le frunció el ceño.

-Mira, Potter, voy a ponerte las cosas en claro. Draco es propiedad exclusiva de Slytherin y jamás permitiríamos que se enredara con un Gryffindor así que te recomiendo que te alejes de él porque no vas a conseguir lo que buscas.

-¿Insinúas que tú tienes algo con él?-el castaño no tenía ni idea de cómo había llegado a esa conclusión, absurdo, se dijo.

-Draco es mío-dijo con una sonrisa maliciosa-se casará con Astoria por deber y yo seré su amante perfecto así que aléjate de una vez, Potter-el pelinegro apretó fuertemente los puños.

-No lo vas a tener Zabini, ni tú, ni ella, te lo juro-le dijo con fiereza antes de marcharse.


-Sabía que regresarías-dijo Andrómeda sentándose frente a él.

-¿Por qué me pides que venga? Yo no puedo alargar las cosas, no tengo poder para hacerlo.

-Pero conoces a Potter.

-Es un imbécil al que detesto-respondió el rubio negándose a sentir ese vacío en el pecho al hablar de él.

-Eso no es lo que yo he oído-dijo la mujer con un ligero retintín-he escuchado por las malas lenguas que te está ayudando a investigar sobre tus heridas.

-No me está "ayudando", se está pasando de metiche, como siempre, sigo odiándolo de la misma manera y jamás accederá a lo que quieres-la expresión de Andrómeda mostró verdadera preocupación por un momento.

-¡Convéncelo!

-No lo haré, tía Dromeda y no me importa las consecuencias, no sé ni siquiera por qué te seguí el juego, eres una asesina y una traidora, espero que mueras de manera muy lenta-le dijo el rubio con los ojos entrecerrados antes de darse la vuelta para irse, la pelinegra estiró el brazo hacia él apresándole brevemente la muñeca. Las luces se apagaron repentinamente, el auror que normalmente estaba cuidando la celda cayó de un golpe y un grito resonó dentro del lugar.

-¡Draco!-gritó Stefan al oírlo, los dos aurores que estaban afuera blandieron la varita y abrieron de par en par la celda, el lugar estaba totalmente oscuro. Conjuraron las luces y se acercaron rápidamente a ver al auror en el piso, Stefan entra buscando al rubio y se estremece al verlo echado en el piso; unos pasos más allá, Andrómeda observa todo con una sonrisa maliciosa.

-No hay nada que puedas hacer por él, muchacho, ha sido tocado por el diablo-dijo la pelinegra riéndose para ella misma y marchándose hacia su pequeña celda. El castaño se acerca inmediatamente a Draco y un grito ahogado se escapó de él al observar su espalda. Largas tiras de ropa caían dejando ver los cortes largos y profundos en la espalda albina, la marca de los látigos totalmente notoria.

-¡Debemos llevarlo a San Mungo! ¡Ahora!


Espero que les haya gustado este capitulo que es mucho más largo que los demás. Nos leemos en una semana más o menos, saludos!

Letty Malfoy.