Bueno gente, me tardé mucho, pero aquí está solo espero que aún se acuerden de esta historia jejeje. Ahora a leer :)
Recuerdo que el nombre de Naruto y sus personajes son de Masashi Kishimoto
Caminaban tranquilamente por las calles de la aldea, ella abrazada al brazo que él le ofrecía, agarrados de las manos, ambos jóvenes se mostraban felices y dichosos, acompañados con un sonrojo de sus mejillas.
Esa mañana al despertarse abrazados luego de compartir su noche de bodas los hizo sentir raros y distintos, pero ahora iba a ser así, despertar juntos en cada mañana.
No pudieron evitar hacerlo una vez más, y repetirlo nuevamente cuando se bañaron juntos.
Ahora regresaban a la mansión del clan, a recoger al pequeño Haruto, quien estaba bajo el cuidado de Hanabi y de Hiashi, después de todo no querían exentar sus responsabilidades, ya eran una familia.
Entraron a la mansión, siendo recibidos por los guardias, les indicaron que los esperaban en el patio, pasaron los pasillos, hasta llegar aquel lugar.
-¡SORPRESA!- todos los cercanos amigos y conocidos de ambos chicos celebraban, una pequeña fiesta luego de la boda, esta vez más singular, quitándole lo formal. Ambos chicos no lo esperaban, pero entonces agradeciendo, se unieron al festejo.
Un chillido que se escuchó entre la multitud, y supo reconocerlo Hinata, le despertó el instinto maternal, dirigiéndose de dónde provenía esa alerta de atención desde que lo vio nacer, Naruto la siguió, hasta hallar a Haruto, siendo cargado por una Hanabi nerviosa, intentaba calmar al bebé de cinco meses.
-Ya pequeño, mami está aquí- con esa melodiosa voz de Hinata, Haruto se calmó por consecuencia, volteó su mirada para ver a su madre y estrecharse a los brazos de ella.
-O-o-ba… O-aa- Balbuceaba el pequeño niño silabas extrañas, quien al sentirse resguardado con ese protector abrazo. Sus primeros intentos de hablar se escuchaban muy tiernos y graciosos.
Hanabi suspiró derrotada, con lo sufrido en toda la noche para poder dormirlo, y llegó a la decisión en esperar un largo tiempo para tener un hijo.
La fiesta transcurrió de manera tranquila, Hinata por un lado estaba arrullando pequeño, siendo rodeada de Ino, Tenten y algunas mujeres del clan, su amiga rubia no se reservó en preguntarle como había sido su noche de bodas
-La forma en que llegaste abrazada a Naruto, ¿indica que se divirtieron no?- decía la chica que murmuraba como una niñita que había hecho una jugarreta –Hasta puedo afirmar que en la mañana se despabilaron con más "acción"
-¡Ino!, por el amor de dios tranquilízate, es su vida privada- reprendió una Tenten colorada por las palabras de Ino.
Se quejó muy a su estilo la rubia Yamanaka –Que tiene de malo preguntar algo que es muy evidente.
-Y todavía lo dices- la castaña experta en armas tenía los ojos una mirada enojada.
-Y mira la cara de Hinata, relata que si la pasó de maravilla con su esposo- señaló la rubia a su amiga recién casada.
-¡Ya basta!
Exclamó Tenten fastidiada, sí que ella era tan cuerda y recatada comparada a su amiga.
Naruto por su lado era bombardeado por palabras de "que se siente estar enjaulado" o "mi más sentido pésame"
-Maldición dejen de decir eso, ni que hubiese quedado en una cárcel- habló irritado el chico.
-Ya lo dirás cuando Hinata te obligue a quedarte en vez de salir de juerga con nosotros- contra-atacó Kiba con un poco de razón.
-Es mi esposa, y tengo que estar con ella en mis ratos libres.
-Si claro, si tú lo dices Aburrido-san.
El rubio solo gruñó como un zorro frustrado –Idiota.
Y el barullo de voces que contradecían sus pensamientos lo exasperaban más.
Y la fiesta seguía su curso, con ramen otorgado por el viejo Teuchi, duró hasta el mediodía. Preparando todo, Naruto y Hinata agradecieron por la fiesta otorgada, y se retiraron a su casa, ya como una familia completa, y gozando el rubio la semana de vacaciones que Tsunade le había otorgado.
Era distinto aquello ahora regresar solo o llegara la casa sin nadie esperándolo quedó en el pasado. Cargaba al pequeño Haruto que se había quedado profundamente dormido, tal vez no durmió en toda la noche.
Y en ello se sentía muy apenado, el haberles dejado el pequeño, pero Hiashi dijo que no había ninguna complicación.
Solamente escuchar las palabras de él "cuida de mi hija" solo pudo responder con un asentimiento y prometiéndole aquello.
Llegaron a la casa y entrando por fin los tres, Hinata se dirigió al piso de arriba, seguida de Naruto, y pasando a la habitación, bellamente adornada para el pequeño, una cuna grande las sabanas de un color naranja –donde el rubio haría lo posible para que ese color sea su preferido- y el cuarto pintado de tonos azules y con figurillas de zorros y sapos, muchos juguetes para recién nacidos unos regalados por Naruto, y otros por todos sus amigos.
Y entre ellos estaba un regalo que Jiraiya lo iba a destinar a él cuando estaba gestando dentro de su madre, ahora aquel peluche iba a ser de Haruto, una gran rana que emulaba al sabio y cascarrabias jefe sapo Gamabunta.
El pequeño quedó recostado y removiéndose un poco fue tapado por Hinata.
Se quedaron un momento juntos y agarrados de las manos salieron de aquel lugar.
Cuando los días transcurren al rubio parecía hacérsele tanta la rapidez, por las mañanas despertaba y lo primero que veía era a ella, y siempre que se retiraba de la casa a hacer sus labores ninja un beso de despedida y las palabras de "ten cuidado" siempre recibía.
Y siempre cuando hacía sus misiones nunca evitaba esbozar una sonrisa al ver los bentos que ella le preparaba con amor y cariño.
Y cuando volvía, siempre era recibido con un "bienvenido" y respondía con el habitual "estoy en casa".
Ahora no estaba solo, su hogar llegaba a verlo confortable y lleno de calor, siempre no se olvidaba de los detalles que ella lo recibía o hacía, con un gesto nuevo e historias de su día a día.
Y Naruto llegaba con un hermoso detalle, flores, una sorpresa, un detalle. Él era tan atento como lo es ella de devota con él.
Ambos se enamoraban más y más de ella, aceptaban tanto sus virtudes, como sus defectos, todas esas facetas conocidas, como las descubiertas.
Ella acostumbraba a madrugar, le encantaba la jardinería, siempre encontraba tiempo para hacer sus labores ninja, así como madre, y ama de casa, le gustaba bañarse durante las noches y en las mañanas, odiaba los insectos, cuando se ponía nerviosa jugueteaba con sus dedos índice, y cuando hablaba con voz neutra, era un indicio que había hecho algo mal, más cuando el motivo es Haruto.
Nunca se enojaba o lo reprendía, ni menos lo tildaba de idiota o estúpido… como cuando Sakura estaba viva, era una comparación algo sosa, pero no ser recibido con un golpe o alguna manera tan ortodoxa era raro, de un momento nunca la había visto enojada, y siendo sincero jamás haría eso, no quería ver esa faceta de ella.
Todo aquello había descubierto, y aún faltaba mucho que descubrir y que vivir.
Hinata se estaba volviendo su mundo, y en conjunto con Haruto, eran su motivo para seguir adelante y nunca retroceder.
El pequeño cada vez crecía, y así como las responsabilidades evocadas como el hombre de la casa y esposo, le daba entrega a su rol de padre, aunque siempre terminaba un desastre, le agradaba todo aquello.
Hubo veces que llevaba a su hijo a los campos de entrenamiento, así le daba tiempo a Hinata para pasar sus tiempos libres, ella también merecía pasar sus momentos y también le daba la oportunidad para profesar sus habilidades ninjas -aunque sea de profesora de la academia-
También en las noches, el rubio extrañamente se levantaba y alimentaba al pequeño, dándole su mamila y esperando a que se venciera en los brazos de Morfeo, pero cuando el pequeño lo hacía y lo dejaba en la cuna, inmediatamente rompía en llanto, para su desgracia él pequeño parecía renuente a dormirse solo, así que sin remedio lo traía al cuarto de esposos, o si no se hacía espacio en la cuna, para recostar al pequeño vestido de su mameluco recostarse en su pecho.
En los días siempre procuraba estar con su familia, y jugar con su hijo era lo que más quería hacerse notar, sin ningún ejemplo paternal, el rubio le demostraba todo lo que tenía a Haruto, estando a su lado.
Y tanto tiempo así le hacía dar cuenta que el pequeño era más perceptible e inteligente que un bebe normal, apenas llevaba seis meses el pequeño, y ya estaba gateando, demostraba que también era más desarrollado que un bebe normal.
Y a su vez notaba que el pequeño era todo un risueño y un encanto, con las amigas de Hinata siempre se hacía ver una ternurita, e inevitablemente invitaba a sus tías a cargarlo y hacerle todas las peculiaridades y caricias que un pequeño lo molestaban, y soportaba entre los pucheros y las lágrimas que se acumulaban en sus ojos, era gracioso verlo inflar sus cachetes.
Su familia así era, y estaba contento con todo ello.
-¿Sucede algo Naruto?
El rubio volvió en si al tener toda esa clase de recuerdos y rememorando todo aquello-No nada-contestó, tratándose de ver fuerte, y secándose de manera obvia una lagrima suelta
-Naruto, dime que ocurre- Hinata no era alguien fácil de engañar, Naruto solo se mostró vulnerable ante la única mujer que pudo ver más al fondo de aquel coraza del chico alegre, travieso y elocuente.
-Yo… solo, estoy feliz- dijo el rubio, tomando las manos de ella, Hinata lo miraba fijamente a sus ojos y ella le sonrió solamente.
-Yo también soy feliz Naruto… esta felicidad es compartida.
-Entonces ¿por qué tú no lloras?
-Porque es tu manera de expresarte.
Y entre sus brazos Hinata reconfortó al rubio. Nunca en su vida se sintió tan amado y atendido, un concepto nuevo y extraño que siempre durará así.
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Siempre había pensado que el gran día de su vida sería el volverse un Hokage, pero cuando esta experiencia le embargaba en su cuerpo, y la emoción crecía, no evitaba en exaltarse animosamente.
Y es que Haruto, era el causante de todo aquello, simplemente era de emoción ver como el pequeño hacía el esfuerzo para pararse, y dar sus primeros pasos.
En la alfombra, el pequeño se estaba apoyándose con sus manitas y en un ligero impulso, se mantuvo de pie por primera vez.
Hinata y Naruto quedaron sorprendidos ante aquello, ¡su hijo estaba de pie!, era por ello que el rubio se puso muy efusivo, y el bebé al ver esos gestos de su pare, no pudo evitar soltar unas risitas como él lo sabe hacer.
Vino de repente, dar el primer paso, corto e inseguro, con sus brazos estaba manteniendo el equilibrio, y fue entonces que dio el siguiente paso, con más firmeza y confianza, entonces, el pequeño pego sus primeros pasos ante el grito eufórico de Naruto y la exclamación de Hinata.
El pequeño estaba sonriendo y se dirigió con sus padres, el rubio no evito ir por su retoño y tomándolo en brazos lo alzo al aire, orgulloso de que su hijo hiciera tal proeza.
Con diez meses de edad, el pequeño Haruto dio sus primeros pasos, alegrando a sus padres, Naruto alegó con orgullo y con el pecho hinchado que su hijo heredó su fama de ser el número uno en sorprender a la gente.
Y esa atención que le daba a su hijo le gustaba, ofrecer todo aquello, donde antes el anhelaba tener.
-¡Ese es mi hijo!- decía Naruto, dando vueltas con su hijo alrededor, y cuando por fin se detuvo, abrazó con amor a Haruto, mientras que Hinata se acercaba a sus dos amores, a celebrar aquello.
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Cuando el rubio salía de misiones diplomáticas, tardaba siempre una semana, y era inevitable todo eso, ya que siempre se perdía ese tiempo valioso con su esposa, y su hijo.
En la oscuridad de la habitación, solo alumbrados por la lámpara de la mesa de noche, Hinata montaba a Naruto, moviendo la cadera y cintura en un movimiento repetitivo de arriba abajo.
Tan desnuda, como su esposo, se entregaba a las sensaciones de placer.
-Naruto… ah… ¡ah!- sus manos las tenía entrelazadas con las del rubio y sin parar sus movimientos siguieron aumentando, y la fricción se tornaba más intenso.
La cercanía que se demostraban en sus encuentros era delirante, y Hinata no pudo evitar más, haciendo al frente su cuerpo, para poder besar a su amante, el rubio la tomó de las caderas, y apoyándose de sus talones empezó sus movimientos, Hinata se había quedado quieta, degustando sus labios, y sus lenguas rosaban en sincronía, , penetrando a su esposa con certeros y rápidos movimientos, sentía en su pecho los senos de ella repagados, la piel húmeda sobre la suya, y las electrizantes sensaciones en sus zonas erógenas de la piel lo hacían más sensible cada vez que se movían y sus cuerpos rozaban.
Las lenguas bailaban en sincronía con su beso, y cuando estuvieron a punto de culminar, el rubio hizo tres embistes largos y poderosos, para luego penetrarla una vez más con más énfasis y dejándose alcanzar el cielo con su esposa en un fuerte gemido.
El abrazó perduró como si hubiese ocurrido una historia sin fin, ambos respiraban muy frenéticamente, Hinata recostada encima del rubio podía sentir como su corazón palpitaba con fuerza.
La habitación se fue silenciando poco a poco, hasta que las respiraciones de ambos amantes se fueron normalizando.
-Te voy a extrañar- por fin haberse recuperado, Hinata empezó con la conversación
-Yo también… ojalá pudiera estar así contigo por siempre.
-¡Naruto!
-No mal interpretes Hinata… me refiero a estar todo momento contigo y con Haruto.
Hinata simplemente se sonrojó ante aquella aclaración, sin lugar a dudas se había vuelto un poco malpensada.
El silencio predominó, era tranquilo, y no era incomodo, simplemente gozaban este momento especial entre ambos.
-No es justo que pospongamos el cumpleaños de Haruto.
Hinata simplemente asintió ante el comentario del oji-azul –No te preocupes, es apenas su primer cumpleaños, aún siguen más
-Eso es tiempo perdido, por eso le pediré a la abuela que me asigne un equipo e Genin.
Hinata solo sonrió y le siguieron unas pequeñas risas, aquellas que siempre contagiaba al chico para hacer una que otra broma, con tal de escuchar ese sonido.
gusta cómo te ríes- Dijo de la nada Naruto, luego de todo ese tipo de cumplidos hacia su persona le apenaban.
Y ahora todo de ella le encantaba, y con esa mirada que el rubio le dedicaba, demostraba su sinceridad.
-Así como me gusta todo gesto que tú haces… inclusive enojada te ves muy bella.
Y Hinata apenada le dio unos golpecitos al pecho del rubio.
Naruto tomó un impulso para recostarla en la cama y el quedar encima, para verla, ella no se esperaba a aquello, peor cuando esa mirada la inducía, simplemente se dejó a la merced de su esposo.
-También me gusta todo de ti Naruto.
Y un nuevo encuentro de sus bocas se dio, y luego retomaron su apasionante actividad en esa noche, la noche estaba por terminarse, y había que aprovecharla a todo lo que diera.
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La soledad había sido su compañera durante su niñez, siempre se acordaba de ello en cada momento, pero ahora en medio de la habitación alegremente adornada, estaban todos sus amigos e invitados que se le pudo haber ocurrido hacerlos participe de presenciar este momento.
Su cumpleaños número dieciocho estaba celebrando, entre risas, y felicitaciones, el rubio, el tiempo había pasado en instantes y ahora a un año de haberse casado con Hinata y seguir su vida juntos.
No había mejor regalo que todo aquello, no cambiaría nada por todo esto, estaba tan lleno de dicha. Hinata en cambio se sentía más que feliz, Naruto ser feliz era su felicidad también.
Naruto ahí sonriendo, enfrente de su pastel de cumpleaños, y cargando a un Haruto tan feliz y sonriente, todo esto lo había soñado alguna vez.
-Solo quiero agradecer a todos por venir a mi fiesta- tomó la palabra Naruto, con todos a su alrededor –No saben cuanta alegría me da compartir este momento con ustedes, y con mi familia- cargando con un brazo a Haruto, y tomado de la mano con Hinata, el chico observó a los motivos por el cuál es feliz.
Todos ahí asintieron ante las palabras del rubio, después animaron al rubio, que soplara las velas de su pastel.
Sin remedio que hacer, apagó las velas y con un deseo que anhelaba más, encima de ser Hokage, era que todo esto perdurara por siempre, nunca se había sentido tan satisfecho a todo esto vivido.
Con su familia y sus amigos, esa soledad se había esfumado en su vida, para siempre.
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El baño siempre era cosa que Hinata hacía, pero ahora ella tenía una junta en la academia, discutiendo los preparativos para la elección de nuevos Genin.
Y con ello le darían su primer equipo de Genin, quien pensaría que ahora le asignarían una fuerte responsabilidad, pero después de todo, Naruto deseaba poder heredar nuevas responsabilidades, tener a sus alumnos y guiarlos en el escabroso, pero magnifico camino del ninja.
-Entonces papá estará más tiempo con ustedes- Platicaba el rubio como siempre lo hacía con su retoño, explicándole las ventajas de todo aquello.
El pequeño solo chapoteaba, y medio se resistía a ser atendido por su padre, siempre veía esa cara, y esos ojos azules, distintos a los suyos, y esas marcas en las mejillas de su progenitor despertaban su curiosidad, y extendía sus bracitos para alcanzarlos.
-Papá.
Las palabras del pequeño no terminaban de alegrarlo, luego de un mes de haber caminado, era distinto ver como el pequeño pronunció sus palabras, y más era extraño escuchar de su hijo.
Cuando terminó de enjabonarlo, la puerta del baño se abrió y entro una Hinata que buscaba donde se hallaba su familia.
-Al fin los encuentro.
Y al término de la palabra "encuentro", quedó pasmada, duró unos segundos estática, y después empezó a soltar una pequeña risa para pasar a verdaderas carcajadas, y es que la razón era el extraño copete puntiagudo que tenía su hijo, asimilando esos estrafalarios peinados que alguna vez vio en una aldea del país del rayo, donde los pelos parados y de punta eran la moda.
-Vez pequeño, te dije que a tu madre se burlaría de tu peinado.
El pequeño agitó los bracitos contento, parecía que era ese su motivo, hacer feliz a su madre.
-Y ahora despídete del peinado- y con el aspersor de agua de la bañera enjuagó a su hijo de pies a cabeza, Hinata se había calmado con sus risas, y se acercó a sus dos amores para ver que ayudaba.
Cuando terminaron de enjuagarlo, secaron al pequeño, y lo envolvieron en una toalla, Hinata lo vistió en la habitación matrimonial, y se encargó de darle su mamila, en cambio el rubio se dedicó a limpiar el baño.
Hinata alimentaba a su hijo con el biberón, se veía más grande y ni que decir más atento, y adquiría una fusión de comportamientos suyos, como los de Naruto, ya que esa sonrisa "marca Uzumaki" la encantaban, no podía evitar sonreír cuando su hijo hacía esos gestos, pero también se demostraba tímido con las personas distintas, y no evitaba abrazarse a ella o a Naruto cuando alguien desconocido, pero cuando lo considera como su amigo, no evita ser abierto con cualquiera. Verlo le recordaba a su Naruto.
Naruto terminaba de limpiar el baño, el día de mañana le asignarían su equipo de Genin, Hinata le iba a dar los detalles.
La puerta se abrió, Hinata estaba entrando.
-¿Ya se durmió el pequeño?
-Estaba algo cansado, ¿Hicieron algo más mientras yo no estaba?
El rubio sonrió nerviosamente, después de todo, su esposa se daría cuenta de esos detalles.
-Recorrimos la aldea, el pequeño estaba aburrido, y yo también, nos dimos nuestra tarde como padre e hijo.
-Ya veo.
Terminó por detallar las cosas, el rubio volteó a ver a su esposa –Creo que necesito darme un baño, no sé porque Haruto salpica bastante cuando yo le baño.
-También hace lo mismo conmigo- comentó por su lado la chica –Se está volviéndose muy hiperactivo.
El rubio solo esbozó una sonrisa –Creo que el karma se está acercando- y luego un suspiro dio el chico.
-Naruto… ¿qué haces?- Hinata se había impresionado por lo que hacía su esposo, entre lo que decía se había quitado su camisa, revelando su desnudez de la cintura para arriba, se estaba comenzando a desabrochar el pantalón corto.
-Dije que me voy a bañar- Y bajando esa prenda hasta sus pies, el rubio seguía con sus calzoncillos – ¿No quieres acompañarme?
Esa última pregunta fue una propuesta tentadora, nunca habían compartido juntos un baño, solo trago saliva y un poco nerviosa acepto, después de todo, también quería bañarse.
El rubio solo sonrió ladino cuando Hinata cerró la puerta del baño, y procedió a desnudarse.
Todos aquellos momentos, el rubio los atesoraría por siempre.
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-"MI nombre es Naruto y terminaré con esta maldición", terminó de decir el ninja, sus principios podrían haber sido inverosímiles, pero su voluntad decía lo contrario, en esa emboscada no mató al ninja, y cumplió con su misión, demostrando que la maldición se puede acabar de una manera justa.
Desde hace una semana el pequeño estaba atento a las palabras de su padre, cuando se había puesto un poco inquieto, su padre sacó ese libro de tapas rojas bajo el título "La Historia de un Shinobi Absolutamente Audaz", recitó las primeras líneas, con voz de lector, y Haruto se quedó calmado y atento a la historia.
-Y bien pequeño aquí acaba la historia de nuestro héroe- cerró las tapas de su libro, el rubio propuso republicar esa obra, cuando las ediciones anteriores se habían acabado enseguida, la editorial necesitaba que se accedieran los derechos de reimpresión, y el rubio no objetó en nada.
Así fue como la primer obra de su maestro culminó en un gran éxito, su ventas rebasaba y por mucho todos los volúmenes de su obra erótica, y eso sin más lo tenían orgulloso.
-¡yibuaiba!- El pequeño movía sus brazos y con una sonrisa desmesurada hicieron que el rubio mayor asintiera –Así es, él fue mi sensei, ¿sabes?, su historia inspiró para que me llamaran como el héroe- se acercó el rubio murmuró sus palabras como si fuese un secreto.
El pequeño solo removía más sus brazos, y el rubio cargó a su hijo, ambos sentados en el césped del área de entrenamiento número siete, cuantos momentos ocurridos en ese lugar.
Lo que no sabía Naruto, era que estaba siendo observado por Hinata, había llegado a aquel campo de entrenamiento, el equipo del rubio estaba en la misión "búsqueda y captura" del gato de la esposa del consejero del Daimyo.
A estas horas de la tarde ella cargaba con el aperitivo de hoy, cuando las clases de la academia acabaran, ella pasaba directamente a atender el hambriento estomago de su esposo.
Haruto se quedó quieto, y volteó a dónde provenía esa conocida presencia, se zafó de los brazos de Naruto, para dirigirse con pasitos curiosos a su madre, Hinata puso al suelo la canasta que cargaba para recibir a su hijo en un cálido abrazo.
-Llegaste temprano… ¿O acaso yo ya me estaba tardando?
Hinata solo negó –Es muy temprano aún- dijo ella con una sonrisa, el rubio se acercó para darle un cariño a su mujer y buscar sus labios para un beso.
-"Aquí equipo de búsqueda, el gato ha sido capturado"
-"Ahh maldito felino, deja mi cara ¡deja mi cara!"
El rubio solo cortó el beso y suspiró, su equipo había terminado de capturar al felino endemoniado, y ahora fue informado de ello por el radio comunicador.
-Bien equipo, reagrúpense y entregaremos al objetivo con la Hokage
Cortó la comunicación, pero diez segundos después recibió un fuerte grito por el radio
-¡CUANDO DEJAREMOS DE HACER ESTAS MISIONES!
Deja-vu o no, ahora comprendía a su sensei, así como la empatía de sus alumnos por hacer misiones de clasificación mayor, pero ahora tenía que actuar con responsabilidad y decisión, ya estaba madurando Naruto en este aspecto.
El atardecer de aquel día era testigo de otro día común para Naruto, dejando poco a poco atrás a aquel chico de dieciséis años, soñador, inmaduro, descuidado y flojo.
Ahora con dieciocho años tenía responsabilidades, ya no era un chico, y el paso de un hombre estaba dándose más y más, sus locuras disminuían, pero no iban a morirse, su familia era su primera preocupación con una esposa que era su mundo y su mejor compañía, su hijo su motivo de hacer un mundo mejor para él, y que decir, para los próximos nuevos integrantes a la familia, tal vez dos o tres hermanitos más, y esa propuesta hizo que Hinata se le coloreara la cara, pero encantada ella también apoyaba esa idea.
El mundo Shinobi estaba en progreso, y Naruto era la llave primaria en todo esto, cuanto tiempo ha cambiado, y ahora como líder de un equipo Shinobi, ya le tocaba invitar las comidas, de guiar a los chicos y hacerles despertar la voluntad de fuego.
Mirando por el lugar, los arboles de cerezo, ya retoñaban las sakuras, donde el viento las mecía suavemente, los recuerdos de su antiguo equipo y a sus dos amigos le vinieron, y el escalofrío de la nostalgia lo invadió, sacudió la cabeza, y deseaba con su corazón que Sasuke encontrara paz, y que Sakura estuviese contenta y satisfecha por lo que ha hecho.
No es justo que las cosas tengan que cambiar, pero es necesario vivir en el presente, recordar el pasado, y prepararse para el futuro, es la ley de la vida.
Tomando de la mano de su esposa, Naruto se caminó a encontrarse con su equipo, y continuar por su largo nindo, nunca retroceder ¡Dattebayo!
Bueno y así queda el penúltimo capitulo, ahora falta el último, que ya lo tengo terminado, pero lo publicaré el martes XD, luego dependiendo que tanto apoyo me den, haré un epilogo ;).
Por otro lado estoy dando duro a las teclas para hacer aquel día que cambió mi vida, en estos momentos llevo dos caps de adelantado, y es cuestión de verificar ortografía y errores de redacción, y además tener más material para publicar semanalmente. Por otro lado les comento que estoy en fase de elaboración de un nuevo fic, la temática, sera de hombres lobo XDD, y por ello que también ando con eso de teclearle duro para tener el material y publicar esta otra historia :).
Y pues por ultimo los invito a que lean mi tanda de OS que prometí tardiamente jejeje, y así como también agradezco a quienes han tomado su tiempo para dejarme un review, mando saludos a netokastillo, tuttynieves, Anilex-cullen-Hyuga, Isabela-chan nyaa, Artemisa12, kaliborn, y a juliex.
P.D: pido disculpa por tardarme, había avisado que tenía exámenes y adelanto de proyectos, encima trabajo me redujeron el tiempo, por lo que mi genialidad (jejejeje, que soberbio me escuché) fue absorbida, así que al momento de hacer conti, la mente la tenía en blanco, pero nada mejor que recuperar la inspiración que releer el manga de Naruto desde el cap 450, hasta el 600 XD.
Sin más que decir me paso a retirar y mando un abrazo a todos los que leen mis historias, no tienen idea como me impulsan para hacer más amenos este pasatiempo curioso.
Saludos.
