Buenaaaas :3 Aquí tenéis el capítulo 15. ¿Quién me iba a decir que llegaraí a tantos capítulos. Al empezar esta fanfic, no creí que pudiera llegar a mucho, la verdad. No sabía si sería capaz de captar la personalidad de Otoya. Lo que me alegra es que os guste, muchas gracias a los ánimos de G-Dragon-sama. Me ayudas mucho, te lo agradezco ^^ Sin más dilación, os dejo leer.
Capítulo 15
Me aparto bruscamente de Otoya.
-Reiji, estúpido, si gritas te oyen. Además, escondernos tras un árbol medio muerto, no nos sirve. No es un escondite.
-Pero calla, puede que no nos hayan visto.
-Idiota, míralos.
Otoya y yo estamos a una distancia considerable el uno del otro y observamos la patética escena.
-¡Qué mal!- se lamenta Reiji- Lo siento, Oto-chan, Stella-chan.
Mi boca se abre para contestar con un "no pasa nada" pero las palabras no salen. Sí que pasa. Me limito a sonreír.
-Bueno, bueno- dice Reiji- Seguid vuestro camino. Nosotros esperaremos aquí quince minutos, se supone que debemos ir en parejas, no en grupos de cuatro.
-Vale- dice Otoya- Vamos Stella- me dice sin mirarme.
Empezamos a caminar a paso rápido y, cuando estamos a suficiente distancia, Otoya se acerca a mí. Yo me doy cuenta pero no lo aparto. Sin embargo, cuando me acerca el rostro con intención de besarme, aparto mis labios. Él me mira con incredulidad.
-Lo siento- le digo- Creo que… ahora no siento el impulso.
Maldice por lo bajo, no logro oírle bien.
-Stella, yo… en realidad me conformo con estar a tu lado- me mira a los ojos ahora como queriéndome transmitir algo con su mirada.
Lo suponía, él al fin y al cabo calmaba su instinto de, podríamos decir, poseer a una chica, sentirla suya, tener su contacto. Ahora me está desechando porque yo no correspondo a sus deseos carnales. Aunque lo que ha dicho suena bonito, creo que no transmite una bonita idea. Soy realmente pesimista. Permanezco en silencio y él me mira ansioso en espera de una respuesta.
-Claro- le digo al fin- Seremos amigos, podrás estar a mi lado cuanto te plazca- le doy una entonación cómica pero monótona a las últimas palabras.
-No, no- dice él exasperado- No me refiero a eso. Quiero estar a tu lado como algo más que un amigo. A lo que me refería es a que no me importa si no quieres besarme, abrazarme y esas cosas. Solo quiero estar contigo. Hacer cosas… románticas- dice dejando escapar la última palabra como un suspiro.
-No sé si lo termino de entender- contesto con incredulidad.
-Me refiero a que podemos estar tú y yo solos. Pasear por un parque de noche, o por una playa al atardecer, viendo una puesta de sol los dos, cogidos de la mano. Hay muchas cosas románticas que se pueden hacer sin necesidad de contacto.
-Pero yo quiero sentir tu contacto- le digo desconcertada- Me has entendido mal. No me apetece besarte ahora porque me da vergüenza que nos vuelvan a pillar…
-¡Oh! Me he precipitado- contesta él con una expresión de sorpresa un tanto cómica.
Me río al ver su reacción infantil. Adoro tanto esa parte de él.
-Pero Otoya… eso que has dicho ha sido muy bonito. Realmente me quieres… no te merezco.
-Ni se te ocurra pronunciar esas palabras. Soy yo el que no te merece.
Después de esto se forma un silencio lleno de comunicación. No es un silencio incómodo. Casi sin darnos cuentas hemos llegado a la cueva, el camino ha sido como un paseo nocturno, no me he vuelto a asustar.
Cogemos una campanita colgada en un extremo de un altar que hay al fondo de la cueva. Es la Prueba de que hemos llegado al final del camino y no hemos hecho trampas. Volvamos por el segundo camino, el camino de vuelta. Es un camino diferente a por el que vinimos, así evitamos cruzarnos con otras parejas. Cundo salimos de la cueva, Otoya para un momento.
-¿Qué ocurre? Vamos.
-¡Estoy cansadoooo!- dice de forma que parece un niño quejándose a su madre por llevar mucho tiempo haciendo las compras del supermercado.
Suspiro y me acero a él.
Supongo que podemos sentarnos al pie de un árbol a descansar, pero no mucho tiempo. Tengo sueño.
Nos acercamos a un árbol con un tronco grueso y nos apoyamos los dos en él, sentados en el frío suelo.
-Este es el tipo de cosas que haríamos juntos, porque estar a tu lado me basta.
Sus palabras me conmueven, le miro fijamente y él me sonríe con dulzura. No lo puedo evitar, inclino mi cuerpo a un lado, me coloco casi frente a él. Coloco mi mano izquierda sobre su mano derecha, que está apoyada en el suelo. Coloco mi otra mano en su mejilla para sostenerla con suavidad y le doy un beso lleno de amor en sus labios. Cuando me separo me mira sorprendido.
-este tipo de cosas también las podemos salir.
A pesar de haber sido un beso suave siento mis labios hinchados.
Nos levantamos para continuar el camino. Andamos muy rápido porque ya nos hemos entretenido bastante, pero andamos tan rápido que nos encontramos con Natsuki, Ai y Syo.
Ellos nos saludan y decidimos volver todos juntos. Cuando vamos a seguir andando, Ai me retiene y me mira con frialdad. Sin decir nada, me agarra la barbilla con el dedo índice y pasa el pulgar por mis labios, acariciándolos. Yo me quedo inmóvil ante ese inesperado gesto.
-Tus labios… - susurra- están hinchados.
Deja caer la mano y sin decir palabra, continúa el camino tras los otros.
Yo me quedo en el sitio aún sorprendida y entonces Syo se vuelve y agita una mano para que vaya con ellos.
Con la cabeza aún dándome vueltas, corro hacia el grupo para no quedarme atrás.
¿Cómo se ha dado cuenta? Estoy segura de que era apenas imperceptible.
Llegamos al final del camino y encontramos a Tokiya y Nanami. Poco después llegan Reiji y Ranmaru.
-Deberíamos volver a la casa- sugiere Ranmaru- Estoy seguro de que los dos que quedan nos van a hacer esperar mucho tiempo- su sonrisa refleja diversión malévola pero no peligrosa.
Volvemos a la casa y todos se van a dormir excepto Syo, Natsuki, Otoya y yo. Syo y Otoya se ponen a jugar a la consola en la enorme tele. La casa para nosotros, puesto que los demás están en sus bungalow.
Los chicos no paran de gritar, juegan a ese famoso videojuego de fútbol. Natsuki está en la cocina haciendo unas pastas, aunque me han recomendado que no las pruebe. Yo me he acurrucado en el sofá y me he puesto a leer uno de mis clásicos favorito: Romeo y Julieta. Es una trágica historia de amor pero preciosa.
Leyendo, me olvido del tiempo. Cuando me doy cuenta, Natsuki y Syo se despiden de mí para ir a su bungalow. Apenas les hago caso, estoy demasiado enfrascada en la lectura. Noto un peso caer al sofá a mi lado. Es Otoya, prácticamente se ha desplomado y mira fijamente la pantalla del televisor apagada.
-¿Te divierte mirar fijamente la pantalla apagada?- le digo riendo.
-No…- responde, sin apartar la vista. Luego bosteza.
-¿Estás cansado? Deberías ir a tu bungalow a dormir.
-No…- dice en el mismo tono que antes.
-Otoya, ¿te ocurre algo?
-No me pasa nada, sigue leyendo. No quiero molestarte.
"Tú no me molestas. Nunca." quiero decir, pero las palabras no salen. Me muerdo el labio y continúo leyendo. Poco después, noto algo sobre mis piernas. Ahogo un grito, sobresaltada. Entonces veo que es Otoya. Se ha quedado dormido y se ha resbalado hasta mis piernas. Siento que me sonrojo. Mi corazón late muy deprisa. Cierro el libro y lo dejo a un lado. Me intento calmar y cuando lo consigo, me doy cuenta de que tengo muchísimo sueño. Acaricio los cabellos de Otoya. Esos cabellos en los que me gusta enredar mis dedos. Después me quedo dormida.
¿Qué pasará cuando despierten? ¿Qué creéis que hará Ai? Ha sido una reacción extraña... Ya lo sabréis en el siguiente capítulo. Por cierto, he de decir que Romeo y Julieta es uno de mis clásicos favoritos también. Y pienso exactamente eso: es una historia con final dramático pero preciosa. Os lo recomiendo, al principio puede ser difícil de comprender por las expresiones y el vocabulario que utilizan, pero acabas acostumbrándote.
Nos leemos ^^
