Hola! Como siempre tarde, aquí os traigo un nuevo capítulo. pero como se suele decir: mejor tarde que nunca. Espero que lo disfrutéis. Apenas me he dado cuenta pero ya van dos decenas de capítulos. Son muchos, ¿no? Mi otro fanfic creo recordar que tiene veinticuatro y dos extras. Las cosas surgen como surgen. Bueno, no os entretengo, podéis leer ;)


Capítulo 20.

Syo me lleva a la enfermería. La enfermera me atiende muy amablemente.

-Vamos a ponerte una venda- me informa- Tendrás la muñeca inmovilizada al menos una semana.

Cuando salimos me siento indignada.

-¿Qué voy a hacer sin poder tocar la guitarra una semana? Maldita sea Mimi.

-Ignórala, ya nos las apañaremos.

Volvemos a la playa. Mimi y Otoya no están. Syo pregunta a Reiji que le dice que han ido a dar un paseo. Reiji mira mi expresión afligida. De repente se pone serio, nada propio de él.

-No sé qué le pasa últimamente a Otoya. Es como si esa chica le hubiese absorbido la personalidad. Ya apenas está con nosotros. Lo que más me sorprende y me fastidia es lo que te está haciendo a ti, Stella- dice mirándome.

-No te preocupes, Reiji.

-No. Se ha vuelto un idiota, deberías olvidarte de él.

No digo nada. Él me mira fijamente un momento y luego regresa a su sitio.

Syo y Natsuki se apiadan de mí, que no puedo meterme al agua por la venda, así que se salen y jugamos a las cartas.

Syo se enfada un montón cuando pierde y se enfurruña y nos da la espalda. Natsuki aprovecha para hablar conmigo.

-¿Qué vas a hacer con Otoya?

-Creo que voy a aprovechar para hablar las cosas y aclararlo todo cuando no esté Mimi. Le voy a dejar claro que lo amo y que aunque no podamos estar juntos ahora, en un futuro me gustaría que así fuese- me paro un momento- ¿Crees que le asustará que le hable de futuro y eso? Ya sabes… a los chicos eso no…

-Otoya no es de esos. No le asustan esas cosas- dice Syo girando un poco la cabeza. Luego vuelve a su posición de enfado.

-Syo tiene razón, no debes preocuparte. Seguro que Otoya se da cuenta de cómo es Mimi en realidad tarde o temprano.

-Eso espero- le digo.

Cuando por fin a Syo se le pasa el enfado, vuelve a jugar con nosotros. Aunque se enfada innumerables veces más.

Cuando empieza a atardecer, comenzamos a recoger para prepararlo todo para cuando nos vengan a recoger. Entonces llegan Mimi y Otoya… ¡cogidos de la mano! Siento como se me revuelve el estómago. Syo los ve y frunce el ceño.

-¿Estás bien?- pregunta.

-Sí, no te preocupes- le contesto. Aunque no es para nada verdad.

Ella sonríe ampliamente. Nos reúne a todos para, al parecer, darnos una noticia.

-Tengo algo que anunciaros- comienza ella sonriendo. Me mira a mí y de repente veo su sonrisa como una sonrisa malévola- He hablado con Otoya y se va a venir a estudiar conmigo a Francia.

Al principio no consigo asimilarlo. Luego noto como se me acumulan las lágrimas. Oigo voces alzarse preguntando, alteradas, sorprendidas. Yo me escondo por detrás para que no me vean. Me fijo que Reiji se ha agarrado a Otoya como un mono y lo hace perder el equilibrio. Le pide que no se vaya.

-Lo siento, Reiji. Quiero irme con Mimi- le dice Otoya serio.

Reiji se suelta y lo mira seriamente:

-Otoya, es tu decisión. Sin embargo no estoy de acuerdo. Este tipo de cosas necesitan mucho tiempo de meditación.

-Pero yo sé que es esto lo que quiero- le contesta Otoya que parece afligido.

-Está bien- suspira Reiji. Se aleja de él y entonces yo reúno fuerzas para acercarme.

Soy consciente de que mis ojos brillan por las lágrimas ahora contenidas.

-¡Otoya!- le grito- Reiji tiene razón, deberías pensarlo más. Otoya, te conozco, tú…

-Lo siento- me interrumpe Mimi cortante- No hay más tiempo para pensarlo porque debemos marcharnos pasado mañana. Además, es lo que él quiere.

-Sí…- contesta Otoya. Por primera vez lo noto dubitativo.

Tras esto, nadie dice nada más.

En el jet de vuelta, todos nos comportamos con normalidad. Otoya y Mimi se han sentado juntos alejados de los demás. Intento pasar el trayecto dormida o entretenida en alguna actividad para no mirarlos.

Cuando llegamos, nos esperan algunos ayudantes del director. Esperan con un autocar y un coche lujoso. Informan a Mimi y Otoya de que el coche es para ellos. Aquí nos despedimos. Nos despiden de lejos con la mano. Entonces Mimi besa a Otoya. Miro la escena fijamente. Empiezo a derramar lágrimas. Distingo a Otoya sonreírle y darse la vuelta para marcharse con ella.

Inmediatamente, todos se vuelven hacia mí. Nanami se acerca y me abraza.

-¡Oh! Vamos… no te preocupes. Todo va a ir bien. Puedes recuperarlo…

-¡No!- le digo bruscamente, alejándome- Estoy harta de oír eso. Ya no tengo posibilidades. No sé cómo ha llegado a ocurrir eso pero es la verdad. Tengo que rendirme, no puedo engañarme pensando que pasará algo bueno que lo arreglará todo.

-Stella…

-Tienes razón- dice Syo- Debes ser realista. Estoy harto de que te lleves decepciones. No pensemos en eso ahora, volvamos a la academia y continuemos nuestra vida con normalidad.

-No creo que sea tan fácil para ella- le dice Ren- Pero lo debe intentar. Te apoyaremos.

-Gracias, chicos- les digo ahora sonriendo. Reiji nos aprieta para un abrazo colectivo.

Pienso que podré conseguirlo, con el apoyo de todos, pero… aún me viene esa escena a la mente. Ese beso, ese beso que desearía haberle dado yo.

En el camino de vuelta en el autocar, me pongo a pensar algunas cosas que no tengan que ver con Otoya. Me sorprende aún que no me incitasen a entrar al curso idol. Espera… de repente un recuerdo viene a mi mente. Clive me dice que tengo pánico escénico y es cierto, me bloque en el escenario. Entonces… ¿cómo es que cuando actué con Syo no me pasó?

Me siento mareada. Cierro los ojos y una imagen inunda mi mente. Un joven de pelo rosa canta en un escenario. Es bueno. Al acabar se escuchan unos débiles aplausos de los que estamos escuchando. Yo aplaudo con fuerza mis pequeñas manos. Alguien me llama, una voz angelical.

-Stella, cariño, él es un idol. ¿Verdad que es muy bueno? Tu padre encontró su talento y por eso ahora dedicará su vida al mundo del espectáculo.

-Yo quiero que papá encuentre mi talento también- digo con entusiasmo con una voz que no es la mía. En realidad lo es, pero es más infantil. Como de unos cinco o seis años.

Entonces mi vista enfoca la cara de la mujer. Antes de poder distinguir nada, mi vista se vuelve borrosa. Abro los ojos y despierto de mi ensoñación. Me siento muy mareada.

-¿Estás bien?- pregunta Reiji desde el asiento delantero al mío.

-Sí… eso creo- contesto.

Él me sonríe y se vuelve. Yo me recuesto en el sillón un poco para intentar dormir.


¿Qué tal? Espero que no os haya resultado muy confusa la escena final. Ya la iréis entendiendo. Este fanfic aún tiene historia para largo. Además cada capítulo es muy cortito, así que es normal que haya muchos. Aunque no sé exactamente cuantos podría tener, en realidad ni siquiera lo sé de forma aproximada. Me siguen animando mucho los comentarios que me dejáis. Gracias, de verdad. Sin vosotros no hubiese seguido con esta historia.

Nos leemos 3