A Rodrigo, amigo de la secundaria.
Por no saber antes de tu partida, por el juego del destino que nos impidió reencontrarnos.
Por darles a los gemelos Bluepool su cumpleaños y a los Salais su primer apellido.
Préstame algo de tu talento para seguir adelante.
De parte de la infanta, para el noble caballero, con un beso en la mejilla.
Trece: Acercándose a la verdad.
2 de noviembre de 2020.
Londres, Inglaterra.
Cementerio North Heaven (1).
La mañana era nublada, fría, húmeda. Los indicios del otoño se esfumaban, se sentía el invierno pese a faltar más de un mes, según los calendarios. Además, en Londres llovía como hacía mucho no sucedía: día sí y día también, con intermedios de unas cuantas horas, pero nada más.
—¿Quién se pasó por aquí?
Abil Nicté Graham arqueó una ceja ante la lápida de mármol que contemplaba. Las líneas que indicaban que era la última morada de su marido no tenían nada de extraordinario, pero sí que a sus pies, adornadas con una cinta negra, estuvieran una rosa roja y una blanca.
—Anom no pudo ser, está en su casa nueva —pensó en voz baja la castaña mujer, sonriendo ligeramente ante la imagen de su gemelo acondicionando una casa diminuta para vivir en ella con la aurora Tonks y su futuro bebé —Algún compañero de Rob… ¿Pero por qué las rosas?
Ese detalle era uno que poca gente conocía: Robert Graham había usado rosas rojas y blancas para conquistar a Abil y luego, para pedirle matrimonio. El auror decía que allí estaban los dos; por sus personalidades, él era el rojo y ella, el blanco.
Quizá para otras personas era una tontería, pero acordarse de esa clase de detalles era agridulce para Abil. Sonreía por ver en su mente el rostro de su esposo en los momentos donde usó las rosas para hacerla feliz; lloraba internamente por el simple hecho de saber que ese hombre al que tanto había amado no regresaría jamás. Al menos le quedaban sus recuerdos, algunos valiosos objetos y sus maravillosos ojos verdes encarnados en su único hijo.
—¿Sabes lo que se le ocurrió a Henry, Rob? —inquirió por lo bajo, sin decidirse a reír o a rezongar —Hizo que dos chicos del colegio terminaran como momias vivientes. ¡Momias! Nadie sabe cómo pasó, pero claro, yo puedo escuchar pensamientos ligados a sentimientos, así que me enteré. Lo castigué con no venir este año, debe estar echando chispas.
Abil meneó la cabeza, internamente divertida por la indignación de su hijo al saber que no visitaría el cementerio ese dos de noviembre. Cuando insinuó que lo llevaría si admitía ante la directora que él había participado en la broma y daba los nombres de sus "cómplices", Henry guardó un silencio de piedra. Gracias a su Legado, Abil supo que no quería ser un delator.
—Henry tiene buenos amigos —comentó, en tono orgulloso —Y él también es un buen amigo. Te encantaría verlo, estoy seguro.
Con gesto conmovido, la mujer se inclinó para depositar al pie de la lápida dos rosas, una roja y una blanca, atadas con una cinta dorada. La similitud con las flores que ya estaban allí seguía incomodándola. En verdad no imaginaba quién…
«Abil, ¿vienes sola?»
La mujer dio un respingo, girando la cabeza de un lado a otro. ¿Pero cómo…?
«No hables, piensa. Solo vine a presentarme con mi yerno. Y a saber cómo están ustedes.»
«¿De verdad eres tú, papá? ¿Pero qué…?»
«No tengo tiempo de explicártelo, además no sé bien cómo ocurrió. Ponme al corriente rápido.»
«No hay mucho qué contar. ¡Ah, sí! Anom va a casarse en Nochebuena. Tendrá un bebé.»
«¿Qué les pasa a ustedes dos, cometiendo malinchismo sin pensar en las consecuencias? Bueno, en realidad no importa. Son felices, ¿no?»
Abil asintió firmemente con la cabeza. Sus ojos estaban fijos en la tumba de su esposo, no fuera a llamar la atención por mirar al vacío como si prestara atención a alguien que no estaba allí.
«Bien, eso me basta. Aparte, tu hermano seguirá con el apellido, ya es ganancia. Sin embargo… ¿Qué hacen los aurores persiguiéndome por todas partes?»
A una mueca de Abil, la voz que le hablaba directamente a su cabeza, en un español cargado de acento maya, dejó escapar una risita.
«Es broma, sé lo que están haciendo. Al menos algo bueno tuvo que Potter fuera el que me acercara a Londres en junio. Sé que es una persona justa. Se parece a su padre.»
«¿Conociste al padre de Harry Potter?»
«Algo así. Pero ahora escúchame, tengo que avisarles una… no, dos cosas: pueden confiar en esas personas con capuchas que llegaron a la mentada Orden del Fénix…»
«¿Cómo sabes eso?»
«Me lo dijo un pajarito. Y lo otro es que deben revisar la varita de tu madre, urgentemente. Se le cayó en la isla de Wight, ¿verdad?»
«¿Entonces ella sí estuvo en el incidente de La Isla?»
«Lo siento, hija, pero sí, Norah estuvo ahí.»
La castaña se mordió el labio inferior, conteniendo un bufido de rabia. Más cuando notó que, aún en sus pensamientos, Acab Nicté "sonaba" dolido al usar el sobrenombre de su esposa.
«¿Por qué no vas tú mismo a decir eso en el Ministerio?»
«Sé razonable, Abil. ¿De verdad piensas que me van a creer, siendo un ex–presidiario?»
Ella negó con la cabeza levemente. Su padre tenía razón, por supuesto. Quizá lo escucharan, pero nunca confiarían enteramente en su palabra.
«¿Y qué se supone que estás haciendo ahora?»
«¿Yo? Escapar de tu madre. Se le ha metido en la cabeza que valgo más muerto que vivo. Y no pienso darle ese gusto.»
«¿Sabes para qué quería atacar a los Edmond?»
«¿A quiénes?»
«Los dueños de la casa donde hallaron la varita de mi madre.»
«¿Con que así se apellidan? Eso lo explica. Son los dueños de esa empresa de la salud que últimamente habla de clonación de órganos, ¿no?»
«Esa misma. ¿Sabes qué pretende…?»
«Yo soy más útil muerto. Clonación, genética… ¿Te suena?»
Finalmente había pasado, pensó Abil con miedo. Tanto escuchar pensamientos ajenos había enloquecido a su padre.
«No seas ridícula, Abil, no estoy loco. Eso que sospechas es lo que quiere Norah. Supongo que uno de sus parientes se lo pidió.»
«¿Uno de los Puch?»
«No, uno de los Terruño.»
A su pesar, las piezas del rompecabezas comenzaban a encajar, al menos para Abil. Los aurores ingleses no podrían resolver el caso por completo sin información sobre los Legados de los Nicté.
«¿Va por ti por ser el más desprestigiado? Digo, porque bien pudo acercarse a Anom o a mí…»
«En parte, porque con mi reputación actual, ¿quién querrá ayudarme?»
Eso, reconoció la mujer con pesar, era cierto.
«¿Y no has pasado a la casa de mi tío Mauricio?»
«No, mejor iré con mi tío Nahil. ¡Por el escudo de Tezcatlipoca! ¿Cómo no lo pensé?»
«¿Qué pasa? ¿Quién es tu tío Nahil, de todas formas?»
«Es hermano de tu abuela, ¿de verdad no lo recuerdas? Nahil Itzá Xel…»
«¡Ah, sí…!»
«Espero que él pueda decirme algo. Quizá entre él y tu prima pueda informarme más.»
«¿Entre él e Itzi?»
«Sí, sí. Sus Legados son parecidos, ya te imaginarás…»
«Espera, ¿tu tío Nahil tiene un Legado?»
«Larga historia. Pídele a Acab que me escriba, así nos mantendremos en contacto, pero que no use siempre a Balam. Hasta pronto, Abil. Y dile a Anom que trataré de estar en su boda.»
«¡Espera, papá! ¡Un momento!»
Muy tarde. Algo parecido a una punzada, similar a una jaqueca, le indicó a Abil que había terminado la comunicación mental.
—Ahora sí se pasó —musitó en español, refiriéndose a su padre —¿Te agradó, Rob? Mi papá puede salir con sus ideas anticuadas de vez en cuando, pero es buen tipo.
Por fin había podido admitirlo. Acab Nicté era bueno, sin importar los errores cometidos.
—Tengo que regresar al colegio, pero te veré muy pronto —aseguró, sonriendo —Hasta entonces, cuida de nosotros.
La brisa sopló entonces, llevándole un leve rastro del perfume de las rosas en la tumba de su marido. Abil sintió alivio al pensar que era una buena señal y abandonó a paso lento el lugar.
2 de noviembre de 2020.
Norte de Escocia.
Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería.
—Detesto que les fuera tan bien.
Rose no dejaba de fulminar a Henry y a Procyon con la mirada, durante el almuerzo de aquel ventoso lunes a principios de noviembre. Si no fuera por ceño fruncido del castaño, diría mucho más respecto a la broma del sábado anterior.
Fue todo un acontecimiento ver, poco después de iniciado el banquete de Halloween, que Zabini y Blow entraron al Gran Comedor con movimientos lentos y rígidos, envueltos en apretados vendajes de los pies a la cabeza. Entre las carcajadas del alumnado, algunos de los profesores intentaron liberar a los dos muchachos, aunque sin mucho éxito; era como si las vendas se les hubieran adherido a la piel. Al final, los llevaron a la enfermería con risas estruendosas de fondo, quedando así de manifiesto lo desagradables que eran esos dos para el resto de los estudiantes.
Hasta ahora, no se sabía públicamente quiénes eran los responsables, pero al día siguiente del banquete, los chicos de la Orden del Rayo lo confesaron a sus amigas en la Sala de los Menesteres, dando pormenores de cómo habían logrado semejante hazaña. Las chicas se dividieron enseguida entre la diversión y el ligero enojo que sentían al no ser tomadas en cuenta en el plan, pero fuera de la indignación que Rose todavía demostraba, ellas les perdonaron la exclusión esa vez, como compensación a la que les hicieron a ellos en junio.
—A todo esto, ¿por qué estás tan molesto? —quiso saber Rose, dirigiéndose a Henry.
—¿Tú por qué crees? —inquirió el castaño ojiverde a su vez, antes de explicarse —Mi mamá me descubrió, con su Legado. Como no quise ir con McGonagall a decir quiénes hicimos la broma, no me dejó ir con ella a Londres, a visitar a mi papá.
La pelirroja iba a abrir la boca, seguramente para soltar alguna ironía, pero se contuvo a tiempo, adoptando una expresión reflexiva que le duró el resto del almuerzo.
No dijo gran cosa hasta estar en los jardines, esperando al profesor Hagrid.
—Qué difícil es ser tú —soltó sin más.
—¿Ser yo? —se extrañó Henry, mirándola con una ceja en alto.
—Sí, sí, con eso de enterarte de cosas que no quieres saber.
Henry acentuó su desconcierto visiblemente, pero no tuvo ocasión de preguntar nada: el profesor Hagrid había salido de su cabaña con una caja llena de lo que, a simple vista, eran un par de docenas de cachorros de raza Jack Russell.
—Muy buenos días, jóvenes. La lección de hoy está pensada para moverse mucho.
—Justo lo que necesitamos —masculló Brandon por lo bajo, fastidiada.
—En primer lugar, díganme, ¿cómo se llaman estos amiguitos?
Había dejado la caja de cachorros en el suelo, así los chicos podían acercarse a echar un vistazo. Hubo algunos que definitivamente no sabían qué eran, parecían perros comunes y corrientes.
—Vaya forma de malgastar una clase —se quejó Mackenzie por lo bajo.
—Profesor, esos son crups genuinos, ¿verdad? —inquirió Ryo, emocionado.
—¡Exactamente! Diez puntos para Ravenclaw. Ahora, ¿alguien puede decirme cómo supo su compañero que estos no eran perros comunes?
—Los crups se distinguen de los verdaderos Jack Russell por la cola bífida —soltó Hally a toda carrera, con una enorme sonrisa.
—Cierto, diez puntos para Gryffindor.
Procyon y Henry miraron a su amiga con un vago gesto de frustración.
—Ahora, cada uno puede tomar un cachorro y entretenerse con él, pero por favor, también observen atentamente su comportamiento. Normalmente los crups son dóciles con los magos, pero tampoco hay que zarandearlos ni jalonearlos, no les gustará.
Pese a las caras de fastidio de Brandon y Calloway, la clase entera se divirtió mucho con los cachorros de crup, pues eran cariñosos y juguetones. Aunque hubo ocasiones en que mostraron recelo, como el que había elegido Miles Richards.
—Ah, sí —dejó escapar el profesor Hagrid cuando el chico fue a quejarse de su cachorro, que intentó morderle una mano —Lo siento, Miles. Tráelo, te mostraré cómo hacerle ver quién manda.
Se notaba que el enorme hombre no quería ahondar en razones, pero Mackenzie sí.
—Claro, qué se puede esperar de un sangre sucia —masculló.
—¿Qué dices? —espetó un Martin Fullerton indignado, con el mismo tono en que hubiera soltado una lista de insultos bastante escandalosa.
—¡Casi suena la campana! Traigan a sus cachorros, por favor.
A regañadientes, algunas chicas de la clase obedecieron la orden. Marianne Bridge preguntó si podían tenerse de mascotas.
—Sí, claro, siempre y cuando sigas los lineamentos que impone el Departamento de Regulación y Control de Criaturas Mágicas. Y esa será parte de su tarea.
Obviamente, Brandon, Calloway y Mackenzie fueron los primeros en verse fastidiados.
—Deberán leer la lección de los crups, y hacer una comparación con lo que vieron hoy. Además, quiero que investiguen cuáles son los lineamentos que el Ministerio exige para tener a un crup de mascota. Me lo entregarán la próxima clase.
Ahora los murmullos de descontento eran generales. La racha de tareas largas y complicadas parecía no acabar.
—Hasta luego y cuídense.
Sonó la campana en ese instante. Los estudiantes se fueron directamente a comer, con la desagradable sensación de que las vacaciones de Navidad no llegarían lo bastante rápido.
—Si las clases siguen siendo tan inútiles, prefiero irme a casa —masculló Brandon en un susurro alto, antes de verla ir a la mesa de Slytherin.
—Dime que nos sentaremos lejos de ella —Sunny fingió una cara trágica ante Danielle, en tanto se retorcía un largo mechón castaño con los dedos.
—Vamos, se cree demasiado importante como para mirarnos —la rubia se adelantó y antes de alejarse mucho, Thomas la detuvo tomándola del brazo —¿Qué pasa?
—No vamos a sentarnos tampoco junto a Nott, ¿o sí?
Danielle arqueó una ceja, echó un vistazo a su mesa y negó con la cabeza.
—Genial —Thomas le dedicó una sonrisa, la soltó y fue a tomar asiento.
—¿Eso qué fue? —quiso saber Walter, confuso.
—Dice que hay algo en Nott que no le agrada, es todo.
—¿Algo como qué?
—Algo parecido a lo que me pasaba con Blow.
Walter y Sunny se miraron, con cierta duda. Nunca habían entendido del todo la razón de que a Danielle le desagradara Blow, tomando en cuenta que desconocía su parentesco con Zabini. Sin embargo, la intuición de la joven Malfoy resultó correcta, así que decidieron hacerle caso a la de Thomas, aunque fuera por esta vez.
No tenían idea de que luego agradecerían el tomar esa postura.
28 de noviembre de 2020.
Norte de Escocia.
Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería.
Entre una cosa y otra, los alumnos agradecieron el inicio de la temporada de quidditch, que daba pie a numerosas apuestas sobre la actuación de las capitanas de Gryffindor y Slytherin.
—¿Sobrevivirán o morirán? ¿Cuánto apuestan?
—¿Quieren dejarlo ya? —regañó Cecil Finnigan, con una mueca de disgusto.
Veía a Miles Richards y a Martin Fullerton, que organizaban clandestinamente las apuestas en la casa de los leones. Hasta el momento, las cifran iban tres a uno a favor de Hally, o eso decía el primero con una sonrisa de triunfo.
—¡Por Merlín! ¡Es de muy mal gusto! Casi están diciendo que hay alguna posibilidad de que Hally pierda —agregó Cecil ante las muecas de sus dos compañeros de curso y casa.
—Si tan segura estás, ¿por qué no apuestas? —preguntó Miles con alegría.
—Quisiera, pero estoy guardando mis galeones para la próxima salida a Hogsmeade.
— Ah… Yo sí quiero apostar —indicó tímidamente una pequeña con brillantes rizos castaños, que se cohibió un poco cuando los alumnos de cuarto que estaban a su alrededor la miraron fijamente —Un… ¿un galeón a Gryffindor?
—¿Un galeón? —Martin sonó levemente desanimado, pero al segundo siguiente le dedicó una amplia sonrisa a la pequeña al fijarse en la bufanda roja y dorada que lucía —¿Nombre y curso?
—Ah… Erin Lupin, de segundo.
Al oír eso, Diane Creevey escupió parte del jugo de calabaza que había estado bebiendo.
En tanto, los vestuarios se llenaban de nerviosismo. El equipo ataviado de verde y plateado escuchaba la arenga de su capitana.
—Los entrenamientos marcharon bien, no veo razones para fallar hoy —indicaba Danielle, yendo lentamente de un lado a otro ante sus compañeros, con el largo cabello rubio peinado en una trenza —Hay que demostrarle a todo el mundo que podemos ser buenos sin jugar sucio. Que sepa la gente que la casa de Slytherin es tan digna como pretende. Y pobre de aquel que deje mal parado al equipo, se las verá conmigo en lo que resta de la temporada. ¿Está claro?
Todos asintieron, aunque Mackenzie lo hizo de mala gana.
—Saben lo que todo el mundo anda diciendo y es muy molesto —señalaba Hally en el vestuario de Gryffindor, haciendo un mohín —Entonces, ¿les daremos la razón a los que piensan que no nos tomamos esto en serio? —un coro de negativas se alzó —¡Ese es el espíritu! Ahora al campo, con mucho cuidado, que a nadie le quepa la menor duda de lo bien que jugamos. ¡A ganar!
Con más júbilo del esperado, ambos equipos salieron al campo, donde el panorama no era precisamente el que hubieran deseado.
Las lluvias se habían apaciguado unos días, pero no se terminaban. Esa mañana únicamente había niebla, pero ahora tenían una tormenta en ciernes, aunque afortunadamente el viento no resultaba agresivo. Se trataba, más que nada, de una pesada y fría cortina de lluvia que no les daría mucha libertad de movimiento a la hora de andar en el aire.
—¡Aquí vienen, damas y caballeros, los protagonistas del inicio de la temporada de quidditch! —Erica Radcliffe, resguardada de la lluvia en la cabina de cristal de los comentaristas, sostenía su megáfono mágico amarillo con energía —Mucho se ha dicho acerca de cómo se enfrentarán las capitanas de Gryffindor y Slytherin quienes, como todo el mundo sabe, son excelentes amigas fuera del campo, ¿acaso afectará este partido su amistad?
—Sí, claro —ironizó Melvin Corner, oyéndosele perfectamente al hablar por su megáfono mágico azul —¡Vienen saliendo, y de buen humor además! ¿Quién lo diría de Slytherin?
Los partidarios de la casa de la serpiente abuchearon esas palabras, pero también comprobaron que eran ciertas y se quedaron atónitos. No era común en el equipo ver rostros sonrientes.
—¡Y comienza el juego! —vociferó Erica tras el silbatazo inicial del profesor Krum —¡Gryffindor está en posesión de la pelota! ¡La tiene Wood, que se coló entre Pamuk y Wilson! ¡Un pase largo a Copperfield! ¡Se la devuelve a Wood, ella la lanza a Alighieri y…! ¡Eh, cuidado!
Cuando Luigi Alighieri iba por la quaffle, una bludger cortesía de Walter le cerró el paso. Esa fue la oportunidad que Alpad Duna aprovechó para apoderarse de la pelota roja.
—Duna sabe lo que hace, esa recuperación fue rápida —comentó Melvin Corner como si fuera un comentarista profesional —Se dirige a los aros de Gryffindor, hace un pase lateral a Wilson, que se la pasa a Mackenzie, que se la regresa a Duna… ¿qué fue eso?
Un repentino relámpago cegó momentáneamente a los comentaristas, lo que hizo surgir un abucheo de las tribunas. Al segundo siguiente, una sección del público se puso a gritar y aplaudir. Erica fue la primera en darse cuenta de qué ocurría.
—¡Las buscadoras van a ras del suelo! ¡Están siguiendo un puntito dorado! ¿Cuál de las dos nos dará la sorpresa?
La chica Radcliffe tenía razones para preguntar algo semejante. Con el clima que tenían, atrapar la snitch en menos de media hora de partido sería más que un récord.
—¡Anotación de Odette Wood! —anunció Corner —¡Diez a cero a favor de Gryffindor! —la lluvia apenas dejó escuchar los vítores para la casa de los leones —¡La quaffle está en posesión de Slytherin! ¡La tiene Mackenzie! ¡El chico sale disparado! ¿Acaso pretende atacar solo?
—¿Qué demonios te pasa, Mackenzie? —Sunny alcanzó al muchacho a mitad del campo, volando lo más rápido que le permitían la tormenta y su escoba.
El aludido no contestó, sino que siguió de frente, esquivando a duras penas una bludger perdida y después, un ataque más directo por parte de Procyon.
—¡Malfoy estira la mano, igual Potter! ¡Parece que una de las dos lo va a lograr!
—¡Mackenzie esquiva una bludger que le mandó Graham! ¡Esquiva a Wood! ¡También esquiva a Graham! Está frente a Weasley listo para tirar y…
—¡Una bludger acaba de pasar justo frente a las buscadoras! Fue una suerte que no le rompiera la mano a una de ellas. Pero eso les costó perder de vista la snitch.
Los más cercanos a la cabina de los comentaristas serían testigos más tarde de que Corner, hasta el momento con la vista fija en el juego sobre su cabeza, torció el cuello al oír las palabras de Erica, buscando el punto donde Hally y Danielle habían tenido que dar virajes bruscos para evitar romperse las manos con la bludger.
—¿Estás bien? —preguntó la rubia a su amiga, debiendo gritar para que la oyera.
Hally levantó un pulgar por toda respuesta, para luego ascender hacia los postes de Gryffindor.
Danielle suspiró con alivio y se debatió entre marcar a Hally o no. Decidió lo segundo, pues la lluvia le ayudaba indirectamente a que Hally no distinguiera gran cosa (aunque algo había mencionado su amiga de hechizar sus anteojos). Así, con gran desconcierto de varios en las gradas, las buscadoras se colocaron en los extremos del campo, aparentemente sin hacer nada.
—¡Esa parada de Weasley fue soberbia! —alabó Erica —Atrapó la pelota a centímetros de que pasara por el aro central. Ahora se la lanza a Copperfield…
En los siguientes quince minutos, ambos equipos hicieron lo imposible por anotar unos cuantos puntos, en vista de que sus buscadoras seguían atentas a cualquier aparición de la snitch, aunque no se movían mucho. Gryffindor consiguió poner el marcador cuarenta a diez, más que nada porque Mackenzie había decidido, de buenas a primeras, jugar solo cada que tenía la quaffle.
—¡Otra vez han bloqueado a Mackenzie! —narró Corner —Entre Wood y Alighieri le quitaron la pelota. ¡Eso es coordinación! Cosa que no puede decirse de Slytherin el día de hoy.
Danielle hizo una mueca al escuchar eso. Sobrevolaba la mitad del campo de su equipo, atenta a la aparición de la pelotita dorada, así que no podía ir a regañar a su cazador.
Pero no hizo falta. Sunny y Alpad Duna, inconscientemente, decidieron dejar de lado a Mackenzie para seguir jugando, por lo que lograron otros dos tantos antes que los cazadores de Gryffindor les anotaran uno más.
—¡Cincuenta a treinta! Este partido se está poniendo tan reñido que vale la pena verlo pese a la amenaza de inundación —la joven Radcliffe intentaba poner un poco de humor al asunto, dado que en los últimos cinco minutos, el agua que caía del cielo había aumentado —¡Ahí va Wilson con la quaffle, cómo vuela esa chica! Esquiva a Copperfield, ¡por poco le da una bludger! Hace un pase a Duna, ¡pobre chico! ¿Qué hace Mackenzie cerrándole el paso a su propio compañero?
Efectivamente, el castaño cazador de Slytherin había volado de frente a Duna, desconcertándolo el tiempo suficiente para que casi perdiera el pase de Sunny. Logró atrapar la pelota roja con dificultad y tras dedicarle una mueca de furia a Mackenzie, Duna se alejó a toda velocidad rumbo a los aros de Gryffindor, donde Sunny ya estaba bien situada para intentar anotar.
Duna hizo un pase largo sin pensarlo, Sunny lo recibió y tiró.
—¡Cincuenta a cuarenta! Sunny Wilson consigue abatir a la guardiana de Gryffindor.
El anuncio de Corner dio pie a una entusiasta porra por parte de los aficionados vestidos de verde y plateado que apenas se notó.
—Ya me las pagará Mackenzie cuando terminemos —musitó Danielle de pronto.
Se estaba cansando de volar entre la lluvia, que le hacía sentir frío y pesadez. No dejaba de mirar en todas direcciones por si algún destello dorado pasaba cerca, pero hasta el momento, todo seguía igual. A su derecha notó un par de manchones rojos, pero no estaba segura de quiénes eran.
—¡Sesenta a cuarenta! Se ve que Gryffindor no quiere darle a Slytherin la oportunidad de remontar. Ahora la quaffle está en manos de Copperfield…
Y entonces, sin previo aviso, una mota brillante bailó delante de Danielle y ella no perdió el tiempo en ir tras ella, descendiendo lo más rápido que podía hacia un punto situado en el área de Slytherin. Sonrió ante la perspectiva de darle el triunfo a su casa, pero poco después, una figura vestida de rojo y dorado volaba a su izquierda, con la concentración plasmada en su cara.
—Ah, no —musitó la rubia, alargando la diestra.
Pero no sirvió de nada. Danielle podría ser pequeña y ligera, pero Hally tenía una habilidad nata para vuelos en picada. En cinco segundos superó a Danielle y en un instante, los dedos de su mano izquierda se cerraban en torno a la escurridiza pelota alada. La rubia, al notar eso, tuvo que hacer un gran esfuerzo para recuperar la horizontal y miró a su amiga con frustración.
El silbatazo de Krum, dando por finalizado el encuentro, tomó desprevenidos a varios, concentrados en cómo Mackenzie intentaba tirar desde un ángulo prácticamente imposible en vez de pasar la quaffle a una Sunny descubierta. Los aficionados de Gryffindor no tardaron en comprender lo que había ocurrido y jubilosos, agitaron sus bufandas y sus estandartes; los mayores lanzaron chispas de colores con las varitas, aunque el efecto no lucía mucho debido a la lluvia.
Hally alzó la snitch en su mano y recibió otra ovación, para luego volar hasta Danielle.
—Lo siento —se disculpó.
La rubia, encogiéndose de hombros, tendió la diestra y Hally se la estrechó con ganas.
Todos en el estadio, menos los de Slytherin, aplaudieron ante eso.
—No voy a tolerar ese comportamiento. O trabajas en equipo como lo habías hecho en los entrenamientos o no vuelves al campo.
Tras una ducha caliente y un cambio de ropa, el equipo de Slytherin se preparó para escuchar la regañina que Mackenzie, con justa razón, se había ganado.
—Y yo no pienso tolerar a una capitana que se vende al contrario —espetó Mackenzie.
—¿Eso qué significa?
—A mí no me engañas, Malfoy, seguro Potter ganó porque tú la dejaste hacerlo.
—¡No digas estupideces! —espetaron a la vez Sunny y Walter.
—¡Ustedes no se metan!
—Lo que dices es irracional, Mackenzie —se atrevió a intervenir Alpad Duna, ceñudo.
—A ti tampoco te importa esto, Duna.
—Nos perjudicaste a todos allá afuera —aseveró Kar Pamuk, la otra golpeadora titular, con sus oscuros ojos entrecerrados debido al enfado —¡Claro que nos importa!
Mackenzie observó entonces a sus compañeros, a los suplentes de primer año que no habían dicho palabra pero que también le dedicaban miradas enfadadas, y decidió que era una pérdida de tiempo seguir discutiendo, pues salió de los vestuarios como huracán.
—¿Vas a sacarlo del equipo? —quiso saber Walter a los pocos minutos.
—Ganas no faltan, ¿verdad? —Sunny veía con ansiedad a Danielle.
—Lo pensaré, pero de seguir así, se irá. En ese caso, tendría que conseguir a otro titular.
—Con lo divertidas que fueron las pruebas, ¿verdad, capitana? —bromeó Duna, haciendo reír a los de primer año.
—Algo así. Pueden irse, ya les avisaré cuándo será el siguiente entrenamiento. Si no hay cambios, nos toca jugar contra Hufflepuff y hay que preparar una estrategia.
Los demás asintieron y poco a poco, se cubrieron con las capas, se encasquetaron los sombreros en la cabeza y compartieron paraguas para ir al castillo.
—¿Nos vamos ya, Danielle? —invitó Sunny, de pie junto a la puerta.
Walter abría entonces un enorme paraguas gris.
—Sí, claro.
La rubia salió con una pequeña mochila a la espalda, abrochándose la capa.
—¿Qué creen que nos espera en la sala común? —preguntó Walter tras caminar unos metros.
—¿Aparte de los abucheos por perder, como siempre? —quiso saber Sunny.
—Sí, aparte de eso.
—No lo sé, nuestros amables compañeros suelen darnos muchas sorpresas.
Sunny logró hacer reír a sus amigos diciendo aquello con un tono de gracioso sarcasmo. Alcanzaron la escalinata de piedra y no habían podido calmarse lo suficiente. Tuvieron que cortar las carcajadas de tajo al ver en el vestíbulo a su jefe de casa, de brazos cruzados y, por lo visto, esperando desde hacía bastante rato.
—Venga conmigo, señorita Malfoy —pidió Snape secamente.
La rubia miró de reojo a sus amigos, quienes se veían tan desconcertados como ella.
—Ah…claro —decidió contestar, dando un par de pasos hacia el hombre.
Caminaron en silencio hasta el despacho del profesor, donde Danielle nunca había estado. El mito decía que estar allí era sinónimo de problemas serios, por lo que los miembros de Slytherin preferían mostrar corrección absoluta (aunque no la tuvieran) que visitar ese lugar.
—Tome asiento, señorita Malfoy. Tengo algo qué entregarle.
Danielle arqueó una ceja, pero no hizo preguntas. Ocupó una de las sillas delante del escritorio.
—Aquí tiene —el profesor de Pociones le tendió un sobre de pergamino a la chica.
—¿Es de mi hermano? —se atrevió a preguntar, ya que no se veía remitente alguno.
—No.
¿Cómo respondía Snape con tanta seguridad? Danielle lo ignoraba. Lo único que tenía escrito el sobre era su nombre. O mejor dicho, parte de su nombre.
Eltanin Malfoy.
—¿Es un chiste? —espetó ella en voz baja, abriendo el sobre con brusquedad.
Lo que encontró no le aclaraba mucho las ideas. Unas cuantas líneas escritas con una caligrafía que recordaba haber visto alguna vez, pero nunca dirigiéndole unas palabras.
Tienes que venir a verme. Considero que ya tienes edad para saber una cosa que no le he contado ni siquiera a tu madre. Si es antes que acabe el año en curso, mucho mejor.
Tu padre.
Danielle tuvo que parpadear una y otra vez para darse cuenta que no estaba alucinando.
—No es posible… —susurró, mirando fijamente el texto —¡Debe ser un chiste! —exclamó, entre pasmada y furiosa.
—Si no tiene inconveniente, señorita Malfoy, le pido que se retire. Tengo mucho trabajo.
La jovencita abrió la boca, pero no supo qué decir, así que la cerró. Acto seguido, se puso de pie y abandonó el despacho, sin señales de otro sentimiento que no fuera la confusión.
En tanto, Snape se sentó a su escritorio, tomó su pluma y se dispuso a enviar una nota que iniciaba más o menos así.
Para la Orden del Fénix.
La sala común de Slytherin era un hervidero de susurros maliciosos contra la actuación de su equipo en el partido. Danielle, en cuanto entró, volvió a la realidad porque obtuvo disimulados abucheos allí donde pasaba, pero no se detuvo a devolver la ofensa.
—¿Cuándo dejan que alguien decente dirija al equipo? —insinuó Cloe Scott en un susurro alto.
—No seas ridícula —espetó Sunny al instante, poniendo los ojos en blanco con hartazgo.
—¿Qué quería Snape? —se interesó Walter en cuanto Danielle estuvo junto a ellos.
La rubia echaba vistazos nerviosos a su alrededor.
—Si andas buscando a Thomas, viene en un momento —avisó Sunny —Dijo algo de guardar una redacción antes que se la echaran a perder.
Acababa de decirlo cuando el mencionado pelirrojo anaranjado se abrió paso entre un montón de chicos de quinto y se sentó entre sus amigos castaños.
—El juego fue estupendo, lástima que perdiéramos —comentó, sonriendo vagamente.
—Miren —Danielle se cuidó de que nadie viera el pergamino que le pasaba a Thomas.
Los otros tres juntaron las cabezas para leer, poniendo caras tensas poco después.
—¿Qué querrá decirte? —fue lo primero que se le ocurrió preguntar a Walter.
—No tengo idea. No es como si mi padre quisiera hablar conmigo antes.
—¿Y qué vas a hacer?
La pregunta de Sunny era la misma que se hacía Danielle desde que había leído la nota. ¿Qué iba a hacer? Sus sentimientos eran confusos respecto a su padre, aunque su mente lo tenía muy claro: Draco Malfoy no era el mejor hombre del mundo. Sin embargo, la curiosidad era demasiado fuerte como para ignorarla. Frunció el ceño, meditabunda.
—¿Por qué no vas? —sugirió Thomas con cautela.
Walter y Sunny lo miraron como si hubiera enloquecido. Danielle, en cambio, le dedicó un gesto de interrogación.
—Es decir… Quizá sea la única oportunidad que te dé para hablar —explicó Thomas, haciendo una mueca —No me hace gracia que vayas, algo me dice que las cosas no saldrán bien, pero ¿qué puedes perder? El tipo ya se encargó de que no lo quieras como deberías.
Se hizo el silencio, durante el cual Thomas desvió la vista, aparentemente sin querer enfrentar las miradas desafiantes de Sunny y Walter. Danielle, por su parte, se mordió el labio inferior, en claro gesto de debatirse consigo misma.
—Voy a consultárselo a Pat —decidió la rubia finalmente, hablando despacio, como si estuviera armando el plan conforme lo pronunciaba —Si cree que debo ir, le pediré que me lleve. Mientras tanto, creo… creo que debo contestarle a mi padre.
—Para empezar, está bien —aprobó Sunny mientras Walter asentía con la cabeza.
Thomas también asintió, pero eso no borró su mal presentimiento sobre aquel asunto.
5 de diciembre de 2020.
Mar del Norte.
Prisión Mágica de Azkaban.
—¡Correo!
El anuncio era raro de por sí en el patio de Azkaban, al cual salían los reclusos después del almuerzo durante una hora. Ese día, pese al viento frío y las nubes casi negras que cubrían el cielo, no habían renunciado a ese derecho, uno de los pocos que tenían estando allí.
—Malfoy.
El apellido, pronunciado con desdén por un Sinodal alto y de espalda ancha, tomó desprevenido a su dueño, que sentado en la esquina más alejada del patio, fingía no darse cuenta de nada.
—¡Preso eihwaz, peorth, hagal, cuatro, seis, tres! ¿Te quedaste sordo?
Draco Malfoy, sacudiéndose la túnica gris que lo distinguía como preso, arqueó una ceja de forma altiva y se levantó.
—Atiende a la primera llamada, ¿entendido? —espetó el Sinodal en cuanto Malfoy estuvo ante él, al tiempo que le extendía un sobre de pergamino.
El preso tomó la carta y regresó a donde estaba en completo silencio. Luego, se puso a leer su correspondencia con genuino interés. Quizá eso era consecuencia de no haber recibido nada desde que había entrado allí.
—Vaya, tonta no es —susurró, esbozando una sonrisa torcida.
Padre:
Al mismo tiempo que escribo esto, va rumbo a Estados Unidos una carta para mi hermano, consultando su opinión respecto a lo que me has pedido. Dependiendo de lo que él me responda, iré a verte o no. Te pido que comprendas mi proceder.
Espero que estés bien.
Danielle.
—Bien hecho, Eltanin —aprobó Malfoy en voz baja, antes de guardarse la carta en el bolsillo.
Ahora lo difícil sería esperar con paciencia. Pero había hecho una promesa y no se retractaría.
5 de diciembre de 2020.
Norte de Escocia.
Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería.
—Excelente, diez puntos para Slytherin.
El resto de la clase de Autodefendas Muggles observaba con incredulidad a Danielle, quien ejecutó lo mejor que podía un complicado movimiento para detener golpes y con ello, consiguió derribar a Sullivan.
—Si se dieron cuenta, Malfoy–san siguió el principio de usar la fuerza del oponente en su contra —explicó el profesor Kukai con desenvoltura, haciendo la mímica del citado movimiento con lentitud, para que sus alumnos no se perdieran ni un detalle —Considerando el físico y la fuerza de Sullivan–kun, era evidente que acabaría como lo hizo, si todo se hacía correctamente.
Los demás asentían a las palabras del profesor, pues lo recién visto era la confirmación de esa explicación. Danielle, acomodándose la túnica, intentaba no parecer muy orgullosa de sí misma.
—Como tarea les encargo practicar este movimiento, y redacten un caso hipotético en el cual sería adecuado usarlo. La próxima clase armaré las parejas de práctica y recogeré sus redacciones.
Los jóvenes procuraron no quejarse en voz alta y despedirse en orden. Kukai tenía la costumbre de agregarles tareas si protestaban demasiado.
—¡Al fin! —dejó escapar Sunny cuando estaban lo suficientemente lejos del profesor —A mí me costó un montón entender eso, ¿cómo le hiciste, Danielle?
—Era cuestión de fijarse bien.
—Podemos practicar juntos, si quieres —le ofreció Ryo.
—Gracias, me hará falta. Pero ahora lo que quiero es comer. Me muero de hambre y con eso de que todavía tenemos Arte Mágico…
—¿Snape nunca te ha regañado por haber tomado ese tipo de clases? —inquirió Procyon.
—Sí, claro. Cuando entregué mis optativas puso una cara espantosa y juró que tenía unos gustos muy raros. Lo curioso es que no me prohibió ninguna materia.
Sunny se encogió de hombros con indiferencia, lo cual causó las risas de sus amigos.
—Por cierto, ¿qué harán en vacaciones? —preguntó Henry al acabar de subir la escalinata de piedra —Este año me quedo en el país, para la boda de mi tío.
—¡Yo también! —exclamó Procyon, entusiasta —Me alegré mucho cuando papá me escribió contándome lo de la boda. La tía Tonks está tan emocionada, que según papá, su cabello cambia sin avisar y un día lo llevaba de color amarillo canario. Ella bromeó diciendo que estaba recordando sus días de colegio, porque había estado en Hufflepuff.
—Vaya, si una aurora como tu tía estuvo en Hufflepuff, ¡yo podría hacer lo que sea! —se animó Amy, sonriendo ampliamente —Nosotros estaremos en Oxford, ¿cierto, Ryo?
—Cierto. Tus padres quedaron en darse una vuelta después de Navidad. ¿Y tú, Sunny?
—No lo sé. Quizá Snape me dé permiso para estar con Will, como el año pasado.
—Danielle, ¿tú irás con tu hermano, verdad?
La pregunta de Procyon era de lo más inocente, pero la rubia frunció el ceño por un momento, antes de decidirse a contestar.
—Sí. Frida me confirmó que vamos a visitar Nueva York.
—No te ves muy entusiasmada —notó Amy enseguida.
Henry, percibiendo en Danielle una extraña mezcla de enfado y miedo, decidió cambiar el tema.
—¿Contra quién piensan que les tocará en Defensa Contra las Artes Oscuras la próxima vez?
Los demás hicieron muecas ante el recordatorio de que Lupin todavía no terminaba con los duelos de práctica. El primero que cada estudiante había resultado un desastre, como cuando Paul Owen se estrelló contra una pared por un hechizo de desarme mal ejecutado por Vivian Malcolm o cuando detuvieron a Oliver Mackenzie al querer atacar por la espalda a Danielle. También hubo cosas buenas, como que Hally, Procyon y Ryo demostraron tener reflejos rápidos, pero en general, Lupin había considerado adecuado extender los duelos hasta principios del siguiente trimestre.
—No quiero tener enfrente a Mackenzie, lo haría trizas aunque me reprobaran —afirmó Sunny.
—Yo te apoyo, lo que quiso hacerle a Danielle fue de cobardes —soltó Procyon.
—¡Hola, chicos! —saludó Rose, que venía bajando con el resto de sus amigos la escalinata de mármol —¿Qué tal el frío? ¿Nadie se congeló?
—Yo que tú no preguntaba —advirtió Henry, frunciendo el ceño.
—Lo siento, no quería molestarte. Y bien, ¿quién quiere copiar el mapa de Astronomía? Lo acabo de terminar y Walter lo revisó, está correcto.
Mientras Amy y Sunny alzaban una mano, los demás arquearon las cejas. Era muy raro que por semejante respuesta de Henry, Rose no iniciara una disputa. Aún más, ¿desde cuándo la pelirroja se disculpaba con Henry por intentar fastidiarlo?
—Tenemos la traducción para Mathison —avisó Bryan —Y la redacción para Davis.
—Y yo logré acabar los ejercicios de Alquimia —anunció Thomas con orgullo.
—Gracias, eso ayudará —Procyon sonrió —Con tantas tareas y entrenamientos, no sé cómo no nos hemos enfermado de algo.
—Vamos, no es para tanto —Ryo hizo un ademán despreocupado.
Los demás simularon fulminarlo con la mirada antes de echarse a reír y entrar al Gran Comedor, donde se separaron para ir a sus respectivas mesas.
—Hablábamos de lo que haremos durante las vacaciones —recordó Sunny al sentarse a la mesa de Slytherin, sirviéndose pastel de carne —¿Tú a dónde irás, Thomas?
—¿Yo? No lo sé, mis padres no me han escrito. Skye dijo el mes pasado que quizá no lo harían porque estarían grabando un especial de su programa en París.
—¿Y tus hermanos no pueden decírtelo? —se extrañó Walter —A mí Gwen ya me confirmó que estaremos en Cardiff, con la abuela.
—Pues no. Siempre íbamos a casa de la abuela Niffie a pasar la Navidad, porque los parientes de papá son nefastos…
—¿Tan malos son? —se interesó Sunny.
—Lo que pasa es que a la familia de papá nunca le gustó que él dejara la facultad de Leyes para hacerse actor. Según mamá, hicieron un escándalo. Papá les manda tarjetas de felicitación a sus parientes en fechas importantes, aunque no sé para qué se molesta, si siempre se las regresan.
Thomas contó aquello con naturalidad, pero Danielle creyó detectarle algo de tristeza en los ojos. Debía ser difícil para él reconocer que tenía familiares con quienes no se llevaba bien.
—Si tuviera que elegir, iría con la abuela Niffie —siguió Thomas, cortando su filete —Pero hasta que ella y mamá no se reconcilien, no me queda más que esperar.
—¿Se pelearon? —Sunny arqueó las cejas —¿Y por qué?
—Porque a la abuela no le agrada que sea mago.
—¿Y eso en qué le afecta?
—Esa es una buena pregunta, Walter, pero no sé la respuesta. En fin, espero que la hermana de Ryo nos diga que ya no haremos esculturas, ¡nunca me salen bien!
Sunny dejó escapar una carcajada, lo mismo que Walter, mientras que Danielle se limitaba a esbozar una ligera sonrisa.
Ya intentaría hablar con Thomas sobre el tema.
Los alumnos de cuarto que llevaban Arte Mágico salieron ese día del aula con un cansancio inusitado. Por lo general, la asignatura era tranquila, pero con el temario actual, la profesora Weasley–Mao parecía retar la resistencia de los chicos que, de una forma u otra, querían conseguir una escultura decente y así, alcanzar una buena nota.
—Nunca creí que lo diría, pero hoy me harté de esa clase —Sunny se dejó caer en la primera butaca libre que encontró —La profesora insistía en que las esculturas no nos salían bien, pero no lo comprendo. ¡La de Olsen era prácticamente igual al hada muggle que nos puso a imitar!
—Quizá quería que hiciéramos alguna cosa de artistas que ella entiende y nosotros no —Thomas, igualmente sentado en una butaca, no parecía con intenciones de moverse de allí en un buen rato —Al menos solo faltan un par de semanas para las vacaciones de Navidad.
—¡Y antes habrá salida a Hogsmeade! —Sunny se animó de golpe, enderezándose en su asiento —Quiero comprar allí regalos para Vince y Brad.
—A mi abuela le encantarán las bolas de chocolate rellenas de mousse de fresa y nata de Cornualles —aseguró Walter, tomando la mochila que tenía a su lado y rebuscando en su interior —Ahora que lo pienso, mejor hago una lista, no vaya a olvidar comprar algo…
—Malfoy, ¿tienes un minuto?
La voz, grave y seria, silenció por completo la plática entre los cuatro amigos. Al ver quién era, Sunny arrugó la frente, Walter arqueó una ceja y Thomas se puso inmediatamente en guardia.
—¿Qué se te ofrece, Nott? —inquirió Danielle lo más educada que pudo.
El muchacho se limitó a hacer un gesto de cabeza para indicarle que quería hablarle en privado.
—De acuerdo —suspiró la rubia, dejando su butaca —Ahora vuelvo —les avisó a sus amigos.
—¿Qué querrá Nott ahora? —espetó Sunny por lo bajo —Porque lo bueno que dice Paula de él yo no me lo trago.
—Yo tampoco —aseguró Walter.
Thomas estaba en silencio, sin quitar los ojos de Danielle y Nott, que habían ido a ubicarse cerca de algunas de las mesas de trabajo de la sala común. Nott apenas movía la boca, pero era quien estaba hablando, a juzgar por la expresión concentrada de Danielle. Después de unos minutos, ella negó con la cabeza, con gesto desconfiado, para enseguida recibir de Nott un sobre de pergamino. El chico agregó un par de frases más, hizo un gesto de despedida y se marchó a los dormitorios, dejando a Danielle en libertad de volver con sus amigos.
—No puedo creerlo —fue lo primero que soltó Danielle al sentarse nuevamente con sus amigos —Pat ya había dicho que podía ir a Azkaban, pero les pidió a los Nott que se hicieran cargo de todo. ¡Imagínense! Pasarse un fin de semana con los Nott hasta que venga Pat…
—¿Por qué no puede venir tu hermano? —quiso saber Walter, en tanto Sunny hacía una mueca ante lo que le esperaba a su amiga.
—Eso es lo que voy a averiguar —Danielle abrió el sobre que le había entregado Todd Nott.
Los otros tres se colocaron a su alrededor lo mejor que pudieron, para leer por encima de su hombro lo que sea que estuviera escrito.
Estimada Danielle:
Hemos sido informados por tu hermano que no puede acudir a recogerte en King's Cross para el inicio de las vacaciones de Navidad, por lo que nos solicitó que te hospedáramos hasta que él concluya sus pendientes laborales en Estados Unidos. Así mismo, me pidió que te acompañe a una visita que le harás a tu padre, ya que no puedes ir sola a Azkaban.
Sin más por el momento, se despide cordialmente:
Theodore Nott.
—¡No dice gran cosa! —se indignó Sunny.
—¿Qué tendrá tan ocupado a Pat que no pueda venir? —se preguntó Danielle en voz baja.
—Quizá se inventó eso porque no quiere ver a tu padre —aventuró Thomas.
Walter le dedicó al pelirrojo anaranjado un ademán de incredulidad.
—Tal vez, considerando que mi padre quiso arruinarle la boda con Frida —al acordarse de eso, Danielle sintió un escalofrío —En ese caso, ¡en bonito lío me metió! Irme con unas personas a las que no conozco, a esperar que venga.
—Tu hermano debe conocerlos para haberles pedido eso —señaló Sunny repentinamente.
—Sí, supongo, pero no me gusta la idea.
A Thomas tampoco le gustaba, porque no hacía más que aumentar el malestar que sentía cada vez que pensaba en Nott. Pero como aún no sabía explicar a qué se debía esa aversión, prefirió no decir nada y se prometió hacer sonreír a Danielle hasta que se marcharan a casa de vacaciones.
Esperaba sinceramente que sirviera de algo.
(1) La traducción del nombre sería, aproximadamente, Paraíso del Norte.
23 de Enero de 2012. 7:38 P.M. (Hora de Aguascalientes, Ags. México).
¡Hola a todo el mundo! ¿Cómo pasaron las fiestas decembrinas? ¿Y el día de Reyes? Yo comí un montón de rosca ¡y este año sí tuve regalos de Navidad! (Bell sonríe como boba). Claro, eso no justifica que me tardara tanto… O quizá sí, ya que anduve ocupadísima. Ya saben, la vida muggle no me deja en paz.
Pasando a lo que interesa, sigo en lo dicho: trato de no hacer los capítulos tan raros y me sale la fórmula al revés. Empezando con la visita de Abil al cementerio, donde su padre le da una buena charla mental. A ver, ¿de dónde sacó Acab esa facultad? ¿Y qué se trae ahora? Nada, por ahora diré que su Legado "evolucionó" un poco y por otro lado, él no quiere que su esposa (porque no se divorció, los remito a Lsg para que se aseguren) lo mate. Con eso se va resolviendo la incógnita del suceso de La Isla (el ataque a la mansión de los Edmond, por si alguno no entendió).
Por otro lado, tenemos la versión resumida de la broma a Zabini y Blow (admítanlo, imaginarse a esos dos cubiertos de vendas da mucha risa) y que en Hogwarts se jugó el primer partido de la temporada. Los dos equipos actuaron lo mejor que pudieron y Mackenzie se ganó regaños cuando quizá quería que abuchearan a Danielle por no saber manejar a su equipo (¿será? Se los dejo de tarea). Al final, a los cuatro amigos de Slytherin se les borró la derrota de la mente con lo que Snape le entregó a Danielle. ¡Papi Draco pide ver a su hija! Incluso yo, que soy la autora, me sorprendí al principio por sacar eso, porque precipita un poco los acontecimientos que tengo planeados. Pero en fin, que pase lo que tenga que pasar, a ver si resulta.
Y siguiendo por ahí, los Nott hospedarán a Danielle durante el inicio de las vacaciones, y será el señor Nott quien lleve a su ahijada a Azkaban. Es decir, ¿Patrick está loco o de verdad conoce a los Nott? Quiero inclinarme por lo segundo, aunque no sé… Las cosas se me salieron un poquito de control al decidir que Draco quiere hablar con Danielle. Y esperemos que esa charla no termine tan mal como presiente Thomas, o seguro muchos acabarán odiándome por escribir semejante cosa.
Ya, espero que nadie se quede descontento con este cabalístico capítulo, el primero de 2012, un año que para mí promete mucho (cosas mías, si quieren, ignórenme). Sigo sin candidatos convincentes para El Loco y La Muerte, no crean que lo olvidé. ¿Dónde están los pocos lectores que me ayudan con eso, dónde? (Bell se revuelve el cabello con impaciencia). Vamos, ¿recuerdan esos capítulos con título de Arcano? ¿Sí? ¿Y qué creen que va a pasar cuando quiera escribir el que se titule La Muerte o El Loco? No quieren ser los causantes de otro retraso mío, ¿verdad? (Bell anda en plan chantajista, pero le da igual).
Me paso a retirar, esperando no tardar demasiado con el siguiente capi, para lo cual aprovecharé todas las rachas de inspiración que me lleguen. Cuídense mucho y nos leemos lo más pronto que pueda.
