Disclaimer: Nada me pertenece blablablablabalbalabla no me pagan por esto blablablabla.

Notas de la autora: Mi ordenador me ha dado un montón de problemas, se apaga sin motivo y he reescrito esto como doscientas veces porque no había forma humana de guardarlo; me he puesto histérica (más de una vez). Y al final no he conseguido que me quedase tan bien como lo tenía planeado.

Para Dheisen Weslin, quien ama tanto a estos dos como yo, siento haber tardado tanto con el capítulo.

Advertencias: Se me ha ido bastante la cabeza, tanto en lo que respecta a la narración como al capítulo de TBB.


2011

La sala coloreada de ámbar iba llenándose. Una multitud resbalaban hasta cerrar un círculo en torno al escenario, las velas titilaban. Jim había llegado con bastante antelación, ocupando uno de los bordes, esperando. Sabía que vendría, "única actuación" rezaba el panfleto borgoña; demasiado tentador y ligado al caso como para que Sherlock no asistiera.

Hacía más de una década que no se encontraban en la misma habitación, respirando el mismo aire, sujetándolos el mismo suelo. Pero Jim había estado ocupado, siendo muy revoltoso; y se había dicho que tenía que dejar al pequeño Sherlock desarrollarse. Siempre había mantenido uno de sus muchos ojos en él; pero el mundo era grande y malo mientras lo exploraba; construía, reía y bailaba.

Durante estos años; Sherlock, había dejado atrás al muchacho escuálido que se caía en pedazos e intentaba sujetarse a sí mismo con agujas y un cinturón. Ahora era un hombre que se reponía con partes de otros, un hombre que sustituía sus pútridos miembros por los de cuerpos frescos, víctimas de crimen ajeno, en un vasto intento de mantenerse en pie. A Jim no podía resultarle más bello.

Entonces él entró en la estancia, tras un muro de mediocridad compuesto por el vulgar doctor y la nueva adquisición de este, cuchicheaban como repugnantes cigarras. En silencio, irguiéndose cuan alto era y sobresaliendo orgulloso, Sherlock estaba escaneando el teatro y la multitud. Pero Jim estaba a salvo; como la primera vez que le vio escondido entre el tumulto de alumnos, mientras Sherlock era un chiquillo empapado e ignorado. Le gustaba hacer estas comparaciones, de la primera y última vez, cerrando el círculo.

La actuación comenzó; con el sonido de timbales, la luz tornándose violeta, la contrabandista y general Shang maquillada haciendo aparición en el escenario; pero no pudo apartar los ojos de él. Tenía todo preparado, su regalo de presentación a Sherlock. Meses de delicada planificación, expresamente creado para que por fin le vea completamente. La gran obra comenzaría en apenas tres días, de la misma forma que comenzó el universo, con una explosión, un gran boom. Su cosmos particular, tejido con brillantes constelaciones en absurdas figuras imaginarias, destruyéndose y creándose al mismo tiempo, en un renacer infinito.

Habían destapado una enorme ballesta en mitad de la sala, todos parecían hipnotizados por ella. Sherlock susurraba una explicación en oídos triviales mientras el vulgar doctor con su mujerzuela tonteaban. Nunca admitiría que en un principio le desconcertó el saber que Sherlock de pronto tenía un compañero de piso, alguien que le seguía a todas partes. Aunque bueno, pensó Jim, todos tienen en algún momento de su vida un perrito. Eso es lo que era, una babosa y torpe mascota que corría feliz entre sus piernas; mueren antes que el dueño. Y la gente lo soluciona volviendo a la perrera para elegir otro, lisiado y común bicho estúpido. Él no se iba a enfadar por una nimiedad como esa; no interfería en sus planes, estaba bien, se lo permitía.

El tiempo seguía su curso mientras el número de escapismo era llevado a cabo, mientras el enmascarado se zafaba de las cadenas Sherlock se deslizó por la última fila de espectadores. Ya sabía lo que iba a pasar (aburrido, predecible, insulso) y no iba a desperdiciar una buena distracción como aquella. Estaba seguro, aquellos debían ser los contrabandistas, y no tenía una mejor oportunidad para ojear entre bambalinas.

Pasó por detrás de una pareja (ella estaba por obligación, prefería haber estado en otro sitio, tensa; allí por su novio), una familia de cuatro (allí por los niños, típico proyecto de fin de semana), un grupo de adolescentes (plan propuesto por el joven de en medio; vivía en un radio de tres calles, llevaba el volante de un restaurante barato saliendo del bolsillo), un joven solo (interesado en la cultura asiática, había unas chapas de la reciente exposición sobre grabados tibetanos del Museo Británico atravesadas en la chaqueta) y una pareja de dos hombres mayores (actividad propuesta por el geriátrico de la zona, los dos únicos inscritos.). Se reprendió a si mismo, debía centrarse en encontrar evidencias sobre el caso; no descifrar una multitud que no tenía secretos para él.

Cuando el detective se perdió tras el telón, Jim se indignó. Estaba allí para observarle por última vez entre las sombras y el muy de desgraciado se atrevía a desaparecer de su vista.

El número terminó con un sonido seco y la lanza atravesando la madera, no la carne del escapista. La general Shang dio paso a una nueva actuación mientras se retiraba discretamente. Moriarty rebuscaba furioso en el bolsillo de su cazadora. Tomó el móvil con una mano y tecleó ávido.

"Ratones entre bambalinas suelen ser desaconsejados para los negocios. M"

En cuanto la mujer leyese el mensaje, tendría de nuevo a Sherlock en escena.

El equilibrista rodaba en el aire antes los impresionables ojos de la muchedumbre y Jim reía porque estaba viendo como el telón se movía, en una actividad no anunciada en el programa. Sherlock apareció virando en el aire, igual que el equilibrista pero sin punto de apoyo, cayendo de espaldas al suelo.

La muchedumbre entró en un pánico comparable al que sienten los antílopes al ver acercarse las leonas. Sus sistemas límbicos gritaron que huyesen y el aparato locomotor cumplió la orden sin dudar.

Jim ya había visto suficiente, como siguiese contemplando al noble y estúpido doctor defender más a Sherlock iba a ponerse a gritar histérico. Así que dejando a sus espaldas una pelea muy poco interesante se sintió algo desmotivado. Más le valía a Sherlock hacerlo mejor la próxima vez, o verdaderamente si iba a decepcionar y el mundo no quería pagar su decepción.


Notas de la autora:

Habrá un capitulo más que será el epílogo.