A Rodrigo, amigo de la secundaria.

Por no saber antes de tu partida, por el juego del destino que nos impidió reencontrarnos.

Por darles a los gemelos Bluepool su cumpleaños y a los Salais su primer apellido.

Préstame algo de tu talento para seguir adelante.

De parte de la infanta, para el noble caballero, con un beso en la mejilla.


Veinte: Sin sentido.

14 de febrero de 2021.

Norte de Escocia.

High Street, Hogsmeade.

Paula y Ryo, ese día, no tenían ningún plan especial tras separarse de sus amigos. Tomados de la mano, eligieron un banco de madera colocado cerca de la tienda de túnicas de la Casa Umikaze, tomaron asiento sin soltarse y se dedicaron a mirar a la gente que pasaba por la calle principal del único pueblo enteramente mágico de Reino Unido.

—¿Le hacemos un hechizo zancadilla? —propuso Ryo.

Paula se fijó en la persona que señalaba su novio. Era Cyrano McLaggen, de Gryffindor, que tantos malos ratos les había hecho pasar a Hally y a Rose.

—¿Vale la pena? —preguntó ella a su vez, en tono cansino.

Ryo frunció el ceño, negó con la cabeza y siguió observando.

—¿Crees que Danielle regañe mucho a Thomas? —inquirió la rubia de pronto.

—Ni idea, pero él se lo buscó. Resultó demasiado obvio.

Recordando la forma en la que Thomas consiguió que Procyon y Hally se fueran solos a Honeydukes, Paula no pudo evitar sonreír.

—Solo espero que sirva de algo —continuó Ryo, mirando al cielo, ligeramente nublado —Me da la impresión de que Procyon está asustado con la idea de declararse y ser rechazado.

—Hally no lo rechazaría.

—¿Estás segura?

—No, lo siento. A lo que me refiero es… Hally no querría herir sus sentimientos, ¿cierto?

—Si esa fuera la razón para que aceptara salir con Procyon, no sería nada justo.

—Lo sé. Solo intento imaginarme qué pasaría si él se declara finalmente.

—¿En verdad crees que lo hará?

—Ahora Hally no tiene novio. Bien puede intentarlo.

Ryo dio una cabezada, aceptando eso, pero algo le decía que Procyon no lo veía tan sencillo.

—Ahí va la hermana de Bryan —comentó Paula tranquilamente —Estuvo a punto de ser Premio Anual, ¿lo sabías?

—No, ¿a quiénes les dieron la insignia, por cierto?

—¿No te enteraste? —la rubia elevó los ojos al cielo —Los Premios Anuales son Victory, de Gryffindor, y Hitchens, de Slytherin.

—¿En serio? No recuerdo haberlo escuchado…

Se quedaron callados un rato, para luego reír por algunos paseantes que hacían pantomimas graciosas al conversar. Incluso se pusieron a imaginar los posibles diálogos de esos paseantes, al menos hasta que vieron pasar a toda velocidad a Bryan, muy apurado, pero no con aspecto de haber recordado un pendiente a última hora, sino como si estuviera escapándose de algo.

—¡Bryan! —llamó Paula, poniéndose de pie de un salto.

El aludido siguió corriendo, por lo que la rubia creyó que no la había oído.

—¡Erumpents! ¿No estaba él con Amy, Sunny y Walter? —soltó Ryo, frunciendo el ceño.

—Sí, pero no sé…

Pronto creyeron ver la respuesta a sus dudas. Sunny avanzaba a grandes zancadas con una expresión furibunda, seguida de cerca por un Walter apenado y una Amy a punto de llorar.

Ai, si tu mejor amigo le hizo algo a una de mis mejores amigas…

—Si fue así, debió ser un accidente. Vamos con ellos.

Ryo asintió y se acercó a los otros tres, seguido de cerca por Paula.

—¿Qué sucede? —quiso saber la rubia.

—¿Lo vieron? ¿Vieron a dónde se fue Bryan? —preguntó Sunny con brusquedad.

—Sí, lo vimos, ¿pero por qué…?

—¡Ese Hufflepuff de cuarta…!

Después de soltar aquello, Sunny finalmente detuvo sus pasos, respiró profundo y se fijó en Amy, que parecía suplicarle con la mirada.

—De acuerdo, no es un Hufflepuff de cuarta, ¡pero se portó como un estúpido!

—¡Sunny! —riñó Walter, aunque sin poder ocultar su asombro, pues Sunny rara vez empleaba ese lenguaje —Esto no es tu asunto, ¡cálmate!

—¡Al diablo! Si Amy no quiso gritarle ¡o mejor aún!, darle una buena bofetada, lo haré yo.

—¿Y eso por qué? —preguntaron Paula y Ryo al unísono.

—Por favor, Sunny, déjame arreglarlo —pidió Amy en un murmullo.

Se oyó tan triste que los demás la vieron con ternura, acordándose que su amiga tenía una gran preocupación encima como para agregarle otra.

—¿Segura que podrás? —quiso saber la castaña Slytherin.

Al ver a Amy asentir con la cabeza rápidamente, Sunny suspiró.

—De acuerdo, pero avísale que me debe un coscorrón, ¡como mínimo!

—¡Sunny! —dejó escapar Walter en voz baja, a modo de advertencia,

—¿Qué? ¿Vas a ponerte de parte de Bryan?

—No es eso, es que…

—¿Wilson?

El grupo de amigos había caminado sin darse cuenta hasta el exterior de Honeydukes, y de esa tienda salía un grupo de cinco jóvenes aparentemente de séptimo. Confirmaron el curso de todos cuando habló un chico alto, con una espesa mata de cabello rubio oscuro y ojos verdes, que iba junto a otro de revuelto cabello oscuro, ancho de espalda y penetrantes ojos color azul plomizo, casi gris, que llevaba la insignia de Premio Anual en su pecho.

—¿Tienes un minuto? —quiso saber el chico de ojos verdes.

—Ahora no, Cornfoot, estoy ocupada.

—Vamos, ¿no quieres una meiga frita?

—Cornfoot, ¿en serio crees que te pondré atención por una meiga frita? —espetó Sunny.

—Te lo dijimos, es igual o peor que la Weasley chiflada —advirtió uno de los amigos de Cornfoot, enorme y mal encarado, cuya hosca cara recordaba a un oso enojado.

—¿A quién estás llamando chiflada? —quiso saber la castaña, perdiendo la paciencia.

—Suficiente, Warrington —indicó inesperadamente el chico de la insignia, con serenidad.

—Lamento haberte importunado, Wilson —intervino entonces Cornfoot, con una vaga sonrisa —¿Puedo disculparme adecuadamente en otro momento?

—¿De qué hablas?

—Hablo de una cita, por supuesto.

—Déjame pensarlo —espetó la castaña, intentando ganar tiempo cuando en realidad se había desconcertado con la petición —Ahora si nos disculpan…

El grupo de amigos oyó una ahogada queja del tal Warrington cuando se alejaban, pero aparte de eso, ya no les prestaron atención.

—¿Por qué querría un chico de séptimo salir contigo? —preguntó Walter, suspicaz.

—¡Yo qué sé! Fue uno de los que me envió tarjetas el año pasado, o eso dijo cuando quiso saber por qué no le contesté. Tuve que inventarle que tengo un tutor muy estricto que cree que no tengo la edad suficiente para tener citas, pero es que nunca vi su tarjeta. Snape las confiscó todas.

—¿Snape confiscó tus tarjetas de cumpleaños? —se extrañó Ryo.

—Sí, le habían llegado muchas quejas de las chicas que cumplían catorce años, así que estuvo atento cuando yo los cumplí. ¿Quién lo entiende? ¡Ah, ahí está!

Habían llegado al inicio de la calle, donde algunos rezagados del colegio se reunían en parejas o grupos antes de irse a pasear. Bryan estaba dándoles la espalda, pero su cabello castaño rojizo era inconfundible, más cuando lucía, anudada al cuello, una bufanda a rayas negras y amarillas.

—Yo lo arreglo —insistió Amy entonces, temiendo que Sunny olvidara el detalle, y a paso rápido, los adelantó —Esperen un momento.

—¡Pero Amy…!

La castaña de ojos azules no escuchó. La vieron llegar junto a Bryan, darle unos golpecitos en un hombro para llamar su atención y acto seguido, sujetarlo de un brazo cuando él estaba por echar a correr de nuevo. Sunny bufó ante lo último.

—No lo entiendo, ¿por qué huye? —se quejó —Creí que estaría feliz.

—¿Feliz de qué? —preguntó Ryo, arqueando una ceja.

¡Gott! ¿Acaso es lo que yo pienso? —soltó Paula de repente, con los ojos muy abiertos.

—Dinos qué piensas —pidió Walter, ladeando la cabeza.

—¿Bryan le dijo algo a Amy? ¿Algo… privado?

Paula titubeó al decir exactamente lo que pensaba, pero por lo visto sus dos amigos de Slytherin comprendieron, pues se miraron uno al otro antes de encogerse de hombros.

—En realidad, fue ella la que habló primero —aclaró Sunny finalmente —Por eso no entiendo por qué Bryan salió corriendo y nos dejó plantados.

—¿Qué dijo Amy exactamente? —Ryo, irritado por no enterarse de nada, hizo una mueca.

—Ah, casi nada —ironizó Sunny, que seguía echando miradas furtivas a donde sus dos amigos de Hufflepuff conversaban en voz baja —Quiere que salga con ella.

—Espera, ¿Amy quiere…? ¿La dulce y tímida Amy que conocemos?

La incredulidad de Ryo tenía su razón de ser, pero a los demás les sorprendió igual. Quizá creyeron que, conociendo a Amy desde hacía años, la comprendería mejor.

—Creí que ella esperaría a que él hablara primero —continuó el Ravenclaw, lo que les aclaró las dudas a sus amigos —Para estar segura y todo eso.

—Pues no, quiso ella dar el primer paso. Ahora veamos cómo resulta.

No tuvieron que esperar demasiado. Vieron a Amy acabar de decir algo especialmente largo, luego de lo cual soltó el brazo de Bryan y le dedicó una débil sonrisa. Él dio una cabezada dedicada a sus amigos, colocándose a espaldas de la castaña Hufflepuff.

—¡Eh! —dejó escapar Sunny, acercándose a Amy —¿Qué pasó?

—¡Oh, nada! Le avisé a Bryan que querías golpearlo.

—Eso es trampa, sabe que a ti no te haré nada. ¿Y bien? ¿Cómo salió todo?

Amy y Bryan se sonrojaron, y que ella no dejara de sonreír era una buena señal.

—Yo… Me disculpé por dejarla plantada antes, estaba un poco confundido —confesó Bryan con voz apenas audible, viendo de reojo las reacciones de los demás.

—De alguna forma, no lo creía posible. ¿Tonto, no? —la castaña rió un poco y a sus amigos les aligeró el corazón, ya que no había lucido muy contenta en los últimos días —Se lo expliqué mejor y comprendió que no estaba bromeando, así que Sunny, por favor, no lo golpees.

¡Gott! —volvió a exclamar Paula —¿Entonces ya están saliendo?

Bryan encogió los hombros con cierta vergüenza antes de que Amy asintiera.

—¿Podrían contarme cómo se dio todo eso? —pidió Ryo, entre asombrado y bromista.

—Ah, claro —aceptó Bryan, un poco más serio —Pero no es la gran cosa…

***Inicio de remembranza***

Walter había pedido ir a comprar tinta en primer lugar, así que se dirigieron a La Casa de las Plumas. Amy musitó algo de una pluma nueva y Bryan iba bastante callado Para Sunny, aquel día se estaba convirtiendo en uno muy aburrido.

¿Podemos pasar luego a Dervish y Banges? —inquirió Bryan.

Sí, claro —le contestó Amy con serenidad.

A Sunny no se le escapó que chico se puso un poco nervioso, así que se acercó a Amy, intentando hablar con ella de manera casual.

¿Qué le pasa a Bryan? —preguntó, sin más.

No lo sé. A su padre lo enviaron a Europa continental hace poco, quizá esté nervioso por eso.

Sí, seguro.

Pero Sunny no estaba muy convencida. Era cierto que últimamente no se tenían noticias de ataques a países del continente, pero eso no significaba que Hagen dejara sus planes de lado.

Llegaron al local y mientras Walter comentaba algo de una tinta que cambiaba de color al escribir, Amy se entretuvo mirando las plumas con su característica paciencia, deliberando en silencio cuál llevarse. Sunny, ya que estaba allí, decidió buscar pergaminos, por lo que se perdió el instante en que Bryan dejaba de fijarse en el estante de los tinteros de bronce y se acercaba a Amy.

¿Qué opinas? —preguntó la castaña de ojos azules al tenerlo a menos de dos pasos de distancia. Sostenía una pluma en cada mano —La de pavo real me parece presuntuosa, pero la de águila es un poco…

¿Por qué no te llevas esa? —Bryan señaló una corta pluma negra de bordes dorados.

¿Esa? Es demasiado cara para usarla en clases.

¿Y qué tal esa? —el jovencito apuntó esta vez una pluma larga de un marrón suave.

Se ve resistente, la voy a comprar. ¿Tú no quieres nada?

No, tengo lo que necesito. Amy…

La castaña lo miró con atención, con los labios apenas curvados en una fantasmal sonrisa, pero Bryan no pudo seguir hablando. Sentía algo atorado en la garganta, por lo que negó con la cabeza.

¿Estás bien? —decidió preguntar ella —Pareces preocupado. ¿Es por tu padre?

En parte —admitió Bryan, soltando un suspiro —Mamá me escribió la semana pasada. Dice que no debo preocuparme, lo único que tenía que hacer papá era reunirse con colegas y discutir leyes internacionales aburridas, pero no puedo evitarlo.

No, no puedes —Amy asintió con lentitud y un semblante casi solemne —Pero ya verás que no le pasará nada, no si tiene el carácter de tu hermana.

Eso logró arrancarle una sonrisa a Bryan. En algún momento, había mencionado que Erica y su padre eran bastante similares, pero le sorprendió que su amiga lo recordara.

Amy…

Bryan, ¿quieressalircomigo?

¿Qué?

Como la castaña había dicho aquello muy aprisa, no se le había entendido. O eso quiso creer el chico.

Yo… ¿Quieres… salir… conmigo? —repitió ella, con lentitud y las mejillas rojas.

¿De qué hablas? —Bryan sacudió la cabeza.

De ser como Paula y Ryo. O como Danielle y Thomas. Tenía miedo antes… pero ya no.

¿Miedo? ¿Por qué?

No soy la más valiente del mundo, ni la más lista, ni la más bonita —en ese momento Bryan quiso interrumpirla, pero como Amy siguió su discurso, se quedó con la palabra en la boca —Pero Alice… Ya sabes, mi cuñada… Dijo que soy una buena chica, eso me animó mucho. Además, quiero contárselo a Ernest cuando esté bien, quiero… Aprovecho la vida que tengo ahora, Bryan. No voy a esperar a que me pase algo malo para que te des cuenta de que estoy aquí.

A medida que se sinceraba, Amy lucía más y más decidida. Por otro lado, Bryan estaba anonadado, sin acertar a decir palabra, porque en primer lugar, necesitaba racionar todo eso para empezar a creerlo.

Los dos jóvenes de Hufflepuff estaban tan concentrados en su charla que no se percataron que Sunny se hallaba a unos pasos, pues iba a avisarles que ella y Walter estaban listos para irse. Había escuchado la mitad, pero eso le bastó para atar cabos y sonreír con ganas.

Al menos hasta que Bryan balbuceó, claramente intentando responder, antes de dar media vuelta y salir de la tienda a toda carrera.

¿Qué rayos…? —masculló Sunny, avanzando con decisión —Amy, ¿qué…?

Ay, no, ¿qué hice mal? —susurró la aludida, con aire despistado.

¡Tú no hiciste nada malo! ¡Eh, Walter! Paga todo y vámonos.

¿De qué hablas? —Walter la miró con una ceja arqueada, desde el mostrador.

¡Tú paga todo! Después hacemos cuentas.

El castaño entrecerró los ojos grises con cierto fastidio, antes de fijarse en la cara de Amy, quien miraba al vacío con expresión preocupada, y decidió hacer caso. Al reunirse con las dos chicas, Sunny lo arrastró fuera de la tienda, para luego explicarle en apresurados susurros lo que había ocurrido y tras eso, adelantarlos a los dos, bufando y lanzando pestes contra Bryan.

Sé que en Hufflepuff no son los más valientes, ¡pero tampoco son idiotas! —fue una de las tantas cosas que la castaña Slytherin dejó escuchar.

Amy negaba en silencio, quebrándose la cabeza para idear algún método con el cual solucionar todo, en tanto Walter no acababa de comprender cuánto podían ofenderse las chicas por cosas ajenas a ellas.

***Fin de remembranza***

—De verdad lo siento —comentó Bryan al terminar el relato, mirando de reojo a Sunny —No creas que… Ya lo dijo Amy, no terminaba de creérmelo.

—¡Hablamos de Amy Elizabeth Macmillan! —exclamó Ryo con énfasis, sin dejar ver si estaba asombrado o molesto —Esta chica no suele decir mentiras.

—Eh, Ryo… —intervino la recién nombrada con timidez.

—Bueno, sí, quizá has dicho algunas, ¡pero nunca tan grandes!

—Yo… —Bryan carraspeó —¿Tú le creíste enseguida a Paula cuando aceptó salir contigo?

Ante eso, Ryo arrugó la frente, notablemente fastidiado.

—Exacto —continuó Bryan, más seguro de sí mismo —Parece demasiada buena suerte.

—¡Oye! —soltaron Paula y Sunny, atónitas.

—¿Contigo no fue así? —encaró Bryan a Paula con expresión seria.

—Ah, yo… ¡Eh, no es justo! —se quejó la Ravenclaw por lo bajo, haciendo reír a todos.

—¡Dragones! Nos olvidábamos de los demás —soltó Ryo en cuanto pudo calmarse.

Deshicieron un tramo de lo andado, plantándose en la puerta de Las Tres Escobas en pocos minutos. Walter fue el que se adelantó a abrir la puerta, encontrándose con el local más o menos lleno, lo cual era más de lo que esperaban.

—¿No se supone que los cursis se irían a otros sitios? —soltó Sunny, un tanto despectiva.

—Quizá no tenían más lugares en los otros sitios —aventuró Walter, ceñudo.

—¡Eh, ayúdame! —Sunny se colocó tras Bryan y Ryo apresuradamente.

Mientras el grupo de la Orden del Rayo iba entrando al local, Cornfoot y sus amigos iban de salida. Al cerrarse la puerta, Sunny fue interrogada con la mirada.

—No esperaban que le contestara hoy, ¿verdad? —se defendió ella.

—Quizá no, pero me recordaste a Danielle —Ryo se encogió de hombros.

—Hablando de nuestra amiga… —Paula señaló a su derecha.

En una mesa a cuatro metros de distancia, ya estaban instaladas Danielle y Hally, con las cabezas muy juntas, como tratando un tema secreto. Solo cuando estuvieron a dos pasos de ellas, sus amigos alcanzaron a escuchar la voz de la rubia.

—… ¿Qué, le contesto? Me siento un poco rara haciendo esto sin decirle a Thomas…

—No te preocupes, no es nada malo. Además, acabarás diciéndole, te conozco.

Danielle se enderezó, dejando escapar una breve risa, y divisó a los recién llegados.

—¡Hola! —saludó, sonriendo ampliamente —Terminaron temprano, ¿no?

—En realidad, nos hicieron terminar temprano —Walter dio una cabezada para indicar a Amy y Bryan, que no sabían dónde meterse.

—¿En serio? —inquirió Hally, curiosa.

—Ah… ¿No quieren algo? —preguntó Bryan a toda prisa.

Sunny, Walter, Paula y Ryo hicieron su pedido, en tanto Bryan y Amy iban por él. Esa ausencia fue aprovechada para poner a Hally y a Danielle al corriente de lo sucedido.

—¡Ya era hora! —dejó escapar la rubia Slytherin, para sorpresa del resto —No sabía que era Bryan el que le gustaba a Amy, pero sí me parecía que estaba pensativa por alguien. Aunque después de lo que le pasó a su hermano, creí que estaba imaginando cosas.

—No, no imaginaste, pero todo el asunto es molesto —espetó Ryo.

—¿Celoso, acaso? —bromeó Paula.

—Incómodo, quizá —respondió él, encogiéndose de hombros.

—¡De verdad eres como un hermano mayor! —exclamó Sunny, riendo.

—¡Órdenes listas! —anunció Thomas, llevando una charola y sonriendo ampliamente.

Tras el pelirrojo anaranjado, Procyon, Bryan y Amy cargaban con más cosas.

—Deberían ser meseros aquí saliendo del colegio —indicó Sunny en tono bromista.

—A mí me gustaría trabajar aquí en el verano, pero a mis padres les daría un ataque —Thomas rió ante semejante idea —Aquí o en L'Arcane. Me gustó mucho el crèpe suzette.

—¿Fueron a L'Arcane? —se extrañó Paula, arqueando una ceja.

—Era eso o el horriblemente cursi salón de té de Madame Pudipié —Danielle hizo una mueca de desagrado bastante notoria —Además, no queríamos toparnos con Scott, que según escuché, finalmente logró salir con Higgs.

—En ese caso no sé quién está peor, si Scott o Higgs —apuntó Walter, meneando la cabeza.

Los demás hicieron distintos ademanes en señal de acuerdo y consumieron sus bebidas.


Middle Street, Hogsmeade.

L'Arcane, el pequeño establecimiento ubicado en una de las calles más humildes y solitarias de Hogsmeade, estaba a toda su capacidad ese día. Como tema central había elegido la Adivinación, así que los clientes podían pedir que les dijeran su fortuna en la salud, en el dinero y claro, en el amor. Las chicas eran las más entusiastas y se interesaban especialmente en la lectura de la bola de cristal, a cargo de una mujer sumamente misteriosa.

—¡Muchísimas gracias, Madame!

Una chica de unos quince años, que lucía una capa negra con el escudo amarillo y negro de Hufflepuff, le sonrió a la adivinadora y dejó el taburete donde estaba, para ir corriendo a la mesa donde la esperaban tres amigas.

Madame, alguien quiere verla —avisó una mesera del lugar, ataviada con un vestido rosa pastel y un delantal blanco —La espera en la parte trasera.

¡Oh, la là! Me preguntó de qué se tratará…

La mujer era de edad avanzada, a juzgar por su largo cabello negro surcado por innumerables hebras plateadas, pero su porte y su figura lucían muy bien conservados. La túnica que vestía, azul con adornos iridiscentes en los bordes y con un broche de plata al cuello de forma curiosa e indistinguible a simple vista, le sentaba de maravilla, dándole un aire místico y sereno. Su imagen era afectada únicamente por el largo bastón de madera oscura en su mano derecha, el cual apoyaba en el suelo con firmeza pero a la vez con la delicadeza suficiente para no hacer mucho ruido con él.

Abandonó el salón principal del local, pasando a una habitación trasera, que se trataba de una salita de estar sencilla y a media luz de piso de madera y con una sola ventana que daba al exterior del pueblo. Al fondo de la habitación, una chimenea encendida daba un débil resplandor y hacía visible a la figura que descansaba en una de las elegantes butacas tapizadas en color verde musgo y plateado. La mujer arqueó las cejas sobre sus resplandecientes ojos, entre azules y grises.

Bonjour. ¿Qué se le ofrece? —inquirió con cautela.

—Lamento importunar… ¿Madame L'Ombre, cierto? Pero según supe, usted puede ayudarnos.

La mujer no alcanzaba a distinguir el rostro de su interlocutor, parcialmente cubierto por la capucha de su capa oscura, de un tono incierto entre negro y violeta.

—¿Ayudarles a quiénes, Monsieur? Antes que nada, ¿podría presentarse?

El hombre se encogió de hombros, señalando la butaca más próxima a la que ocupaba. La mujer apretó un poco la empuñadora de su bastón, esférica y plateada, antes de tomar asiento.

—Rayando en la descortesía, Madame, mi nombre no interesa —comenzó el hombre, haciendo notar su refinamiento en la cadencia de sus palabras —No le hallaría el menor sentido, a menos que relatara desde el principio mi situación y la de mis camaradas. Es demasiado complicada, como comprenderá cuando… ¿Ha oído hablar de L'Arcanes Visionnaires?

La exclamación que dejó escapar la mujer por lo bajo no era la más refinada del francés, pero no pudo contenerla. Frunció el ceño, suspicaz, observando lo mejor posible al visitante, sin saber por qué sus hechizos defensivos no se habían activado con él, siendo tan sospechoso.

—Disculpe si la importuné, pero necesito su sinceridad. Nos hallamos en un callejón sin salida.

—¿Son varias personas? —el hombre asintió —No me imaginé… C'est impossible… —musitó Madame L'Ombre, mezclando idiomas distraídamente —La posibilidad de que ocurriera una eventualidad como esa se ha reducido con el paso de las décadas, así que no comprendo…

—Nosotros estamos más perdidos que usted. Por favor, necesitamos ayuda.

La dama hizo una mueca, arqueando una sola ceja esta vez, lo cual causó gracia en el otro, pues sus hombros se agitaron levemente, al tiempo que se cubría la boca con una mano.

—¿Me permite una observación, Madame? —inquirió el hombre amablemente. Ella asintió con lentitud —El nombre de su establecimiento es como un anuncio en colores chillantes para ciertas personas. ¿No consideró algún otro antes de abrir?

—Esa era la idea, Monsieur, aunque admito que no esperaba toparme con individuos en su condición… Si es que es verdad lo que estoy pensando.

—Claro que es verdad, ¿por qué mentiría con algo así? Sin embargo, antes de ayudarnos, me gustaría saber si se tenemos vía libre aquí, no sé si me entienda…

Madame L'Ombre alzó una mano para detener las palabras de su acompañante, adoptando una expresión de profunda reflexión. Al cabo de unos segundos, sonrió levemente.

—Si mi memoria no falla, no hay inconveniente en que tengan vía libre. Pero mucho cuidado, Monsieur, espero que sepan lo que deben hacer cuando todo esto termine.

—Lo imaginamos, Madame, lo imaginamos. Ahora, ¿dónde encontramos a Le Mat?

—¿A Le Mat? ¿Están en esto por su intervención? —ante el asentimiento del hombre, la mujer suspiró —Entonces será más complicado de lo que creí. En primer lugar, tengo que verificar quiénes se han descubierto ya y después, calcular cuándo se descubrirán los demás.

—¡No puede ser! ¿Me está hablando en serio?

—Lamentándolo mucho, sí. En lo que a esto concierne, Le Mat es principio y fin. Si fue Le Mat quien los metió en esto, Le Mat tiene que sacarlos.

—¡Pero no sabemos dónde está!

—Eso es lo curioso. Le Mat debe terminar esto, pero no tiene por qué hacerlo en la misma forma, no sé si me comprenda…

El hombre comenzó a negar con la cabeza, pero se detuvo pronto.

—Entonces… ¿Lo que supimos es cierto? —inquirió él en un murmullo, incrédulo.

Oui, Monsieur. Aunque será un camino largo y quizá cruel. Pero así debe hacerse.

—Y supongo que si Le Mat nos trajo, somos nosotros quienes debemos hacerlo, ¿no?

Oui.

—Menudo lío, Madame. Menudo lío.

Madame L'Ombre no hizo sino sonreír con suavidad, aunque también con tristeza.


Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería.

La Orden del Rayo venía riéndose a carcajadas por un chiste muggle de Thomas cuando se topó en la escalinata de piedra con Henry y Rose, bien envueltos en sus capas y conversando con el ceño fruncido. Creyendo que estaban de nuevo discutiendo, se acercaron lo más rápido posible, pero no fue necesaria ninguna intervención, pues ambos callaron al verlos llegar.

—¿Cómo les fue? —quiso saber Henry.

—¿Traen nuestros dulces? —preguntó Rose al instante.

Hally le pasó a la pelirroja una bolsa de Honeydukes, en tanto Procyon hacía lo mismo con Henry, quien arqueó una ceja ante aquello, pero no hizo comentarios.

—¿Ustedes qué hicieron? —se interesó Paula.

—Henry me obligó a terminar mi redacción de Estudios Muggles, ¡estuvimos en la biblioteca por horas! Fue muy aburrido.

—Tenía pendiente lo de Alquimia, ¿qué querías que hiciera? Además, hacía demasiado viento como para salir. Por cierto… —el castaño de ojos verdes miró a Amy y a Bryan, arrugando la frente —Ustedes no marean tanto, pueden andar cerca de mí sin que vomite la comida.

—¡Eh, Colmillo Blanco, eso es trampa! —soltó Thomas entre risas.

—Ah, ¿es que están saliendo ya? —inquirió Rose, curiosa.

—Sí, sí… Apenas desde hoy —contestó Amy, sonriendo a medias y sonrojada.

—¡Felicitaciones! ¿Lo ves? —inesperadamente, Rose frunció el ceño y miró a Henry.

—Sí, lo veo. ¿Y recuerdas lo que dije, cierto?

—¡Ah, sí! Válgame, eso también debo anotarlo hoy en mi diario…

—Sí, deberías.

—¿Desde cuándo discutes con Henry lo que anotas en tu diario? —se extrañó Sunny.

—Desde hoy —contestó Rose con descaro, mostrando una amplia sonrisa y poniéndose de pie —Eh, chicos, ¿podrían decirme cómo es Howard? No para de pedirme una cita…

—Igual que Cornfoot a Sunny —recordó Ryo y tanto él como Procyon y Thomas se echaron a reír —En serio, ¿para qué querría uno de séptimo salir con una de cuarto? ¡Knarls, es raro!

—Y no hablemos de Corner —dijo Rose inesperadamente, lo cual hizo que todos sus amigos, menos Henry, se quedaran asombrados, pidiéndole explicaciones con la mirada —Acabamos de verlo entrar al Gran Comedor con Nerie.

—¿Con tu prima? —logró preguntar Paula, confusa.

—Sí, aunque todavía no sé por qué, se lo preguntaré a ella en la Sala Común.

Los demás no atinaban a comprender qué podría estar sucediendo entre Melvin Corner y la pequeña Longbottom, pero no dijeron nada hasta observar a Hally, que fruncía el ceño con cierto aire de concentración que finalmente se desvaneció, para dar paso a un suspiro.

¿Su amiga todavía sentiría algo por Corner? Era una buena pregunta.


—¿Se lo dijiste?

Procyon miró con enfado a Henry en cuanto escuchó esa pregunta.

Estaban en la Sala Común de Gryffindor, sentados ambos cerca del fuego, poco antes de la hora de cenar. Era evidente que Henry había aprovechado que Hally y Rose habían subido al dormitorio de las chicas para escuchar quién sabe qué cosa contada por Diane Creevey.

—¿A ti qué te importa? —terminó contestando Procyon, malhumorado.

—Quizá no tanto como a ti.

—No lo parece.

—Procyon…

—¡Ya, no se lo dije! ¿Satisfecho?

—¿Y eso?

—No sé, no me pareció… No quise, ¿de acuerdo?

Eso último no convenció a Henry, quien sondeó superficialmente a Procyon con su Legado y lo descubrió dolido. Se preguntó la razón, pero no pudo averiguar nada porque entonces las chicas bajaron la escalera de los dormitorios, cuchicheando y riendo.

—¡Diane es excelente! —decía Rose entonces, llegando hasta los dos chicos antes de explicarles —Summerby, de quinto, la invitó a Hogsmeade, pero no apareció, así que Diane se fue con Giselle y Cecil. Se toparon a Summerby con otra chica, ¡habrase visto!, y mientras Cecil lanzaba un hechizo zancadilla, Diane le tomó una fotografía. Acaba de mostrárnosla, ¡Summerby cae bastante bien!

Procyon y Henry también rieron y así, salieron por el hueco del retrato.

—Nunca he podido entender eso —comentó de pronto Rose, al calmar su risa —¿Por qué los chicos le piden cita a una para luego salir con otra?

—Son idiotas —respondió Procyon sin dudarlo.

—Claro, pero es que no tiene sentido. Al menos Corner esperó a terminar con Hally para salir con alguien más, ¿verdad?

—Espera, ¿hablas en serio? —se sorprendió Henry —¿No me digas que…?

—Íbamos bajando cuando nos encontramos a Nerie. Me lo contó muy rápido, mirando a Hally sin parar, como disculpándose con ella. A Nerie le parecía maleducado negarse, así que…

—¿Corner va a salir con tu prima? —espetó Procyon, intentando no mostrar su enojo.

—Sí. Nerie dice que es agradable. ¿Corner es agradable, Hally?

—Lo es —respondió la aludida, encogiéndose de hombros.

—¿A ti te parece bien, Hally? —le preguntó Procyon enseguida.

—Lo que a mí me parezca no importa. Melvin puede salir con quien quiera, ya no somos nada.

—¿Ni siquiera amigos?

—Hemos charlado un par de veces sobre eso. Me enfadé con él por decir que quizá como amigo lo querría más que como novio. ¡Sí, claro! Ahora me pregunto qué tanto le vi…

Hally miró al frente con expresión distraída, en tanto sus amigos intercambiaban miradas.

—Yo opino que tenías un torposoplo embotándote el cerebro —aventuró Rose en tono bromista.

—Esas cosas no existen —advirtió Henry.

—Que nadie lo haya comprobado todavía no quiere decir que algo no exista —recitó Rose con voz un poco más tranquila —Lo dice el abuelo Xeno.

Los otros tres menearon la cabeza con indulgencia.


28 de febrero de 2021.

Londres, Inglaterra.

Número 20 de Scottland Street, East End.

El domingo era el día perfecto para convivir en familia, o eso pensaba Anom Antonio Nicté. Claro, ahora mismo su hermana gemela y el hijo de ésta se hallaban en Hogwarts por el curso escolar, pero le quedaba su esposa.

Esposa… Se oía bastante curioso, considerando que después de tantas cosas vividas, creía que ya no tendría la oportunidad de tener su propia familia. Quizá eso fue de lo poco que le envidió a Abil en toda su vida, pero ahora no podía quejarse.

¡Por el penacho de Cuauhtémoc, incluso se había casado con una colega de su difunto cuñado!

—Anom, ¿podrías sacar el pan del horno? Olvidé hacerlo yo.

Él asintió y se puso manos a la obra, mirando por encima de su hombro a la mujer de corto cabello color azul eléctrico que trataba de encontrar una posición cómoda en el sofá.

La casa que habían logrado conseguir era diminuta, según decía la gemela de Anom, y él tenía que darle la razón. Sin embargo, Tonks había dicho en alguna ocasión que quería vivir en el mundo muggle, y considerando las complicaciones que les ponían enfrente las inmobiliarias, incluso habían tenido suerte. Ellos vivían en lo que era la planta baja de una vieja casa victoriana, pero sus vecinos del piso inmediato superior estaban considerando mudarse, así que planeándolo bien, podrían quedarse con ese espacio en cuanto se desocupara.

—Huele bien —comentó Anom al regresar de la cocina —¿De qué es el pan?

—De canela y nueces. Mi abuela muggle me enseñó a hacerlo cuando era pequeña. Intenté luego prepararlo con magia, pero no salió muy bien, ¡acabé tirando la masa contra una pared!

Anom rió, sin querer averiguar cómo había ocurrido tal cosa. En tanto, Tonks sacudió la cabeza y unos cuantos mechones de su cabello se volvieron color verde esmeralda.

—¿Hasta cuándo pasará esto? —se quejó ella, llevándose una mano al cabello y tomando un grueso mechón, mitad azul y mitad verde.

—No te preocupes, seguro que cuando nazca el bebé, podrás ponerte el pelo como quieras.

—Sí, mientras tanto, parece que traigo un plumero de fwooper por sombrero.

Mientras Anom encogía los hombros, se oyó que llamaban a la puerta. Arqueando una ceja, él se levantó a abrir, encontrándose con su vecino del piso de arriba, un hombre de unos treinta años, cabello oscuro y poblado bigote, que vestía una camiseta y jeans.

—Buenas tardes, Alex, ¿qué se le ofrece? —inquirió Anom con una sonrisa.

—Hola, Tony. Oye, alguien vino a buscarte, pero tocaron a mi puerta. ¿Lo recibiste ya?

—No, aquí no ha venido nadie —Anom frunció el ceño —¿Cómo era la persona?

—Es curioso, pero se parecía mucho a ti.

Ante eso, Anom parpadeó unas cuantas veces, confundido, antes de recuperar la compostura.

—Vaya, quizá tocó y como nadie abrió… Acabo de llegar del trabajo y mi esposa estaba dormida en la recámara. Gracias por avisarme.

Alex inclinó la cabeza con amabilidad y se marchó. Anom no cerró la puerta, sino que tomó de un perchero cercano una chaqueta marrón y se la puso.

—¿A dónde vas? —se alertó Tonks, enderezándose lo más rápido que pudo.

—No te preocupes, no tardaré —avisó Anom y salió del lugar.

Ya en la calle, el hombre miró a derecha e izquierda, concentrándose en captar cada sonido y olor que pudieran ayudarle. Finalmente, calle arriba, detectó algo familiar y procuró no echarse a correr para no llamar la atención. Caminó rápidamente, esquivando a unos cuantos transeúntes, hasta casi llegar ante la puerta del número cinco.

Ante dicha casa, halló parado a un hombre cuya única prenda visible era un largo saco oscuro, que dejaba ver la parte baja de un maltratado pantalón gris y unos zapatos tenis hechos jirones.

—¿Papá? —se extrañó.

El hombre lo miró con unos ojos castaños más oscuros de lo habitual, sin expresión alguna.

—¿Anom? —masculló el otro a su vez, entrecerrando los ojos —No te sentí llegar.

—¿Y eso?

—Estoy cerrado.

—¿Bromeas, no?

Al negar con la cabeza, Acab Nicté no modificó ni un ápice el semblante.

—Anda, vamos a mi casa. ¿A qué vienes aquí? Abil está en el colegio.

—Ya me parecía que olvidaba algo…

Los dos hombres desanduvieron el camino hasta llegar al número veinte; durante ese trayecto Anom pudo sacarse de un bolsillo un trozo de papel y una pluma, donde garabateó rápidamente unos cuantos renglones que le mostró a su padre antes de traspasar el umbral.

—Lo tengo —indicó Acab con voz monocorde, regresándole el papel.

Anom asintió. Entró, seguido por Acab, se detuvo ante su puerta, abrió y cedió el paso.

—Gracias —musitó Acab, observando su entorno con un atisbo de curiosidad.

—¡Eh, atrás! —sorpresivamente, Tonks estaba de pie, con la varita en alto y el ceño fruncido.

—¡Momento, Nympha, es mi padre! Vamos a sentarnos y te lo explico.

La metamorfomaga frunció la nariz, pero terminó asintiendo, bajando la varita.

—No nos han presentado oficialmente, ¿cierto? —indicó Acab, tendiendo lentamente la diestra —Acab Nicté Itzá, tu suegro.

—Tonks, su nuera —la aurora estrechó la mano ofrecida.

—Nympha…

—¡Olvídalo! Para el resto del mundo, sigo siendo Tonks.

Anom negó con la cabeza, divertido.

—No importa —aseguró, conduciendo a su padre a uno de los sillones, y tras estar todos sentados, meneó la cabeza —¿Qué estás haciendo aquí, papá? Por lo que me dijo Abil…

—¿Así que te contó? Bien hecho —Acab asintió y fijó los ojos un momento en su nuera —¿Qué le pasó a su cabello? Lo recordaba de otro color…

—Nympha es metamorfomaga. Y estar embarazada le afecta, no controla sus cambios.

—Ah, vaya. Recuerdo que mi madre no podía controlar lo que veía cuando iba a nacer Ixtab. Creo que era por la mezcla de Legados.

—Anom me habló de eso, pero no acabo de creérmelo —comentó Tonks, ceñuda.

—Luego lo verás. Hijo, después de muchas vueltas, decidí ir con los aurores. Y al diablo si no me creen, pero deben detener a Norah.

Al oír eso, Anom no pudo contener una mueca de frustración.

—¿Norah? —se extrañó Tonks.

—Mi madre —respondió Anom, sin mucho ánimo —¿Exactamente qué quiere?

—Imagínate: crear Legados para venderlos al mejor postor.

—¿Eso qué significa?

—Quería negociar con los macehualtin que llevan lo de la clonación de órganos, ¿no? Juraría que ella les lanzó el Imperius a los terroristas para encubrirse, pero dejar su varita atrás fue un descuido. Está desesperada. Prometió tener la manera de que cualquier mago que quisiera tendría un Legado si podía pagar por ello. Pretende que nos estudien y clonen nuestras habilidades.

—¿Para eso está armando tanto alboroto? —se indignó Tonks.

Sin embargo, calló al observar la expresión pasmada de Anom.

—No puede hacer eso, ¿cierto? —quiso saber.

—Nunca se nos han hecho estudios de ese tipo —aclaró Acab —Pero piénsalo, si las facultades surgen en todo aquel que sea un Nicté, ¿quién puede asegurar que no sea posible reproducir el origen de los Legados en un laboratorio? Entonces ese sería el menor de nuestros problemas.

—¿Qué problema habría en que alguien más tuviera Legados? —preguntó Tonks despacio, casi con cautela, ante la expresión severa de los dos hombres.

—Se cree que los Legados eran extensiones de la magia normal —comenzó Acab, imprimiendo a su voz un poco de sentimiento, aunque no ayudaba mucho que éste fuera severidad —A través de los siglos y debido a la necesidad, los Nicté los fueron adaptando hasta que dejaron de depender de la magia propiamente dicha. Los Legados, tal como son ahora, surgieron más o menos a finales del siglo XVIII, y para entonces los Nicté los teníamos bastante dominados.

—No acabo de comprender… —Tonks arrugó la frente, forzando el cerebro —Son facultades mágicas que ahora mismo, solo las muestra quien es Nicté por nacimiento, ¿correcto? —Anom y Acab asintieron —¿Y un mago normal no puede aprender ninguna de esas facultades?

—Lo han intentado —aseguró Anom —Cuando descubrieron los Legados, el resto de los magos creyó que la familia trataba de darse aires y muchos mostraron que podían hacer lo mismo que nosotros. Pero a diferencia de los magos normales, que tienen que valerse de hechizos, pociones y demás para lograr algo parecido, cada Nicté tiene un Legado desde que nace, y debe aprender a controlarlo. Lo que me recuerda… —volteó a ver a Acab con el ceño fruncido —¿Te cerraste así nada más? —su padre asintió —¿Y por qué, si puede saberse?

—Me pasó lo mismo que a Itzi —respondió Acab, cansino —Aunque en mi caso, creo que el término correcto es que evolucioné. Mi Legado ya no es Ideofonía a secas. Ahora es Bidireccional.

—Sí, Abil me lo dijo… ¿Y de verdad no sabes cómo pasó?

Acab negó con la cabeza.

—¿Qué es eso de Bidireccional? —quiso saber Tonks.

—Te conté qué es la Ideofonía, ¿verdad? —al ver que su esposa asentía, Anom prosiguió —Pues ahora mi papá puede usarla en ambos sentidos: escuchar y que lo escuchen. Lástima que esté cerrado ahora, si no…

—Puedo abrirme aquí, si quieres —ofreció Acab.

—Solo si estás seguro que no te va a pasar nada…

Acab asintió y cerró los ojos con fuerza, inclinando la cabeza y quedándose en silencio por unos minutos. De pronto, como si algo puntiagudo y frío perforara su cabeza, Tonks pudo "oír" la voz de su suegro, como si le murmurara al oído.

«Apuesto a que no conoces a un mago que haga esto, ¿cierto?»

—¡Por las barbas de Merlín! —exclamó Tonks en voz baja —¿Qué diablos…?

«Por favor, muchacha, no hables. No puedo hacer esto por mucho tiempo»

Tonks abrió la boca, pero prefirió obedecer y la cerró.

«¿Cómo hace eso?»

«Me concentro en la persona que quiero que me escuche y pienso con más intensidad de lo normal. Con eso, mi Legado hace el resto del trabajo.»

«Se parece a la Legeremancia.»

«Pero esa rama de la magia aún requiere ciertas cosas, como el contacto visual. Con la Ideofonía no es necesario hacer eso.»

Tonks observó a Acab con creciente interés. Seguía con los ojos cerrados y la cabeza inclinada, pero segundo a segundo fruncía más el ceño. Su rostro se veía cada vez más como el propio cuando cambiaba de aspecto.

«¿De qué habla Anom cuando dijo que se había… cerrado

Acab dejó escapar un breve suspiro, mental y físicamente.

«Se parece mucho a su Fidelio, ¿lo conoces? Ocultas algo dentro de una mente y…»

«Sí, sé lo que es un Fidelio. Aquí tenemos uno.»

«Pues bien, los Legado están muy unidos a lo que sentimos, así que a veces nos dan problemas y necesitamos cerrar nuestras emociones una temporada, con un conjuro tan complicado como un Fidelio. Yo lo hice porque me estaba costando trabajo manejar el cambio en mi Legado y oía demasiados pensamientos. O peor, escuchaban lo que pensaba sin que pudiera evitarlo.»

Al terminar semejante disertación, Tonks sintió una punzada terrible, similar a la que había iniciado aquel diálogo mental, pero a la inversa: el imaginario objeto puntiagudo y frío salía de su cabeza sin ninguna delicadeza.

—¿Estás bien? —le preguntó Anom inmediatamente a su padre, que estaba muy pálido.

Acab asintió pesadamente, mostrando una ligera mueca de incomodidad antes de volver al semblante apático con el que había llegado.

—Me recuerda a mí —susurró Tonks entonces, desconcertando a los otros dos —Sí, a los metamorfomagos. No se hacen, nacen. Es algo parecido con sus Legados, ¿no?

—Sí, puedes verlo así —aceptó Anom, dando una cabezada —Incluso es probable que la inestabilidad de tus cambios se deba a que el bebé tendrá un Legado, o será metamorfomago.

—O ambas cosas —sugirió Acab sin nada de entusiasmo.

—Eso sería demasiado pedir, pero ya se verá —Anom hizo a un lado esa idea, al menos de momento —Por lo pronto puedes quedarte aquí y mañana por la mañana te acompañaré al Ministerio. Nympha, ¿te importaría que intentara algo con el pan?

—¿Qué? —a la aurora le pareció una pregunta rara, pero casi enseguida asintió —Sí, claro.

Anom se levantó y fue a la cocina, donde lo oyeron trajinar casi enseguida.

—¿Cómo han estado? —inquirió Acab.

—Bien, considerando la situación y esta casa diminuta. Así la llamó Abil.

—Ah, sí. Si me permites entrometerme, ¿por qué en la boda hubo poca gente?

—¿Cómo? —Tonks parpadeó repetidas veces, confundida —¿Usted…?

—Estuve allí, aunque no me acerqué. Le avisé a Abil que intentaría ir.

—Nos lo dijo, pero como no lo vimos…

—Sí, fue entonces que tuve que cerrarme. Tantos pensamientos sobre mí acabaron por darme jaqueca. Temí que me oyera quien no debía.

—Oiga, ahora que lo recuerdo… Cuando lo arrestamos en París…

—Sí, escuchaba lo que pensaban los aurores. Pero seguía siendo de un solo lado.

La metamorfomaga asintió.

—En la boda hubo poca gente porque invitamos solamente a los más cercanos —explicó —Era en casa de mi madre y ella no recibe muchas visitas desde… desde hace tiempo. Y dígame… ¿Ahora mismo hay muchos Nicté con Legados? —inquirió con amabilidad.

—Los Legados se han ido reduciendo. Según nuestras observaciones, están ligados a la sangre de los magos de México, y entre más se diluya, menos Legados sobreviven. Es algo complicado entenderlo incluso para nosotros.

—O sea… ¿el bebé tal vez no tenga un Legado?

—Lo ignoro. En teoría, el hijo de Abil no debería tener uno y ya ves, el pobre tiene que lidiar con los sentimientos de cuanta persona se le cruza en el camino. Quizá el mezclarnos con magia nueva es lo que está trayendo de vuelta a los Legados.

—Suena como uno de esos presuntuosos sangre limpia.

—¿Y? Los Nicté somos sangre limpia. Según los estándares de México, claro.

—¿En serio?

Acab asintió en silencio, arrugando la frente por unos segundos antes de relajarse.

—El concepto de sangre limpia es correcto, siempre que no se use para denigrar a nadie —comentó con aire pensativo —En México tomamos como signo de orgullo el descender de magos netamente mexicanos, aunque actualmente hay tanto mestizo que no importa mucho. Al menos a mí no me importa. De habernos casado solo con magos nacionales, hacía décadas o incluso siglos que nos habríamos extinguido como país mágico. Por ejemplo, el hijo de uno de mis primos se casó con una bruja que es mitad mexicana, mitad francesa. No me extraña, hubo una época en que los franceses llegaban a México como abejas atraídas por la miel.

—Ah… ¿No ha pensado en regresar allá y pedir ayuda?

—Estuve en México hace poco, para ver al hermano de mi madre y a Itzi. Creí que con los Legados de los dos podría descifrar qué está pasando, pero resultó peor. Itzi está demasiado asustada con lo que pasará y mi tío Nahil apenas habló, alegando que ha visto demasiado.

—¿Qué Legados tienen?

—¿No te lo contó Anom? Itzi tiene la Hipnopredicción, ve el futuro en sueños. Y mi tío tiene el opuesto, la Hipnoretrospección; o sea, ve el pasado. Armar el rompecabezas de las visiones de ambos es un verdadero relajo, como uno de esos cubos de colores de los macehualtin

—¿Se refiere al cubo Rubick?

—¡Ese! —Acab asintió con la cabeza —Fue espantoso. Solamente logramos desenmarañar un par de eventos que vendrán y uno de los que ya pasaron, pero ninguno me ayuda con este asunto. Norah quiere que nos estudien para saber si pueden clonar los Legados, porque de poder hacerlo, los venderá a quien más le convenga. Al principio creí que se lo había pedido la familia de su madre, los Terruño, que son unos magos de lo más convenencieros… Oportunistas —se corrigió, al darse cuenta que había soltado la palabra en español —Pero en México acaban de elegir a un Terruño como Secretario de Magia, deben estar como niños con juguete nuevo. Entonces, ¿a quién querrá venderles los Legados artificiales? Solamente se me ocurre el cuándo, pero lo demás no.

—¿El "cuándo"?

—Sí. Estoy seguro que Norah querrá vender eso cuando la guerra sea un hecho confirmado.

Se quedaron en silencio, con el único sonido de fondo de Anom moviendo diversos objetos en la cocina. La aurora Tonks repasando con cuidado lo recién hablado, colocando su metamorfomagia en lugar de los Legados, y entonces creyó saber qué causaba la preocupación de los dos Nicté.

Un don con el que nacía un individuo tenía la ventaja de conocerlo poco a poco, saber qué lo activaba, qué lo desactivaba, cómo hacerlo más fuerte… Y siendo parte del individuo, al cabo de un tiempo le resultaba tan natural usarlo como respirar. Sin embargo, otra persona sin esa experiencia no sabría cómo manejarlo. Podría intentarlo y salirle como un hechizo mal ejecutado o una poción preparada sin el debido esmero. Si ella, de niña, sufrió muchísimo para conseguir que su pelo dejara de cambiar cada que lloraba o se enfadaba, ¿qué pasaría con un mago adulto si de pronto su nariz, sus orejas o su rostro lo hicieran irreconocible sin que pudiera evitarlo?

Pensar en eso la llevó a recordar los Legados que Anom le nombró (en la primera y más larga charla que tuvieron sobre el tema, poco antes de casarse), así como los mencionados por Acab. Había algunos que podían pasar por magia normal para quien no era de la familia, como el del mismo Anom, pero otros no solo causaban curiosidad, sino disgustos, codicia y sufrimiento. Tal era el caso del de Acab, que oía lo que la gente pensaba, y ahora también podía hacer que lo oyeran. O el de la prima de Anom, que nunca estaba tranquila soñando el futuro, más si se enteraba de algo malo que no podía cambiar. ¿Cómo manejaría la gente normal habilidades como esas? Estaba segura que no lo conseguirían. Se volverían locos en menos de una hora si lo intentaran.

Tal conclusión hizo que la aurora temiera por su bebé, si es que tenía un Legado, pero también le indicó que haría lo posible por ayudar a impedir semejante idea de parte de su "suegra". La mujer seguramente no se conformaría con clonar Legados para venderlos (si es que lo conseguía), sino que se quedaría con uno para sí misma. Eso era clásico en ese tipo de chiflados.

—¿En qué piensas? —oyó que preguntaba Acab con suavidad.

Irónico que su suegro preguntara eso, considerando en qué consistía su Legado.

—¿Cualquiera puede cerrarse? —preguntó la aurora Tonks.

—Sí, es un hechizo auto–impuesto. Por eso solo yo puedo abrirme una vez que me cerré.

—Pero había dicho que es más complicado que un Fidelio…

—Encerrar información en una mente es más fácil que encerrar emociones, créeme.

—¡Papá! —exclamó Anom de pronto, sosteniendo una bandeja con un redondo pan cubierto de glaseado blanco y una sencilla velita blanca —¡Feliz cumpleaños!

Acab asintió, y por un momento, se abrió para sentir alegría ante tal gesto de su hijo.

«Si estuvieran Abil y Henry aquí, sería una verdadera fiesta familiar»

«Ojalá la guerra no nos alcance pronto. Quiero estar casada mucho tiempo y ver al bebé yendo a Hogwarts. Y espero que sea como Anom, que si no…»

Acab sonrió ante esos pensamientos, pero ni Anom ni Tonks se fijaron que era un gesto un poco triste, melancólico… agónico, incluso.

Tal vez Itzi no podía hacer nada al respecto, pero él sí.

Y por el escudo de Tezcatlipoca, intentaría lo que fuera para tener éxito.


3 de Julio de 2012. 8:42 P.M. (Hora de Aguascalientes, Ags. México)

¡Hola a todo el mundo! Bienvenidos sean al que debió ser el capi estrenado en mi cumpleaños pero nomás no logré acabar a tiempo, jajajaja. Seguramente habría tenido varios lindos comentarios envueltos para regalo y demás. Ni modo, no lo logré, y de pilón el día de mi cumpleaños estuve trabajando hasta tarde…

Ahora, pasemos al capi. Hasta la hora de esta nota, el capi no tiene título. No sé cómo diantres ponerle con todo lo que abarcó. Iré desgranando aquí ciertas cosas y a ver si se me ocurre algo.

El resto de la Orden del Rayo que fue a Hogsmeade tuvo un día movido. ¡Eh, armé otra pareja sin venir a cuento! Bueno, debo confesar que Amy fue animada a declararse por lo vivido con su hermano, pese a lo torpe que salió la cosa, aunque la reacción de Bryan fue un tanto… No sé, rara. Hasta yo creo que exageraba (de esa parte de Bell salieron los reclamos de Sunny). Al menos tuvieron una declaración en este capi, aunque no fuera la que muchos esperaban (Bell corre al refugio anti–bombas). O bueno, dos, con eso de que Corner quiera salir con la prima pequeña de Rose (ahora con mayor razón lo tacharán de pervertido, jajajaja).

La parte en L'Arcane es un misterio. ¡Como si no hubiera suficientes ya! Madame L'Ombre (el apellido significa "la sombra" en francés) es una mujer que me rondaba en la cabeza desde hacía tiempo, el local debía tener dueño, ¿no? (En este caso, dueña). El desconocido… Bueno, yo sé quién es. Siempre lo he sabido. Las teorías a su alrededor aumentarán y/o se confirmarán. O quizá de plano acaben por lincharme verbalmente al meter más preguntas de las que contesto, jajajajaja… Lo lamento.

Por otro lado, ¡los Nicté! Acab finalmente se digna a dejar de vagar por allí, acudiendo a la casa de su hijo primero, pero no lo encontró (por el Fidelio y demás hechizos de protección), así que fue a casa de Abil (la dirección de Abil se dice en "La siguiente generación", por si lo olvidaron), pero no se acordaba que ella está en el colegio. Así, tuvimos una perspectiva de la vida del matrimonio Nicté–Tonks, que tal vez algunos querían conocer y a otros a lo mejor les daba igual. Tonks la está pasando mal con esos cambios de color de pelo tan bruscos, mientras se da cuenta que es la que mejor entiende lo que es un Legado, ya que es similar a su metamorfomagia. Válgame, hasta que los Nicté hablaron con Tonks, no se me había ocurrido esa comparación, jajajaja. ¿El futuro Nicté será metamorfomago o tendrá Legado? Ya lo verán.

Así pues, ¿qué nos resta por sacar en esta entrega? En la línea temporal de la historia, ya acabó febrero. Eso me dejaría… entre tres y cuatro meses para maniobrar. Así que espero resolver algunas cosas y dejar otras en la duda un poco más. Solo un poco. Hasta yo me canso si mantengo el suspenso demasiado tiempo. Y entre las que quiero desvelar están las identidades de los desconocidos, pero no estoy muy segura si LAV me dará tiempo para eso. Espero que sí, porque no considero apropiado seguirlos sacando en la siguiente entrega (si es que el cerebro me sigue ayudando para hacer otra entrega).

Por cierto, hace un tiempo logré armar un árbol genealógico de la saga. Estoy pensando en compartirlo, pero vamos, aún no lo decido. Además, creo que le cambiaré unas cosillas. Por lo pronto, dejo abierta la posibilidad y veré si pueden verlo las personas que contesten atinadamente esta pregunta, ¿de qué familia es el árbol genealógico? El plazo para contestarla vencerá hasta la salida del siguiente capítulo.

Y siguiendo con la búsqueda de personaje para La Templanza (no crean que se me olvida), me despido. Cuídense mucho, feliz verano (hemisferio norte), feliz invierno (hemisferio sur), que las elecciones del domingo en México dejen de dar problemas (se vale soñar) y nos leemos lo más pronto que pueda.