A Rodrigo, amigo de la secundaria.
Por no saber antes de tu partida, por el juego del destino que nos impidió reencontrarnos.
Por darles a los gemelos Bluepool su cumpleaños y a los Salais su primer apellido.
Préstame algo de tu talento para seguir adelante.
De parte de la infanta, para el noble caballero, con un beso en la mejilla.
Veintidós: Instinto de supervivencia.
7 de marzo de 2021.
Norte de Escocia.
Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería.
Walter y Thomas tardaron mucho en hallar un sitio donde transformarse, después de ubicar a Mackenzie, que salía del castillo a solas, lo cual era extraño de por sí. Finalmente, entraron a toda carrera a la primera aula vacía que hallaron y Walter fue el primero, musitando unas palabras antes de encogerse… y emplumarse.
Thomas aún no podía creer que su amigo se convirtiera en eso. A él, en su forma animaga, le habían entrado unas ganas locas de perseguirlo, pero al recuperar su aspecto humano, se echaba a reír sin descanso. Lo más curioso es que la transformación de Walter tuviera que ver con la familia de su madre, la rama mágica, que de conocerlo, seguramente lo repudiaría.
—Se lo pierden —musitó, antes de ver a Walter salir por la ventana.
A continuación, Thomas entornó la puerta del aula y también susurró algo antes de sacudir su, ahora, peluda cabeza. Alzó una oreja, oyó pasos en el corredor y cuando éstos se alejaron, él salió del aula lentamente, para luego echarse a correr.
La visión del mundo con esos ojos a veces lo confundía, pero Thomas tenía la suficiente práctica como para no accidentarse. En el vestíbulo, un par de chicas de Ravenclaw le dedicaron miradas enternecidas y lo llamaron, pero las ignoró antes de seguir su camino. Debía actuar como lo que era ahora, cosa que resultaba muy divertida. En esas ocasiones comprendía a Procyon, ya que siendo animal, las emociones no se percibían de la misma forma, quedaban como cosquilleos en el cuerpo y como recuerdos lejanos en el cerebro; sabía lo que eran, pero no lo agobiaban.
El pelirrojo anaranjado hizo a un lado esa línea de pensamiento, bajando la escalinata de piedra con gracia, sin hacer caso a la lluvia, que en ese momento amainaba y no era más que llovizna. Lo único que pedía era no resfriarse, o poder desquitarse con…
Una sombra por encima de su cabeza, describiendo amplios círculos, le avisó que Walter había hallado algo, así que se apresuró a seguirlo, sin hacer caso al extraño instinto que le pedía clavar las uñas y los colmillos en aquella criatura. Henry se los había advertido en cada entrenamiento, que esa sensación era el "animal" queriendo apoderarse de sus mentes, pero no debían pelear en su contra, sino domarlo, asimilarlo… Quizá el castaño ojiverde comprendía eso mejor que nadie, con la habilidad familiar que le había tocado, aunque no había forma de asegurarse. También dejó de pensar en ese tema, no fuera que perdiera la concentración en lo que él y Walter estaban haciendo. Comenzó a trotar sobre el césped mojado, aguzando la vista.
Pasaron a varios metros de la clase de Autodefensas Muggles y aún así, Thomas distinguió sin dificultad una larga cortina de cabello rubio que lanzaba destellos platinos con la poca luz solar que se colaba de vez en cuando entre las nubes. Los ojos animales de Thomas, de un cristalino verde, siguieron ese cabello por unos segundos antes de continuar su camino.
Un grupito de chicas, esta vez de segundo, vio a Thomas y quisieron acercársele, pero él bufó enseñando los dientes y se alejó a toda velocidad. Alzó la vista con cuidado, preguntándose dónde estaba su volador amigo cuando obtuvo respuesta casi inmediata.
Walter sacudía la diminuta cabeza cubierta de plumas marrones (de un tono muy similar a su cabello humano) y estiraba un ala hacia un extremo de los invernaderos mientras dejaba unas notas preciosas de las cuales solo era capaz ahora.
Thomas dejó escapar un bufido, siguió la indicación de su amigo y pronto tuvo al pájaro saltando de rama en rama, a su derecha, dejando escapar de vez en cuando una nota fuerte y clara. A Walter le daba por trinar sin descanso cada que se transformaba, cosa que si algunos de sus amigos estaba de mal humor, encontraba irritante.
Finalmente llegaron ambos a su destino, topándose con Mackenzie de pie junto a un alto pino, con claro aspecto de llevar esperando más de lo que quisiera. Sin perder tiempo, Thomas trepó el pino por el lado contrario a donde estaba Mackenzie, recostándose en la rama más baja y próxima a su compañero de casa. Walter no tardó en llegar a esa misma rama, sacudiendo la cabeza.
—Hola —saludó una voz, llamando la atención de los dos animales, que bajaron la mirada y se llevaron una enorme sorpresa al descubrir de quién se trataba —Vine hoy a decirte que lo dejaremos. Van a atraparte tarde o temprano y oí rumores sobre tu coartada, nadie se la cree.
—Para lo que importa. No voy a dejar que por culpa de esa…
—Mucho cuidado con lo que dices, Mackenzie, que también sé de buena fuente algunas cosas sobre ti, como de dónde salió tu padre exactamente. Por otro lado, no creo que pueda enseñarte nada más. Y si descubren que fui yo el que te habló del hechizo de la otra vez…
—A nadie le pasa por la cabeza que tenga tratos con alguien tan aventajado.
—Sí, pero pierdo más que tú si descubren que te enseñé eso. Más cuando lo usaste contra ella.
Los dos animales en la rama intercambiaron miradas, atando cabos. Thomas contuvo a duras penas el gruñir y enseñar los dientes.
—No entiendo por qué te importa tanto, de no ser por su linda cara…
—Eso es asunto mío, te lo he dicho demasiadas veces. Hasta luego.
El otro había dado media vuelta cuando Mackenzie, claramente disgustado, espetó.
—Al menos me debes una explicación de por qué no puedes seguir ayudándome, ¿no crees?
Ante eso, el otro encogió los hombros y miró por encima de su enclenque hombro.
—Te daría la dichosa explicación si supiera que la entenderás —afirmó con voz tranquila, incluso fría, antes de seguir su camino.
Mackenzie, claramente furioso, apretó los puños antes de retirarse de ese sitio por otro camino. Thomas y Walter volvieron a mirarse uno al otro y el primero señaló la dirección que había tomado Mackenzie, recibiendo un movimiento de cabeza del segundo.
Así, Walter se echó a volar tras su compañero de curso y casa y Thomas, bajando del árbol con ágiles saltos, persiguió al otro sujeto sin hacerse notar.
A la hora de comer, Sunny y Danielle se sorprendieron al ver que Thomas y Walter llegaban tarde al Gran Comedor. Y exhaustos, además.
—¿Dónde se habían metido? —inquirió la castaña —No los vimos en la sala común.
—Dimos una vuelta —contestó Walter secamente, sirviéndose estofado.
—Espero que en Arte Mágico dejemos de esculpir, me aburre —comentó Thomas, frunciendo el ceño —Además, nunca me sale nada.
—No le creas, su figurilla del otro día de un zorro le salió exacta —le susurró Sunny a Danielle, haciéndola reír por lo bajo —Dijo que los vio una vez en los terrenos de la casa de su abuela.
Pronto, terminó la comida y Danielle se despidió de sus amigos, terminándose el postre. Tan enfrascada estaba en la crema de su tarta que no se dio cuenta que alguien se sentaba frente a ella hasta que oyó un carraspeo y un saludo.
—Hola, Malfoy.
La rubia parpadeó con aire sorprendido, alzando la vista.
—¿Qué se te ofrece, Nott? —quiso saber, arrastrando ligeramente las palabras, como hacía mucho que no le salía.
Todd Nott arqueó una ceja, movió los ojos a ambos lados de la mesa y asintió ligeramente.
—¿Qué sabes de Mackenzie? —preguntó sin más.
—¿Crees que me interesa saber algo de él? —preguntó ella a su vez, partiendo otro trozo de su tarta con el tenedor —Nos detesta, lo ignoramos… Eso es todo.
—¿Es verdad que también sabes de dónde salió su padre?
—Claro que sí. Si vas a amenazar, mejor que sea con la verdad.
Nott frunció el ceño al escuchar eso, mas no hizo comentarios.
—Yo que tú, la tendría presente una temporada —comentó él, apoyando los brazos en la mesa e inclinándose ligeramente hacia Danielle —Tu amenaza, quiero decir.
—¿Y eso? ¿A qué te refieres?
El muchacho se encogió de hombros, inclinándose un poco más.
—Si sabes de dónde salió el padre de Mackenzie, deberías seguir por allí —susurró Nott a toda velocidad, pese a lo cual se le entendió cada palabra —Pregúntate qué podría desear alguien así.
A continuación, Nott se enderezó lentamente, se levantó y abandonó el Gran Comedor a paso lento, dejando a Danielle bastante desconcertada.
—Es todo por hoy, jóvenes. Vayan guardando sus materiales sin usar.
Sun Mei Weasley–Mao observó a los chicos de su clase de Arte Mágico de cuarto año, ladeando ligeramente la cabeza. Era evidente que pocos tenían el suficiente talento o la energía necesaria para seguir con esa asignatura, pero no sería ella quien se los dijera. Era una de esas cosas que debían descubrir por sí mismos.
Su propio hermano era un buen ejemplo. El muchacho era casi tan desastroso en las Artes como ella lo era jugando quidditch, aunque no dejaba de intentarlo. Al menos Ryo tenía el sentido común como para darse cuenta que ese no era su camino.
—Lo único que me sirve de esta materia son los dibujos —comentaba Ryo al dejar el aula —Ahora puedo copiar los diagramas de Lovecraft sin preguntarme luego qué intenté poner. ¡Ah! Y las ilustraciones de criaturas mágicas para Hagrid ya no parecen hechas por un niño de cinco años.
Los amigos de su hermano rieron y Sun Mei sonrió ligeramente antes de ponerse seria.
—Poe —llamó.
El aludido se giró para mirarla con cierta sorpresa, antes de hacerles un ademán a sus amigos para que se adelantaran.
—¿Sí, profesora?
—¿Piensa seguir con esta materia después del TIMO?
La pregunta tomó a Walter por sorpresa. Solo acertó a encogerse de hombros.
—Debería pensarlo. Sabe fijarse en los detalles. Lo único que le falta es pulir la forma en que los plasma —Sun Mei sonrió suavemente, antes de volver a adoptar un semblante serio —Ah, y por favor, avise que he dado el mensaje.
Walter asintió, aunque seguía igual de sorprendido.
—Puede irse.
El chico agitó la cabeza y abandonó el aula, no tardando en alcanzar a sus amigos, quienes lo interrogaron con la mirada.
—La profesora me preguntó si me quedaré en la materia después del TIMO —comenzó el castaño, para luego bajar la voz cuando se cruzaron con un montón de chicos de quinto —Y tengo que escribirle a tía Katrina.
—¿Y eso? —se interesó Thomas.
—¿Recuerdan que tía Katrina envió un mensaje? La profesora Weasley–Mao me pidió avisarle que ya se lo dio a McGonagall. Detesto ser el intermediario. Más cuando no entiendo qué se traen.
—¿No leíste el mensaje? —Sunny arqueó las cejas.
—Sí, pero no entendí nada. Supongo que estaba escrito en clave o algo así, para que solo la directora supiera de qué se trataba.
—Eso no tiene sentido —soltó de pronto Ryo y sus amigos lo notaron increíblemente serio —Aunque tú no te enteraras de nada, lo leíste, lo que significa que si alguien estuviera buscando esa información y llegara hasta ti… ¿Comprenden a lo que me refiero?
Los otros tres asintieron lentamente con la cabeza.
—¿Quién puede querer frases sin sentido sobre un zoológico? —espetó Walter finalmente.
—¿Zoológico? —dejaron escapar sus amigos, confundidos.
—Sí. Lo más confuso es que también mostraba palabras en otro… —el muchacho dejó de hablar unos segundos, mirando hacia el vacío, hasta que miró a Sunny —Préstame papel y lápiz.
La chica de inmediato sacó lo solicitado y todos vieron cómo Walter comenzaba a trazar un par de símbolos extraños, que solamente Ryo supo leer.
—Tian Ming —pronunció el Ravenclaw en voz baja —¿Cómo pudiste…?
—¿Dibujar esto? No tendré la memoria de Thomas, pero a veces se quedan en mi cabeza cosas como esta —indicó Walter sin darle importancia —Había más signos como este en el mensaje, así que le di el pergamino completo a tu hermana. ¿Qué diablos estará pasando?
—Estos signos… ¿dónde estaban?
—¿Dónde…? Ryo, ¿para qué quieres saber?
—No sé, curiosidad, creo.
—Eran la firma, por eso me llamaron tanto la atención.
—Hipogrifos, ¿quién firmaría un mensaje como Mandato Celestial en chino?
—¿No será un pariente de la ex–campeona de Zen? Ya saben, la chica Ming —inquirió Thomas distraídamente, como si ni siquiera él se creyera semejante posibilidad.
Los demás miraron al pelirrojo anaranjado con la boca abierta. ¡Claro, como no lo pensaron antes! Casi dos años atrás, al final del Torneo de las Tres Partes, Yue Lin Ming demostró de forma insólita de que los videntes realmente existían. Y Ryo, mejor que nadie, podía imaginarse los motivos para que alguien con su nombre usara semejante seudónimo.
—Fue la ex–campeona —aseguró Ryo lentamente —Parte de su nombre quiere decir "luna". ¿Y qué manda en el cielo de noche, eh? Entonces quizá… Quizá el mensaje no era literal. Tal vez describió algo que vio del futuro, de tal forma que nadie supiera de qué se trataba.
—¿Quieres decir que tuve una profecía en las manos? —Walter no podía creer aquello.
—Tal vez. ¿Pero qué tendría que ver un zoológico con el futuro?
A esa incógnita ninguno tuvo respuesta.
8 de marzo de 2021.
Los alumnos respiraron tranquilamente al ver que el domingo amanecía despejado, sin el menor asomo de nubes de tormenta, así que varios se preparaban para pasear por los jardines.
—¡Por favor, por favor!
En la mesa de Gryffindor, a la hora del desayuno, Rose suplicaba a sus amigos que hicieran las tareas afuera, argumentando que ir a la biblioteca con semejante clima era un crimen. Procyon y Hally debían consultar algunos libros, por lo que se negaron. Henry, en cambio, suspiró.
—Puedo acompañarte yo, si quieres —indicó —No necesito la biblioteca.
—¡Genial! Ya verás, acabaré pronto y podremos dar una vuelta por allí. O nos vamos al campo de quidditch, tengo ganas de volar.
—¡Correo! —avisó de pronto Franco Visconti.
Una lechuza marrón de lo más común aterrizó ante Henry y estiró una pata. El chico frunció el ceño y tomó el rollo de pergamino, dejando que el ave se marchara sin mirarla siquiera.
—Letra de mi tío —indicó, pensativo —¿Ahora qué pasará?
Un minuto después, tras leer la carta, Henry se puso de pie y corrió a la mesa de profesores, plantándose frente a su madre y enseñándole lo que acababa de llegarle.
—Válgame, espero que no pasara nada malo —deseó Rose.
Henry estuvo un buen rato conversando con su madre y al acabar, la profesora se levantó, hizo un gesto para mandarlo de vuelta a su sitio y fue con la directora para charlar en voz baja.
—¿Qué pasó? —quiso saber Rose.
—Nacieron mis primos —anunció Henry, meneando la cabeza al volverse a sentar.
—¿Tus primos? —se extrañó Hally.
—Sí, mi tía Tonks tuvo gemelos, un niño y una niña. Está contenta porque los dos tenían el pelo castaño cuando nacieron, pero luego cambió a rubio, después a negro… Mi tío Anom dice que el color que tenían cuando mandó la lechuza era verde. ¿Por qué? No saben.
—¡Metamorfomagos! —dejó escapar Procyon, asombrado.
El castaño ojiverde asintió, pero apretaba los labios como si se contuviera de decir algo.
—¿Vas a ir a verlos? —preguntó Rose.
—No, irá mi mamá. Prometió traerme fotografías —el jovencito bajó la voz —Además, va a ayudar a mi tío a averiguar si los niños tienen Legados. Espero que no los tengan.
—¿No? —Procyon y Hally miraban incrédulos a su amigo.
—¿Saben lo complicado que será para ellos si aparte de ser metamorfomagos, tuvieran un Legado? Yo a veces siento que el mío es más un problema que una ayuda.
—Lo dicho, qué difícil es ser tú —comentó Rose, asintiendo con la cabeza y mostrando una extraña serenidad —Ahora, ¿nos vamos a los jardines? Antes que cambies de opinión.
Henry suspiró con aire resignado y asintió. Cuando él y la pelirroja dejaron el Gran Comedor, Hally y Procyon intercambiaron miradas.
—Esos dos se traen algo, ¿no? —inquirió ella.
—No lo sé —Procyon se encogió de hombros —Aunque nunca creí que extrañaría sus peleas.
Hally rió y terminó su desayuno para ir con su amigo a la biblioteca.
—¿Hizo qué?
Rose hizo un mohín de disgusto.
—No te lo estoy contando para que armes un escándalo, Henry —advirtió, deslizando la pluma con ligereza sobre su pergamino, escribiendo con rapidez —Con Lancaster tengo suficiente.
—Pero eso… ¡Rose, tú nunca te quedas quieta! —alegó él.
—¿Eso qué tiene que ver con…?
—¡Si a nosotros nos hacen algo, tú reaccionas enseguida! ¿Por qué ahora no?
La pelirroja detuvo el rasgueo de su pluma, meditabunda, antes de sonreír con delicadeza, destacando así el parecido con su madre.
—No vale la pena —contestó finalmente —Que diga lo que quiera, yo sé la verdad.
—Sabrás todo lo que quieras, pero eso no le da derecho a Lancaster de ser grosera contigo.
Rose se encogió de hombros y siguió escribiendo, en tanto Henry fruncía el ceño.
El día que Sullivan había lastimado a Procyon, él no se quedó ante la enfermería por percibir algo a distancia, un sentimiento muy tenue que, sin explicación, supo que era de Rose. Así, fue tras esa emoción y aunque se tardó, halló a su amiga discutiendo con Emily Lancaster, sosteniendo un pergamino por encima de su cabeza. Por lo que pudo escuchar, Lancaster acusaba a Rose de hacer trampa en una redacción, pero por alguna razón se le acabó la paciencia, le dio una bofetada a la pelirroja y abandonó el lugar. Henry no se detuvo a preguntar entonces por el suceso, si no que se concentró en llevar a su amiga a la enfermería, diciendo que era urgente. Hasta ese día se habría atrevido a preguntarle más detalles y Rose se mantuvo sorprendentemente serena al contárselos.
—En serio, que diga lo que quiera —afirmó la pelirroja, escribiendo la última línea de su redacción y poniendo punto final con entusiasmo —Lancaster me tiene harta, no sabe en lo que se está metiendo haciéndome enfadar. Ya verás, de seguir así, a la próxima voy a contestarle, y no va a ser con una sola bofetada.
—¿Y por qué te sentías dolida?
La chica dejó a un lado su pergamino, esperando que secara bien la tinta, para luego mirar a su amigo con gesto de desconcierto.
—¿Estabas usando ese don tuyo conmigo? —quiso saber.
—No, es que… —Henry sacudió la cabeza, ignorando a propósito la molestia que le causaba que llamaran "don" a su Legado —No fue intencional. Estábamos esperando fuera de la enfermería a que nos dieran noticias de Procyon, ¿recuerdas? Y capté eso.
—¿Estando tan lejos?
—La distancia no importa, pero es complicado explicarlo. ¿Qué te dijo Lancaster para que…?
Rose suspiró y contempló su entorno. Después de mucho insistir, había convencido a Henry de ir a orillas del lago, bajo el haya de siempre. El vaivén del agua resultaba tranquilizador.
—No soy muy lista —indicó ella con voz suave, abrazando sus rodillas —Lo sé, me cuesta captar algunas cosas. Y va Lancaster a recordármelo con eso de "¿cómo es que tienes cerebro de la noche a la mañana?" —suspiró —Mamá me dijo una vez que aún los más listos tienen algo que no les sale bien. Mira a Hally, por ejemplo, la Adivinación se le da fatal.
—Es que a ella no le gusta demasiado —logró decir Henry en un susurro.
—Sí, pero aún así… Por una vez puedo ser mejor que otros y cuando Lancaster dijo eso sentí… No sé, que en cualquier momento iba a salir Firenze a decirme que se equivocó de nota.
—Eso es absurdo —espetó Henry con fastidio, cerrando el libro que había estado leyendo tras acabar sus tareas pendientes —Aunque no fueras muy lista, cosa que no estoy diciendo, si te esfuerzas lo suficiente, puedes lograr lo que sea.
—Cuando consiga que salgas conmigo, me lo voy a creer —bromeó ella, riendo, antes de recoger su redacción —Ojalá Snape esté de buen humor cuando califique esto, que si no…
—¿Por qué quieres salir conmigo?
A Rose la pregunta la tomó por sorpresa. Aferró el pergamino que recién había tomado, mirando al castaño con sus brumosos ojos abiertos de par en par, hasta que sacudió la cabeza y frunció el ceño, como si intentara sacar la respuesta de algún lugar inaccesible.
—Me gustas —dijo al final, relajando sus facciones —Creí que eso estaba claro.
—Lo sé, pero… ¿Por qué yo? La mayoría del tiempo no nos llevamos muy bien, admítelo.
—¿Debo tener una razón?
Henry suspiró con frustración. Si su Legado le había enseñado algo que no le gustara era que los sentimientos de la gente pocas veces seguían una lógica que se pudiera entender. Había detectado, infinidad de ocasiones, que los estudiantes odiaban o amaban a otros por cosas extrañas e incluso ridículas. Pero no quería creer algo así de Rose, por mucho que su amiga a veces saliera con cosas no muy cuerdas.
—No exactamente —terminó contestando —¿En qué piensas cuando dices que te gusto?
La cara de Rose se estaba poniendo tan roja como su pelo, con lo cual algunas pecas parecían habérsele borrado de las mejillas.
—Pues… En muchas cosas —admitió ella, fijando los ojos en el lago —Pienso en lo listo que eres. En que pelear contigo a veces es muy divertido. En que te quejas de todo lo que te pregunto y aún así, me contestas. En que eres guapo…
Lo último logró que Henry se pusiera colorado, pero su amiga no había terminado.
—… En que eres buena persona. En que quieres mucho a tu familia. En que… ¡No sé! Pienso en varias cosas así de tontas. No me hagas decírtelas todas.
—No son cosas tontas —rebatió el castaño, cerrando los ojos y respirando lentamente, para calmar el torrente de emociones que le llegaban de Rose —Mi papá vio por primera vez a mi mamá cuando ella le prestó una pluma y entonces le empezó a gustar.
—¿Por una pluma? ¿Estás bromeando?
Henry negó con la cabeza y Rose se echó a reír, con lo cual él percibió que un desagradable peso en el pecho de ella se diluía.
—Que nadie te diga lo que no puedes hacer —pidió el muchacho, repentinamente serio —Mejor comprueba tú misma hasta dónde puedes llegar.
—Normalmente eso hago, ¿no se nota?
—Sí, un poco. Y por favor, ¿podrías acordarte de lo que te pedí?
—¿Qué cosa?
—Conmigo no finjas que no pasa nada. Acabo sintiendo lo mismo que tú, ¿lo olvidas?
La pelirroja asintió con una cabezada y guardó la redacción en la mochila.
—¿Quieres regresar al castillo o nos vamos a volar? —inquirió.
—Si voy al castillo ahora mismo, me dará un dolor de cabeza espantoso —Henry se tendió en el césped, con las manos en la nuca —Y no tengo ganas de volar.
—Ah… Entonces yo…
—Quédate un rato. No me molestas.
Como había cerrado los ojos, Henry no veía el rostro de Rose, pero su Legado le transmitió la alegría que se apoderaba de ella antes de oír el susurro de la hierba cuando se echó a su lado. Un mechón de su largo cabello rojizo lo rozó, pero no protestó.
Comenzaba a comprender a lo que se refería ella con "pensar en cosas tontas" cada que decía que le gustaba. Pero a diferencia de Rose, racionaba cada detalle, no quería confundirse, pese a haber decidido que todo aquel asunto lo hacía feliz. Pensándolo bien, su indecisión quizá no fuera por no saber qué sentía, sino por temor a que su Legado, de buenas a primeras, un día le mostrara que Rose ya no tenía interés en él, cosa poco probable, pero posible.
—¿Rose?
—¿Mm?
—La próxima salida a Hogsmeade es a fin de mes, antes de Semana Santa.
—¿Y?
La jovencita obtuvo su respuesta cuando sintió una mano suya entrelazada con otra.
—Ahí no, que McLaggen es insoportable.
Cuando Procyon y Hally llegaron a la biblioteca, la encontraron más llena de lo normal, quizá porque varios alumnos habían dejado muchas tareas para el último minuto. Y al hallar finalmente una mesa libre, se dieron cuenta que Cyrano McLaggen estaba cerca, con algunos compañeros de curso, despotricando algo sobre hechizos desvanecedores.
—No creo que nos note, está demasiado ocupado llamando la atención —espetó Procyon por lo bajo, haciendo una mueca de desdén.
De todas formas, ambos buscaron otro sitio vacío y en cuanto lo encontraron, acomodaron sus cosas y se turnaron para buscar los libros que necesitaban. Si dejaban los lugares aunque fuera por medio minuto, cinco personas más pelearían por quedárselo. Así de solicitado estaba el lugar.
—¿Por qué diablos dejamos esto para hoy? —se quejó Procyon con vaguedad, leyendo el largo cuestionario que debía rellenar.
—No estaban disponibles los libros —recordó Hally, abriendo con cuidado un enorme ejemplar encuadernado en piel marrón titulado Aplicaciones de la Aritmancia en la Vida Mágica Cotidiana.
—Creo que dejaré esta materia después del TIMO, me aburre lo fácil que es —por su parte, Procyon se puso a revisar el índice de La Aritmancia y su Utilidad en la Sociedad Mágica.
—¿En serio? A mí me entretiene.
—Me he dado cuenta. ¿Quieres que te pase algunos datos?
Pese a sus ganas de terminar pronto, les llevó casi una hora completar aquel cuestionario, lo que ocasionaba que de vez en cuando, Procyon soltara una queja contra el profesor Davis. Hally, cada vez que lo oía, se encogía de hombros o contenía una risita.
—¡Al fin! —el chico soltó la pluma cuando, con un alargado garabato, anotó lo último —Las ideas de Davis son tan interesantes… —fingió la voz para leer la pregunta final —"En conclusión, ¿cree que la Aritmancia debería ser conocida por toda la sociedad mágica?". Sí, claro…
—Algunos pensarían que sí —indicó Hally, sin despegar la vista de su pergamino —Ya quedó —anunció, alzando los ojos —¿Te dio Thomas un libro de Adivinación?
—Sí, sí —Procyon le pasó un ejemplar de pastas verdes —¿Por qué no lo hiciste ayer?
—No sé, no tenía ganas. Ya sabes que no me gusta mucho esa materia.
—Entonces debiste dejarla antes de iniciar el curso.
—Quería saber cómo enseñaba Firenze, pero de él y Cassidy, no sé quién es más desesperante.
A Procyon le dieron ganas de reír, pero se contuvo al ver al señor Milton pasar por allí, cargando un montón de libros hacia una mesa cercana a la de McLaggen y sus amigos.
—Ahora no me agrada la idea de dejarla, así que haré el TIMO —concluyó Hally, pasando las páginas del libro verde con prisa —El padre de Rose nos contó que mamá dejó Adivinación antes de las vacaciones de Semana Santa de su tercer curso. ¡Azotando la puerta al salir del aula!
—¿Tu madre? No me la imagino…
—Le pregunté a papá y según él, es cierto. Dice que a mamá no le gustó que fuera una rama de la magia tan inexacta, la comprendo. En cambio, la Aritmancia le encantaba.
—Entonces ya sabemos a quién te pareces en eso.
Hally se encogió de hombros y siguió con lo suyo. Apenas si se dio cuenta que Procyon guardó con cuidado sus cosas y luego se quedó allí, mirándola de vez en cuando.
¿Hasta cuándo iba a estar así? Procyon consideraba esa una buena pregunta. Según Thomas (y también el resto de sus amigos, podría jurarlo), había perdido una gran oportunidad en la salida a Hogsmeade de febrero, dado el ambiente que otorgaba el día de San Valentín. Quizá fuera cierto, aunque claro, sus amigos no estuvieron presentes, ¿qué iban a saber?
No es la gran cosa…
Procyon sacudió la cabeza. Sabía que era ridículo sentirse mal por algo así, pero no podía evitarlo. En ese sentido, parecía haber salido a su madre quien, según su padre, cuando la conoció tartamudeaba todo el tiempo y tardó muchísimo en darle a entender con palabras que le gustaba.
¿Por qué no podía decirlo? ¡Hasta la calmada Amy lo hizo antes que él!
—¿Procyon?
El nombrado dio un respingo. Hally lo veía con el ceño fruncido, guardando un rollo de pergamino en la mochila. En la mesa ya no había tintero, ni pluma, solamente los libros que habían estado consultando. ¿Desde cuándo lo estaría llamando?
—Lo siento, me distraje —se disculpó él, sonriendo un poco.
—Me di cuenta. ¿Te pasa algo?
—No, claro que no. No te preocupes.
Hally asintió, no muy convencida, antes de ponerse de pie y torcer la boca con disgusto.
—Anda, vámonos —apuró, dando media vuelta.
Procyon giró la cabeza hacia donde ella había mirado y apretó los puños.
Melvin Corner venía ayudando a Nerie Longbottom con unos cuantos libros.
Londres, Inglaterra.
Hospital San Mungo de Enfermedades y Heridas Mágicas.
—¿No son bonitos mis niños?
Abil Nicté Graham sonrió con indulgencia ante la atolondrada felicidad de su hermano gemelo. "Bonitos" no era el término exacto, pero no hizo comentarios.
En cuanto vio llegar a su hermana, Anom Nicté la llevó al cunero y señaló a sus hijos con una inconfundible sonrisa de orgullo. Abil los habría distinguido de todas formas, ningún bebé nacería con el cabello anaranjado, como lo tenía el niño, o rosa, como lo tenía la niña. Y en el poco rato que llevaba allí, el niño ya lo había mostrado amarillo y azul; en cambio, la niña solo lo cambió a morado y luego, a rojo, y eso porque hacía poco los había visitado Ronald Weasley.
—¿Cómo se van a llamar? —quiso saber Abil, meciendo suavemente al varón.
—Nympha está de acuerdo en que yo elija los nombres —respondió Anom, con la mirada fija en la carita dormida de su hija —Para que combinen con el apellido, dice. Me falta el primer nombre del niño, porque quiero que el segundo sea Ted. Era el padre de Nympha.
Abil asintió. Se sabía la historia acerca del fallecido Ted Tonks.
—Un día pensé en ponerle a una hija como nuestra madre —comentó Anom con semblante distraído —Pero ya que ha resultado ser una loca peligrosa, el nombre no le daría nada de suerte.
—La niña tiene otra abuela —apuntó Abil con amabilidad.
—Sí, creo que estará bien. Por cierto, le envié una lechuza a la señora Tonks, pedí que la trajeran acá cuando llegara. No debe tardar ya.
Como si eso hubiera sido una invocación, Andrómeda Tonks entró en ese momento a la habitación, guiada por una joven sanadora, esquivando cunas hasta llegar a su yerno.
—¡Por las barbas de Merlín! —susurró la señora Tonks al ver a ambos bebés —Me alegra haber vivido para ver esto. ¿Cómo se van a llamar?
—Es un poco latoso explicarlo. Voy a buscar nombres en maya que comiencen con "A". Es una costumbre vieja en la familia, ponerles a los primogénitos un nombre que comience con la misma letra que el de su padre. Además, también era costumbre que los gemelos tuvieran la misma inicial en su primer nombre, ya ve a mi hermana y a mí —Anom señaló a Abil con alegría —Pero los segundos nombres ya los tengo. El del niño va a ser Ted. Y el de la niña, Andrómeda.
La señora Tonks mostró una sonrisa temblorosa, debido a la emoción.
—Gracias, muchacho —logró decir —¿Y qué opina Nymphadora?
—Está de acuerdo. Bueno, creo que lo estará. Me dejó elegir, ¿no?
Las dos mujeres rieron, con lo cual los niños despertaron y vieron a su alrededor con sus ojillos grises, que después de varios parpadeos, se volvieron castaños. Los de ambos. La niña sonrió.
—¿Puedo cargar a un bebé? —preguntó un recién llegado, de semblante impasible y voz fría, tan parecido a Anom y Abil que era innegable el parentesco.
—¡Claro, papá! Ya que estás aquí, ¿traerás tu Vida y Obras? ¿O tu Historia y Estudio?
—No, lo siento —Acab Nicté suspiró antes de extender los brazos, recibiendo de su hija a su segundo nieto —Azul… —musitó, viendo la pelusilla en la cabeza del niño —Le queda Akbal.
Abil y Anom intercambiaron miradas.
—¿No era ese el hijo de la tía Zazil? —inquirió Abil, arrugando la frente.
—Sí, mi prima adoraba a ese chico. Bueno, para ser franco, todos lo adoraban.
—¿Quién era? —preguntó la señora Tonks.
—Zazil es hija de mi tío Mool, hermano de mi padre —comenzó Acab, desviando los ojos al vacío, como si viera allí la historia que estaba contando —Una buena mujer, aunque demasiado nerviosa. Su marido también es buen tipo, tuvieron cinco hijos y Akbal era el único varón. Pero… Bueno, tuvo problemas… Yo no estaba en el país en aquella época, así que no me enteré muy bien de cómo sucedió, pero el muchacho no aguantó y se suicidó a los veinte años.
—¡Por Merlín! ¿Pero qué fue lo que no aguantó?
Acab se llevó un dedo a los labios con cuidado, mirando fijamente a su pequeño nieto. La señora Tonks, al ver tal gesto, frunció el ceño por un segundo, antes de asentir con aire triste.
Era regla sagrada no revelar los Legados ante nadie que no fuera de la familia. Anom lo había hecho con su esposa poco antes de la boda porque ella estaba embarazada; en cierta forma, ya era una Nicté. La señora Tonks no sabía exactamente en qué consistía el tema, pero su hija le había hecho algunas referencias y más o menos se daba una idea. ¿Cuánto dolor había tenido que aguantar esa familia de magos con esas "habilidades" que pasaban a través de las generaciones?
—¿Estás seguro de que le queda Akbal, papá? —preguntó Anom, haciendo una mueca —Es decir… Combinaría, había pensado en Alitzel para su hermanita…
—Suena muy bonito, ¿qué significa? —quiso saber Andrómeda Tonks.
—Niña sonriente. Los sanadores dirán lo que quieran, pero estando despierta, la niña no deja de sonreír. Y si no son sonrisas, se parecen bastante. Además, quiero que algo le recuerde que puede ser feliz siempre. Que nunca se rinda.
—En tiempos difíciles, cualquier recordatorio como ese es bienvenido —Acab asintió —Tú decides, Anom. Si quieres seguir las costumbres, bien. Y te recuerdo que hay una que dicta que se puede nombrar a nuestros hijos como algún pariente caído en desgracia.
Anom asintió y Abil miró a su sobrino, en brazos de su padre. En la familia Nicté, la expresión caer en desgracia no siempre tenía la misma connotación que le daban otras personas. Debido a los Legados, la historia familiar estaba salpicada de sucesos como el del hijo de Zazil Nicté, de miembros que no aguantaban el peso de lo que podían hacer y tenían finales trágicos. Si Abil no recordaba mal, el difunto Akbal tenía el mismo Legado que su hijo, la Psicoempatía, así que podía imaginarse perfectamente al muchacho, fuerte y sonriente, enloqueciendo poco a poco por todo lo que percibía y no podía manejar, antes de acabar con su existencia. Ella apenas lo había conocido en vida, pero le daba la razón a su padre en que le agradaba a todo el mundo: era listo, gracioso, amable y de cuerpo ágil. Sus hermanas lo mimaban, sus padres estaban orgullosos de él, pensando que llegaría muy lejos… Su muerte fue una caída en desgracia de las graves.
—Pues por el azul será —soltó Anom repentinamente, asintiendo con la cabeza —Akbal Ted… Alitzel Andrómeda… Incluso no suenan tan mal. Aunque si son como su madre, de mayores no les gustarán sus nombres y se pondrán algún apodo extraño.
Las mujeres volvieron a reír, más bajo que antes, en tanto Acab Nicté seguía con los ojos fijos en su nieto, pasando un dedo por su cabeza, sabiéndose asombrado de que ese tono de azul fuera posible en un cabello humano pero sin sentirlo en realidad. Cerrando los ojos por un momento, se abrió a los pensamientos de su entorno y agradeció estar en una habitación llena de recién nacidos, porque solamente le llegaban frases mentales alegres de sus hijos y su consuegra.
Ojalá sus nietos, si poseían un Legado, no cayeran en desgracia. Lo deseó de todo corazón.
Norte de Escocia.
Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería.
Cuando regresaron Rose y Henry a la sala común de Gryffindor, hallaron a Hally ocupando una butaca, alejada del barullo, enfrascada en un libro. Les extrañó tanto que Procyon no estuviera con ella que enseguida fueron a saludarla.
—¿Todavía te faltan tareas? —preguntó Rose, bromista.
—No, terminé por ahora —Hally cerró el libro y sus amigos pudieron ver el título, Historia de Hogwarts. Edición Moderna —¿Cómo les fue a ustedes?
—Excelente. Snape no podrá quejarse, siendo yo, mi redacción tendrá un Aceptable.
—¿Y Procyon? —quiso saber Henry.
—No lo sé.
Henry y Rose se miraron uno al otro, con la duda reflejada en sus caras.
—¿Ya buscaste en tu mapa? —inquirió Rose en un susurro.
—No.
—¿Y eso?
Henry le hizo un gesto a Rose para que dejara de hablar. Estaba detectando algo en Hally que no le estaba gustando.
—¿Ha pasado algo? —preguntó ahora el castaño.
—No lo sé —finalmente, Hally vio por turnos a sus amigos antes de explicarse —Acabamos las tareas y salimos de la biblioteca. Bueno, yo salí corriendo y él me siguió, acababa de ver a Melvin entrar y no tenía ganas de aguantarlo…
—¡Ah, sí! Nerie me dijo que él le ayudaría con unas tareas —se acordó Rose de pronto, y creyó saber qué pasaba —¿No te gustó verlos juntos o qué?
—Supongo que eso mismo pensó Procyon, porque me lo preguntó. Cuando le dije que no era eso, puso una cara muy rara y se marchó. ¿Ustedes entienden algo?
Rose se encogió de hombros, para luego mirar a Henry con una ceja arqueada. Él estaba con expresión concentrada, analizando lo que acababa de escuchar.
—Estás enfadada, ¿verdad? —soltó Henry de pronto.
—¿Por qué habría de estarlo? —Rose dio un respingo: nunca le había oído a Hally ese tono de voz, cargado de sarcasmo y desprecio —¡Ah, claro! Mi ex me trató siempre como una niña pequeña a la que tenía que cuidar, rompemos y cuando se consigue otra chica, es una más joven que yo que sí se deja cuidar, ¡vaya fiasco! En serio, ¿qué tanto le vi?
—Tú no tienes nada de malo —señaló Henry con seriedad.
—¡Eso díselo a Melvin! —Hally se puso de pie de un salto, causando que sus dos amigos dieran un paso atrás —No confiaba en mis amigos, no creía que podía cuidarme sola, no me trataba como… ¡Bueno, como se supone que se trata a una novia! Hasta Procyon dijo que era raro que solo me hubiera besado una vez…
—Espera un segundo, ¿Procyon sabe que Corner y tú se besaron? —se sorprendió Rose.
—Sí, salió el tema en febrero, cuando fuimos a Hogsmeade.
Mientras Rose hacía una mueca de fingido dolor, Henry meneó la cabeza.
—Primero lo importante —declaró el castaño ojiverde —Yo que tú le explicaba a Procyon lo de Corner, Hally. Debe pensar que todavía quieres a tu ex–novio y se enfadó.
—¿Acaso piensa…? ¿Creerá que mentí?
—Sí, es lo más probable.
Hally bufó, recogió su libro y corrió a la escalera que llevaba a los dormitorios de las chicas.
—Ahora está confundida —le advirtió Henry a Rose —¿Por qué no dejamos que se arreglen entre ellos? Ya es hora, ¿no?
—Si no se matan antes —dejó escapar la pelirroja, intentando bromear.
Apenas iban a sentarse cuando vieron a Hally bajar, con un viejo pergamino en la mano. Se prepararon para cualquier cosa que pudiera decir su amiga, pero ella salió disparada hacia el hueco del retrato, lo atravesó y se perdió de vista.
—Ahora sí lo he visto todo —masculló Henry.
Rose, parpadeando velozmente, no comprendió.
Hally recorrió el camino más rápido que conocía hacia su destino, señalado en el Mapa del Merodeador con una mota de tinta con un cartel que decía "Procyon Black".
Se sentía más enfadada que otra cosa. Lo que menos quería era que desconfiaran de lo que decía, ¿y qué hacía Procyon? Darle a entender que no le creía. Aunque tal como lo explicó Henry, quizá no había explicado la situación correctamente, ¿pero tanto se le dificultaba a Procyon preguntar? Por lo visto, la respuesta era sí.
En un pasillo tuvo que dar un rodeo cuando vio a Peeves, el poltergeits, lanzando gises a los que pasaban, pero finalmente llegó a donde quería, la lechucería. Miró a su alrededor con mucho cuidado, entre tantas aves de diversos colores las plumas volaban en todas direcciones, pero finalmente encontró a su amigo apoyado en el alfeizar de una de las ventanas, mirando al horizonte y con Shadownight posado en su hombro.
—Hola —saludó cuando estuvo a dos pasos de distancia.
Shadownight giró la cabeza, la miró intensamente con sus grandes y redondos ojos, antes de echarse a volar. Hally hizo un gesto de desconcierto, pero enseguida olvidó a la extraña lechuza.
—¿Qué haces aquí?
Procyon sonaba distante, duro. Hally tragó saliva, no era hora de sentirse tímida.
—Quise saber si estabas bien —respondió, mostrando el mapa en su mano derecha.
—Lo estoy.
—No parece, ¿de verdad…?
Procyon suspiró, pero siguió sin mirarla.
—No te preocupes, Hally. No eres tú.
—¿Entonces?
El joven hizo una mueca.
—Oye, ¿puedo contarte una cosa? —intentó Hally, con voz suave.
Su amigo asintió.
—Cuando Melvin y yo rompimos… —inició ella, notando que Procyon se tensaba un poco, pero como no entendía la reacción, decidió seguir —Cuando rompimos, lloré. Yo le pedí que termináramos, pero… Melvin lo aceptó sin más. Sentí que apenas le importaba. Y eso me dolió.
Hally se acercó a la ventana, colocándose frente a Procyon, pero él no se movió.
—Luego, me puse a pensar en los días que estuvimos juntos… Y no lo extrañaba. No significa que no lo quisiera, pero… Las últimas veces que quedábamos, terminábamos peleando. Esos no son recuerdos agradables, ¿verdad?
Procyon le dedicó un asentimiento de cabeza a sus palabras.
—Ahora puedo acordarme de los días buenos y sonreír. Pero luego me pregunto qué tanto le vi. ¡Y ahora él sale con Nerie! ¡Ella es más pequeña que yo! Y sin ofender, es más infantil.
A Hally la animó que Procyon sonriera levemente al oír lo último.
—Supongo que encontró a la niña que sí puede cuidar sin que le reclame —sentenció la joven, acomodándose mejor los anteojos —No sé por qué salió conmigo si no era lo que estaba buscando. Tal vez pensó que era una niña mimada, por ser hija de Harry Potter, o que me portaría como una admiradora fiel —desdeñó, haciendo un mohín —Ya no debería pensar en eso. Lo único que quiero es dejar de estar enojada cada vez que lo veo.
—¿Entonces ya no lo quieres?
La voz de Procyon ya no sonaba tan apática. Hally agradeció mentalmente el detalle.
—No lo sé —admitió ella —Me gustaba mucho, sí, y creo que lo quise. Ahora mismo, de lo único que tengo ganas es de conjurar un par de flechas y lanzárselas.
—¿Y por qué no lo haces?
—Por si no lo recuerdas, es prefecto —Hally se echó a reír —Me dijiste algo parecido cuando quería hechizar a Zabini, ¿lo olvidaste?
—Podríamos hacerlo parecer un accidente.
—No me tientes…
Rieron juntos por un momento, pero Hally no pudo evitar notar que su amigo no le dirigía la mirada. ¿Qué le pasaría? Comenzaba a preocuparse, y sin embargo no lo presionó. Ahora conocía suficiente a Procyon Black como para saber que si lo dejaba tranquilo un rato, le diría lo que quisiera. Solo esperaba poder ayudarlo.
—¿Qué se siente…? —Procyon titubeó, lo cual era bastante extraño en sí, aunque no tanto como lo que preguntó a continuación —¿Qué se siente besar a alguien?
—¿En serio me lo estás preguntando? —se sorprendió Hally, poniéndose colorada.
—Bueno, a Thomas se lo pregunté una vez, pero se quedó embobado y no contestó.
—No me sorprende —Hally sonrió: al hablar de su relación con Danielle, el pelirrojo Slytherin se ponía inusualmente tierno —Se siente… Bien, supongo. Sé que dije que no era la gran cosa, pero ahora que lo mencionas, debí saberlo entonces, ¿no? Me gustó, pero faltó algo…
—¿Algo como qué?
—¡No lo sé! Odio no poder contestar una pregunta…
—Lo siento.
—No te preocupes, es que… Lo recuerdo y ahí está el sabor de las bebidas, algo suave… Y ya. ¿No debería recordar algo más? A veces oigo a las chicas mayores en los baños y…
—¿Oyes esas pláticas? Siempre he creído que solo chismorrean.
—A veces, pero el punto es… Yo me sentí bien, alegre… Pero como al poco tiempo Melvin y yo volvimos a pelear, pensé que había sido un desperdicio.
—¿Un desperdicio?
—Sí, las chicas somos así, pensamos que nuestro primer beso será estupendo y cuando no resulta, nos ponemos tristes. A mí me frustró, lo admito. Esperaba algo más.
Procyon se encogió un poco contra la pared en la que se apoyaba. Esa conversación se había puesto demasiado rara, pero él comenzó. La había dejado hablar, contándole cosas de Corner, ahora debía aguantarse. Pero de seguir así, haría una estupidez.
—¿Por qué me preguntaste eso?
Procyon hizo una mueca. Eso era justo lo que no quería contestar.
—Curiosidad —el chico se encogió de hombros —Nunca he besado a una chica.
—Me sorprende. Habiendo tantas a tu alrededor…
—Ya, pero ninguna es…
El muchacho apretó los labios, no quería arruinar el momento. Por desgracia, Hally a veces demostraba demasiada curiosidad por lo que no debía. Esa era una de esas ocasiones.
—¿Ninguna es qué? ¿O debería preguntar "quién"? Si ya te gusta alguien, deberías decírselo a Lancaster. Quizá así deje de perseguirte y abofetearte.
—Sí, claro, ¡ni siquiera puedo decírselo a ella!
Ese fue el colmo para Procyon. ¿De verdad estaba hablando de sus sentimientos con la causante de los mismos? Era absurdo.
—¿Por qué? —inquirió Hally, confusa —Eres estupendo, Procyon, cualquier chica te querría.
—Ella no, no así.
—¿Tan seguro estás?
Oyendo eso, Procyon se puso a pensar. Quizá tenía esperanzas, quizá… ¿Pero si no? Hally era su mejor amiga. No quería que por decirle lo que sentía, se asustara y se alejara.
O tal vez el que se asustaba con semejante posibilidad era él. ¡Y era ridículo! Conocía a Hally, ella seguramente lo trataría lo mejor que pudiera, tanto si lo aceptaba como si no. La situación se estaba volviendo insoportable, más cuando Danielle, al final de la clase de Autodefensas Muggles del día anterior, lo había sermoneado sin miramientos, apoyada por un Thomas demasiado serio para su gusto. Genial, había que tener amigos para eso…
—Mira, es complicado, ¿sí? —se puso a parlotear, alejándose de la ventana y yendo de un lado para otro, espantando a varias lechuzas —Ni siquiera sé cuándo me empezó a gustar. Nos llevamos bien, una cosa llevó a la otra… Tal vez haya chicas más bonitas, o con más encanto, pero no me importa. Lo único que me detiene es que no quiero que me mande al diablo y deje de hablarme.
—Te gusta mucho, ¿eh?
—Sí.
Hally lo contempló en sus paseos, preguntándose quién sería la susodicha para acto seguido, intentar deducirlo por eliminación. ¿Con cuántas chicas se llevaba bien Procyon? Rose y ella misma eran dos, claro. Danielle y Sunny, otras dos. Amy y Paula, sumaban seis en total. A veces bromeaba con Cecil y Diane, pero eso no era frecuente. A Giselle también le hablaba, aunque en casos más raros que a Diane y Cecil. En cuanto al resto de muchachas de su curso… No, Procyon en eso era demasiado cerrado. Había que ver el modo en que Lancaster insistía para comprender por qué él no quería saber nada de otras chicas. Y rara vez trababa conversación con alumnas mayores o menores, por lo que… Sí, solo eso era posible.
—Es una de nosotras, ¿verdad? —inquirió con cautela, a sabiendas que de acertar, su amigo se avergonzaría demasiado y quizá intentara dejar el tema —Danielle, Sunny, hasta Rose…
—Hally, por favor…
—De acuerdo, si no quieres decirme, no te obligaré. Pero déjame advertirte una cosa: si fuera Paula, Amy o Danielle, haces bien en guardártelo. Ellas son muy felices ahora.
—¿Y si no es ninguna de ellas?
—¡Entonces no sé qué esperas! Si fuera Rose, seguro gritaría de emoción, ya la conoces… Sunny quizá te golpee, no lo sé, tiene reacciones muy raras… Y si fuera yo…
Procyon la miró con incredulidad. ¿De verdad aquello estaba sucediendo? Si antes había creído que era el colmo de lo irracional, se había equivocado rotundamente.
—Si fuera yo… Quizá lo pensaría, pues… Bueno, nos llevamos muy bien, así que me quebraría la cabeza por días antes de tenerte una respuesta… Aunque claro, con Melvin no fue así, pero él es caso aparte y… ¡Pero de qué hablo! Solo estoy suponiendo. No es posible que…
—Piénsalo.
Hally se quedó pasmada, tanto por oír aquello como por la mirada que Procyon le dedicó. Por fin había dejado de caminar en círculos y la veía fijamente, con aspecto de contemplar algo valioso, importante. Por alguna razón, a la chica empezaron a temblarle las manos.
—¿Qué? —inquirió ella en un susurro.
—No quería decirlo, ¡por Merlín que no quería decirlo! —Procyon volvió a caminar por todas partes, moviendo las manos, quitando de su camino a cuanta ave se le cruzaba, pero apenas se daba cuenta de ello —No quería echar todo a perder, pero esto es demasiado, Hally, ¡demasiado! ¿Crees que es normal estar hablando de esto contigo? No sé cómo aguanté, la verdad. Algo me decía que me quedara callado, ¡algo me lo decía! No quiero que dejemos de ser amigos, ¿de acuerdo? No quiero que dejes de hablarme, no quiero… No quiero demasiadas cosas. Pero lo eché a perder, lo sé. Así que escucha bien y piénsalo, porque quizá no pueda volver a decirlo en mucho tiempo, ¿comprendes? Quizá después de hoy, decida callarme, esta vez para siempre, seguro de que hablé por estúpido. ¿Me estás escuchando?
Hally asintió en silencio, con un nudo en la garganta, retorciéndose las manos, consciente de que Procyon sonaba desesperado. Desesperado y triste. ¿Cómo habían acabado así? ¿Cómo?
—Todo lo que dije es cierto, no sé cómo sucedió. Primero estaba contento de que no me hicieras a un lado por ser un Black, al siguiente creí que te veía como una hermana, y al final… Al final estaba preparado para maldecir a Corner si no te hacía feliz. Tú misma me hiciste admitirlo, me gusta mucho esa chica. Y esa chica eres tú.
Escucharlo de su boca fue mucho más impresionante de lo que Hally había imaginado. Se quedó paralizada, tratando de asimilarlo, consciente de que Procyon había peleado contra sí mismo para poder confesarlo. Presentía que, aún sin decirlo, su amigo estaba muy asustado, ¿pero de qué exactamente? Lo peor que podía hacerle era rechazarlo y no precisamente por no corresponder a sus sentimientos. Quiso pensar en algo coherente qué decir, pero no le salían las palabras. ¡Tenía que decir algo! ¡Tenía que hablar ya!
—Yo…
—No me respondas —pidió Procyon inesperadamente, contrayendo el rostro en una mueca que a Hally le pareció de dolor —No quiero oírlo. Ya lo sé.
—¿Qué? Pero yo…
—Ya lo sé, no te gusto, eso es evidente —la mueca del muchacho se fue esfumando, en tanto la tristeza comenzaba a asomarse a sus ojos —Llámame cobarde si quieres, aún siendo de Gryffindor y todo eso, pero si te interesa saber, creo que mientras no lo digas en voz alta, estaré bien.
—Pero…
—Por favor, hazme caso. Una cosa es saberlo y otra que te lo echen en cara. Confía en mí.
Ese era el problema. Hally confiaba en Procyon, sabía que no mentía. ¿Cómo llegaron a eso? La pregunta no dejaba de sonar en su cabeza, pero estaba segura de que no obtendría respuesta, como también estaba segura de que, gustándole o no, quería muchísimo a Procyon. Y quería… No, tenía que dejarle en claro eso al menos, allí, en ese momento.
—¿Puedo decir otra cosa, entonces? —inquirió en voz baja.
Creyó que él no la había oído, dado que desvió la vista hacia las lechuzas que revoloteaban por encima de sus cabezas, pero cuando asintió, Hally tomó aire.
—Yo tampoco mentí —confesó, forzándose a sonar firme, aunque por dentro, estaba temblando tanto como sus manos segundos antes —Yo… Voy a pensarlo. Voy a… quebrarme la cabeza mucho tiempo, porque… Es lo menos que puedo hacer. Porque eres mi mejor amigo. Y te quiero.
El gesto de Procyon daba a entender que lo había herido, y creyó saber el por qué. El muchacho sabía perfectamente que ese "querer" no era el mismo que él sentía por ella. Y eso, descubrió Hally, le dolía sobremanera. Si algo odiaba por encima de todo era ver sufrir a los demás.
—Me crees, ¿verdad? —quiso saber ella de repente —No te lo digo para quedar bien ni…
—Hally, ¿por qué me preguntas eso? ¡Claro que te creo!
La jovencita asintió y de pronto, vio acercarse a su amigo con una expresión de desconcierto en el rostro, para luego hurgar en un bolsillo y terminar sacando un pañuelo.
—Lo siento, no quería hacerte llorar. Hasta luego.
Y dando media vuelta, hizo ademán de irse.
—¡Ni se te ocurra irte ahora! —espetó la chica con inesperada energía, lo cual hizo que Procyon la mirara con asombro —¡No puedes dejarme así! ¡Seguro vas a vagar por allí para luego no dirigirme la palabra! ¡Y también…!
—No, Hally, cálmate —pidió el muchacho, confundido —¿No lo comprendes? No hablé antes precisamente porque quería seguir tratándote como si nada. Si no me has… —carraspeó y Hally intuyó que ni siquiera podía pronunciar la palabra "rechazado" —Aquí voy a estar, ¿de acuerdo? No esperé tanto tiempo para decirlo y luego alejarme. Te lo prometo.
Ahora sí Hally sintió las lágrimas. Cuando Procyon le entregó el pañuelo, no supo en qué momento se había puesto a llorar, pero ahora lo notaba. Los ojos se le nublaron y trató con todas sus fuerzas de no temblar, pero le resultó imposible. ¿Qué le pasaba? No esperaba que toda esa situación la afectara tanto, pero lo hizo.
—Yo… Lo siento —musitó ella, limpiándose la cara.
—No te preocupes. ¿Ahora sí me puedo ir?
Hally lo observó lo mejor que pudo. Algo le decía que necesitaba estar a solas, por lo que asintió y lo vio marcharse. Lo único que escuchó por un momento fueron sus pasos y luego, nada.
Sin darse plena cuenta de lo que hacía, Hally Potter se acuclilló, ocultó el rostro en los brazos y volvió a llorar al pensar en que quizá acabaría rompiendo un corazón, lo quisiera o no.
No sabía que, en cuanto se alejó lo suficiente de la lechucería, Procyon Black hacía exactamente lo mismo que ella y pensaba de manera muy parecida.
3 de agosto de 2012. 11:03 P.M. (Hora de Aguascalientes, Ags. México).
Ah… ¿Buenas? Espero que todo el mundo esté perfectamente. Para mí, este mes era "nuevo curso escolar" y "cumpleaños de mi hermana". Ahora ya es solamente lo segundo, pero en fin… Pasemos a lo que interesa.
Seguramente muchos esperaban que dijera los animales exactos en los que se convierten Thomas y Walter, y quise hacerlo, pero pensé que era más divertido que intentaran adivinar. Del pelirrojo anaranjado he dado varias pistas, pero de Walter casi no, hasta este capi. Un fiel seguidor de la saga seguro se acuerda del detalle. Pero el punto aquí es que aprovecharon sus formas animagas para espiar a Mackenzie, que andaba en tratos con Nott, ¡con Nott! Y sabiendo que ese chico no habla mucho… Quién sabe en qué andará. Al menos Nott es algo decente advirtiendo a Danielle (de forma un tanto peculiar).
¡Nacieron los nuevos Nicté! Al primero que me diga que tengo un complejo con los gemelos, le irá mal (Bell rueda los ojos). De todas formas, el detalle quedó asentado al armar un apunte, además de que es mi fic y hago lo que se me pegue la gana (Bell anda de megalómana, ignórenla). Por ahí se me coló un poco de historia Nicté, familia mágica que me tomé la molestia de pensar hasta límites insospechados (no pregunten), quizá porque es mexicana como yo. Total, enhorabuena por el nacimiento de Alitzel Andrómeda y Akbal Ted, y la única duda que queda es ¿tendrán Legados? Y de ser así, ¿cuáles tendrán? Se los dejo de tarea.
Un momento de Rose y Henry, porque me llegaron comentarios con la duda de si estaban saliendo o no. Aquí tienen la respuesta. La explicación a eso es que Henry, a su manera, le pidió tiempo a Rose para hacerse a la idea y poder darle una respuesta. Ahora vemos que el castaño ojiverde ha reaccionado, ¡ya era hora! Solo falta que se enteren sus amigos. Será un momento épico.
Y el final, ¡el maldito final! (Bell camina en círculos por toda la habitación donde se sienta a escribir en su lap, tirándose de los cabellos). ¡No comprendo qué pasó! Los personajes se me rebelaron, eso pasó, ¡y no lo entiendo! Precisamente me habían hecho notar que Procyon no podía esperar toda la vida, Danielle andaba planeando entrometerse, Thomas también, pero por otro lado, las reacciones de Hally cada que veía a Corner le colmaban la paciencia a Procyon, así que… ¡La locura Black al mando! Desde que comenzó la dichosa plática en la lechucería (que por cierto, es un entorno muy raro para esa clase de escenas, ¿no?), sentía que no saldría exactamente como hubiera deseado, pero a Procyon no iba a pedirle que se contuviera cuando ya lo hizo por… A ver, se dio cuenta de sus sentimientos en las vacaciones de Semana Santa de segundo curso… Están por ser las vacaciones de Semana Santa de cuarto año… ¡Válgame, dos años! Y coincidió la temporada, juro que apenas me estoy dando cuenta. En fin, eso, y ojalá no haya muchos fans decepcionados, pero deben admitir que la dichosa escena me salió más o menos original. Lo malo es que los dejé sufriendo a los dos y no sé cómo hacer que se comporten después de esto.
Por último, a la fecha y hora de esta nota de autora, aún no recibo candidatos para El Diablo, lo cual es comprensible si el capi anterior salió apenas el treinta y uno de julio (ya saben, ¡larga vida a JK, alias la Innombrable! ¡Larga vida a Harry Potter!). Así que seguiré esperando un rato más, con confianza.
Cuídense mucho y nos leemos a la próxima.
