THE LOSERS CLUB
Capítulo 2
Gilbert y Ludwig no entendían como lo que parecía ser una prometedora vida académica había terminado así: Con ellos siendo parte del grupo más patético de toda la escuela. Incluso Ludwig a quien no le importaban realmente las apariencias no sentía que ser parte de un círculo que se hacía llamar el Losers club fuera algo bueno.
-West, esto apesta ¡De verdad apesta! No quiero ser un perdedor- decía Gilbert cuando entraron a la escuela aun intentando acostumbrarse al caos salvaje en ella.
-Eso lo sé hermano pero no conocemos a nadie más y ellos fueron amables con nosotros… o eso creo…- dijo recordando a Feliks y a Lovino y su trato tan "peculiar".
-Pues tenemos que buscar nuevos amigos sea como sea, si pasamos el resto del semestre con ellos no podremos quitarnos la etiqueta de perdedores y créeme West, eso no va para nada con mi increíble existencia- decía Gilbert decidido alzando aún más el cierre de su sudadera pues de nuevo se cubría la cabeza.
-¡Ve~ Ciao!- dijo de pronto un animado Feliciano que llegaba hasta ellos corriendo, detrás de él iba Lovino con cara de fastidio.
-Buenos días- saludó educadamente Ludwig mientras que Gilbert solo le sonrió en respuesta, tenía que admitir que ese muchachito era agradable.
-¿No vienes con el resto?- preguntó Ludwig viendo tan solo a Lovino que ni siquiera se había dignado a saludarlos.
-Feliks aún no llega, Alfred está con Yong Soo y creo que vi a Kiku huyendo de Sadiq… ve~ no pude hacer nada por ayudarlo- se lamentó Feliciano bajando el tono de su voz.
-Esperemos esté bien- dijo Ludwig en un intento de consuelo, la verdad es que no sabía que podía decir en ese tipo de situación, después de todo él nunca había sido asediado por un abusador.
Antes de que pudieran seguir con la plática, en el pasillo se empezaron a escuchar los gritos frenéticos de un montón de chicas que seguían al par de reyes de la escuela: Antonio y Francis llegaban al colegio con su club de fans escoltándolos, saludando a algunos o solo dedicando sonrisas. Era increíble ver como hasta los alumnos abrían paso para que los dos amigos llegaran, solo les faltaban algún tipo de efecto de cámara lenta y aire revolviéndole los cabellos para que fuera la perfecta escena de película gringa.
-Alguien debería hacernos un favor y mandar a la mierda a esos tipos- comentó Lovino abriendo la boca por primera vez desde que llegó, mirando con recelo a los chicos populares que parecían estar caminando más lento para ser mejor admirados.
-No debe ser tan difícil acercarse a ellos- dijo Gilbert viéndolos de lejos.
-¿Ya viste la filosa manicura de sus fans? Esas mujeres son como leonas hambrientas protegiendo a sus cachorros. Una vez Alfred, el gordo yankee, chocó con ellas por accidente y bueno… desde ese día no es el mismo…- se limitó a decir Lovino que prefería ignorar la caravana que seguía al español y al francés.
Gilbert miró de nuevo a los susodichos, luego a su club de fans que no le parecieron más que un montón de chiquillas bobas y llegó a la conclusión de que Lovino exageraba, además el chico era un perdedor antisocial con cara de mafioso pre-fabricado, obviamente no podría hablarle a alguien que parecía ser CASI tan increíble como él; así que sin pensárselo dos veces Gilbert se encaminó para intentar hacer contacto directo con Antonio y Francis.
-¿A dónde vas?- le preguntó Ludwig cuando el albino se quitó la mochila de la espalda y se la dio al menor.
-Sostén esto West, vamos a ver qué tan awesome son esos tipos kesesese- dijo el ojirrojo.
-¡Gilbert, espera no…- pero antes de que Feliciano intentara detenerlo, Gilbert comenzaba a buscar una manera para hacerse paso entre la pared de feromonas que tenía que atravesar para llegar a los famosos susodichos.
El pobre albino percibió toda una mezcla de perfumes baratos y dulzones, haciéndose paso entre las féminas comenzó a sentir los rasguños de las uñas de acrílico decoradas con pedrería, el pinchar de aretes, collares, accesorios y cuando estaba a tan solo unos metros de llegar a la meta… fue que todo comenzó: Jaloneos, golpes, pisotones de delgados tacones, su cabello siendo tironeado, gritos eufóricos cerca de su odio, rasguños que incluso le rasgaron la ropa y escuchó insultos que en sus diecisiete años de vida jamás había escuchado ni si quiera en las películas para adultos.
Lovino tenía razón, esas mujeres eran bestias salvajes marcando su territorio, pero finalmente, casi trastabillando estuvo frente a frente con Antonio y Francis quienes parecían tener un halo de luz alrededor suyo ¿Tan increíbles eran que incluso brillaban?... pero no, en realidad era solo la bombilla nueva del pasillo.
-¡Hola chicos!- saludó confianzudamente Gilbert tratando de recuperar el aliento y captando la atención de los otros dos que voltearon a verlo y luego se miraron entre ellos como si telepáticamente se estuvieran preguntando quien carajos era ese muchacho.
-Hola… eh… ¿Te conocemos?- preguntó Francis y el albino pudo escuchar su marcado acento francés, tal vez era fingido para impresionar a las chicas.
-No pero creo que yo a ustedes si y…-
-Lo siento chico, tenemos cosas importantes que hacer…- dijo Antonio dándole palmaditas en el hombro a Gilbert sin dejarlo terminar de hablar, dándole ambos la espalda y comenzando a caminar dejando con la palabra en la boca a Gilbert que sintió los empujones desdeñosos del club de fans siguiendo a sus dioses y solo quedó la risa estrepitosa de Lovino que se burlaba de él sin vergüenza en medio del pasillo
-Siento que no haya salido como planeabas- le dijo Ludwig dándole de nuevo su mochila a Gilbert a quien le hervía la cara de la vergüenza.
-Intenté advertírtelo, Francis y Antonio no le hablan a nadie nuevo o a quien no conozcan bien- dijo Feliciano con algo de arrepentimiento de no haber hablado antes.
-¡Oh Dios, debiste haber visto tu cara de idiota!- decía Lovino riendo a carcajadas maliciosas –De verdad pensaste que esos bastardos te iban a hablar- seguía diciendo entre risas con lagrimitas saliendo de sus ojos.
-¡Cállate italiano de mierda!... ya verás que esos tipos y yo terminaremos siendo mejores amigos y ya no me sentaré en su mesa de perdedores- mascullaba enfadado Gilbert comenzando a caminar por el pasillo.
-¿En serio es tan malo sentarse con nosotros? Ve~- preguntó de manera inocentona Feliciano haciendo dudar a Gilbert en su respuesta, pues el albino en realidad quería decir: "Si, es pésimo sentarse con ustedes porque ¡son perdedores! Por Dios, están debajo de los nerd ¡Debajo de los jodidos nerds! ¿Qué tan patético se tiene que ser para estar debajo de ellos?". Sin embargo la carita boba del menor de los Vargas le impidió decir esto.
-No es malo es solo que…- quiso contestar entonces Ludwig buscando algo con lo que completar la frase.
-No es agradable que te llamen perdedor- completó con una sonrisita forzada el ojirrojo.
-¿Y tú crees que eres un perdedor?- preguntó entonces Lovino retomando su semblante de pocos amigos.
-¡Claro que no!- contestó enérgicamente Gilbert pensando que el italiano quería empezar otra discusión.
-Entonces no importa dónde te sientes o con quien te juntes… si sabes que no eres un perdedor lo que diga el resto es meramente irrelevante- dijo con toda naturalidad el castaño y el albino una vez más estaba a punto de contestarle, diciéndole que claro que importaba lo que el resto decía porque era tu imagen la que está en juego sin embargo se vio interrumpido por el pasar de una persona en especial.
El pasillo se inundó con el perfume penetrante pero no repulsivo de una chica que hacía sonar sus tacones. Una vez más todos abrieron paso a Natasha Bravingski que iba con su rostro inexpresivo, sus ojos afilados de un azul claro que perforaba a todo aquel que se atreviera a mirarla directamente; los chicos juraron haber sentido una brisa fría cuando la joven pasó a sus lados ondeando su cabello plateado y mirándolos por encima del hombro en un claro gesto altivo y desdeñoso.
La reina de hielo se hacía paso por el pasillo haciendo honor a su sobrenombre, no mostrando emoción alguna ni siquiera cuando una fila de chicos guapos quisieron abordarla para darle rosas, regalos, chocolates, esta solo los barría con la mirada y los ignoraba por completo sin dirigirles al menos una palabra de rechazo, su actitud era más que clara.
-Mira Yong Soo ¿Cómo puede haber personas tan perfectas en este mundo?- preguntó Alfred que tuvo que limpiarse la comisura de su labio antes de que la baba le siguiera escurriendo al ver el caminar de Natasha.
-Si es bonita… pero…-
-¡Es perfecta!- le corrigió Alfred como si de pronto fuera una psicópata.
-Está bien, está bien… es perfecta aunque no tan perfecta como mi aniki- dijo el chico coreano riendo orgulloso de su primo y ganándose una mirada de desagrado por parte de Alfred.
-No veo como tu primo con cara de niña pueda ser perfecto- comentó Alfred con toda tranquilidad hasta que reparó en lo que acababa de decir y en un acto de reflejo se cubrió el pecho antes de que el moreno le fuera a dar de pellizcos en los pezones, cosa que Yong Soo estaba punto de hacer, incluso ya tenía sus manos preparadas.
-¡Lo siento, lo siento!- dijo antes de que el chico le pusiera las manos encima y aunque no le hizo nada se ganó una mirada asesina del asiático.
-Al menos yo puedo cruzar más de tres palabras con Yao, comer con él, pasar todo el día a su lado, entrenar con él cuando ya destrozó al resto del equipo y convivir felizmente… cosa que tú JAMAS vas a hacer con Natasha ¿Por qué será? Oh si ¡Porque ni siquiera sabe que existes! ¿Cómo pude olvidar ese insignificante detalle?- decía Yong Soo sarcásticamente.
-Oye, ya te pedí perdón por decirle niña a Yao- le reprochó Alfred por los comentarios crueles del otro.
-Te mereces eso y más por ser un gusano irrespetuoso- contestó Yong Soo.
-Muy bien entiendo tu punto, ahora recuérdame ¿Por qué seguimos siendo amigos?- dijo Alfred recibiendo a cambio un empujoncito juguetón por parte de Yong Soo que le pasó un brazo por el hombro alzándose un poco de puntillas puesto que el rubio era unos centímetros más alto.
-Porque verás héroe, yo soy el único contacto que tienes con la gente "normal" y el mundo real, pasas demasiado tiempo con el losers club y con tus comics- le dijo Yong Soo orgulloso.
-Oh cállate, tú también eres un ñoño- le recriminó Alfred despeinándole el curioso rulo que sobresalía del lacio cabello negro del coreano.
-Hey los manwhas no son ñoñerías, son arte hecho en Corea que no se te olvide- le advirtió el moreno y juntos siguieron caminando por el pasillo dirección a sus respectivas clases antes de que fuera a tocar el timbre, ignorando así el hecho de que Kiku corría despavorido tratando de escapar de cierto trío de crueles adolescentes.
-¿En serio tenemos que atraparlo? ya me cansé- decía un somnoliento Heracles que bostezaba mientras corría perezosamente tras Sadiq que parecía un lobo rabioso acorralando a un pobre conejo.
-Pero claro que si mocoso… este enclenque es la presa de la semana- decía el moreno riendo de manera extraña mientras se relamía el labio superior cuando vio a Kiku atrapado en una esquina entre la pared y la hilera de casilleros.
El pelinegro asiático miraba a todos lados notando que la campana acababa de sonar y todos se habían escabullido a sus salones. Kiku temblaba y abrazaba contra su pecho lo que parecían ser las páginas del manga en el que había estado trabajando ese último mes; el chico intentaba retroceder esperando a que la pared se perforara y pudiera huir, cerraba los ojos esperando que al abrirlos todo fuera como en los animes que veía y apareciera algún tipo de justiciero que llegara rescátalo, o tal vez alguna chica linda que se pusiera entre Sadiq y él para luego convertirse en una princesa mágica con un bonito vestido pomposo, un báculo y una mascota tierna (oh, debía anotar esa idea antes de que se le olvidara y poder dibujarla).
Sin embargo la risa de Sadiq tan cerca de él le hizo ver que no estaba en un anime y que nadie vendría a salvarlo, así que intentando llenarse de valor entreabrió su ojo derecho y lo cerró de inmediato al ver lo cerca que el turco estaba de él, claro, siendo escoltado por Heracles y Gupta que bloqueaban cualquier ruta de escape, cabe mencionar que ambos muchachos tenían caras aburridas y desinteresadas ya que el único que parecía estar divirtiéndose con la situación era Sadiq.
-Te atrapé- dijo con voz socarrona viendo el cuerpo tembloroso de Kiku que apretaba aún más las hojas de papel contra él, parecía que temía mas por el bien de su manga que por su vida y claro que Sadiq notó esto pues sus ojos se desviaron de inmediato a lo que Kiku protegía con tanto recelo.
-Miren chicos, encontramos a un artista- dijo de nuevo el turco que alcanzo a ver los dibujos en las hojas de papel aunque sus acompañantes no dijeron nada solo se mantenían con su semblante desinteresado.
Kiku de inmediato puso las hojas detrás de su espalda intentando ocultarlas de Sadiq que tan solo ensanchó aún más su sonrisa por la acción.
-No seas egoísta, déjanos ver tu trabajo- dijo con una fingida cordialidad extendiendo su mano esperando a que el asiático le diera su manga sin embargo Kiku no se lo dio y solo alcanzó a pegarse aún mas contra la pared mirando con miedo la manera en que el ceño de Sadiq iba frunciéndose hasta que sintió un tremendo jalón en su hombro a la hora en que el más alto lo separó bruscamente de la pared, le arrancó el manuscrito de las manos y finalmente lo empujó haciéndolo caer al piso de bruces al tiempo que Sadiq se sentaba encima de él sacándole el aire e impidiéndole levantarse.
-¿Es necesario que hagas eso?- preguntó esta vez Gupta señalando a Kiku que intentaba jalar aire mientras se retorcía en el piso.
-Claro, no puedo leer parado- dijo el brabucón aclarándose la garganta –Ahora empecemos… esta cosa se titula "El triste emperador" por Honda Kiku… que patético título Honda- se burló Sadiq al leer la primera hoja que llevaba solo el título y el autor además de unas cuantas notas en kanjis.
-¡No lo leas, devuélvemelo por favor!- suplicó Kiku jadeando gracias al tremendo peso que tenía encima de él.
-Cállate- le gruñó Sadiq poniendo su mano en la cabeza de Kiku pegándola contra el piso para continuar con su lectura así que cambió la hoja encontrándose con los dibujos de un paisaje extenso y rural que llevaba algunos cuadros de texto que narraban acerca de un mundo paralelo y un temible emperador que gobernada ahí a base de fuerza y miedo que infundada sobre sus plebeyos.
-Diablos Honda, deberías ser un poco más original- le criticó Sadiq mientras seguía leyendo.
La historia continuaba describiendo al tirano gobernante… el emperador que siempre usaba una máscara y jamás dejaba ver su verdadero rostro al mundo.
El turco cambió la hoja y en la siguiente vio el dibujo de un hombre con un antifaz que sonreía con cizaña, se alcanzaba a adivinar un cabello corto bajo el gran sombrero con plumas y dos curiosos rizos en la nuca, guantes negros y una gran túnica que se parecía mucho a la antigua ropa de medio oriente… Sadiq no tardó mucho en darse cuenta en quien estaba basado el personaje, sobre todo por la escasa barba que Kiku le había dibujado a su protagonista la cual recordaba mucho a la que Sadiq había intentado dejado crecer desde su pubertad.
-Esto…- dijo el turco que miraba con atención cada detalle meticulosamente dibujado por el asiático.
-¿Qué pasa?- preguntó Heracles cuando Sadiq se quedó callado de pronto.
-Sadiq-san, si vas a matarme que sea rápido por favor e intenta no lastimar mucho mis manos- dijo entonces Kiku con la cara pegada al piso, en cambio Sadiq solo se levantó de encima de él y se puso las hojas bajo el brazo.
-Vámonos- ordenó sin más el moreno alejándose de ahí seguido de Gupta que no hizo ninguna clase de comentario aunque si estaba algo curioso de la extraña reacción del otro muchacho.
Kiku parpadeó un par de veces sin estar realmente seguro acerca de qué diablos había sucedido, volteó a ver a Sadiq que llevaba su manga bajo el brazo y solo caminaba lejos.
-Levántate, llegarás tarde a clase- le dijo entonces Heracles extendiéndole una mano al asiático que miró con desconfianza la mano y luego reparó en los ojos adormilados del castaño que no parecía tener el mas mínimo interés de seguir atormentando al chico así que aceptó la mano y se levantó.
-Hasta luego- dijo entonces el griego soltando un bostezo y caminando en dirección contraria de sus amigos pues él también tenía clase, aunque ya no alcanzó a escuchar a Kiku preguntando por su manga.
Heracles siguió caminando con parsimonia, la verdad entre más tarde llegara mejor, después de todo Educación Física era una de las clases que menos le agradaban, no porque fuera malo en los deportes, al contrario, era bastante atlético, era solo que odiaba tener que moverse mucho cuando bien podría estar por ahí tomando una buena siesta. Así que arrastrando los pies e intentando que sus ojos no fueran a cerrarse por completo en el camino llegó hasta el gimnasio y abrió las puertas con la misma pereza con la que había llegado hasta ahí.
-Hasta que nos horna con su presencia Karpusi, pensé que estaba masacrando estudiantes en la parte trasera de la escuela; cámbiese y únase a la clase rápido- le regañó el profesor al muchacho que no hizo caso del sermón y solo fue hasta la fila de estudiantes en donde pudo ver a un chico tal vez nuevo de extraños ojos rojos que a pesar de llevar el uniforme de educación física se cubría con su sudadera.
-Qué raro…- murmuró Heracles al pasar a su lado, refiriéndose a la sudadera que seguro era bastante calurosa, sin embargo el dueño de los ojos carmín lo malinterpretó y antes de siquiera hacer algo, solo alcanzó a esconderse aún más con la capucha de la prenda.
-Muy bien ahora…- comenzó a decir el profesor cuando Heracles fue a los vestidores aunque fue interrumpido por el sonido de las teclas de un celular siendo presionadas. Frunciendo el ceño y torciendo la boca el robusto y velludo profesor se volteó hacia las gradas en donde Feliks estaba cómodamente sentado mandando mensajes por su celular.
-Lukasiewich, a la fila- le ordenó el maestro al rubio que apenas si despegó sus ojos de su teléfono.
-Lo siento profesor no puedo tomar la clase, tengo cólicos menstruales- dijo Feliks retomando la atención a su celular escuchando algunas risitas de los alumnos que se callaron al momento en que el profesor les dedicó una mirada asesina.
-Lukasiewich, eres hombre- le recordó el adulto y una vez más Feliks apenas si hizo un esfuerzo por desviar la mirada de su celular.
-¿Y solo por ser hombre no puedo tener cólicos menstruales?- preguntó el ojiverde alzando una ceja.
-Obviamente- respondió el maestro exasperado y Feliks se levantó de golpe indignado dejando su celular en la banca.
-¡Esto es discriminación!- exclamó realmente ofendido dando largos pasos afeminados hasta la fila mientras el mayor negaba con la cabeza masajeándose la sien.
-Gilbo guapo, no te había visto aquí, súper lindo que nos haya tocado juntos alguna clase- dijo Feliks cuando reparó en Gilbert y empujó a algunos chicos para quedar a su lado.
-Tienes la suerte de que te compartas clase con el increíble yo, tal vez así dejes de ser un perdedor kesesese- dijo Gilbert prepotente viendo al rubio reparando en los exageradamente cortos pantalones de gimnasia y los tenis Converse rosa brillante.
-¿Esos pantalones no son muy cortos?- preguntó Gilbert viendo al resto de los alumnos y a si mismo notando que los suyos llegaban hasta debajo de la rodilla.
-Tengo que mostrar estas piernas osea, Beyonce mataría por unos muslos así- dijo el ojiverde regalándole un guiño a Gilbert que sintió un escalofrío por el gesto.
-Además, ¿Esa sudadera no es demasiado calurosa para un día de primavera y una clase de educación física?- esta vez fue Feliks quien preguntó y el alemán solo desvió la mirada algo apenado.
-Hey señoritas basta de charlas, novato quítate esa sudadera que nadie está interesado en tus pechos de niña- ordenó el profesor sobresaltando a Gilbert que miró a todos lados dándose cuenta de que el profesor se refería a él.
-¡Me llamó niña! ¡Ese bastardo me dijo niña!- dijo entre dientes el ofendido albino cerrando sus puños listo para romperle la nariz al hombre que hacía sonar su silbato poniendo orden.
-Eso como que no es nada nuevo, mejor quítate eso antes de que te ponga una rutina militar- le murmuró Feliks y Gilbert pareció realmente renuente aunque la mirada del profesor estaba clavada en él así que era romperle la nariz, ser expulsado y seguir viviendo bajo el estricto régimen de su abuelo o solo hacer caso, quitarse la sudadera y dejar ver a los demás lo raro que era.
Soltando un resoplido, el muchacho se quitó la sudadera y la arrojó a las gradas junto con el celular de Feliks que lo estaba viendo con los ojos bien abiertos. Genial, ahora el que de verdad era el más rarito de la escuela lo veía de esa manera.
-Eres albino- señaló Feliks
-No, solo me cayó cloro cuando era bebé… claro que soy albino- dijo pasándose las manos por el cabello queriendo desviar la atención de Feliks pero solo parecía instarlo más a verlo.
-¡Te ves súper increíble! Me encanta tu cabello blanco ¿En serio es natural? Súper cool- decía Feliks emocionado haciendo sonreír a Gilbert que incluso enderezó su espalda.
-C… claro que me veo increíble, soy el awesome Gilbert ¿Recuerdas? Mi apariencia es tan fabulosa como yo kesesese- dijo el chico pero un silbatazo estridente por parte del maestro volvió a interrumpirlos.
-¡Les dije que dejaran el chisme! Ahora todos veinte vueltas al gimnasio y si los escucho lloriqueando van a ser cien ¡Corran!- les gritó y los muchachos soltando bufidos y murmullos comenzaron, incluso Heracles que regresaba de los vestidores corría… aunque mas bien parecía que se arrastraba.
Todos jadeaban y solo los que de verdad estaban interesados en el ejercicio corrían sin quejarse, el profesor mientras tanto los miraba a todos con algo parecido al regocijo.
-Parecen lechoncitos caminando al matadero- murmuró con satisfacción al ver a sus alumnos intentando seguir con el ejercicio hasta que alguien se cayó de bruces al chocar con otro alumno.
-¿Qué pasa? No otra vez ustedes ¡Les he dicho que dejen de hacer eso en clase!- les gritó a un grupo de muchachos rubios y bastante altos.
-¿Quiénes son esos?- preguntó Gilbert cuando el resto de la clase se detuvo para ver a los jóvenes que cargaban cámaras fotográficas análogas profesionales.
-Ellos son los nórdicos o la bandita hipster que no le habla a los demás porque es así como que demasiado mainstream- explicó Feliks viendo a los muchachos.
-Regresen a correr, dejen de tomar fotografías- les ordenó el profesor cuando uno de ellos, un chico de cara inexpresiva que llevaba un broche en forma de cruz en su cabello le contestó con desinterés.
-Perdón profesor es que no pudimos resistir la tentación de captar en una imagen la manera en como usted ha representado de forma tan abstracta el cómo la sociedad nos esclaviza y nos hace seguir una misma conducta que no lleva a otra cosa más que al vacío intelectual de hoy en día- explicó el joven con una cara y voz totalmente inexpresiva mientras que los otros cuatro asentían; un chico alto de cabello despeinado que parecía no tener ni idea de lo que el joven había dicho, otro aún más alto de lentes con rostro terrorífico que le tomaba fotos pero a uno de ojos chocolate y uno más que…
-¿Y para qué es el vaso de Starbucks?- preguntó el profesor cuando vio al último joven de cabello rubio platino capturando la foto de dicho vaso que estaba en el piso.
-Es para usarla como fondo de alguna frase que haga reflexionar a todos mis seguidores en Tumblr- respondió sin más el jovencito dejando escuchar el "clic" de su cámara análoga.
-¡Dejen eso y pónganse a correr!- gritó exasperado el profesor y los jóvenes hicieron caso no sin antes tomar una foto del enfurecido profesor y regresando a la clase la cual continuó entre gritos, interrupciones y una agonía de cien sentadillas, lagartijas y abdominales hasta que el timbre los salvó de su tortura.
Los chicos fueron a cambiarse de ropa y apenas entraron al vestidor el resto de los muchachos se alejó de Feliks y de él como si estos tuvieran alguna clase de infección, cosa que no pasó por alto por Gilbert que una vez más adjudicó ese comportamiento a sí mismo y su peculiar piel blanca al igual que su cabello y sus ojos carmín.
-Imbéciles- masculló cambiándose rápidamente de ropa.
-No se alejan de ti, se alejan de mi- contestó Feliks que se tomaba su tiempo para vestirse dejando ver su ropa interior rosa, también haciendo preguntarse al alemán en que tienda el rubio conseguía calzoncillos tan cortos, entallados, rosas y con encaje… en el departamento de caballeros nunca había visto algo así.
-Si claro…- dijo el muchacho que de nuevo se puso su sudadera cubriéndose la cabeza.
-Oye no te tapes así en mi presencia, ósea Gilbo como que adoro tu cabello- le dijo Feliks descubriendo de nuevo su melena plateada.
-Pero…- quiso discutir el otro.
-Pero ¿Qué no eres awesome?- preguntó Feliks y el albino miró por el rabillo de sus ojos a los otros chicos que se vestían bastante lejos de ellos.
-Oh ellos- dijo Feliks terminándose de vestirse y luego yendo hasta el resto quienes se cubrieron de inmediato con su ropa y algunas toallas.
-Ósea gente, no se espanten como que sus penes son demasiado pequeños que me interesen bye~-
Tras decir esto Gilbert y Feliks salieron de ahí, Gilbert soltaba carcajadas por la cara estupefacta que los demás pusieron al escuchar esto.
-¡Eso fue genial!- decía aun riendo mientras se quitaba por fin la capucha de la cabeza –Oh Feliks, estoy empezando a creer que eres tan increíble como yo- decía aun entre risas.
-Gilbo, no solo lo creas, SOMOS fabulosos- rectificó Feliks.
-Claro que si- coincidió Gilbert y ambos chocaron palmas mientras iban por el pasillo encontrándose en el camino con Feliciano que parecía apurado.
-Feli amor ¿A dónde vas?- preguntó Feliks al muchacho que iba a paso rápido.
-Ve~ a mi clase, tengo que apartar un lugar hasta enfrente o sino no podré entenderle nada al profesor ¡Nos vemos!- dijo de nuevo echando a correr.
Feliciano iba esquivando gente procurando no tropezar, cosa que le fue inútil pues cayó al piso al menos tres veces por los constantes empujones además de que su cuaderno de apuntes fue pisado unas cuantas ocasiones haciendo lloriquear al chiquillo que se lamentaba por el hecho de que él y su hermano no tuvieran horarios similares.
Finalmente y como pudo, llegó a clase apartando el pupitre que estaba justo frente al escritorio del profesor de Matemáticas, ese que parecía sufrir un trastorno obsesivo compulsivo además de un serio problema de ansiedad. Aunque para la mala suerte de Feliciano ni siquiera el haberse sentado en el lugar más privilegiado le ayudó en lo absoluto en entender la clase de cálculo… ni la clase de química, o la de física, mucho menos geografía… así que para la hora del receso Feliciano era un alma en pena que deambulaba por los pasillos sintiéndose condenado a reprobar todo el curso cuando este apenas había comenzado.
-Ve~ Dios ¿Por qué no me hiciste un poco más inteligente?- se preguntaba con sus libros en los brazos, todos los que había sacado de la biblioteca para intentar grabárselos y caminó hasta el salón de su hermano para ir juntos al almuerzo… pero apenas estaba a punto de llegar al salón vio a alguien más entrar, alguien que casi siempre era seguido por una horda de féminas salvajes; Antonio entraba al salón completamente solo.
Lovino por su parte no se había percatado de que alguien acababa de entrar así que solo se mantuvo sentado en su banca leyendo su maltratado libro esperando a que el tonto de su hermano llegara. Antonio entró sonriente y feliz de que no hubiera nadie más ahí así que caminó hasta el pupitre de Lovino y se plantó frente a él con esa gran sonrisa que provocaba gritos y gemidos entre el estudiantado femenino.
-¡Hola!- saludó en español con voz alegre… pasaron unos segundos y no hubo respuesta, es más, Lovino ni siquiera reaccionó, solo se limitó a darle vuelta a la hoja de su libro.
-Eh… ¡HOLA!- dijo aún más fuerte el español temiendo haber alzado demasiado la voz, esta vez Lovino alzó sus ojos, vio fijamente a Antonio unos segundos y volvió a dirigir su mirada a los párrafos de su novela.
-¿No me vas a saludar?- preguntó Antonio un poco nervioso pero aun sonriente.
-¿Me estás hablando a mí?- preguntó Lovino con voz aburrida sin dirigirle la mirada al castaño.
-Eres el único aquí- respondió el ojiverde satisfecho de recibir una respuesta sin embargo el silencio volvió a crearse en el lugar incomodando bastante al ibérico que solo alcanzó a escuchar el movimiento del papel a la hora en que el italiano volvía a darle vuelta a otra página.
-Eh… lindo clima ¿No?- dijo el ojiverde intentando empezar una conversación sin mucho éxito.
-Me pregunto que habrá hoy en la cafetería- insistió y el silencio se volvía insoportable.
-Espero Francis haya traído su propio almuerzo, él es un gran cocinero- y nada pasaba, Lovino no dejaba de leer.
-Por cierto, reparé mi cadenilla- dijo entonces Antonio en un desesperado intento de hacer hablar al italiano sacándose de debajo de la camisa una cadena de la cual colgaba un crucifijo de plata a lo cual Lovino levantó sus ojos solo para ver la cruz que colgaba.
-Mmmmmm- solo eso dijo antes de ver a Feliciano asomándose por la puerta sin querer interrumpir, así que el mayor de los mellizos cerró su libro, se levantó y caminó a un lado de Antonio.
-¿A dónde vas?- preguntó Anotnio viendo al otro muchacho alejarse sin escuchar alguna contestación de su parte.
-¿Será que ya se le olvidó?- preguntó Antonio alzando su crucifijo frente a él.
-Hermano, ese… ese… ¡Ese era Anotnio, Anotnio estaba hablando contigo!- decía emocionado Feliciano intentando no dejar caer los libros.
-Ya lo sé- contestó su consanguíneo con las manos en las bolsas caminando y regalando miradas hostiles a quien lo viera a la cara.
-Era el verdadero Antonio Fernández hablándote a ti- seguía diciendo Feliciano demasiado excitado.
-Si, era el mismo bastardo español que me ha caído mal desde el primer día que puse un maldito pie en este lugar, ya lo sé- respondió de nuevo
-Pero es que ¡Era Antonio!-
-¡Carajo ya lo sé!- gritó entonces Lovino soltando un sonoro gruñido –Y si me vuelve a hablar le voy a patear las bolas- decía entre dientes caminando hasta la cafetería.
-Ve~ ¿Por qué? Es el más popular de toda la escuela, es popular hasta en otros colegios- decía Feliciano.
-Por eso mismo, odio a las personas presumidas…-
-Antonio no me parece presumido-
-Pues lo es, es un hijo de puta presumido que siempre mira por encima del hombro a todos los demás igual que el otro bastardo que tiene por amigo, me revienta el hígado nada mas de verles las malditas caras- maldecía el muchacho entrando a la cafetería y viendo de inmediato al resto de sus amigos ya sentados en su respectiva mesa.
-Ciao- saludó Feliciano alegre –Nunca van a creer lo que pasó, Antonio le estaba hablando a mi hermanito en el salón- decía emocionado.
-¿A ti? ¿Por qué alguien como Anotnio querría hablarle a un wanna be mafioso adolescente?- preguntó Gilbert que estaba sentado entre Alfred y Feliks.
-¿Y porque alguien como tú sigue vivo? Esa si es una buena pregunta- dijo Lovino empujando a su hermano para que se sentara a un lado de Ludwig que a su vez estaba junto a Kiku quien tenía su cabeza sobre la mesa y los brazos colgando a sus lados dando la apariencia de un cadáver.
-Y yo que pensaba que nosotros éramos algo así como la Kriptonita de Antonio y Francis… o del resto de la escuela- comentó entonces Alfred que parecía estar buscando algo en su mochila.
-No vengas con tus analogías frikys por favor- le dijo Lovino que parecía más malhumorado que de costumbre.
-Feliciano ¿Para qué son tantos libros?- preguntó Ludwig cuando escuchó el estrepito que hicieron los gruesos volúmenes de la biblioteca al ser dejados encima de la mesa.
Al escuchar la pregunta el menor de los Vargas solo alcanzó a dejarse caer dramáticamente sobre los libros sollozando.
-Ve~ es que necesito estudiar, no he podido entender ninguna de las clases y si sigo así voy a reprobar todo el curso- dijo el muchacho desmoralizándose en cuestión de segundos.
-Aceptalo Vene, naciste idiota- comentó Lovino con una sonrisa burlona en sus labios.
-¡No es cierto!- reclamó Feliciano
-Claro que si, tú sacaste los genes malos del abuelo- siguió molestándole.
-Pues tú ni siquiera los del abuelo, eres un pésimo pintor-
-¡Cállate, no es como si me gustara hacer esa mariconeria!- respondió Lovino.
-¡Pintar no es ninguna mariconeria!- dijo Feliciano y empezaron a discutir los hermanos, esta vez soltándose insultos en italiano hasta que toda la discusión comenzó a desarrollarse en ese idioma, llegando al punto en que empezaron a darse de manotazos y jalarse el cabello (o sus peculiares rizos) como si fueran niñitas peleándose.
-Oigan, dejen de pelearse- les ordenó Ludwig separándolos y sentándose entre ellos para que dejaran su inmadura rencilla.
-¡Él empezó!- dijeron al mismo tiempo los hermanos mirándose furiosos y luego desviando sus ojos a lados contrarios y cruzándose de brazos enfadados.
-Feliciano, si quieres yo puedo ayudarte a estudiar- dijo Ludwig aclarándose la garganta viendo como de pronto a Feliciano le brillaban los ojos y se acercaba tal vez demasiado al rubio que se sobresaltó un poco por la extrema cercanía del castaño.
-¡¿En serio harías eso por mí!?- preguntó Feliciano a lo que el ojiazul asintió con la cabeza un poco nervioso.
-¡Gracias Ludwig!- dijo acaparándolo en un abrazo sintiendo como todo el cuerpo de Ludwig se tensaba al instante por el repentino abrazo pues el muchacho no estaba nada acostumbrado a ese tipo de gestos que no fueran de Gilbert.
-No hay de que- dijo el rubio de manera atropellada aun sin ser soltado esperando que el otro lo liberara pero parecía que el castaño se iba a quedar pegado a él para siempre.
-¿Nuevos amigos Polsha*?- preguntó entonces una voz que se acercaba y que hizo temblar a todos, incluso a Lovino.
Iván Bravigsky era quien acababa de hablar, sonriendo con inocencia y con un tono de voz bastante infantil se había dirigido a ellos y tanto Gilbert como Ludwig pudieron ver por primera vez el ceño fruncido de Feliks que intentó relajarse sonriendo con un poco de cinismo.
-Vaya Rosja** conoces la palabra "amigos" bien por ti y tú súper triste vida, sigue así y tal vez te encuentres con uno imaginario- contestó sin más, sin siquiera mirar al más alto que soltó una serie de risas que hicieron temblar a todos y guardar un respetuoso silencio.
-Pero ya lo tengo, mándale a Toris mis saludos y dile que me encantaría verlo un día de estos, claro que sin ti acosándolo. Adiós- dijo Iván dándole unas palmaditas en la cabeza a Feliks.
-Vuelve a tocarme y te saco los ojos- dijo el rubio forzando una sonrisa mientras su labio temblaba de ira.
-Inténtalo y te arranco la piel- le respondió Iván con su sonrisita alejándose de ahí, seguido de su hermana Natasha que miró a Feliks y le golpeó la cara con las puntas de su cabello al sacudirlo para hacerlo detrás de su hombro.
-¡Quítate la ursuela perra anoréxica!- le gritó Feliks cuando la chica se alejaba.
-El día que me aparezca ursuela será cuando a ti te crezcan pechos, freak- le contestó Natasha con voz aterciopelada dedicándole un intento de sonrisa maldosa al rubio.
-Eres una…-
-¡No le hables así a Natasha!- intervino entonces Alfred cuando Feliks estaba a punto de replicar.
El muchacho de ojos azules saltó a defenderla sin pensárselo dos veces, alzando bastante la voz captando la atención del resto de los presentes en la cafetería pues incluso se levantó de su lugar.
-Tranquilízate héroe, estás quedando mal frente a tu princesa- le dijo Lovino señalando con su cabeza a la jovencita que lo miraba con una expresión indescifrable. Alfred volteó a verla y su cara se pintó de mil colores cuando tuvo ese par de ojos claros sobre él así que se dejó caer de nuevo en la banca y azotó su cabeza contra la mesa.
-Gracias chicos, mi vida está arruinada… fue un placer conocerlos- dijo Alfred dramáticamente.
-Tú vida está arruinada desde que abriste tu primer comic- y una vez más una suave voz extra se hizo presente. –Levántate Capitán América, pusiste esto en mi mochila en la mañana-
Una vez más los hermanos germanos voltearon a ver a alguien que no conocían, era nada más y nada menos que…
-¡El clon de Alfred!- gritó Gilbert señalando a un muchacho que efectivamente podría ser el clon del joven americano.
-Oh Dios no, solo soy su hermano gemelo- dijo el muchachito extendiéndole un comic al mayor que lo tomó con desgana.
-Gracias Matt, ahora deja el lamento de este héroe… definitivamente debería construirme una Baticueva para refugiarme en ocasiones como esta- dijo aun sintiendo su cara arder cuando miró por el rabillo de sus ojos a Natasha que para su sorpresa, miraba al mismo lugar donde estaba él pero apenas alzó de nuevo su cabeza, la chica desvió la mirada hacia su hermano al instante.
-Cierto, como que no les he presentado al miembro auxiliar del Losers club, osea este es Mathew el hermano de Alfred- el tal Mathew saludó con un gesto de la mano a todos y una sonrisa amable.
-¿Por qué auxiliar?- preguntó Gilbert.
-Porque es el sustituto de Alfie cuando él no está-
-¿Sabes lo insultante que es decir eso?- preguntó Mathew a Feliks que solo se encogió de hombros.
-No te pongas así Matty, tu autoestima como que totalmente puede soportarlo- dijo el rubio ojiverde.
-Si, supongo que si he sobrevivido hasta ahora es gracias a todo mi autoaprecio que para nada ha sido mancillado por las constantes comparaciones con mi hermano. Gracias Feliks por haberme recordado que solo soy un sustituto de mi gemelo y no una persona con su propia individualidad- dijo sarcásticamente el chico.
-Cuando quieras Matty cariño- dijo Feliks mandándole un beso y guiñándole un ojo escuchando suspirar al rubio que tras rodar los ojos se percató del hecho de que Kiku no había dicho nada o siquiera se escuchaba el rasgar de su pluma contra el papel como era la costumbre en los almuerzos.
-¿Qué le pasa a Kiku?- preguntó señalando al asiático que no se había movido ni un ápice de su posición de cadáver.
-Estoy muerto- contestó el asiático y todos se quedaron en silencio esperando que esa fuera un pésimo chiste.
-Sadiq-san me quitó el manga que había estado dibujando…- dijo en voz baja cuando de pronto se irguió desesperado - ¡ESTOY MUERTO!- Gritó para luego azotar su cabeza contra la mesa volviendo a quedarse inmóvil.
-Ve~ no creo que te vaya a matar solo por eso- dijo Feliciano intentando consolarle.
-No entiendes Feliciano-kun… va a matarme, estoy más que seguro que va a matarme y a romperme cada dedo de mi mano para que nunca jamás vuelva a dibujar… tal vez debería volver a mi habitación y esta vez jamás volver a salir- decía el pelinegro.
-¡No Kiku, no hagas eso! En serio no creo que Sadiq te haga algo así solo porque dibujaste un manga- decía angustiado el chico.
-De verdad no entiendes- se lamentó de nuevo Kiku estando bien consciente de que su sentencia estaba firmada gracias al hecho de que el personaje principal de dicho manga era nada más y nada menos que Sadiq… claro, adaptado a su historia pero aun así, eso era un sinónimo de muerte segura.
-Ustedes tienen un extraño poder para atraer a los bullers…- comentó Matt con su vocecilla suave que no cuadraba del todo con sus comentarios sarcásticos, totalmente diferente del siempre efervescente Alfred y sus discursos de héroe.
-Tengo que irme, nos vemos después y Alfred, dile a mamá que llegaré tarde porque Guillermo me invitó a comer helado- dijo el muchacho sonriéndoles amablemente a todos mientras que Alfred le hacía gestos con la mano para que se alejara.
Mathew caminaba sin poner mucha atención a su camino escuchando el constante murmullo de varias voces femeninas que se acercaba a él, en realidad Matt solo pensaba acerca de todos los deliciosos sabores de helado que podría comer con su amigo, el jocoso cubano que no paraba de invitarle helados e insistía en enseñarle a bailar rumba… además de adoptar su ideología política.
El ojiazul iba demasiado concentrado en sus pensamientos cuando sin querer chocó con otra persona haciendo que dicha persona derramara su café sobre el caro saco Armani que lucía aquel día.
-¡Perdón! En serio, disculpa- decía Matt viendo el desastre que había hecho buscando algo con que ayudar a limpiar al otro joven que estaba a punto de proliferar algunos insultos en francés cuando vio con más detalle al muchachito de lentes y ojos azules enmarcados en un par de mechones rubios.
-No te preocupes petit, fue mi culpa por ser tan distraído- dijo el galante Francis Bonnefoy.
-No, yo tampoco ponía atención por donde venía… lo siento, pagaré la tintorería- decía el jovencito que logró sacar su pañuelo y aun intentaba limpiar la gran mancha de café en el saco azul cielo pero Francis lo detuvo tomándole la mano y acercándosele peligrosamente.
-¿Por qué no mejor en compensación tú y yo vamos por un buen café y tal vez una cena después?- preguntó arrastrando la voz acariciando un poco los dedos de Mathew que tenía su mano atrapada en la de Francis que le sonreía como si fuera alguna especie de galán de película.
-Ah… yo, bueno, yo siento mucho lo de tu saco y de verdad voy a pagar la tintorería pero no puedo aceptar tu invitación- dijo sonriendo de manera forzada.
-¿Y eso por qué?- preguntó Francis usando esa mirada que desarmaba a cualquiera, la penetrante mirada de francés conquistador que te puede hacer desnudarte por voluntad propia en tiempo record
-Porque…- Mathew bajó un poco la voz y Francis pensaba tenerlo justo donde quería sobre todo al ver el tenue sonrojo en las mejillas del joven.
El chico abrió la boca y solo hasta segundos después habló aun perdido en los ojos zafiro de Francis.
-… porque yo odio a la gente como tú, lo siento- dijo finalmente Matt deshaciéndose del agarre de Francis y saliendo de la cafetería.
Francis Bonnefoy, el francés Casanova de todo el Instituto W y de la región en general acababa de ser rechazado… por un mocoso del que nadie sabía su nombre… por un chiquillo simplón que podría ser confundido con un perdedor. ¡FRANCIS BONNEFOY FUE RECHAZADO POR UN DON NADIE!
El francés se forzó a reír mientras un rictus de furia se posaba en su rostro que podría estar asegurado en algunos millones de dólares.
Nadie rechazaba a Francis y ese mocoso no iba a ser la excepción, el chiquillo iba a estar en su cama rogándole sexo vulgar y sucio antes de que el mes terminara o dejaba de ser francés y se nacionalizaba británico.
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*Polsha: Polonia en ruso (según Google Translate)
**Rosja: Rusia en polaco (igual según Google)
Waaaaaa ¿Qué tal? ¿Les gustó este segundo capítulo? Oh Dios, espero que sí.
Mil millones y alguna otra cifra descomunal, de gracias por sus reviews, no esperé que de verdad esto fuera gracioso ja ja ja. Mil gracias a los que mandaron review, a las(os) lectoras(es) silenciosos y a quienes una vez más me acompañan leyendo otra de mis historias estoy con maripositas en la panza y todo.
Espero este capi los haya hecho reír y bueno, me preguntaban de los nórdicos, de las parejas y bueno, aquí lo tienen aunque aún faltan personajes por hacer su aparición. Mil gracias y leemos el siguiente Domingo (si, actualizaré cada Domingo)
