THE LOSERS CLUB

Capitulo5

Era por fin el Viernes por la noche y Gilbert Bielshmith en lugar de verse awesome como era de esperarse a esa hora, andaba de un lado a otro de la casa en calzoncillos echando chispas y maldiciones entre dientes.

-¿¡Abuelo dónde diablos está mi camisa negra!?- gritó finalmente exasperado el albino sacando de sus gavetas toda la ropa la cual ya estaba desparramada por todo el piso de su habitación, en su cama y escritorio.

-¿Cuál de todas tus camisas negras?- preguntó la voz del abuelo haciendo que el muchacho rodara los ojos exasperado.

-¡Mi camisa negra, la que me hacer ver más increíble que las otras!- respondió Gilbert

-Está en uno de tus cajones- contestó desde la planta baja el abuelo que veía tal vez demasiado animados a sus nietos los cuales juraban y perjuraban que iban a un encuentro de jóvenes católicos con saludables valores cristianos.

-¡No es cierto ya la busqué!- gritó Gilbert bufando y caminando con pasos largos y rápidos hasta el cuarto de Ludwig donde este terminaba de vestirse y fue hasta su closet comenzando a revolver la ropa buscando la bendita camisa.

-Oye, esa es mi ropa- dijo Ludwig que tuvo que interrumpirse de su arreglo personal al ver a su hermano desacomodando sus pulcros cajones.

-Seguro está aquí- decía enfurruñado Gilbert hasta que escuchó a su abuelo subir las escaleras y caminar hasta la habitación del hermano mayor.

-¡Ya te dije que no la dejaste ahí!- dijo Gilbert siguiendo al hombre que soltando un suspiro paseó la mirada por las montañas de ropa, se agachó un poco y de una de estas sacó la camisa negra que Gilbert buscaba.

-No estaba ahí hace rato…- masculló el chico casi arrebatándole la prenda.

-Estos niños no saben ni buscar- dijo el abuelo negando con la cabeza.

-¿Y dónde están los pantalones que siempre me pongo con esta camisa?- preguntó de paso el jovencito vistiéndose.

-Está en la ropa sucia- dijo el abuelo saliendo de ahí.

-¡¿Por qué?! Te dije que los iba a usar hoy- dijo enfadado el muchacho.

-Gilbert, esos pantalones casi se podían parar solos por lo tiesos que estaban gracias a tanta mugre; mejor agradece que estoy haciendo el papel de sirvienta de esta casa y lavo su ropa sucia porque de no ser por mi estarían revolcándose en la inmundicia. Ahora ponte otros pantalones y vuelve a acomodar todo como estaba- le amenazó señalándolo con ese tono severo casi militar.

El chico soltó una grosería en alemán y buscó algo que se viera increíble con su camisa que lo hacía ver todavía más increíble, y aunque fue duro de encontrar un par de pantalones así, los encontró, se los metió y fue de nuevo al cuarto de Ludwig en donde este terminaba de peinarse.

-West ¿Vas a ir así?- le preguntó Gilbert buscando de nuevo entre las pertenencias del chico.

-¿Qué tiene de malo?- preguntó el rubio mirándose al espejo. Su cabello perfectamente peinado hacía atrás, no había ni un solo cabello fuera de lugar; llevaba pantalones tal vez demasiado formales, sus zapatos bien lustrados y una camisa a cuadros fajada dentro del pantalón.

-Pareces un soltero de mediana edad desesperado por una mujer, ósea, pareces el abuelo de joven kesesese- se burló el mayor habiendo encontrado lo que buscaba, un gorro tejido negro que se puso en la cabeza ocultando su melena plateada para luego salir del cuarto dejando a un ofendido Ludwig el cual volvió a mirarse al espejo.

-No me veo como el abuelo…- murmuró en voz baja, pero tras darse un tercer vistazo decidió que tal vez abotonar hasta el último botón del cuello de su camisa era demasiado así que lo desabotonó, con eso era suficiente para aparentar un poco de rebeldía.

Los chicos estaban casi listos cuando escucharon el sonar del timbre, sabiendo de quien se trataba los hermanos se apresuraron a bajar las escaleras rápidamente.

-¡Yo abro, yo abro!- gritó emocionado Gilbert rebasando a su hermano y a su abuelo corriendo hasta la puerta tropezándose en el proceso, pero al llegar abrió recibiendo a los mellizos Vargas.

-Ve~ buenas noches Gilbert- saludó Feliciano que iba bien vestido, de camisa blanca, chaleco, pantalones igualmente negros y… un rosario que colgaba de su cuello.

-Hagamos esto rápido bastardo, no quiero estar en tu casa mucho tiempo- dijo Lovino a modo de saludo haciendo fruncir el ceño al ojirrojo.

-Abuelo, ellos son los que nos invitaron a la conferencia de jóvenes católicos- dijo Gilbert –Ya los viste, ya los conoces, nos vamos- y el muchacho estaba punto de salir pero el jefe de la familia lo tomó por el hombro regresándolo dentro de la casa.

-No seas maleducado Gilbert, déjalos pasar un momento- dijo el abuelo mirando a los italianos como si tuviera frente a él algún tipo de sospechosos por asesinato múltiple.

-Eh… pero se nos hará tarde- intervino entonces Ludwig ganándose así una mirada severa por parte del adulto.

-No nos demoraremos mucho- respondió este invitando a los otros a pasar. Feliciano entró muy feliz seguido de Lovino que fulminó con los ojos a Gilbert.

Los cinco se sentaron en la sala en donde el silencio reinaba y solo el tic tac del reloj en la pared se escuchaba aumentando los nervios de los hermanos germanos, mientras que su abuelo sentado en su viejo sillón preferido con los dedos cruzados en su regazo pasaba la mirada de Feliciano a Lovino y de Lovino a Feliciano lo cual estaba empezando a poner nerviosos a los chicos quienes solo paseaban sus ojos por la casa.

-Va… vaya señor Bielshith, tiene una bonita casa ve~ - se atrevió a comentar Feliciano.

-Gracias- contestó sin más el abuelo volviendo a formar ese pesado ambiente, posando sus penetrantes ojos celestes en los muchachitos que se sentían en una especie de sala de observación.

-Bien chicos, tengo entendido que invitaron a mis niños a algún tipo de reunión- dijo el hombre con su voz profunda.

-¿Sus niños?- preguntó en tono burlón Lovino volteando a ver a Gilbert.

-Si, mis niños- repitió el abuelo con severidad.

–Ahora bien, antes de dejarlos ir necesito que me dejen sus nombres completos, número telefónico de casa, número telefónico de su celular, dirección exacta del lugar a donde van, la dirección de su casa, algún número de emergencia, los celulares de sus padres, los nombres completos de sus padres, el nombre completo y número de algún familiar al que pueda llamar si ellos no contestan. También necesito que me digan si tienen algún tipo de enfermedad, alergia, adicción, historial criminal, orden de restricción y si tienen algún abogado con el que contar si por alguna razón necesito demandarlos- recitó el abuelo yendo hasta la vitrina de la sala sacando de un cajón lo que parecía ser una especie de formulario que le entregó al mayor de los Vargas para que lo llenara con todos los datos antes dichos.

Lovino volteó a ver a Gilbert y sin pronunciar palabras articuló con sus labios "¿Es en serio?" Gilbert solo alcanzó a cubrirse la cara deseando morir.

Tardaron cerca de quince minutos en llenar todos los espacios requeridos hasta que tras sentirse como si hubieran terminado un examen, le entregaron el formulario al hombre que echó una rápida mirada a toda la hoja de papel, incluidos por supuesto, los nombres completos de los chicos.

-¿Vargas?- preguntó en apenas un susurro volteando a ver de nuevo a los chicos, examinándolos a detalle… sus ojos marrones y almendra, sus cabellos castaños, esos peculiares rizos, el marcado acento italiano que les había escuchado antes.

Los ojos del hombre se abrieron un poco más cuando cayó en la cuenta de algo.

-¿Tienen algún familiar llamado Roma Vargas?- preguntó tratando de esconder su entusiasmo.

-¿Roma? ¿Qué clase de nombre es ese?- preguntó Gilbert que apuraba a los mellizos a levantarse.

-Hey, así se llama mi abuelo- le riñó entonces Lovino.

-¿Usted conoce a nuestro abuelito?- cuestionó entonces Feliciano que también se levantaba viendo la cara de sorpresa del mayor de los Bielshmith.

-¡Por supuesto que lo conozco!- dijo sin poder contener lo que parecía ser alegría así que al ver la cara extrañada de los chicos se aclaró la garganta para seguir hablando.

-¿De pura casualidad vive por aquí?- preguntó de nuevo el abuelo Bielshmith pretendiendo retomar su semblante serio y frío aunque se alcanzaba a notar una chispa de emoción en sus ojos claros.

-Ve~ no, él ahora mismo está en Italia…- comenzó a decir Feliciano viendo como esa mencionada chispa parecía perderse bajo un dejo de decepción. -¡Pero vendrá a visitarnos pronto!- agregó Feliciano tratando de recuperar esa emoción, el chico sonrió ampliamente al ver que había funcionado.

-Le diré que venga a verlo apenas llegué de Italia- dijo de nuevo sonriente viendo un asomo de sonrisa en el rostro del hombre que solo asintió con su cabeza.

-Bueno ahora si nos vamos. Adiós abuelo no nos esperes despierto el deber de Dios puede tardar toooda la noche- dijo Gilbert dándole de empujoncitos a los castaños para salir de ahí hasta la puerta seguidos de su abuelo que detuvo a Ludwig antes de que este saliera.

-Abotónate esa camisa, parece que vas a una reunión para fumar crack- le regañó al rubio abotonándole de nuevo el ultimo botón del cuello de la camisa mientras de fondo se escuchaban de fondo las risitas burlonas de un par de hermanos mayores.

El abuelo le dio unas palmaditas en el hombro al haber terminado y antes de que los chicos se fueran les dio un sermón acerca de no hablar con extraños, ir directo y sin distracciones a la parroquia, portarse como gente civilizada y todo ese tipo de cosas que los adultos le suelen decir a los niños… de diez años…

-Maldición, ya se nos hizo tarde ¿Dónde diablos están los demás?- preguntó Gilbert enfadado queriendo irse de ahí lo más rápido posible.

-Están en casa del gordo yankee además ¿quién llega temprano a una fiesta?- preguntó Lovino a lo cual Gilbert no contestó, era eso o admitir que jamás en todos sus diecisiete años de existencia había ido a una fiesta.

-Por cierto, gracias por haber venido y hablado con el abuelo- dijo Ludwig que caminaba a un lado de Feliciano desabotonándose una vez más la camisa.

-Ve~ no hay problema aunque su abuelo es un poco…- empezaba a decir Feliciano pensando bien las palabras a decir.

-¿Maniaco sobreprotector? Sí, eso ya lo sabemos- completó Gilbert

-Por un momento pensé que nos iba a hacer la prueba del polígrafo o a golpearnos hasta que le dijéramos la verdad- se quejó Lovino que iba caminando a un lado de Gilbert que soltó un resoplido.

-Si… al menos no usó sus tácticas de intimidación-

-Si el habernos casi matado con la mirada y amenazarnos con demandarnos no fue suficiente intimidación no sé cuáles sean esas tácticas- comentó Lovino mientras que Gilbert le ponía una mano en el hombro y lo miraba de manera extraña.

-Créeme… no quieres saberlo…- dijo en un tono sombrío el muchacho y el castaño no quiso preguntar más.

Los cuatro chicos fueron a pie hasta casa de Alfred la cual quedaba más cerca de la casa de los Bielshmith de lo que hubieran imaginado, era extraño pensar que a pesar de vivir tan cerca nunca se habían cruzado en el camino. En menos de veinte minutos ya veían la cerca pintada de blanco y la modesta casa de tejas rojas y paredes azules lo cual a los hermanos alemanes les recordó una especie de patriótica casa con los colores de la bandera estadounidense.

Abrieron la puertita de la cerca cruzaron el jardincito bien cuidado y llamaron a la puerta en donde segundos después una mujer risueña y regordeta que identificaron como la madre de los gemelos, les abrió.

-Buenas noches- saludaron los chicos pretendiendo ser buenos muchachos educados, o al menos Feliciano y Ludwig lo eran.

-Buenas noches chicos, pasen- les invitó la dama haciéndose a un lado para que estos entraran a la casa.

Tanto Gilbert y Ludwig tuvieron que pasar por todo el protocolo de presentaciones, decir como llegaron a la escuela, como conocieron a sus hijos, si se estaban acoplando bien al nuevo colegio, si los gemelos los estaban tratando de bien y todo ese tipo de interrogatorio casi policial que las madres suelen hacer mientras lucen una gentil sonrisa en sus labios como esperando escuchar algo que les dé un buen pretexto para un regaño.

-¿Quieren unas galletas niños?- les preguntó la mujer que parecía muy animada de conocer nuevos amigos de sus hijos.

-Ve~ claro- aceptó Feliciano pero recibió un golpecito en las costillas por parte de su hermano.

-No gracias señora… eh… ¿Podemos ver a Alfred?- preguntó entonces Ludwig que no paraba de ver la hora en el reloj de pared, hacía media hora que debieron haber anunciado su llegada a Alfred.

-Oh cierto, lo siento es que ustedes son tan lindos ¡Me encantaría adoptarlos!- decía la mujer pellizcando con fuerza las mejillas de Feliciano dando entender al resto que en realidad solo quería adoptar el menor de los italianos.

Después de que Feliciano fue liberado de los mimos de la mujer, subieron a la habitación de Alfred en donde se encontraron a Feliks y a Kiku; el asiático estaba en la cama leyendo lo que parecía ser un comic con una cara de disgusto murmurando entre dientes algunas cuantas críticas que seguramente no le agradaría escuchar a Alfred.

Por otro lado el dueño de la habitación estaba sentado en una silla siendo sometido a Feliks que con cuatro peines y cepillos diferentes en la mano hacía la trasformación de Alfred para convertirse en Mathew, aunque el americano había insistido en que solo era cuestión de peinarse diferente, Feliks hizo caso omiso y parecía estar cuidando hasta el más mínimo detalle, como el volumen del cabello, algunas ondulaciones que Alfred no tenía pero Mathew si, además de intentar copiar ese rizo extraño de su gemelo.

-¡No lloren más, el Awesome Gilbert ya vino a iluminarles la noche!- anunció Gilbert entrando a la habitación seguido de los otros tres.

-Osea justo a tiempo ¡Admirad mi creación! Como que lo llamo: Mathew versión 2.0- dijo Feliks haciéndose a un lado poniéndose las manos en la cadera y dejando ver a Alfred.

-¡Es Matt!- dijo Feliciano emocionado acercándose al ojiazul que hacía un mohín con su boca y parecía molesto mientras se quitaba algunos mechones de cabello de la cara, no sabía cómo Mathew podía andar peinado así todo el tiempo sin desesperarse.

-Sería Matt si no tuviera estos- dijo Lovino pellizcándole los royitos de carne que se alcanzaban a ver en el estómago de Alfred que dio un salto dándole de manotazos a Lovino para que lo soltara.

-Tu gordura te delata- le dijo de manera burlona el italiano.

-¡No estoy gordo! Son heridas de guerra; Yong Soo y yo tuvimos una competencia de Halo en línea durante un fin de semana entero así que esto que ves aquí es la prueba de mi victoria- dijo Alfred frotando su vientre.

-Alfred no hagas eso que me dan ganas de llorar solo de verte- dijo exageradamente Feliks para luego dirigirse a los demás.

-Ahora como que me toca a mí transformarme, por favor tomen asiento y espérenme que el glamour tarda- dijo tomando una maleta rosa que parecía repleta de cosas.

-¿¡Apenas?!- exclamó entonces Gilbert que ya estaba desesperado por llegar a la fiesta.

-Bájale dos decibeles a tu voz mi amor que no es para nada mi culpa. Ósea si le vas a reclamar a alguien que sea a cierta personita a la que casi tuve que sacar a rastras de su casa porque el jovencito quería cancelar a última hora, y si Kiku precioso, hablo de ti- dijo viendo con una mirada de reproche al asiático que fingió no escuchar y solo se enterró más en la cama alzando el comic que tenía en las manos hasta cubrir su cara por completo.

Al final tuvieron que cumplir el capricho de Feliks y esperar cerca de una hora y media para que este se arreglara mientras Alfred y Kiku discutían acerca de la calidad artística del manga y del comic americano, Lovino y Gilbert jugaban con los videojuegos del americano y Feliciano y Ludwig solo platicaban tranquilamente.

-Al ¿Dónde está mi sudadera… roja…?- preguntó entonces Mathew entrando a la habitación viendo frente a él a la copia exacta de sí mismo, incluso con su misma ropa eso incluía la mencionada sudadera roja.

-Yo… prefiero no preguntar- dijo Mathew saliendo de la habitación tan rápido como entró, pero antes de irse por el pasillo volteó solo para ver mejor a Alfred.

-Dios ¿Por qué nacimos con la misma cara?- dijo por ultimo cuando de pronto alguien más apareció a su lado.

-¿Ya nos vamos Matt?-

Un muchacho moreno de ojos marrón que lucía unas largas rastas sujetas en una cola de caballo fue quien había hablado.

-Wow Alfredo, te ves más gordo con la ropa de Matt puesta- comentó riendo jocosamente cuando vio a Alfred el cual frunció el ceño al escuchar el comentario.

-¡MAMÁ EL AMIGOTE DE MATTY ME ESTÁ DICIENDO GORDO!- gritó a todo pulmón Alfred como un chiquillo que es molestado por niños más grandes.

-¡SEÑORA, SU HIJO DEFIENDE EL DERRAMAMIENTO DE SANGRE EN EL MEDIO ORIENTE Y LA EXPLOTACIÓN DE TRABAJADORES LATINOS EN SU PAÍS SOLO PARA PROTEGER SU CONDUCTA DE CONSUMISMO DESCONTROLADO Y DEFENDER SU IDEOLOGIA CAPITALISTA!- gritó en respuesta Guillermo

-¡Alfred, no molestes al amigo de Matty!- y esta vez fue la señora quien reprendió a Alfred quien abrió la boca sorprendido de que su propia madre defendiera al revoltoso de Guillermo, el que tenía fama de siempre estar organizando revueltas en los salones de clases y una vez amenazó junto con Kim-Ly e Iván tomar la dirección del colegio a menos que quitaran todas las máquinas expendedoras de Coca-Cola de los pasillos.

-Ya escuchaste a mamá, deja a Guillermo en paz y no vayas a ensuciar mi sudadera, sabes que es mi favorita- dijo esta vez Matt despidiéndose del resto con un gesto de la mano junto con Guillermo que le dedicó una última sonrisa victoriosa a Alfred antes de seguir a su amigo.

-Si si fuera de aquí- les corrió Alfred retomando su atención a Kiku con quien minutos antes estaba discutiendo.

Mathew y Guillermo salieron, iban a la cineteca en donde se proyectaría alguna película de arte que para colmo los Nórdicos les habían recomendado, algo como cine francés expresionista o una cosa enredada como esa en donde solo la gente de "mente abierta" y sin "tabús políticos o sociales" podía entender y apreciar, así que los muchachos decidieron ir a darse una vuelta por ahí en lugar de irse a parar a la fiesta más increíble en donde la gente más popular iba a hacer acto de presencia.

-Perras, ladren que su dueño ya llegó-

Feliks dijo tras haberse tardado una hora con treinta minutos en el baño y haber entrado de nuevo a la habitación luciendo su cabello rubio amarrado en una coleta de caballo con un par de mechones enmarcando su rostro y portando orgulloso un traje que constaba de pantalones, camisa, saco y corbata, TODO en diferentes tonos de rosa a excepción de sus zapatos que eran negros.

-Te ves muy…- comenzó a decir Gilbert que recorría con la mirada al polaco.

-Marica, siempre te ves marica pero hoy te pasaste- criticó Lovino alzando una ceja haciendo sonreír a Feliks que se le acercó con pasos de top model o algo así.

-Cállate Lovi, yo sé que me deseas- dijo el rubio tomándolo con una sola mano de la cara acercándolo amenazándolo con besarlo pero el otro lo empujó enfadado.

-Mejor ya vámonos o sino me van a dejar un trauma de por vida ustedes- interrumpió entonces Alfred dirigiéndose a la puerta junto con los demás, incluyendo a Kiku que a regañadientes fue jalado por Feliciano que le decía que no había nada de qué preocuparse, que se la pasarían bien.

Los muchachos bajaron teniendo que aceptar a la fuerza las galletas que la madre de Alfred y Matt les ofreció antes de que se fueran, la mujer besó en ambas mejillas a su hijo alagándole por querer parecerse más a su gemelo (si, todavía más), les deseó una noche divertida a todos y les advirtió que se portaran bien además de que recitó todas las normas de seguridad para conducir a Alfred antes de entregarle las llaves del auto además de recordarle que no debía rebasar por ningún motivo el límite de velocidad que le había establecido apenas aprendió a conducir.

-¡Al fin libres, a perder el control!- dijo Feliks corriendo hasta el auto junto con Gilbert.

-¡Fiesta sin supervisión adulta, si!- completó el albino alzando sus manos con intención de seguir la rutina que siempre hacía con Feliks pero este no hizo nada y solo se le quedó mirando.

-Es en este momento donde chocamos las manos- le recordó Gilbert al rubio aun con sus manos arriba.

-Lo haría si eso que dijiste no hubiera sonado tan ñoño- respondió el rubio al tiempo que Alfred iba para abrirles las puertas.

Para los hermanos Bielshmith el camino les pareció larguísimo gracias a la ansiedad y los nervios que sentían, aunque Ludwig era más hábil a la hora de ocultarlo que su hermano mayor el cual no paraba de preguntar si faltaba mucho para llegar, además de que tanto Feliks como Lovino criticaban a Alfred diciéndole que manejaba más lento que una anciana ciega pero este no se inmutaba por las críticas e iba a una velocidad segura, por otro lado Feliciano intentaba animar a Kiku que no parecía muy entusiasmado con la idea de ir a un lugar abarrotado de gente.

Finalmente llegaron, vieron el enorme y elegante portón de los Bonnefoy que resguardaba la nada discreta mansión que estaba flanqueada por un hermoso jardín lleno de rosas y algunos lirios blancos.

-Este tipo debe estarse pudriendo en dinero- comentó Gilbert cuando dejaron el auto a cargo de los del valet parking y caminaron sintiéndose un poco intimidados por la elegancia que rodeaba la mansión.

-No sabía que Francis fuera tan rico ve~ - dijo Feliciano que admiraba la construcción de la casa de estilo barroco.

-Ustedes tranquilos niños, como que no se note que son tristes plebeyos- decía Feliks que a pesar de que quería aparentar confianza también estaba bastante asombrado por aquella casa.

Los muchachos fueron pegados unos con otros hasta la puerta en donde sus invitaciones fueron requeridas excepto la de Lovino que como Feliks había augurado, fue dejado pasar gracias a que Antonio había estado esperándolo en la puerta de la casa.

-Hermano no seas maleducado, tienes que saludar- le dijo Feliciano al mayor que estaba a punto de replicar.

-¡Anda Lovi, que tu príncipe encantador espera!- y Feliks le dio un tremendo empujón que hizo que el italiano chocara con Antonio el cual no perdió oportunidad de atraparlo antes de que cayera de cara al suelo.

-Lovino, que gusto que viniste-dijo el español un poco nervioso y con un ligero olor a alcohol que delataba sus intentos de tranquilizar sus nervios con unos tragos.

-No estoy aquí por gusto- murmuró Lovino separándose de él de mala gana mientras los demás pasaban a su lado.

-Cuídalo bien Tony- le pidió Feliks dejándolos atrás.

Apenas cruzaron la puerta se sintieron como Alicia al entrar a la madriguera del conejo, el lugar era un mar de luces y música estridente, había bailarinas en jaulas que movían su cuerpo al ritmo de los sonidos que un Dj al fondo del salón principal, producía. Había una gran masa de gente que se agolpaba en la pista de baile con bebidas en mano o con sus parejas también bailaban mientras que a los costados del lugar había barras donde algunos barman cumplían sus antojos.

Ahí estaba solo la crema y nata del Instituto W, desde el anfitrión por supuesto, su sequito de fans, la princesa Emma, la reina del hielo Natasha, los deportistas de entre los que sobresalía Yao con su peculiar atuendo chino, Yong Soo que sorprendentemente había sido invitado y obvio no perdía la oportunidad de acompañar a su primo; también entre la gente figuraban Iván Bravingsky, Sadiq, Heracles y Gupta además de otras personas que no eran de la escuela pero a juzgar por la ropa cara que llevaban seguramente eran personas importantes y bastante atractivas.

-¡Oh Dios esta es mi canción! Vamos a bailar- dijo entonces Feliks cuando una melodía empezó a escucharse inundando el lugar provocando gritos eufóricos entre los invitados, sin embargo cuando se volteó hacía sus amigos estos parecían hámsters asustados acorralados contra la pared mirando a todo mundo como si fueran depredadores salvajes.

-Ósea gente ¿Qué creen que están haciendo?- les preguntó cuándo los vio casi temblando de miedo (excepto a Lovino que había sido acaparado por Antonio desde hacía un rato).

-Nada- respondieron al unísono a lo que el rubio soltó un gruñido queriendo jalarlos lejos de su esquina de seguridad.

-Dejen de ser tan patéticos; bailen socialicen, no sé, vivan- les decía dándoles de empujoncitos a todos y tomando de la muñeca a Gilbert para llevarlo hasta la pista de baile

-Tú bailas conmigo y ustedes vayan también- les advirtió antes de obligar a Gilbert a seguirlo hasta el centro del salón.

Los dos muchachos iban intentando hacerse paso entre la gente aunque ya habían adquirido algo de practica gracias a haber sobrevivido a las estampidas que se hacían en la escuela, pero obviamente no contaron con chocar con una persona algo indeseada para Feliks.

-Feliks… ¿Te metiste por alguna ventana para entrar a la fiesta o se la tuviste que chupar a Francis para que te regalara una invitación?- preguntó con cizaña la muchacha que barría con la mirada al ojiverde.

-Ja ja no soy tan bueno como tú en eso del sexo oral, pero dime Natty ¿Cuántas veces tuviste que purgarte para entrar en tu vestido barato?- contraatacó Feliks cruzándose de brazos en una actitud retadora.

-No más que tú para que te cerraran esa burla de pantalones- respondió la jovencita con una sonrisa cínica en sus finos labios.

-Te voy a arrancar esas extensiones que te cuelgan del cuero cabelludo y te voy a dejar un bonito color pelirrojo si te atreves a volver a decir algo de mi atuendo- dijo entre dientes Feliks fulminando con la mirada a la muchacha que soltó una carcajada fría echando su cabeza hacía atrás, cuando volvió a mirar al rubio no mostraba más su sonrisa.

-Qué pena me das...- dijo arrastrado la voz y formando con los dedos de su mano una "L" que puso en su frente. –Loser- insultó apenas en un susurro alejándose de ahí sacudiendo su larga y natural melena casi plateada.

La muchacha se alejó mientras escuchaba las groserías que Feliks le gritaba en lo que parecía ser polaco siendo detenido por Gilbert que evitaba que se le fuera encima como una gata enfurecida.

Natasha soltó un suspiro de puro aburrimiento mientras exigía que le abrieran paso; la joven de piel extremadamente blanca y ojos azul gélido era rodeada por los muchachos que intentaban sacarla a bailar, otros le extendían bebidas y parecían muy interesados en verla beberse hasta la última gota, en cambio Natasha se limitaba a sostenerlas en su mano y cuando alguien más pasaba se las entregaba; ella escuchaba halagos, propuestas indecorosas que se mezclaban con la música y que solo lograban adormecerla.

Rodeada de su sequito de testosterona también alcanzaba a escuchar a las chicas… si… las mujeres que escupían veneno nada mas de verla pasar, pero era obvio que las pobres estaban quemándose en envidia y eso Natasha lo sabía más que bien, tanto así que casi podía sentir el calor de sus celos quemándole la nuca en donde las miradas de esas verdaderas arpías, estaban fijas.

La joven dio otro suspiro mientras escuchaba la aburrida conversación de algún patético muchacho que buscaba impresionarla así que tras haberse hastiado solo volteó a verlo con la mirada fría que tanto la caracterizaba.

-¿Ya terminaste o vas a seguir hablando pura estupidez hasta que me duerma?- preguntó ella sin siquiera levantar la voz.

El muchacho en cuestión se quedó boquiabierto e intentó decir algo en respuesta a esto pero al no ocurrírsele nada solo vio como la chica se alejaba de él y de paso, también de todos los trogloditas que tenía por seguidores, intentando dejarlos atrás lo más rápido posible hasta que para su mala suerte en su discreta huida a algún otro retrasado se le ocurrió tropezar con ella.

-¡Fíjate idiota!- exclamó ella haciéndose un poco hacía atrás antes de que la bebida del chico se derramara sobre su bonito vestido gris metálico.

-Perdón- dijo Alfred asustado fijándose de no haber ensuciado a la otra persona alzando sus ojos encontrándose con la bellísima Natasha que tenía el ceño fruncido y comprobando así que las chicas hasta enojadas se veían bonitas… bueno, menos su madre pero su madre no contaba como una chica.

-Na… Na… Na… - tartamudeaba Alfred al ver mejor a la joven con su ceñido vestido que dejaba al descubierto sus delgados hombros blancos, su figura esbelta como la de una modelo y piernas largas que aparentaban serlo aún más gracias a las zapatillas que enfundaban sus pies.

-Natasha…- dijo finalmente en lo que parecía ser un casi gemido algo perturbador si se lo llegasen a preguntar a la chica que lo vio con una expresión de asco y miedo.

-Muévete…- le ordenó la muchacha queriendo escapar pero Alfred se lo impidió (temblando de nervios por supuesto).

-Espera Natasha- dijo obstruyéndole el paso al ponerse frente a ella que no parecía muy feliz con esa acción.

-Solo quiero preguntarte… ¿Estás bien?-

Natasha se descolocó un poco por esta pregunta… tal vez… solo tal vez, porque era la primera vez que alguien aparte de sus hermanos se la formulaba.

-¿Por qué lo preguntas?- dijo ella en una actitud extremadamente extraña pues Alfred casi podía jurar que la chica estaba apenada; era eso o se le habían subido las copas y por eso tenía las mejillas ligeramente rojas, tal vez demasiado rubor a la hora de retocarse el maquillaje porque era Natasha ¡Tenía escarcha y nieve corriéndole por las venas, su corazón era de hielo! No podía ruborizarse por la pregunta tonta de un perdedor.

-Porque ayer estabas llorando ¿Recuerdas? En el baño de las chicas te vi llorando- dijo el chico rascándose la nuca procurando no despeinarse o Feliks lo iba a crucificar.

Natasha efectivamente recordó la bochornosa escena así que miró con más atención al joven frente a ella ¡Era ese pervertido! Solo que con un peinado y ropa diferente.

-¡No estaba llorando!- dijo ella y por un momento sonó como una chiquilla que intenta encubrir una travesura enterneciendo a Alfred que tuvo que llevarse una mano a la boca antes de soltar una risita por eso.

-Pero de verdad estabas llorando- contradijo él y la joven se inclinó hacia él inflando las mejillas.

-¡Que no es cierto!- decía ella incluso cerrando sus frágiles puños.

¡Dios! Era tan linda que los niveles de glucosa en la sangre de Alfred se estaban disparando; nunca en toda su vida imaginó ver esa faceta de la reina del hielo, jamás en todo el tiempo de conocerla y ahora… la tenía ahí haciendo un puchero… tanta ternura era como un golpe directo a su corazón… o al menos a ese huequito que tenía reservado para Natasha, el que estaba entre el amor a DC y Marvel.

-Parece que estás mejor, me alegro te ves mil veces más bonita sonriendo- dijo Alfred riendo con esa risa estrepitosa y luego poniendo sus dedos índices en las comisuras de sus labios sonrientes. –No olvides hacer esto siempre- dijo soltando otras cuantas risitas sobre todo al ver como la chica parecía cada vez más confundida con su actitud y el rubor en sus mejillas se volvía ligeramente más intenso dándole así un tono rosado y bonito a su rostro.

-¿Por qué… porque me dices eso?- preguntó ella mirando con algo de sospecha al ojiazul que sin dejar de sonreír con ese gesto de héroe contestó:

-Porque me gusta cuando estás feliz- sencillamente contestó, sin tapujos ni balbuceos, sin dobles intenciones…

Natasha esperaba escuchar algún tipo de confesión de amor, algún propósito oculto en medio de lo que parecía ser preocupación pero Alfred solo contestó sin pensárselo dos veces ¿Qué extraña criatura era él? ¿De qué mundo paralelo había salido? ¿Qué clase de engendro bondadoso era ese perdedor?

La muchacha estaba a punto de decir algo cuando de pronto Alfred pareció asustado por alguna cosa o persona así que tras poner una extraña expresión de miedo fue dando pasitos en reversa.

-Lo siento… tengo que esconderme…- dijo yendo de puntillas pasito a pasito para luego echar a correr colándose entre la gente pues cerca de ahí estaba Francis Bonnefoy que parecía estarlo buscando.

-Que no me vea, que no me vea…- rezaba Alfred incluso encorvándose para no ser visto, poniéndose detrás de la gente atreviéndose a pisar la pista de baile para camuflagearse ya que si andar vestido como Mathew ya era lo suficientemente grave, el hecho de ser confundido por Francis era mil veces peor.

-Hey… si Francis está buscando a Matt es porque…- comenzó decirse el joven empezando a poner a funcionar su cerebro haciendo a un lado todos sus pensamientos frikys y creándose una imagen mental de que era lo que Francis buscaba de su hermano.

-¡IUGH!- exclamó finalmente negando efusivamente con su cabeza y sacando la lengua en una expresión de repulsión –Que asco, creo que voy a tener pesadillas- seguía diciendo ahora frotándose los brazos por el escalofrío que le había dado el solo pensar en cosas que no podría explicar aquí por cuestiones de censura y alto contenido sexual. Así que el muchacho siguió en busca de un lugar seguro en el cual refugiarse.

-¿Alfred?- preguntó entonces alguien más haciendo que el mencionado diera un saltito y volteara al instante encontrándose con Yong Soo el que lo veía tratando de asegurarse de que fuera su amigo a quien le había hablado.

-¡Yong Soo, gracias a Thor y todas las deidades Arsgardianas, que eres tú!- gritó arrojándose a su amigo que intentó escapar sin mucho éxito.

-Ah… si eres Alfred- dijo el muchacho zafándose del rubio.

-¿Qué haces aquí vestido como tu hermano?- preguntó viendo al otro que casi podía llorar del alivio.

-Es una larga historia que en realidad no es larga es solo que no te la quiero contar- dijo Alfred respirando más tranquilo -¿Y tú? Pensé que no te caía bien Francis por la vez que confundió a Yao por una chica y quiso conquistarlo pero se dio cuenta de que era hombre y aun así se quiso acostar con él- dijo Alfred a lo que el asiático pareció algo molesto por ese incomodo recuerdo.

-Sí, me cae mal pero mi aniki decidió venir y como yo también fui invitado pues decidí acompañarlo aunque mi aniki tan lindo fingió no querer venir conmigo… esa timidez me encanta- decía Yong Soo llevándose las manos a las mejillas suspirando por la supuesta ternura de Yao que no era más que un directo rechazo.

-¿Por qué fuiste invitado?- preguntó sorprendido Alfred y el coreano cambió de semblante a uno un poco más arrogante.

-Porque soy popular. Estoy en el grupo de los deportistas, le traemos orgullo a la escuela ganando trofeos y haciendo cosas cool como sudar y romper huesos mientras seguimos sudando así que es más que obvio que iba a ser invitado- dijo el pelinegro sonriendo con vanidad.

-Aunque…- se interrumpió de pronto el muchacho –lo que sí es realmente increíble es el hecho de que Kiku esté aquí, él no sale de su habitación a menos que sea cuestión de vida o muerte- dijo el muchacho señalando a Kiku que estaba sentado en uno de los bancos altos frente a la barra.

El otro asiático tenía un vaso de refresco entre sus manos al que le daba sorbitos mientras estaba encorvado al parecer deseando fervientemente desaparecer y transportarse de nuevo a su calmada habitación obscura en donde nadie podría molestarlo.

El moreno a veces miraba a todos lados buscando a sus amigos pues se habían separado cuando Feliks los obligó a salir de la cómoda esquina obscura en donde estaban; creyó alcanzar a ver a Lovino aun siendo acompañado por Antonio, a Alfred con Yong Soo un poco más a lo lejos mientras que Feliks y Gilbert bailaban como desquiciados en la pista de baile haciendo que las personas solo alcanzaran a alejarse de ellos antes de recibir un golpe gracias a lo eufóricos que estaban y por ultimo no alcanzaba a ver ni a Feliciano ni a Ludwig. Kiku soltó un suspiro pues para ser sincero se había sentido ligeramente desplazado desde que Ludwig y su hermano se habían unido a su grupo de amigos, ahora parecía que el muchachito italiano pasaba más tiempo con Ludwig que con él.

-Bueno… así es mejor- se dijo en su voz calmada dejando el vaso en la barra acercándose una servilleta, de su bolsillo sacó un bolígrafo que siempre cargaba y se puso a dibujar en la servilleta algún personaje improvisado.

El muchacho estaba bastante concentrado luchando para que el pedazo de papel no se moviera tanto y pudiera dibujar mejor los detalles de su pequeña niña de estilo manga, Kiku alcanzó a sonreír ligeramente cuando la vio casi terminada, casi parecía que la niña lo miraba fijamente con sus grandes ojos que abarcaban gran parte de su cara y le sonreían con esa fina boca que apenas era una línea curva.

Si… así era mejor… los dibujos eran mejores amigos…

-¿Siempre estás dibujando?- preguntó entonces una voz desde atrás que hizo a Kiku dar un tremendo salto en su banquito volteando hacía atrás casi chocando con el rostro de Sadiq que por encima del hombro del asiático veía el dibujo recién hecho.

-No- respondió el pelinegro arrugando la servilleta y guardándola en su bolsillo evitando ver de nuevo la cara de Sadiq que seguía demasiado cerca.

-Siempre que te veo estás haciéndolo, no pensé que hasta en una fiesta- dijo Sadiq desencajando un poco al oriental "¿Siempre que te veo?"…

-Quería entretenerme en algo… no me gustan las fiestas- Kiku respondió en apenas un murmullo mientras que el turco se paraba a su lado de espaldas a la barra pero recargando sus codos en ella.

Kiku miró por un momento a Sadiq que llevaba un coctel en su mano y miraba al resto de la gente con esa sonrisa socarrona que parecía nunca borrarse de sus labios.

-No sabía que Sadiq-san se llevara bien con Francis-san como para haberlo invitado a su fiesta- dijo Kiku intentando no ver tan directamente al turco que soltó una risotada despectiva.

-No hables de mí en tercera persona, si me vas a decir algo dímelo bien, y no es que me lleve bien con el señorito afeminado, es solo que tú sabes… le di cinco buenas razones para que me invitara- y dicho esto puso puño cerrado frente a Kiku, mostrándole que esas cinco razones eran sus nudillos… tal vez bien marcados en la cara del francés.

-Oh…- solo alcanzó a decir el más bajito tomando un trago largo de su refresco. -¿También Heracles-san y Gupta-san le dieron cinco buenas razones?- preguntó viendo que a lo lejos Heracles estaba dormitando recargado en una pared y Gupta solo platicaba con un par de chicas que parecían interesadas en él pero este parecía muy indiferente a su coqueteo.

-No, a esos yo los obligué a venir aunque son aburridos como una maldita ostra ¡HERACLES HIJO DE PUTA DESPIERTA!- Le gritó de pronto al griego haciendo que su voz sobresaliera por sobre la música y logrando que el griego que dormitaba en la pared apenas abriera sus ojos y lo mirara para luego hacer su brazo hacía atrás mostrándole el codo en un gesto que indicaba que lo estaba mandando al diablo.

Sadiq río entre dientes con algo muy parecido al desprecio.

-Ese bastardo…- murmuró bebiendo de su vaso percatándose de que Kiku aún tenía la vista fija en él… o al menos eso parecía pues apenas el turco hacia un movimiento el asiático bajaba la mirada.

-¿Quieres probar?- le preguntó al muchacho alzando su bebida que tenía un extraño color rojo.

-N… no gracias…- respondió Kiku sabiendo de antemano que era alcohol lo que le ofrecían y la verdad era que no se le antojaba mezclar a Sadiq y el alcohol.

-Anda, no seas niña y dale al menos un trago- casi le obligó el más alto entregándole el vaso a la fuerza así que sin más remedio el chico le dio un traguito al coctel dándose cuenta de que a pesar de la intensidad del alcohol que le provocó un poco de quemazón en la garganta, también tenía un agradable sabor a manzana.

-Sabe bien- dijo mirando el líquido rojo atreviéndose a darle otro trago un poco más largo.

-Me gustan las cosas dulces, eso incluye el alcohol- comentó Sadiq a lo que Kiku pareció impresionado por esta declaración pues pensaba que Sadiq era de ese tipo de personas rudas que odiaban los dulces y tomaban vodka a capela como Iván, así que el saber ese casi tierno dato del turco, lo hizo sonreír con más confianza sin darse cuenta de la reacción que le provocaba al otro chico el cual al ver aquel gesto solo alcanzó a ponerle una mano en la cara alejándolo de él.

-¡No hagas eso!- le espetó el turco con su enorme mano cubriendo la cara de Kiku casi tirándolo del banco.

-Sadiq-san, no puedo respirar- le dijo el asiático al otro que lo soltó por fin aunque miraba a otro lado.

-Dime… ¿Vas a quedarte hasta que termine la fiesta?- le preguntó el turco sin atreverse a verlo a la cara.

-Eso depende de mis amigos… pero creo que Feliks-san planea eso- dijo mirando de reojo de nuevo a la pista de baile en donde ahora el mencionado y Gilbert estaban trepados en las mesas cantando la canción que sonaba en ese momento y a juzgar por lo rojo de su cara, estaban cantando con toda la potencia de su voz y diafragma.

-Está bien, entonces nos estamos viendo por aquí- y dicho esto Sadiq se alejó rápidamente de ahí murmurando algunas cosas que nadie más podía entender no solo porque iba mascullando sino también por la música que no dejaba de reventar los oídos de los presentes.

-Me está dando dolor de cabeza- Sadiq escuchó decir a Lovino cuando pasó a un lado de este el cual aún estaba acompañado por Antonio que no se le había despegado ni diez minutos desde que había llegado.

El italiano que se había estado llenando de vino para soportar la presencia de Antonio a su lado, tampoco había parado de maldecir en todo ese rato, por cada trago a su copa era una maldición echada al aire y claro… una sonrisa bobalicona por parte de Antonio que no se había cansado de estar a su lado.

-Oye bastardo… ¿Por qué diablos sigues aquí? ¿No tienes que acompañar a tu amigote o algo así?- le preguntó al ojiverde que aun sonriente negó con la cabeza.

-Francis es el anfitrión así que está supervisando que todo esté saliendo bien, no necesita mi ayuda además me gusta estar aquí contigo- respondió sin más Antonio a lo cual Lovino lo miró directamente con el ceño fruncido-

-Dime algo ¿Por qué mierdas me has estado siguiendo y hablando todo este este tiempo? Tú eres parte de ellos- el castaño señaló a la bola de chicos populares entre los que estaban Natasha, Emma, Yao y más gente bonita que reía y bebían como si estuvieran rodeados de brillitos que los hacían ver más cool.

-Y yo soy parte de… ellos- continuó ahora señalando a Feliks y Gilbert que estaban dando vueltas como imbéciles por todo el salón principal.

-Básicamente somos de mundos completamente diferentes así que déjame decirte que si me estás hablando por alguna especie de castigo, apuesta perdida, lastima, burla… será mejor que vayas moviendo tu bonito trasero de niño popular antes de que me emborrache y haga cosas que se pueden considerar ilegales en varios países- le amenazó Lovino hablando completamente en serio pero en lugar de ver una expresión de miedo en la cara de Antonio este solo alcanzó a reír con ese rostro de ensueño con el que Dios lo había dotado.

-No Lovino… no es por eso, es mejor dicho porque… no sé… ¿Amor a primera vista?- dijo ligeramente apenado Antonio soltando una serie de risitas nerviosas que rápidamente fueron opacadas por las de Lovino que sin duda eran algo desdeñosas.

-Pffff y yo que pensaba que Feliks era el maricón- murmuró el de ojos marrones llevándose de nuevo la copa a los labios.

-¿Nunca te ha pasado… enamorarte de una persona al solo verla?- preguntó esta vez Antonio acercándose un poco más a Lovino que lo miró con sospecha apurando su vino e intentando alejarse del otro.

-Si, una vez de una chica que tenía los pechos más hermosos que jamás haya visto… pero espera, me enamoré de sus pechos no de ella porque no te puedes enamorar de una persona con solo verla- aclaró Lovino que ya no encontraba a donde huir pues había logrado llegar hasta la pared y Antonio seguía acercándosele, empezando a hablar con ese acento español marcado que podría ponerte tan caliente que bien alguien sería capaz hornear galletas sobre tu cuerpo.

-Claro que si… por ejemplo yo cuando te vi supe que eras el indicado, apenas vi tus ojos mi corazón saltó y desde ese día no dejo de pensarte-

Todo era un ambiente sensual… la voz susurrante de Antonio, el brillo de sus ojos verdes en medio de la obscuridad, el calor de su cuerpo mientras se acercaba a Lovino y luego… Lovino escupiéndole el vino en toda la cara por la impresión de las palabras antes dichas.

-¡¿Tu corazón saltó apenas verme!? Hombre ¿En qué maldita parte de mi cuerpo me ves pechos y vagina como para pensar que me vas a conquistar como a alguna de tus fans?- exclamó Lovino mientras Antonio estaba pasmado por la reacción de Lovino.

-Eso fue asqueroso- dijo el español limpiándose la cara que aun goteaba vino.

-No, asqueroso es lo que tú acabas de decir- decía Lovino limpiándose la barbilla de donde escurrían gotitas de vino.

-De verdad no sé qué pasa por esa cosa que cuelga de tu cuello y haces llamar cabeza, pero a mí no me vengas a hablar de esas cursiladas. ¡No me conoces! No sabes nada de mí, no puedes decir que estás enamorado y luego acercárteme de esa manera esperando alguna respuesta de mi parte. Deja de estarme molestando y vete a querer conquistar a otra persona con tus diálogos de telenovela latina de quinta porque conmigo eso no funciona, tal vez si tuvieras tetas te haría caso pero ni siquiera eres mujer. Ciao- y Lovino se fue de ahí maldiciendo en italiano y en todos los idiomas que se sabía, estaba tan malhumorado que cuando la gente pasaba a su lado les arrebataba sus tragos, fuesen los que fuesen y de un solo trago se los terminaba.

-¿Donde esta ese idiota de Veneciano cuando lo necesito?- gruñía el chico buscando por todos lados a su mellizo, alcanzando a verlo borrosamente a lo lejos acompañado del tipo al que había apodado "macho patatas".

Ludwig y Feliciano intentaban moverse entre el mar de gente lejos de ahí o al menos encontrar al resto de su grupo de amigos que se había perdido entre el tumulto de personas y la gran casa.

-Creo que me voy a quedar sordo- decía Ludwig que con una expresión de malestar en su rostro se llevaba las manos a los oídos pues no estaba acostumbrado a tanta música estrepitosa; Feliciano se volteó para verlo mejor con sus grandes ojos almendrados.

-Ve~ Lud… ¿Te gustaría ir a un lugar más tranquilo?- preguntó tomándolo del brazo en un tonto bastante sugerente que hizo que el rubio sintiera un frío extraño recorrer su columna vertebral.

Por un momento tuvo la impresión de que estaba viviendo una especie de cliché de película en donde al decirse esas sencillas palabras se cortaba la escena y lo siguiente que se veía era a la pareja protagónica teniendo sexo alocado en algún rincón de un lugar cualquiera. Ludwig tragó saliva forzosamente y miró de nuevo los ojos de Feliciano que parecía estar esperando su respuesta.

-¿No quieres?- preguntó el muchacho de nuevo y el ojiazul tuvo que repetirse más de cien veces que Feliciano era un hombre no una chica ¡hombre, justo como el! No tenía porque… porque ponerse tan nervioso y mucho menos sentir esas cosquillas raras en su estómago.

-Cla… claro- respondió finalmente pensando que se había metido en algo de lo que tal vez podría arrepentirse después.

Feliciano se asió mejor del brazo de Ludwig y lo jaló lejos de ahí, saliendo incluso de la casa.

-¿A dónde vamos?- preguntó Ludwig cuando ya iban cerca del gran portón por donde antes habían pasado, Feliciano solo se limitó a sonreír y seguir guiando a Ludwig ahora por la calle obscura y casi desierta.

El rubio de ojos azules solo miraba a todos lados, Feliciano lo llevaba por un laberinto de calles que parecía conocer bastante bien.

-No le avisamos a los demás que nos salimos de la fiesta, Lovino se va a enfadar contigo- dijo el muchacho empezando a pensar cosas realmente extrañas, sobre todo al ver todos los letreros luminosos que decían "Hotel" y las parejas acarameladitas que iban por ahí.

-No te preocupes por eso, regresaremos antes de que ellos se vayan de la fiesta y nadie se va a enterar ve~ - dijo guiñándole un ojo que hizo que un segundo estremecimiento recorriera al muchacho que en serio estaba empezando a ponerse muy nervioso cuando llegaron a un callejón que parecía bastante sombrío y en donde los letreros que rezaban "Hotel" parecían amontonarse haciéndose competencia.

-Será nuestro pequeño secreto- le susurró Feliciano adentrándolo al callejón.

No, Feliciano no podía estar proponiéndole eso; Ludwig planeaba detenerse en seco y decirle que él no era de "ese tipo" y que no podía hacer tales cosas con su amigo al que no llevaba mucho tiempo de conocer es que sencillamente no estaba preparado para enfrentar una situación así, y menos cuando Feliciano pasó su mano de su brazo hasta su muñeca y un poco más abajo jalándolo hasta una puertita casi oculta del callejón.

-Feliciano yo…-

-Llegamos- y el castaño abrió la puerta dejando ver dentro lo que parecía ser un discreto (muy discreto) bar-café.

Ludwig parpadeó un par de veces viendo la decoración sencilla pero bastante acogedora del interior del local a donde Feliciano lo invitó a pasar; había mesas por todo el lugar, todas ellas con una vela en el centro que daba un poco de luz a las personas que estaban sentadas escuchando cómodamente la melodía de Jazz que un grupo tocaba en vivo en un pequeño escenario al fondo.

-Vamos a sentarnos- y lo dirigió hasta una mesa cerca del escenario.

-Me encanta este lugar, a veces cuando mi hermanito y yo no tenemos nada que hacer los fines de semana en la noche venimos aquí para escuchar un poco de música- contaba el chico recargando sus mejillas en las palmas de su mano.

-Ósea que les gusta el jazz… nunca lo hubiera imaginado- decía Ludwig ahora sintiéndose un poco estúpido por haberse hecho unas ideas tan extrañas momentos antes.

-No lo parece ¿Verdad? La gente cuando me ve siempre piensa que soy un poco idiota y que no podría entender música como esta aunque en parte tienen razón… ve~ soy algo tonto pero amo el jazz casi tanto como pintar- dijo Feliciano sonriendo.

-Ya te he dicho muchas veces que no eres tonto- le regañó Ludwig frunciendo un poco el ceño.

-Tú eres el uno que cree eso pero me hace feliz- dijo soltando risitas tontas.

-Lo digo en serio Feliciano… quítate esa idea de que eres tonto- volvió a reprenderle el rubio y vio como una sonrisa triste se posaba en el rostro de Feliciano que miraba al escenario en donde el saxofonista tocaba una melodía triste acompañado de la batería.

-No es una idea… es lo que todos dicen y en ocasiones… cuando escuchas lo mismo muchas veces lo empiezas a creer- dijo el castaño y Ludwig sintió unas ganas tremendas de sacudirle la cabeza y hacerlo entrar en razón pero antes de poder posar sus manos en la cabeza morena del chico el público comenzó a aplaudir por la presencia de otro grupo, o mejor dicho, un dúo que subía al escenario.

-Lud mira, ellos son Elizabetha y Roderich; van a nuestra escuela y después de Arthur tienen el mejor promedio de todo el instituto, ellos también quieren entrar a la misma escuela de artes que yo y están estudiando mucho mucho mucho por una beca ¡Escúchalos, son increíbles!- decía emocionado el italiano agitando su mano a modo de saludo a los recién mencionados quienes le correspondieron el gesto.

Roderich vestía de manera formal, y siguiendo la clásica imagen de músico de Jazz iba con una corbata de moño desatada sobre el cuello desabotonado de su camisa blanca, por otro lado Elizabetha lucía un hermoso vestido de lentejuela verde que competía con el brillo de sus ojos esmeralda y con su largo cabello ondulado y castaño además de sus labios rojos, recordaba a esas artistas de la década de los cuarentas, eran como una versión vívida de aquella época.

Roderich se puso frente al piano y comenzó a tocar mientras que Elizabetha cantaba al ritmo lento de las notas transformándose así de una sencilla estudiante de honor adolescente, a una diva del jazz entonando con voz perfectamente afinada I put a spell on you*

Feliciano cerró los ojos disfrutando la música cantando en voz muy baja la canción y sin más, Ludwig también decidió disfrutar de la música descubriendo así otra faceta del risueño Feliciano que cada día lo sorprendía un poco más, con sus gustos, sus arranques de artista pero esa horrible tendencia a menospreciarse.

Escucharon una canción tras otra perdiendo así la noción del tiempo y casi del espacio si no es que Feliciano de pronto se llevó la mano al bolsillo para sacar su celular y ver casi diez llamadas perdidas… de Alfred.

-Ve~ deben estar buscándonos, tenemos que regresar ya- dijo asustado Feliciano levantándose rápidamente de la mesa seguido de Ludwig.

Pero no, Alfred no lo había llamado cerca de diez veces solo para decirles que tenían que regresar, en realidad Alfred estaba pidiendo auxilio y puesto que nadie contestaba su celular gracias al ruido y alboroto de la fiesta, había llamado a todos con insistencia, aunque la cuestión ahora es ¿Por qué Alfred quería ayuda?

La respuesta era muy sencilla y toma lugar justo cuando Feliciano y Ludwig escaparon de casa de Francis…

Alfred seguía platicando con Yong Soo el cual tuvo que dejarlo solo por el simple hecho de ver a Yao platicando con Iván, cosa que por supuesto el moreno no iba a permitir de ninguna manera, así que ahí se quedó el rubio, con las manos en los bolsillos mirando desde lo lejos a Natasha que una vez más era rodeada por varios chicos que buscaban abordarla.

-Te encontré mon petit~ -susurró de manera galante desde atrás Francis, dándole una ligera mordida en la oreja al de lentes que sintió un repulsivo escalofrío.

-¡Francis!- gritó y al instante el otro lo vio extrañado por el tono de voz tan alto que había usado.

-Ah… quiero decir… Francis, hola- dijo Alfred bajando su timbre tratando de hacerlo lo más parecido al de Mathew, cosa que no le costó nada de trabajo y al parecer logró engañar al galo que volvió a sonreír con galanura.

-Hola petit, te he estado buscando como desesperado todo este tiempo; me alegra mucho el verte aquí ¿Te está gustando mi pequeña fiesta?- preguntó tomando uno de los mechones de cabello del otro chico jugando con ellos.

-Por supuesto, me la estoy pasando bien- contestó Alfred quitando la mano de Francis de su cabello e intentando parecer cortes y no ser descubierto.

-Bueno pues… yo puedo hacer que te la pases aún mejor, así que mejor dejemos a los invitados aquí y acompáñame- le dijo Francis pasando una mano por la cintura de Alfred que soltó lo que pareció ser un chillido de miedo.

-Pero estoy bien aquí con los demás invitados- intentó resistirse el ojiazul plantando bien sus pies en el suelo.

-Insisto Mathew, vamos- y eso sonó como una orden por lo tanto Alfred (llorando por dentro) tuvo que hacer caso y seguir al francés que no soltaba su cintura.

Alfred rezaba por mantenerse virgen después de esa noche mientras subían por la escalera alfombrada hasta el pasillo donde había varias habitaciones, Francis lo dirigió a la segunda del lado izquierda que parecía ser la suya, cuando el muchacho entró un muy mal presentimiento lo invadió y no solo por el hecho de estar en el cuarto de Francis, el que era conocido por su promiscuidad, sino porque toda la cama estaba llena de pétalos de rosas rojas y en una mesa cercana había una pequeña fuentecilla de chocolate líquido con un recipiente de fresas además de una botella de Don Perignon en una cubeta con hielo.

-¿Gustas una copa?- preguntó Francis cerrando la puerta tras de sí poniéndole el pestillo y señalando con una mano la botella de champagne.

-No gracias- respondió Alfred.

-Entonces algunas fresas…- insistió Francis.

-Así estoy bien- decía cortante Alfred al que le empezaban a sudar las manos, en ese momento se sentía como todo menos como un héroe.

-Vaya petit, parece que quieres ir directo a la acción- dijo Francis en un ronroneo poniéndose frente a Alfred caminando hacía enfrente haciendo que este retrocediera con la misma velocidad con la que Francis se le acercaba hasta que la parte de atrás de sus rodillas chocaron con la cama y Francis sin perder tiempo, lo empujó poniéndose sobre él.

Alfred soltó otro gritito percibiendo el aroma de los pétalos rojos bajo él y encima a Francis que se relamía los labios con lujuria.

-Voy a hacer que esta noche sea inolvidable para ti- le dijo arrastrando las palabras agachándose un poco tal vez intentando besarlo pero Alfred desvió su rostro justo a tiempo.

-¡Espera espera!- le pidió y el galo pareció algo molesto por esto.

-¿Qué pasa?-

-Tengo que… ir al baño- inventó Alfred y el francés solo sonrió incorporándose y haciéndose a un lado.

-Claro, ahí está- respondió señalando una puerta que estaba en el mismo cuarto.

¡Maldición! ¿Por qué el baño estaba en el mismo cuarto? Si hubiera estado afuera pudo haber escapado fácilmente, aun así podía estar a salvo unos minutos más de esa bestia que era Francis así que sin perder la oportunidad casi corrió hasta el baño completo que Francis tenía en su habitación.

-¿Cuánto dinero tiene su familia? Solo le hace falta un retrete de oro- comentó Alfred cuando vio la tina, el lavabo, la regadera y el hermoso azulejo blanco.

El ojiazul sacudió su cabeza y sacó su teléfono.

-Alguien tiene que sacarme de aquí, esto es culpa de Feliks y Gilbert después de todo- decía sacando su celular marcando el número del primero, varios timbrazos después solo escuchó el buzón de voz, lo mismo pasó con Gilbert, Lovino, Kiku, Feliciano, Ludwig y hasta Yong Soo.

-¡No! Esto no puede estarme pasando- lloriqueaba Alfred intentando una vez más marcar a Feliciano.

-Mathew ¿Ya vas a terminar? Llevas una eternidad ahí- dijo Francis llamando a la puerta del baño.

-Lo siento Francis, creo que me siento mal del estómago- dijo en respuesta Alfred que rezaba para que alguien le atendiera el teléfono o Francis lo dejara ir.

-Yo puedo curarte mon petit solo sal de ahí- decía Francis que parecía estar recargado en la puerta desde el otro lado.

Alfred soltó otro quejido y vio la que podría ser su última opción y salvación: Su hermano y el verdadero Mathew.

Marcó cruzando los dedos para que le contestara su gemelo y tras tres timbrazos así fue, la voz suave de su consanguíneo contestó.

-¡Matt sálvame!- fue lo primero que dijo cuándo el otro atendió su llamada –Matty, estoy en la fiesta de Francis pero este tipo quiere violarme porque cree que soy tú, nadie más sabe que estoy aquí y no me contestan el teléfono ¡Por favor sálvame o creo que Francis va a hacerme algo muy malo!-

Mathew escuchó con atención y escribió la dirección diciéndole que llegaría tan pronto como fuera posible (claro que no sin antes haberle dado un sermón de las consecuencias de hacerse pasar por otras personas solo por conveniencia).

Por otro lado Francis ya solo vestía una bata de seda azul, había dejado la ropa regada por toda la habitación y había encendido las velas aromáticas, puesto una balada en su sistema de sonido y abierto el champagne para tomarse una copa mientras el que creía que era Mathew, saliera del baño… al parecer el muchachito se estaba muriendo de nervios, pero era de esperarse, después de todo era su primera vez.

Aunque después de una hora estaba empezando a pensar que Matt ya era un cadáver en su baño porque el chico seguía sin salir, la mitad de la botella estaba vacía y hasta los pétalos ya se estaban marchitando.

-¡Mathew, sal de ahí o voy a tirar esa puerta!- amenazó ya desesperado Francis.

-¡No! Espera… ya casi salgo- dijo Alfred pegándose contra la puerta solo por si acaso aunque pudo escuchar las trompetas de los ángeles justo a tiempo pues alguien estaba llamando a la puerta pero de la habitación de Francis.

-¿Quién es? No se puede pasar aquí- dijo Francis yendo a atender.

-Soy Mathew, vengo por mi hermano- dijo una vocecita al otro lado.

-Pero que dices, ahora mismo yo estoy con… Mathew…- dijo el galo al abrir la puerta y ver frente a él a Matt.

-No, el que está en tu baño es mi hermano Alfred ¿Me dejas pasar por él por favor?- pidió y sin esperar respuesta entró a la habitación justo hasta el baño.

-Al, soy yo, ya puedes salir-

Haciendo caso Alfred salió y casi se echa a los brazos de su gemelo pero se abstuvo de hacerlo.

-Pero él… yo… ¿Cómo?- preguntaba Francis viendo a lo que parecían ser Mathew y su clon, siguiéndolos hasta la puerta a donde estos se dirigían.

-Ya te dije, él es Alfred que se hizo pasar por mí para entrar a tu fiesta con sus amigos, perdón por la confusión- se disculpó sin mucha sinceridad Matt caminando por el pasillo mientras que el francés iba tras ellos.

-¡Espera! ¿Eso quiere decir que tú nunca viniste a mi fiesta?- preguntó a lo que Matt giró su cabeza.

-Exacto- contestó sin más Matt llevándose a su casi lloroso hermano lejos de ahí.

-Entonces… me engañaron, me quisieron ver la cara tú y tus perdedores amigos ¡Dejé pasar a mi exclusiva fiesta a una panda de raros inadaptados y para colmo tú ni siquiera tenías intenciones de venir!- exclamaba Francis viendo a los hermanos bajar las escaleras.

Así que Francis aun en su bata de seda azul se asomó por el barandal de las escaleras y con señas le ordenó al Dj. que parara la música.

-¡SEGURIDAD, SAQUEN A ESOS PERDEDORES DE MI CASA!- gritó señalando a cada uno de los integrantes del Losers club.

En cuestión de segundos todos los presentes fijaron sus miradas en cada uno de los mencionados… un silencio gélido invadió el salón mientras todas las miradas estaban posadas en los únicos a los que se les podía identificar por el apodo de "perdedor".

-Gilbo baby…- comenzó a decir en susurros Feliks mientras Gilbert se bajaba de una mesa donde minutos antes había estado retorciéndose o mejor dicho… "bailando".

-¿Hora de irnos?- preguntó Gilbert.

-Hora de irnos pero si nos vamos que sea con estilo- dijo el ojiverde.

-Pues con estilo será- contestó el albino ofreciéndole su brazo a Feliks que lo tomó enganchándose de él como si fueran una dama y un caballero de la alta sociedad, dieron tres pasos dignamente con la frente en alto y luego…

-¡CORRAN!- gritaron ambos al unísono cuando vieron a los cuerpos de seguridad de la familia Bonnefoy tras ellos, así que Lovino, Kiku, Mathew y Alfred echaron a correr como si el mismísimo diablo los estuviera persiguiendo.

Empujaron gente, volcaron mesas, sillas y todo lo que se les pusiera enfrente mientras los gorilas de seguridad los seguían y la música volvía a sonar queriendo desviar la atención de la persecución.

Corrieron despavoridos por el jardín hasta donde estaba su auto y como pudieron se subieron hechos bola.

-¿Dónde están Feli y West?- preguntó Gilbert que iba aplastado bajo Lovino mientras Alfred encendía el auto…

-¡Ahí vienen!- señaló Kiku el portón donde los otros dos llegaban también apresurados.

-¡Acelera carajo!- gritó Feliks que iba en el asiento del copiloto y pisó el pie de Alfred que estaba en el acelerador hundiéndolo todo lo que pudo.

Los chicos gritaron cuando Alfred perdió el control del volante y casi arrollan a algunas personas del valet parking, pero lograron esquivarlas hasta que pasaron a un lado de Feliciano y Ludwig, Mathew como pudo abrió la puerta a la que iba casi pegado y metió a la fuerza a los otros dos como si se tratara de alguna especie de secuestro exprés y con el auto a toda velocidad, con Alfred apenas logrando controlar el volante, salieron de la mansión.

-¡Jodete Bonnefoy!- gritó entonces Lovino sacando la mitad de su cuerpo por la ventanilla alzando ambas manos en las que levantaba su dedo medio con todo orgullo y riendo como un maniaco borracho.

Fue así como el Losers club escapó de la fiesta, rebasaron los límites de velocidad establecido por la madre de los gemelos americanos y casi mueren en un accidente automovilístico.

Nada mal para ser la primera fiesta de los Bielshmith que recordarían esa primera vez, como la mejor de todas.

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*I put a spell on you es interpretada por Nina Simone, (amo a esa mujer) si gustan pueden escucharla y creo que no se arrepentirán.

Y… ¿Qué tal la fiesta? ¿Se divirtieron? Ja ja ja ja espero que sí porque mi trasero sufrió varias horas de estar sentado para sacar este capítulo a tiempo.

MIL MILLONES DE GRACIAS por todos sus reviews, ustedes me hacen feliz, así mil XD y la verdad espero estar correspondiéndoles con un capitulo interesante. Por cierto, si se preguntan por Arthur y su ausencia, no se preocupen, ya sabrán que pasó con él.

Sin mas que decir me retiro y porque no me puedo concentrar en un mensaje cool ya que ahora mismo en mi casa hay una fiesta (mi hermana y sus amigos son como una plaga ruidosa) así que mientras rezo para que mi casa no quede echa un asco mañana, me despido de nuevo agradeciéndoles que hayan leído otro capi.