THE LOSERS CLUB

Capítulo 6

Lunes… odioso Lunes… y lo que hacía a ese especifico Lunes aún más odioso no era otra cosa más que obviamente la escuela y la clase de Educación Física.

Los alumnos ya estaban alineados esperando las órdenes de lo que parecía ser más un capataz que un profesor. El hombre robusto de brazos velludos miraba con crueldad a sus enclenques alumnos con una sonrisa en los labios mientras mascaba tabaco ruidosamente molestando así a los muchachos que no se atrevían a decir nada… era eso o soportar un régimen de lagartijas que les iban a terminar destrozando los brazos.

-¡Muy bien señoritas hoy van a sentir sus músculos rogar piedad, el cuerpo les va a doler en lugares que ni siquiera sabían que tenían; llorarán, gritarán y sudarán tanto que el sudor se va a convertir en sangre cuando la clase acabe y tal vez así se conviertan por fin en hombres de verdad!- gritó el hombre con su vocerrón cuando una chica levantó la mano.

-Profesor nosotras somos mujeres- dijo la muchacha con cierta timidez señalando al resto de sus compañeras féminas.

-Pues también se convertirán en hombres así que ¡A correr, quiero escuchar esas calorías quemarse como si estuviera quemando aceite en un sartén! ¡Corran niñitas ¿O sus muslos gordos no les dejan hacer ejercicio?!- les gritaba mientras hacía sonar su silbato una y otra vez al tiempo que los adolescentes se quejaban y hacían caso corriendo alrededor del gimnasio bajo la mirada estricta del profesor que al tiempo que veía a los chicos correr no pudo evitar soltar un gruñido al saber que había un alumno en específico que no estaba haciendo lo ordenado.

-Lukasiewich- llamó entonces sin dejar de ver al alumnado corriendo mientras jadeaban como cerditos.

-Dígame profesor- contestó Feliks que como ya era costumbre, estaba sentado en una de las bancas. Sus piernas cruzadas con un frasquito de esmalte a su lado dándole una última pincelada a la uña de su dedo meñique que se pintaba de rosa pastel con puntitos azul turquesa.

-A la fila, ya- le ordenó el hombre a lo que Feliks sin mirarlo ponía ambas manos con sus dedos extendidos frente a él y sonreía.

-Lo siento profesor, como que mi religión no me permite hacer ejercicio después de pintarme las uñas- dijo el muchacho comenzando a soplar ligeramente para secar el esmalte.

-¿Y qué clase de religión es esa?- preguntó el profesor con una vena palpitándole peligrosamente en la sien.

Feliks arqueó ambas cejas sonriendo de manera traviesa mientras volteaba sus manos para que el profesor pudiera ver sus uñas recién pintadas con precisión quirúrgica pues no tenía ni un solo manchón en sus dedos.

-La religión del glamour- contestó guiñándole un ojo al hombre que hizo sonar su silbato con toda la potencia que sus pulmones le permitieron, su cara se puso roja y la vena en su sien amenazó con reventar.

-¡A la fila!- gritó a lo que Feliks hizo un mohín con sus labios.

-Huy ósea, relájese- dijo el muchacho que iba con pasos lentos hasta la fila, sin dejar de soplarse a sus uñas llegó hasta donde estaba Gilbert corriendo con el resto cuando de pronto la puerta del gimnasio se abrió y como si fuera una escena que se repite cada semana, Heracles entraba con su cara adormilada aunque al parecer algo sucio pues tenía la ropa llena de tierra y en su cara parecía tener un par de golpes.

-Karpussi, deme una buena razón por la cual está llegando tarde otra vez- dijo el profesor que intentaba relajarse sin buenos resultados.

El muchacho se rascó la mejilla, miró a todos lados con sus ojos desinteresados hasta fijarlos de nuevo en los del profesor.

-¿Estaba atormentando ñoños?- contestó con voz monótona reprimiendo un bostezo.

-¿Muy ñoños?- preguntó el profesor.

-Si… mucho…- contestó el muchacho y en su voz no había ni un solo asomo de emoción, solo somnolencia.

-Muy bien, pasaré por alto su retardo así que vaya a cambiarse rápido- dijo el profesor dejando al descubierto que él también era o había sido un buller.

Heracles asintió con la cabeza e hizo lo que se le había dicho yendo a cambiarse pasando a un lado del par de amigos perdedores que lo siguieron con la mirada prefiriendo no decir nada.

-Gilbo~ cárgame, no quiero correr- se quejó entonces Feliks dejándose caer encima de la espalda de Gilbert que casi se iba de boca por el repentino peso.

-¿Y tú crees que yo si quiero? El abuelo nos puso a ayudarle a hacer la limpieza de toda la casa el fin de semana, no nos dejó descansar; seguro que él y este idiota que tenemos por profesor serían buenos amigos si se conocieran- decía intentando correr con Feliks a cuestas.

-¿En serio? Huy ósea que lo que Feli me contó era súper cierto, tú abuelo necesita conseguirse un poco de sexo o algo así- dijo Feliks que recargado en la espalda de Gilbert le rodeaba el cuello para que este siguiera arrastrándolo.

-Voy a fingir que no escuché eso antes de que me provoque un trauma de por vida- digo el albino con una cara de asco tratando de seguir dando pasos con su cansancio acumulado y aparte el peso de Feliks sobre él quedando así hasta el último de la fila.

Los jóvenes seguían corriendo al ritmo marcado por el silbato del profesor que no dejaba de soplar esa maldita cosa provocando mal humor entre los muchachos que en medio de sus jadeos soltaban maldiciones; claro que Gilbert no era la excepción pues aparte de eso llevaba a Feliks colgando de su espalda como si este fuera alguna especie de moribundo en sus últimos momentos de vida hasta que alguien más se puso a correr a su ritmo quedando a un lado de ellos y ese alguien no era otro más que Nor, uno de los nórdicos que ni siquiera en la clase de Educación Física podía dejar su cámara así que la traía colgando en el cuello mientras trotaba a un lado del albino y el rubio.

-Oigan, escuché los rumores de lo que pasó en la fiesta de Francis y solo quiero decirles que fue genial; esa manera de rebelarse ante las jerarquías sociales impuestas por personas como él y destruir así el estatus quo al que nos han querido enjaular desde jóvenes fue digno de admirar, bien hecho- les felicitó Nor con esa expresión indescifrable en su rostro, les levantó un dedo pulgar a modo de aprobación y siguió corriendo para alcanzar de nuevo al resto de sus amigos nórdicos, todos ellos con sus cámaras y Din incluso llevaba un café del Starbucks en la mano al que a veces le daba pequeños sorbos mientras corría.

Gilbert y Feliks se detuvieron y se miraron el uno al otro.

-¿Qué dijo?- preguntó Gilbert a lo que Feliks solo se encogió de hombros para después engancharse mejor al cuello de Gilbert en lo que parecía un abrazo.

-No tengo ni idea pero ósea, Nor el dios hispter del colegio como que nos felicitó, eso debe ser bueno ¿No?- dijo el ojiverde a lo que el otro soltó un par de risas.

-Kesesese un paso más cerca de la increíble popularidad- dijo Gilbert empezando a correr otra vez, esta vez Feliks por fin se le quitó de encima corriendo a su lado.

-Huy pero Gilbo, ya somos así como que súper increíbles… obvio nos falta la parte de ser populares pero fabulosos lo somos desde que nacimos- ambos se sonrieron con esa vanidad con la que nadie más podía competir y chocaron las palmas para seguir con la rutina de entrenamiento, que como había amenazado el profesor, había sido una sesión de tortura.

Los muchachos corrieron, hicieron sentadillas, lagartijas, abdominales, estiramientos y todo tipo de actividades que hicieron a los chicos rogar piedad a la hora de que el timbre del cambio de clases sonó.

-Muy bien niñitas, ya pueden irse a cambiar dejen de llorar que esto no fue nada- dijo el profesor liberando a sus esclavos… o alumnos…

Casi arrastrándose todos llegaron a los vestidores y como ya era de esperarse, el resto de los chicos se alejó tanto de Feliks como de Gilbert dejándolos aislados en un rincón del vestidor mientras estos se cambiaban. Gilbert que estaba a un lado de Feliks nunca dejaba de verse afectado por esta extraña actitud que tenían siempre que entraban a cambiarse después de la clase.

-¿De verdad soy tan raro?- preguntó entonces el albino que estando tan solo en su ropa interior se miraba su piel blanca como el papel y la comparaba con la de Feliks que tenía un poco más de color y el contraste era bastante marcado, ni que decir cuando se ponía a un lado de Lovino y su piel más o menos bronceada.

-Si lo dices por ellos ósea nada que ver, tú no eres el raro aquí- dijo Feliks que igual estaba en su femenina ropa interior, esta vez sus calzoncillos tenían un gran corazón impreso en la parte de atrás de la prenda.

Gilbert solo frunció el ceño sin creerle del todo a Feliks y mirando a los otros chicos que de vez en cuando les dedicaban miraditas no muy amigables y hablaban entre ellos en susurros.

Mientras Gilbert miraba ensimismado al resto de los chicos, el fuerte azote del casillero al cerrarse a su lado lo sacó de su trance y volteó a ver a Feliks que tenía una media sonrisa en sus labios.

-¿Quieres darles un susto?- preguntó asegurándose de que el resto no los escuchara, el albino sonrió en afirmación así que el rubio le dio un empujoncito sentándolo en la banca frente a los casilleros, se sentó de frente a él sobre su regazo y cubrió las cinturas de ambos con una toalla para luego…

-¡Oh si Gilbert así!- gritó en una especie de gemido que hizo a todos voltear de pronto tan solo para ver a Feliks sobre Gilbert moviéndose de manera sospechosa, de arriba abajo en un movimiento frenético. El ojiverde había hecho que Gilbert escondiera su cabeza en su cuello para que los otros tampoco vieran su expresión desencajada.

-¡Si Gilbert, más adentro, la tienes enorme!- gritaba y gemía de manera exagerada mientras echaba su cabeza hacía atrás y seguía gimiendo en voz muy alta para que todos le escucharan.

Completamente descolocado Gilbert solo sentía el saltar de Feliks aunque en realidad ni siquiera se estaban tocando. Con su rostro escondido en el cuello del rubio miró de reojo las caras asustadas de sus compañeros, que para nada se esperaban algo así y no pudo evitar soltar una risita que tuvo que acallar, todo gracias a las expresiones estúpidas que el resto estaba poniendo; así que para seguir un poco con el juego rodeó la cintura del muchacho con sus brazos y mantuvo su cara escondida tan solo para dar la impresión de que lo estaba besando mientras Feliks subía el tono de sus gemidos llenando de gritos el vestidor.

-¿Se quieren unir o como porque siguen mirando?- preguntó entonces Feliks parando un momento de su actuación para luego ensanchar su sonrisa –No me digan que se les antojó…- dijo arqueando una ceja sin dejar de sonreír con algo parecido a la arrogancia

Todos los muchachos ahí presentes se sobresaltaron al darse cuenta de que efectivamente habían estado mirando el espectáculo completo y enfadados le soltaron insultos y algunas maldiciones.

-¡Deja de hacer tu porquerías aquí marica!- le gritó uno de ellos arrojándole algo que parecía un cepillo que no alcanzó a darle al rubio.

-¡Pero si estabas babeando cariño!- respondió Feliks abrazándose a Gilbert y mandándole un beso al agresor que prefirió ignorarlo y solo salir de ahí lo más rápido posible al igual que todos los demás dejándolos solos finalmente.

-Esos tipos son las verdaderas mariquitas, teniéndole miedo a lo diferente- dijo Feliks quien soltó un resoplido antes de continuar –Hasta yo podría tirarme mejor a sus novias- dijo finalmente molesto.

-Mañana todos van a estar hablando de esto, creo que nunca dejaré de ser un perdedor- dijo entonces Gilbert mientras el rubio se separaba un poco de él aunque aún sin levantarse.

-Pues que hablen ¡Súper genial estar en boca de todos!- dijo el ojiverde sin darle mucha importa.

-Bueno, al menos ahora sabrán que la tengo enorme kesesesese- bromeó Gilbert.

-Claro, eres una bestia del sexo- y tras decir esto Feliks tomó la cara de Gilbert y le dio un beso grande en la frente haciendo reír al otro que de alguna manera ya se había acostumbrado a Feliks y su contacto físico.

Feliks separó sus labios de la frente del albino y este alzó un poco su rostro que aún estaba entre las manos del ojiverde y sin poder evitarlo se miraron directamente a los ojos un momento, momento que les bastó para sentirse incomodos por la posición en la que estaban.

-Mejor vamos a vestirnos- dijo de pronto Feliks quitándose de golpe de encima de Gilbert.

-S… si…- concordó Gilbert y en todo el rato en el que estuvieron cambiándose no se dirigieron la mirada ni una sola vez y prefirieron mantenerse en silencio.

-Ah… me adelanto- dijo Gilbert sabiendo que Feliks tardaría en arreglarse el cabello, así que este solo asintió con la cabeza mientras el albino salía del vestidor pensando en lo raro que era el hecho de que tras haber fingido una escena de sexo con toda la naturalidad del mundo, se quedaban mudos al solo verse directo a los ojos.

-Imaginaciones mías- se dijo saliendo del gimnasio y recargándose en la pared para esperar al rubio tan solo viendo pasar a la gente que iba de un lado a otro corriendo como despavoridos para llegar a sus respectivas aulas, incluso Iván Bravignski parecía apurado… hasta el momento en que alguien captó su atención, tanto así que regresó sobre sus pasos nada mas para hablar con la persona de su interés.

-Tú eres nuevo ¿cierto? amigo de Polsha- el enorme ruso le dijo a Gilbert mientras entrecerrando sus ojos solo para asegurarse de que le hablaba a la persona correcta

-¿De quién?- preguntó Gilbert que tragó saliva al ver frente a él al mastodonte comunista pero aun así intentando mantenerse casual y normal.

-Perdón, eres amigo de Feliks- dijo Iván con su voz infantil que si no fuera por el miedo que su estatura y complexión infundían podría pensarse que era una buena persona.

-Pues si…- contesto el albino revolviéndose el cabello mirando a todos lados esperando escapar de Iván, después de todo no había escuchado cosas muy buenas de él y no quería arriesgarse a saber si eran verdad.

-Entonces creo que no estás en ningún club, y lo siento pero yo no tomo el Losers club como un club extracurricular así que ¿Qué te parece si te unes al Círculo Marxista Leninista? Estoy seguro que lo podrás encontrar interesante- decía Iván con su risita inocentona que no daba nada de confianza.

-Sí, suena interesante pero no gracias- dijo Gilbert dando un paso al frente para escapar pero Iván se lo impidió poniéndole una mano en el hombro enterrándole los dedos en un claro gesto de amenaza.

-Al menos deberías intentar visitarnos… ¿Qué te parece?- preguntó y de pronto su sonrisa inocente parecía ensombrecerse al tiempo que sus ojos violetas se mostraban bastante amenazadores.

Gilbert estaba a punto de responder pero alguien más se le adelantó; Feliks apareció quitándole de encima la mano de Iván.

-¡No toques a mis amigos!- exclamó el rubio y por primera vez Gilbert notó que Feliks podía parecer una verdadera persona enfadada y no una diva enojada por que el tacón de su zapatilla se rompió.

Iván pareció divertido por este repentino arranque y con la mano que recién había sido quitada del hombro del peliplata, tomó la muñeca de Feliks apretándola con fuerza.

-Y tú no me toques con tanta confianza- le dijo con su vocecilla infantil sin dejar de sonreír y apretando más su agarre escuchando un ligero quejido por parte de Feliks hasta que notó sus uñas pintadas.

-Lindo manicure Polsha… sería una pena que alguien te arrancara esas uñas una por una- le dijo riendo aun como un niño que planea una travesura provocándole cierto escalofrío a Gilbert pero no a Feliks que fulminaba con la mirada al ojivioleta.

-Pues sería una pena que alguien te desfigurara esa cara rechoncha que tienes con estas mismas uñas si sigues molestando a mis amigos- advirtió el ojiverde olvidando por completo sus muletillas al hablar.

-¿Amenazándome?- Iván soltó una carcajada doblando la muñeca de Feliks amenazando con romperla así que este solo alcanzó a rechinar los dientes por el dolor. Gilbert sabía que aquello pronto se saldría de control.

-O… oigan… ya basta- dijo separándolos a los dos que no dejaban de verse mutuamente como si estuvieran asesinándose con la mirada. –Vámonos- le susurró a Feliks que no dejaba de ver al ruso con esos ojos fieros.

-Entonces muchacho ¿Te veré en mi círculo un día de estos?- preguntó Iván retomando su gesto inocentón.

-Sí, leugo me pasaré por ahí- respondió sin más llevándose lejos de ahí a Feliks que temblaba de rabia.

-Adios Polsha… me gustaría decirte que también eres bienvenido en mi círculo pero te odio un poco así que mejor muérete- se despidió soltando unas risitas que hicieron que Feliks quisiera aventársele encima y estrangularlo con esa larguísima bufanda que siempre llevaba enredada en el cuello pero Gilbert lo detuvo llevándoselo a rastras de ahí.

-¿Por qué tanto odio entre ustedes? ¿Qué te hizo o que le hiciste?- preguntaba Gilbert que de verdad había temido que los dos se hubieran puesto a pelear en medio del pasillo.

-Existir, eso hizo ese horrible cerdo… ósea el solo hecho de saber que respiro su mismo aire hace que se me ponga el cutis feo- decía dándose palmaditas en las mejillas solo para verificar que su piel seguía tersa.

-No estás hablando en serio- dijo el albino y se ganó una mirada de reproche por parte del ojiverde.

-Osea, totalmente en serio. Gilbo amor ¿Nunca te ha pasado que ves a una persona y solo tienes esas ganas así como que súper intensas de odiarla sin ninguna razón?- preguntó el polaco.

-No-

-Pues eso mismo me pasó con Rosja-

-No entendí- murmuró Gilbert al recibir una respuesta tan escueta.

-En resumidas cuentas, ósea yo lo odio, él me odia, nos odiamos juntos y súper lindo el asunto… llevamos soportándonos desde la secundaria pero si se mete con mis hombres yo no respondo, me pongo así como que igual que una gata enfurecida, ya sabes, todo eso que me resta estilo como acabas de ver- decía Feliks respirando profundo intentado recuperar la compostura para seguir caminando hasta la siguiente clase.

Los dos amigos aun iban conversando algunas otras cosas triviales cuando vieron a lo lejos a Ludwig que parecía ir buscando a alguien entre la gente hasta que se cruzaron en el camino.

-¿Oigan, han visto a Feliciano?- preguntó sin más revisando su reloj de pulsera un poco ansioso pues la clase estaba a punto de empezar y esa la tenía con el italiano.

-Hola West, si estamos bien no es como si un ruso loco nos hubiera querido golpear hace rato pero gracias por preguntar y no hemos visto a Feli- contestó Gilbert con sarcasmo.

-Ya veo, si lo ven avísenme- dijo el rubio siguiendo con su camino ignorando por completo a su hermano siguiendo con su camino.

Ludwig no podía permitir que Feliciano faltara a una clase, de por si al pobre muchacho ya le costaba entender las cosas y el faltar no le iba a ayudar mucho en esto, así que al no verlo por los pasillos optó por mandarle un mensaje de texto pero pasaron los minutos y este no respondió. El ojiazul gruñó al ver que el pasillo quedaba casi desierto y en un último intento desesperado por encontrar al castaño dio otra vuelta por la escuela y esta vez también por la biblioteca.

Iba de estante en estante tratando de dar con el chico, y finalmente cuando estaba a punto de darse por vencido un ligero sollozo lo hizo detenerse e ir hasta el fondo de la biblioteca en donde efectivamente estaba Feliciano.

El muchachito se encontraba escondido tras el último estante justo al fondo de toda la biblioteca, de cuclillas en el piso se cubría la cara llorosa con una hoja de papel e intentaba acallar sus sollozos para que nadie se diera cuenta de que estaba llorando.

-Feliciano ¿qué te pasa?- preguntó Ludwig preocupado acercándose a él apoyándose en una rodilla para quedar a la misma altura del otro que se sobresaltó y de inmediato se limpió las lágrimas de la cara mientras negaba con la cabeza.

-¿Sadiq te molestó otra vez?- preguntaba preocupado el alemán pero el otro seguía negando con la cabeza.

-Ve~ estoy bien, no te preocupes- dijo con la voz entrecortada Feliciano quien intentaba sonreír mientras era mirado fijamente por Ludwig el cual no le creía ni una palabra.

En menos de cinco segundos de estar bajo la mirada azul del rubio, la sonrisa de Feliciano se desvaneció poco a poco, las comisuras de sus labios se curvearon hacía abajo y sus cejas se fruncían en un claro gesto de tristeza a la vez que sus ojos se llenaban de lágrimas.

-¡Ludwig perdón!- dijo finalmente tirándose a llorar otra vez mientras hipaba e intentaba hablar con fluidez.

-No me has hecho nada- contestó Ludwig frotándole la espalda para que intentara calmarse mientras el otro sorbía el moco ruidosamente con su nariz.

-Si lo hice… reprobé mi examen… a pesar de que estuviste enseñándome todos los días- decía en medio de su llanto extendiéndole la hoja de papel que mostraba su examen con calificación reprobatoria… una enorme calificación marcada con un intenso rojo en casi toda la página. Pareciera que el profesor que había calificado se había ensañado a la hora de calificar los exámenes, la tinta del plumín rojo se traspasaba a la siguiente hoja.

-Ve~ perdón Ludwig… soy un inútil- decía el chico limpiándose con el dorso de la mano las lágrimas que no paraban de salir.

-No lo eres, todos reprobamos un examen alguna vez- dijo Ludwig ¡Mentira! Él nunca había reprobado un examen, tampoco Arthur.

-¡Pero esto es diferente! Tú me enseñaste todo y… y… y estudie mucho ¡Es muy frustrante!- chilló Feliciano cerrando sus puños y agitándolos como si quisiera golpear al aire -¿Por qué soy tan tonto?- decía llorando a lagrima viva

-¡No puedo hacer nada bien, nada me sale bien! No puedo pasar un examen aunque estudie… ve~…- seguía llorando y quejándose.

Ludwig también se estaba frustrando un poco por no poder tranquilizar al chico y no poder convencerlo de lo contrario pues este seguía metido en su idea de ser un bueno-para-nada, así que en un impulso extraño agarró la mochila de Feliciano y rebuscó entre sus cosas su cuaderno de dibujo el cual sacó y lo abrió en uno de sus hermosos dibujos de paisajes.

-¡¿Esto lo haría un inútil?!- le preguntó alzando su voz profunda lo que asustó a Feliciano y vio el dibujo que hizo en uno de sus viajes a Italia.

-Hay mejores artistas que yo…- dijo con la voz temblorosa haciendo enojar aún más a Ludwig que acercó el cuaderno a la cara de Feliciano.

-No estoy hablando de otros, estoy hablando de ti. Mira, esta obra es tuya ¿No es cierto? Tú lo dibujaste con estas manos- y tomó la mano derecha de Feliciano.

-No naciste sabiendo dibujar Feliciano, tuviste que practicar mucho para llegar a hacer esto tan bonito y lo veo ahora mismo en tus dedos- dijo y Feliciano volteo a ver su mano atrapada en la de Ludwig. Las puntas de sus dedos estaban manchadas de negro por el carboncillo y en su dedo índice alcanzaba a verse un cayo que se había formado gracias a todo el tiempo que pasaba sosteniendo un lápiz o un pincel.

-Es lo mismo con esto; si, fallaste un examen ¿Y qué? Aun puedes estudiar y sacar una mejor calificación, igual que cuando no te sale una pintura empiezas de nuevo… no eres tonto Feliciano, métetelo en la maldita cabeza de una vez por todas o de verdad voy a empezar a creer que los eres- le regañó Ludwig y una vez más a Feliciano se le llenaron los ojos de lágrimas.

-Ah… perdón, no fue mi intención gritarte- dijo asustado Ludwig cuando se percató de que había alzado mucho la voz pero Feliciano de nuevo negó con la cabeza y se echó encima de Ludwig en un abrazo mientras el rubio aun sostenía su mano.

-Gracias Ludwig- le dijo Feliciano aun llorando

-Ya… tranquilo- le dijo Ludwig que reparó en el hecho de que todavía estaban tomados de la mano así que lo soltó rápidamente pero al parecer Feliciano no quería esto así que se mantuvo con su mano en la de Ludwig diciéndole un montón de gracias mientras seguía abrazándolo y el rubio sentía que la sangre se le iba de golpe a la cabeza, demasiado contacto físico, demasiado acercamiento y el aliento de Feliciano en su cuello no le era de mucha ayuda.

-Ve~ voy a estudiar más, te lo prometo y voy a terminar la prepa y… y… y cuando sea un artista voy a hacer un gran cuadro de ti ¡Te lo prometo!- decía entusiasmado (y lloroso) Feliciano.

-No creo que eso sea necesario- decía Ludwig que sentía sus mejillas hervir, sobre todo porque aun estaba siendo abrazado por Feliciano.

-Si lo es, Ludwig tú eres el único que me dice esas cosas… mi hermanito solo me golpea y me vuelve a llamar idiota- decía el muchacho mientras Ludwig, con toda la torpe timidez que lo caracterizaba, le acariciaba burdamente la cabeza al castaño para calmarlo.

-¡Oigan ustedes!- les llamó la atención Arthur que iba dando zancadas hasta donde estaban ellos, como siempre, sus tupidas cejas estaban fruncidas.

-¡Dejen de hacer sus ñoñas demostraciones de amor en la biblioteca! ¿Acaso creen que está permitido hacerle ver a los demás lo miserables que son solo porque no pueden andar como ustedes, todos acarameladitos por cada rincón de la biblioteca con las persona que quieren porque esa estúpida persona prefiere andar tras el culo de alguien más antes que intentar voltear a verte porque es un imbécil, un verdadero y enorme imbécil que no puede ver más allá de su nariz y de su ego a pesar de que tú estás enfrente de él desviviéndote pero tal vez tú también eres un poco imbécil por no solamente decirle "¡Hey estúpido, estoy enamorado de ti!" oh… pero eres demasiado orgulloso para eso o tal vez solo tienes miedo de ser rechazado o que solo juegue contigo como hace con todo mundo que se va a meter a su cama? ¿Me escucharon? Dejen de estar haciendo todas esas cosas aquí en la biblioteca y lárguense a su jodida clase antes de que les tire toda la antología de Jane Austen en sus malditas caras y sientan el dolor que provoca la literatura romántica ¡Ya, lárguense de aquí!- les gritó a los otros dos que de un salto hicieron caso, Ludwig ayudó a Feliciano a levantarse del piso y juntos salieron de ahí preguntándose qué diablos le pasaba a Arthur.

El británico los siguió con la mirada y solo hasta cuando se aseguró de que habían salido, dejó caer sus hombros y una expresión de aflicción se mostró en su rostro mientras jalaba una de las sillas y se recostaba en la mesa.

-¿Qué estoy haciendo?- se preguntó en voz baja asomando sus ojos de entre sus brazos en los que recargaba su cabeza viendo a unos pocos alumnos que aun pululaban en la biblioteca. La verdad no tenía nada de ganas de ir a su clase… tal vez no iría, los libros eran un mejor refugio que el salón.

Soltó un suspiro y se levantó con desgana de la silla caminando entre los estantes buscando un buen tomo para leer así que iba pasando su dedo índice por el lomo de los libros sin interesarse en ninguno en especial.

-Toma- le dijo entonces una voz que lo hizo voltear.

-Bladimir… ¿Y tú clase?- le preguntó a Bladimir, el rumano gótico del cual se rumoraba era un vampiro ya que daba esa impresión gracias a su par de caninos anormalmente largos, sumado a su ropa negra junto con el pequeño sombrero que siempre usaba además de sus ojos ligeramente rojizos que acentuaban esa apariencia vampírica… ah, y claro, el hecho de que se la pasara rondando por el colegio gritando a los cuatro vientos que era un ser inmortal de la noche que bebía sangre.

-¿Y la tuya?- preguntó el muchacho que seguía extendiéndole el libro.

-No tengo ganas de entrar- se sinceró Arthur tomando el libro de poesía gótica que el chico le extendía.

-Supongo que debe ser por ese hechizo obscuro llamado amor- dijo Bladimir sonriendo dejando ver sus largos colmillos.

-Cállate, no quiero saber nada de esa mierda ahora mismo- masculló Arthur hojeando el librito. Todos poetas desconocidos.

-El amor el amor… esa fuerza obscura, que bueno que yo no puedo sentir eso porque he abandonado la mortalidad hace siglos- y el chico rió pretendiendo parecer maléfico.

-Tienes diecisiete años y eres tan mortal como yo-

Bladimir puso su mano frente a Arthur y movió su dedo índice de un lado a otro como negación.

-¡Soy un ser de la noche! Viviendo bajo el manto de las tinieblas temiendo el sol y alimentándome de la esencia de otros… drenándoles hasta la última gota de vida mientras el halo luminoso de la luna me protege. ¡Soy la viva imagen de la inmortalidad a la que estoy condenado!- volvió a reír y cubriéndose con su capa la mitad del rostro (porque traía una capa) echó a correr lejos de ahí como si intentara flotar en vez de dar largos pasos desliándose por el piso como obviamente estaba haciendo.

Arthur solo lo vio alejarse con esos teatrales movimientos mientras asustaba algunos alumnos de primer año que pasaban a su lado y también intentó asustar a Francis que iba entrando a la biblioteca pero este lo ignoró triunfalmente.

El ojiverde no pudo evitar soltar un sonoro gruñido buscando alejarse de ahí pero Francis fue más rápido y logró localizarlo mientras este escapaba.

-Arthur mon ami, al fin te encuentro- decía el galo apresurándose para alcanzar al otro rubio que apretaba el paso para alejarse de ahí.

-Lárgate rana, no tengo humor para hablar contigo- decía Arthur alejándose del francés ya que irremediablemente los recuerdos de la fiesta del viernes le venían a la mente.

Si, Arthur había ido a la odiosa fiesta... aunque después de haberse pasado tres horas en casa juntando valor para poner un pie en la mansión del galo; finalmente había llegado, había echado un vistazo a todos los invitados y buscado al anfitrión solo para asegurarse de que no había notado su presencia ya que en primer lugar ¿A que había ido? En fin, ya estaba ahí y no había vuelta atrás. Se paseaba por la casa queriendo parecer que encajaba, lo que obviamente no era porque nadie se atrevía a ir a una fiesta vestido como un anciano como él hacía en ese momento con sus pantalones de gabardina, su camisa verde botella y su chaleco gris de tela de punto y a menos que fuera parte de la bandita hipster de los nórdicos, ese atuendo no era lo adecuado ni ahí ni en ningún otro lugar, lo que definitivamente lo convertía en una mancha en medio del glamour de la fiesta.

Fue justo cuando iba por una bebida que lo vio… vio a Francis con ese mocoso Mathew, lo tomaba por la cintura y lo llevaba escaleras arriba y se dirigían al cuarto de Francis, Arthur lo sabía porque ya había estado en casa del francés (trabajos de la escuela, tristemente solo por eso). Francis sonreía con esa malevolencia que dejaba ver cuando estaba a punto de lograr su objetivo y el tal Mathew aún mantenía su cara de mustio mientras era apresado y conducido a la habitación.

Suficiente, Arthur había visto suficiente… en serio ¿A qué carajos había ido? ¿Solamente para torturarse solo? ¡Que idiota! ¿Acaso pensó que Francis tal vez podría verlo y acompañarlo en la velada de su fiesta? ¡Estúpido, estúpido!... y sin decir o hacer más, se largó de ahí pues desde un principio no debió haber ido.

Pero ahora ahí estaba Francis, seguramente ansioso de contarle su proeza de cómo le había robado su "pureza" a Mathew y la verdad es que Arthur no quería escuchar o saber absolutamente nada el tema, pero Francis estaba tan empeñado que logró alcanzarlo.

-Oye, te estoy hablando- dijo algo molesto el ojiazul deteniéndolo.

-Sí y yo te estoy ignorando ¿Me dejas seguir haciéndolo?- preguntó Arthur tomando asiento en una de las sillas pues ya no había otro lugar a donde escapar, abrió el librito que Bladimir le había dado y fingió ponerse a leer pero Francis le arrebató el libró y miró la portada con desagrado.

-Déjame adivinar… el gótico raro otra vez te está prestando libros… anormal…-insultó Francis aventando con desprecio el libro a la mesa; Arthur lo tomó y prefirió seguir haciendo caso omiso de la presencia de Francis que ya se estaba sentando a su lado.

-Como sea, Arthur tienes que escucharme, necesito desahogarme con alguien y Antonio ni siquiera me pone atención porqué está demasiado embobado con su italiano- se quejaba mientras que el ojiverde de nuevo abría el libro y ahora si intentaba leer esperando que las letras opacaran las tonterías que saldrían de la boca de Francis al que le importó poco que el británico estuviera leyendo.

-Ese chico Mathew me está empezando a colmar la paciencia- comenzó a decir y Arthur no pudo evitar morderse el labio inferior al escuchar ese nombre.

-¿Sabes lo que me hizo el día de mi fiesta? Obviamente ya debes saberlo porque todo el mundo anda por ahí comentándolo- dijo el galo golpeando la mesa con su puño olvidando que Arthur no era todo el mundo, el británico era el ratón de biblioteca que apenas si llegaba a enterarse de lo que pasaba fuera de los libreros y las estanterías.

-Pues te lo diré…- dijo sin haber esperado recibir respuesta –Ese mocoso tramposo mandó a que su hermano gemelo se hiciera pasar por él ¡Como lo oyes! Nunca pensé que de verdad existieran los gemelos idénticos pero esos dos son como clones o algo así, lo peor es que me engañaron, a mí, en mi gloriosa cara ¡fue humillante! Ese chiquillo queriéndose pasar de listo conmigo…-

Fue entonces que Arthur pareció captar aquellas palabras y con sus ojos bien abiertos volteó a ver al francés.

-Eso quiere decir que… ¿No estuviste con el tal Mathew el Viernes?- preguntó

-¡Claro que no! Hubiera sido consuelo que al menos lo hubiera hecho con su hermano pero lo peor es que su hermano es ese Alfred del Losers Club ¡Mi reputación está casi arruinada Arthur! Fue lo peor que me pudo haber pasado esa noche. Mi fiesta fue un desastre, no tuve sexo con Mathew y creo que ahora todos se ríen de mí a mis espaldas- chillaba el galo sacando su pañuelo y mordiendo una de las esquinas con rabia mientras que Arthur dejaba el libro en la mesa e importándole un bledo las normas que él defendía a base de librazos en la cara, se echó a reír a carcajadas.

-¡Eres un imbécil Francis!- dijo entre risotadas mientras no paraba de reír, tal vez demasiado aliviado de escuchar que Francis no había tenido nada con Mathew.

-¡No te rías! Vengo a buscar consuelo y tú te burlas de mi- le riñó el ojiazul mientras que el otro no paraba de reír.

-Es que eres demasiado idiota- decía Arthur que no paraba de reír… era como si le acabaran de quitar diez kilos de cemento del pecho así que su felicidad era tanta que no podía detener su risa.

-¡Eres un cruel!- le espetó de manera amanerada Francis mientras que Arthur se limpiaba un par de lagrimitas que le salieron de los ojos gracias a las carcajadas que había soltado, y se levantaba guardando el libro en su mochila.

-En serio eres un idiota, cara de rana; deberías dejar de estar haciéndote el Casanova o vas a seguir siendo humillado- Le aconsejó colgándose al hombro su mochila –Creo que aun puedo alcanzar a llegar a mi clase, ahora que me cuentas eso mi humor ha mejorado y de verdad creo que ese tal Mathew me cae muy bien- decía aun soltando algunas risitas mientras caminaba fuera de la biblioteca.

De nuevo todo estaba en orden, el universo volvía a mantenerse en paz y la depresión podría seguir esperando para apoderarse de él en otro momento, mientras tanto iría a tomar su clase tranquilamente.

Arthur iba con una media sonrisa en sus labios por los pasillos para lograr llegar casi derrapándose a su siguiente salón cuando pasó a un lado del aula de dibujo de la cual alcanzó a ver por la ventanilla a un muchachito asiático completamente solo, al parecer, dibujando.

Kiku era el jovencito que estaba dibujando en solitario, había optado por escapar de su clase de literatura y refugiarse en el salón de dibujo para seguir adelantando detalles de su manga; aunque Kiku no era del tipo que se saltaba clases solo por capricho, había una buena razón detrás de su escape y eso era que a su profesor desde la semana pasada se le había ocurrido que él expusiera la clase delante de todos sus compañeros, lo que para el chico era prácticamente una sentencia de muerte.

Nervios, dificultad para respirar, palpitaciones rápidas en su corazón, sudor frío, nauseas, lengua adormecida, hoyo en el estómago… ansiedad en un nivel bastante alto. Esto era lo que le pasaba a Kiku cada vez que tenía que pararse enfrente de un salón de clases lleno de estudiantes que posaban sus ojos en él esperando a que hablara y sonara inteligente. Muerte era un sinónimo adecuado para todo lo anterior.

Sabiendo que tenía que pasar por esa tortura había preferido saltarse la clase, unos puntos menos no lo harían reprobar y podría aprovechar ese tiempo en algo que disfrutaba y en lo que era bueno… además de que tampoco quería soportar las críticas de Vash, ese muchacho que siempre le interrumpía a la mitad de su exposición para soltar algún comentario rudo… era lo peor.

El pelinegro estaba bastante concentrado en sus dibujos, detallando las líneas del cuerpo mientras que sus audífonos lo aislaban por completo del mundo exterior y por lo tanto no se había dado cuenta de que en ese mismo salón, pero dormitando estaba alguien más que no pudo evitar despertarse cuando escuchó el tararear del asiático mientras dibujaba.

Sadiq soltó un bostezo y se desperezó levantándose del piso que era donde estaba tomando su siesta, justo al final del salón detrás de unos restiradores; el turco estaba dispuesto a saltarle encima y a golpes al intruso que había irrumpido su sueño pero al reconocer la espalda menuda del chico japonés se tranquilizó un poco.

-¡Hey!- le llamó pero este no contestó así que algo extrañado por la falta de contestación, Sadiq se acercó a él. Aun sentado Kiku le daba la espalda a Sadiq quien alcanzaba a ver los dibujos en los que el nipón estaba poniendo tanto empeño, entonces sin pensárselo mucho y aun estando detrás del mas bajito, apoyó sus manos en la mesa justo a ambos lados de los de Kiku acorralando así al moreno entre la mesa y él.

Kiku dio un saltó al ver el par de grandes brazos y se volteó al instante, y como un deja-vú , se sintió como en la fiesta cuando al virar la cabeza tenía tal vez demasiado cerca, el rostro de Sadiq el cual tenía la mirada aun fija en los dibujos.

-En serio tú no dejas de dibujar ¿Verdad?- preguntó el turco mientras que Kiku se quitaba rápidamente los audífonos de los oídos.

-Pe… perdón, no sabía que estuvieras aquí- se disculpó Kiku sin saber realmente porqué y volviendo a mirar al frente sintiendo a Sadiq aún demasiado cerca de él.

-No importa, puedes continuar- dijo el turco que no cambiaba de posición y miraba interesado los bocetos que iban tomando textura.

El muchacho asintió con la cabeza y quiso tomar de nuevo su pluma pero esta estaba muy cerca de la mano que el otro tenía recargada en la mesa, así que intentando no rozarla, tomó la pluma con cuidado para tratar de seguir dibujando.

Empezó con una línea algo quebrada gracias a lo tembloroso de sus dedos.

El japonés alcanzaba a percibir el aroma de Sadiq, casi podía sentir la barba de este hacerle cosquillas en la cien y el pecho fuerte del turco apenas acariciando su espalda cuando respiraba… de pronto tenía calor y sabía que era porque estaban demasiado cerca.

-¿Me tienes miedo?- preguntó finalmente Sadiq tras varios minutos de silencio y el torpe dibujar de Kiku.

Kiku dio un saltito por la pregunta y miró de reojo al otro muchacho que al parecer no le correspondía el gesto. Ahora sí que se sentía en una encrucijada ¿Cuál era la respuesta correcta? Si le decía que le temía tal vez lo golpearía, si le decía que no le temía tal vez también lo golpearía por no respetar su autoridad.

-No te tengo miedo… es solo que…- comenzó a decir Kiku con dificultad clavando sus ojos en la mesa –No soy muy bueno socializando o hablando con las personas- dijo finalmente atreviéndose a ver de nuevo a Sadiq que mostraba una sonrisa ladina pero satisfecha, moviéndose por fin y sentándose a su lado.

Fue hasta que Sadiq se puso a su lado que Kiku pudo notar lo que parecía ser un moretón en su mentón.

-Sadiq-san ¿Qué te pasó aquí?- preguntó Kiku poniendo su dedo índice en el mencionado moretón, Sadiq solo hizo más ancha su sonrisa.

-No es nada, un ñoño me quería dar pelea pero yo le enseñé lo que es golpear de verdad- dijo soltando una risa desdeñosa.

-¿Seguro que estás bien?- pregunto de nuevo el moreno poniendo un gesto de preocupación en su rostro siempre tranquilo y el turco sintió un escalofrío en la nuca que hizo que le diera un tremendo puñetazo en el brazo al asiático que soltó un quejido llevándose la mano al lugar golpeado

-¡Deja de hacer eso, maldición!- le espetó Sadiq cubriéndose la mitad de la cara al parecer algo avergonzado dejando a Kiku con un fuerte dolor en el brazo el cual trataba de aliviar frotándolo aunque mientras lo hacía el muchacho cayó en la cuenta de algo.

¿Por qué se preocupaba por Sadiq y no por el muchacho al que había golpeado, y quien seguramente no era otro chico muy diferente de cualquiera de los integrantes del Losers club? ¿No era raro preocuparse por el victimario y no por la victima?

-Maldita sea Kiku… en serio tienes que dejar de hacerlo- masculló el turco dejando un resquicio entre sus dedos para poder fijar sus ojos obscuros y aun apenados en los de Kiku el cual se estremeció al escuchar su nombre de pila y no su apellido como usualmente Sadiq se refería a él.

Extraño, extraño en demasía… ¡¿Cómo podía estarse relacionando de manera tan casual con alguien como Sadiq?! El buller que no había hecho otra cosa más que hacer de la vida escolar un martirio para todos los desdichados que se cruzaran en su camino. Y ahora él platicando muy tranquilamente, incluso dibujando un manga basado en él… ¿Qué pasaba?

Sadiq finalmente se tranquilizó y soltando un bufido se cruzó de brazos con el ceño fruncido al parecer molesto por las reacciones que Kiku le provocaba.

-Así que aquí estabas- dijo de pronto Heracles quien abría la puerta del salón con desgana.

-¿Qué quieres?- preguntó de mala gana Sadiq viendo de pronto como algo bajo la playera del griego se movía de manera extraña, como si sus entrañas hubieran tomado vida propia.

-¿Qué escondes mocoso?- le preguntó al otro que se mantenía impasible y solo parpadeó un par de veces mientras parecía como si algo estuviera rebelándose bajo su ropa.

-Nada- contestó Heracles con voz monótona pero una cola peluda que salía de la parte de abajo de su playera lo contradecía completamente, sobre todo cuando parecía que estaba pariendo algún tipo de criatura extraña y llena de pelos.

-Algo se sale de tu ropa- señaló Sadiq apuntando con su dedo índice la cola y el chico volvió a meter la extremidad para seguir fingiendo que no ocultaba nada hasta que un maullido lo terminó de delatar.

-¿Un gato?- preguntó entonces Kiku y una expresión de culpabilidad se hizo paso en el rostro del castaño.

-¡Otra vez estás metiendo gatos a la escuela!- le acusó Sadiq caminando hasta Heracles y le levantó la platera sacando al minino que se retorcía queriendo escapar del agarre del turco.

-Me estaba siguiendo y me dio pena dejarlo en el patio- respondió el griego sin ningún remordimiento acariciando las orejas del gato mientras Sadiq le apretaba las patas al parecer divirtiéndose viendo la manera en como salían sus garras.

-Vámonos, Gupta nos espera- dijo Heracles tomando al gato en brazos antes de que le siguiera rasguñando los brazos al turco que no se cansaba de molestar al animal.

Sadiq solo chasqueó la lengua y se dirigió a Kiku.

-Nos vemos luego- le dedicó una gran sonrisa y salió del salón esperando ser seguido por Heracles pero este se quedó un momento más cargando al gatito mientras le acariciaba la cabeza como una especie de parodia de villano de película vieja.

-¿Te puedo dar un consejo?- preguntó en ese tono somnoliento que daba la impresión de que en cualquier momento iba a caer profundamente dormido. Kiku tan solo asintió con la cabeza, al menos Heracles no era tan intimidante.

-El castaño acarició otro par de veces al gato antes de hablar.

-No te acerques mucho a Sadiq, no es una buena persona- y dicho esto salió del salón dejando al asiático con más dudas acumuladas en su cabeza; vio su manga de nuevo, justo en un cuadro donde se apreciaba al tirano emperador enmascarado empuñando su sable ensangrentado.

Aun ensimismado el oriental trazó un par de detalles más y se detuvo a cavilar pensando en quien era el verdadero Sadiq… el que conversaba con naturalidad y sin rastro de malicia o el que disfrutaba torturando al estudiantado ¿Cuál era la verdadera mascara?

Las horas pasaron y junto con ellas las clases y el ambiente caótico que parecía empeorar cuando se hacía sonar el timbre del almuerzo, era en ese momento cuando todo se convertía en un gran campo de batalla aunque los hermanos Bielshmith rápidamente se habían acostumbrado a aquello, tanto que ya casi era natural esquivar a ese mar de gente, aunque no esperaban lo siguiente…

El grupito de perdedores por excelencia iba a su lugar asignado en la cafetería mientras se daban el resumen de su primer periodo de clases; los chicos iban tan sumergidos en su plática que no pudieron evitar un gritito de rata asustada cuando vieron sentado en su mesa a nada más y nada menos que a Antonio Fernández Carriedo.

Los amigos se detuvieron en seco y al hacerlo chocaron unos con otros como un tipo de efecto dominó, se quedaron boquiabiertos viendo fijamente (y de manera perturbadora) al ojiverde.

-Hola- saludó Antonio y los chicos soltaron otro gritito de niña.

-Oh dios… nos habló… a nosotros- dijo Feliciano en un hilo de voz haciéndose pequeño en su lugar.

-Al fin está pasando, Antonio quiere que seamos amigos- decía emocionado Gilbert.

-¿Qué diablos haces en nuestra mesa? Tú lugar es allá- dijo Lovino enfadado señalando una mesa al fondo en donde había una masa de feromonas que llenaban el ambiente, o al menos a la mesa la cual era custodiada por el club de fans del bad friend duo.

-Si pero pensé en lo que me dijiste la vez pasada y creo que tienes razón, no sé nada de ti así que quiero concerté mejor y a tus amigos también; venga, siéntense- les invitó Antonio con una expresión risueña.

-Disculpa pero nuestra composición genética no nos permite congeniar con los de tu tipo, tú sabes… cuestión biológica- dijo Alfred confundiendo un poco a Antonio.

-¿Cómo?- preguntó el ojiverde

-Lo que el gordo quiere decir es que te largues de nuestra maldita mesa- volvió a decir Lovino de mala gana.

-Antoine ¿Qué haces aquí? Ah, no importa, cualquier lugar está bien-

El resto de los chicos no pudieron reprimir un tercer grito agudo cuando vieron a Francis sentarse en la misma mesa, de hecho, el más asustado era Alfred, quien incluso retrocedió unos pasos para alejarse del galo.

-West está pasando, te dije que me rogarían para que seamos amigos- se jactó Gilbert demasiado extasiado por el hecho de ver a los chicos más populares de toda la escuela en su mesa.

-Eh… no, de hecho Antonio acaba de decir claramente que solo viene por Lovino- respondió Ludwig pero su hermano mayor hizo caso omiso de lo evidente.

-Y la otra princesita ya vino a sentarse…- masculló Lovino dándose la media vuelta –Vámonos de aquí- dijo queriéndose alejar pero apenas dio un paso, Feliks y Gilbert lo tomaron cada quien de un brazo y lo obligaron a sentarse a un lado de Antonio.

-¿Pero qué cosas dices Lovino? No podemos dejarlos sentados aquí solos- dijo Gilbert que volvió a sentar al italiano cuando este intentó levantarse.

-Perdonen a nuestro Lovi, está así como que súper nervioso- dijo Feliks sentándose a su lado enterrándole las uñas en el brazo para mantenerlo sentado ahí mientras que Gilbert tragando saliva con algo de nerviosismo, se sentó a un lado de Francis que pareció no importarle que el albino se pusiera a su lado con la espalda recta y el cuerpo tan tenso que parecía una estatua.

-Siéntense también- dijo Antonio invitando a los otros chicos que temblaron como hojas y negaron con la cabeza.

-Ve~… no gracias… creo que Alfred tiene razón- dijo Feliciano con algo de timidez –Nos vemos luego- dijo queriendo escapar despidiéndose junto con los demás pero antes de hacerlo Lovino logró atraparlo.

-Ven aquí idiota- le dijo su hermano mayor acercándolo de un jalón examinándolo con la mirada como si buscara algo en él, incluso lo tomó por la barbilla para acercarlo más provocando el sobresalto de los que estaban mirando.

-Vaya vaya… mucho amor entre hermanos- dijo en un tonito lascivo Francis aunque Lovino no le hizo caso pero Feliciano estaba que se moría de la vergüenza.

-Hermano suéltame… todos están mirando…- lloriqueó el menor haciendo que la arruga en el entrecejo de Lovino se marcara aún más.

-Me valen una mierda los demás. Venecianostavi piangendo? (¿Estabas llorando?)- le preguntó viendo fijamente los ojos enrojecidos del chico que se revolvía queriendo escapar del agarre de su mellizo.

-Cla… claro que no- contestó Feliciano zafándose por fin del mayor que tras la respuesta miró esta vez a Ludwig fulminándolo con la mirada como si le estuviera echando la culpa a este de que su hermano hubiera estado llorando aunque Feliciano dijera lo contrario, cosa que el menor notó en seguida.

-Vámonos- dijo el muchacho dándole empujoncitos a Ludwig y siendo seguido por los demás que solo echaron una última mirada a la mesa y siguieron con su camino.

-Que raros…- tan solo murmuró Antonio para luego volver su atención a Lovino que parecía aun mas enojado

-Si te parecemos tan raros puedes ir largándote- espetó Lovino sacando su gastado libro del bolsillo trasero de su pantalón.

-Oye muchachito ¿Tienes idea de con quién estás hablando?- preguntó Francis recargando sus codos en la mesa.

-Si, wanna-be gangster ¿Tienes idea de con quién estás hablando?- preguntó también Gilbert señalando a los dos muchachos casi queriéndole decir al castaño a gritos que estaban en presencia de las dos únicas personas con las que Gilbert moría convivir, o en palabras más simples, su pase directo a la popularidad.

-Por supuesto que se con quién estoy hablando: Con un imbécil con aire en la cabeza, con un tipo al que no me atrevo ni a tocar porque seguramente tiene una colección completa de enfermedades venéreas y un idiota con complejo narcisista que necesita la aprobación y reconocimientos de los dos anteriores para llenar su vacía vida. Con ellos estoy hablando- contestó Lovino soltando un bufido abriendo su libro mientras que Feliks reprimía una risita cubriéndose la boca.

-Tony amor… debes de saberlo de antemano, nuestro mini-mafioso es una fiera difícil de domar- dijo Feliks viendo la cara asombrada de Antonio.

-¿En serio siempre eres así?- preguntó Antonio aunque por muy raro que pareciera, el muchacho estaba realmente fascinado con Lovino.

-Sí, alguien debería sacarle el palo que tiene atorado en el culo- dijo enfadado Gilbert por el insulto de momentos antes.

-Y luego te lo meto a ti, cabeza desteñida- contestó el italiano cambiando tranquilamente la hoja de su libro al mismo tiempo que Francis hacia una cara de disgusto por la vulgar pelea entre los muchachos, luego negó con la cabeza preguntándose como fue que a Antonio le fue a interesar ese tipo de persona pudiendo tener a quien quisiera.

-A ti de verdad no te importa lo que piensen los demás- comentó Antonio que soltaba risitas haciendo que por primera vez en ese rato, Lovino posara sus grandes ojos chocolate sobre él.

-¿Por qué habría de importarme?- preguntó como si realmente no entendiera ese sencillo concepto que refería a la opinión ajena.

-Porque de importarte lo que los demás digan o piensen de ti tal vez la siguiente vez pensarías mejor antes de ir por mi jardín gritando improperios mientras tú y tus amigos escapan patéticamente- señaló Francis entonces –No crean que lo he pasado por alto-

-Oh vamos Francis, tienes que admitir que fue divertido kesesesese- dijo Gilbert dándole un par de palmadas a Francis en la espalda tratando de aminorar la tensión pero el francés solo le dedicó una mirada severa.

-¿No fue divertido?- la mirada seguía firme.

-…creo que no fue taaaan divertido para ti- concluyó finalmente Gilbert.

-Francis guapo, como que nosotros no hubiéramos tenido que hacer uso de ese tipo de artimañas sucias para entrar a tu fiesta si tan solo nos hubieras dado una invitación, ósea súper sencillo ¿no?- dijo Feliks con toda naturalidad.

-¿Y porque tendría que darle invitación al grupo más marginado de toda la escuela?- preguntó el galo con esa elegancia que hacía ese insulto aún más ofensivo.

-Franny voy a hacer como que no escuché eso porque te recuerdo como que en primer año tú y yo nos hablábamos ¿Recuerdas cuando te dije "ese Oscar de la Renta se te ve increíble"? y luego tú me respondiste "claro que se me ve increíble" y después yo te dije "deberías probarte la nueva colección de Mossimo, seguro te queda súper bien" y tú dijiste "Esta bien ¿Porque no?" y ese mismo fin de semana salimos de compras y ufff, la pasamos increíble. Al menos ese recuerdo debió haber sido razón suficiente para invitarnos a tú fiesta pero a veces tienes así como que una súper mala vibra- dijo Feliks asombrando de paso a Gilbert ¡Feliks de verdad había hecho casi amistad con Antonio y Francis como había dicho cuando se conocieron!

-Antes que nada no abrevies mi nombre así y si recuerdo ese año pero también recuerdo que pasaste a ser un marginado y bueno, no lo tomes a mal mon ami pero no eres el tipo de gente con la que me gustaría congeniar- dijo Francis en ese tono altivo que molestaba tanto a Lovino.

-Pero si le hablas a Arthur y él no es precisamente popular- intervino Antonio con su expresión risueña de siempre.

-Arthur es una cosa totalmente diferente- dijo Francis restándole importancia a ese detalle.

-¿Arthur? ¿El ñoño que no sale de la biblioteca?- preguntó Gilbert que en algún momento había sido víctima de sus ataques literarios y no precisamente por haberle enseñado literatura, sino porque le había aventado al menos tres obras completas de Oscar Wilde (de pasta dura) para que guardara silencio.

-Acabo de decir que Arthur es la excepción a la regla y punto- dijo tajantemente Francis que le molestaba que alguien más aparte de él, le pusiera apodos a Arthur.

-Como sea, debiste haber seguido así como que el súper bonito ejemplo de Tony e invitarnos, ósea él vino hasta aquí para invitar personalmente a Lovi y fue como que totalmente romántico como que casi me derrito de amor- dijo Feliks haciendo reír apenadamente a Antonio que se rascó la nuca mientras se sonrojaba ligeramente.

-Bueno, es que Lovino de verdad me interesa…- dijo el español volteándose hacia Lovino el cual seguía leyendo pues desde hacía un rato se había desconectado de la plática.

-Quiero conocer cada secreto de él, hasta la más íntima parte… quiero saber cada ínfima cosa, quiero que todo eso sea mío…- decía en voz susurrante y sensual el moreno acercándose cada vez más a Lovino que se percató de la cercanía casi demasiado tarde pues tenía el apuesto rostro del ojiverde a centímetros de él cuando de pronto…

-¡Antonio!- gritó una voz femenina y la dueña de esa voz se tiraba encima del mencionado quien también fue a dar sobre Lovino y este pudo alcanzar a ver a quien interrumpía.

-E… Emma… me aplastas- se quejó Antonio y la chica soltando risitas traviesas se quitó de encima murmurando disculpas.

-Ya ya, lo siento, he estado buscándote desde hace horas ¿Sabes? Mi madre dice que hace tiempo no vas a comer a casa así que hoy te obligaré a ir sin falta, vamos a cocinar tú comida favorita- decía la chica abrazándose sin ningún reparo a Antonio, incluso de manera juguetona se sentó en sus piernas comentando muy animada sus planes en su casa.

Al ver esto Lovino no pudo evitar azotar su libro contra la mesa.

-¿Conocer cada secreto… hasta la más íntima parte, cada ínfima cosa… que todo eso sea tuyo?- repetía el italiano arrastrando la voz perforando con sus ojos de mafioso a Antonio que no entendía hasta que reparó en Emma.

-¡Ah… no Lovino!- intentaba defenderse Antonio.

-Si hay algo que no soporto además de su actitud de "vacas sagradas" es que quieras venir a jugar con la gente de manera tan descarada; déjame decirte algo y espero que tus sesos podridos lo entiendan y también espero que la señorita me perdone por mi lenguaje pero ¡Ve y metete tus maldita palabrería de mierda por el culo!- le gritó en plena cafetería saliendo de ahí haciendo retumbar sus pasos dejando a todos perplejos.

Fue entonces que Emma también se dio cuenta de algo.

-¡Oh no! Antonio él es… ¿Era el chico del que me hablabas?- preguntó la muchacha tan asustada que se levantó de un salto de las piernas de Antonio mientras este con cara afligida asentía con la cabeza.

-¡Perdóname! Oh Dios, no sabía… entonces él pensó que tú y yo…- decía Emma señalándose a sí misma y luego a Antonio para luego llevarse las manos a la cara cubriéndose el sonrojo que la invadía por la pena.

-¡Perdón, no sabía! En serio no fue mi intención- decía la muchacha queriendo que la tierra se la tragara.

-Emma, tu inocencia es tu mayor cualidad y tu peor defecto- dijo Francis que estaba algo divertido con el malentendido.

-¡No digas eso! Le arruiné su oportunidad a Antonio- chillaba la chica que todavía estaba roja hasta las orejas.

-Huy… súper feo esto, Lovi se enoja como si tuviera rabia así que como voy a ver si lo tranquilizo un poco- dijo de pronto Feliks levantándose de la mesa y al parecer Gilbert tenía intenciones de seguirlo pues estaba a punto de levantarse pero Feliks lo volvió a sentar de un empujón.

-No Gilbo amor, ósea como que tú tampoco pierdas tu oportunidad- le dijo regalándole un guiño coqueto antes de irse así que Gilbert se quedó ¡Sentado con las tres personas más populares de todo el campus!

Estaba con la mismísima realeza y tenía que buscar algo inteligente o interesante que decir antes de que se olvidaran que estaba ahí también sin embargo esa misma realeza estaba centrada en los lamentos de Antonio y de como este jamás iba a poder acercarse a Lovino; como bien había dicho Feliks, era su oportunidad.

-Creo que tus consejos no están funcionando Francis… decirle todas esas cosas bonitas no parece tener efecto en él, creo que más bien lo molestan- decía Antonio

-¿No has intentado ser solo tú mismo?- intervino Gilbert usando la sabiduría de su abuelo.

En todos sus diecisiete años de vida, el abuelo les había inculcado a él y a Ludwig ser siempre ellos mismos, claro que dentro de casa porque afuera tenían que estar siempre alerta de algún potencial secuestrador, psicópata o pervertido así que en esos casos debían ser seres desconfiados que rayaban en la paranoia… pero aparte de eso, ser siempre ellos mismo.

-¿Ser él mismo?- repitió Francis soltando una serie de elegantes carcajadas -¿Qué tonterías dices? Eso no sirve- dijo desechando la idea con un gesto de la mano y riendo como si Gilbert hubiera dicho una ridícula ocurrencia.

-No creo que sea correcto que tú digas eso, todos caen rendidos ante ti y ni siquiera tienes que fingir- dijo Emma que intentaba animar al desdichado Antonio.

-No, ellos caen rendidos ante la imagen que tienen de mí, solo eso- dijo Francis encogiéndose de hombros diciendo aquello como si nada.

-Y eso no es algo… no sé… ¿Triste?- dijo de nuevo Gilbert y Francis lo volteó a ver con una media sonrisa galante en sus labios.

-Petit a mí eso no me afecta en lo absoluto, después de todo yo no me enamoro de nadie, yo estoy enamorado del amor- dijo acariciándole la cabeza a Gilbert como si este fuera un pequeño niño ingenuo que apenas aprende a vivir, cosa que en parte era cierta tomando en cuenta todos los años que pasó en una burbuja creada por su abuelo.

-Aunque eso suena bonito no le quita lo triste- comentó Emma cuando escuchó un lamento por parte de Antonio.

-¿Qué voy a hacer? Ahora seguro que Lovino me odia- decía el castaño sacando de dentro de su camisa el mismo crucifijo que en una ocasión anterior le había mostrado al italiano.

Ahora Gilbert se daba cuenta que hasta los populares sufrían de la misma manera que el Losers Club y lo decía porque en ese mismo momento Antonio le recordaba a Alfred y sus lamentos por Natasha… eso quería decir entonces ¿Qué todos eran iguales?... meditó un momento esta idea hasta llegar a una conclusión.

¡No! Ellos eran otra cosa ¡Eran populares! Esas cosas no les pasaban.

-No te tomes muy en serio las rabietas del gánster ese, solo le dan por cinco minutos y luego se tranquiliza, deberías ver como se pelea con Feli, su hermano, se pone como loco unos tres minutos y después está como si nada; si me preguntas a mi creo que tiene un tipo de bipolaridad o algo así- decía Gilbert intentando animar a Antonio el cual levantó un poco su cabeza sonriéndole ligeramente, al parecer más tranquilo.

-¿Conoces bien a Lovino?- le preguntó el ojiverde un poco esperanzado y Gilbert vio frente a él las verjas de la fama del instituto W abiertas de par en par solo para él.

-Ah… yo… este…- balbuceaba el chico para luego reír forzadamente -¡Claro! Lovino y yo somos uña y carne, somos casi hermanos de sangre, lo conozco mejor que a la palma de mi mano kesesese- mintió de la manera más vil, pero bueno… una mentira venial no le hacía daño a nadie, y menos si esa mentirita le ayudaría a acercarse al Bad Friend Duo, no era como si estuviera difamando a Lovino… ¿Cierto?

El timbre que anunciaba el fin del receso sonó haciendo que todo el alumnado soltara quejas y algunas cuantas groserías pues tenían la impresión de que el receso había durado menos tiempo que lo usual pero aun así, soltando todo tipo de maldiciones, el mar de gente acostumbrado salía de la cafetería solo para dirigirse a sus tediosas clases.

-Gracias por los consejos- dijo entonces Antonio levantándose de la mesa y revolviéndole el cabello a Gilbert que intentaba ocultar su emoción, él era demasiado awesome como para verse tan extasiado solo porque Antonio le estaba agradeciendo… pero… pero… ¡Antonio le estaba agradeciendo!

El español le sonrió otra vez y se fue junto con Emma y Francis fuera de ahí y apenas se alejaron de aquella mesa, el acostumbrado club de fans fue al acecho y los rodeó como si fueran alguna especie de barrera que los protegía del resto de la gente la cual los custodiaba al salir de la cafetería y al caminar por los pasillos.

Tanto el francés como la muchacha belga seguían intentando animar un poco a Antonio que se forzaba a sonreír solo porque su ejército de fans estaba presente y tenía que dar una buena imagen a las muchachas que los miraban con adoración mientras caminaban por el pasillo. Aunque de pronto entre el murmullo de las jovenzuelas algunas palabras despectivas se dejaban escuchar.

Como cualquier otra chica, Emma alcanzó a escuchar lo que obviamente era una escupidera de veneno, o mejor dicho, un murmullo despectivo que iba dirigido a una sola persona en especial así que Emma aguzó la vista para saber de quién hablaban las chicas, y no tardó mucho en averiguarlo cuando vio a Natasha pasar a su lado, y al hacerlo el parloteó pareció convertirse en un zumbido de abejas asesinas. Las chicas que miraban con ojos asesinos a Natasha parecían capaces de romper el record Guiness de más insultos dichos en menos de diez segundos.

-¿Por qué son así con ella?- se preguntó en voz muy baja Emma sin querer arriesgarse a un ataque directo de las peligrosas féminas –Natasha no es tan mala- volvió a decirse y queriendo dar el ejemplo saludó a la rubia con una gran sonrisa.

-¡Hola Nat!- dijo con esa sonrisa que había robado el corazón de todo el colegio.

Al escuchar la contracción de su nombre, la mencionada volteó y vio a Emma saludarla ondeando efusivamente su mano, la ojiazul levantó una ceja y sin mostrar expresión alguna en su gélido rostro, solo la ignoró siguiendo con su camino dejando ondear su larga melena plateada… lo que dejó a Emma un poco descolocada y al resto de las chicas con más razones para seguir hablando mal de ella.

No era que Natasha odiara a Emma, solo que ella no iba a sonreír abiertamente y responder con un alegre "¡Hola Emm!" para luego hablar de cosméticos y chicos. Sencillamente Natasha no era ese tipo de chica y no iba a cambiar ese aspecto de su personalidad solo para que el grupo de tipas celosas comenzaran a tratarla bien, ya estaba bien acostumbrada a eso como para que a estas alturas le siguiera afectando así que solo siguió tranquilamente con su camino.

La muchacha sabía que la mejor manera de hacerles ver que las palabras no le afectaban era mantener un porte imponente y frío, su mirada altiva exigía respeto y desviaba la atención de su cuerpo débil, sus ojos de hierro compensaban la fragilidad de su figura y la fuerza de sus pasos al escucharse por el pasillo emanaban fuerza… o eso era hasta que dio un ridículo traspié y casi se va de boca cuando vio a Alfred acercarse.

La jovencita soltó un apenas audible grito cuando casi tropieza vergonzosamente con sus propios pies y su cara estaba a punto de conocer el piso, pero justo a tiempo recobró el equilibrio y corrió lejos de ahí al solo sentirse amenazada por la mirada azul de Alfred que iba con su grupito de amigos.

-¡¿Por qué me estoy escondiendo?!- dijo irritada con su voz aterciopelada, enojada consigo misma por esa inconsciente acción.

Se asomó un poco desde el pasillo en el que estaba y vio el número cincuenta que Alfred lucía en su vieja chaqueta de aviador y sintió el corazón darle un salto recordando las palabras que este le había dicho en la fiesta… esas mismas que le pedían que sonriera siempre.

-Es un idiota…- masculló cuando notó que Alfred iba acompañado de Feliks, lo que le hizo soltar un resoplido de irritación –también es un perdedor… idiota y perdedor- decía ella sin saber porque se sentía tan indignada; así que intentó respirar profundo tomando todo el aire que podía y retomando su porte orgulloso de siempre volvió a caminar en dirección contraria, pasando por el tablón de anuncios del colegio el cual siempre estaba a rebosar de grafittis, insultos, bromas, números de teléfono, anuncios de fiestas y cosas parecidas aunque esa tarde el tablón estaba a reventar de propaganda cursi.

Después de todo en dos semanas sería San Valentín.

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Nuevo capi y no sé si les gustó, este capítulo me acompleja y ni siquiera tengo idea de porque… en fin ¡Espero les haya gustado, de verdad lo espero!

Bueno ¿Disfrutaron de la aparición de Rumania? Siempre pensé que este colegio necesitaba un chico gótico aunque no se emocionen porque solo fue el personaje invitado de este capítulo. El siguiente habrá otros personajes invitados así que espero les guste.

Una vez más mil millones de gracias por sus reviews y a los lectores silenciosos también gracias por tomarse el tiempo de seguir leyendo y claro también por leer mis one-shots que andan por ahí pululando. Espero nos leamos en el siguiente capítulo ¡San Valentín! (San Valentín en pleno Abril… mi cronología apesta) XD. Como sea, espero que nos leamos la siguiente semana, de nuevo, gracias.