THE LOSERS CLUB
Capítulo 8
Gilbert refunfuñaba tirado boca arriba en su cama con el ceño fruncido, a veces soltaba gruñidos cual perro rabioso, cuando se cansaba pateaba su cama, luego rodaba en el colchón y volvía a refunfuñar como si fuera un anciano resentido con la vida.
La arruga entre sus cejas se hacía más pronunciada hasta que tomó su almohada y se la puso en la cara para gritar y amortiguar el sonido hasta que soltó otro gruñido y aventó lejos la almohada, rodó otras tres veces y finalmente se quedó tirado boca abajo con los brazos y piernas estirados ocupando toda la cama.
-Feliks imbécil- dijo entre dientes aun enfadado mirando de reojo su teléfono celular que había estado sonando toda la mañana de ese domingo, todas llamadas y mensajes de Feliks.
-Como si te fuera a contestar, vete con tu Tooooris~ Barbie con defecto de fabricación, te pusieron un pene en vez de vagina, idiota- criticaba con desdén Gilbert aventando fuera de su cuarto su teléfono el cual chocó contra el marco de la puerta, cosa que pareció dolerle más al albino que a su objeto inanimado.
Pero antes de seguir con Gilbert y sus berrinches tal vez debamos hacer un breve resumen de la razón de su mal humor.
Todo había comenzado ese maldito 14 de Febrero a la hora de la salida justo en la verja de la escuela, en el momento preciso en que Feliks gritó con esa vocecita chillona que luego hacía, el nombre del antes mencionado Toris.
Feliks corrió hasta los brazos de ese tipo el cual parecía estar preparado para recibir al rubio pues lo atrapó justo a tiempo, cuando este se le echaba encima y lo llenaba de besos en la frente y las mejillas mientras reía como loco.
-¡Toris Toris! Osea Toris baby ¡Estás aquí!- decía Feliks por fin bajándose de encima del castaño y tomándole la cara entre las manos solo para verlo mejor y volver a abrazarlo siendo correspondido.
-Sí, ya sé cómo te pones en estas fechas así que quise venir a verte antes de que fueras a torturar parejas con huevos podridos- dijo el muchacho que alcanzó a ver el cartón de huevos que Alfred cargaba mientras que el ojiverde le daba un empujoncito juguetón.
-No seas tontito Toris, si yo no hago esas cosas feas. Tantos años de conocerme y como que piensas que soy de esa gente súper patética que se la pasa maldiciendo y engordando solo por ser San Valentín y no tener pareja, ósea eso no va para nada con mi fabulosa personalidad… no soy una gata resentida- decía Feliks rodando los ojos riendo de manera extraña para luego dedicar una mirada severa al resto de sus amigos como advirtiéndoles con ese gesto que si abrían la boca se las verían con su manicura perfecta.
-Por cierto, te traje esto- dijo el castaño recordando lo que traía en las manos extendiéndoselo a Feliks que soltó un segundo gritito de niña acompañado de varios saltitos emocionados casi arrebatando el poni de peluche.
-Toris te amo, siempre sabes que regalarme, eres así como que un terrón de azúcar y todo eso- volvía a decir el rubio ahora abrazando su nuevo peluche con todas sus fuerzas.
De pronto, sintiéndose algo excluidos, el resto de sus amigos carraspearon y tosieron queriendo llamar la atención del rubio que todavía tardó unos minutos en salir de su ensoñación.
-¿Y a ustedes como que qué les pasa? ¿Quieren una menta o algo para su garganta?- preguntó el rubio llevándose las manos a la cadera mirándolos algo irritado por esto sin embargo al parecer Toris si captó la intención de esto.
-Feliks ¿Me presentas a tus amigos?- dijo y el rubio dio otro respingo emocionado.
-¡Claro! Ven, como que te tengo que presumir- dijo tomando de la mano a Toris llevándolo hasta los chicos.
-Niños atención, les presento como que a mi super-duper mejor amigo de todo el mundo; mi amor para toda la vida Toris. Y Toris, te presento a los chicos- dijo sencillamente Feliks restándole importancia al resto de los muchachos.
-Wow Feliks, me llegaron por completo tus cálidos sentimientos fraternales por nosotros, estás que explotas de amistad- comentó sarcásticamente Alfred y el ojiverde solo alcanzó a engancharse del cuello de Toris.
-¿Verdad que si? Amo a mi Toris- dijo el polaco dándole un beso en la mejilla al castaño que duró una eternidad para separarse de él y los demás solo soltaron un suspiro pues tal vez el rubio estaba muy emocionado que no entendió el sarcasmo del ojiazul.
-Mucho gusto- dijo entonces el castaño saludando a cada uno con un apretón de manos, soltando un quejido cuando estrechó la de Gilbert el cual había puesto tal vez más fuerza de la necesaria.
-¿Y ese uniforme?- preguntó entonces de mala gana Gilbert notando que parecía muy caro.
-Es del Instituto Continental, yo estudio ahí- dijo el muchacho viendo su saco azul cielo y su corbata negra.
-Es una escuela de mucho prestigio- comentó entonces Kiku.
-Claro, Toris es así súper inteligente y pasó todos los exámenes junto con sus hermanos- presumió Feliks como si fueran sus propios logros haciendo reír apenado al otro chico.
-Solo estudiamos como los demás, tú también los hubieras pasado si hubieses estudiado pero te la pasaste viendo la semana de la moda en Paris por internet y luego dijiste que el espíritu de Valentino te iba a ayudar a sacar la mejor nota, cosa que obviamente no pasó- le regañó el chico y Feliks negó con la cabeza.
-Huy sea Toris baby, en esta vida hay prioridades y la semana de la moda es una de ellas y lo de Valentino… seguro su espíritu está ayudando a personas más necesitadas que yo.- aclaró el ojiverde sonriente.
-Pero ya no hablemos de eso, mejor vámonos ¡Tengo así como que un millón de cosas que contarte! ¡Vámonos!- decía Feliks tomando de nuevo la muñeca del chico jalándolo lejos de ahí.
-¡Oye! ¿Qué hay con lo de aventarle huevos a las parejas?- preguntó entonces Gilbert cuando veía a Feliks alejarse.
-Vayan ustedes solos o no sé, hagan lo que quieran- dijo el muchacho sin siquiera darle la cara y echándose a correr con Toris, ambos tomaditos de la mano.
-Entonces vamos a empezar con ustedes…- dijo Gilbert arrastrando las palabras y tomando del cartón de huevos que cargaba Alfred un par que para desgracia del albino fueron a dar pero a otra pareja de chicos.
Y así ese San Valentín terminó con ira descargada en forma de huevos y parejas apestosas.
Ahora volviendo con Gilbert y su mal humor, este seguía tirado en su cama como lagartija dejando su mal genio acumularse.
-¿Hermano se puede saber qué diablos estás haciendo?- preguntó entonces Ludwig que al pasar por ahí levantó el teléfono que vibraba y en la pantallita luminosa rezaba el nombre de Feliks.
-Te llaman- le dijo al mayor que le dio la espalda recostándose de lado.
-Deja que suene no le voy a contestar- dijo el encaprichado albino haciendo un mohín con su boca sorprendiendo un poco a Ludwig.
-¡¿En serio esto está pasando!? El awesome Gilbert y el fabuloso Feliks… ¿peleados?- preguntó Ludwig con tono monótono acercándose a la cama de su hermano el cual saltó de inmediato para sentarse y encarar al menor.
-No confundas West, no estamos peleados o al menos yo no lo estoy; es Feliks el que al parecer cambia a sus amigos por un tipo al que no ve desde hace siglos, pero déjale que se vaya con ese tipo que solo por regalarle un marica poni lo emociona y se olvida de mí el verdadero awesome amigo con el que hace verdaderas cosas divertidas en la clase de Educación Física, con él puede platicar hasta las tres de la mañana por internet y el único que lo hace ver un poco más fabuloso porque vamos a ser honestos West, obviamente yo soy más fabuloso que él. Pero prefiere a Toris, pues que se vaya con Toris- dijo Gilbert y volvió a tirarse a su cama para seguir fermentando su pésimo humor.
-Hermano…- comenzó a decir Ludwig sentándose en la cama y poniéndole una mano en el hombro al peliplata –Estás actuando como una mujer celosa en su periodo- le dijo Ludwig haciendo que Gilbert saltara una segunda vez de la cama tan solo para darle de patadas a Ludwig tirándolo de la cama.
-¡Cállate West!- le espetó Gilbert tirando por fin a Ludwig que fue a dar de sentón en el piso.
-No estoy celoso, me siento traicionado y hay un mundo de diferencia en eso- dijo Gilbert abriendo sus brazos para explicar el gran trecho entre los celos y la traición.
-Estás exagerando, la gente tiende a tener más de un amigo como nosotros, tenemos a Feliciano, Kiku, Alfred y… Lovino… aunque creo que él nos odia… El punto es que Feliks también tiene amigos que conoció antes que a nosotros y si pensamos igual que tú entonces Feliks a quien en realidad está traicionando es a su amigo Toris, supongo que él tiene cierto tipo de derecho de antigüedad- Ludwig explicaba intentando ser maduro y razonable, ósea todo lo que no era su hermano.
-¡Mis bolas tienen derecho de antigüedad!- insultó Gilbert que intentó tranquilizarse tras soltar una serie de maldiciones.
Si, Gilbert se sentía traicionado pero no quería admitir el verdadero motivo de esto el cual era que él, con todo y su complejo megalómano, no podía soportar no tener la entera atención del primer amigo que tuvo en su vida, claro su primer amigo después de Ludwig. Para alguien que recién salía al mundo le era difícil asimilar que sus amigos podían tener otros mejores amigos aunque igualmente había otro motivo…
-Además… ese tipo no puede ir por la vida besando gente como si nada- agregó entre dientes el peliplata llevándose inconscientemente una mano a la boca recordando el beso que el rubio le robó con total descaro y por ende, haciendo recordar a Ludwig el beso que el mismo ojiverde le dio a Feliciano.
-Hablando de eso ¿Tú crees que Feliciano y Feliks… tengan algún tipo de relación amorosa?- preguntó Ludwig aclarándose la garganta tratando de no sonar muy ansioso por esto que no se había podido sacar de la cabeza en todo el fin de semana.
Gilbert se le quedó mirando a Ludwig y este al peliplata; ambos guardaron silencio pensando en esto hasta que los dos se echaron a reír de manera forzada y nerviosa.
-¡Claro que no!- dijeron al unísono aun riendo y sus risas fueron perdiendo fuerza hasta quedarse callados.
-No pueden ser novios ¿Verdad?- volvió a preguntar Ludwig.
-No, no pueden- reafirmó Gilbert y un segundo silencio se volvió a formar como si estuvieran intentando convencerse de sus propias respuestas, hasta que el teléfono de Gilbert volvió a sonar sacando a ambos de su ensimismamiento.
-Será mejor que contestes eso o mañana Feliks se va a poner como una fiera- le dijo Ludwig cambiando el tema abruptamente y lazándole el teléfono a Gilbert que volvió a ver con enfado el aparato atendiendo por fin después del cuarto timbrazo.
-¿Qué quieres?- preguntó sin ningún tipo de tacto.
-Gilbo ¿Qué diablos estabas haciendo que no me contestas el maldito teléfono? Ósea ¿Sabes cuánto llevo intentando comunicarme contigo? ¡Milenios!... como sea, me van a salir arrugas si sigo enojando por tu completa falta de consideración- se quejaba Feliks al otro lado de la línea haciendo una pausa al parecer para recobrar la compostura.
-Te perdono por esta vez así que amor mío, te veo en veinte minutos en la plaza, como que tú, Toris, un café y nuestra buena onda nos vamos a divertir, también invita a Luddy aunque no creo que quiera venir porque Lovi y Feli tienen cosas que hacer en la iglesia, Alfie y Matty es su domingo en familia y Kiku es un ermitaño. Los espero- decía animado Feliks soltando risitas mientras se alcanzaba a escuchar la voz del tal Toris lo que hizo crecer el enfado de Gilbert.
-No voy a ir a ningún lado contigo- discutió el albino.
-¡Gilbert, ósea no! Nunca puedes salir, cada fin de semana es lo mismo y sales con tus tonterías de que tu abuelo no les da permiso así que deja de comportarte como una perra rabiosa y te veo aquí- le regañó el ojiverde.
-Tú eres el que se está comportando como perra rabiosa y ya te dije que no voy a ningún lado- dicho esto colgó, se cruzó de brazos y soltó un bufido esperando que su celular volviera a sonar; seguramente sería Feliks rogándole que fuera pero el celular no volvió a sonar, por mucho que lo viera de reojo y quisiera usar algún tipo de telequinesis, este no sonaba.
El ojirrojo frustrado y enojado tomó el teléfono para marcar, en segundos le contestaron.
-¿En dónde dijiste que nos vemos?- escuchó una risa triunfal por parte del rubio y quedaron de acuerdo. Era hora de usar chantaje emocional y tácticas de convencimiento para que su abuelo le diera permiso de salir pero para eso necesitaba de la cooperación de su hermano, así que se guardó el teléfono, se pasó un peine por el cabello para intentar hacerlo ver decente y salió de su habitación.
-West, Feliks dice que…- Gilbert decía bajando las escaleras pero se interrumpió cuando vio a su hermano acercándose a su abuelo con esa cara seria.
-Abuelo ¿Puedo hablar contigo?-
Ese "¿Puedo hablar contigo?" solo auguraba una cosa: Ludwig había embarazado a alguna chica, cosa que era cero por ciento posible, o se le iba a rebelar en algún aspecto al jefe de la familia; por lo tanto, Gilbert regresó sobre sus pasos para protegerse de la tempestad venidera… Feliks tendría que esperarlo unos minutos.
El abuelo de los chicos bajó el periódico que leía sentado en su mullido sillón favorito, examinó con la mirada a su nieto esperando que no le fuera a decir que había embarazado a una muchacha, ya no sabía que esperar de sus chicos desde que iban a la escuela.
-Claro- contestó extendiendo su mano señalando el sillón de enfrente en donde Ludwig tomó asiento como si estuviera en una entrevista de trabajo.
Guardaron silencio un rato, Ludwig paseó la mirada por todos lados pensando en lo que diría a continuación hasta que se atrevió a fijar los ojos en los de su abuelo que lo intimidó, tanto que se encogió un poco en su mismo lugar, se sentía como el niño pequeño que había roto un jarrón y le esperaba un severo regaño.
-Verás abuelo… últimamente he estado pensando con respecto a la escuela…- comenzó a decir Ludwig haciendo que su abuelo se sentara al filo de su sillón.
¿Sería que por fin su nieto más joven y maduro haya desistido a la idea de seguir asistiendo a ese nido de criminales, futuros mafiosos, mediocres, mal-vividos, viciosos y basura social? Los ojos azul celeste incluso le brillaron ante la sola idea, lo cual asustó aún más a Ludwig que carraspeó y tragó saliva dificultosamente intentando mantenerse firme.
-Yo, al terminar la escuela y tener que escoger una universidad…- seguía diciendo el rubio que sentía sus manos transpirar.
¿Universidad? Oh si… se le olvidaba a veces que sus nietos crecían conforme pasaba el tiempo...
El abuelo frunció el ceño ligeramente lo que logró acobardar un poco a Ludwig que se hizo todavía más pequeño en el sillón.
-Sé que tú quieres que estudie una carrera como administración pero…-
-¿Pero?- preguntó el abuelo, su voz profunda casi sonó gutural, no le gustaba para nada el rumbo que estaba tomando la conversación.
-Pero a mí en realidad me gustaría estudiar Literat…-
-No- dijo el abuelo tajantemente antes de que Ludwig siquiera terminara la frase.
-¿¡Por qué no?!- espetó Ludwig levantándose del sillón mientras que el otro hombre se quedó sentado mirándolo con el ceño fruncido.
-Número uno, te vas a morir de hambre escogiendo una carrera así, número dos, eso solo lo estudian los bohemios que en resumidas cuentas no son más que adictos a la marihuana, idealistas mantenidos por sus padres hasta que estos se mueren y siguen cobrando la pensión, e intentos de filósofos que terminan locos y en la calle. Tú no eres nada de eso Ludwig así que no vas a estudiar una carrera basura como esa- dijo su abuelo sin perder la calma.
-No es una carrera basura, mucha gente la estudia y tienen buenos trabajos- debatió el muchacho a lo que el adulto levantó una ceja escéptico.
-¿En serio? Dime que tipos de trabajo- le retó y el adolescente tuvo que pensar rápido.
-Como por ejemplo maestro… y… maestro… de maestro… y otras cosas que no recuerdo ahora pero eso no viene al caso; eso es lo que yo quiero estudiar ¿Esa no es razón suficiente?- decía Ludwig.
-No cuando sé que vas a terminar en una esquina pidiendo limosna- dijo su abuelo que se mantenía firme.
-¿Y porque tengo que estudiar entonces lo que tú quieres?- Oh no… no debió haber hecho esa pregunta.
El abuelo se le quedó mirando y luego se levantó lentamente del sillón dejando a un lado el periódico que no dobló, mala señal, caminó un par de pasos hasta el muchacho que no pudo evitar retroceder unos cuantos milímetros.
-Porque yo lo digo- respondió el abuelo sin más, serio y frío… más de lo normal zanjando con ello la conversación.
El intimidante hombre se irguió un poco más viendo a su nieto el cual aún no lograba alcanzarlo en estatura así que se dio el lujo de mirarlo hacía abajo.
-No me decepciones Ludwig- agregó en ese mismo tono tajante, más como una amenaza que como un sencillo comentario fraternal.
Ludwig se quedó a punto de decir algo pero las palabras murieron en su boca así que la dejó abierta. Quería exigirle a su abuelo que le diera una verdadera razón y quería gritarle que él no iba a ser más el niño obediente que hacía todo lo que le ordenaran sin rechistar, quería decirle que haría lo que se le diera la gana, quería romper el molde de chico perfecto en el que se había obligado a embonar desde siempre, quería gritarle y rebatir y discutir y espetar, quería mantenerse firme en su postura y quería romper las cadenas y los eslabones que se formaron en dieciséis años de obediencia fiel… pero Ludwig no dijo nada. Cerró la boca y se tragó todo lo anterior.
-Será mejor que dejes de pensar en tonterías- El abuelo concluyó dando el tiro de gracia que hizo que Ludwig alzara la cabeza, abrió la boca una segunda vez pero era como si su garganta aun estuviera bajo la ley de su abuelo pues otra vez no produjo sonido alguno, así que optó por hacer otra cosa.
El chico se dio media vuelta y salió de la casa azotando la puerta haciendo temblar los vidrios de las ventanas. Al escuchar el portazo el abuelo quiso detenerlo saliendo de la casa.
-¡Ludwig vuelve!- le gritó al chico con toda la potencia de su voz pero este por primera vez en su vida no hizo caso y echo a correr, el abuelo estaba a punto de hacer lo mismo para traer de vuelta al chico pero Gilbert, quien había estado escuchando todo, se le adelantó.
-¡Yo voy por él!- dijo Gilbert también saliendo de la casa corriendo tras el muchacho y el adulto intentó detener igualmente al mayor de sus nietos pero ya iban demasiado lejos. Sería mejor llamar a la policía antes de que alguien fuera a secuestrarlos.
-¡West! ¿Qué diablos estabas pensando cuando le dijiste eso al abuelo?- le preguntó el albino a su hermano el cual no contestó y solo seguía su camino.
-Bueno, tus razones tendrás pero oye ¡Estamos afuera de la casa! Vamos con Feliks, está desesperado por verme kesesesese, luego le decimos al abuelo que tardé en tranquilizarte y hacer que volvieras- dijo Gilbert queriendo arrastrar con él a su hermano tomándolo del brazo pero este se zafó bruscamente yendo en otra dirección sin decir nada.
-¡West no te pongas así! ¿En serio no irás conmigo?- preguntaba Gilbert que se había detenido y veía a su hermano irse. -¡Haz lo que quieras!- le gritó finalmente también tomando otro camino.
Sí, eso iba a hacer Ludwig, hacer lo que él quisiera… aunque ahora mismo solo estuviera caminando sin rumbo, enojado con la vida y resentido con su abuelo haciendo algún tipo de berrinche porque no tenía el valor suficiente para decir lo que pensaba, porque él no era como su hermano que un día tomó la decisión de doblegar a su abuelo y permitirles estudiar en una escuela pública. ¿Por qué no podía ser un poco más como Gilbert? Tal vez un poco más rebelde.
Pensando en esto iba Ludwig, la rabia todavía le estaba quemando la cabeza, había dejado de correr pero caminaba rápido y con pasos pesados sin ningún rumbo en específico, de hecho ni siquiera sabía por dónde diablos andaba pero no importaba, mientras más se alejara de lo que por un momento sintió como una prisión, mucho mejor para él. Así que ahí iba, intimidando a los pobres parroquianos que iban saliendo de misa y que al toparse con el enfurecido rubio solo atinaban a alejarse de él evitando todo tipo de contacto visual.
-¿Ludwig?- escuchó entonces que una voz familiar le llamaba así que bruscamente se volteó solo para ver a Feliciano saliendo de la iglesia por la que iba pasando; el castaño sonriente como siempre lo saludaba con una mano acercándose a él.
-Sabía que eras tú- dijo el muchachito risueño debilitando un poco su mueva feliz al ver el ceño fruncido de Ludwig y los músculos tensos de sus brazos junto con sus puños cerrados con tanta fuerza que sus nudillos estaban blancos.
-¿Estás bien?- le preguntó con preocupación y el rubio solo asintió con la cabeza sin pronunciar palabra.
-¿Seguro?- insistió Feliciano.
-Si- pronuncio con dificultad Ludwig en un tono nada convincente pues la voz le salió forzada.
-No es cierto, dime que tienes- volvió a decir Feliciano queriendo acercarse al ojiazul.
-¡Ya te dije que no tengo nada!- exclamó el rubio asustando al otro chico que tembló de puro miedo y soltó un leve chillido pronunciando su muletilla "ve~".
-Pe… perdón- se disculpó al instante el ojiazul pero Feliciano parecía todavía un poco asustado; Ludwig ahora se enojó con él mismo al tiempo que daba un fuerte resoplido y se pasaba la mano por la cabeza preguntándose porque diablos se desquitaba con Feliciano, él no era así, no solía desquitarse con la gente… o mejor dicho, él no solía expresar su frustración en ningún momento.
-No fue mi intención gritarte… es solo que no me siento bien- dijo aun con esa misma voz forzada que parecía estar reteniendo todo su cólera.
Feliciano tan solo parpadeó un par de veces y volvió a examinar a Ludwig con la mirada, sus músculos todavía tensos y su respiración era pesada, por un momento le recordó a un toro a punto de embestir al torero.
-Ven conmigo- le dijo entonces el italiano tomando por la muñeca al rubio usando toda su fuerza para jalarlo.
-No puedo tengo que regresar a mi casa…- dijo Ludwig y por incontable vez en ese breve lapso de tiempo se enfadó consigo mismo ¿Por qué tenía que volver con la cabeza gacha y arrepentido cuando no lo estaba?
-No tardaremos, te mostraré una manera para sentirte mejor- dijo Feliciano llevándolo casi corriendo dentro de la iglesia; Ludwig rodó los ojos al pensar que Feliciano pretendía que se pusiera hablar con Dios acerca de sus problemas o algo así, pero no parecía ser el caso ya que el chico cruzó toda la fila de bancas, incluso el crucifijo en el altar, y abrió una puerta lateral que llevaba a una escalera de caracol la cual Feliciano le forzó a subir a toda velocidad.
-¿A dónde vamos?- preguntó Ludwig al que le parecieron que los escalones eran infinitos.
-Ya lo verás- dijo Feliciano sin soltarlo, haciendo presión en su muñeca cada vez más a medida que iban subiendo.
Finalmente llegaron hasta el campanario, una ráfaga de viento les revolvió el cabello y los hizo cerrar los ojos mientras intentaban tomar aliento de nuevo.
-Aquí es, la solución a tu malestar- dijo Feliciano señalando el paisaje que se extendía a lo lejos y que se veía como una maqueta con hormiguitas yendo y viniendo por ahí.
Ludwig miró la ciudad que parecía estar puesta a sus pies y luego a Feliciano que volvía a sonreír.
-Feliciano…- comenzó a decirle echándole otra mirada a la altura desde la que estaban –Lo siento, pero no tomo el suicidio como una opción- dijo el rubio finalmente descolocando a Feliciano que después se asustó.
-¡No quiero que te arrojes de aquí!- le contradijo el castaño que de verdad se había asustado por la sola idea pero luego se tranquilizó viendo la enorme campana de metal que estaba detrás de él.
-Van a tocar las campanas dentro de poco, quiero que grites- le dijo el muchachito consultando su reloj de pulsera.
-¿Qué?- preguntó el rubio sin entender que pretendía su amigo.
-Grita, mientras las campanas estén sonando grita muy fuerte- dijo el castaño y apenas terminó de hablar efectivamente la enorme campana empezó a balancearse haciendo ese profundo y estridente ruido.
-¡Ya!- ordenó Feliciano pero Ludwig confundido no hizo nada así que para dar el ejemplo Feliciano empezó a gritar a todo pulmón jalando la muñeca de Ludwig indicándole que hiciera lo mismo.
-¡Hazlo!- dijo Feliciano que se llevaba las manos a los oídos para que el sonido de la campara no le lastimara y siguió gritando. Ludwig también se tapó los oídos y sintiéndose un poco estúpido soltó un grito mediocre que fue fácilmente ahogado por el estruendoso ruido de fondo.
-¡Mas fuerte!- le ordenó Feliciano y Ludwig así lo hizo pero seguía siendo débil entonces negando con la cabeza Feliciano volvió a ordenarle.
-¡Más fuerte, más fuerte, más fuete!- gritaba y a medida que iba diciendo Ludwig subía el volumen de su voz hasta que sintió que se le iba todo el oxígeno en ello.
De pronto sin darse cuenta estaba compitiendo contra el ruido de la campana, gritaba tan fuerte y sentía que con ello toda la frustración de minutos antes se iba junto con su eco. Cerró los ojos y vio el gesto severo de su abuelo aparecérsele y sintió la necesidad de gritar todavía más, no le importaba si al día siguiente se quedaba afónico, era algo que tenía que hacer.
De fondo escuchaba a Feliciano aun ordenándole y obedecía, la garganta le estaba empezando a arder y a veces tosía pero se recuperaba de nuevo y seguía gritando, hasta la última campanada en la que más que un grito, un deseo saltó.
-¡ES MI VIDA!- gritó en el momento justo en el que el vaivén de la campana se hacía más lento hasta que se detuvo.
Otra vez el silencio y ambos muchachos estaban buscando recuperar el aire antes perdido entre tanto griterío histérico. Ludwig se dejó caer sentándose en el suelo y vio un poco avergonzado a Feliciano que tomaba una gran bocanada de aire y sonreía como orgulloso de su labor.
-¿Cómo te sientes?- preguntó Feliciano y el rubio, que sentía un malestar en la garganta, solo alcanzó a soltar unas leves risas y una sonrisa al final se dibujó en su rostro.
-Mucho mejor- dijo y Feliciano también sonrió sentándose frente a él.
-Ve~ te dije que te ibas a sentir mejor- dijo Feliciano soltando risitas bobaliconas.
-Gracias- dijo entonces Ludwig con sus ojos celestes tranquilos, mirando casi con dulzura al castaño que se quedó como embobado por al menos treinta segundos hasta que reaccionó bajando la cabeza jugando con un mechón de su flequillo.
-No… no es nada, tú siempre me estás ayudando a mí y ya era hora de que yo hiciera algo por ti aunque sea una tontería- dijo riendo nervioso y ligeramente sonrojado.
Ludwig adjudicó ese tono rosado en las mejillas de Feliciano por el esfuerzo de gritar así que retomando su gesto serio de siempre le dio un golpecito en la frente al castaño con su dedo índice echándole la cabeza para atrás.
-No fue ninguna tontería- le regañó y el chico no dijo más solo se frotó la frente mirando de reojo a Ludwig que a pesar de su seriedad se veía más tranquilo. De nuevo el italiano sintió sus mejillas calentarse y su corazón darle un vuelco dentro del pecho suponiendo que se sentía así solo por el hecho de haber hecho algo bueno por la persona que últimamente había estado ahí para ayudarlo.
-Feliciano…- llamó entonces el rubio después de una breve pausa sacando a Feliciano de su embobamiento.
-Tú… bueno ¿Estás saliendo con Feliks? Quiero decir, como pareja o algo así- preguntó entonces sintiendo como un verdadero imbécil por estar preguntando eso, sobre todo cuando Feliciano se echó a reír, casi le faltaba decirle "Pero claro que somos novios".
-Claro que no ¿De dónde sacas eso?- preguntó Feliciano riendo por lo bobo de esa idea y haciendo sentir el doble de imbécil a Ludwig.
-Pues porque se besaron- contestó sin más Ludwig escuchando otra serie de risitas por parte de Feliciano.
-Feliks siempre hace eso, es solo un beso de amigos- respondió Feliciano encogiéndose de hombros restándole toda importancia al asunto pero Ludwig parecía no entender. Su mente rígida criada bajo tantos años de escucharle a su abuelo decir que solo las parejas se daban rosas rojas en San Valentín y se besaban en la boca, no podía entender un concepto que para Feliciano era tan simple como que los amigos también podían besarse… en la boca.
-Pero ¿no es raro besarte con tu amigo?- preguntó de nuevo Ludwig.
-No lo creo, las chicas se dan besos entre amigas todo el tiempo y además…- Feliciano bajó la mirada y empezó a jugar nerviosamente con sus dedos. –Además un beso de amantes es diferente- dijo sin dejar sus dedos en paz.
-¿Cómo que diferente?- y ahí estaba, el ingenuo Ludwig haciendo gala de su nula experiencia romántica.
-Tú sabes, diferente- decía Feliciano un poco nervioso pero el gesto de Ludwig le indicaba que el rubio en serio no tenía ni idea de a qué se refería.
Otro silencio se formó, el castaño aun sentado en el piso se acercó cautelosamente hasta el rubio y esté intentando mantener la distancia quiso echarse hacia atrás pero ya no pudo pues una pared se lo impidió.
-Lud… ¿Alguna vez has dado un beso de amantes?- preguntó entonces el chico bajando la voz ahora apoyando sus manos en el piso quedando apoyado en sus rodillas y manos aun acercándose al rubio como si fuera un gato buscando mimos.
Al rubio se le agolpó la sangre en las mejillas y sintió que esta se le iba a salir por la nariz en cualquier momento viendo como Feliciano parecía estar acorralándolo. Tragó saliva e intentó buscar alguna ruta de escape pero ese estrecho campanario no le ayudaba mucho, menos cuando el castaño pasó a poner sus manos en sus hombros provocándole un escalofrío que se concentró en la boca de su estómago.
-Lud… ¿Quieres…- empezó a decir el italiano con su característico acento, ahora más marcado que nunca sobre todo por su voz casi susurrante e incitante, acortando todavía más la distancia entre ambos.
-¡Veneciano!- gritó Lovino que parecía apenas ir subiendo las escaleras así que ambos chicos pudieron separase justo a tiempo, pues para cuando Lovino hubo llegado al campanario estos ya estaban levantados a una saludable distancia el uno del otro.
-¿Qué hacen aquí?- preguntó el mayor de los mellizos; a pesar de que la pregunta iba dirigida a ambos, el muchacho no quitaba sus ojos de encima de Ludiwg imaginando todo tipo de perversiones que seguramente estaban pasando por la cabeza del alemán al estar ahí escondido en ese lugar completamente solo con su hermano.
-Nada, solo estábamos platicando- dijo Feliciano yendo hasta Lovino que seguía con esos ojos de asesino serial.
-¿Ustedes eran los que andaban gritando como desquiciados?- preguntó Lovino y de nuevo a Ludwig se le pintó la cara de mil tonos de rojo, esta vez por la vergüenza de haber sido descubierto.
-Ve~ si- dijo Veneciano rascándose la nuca con esa sonrisa bobalicona mientras que su hermano negaba con la cabeza y dándose la media vuelta para bajar del campanario seguido de Feliciano y Ludwig.
-¿Cuándo te vas a quitar esa costumbre de venir a dar de gritos aquí?- le preguntó Lovino al menor mientras los tres bajaban por la kilométrica escalera de caracol.
-¿Lo haces a menudo?- esta vez fue Ludwig quien preguntó detrás de los hermanos.
-Claro que lo hace siempre, todavía me acuerdo de sus chillidos "¡Romano se comió toda la pasta! ¡Hermanito idiota!"- decía Lovino imitando exageradamente a Feliciano con voz sumamente chillona y haciendo como que lloraba.
-¡No le cuentes eso!- espetó Feliciano empujando al mayor mientras Ludwig sonreía por la tierna anécdota.
-De niños siempre hacemos cosas vergonzosas- dijo Ludwig para intentar calmar a los mellizos.
-¿Niños? Si eso pasó la semana pasada, casi puedo escuchar a Vene gritando como niñita por la pasta- se burló cruelmente Lovino; ahora si Feliciano se le echaba literalmente encima pues este se le aventó para darle de golpecitos débiles.
-¡Te dije que no contaras eso!- reclamó Feliciano empezando así otra pelea entre hermanos.
Mientras iban bajando la escalera estos se iban dado de golpes, empujones pisotones, jalones de cabello y se decían palabrotas en italiano mientras que el alemán intentaba calmarlos diciéndoles que estaban en la casa de Dios (al menos eso debía funcionar) pero los chicos seguían metidos en su discusión hasta que parecieron cansarse.
-Hermano eres un tonto- dijo enfurruñado Feliciano ahora volteándose a Ludwg.
-Lud ¿Te gustaría comer con nosotros? Mi hermanito y yo terminaremos de ayudar al padre con algunas cosas de limpieza y luego iremos a casa a comer, ven nosotros.
-Oye, yo no quiero comer con el macho patatas a menos que le pueda meter veneno a sus albóndigas- amenazó Lovino ganándose una mirada severa por parte de Feliciano.
-No le hagas caso a mi hermanito- se acercó a su amigo y se alzó de puntillas para hablarle al oído –Solo está celoso de ti- le dijo guiñándole un ojo.
-Hey hey hey cuiden su distancia- les regañó el mayor jalando del cuello de la playera a Feliciano alejándolo del alemán.
-¿Qué dices? ¿Comes con nosotros?- volvió a invitar el muchacho y tras pensárselo un momento Ludwig asintió con su cabeza aceptando
-Solo tengo que avisar y ya- le tranquilizó Ludwig que sacó su celular y vio con horror las cuarenta y cinco llamadas perdidas de su abuelo y solo dos de su hermano.
-Disculpa, tengo que hacer una llamada- se excusó un momento mientras los hermanos Vargas seguían con sus deberes de limpieza en la iglesia y llamó a su hermano que no tardó en contestar.
-West ¿Dónde diablos estás? El abuelo no ha parado de llamarme y ya no sé qué inventarle, creo que ya llamó a la policía y a todos los hospitales de la ciudad y eso que le dije que estabas conmigo aunque no me creyó- decía Gilbert que iba al encuentro con Feliks al que vio a lo lejos acompañado de Toris platicando animadamente.
-Perdón, estoy con Feliciano y Lovino; me invitaron a comer a su casa así que para que el abuelo no sospeche nada más raro de lo que seguro ya sospecha necesito que llegues cuando yo lo haga ¿Puedes hacerlo?- dijo Ludwig mientras Gilbert soltaba un suspiro y saludaba con un gesto de la mano a Toris y Feliks que hacía lo mismo desde la distancia, e incluso daba saltitos.
-Está bien, mándame un mensaje cuando vayas a llegar y ahí te veo- dicho esto colgó y fue hasta los muchachos notando con cierta molestia que iban tomados de la mano.
-Gilbo, por un momento pensé que no venías eres un horroroso conmigo- dijo Feliks que sin soltar a Toris lo saludó con un beso en cada mejilla mientras que el chico castaño lo saludaba de manera más normal.
-Te lo dije Toris, Gilbert ni nadie puede contra mis encantos- se jactó el rubio.
-Eres tú el que no puede vivir sin mí- le contradijo Gilbert haciendo reír al muchacho.
-¿Para qué negarlo si es verdad?- dijo Feliks pasando su mano libre por el brazo de Gilbert.
-Y ahora que tengo a mis dos hombres juntos vámonos por algo súper rico de tomar. Seguro la gente me ve con estos dos guapos y piensa que soy como que una zorra total- decía caminando contoneando su cadera, tomado del brazo de Gilbert a su izquierda y la mano enlazada con la de Toris a su derecha.
-No digas eso- dijo un poco tímido el tal Toris.
A Gilbert no le hacía tanta gracia eso de andar con alguien más que no fuera la pandilla usual de perdedores pero tenía que aguantarse y demostrar quién era el macho alfa.
Los muchachos siguieron caminando por toda la plaza, obviamente ganándose algunas cuantas miraditas extrañas de la gente al ver a Feliks contoneándose como un intento de top model enganchado de dos muchachos, uno que parecía tímido y avergonzado y otro que parecía disfrutar de la atención aunque fuera ese tipo de atención. Finalmente llegaron a un Starbucks en donde no se les hizo nada raro ver al grupito de nórdicos metiéndose cafeína como si fuera su droga, Din con la lap-top en el regazo, Nor e Is sumergidos en un libro de Descartes y de Nietzsche respectivamente finalmente Tino y Berwarld revisando algunas cosas de la cámara análoga de Berwald.
-¿Deberíamos saludarlos?- preguntó Gilbert que no sabía bien que hacer cuando te encuentras a alguien del colegio fuera de este.
-¡Hola!- gritó entonces Feliks a modo de respuesta, alzando su mano ondeándola efusivamente.
Efectivamente los muchachos voltearon, los miraron inexpresivos, luego vieron a todos lados y retomaron su atención a lo que hacían antes haciendo enfadar a Feliks.
-¿Muy mainstream hablarle a tus compañeros de escuela en la calle o qué?- dijo entre dientes volteándose indignado para seguir con su camino.
Los tres pidieron sus bebidas y fueron a sentarse lejos de los nórdicos que seguían fingiendo que ellos no existían así que los tres amigos hicieron exactamente lo mismo.
-Así que Toris… ¿Desde cuándo conoces a Feliks?- empezó decir Gilbert una vez que terminaron las charlas triviales, ahora el albino parecía su abuelo: Mirada firme, cara seria, aura asesina; la viva imagen de su abuelo.
-Somos amigos desde la secundaria- contestó Toris tranquilamente, dándole de sorbos a su té helado.
-Pero parecemos amigos de toda la vida ¿Verdad?- dijo el rubio risueño y el castaño asintió con la cabeza.
-También nosotros- añadió Gilbert como si se hubiera ofendido por el comentario anterior. Feliks dio un saltito y pasó de estar sentado a un lado de Toris a ponerse junto a Gilbert.
-Eso es cierto. Te lo dije Toris, ese Gilbo y yo somos así como que un dúo súper fabuloso, te puedo apostar que Antonio y Francis se corroen de envidia nada más de vernos. Ósea cuando caminamos por el pasillo el mundo se detiene algo así como cuando ves el fashion show de Nueva York, así es todos los días- presumía de manera sumamente exagerada el ojiverde y Gilbert que buscaba alimentar un poco más su ego le seguía la corriente.
Volteó a ver a Toris esperando ver algún tipo de enfado en él, pero para sorpresa del albino, el muchacho solo sonreía diciendo cosas como "¿En serio?" o "que bien" no parecía en absoluto molesto y en ningún momento de la conversación dio señas de molestia o envidia, ni siquiera cuando Feliks pasó casi una hora contándole acerca de todas las travesuras que él y Gilbert solían hacer.
Un rato después Gilbert se olvidó de eso de ser el macho alfa y empezaba a conversar, haciendo chistes con Feliks, a veces chocaban las palmas cuando recordaban algún logro entre ambos o se descocían en risas apenas se inventaban un chiste nuevo, todo bajo la tranquila y serena mirada de Toris que apenas si soltaba risas audibles. Más que otro integrante de la conversación, parecía el espectador de un espectáculo de comedia.
-Babes permítanme un momento, ósea esta diva necesita ir a verse al espejo para asegurarse de que veo ¡espectacular! No me extrañen- dijo enviando besos y caminando hasta el baño… de mujeres.
-¿Todavía hace eso?- preguntó Toris cuando escuchó los gritos de algunas chicas dentro del baño y un "Cálmate mujer, no tienes nada que me interese" de Feliks.
-Todo el tiempo- respondió Gilbert que levantó su vaso para seguir bebiendo y luego lo agitó notando que ya se lo había terminado sin darse cuenta.
Ambos muchachos se quedaron en silencio mientras seguían mirando al baño hasta que fue el castaño quien decidió romper el hielo.
-Me alegra ver que Feliks está bien- dijo el chico moviendo el popote que estaba dentro de su vaso que aún tenía té mientras que Gilbert no supo cómo contestar a esto y al parecer Toris se dio cuenta.
-¿Me creerías si te digo que no siempre ha sido así?- preguntó el muchacho
-No- contestó con toda sinceridad Gilbert a lo que el otro solo alcanzó a sonreír.
-Pues es la verdad- reafirmó Toris soltando algunas risitas haciendo fruncir el ceño a Gilebrt que se revolvió el cabello pensando.
-No puedo imaginarlo sin ser una drama queen con complejos de diva- se sinceró el albino.
-En serio antes no era así- el chico tomó aire y clavó sus ojos azules en los carmín de Gilbert que le sostuvo la mirada.
-Cuando lo conocí era muy tímido, apenas si le hablaba a la gente que no conocía y eso con muchos esfuerzos, se veía como cualquier otro chico tanto que parecía que quería ser lo más normal que pudiera aunque bueno… Feliks es demasiado…-
-Afeminado, es más afeminado que muchas chicas de la escuela ¿Le has visto las piernas? Ninguna de mis compañeras de la clase de Educación Física tiene las piernas tan bien depiladas como él- interrumpió Gilbert y Toris solo alcanzó a reírse asintiendo con la cabeza.
-Si lo sé… pero también por eso no le iba muy bien, siempre lo estaban molestando, poniéndole apodos, insultos cosas así...- decía con tristeza Toris.
-¿Y él no hacía nada?- preguntó Gilbert que sentía estaban hablando de personas diferentes. Toris acentuó su gesto triste.
-No… creo que eran demasiados los que lo molestaban como para intentar siquiera defenderse; la pasó bastante mal en esos años aunque nos hicimos buenos amigos y siempre estábamos pegados- soltó unas cuantas risas nostálgicas –Parecíamos chicles, todo el tiempo estábamos juntos y nada más nos separábamos cuando era realmente necesario o cuando teníamos que volver a nuestras casas aunque de todos modos siempre terminábamos hablando horas por teléfono, parecíamos niñas-
-Sé cómo es eso- agregó Gilbert que podía pasarse hasta la madrugada platicando vía internet con Feliks.
-Para ser sincero el llevarle el regalo de San Valentín fue un mero pretexto para verlo- soltó entonces Toris y como si hubiera presionado un interruptor, Gilbert se puso a la defensiva otra vez retomando su gesto severo.
-Cuando nos graduamos de la secundaria él me prometió y me juró que iba a cambiar… que ya no iba a ser el mismo Feliks del que todos se burlaban y que iba a ser él mismo, me da pena admitir que yo no le creí pero… cuando entramos a la preparatoria casi no nos podíamos ver, apenas si nos dábamos tiempo de platicar y él siempre me decía que estaba bien y la pasaba genial. Supongo que solo quería cerciorarme de que me decía la verdad.- dijo ladeando la cabeza ligeramente apenado por esto.
-Feliks está bien- aseguró Gilbert con la misma seriedad que reflejaba su rostro y a cambio solo recibió una sonrisa de Toris.
-¿Están hablando de mí?- preguntó entonces la voz del antes mencionado.
-Sí, le contaba a Gilbert como nos conocimos- contestó Toris aun sonriente ahora dirigiéndose al albino -¿Sabías que lo primero que me dijo fue "muéstrame tu pene"? yo no sabía que decir- comentó Toris entre risas y el ojiverde se llevaba las manos a la cara.
-¡Ósea Toris, mi sistema ya había reprimido ese recuerdo!- decía el avergonzado rubio negando con su cabeza escuchando las risas de Gilbert.
-¿Y cómo es que Iván y tú terminaron odiándose… o empezaron a odiarse?- preguntó esta vez el albino al tiempo que Feliks hacia una mueca de asco mientras que el castaño una de miedo.
-Ya te había dicho mi amor, pero te cuento la historia resumida: Ósea, primer día de clases del primer año de secundaria, lo vi, me vio, nos vimos…- el muchacho soltó un largo y romántico suspiro como si estuviera contando una historia de amor. –Odio a primera vista- dijo llevándose las manos al pecho y parpadeando batiendo sus largas pestañas.
-Bueno… no fue exactamente así pero de verdad parecían odiarse de la nada y esto empeoró cuando Iván prácticamente nos obligó a unirnos a su club de debate- dijo el ojiazul con su cara palideciendo ante el solo recuerdo de las amenazas y acosos de Iván en aquellos tiempos.
-En ese entonces apenas si empezaba a meterse esas ideas comunistas y pues el muy bastardo nos hizo ser parte de su club horrible y de lo más aburrido, en cada sesión sentía que iba a entrar en coma por el aburrimiento ¡Horror! Sobre todo un día que hicimos una simulación de las Naciones Unidas; como que yo era súper fabuloso Polonia y él obviamente la madre comunista Rusia y como que los ánimos se calentaron un poco cuando debatíamos de alguna tontería económica y bueno….-
-Terminaron dándose de puñetazos en el centro del salón- completó Toris a lo que el ojirrojo abrió mucho sus ojos ¿Feliks peleándose a puñetazos con Iván? por más que veía al rubio con sus maneras afeminadas, su forma de hablar y su manicura perfecta no podía hacerse una imagen mental de eso, mucho menos con Iván.
-¡Súper feo Gilbo! Ósea, solo nos faltaba el lodo y unos bikinis para que fuera la gran cat fight de la historia de la escuela- comentó Feliks –Que por cierto, jamás en mi increíble vida vuelvo hacer esa vulgaridad, hubieras visto como quedó mi cabello y ¡mi cara! Santo cielo, quería llorar por los moretones que me dejó. No salí de casa ni fui a la escuela hasta que se me borraron todos y aun así usé maquillaje para que no se notara nada- decía el muchacho.
-Y desde ese día ni siquiera se llaman por sus nombres, ahora siempre son Rusia y Polonia ¿No podrían solo superarlo?- preguntó Toris ahora dirigiéndose a Feliks que soltó una risa cínica y sin humor.
-Toris baby ¿Cómo te explico que el odio que siento por Rosja es así como que eterno y sumamente fiel? Jamás podré odiar a alguien tanto como a él- dijo el rubio de nuevo hablando como si aquello fuera una historia de amor o algo así.
Siguieron charlando un rato más, Gilbert tenía la impresión de que entre más hablaban, más cosas y facetas nuevas descubría de Feliks. Le parecía divertido escuchar cosas de ese rubio ojiverde que él no conoció aunque seguía algo escéptico en el aspecto de que antes solía ser tímido e inseguro, cosa que nada tenía que ver con el que ahora estaba a su lado charlando, hasta que…
-¿Y tú Gilbert? ¿Cómo eras cuando ibas a la secundaria? Es más ¿A qué escuela asistías?- preguntó ahora Toris y Gilbert se quedó inmóvil de pronto.
Había llegado el temido momento, el que había querido retrasar o al menos mantener en secreto todo lo que le fuera posible. El chico enderezó su espalda y paseó su mirada nerviosamente por los otros dos que tenía enfrente y lo miraban ansiosos de escuchar sus anécdotas.
-Ah… pues yo no fui a la secundaria- respondió con una media sonrisa nerviosa.
-¿Cómo?- preguntó Feliks confundido –A ninguna que conozcamos, supongo-
Gilbert negó con la cabeza y tomó una larga bocanada de aire, aun intentando mantener su sonrisa para que no lo vieran raro porque sabía que ahí sus días de normalidad terminaban, ahora lo verían como el raro y seguro lo trataban como un bicho a partir de ese momento.
-A West y a mí nos educaron en casa y pues… nunca fuimos a la escuela hasta ahora. Si, ya sé que es raro- agregó antes de que los otros dos dijeran apenas algo y sí que tardaron en hacerlo pues pasaron cerca de tres minutos en completo silencio hasta el momento en que Feliks azotó sus manos contra la mesa.
-¡Gilbert Bielshmit ¿Por qué diablos nunca me lo dijiste?!- exclamó Feliks con sus ojos abiertos de par en par como si se le fueran a salir en cualquier momento por la pura impresión.
-Nunca preguntaste, además no es algo que dices en una charla normal, no iba a llegar y decir: Hola, soy el awesome Gilbert y si, es la primera vez que asisto a una escuela, por cierto ¿Cuál es tu banda favorita?- comentó sarcásticamente el muchacho
-No pero…- decía Feliks a punto de empezar una discusión pero Toris lo interrumpió en el momento justo.
-¿Y tus padres permitieron eso? ¿Porqué no querían mandarlos a una escuela normal?- preguntó el castaño y Gilbert se sintió el doble de incomodo; se removió en su asiento y luego vio a Feliks que parecía un poco ansioso.
-Mis padres están muertos así que mi abuelo fue quien decidió educarnos en casa y él está algo paranoico así que…- dijo notando de inmediato las caras de tristeza y lástima que los otros dos ponían.
El albino tenía que admitir que odiaba eso, odiaba ver ese tipo de expresión cada vez que decía que era huérfano, otra razón más para ser tratado de manera distinta a los demás y siendo sincero le iba a molestar mucho que Feliks fuera ese tipo de persona aunque se sorprendió un poco a la hora en que el rubio se le aventó encima en un abrazo.
-Perdón Gilbo, ósea ya sé porque no querías decirnos nada pero no te preocupes que aquí este cuerpo sensual te va a dar amor para que no te sientas nada solito- dijo en voz melosa, obviamente en tono de burla restregándose contra el albino que se sintió aliviado por esto así que correspondió el abrazo y se restregó de manera juguetona también contra Feliks interpretando una escena burlesca de amantes.
-Ustedes están locos- comentó Toris divirtiéndose con su espectáculo –Si no conociera a Feliks podría jurar que son novios- agregó.
Los mencionados se miraron mutuamente y segundos después se rieron de manera nerviosa separándose un poco para luego mirarse de reojo otra vez como si estuvieran coordinados y algo parecido a un tono rojo pálido se posó en sus mejillas mientras fingían seguir riendo por la ocurrencia de Toris… como si fuera tonto el solo pensar que algo más podría pasar entre ellos aparte de una amistad.
Si… que cosa tan tonta…
Los muchachos siguieron platicando un rato más, hasta que llegó la hora para que Gilbert se fuera pues Ludwig ya le había avisado que tenían que regresar a su casa antes de que su abuelo terminara llamando a toda la guardia nacional, la marina y los equipos de operaciones especiales de rescate… cosa que seguramente ya había hecho a esas horas de día; así que el albino se despidió de Feliks el cual pareció ignorarlo pues vio un aparador que tenía unas zapatillas rosa chicle que parecieron llamarlo a gritos y corrió hasta allá solo para babear el cristal.
-Fue un gusto conocerte- dijo Toris educadamente estrechando la mano de Gilbert.
-Si, ya sé que fue un gusto que me conocieras- dijo el prepotente albino con su sonrisa ególatra de siempre haciendo reír un poco a Toris que volteó a ver unos momentos a Feliks que parecía estar hiperventilando o algo así pues ya tenía el cristal de aparador empañado.
-Creo que dejo a Feliks en buenas manos, si pasa algo no dudes en llamarme- dijo Toris despidiéndose del muchacho y yendo al encuentro con Feliks al que los señores de seguridad ya estaban despegando del vidrio por sospechar que se iba a robar los zapatos en cualquier momento.
Y así fue como Gilbert confesó un secreto que pensó llevarse a la tumba si eso le aseguraba la normalidad entre la gente y también se enteró de cosas que nunca pensó enterarse de Feliks mientras que por otro lado Ludwig había hecho su primer acto rebelde y de alguna manera se sentía un poco más cercano a Feliciano… tal vez más cercano de lo que debiera sentirse a un amigo.
Fue así como pasaron ese peculiar domingo pero hay otras personas que también estaban viviendo ese domingo con algunas sorpresas y Kiku era una de esas personas.
El nipón muy a su pesar salía de su casa ataviado con su conjunto deportivo color rojo que tenía seguramente desde hace muchos años, el que ya estaba remendado y con algunos otros hoyos que se le sumaban a la colección, pero para Kiku esos eran los hábitos sagrados que usaba después de la escuela y cada fin de semana porque era la cosa mas cómoda del mundo, sobre todo cuando se trataba de dibujar.
Pero volviendo al tema, Kiku salía con ese conjunto que si Feliks o Francis lo llegasen a ver lo queman vivo tan solo para no ver más esa ropa; el muchacho iba dando suspiros con las manos metidas en las bolsas de su sudadera tratando de apresurarse para llegar lo más rápido posible al mini-super porque su dotación de golosinas se le había terminado y él no podía trabajar en un manga sin su dosis de azúcar y bebidas energéticas obligatorias así que ahí estaba, interrumpiendo sus horas de trabajo para tener que salir al horrible exterior casi a las once de la noche por su combustible.
El muchacho iba a paso rápido por las calles apenas iluminadas gracias a las farolas que parpadeaban de manera tétrica dándole una apariencia bastante tenebrosa a las aceras desiertas. El moreno apuró el paso tratando de llegar rápido, escuchando los perros callejeros hurgar entre la basura y los gatos maullando o peleándose en algún callejón. Agradeció cuando llegó al parque, la zona más iluminada de la colonia aunque se detuvo un momento cuando vio tres siluetas que le parecieron conocidas y que no eran otros más que el grupito más temido de la escuela. Gupta, Heracles y por supuesto Sadiq que parecían estar haciendo maldades en plena noche.
Kiku decidió ignorarlos y esconderse entre la obscuridad pues no tenía ganas de ser acosado justo en un domingo en la noche aunque… Sadiq últimamente había sido muy amable con él, no lo había molestado ni una sola vez y siempre le hablaba bien… se sentía un poco mal por esta huyendo de él.
Así que siguió su camino llegando por fin al mini-super en donde se surtió de todo tipo de cosas nada saludables pero que tenían el poder de mantenerlo en vela al menos hasta las cuatro de la mañana del día siguiente. Pagó, cargó la bolsa con "víveres" y salió recorriendo de nuevo el mismo camino de momentos antes, eso incluía por supuesto el parque pensando que el grupito de brabucones seguiría ahí, en cambio solo encontró a Sadiq.
Kiku no pudo evitar detenerse en seco al quedarse embobado viendo al turco; Sadiq estaba sentado en uno de los columpios, tenía la espada recargada en la cadena y se mecía usando un solo pie, el chico miraba a un punto en la nada mientras unos grandes audífonos le cubrían las orejas… el muchacho parecía no estar pensando en nada y solo estaba ahí, con las manos en las bolsas de su chaqueta meciéndose de adelante hacia atrás calmadamente.
Ahí mismo, justo en ese instante Kiku pensó estar viendo al verdadero Sadiq despojado de su máscara con su rostro real al descubierto y por alguna extraña razón el moreno ahora sentado tranquilamente en el columpio a ojos de Kiku… le pareció tan solitario…
El japonés sabía que tenía que irse de ahí, tenía que llegar a casa y terminar de entintar las páginas de su manga, aún tenía unos bocetos que pasar en limpio y arreglar detalles que no le terminaban de agradar… pero no… para cuando se dio cuenta sus pies lo estaban desobedeciendo vilmente y caminaba en dirección a Sadiq que gracias a sus audífonos no se había percatado de la presencia de Kiku que cerraba los ojos con fuerza reprimiéndose a sí mismo por sus tonterías.
El turco no pudo evitar parecer algo sorprendido en el momento en que vio a Kiku sentarse en el columpio a su lado poniendo la bolsa con golosinas en el piso y agarrándose de las cadenas que sostenían el columpio sin atreverse a ver directamente a Sadiq que sonreía mientras se quitaba los audífonos.
-¿Qué haces aquí tan noche?- preguntó entonces el japonés antes de que Sadiq pudiera siquiera saludarlo, mirando con la cabeza agachada como la sonrisa del turco parecía debilitarse ante la sola pregunta y tomaba una larga bocanada de aire mientras dejaba caer sus hombros pesadamente.
-Bueno Kiku… nadie quiere llegar a un lugar donde no lo esperan- contestó sencillamente soltando unas risas débiles sin querer parecer afectado.
El nipón a su lado solo alcanzó a afianzarse aún más a las cadenas del columpio sintiendo como si los eslabones se fueran a marcar en las palmas de sus manos, dibujó círculos con la punta de su pie en la tierra mientras se mordía el labio como si estuviera sopesando la idea de seguir hablando; abrió la boca y apenas un lastimero sonido salió de ella mientras Sadiq seguía en silencio solo dejando escuchar el chirrido del columpio al moverse suavemente junto con la melodía débil de los audífonos.
-Sadiq-san…- llamó entonces Kiku nervioso, sintiendo que el respirar se le dificultaba, alzó su rostro para encarar a Sadiq que lo miraba esperando sus palabras.
-Sadiq-san… eres bienvenido en mi casa siempre que quieras- dijo finalmente, su voz tan firme como pudo articularla viendo la cara de confusión del turco que después se suavizó un poco y alzó su mano dirigiéndola hacía Kiku que en seguida cerró con fuerza los ojos al imaginar que seguro el muchacho le iba a soltar un puñetazo en la cara por andar diciendo esas cosas, que tal vez el turco había tomado sus palabras como un gesto de lástima o que se estaba burlando de él. Sin embargo solo sintió la misma mano grande haciendo hacía atrás su flequillo suavemente, pasando por sus ojos aun cerrados y luego por un costado de su cara hasta que se atrevió a abrir lentamente sus ojos solo para encontrarse con un gesto que jamás en toda su vida imaginó llegar a ver en el rostro de alguien como Sadiq.
El turco sonreía con una ternura casi sobrecogedora mientras dejaba su mano en la mejilla de Kiku.
-¿De dónde diablos saliste?- le preguntó sin dejar de tocar a Kiku que sintió su corazón dar un violento vuelco dentro de su pecho sin saber muy bien cómo responder pues todos sus pensamientos estaban concentrados en Sadiq y en el calor de su mano… la piel que en ese momento se le antojaba como la arena del desierto, caliente y algo áspera…
Luego, aun viendo a Sadiq fijamente se dio cuenta de la ironía de aquello: el chico que era rechazado por la gente y el chico que rechazaba a la gente… juntos en esa situación en donde parecían haberse buscado hasta encontrarse.
-Entonces vamos- dijo de pronto Sadiq quitando su mano, su tono animado y una risa estridente que reventó la burbuja de serenidad de segundos antes.
-¿A dónde?- preguntó Kiku que veía al moreno levantarse del columpio y él hacía lo mismo agarrando de nuevo su bolsa de dulces
-Pues a tu casa, me acabas de decir que soy bienvenido cuando quiera así que hoy quiero ir. Ven, te voy a cocinar algo rico para cenar- decía el turco comenzando a caminar seguido de Kiku que tuve que correr un poco para alcanzarlo.
-Pe… pero… ¿Cocinar? ¿Sabes cocinar?- preguntó ahora Kiku, que estaba a punto de decir que no era apropiado que fuera a su casa a las once de la noche pero se detuvo al saber este otro detalle del muchacho.
-Claro, soy un chef gourmet, puedo hacer llorar a Francis y a Yao juntos con un solo bocado de mi comidas… esos idiotas se la pasan presumiendo de su cocina pero no saben nada del poder de las especias turcas- decía arrogante el chico caminando junto con Kiku.
Y fue así como ese domingo terminó con comida turca (que las palabras de Sadiq si habían sido ciertas) y una larga platica hasta las dos de la mañana, hora en la que el muchacho decidió irse de ahí y Kiku tuvo que darle una larga explicación a sus padres acerca de porque andaba invitando gente a las once de la noche y si tenía algún tipo de "relación rara" con ese chico… interrogatorio que le restó las pocas horas de sueño.
Hasta que llegamos al Lunes… bendito Lunes… aunque tal vez no es tanto para ciertos alumnos que pasaron San Valentín dándole de librazos a la persona que les gusta en un tipo de bizarra y violenta confesión de amor. Así que ahí tenemos a Arthur Kirkland, que soltaba gruñidos y quejidos como si tuviera algún tipo de malestar físico aunque en realidad su único malestar era emocional.
Los sucesos del 14 de Febrero no se los había podido quitar de la cabeza en todo el fin de semana y estos le daban vueltas y vueltas por la mente como si sufriera de resaca moral, algo así como cuando bebes mucho y haces estupideces como vomitar encima de la gente; pues Arthur había bebido demasiado amor y había vomitado muchas verdades… ojalá hubiera vomitados las estúpidas mariposas en su estómago.
El rubio de ojos verdes se refugiaba en la biblioteca como siempre, andaba de estante en estante acomodando los libros que esos desalmados alumnos ponían en desorden, había algo terapéutico en eso de estar leyendo títulos y autores para luego ponerlos en la clasificación que le correspondían… obviamente esto solo era terapéutico para él, cualquier otra persona ya se hubiera desesperado.
El muchacho terminaba de poner los libros de biología en el estante correspondiente cuando de pronto…
-Ar-thuuurrr~- una voz afrancesada canturreó desde no muy lejos haciendo eco en la silenciosa biblioteca.
Arthur sintió un desagradable escalofrío recorrerle la nuca erizándole los vellitos al tiempo que tragaba saliva dificultosamente, giró sus ojos hacía un lado y volteó lentamente encontrándose con Francis que tenía la cara un poco hinchada con algunas banditas en los moretones que aún se alcanzaban a ver bajo el maquillaje que se había empeñado en usar para ocultar un poco los hematomas además de llevar unos grandes lentes obscuros que escondían un ojo morado.
Arthur soltó lo que pareció ser un chillido de miedo y apenas vio a Francis mover un pie, se echó a correr por la biblioteca queriendo escapar del galo pero este lo siguió.
-¡Señor Kirkland no se puede correr en los pasillos!- le gritó Francis siguiéndolo a toda prisa.
-¡No te me acerques imbécil!- gritó en respuesta Arthur que seguía corriendo por el laberinto de libros mientras sentía al otro rubio pisarle los talones.
Para mala suerte de Arthur la persecución no pudo alargarse más puesto que la biblioteca no era muy grande, así que en un arranque de desesperación empezó a trepar por uno de los libreros.
-¡¿Qué diablos estás haciendo?!- le preguntó Francis cuando vio al ojiverde usando los estantes como peldaños.
-¡Alejándome de ti!- le espetó el muchacho cuando de pronto sintió su cintura ser rodeada por los brazos del francés que lo jalaban hacía abajo.
-¡Suéltame!- gritaba soltando patadas para que el otro lo soltara sin embargo eran en vano pues Francis ponía el doble de fuerza a la hora de obligarlo a bajar del librero.
-¡Bájate de ahí!- le ordenó Francis dando un último tirón a la cintura de Arthur y este no pudo contrarrestar la fuerza del ojiazul así que inevitablemente se soltó del mueble siendo prácticamente cargado por Francis que lo fue a poner encima de una mesa.
Sin perder tiempo Francis se puso sobre Arthur tomándolo por los brazos para que no pudiera moverse mucho lo que daba la impresión de ser el inicio de una película porno o algo así, sobre todo por la sonrisita lasciva del galo.
-Ahora si mon amour tú y yo tenemos que hablar- le dijo arrastrando la voz como hacía con cada una de sus presas mientras Arthur se retorcía bajo él.
-Yo no tengo nada que hablar contigo, suéltame, no podemos estar encima del mobiliario- forcejaba el ojiverde cada vez más nervioso por la sola presencia de Francis que soltó unas cuantas risitas burlonas.
-Claro que tenemos cosas que tratar y no deberías citar las normas de la escuela cuando tú fuiste el primero en treparte a un librero- dijo acercando su rostro al del británico que no pudo hacer nada más que desviar su cara.
–Ahora hablemos de algo que nos compete a ambos como por ejemplo, el hecho de que estás perdidamente enamorado de mí- agregó como saboreando cada palabra con satisfacción, sobre todo al ver la cara casi escarlata de Arthur.
-¡Yo nunca te dije eso!- espetó el ojiverde con sus mejillas encendidas por el sonrojo.
-Lo dijiste entre líneas, no soy tan tonto como para no haberme dado cuenta; pero quien lo llegaría a imaginar… Arthur Kirkland enamorado de mí, y yo que ya me había resignado a que nunca fueras mío- decía Francis hablándole al oído para luego pasear sus labios por el cuello del muchacho viendo como se le erizaba la piel.
-Pues quédate resignado porque no quiero tener nada contigo- decía Arthur aun intentando zafarse del agarre rezando para que al menos una persona llegara y lo salvara (y no malinterpretara esa extraña posición).
-¿A quién quieres engañar Ar…-
-No te equivoques Francis- interrumpió Arthur de pronto con voz firme clavando sus ojos verdes en los azules del galo –Si, tal vez, TAL VEZ repito, estoy enamorado de ti pero eso no significa que quiero tener una relación contigo- dijo confundiendo un poco al otro que volvió a reír.
-¿Cómo? Me amas pero no quieres estar conmigo, que tontería- opinó el ojiazul.
-Exactamente- afirmó Arthur que parecía más tranquilo –Puede que tenga sentimientos por ti pero sé muy bien qué clase de persona eres; sería más tonto el arriesgarme a salir con alguien para quien no sería más que un entretenimiento ¿No crees?- dijo Arthur a lo que Francis frunció el ceño sintiéndose insultado por este comentario así que lentamente soltó a Arthur pero no se le quitó de encima.
-Yo no uso a la gente como entretenimiento… bueno… no a tooooda la gente, a veces me enamoro- se quiso defender el galo ahora haciendo reír a carcajadas sin humor a Arthur.
-Eso ni siquiera tú te lo creíste. Francis… para ti la personas que no sean Antonio son solo juguetes a las que ni siquiera te das el tiempo de conocerlas, solo les quitas la ropa y ya ¡Puede que incluso hayas conocido al amor de tu vida en un acostón pero lo dejaste ir porque eres un imbécil superficial! Yo lo sé, te conozco bastante bien y no quiero estar con alguien así, con alguien que no se enamora de la gente, se enamora del reto que representan- decía Arthur que seguía recostado en la mesa no por gusto sino porque Francis sencillamente no se quitaba.
Entonces el rubio volvió a sonreír con esa irritante petulancia.
-Si me conoces así de bien y crees que soy una imbécil… ¿Por qué estás tan enamorado de mí? Incluso me diste de librazos solo por besar a Mathew, es porque algo bueno debo de tener- dijo suspicazmente el Francis viendo como Arthur daba un respingo se removía en la mesa de nuevo queriendo escapar así que atrapó sus brazos antes de que pudiera hacerlo.
-Eso es porque…- empezó a decir Arthur entre balbuceos desviando la mirada a todas partes.
Porqué sé que bajo tu fachada de dandy en realidad eres una persona culta que ama las artes, que te gusta quedarte a leer en casa e ir a museos los fines de semana aun más que asistir esas fiestas superficiales de las que tanto presumes, porque aunque usas a la gente le eres leal a quien quieres realmente y la prueba está en tu amistad de tantos años con Antonio, que a pesar de que cambias de pareja como cambias de ropa interior, te dedicas a ellas en cuerpo y alma aunque sea solo una semana, porque amo escucharte hablar en francés y recitar poemas en tu idioma, porque eres inteligente a pesar de que te empeñas en actuar como un idiota, porque eres guapo como el carajo, porque me gusta como brillan tus ojos cuando vez los lirios que cultivas con tanto esmero, porque me gusta ese velo misterioso que te rodea cuando estás solo y crees que nadie te ve… me gustas por todo eso y mas.
-Porque yo soy tan imbécil como tú- se limitó a contestar Arthur escondiendo todo lo anterior en un rincón bien oculto de su cabeza, tan oculto que nunca jamás en todo su existir le rebelaría a Francis, primero muerto antes que pronunciar esas palabras. Las cosas que jamás dirá.
-Entonces… si ambos somos un par de imbéciles e idiotas que hacemos tonterías ¿Por qué no hacemos la estupidez más grande y lo intentamos?- preguntó con ese tono de voz dulzón, soltando uno de los brazos de Arthur pasando su dedo índice por los labios del ojiverde.
-Te prometo que voy a cambiar- agregó casi en un susurró posicionando por fin su dedo en la barbilla del muchacho que lo miró con ojos de cachorrito recién nacido y un color rosa pastel en sus mejillas.
-¿Harías eso por mí?- preguntó Arthur parpadeando repetidamente como algún tipo de chica inocentona, lo que hizo que Francis sonriera como galán de comedia romántica cliché.
-Claro que si- respondió viendo a Arthur sonreír con timidez… y luego con malicia.
-¡Tú de verdad quieres que te mate!- le espetó Arthur tomando la cara de Francis entre sus manos presionando sus moretones con fuerza.
¡Ouch ouch ouch!- lloriqueaba Francis queriéndose quitar las manos de Arthur que lo torturaban sin piedad.
Arthur lo siguió lastimando un rato más hasta que por fin lo dejó en paz y mientras Francis intentaba aliviar su dolor, se bajó de la mesa y tomó sus cosas dirigiéndose al galo que seguía sobre el mueble.
-La gente no cambia Francis y por más popular que seas no dejas de ser como todos los demás en ese aspecto.- le dijo con un tono de seriedad saliendo de ahí dejando a Francis dando resoplidos por el dolor y por las palabras frías de Arthur.
Francis se sentó en la mesa, cruzando sus piernas mientras sacaba un espejo para ver si los moretones se habían vuelto a marcar en su cara.
-¿A que le tienes tanto miedo?- preguntó una voz extra y Francis que por segundos pensó que había un fantasma, volteó encontrándose en la mesa contigua a Bladimir, el gótico que había estado ahí todo el rato viendo el show que habían armado. El chico llevaba una larga capa de terciopelo negro con capucha que usaba sobre su cabeza para cubrir la mitad de su rostro y darle un toque más "obscuro"
-No le tengo miedo a nada- respondió Francis mirando de manera desdeñosa al autonombrado vampiro.
-Sí le temes a algo ¿Será que tu miedo es que alguien pueda ver debajo de tu imagen y se dé cuenta de que eres tan mortal como todos; que tienes frágiles sentimientos que se pueden lastimar?- preguntó Bladimir con voz tétrica soltando una carcajadas sobreactuada.
-¡La mortalidad y sus debilidades! Los humanos estas criaturas debiluchas…- pero antes de que pudiera seguir con su vampírico discurso un muchacho de cabello negro y ojos verdes llegó desde atrás para taparle la boca y arrastrarlo lejos de ahí.
-Perdónalo por favor- pidió tímidamente llevándose a Bladimir que daba de manotazos fuera de la biblioteca dejando a Francis con una ceja enarcada reconociendo al chico como un estudiante búlgaro o algo así aunque no le dio más importancia y siguió mirándose al espejo.
No, él no temía nada de eso, el miedo era un sentimiento estúpido. O mejor dicho, para Francis el miedo era el peor de todos los sentimientos, por eso él no lo conocía… porque nunca se había arriesgado a sentirlo.
El timbre que anunciaba el receso resonó por todas las aulas y pasillos así que el francés le dedicó otra mirada a su reflejo, se sonrió con esa galantería de siempre para prepararse para enfrentar al mundo fuera de la biblioteca.
Se guardó el espejo y salió con la frente en alto pretendiendo que no había sido rechazado por segunda vez en toda su vida, y caminó por los pasillos siendo abordado por su horda de féminas fanáticas que lo escoltaron hasta la cafetería en donde otro grupito de groupies rodeaban a Antonio y curiosamente a Emma también, Francis dio un suspiro al darse cuenta de que otra vez estaban molestando con el tema de que esos dos volvieran a ser novios.
-Natasha hola, que bien te ves hoy, más bella que de costumbre- saludó entonces Francis cuando la mencionada pasó a su lado. Un poco a propósito solo para ver a sus fans celosas ya que esto le subía un poco su recién mallugado ego.
-Francis…- solo dijo casi con desprecio Natasha mirándolo con total frialdad escuchando los insultos dichos entre dientes por parte de las chicas a lo que ella solo las barrió a todas con la mirada y de un solo movimiento de cabeza ondeó su larga melean plateada para hacerla atrás de su hombro siguiendo golpeando a algunas de ellas con las puntas de su cabello.
La jovencita ignoró los reproches e insultos además de algunas cuantas amenazas mientras seguía su camino por la cafetería en busca de su hermano; al pasar a un lado de la mesa del Losers club echó una fugaz mirada hacía Alfred notando que este tenía sus ojos puestos en ella, así que solo alcanzó a desviar la mirada y llevarse las manos a un mechón de su cabello tímidamente e inconscientemente al listón que ese día era el accesorio de su peinado… el mismo que Alfred le había regalado días atrás.
-¡Lo está usando!- dijo el muchacho de lentes entusiasmado llamando la atención del resto de sus amigos.
-Alfie cariño, acabas de interrumpir a Kiku- le regañó Feliks que intentaba escuchar lo que Kiku quería decirles hasta que la estridente voz de Alfred y su emoción por el listón de Natasha lo había interrumpido.
-Ah perdón Kiku ¿Qué decías?- preguntó el americano con una enorme sonrisa estúpida en su rostro, pareciera que acababa de drogarse.
De nuevo todas las miradas se fijaron en el oriental que se cohibió y se enterró en su asiento.
-Na… nada, no era nada importante…- mintió el muchacho que había estado a punto de decirle a sus amigos "Anoche cené con Sadiq, si, el mismo Sadiq que nos ha torturado desde que entramos a la escuela y creo que es una buena persona" no lo mejor era no decir nada… después de todo ¿Qué dirían sus amigos?
-¿Estás seguro que no era nada importante?- le preguntó Feliciano, Kiku pareció meditar de nuevo la posibilidad de decirles, después de todo eran sus amigos y no serían capaces de juzgarlo por algo así ¿Cierto? Así que volvió a abrir la boca.
-Ya te dijo no era nada importante, déjalo así- ahora era Lovino el que intervenía con un libro en la mano haciendo que Kiku cerrara la boca y solo le sonriera nerviosamente a Feliciano para darle la razón la mayor de los mellizos.
-¿Por qué hay tanto alboroto en la mesa de Francis y Antonio?- ahora preguntó Gilbert que echaba una ojeada a dicha mesa en donde algunas chicas le daba de empujoncitos a Antonio y a Emma intentando que se sentaran lo más juntos posible.
-Es porque quieren que Emma y Tony regresen, ósea la escuela necesita otra vez su súper pareja perfecta entonces pretende reunir otra vez a esos dos tortolitos. Lo siento Lovi creo que solo fuiste algo pasajero, yo pensé que ibas a ser algo así como Angelina Jolie después del divorcio de Brad y Jenn pero creo que no tienes unos labios tan sensuales- contestó Feliks viendo con una sonrisa traviesa a Lovino que parecía enfadado aunque no precisamente por el comentario.
El italiano desvió sus ojos de su libro para enfocarlos en Antonio que era empujado por algunas chicas hacia donde estaba Emma y algunas parecían estar obligandolos a que se tomaran de las manos. Ambos chicos sonreían nerviosos o a veces reían haciendo como que les seguían el juego, sin embargo Lovino alcanzó a notar en Antonio la misma expresión de mortificación que había mostrado cuando tuvieron su charla pasada.
Lovino intentó retomar la atención a su lectura pero el barullo de aquella mesa no se lo permitía así que volvió a ver a esa dirección y casi parecía que el castaño ojiverde rogaba por algo de ayuda mientras enlazaba sus dedos con los de Emma como si con ello pudiera hacer que todos guardaran silencio pero en cambio esto alentó los grititos de las muchachas que ahora parecían querer más acercamiento mientras que el chico estaba cada vez más ofuscado.
-Ese tipo es un inútil- dijo en medio de un gruñido levantándose aventando su libro contra la mesa para luego caminar hasta donde estaba el español.
-¿A dónde vas?- preguntó su hermano menor pero él ya iba caminando con pasos largos hasta donde se agolpaba la masa de feromonas.
Como pudo se hizo paso entre las fieras hasta que logró posicionarse frente a Antonio quien volteó a verlo sorprendido mientras todos cuchicheaban de manera no muy discreta acerca de su presencia ahí. El ojiverde estaba a punto de darles una explicación pero entonces Lovino con toda la naturalidad del mundo puso sus manos en ambos oídos de Antonio cubriéndolos por completo.
-No tienes por qué escucharlos- le dijo sencillamente, frente a toda esa gente que solo hasta ese momento dejó de hablar… o sería que tal vez Antonio efectivamente, dejó de escucharlos.
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Lovi-love tiene su apodo bien merecido, es un amor cuando él quiere.
¿Les gustó el capi? Esto ya se pone más profundo, o esa era mi intención. Sentimientos aflorando y esas cursiladas que tanto me gustan.
No me pude resistir a otra aparición de Rumania y si, otra vez escribí Bladimir con B, me dijeron que es con V pero este pequeño cambio ortográfico es un mero capricho de la autora porque me gusta más con B XD (ósea, mis caprichos simplones).
Les doy las gracias una vez más por toooooooooooooooooodos los reviews de verdad estoy en una nube por saber que les gusta a pesar de mi descuartizadero de OTPs lo que me hace inmensamente feliz, en serio miles gracias a quienes comentan, otro millar de gracias a quienes siguen leyendo en silencio. Nos leemos en el siguiente capítulo con otro invitado especial siiiiiiiiii
PD: Mensaje especial para Ahari (porque no puedo contestar su review) Si tengo una historia PruHung es un one/shot dedicado a ellos se llama Heaven´s not enough, puedes encontrarlo en mi profile y claro, para quien guste leerlo sean bienvenidos a ese one/shot. Igual a quienes quedaron con ganas de USxUK pueden leer Just say I love him (en compensación de la falta de esa pareja en este fic).
