THE LOSERS CLUB

Capítulo 9

Todos de pronto guardaron silencio. El solo hecho de que un marginado social e inadaptado se atreviera a poner sus anti-sociales manos en los oídos de Antonio y aparte le dijera a este que no tenía por qué escuchar a todas las personas que alimentaban su popularidad, era algo por lo cual todos se habían quedado mudos de la indignación y claro, esto le importaba un bledo a Lovino que no quitaba sus manos de los oídos de Antonio y solo se le quedaba mirando con su entrecejo fruncido y esos grandes ojos chocolate que parecían haber hipnotizado al español.

Tras salir de la impresión las chicas que rodeaban a los muchachos iban a empezar su cacareo sin sentido pero antes de hacerlo Francis soltó una risa que no pudo reprimir, divertido por la cara estupefacta de todos, Emma también se contagió de la risa de Francis y soltó la mano de Antonio para cubrirse la boca mientras todos los veían sin saber a qué se debían las risas; por otro lado Antonio esbozó una sonrisa y con sus manos envolvió las de Lovino, lo miró directo a esos ojos enfadados y rápidamente se levantó de su asiento para echar a correr aun agarrando a Lovino de una de sus manos obligándolo a escapar con él.

Se reanudó el ruido acostumbrado en la cafetería mientras veían a Antonio y Lovino correr cogidos de la mano para salir de ahí a toda velocidad.

-¡Espera! ¿A dónde diablos me llevas? ¡Suéltame bastardo!- ordenaba Lovino queriendo zafar su mano de la de Antonio pero este no dejaba de correr por los pasillos ignorando las miradas que se posaban sobre ellos.

-¡Te digo que me sueltes! ¿Qué tienes en la mano, cemento?- preguntaba de manera entrecortada por tanto ejercicio queriendo jalar su mano para soltarse pero sencillamente no pudo así que no le quedaba de otra más que seguir siendo jalando por Antonio que salía del patio de la escuela, pasando por los punks que apenas si les hicieron caso y llegando a una esquina abandonada en donde Antonio por fin se detuvo tomando grandes bocanadas de aire que eran interrumpidas por las risas que soltaba a veces, mientras que Lovino intentaba recuperar el aliento y todavía queriendo soltarse de Antonio que de un jalón lo acercó a él para poder recargar su frente sudorosa en el hombro del italiano.

-Lovino… siempre estás salvándome…- le dijo en medio de algunos jadeos enlazando sus dedos con los del otro que ni siquiera notó este gesto.

-No recuerdo haberte salvado ni una puta vez, y quítate que no soy tu maldita recargadera- le insultó el muchacho pero el ojiverde no hizo caso y aun con su frente en el hombro del otro castaño negó con su cabeza.

-No es cierto Lovino, esta es la tercera vez que me salvas- dijo Antonio dejándose caer al piso para descansar soltando por fin al italiano que hizo lo mismo.

-En serio, no sé de qué diablos me estás hablando-

-Me salvaste cuando te di los chocolates, lo acabas de hacer ahora y también cuando me diste esto- dijo sacándose un crucifijo de debajo de la camisa dejándoselo ver a Lovino que frunció el entrecejo en un gesto de confusión para luego ver a Antonio como pidiéndole una explicación.

-¿No te acuerdas?- peguntó riéndose –Bueno, debe ser porque para ti no fue algo tan importante-

El español se quitó el crucifijo para ponerlo en la palma de su mano.

-Pasó justo en el último día de clases del año pasado…-

Todo era euforia total entre los alumnos del Instituto W que iban corriendo como cabras locas por los pasillos gritando cosas como "¡Libertad!" como si fueran Mel Gibson en Corazón Valiente (entre ellos Scott Kirkland que por alguna extraña razón hasta llevaba puesto un kilt y corría por la escuela haciendo destrozos). Antonio y Francis, como ya era su costumbre andaban por ahí despidiéndose de las chicas que se graduaban y lloraban a mares, mientras que otras solo buscaban acapararlos para llevarse con ellas un recuerdo y soportar las largas vacaciones de verano.

Los muchachos iban siendo rodeados y casi hostigados por las féminas que parecían al borde de un colapso nervioso mientras intentaban por lo menos tocarlos; por lo tanto los muchachos iban intentando esquivar jaloneos, rasguños y hasta los filos de algunas tijeras que pretendían cortarles mechones de cabello… así de obsesivas eran sus fans.

-Siempre es lo mismo cada año, deberías traer a tus chicos de seguridad para el final de semestre- le decía Antonio a Francis mientras se hacían paso.

-No es para tanto Antoine, no debemos cotizarnos tanto- decía Francis que iba de un lado a otro como pelota de ping pong al ser empujado por las muchachas.

Mientras seguían adelante Antonio sintió un tirón desde su cuello, reconoció el objeto que lo estaba ahorcando como la cadena del crucifijo que siempre llevaba al cuello; el muchacho intentó arrebatar su cadena sin saber exactamente quien la estaba jalando hasta que dicha cadena se reventó dejando caer el crucifijo.

Antonio entró en pánico y comenzó a buscar su dije entre el mar de muchachas pero en medio de todos esos pies entaconados no podía encontrar su crucifijo.

-Antonio apúrate antes de que nos arranquen la piel para hacerse un abrigo con ella- le ordenó Francis llevándoselo lejos de ahí.

-Espera se me cayó algo- decía el español algo renuente siendo arrastrado por Francis que no pareció haber escuchado esto y se llevó lejos a Antonio para escapar de la tempestad que esas mujeres locas representaban.

Tras haber huido de las jóvenes y justo cuando las clases oficialmente iban a terminar Antonio deambulaba por los pasillos con los ojos en el piso aguzando la mirada por si encontraba su colguije pero no estaba por ninguna parte, solo había chicles, envolturas de dulces, exámenes con calificaciones reprobatorias, pedazos de libros y juraba haber visto condones pero nada de su cruz. El muchacho soltó un largo suspiro que se convirtió en un lamento al final así que en un último intento entró al baño de hombres para ver si de pura casualidad lograba encontrar su cadena pero nada…

-No puede ser…- dijo en voz baja para sí mismo escuchando a alguien más entrar al baño, volteó y no le dio gran importancia al chiquillo de ojos chocolate y curioso rizo que sobresalía de su cabeza, apenas le dirigió una mirada antes de seguir su búsqueda.

-Hey- le llamó el recién llegado y Antonio alzó de nuevo la mirada viendo al mismo chico con las manos metidas en los bolsillos.

-Lo siento ahora no tengo tiempo, si quieres hacer algún tipo de amenaza porque le gusto a tu novia o si me quieres declarar tu amor que sea en otro momento o mejor el siguiente año. Lo siento- dijo el ojiverde que estaba acostumbrado a las amenazas de chicos celosos e incluso confesiones amorosas… lo había visto casi todo.

-No te des esos aires de grandeza conmigo idiota- le espetó el chico que se acercaba a él mientras el español se acuclillaba para seguir revisando cada rincón del piso.

-En serio, ahora no tengo tiempo de atenderte- respondió Antonio que de nuevo hablaba sin mirarlo escuchando un gruñido de enfado por parte del otro muchacho que se acercó a él y lo levantó de un tirón brusco de su brazo.

-Te acabo de decir…- pero antes de terminar de hablar el otro castaño lo empujó con bastante fuerza contra la pared poniéndole una mano en el pecho para que no se moviera.

-No vine por ninguna de esas estupideces que estás diciendo y ¿En serio te buscan por eso?... como sea. Esto es tuyo- le dijo sin quitarle la mano del pecho y con la otra mostrando el crucifijo plateado.

-¡Lo encontraste!- exclamó el ojiverde emocionado al ver su dije sano y salvo.

El muchachito soltó el pecho del español y tomó la mano de este poniendo su palma hacia arriba para luego depositarle la cadena en ella, después dobló los dedos de Antonio para que cerrara su puño como si le estuviera entregando algo que podría valer millones.

-Es algo importante ¿Verdad? Cuídalo bien o la próxima vez te doy un puñetazo en la cara y no te lo devuelvo- dijo el chico con voz tranquila soltando por fin a Antonio que aun con su mano cerrada ahora miraba fijamente al muchachito.

-¿Cómo sabes que es importante?- preguntó examinando aquel par de grandes ojos chocolate que tenían una mirada agresiva, un curioso contraste con la cara casi aniñada del chico y que de cierta manera acentuaban un poco su peculiar ternura.

-Casi te pones a llorar cuando se te cayó y déjame decirte que tus fans no parecían muy preocupadas por eso, creo que solo querían agarrarte el culo mientras estabas distraído- explicó frunciendo el ceño molesto por eso ahora llevándose las manos a la cadera como si a continuación fuera a reprenderlo.

-No creo que esas chicas te quieran de verdad; cuando quieres a alguien sabes lo que es importante para esa persona, aunque sea algo aparentemente pequeño- dijo Lovino poniendo su dedo índice sobre la mano de Antonio que cargaba el dije.

El español echó otra mirada a su cruz y de nuevo a Lovino que no parecía cambiar en ningún momento su semblante enfadado.

-¿Cómo te llamas?- preguntó entones el ojiverde como si fuera un reflejo de su cuerpo, el otro acentuó la arruga entre sus cejas.

-Lovino- contestó de mala gana dándose la media vuelta.

-¡Gracias!- alcanzó a decir Antonio mientras que el mencionado lo ignoraba saliendo del baño –Gracias Lovino…- repitió sonriendo como bobo al darse cuenta de que estaba perdidamente enamorado.

-Fue en ese momento que supe que eres para mí- dijo Antonio volviendo a guardarse su cadena dentro de la camisa a lo que Lovino enarcó una ceja incrédulo.

-Pues déjame decirte que sorprende tu habilidad para enamorarte en tiempo record…- dijo Lovino en un tono sarcástico levantándose.

-¡No digas eso! En serio me gustas, ya te había dicho antes que fue amor a primera vista- decía Antonio que seguía sentado en el piso.

-No, me estás diciendo que crees estar enamorado sin saber nada de mí y eso es estúpido pero bueno… tú ya eres estúpido- decía el chico.

-Eso no es del todo cierto, ahora te conozco más que ese día y me estoy enamorando todavía más de ti- dijo Antonio sin ninguna vergüenza sonriendo abiertamente a Lovino al cual se le pintaron las mejillas de un rojo tan intenso que parecía le saldría vapor de la piel en cualquier momento.

El castaño de ojos obscuros recitó tantos insultos en italiano que más bien parecía estar jugando a recitar trabalenguas, en algunos momentos incluso se mordía la lengua por lo rápido que hablaba.

-¡Cállate ya bastardo!- gritó finalmente yéndose lejos de ahí tratando de recuperar el color normal de su rostro abanicándose con las manos haciendo lo que fuera para poder quitarse de encima ese bochorno que de pronto sentía

¿Pero qué diablos le pasaba a ese imbécil? Diciendo ese tipo de cosas con tanta naturalidad. Idiota idiota idiota… idiota Antonio… o idiota él por reaccionar así.

El italiano siguió murmurando insultos mientras regresaba dentro del edificio en donde seguramente el receso estaba a punto de terminar y en donde había dejado todas sus cosas, esperaba que al menos alguno de sus amigos fuera lo suficientemente considerado para no dejar su mochila ahí abandonada.

Lovino tuvo que rodear el patio pues por el camino más corto, tirado en el césped estaba Sadiq acompañado de sus compinches y bueno… pasar frente a Sadiq era básicamente echarte la soga al cuello a pesar de que el turco pareciera muy entretenido jugando con uno de los tantos gatos que rodeaban a Heracles, tanto que no ponía atención siquiera a quien pasaba por ahí.

Sadiq jugaba/peleaba con uno de los mininos que solían seguir a su compañero griego; le frotaba la panza y le apretaba las patitas mientras el gato le daba de arañazos que el moreno esquivaba mientras que Heracles tan solo acariciaba mansamente a otros dos gatitos que habían optado por tomar la siesta en su regazo, por otro lado Gupta solo miraba entretenido el caminar elegante de uno de los felinos.

-¿Dónde está el chico asiático con el que siempre hablas?-preguntó de pronto Heracles con voz somnolienta viendo con desagrado como Sadiq estaba empeñado en ponerle una bolsa de papel en la cabeza al gato, por cierto, la bolsa tenía agujeros para los ojos y una carita feliz.

-No sé, debe de estar en la cafetería- contestó sin más el turco sumido en la "lucha" con el gato que rechaza la bolsa de papel e intentaba escapar pero el muchacho lo agarraba justo a tiempo.

Hubo un largo silencio en donde Heracles reprimía bostezos para seguir hablando.

-Te llevas muy bien con él… ¿O será que lo estás amenazando para que te siga hablando?- preguntó el muchacho tratando de no moverse mucho para no despertar a los animales que dormían plácidamente en sus piernas, a veces les acariciaba su cola que se movía entre sueños.

-No seas imbécil, Kiku no me tiene miedo así que no necesito amenazarlo- respondió el turco que soltó una breve risa triunfal por haberle ganarle al gato y puesto al fin la bolsa de papel sobre la cabeza. Tanto Heracles como Gupta centraron su atención en el turco cuando dijo esto.

-¿No te tiene miedo? Eso no es posible, todos te tienen miedo- aseguró Heracles en un tono que sonó más frío que somnoliento.

-Kiku no, él mismo me lo dijo- dijo Sadiq casi orgulloso de poder decir aquello sin quitarle la vista al felino que sacudía la cabeza y usaba sus patas enfadado para intentar quitarse la bolsa de papel de encima.

El muchacho de ojos oliva soltó una risa despectiva que apenas si fue un "ja", como si acabara de escupir su reacción a una broma de mal gusto ganándose por ello una mirada enojada de Sadiq que hubiera hecho temblar a cualquiera pero obviamente Heracles no era cualquiera.

-¿Qué es tan gracioso?- preguntó Sadiq, un segundo silencio inundó el lugar a excepción de los maullidos de cierto gato fastidiado. Heracles, como era su costumbre procesó sus palabras antes de decirlas y acumuló energía suficiente para luego pronunciarlas.

-Nada, es que es obvio que el chico pudo haberte mentido al decirte que no te tiene miedo; era decir eso o esperar una golpiza de tu parte, fue muy listo al dar su respuesta- dijo Heracles que fijó sus ojos adormilados en los mininos que abrían perezosos un ojo, parpadeaban y se retorcían en sus piernas para volver a acomodarse y seguir durmiendo.

-Claro que no, me dijo la verdad, es más, hasta me invitó a cenar a su casa- agregó Sadiq como queriendo refutar el argumento anterior a como diera lugar

-Entonces…- el griego hizo una pausa para clavar sus ojos verdes en los obscuros de Sadiq que parecía ahora estar a la defensiva. El griego desvió luego la mirada mientras ponía su dedo índice en la naricilla húmeda del gato a su derecha solo para verlo sacudir su cabeza.

-Entonces ese Kiku está contigo por conveniencia- dijo finalmente el castaño viendo como el enfado de Sadiq iba en aumento al mismo tiempo que el gato antes molestado por el turco ahora parecía maullarle para que le quitara esa maldita bolsa.

-Piénsalo bien, te haces amigo del brabucón de la escuela y tienes asegurado tu bienestar hasta que se gradué… ¿O de verdad pensaste que alguien como él podría hacerse tu amigo?...- preguntó Heracles formando una media sonrisa en su rostro adormilado, una clara mueca burlona.

-¿Y por qué no?- preguntó Sadiq arrastrando la voz pasando su mano por la espalda del gato que seguía maullándole y se restregaba contra su brazo.

-Porque eres , solo se puede estar contigo por eso, Gupta y yo estamos contigo por conveniencia y tal vez porque te debemos algunos favores pero nada más- contestó Heracles bostezando sin taparse la boca –¿Estás de acuerdo Gupta?- le preguntó al egipcio que seguía viendo al gato siamés lamerse el pelaje.

-A mí no me metan en sus discusiones- respondió el muchacho de ojos dorados moviendo sus dedos para atraer al felino que lo miró altivo, lo ignoró y siguió con su tarea.

-Pues Kiku no es un cabrón como ustedes- dijo Sadiq alzando la voz sin querer mientras que Heracles ahora se ponía a jugar con esos extraños rizos que tenía en la coronilla de la cabeza, enroscándolos en su dedo y luego estirándolos.

-Bueno, si dices eso es porque entonces ha hablado contigo enfrente de sus amigos, ese club raro con el que siempre está, seguro que cuando te invitó a su casa todos ellos estaban ahí y cuando te ve en los pasillos no le importa que ellos lo vean contigo- dijo Heracles con toda tranquilidad viendo como el turco de pronto parecía incómodo y buscaba alguna excusa.

-Si no es así entonces tal vez Kiku no te tiene miedo, tampoco está contigo por conveniencia… tal vez está contigo por lastima y le avergüenza que el busca-pleitos del colegio lo considere su amigo cuando solo está haciendo un acto de caridad al hablarle al pobre Sadiq sin amigos y problemas… creo que eso es peor que todo lo anterior- dijo Heracles en ese irritante tono monocorde que molestaba el doble a Sadiq.

-Ya te dije que no es así y más vale que vayas cerrando esa maldita boca antes de que te desvíe la mandíbula de un puñetazo- dijo el turco arrastrando las palabras con un brillo asesino en su mirada que no pareció afectarle en lo absoluto a Heracles que desvió su mirada a otro lado y Sadiq también miró al mismo lado alcanzando a ver a Kiku que iba con un montón de hojas en brazos. El turco sonrió al tener una oportunidad para demostrarle al griego que estaba equivocado.

-¡Kiku!- llamó al asiático sonriendo abiertamente y alzando su mano ondeándola para que el japonés lo viera. Kiku efectivamente escuchó su nombre y dio un saltito por la voz fuerte y grave que lo llamaba, volteó y su mirada chocó con la del moreno que seguía saludándolo esperando que Kiku correspondiera el saludo y se acercara para cruzar algunas palabras… en cambio Kiku volteó a otro lado rápidamente y con la misma velocidad siguió su camino, casi corriendo para alcanzar al resto de sus amigos que iban unos pasos adelante abrazando con recelo las hojas que llevaba en brazos.

Casi como si fuera una secuencia en cámara lenta, la sonrisa de Sadiq se fue desvaneciendo al mismo tiempo que bajaba su brazo y los maullidos del gato que antes molestaba se acallaban dejando todo en un incómodo silencio mientras veía al asiático caminar alegremente con su grupito de amigos después de haberlo pasado de largo… como si fuera una confirmación de las palabras antes dichas por Heracles el cual sabía ya no era necesario decir más.

Tras un rato más de silencio Sadiq soltó una serie de risas extrañas, de esas que soltaba antes de acorralar y torturar a algún mocoso indefenso con cara de estúpido; se levantó de donde estaba sentado, se sacudió los pantalones y metió las manos en los bolsillos traseros mientras se encorvaba un poco sin borrar aquella extraña mueca en su rostro, la causante de varios sufrimientos entre el alumnado.

-Así que… al final no eres tan diferente a todos los demás- dijo entre dientes soltando otra risa gutural empezando a caminar alejándose de ahí dejando a Gupta y Heracles en el mismo lugar.

Los chicos vieron la espalda del turco hacerse pequeña conforme iba alejándose, intimidando de vez en cuando a quien se le acercara.

-¿Por qué le dijiste todo eso? Tú no eres así- preguntó entonces Gupta clavando sus misteriosos ojos en los de Heracles que veía con un poco de curiosidad al gato con la bolsa de papel ahora manso.

-Ese chico Kiku parece una buena persona, no quisiera que Sadiq terminara haciéndole algo malo- respondió Heracles sencillamente.

-Pero Sadiq no tenía malas intenciones, lo sabemos porque para bien o para mal lo conocemos bien y nos dimos cuenta de eso- dijo Gupta entrecerrando un poco sus ojos como si quisiera descifrar la cara inexpresiva del griego que soltaba un suspiro cargado de cansancio.

-Eso ya lo sé sin embargo él hubiera terminado haciendo una tontería como siempre… o tal vez el mismo Kiku hubiera hecho algo-

-Lo dices como si Sadiq no tuviera permitido acercarse la gente- comentó Gupta y Heracles se limitó a mantenerse callado al tiempo que acercaba su mano al gato con la bolsa de papel en la cabeza para quitársela de una vez por todas aunque para su sorpresa antes de poder hacer algo el gato lo rasguñó impidiéndole siquiera tocarlo; el gato se levantó y se fue de ahí aun llevando aquella cosa sobre su cabeza, como si se acabara de acostumbrar a su nueva mascara.

El mínimo siguió caminando llamando la atención de los alumnos que miraban extrañados al felino con la bolsa de papel en la cabeza y que iba por el patio sin parecer molesto por esto.

-Ve~ gattino- dijo Feliciano cuando el gato pasó a su lado. El castaño quiso tomar en brazos al gato pero este se retorció y le dio de arañazos cuando el muchacho intentó cargarlo así que de inmediato lo soltó dejando al animal escapar de ahí.

-¡¿Dónde se metió Lovino?! Ósea ¿qué no sabe que aquí me estoy muriendo por un buen chisme? Más le vale que se esté revolcando con Tony en alguna esquina de la escuela para justificar el hecho de que no esté aquí informando de lo que está pasando con el español hot- decía enfurruñado Feliks que había obligado a todos a salir tras Lovino y Antonio cuando estos escaparon de la cafetería.

-¡No! El mini-gánster no puede acercarse a Antonio antes que yo ¡Él no puede ser popular antes que yo!- decía desesperado Gilbert.

-Creo que primero Lovino es aceptado como Don de la Kosanostra antes de ser popular, con ese carácter que se carga…- comentó Alfred que seguía los demás por mero aburrimiento y no porque realmente le interesara lo que pasara con Antonio.

-¡Feliiii no dejes que tu hermano me robe mis oportunidades!- dijo entonces el albino rodeando con sus brazos al italiano que solo alcanzó a reír.

-Ve~ no te preocupes, mi hermanito no tiene intenciones de robarte nada- decía el muchachito mientras que Gilbert restregaba su mejilla contra la del muchachito.

-Lovino no se muere por llamar la atención como tú- intervino Ludwig separando a su hermano de Feliciano claramente enojado.

Gilbert pareció un poco extrañado por esta acción pero rápidamente cayó en la cuenta de algo, así que como si ya fuera un ritual, volteo a ver a Feliks que parecía estar en todo y también captó ese detalle por parte de Ludwig por lo tanto le dedicó una mirada cómplice al ojirrojo y ambos amigos se le fueron encima a Feliciano.

-Feli, tú conoces bien a Lovi ¿Seguro que no quiere hacer "cosas sucias" con Tony?- preguntaba Feliks con voz melosa rodeando la cintura de Feliciano.

-Estoy seguro- decía Feliciano que se retorcía un poco por las cosquillas que su rubio amigo le hacía cuando este le daba besitos juguetones en el cuello.

-¿Entonces puedes asegurarme que no me va a arrebatar mis oportunidades de éxito?- preguntó ahora Gilbert pasándole un brazo por el hombro al italiano recargando su cabeza en la del mas bajito que ahora era acaparado por los otros dos bajo la mirada asesina de Ludwig

-Ya te dije que sí. ¡Me están haciendo cosquillas!- decía Feliciano riendo inocentemente ante el restriego de Gilbert y los toqueteos más atrevidos de Feliks.

-¡Ya déjenlo en paz!- espetó entonces Ludwig jalando del brazo a Feliciano para separarlo de una vez por todas de los otros dos que parecían un par de pulpos que no sabían dónde poner sus tentáculos.

-¡West no seas asì!-

-Luddy, hay mucho Feliciano para todos-

Y los otros dos volvieron al acecho de Feliciano que era lealmente protegido por Ludwig que no dejaba acercarse a los otros dos quienes parecían más entretenidos molestando al ojiazul que a Feliciano.

Alfred soltó un bostezo viendo a los otros tres chicos peleándose entre ellos y a Feliciano sin saber si reírse o asustarse, así que se dirigió hacia Kiku para charlar tal vez de comics pero al parecer el asiático estaba muy ensimismado en los dibujos que cargaba con tanto recelo.

-¿Qué es eso?- preguntó acercándose al moreno curioso por saber cuál era el nuevo trabajo del asiático. Tal vez Alfred no fuera fan del manga pero tenía que admitir que Kiku tenía talento y disfrutaba leyendo sus trabajos a pesar de que siempre terminara con un "aunque el comic es mil veces mejor…" cosa que parecía reventarle el hígado al moreno.

Kiku volteó y pegó las hojas a su pecho como si las estuviera escondiendo al tiempo que sonreía ligeramente.

-Es una sorpresa- se limitó a decir.

Aquellas páginas eran la última parte de su manga, estaba a solo unos pocos detalles de terminar y tenía decidido regalárselo a Sadiq junto con el primer capítulo, tal vez como agradecimiento por la cena de la vez pasada. Era por esta misma razón que minutos antes había evitado a Sadiq, sabía que este le preguntaría igual que Alfred por los dibujos así que dejaría de ser sorpresa aunque tal vez había sido un poco brusco al no responderle el saludo… bueno, ya después pediría disculpas por ello, en ese momento solo le preocupaba terminar de dibujar.

Alfred ladeó su cabeza con un dejo de curiosidad; cuando le decían que algo era una sorpresa parecía que algo se activaba en él y la curiosidad le embargaba lo que lo llevaba a querer descubrir tal sorpresa. Así que estaba a punto de arrojársele a Kiku para saber qué tipo de sorpresa era sin embargo apenas se preparaba para su ataque, miró a otro lado como si sus ojos hubieran sido obligados a ver exactamente en esa dirección y no se arrepintió de ello.

El rubio vio de soslayo a Natasha junto con un trío de chicas que parecían estar teniendo una seria discusión con la peliplata. Alfred se detuvo de pronto para verla mejor, con su cara tornándose por una embobada con ojitos de osito de peluche y sonrisa dulce, ósea su cara de enamorado; sus amigos siguieron su camino mientras él se quedaba atrás en su mismo lugar… aunque lo que segundos antes parecían una charla seria de chicas ahora se tornaba en una discusión, tal vez incluso una pelea, sobre todo cuando una de las muchachas, la más alta de todas, le daba un brusco empujón a Natasha haciéndola chocar contra la pared intimidándola (sin muchos resultados).

Natasha se mantenía inexpresiva, miraba con sus ojos fríos a la otra chica que parecía cada vez más encolerizada seguramente por la falta de reacciones por parte de Natasha que de vez en cuando era empujada otra vez y su espalda golpeaba fuertemente contra la pared y aun con ello no mostraba ningún tipo de expresión, solo miraba con esos ojos fríos que veían a las jóvenes con desdén. Finalmente la chica que al parecer era la líder le dio una bofetada a Natasha que la hizo voltear la cara y dar un par de traspiés por la fuerza del golpe, incluso hizo dar una saltito a Alfred por el sonido que provocó la cachetada.

-¡Muérete zorra anoréxica!- le gritó la chica siendo detenida por las otras dos que la acompañaban pues daba la impresión de que seguiría dándole de golpes a Natasha, la cual solo volvió a erguirse poniéndose una mano en la mejilla golpeada y mirando con todavía más indiferencia a la muchacha que por esto mismo quiso arrancarle hasta los cabellos.

Como pudieron las otras jovencitas se llevaron a rastras a la agresora mientras Alfred corría en dirección a Natasha pasando a un lado a las chicas aprovechando para dedicartles una mirada enfadada porque él no podía ir a armarle un pleito a un trio de niñas.

-¡Natasha! ¿Estás bien?- preguntó a la chica que vio a Alfred acercarse y de inmediato se dio la vuelta para alejarse de él.

-Estoy bien, déjame en paz- respondió ella comenzando a caminar rápido.

-Pero te acaban de golpear ¿Por qué hicieron eso?- preguntaba Alfred queriendo alcanzar a la chica que soltó un intento de risa sin detenerse.

-Solo lo de siempre, venir a reclamarme que el chico que le gusta la rechazó porque yo le gusto a él; esas idiotas vienen y me echan la culpa porque OBVIAMENTE soy yo la que seduzco a cada macho de esta escuela porque está claro que soy una zorra solo porque a ellas no les hacen caso, y por supuesto también soy una perra por no salir con ellos y lastimar sus pobres sentimientos pero no solo eso Alfred ¿No te has enterado? Al parecer soy anoréxica también ¿O era bulímica? Ya no recuerdo bien…- dijo caminando y hablando cada vez más rápido mientras Alfred iba tras ella cual perrito

-¡Eso no es cierto! Tú no eres así- dijo Afred indignado.

-¡Ya sé que no soy así! Pero ellas lo dicen todo el tiempo. Que si me acosté con media escuela, que si ya he vomitado el almuerzo, que si me extirparon el corazón y por eso no tengo sentimientos, que si ya le hice la vida imposible a tal o cual chica solo porque su novio la acaba de dejar. Pero ellas no saben no saben… No saben que nunca en mi vida he estado con un hombre, ¡Ni siquiera he tenido novio! No saben lo horrible que es que cada muchacho te vea como un pedazo de carne y nada mas ¿Cómo pretenden que salga con alguien así? Pero tampoco saben que me la paso comiendo en casa todo el tiempo porque odio ser tan delgada, yo quiero tener bonitas curvas como ellas y llenar mi ropa ¡Daría lo que fuera por saber que se siente tener un trasero y pechos grandes como mi hermana!- Dijo frustrada la chica llevándose las manos a las partes mencionadas haciendo que Alfred se sonrojara al máximo. Había escuchado de chicas que querían ser delgadas pero no de chicas delgadas que quisieran subir de peso ¿Por qué las chicas estaban tan acomplejadas con sus cuerpos?

-Se inventaron ese rumor de que tengo desórdenes alimenticios solo porque una vez la comida de la cafetería estaba pasada y tuve que vomitarla toda; luego dicen que soy una insensible solo porque el primer día de clases no hablé con nadie ¡Perdón por no ser tan extrovertida! Me dicen perra por tratar mal a la gente ¡No la trato mal solo no puedo ser tan linda como Emma! Ella es una princesa ya lo sé pero no puedo ser como ella ni tampoco quiero ser como ella, dicen que me doy aires de grandeza pero no es cierto, yo sé que soy como todas las demás ¡Soy una chica normal! Me gusta la ropa y me gusta la música, me gusta comer cosas dulces y me gustan las películas románticas donde el final es feliz, me gustan las cosas lindas y pequeñas, los muñecos de peluche y los cuchillos- decía ella casi gritando descolocando un poco a Alfred ¿Cuchillos? ¿Natasha acababa de decir cuchillos? ¿¡A las chicas les gustaban los cuchillos!?

-¿Y porque no sé los dices?- preguntó Alfred alcanzando por fin a la chica poniéndose frente a ella para hacer que se detuviera.

La muchacha se quedó callada respirando rápidamente y su cara antes inexpresiva y estoica se fue transformando, su naricita se iba frunciendo y sus cejas también al mismo tiempo que sus ojos se llenaban de lágrimas.

-¡Porqué me odian! No les he hecho nada y me odian- dijo empezando a llorar a mares, las lágrimas escurrían por su cara sin control –Ya sé que no soy la persona más cálida del mundo y que a veces puedo ser un poco fría…- ¿Un poco? Alfred no usaría precisamente esa palabra.

-No quiero que sean mis mejores amigas solo… solo… ¡Quiero que me dejen en paz!- gritó en medio de su llanto, lo que más bien pareció un berreo, así como cuando los niños pequeños lloran porque su madre se aleja de ellos y se tiran en el piso a llorar a todo pulmón.

Alfred veía llorar a Natasha a gritos, su carita que siempre parecía la de una muñeca de porcelana, imperturbable y gélida ahora parecía la de una niña lastimada; lloraba a gritos con los puños bien cerrados sin importarle realmente que alguien la fuera a escuchar, cerraba fuerte sus ojos como exprimiendo todas las lágrimas mientras gimoteaba cosas que no tenían sentido e hipaba y tosía mientras lloraba.

Alfred no sabía si debía sentirse mal o derretirse de ternura por ver a Natasha así aunque tal vez esto último era algo cruel (a pesar de lo linda que se viera llorando) por lo tanto solo atinó a hacer lo primero que se le vino a la mente y envolvió en sus brazos a Natasha.

El corazón le retumbaba contra el pecho, los brazos le temblaban por lo tensos que estaban sus músculos, sentía la humedad de la cara de Natasha en su pecho y como la chica estaba petrificada en medio de su abrazo. Genial, ahora el héroe Jones no tenía ni la mínima idea de que era lo que tenía que hacer a continuación. Se quedó temblando un rato más mientras escuchaba todavía los ligeros sollozos de Natasha que poco a poco se tranquilizaba, y llegó a la resolución de que tenía que actuar como el héroe que era. Lentamente soltó a la chica y con las mangas de su chamarra de cuero limpió cuidadosamente las lágrimas de la muchacha que esnifaba y tenía su nariz roja.

Decían que las chicas se veían más bonitas enojadas y cuando lloraban pero para Alfred Natasha era perfecta hasta llorando y con las gotitas de moco escurriéndole por la nariz.

-Tal vez ellas no saben todo eso de ti pero que no te preocupes más por ellas porque aquí hay alguien que ya lo sabe… es más, lo sabe desde mucho antes y si alguna vez llegas a olvidarte de quien eres por escuchar tanto a las demás, entonces yo estaré ahí para recordarte siempre quien eres realmente- decía Alfred que con la misma delicadeza seguía limpiando las lágrimas de la chica que lo miraba quedando absorta en esos ojos azules que brillaban con intensidad

¿Ese tipo de que planeta venía? ¿De qué película había salido?... El héroe extraviado en el cruel mundo real.

Natasha dio un respingo cuando sintió los dedos de Alfred ahora limpiándole la cara, retrocedió un par de pasos y se puso ambas manos en las mejillas solo para sentir lo calientes que estaban, su corazón bombeaba sangre de manera poco saludable, sentía que en cualquier momento le iba a dar una taquicardia.

La muchacha intentó decir algo pero nada se le ocurrió por lo tanto optó por correr lejos de ahí, tan rápido como le fuera posible y dejar a Alfred ahí de nuevo con su carita de cachorrito sonriendo mientras se abrazaba a si mismo y soltaba un gritito de pura felicidad.

-¡Natasha, eres tan linda que debería ser ilegal!- decía riendo sonoramente para luego entrar de nuevo a la escuela, era hora de su clase y ya iba tarde.

El rubio andaba por los pasillos tambaleándose de un lado a otro sin dejar de sonreír y reír tontamente como si estuviera bajo los efectos de alguna droga.

-Alfred ¿Te acabas de masturbar o algo así?- preguntó entonces Yong Soo que llegaba desde atrás dándole una palmadita en la espalda al americano que volvió a reír de esa extraña manera.

-¡Yong Soo soy feliz! Más feliz que cuando volvieron a sacar los números viejos de The Amazing Spiderman. Justo hace unos minutos acaba de abrazar a Natasha; fue como abrazar el sable laser de Darth Vader, pero el original que usaron para las películas… fue perfecto…- dijo embobado el ojiazul.

-¿Qué fue perfecto, el abrazo o el sable?- preguntó el coreano alzando una ceja mientras sonreía a medias sin entender muy bien las comparaciones de su amigo.

-Los dos- contestó Alfred riendo estrepitosamente.

-¿Y luego que pasó? La abrazaste y…-

De pronto la sonrisa de Alfred se desvaneció y una nube gris pareció cernirse sobre él.

-Escapó… se echó a correr- contestó con tono sombrío haciendo reír al coreano

-¡No te rías de mi!- espetó Alfred soltando ahora un largo suspiro de tristeza –Si Natasha no me quiere y me rechaza no volveré a querer a ninguna otra mujer en mi vida, me volveré gay y saldré contigo- le dijo a su amigo mientras emprendían el camino a su salón.

-¿En serio? Entonces pido ser el activo- dijo Yong Soo como si nada.

-No, yo debo ser el activo- recriminó el rubio.

-¿Por qué? Se me da bien estar arriba-

-Yo soy más alto que tú, Kiku me dijo una vez que el más alto siempre es el dominante-

-No uses como argumento los estereotipos de los mangas de Kiku- refunfuñó entonces Yong Soo notando que efectivamente Alfred era más alto… mucho más alto…

-Está decidido, si Natasha me rechaza me voy al otro bando y tú serás mi novio; se gentil conmigo- bromeó Alfred haciendo una vocecilla afeminada pretendiendo seguir con su camino pero entonces Yong Soo lo tomó del brazo deteniéndolo, el coreano parecía repentinamente serio.

-¿Eso va en serio Alfred?- preguntó entonces el coreano bajando su mano por el brazo de Alfred hasta tomarle la mano -¿De verdad saldrías conmigo si Natasha no te quiere?- preguntó rodeando los dedos del americano al que se le borró la sonrisa del rostro, sobre todo cuando Yong Soo apretó el agarre y se acercó aún más a él mirándolo directamente alzando un poco su rostro para verlo mejor.

-Alfred yo…- el mencionado tragó saliva… -Yo… ¡Estoy bromeando!- dijo entonces el coreano soltando de golpe a su amigo quien parpadeó un par de veces al mismo tiempo que el aire le volvía a los pulmones.

-¡Debiste haber visto tu cara! Te pusiste pálido- decía el moreno riendo a carcajadas.

-¡No me asustes así!- reclamó Alfred –De verdad pensé que te me ibas a confesar o algo así- decía enfadado con su amigo que se partía de la risa.

-Tranquilo Al, sé que estás perdidamente enamorado de Natasha así que no pienso confesarte mi amor aun- decía Yong Soo que intentaba detener su ataque de risa viendo al enfurruñado rubio.

-¿Cómo que "aun"? Déjate de tus bromas, ya me voy a mi clase- y sin decir más se fue directo a su salón.

-¡No te pongas así cariño, no quiero que esta sea nuestra primera pelea!- gritaba de manera juguetona Yong Soo por el pasillo a lo que Alfred aun dándole la espalda alzó una mano mostrándole el dedo medio haciendo reír aún más al moreno que también tomó su propio camino para su respectiva clase pasando justo a un lado de Mathew al cual no vio y Matt agredió esto, odiaba cuando Yong Soo lo confundía con su hermano… mejor dicho, odiaba cuando cualquier persona lo confundía con su hermano.

Mathew vio pasar a Yong Soo el cual encontró a su primo Yao y se le enganchó como una sanguijuela, el ojiazul agradeció por segunda vez que él no tuviera alguien que se le pegara en la piel como si quisiera chuparle toda la sangre y la vida…

-Petit!- llamó entonces Francis y Mathew rectificó su pensamiento anterior… si había alguien quien podría pegársele a la piel dispuesto a absorberle todos los fluidos de su cuerpo.

El muchacho soltó un resoplido y decidió ignorar al francés pero el galo rápidamente lo alcanzó y le pasó un brazo por la cintura acercándolo a él a pesar de que el chico se resistía al contacto.

-Oh petit te he estado buscando como un loco, necesito hacerte una pregunta- decía Francis ignorando la cara de incomodidad de Mathew que hacía lo que podía para quitar la mano de Francis de su cintura.

-No me voy a acostar contigo, no voy a pasar la mejor noche de mi vida a tu lado, no voy a hacer cosas que me harán subir al cielo ni nada que se le parezca- contestó Matt antes de que Francis formulara la pregunta

-Eh… no te iba a preguntar nada de eso pero no sería mala idea poner en práctica alguna de esas respuestas- dijo en un extraño ronroneo a lo que Mathew puso cara de molestia

-Es un chiste, de verdad te voy a preguntar otra cosa- dijo Francis un poco más tranquilo soltando a Mathew por fin que le dedicó una mirada de ligera sospecha.

-Yo sé que tú y mi buen amigo Arthur tienen cierta imagen de mi pero ¿De verdad soy tan malo como dicen?- preguntó el francés recargándose en una pared para hacer detener a Mathew.

-No eres malo… eres un hijo de puta- respondió Mathew haciendo que aquel insulto sonara un poco extraño viniendo de aquella vocecita tenue y rostro amable.

-Mathew, tu sinceridad duele un poco- dijo Francis forzándose a reír poniéndose un mechón de su cabello detrás de la oreja –Pero ¿Por qué dicen eso de mí? Yo solo me dedico a amar a las personas ¿Qué hay de malo en ello?- preguntaba sin entender.

-¿De verdad las amas?- preguntó ahora Mathew.

-Claro que si… o al menos las hago sentir amadas. Es solo un intercambio justo, ellos me quieren, yo los hago sentir queridos y todos felices- contestó el galo encogiéndose de hombros como si aquello fuera un trueque justo.

-Pero es raro ¿No crees? ¿Por qué habrías de hacer sentir amadas a las personas cuando tú no estás enamorado? Cuando lo dices de esa manera lo haces sonar como si buscaras comprar el amor de la gente, estafándolos con sentimientos falsos-

Francis hizo una cara que pareció de dolor.

-Mon petit no lo digas de esa forma, suena muy cruel… yo… yo solo le doy a la gente lo que espera de mí y ya. Tengo una imagen que mantener y a cambio de cumplir con las expectativas de la gente recibo amour sin tener que poner nada en riesgo, un negocio seguro- explicó el galo con un guiño al final.

-Pero Francis… el amor no es un negocio, además ¿Qué estás poniendo en riesgo? ¿Tu autoestima, tu imagen, tus sentimientos?- seguía preguntando Mathew al que se le acababa de olvidar que tenía una clase esperándolo.

-Por supuesto, yo sé cómo es esto de sufrir por amor, lo veo todo el tiempo en muchas personas y además de que es patético, la verdad esto de sentir dolor no es lo mío, yo no voy a exponerme a que alguien haga lo que se le venga en gana conmigo- dijo Francis frunciendo el ceño y negando con la cabeza ante la sola idea.

-Que aburrido eres Francis ¿Cómo puedes saber lo que es el amor si nunca te has desvelado toda la noche pensando en una persona, o si nunca has sentido el dolor y pensar que eres un masoquista por querer a alguien, lo que es pasarte el día sintiéndote estúpido por estar enamorado o buscando razones por las cuales quieres tanto a alguien? Sentir ese "amor" que tú les das a las personas es como… como comer hot cackes sin miel, es una vil imitación, algo como tomar una bebida con sabor a alcohol sin alcohol, no puedes sentirte embriagado-

Francis miró un par de minutos a Mathew, pensando en lo mucho que aquel discurso se parecía al que Arthur había dicho mientras lo golpeaba con el libro. Arthur… el ñoño que se la pasaba enterrado en un montón de libros había salido de su barricada de letras y paginas para exponerse a algo que era muy parecido a una cirugía sin anestesia, a gritarle en la cara todo lo que sentía a pesar de que podría ser rechazado o podría ser el objeto de burlas, ese Arthur del que siempre se burlaba y con el que siempre reñía, había mostrado ser más valiente que él.

-Yo no entiendo como hace la gente normal para solo ser ellos mismos y ya, atreverse a querer a alguien dejándoles ver tal cuales son, eso debe ser horrible- dijo Francis sintiendo un escalofrío recorrerle el cuerpo entero.

Mathew pareció meditar su respuesta y se llevó una mano a la barbilla mientras dibujaba una de sus sonrisas amables en los labios.

-Pues verás Francis… es que no todos nos podemos costear un Armani- dijo finalmente Mathew haciendo sonreír a Francis por la referencia a la imagen que él mismo se había forjado.

El galo popular, el chico guapo culto, el elegante dandy que se paseaba con sus Armani y sus Prada; el que decía amar al mundo pero no se atrevía realmente a dejarse amar; el seductor, el amigable, el inalcanzable Francis. El mismo Francis que estaba sopesando la idea de que tal vez ya era hora de tomar un riesgo por primera vez en su vida.

-Gracias mon petit tu consejo me ha sido de mucha ayuda- dijo el francés haciendo una leve y elegante reverencia que le pareció un poco exagerada a Matt.

Francis estaba a punto de irse cuando se detuvo un momento mirando a Mathew con los ojos entrecerrados y señalándolo con su dedo índice mientras metía su otra mano en la bolsa de su pantalón.

-Solo por mera curiosidad… ¿Estás enamorado?- preguntó con una sonrisa pícara en sus labios, Mathew soltó una risita suave, casi inocente.

-Tal vez- contestó Matt rodando los ojos de manera traviesa.

-Espero que sea de mi- dijo el galo que no se podía quitar sus malos hábitos tan rápido

-Claro que no- respondió Matt acomodándose la mochila para irse a su clase con muy pocas esperanzas de llegar a tiempo dejando a Francis con sus propios pensamientos.

El francés caminaba pensando en muchas cosas, todas ellas involucraban a Arthur, era increíble como simples palabras del ojiverde gruñón pudieron haber causado tanto revuelo en él, no estaba consciente desde cuando el ojiverde había empezado a tener tanta influencia sobre él ¿Sería que él también tendría esa misma fuerte influencia sobre el británico? Esperaba que si o su ego se iba a ir hasta los suelos, aunque para animarlo siempre tendría su mejor amigo, el que justo estaba cerca.

-Antonio, no andes escapándote del almuerzo así por favor, no sabes lo que pasé para tranquilizar a tus seguidoras- le regañó Francis cuando llegó a un lado del castaño que como siempre, sonreía.

-Lo siento- se disculpó sin más Antonio rascándose la nuca un poco apenado con su amigo que lo respondió con la mirada pero luego se tranquilizó.

-¿Y? ¿Vamos a clase o se te antoja hacer otra cosa?- preguntó el ojiazul acomodándose una vez más el cabello.

-Vamos a buscar a Gilbert- respondió Antonio el cual se paraba de puntillas de vez en cuando buscando entre los alumnos al susodicho.

-¿Gilbert? ¿El que dice es mejor amigo de tu italiano?-

-Ese mismo, quiero que me ayude con Lovino porque tus consejos no sirvieron de nada- dijo Antonio fresco como una lechuga haciendo enfadar a Francis.

-Mis consejos eran perfectos pero tú eres pésimo en ponerlos en práctica, o mejor dicho, tu italiano es un salvaje que no sabe cómo sentirse alagado por las palabras dulces- decía molesto el galo recibiendo un abrazó brusco por parte de Antonio.

-No te enojes Francisco tú eres el rey de la seducción- le decía abrazándolo a la fuerza mientras Francis seguía un poco enfadado pero no por mucho.

-Claro que lo soy y no me andes cambiando el nombre- espetó Francis y su amigo solo rió queriéndolo calmar.

-Mira, ahí está…- dijo entonces el galo que casi tenía encima a Antonio; ambos se miraron a ver y se sonrieron caminando hasta Gilbert que les daba la espalda, estando cerca de él se posicionaron cada quien a un lado del albino pasándole ambos, un brazo por el hombro provocándole un respingo al albino que volteó a sus dos flancos viendo anonadado quien era quien lo abrazaba con tanta confianza.

-Hola Gilbert- saludaron ambos amigos mientras el mencionado seguía con la boca abierta.

-Hola- dijo en un hilo de voz mirando ojos bien abiertos a los otros dos chicos que parecían enternecidos por la reacción.

-¿Tienes clase?- preguntó Francis y Gilbert solo atinó a asentir con la cabeza, parecía que su mandíbula se negaba a cerrarse.

-¿Podemos entrar contigo? Queremos hablar unas cosas, mejor dicho que nos ayudes con algo- esta vez fue Antonio el que hablo, con su gran sonrisa tatuada en su rostro, Gilbert otra vez solo asintió con su cabeza apenas sacando un sonido de su garganta.

-Bueno, nos vemos en tu salón- y los chicos lo soltaron para seguir con su camino mientras Gilbert se quedó parado y echó a correr en otra dirección.

Empujando gente e ignorando las llamadas de atención de algunos profesores llegó hasta el salón de Feliks, y el rubio estaba a punto de entrar, al parecer discutiendo "amigablemente" con Iván.

-¡Feliks!- le llamó al ojiverde que volteó mientras el ruso solo se metía al aula.

-Ósea Gilbo amor ¿Qué te pasa? Te va a dar un paro cardiaco- dijo el muchacho abanicando al albino con su libreta para que respirara.

-Antonio y Francis… quieren entrar conmigo a mi clase ¡Ellos me dijeron que necesitan mi ayuda!- decía emocionado.

Feliks pareció sorprendido… aunque era una expresión de sorpresa algo extraña pues Gilbert podría jurar que se había puesto triste, sin embargo el ojiverde rápidamente cambió su expresión por una sonrisa.

-¿Y qué haces aquí avisándome?- le reprendió poniéndose la mano en la cadera en un gesto afeminada

-Ah… es que tenía que decírselo a alguien kesesese- dijo Gilbert riendo como de costumbre.

-Lárgate de aquí y ve a mostrarles lo awesome que eres- le animó Feliks tomándolo por los hombros y dándole la vuelta para que se fuera de ahí.

-¡Animo Bielshmith!- lagreo dándole una fuerte palmada en el trasero a Gilbert que hizo que este soltara un grito sobre todo cuando sintió la mano de Feliks pellizcarlo pero sin decir más emprendió el camino de nuevo a su grupo.

Gilbert corrió de nuevo ignorando todo tipo de advertencias y regaños de los maestros hasta de nuevo llegar a su salón en donde antes de entrar se asomó para ver que efectivamente en la última fila justo hasta atrás del aula estaban los dos chicos más populares esperando por él.

-Vamos Gilbert, eres demasiado awesome y esta es tu oportunidad- se dijo a si mismo dándose ánimos para luego entrar por fin al salón caminando con lo que pretendía ser "seguridad" y sentándose junto a los chicos.

Tras un rato de charla trivial, unas cuantas bromas entre ellos y otras tonterías usuales entre chicos, llegaron por fin al punto a tratar; cabe destacar que todo eso fue mientras ignoraban al anciano profesor que hablaba sin ser atendido por nadie en el salón.

Los chicos querían algo sencillo y que tal vez para Gilbert sería pan comido porque obviamente era el "mejor amigo" de Lovino… solo querían la sencilla cosa de que les dijera como conquistar a italiano sin que este pusiera algún tipo de resistencia. Nada del otro mundo.

Y ahora Gilbert hacía como que pensaba, hacía algunos sonidos de profunda concentración como largos "mmmmmmm…" mientras movía la cabeza y se mantenía con los brazos cruzados aunque por dentro se estaba maldiciendo por haber usado a Lovino como excusa para acercarse a Antonio y Francis, pero bueno… estaba funcionando… aunque tal vez no tan bien como él pensaba aunque de pronto en un atisbo de esperanza vio frente a él la solución a todos sus problemas. Y luego decían que la televisión es mala.

Gilbert dibujó una mueca sonriente en su pálido rostro mientras recargaba los codos en su pupitre y se acercaba a los otros dos muchachos que hicieron lo mismo esperando ansiosos su plan.

-Díganme… ¿Alguna vez han visto Glee?- les preguntó y los otros dos tan solo se miraron sin saber muy bien a que se refería el ojirrojo.

El resto de la clase Gilbert se la pasó explicando su plan, entre algunas bromas que hacían carcajearse a los chicos y los tres reían juntos como si fueran conocidos de toda la vida; era extraño tener esa química instantánea. Desde que entró a la escuela Gilbert siempre había tenido esa impresión de Antonio y Francis como personas de otro planeta totalmente diferente al suyo pero ahora se sentía parte de ellos, parte de ese mundo… tal vez por primera vez en su vida sentía que pertenecía.

Las clases siguieron su curso y en todas ellas Gilbert las pasó con Antonio y Francis, y en todos los cambios de aula no se acordó ni siquiera de buscar a sus amigos, estaba demasiado emocionado probando las mieles de la popularidad, o al menos eso sentía al estar con ellos. Pero el día escolar tenía que terminar y la campana que daba anuncio al fin de clases se hizo escuchar regresando a Gilbert a su grupito de perdedores.

El muchacho se despidió de Antonio y Francis y fue al encuentro con los demás que salieron de la escuela juntos hasta la calle que era donde casi siempre se despedían y los hermanos alemanes caminaban con Alfred pues vivían muy cerca; todo parecía indicar que aquel día la rutina no iba cambiar aunque las cosas no siempre son así.

-Quis ego sum?- preguntó de pronto un desconocido que llegó desde las sombras y con cada mano cubrió los ojos de los mellizos Vargas.

El resto de los muchachos se quedaron viendo al hombre alegre que le tapaba los ojos a los chicos y se dieron cuenta de que ese tipo bien podría ser la versión adulta de Feliciano y Lovino… era una mezcla homogénea de los dos; con los mismos rizos alborotados por toda su cabeza, los ojos marrones no tan claros como los de Feliciano ni tan obscuros como los de Lovino, la misma sonrisa del menor pero la mirada del mayor.

-Solo conozco a una persona que nos habla en lenguas muertas- dijo Lovino palpando torpemente la mano grande que no lo dejaba ver.

-¡Abuelo!- exclamó Feliciano y el hombre quitó sus manos abrazando a ambos chicos que parecían al borde de la asfixia.

-Mis niños, su abuelo ha venido a visitarlos- decía el hombre estrujando a los muchachos separándose un poco para verlos mejor.

-Romano cada día pareces más un mafioso deja de fruncir tanto el entrecejo- le dijo refiriéndose a Lovino revolviéndole el cabello –Y mi Veneciano, tan alegre como siempre- les dijo de nuevo abrazándolos como si no pudiera estarse en paz por mucho tiempo.

-¿Ese es el abuelo de Feli y Lovi?… carajo, este hombre está como los vinos, entre más viejo más sabroso…- Feliks le murmuró a Gilbert mientras veía al hombre mimar a sus nietos

-No digas eso, me vas a hacer pensar que tienes filias extrañas- respondió Gilbert también entre murmullos.

-Creo que debemos irnos- dijo entonces Kiku al que le apenaba interrumpir la reunión familiar, Alfred asintió estando de acuerdo con él.

-¡Es cierto! Ósea hoy es el súper final de America´s Next Top Model y como que primero muerto que perdérmelo. Gilbo mi amor, quiero que cuando llegues a tu casa me contactes y me cuentes todo el chisme de Tony y Franny- le advirtió al chico despidiéndose del albino con un beso en la mejilla a los que Gilbert de alguna manera ya se había acostumbrado, también se despidió de Ludwig y de los hermanos Vargas.

-Hasta luego niños y un súper gusto conocerlo señor…-

-Roma- respondió el abuelo haciendo recordar a Gilbert y a Ludwig que su abuelo había mencionado conocer al abuelo de los italianos.

Los chicos se despidieron pero los hermanos alemanes se quedaron ahí.

-Usted conoce a nuestro abuelo- dijo entonces Ludwig captando la atención del hombre que pareció reparar por fin en la presencia de los chicos, se quedó mirando fijamente al rubio y dando solo dos largos pasos quedó enfrente de él tomándole la cara entre sus manos sobresaltando al rubio.

-Germania- dijo el hombre con una amplia sonrisa y Ludwig tuvo la impresión de estar viendo a un Feliciano entrado en años sonriéndole.

-¿Perdón?- preguntó Ludwig y el hombre lo soltó para darle una fuerte palmada en la espalda que sintió le iba a dislocar el hombro.

-¡Eres idéntico a tu abuelo cuando tenía tu edad! Pareciera que lo tengo enfrente de mí, aunque te hace falta tener el cabello más largo pero eres igualito- le decía ahora viendo a Gilbert que siempre supo que no era para nada parecido a su abuelo… tal vez solo cuando se enojaba.

-Y tú…- el gesto de señor Roma pareció ablandarse al tiempo que le pasaba una mano por el cabello a Gilbert.

-Tú eres idéntico a tu papá-

-¿Conoció a mi papá?- preguntó Gilbert al mismo tiempo que los hermanos Vargas se cuestionaban el hecho de que Gilbert dijera "conoció" y no "conoce".

-Claro, aún era un niño cuando lo vi pero son iguales- dijo sonriente el hombre al igual que Gilbert y después dio una gran palmada.

-¡Ya sé!, vamos a comer a casa de mi viejo amigo, ahhh quiero verlo ya- decía el emocionado Roma

-Oye no te puedes andar invitando a comer a casas ajenas- le regañó Lovino a su abuelo

-Pero Romano~- dijo su abuelo haciendo pucheros.

-Pero nada- dijo firmemente el mayor de los mellizos a lo que el hombre hizo más ademán de estar haciendo caprichos

-No creo que al abuelo le importe- intervino entonces Gilbert volteando a ver a Ludwig que parecía coincidir con la idea.

-¡Está decidido, vámonos!- dijo alegre el hombre y Feliciano parecía compartir su felicidad mientras Lovino parecía enfadado.

-Yo lo que no quería era tener que pararme otra vez en la casa de esos idiotas- masculló Lovino de mala gana ganándose por ello un golpecito en la cabeza por parte de su abuelo.

-No hables así de la gente- Roma le regañó a su nieto un poco molesto y ahora Ludwig tenía la impresión de estar viendo a un Lovino más grande, sobre todo por esa mirada que recordaba a los ojos de gánster de Lovino.

Sin esperar más los cinco se apresuraron a ir a casa de los Bielshmith y por apresurar me refiero a Roma hundiendo el acelerador de su auto así que mientras Feliciano y Lovino iban como si nada, Gilbert parecía de lo más divertido sintiéndose como en una película de Rápido y Furioso mientras que Ludwig iba aferrándose a su cinturón de seguridad esperando llegar vivo a casa.

Como si el señor Roma fuera alguna especie de delincuente en medio de una persecución, hizo caso omiso de los semáforos, señales de tránsito y límites de velocidad, virando por las calles haciendo rechinar los neumáticos de su auto que dejaban marcas en el pavimento hasta que de puro milagro dieron con su destino sin un solo rasguño del auto al que le salía humo del motor.

Los mellizos bajaron estirándose, Gilbert extasiado y Ludwig tambaleándose tratando de recuperar su alma si no es que la había dejado unas diez avenidas atrás. Roma por su lado daba saltitos emocionados hasta la puerta la cual sin siquiera pedir permiso de los dueños de la casa, empezó a tocar desesperadamente el timbre

-¡Ya voy! Paciencia- gritó una voz que hizo a Roma emocionarse aún más.

Finalmente el imponente hombre rubio de ojos celestes atendió y se quedó petrificado al ver al castaño en el umbral de su puerta; Roma sonrió tanto que las comisuras de sus labios parecían estar siendo jaladas por un par de ganchos invisibles.

-¡Germania!- gritó abalanzándosele al otro hombre haciéndolo caer de espaldas y él encima. Los nietos de ambos corrieron para ver si no le había pasado nada grave pero Roma no se dignaba a quitarse.

-¡Germania, cuantos malditos siglos sin verte!- decía abrazándolo aun en el piso.

-Ro… Roma- apenas alcanzó a decir el que parecía responder al apodo de "Germania". Al parecer al señor Roma le encantaba eso de poner apodos, hasta sus nietos tenían apodos.

-¡Quítate de encima viejo pervertido!- gritó ahora empujando al castaño para liberarse de él.

-Tú nunca cambias- dijo el italiano entre quejidos recargando su mejilla en la palma de su mano aun estando en el piso mirando con nostalgia a su amigo que también seguía en el suelo y pareció dibujar una media sonrisa en sus labios.

-Lo mismo digo- respondió el rubio y ambos rieron de la nada.

-Me pregunto si cuando seamos viejos nuestros reencuentros serán así- preguntó Gilbert viendo a los dos hombres maduros en el piso riendo como locos.

Después de diez minutos el abuelo alemán cayó en la cuenta de que estaba dándoles un mal ejemplo a sus nietos así que se levantó y obligó a Roma hacer lo mismo para comportarse como las personas decentes que se suponía eran.

Los dos amigos se hicieron un resumen de sus vidas mientras preparaban la comida y los nietos ayudaban, se contaron de las cosas que hicieron desde el día en que se dejaron de ver, cuando aún eran jóvenes y ambos empezaban sus matrimonios y sus familias. El abuelo de los hermanos Bielshmith a quien Roma se empeñaba a llamar Germania al parecer por una broma de antaño, se había casado apenas terminada la universidad y un año después había tenido un hijo, padre de Gilbert y Ludwig.

Por otra parte Roma había sido un mujeriego que había sentado cabeza casi al mismo tiempo que Germania y contrajo matrimonio con una guapa mujer griega que lo arrastró hasta Grecia en su luna de miel pero se asentaron en Italia, fue entonces cuando ambos amigos dejaron de verse y a pesar de que intentaban seguir en contacto las vueltas de la vida hicieron que lo perdieran por completo.

La abuela de Ludwig y Gilbert murió cuando su padre había cumplido los veinte y Roma duró solo tres años de casado pues se divorció por supuestas infidelidades pero estos años fueron tiempo suficiente para tener una hija, madre de los hermanos Vargas. Su esposa se fue de Italia pero él optó por quedarse.

-Ve~ abuelito, entonces lo que nos decían era verdad, eras un mujeriego- decía Feliciano cuando estaban todos reunidos en el comedor devorando pasta y wurst.

-Mujeriego se queda corto- comentó entonces el rubio ojiazul haciendo que el castaño se atragantara.

-¡No le digas esas cosas a mis niños! ¿Qué clase de imagen se van a llevar de mí?- chilló Roma soltando su tenedor con fideos enredados.

-La verdad, que su abuelo era un mujeriego- dijo Germania como si se divirtiera poniendo en evidencia al otro.

-¿Y tú abuelo? No creo que hayas sido un santo- dijo entonces Gilbert entre risas.

-Tu abuelo no era un santo… ¡Era una ostra de lo aburrido que era!- dijo Roma exageradamente a lo que su amigo le dio un golpecito en el brazo.

-Es la verdad, te la pasabas en la biblioteca haciendo no sé qué cosas y la única vez que hiciste algo divertido fue esa ocasión en la que tú y yo…- pero antes de seguir el rubio le metió el tenedor con pasta en la boca a la fuerza para que se callara.

-No tienes por qué decir cosas innecesarias- le interrumpió con la cara colorada dejando un poco extrañados a los chicos que ahora sí que estaban curiosos de saber que habían hecho ese par.

-¡Ahora nos cuentan! ¿Qué hicieron?- preguntó Lovino con la boca llena de comida.

Roma solo alcanzó a reír quedamente recargando su codo en la mesa mirando fijamente a su amigo que compartió esa risa tranquila, obviamente ambos recordando la misma cosa.

-Nada… solo locuras de jovenzuelos- contestó Roma y los dos se miraron con la misma sonrisa en sus labios.

Tanto Gilbert Lovino y Ludwig parecían decepcionados de no poder escuchar la anécdota pero Feliciano logró captar algo que al parecer los demás no… Feliciano notó la manera en cómo se miraban, la manera cómo se sonreían y la manera como sus manos parecían obligadas a mantenerse en su sitio y no moverse… como si quisieran enlazarlas pero no tuvieran el permiso para hacerlo.

Tal vez Feliciano había sido el único en darse cuenta de que tras la amistad de Roma y "Germania" había algo más, que en su "alocada juventud" tuvieron una historia juntos, que tal vez esa travesura que habían mencionado no era otra cosa más que un arranque de amantes en la oficina de consejería de la escuela, en donde entre trapeadores y escobas se habían besado hasta el cansancio y habían hecho otras cosas que en aquellos tiempos eran tabú.

-Voy por mas vino- dijo entonces el rubio rompiendo la burbuja en la que ambos se habían encerrado tras el recuerdo, se levantó de la mesa y fue a la cocina.

-Parece que usted es más divertido que nuestro abuelo; a veces parece que nació siendo viejo- comentó entonces Gilbert aprovechando la ausencia del adulto haciendo reír a Roma.

-Pues este viejo no se queda atrás, nunca lo has visto regañándonos, casi parece que se le olvidó cuando él era joven- criticó Lovino a lo que Roma le dio un último trago a su copa con vino.

-Nada de eso niños, si los regañamos es precisamente porque no se nos ha olvidado cuando éramos jóvenes y sabemos exactamente lo que significa ir a reuniones de jóvenes católicos con valores saludables…- dijo el hombre mirando fijamente a los chicos que se removieron en sus respectivas sillas y se asustaron aún más cuando el otro adulto llegó

-Ah… ya estamos llenos, vamos arriba- dijo entonces Gilbert y los otros hicieron caso llevando sus platos al fregadero escapando de ahí antes de que algunas verdades salieran a relucir.

-¿Y bien Roma? Nunca me dijiste la verdadera razón de tu divorcio…- dijo entonces Germania cuando los chicos se dirigían a la planta alta.

-A ti nunca te he podido esconder nada ¿Cierto?- preguntó Roma sirviéndose más vino. Meneó la copa un poco viendo el líquido rojo moverse, aspiró el aroma de las uvas fermentadas y la alzó como si fuera a dar un brindis.

-Lo que pasa es que nunca pude olvidar a cierta persona y mi querida esposa se percató de eso; creo que prefería soportar que le fuera infiel con otra mujer… antes que serle infiel con un recuerdo- respondió clavando sus ojos marrones en los claros de Germania que apenas si alcanzó a sonreír sabiendo a que se refería.

-Pero no te preocupes superé por fin el recuerdo y encontré al amor de mi vida- dijo entonces sonriendo ampliamente y un dejo de decepción se plasmó en el rostro del rubio.

-Creo que mejor debería decir que encontré a los amores de mi vida- corrigió Roma ahora viendo a Feliciano y Lovino que subían por las escaleras junto con Ludwig y Gilbert.

-Tienes razón, yo también tengo a los amores de mi vida- coincidió el rubio alzando también su copa dando un brindis con su más querido amigo.

Feliciano les dedicó otra vez una mirada a los adultos y después volteó a ver a Ludwig preguntándose si ellos también terminarían como sus abuelos.

Lovino y Gilbert fueron al cuarto del segundo para jugar videojuegos y retarse solo para hinchar sus egos un poco mientras que Ludwig y Feliciano fueron la habitación de Ludwig pues Ludwig había prometido prestarle un libro al castaño.

-Creo que lo tengo por aquí- decía Ludwig buscando entre su librero que estaba rebosante de libros, casi parecía que los estantes se iban a romper por el peso de los volúmenes.

-Lud- llamó Feliciano y el rubio volteó viendo entonces que Feliciano acababa de sacar un papel de su bolsillo y lo desdoblaba dejando ver un examen con una calificación aprobatoria color rojo.

-¡Pasaste tu examen!- dijo alegre Ludwig viendo el papel y las fórmulas de física que estaban bien hechas y con resultados correctos. –Felicidades, te dije que podrías hacerlo- le felicitó al chico que sonreía satisfecho con su trabajo.

-Todo es gracias a ti- dijo Feliciano recibiendo de nuevo su examen que Ludwig le devolvía; lo dobló concienzudamente.

-Lud, me gustaría darte algo en agradecimiento por haberme ayudado ¿Puedo?- preguntó el chico

-No tienes porqué…-

-Por favor… déjame darte las gracias como se debe-

Ludwig sabía que el chico seguiría insistiendo si le decía que no tenía nada que agradecer, estaba consciente de lo caprichudo que podía llegar a ser así que solo alcanzó a asentir con su cabeza y murmurar un "está bien". Feliciano se guardó de nuevo la hoja de papel y cerró la puerta de la habitación cerciorándose antes de que los hermanos mayores estuvieran entretenidos en su juego y no en otra cosa; le puso el pestillo a la puerta y le pidió a Ludwig que cerrara los ojos, cosa que el rubio dudó un momento en hacer pero quiso confiar en el castaño así que accedió.

Feliciano se acercó con pasos nerviosos a Ludwig y pasó con cuidado sus manos por la nuca del más alto obligándolo a agacharse lo suficiente para quedar a la misma altura y entonces lo besó. No un beso de amigos como los que se daba con Feliks, era un beso de verdad, uno que pretendía ser largo y profundo.

Ludwig se quiso separar cuando sintió los labios de Feliciano en su boca pero este no se lo permitió enganchándose bien de su nuca sin embargo en ese breve momento en el que sus labios se separaron y se miraron directamente a los ojos Ludwig se quedó hipnotizado, nunca había visto una mirada tan seria y decidida en Feliciano así que solo se dejó hacer.

Él nunca había besado a alguien pero para Feliciano parecía algo natural, movía su boca sobre la suya de manera que le indicaba como seguir el ritmo, sintió su lengua rozar la suya y profundizar el beso mientras sus dedos paseaban en su nuca y parte de su cuello mientras escuchaba las respiraciones largas que daba mientras se besaban. Aquello parecía tan irreal pero no era en absoluto desagradable… nunca pensó que el besarse con un hombre se sentiría así de bien, o mejor dicho… besarse con alguien a quien quería.

Feliciano se acercó aún más a Ludwig pegando su pecho al del más alto, pasando sus manos del cuello a sus hombros… ah… tenía que admitir que le gustaban esos hombros anchos que parecían tan fuertes… ¿A quién quería engañar? Le gustaba todo Ludwig y nunca supo en que momento fue que empezó a sentirse así.

El rubio mantenía sus manos estáticas sin moverlas pues no sabía dónde ponerlas pero aun con ello se atrevió a hacer un movimiento y tal vez llevarlas a la cintura de Feliciano.

-¡CHUPATE ESA VARGAS!- gritó entonces Gilbert sobresaltando a los otros dos que se separaron bruscamente al escuchar tremendo grito del ojirrojo que ahora cantaba en alemán seguro por una reciente victoria.

-¡Gilbert ¿Estás diciendo malas palabras?!- ahora se escuchaba la voz de su abuelo.

-¡No abuelo!- respondía Gilbert y ahora se escuchaban burlas de Lovino.

Ludwig y Feliciano escucharon el alboroto y se quedaron viendo el uno al otro con un intenso sonrojo en su rostro, Ludwig estaba a punto de hablar pero antes de lograr decir algo, Feliciano salió del cuarto y buscó refugio con los mayores que le preguntaron porque tenía la cara roja.

En todo ese rato Ludwig se quedó en su habitación y Lovino no le quitó los ojos de encima a Feliciano…

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¡Beso! Kyuuuuu Feli y Luddy son amor puro.

Ahora mis notas no serán largas, mi semana fue un infierno y ahí tienen a su servidora esclavizada al teclado en sábado rompiendo record por haber escrito el capi en un día cuando siempre los escribo en el transcurrir de la semana.

Espero les haya gustado y bueno, ya saben que les doy un millón chorrocientas gracias por sus reviews que me animan así mil XD, gracias de verdad por leer, por comentar por seguir este fic. Nos leemos en el siguiente capi.