THE LOSERS CLUB
Capítulo 11
Una semana y media había transcurrido desde el día en que suspendieron a Sadiq y Heracles y también desde que Kiku había empezado a ausentarse en la escuela dando como pretexto que tenía una infección en la piel que era altamente contagiosa y aunque los profesores parecieran tontos, no lo eran y sabían que el asiático mentía.
El consejero de la escuela había abordado a Feliciano para intentar saber algo de Kiku pero el italiano al igual que los maestros no sabía nada, por lo tanto lo dejó ir para que se reuniera con sus amigos.
-Ve~ con esta ya son tres veces me llaman hoy- se lamentó Feliciano mientras iba camino a la cafetería con el resto de sus amigos.
-Tal vez de verdad está enfermo- propuso Ludwig y los otros chicos negaron con la cabeza de manera pesimista.
-La última vez que se encerró en su casa tardó tres meses en salir y no era precisamente por tener gripa- comentó Alfred tomando asiento en su mesa de siempre escuchando el ajetreo usual entre los alumnos que también iban entrando.
Los seis chicos se sentaron con desgana, todos recargaron los codos en la mesa y se miraban los unos a los otros un poco decaídos por no saber qué hacer para traer de vuelta a Kiku a la escuela, soltaron suspiros a destiempo y se quedaron callados pensando cada quien en alguna posibilidad; o al menos parecía que todos pensaban en una posibilidad pues Gilbert pensaba en otras cosas, de vez en cuando le dedicaba miradas discretas a Feliks el cual había estado actuando todavía más raro de lo usual, podría decirse que ahora apenas si hablaban, no sabía quién estaba distanciándose más si él o el rubio pero estaba seguro de que algo malo estaba pasando entre ellos.
-Alfred, hola- una voz extra sacó a los muchachos de su ensimismamiento y con algo de sorpresa voltearon a ver a Yong Soo, Yao y Kim-ly.
-Hola- saludó extrañado Alfred al ver a su amigo en su mesa puesto que ellos se hablaban en todos lados menos en los recesos por cuestiones de imagen social y esas cosas, aunque al parecer el coreano iba a hablarle de algo serio pues iba acompañado de sus dos primos.
-Perdón que lo pregunte así pero ¿qué haces aquí?- preguntó Alfred pero en lugar de que fuera Yong Soo quien contestara fue Yao.
-¡¿Saben que tiene Kiku?! Me enteré de lo que pasó hace unos días con Sadiq y si no hubieran expulsado al bastardo ya no tendría dientes ahora mismo aru- amenazó el chico haciendo tronar sus dedos.
-Aniki, tranquilízate, no creo que Kiku se haya enclaustrado en su cuarto solo por eso- el coreano intentó tranquilizar a su primo que seguía murmurando todo tipo de torturas antiguas que podría aplicar sobre el turco.
-¿Ustedes tampoco saben nada de Kiku?- preguntó ahora Feliciano algo temeroso de hablar con un par de chicos populares.
-Nuestra tía nos dijo que no sale para nada de su cuarto y que no quiere hablar con nadie pero aun así pensamos que tal vez estaría en contacto con sus amigos. Ustedes son sus amigos ¿Cierto?- dijo entonces Kim-Ly con voz tranquila y gesto apacible. Los chicos se miraron de nuevo los unos a los otros y asintieron con la cabeza.
-Si saben algo dígannos, ya intentamos de todo para sacarlo de su habitación pero nada lo hace ceder, si esto sigue así mi aniki va a terminar tirando la puerta de su cuarto y lo va a sacar a rastras- comentó Yong Soo aprovechando esto para abrazar a Yao que intentó evitar el contacto pero el coreano ya se le había enganchado.
-Está bien, si sabemos algo yo te digo- dijo entonces Alfred despidiéndose de Yong Soo el cual no se desprendió de Yao.
Los jóvenes de nuevo se quedaron en silencio hasta que al parecer Feliciano cayó en la cuenta de algo, así que dio un golpecito en la mesa llamando la atención de todos.
-Oigan… ¿Cuándo fue la última vez que hablamos con Kiku?- preguntó asustado a lo cual todos voltearon a verlo como si acabara de decir una tontería.
-Todo el tiempo hablamos con él- respondió Lovino de mala gana a lo que Feliciano negó con la cabeza.
-No… me refiero a cuándo fue la última vez que Kiku nos contó algo o nos dijo como estaba- dijo Feliciano y tras unos segundos todos se quedaron callados, después bajaron la mirada avergonzados.
Desde que había comenzado el curso nadie se había dado el tiempo de platicar con Kiku ni de preguntarle como estaba aun a sabiendas que para el asiático el pasar el día a día rodeado de gente era una batalla sin descanso. Seguramente todos habían estado demasiado ocupados siendo populares, pensando en verse bien en el colegio, concentrados en sus problemas amorosos, lidiando con los problemas existenciales de otras personas o en los suyos como para preguntar un sencillo "¿Cómo te ha ido?".
-¡Somos un asco de amigos!- exclamó entonces Feliks dramáticamente echando su cabeza sobre sus brazos que estaban en la mesa.
-Puede que lo que pasó con Sadiq no fue lo único que lo llevó a encerrarse otra vez, debió haber sido algo mas- pensó Alfred a lo que Feliks salió de su modo dramático y se levantó con decisión.
-Niñas, ósea es hora de enmendar nuestro error y demostrar que somos los mejores amigos que Kiku pueda soñar ¡Vamos a traer a ese hombrecito de vuelta a la escuela!- dictaminó Feliks con una media sonrisa confiada en sus labios.
-Perdón pero no te puedo tomar muy en serio cuando nos llamas "niñas" a todos- comentó Lovino a lo que Feliks aun parado lo ignoró llevándose una mano a la barbilla para pensar en un plan tan fabuloso como él; así que mientras pensaba otras dos personas que ya eran recurrentes en su mesa, se acercaron a ellos.
-¡Lovi!- gritó amorosamente Antonio abrazando por sorpresa al italiano que soltó un gritito al sentir los brazos del español envolviéndole mientras que Francis iba unos pasos detrás con más calma.
-¡Sueltamente bastardo!- gritaba Lovino siendo llenado de besos por Antonio que no se media a la hora de mostrar su amor por Lovino sin importarle realmente el montón de corazones que rompía cada vez que lo hacía.
-Ven a comer conmigo, anda, ven ven ven- decía el ojiverde como si fuera un cachorrito tomando la mano de Lovino para jalarlo hasta su mesa pero este armándose de la poca paciencia con la que Dios lo había dotado intentó no gritarle al otro castaño.
-No, tú te largas a tu mesa yo me quedo aquí ¿Entendido?- sentenció Lovino señalando la mesa en la que el par de amigos populares siempre se sentaban.
-Pero…- quiso discutir Antonio.
-No voy a dejar de comer aquí solo porque estoy contigo, vete a tu mesa y deja de molestar- le ordenó el italiano y el ojiverde pareció entristecerse.
-Entonces… ¿Podemos regresar a casa juntos?- preguntó haciendo esos endemoniados ojos de borrego degollado, casi parecía que el hombre se iba a poner a llorar ahí mismo si Lovino no le daba una respuesta afirmativa por lo tanto Lovino soltó un gruñido antes de responder.
-Sí, maldita sea pero ya vete de aquí- dijo de mal modo y Antonio alegre le tomó la cara para darle un beso rápido en los labios que provocó las burlas del resto de los amigos y que Lovino les recitara todo su glosario de groserías.
-¿Tú vienes con nosotros Gilbert?- preguntó Francis, y como si hubiesen activado un interruptor en el albino este se levantó de inmediato con toda la disposición de ir a comer con ellos como había hecho esos últimos días en los que ni siquiera la ausencia de Kiku le impidió seguir su camino hacia la popularidad.
-Claro, vamos- respondió tomando su comida pero antes de poder acercarse un poco a los chicos Feliks lo tomó por la muñeca con más fuerza de la necesaria.
-Como que perdón queridos, ósea yo sé que ustedes necesitan a mi Gilbo para llenar un hueco en sus vidas pero ahora mismo como que tenemos un asuntito que resolver y es necesario que él esté con nosotros. Perdón de verdad- dijo Feliks fingiendo parecer apenado.
-¿Qué asunto es ese?- preguntó Gilbert molesto y aun apresado por el ojiverde.
-Eh… Kiku enclaustrado en su cuarto desde hace casi diez días… tal vez- respondió Ludwig dando a entender que la respuesta era más que obvia.
-Oh… cierto- susurró Gilbert sin querer parecer un insensible. –Lo siento chicos, tal vez después- se disculpó con Francis y Antonio que tomaron aquello de buena manera así que como una acción que ya se había convertido en habito, le revolvieron el cabello plateado; de hecho ese cabello blanco les causaba mucha curiosidad así que cada vez que tenían oportunidad lo tocaban y lo despeinaban (secretamente buscando algunas raíces negras que rebelaran que Gilbert en realidad se teñía el pelo).
Antonio se despidió efusivamente de Lovino y este sintiendo algo muy parecido a la pena ajena solo se tapó la cara ignorando al entusiasmado español mientras que Gilbert era soltado y volvía a tomar asiento. Feliks se aclaró la garganta y miró a todos sus amigos sin dejar de sonreír.
-Niñas, solo les diré una como que totalmente sencilla cosa: Si la montaña es demasiado anti-social y un retraído entonces Mahoma como que se pone los tacones y va hasta la montaña para darle una lección de autoestima a ese montón de tierra erosionada- explicó Feliks.
-¿No era más fácil solo decir si la montaña no va a Mahoma, Mahoma va a la montaña?- preguntó Alfred sin entender realmente a que venían esas analogías tan extrañas por parte del rubio que rodó los ojos y soltó un resoplido.
-Me entendieron ¿No? Así que en resumidas cuentas mañana a primera hora del día nos ponemos fabulosos y vamos a casa de Kiku, ósea nada de "no puedo faltar a clase porque me reprueban" mañana los quiero a todos en casa de nuestro amigo capicci? – dijo señalando a cada uno de sus amigos.
-No… por favor no intentes hacer un acento italiano, tú no- solo respondió Lovino.
Por otro lado los hermanos alemanes se voltearon a ver dudosos, obviamente su abuelo jamás les daría permiso de faltar a un día de escuela, era eso o arriesgarse a que el abuelo empezara a pensar que eran parte de una banda de traficantes de drogas o de órganos para el mercado negro, sin embargo Feliks les había echado esa mirada de gata enfurecida que claramente les daba a entender que si faltaban al compromiso entonces iban a ser víctimas de su pésimo humor hasta el último día en la preparatoria.
-El abuelo no se puede enterar de esto- le dijo Ludwig a su hermano que coincidió con él.
-Si se entera nos mata, nos vuelve a revivir, nos vuelve a matar y después deja nuestros cadáveres encerrados en casa hasta que él muera- comentó el albino afligido.
-Ve~ no se preocupen, solo tienen que salir de casa a la hora de siempre y regresar como si fuera un día normal de escuela, no creo que su abuelo los siga todo el día- les tranquilizó Feliciano con su sonrisita boba de siempre.
-Feli, se nota que aún no conoces bien al abuelo- respondió Gilbert pensando que mañana Dios, Budha, Alá y toda deidad deberían ponerse de su lado y hacer algún tipo de magia divina para que su abuelo no descubriera que iban a faltar a la escuela además era por una buena acción, no podía ser algo tan malo.
Los chicos se pusieron de acuerdo para verse en casa de Kiku, Alfred les pasó su dirección y les dibujó un croquis que algunos tardaron bastante en descifrar. Finalmente terminaron el almuerzo con la firme disposición de salvar a Kiku de las garras de su depresión.
El timbre anunció que el receso terminaba y era hora de retomar las clases así que los amigos se dispersaron para a ir a sus respectivas clases. Alfred iba un poco taciturno, cosa rara en él quien siempre iba por los pasillos tarareando la Marcha Imperial y cosas así, esa vez solo caminaba pensando en Kiku y en que efectivamente últimamente casi no había hablado con él, sintiéndose ligeramente culpable por no ver lo que tenía prácticamente frente a sus ojos.
-¿Alfred?- llamó entonces la voz fría y aterciopelada de Natasha, incluso tocó el hombro del rubio para que este volteara.
La chica había visto pasar a Alfred y pensó que este la saludaría como a veces hacía pero este solo pasó caminando como un espíritu en pena o algo parecido, por lo tanto Natasha se tragó su orgullo y con toda la vergüenza del mundo fue a saludar al ojiazul que sonrió ligeramente, ni siquiera la presencia de Natasha le animaba tanto en un momento así.
-¿Qué tienes?- preguntó sin rodeos la muchacha, el rostro inexpresivo y los ojos clavados en los de Alfred como exigiéndole una respuesta sincera.
Alfred se forzó a sonreír de nuevo pero su actuación apenas y duró medio minuto pues borró el gesto supuestamente feliz de su rostro y dejó caer sus hombros pesadamente mientras daba un resoplido de desánimo.
-Un amigo tiene problemas y estoy pensando en cómo ayudarlo- se sinceró Alfred y Natasha solo se quedó mirándolo aun con esa cara estoica de siempre que le daba la apariencia de una escultura o de una muñeca.
-Creo que cualquier cosa que hagas servirá mientras le hagas saber que estás preocupado… el gesto es lo que importa- respondió la muchacha sin mucha emoción en la voz.
-Espero que funcione- solo respondió Alfred acomodándose los lentes y quedándose en silencio unos momentos hasta que Natasha jaló ligeramente la manga de su chaqueta.
-Alfred…- el ojiazul volteó a ver a la joven a quien se le pintaban las mejillas otra vez con ese tono rosado que se le veía tan bien en su piel blanca. Natasha alzó la cara y se llevó los dedos índices a las comisuras de sus labios.
-Sonríe- le dijo dibujando una apenas perceptible sonrisa y ahí quedó el corazón de Alfred, paralizado por una sobredosis de ternura.
-¡Claro!- dijo el rubio también sonriendo de nuevo como un héroe junto con Natasha la cual después de un rato, sin despedirse siquiera, solo volteó y se fue tal vez buscando un hoyo para morir de la pena por haber hecho tal cosa.
Alfred rió viendo a la chica casi corriendo esquivando gente y escapando, el americano sintió entonces nuevos ánimos para seguir con su día y ayudar a Kiku.
Fue así como el día siguiente llegó, los hermanos alemanes tuvieron que hacer uso de sus dotes histriónicos para hacerle creer a su abuelo que sería un día tan normal como cualquier otro pero al parecer el jefe de la familia era una especie de detector de mentiras humano pues apenas sus nietos despertaron y bajaron a desayunar no les quitó los ojos de encima, es más, apenas salieron de casa los siguió con su auto, iba lentamente detrás de ellos como si fuera un secuestrador al acecho… hasta que un policía lo detuvo sospechando de él, los chicos tuvieron que decir que conocían al hombre con pinta de secuestrador. Temiendo que el abuelo los estuviera siguiendo aun hasta la escuela siguieron directo hasta el colegio pero antes de entrar se aseguraron que no eran seguidos de nuevo y se desviaron ahora si para ir a casa de Kiku.
Sin embargo había otras personas que iban llegando a la escuela como cualquier otro día, entre ellas estaba la siempre aplicada y muy lista Elizabetha la cual llegaba a la escuela cargando algunos cuantos pesados libros en sus manos y un par de partituras para su novio. La jovencita iba tarareando una canción que había estado ensayando toda la semana cuando escuchó a alguien llamarla en voz baja; ella volteó varias veces buscando a la voz pero no veía a nadie hasta que otra vez escuchó su nombre y se dio media vuelta para ver al otro lado de la reja a Sadiq.
El moreno obviamente estaba afuera de la escuela, llevaba un abrigo verde y usaba la capucha de este para cubrirse la cabeza y parte del rostro que estaba lleno de moretones. El pelinegro le hacía señas a la chica para que se acercara y esta un poco extrañada así lo hizo.
-¿De verdad me estás hablando a mí?- preguntó ella cuando estuvo frente a la reja que la separaba del turco.
-Eres la única que responder al nombre de Elizabetha- respondió Sadiq un poco malhumorado.
-Lo pregunto porque la última vez que me hablaste me dijiste que te daba asco y que jamás me volviera a acercar a ti en toda mi vida- explicó la chica viendo como Sadiq arqueaba una ceja.
-Eso fue cuando teníamos nueve años y me ganaste en una pelea- dijo el muchacho a lo que la castaña se encogió de hombros.
-Aun así nunca me volviste a hablar así que el hecho de que ahora miso me estés hablando me hace pensar que mataste a alguien, no sabes dónde ocultar el cadáver y necesitas un consejo de alguien inteligente- dijo la chica pensando seriamente en esta posibilidad.
-¿Qué clase de imagen tienes de mí?- preguntó Sadiq dando un suspiro y revolviéndose el cabello metiendo su mano bajo la capucha.
-No maté a nadie pero si necesito un consejo con respecto a…- empezó a decir el muchacho a lo cual Elizabetha sonrió de manera juguetona.
-Ese chico Kiku supongo- la joven terminó la frase viendo como Sadiq parecía apenado y desviando la mirada asentía con la cabeza. Elizabetha rió un poco antes de hablar.
-Antes que nada déjame regodearme por el hecho de que el buller de la escuela le está pidiendo consejo a esta triste nerd ratón de biblioteca… si, se siente tan bien esto- decía la muchacha abrazando sus libros y a si misma haciendo como que se estremecía de placer.
-Pues regodéate mejor por el hecho de que eres la única persona con la que se me ocurrió hablar porque la última vez que alguien habló conmigo fue como si el mismo Satanás me hubiera aconsejado; además Liz tú debes saber qué hacer, llevas como mil años de relación con tu novio así que algo bueno debes de hacer para que sigan juntos y no se quieran matar cada vez que discuten… después de todo no tienes un carácter muy suave que digamos- dijo el turco murmurando lo último procurando que la joven no lo escuchara pero esta al parecer si lo hizo así que le dedicó una mirada enfadada que borró rápidamente.
-Al parecer es obvio que quieres arreglar las cosas pero ¿Por qué le hiciste eso?- preguntó Elizabetha un poco más seria a lo que Sadiq solo bajó aún más la capucha del abrigo cubriendo la mitad de rostro con ella.
-No sé… porque soy joven y estúpido- respondió sin más el moreno.
-No le eches la culpa a tu juventud, solo eres estúpido- contestó la ojiverde, el turco no dijo nada sabiendo que ella tenía razón en eso. Elizabetha tomó aire y pensó un momento.
-Si no me quieres decir realmente porque lo hiciste entonces solo te puedo aconsejar que hables con él y que le digas que diablos pasó contigo como para hacerlo algo así-
-Si claro, algo tan fácil como hablar con él va a solucionar todos mis problemas, seguramente ni siquiera me quiere ver- dijo Sadiq pateando la reja frustrado
-¿Estás dudando de mi sabiduría? Ve y habla con él… las palabras tienen un gran poder sobre las personas, sobre todo dependiendo de quién vienen y si Kiku no quiere escucharte entonces hazte escuchar estoy segura que eso no se te va a dificultar- le dijo la castaña sonriéndole confiada en lo que decía. –Y solo por si te interesa, Feli me dijo que sus amigos irían a verlo a su casa hoy; suena como una buena oportunidad para redimirte- la chica se encogió de hombros como si este hubiera sido solo un comentario casual, dio la media vuelta girando sobre las puntas de sus pies aun cargando sus libros haciendo como que se iba a su clase.
-Si no funciona lo que me dices tu novio va a ser mi siguiente víctima, va a soñar conmigo hasta cuando tenga cuarenta años y tenga que tomar terapia para intentar dormir- amenazó Sadiq usando esta frase para disfrazar un "gracias".
-De nada Sadiq fue un placer ayudarte y por cierto, si logras reconciliarte con Kiku a cambio de mi ayuda tienen que ir a verme cantar, es un trato- dijo la chica despidiéndose de él con un gesto de la mano yendo hasta donde estaba Roderich el cual había estado vigilando desde lejos a su novia esperando que el turco no la fuera amatar o algo así.
Sadiq se acomodó de nuevo la capucha y emprendió el camino a casa de Kiku, no importaba si tenía que hacer algún tipo de esfuerzo sobrehumano, le iba a explicar al asiático lo que lo había llevado a hacer tal estupidez, le pediría perdón y después esperaría a que el japonés lo perdonara… de no ser así… no sabría qué diablos hacer y debería empezar a cotizar esta última posibilidad.
Tras perderse al menos una hora por no recordar muy bien donde quedaba la casa del chico, llegó por fin y tocó con ansias el timbre haciéndolo sonar el aparato al menos diez veces desesperando así a la señora Honda que fue a abrirle al muchacho reconociéndolo de inmediato.
-Buenos días señora Honda ¿Puedo pasar a ver a Kiku? Gracias- dijo de corrido entrando a la casa sin esperar respuesta de la mujer que fue tras el muchacho.
-No sabía que iban a venir mas de sus amigos a verlo ¿Acaso no hubo clases hoy en la escuela?- preguntó la dama yendo tras Sadiq que sin ningún recato caminaba hasta la escalera y se detuvo en seco al escuchar esto.
-¿Sus otros amigos ya están aquí?- preguntó esta vez un poco nervioso escuchando entonces las voces de otros chicos.
Feliks, Gilbert, Ludwig, Feliciano, Lovino y Alfred habían pasado toda la hora anterior golpeando la puerta de kiku esperando que este saliera de su habitación al menos para recibirlo pero a cambio solo habían escuchado al asiático pidiéndoles que se fueran.
-¡Kiku ábrenos por favor!- pedía Feliciano llamando por centésima vez a la puerta
-¡Váyanse de aquí, no quiero ver a nadie!- respondió Kiku al otro lado.
El asiático estaba envuelto con una vieja frazada como si fuera una oruga; hecho un ovillo en su cama que estaba tapizada de hojas con dibujos junto con las paredes. El moreno aun recostado en su cama usaba su almohada como apoyo para su libreta de dibujos.
Kiku no necesitaba a las personas, no necesitaba a la gente, no necesitaba ser juzgado por nadie, no necesitaba que alguien lo mirara por debajo del hombro, no necesitaba que lo traicionaran, no necesitaba personas que usaban máscaras, no necesitaba las mentiras ni necesitaba las humillaciones, no necesitaba salir al paralizante mundo exterior… lo único que necesitaba eran sus dibujos porque en ellos tenían todo; tenía compañía, desahogo, apoyo, tenía la libertad que le daba cada línea hecha con lápiz. Sus dibujos eran su válvula de escape, su substituto de la realidad, el sedante… no necesitaba más.
-¡Kiku en serio ósea como que tienes que salir de ahí!- esta vez era Feliks quien llamaba a su puerta.
-No puedes escapar de la escuela cada vez que algo malo te pasa- Alfred dijo acercándose a la puerta.
¿Escapando?
-¡Ustedes no entienden!- gritó entonces el moreno levantándose de su cama cubriéndose por completo con las cobijas –No estoy escapando… solo quiero desaparecer…- se dijo bajo la obscuridad de las frazadas.
-A todos nos han hecho sentir mal y nos han humillado pero, mira, seguimos estando bien- quiso animarle esta vez Gilbert recargándose en la pared desanimándose cada vez más.
-Gilbo tiene razón, ósea estás hablando con el Loser club, hemos sido humillados más veces de las que podemos contar- dijo Feliks llevándose las manos a las caderas –Está bien, como que déjame contarte de la vez que se me ocurrió jugar con el delineador de mamá cuando iba a la secundaria; esa mañana llovió súper feo y cuando llegué al salón como que mi grupo entero me dijo que parecía una drag queen con unos pasones de cocaína encima ¡Me quise morir! y no salí del baño hasta que las clases terminaron- contó el rubio con la cara pintándosele de rojo al tener que recordar aquello.
-Yo también… una vez para la clase de arte llevé un dibujo de mi hermano desnudo y todos pensaron que era un pervertido, todo el semestre estuvieron esparciendo rumores de que estaba enamorado de Romano ve~- dijo Feliciano viendo con algo de culpa a su hermano por aquel vergonzoso incidente en el que pensó todos admirarían su habilidad para el dibujo realista, además de que Romano era un gran modelo y no estaba del todo desnudo, al menos lo cubría una sábana.
-Vene llevó un dibujo de mi desnudo a su clase de arte, mi reputación sigue arruinada desde ese día y no creo que pueda hacer algo al respecto ya- comentó Lovino dedicándole una mirada asesina a Feliciano precisamente por recordar aquello.
-A mí una vez después de la práctica de básquetbol, estábamos en los vestidores y todo el equipo vio mis trusas con el símbolo de Flash… ese día regresé a casa sin ropa interior- dijo con total vergüenza Alfred cubriéndose la cara por tener que haber dicho aquello en voz alta.
-Oigan, ustedes de verdad son patéticos- dijo ahora Gilbert a lo que Feliks le tapó la boca de inmediato.
-Tú también tienes que cooperar- le dijo en susurros para que Kiku no lo escuchara así que Gilbert tuvo que hacer un recuento de los momentos vergonzosos de su vida.
-Ah… pues… yo lloré con el final de temporada de Greys Anatomy y mi abuelo me descubrió…- dijo Gilbert pensando que tal vez ese era su recuerdo más vergonzoso. Todos lo voltearon a ver aguantándose la risa por eso pero fueron considerados y se tragaron sus carcajadas.
Cuando era el turno de Ludwig de contar alguna anécdota humillante Kiku los interrumpió.
-¡No es lo mismo!- gritó desde su cama –Ustedes de verdad no entiende cómo es que alguien que te importa destroce tu trabajo en tu cara ¡No entienden!- les espetó a lo que todos se miraron los unos a los otros.
-Pero Kiku… Sadiq no es nadie importante para ti- dijo Feliciano sin saber lo que había pasado con Sadiq y Kiku.
El asiático sintió una punzada de dolor en su pecho y se afianzó aún más a las cobijas. Como quisiera que esas palabras fueran verdaderas, si fuera así a él no le hubiera importado nada; lo que le dolía no era realmente su trabajo arruinado, lo que le dolía era que había sido precisamente Sadiq quien lo había hecho.
-Si es importante… él si es alguien importante para mí- se confesó Kiku entonces sintiendo que era tonto negarlo en esa situación.
-Si soy tan importante entonces déjame darte una explicación-
Los chicos saltaron cuando escucharon la voz del turco a sus espaldas y vieron al moreno parado ahí mirando fijamente la puerta cerrada. Desde dentro Kiku sintió como se estremecía todo su cuerpo por la sola voz de Sadiq… y sintió miedo, mucho miedo.
-¿Qué haces tú aquí?- preguntó Feliks entre temeroso y enojado.
-No te importa- contestó tajante el turco mirándolo con molestia.
-Creo que si sabes que la razón de que Kiku esté ahora mismo ahí sin querer salir eres tú- dijo ahora Lovino retrocediendo aunque su voz sonara firme.
-Eso lo sé de sobra- contestó el turco empujando a los chicos poniéndose de nuevo frente a la puerta con un gesto apenado como si estuviera enfrente del japonés.
-¿Podrías abrir la puerta para hablar?- preguntó tratando de mantener la calma.
-¡No! Vete de aquí, a ti es a quien menos quiero ver ¡Váyanse todos de una vez déjenme en paz!- dijo el chico y se escuchó como si hubiera arrojado algo pues un golpe seco hizo vibrar la puerta.
Cabe destacar que Sadiq no era una persona muy paciente así que su propósito de mantener la calma rápidamente se fue al diablo.
-¡Abre esta maldita puerta o te juro que la tiro!- esta vez fue Sadiq quien gritó e hizo temblar a todos los presentes que pensaron que estaba empeorando la situación.
-¡Solo vete!- ordenó el nipón sin hacer caso de la amenaza.
-Tú lo pediste- murmuró el turco y se hizo unos pasos hacia atrás para poder tomar fuerza, luego alzó su pierna y de una sola y fuerte patada echó abajo la puerta, todos gritaron cuando el pedazo de madera se salió de las bisagras y fue a dar al piso.
-¡¿Qué diablos te pasa?! ¡No estamos en la Ley y el Orden!- gritó asustado Gilbert viendo al turco ignorarlo entrando a la habitación dando pesadas zancadas pasando por encima de la puerta y viendo a la bolita de tela que era Kiku; se acercó a este y pareció como si le estuviera arrancando la cobija de la piel.
-Ahora si me vas a escuchar- le dijo viendo al asiático como un ratoncito asustado queriendo escabullirse de su cama sin embargo antes de poder lograrlo Sadiq logró atraparlo tomándolo de la muñeca y jalándolo hacía él aunque en el proceso Kiku resbaló con uno de los tantos papeles que había en el piso cayendo al piso, momento que el turco aprovechó para ponerse encima de él y someterlo contra el piso sin darle oportunidad a huir.
-Suéltame, no quiero ver a nadie- chilló Kiku retorciéndose bajo el agarre de Sadiq.
-¡Kiku!- gritó Sadiq para que el mencionado se callara y lo miró directamente a los ojos perforándolo con sus iris casi negras –Escúchame por favor- le pidió en una voz más suave haciendo que por fin el nipón guardara silencio pero no dejaba de temblar.
Sadiq abrió la boca para empezar a hablar pero el peso de las miradas de otros presentes lo hizo voltear antes de decir algo. El moreno volteó hacia donde los otros amigos de Kiku miraban desde el marco de la puerta con atención, solo les faltaba un tazón con palomitas para completar la escena que parecía la de un grupo de tipos viendo una película de drama romántico.
-¿Podría tener algo de privacidad?- dijo Sadiq enfadado a lo que los demás parecieron reaccionar.
-Huy ósea, el que rompió la puerta fuiste tú además como que estás mal de tu cabeza si piensas que te vamos a dejar solo con Kiku ahí tirados los dos en el suelo… ósea no- dijo Feliks cruzándose de brazos negando con su dedo índice.
-Está bien… déjenme hablar con él- dijo Kiku que aun estando bajo el cuerpo de Sadiq accedió a hablar con él sorprendiendo a sus amigos quienes parecieron dudosos de dejarlo solo con ese tipo, sin embargo Feliciano haciéndole caso al moreno empujó a todos lejos de ahí para poder dejarlos solos y tal vez distraer a la señora Honda del hecho de que un delincuente juvenil acababa de destrozarle la puerta.
Habiendo quedando solo tal vez lo más adecuado fuera que Sadiq y Kiku se levantaran y tomaran asiento para platicar como la gente normal, sin embargo ni Kiku ni Sadiq era gente normal así que se quedaron en el piso. Sadiq aun tomando con fuerza las muñecas de Kiku volteó a verlo de nuevo sintiendo que la cara se le podría caer de vergüenza en cualquier momento pero aun con ello tenía que ser un hombre de verdad.
-Perdóname- dijo en voz baja sin dejar de mirar directamente al asiático –En verdad perdóname por lo que te hice- volvió a decir esperando alguna palabra por parte de Kiku el cual se quedó mirándolo un momento más sintiendo sus manos adormeciéndose por el fuerte agarre de Sadiq.
-¿Por qué lo hiciste?- preguntó sencillamente Kiku, sin drama ni algún tipo de discurso despechado, solo una sencilla pregunta.
Como si estuviera desmoronándose Sadiq disminuyó la fuerza de sus manos y su espalda se fue encorvando a medida que bajaba su cabeza hasta recargarla en el pecho de Kiku que intentaba ver el rostro del moreno, escuchó como este tomaba aire dificultosamente para hablar.
-Por qué no sé cómo es estar con una persona- respondió el turco con su frente aun recargada en el pecho del nipón. –Estoy tan acostumbrado a que la gente me odie o a que se alejen de mí que cuando un bastardo infeliz me dijo que tal vez tú eras igual al resto de la gente… me dio miedo… sentí tanto miedo de que la única persona con la que tal vez podría estar fuera a rechazarme…-
-Que preferiste lastimar antes de que te lastimaran- concluyó Kiku sintiendo como el muchacho asentía con su cabeza aun recargada en su cuerpo.
-No sé hacer otra cosa Kiku, toda la vida lo único que he aprendido ha sido a defenderme de los que me aborrecen, no sé cómo ser bueno y lo único que se me ocurre ahora es pedir disculpas porque supongo que eso es lo que se debe hacer cuando lastimas a alguien más- decía Sadiq sin atreverse a alzar su rostro esperando las palabras del asiático que tardó un poco en contestar.
-Yo tampoco sé cómo es estar con alguien… no sé qué se debe hacer cuando alguien te lastima o cuando lastimas. Todo el tiempo he estado rechazando al mundo así que cuando algo me pasa no tengo idea de cómo debo actuar… no sé cómo enfrentar a la gente ni las situaciones dolorosas… a veces solo quiero desaparecer porque siento que yo no encajo aquí con el resto de la gente- se sinceró Kiku que miraba el techo de su cuarto fijamente.
-Pero ahora mismo… creo que quiero seguir existiendo e intentar aprender cómo es estar con alguien- dijo el muchacho y Sadiq levantó por fin la cara, sus ojos ligeramente enrojecidos y una expresión de duda en sus facciones.
-¿Eso quiere decir que me perdonas?- preguntó el moreno y Kiku asintió con la cabeza como habiéndole devuelto al aire a Sadiq que se dio permiso de sonreír aliviado por esto.
-Kiku… ¿Me dejas intentar algo?- preguntó el turco después de un momento y sintiendo su corazón retumbar el japonés dudó un momento antes de acceder.
Sadiq se acomodó mejor sobre el cuerpo de Kiku, volvió a poner su cara a la altura de la del asiático pasó sus manos de las muñecas del chico hasta acariciar las palmas de su mano con sus dedos provocándole un ligero cosquilleo al tiempo que sus respiraciones chocaban.
-Creo que esto también es parte de estar con alguien- susurró el turco y su voz sonó hipnotizante y casi sensual. Sus ojos obscuros atravesaban los de Kiku que sentía aun el roce de los dedos del turco sobre sus manos y como el cosquilleo le recorría hasta llegar a su codo en una sensación bastante extraña que lo ponía ansioso mientras que por mera inercia o tal vez instinto cerraba sus ojos; de un momento a otro un apenas perceptible sabor a especias llenó su boca.
Los labios de Sadiq tenían un ligero sabor a canela… orégano… ají… simplemente un sabor exótico y la textura de su boca definitivamente era como la arena del desierto, labios ásperos y calientes justo como su piel morena y la barba que adornaba su mentón. Después de todo, entreabriendo apenas sus ojos mientras lo besaba, Kiku se daba cuenta de que sin aquella estúpida mascara, Sadiq era un hombre muy guapo; se sintió un poco egoísta cuando pensó que prefería que el turco usara su antifaz y solo se lo quitara cuando estuviera con él.
-Entonces… ¿Qué te parece si damos el primer paso y salimos de aquí?- propuso Sadiq que tenía la cara ligeramente roja a diferencia de Kiku que tenía un arcoíris en las mejillas.
-Está bien- accedió el asiático tras ver la puerta… o mejor dicho, el marco de su habitación y el pasillo como si este fuera un mundo completamente diferente.
Los dos muchachos se levantaron por fin del piso y Sadiq vio un poco apenado la puerta tirada en el piso y prometió repararla. Salieron de la habitación, cosa que le costó bastante trabajo a Kiku quien pareció algo renuente pero aun con ello se armó de valor y fue por el pasillo, bajó las escaleras sintiendo cada peldaño como una montaña empinada que daba a un vacío desconocido hasta que llegó a la sala y vio a todos sus amigos comiendo galletas de arroz y tomando té verde acompañados de su madre que es mostraba el enorme árbol genealógico de su familia.
Todos se levantaron de su asiento apenas vieron a Kiku bajar seguido de Sadiq, el primero en írsele encima en un abrazo fue Feliciano.
-Kiku perdónanos por ser malos amigos- decía afligido el italiano sin soltar al moreno que se extrañó un poco por esta disculpa.
-¡Kiku! Ósea como que no te volvemos abandonar nunca jamás en la vida- ahora era Feliks el que se iba encima del asiático mientras que los cuatro restantes prefirieron mantenerse en sus lugares.
-No fue su culpa, perdón por haberles hablado de esa manera y preocuparlos- dijo Kiku que era estrujado por Feliciano el cual no parecía tener intenciones de soltarlo en un buen rato.
Alfred Gilbert Lovino y Ludwig por otro lado veían a Sadiq tratando de explicarse por el abusón que había llevado a Kiku a encerrarse de nuevo estaba ahí tan fresco como una lechuga con esa sonrisa que no inspiraba nada de confianza.
-¿Y él por qué sigue aquí?- preguntó entonces Lovino señalando al turco haciéndose el valiente cuando en realidad estaba temblando de miedo.
-Es cierto, aléjate de Kiku antes de que te desfigure esa cara de terrorista que te cargas y mira que estas uñas pueden ser muy filosas- dijo entonces Feliks poniéndose frente a Kiku haciendo sus manos como si fueran garras que en lugar de verse amenazador se vio todavía más afeminado. Kiku sin embargo salió de detrás de Feliks y en su lugar se puso frente a Sadiq como si lo estuviera protegiendo.
-No, Sadiq me ayudó… lo que pasó en realidad fue un malentendido-
Los presentes parecieron realmente confundidos con esta declaración así que aprovechando el hecho de que no habían ido a clases, Kiku y Sadiq se tomaron el tiempo de explicar cómo habían forjado una relación y porque fue el dicho malentendido.
Y así quedando solucionado el problema de Kiku, habiéndolo salvado de lo que pudo ser un encierro de meses el Losers club volvió a estar tan unido como siempre, volviéndose los mejores amigos, compartiendo anécdotas de juventud, vivencias, lecciones de vida, aprendiendo y apoyándose los unos a los otros hasta que finalmente se graduaron entraron a la universidad y fueron felices para siempre…
Si, tal vez esto hubiera sido una buena conclusión pero no, la verdad es que era a Feliks a quien le hubiera encantado que esto fuera una buena conclusión pero las cosas apenas estaban empeorando junto con su pésimo humor que había llegado a límites insospechados.
Era otro día de escuela después de la tempestad asiática, Feliks iba por el pasillo platicando con Gilbert como siempre, el ojiverde de vez en cuando se enganchaba al albino y este correspondía el gesto con tanta naturalidad que parecía que sus movimientos estaban perfectamente coordinados con los del rubio. Los dos iban riendo juntos tal vez regocijándose en su ego y cosas así hasta que entraron a la cafetería buscando su mesa de siempre en donde solo estaban Feliciano y Ludwig; los dos jóvenes estaban a punto de llegar cuando fueron abordados por Francis.
-Gil, conque aquí estabas ¿Vienes a sentarte conmigo? Antoine se me perdió de vista y no quiero sobrevivir a eso yo solo- dijo señalando a su horda de fans ansiosas por su presencia.
Ante esto Feliks estaba a punto de contestar en lugar de Gilbert para seguramente rechazar de manera no muy sutil al francés sin embargo, anticipando esto, Gilbert habló primero.
-Por supuesto, vamos- dijo animado porque ya no era una secreto que adoraba comer con el bad friend duo y que para sorpresa de literalmente ese "todo mundo" Francis y Antonio lo estaban aceptando como su igual.
-Pero Gilbert…- quiso discutir Feliks.
-Solo será por hoy; prometo compensarlo, llama a Toris y el fin de semana salimos los tres a hacer cosas fabulosas ¡No te pongas así!- le decía Gilbert caminando queriendo seguir a Francis abrazando rápidamente a Feliks para tranquilizarlo y luego corriendo junto con el francés.
-Si claro, solo por hoy… y ayer, y antes de ayer y toda la semana que se suponía que lo compensarías… llevó no sé cuántos Sábados cancelándole a Toris porque tú te has ido con tus amigos…- murmuró Feliks viendo al albino sentándose felizmente bromeando con Francis y tonteando con alguna de sus fans queriendo parecer más cool de lo que ya se esforzaba en parecer.
El ojiverde volteó a ver lo que ahora parecía una solitaria mesa en medio de la cafetería pues solo estaba Feliciano y Ludwig platicando encerrados en un mundo que parecía no permitía la entrada a nadie más.
-Hola… ¿Dónde están todos?- preguntó con desgana Feliks sacando su celular mientras tomaba asiento y revisando algunas cosas irrelevantes de sus redes sociales sacando al italiano y al alemán de su charla.
-Ve~ Kiku está con Sadiq, Lovino con Antonio y creo que Alfred se quedó platicando con Natasha en el pasillo- contestó Feliciano alegre de nombrar a toda una serie de parejitas enamoradas, aunque esto no ayudaba mucho al humor de Feliks.
-¿Dónde está Matty cuando se necesitan sus sarcasmos? Se supone es el miembro auxiliar- masculló el ojiverde notando que nada interesante pasaba en internet así que dando un larguísimo suspiro guardó su celular y forzó una sonrisa en sus labios.
-Así que aquí estamos como que tres solteros empedernidos llenos de actitud ¿Les parece si nos alocamos un poco y vamos a buscar traseros sexys?- preguntó Feliks tratando de recuperar su humor de siempre haciendo reír nerviosamente a los otros dos que se miraron el uno al otro como si estuvieran comunicándose por telepatía
Los chicos miraron a Feliks que parecía no entender qué diablos pasaba entre ellos hasta que estos levantaron sus manos que estaban tiernamente enlazadas haciéndole saber así a Feliks que estaban en una relación que sobrepasaba por mucho la amistad. Feliks hizo un ruidito parecido a un maullido seguramente provocado por la ternura que le dio ver esto.
-Oh Feli, Luddy que… cursis ¿No les da pena?- dijo borrando su gesto tierno levantándose de golpe de la mesa. –Qué asco- dijo escupiendo las palabras y alejándose de ahí.
-¿Qué le pasa?- preguntó Ludwig viendo raro al polaco que iba contoneando sus caderas mientras que Feliciano parecía un poco angustiado.
Feliks iba camino a la salida de la cafetería de nuevo retomando su humor insufrible, pasó a un lado de la mesa de los nórdicos que justo en ese momento untaban sus panes tostados con Nutella metiendo cada quien su cuchillo en el mismo enorme frasco al mismo tiempo que hablaban acerca de cómo las reformas políticas atacaban directamente el pensamientos social, bueno, todos hablaban de esto menos Is que se dedicaba a tomarle fotos al frasco del chocolate y editando las imágenes para subirlas a su cuenta en Instagram.
Al caminar a su lado Feliks les arrebató el frasco sin ningún recato y se lo llevó escuchando las protestas de los nórdicos al tiempo que los ignoraba olímpicamente y de otra mesa cercana robaba una cuchara para llevarse grandes porciones de chocolate a la boca.
El rubio iba por la escuela comiendo del frasco del Nutella olvidándose por completo de la alta probabilidad de que al día siguiente su cara estuviera llena de espinillas; solo quería comer, engordar y que el mundo se pudriera mientras las calorías se acumulaban en su vientre. Finalmente sin haberse fijado un rumbo en específico llegó hasta el patio trasero y nido de punks en donde se sentó como si fuera uno más de ellos, mejor dicho, se sentó específicamente a un lado del líder.
-Odio esto- dijo Feliks llevándose otra gran cucharada de chocolate a la boca mientras que Scott Kirkland se quitaba el cigarro de los labios.
-¿Quién eres?- le preguntó al rubio que intentaba tragar el gran bocado de dulce.
-Al parecer nadie, ósea no soy nadie porque a todos se les ha llenado el cerebro de hormonas y se olvidan de mi- decía el rubio.
-Creo que no te conozco, vete de aquí- le ordenó el pelirrojo viéndolo con ojos peligrosos… hasta que reparó en el frasco de Nutella.
-Es que como que no entiendo, antes éramos así como que súper amigos, tú sabes, de esos que siempre están juntos y súper lindo todo pero ahora… ahora ya ni siquiera sé si somos amigos esto es así como que totalmente horrible y luego está Gilbert que un día es mi BF* pero estos días… ya no sé lo que es- decía moviendo la cuchara de un lado a otro mientras se desahogaba.
-No sé de qué me estás hablando pero… ¿Me das un poco de eso?- preguntó Scott sacando el humo del cigarrillo por la nariz y señalando el frasco; Feliks se lo extendió junto con la cuchara para que Scott lo tomara por lo tanto el punk usó la suela de su zapato para apagar el cigarrillo y se dispuso a comer.
-Y lo que pasa es que duele mucho… ya no sé qué hacer ósea es como si de pronto todos se hubieran puesto de acuerdo para buscarse a alguien menos yo…- seguía diciendo Feliks mientras que el pelirrojo a su lado solo asentía con la cabeza al mismo tiempo que con la cuchara escarbaba dentro del frasco rescatando cada rastro de chocolate en él.
-Eso suena terrible- comentaba el pelirrojo lamiendo la cuchara sin ponerle realmente mucha atención al otro ojiverde que seguía hablando sin cesar mientras veía a todo el alumnado pasar por el patio, entre ellos el hermano menor de Scott.
Arthur iba de vuelta a la escuela después de haberse dado cuenta de que la biblioteca no era un lugar seguro desde que Francis había tomado la extraña costumbre de acecharlo en el único lugar en donde se sentía seguro así que había pasado sus días vagando por el campus y refugiándose en sus clases sintiéndose estúpido por estar huyendo del francés como este efectivamente había dicho en la última ocasión que "hablaron".
Al entrar de nuevo al edificio Arthur no pudo evitar soltar un lánguido suspiro de cansancio.
-Esto apesta- dijo aunque para su sorpresa alguien pareció estar pensando exactamente lo mismo pues su frase fue acompañada por otra voz así que con algo de curiosidad volteó a su derecha encontrándose con Alfred quien también lo miraba igualmente sorprendido por compartir el mismo pensamiento.
-¿Penas de amor?- preguntó Alfred tras un breve silencio mientras sonreía con algo de nerviosismo, sobre todo por la mirada severa que Arthur estaba dedicándole; el británico desvió la mirada sin contestar.
-Sí… las penas de amor apestan…- siguió diciendo el americano pensando que tal vez lo más correcto era seguir la conversación en lugar de cortarla de repente a pesar de no conocer al muchacho quien por cierto seguía sin intenciones de contestarle.
- ¿Sabes? Hay una chica que me gusta, ella es perfecta aunque todos digan que es una perra yo sé que no es así- comenzó a contar Alfred mientras que Arthur ahora lo miraba con una expresión que claramente decía "¿Por qué me estás contando esto si no me interesa?".
-Hoy estaba platicando con ella… ah… es tan linda pero entonces me dijo lo peor, dijo que soy un buen amigo ¡Me dijo buen amigo!- ahora el ojiazul parecía afligido y Arthur no sabía que era tan malo en recibir un cumplido.
-Ahora casi puedo ver mi lujoso departamento amueblado en la friend zone, si me vuelve a decir "amigo" estoy destinado a nunca salir de la zona de los amigos y no puedo permitir eso así que acabo de tomar la decisión de confesarle mis sentimientos- seguía diciendo Alfred cambiando de desilusionado a entusiasmado en cuestión de segundos.
-Espera ¿Vas a confesarle tus sentimientos solo porque te dijo "amigo"?- preguntó Arthur hablando por primera vez desde que Alfred comenzó la conversación.
-Pues si- contestó el chico sencillamente sintiendo como Arthur de pronto lo tomaba por el brazo como si quisiera detenerlo de hacer alguna tontería.
-Pero… pero ¿Y si te rechaza? Si te dice que solo te quiere como un hermano y después te tiene todo el tiempo sufriendo por su amor ¿Qué pasa si le confiesas tus sentimientos y ella solo juega contigo para luego dejarte botado después de haberse entretenido? ¿Cómo puedes estar tan seguro de que luego de declararte ella no se va a burlar en tu cara o algo parecido? No tienes la certeza de lo que va a pasar ¿Cómo te aventuras solamente a exponerte a una persona que no sabes lo que hará contigo después?- preguntaba Arthur aunque más que estarle hablando a Alfred parecía estar desahogando sus propias preocupaciones. Para sorpresa del británico Alfred solo sonrió ampliamente.
-No lo sé, no tengo la certeza de nada de eso pero prefiero arriesgarme. Natasha no va a estar soltera toda la vida esperando a que yo tome valor para confesarle lo que siento, si sigo esperando tal vez alguien llegue para robármela y si juega conmigo o se burla de mi… bueno… para mi desgracia el mundo seguirá girando, la vida no se va a detener solo por eso y yo tampoco porque soy un héroe… aunque tal vez un héroe con el corazón roto- el rubio dijo mientras reía sonoramente.
Arthur solo se quedó mirando al muchacho que a pesar de reír se podía notar estaba muerto de miedo por el solo hecho de haber tomado la decisión de declarársele a la chica que le gusta y no era cualquier chica, era Natasha, la reina del hielo que había roto el record de haber rechazado a la mayor parte de los chicos de la escuela; y ahí estaba ese ojiazul, a punto de confesársele a pesar de saber eso… luego estaba Arthur que justo en ese momento se preguntaba ¿Cómo podía ser tan fuerte?.
-Tienes razón…- habló Arthur soltando a Alfred liberando el aire que había estado conteniendo desde el día en que se dio cuenta de que estaba enamorado de Francis –El mundo sigue girando y la vida continúa ya que nadie muere de amor ¿Verdad?- preguntó el ojiverde recibiendo como respuesta una gran sonrisa.
Porque así de fácil y sencillo es esto: Al mundo le importa un carajo que tengas el corazón roto así que seguirá girando, los días pasarán y el tiempo no se detendrá solo para tenerte consideración de la misma manera que la persona amada no va a esperar toda la eternidad a que a ti se te ocurra tomar valor y enfrentarte al riesgo que conlleva el amor, las oportunidades se toman, si se dejan ir no regresan.
-Gracias- dijo Arthur de pronto sintiendo que podía respirar otra vez y la piedra que colgaba de su pecho por fin caía.
-¿De qué?- preguntó Alfred sin saber a qué se refería pero Arthur solo le dio un par de palmaditas en la espalda y se fue por el pasillo con la frente en alto, los puños bien cerrados y con un miedo tremendo carcomiéndole cada parte de su interior.
Iba viendo a la gente, esas vidas también llenas de problemas, complejos, temores y pequeñas alegrías hasta que entre la multitud vio a la existencia por la que su propia vida se había convertido en un torbellino de emociones: Francis.
El galo iba acompañado de Gilbert y Antonio, este último llevaba casi arrastrando a Lovino de la mano y antes de entrar al salón se despedía del italiano llenándolo de besos que Lovino haciendo un esfuerzo sobrehumano para vencer su vergüenza, correspondía hasta que el castaño se quitó de encima al español con el pretexto de ir a su clase.
Arthur esperó a que entraran intentando tranquilizarse antes de que le diera un ataque de ansiedad; hubo un momento en el que inconscientemente sus pies dieron dos pasos hacia atrás pero obligó a estos a retomar el camino aunque esto le haya costado toda su fuerza de voluntad pues cada paso que daba era como si estuviera caminando sobre carbones ardientes. Llegó a la entrada del salón y sintió ese lapsus de valor estúpido que lo hizo caminar con más rapidez, ignorando al profesor que preguntaba porque estaba ahí, sus ojos verdes fijos en los de Francis que también parecía extrañado por la presencia del inglés.
El británico pensaba un montón de cosas, su cabeza eran una maraña de pensamientos sin sentido y su cuerpo se movía por inercia, incluso sus manos que tomaron la nuca de Francis para acercarlo bruscamente.
Las largas hebras rubias de Francis se enredaban en los dedos de Arthur a medida que lo obligaba a acercar su cara a la suya para besarlo. Todos en el salón gritaron, Gilbert y Antonio no fueron la excepción y el profesor intentaba tranquilizar a los alumnos comentando que eso de hacer declaraciones de amor en público se estaba volviendo una moda.
Francis estaba sentado en su silla y Arthur parado encorvándose para seguir besando a Francis quien no entendía que diablos estaba pasando y solo sentía una suerte de beso violento en su boca.
No importaba si aquello duraba un mes, dos meses tal vez tres meses a lo mucho, Arthur iba a vivir cada día y se iba a enamorar cada segundo, iba a amar hasta que su corazón le ardiera y si Francis era de verdad un bastardo infeliz y un cerdo sin sentimientos entonces le iba a dar la mejor de las venganzas demostrándole que de la misma manera en que se enamoraba con locura, se recuperaba y se fortalecía, podría verlo a los ojos después de haberle destrozado el corazón y le sostendría la mirada con dignidad.
Arthur seguía besando a Francis como si buscara robarle hasta el último aliento de su cuerpo, le mordió el labio inferior como quien marca su propiedad y se separó del ojiazul apenas unos centímetros.
-Yo ya salí de mi escondite, ahora te toca a ti- le dijo con la respiración agitada viendo directo a las iris zafiro de Francis el cual sonrió con ese egocentrismo tan suyo y pasó sus brazos por la cintura de Arthur para volver a besarlo saliendo también de su propio escondite.
-No quiero interrumpir pero señor Kirkland, esta no es su clase- llamó entonces el profesor haciendo que ambos rubios se separaran, Arthur estaba tenía la cara colorada mientras que Francis solo reía con naturalidad.
El británico murmuró apenas una disculpa y echándole una mirada de reojo a Francis salió del salón para ir a su propia clase con una agradable incertidumbre revolviéndole el estómago.
Los chismes de lo sucedido no tardaron en esparcirse y una vez más una docena de corazones de chicas fueron rotos al tiempo que el chisme se esparcía por todo el colegio hasta el final de las clases de aquel día en donde como era costumbre, todo mundo salía como si fuera una estampida de caballos salvajes, entre ellos por supuesto Feliks.
El rubio salió tan rápido como pudo de su salón evitando ser abordado por Iván que no había dejado de molestarlo en toda la clase porque cuando les tocaba sentarse juntos terminaban peleándose y diciéndose cosas que podrían ser tomadas como futuras amenazas de muerte.
El rubio iba apresurado buscando a sus amigos los cuales encontró platicando animadamente en una esquina casi en la puerta principal, tal vez estaban más animados que de costumbre al parecer.
-Oigan, cuéntenme el chisme también pero si es el de Francis y Arthur como que de ese ya me enteré- dijo el ojiverde cuando llegó junto con sus amigos que estaban muy felices, todos alrededor de Alfred.
-No es eso, Alfred nos acaba de decir que mañana mismo se le va a declarar a Natasha ve~ que emoción- dijo Feliciano como si fuera una chica mientras que Feliks se echaba a reír de manera un poco exagerada.
-Claro que no vas a hacer eso Alfie- dijo el ojiverde haciendo que todos debilitaran un poco sus sonrisas.
-¿Por qué no?- preguntó el ojiazul esperando a que le rubio dejara de reír.
-Porque ósea mírate, eres un perdedor, no tienes oportunidad con Natasha- respondió Feliks cruzándose de brazos aun sonriente, todos los demás se quedaron callados en un incómodo silencio.
-No tienes por qué decir las cosas así- dijo Ludwig queriendo defender a Alfred quien sí se vio afectado por el comentario.
-Pero es la verdad, eres un perdedor Alfred y como que Natasha es una perra ¿cuántas veces te tengo que decir que esa arpía frígida no tiene sentimientos?- dijo Feliks poniéndose serio y provocando que el ambiente se hiciera todavía mas pesado.
-Pe… pero tal vez a Natasha no le importe eso y se fija en Alfred porque él es una buena persona ve~- intervino Feliciano queriendo aliviar la tensión pero esto solo pareció empeorarlo.
-Claro Feli y yo cada noche rezo por la paz mundial. Esto no es un concurso de Miss Universo, guárdate esos comentarios ñoños para otra ocasión- le contestó fríamente a Feliciano el cual pareció encogerse en su lugar pues Feliks nunca le había hablado así.
-Oye, cuidado en cómo le hablas a mi hermano y deja en paz al gordo; si quiere declarársele a Natasha es su vida y él sabe lo que hace- le discutió Lovino ahora acercándose al ojiverde.
-Lo que pasa es que obviamente no sabe lo que hace si planea hacer una estupidez enfrente de esa zorra ¿No se dan cuenta de que solo estoy protegiéndolo?- preguntó Feliks viendo a todos como si de verdad ellos fueran los malos del cuento.
-Pues no necesito que me cuides y deja de insultarla no la conoces- espetó Alfred entonces enfrentándose a Feliks que enarcó una ceja y dibujó una sonrisa ladina en sus labios.
-La conozco desde antes que tú por eso sé que es una perra despiadada y si aun con ello planeas declarártele es porque eres un imbécil Alfred y esos comics de verdad ya terminaron de pudrirte el poco cerebro que te quedaba- le insultó Feliks y todos se dieron cuenta de que aquello ya no era solo una discusión entre amigos, se estaba tornando demasiado personal.
-Hey ¿Por qué no mejor nos calmamos y nos retractamos de lo que acabamos de decir?- habló Gilbert riendo nerviosamente separando un poco a Alfred y Feliks que parecían a punto de pelearse a golpes, sin embargo Feliks se quitó a Gilbert de un manotazo.
-Tú no vengas en tu papel de buen amigo Gilbert, es mas ¿qué diablos haces aquí? ¿No tienes amigos populares a quien venderles el culo como has hecho últimamente?- le recriminó al albino que se quedó con la boca abierta parpadeando un par de veces por el comportamiento del ojiverde ¿En serio acababa de hablarle así? ¡¿Su mejor amigo le acababa de decir eso?!
-¿Saben una cosa? Estoy harto, ni siquiera sé porque estoy con ustedes, parece que solo están buscando pretextos para irse con otras personas y salir de su triste hoyo porque al parecer son tan patéticos que necesitan rodearse de gente popular o hasta de algún buller para ser aceptados en esta escuela de mierda y eso la verdad es muy triste incluso para ustedes- les recriminó Feliks a todos de paso mandándole la indirecta a Kiku que no había abierto siquiera la boca en todo ese rato.
-Oye Feliks ve bajándole dos rayitas a tu bulling y mejor vamos a hablar como la gente decente- dijo de nuevo Gilbert aun intentando calmar a Feliks que lo fulminó con la mirada.
-Tú eres el peor de todos ellos Gilbert, mendigando atención y aceptación juntándote con Antonio y Francis, andando tras de ellos como perro tan solo para recibir un poquito de confianza en ti mismo, tal vez vivir en un mundo tan pequeño te hizo mal de verdad-
Ese momento había llegado, cuando estás en el límite de tu paciencia y la frustración toma forma de palabras hirientes, tu lado más idiota toma posesión de ti y empieza el vómito verbal, y Gilbert sí que padecía de esto último.
-¿Perdón? ¿Me estás diciendo que yo mendigo atención?- comenzó a decir Gilbert quitándose la mochila y aventándosela a Ludwig mientras se echaba a reír con carcajadas estridentes sin humor al tiempo que se acercaba a Feliks desafiante.
-Por favor Feliks mira quien es el que está hablando. Te regodeas y presumes ser autentico, te das aires de tener mucha confianza en ti mismo sin embargo cuando nos conocimos tú mismo me dijiste que alguna vez intentaste ser amigo de Antonio y Francis pero que no lo hiciste porque eras ¿Cómo dijiste? Oh si, "demasiado fabuloso" ¿Creíste de verdad que me iba a tragar esa mierda? Claro que no, tú decidiste no ser amigo de Antonio y Francis porque de ser así estarías en la mira de todo mundo y todos hablarían de ti, por eso mismo preferiste hacerte amigo de un montón de inadaptados; te juntas con estos tipos rechazados porque sabes que ellos son tan perdedores como tú, porque ellos jamás podrían juzgarte o criticarte pues son iguales a ti ¿Y sabes también porque los elegiste? ¡Porque a diferencia de todos los que estamos aquí parados, el único que tiene miedo de ser rechazado, juzgado, criticado y no ser aceptado ERES TÚ!- le gritó el albino empujando a Feliks que retrocedió viendo los ojos agresivos de Gilbert, después a todos los demás que no le quitaban la mirada de encima.
Feliks desvió sus ojos llorosos a todos lados buscando desesperadamente donde enfocarlos y después volvió a mirar a Gilbert que seguía mirándolo fijamente, el rubio abrió la boca para hablar pero solo hasta segundos después la voz salió de su garganta.
-Eres un imbécil Bielshmith- solo eso alcanzó a decir con su voz temblorosa, empujando a Gilbert para que se quitara de su camino e irse de la escuela.
Todos volvieron a quedarse en silencio sin atreverse a decir algo.
-Creo que me pasé- Gilbert rompió el silencio y sus amigos asintieron con la cabeza aun intentando digerir lo que acababa de pasar.
¿Alguna vez han intentado tensar un hilo? Jalar cada extremo hasta que este quede bien rígido y después, con el leve toque de tu dedo este se revienta. Bueno, pues justo esto acababa de pasar; la tensión entre Feliks y Gilbert llegó a tal punto que solo hubo necesidad de un roce de palabras para que toda su relación se reventara.
Como bien había dicho Elizabetha días atrás: las palabras tienen un gran poder sobre las personas, sobre todo dependiendo de quién vengan.
/
BF*: Best friend
Si, ódienme otra vez por favor porque soy una perra despiadada así como Natasha o como Feliks. Arreglo una cosa, deshago otra y la verdad es que disfruto mucho haciéndolo.
Por otra parte mil millones y alguna otra desorbitante cifra de gracias por sus reviews Dios, estoy aun algo impresionada de que sigan leyendo y comentando y ¡que les guste! Eso es lo más importante de todo, más allá de los reviews o del número de lectores es que esto de verdad guste y entretenga cada uno de sus domingos o los días en que puedan leer esta cosa; de verdad mil gracias por leer esta publicación, amo escribir esta historia y el hecho de que les guste me hace sentir como drogada en el buen sentido, una vez más, gracias.
Espero les haya agradado este capítulo, espero recibir unas cuantas declaraciones de odio, si son de amor también las acepto gustosa. Sin más que decir me despido y nos leemos la siguiente semana.
