N/A: Antes que nada una disculpa gigantesca por estar actualizando después del Domingo pero esta vez no ha sido mi culpa (te veo feo Fanfiction… te veo feo) creo que hubo unas cuantas fallas en la página y pues ah… explicarlo es un cuento largo.
De nuevo una disculpa por el inconveniente y sin demorarlos más, espero disfruten el capítulo.
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THE LOSERS CLUB
Capitulo 12
El sonar del despertador le anunció a Feliks que era otro día y tenía que levantarse ya, el rubio que estaba enterrado entre sus cobijas apenas asomó una mano y tanteó la repisa de su cabecera buscando el endemoniado aparato para apagarlo.
-No quiero ir a la escuela- dijo medio dormido con la cara enterrada en su almohada y es que de verdad no quería tener que ir a la escuela y enfrentar las consecuencias de sus actos.
-¡¿Con que cara los voy a ver?!- chilló haciéndose un ovillo en la cama recordando todas las cosas que había dicho el día anterior y deseó morir en ese justo instante. Soltó algunos cuantos grititos afeminados que amortiguó con la almohada mientras rodaba por su cama esperando que el mundo se destruyera o el colegio fuera invadido por aliens para no tener que pararse ahí hasta que a todos les diera una repentina amnesia que borrara exactamente las cosas que les había espetado.
-Soy una perra… tengo un lugar reservado en el infierno junto con Paris Hilton y Anne Hathaway por haberse atrevido a usar ese Prada horroroso en los Oscar… ¡Diooos mátame!- gritó finalmente volviendo a retorcerse en su cama escuchando como alguien entraba a su habitación.
-Feliks ya levántate o vas a llegar tarde otra vez a la escuela- le dijo su madre, la mujer iba vestida en traje sastre e intentaba ponerse los aretes mientras parecía estar buscando sus zapatos pues iba desclasa mirando el piso cuidadosamente.
-Déjame aquí madre, me voy a pudrir y voy a esperar a que las ratas devoren mi cadáver, sé feliz y que sigue con tu vida feliz- decía teatralmente Feliks que no salía de entre los cobertores.
-Hijo deja de ser tan dramático y arréglate que yo también necesito llegar al trabajo- decía la mujer ahora buscando en el armario del muchacho por si de pura casualidad este tenía sus zapatos ahí.
-Te estoy hablando en serio, ósea déjame morir en paz no quiero saber nada del mundo- decía Feliks fingiendo sollozar provocando que su madre diera un resoplido, se pusiera las manos en la caderas y le arrancara las cobijas al rubio para luego tomarlo por los tobillos y jalarlo tirándolo de la cama y sacándolo de ahí por fin.
-¡Mujer ¿pero a ti que te pasa?!- gritó Feliks cuando fue a dar al piso e intentaba levantarse frotando su espalda baja que se había golpeado al caer.
-En serio que a ti como que te hace falta un hombre en la cama- mascullaba levantándose enfurruñado.
-Lo que me hace falta es que vayas a la escuela y cuida ese lenguaje jovencito, soy tu madre- le regañó la señora quien incluso se puso sobre sus rodillas para buscar bajo la cama de Feliks sus zapatos.
-¿¡Dónde están mis zapatillas!? No te las habrás puesto ¿Verdad?- dijo la dama ya desesperada mirando de vez en vez su reloj de pulsera.
-Huy ósea tú eres la única que se atreve a ponerse esos tacones, debería ser ilegal que los vendieran y no madre, mi homosexualidad aun no llega a ese nivel- decía Feliks caminando con desgana hasta su armario para buscar que ponerse y gracias a su desanimo sacó lo primero que encontró, y con la misma actitud perezosa se vistió; casi parecía que la ropa le pesaba toneladas mientras que vez en cuando rodaba los ojos al escuchar a su madre maldiciendo por no encontrar sus zapatos y su maquillaje, su progenitora era un desastre…
El rubio se puso frente al espejo e intentó arreglarse el cabello pero al primer intento desertó y optó por amarrarlo en una coleta, tenía la cabeza llena de preocupaciones que ahora como pocas veces en la vida, su cabello no era prioridad; al terminar se miró al espejo notando las horribles ojeras que tenía bajo los ojos por haberse desvelado lloriqueándole a Toris en el teléfono hasta las tres de la mañana, era un milagro que su amigo no le hubiera colgado apenas pasada una hora de su llanto descontrolado.
El ojiverde vio su aspecto cansado y deprimido así que sacudió la cabeza y se dio un par de fuertes palmadas en las mejillas dejándolas rojas como si acabara de ponerse rubor.
-¡Ya Feliks! Eres demasiado fabuloso, ahora lleva tu increíble trasero a la escuela y… y…- su voz se fue debilitando hasta terminar echando su cabeza en la mesa del tocador –Y espera a que tus amigos te crucifiquen- se lamentó intentando tomar aire para no ponerse a llorar pues justo al recordar otra vez a sus amigos se había acordado igualmente de Gilbert.
-¿Qué voy a hacer?- se preguntó echándose otra mirada al espejo mientras se llevaba la mano al pecho… dolía… todo aquello dolía pero el pensar en Gilbert dolía al doble.
-Que pase lo que tenga que pasar- se dijo por ultimo dando otra respiración honda para intentar no quebrarse ahí mismo, sostuvo el aire y salió de su habitación intentando seguir con su rutina de todos los días.
Al bajar a la cocina vio a su madre, como siempre, yendo de un lado para el otro con el celular en una mano, la taza de café en la otra haciendo malabares mientras guardaba en su bolsa lo que necesitaba para el día, de vez en cuando pasándose la brocha del rímel por las pestañas mientras que Feliks solo soltaba suspiros sirviéndose café.
-Si sigues suspirando así voy a empezar a pensar que te estás desinflando- le dijo su madre limpiando el rastro de labial rosado que había dejado en la taza.
-No quiero ir a la escuela, tuve una pelea con mis amigos y ósea no puedo solo aparecerme hoy y enfrentarlos- se quejó Feliks dándole otro trago a su café mientras que la señora le regalaba una de esas caricias maternales y reconfortantes en la espalda.
-Feliks no puedes escapar de tus problemas, tienes que darles la cara y resolverlos con valor- le aconsejó su madre mientras terminaba de guardar todas esas cosas innecesarias que las mujeres guardan en sus bolsas y terminan pesando toneladas.
-Pero tú has evitado a papá desde que se divorciaron- señaló el ojiverde haciendo que su madre se detuviera de sus labores pensando en esto así que se acercó a su hijo y le puso ambas manos en los hombros.
-Yo soy adulta y puedo escapar de mis problemas pagándole a un abogado para que los resuelva por mí, así que hasta que no te conviertas en un buen adulto tienes que pasar por esta porquería de resolver conflictos por tu cuenta. Ahora dame mi beso, es hora de irme- le dijo besándolo en la mejilla, el ojiverde le respondió el gesto y se quedó maldiciendo el mundo adulto.
Tras haber terminado su desayuno (una taza de café) Feliks fue por su bolsa, puso la mano en la perilla de la puerta principal, cerró los ojos con fuerza y abrió la puerta para salir.
El ojiverde obligó a sus pies a caminar lo más lento posible pero al parecer esto no sirvió de mucho pues cuando llegó al colegio, la puerta principal y todos los pasillos estaban casi bloqueados por la típica masa de estudiantes que se agolpaba por todos lados. Temblando un poco, el muchacho al final tuvo que entrar, caminaba cautelosamente esperando no encontrarse con nadie conocido pero apenas dio un par de pasos se dio cuenta de que el mundo conspiraba en su contra pues al primero en encontrarse fue Alfred, sin embargo antes de que el ojiazul se percatara de su presencia, Feliks fue a esconderse a la esquina de un pasillo viendo al joven acompañado de Yong Soo.
-Hoy es el gran día Yong Soo, el resto de mi vida depende de lo que me diga Natasha- decía Alfred cerrando sus puños mirando decidido a un horizonte imaginario.
-Casi puedo ver el resto de tu vida viviendo en el sótano de tu madre siendo un obeso mórbido con el avatar de algún personaje femenino de World of Warcraft como lo más cercano que tendrás a una mujer- bromeó el coreano dándole palmaditas en el hombro al rubio
-¡No! Mi confesión será perfecta, tan perfecta que ni siquiera Natasha podrá rechazarme- dijo Alfred riendo ruidosamente como acostumbraba hacer.
-Si claro… me encantaría ver esa confesión perfecta-dijo sarcásticamente el moreno picando un poco el enorme orgullo de Alfred el cual, sintiéndose ofendido por esto tomó a Yong Soo repentinamente por los brazos tomándolo por sorpresa y lo pegó contra la pared clavándole sus intensos ojos azules en los casi negros del coreano.
-Te amo- dijo con una voz seria, profunda y varonil, no la típica chillona y estridente, era una voz madura de hombre que había pronunciado estas palabras sin titubeos y miraba fijamente a Yong Soo; Alfred creyó haber visto las mejillas de este sonrojarse un poco pero pensó que era su imaginación.
-Hasta te quedaste mudo, te dije que mi confesión será perfecta- se jactó el americano riendo estruendosamente y soltando al asiático que intentaba reponerse de la conmoción pues no se había esperado aquello.
-No vuelvas a hacer eso- le dijo Yong Soo enfadado empujándolo y alejándose de ahí sin decir más.
-¡No te enojes! No es mi culpa ser tan genial- le gritó Alfred viendo al moreno alejarse creyendo que lo había hecho enfadar por haberle demostrado que podía hacer una confesión típica de un héroe.
-Alfred, hola- llamó entonces la voz aterciopelada de Natasha desde su espalda, el supuesto héroe dio un saltito al reconocer al instante la voz y todo su valor se fue a la mierda.
-Na… Natasha hola- dijo con la voz que se le quebró a la mitad de la frase así que tuvo que carraspear un poco para recuperarse.
-¿Te sientes bien?- preguntó la chica alzando una ceja al ver lo nervioso que estaba el rubio y este solo alcanzó a asentir muchas veces con su cabeza evitando la mirada de hielo de la muchacha.
-Te creeré. Nos vemos luego- dijo sin más la muchacha a punto de darse la vuelta pero antes de hacerlo por completo Alfred atrapó su mano en un movimiento por reflejo.
Toda la autoconfianza de la que el héroe había presumido minutos antes ahora estaba en todos lados menos en él, de hecho podría desmayarse ahí mismo por los nervios que lo invadían. Alcanzaba percibir la mano helada de Natasha sus dedos delgados que aprisionaba en un agarre fuerte y también veía la expresión sorprendida de la chica.
-La verdad es que… quiero decirte algo- dijo Alfred mirando al piso obligándose a si mismo a levantar la mirada sintiendo como se desarmaba al encontrarse con los ojos azul claro de la muchacha. Tragó saliva intentando que la mirada de hierro de la joven no terminara por destrozarlo.
-Me gustas, desde el primer día en que te vi me gustas mucho… bueno, no solo me gustas- el ojiazul apretó la mano de Natasha que había pasado de fría a tibia gracias al contacto de Alfred.
-Te quiero- dijo con la voz más temblorosa de lo planeado, las palabras menos fluidas de lo que hubiera querido y seguramente una expresión estúpida en su rostro.
-¿Quieres ser mi novia?- preguntó finalmente viendo como la chica abría desmesuradamente sus ojos y su cara se pintaba de un rojo intenso, sus dedos se movían aun siendo sujetados por Alfred y miraba a todos lados, sin embargo hubo algo que no parecía cuadrar con la escena romántica que el ojiazul había soñado desde su primer día en la preparatoria: Los ojos de Natasha se llenaban de lágrimas sin razón aparente.
-Lo siento Alfred… no puedo- dijo la chica dejando libre un par de lágrimas y Alfred sintió como su una enorme piedra de concreto le acabara de golpear el pecho sacándole el aire.
-¿Qué?- preguntó el muchacho a pesar de ya haber escuchado la respuesta.
-Algo así no puede funcionar, perdóname- decía Natasha queriéndose alejar pero el chico no se lo permitió pues no soltó su mano.
-¿Por qué no puede funcionar?- preguntó de nuevo el rubio que ignoró al círculo de gente que se estaba formando a su alrededor para ver qué pasaba.
-No puedo estar contigo… no quiero que la gente hable mal de ti por mi culpa o que inventen rumores como han hecho conmigo; no sabes lo horrible que es y no quiero que te pase lo mismo- decía la chica aun peleando con el rubio para que la soltara pero este no cedía.
-Eso no me importa yo…-
-¡No!- gritó Natasha –No Alfred… esto no es tan fácil como en una película en donde el héroe pelea contra los villanos y se queda con la chica, esto es la realidad y en esta realidad la gente es mala y lastima- dijo Natasha alzando la voz sin detener sus lágrimas.
-¿Y porque no podemos convertirnos en los héroes entonces? ¿Por qué no podemos hacer de nuestra vida una película?- preguntó Alfred que a diferencia de la jovencita, él sonreía. Acercó a Natasha jalándola con delicadeza de su mano.
-Seamos los héroes de nuestra historia Natasha y no víctimas de una tragedia, no tienes por qué ser una damisela en peligro ni yo tu príncipe azul, podemos ser solo los protagonistas de lo que nosotros queramos, puedes ser quien quieras sin que importe lo que los demás digan- decía el ojiazul limpiando las mejillas de Natasha que dejándose hacer, apretó la mano cálida de Alfred y volteó a verlo.
-Yo no soy tan fuerte, perdón- dijo y esta vez logró soltarse del ojiazul para irse corriendo de ahí haciéndose paso entre la gente que se quedó murmurando y señalando a Alfred el cual solo se mantuvo mirando la mano que segundos antes sostenía la de la chica.
Fue hasta que la gente se fue dispersando que Alfred cayó de nuevo en la realidad, se sintió un poco estúpido al haber sido rechazado en frente de casi todo el alumnado pero no era tan malo… al menos eso no era malo cuando te ponías a pensar en el hecho de que acababas de ser mandado al diablo por la chica de tus sueños y lo peor es que ni siquiera podías odiarla porque lo hizo de manera tierna… tierna y un tanto dramática pero tierna a fin de cuentas.
Ahora ya no podría llamarla zorra o alguna cosa parecida para desquitar su dolor como buen hombre macho… ser un héroe enamorado y con el corazón roto era algo muy difícil.
Con ojos de borreguito deprimido volteó a todos lados y las personas alrededor evitaban su mirada tal vez para no burlarse de él o mirarlo con lastima; el rubio entonces empezó a caminar arrastrando los pies y metiendo sus manos en sus bolsillos. Lo único que hacía falta para completar aquella escena de depresión era la lluvia torrencial cayendo sobre él y una balada de piano de fondo porque el gesto desolado ya lo tenía bien tatuado en la cara.
Alfred caminó como si fuera un espíritu en pena, pasando a un lado de Kiku que quiso saludarlo y recibió un patético "hola" apenas bien pronunciado por parte del ojiazul.
-Alfred-san…- llamó el asiático viendo a Alfred forzándose a medio sonreír pero apenas si su boca se movió creando una mueca que pretendía ser una sonrisa así que tras sus nulos resultados de intentar parecer feliz solo siguió con su camino, el americano era pésimo disfrazando sus sentimientos.
-Será que Natasha-san lo rechazó después de todo- murmuró para sus adentro Kiku viendo al rubio alejarse.
-¡Kiku!- escuchó entonces la voz de Sadiq llamándole así que el mencionado volteó sonriendo al ver al turco acercándose animado hasta llegar a donde estaba.
Para saludarlo Kiku agachó su cabeza en una reverencia al mismo tiempo que Sadiq se le acercaba para besarlo sin embargo cuando estaba a punto de hacer esto Kiku se incorporó dándole sin querer un cabezazo en la nariz a Saiq que aulló de dolor, esos eran los inconvenientes de no ponerse de acuerdo para saludarse si con un beso o con una reverencia.
-¡Lo… lo siento!- dijo asustado Kiku al ver al moreno llevándose la mano a la nariz revisando que no le hubiera pasado nada grave pues aún tenía los moretones de su pelea con Heracles, el griego pegaba duro.
-Estoy bien… creo…- dijo el turco palpando su tabique nasal por último y sonriendo de nuevo al preocupado Kiku.
-Perdón- volvió a disculparse el japonés, el otro solo negó con su cabeza indicándole que no era necesario eso.
-Aunque si quieres aliviar mi dolor puedes besarme- dijo pícaramente el turco pasándole un brazo por el hombro al otro que se puso rojo hasta las orejas y le dio un empujón al más alto que adoraba ver la cara avergonzada de Kiku cada vez que le hacía insinuaciones de ese tipo, y ni que decir de las que eran subidas de tono, casi parecía que Kiku estaba al borde del desmayo.
-No… no lo haré en público- dijo separándose un poco de Sadiq al que escucho reír y luego pasarle una mano por el cabello cariñosamente.
-Está bien, está bien y por cierto ¿Qué tenía tu amigo Jones? Parecía un cadáver andando- preguntó el turco el cual se había contenido de molestar a cualquier miembro del Losers club usando toda su fuerza de voluntad.
-No lo sé… pero estos días parece que todo sale mal, cuando solucionamos un problema otro aparece, ya no sé qué hacer- contestó Kiku dando un largo y cansino suspiro.
-¿Necesitas que le rompa las piernas a alguien para solucionar el problema?- dijo entonces Sadiq con una media sonrisa en su rostro haciendo tronar sus dedos.
-¡No!- exclamó Kiku asustado –Sadiq-san, no puedes ir por la vida rompiendo piernas para solucionar tus problemas- le regañó el pelinegro firmemente.
-¿Por qué no? Me ha funcionado bien hasta ahora- dijo encogiéndose de hombros viendo aun la mirada represora de Kiku –Está bien, no le haré nada a las piernas de nadie- dijo finalmente haciendo un puchero con la boca y de nuevo pasando el brazo por el hombro de Kiku, acercándolo en un movimiento inesperado a él y dándole un sorpresivo beso en los labios al asiático que se quedó inmóvil en su abrazo.
Sadiq se sonrió en medio del beso al sentir el cuerpo inmóvil de Kiku, pero ensanchó aún más esta sonrisa cuando a su lado caminó Heracles mirándolo con ese gesto aburrido de siempre aunque Sadiq sabía que con esa acción acababa de molestar al griego que desvió sus ojos adormilados a otro lado y siguió con su camino.
-Vaya sorpresa- comentó Gupta que iba a su lado, e igual que su amigo, su rostro se mantenía impasible como siempre.
-Ya lo has dicho… aunque no sé quién me sorprende más, si el imbécil o Kiku por aceptar estar con el imbécil- comentó Heracles dando un largo bostezo, frotándose los ojos intentando desperezarse sin muchos resultados.
-No te pongas celoso Heracles, ya encontrarás a alguien para ti- le dijo de manera burlona Gupta acariciándole la cabeza como si fuera uno de los adorados gatitos del griego, el castaño se quitó la mano de encima y lo miró con el ceño fruncido.
-Creo que no entiendes la definición de celoso porque yo no lo estoy- dijo molesto el de ojos oliva cuando la campana que anunciaba el inicio de clases.
Los muchachos fueron a sus respectivas aulas para fingir que estudiaban o terminar atormentar a los maestros que intentaban ganarse la vida honradamente tratando de reprimir los deseos homicidas que aquellos alumnos les provocaban y claro, entre esos alumnos estaban Iván y Feliks.
-Rosja ósea aún me pregunto cuándo será el día que llegue a la escuela y me digan que has regresado al infierno de donde saliste- dijo Feliks cuando se dio cuenta de que el único siento libre del salón estaba precisamente a un lado de su peor enemigo que se mantenía sonriente como siempre.
-No te preocupes Polsha, cuando regrese al infierno ten por seguro que te llevo conmigo- le dijo el ojivioleta en un intento de consuelo
-Que considerado pero ya que estamos hablando de lugares endemoniados y esas cosas que se te dan tan bien como que ¿Tienes idea de dónde puedo encontrar a tu hermana a la hora del receso?- preguntó el ojiverde recargando su mejilla en la palma de su mano mientras que Iván entrecerraba los ojos viéndolo con una nada discreta sospecha.
-¿Mi hermana? Natasha… mi popular hermanita que es todo lo que tú nunca podrás ser; la bonita popular, orgullosa Natasha ¿Preguntas por ella?- preguntó Iván aun sin quitar esa mirada acusadora.
-No, como que yo en realidad pregunto por la perra inescrupulosa que no se sabe vestir, si la conoces ¿no? Creo que compartieron el mismo útero- contestó entonces Feliks con una sonrisita cínica que Iván compartió con él.
-No, la verdad es que no sé de quién hablas y si fuera mi hermana a quien te refieres yo cuidaría esa dentadura porque podrías verla en el piso próximamente- amenazó el ruso soltando risitas inocentonas que hicieron que algunos alumnos que estaban sentados cerca arrastraran sus pupitres unos metros lejos de él.
-Hay Rosja tus amenazas parecen como que sacadas de alguna película cincuentera con un pésimo guión, ósea ahórratelas please, nada más de escucharlas me dan ganas de llorar de vergüenza-
-Vas a llorar pero por otra cosa. ¿Y? ¿Para que necesitas a mi hermana?- preguntó el ojivioleta tomando notas sin prestar realmente mucha atención a la clase, es más, no le estaba prestando atención pero supuso que lo que profesor anotaba en el pizarrón era algo importante sobre todo por lo que decía "Temas de examen"
-Solo quiero tener una charla de chicas con ella- respondió casualmente el rubio haciendo reír al otro no con ese tono infantil acostumbrado, sino con uno despectivo y más profundo de lo usual.
-No tengo que recordarte que eres hombre ¿Cierto?-
-Ósea, no te fijes en esos detallitos sin importancia y mejor dime donde la encuentro-
-Púdrete, no te voy a decir nada- dijo Iván de nuevo con su voz infantil y su sonrisa inquebrantable de siempre.
-Eres un desgraciado- contestó Feliks con la misma sonrisa que Iván le regalaba y un tonito de voz soñador.
-Gracias-
Y así el resto de la clase se la pasaron entre insultos, amenazas y solo esas cosas que ya eran comunes entre ellos; para cuando la clase terminó casi todos los alumnos estaban con los pupitres al frente del salón por haberse alejado tanto de ese par.
Las clases subsecuentes a esta, Feliks, ya libre de compartir alguna otra materia con Iván, procuró esconderse de sus amigos y sobre todo de Gilbert al que llegó a ver por momentos en compañía de Antonio y Francis aunque tal vez sonaría raro pero el albino no daba la impresión de estar tan entusiasmado como siempre; en los momentos en que lo llegaba a ver, el ojirrojo parecía ausente, mirando a algún lado como pensando profundamente en algo solo reaccionando cuando Antonio o Francis lo llamaban. Lo peor de todo era que cada vez que lo veía desde algún escondite un malestar se posaba en su pecho y era como si alguien le golpeara las rodillas amenazando con dejarlo caer y dejarlo ahí tirado sin que nadie fuera a levantarlo.
En momentos así el ojiverde sacudía su cabeza y haciendo uso de algún tipo de fuerza interior desconocida se obligaba a seguir pensando que tenía que solucionar las cosas de una vez por todas y el primer paso para eso era encontrar a Natasha, cosa que no fue muy difícil pues apenas tocaron el timbre del receso tuvo casi que seguirle los pasos a esa mujer cuando dio con su aula.
La siguió sigilosamente (o lo que intentó ser sigilosamente) hasta verla entrar al salón usado por el Circulo Marxista Leninista a lo cual Feliks tuvo que detenerse en seco.
-Alfie Alfie Alfie, si no me perdonas después de hacer esto entonces no tienes corazón- masculló antes de apretar fuerte sus puños hasta que sus nudillos quedaron blancos, dando una larga bocanada de aire y caminando hasta el salón.
Primero asomó su cabeza asegurándose que Iván o algún otro de los miembros no estuviera ahí, para su buena suerte solo se encontraba Natasha sentada en una maltratada silla son los pies sobre el asiento y abrazando sus rodillas. Rodando los ojos el rubio tocó un par de veces la puerta y antes de recibir respuesta entró al salón.
-¿Qué diablos haces aquí?- preguntó agresivamente Natasha al ver a Feliks entrar y tomar asiento frente a ella como si fuera parte de aquel círculo.
-Natty no te pongas así como que vengo en son de paz- dijo haciendo una V con sus dedos pero la chica no le creyó así que solo se quedó callada mirándolo con aquel par de ojos azules asesinos.
El silencio duró al menos cinco minutos pues el ojiverde no tenía idea de cómo empezar la conversación y se dedicó a mirar el decorado del salón en donde había citas escritas en la pared, estrellas rojas comunistas, posters de líderes políticos, la oz y el martillo pintados en el centro de una de las paredes y varios libros viejos en un desgastado librero.
-¿Viniste a tomar café y galletitas conmigo? Por qué de ser así traigo el cianuro del laboratorio de química- preguntó Natasha harta del silencio incómodo y de las miradas incomodas de Feliks al ver la decoración del lugar.
-Que rico, y lo acompañamos con el veneno que te saque de los colmillos, víbora- le insultó Feliks y ambos se quedaron viendo con un par de miradas tensas y pesadas que parecía una batalla para ver quien cedía primero. Fue hasta que Feliks soltó un bufido enfadado consigo mismo.
-Ósea no, esto no se suponía debería ser así. Muy bien, empecemos de nuevo- decía acomodándose en la silla y viendo de nuevo a los ojos a la muchacha.
-Vengo a hablarte de Alfred- dijo yendo directo al grano notando como la jovencita abrazaba más fuertes sus rodillas y desviaba la mirada.
-No quiero escucharte- contestó entonces Natasha tajante evitando ver al ojiverde que contó hasta diez para evitar ponerse a insultar a la chica antes de siquiera empezar con la conversación.
-Natty, no te hagas tonta por favor, ósea te vi rechazando a mi pobre Alfie hecha un mar de lágrimas, ósea tú Natasha ¡llorando! Claro que quieres escuchar acerca de él porque o eres una excelente actriz u obvio te importa Alfred- comenzó a decir el ojiverde sin quitarle los ojos de encima a la muchacha que no permitía que sus miradas chocaran.
-¿Y tú qué diablos sabes?- espetó entonces Natasha esta vez por fin enfrentó los ojos esmeralda de Feliks que la miraban con seriedad.
-Gracias a Dios no sé nada de ti, pero como que sé de sobra que Alfred es el único hombre de toda la escuela que no quiere solo abrirte las piernas y presumirte como un trofeo, tengo la súper desdicha de decir que él te quiere y mucho…- dijo el muchacho tratando de reprimir un par de arcadas de asco por decir eso.
La chica solo alcanzó a encogerse en su mismo lugar sintiendo sus mejillas calentarse por el comentario mientras sus ojos volvían a humedecerse de lágrimas junto con sus larguísimas pestañas que enmarcaban sus ojos azul metálico.
-Es por eso mismo que lo rechacé; Alfred es una gran chico y no puedo permitir que el resto de las personas lo rechace, hablen mal de él, le inventen rumores o lo molesten todavía más solo por estar conmigo. Tú como yo sabes muy bien cómo es pasar por eso- dijo Natasha removiendo viejos y desagradables recuerdos en Feliks quien hizo una mueca de disgusto por esto.
-Creo que estás subestimando a nuestro héroe- comentó el rubio cruzándose de brazos y piernas –Puede que sea un ñoño al que ya molestan solo por eso pero como que es totalmente fuerte, más de lo que imaginas-
-¿¡Y solo por eso debo dejar que lo maltraten!? ¿Solo por qué es fuerte tengo que ser egoísta y quedarme con él esperando que soporte todo eso?- espetó la chica bajando los pies de la silla inclinándose hacía Feliks que parecía aburrido.
-Pues si- contestó sin más el ojiverde como si la respuesta fuese obvia –Tú no estás pintada princesita, si Alfred tiene que soportar algo vas a estar ahí con él de la misma manera que si un día tú tienes que soportar algo él estará ahí, se supone que así funciona esta tontería de las relaciones. Si él cae tú lo levantas y viceversa ósea ¿Quién te vino con el cuento idiota de que la felicidad nada más te llega por gracia de la Santísima Virgen? No preciosa, quieres felicidad, constrúyela; si tu felicidad es con Alfred entonces quédate con él y lucha con él, no me vengas con esos pretextos puritanos de que te alejas por su bien cuando en realidad lo que pasa es que no quieres luchar por lo que es importante para ti. Que fácil solo declinar convenciéndote de que lo hiciste por una razón altruista- le regañó Feliks levantándose de su silla y tomando su bolsa.
-La decisión es tuya y ósea no eres mi persona favorita Natty pero si no aceptas a Alfred por las razones que me diste como que me vas a desilusionar, aunque no creo que eso te importe mucho- dijo colgándose su bolsa y saliendo del salón con pasos lentos mirando de reojo hacía atrás pero no fue hasta que llegó casi hasta la esquina del pasillo que vio a Natasha salir corriendo.
-Y ahora es mi turno…- se dijo Feliks también corriendo esperando llegar rápidamente a la cafetería donde podrían estar sus amigos sin embargo apenas se acercó a la puerta se detuvo cuando vio a Lovino que caminaba a un lado de Antonio y este a su vez junto con Francis y claro, Gilbert que mantenía ese gesto taciturno, sus ojos carmesí parecían faltos del brillo que siempre le daban vida y estaba profundamente sumido en sus pensamientos.
Francis y Antonio iban platicando muy alegres, Gilbert perdido en sus cavilaciones y por ultimo Lovino que se mantenía también en silencio mirando por instantes la mano libre de Antonio el cual no tenía ni idea de que el italiano parecía querer tomarle la mano pero no lograba juntar el valor necesario para hacer algo tan sencillo como eso.
A diferencia de Antonio, Lovino podía ir por ahí maldiciendo gente sin ningún tipo de remordimiento, podía decir lo que pensaba y no le importaba las consecuencias que sus palabras podrían traer pero entre todo eso había una cosa que sencillamente no podía hacer: mostrar abiertamente sus sentimientos, mucho menos si estos eran de cariño y la viva prueba estaba en su hermano Feliciano al que podía decirle toda clase de ofensas antes que un "te quiero". Pero ahora Lovino quería intentar superar eso y dar el primer gran paso que representaba tomar de la mano a tu pareja.
El italiano fruncía el ceño y acercaba su mano cuidadosamente a la de Antonio la cual, el muy tonto, la movía en el momento justo en el que Lovino estaba a punto de tomarla haciéndolo maldecir en su idioma natal por lo bajo.
-¿Qué pasa?- preguntó Antonio justo cuando Lovino acababa de decir una palabrota.
-Nada idiota- respondió el muchacho sin poder evitar echar una fugaz mirada a los dedos del español que pareció captar las intenciones del italiano y atrapó su mano antes de que este la quitara.
-Solo tienes que hablar Lovi- dijo cariñosamente Antonio empezando a columpiar su mano alegremente junto con la de Lovino que ahora tenía la cara hecha un arcoíris preguntándose porque el ojiverde tenía que ser tan cursi.
Pero así como Lovino tenía cosas que le costaba trabajo superar, también Antonio las tenía así que cuando iban entrando a la cafetería y escuchó las risitas desdeñosas de un grupo de chicos acompañadas de unas cuantas miradas despectivas dirigidas a ellos el español se sintió mal y suponiendo acertadamente que era de él y de Lovino de quienes estaban burlándose soltó lentamente la mano del otro chico aunque antes de separarse por completo Lovino volvió a envolver su mano dedicándole una mirada severa.
-No me sueltes solo porque los demás hablan- apenas le murmuró con la misma seriedad y mal humor de siempre fulminando con la mirada a Antonio que por segundos pensó que esa frase no se refería solamente a ese momento en específico, por lo tanto solo alcanzó a sonreír y apretar la mano de Lovino que miró recto solo para no tener que seguir viendo la sonrisa boba del español.
-Antoine hace años que no te veo así de risueño, los maltratos de tu italiano sí que te hacen bien- se burló Francis dándole nos cuantos golpecitos con el codo en las costillas a su amigo que se retorció ligeramente por las cosquillas que esto le provocaba.
-Pues tú no te quedas atrás, también andas muy risueño desde ayer aunque hoy no veo a tú Arthur ¿Se está escondiendo en la biblioteca de nuevo?- preguntó Antonio buscando con la mirada al mencionado haciendo reír suavemente a Francis.
-Está en la biblioteca pero ya no se está escondiendo- dijo también con un doble sentido el ojiazul.
-¿Y tú Gilbert? Estás muy solito, ya necesitas a alguien que te haga compañía- le dijo el francés al albino dándole un ligero empujón que tomó desprevenido a Gilbert así que dio un par de tropiezos por esto.
-¿Qué dijiste? Perdón, no estaba escuchando- dijo Gilbert cuando recobró el equilibrio provocando con esto una cara de preocupación en Francis y Antonio.
-¿Qué te pasa hoy Gil? Has estado muy distraído y no te has reído con esa risa rara en todo el día, es más, apenas si hablas.- señaló Antonio también notando la actitud ausente del ojirrojo.
-Seguro está así porque ayer se peleó con Feliks- dijo con tono casual Lovino –aunque si me preguntan no sé porque diablos se deprime tanto por una pelea tonta- terminó de decir el italiano viendo a sus amigos ya sentados en la mesa acostumbrada.
-No pienses tanto en eso Gil, Francis y yo nos hemos peleado infinidad de veces y mira, seguimos siendo buenos amigos; estoy seguro que para mañana ya estará todos solucionado además no creo que Feliks sea una persona rencorosa- intentaba animarlo Antonio.
-No es rencoroso, solo es una reina insoportable del drama, lo que es peor- opinó Lovino ahora si soltándose de Antonio para ir a sentarse.
-Las peleas son un requisito esencial en toda amistad, velo de esa manera- dijo también Francis pasando de largo la mesa de los perdedores mientras que Antonio se despedía melosamente de Lovino quien le daba de empujones para que se alejara de él y se fuera de una vez por todas, por otro lado Gilbert solo se limitó a saludar a todos como si fuera una especie de robot y siguió junto con Francis.
-¿Y ahora qué le pasa al gordo?- preguntó Lovino tomando asiento en la mesa justo en medio de Ludwig y Feliciano escuchando una queja por parte de su hermano que decidió ignorar junto con la mirada de molestia del rubio.
-Pasa que la realidad apesta- respondió Alfred que tenía la cabeza sobre la mesa y sus brazos estaban colgando lastimosamente a sus lados.
-Sí, ahora dime algo que no sepa- dijo el italiano empujando a su mellizo que a pesar de ya no estar sentado a un lado de Ludwig, intentaba alejarlo todavía más. Esos dos no iban a estar acarameladitos en su presencia.
-Llegando a casa voy a sacar toda mi antología de Marvel y la voy a leer completa hasta reprimir los recuerdos de este día, no… mejor hasta reprimir los recuerdos de toda mi patética vida, en mi interior solo estará el espíritu del Capitán América para llenar el resto de mi triste existencia- decía al rubio sin siquiera levantar la cabeza.
-Alfred-san no es necesario irse a los extremos- comentó Kiku preocupado de que el rubio estuviera hablando en serio.
-No quiero escuchar eso de ti señor me-encierro-en-mi-habitación-para-evadir-al-mundo- dijo Alfred soltando un fingido sollozo. –Natasha tenía razón… esto no es una película…- dijo alzando un poco su cabeza para de nuevo dejarla caer en la mesa provocando un sonido hueco.
-Dios, alguien dele unas galletas para que se intente cortar las venas con ellas, me está deprimiendo este tipo- se quejó Lovino.
-Ve~ Alfred, no te pongas así, si quieres saliendo de la escuela podemos pasar al McDonalds; te dejaremos comer todo lo que quieras y nosotros pagamos- propuso Feliciano viendo como todos los demás negaban con sus manos para que declinara la idea pues de hacer eso se quedaban en bancarrota y con deudas que tal vez cargarían hasta su graduación.
-Eso no será necesario- dijo entonces una voz extra que todos conocían y que los hizo voltear, incluso Alfred que aun con su cabeza en la mesa la giró para ver a Feliks que estaba parado frente a todos con los brazos cruzados.
-Si estás aquí para decirme un "te lo dije" ahórratelo por favor, ya me siento una mierda como para que vengas a recalcármelo- dijo el ojiazul girando de nuevo su cabeza.
-Ósea no vine a eso solamente quiero decirles una cosa- dijo repasando la mirada por todos que no parecían muy felices de verlo. El rubio intentó controlar el temblor de su voz y de todo su cuerpo en general hasta que finalmente fijó sus ojos en el piso.
-Perdónenme, como que yo sé que ayer me comporté fatal con todos ustedes. No estaba así como que de mi mejor humor y terminé desquitándome con todos aunque sabía que no tenían nada que ver con mis conflictos existenciales y pues como que ¿Me perdonan?- preguntó juntando sus manos en una plegaria cerrando sus ojos para luego entreabrirlos viendo a sus amigos que seguían serios hasta que Feliciano fue el primero en levantarse para abrazarlo.
-¡Ve~ claro que te perdonamos!- dijo el castaño enganchándose a Feliks que también correspondió.
-Feli ósea perdóname por hablarte tan feo, tú sabes que eres así como que mi adoración- decía el ojiverde restregándose al muchachito y tomándolo por la cara para darle un beso pequeño y fugaz en los labios que hizo a Ludwig levantarse y golpear la mesa por el acto.
-Huy perdón Luddy, sabes que no es con esa intención- se disculpó rápidamente Feliks soltando a Feliciano que no entendió el porqué de la reacción del rubio.
-Y ahora tú Alfie levanta esa cabeza- le ordenó el muchacho al otro que soltó un sonido que pareció el de un berreo de una vaca agonizante.
-La perr… quiero decir, Natasha está buscándote- y como si estas fueran las palabras mágicas Alfred de inmediato enderezó su espalda y miró con ojos bien abierto al rubio.
-¡Pero apura el paso! Esa mujer no te va a estar buscando toda la vida, anda- le dijo Feliks jalando del brazo a Alfred que sin preguntar ni siquiera para que Natasha lo buscaba, salió disparado de ahí.
-Ya he pagado con creces mi error, ahora como que abrácenme, tú también Kiku-chan- dijo abalanzándose ahora sobre el japonés poniendo nerviosos a este que a pesar de ser amigo de Feliciano, sencillamente no podía acostumbrarse a esas efusivas muestras de afecto.
-No hagan tanto alboroto- les regañó Ludwig mientras que Lovino se limitaba a comer mirando de reojo a Gilbert que se acercaba a ellos.
-Lo.. lo siento niños, tengo que irme, los veo luego- dijo nervioso el ojiverde cuando Gilbert se acercaba.
-¡Feliks, ven!- le llamó el ojirrojo caminando más rápido pero apenas iba a llegar a la mesa el rubio casi había echado a correr.
-¡Feliks!- Volvió a llamarle esperando a que este se detuviera pero no lo hizo.
-¿Qué le pasa?- preguntó el albino al ver la espala del muchacho alejarse de ahí.
¿Por qué se alejaba de él? Si, tal vez le había dicho un par de cosas desagradables pero aún estaban a tiempo de arreglar el asunto, decirse un par de disculpas y seguir siendo amigos como siempre porque eso eran, amigos ¿No? Y los amigos solucionaban los conflictos… y se supone que el pelearte con un amigo no debería doler de esa manera.
Gilbert había tenido varias peleas con West y con su abuelo; se molestaba, maldecía, golpeaba cosas, dejaba que la cabeza se le enfriara y después todo se arreglaba con una broma o algo parecido pero con Feliks no era así, buscaba las palabras correctas para decir lo siento pero no se le ocurría nada bueno, el tema de su discusión no se le borraba de la cabeza en ningún momento desde el día anterior llegando al punto que se pasó la noche entera tratando de comunicarse con el rubio pero este jamás contestó ni en su teléfono ni mucho menos por internet. Lo peor de todo no era lo anterior, sino la manera en como eso lo molestaba y aunque sonara muy de chica adolescente, lo deprimía.
Se sentía triste, sí, lo admitía por muy gay que eso se escuchara, se sentía triste y no sabía que hacer porque seguramente de haberse peleado con Alfred o Lovino las cosas serían muy diferentes, incluso si aquellas palabras y esa discusión las hubiera tenido con Feliciano o Kiku tampoco tendrían el mismo efecto que lo tenía con Feliks porque… para él Feliks era diferente, su sola relación era diferente. Mientras que con el resto solo hacía cosas de chicos, con el ojiverde compartía una complicidad única, al solo chocar miradas podían saber lo que pensaba el otro y casi por telepatía se comunicaban, sus movimientos parecían coordinados todo el tiempo y al estar con él no sentía esa necesidad de forzarse a encajar y a pesar de que se estaba volviendo muy buen amigo de Francis y Antonio y que ellos poco a poco se estaban convirtiendo en sus nuevos compinches no podía comparar su relación con la de Feliks, una relación que se volvía también física pues específicamente con el polaco había siempre esa necesidad de contacto; desde tomarse del brazo, abrazarse, agarrarse las manos, besos en las mejillas o la frente (una vez en la boca), incluso el solo rozar sus brazos cuando estaban sentados el uno al lado del otro como una casi necesidad de tocarse solo para cerciorarse de que seguían ahí… siempre buscándose…
¿Así era una amistad? ¿No era una amistad demasiado extraña?
El albino se sacudió la cabeza sacándose todas esas cosas que lo estaban molestando y decidió seguir al rubio para que pusieran punto final a esa situación de una vez por todas así que corrió también fuera de la cafetería para dar con Feliks sin darle explicación al resto de sus amigos que soltaron suspiros impresionados de lo lento que podía llegar a ser Gilbert.
El muchacho corrió hasta el pasillo tratando de divisar al ojiverde pero en su lugar solo vio a Natasha corriendo de un lado a otro también en busca de alguien.
La chica estaba empezando a desesperarse, primero había ido a la cafetería pero no había logrado encontrar a Alfred, después fue por el patio de atrás, la biblioteca, las aulas y sencillamente no daba con el chico. Se recargó en una pared intentado recuperar el aliento y aun buscando entre la gente y las caras de los alumnos esa que precisamente estaba buscando hasta que por fin, a algunos metros lejos de ella, pudo divisar un par de lentes que escondían unos ojos azules y como si hubieran accionado un botón en ella echó a correr de nuevo sin importarle quedarse sin oxígeno.
-¡Alfred!- gritó sin ser escuchada así que alzó aún más su voz, esa que siempre era queda y fría ahora sonaba ansiosa y un poco aguda –¡Alfred!- volvió a llamar haciendo que el chico se detuviera, corrió hasta él y agresivamente se aferró a los brazos de este mientras intentaba respirar otra vez.
-Alfred… escúchame por favor- comenzó a decir la chica viendo los ojos záfiro del otro que parecía confundido –Olvida todo lo que te dije esta mañana solo haz como que no dije nada. La verdad es que tenía miedo de la gente y lo que podrían decirte o hacerte por salir conmigo, sé que eres fuerte y podrías soportarlo pero no pensé que fuera justo para ti que has sido tan bueno conmigo- decía la chica en medio de jadeos enterrando sus dedos en los brazos del chico que no decía nada y solo escuchaba a la muchacha esperando a que terminara de hablar.
-Pero también tenía miedo de que fueras a alejarte de mí después por eso mismo, no podría soportar tenerte y luego perderte… en ese caso preferiría que nunca estuvieras conmigo desde un principio pero ahora entiendo que podemos pelear contra eso. Tú me dijiste una vez que sabes quien soy yo y siempre me lo recordarías cada vez que hiciera falta entonces si sales conmigo yo también te voy a recordar que eres mío y no te dejaré ir, por eso… quédate conmigo por favor- dijo la chica viendo como el otro abría la boca demasiado conmocionado por lo que la chica acababa de decir pero antes de poder decir algo ella lo interrumpió al notar un detalle importante.
-Espera… no traías esta ropa en la mañana- dijo la muchacha viendo al atuendo del supuesto Alfred.
-Eso es porque…- comenzó a decir el chico con una voz suave que para nada cuadraba con la del Alfred de siempre.
-Natasha ¿Esto quiere decir que me rechazaste porque en realidad estás enamorada de Matt?- preguntó Alfred saliendo de la esquina de un pasillo de donde había escuchado el final de la conversación, el chico parecía a punto de ponerse a llorar mientras que la joven miraba a ambos hermanos como si estuviera viendo algún tipo de suceso sobrenatural
-¿Matt?- preguntó la chica en un hilo de voz al tiempo que el despechado Alfred le pasaba un brazo por el cuello a su gemelo empezando a ahorcarlo.
-¡Eres un maldito Matty! ¡Intentas robarme a Natasha aunque siempre has sabido que estoy enamorado de ella y justo hace unos días me dijiste que a ti te gusta alguien, eres un mentiroso, mal hermano, maldigo haber nacido contigo y que compartamos la misma sangre!- gritaba Alfred histérico ahorcando a Mathew que intentaba quitárselo de encima.
-¡No!- gritó Natasha entonces deteniendo la pelea entre los hermanos y llevándose las manos a la cara mientras se acuclillaba en el piso queriendo desaparecer.
-No puedo creer que te confundí, soy tan tonta… Oh dios quiero morir, no sabía que tenías un gemelo- chillaba la chica que se tapaba el sonrojo intenso que tenía su cara en ese mismo momento.
-¿Cómo?- preguntó Alfred aflojando el agarre en el que tenía sometido a Mathew
-Ella me confundió contigo- dijo Mathew dándole un empujón a su hermano para que se separara de él. Alfred miró a Natasha que quería morirse ahí mismo de la vergüenza, aun acuclillada y las orejas brillando de un rojo escarlata, casi podía salirle humo de la cabeza.
-Entonces todas esas cosas que dijiste en realidad querías decírmelas a mi…- dijo Alfred acercándose a la chica que con el rostro oculto asintió con la cabeza.
-Pero seguro ahora me odias por no poder diferenciarte de tu hermano- dijo afligida la chica sin atreverse a dar la cara escuchando a Alfred reír soñadoramente como de costumbre mientras le quitaba gentilmente las manos del rostro.
-No te preocupes por eso hasta mi mamá nos confunde todo el tiempo, además…- comenzó a decirle viendo la cara roja de Natasha y sus ojos que parecían a punto de llorar mientras aun tomaba sus manos que esta vez estaban tibias. –Podrás diferenciarme de ahora en adelante porque a diferencia de Matty, yo soy solo tuyo- le dijo pegando su frente a la de la chica sintiendo que esta también estaba tibia.
-¿Hablas en serio?- preguntó la chica con su voz temblorosa recibiendo a cambio una enorme y brillante sonrisa por parte del héroe Jones.
-Creo que yo salgo sobrando aquí- dijo Mathew con su vocecita apenas audible dejando a la nueva parejita sola la cual se incorporó aun tomada de las manos.
-Déjame decirte esto otra vez, solo para que sea oficial ¿Quieres ser mi novia?- preguntó Alfred apreciando la sonrisita tímida que Natasha dibujaba en sus labios delgados.
-Si- dijo ella con la misma timidez con la que sonreía, enlazó sus dedos con los de Alfred que rezó para que las manos no empezaran a transpirarle y ambos acortaron la distancia.
Se miraban y cuando sus ojos chocaban los desviaban soltando risitas quedas para luego volver a encontrar sus miradas que pasaban a sus manos en donde sus dedos estaban enlazados y se acariciaban discretamente la piel como si recién estuvieran conociéndose por medio del contacto.
Una vez más volvieron a mirarse, Natasha se alzó un poco en puntillas y Alfred agachó su cabeza para que pudieran alcanzar sus labios en un beso lento algo torpe y podría decirse que hasta infantil. La boca de Natasha se sentía fría pero aun con ello hacía aun agradable contraste con la tibia de Alfred; se quedaron besándose hasta que el timbre del final del receso los obligo a separarse.
Los chicos se sonrieron con las caras rojas y se apretaron las manos antes de tener que irse cada quien a su salón.
Fue así como Alfred pasó de estar en un estado depresivo y casi suicida a ahora ser el hombre más feliz del mundo y empezar a pensar que la vida era bella, el mundo hermoso, la realidad la cosa más perfecta que podría existir y que su juventud estaba floreciendo y todas esas cosas cuando algo bueno te pasa; por lo tanto tomó el resto de sus clases en un estado de ensoñación que varios de sus maestros llegaron a preguntarle si estaba consumiendo substancias ilegales a lo que Alfred solo se limitaba a decir que su única droga era el amor, frase que parecía se la había robado a Francis.
El final de las clases llegó y ni siquiera el tener tres kilos de tarea le quitó a Alfred la sonrisa idiota de su cara junto con esa necesidad de tener que ir a compartir su felicidad, por lo tanto fue a buscar a Yong Soo para contarle la novedad ya que este se había burlado de sus tácticas de conquista.
Rápidamente (y antes de verse con Natasha en la puerta principal de la escuela), corrió hasta el aula en donde sabía estaba su amigo, se apresuró sabiendo que después tenía que ir a entrenar junto con el equipo de Artes Marciales así que fue una suerte encontrarlo justo a tiempo.
-Yong Soo, ven aquí pequeño saltamontes- dijo Alfred haciéndole señas al moreno para que se acercara y este hizo caso viendo con sospecha la cara extremadamente feliz del rubio.
-¿Algo te pasó? ¿Natasha te saludó en el receso o algo así?- bromeó el muchacho haciendo reír a Alfred.
-Pasó algo mucho mejor y quiero que seas el primero en saberlo- dijo haciendo una pausa para crear suspenso al tiempo que ensanchaba su sonrisa sin poder contenerse demasiado.
-¡Natasha y yo somos novios oficialmente!- exclamó Alfred disfrutando de ver la cara anonada de Yong Soo quien estaba procesando la noticia y fue hasta segundos después en los que su cara no había mostrado expresión alguna, que por fin reaccionó.
-Wow, felicidades Al- dijo con su cara sonriente de siempre dándole un abrazo fraternal a Alfred como felicitación por su declaración y haber sido correspondido.
Alfred aceptó el abrazo y le dio un par de palmadas a Yong Soo aunque el coreano no lo soltó así que el rubio supuso que era porque su amigo estaba muy feliz por él… pero al pasar casi cinco minutos en los que el pelinegro no lo soltaba empezó a preguntarse si algo le pasaba al muchacho.
-Eh… Yong Soo… ¿No tienes practica con el equipo?- preguntó Alfred tratando de ser sutil, lo que funcionó pues el otro chico por fin se separó sonriendo justo como Alfred siempre hacía, con una gran sonrisa iluminando todo su rostro.
-Es cierto, felicidades de nuevo Alfred, de verdad estoy muy feliz por ti ahora solo intenta no hacer ninguna tontería para que Natasha no te bote- dijo el coreano riendo al escuchar al ojiazul protestar por el ultimo comentario.
Yong Soo siguió riendo mientras se alejaba de ahí e iba camino al gimnasio, a medida que se acercaba al lugar su cara se iba tornando más seria pero a pesar de que su sonrisa se debilitaba no se perdía por completo.
-Quiero ver a mi aniki… espero que ya haya llegado… quiero verlo en serio- decía Yong Soo luchando por seguir sonriendo cuando por fin llegó al gimnasio e iba a abrir las puertas vio por una de las pequeñas ventanas a Yao haciendo que de nuevo su sonrisa tomara fuerza o eso era hasta que vio a Iván también.
Yao terminaba de ajustar la cinta negra de su karategi para luego ponerse a hacer un poco de calentamiento reclamando en voz alta el hecho de que sus irresponsables subordinados del equipo aun no estuvieran ahí.
-Eres muy disciplinado Yao- comentó Iván que miraba embelesado al moreno haciendo su preparación de rutina.
-Tengo que ser disciplinado o el equipo se convierte en una anarquía aru- contestó el moreno estirando sus piernas y brazos.
-Si no estuviera tan ocupado con las actividades de mi círculo me gustaría entrar a este equipo, solo para saber si puedo ganarte en una pelea- decía el ojivioleta que desde las gradas no le quitaba los ojos de encima al chino que soltó una risa vanidosa.
-Aunque fueras tan disciplinado como yo e intentaras usar como ventaja tu peso y estatura te haría besar el piso en segundos aru- se burló Yao mientras que el ruso se levantaba de su asiento y se sacaba las botas dirigiéndose hasta donde estaba el chico que logró ver a través de las intenciones de Iván.
-Así que quieres intentarlo aru- dijo Yao poniéndose las manos en la cintura esperando algún movimiento por parte de Iván el cual quiso embestir al chino sin embargo este logró atraparlo del brazo y aplicarle una llave que lo tiró al piso en un solo movimiento y para asegurarse de que Iván no intentara otra cosa se puso sobre él con una rodilla presionando su pecho.
-Te lo dije aru- presumió Yao que seguía sobre el enorme ruso el cual no dejó de sonreír y clavó sus ojos violáceos en los marrones del asiático.
-Y yo que pensaba que solo en mis sueños te tendría sobre mí- dijo Iván con un tono lascivo en su voz confundiendo un poco a Yao por el comentario pero segundos después lo captó queriendo quitarse de encima de Iván pero este se lo impidió ahora intercambiando lugares pues al incorporarse obligó a Yao a caer también y ahora estaba acorralando al oriental en el piso.
-Aunque es excitante tenerte sobre mí creo que prefiero estar así… tengo una mejor vista de tu cara- le dijo sonriéndole de manera infantil, cosa que no cuadraba en lo absoluto con lo que estaba diciendo.
-¡Quítate o te juro que te voy a romper cada uno de tus huesos!- espetó Yao dándole empujoncitos débiles al otro que rió como si le estuvieran haciendo cosquillas.
-¿Y por qué no lo has hecho? Eres muy fuerte Yao, si lo quisieras ya me habrías noqueado en cualquier momento pero sigo sin un solo rasguño. Será que no quieres que me quite realmente- le dijo pasando su mano por uno de los largos mechones negros del asiático que solo alcanzó a ponerse rojo hasta las orejas sin estar consciente de que alguien los veía desde la ventana.
Yong Soo soltó una risa débil mientras le daba la espalda a la puerta y se recargaba en la pared dejándose resbalar hasta llegar al piso permitiendo que la sombra de su flequillo ocultara sus ojos obscuros mientras veía los pies de varias personas pasar frente a él hasta que un par de zapatos en específico se detuvieron.
-¿Qué tienes?- preguntó una voz calmada y monocorde que hizo al coreano alzar la cara para encontrarse con Kim-Ly la cual cargaba unos cuantos libros en sus brazos y miraba con una cara estoica a su primo el cual otra vez sonreía.
-Nada… es solo que ahora creo saber cómo se siente la soledad al doble- dijo volviendo a bajar la cabeza. Kim-ly tan solo se asomó por la ventana alcanzando a ver a Yao y a Iván así que sin decir nada solo se sentó a un lado de Yong Soo en el piso, le pasó una mano por la nuca e hizo que este inclinara su cabeza para que la recargara en el hombro de la chica quedándose callados solamente viendo el ir y venir de la gente, entre ellos el de Gilbert que apenas y les dedicó una mirada cuando pasó a su lado.
El albino había buscado a Feliks a la hora del receso y entre el cambio de clases pero nunca logró dar con él, pareciera que el ojiverde estaba escondiéndose… o sencillamente lo evitaba para no hablar con él.
El ojirrojo dio un suspiro de cansancio cuando vio a la mayoría salir de la escuela o dirigiéndose a sus actividades extracurriculares, era hora de irse y tal vez esperar que esa tarde Feliks si quisiera contestarle el teléfono, por lo tanto se dirigió hasta la puerta principal de la escuela en donde sus amigos a excepción de Alfred, estaban todos reunidos hablando felices y animados.
-Vámonos West- le dijo a su hermano cuando hubo llegado con ellos pues no tenía ánimos de seguir en la escuela.
-Ve~ ¿Tan rápido? Feliks todavía no llega- comentó el inocente Feliciano a lo que Gilbert solo alcanzó a reír sin humor.
-No creo que quiera verme todavía- contestó el muchacho rascándose la nuca mientras reía.
-¿No se ha disculpado contigo aun?- preguntó entonces Ludwig viendo la cara descolocada del albino y el rubio captó que efectivamente, Feliks todavía no se disculpaba con él.
-Entonces si les habla a ustedes… bueno, supongo que no se le puede hacer nada. Vámonos ya- dijo Gilbert tratando de sonar normal a pesar de que el tono de su voz iba bajando cada vez más a medida que iba a hablando empezando a alejarse de ahí tras despedirse con un patético movimiento de su mano de todos los demás; Ludwig también se despidió y siguió a su hermano que continuaba su camino mirando recto sumido en sus pensamientos así que el ojiazul supuso que lo mejor sería no decir nada y solo acompañar a su hermano en su silencio.
Aunque caminar con Gilbert y que este estuviera callado era la cosa más extraña del mundo, Ludwig siempre volteaba esperando algún comentario por parte de su consanguíneo pero nada, el muchacho sencillamente no hablaba y si abrió la boca fue solo cuando por fin llegaron a casa.
-Ya llegamos- dijo aventando en una esquina del vestíbulo su mochila y subiendo rápidamente las escaleras para ir a su cuarto.
-Lávate las manos y ven a comer- le dijo su abuelo que salía de la cocina con un nada masculino mandil.
-No tengo hambre- solo alcanzó a responder Gilbert desde la planta alta.
-¿Qué le pasa a tu hermano?- le preguntó a Ludwig poniéndose las manos en la cintura viendo con sospecha al menor que solo negó con la cabeza escuchando como desde arriba Gilbert cerraba la puerta de su habitación.
El muchacho se sacó los zapatos y se aventó sobre su cama dejando su cara hundida en el colchón un rato hasta que el respirar se le empezaba a dificultar y se viró hacia arriba con los ojos fijos en el techo y se quedó con las manos sobre el estómago sintiendo el subir y bajar de su vientre. Después de un rato palpó su pantalón buscando su teléfono celular para revisar si tenía alguna llamada o mensaje de Feliks pero lo único que vio fue su fondo de pantalla con una foto de un pollito gordo y nada más.
Dando un resoplido arrojó lejos el teléfono dejándolo en una esquina de la cama y solo se limitó a ver el techo, dar vueltas en la cama, darle de golpecitos a su almohada y pretender que su habitación era el lugar más interesante del mundo hasta que finalmente aburrido de todo lo anterior, se puso sus enormes audífonos para escuchar música y esperar a que el día terminara.
El albino podía alcanzar a ver desde su ventana que ya había pasado casi toda la tarde en su habitación o eso deducía pues el cielo estaba pintándose de anaranjado, lo que también le indicaba que era hora de hacer sus deberes así que se quitó los audífonos y justo al hacerlo escuchó que alguien llamaba a la puerta.
-Pasa- dijo suponiendo que se trataba de West per al abrirse la puerta…
-¿Feliks?- dijo el muchacho viendo al ojiverde entrar con una expresión seria en su cara que no cuadraba para nada con su rostro usualmente alegre.
-Perdón por venir sin avisar, Feli me dio tu dirección- dijo cerrando la puerta tras de sí con un tono de voz que hacía juego con su expresión.
-¿Qué haces aquí?- preguntó el albino dejando sus audífonos colgar de su cuello siguiendo con la mirada al ojiverde que caminaba hasta ponerse frente a él.
-Solo vengo para decirte unas cuantas cosas- dijo con severidad frunciendo ligeramente el ceño, Gilbert solo tragó saliva esperando aquellas "cuantas cosas".
-¿Sabes Gilbert? La mayor parte de mi vida me han insultado, criticado, señalado y maltratado pero solo hay una cosa que duele más que todo eso- Dijo poniendo su dedo índice frente a la cara de Gilbert que se sintió como un pequeño siendo regañado, bajó la mirada sin poder ver como el semblante de Feliks se iba relajando hasta formar una débil sonrisa.
-Y eso es que un amigo te diga la verdad en la cara- concluyó el rubio haciendo que el ojirrojo casi diera un saltito en su cama ladeando la cabeza algo confundido.
-No te entiendo- dijo Gilbert escuchando reír al otro que como si estuviera en su propia casa también se quitó los zapatos y se subió a la cama sentándose a un lado del otro chico.
-Que todo lo que me dijiste ayer es verdad Gilbo, cada cosa desde la primera hasta la última-
-Claro que no, ayer los dos estábamos enojados y terminamos diciéndonos tonterías, no era en serio- decía Gilbert tratando de componer su error solo escuchando a Feliks reír de nuevo de esa manera afeminada.
-Hay Gilbo tú de verdad eres así como que un amor- dijo abrazándose al brazo de Gilbert –Pero es cierto que acertaste en cada cosa- dijo separándose un poco del otro.
- Verás, aun hay algunos detalles que no conoces de mi ni del Losers club general así que ¿Me dejas contarte quien era quien antes de ser un perdedor?- dijo el ojiverde. Porque no todos llegaron a la preparatoria siendo perdedores.
Gilbert aceptó escuchar acerca de su grupo de amigos antes de conocerlos así que justo como cuando recién se conocieron y le explicaron cómo funcionaban las jerarquías de la escuela, Gilbert le pasó una hoja de papel y una pluma al rubio que escribió el primer nombre al pie de la hoja esta vez para explicarle como es que todos habían llegado a formar ese peculiar club.
-Empezamos con nuestro Alfie, o bueno Alfred F. Jones-
Alfred de cabello rubio ojos azules, guapo y atlético apenas había puesto un pie dentro del Instituto W cuando captó la atención del grupo de los deportistas, para ser más específicos, del equipo de basquetbol que vieron en el muchacho y sus casi 1.80 centímetros de estatura a un excelente prospecto para su equipo. Al principio no se habían equivocado con el chico, este amaba el deporte, sudar, llamar la atención de las chicas y claro… ser popular.
-¡Espera! ¡¿Alfred nuestro gordo friky era popular?!- preguntó Gilbert demasiado impactado.
-Claro que era popular ¿Por qué crees que es amigo de Yong Soo? ¿Por su interesante perfil en FaceBook?- contestó Feliks aclarándose la garganta para seguir contando.
Si, Alfred era popular, entraba dentro de ese gastado cliché de chico apuesto que iba rodeado por un montón de amigos y saludaba a todo mundo, aunque obviamente su fama no sobrepasaba a la de Francis o Antonio que seguían siendo los reyes de la escuela pero aun así era bien conocido en todos los clubes, por supuesto, también el de Artes marciales en donde forjó amistad con Yong Soo. Esa era su vida antes de aquel fatídico día en los vestidores cuando se le ocurrió llevar su ropa interior de Flash, sus amigos le hicieron burla de esto pero Alfred no entendía a que se debían las risas así que se abrió ante todo el equipo dándoles una cátedra entera acerca de Flash, comic y hasta ciencia ficción. Tras la serie de burlas y humillaciones por esto le dieron a decidir a Alfred entre dejar de ser un ñoño y permanecer en el equipo o ser exiliado y quedarse con sus comics.
-Alfie decidió ser un perdedor antes que tener que renunciar a su pasión- comentó Feliks escribiendo un segundo nombre.
-Seguimos con nuestro mini-mafioso, Lovi-love- dijo poniendo un corazón en lugar del punto de la i
-Si me dices que él también era popular voy a empezar a pensar que estoy viviendo en un universo retorcido- comentó Gilbert a lo que Feliks solo alcanzó a reírse.
-No pero igual te vas a desmayar por saber el pasado obscuro de Lovi-
Lovino Vargas en su primer día cursando la preparatoria se juró a si mismo deshacerse del estigma que representaba su hermano menor; cuando iban a entrar a la escuela le prohibió a este acercársele, hablarle o siquiera decir que eran hermanos y negarlo a pesar de su gran parecido físico así que a Feliciano no le quedó otra opción que obedecer al mayor, sobre todo cuando este se unió al peor grupo de todo el colegio: Al grupito de bullers.
-¿Lovino se juntaba con Sadiq? ¿¡En serio era un mafioso adolescente!?- dijo Gilbert a lo que Feliks solo asintió con la cabeza.
Sadiq había puesto la mira en Lovino y sus ojos de mercenario italiano así que lo reclutó rápidamente para ser parte de la pesadilla de todo estudiante del colegio. Lovino tenía el respeto del estudiantado por el simple y sencillo hecho de caminar a un lado del turco aunque el privilegio no le duró mucho tiempo pues al primer mes de escuela Sadiq había tomado como víctima principal a Feliciano (junto con muchos otros alumnos). Por mucho que Lovino tuviera cierto resentimiento por su hermano menor no podía permitir que lo maltrataran así que un día en el que Sadiq esperaba a Feliciano tras el edificio de la escuela solo para entretenerse dándole unos golpes y quitándole el dinero, Lovino salió a su defensa… recibió la golpiza de su vida por parte de Sadiq y su estatus entre el estudiantado se fue mil metros bajo tierra pero no volvió a separarse de Feliciano al que empezó a defender si alguien más se atrevía a tocarlo.
-A Lovi-love no le importó arriesgarse por Feli y aun lo hace aunque eso signifique ser un perdedor- concluyó el ojiverde con una sonrisa enternecida en su rostro mientras que Gilbert parecía comprender a Lovino, después de todo él también era un hermano mayor.
-Ahora sigue Feli, no te asustes él como que no tiene un pasado obscuro ni brillante pero en su momento fue un rebelde- dijo Feliks anotando el nombre del más joven de los mellizos Vargas.
Feliciano al entrar a la preparatoria no era otra cosa más que el típico ratoncito asustado al que se antojaba molestar por el simple hecho de respirar y no solo esto, ya estaba etiquetado como un tonto desde el primer momento en que sus padres y su abuelo tuvieron que convencer al director para que lo aceptaran en la escuela a pesar de sus malas notas.
Para empeorar esto no solo su hermano lo había negado como su mellizo sino que también sus profesores querían mandarlo a clases "especiales" por sus bajas calificaciones y como producto de esto último las burlas de sus compañeros y el acoso de otros no tardaron en hacerse presentes.
Feliciano soportaba todo esto haciendo un esfuerzo monumental pero cuando le prohibieron la entrada al club de arte por pensarlo una especie de retardado (solo por los rumores que se habían esparcido de él) fue cuando explotó y una tarde justo cuando la mayor parte de los alumnos se habían ido a casa, entre ellos los miembros del club de arte, se coló en su aula con algunos litros de pintura y les demostró que no era ningún tonto.
Arrancó todos los trabajos de los estudiantes junto con algunos cuadros y esculturas para pintar un hermoso mural que abarcó todo el salón, y en la pared más grande sobre el paisaje italiano que había pintado escribió en grandísimas letras cursivas negras un "Jodanse" en italiano y para rematar, su firma con su nombre completo.
-¿Feliciano hizo eso? ¿Feliciano Vargas el que no mata ni siquiera a una mosca hizo un acto vandálico?- preguntó Gilbert que quería morirse de la risa ahí mismo de tan solo imaginar a un rebelde Feliciano.
-Ósea claro, obvio quitaron el mural y pintaron el salón de blanco, a Feli le dieron una amonestación y lo vetaron del club de arte pero les dio una súper lección a esos idiotas y les demostró todo su talento, amo a Feli por eso- dijo el ojiverde entre risitas anotando el ultimo nombre que pertenecía al de Kiku.
-Ya tenemos a un ex popular, buller, rebelde no puedo imaginarme que cosa era Kiku- comentó Gilbert.
-Kiku solo era Kiku-
El asiático del que todos hablaban pero nadie conocía, Kiku Honda se había convertido en una especie de mito urbano cuando el semestre del año anterior había empezado, todos murmuraban acerca de él, era conocido como el chico que se había vuelto loco en medio de una clase de oratoria. Las malas lenguas decían que había gritado y amenazado de muerte a los maestros y que había hecho trizas el mobiliario del salón tras haber golpeado alumnos y cosas así… de las cuales ninguna era cierta.
Era verdad que Kiku había tenido una crisis en medio de una clase de oratoria pero no había llegado a tal punto, solo un ataque de extrema ansiedad que terminó con una visita al hospital, terapia psicológica y encerrarse en su casa por meses. Era por esto último por lo que los rumores habían empezado y la imagen de Kiku se tornó de un tranquilo estudiante que sufría de cierta timidez a una especie de loco. Los meses pasaban y el semestre continuaba hasta que un día Kiku se apareció en la escuela y se enfrentó al hecho de escuchar su nombre como si fuera un zumbido perforándole las orejas; todos hablaban de él, lo señalaban y hacían más grande el chisme acerca de lo sucedido, Kiku a veces se escondía, otras veces faltaba de nuevo al colegio pero siempre terminaba volviendo, se forzaba a caminar por los pasillos y entrar a las clases en donde sus compañeros siempre lo estaban mirando de manera hostil.
-¿Y por qué no se cambió de escuela?- preguntó Gilbert.
-Eso es lo más increíble de Kiku, teniendo la posibilidad de empezar de nuevo en otro lugar optó por quedarse y hacerle frente a todo…- contestó Feliks que finalmente ponía su propio nombre hasta el último de la lista.
-Ahora estoy yo, déjame contarte acerca de Feliks Luckasiewich… el suuuuper marica- dijo riéndose de sí mismo para luego ponerse más serio –Aunque su historia debe verse desde más atrás…- dijo empezando a ponerse serio.
-Yo en la secundaria era el chico al que todos molestaban, a pesar de lo mucho que se esforzaba por parecer normal y ser como todos los demás esto parecía provocar a todos para seguir jodiendo… así que tomó una decisión: Se dijo un día "voy a ser yo mismo"… era una bonita convicción y sonaba bien decirlo.
Este chico empezó a dejarse el cabello largo y a usar la ropa que siempre quiso usar, hablar como siempre quiso hablar, comportarse como siempre quiso comportarse. Entró a la preparatoria e intentó juntarse con los chicos populares, claro "siendo el mismo"… pero todo era un tonto montaje- dijo entonces en un tono casi despectivo volteando a ver a Gilbert clavando sus ojos verdes en los rojos del peliplata que escuchaba con atención.
-Yo en realidad soy el chico que actúa como si nada le preocupara, al que ves siendo "autentico" pero en realidad esconde el hecho de que tiene miedo a no encajar otra vez, soy el que teme no ser aceptado y por eso actúa como si nada importara, como si lo que dijeran los demás fuera irrelevante cuando en realidad si lo es. Soy el chico que todos los días tiene miedo a quedarse solo y soy el chico que es capaz de acostarse con el primero que se lo propone solo porque piensa que nadie nunca volverá a fijarse en él. Soy el chico que es "él mismo" porque busca desesperadamente que alguien lo quiera por quien es.
-Soy esa persona Gilbert- dijo con los ojos llorosos volteando a ver a Gilbert que no sabía que hacer o decir. Feliks rió y al hacerlo un par de lágrimas salieron de sus ojos las cuales limpió rápidamente.
-Por eso cuando conocí a estos tipos excluidos los junté a todos y me apropié de ellos. Para todo el mundo ellos son solo un montón de inadaptados pero para mí… son las personas más valientes por atreverse a ser auténticos- dijo con una sonrisa tierna en sus labios a pesar de las lágrimas que aun intentaban salir.
-Y luego llegaron un par de hermanos que jamás habían ido a una escuela; el serio Ludwig que fue capaz de enseñarle a Feli a creer en él mismo y Gilbert, el awesome chico que sin saber nada del mundo apuntó alto y decidió hacer del Bad Friend duo un trio y lo está logrando- dijo dándole un empujoncito a Gilbert.
-Todos ustedes son tan increíbles a su manera y siempre están ahí para ayudarme a sacudirme mis complejos pero entonces empezaron a alejarse: Primero Lovino que empezó a salir con Antonio, luego Feli que escogió a Ludwig, después Kiku y Sadiq y poco a poco tú que a pesar de que en un principio te alenté a cumplir tu objetivo de ser amigo de Antonio y Francis sentí que te estabas yendo demasiado lejos; finalmente la gota que derramó el vaso fue Alfred queriendo salir con Natasha… cuando escuché eso entré en pánico, el solo pensar que todos mis pilares se estaban alejando de mi me hizo tener tanto miedo que exploté- dijo respirando hondo. -El único que estaba viviendo en un mundo pequeño era yo-
-Pero nosotros no te vamos a abandonar ni nada de eso- dijo Gilbert queriendo tranquilizar a Feliks que volvió a reír de manera forzada.
-Ah… Gilbo, si dependiera de mi yo los tendría a mi lado para toda la vida pero supongo que las cosas no son así… cada quien está tomando su camino y tengo que dejarlos crecer, yo también tengo que crecer- decía Feliks sonriente pero al terminar de dibujar la sonrisa en su rostro esta se desplomó y echó a llorar así que en un mero reflejo Gilbert lo abrazo con fuerza.
-¿Por qué no me dijiste eso antes? Todo el día estuve pensando que me odiabas y no querías saber nada mas de mi- decía el albino escuchando llorar al otro.
-¿Y agregar otro drama escolar a la lista? No gracias- bromeó Feliks en medio de su llanto con su cabeza apoyada en el pecho de Gilbert percibiendo su aroma mientras que el chico le frotaba la espalda de manera agradable para intentar calmarlo.
Pasaron cerca de veinte minutos en los que Gilbert tuvo su cara pegada al cuerpo del albino que con paciencia reconfortaba al ojiverde.
-Gracias Gilbert, ósea acabas de ver como que mi peor lado, que pena- decía el rubio limpiándose los ojos con su frente aun recargada en el pecho del jovencito.
-Para eso estamos los amigos, esperaré a que se te pase y me empezaré a burlar de ti kesesesese- dijo Gilbert pasándole una mano por la cabeza a Feliks haciéndole hacía atrás uno de sus mechones rubios que no estaba sujetos en la coleta dejando ver mejor los ojos llorosos y brillantes del polaco que se quedó como hipnotizado al ver a Gilbert reír como de costumbre.
-No hagas eso Gilbert…- murmuró Feliks poniendo sus manos en el pecho del germano.
-¿Hacer qué?- preguntó el otro.
-Eso que haces siempre- respondió el ojiverde empezando a tomar con fuerza la playera del otro arrugándola entre sus manos.
-Oye… no entiendo…- sin embargo antes de que Feliks le explicara, este lo jaló por la ropa hacía él y por segunda vez fue besado en la boca por el rubio.
Esta vez fue totalmente diferente que la primera. Había soltado un grito y tuvo que ahogarlo en la boca de Feliks que aún no lo soltaba, tenía sus labios pegados y Gilbert movía sus manos pues no sabía qué diablos hacer con ellas, si abrazar al muchacho o apartarlo así que solo las movía en el aire mientras que el otro intentaba hacer de ese un beso decente pero con la conmoción de Gilbert esto era imposible así que optó por separarse y soltarlo. Ambos se quedaron en silencio un momento.
-Muy bien… eso fue… raro- dijo Gilbert cubriéndose la boca para que Feliks no viera como se relamía los labios.
-Si… como que no salió para nada como esperaba- dijo el rubio que estaba muriéndose de la vergüenza así que volteó hacía el alemán. -¡Se suponía tenía que ser una beso súper apasionado y correspondido! ¡Diablos Gilbert, aprende a leer el ambiente!- le reclamó al albino dándole un golpe en la cabeza al otro que se quejó.
-No fue mi culpa, me tomaste desprevenido- le reclamó el albino que tosió un par de veces aclarándose la garganta -¿Te parece si lo intentamos de nuevo?- preguntó con la cara pintándosele de rojo a lo que el rubio asintió con la cabeza accediendo y como si fuera una cinta que se rebobina, volvieron a ponerse en la posición que estaban antes de su desastroso beso.
Feliks volvió a hacer lo mismo, jalar a Gilbert de la playera para acercarlo pegándolo a él, esta vez, Gilbert estando preparado correspondió el beso sin embargo no contaba con que Feliks fuera a poner tanta fuerza a la hora de jalarlo que cayó encima de él justo en la orilla de la cama y perdiendo el equilibrio movieron sus piernas e intentaron aferrarse a las cobijas para no caer aun medio besándose pero inevitablemente fueron a dar al piso provocando un fuerte sonido al caer.
Estando en el piso, Gilbert aun sobre Feliks, se separaron y echaron a reír.
-¿Qué clase de besos horribles nos damos Gilbert?- preguntó el ojiverde riendo dificultosamente por tener a Gilbert encima de él mientras el otro reía también.
Mientras ambos reían tirados en el piso alguien abrió repentinamente la puerta.
-¿Qué diablos están haciendo?- preguntó Ludwig al que no dejaban estudiar por su escándalo.
-Luddy toca la puerta antes de entrar, Gilbo y yo nos estábamos besando apasionadamente-
-Dejen de hacer tonterías- dijo el ojiazul dando un resoplido cerrando la puerta pensando que el polaco estaba haciendo una de sus bromitas otra vez.
Cuando Ludwig salió Feliks y Gilbert aun echados en el piso se miraron el uno al otro tal vez para un tercer intento de darse un beso como la gente normal pero apenas estaban maquilando sus intenciones la puerta volvió a abrirse, Gilbert estaba a punto de reclamarle a Ludwig pero al ver que esta vez se trataba de su abuelo se separó de un salto de Feliks con la cara pasando de rojo a casi gris en cuestión de segundos.
-¿Qué estaban haciendo?- preguntó el abuelo con una mirada que desarmaba a cualquiera.
-Jugando a las luchas…- contestó el albino y el abuelo miró a Feliks y su facha de niña, demasiado amanerada para estar jugando a las luchas.
-Tu amigo tienes que irse, ya es tarde- ordenó el abuelo dedicándoles otra mirada severa a los chicos y saliendo lentamente de la habitación cerciorándose de que no estuvieran haciendo nada indebido.
-Ah… perdón por eso- dijo Gilbert levantándose ayudando a Feliks también.
-No te preocupes, Feli ya me había advertido de como es y yo que no le creí a Lovi lo del súper interrogatorio, como que me pidió hasta mi tipo de sangre- decía el chico sacudiéndose la ropa –En fin, nos vemos mañanita-
El rubio estaba a punto de salir de la habitación pero Gilbert lo tomó de la muñeca haciéndolo voltear para que ahora sí, pudieran darse un beso decente que para su mala suerte no pudo ser muy largo.
Después de que el rubio salió, Gilbert volvió a tirarse a la cama soltando unas cuantas risas pensando que todo por fin se había arreglado aunque lo que acababa de pasar con Feliks fuera algo raro, mejor dicho, era raro como te podías dar cuenta de que dentro de ti hay sentimientos de los que ni siquiera sabías de su existencia. El chico soltó otra fuerte risa y decidió que era hora de ponerse a hacer la tarea.
Al fin, después de pelas, confusiones y tener que sincerarse podía decir que todo estaba bien; cada quien había arreglado sus propios problemas, habían superado sus pruebas y estaban disfrutando de los frutos de su esfuerzo, nada podría salirles mal ya.
Si… todo eso sonaba perfecto pero nada en esta vida sale como uno lo planea y los problemas nuca vienen solos. Hay veces en las que al solucionar una cosa otra se echa a perder y parece como si estuviéramos envueltos en un ciclo sin fin de desgracias… y otra más se sumaba a la lista de los hermanos Bielshmith.
Los chicos llegaban a casa después de otro día de diversión en la escuela pues desde que el Losers Club había solucionado sus conflictos se divertían más que nunca. Ludwig y Gilbert entraron a su casa comentando animadamente los sucesos de aquel día, dejaron sus cosas y sus abrigos en el perchero y fueron hasta la sala para avisar que habían llegado sin embargo al entrar vieron a su abuelo sentado en su sillón, los dedos enlazados frente a su cara y mirando con fiereza a sus nietos que no pudieron evitar retroceder y sentir un escalofrío en su espalda al ver ese gesto en su abuelo, ese que sabían jamás anunciaba nada bueno.
-Ho… hola abuelo, ya llegamos- dijo Gilbert.
-Siéntense- solo les indicó el jefe de la familia a los muchachos que se miraron el uno al otro para luego hacer caso sentándose en el sofá frente al del adulto que los examinó con una gélida mirada.
-Quiero que me expliquen algo- comenzó a decir con la voz profunda que hacía temblar a los chicos –Hoy llamé a la escuela y me dijeron que no asistieron a clase un día, me informaron que tú Gilbert estuviste en detención por usar sin permiso el auditorio de la escuela y la cabina también; después de eso me enteré que un policía cerca del parque les puso una multa por arrojarle huevos a las personas y por ultimo… que me mintieron cuando me dijeron que irían a una reunión con los nietos de Roma y en realidad se fueron a la fiesta de una persona que no conozco ¿Qué tienen que decir en su defensa?- les preguntó el hombre haciendo tronar sus dedos.
-Ah… no hicimos nada malo, bueno, todo eso suena muy malo pero en realidad no lo fue- dijo Gilbert en un intento desesperado por defenderse.
-¿Mentirme no es malo? Si a mí no sé me ocurre llamar a la escuela seguramente ustedes seguirían haciendo no sé qué barbaridades y si al idiota de Roma no se le escapa decirme lo de la fiesta entonces jamás me hubiera enterado y ustedes seguirían escapándose mintiéndome en la cara mientras me miran a los ojos descaradamente- les regañó alzando un poco la voz que retumbó en la sala -Por eso he tomado una decisión- dijo levantándose del sillón cruzándose de brazos.
-Mañana mismo los daré de baja de la escuela y volverán a estudiar en casa- sentenció el abuelo y aquello fue como si todo lo que Gilbert y Ludwig habían construido a lo largo de meses enteros, hubiera sido destruido con el pronunciar de un castigo.
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Me pregunto cuántas declaraciones de odio, amenazas de muerte y maldiciones recibiré por el final de este capi…
¿Les gusto? Espero que sí porque ahhhhhhh estaba tan ansiosa de escribir este capítulo y disfruté muchísimo narrando cada cosa que si no les gustó tendré que tirarme a la tragedia ahora mismo y tal vez cortarme las venas con una barra de pan.
Otra vez mil millones de gracias por los reviews que me hacen gritar "kyaaaaaaaaaa" como media hora; cada Lunes en la mañana los leo mientras desayuno y madre ya ni siquiera pregunta porque tengo cara de imbécil el resto de día XD. Mil gracias de verdad por seguir leyendo y prometo que ya no habrá finales cardiacos, solo este ja ja ja. De nuevo muchas gracias por sus comentarios y a los lectores silenciosos. Nos leemos en el siguiente capítulo.
Antes de despedirme por completo, gracias también a quienes igualmente leyeron y comentaron A través del espejo, espero de verdad no tardar en actualizar ese otro fic.
