THE LOSERS CLUB

Capítulo 13

"Todos queremos encajar, cada cual a su manera"

Tim Lott – White City

El castigo que el abuelo acababa de imponerles resonó como un eco en los oídos de los hermanos que alzaron la cabeza para ver al enojado hombre que los fulminaba con su mirada gélida observándolos fijamente esperando el momento en que estos bajaran la frente de manera sumisa como usualmente hacían cuando eran castigados y dejar el tema zanjado sin embargo entre más pasaban los minutos sus nietos no parecían dispuestos a tomar la postura de eterna obediencia, ni siquiera Ludwig.

-No puedes hacernos eso- dijo precisamente el menor mirándolo con sus ojos que eran una copia exacta de los de su abuelo que solo alcanzó a fruncir aún más el ceño.

-Ustedes se lo ganaron a pulso y estas son las consecuencias- declaró el hombre a punto de darles la espalda pero Gilbert fue el primero en levantarse.

-¡Pero no hicimos nada malo!- gritó el albino haciendo voltear al abuelo –Faltamos a clase porque fuimos a ayudar a un amigo que nos necesitaba, si usé el auditorio y la cabina fue porque necesitábamos que alguien escuchara lo que un amigo tenía que decirle y si te mentimos para ir a la fiesta fue porque sabíamos que jamás nos darías permiso de ir y aun así llegamos a casa a la hora indicada y sin ningún rasguño. No puedes sacarnos de la escuela solo por eso; hemos mantenido nuestras buenas calificaciones, todavía seguimos las reglas de la casa… ¡No puedes arrebatarnos nuestra única oportunidad de ser normales!- gritó finalmente Gilbert enfrentándose a su abuelo.

-Si puedo. Abusaron de mi confianza y miren lo que he ganado, salen de casa con mentiras, no van a la escuela y hasta hacen que los nietos de Roma mientan por ustedes también… han cambiado… ya no los reconozco ¿Dónde están mis nietos obedientes y tranquilos que sabían comportarse? Ahora no son más que unos chiquillos que se han dejado influenciar y quieren hacer lo que les venga en gana- le regañó el abuelo.

-¡Pues nosotros a eso le llamamos vivir! ¿O es que a ti ya se te olvidó como es eso? Solo aquí encerrado en casa sepultándonos a nosotros también- le reclamó Gilbert alzando la voz.

-Cuida tu tono Gilbert, no se te olvide con quien estás hablando- le dijo su abuelo.

-¡Me importa un carajo mi tono! Ya no voy a hacer lo que tú quieras, no voy a dejar la escuela ni a mis amigos solo porque estás paranoico-

-¿Y qué harás al respecto? Hablas como un hombre rudo pero sigues siendo un mocoso, eres menor de edad y puedo darte de baja del colegio ahora mismo y encerrarte aquí hasta que cumplas la mayoría de edad porque hasta entonces ustedes dos son míos y mientras sigan bajo este techo van a seguir mis reglas- el abuelo le dijo a Gilbert mientras se ponía las manos en la cadera y alzaba su voz cada vez más profunda.

-No tienes por qué hacer algo tan extremo; está bien, lo admitimos, hicimos mal en mentirte pero aprendimos la lección y no lo volveremos a hacer, tienes que confiar en nosotros… al menos merecemos otra oportunidad así que no nos prohíbas ir a la escuela- intervino Ludwig queriendo apaciguar el ambiente aunque esto no funcionó en lo absoluto con el adulto.

-No, les di la oportunidad y no la aprovecharon, ahora no voy a dejar que terminen de pudrirse junto con esa maldita gente que los ha mal influenciado- dictaminó el jefe de la familia.

-¿Maldita gente?... ¿Le llamas maldita gente a nuestros amigos?...- empezó a decir Gilbert cerrando los puños con fuerza -¿¡Acaso los conoces!? ¿¡Tienes una idea de lo que han pasado o quienes son ahora!? No sabes de lo que hablas, no sabes nada de ellos ni siquiera sabes nada de nosotros, de West ni de mi- esta vez Gilbert estaba encolerizado, sentía la rabia y la impotencia hervirle la sangre mientras que su abuelo se mantenía ahí, firme e intransigente como siempre había sido.

-No necesito conocerlos a ellos, pero sí sé quiénes son ustedes… o al menos eso pensaba antes de que se fueran a estudiar a ese nido de delincuentes, aunque aún están a tiempo de reformarse por eso estoy tomando esta decisión. Es por su bien- les dijo el abuelo bajando un poco el tono de su voz.

-Por nuestro bien…- repitió Gilbert que empezaba a respirar de manera dificultosa al tiempo que sus nudillos se ponían blancos por la fuerza con la que cerraba los puños. -¡Es por tu maldito bien que lo haces, por tu conveniencia! Nosotros te importamos una mierda…-

-¡Gilbert!- llamaron entonces al unísono su abuelo y Ludwig pues estaba terminantemente prohibido decir mala palabras en casa.

-Es la verdad, no te importamos para nada. Nos criaste toda la vida y estamos en esta casa solo porque tal vez te iba remorder la consciencia el abandonarnos cuando nuestros papás murieron, ahora quieres hacer de nuestra vida lo que se te antoje seguramente porqué proyectas a papá en nosotros- espetaba Gilbert.

-¡Cállate! No sabes lo que estás diciendo- regañó el abuelo esta vez gritando poniendo nerviosos a sus nietos, pero aun con el miedo, el albino se mantuvo en su postura.

-¡Si lo sé y sé también que hubiera sido mejor que nos hubiéramos muerto con él antes que vivir aquí!- gritó el ojirrojo a todo pulmón dejando tanto a Ludwig como a su abuelo con los ojos desmesuradamente abiertos.

Como si acabaran de golpear al abuelo, este retrocedió débilmente y se dejó caer en el sillón mientras que Gilbert solo se daba la media vuelta y casi corriendo salía de la casa azotando la puerta tras de sí. Ludwig fue a la puerta intentando detener a su hermano y luego fue hasta donde su abuelo parecía al borde de un ataque cardiaco, estaba pálido y sus hombros los tenía caídos… por una décima de segundo a Ludwig le pareció ver a su abuelo más viejo que nunca.

-¿Tú piensas igual Ludwig?- preguntó con la voz ronca llevándose una mano a la cara sin hacer esfuerzo alguno por sentarse dignamente en el sillón, solo estaba ahí, desparramado en el mueble como si acabara de recibir una golpiza.

-Yo solo pienso que es injusto- contestó Ludwig sin alzar la voz pero si con firmeza haciendo que su abuelo hiciera un resquicio entre sus dedos para verlo mejor.

-Después de todo es nuestra vida… o eso quiero suponer…- dijo Ludwig subiendo las escaleras para ir a su habitación dejando a su abuelo solo que echó su cabeza para atrás cerrando con fuerza sus ojos temiendo abrirlos preguntándose un montón de veces que era lo que estaba haciendo mal ¿Por qué sus nietos veían su preocupación como un ataque?

Y justo en ese mismo instante el que se sentía aún más atacado era Gilbert el cual había casi huido de casa, corría por la calle con la sangre hirviéndole en las venas y todavía con el maratón que había corrido tuvo que detenerse para golpear incesantemente una pared para así poder desquitar toda la frustración que sentía en ese momento.

Los puños daban de lleno en el concreto y su piel no tardó en lastimarse empezando a sangrar pero no le importaba, o mejor dicho ni siquiera sentía el dolor por toda la adrenalina y el cólera que sentía.

No era justo, no era justo, no era justo que alguien solo por ser mayor quisiera a venir a hacer de su vida lo que se le antojase, que solo por ser joven lo tomaran como un tonto que no sabía lo que hacía, que el solo hecho de no tener cierta cantidad de años cumplidos le diera derecho a otra persona a manejar sus decisiones e ignorar sus deseos; era su vida, era él quien la estaba viviendo y quien estaba sintiendo ¿Por qué los adultos se empeñaban en querer controlarlo todo como si tuvieran alguna especie de derecho divino? ¿Por qué nadie parecía entender o porque todos parecían sordos cuando hablaba?

Que injusticia pero sobre todo que impotencia…

El albino dio otra serie de fuertes golpes en la pared soltando gruñidos y maldiciones.

-¡Gilbert!- escuchó que entonces alguien le gritaba y lo empujaba para que dejara de golpear o mejor dicho de lastimarse ya que la piel en sus nudillos comenzaba a levantarse y estos estaban sangrando más profusamente.

-¡Déjame!- rugió Gilbert cuando notó que la persona que recién acababa de empujarlo no era otro más que Feliks así que forcejeando con el rubio se dispuso a seguir con sus arranques de ira contra la pared sin embargo fue empujado de nuevo por el ojiverde empezando así una especie de lucha de fuerza.

-¡Compórtate!- gritó finalmente Feliks dándole una fuerte cachetada al albino, el golpe resonó y la mejilla del ojirrojo se puso roja en un instante.

Gilbert pareció salir de su trance gracias al golpe y solo se llevó la mano a la mejilla viendo con sorpresa a Feliks que sacudía su propia mano aliviando el dolor pues había golpeado con mucha fuerza al otro chico.

-Me pegaste- dijo Gilbert aun sintiendo su mejilla caliente y punzante por la bofetada antes dada.

-No me pongas esa cara de victima que de haber estado en otra situación hubiera sido algo muy erótico- le dijo Feliks y por alguna extraña razón el alemán no quiso saber en qué clase de "situación" andarse dando de cachetadas fuera erótico.

-Dios, mira lo que te hiciste en las manos- señaló entonces el ojiverde tomando las manos de Gilbert viendo con algo parecido al dolor los nudillos lastimados –Ósea Luddy me llamó y me dijo que te habías salido de tu casa pero no pensé que algo malo hubiera pasado. Como que ahora dame una buena razón para que andes peleándote con una pared así- dijo sin soltarle las manos al mismo tiempo que Gilbert recordaba toda la discusión anterior con su abuelo y esta vez en lugar de aventarse contra la pared para terminar de averiguar si el concreto o sus puños eran más fuertes… lo único que alcanzó a hacer fue acercarse a Feliks y recargar su frente en el hombro de este.

-No aguanto más- solo alcanzó a decir Gilbert soltando el aire que parecía haber estado conteniendo desde que salió de casa.

Feliks soltó las manos del chico y lo rodeó con sus brazos acariciándole el cabello plateado sintiendo el respirar agitado de Gilbert sobre su cuello.

-Gilbo amor… no te pongas así, ven vamos a mi casa para curarte eso y darte así como que un té tibio o un trago de vodka…- dijo acariciándole de nuevo el cabello al ojirrojo junto con su cara en el lugar en donde recién le había dado la cachetada, luego volvió a tomarle la mano enlazando sus dedos y caminaron juntos hasta la casa del ojiverde.

Caminaron en silencio, Feliks no le preguntaba siquiera que había pasado y solo se limitaba a tomar de la mano a Gilbert, apretaba sus dedos y de vez en cuando lo acariciaba con sus dedos cuidando de tocar las partes lastimadas de sus nudillos.

-Llegamos- dijo Feliks sacando las llaves de su casa al tiempo que el muchacho admiraba el lugar desilusionándose por un momento pues solía pensar que la casa de Feliks sería un lugar donde imperaba el rosa y había un poni en el patio trasero… cosas así, pero al verla más de cerca era en realidad un lugar bastante normal.

El rubio abrió la puerta y entró seguido de Gilbert que miraba a todos lados dándose cuenta de que en serio el chico vivía en un lugar demasiado normal.

-Feliks ¿Ya llegaste?- preguntó entonces la voz de una mujer que salía de la cocina vestida con unos viejos y holgados pantalones deportivos junto con una sudadera desgastada y como tres tallas más grande con una imagen impresa de los integrantes de los Bee Gees.

-Gilbert perdona a esta mujer por presentarse así, ósea te juro que soy adoptado- dijo Feliks cuando vio a su madre la cual se sonrojó no solo por el comentario de su hijo sino también por la inesperada visita.

-¡Feliks, cuida esa lengua! ¿Porque no me dijiste que ibas a traer a un amigo?- dijo la mujer intentando arreglar su cabello que tenía agarrado en una coleta alta y desaliñada.

-Mami ósea no es un "amigo" es mi novio- corrigió el ojiverde sorprendiendo un poco a su madre y de paso a Gilbert.

-¿Soy tu novio?- preguntó el ojirrojo.

-Eres mi novio- afirmó Feliks.

-¿En serio?- cuestionó de nuevo el albino.

-En serio- reafirmó el otro -¿Tienes un problema con eso?- dijo agresivamente.

-No… no en realidad- dijo el chico encogiéndose de hombros ahora volteando a ver a la madre de Feliks.

-Perdón por venir sin avisar, soy Gilbert, mucho gusto- dijo el muchacho fingiendo ser un chico educado.

-Mucho gusto Gilbert así que eres el novio de mi hijo… me pregunto por qué él no me dijo nada al respecto. Feliks dime porqué- dijo la señora dándole la mano a Gilbert mientras fulminaba con la mirada a su hijo el cual solo enredaba un mechón de su cabello en su dedo índice

-Porque como que no puedo confiar en alguien que tiene la capacidad de hacer ver a los Bee Gees como abominaciones en una sudadera, por eso- dijo el muchacho señalando la tan odiada prenda haciendo que su madre se abrazara a sí misma un poco avergonzada por esto.

-Un día de estos voy a terminar corriéndote de la casa, no tienes respeto ni por tu madre- le regañó la señora al mismo tiempo que Gilbert intentaba reprimir unas cuantas risas cubriéndose la boca con la mano dejándo así que la dama notara lo lastimada que tenía las manos.

-Muchacho ¿pero qué te pasó?- le preguntó tomándolo por la muñeca asustada –Feliks ve al baño por el botiquín y tú ven aquí- le dijo al muchacho jalándolo y llevándolo hasta uno de los bancos altos del mesón de la cocina mientras Feliks iba por lo ordenado.

Cuando el ojiverde llegó se sentó a un lado de Gilbert viendo a su madre curar al otro.

-Espero no seas uno de esos pandilleros- decía la señora pasando el algodón con alcohol por los nudillos del jovencito que de vez en cuando reprimía unos cuantos quejidos.

-Dime ¿Qué fue lo que te pasó? ¿Por qué tienes las manos así?- preguntó pacientemente la señora de vez en cuando clavando sus ojos verdes en los carmín de Gilbert que se sentía ligeramente intimidado, ahora sabía de donde Feliks había sacado esa mirada de gata enfurecida.

-Tuve una pelea con mi abuelo- contestó el chico arrepentido bajando la mirada.

Gilbert narró cómo había empezado y terminado todo, incluyendo los detalles de ser huérfano y la paranoia del jefe de la familia.

-¡Eso no es justo! Ósea tu abuelo está loco- Feliks soltó un sonido gutural que parecía de enojo y frustración –Hiciste bien, manda al diablo a ese…-

-¡Feliks!- alzó la voz su madre para callar al chico y este inmediatamente hizo caso frunciendo el ceño y mirando con recelo a la señora que lo ignoró para dirigirse ahora a Gilbert.

-No le hagas caso al idiota que tengo por hijo, no hiciste bien en decirle esas cosas a tu abuelo y mucho menos en salirte de casa así como así- decía la señora paciente.

-¡Pero!...- quiso intervenir el ojiverde pero ella de nuevo lo hizo callar con una sola mirada (esas miradas de madre asesina).

-No es justo que mi abuelo quiera hacer de mi vida lo que a él se le venga en gana, no soy de su propiedad- dijo entonces Gilbert sintiendo como el enojo volvía a dominarlo otra vez sin embargo antes de que el sentimiento de furia se hiciera todavía más fuerte, la madre de Feliks tomó la mano del albino entre las suyas y le sonrió de manera maternal.

-Déjame decirte un secreto: Los adultos también nos equivocamos, no es como si al cumplir cierta edad nos llegara una aplicación al iPhone para saber cómo actuar en tal o cual situación, lo que sería genial… sobre todo si se tiene un hijo como el mío…-agregó en murmullos.

-Escuché eso mala mujer- reclamó Feliks pero su progenitora hizo caso omiso de esto.

-Tampoco es como si se nos hubiera olvidado ser jóvenes, lo recordamos muy bien es solo que cuando crecemos vemos las cosas de manera totalmente diferente, mucho más claro y no con las hormonas controlándonos el pensamiento, y es por esto que a veces quisiéramos forzarlos a ustedes a verlo con los mismos ojos aunque parece imposible. Nosotros no queremos hacernos dueños de su vida, solo no queremos que comentan errores porque aun recordamos cuan dolorosas son las consecuencias de esos errores y buscamos protegerlos de ese dolor; tienes que recordar Gilbert que los adultos también erramos y de paso los lastimamos pero siempre, siempre es pensando en su bien- dijo sonriéndole al final.

-Ósea ma, ¿Por qué a mí nunca me dices esas cosas bonitas?- se quejó Feliks al mismo tiempo que su madre por fin soltaba a Gilbert.

-Porque eres un niño malcriado- le bromeó ella dándole un beso en la frente. –Ya es un poco tarde así que quédate a cenar con nosotros Gilbert- le invitó.

-¡También quédate a dormir!, mañana que como que tu abuelo se le pase el coraje y tú tengas la cabeza más fría regresas a casa y solucionan esto… o sino yo voy y te saco de esa casa porque ósea nadie me quita a mi hombre sacándolo de la escuela- amenazó el ojiverde con decisión.

-Si amor, pero solo sobre mi cadáver ustedes dos duermen juntos- dijo la señora casualmente haciendo reír a los chicos. –Estoy hablando en serio- agregó en un tono mucho más sombrío que hizo temblar ligeramente a los chicos.

La mujer sonrió otra vez con dulzura y anunció que empezaría a preparar la cena y los ellos deberían ayudar así que estos accedieron.

Poco a poco todo el enfado que Gilbert sentía se iba disipando mientras jugaba con la comida con Feliks y su madre de vez en cuando los regañaba o jugaba con ellos; llegada la noche el albino empezó a preguntarse por el padre de Feliks sin embargo al no ver fotos de este en alguna parte decidió guardarse sus preguntas para otro momento y solo seguir jugando con el ojiverde pues sentados en el comedor de vez en cuando se tomaban las manos bajo la mesa o se acariciaban los pies de manera juguetona bajo las miradas furtivas de la dueña de la casa que a veces carraspeaba haciéndoles entender que debían comportarse.

Terminada la cena la madre de Feliks subió a su habitación dejando a los chicos en la sala comiendo palomitas y viendo una película o eso se suponía pues la verdad era que no le estaban poniendo atención a la televisión.

-No te preocupes Gilbert- comenzó a decir Feliks notando que el albino aún seguía algo decaído. –Yo hablo en serio cuando te digo que antes te saco de tu casa que permitir que tu abuelo te dé de baja de la escuela- le intentó consolar el ojiverde a lo cual el otro muchacho solo alcanzó a dibujar una media sonrisa en su rostro a medida que el rubio se deslizaba por el sillón para quedar mucho más cerca de él y darle un beso lento en los labios.

Para cuando los jovenes se dieron cuenta, lo que empezó como un beso inocente de novios que recién empezaban a salir ahora parecía un desesperado intento por no separarse del otro. Gilbert se sentía un poco raro mientras intentaba pegar a Feliks mas a él, porque era raro querer tocar con tanta ansiedad a una persona y tal vez también era extraño que tus manos no se pudieran mantener quietas pero al mismo tiempo tuvieras miedo de meter tus dedos bajo la ropa de esa persona.

Por su parte Feliks parecía estar buscando formas de seguir acaparando al ojirrojo y casi se le ponía encima cuando obligó a este a recostarse en el sillón subiéndole a propósito al volumen de la película en la que en ningún momento le habían puesto el mínimo de atención.

No sabían si era su imaginación o la temperatura de la habitación estaba subiendo, el aire de vez en cuando se les acababa y un cosquilleo bajo el ombligo los empezaba a torturar a medida que empezaban a desesperarse por la ropa que traían puesta; el albino estaba cada vez más ansioso y cada vez más nervioso, después de todo era la primera vez que se besaba así con alguien y para complicar aún más la situación, ese alguien era un hombre que parecía estar tomando el control del momento hasta que como siempre sucedía, alguien tuvo que interrumpir.

-¡Feliks, hora de dormir!- gritó la madre del mencionado haciendo que los chicos se separaran de un salto y un susto.

-¡Madre, son las diez de la noche!- gritó irritado Feliks con las mejillas rojas y la respiración acelerada justo como Gilbert que internamente agradeció la interrupción pues de seguir adelante no sabría qué hacer.

-No me importa, suban a dormir, Gilbert duerme en tu habitación y tú conmigo- gritó su madre desde la planta alta como si supiera exactamente lo que los dos adolescentes estaban haciendo en la sala.

El ojiverde soltó un gruñido exasperado mientras decía algunas cosas entre dientes y finalmente intentaba calmarse.

-Lo siento Gilbo, esto queda pendiente- le dijo guiñándole un ojo y dándole un beso en la mejilla para luego levantar todo el desorden que dejeron en la sala, apagaron la televisión y se dirigieron a dormir temprano agradeciendo que el día siguiente fuera fin de semana.

Estando en la habitación de Feliks, Gilbert se sentó en su cama en donde había una colección entera de ponis de peluche, entre los que figuraban claro, el que Toris le había regalado en aquel desastroso 14 de Febrero, a un lado en su pared tenía varias fotos con su madre, Toris y unas otras con el Losers club seguramente cuando recién comenzaban a juntarse; el ojirrojo se sonrió viendo las fotos recordando por centésima vez en el día la pelea con su abuelo así que sacó su teléfono celular y envió un mensaje a Ludwig solo para avisar donde estaba.

Ludwig estaba en su habitación leyendo alguno de sus muchos libros cuando el mensaje le llegó, un escueto texto que solo decía "Estoy en casa de Feliks, pasaré la noche aquí" nada de emoticones o la palabra "awesome" repetida mil veces, el rubio soltó un suspiro y echó su cabeza hacia atrás tratando de tranquilizarse pues desde el momento en que Gilbert se había salido de la casa el ojiazul no había podido estar tranquilo pensando en todas las tonterías que podría hacer y lo único que le vino a la mente fue llamar a Feliks esperando este pudiera tomar alguna acción para calmar a su hermano y al parecer había funcionado.

Ludwig dejó su libro en su escritorio y bajó las escaleras preguntándose si su abuelo ya habría llamado a la guardia nacional para buscar a Gilbert sin embargo el hombre seguía en el mismo lugar de aquella tarde, sentado en el sillón con su frente recargada en una mano como si estuviera pensando en algo profundamente.

-Gilbert acaba de avisarme que está en casa de su amigo Feliks, dice que se quedará a dormir ahí- le comunicó el muchacho en un tono serio que casi rayaba en la frialdad. Ludwig esperó ver a su abuelo saltar de su asiento y vociferar a los cuatro vientos que no permitiría que su nieto fuera a quedarse a dormir a casa de algún muchachito raro aunque para su sorpresa el abuelo se mantuvo en su misma posición y apenas si hizo un esfuerzo por fijar sus ojos en Ludwig.

-Está bien- dijo en una voz baja y profunda retomando su ensimismamiento descolocando por completo a Ludwig por la reacción tremendamente pasiva por parte del hombre.

El chico no dijo nada y solo volvió a subir a su habitación preguntándose si tal vez las cosas que Gilbert le había dicho a su abuelo lo había llegado a afectar a tal punto.

Estando de nuevo en su cuarto el ojiazul volvió a sacar su teléfono y marcó el primer número que aparecía en su lista de contactos más frecuentes, esperó a que contestaran y sintió cierto alivio cuando escuchó la voz de Feliciano contestarle al otro lado de la línea.

-Hola Feliciano, perdón por llamarte a esta hora- dijo mientras se recostaba en su cama.

-Ve~ no hay problema… ¿Pasó algo?- preguntó inmediatamente el castaño sorprendiendo un poco a Ludwig que pensó haber estado hablando con normalidad sin dejar ver el hecho de que estaba afectado por todo lo que había sucedido en el día.

-¿Por qué piensas eso?- dijo Ludwig mientras solo escuchaba el silencio de Feliciano al otro de la línea pensando en su respuesta.

-Por qué no suenas bien, entonces ¿Pasó algo?- insistió el chico y Ludwig soltó una especie de risa forzada al verse descubierto por el castaño así que sin más remedio tuvo que contarte todo.

Feliciano escuchaba con una paciencia que Buda podría envidiar, solo en ocasiones hacia algún comentario lo cual fue lo que más sorprendió a Ludwig tomando en cuenta el hecho de que el italiano era un parlanchín sin remedio aunque esta vez solo se limitaba a escuchar hasta pasada una hora en la que Ludwig aprovechó para desahogarse por lo enojado que estaba con su abuelo.

-Ve~ Lud no te preocupes, ya verás que todo saldrá bien- solo eso dijo el italiano haciendo suspirar otra vez al germano.

-Es muy fácil para ti decirlo porque no tienes un abuelo como el mío- dijo el pesimista rubio pasándose una mano por el cabello despeinándose.

-Ya sé que tu abuelo es una persona difícil pero eso no significa que las cosas no puedan salir bien- le dijo el italiano que se mantenía anormalmente calmado cuando Ludwig pensó que estaría al borde de las lágrimas al escuchar que lo sacarían de la escuela.

-¿Cómo estás tan seguro de eso? El convencerlo no va a ser tan fácil como para solo cruzar unas palabras con él y ya- dijo un poco molesto el muchacho sintiendo que Feliciano no le estaba dando la importancia suficiente al asunto.

-Ludwig ¿Confías en mí?- le preguntó inesperadamente el italiano al otro que no sabía a qué venía al caso la pregunta.

-Sí, confío en ti- respondió el ojiazul.

-Entonces créeme cuando te digo que todo va a salir bien- volvió a decir Feliciano y no dejó a Ludwig replicar –ahora vete a dormir y no te rompas la cabeza pensando en cosas malas- le ordenó finalmente en una especie de regaño.

-Me sorprende lo optimista que puedes llegar a ser Feliciano- comentó por último el germano.

-No soy optimista, solo te digo la verdad- dijo el chico entre risas.

Los dos muchachos se despidieron al tiempo que se deseaban buenas noches y esperaban al día de mañana con demasiadas expectativas, tantas que Ludwig apenas si pudo dormir pues pasó casi toda la madrugada rodando por su cama pensando en mil y un cosas y tal vez el enojo que en ese mismo momento sentía por su abuelo también eran parte de aquello que le estaba provocando insomnio.

Entonces la mañana del Sábado llegó, aun sin rastros de Gilbert en casa, Ludwig con algo de apatía se forzó a bajar a desayunar, su abuelo y él se dirigieron solo un par de palabras que el viento se llevó rápidamente, mientras comían el silencio inundó por completo el lugar, ni siquiera se miraron y apenas terminaron Ludwig se fue de nuevo a su habitación sin decir nada aún demasiado enojado como para intentar una conversación.

El chico estaba paseando la mirada por el librero que tenía en su cuarto cuando escuchó el ruido que su celular hacía al vibrar en la mesa así que rápidamente fue por él para contestar.

-Lud, buenos días ve~- era de nuevo Feliciano, y el escucharlo hizo que el chico sonriera ligeramente.

-Espero no estés ocupado, supongo estás en casa- decía el castaño que parecía sonar alegre como siempre, totalmente contrario de Ludwig.

-Sí, aquí estoy-

-Bien, asómate por la ventana por favor- un poco extrañado por esto, Ludwig hizo caso y fue hasta su ventana corriendo las cortinas encontrándose en su patio a Feliciano el cual con el celular en una oreja saludaba con su mano libre.

-Hola Julieta- dijo riendo mientras que el rubio abría la ventana y colgaba.

-¿Qué haces aquí? Pasa- le dijo desde la ventana pero Feliciano negó con la cabeza.

-No gracias, solo vine a acompañar a alguien, ve~ traje a alguien a quien a tu abuelo no puede decirle que no- dijo Feliciano totalmente confiado mientras que dentro de la casa…

-No- dijo tajantemente el abuelo de los hermanos germanos cuando vio a Roma frente a él justo en la puerta principal

-¡Germania que malo eres! ¿Por qué no me dejas pasar?- chilló de manera infantil Roma deteniendo la puerta mientras el otro hombre intentaba cerrarla en sus narices.

-Porque si estás aquí de repente es porque algo tramas, te conozco bien- decía su viejo amigo mientras forcejeaba aun con la puerta.

-No estoy tramando algo, solo quiero hablar contigo, Veneciano me contó lo que pasó con tus nietos- dijo Roma ganándose por ello una mirada asesina y glacial por parte del otro hombre.

-Ese no es asunto tuyo- le dijo en una voz con un tono agresivo y amenazante.

-Ya lo sé y no vengo a decirte como criar a tus nietos, vengo a darle un puñetazo en la cara al amigo que está haciendo tonterías a pesar de ser ya un vejestorio- dijo Roma por fin entrando a la casa mientras que el rubio solo daba un sonoro resoplido.

-Está bien, pasa- dijo sin más aunque el otro ya estaba dentro. Cerró la puerta y caminó hasta la sala seguido del castaño que iba tranquilamente como si aquella fuera su casa.

El apodado Germania tomó asiento en la sala mientras que su amigo seguía paseándose por ahí mirando la colección de discos de vinilo, pasó su dedo por cada uno de ellos hasta que sus ojos se abrieron emocionados cuando encontró uno en especial.

-¡Aun lo conservas!- dijo Roma sacando ansioso el disco de John Coltrane que le había regalado a Germania en sus años de adolescencia, los ojos casi se le llenaban de lágrimas cuando vio lo bien conservado que estaba el disco.

-Claro que si idiota, es tu favorito además- respondió avergonzado y ligeramente sonrojado el ojiazul desviando la mirada mientras que el moreno sacaba ansioso el disco y corría a ponerlo al tocadiscos para escuchar su pista favorita de entre todas.

-My favorite things… ¿Nunca te hartas de esa canción?- preguntó Germania cuando empezó a escuchar la balada del piano y el saxofón, también de fondo la batería que marcaba el compás.

-Por supuesto que no, podría escucharla toda la vida… también es la canción favorita de Romano y Veneciano- agregó mientras cerraba los ojos y comenzaba a chasquear los dedos al ritmo de la canción.

-Así que al final también les contagiaste esa obsesión por el jazz- comentó el hombre mientras que su amigo solo se sentaba mientras reía.

-Yo solo ponía música cuando ellos iban a casa a visitarme, nunca los obligué a que les gustara- dijo Roma más como una indirecta que como un sencillo comentario lo que hizo a Germania torcer la boca ligeramente.

-Yo no he obligado a nada a mis nietos- dijo el rubio en respuesta a lo que el italiano acababa de decir.

-Entonces como se le llama hacerlos estudiar en casa casi toda la vida y apenas dejarlos respirar- dijo Roma sin dejar de sonreír para que el ambiente no se tornara tenso.

-Se llama protegerlos- contestó el rubio molesto fulminando con la mirada al castaño que soltó una risa.

-Pues esa protección es demasiado extrema ¿No crees?- dijo Roma sabiendo que estaba haciendo enojar al otro, estaba más que consciente de eso por la sola mirada que le estaba dedicando.

-Es lo necesario, estoy viendo por su seguridad cosa que tal vez tú no sepas lo que significa- le dijo de manera cortante el germano al otro que se sintió ofendido.

-No se te olvide que también soy padre y abuelo Germania, he cuidado bien de mi hija a pesar de estar divorciado de su madre y también de mis nietos, míralos son chicos de bien- dijo el castaño encogiéndose de hombros tranquilamente.

-Niños de bien que ayudaron a mi niños a decir mentiras para irse a una fiesta con quien sabe qué tipo de personas- señaló Germania enfadado, enojándose más cuando Roma se echó a reír por esto último.

-Siempre has sido muy estricto mi querido amigo, pero no creo que se te haya olvidado cuando nosotros teníamos esa edad y hacíamos cosas peores… bueno, yo hacía cosas peores y te arrastraba conmigo pero eso no nos hizo un par de delincuentes; es solo la juventud, tú sabes… sentir que te puedes comer al mundo de un mordisco y que no hay consecuencias de tus actos, solo están viviendo conforme les dicta su edad y como nosotros hicimos alguna vez- decía Roma tratando de restarle importancia a aquella travesura.

-Pero cuando nosotros éramos jóvenes eran tiempos diferentes y… no es lo mismo- dijo el germano intentando defenderse

-¿En qué sentido es diferente? ¿En que ahora usan internet y no el teléfono o las postales? ¿Qué ahora hablan de sexo como si estuvieran conversando sobre lo que comieron ayer? Si, las generaciones cambian pero la juventud siempre es la misma, seguramente tus niños como los míos se encierran en sus cuartos escuchando música a todo volumen como hacíamos nosotros solo que nosotros usábamos discos de vinil y ellos algún artefacto extraño. Ellos también se enojan cuando les quieren imponer algo como cuando a ti tu padre te dijo que no te iba a enviar a la universidad que querías y tú hiciste toda una rebelión en tu casa, justo Gilbert reaccionó igual ayer ¿No? Las emociones que sentimos a esa edad son exactamente las mismas que ellos sienten ahora Germania- explicaba Roma

-¡Pero ya te dije que es diferente!- exclamó exasperado el rubio

-¿En qué sentido es diferente?- decía Roma también empezando a desesperarse por la intransigencia del otro.

-¡En que tú hablas tan a la ligera y puedes dejar vagar a tu hija y a tus nietos por ahí porque no sabes lo que es perder a una esposa y luego a un hijo!- dijo entonces Germania alzando la voz más de lo debido. El hombre respiró hondo levantándose del sillón y caminando por la sala.

-No tienes idea de cómo es que un día te llamen para decirte que tienes que ir a identificar el cuerpo de tu hijo y preguntarte una y otra vez camino al hospital que fue lo que tuviste que haber hecho para cuidarlo mejor, aunque fuera ya un adulto tal vez debiste haberlo protegido más… ahora tengo a mis nietos tan jóvenes expuestos a todo ese peligro y no voy a dejar que algo parecido les pase- dijo el hombre sintiendo como el aire se le iba de los pulmones al solo imaginar algo así.

-Tienes razón Germania… yo no sé lo que se siente…- aceptó Roma un poco avergonzado –Pero ellos tampoco ¿Por qué nunca se los has dicho? Si un día solo llegas y los encierras en una burbuja sin más, los dejas libres y de nuevo quieres volverlos a encerrar ¿Cómo crees que van a sentirse ellos?- preguntó Roma en el momento justo en que Gilbert llegaba a casa, abría la puerta y veía a los dos adultos en medio de lo que parecía una charla seria.

Un poco extrañado por el hecho de ver al abuelo de los hermanos Vargas en su casa, Gilbert murmuró un saludo al castaño que respondió con una de sus grandes sonrisas mientras se levantaba.

-Solo se trata de hablar Germania, nada más- dijo Roma dándole un par de palmaditas en el hombro al rubio e iba hasta la puerta despidiéndose ahora de Gilbert revolviéndole el cabello hasta salir de ahí.

El muchacho sin dirigirle palabra alguna a su abuelo se disponía a irse a su habitación sin dar explicaciones de porque no había llegado a casa sin embargo antes de dar un solo paso el abuelo le ordenó quedarse y llamó también a Ludwig a que bajara. El mayor de los hermanos parecía renuente pero no encontró escapatoria cuando Ludwig si hizo caso y bajó al encuentro del hombre que de nuevo les dedicó un par de miradas que los muchachos, los cuales parecían estar a la defensiva, no supieron interpretar.

Y sin esperarlo en ningún momento… el abuelo se les acercó y los rodeó a ambos con sus brazos en un abrazo protector y fuerte que dejó desencajados por completo a los hermanos. Los brazos del hombre, a pesar de su edad, eran fuertes y los envolvía con mucha fuerza en un gesto que parecía casi posesivo, los muchachos sintieron sus caras ser pegadas al pecho del mayor que no paraba de abrazarlos como si quisiera acapararlos por completo.

En medio del abrazo los jóvenes se miraron extrañados de aquella acción tan ajena en su abuelo quien siempre había sido muy hermético en cuanto a sus emociones, sobre todo esas que eran para mostrar afecto y mientras estaban sorprendidos los chicos, solo alcanzaron a sentir las manos de su abuelo acariciándoles la cabeza y dándoles otro apretón.

-No quiero controlar sus vidas- comenzó a decirles agachando un poco la cabeza para que estos pudieran escucharle al oído.

-Es solo que tengo miedo- aceptó y aquella declaración fue la que hizo que sus nietos abrieran sus ojos desmesuradamente. –Me da miedo que algo como lo que les pasó a sus padres les suceda…-

El abuelo los acercó todavía más a él.

-Aquel día ellos salieron como normalmente hacían, yo me quedé para cuidarlos… se suponía solo irían de compras, eran solo unas cuantas cuadras de aquí, no iban a tardar más de dos horas pero no volvieron. Y ahora… siempre que ustedes salen todos los días a la escuela tengo miedo de que tal vez no regresen; si ustedes no regresaran un día, si los fuese a perder repentinamente como a su padre y a su madre no podría soportarlo, no aguataría tener que cavar más tumbas- les dijo y los muchachos sintieron de pronto sus mejillas húmedas pero no precisamente porque ellos estuvieran llorando.

-Pero eso no va a pasar abuelo- dijo Ludwig que aun siendo apresado por el abrazo del mayor le frotaba la espalda para tranquilizarlo.

-No lo sabes, nadie tiene la vida comprada- dijo el abuelo aterrorizado ante la sola idea de perder a sus niños.

-Tú tampoco estás seguro de que algo así vaya a suceder y yo no quiero estar encerrado el resto de mi vida solo por tener miedo a que algo pase. Por favor abuelo, déjanos seguir en la escuela y te prometemos que siempre nos cuidaremos- dijo esta vez Gilbert y todos se quedó en silencio un rato más y solo el respirar entrecortado del abuelo se escuchaba.

-¿Por qué tienen que crecer?- preguntó el abuelo, los chicos rieron por esto pero el hombre parecía haberlo preguntado en serio así que soltó a los muchachos lentamente y a cada quien le pasó una mano por la cara preguntándose en que maldito momento los bebés que podía cargar en cada brazo ahora ya eran un par de adolescentes que luchaban y protestaban por vivir su propia vida, deseosos de tomar su propio camino y vivir sus propias aventuras.

-Está bien, pero solo con una condición- dijo levantando el dedo índice cambiando radicalmente de abuelo emotivo y sobreprotector al general militar que regía bajo ese techo, los chicos se pusieron serios y asintieron con la cabeza esperando tal condición.

-Si vuelven a mentirme y los descubro de verdad los daré de baja y si es necesario haré que el estudiar la universidad en casa sea legal y no verán la luz del sol hasta que yo muera y saben que hablo en serio- dijo con ese tono que no ponía en duda la veracidad de sus palabras.

-Entonces… ¿El lunes podemos ir a la escuela?- preguntó Gilbert intentando no sonreír tan abiertamente pero le era un poco difícil, igualmente a Ludwig quien se tenía que poner la mano en la cara para disimularlo, sobre todo al ver como su abuelo de vez en cuando gesticulaba como si el acceder a aquello fuera algo doloroso.

-Si… el lunes pueden ir a la escuela pero ya les dije cuál es la condición, también tienen que seguir manteniendo el buen promedio y si me entero de que han hecho alguna otra travesura en la escuela no les va a gustar para nada su castigo-

Y ahora si, después de varios varios varios problemas por fin todo parecía estar solucionado aunque cabe destacar que la vida no se trata solo de problemas y sufrir por resolverlos, se trata de aprender, esto de vivir es un aprendizaje continuo no importa la edad que se tenga nunca se es demasiado joven ni demasiado viejo para que la perra vida venga a darte un par de cachetadas inclementes para hacerte entrar en razón y eso era algo que nuestro Losers club había estado descubriendo últimamente, con el pasar de los días entre clases, charlas con los amigos, salidas a divertirse, discusiones, llanto, depresiones y toda esa mierda que las hormonas te provocan.

Era el último día del semestre, como de costumbre (ahora si costumbre) los hermanos germanos llegaban a la cafetería de la escuela viendo con un poco de nostalgia la escuela que no volverían a ver durante los meses que duraran las vacaciones de verano. Los chicos iban por el pasillo viendo a la gente emocionada y otros no tanto por ver sus penosos promedios de alguna de sus clases, entre ellos el grupito de nórdicos hipster que se iban quejando acerca de porque en sus boletas de calificaciones tenían tantas anotaciones con respecto a su conducta.

-Les digo chicos, todo esto es culpa del maldito sistema educativo que reprime la creatividad del alumnado- decía Nor con un tono monótono pero no por ello dejaba de parecer enfadado.

-Este sistema apesta, solo están creando maquinas obreras para explotar en un futuro y seguir alimentando esta vacía sociedad consumista. Deberíamos ir con Scott e Iván para que nos ayuden a reclamar sobre esto- agregó Din mientras que los otros tres chicos asentían con su cabeza estando de acuerdo con aquella idea, pasando a un lado de los hermanos que no supieron a qué diablos se referían así que solo siguieron con su camino.

-¡Ludwig!- gritó entonces Feliciano que venía corriendo desde el otro extremo del pasillo y apenas llegó hasta el rubio se le fue encima saltando sobre él, enredó sus piernas en la cintura del ojiazul y enganchó sus brazos en el cuello de este haciendo que el muchacho casi se fuera de espaldas por esta acción.

-Lud Lud Lud ¡Mira!- decía excitado el castaño aun trepado sobre el alemán enseñándole su propia boleta de calificaciones en donde se veían todas sus materias aprobadas.

-Felicidades, te dije que podrías hacerlo- le dijo el muchacho que intentaba aguantar el peso del italiano el cual río como esas risitas soñadoras y sin importarle estar a la mitad del pasillo encima del rubio, le plantó un beso en los labios.

-Si, yo sé que puedo también- dijo apenas separándose del alemán.

Aprender a confiar en ti es tal vez una de las lecciones más difíciles, mientras escuchas a todo mundo dando por hecho tu inutilidad, el que todos los días oigas a alguien llamarte tonto puede orillarte al punto de que empieces a creerlo y entre más intentas y fracasas la motivación por desmentir esto se va mermando junto con la confianza en ti mismo. Sin embargo hay veces en las que solo necesitas un empujón, una única palabra que cambie las del resto y que alguien esté dispuesto a alagarte por esos ínfimos logros hasta volver a creer en ti y en tus capacidades.

-¡Bájate ahora mismo de ahí Veneciano idiota! ¿Qué crees que estás haciendo, tonto?- le decía Lovino que llegaba justo detrás de su mellizo para darle una buena reprimenda por esas demostraciones de amor impúdicas con el alemán, empezando así otra de las muchísimas peleas entre ellos que solo fueron calmadas cuando Antonio y Francis llegaron, Antonio claro apareció abrazando repentinamente a Lovino que pasó de molestar a su hermano a insultar al español.

-Ve~ Ludwig ahora te toca a ti, quiero verte en la universidad estudiando literatura- le decía Feliciano mientras en grupito se dirigían a la cafetería.

-Le insistiré a mi abuelo hasta que acepte, no puedo quedarme atrás si tú logras entrar a la escuela de artes- dijo el ojiazul con una ligera sonrisa.

A veces aunque digan que es malo, un poco de rebeldía se necesita para alcanzar lo que se quiere, romper moldes es parte del proceso y el miedo a no cumplir las altas expectativas es algo con lo que se tiene que luchar, al final ¿Qué expectativas tenemos de nosotros mismo? Antes que pensar en la de los demás deberíamos preguntarnos esto.

-Lovi, Lovi te voy a extrañar mucho, prométeme que nos veremos durante todo el verano, todos los días ¡Lovi no me quiero separar de ti!- chillaba Antonio mientras que Feliciano, Ludwig, Gilbert y Francis seguían adelante.

-¡Aléjate de mí, no seas empalagoso!- le reclama el italiano al otro al tiempo que un grupito de chicas pasaban a su lado mirándolos con ojos reprobatorios.

-Qué pena ¿Acaso no les da vergüenza hacer eso en público? Y los dos son hombres se supone deberían ser varoniles pero bueno… ¿Qué se puede esperar de alguien que salió del closet enfrente de todo mundo? Maricas- decía una de ellas haciendo reír a las demás con risitas tontas.

-Oigan- les llamó Lovino mientras que Antonio detrás de él parecía algo preocupado por el tono severo que había usado el chico al llamarlas.

-No acostumbro a decirle esto a las damas pero al escucharlas no puedo tomarlas como tales así que déjenme decirles un par de cosas- dijo y las chicas parecieron barrerlo con la mirada.

-Esto es lo que yo pienso de ustedes- dijo Lovino alzando el dedo medio de su mano derecha –Y esto es lo que Antonio piensa de lo que dicen- remató también alzando el dedo medio pero de su mano izquierda con una sonrisa ladina al ver la cara ofendida de las muchachas mientras que Antonio, el cual aún estaba detrás de él, lo tomó por la cara haciéndolo voltear hacia él y lo besó sin importarle que las jovencitas estuvieran ahí; para su sorpresa, Lovino correspondió instantáneamente.

Hacer oídos sordos a palabras inútiles debería ser el mantra de muchos de nosotros así como era ahora el de Antonio el que descubrió que quien tenía el control de su vida y sus acciones era él, su destino no era conducido por las opiniones ajenas, nunca podría cambiar a las personas mucho menos jamás podría volverse perfecto para complacer a todos así que ¿Qué tal solo complacerse a sí mismo? Sonaba un poco egoísta pero se sentía satisfecho con saber que primero debía pensar en si antes que en sucumbir ante las expectativas ajenas.

Igualmente Lovino logró darse cuenta que siempre entre la multitud y el mundo de gente hay al menos una persona que podrá ver a través de tu fachada, esa que con una sola mirada logra descifrarte y se da la oportunidad de conocer al verdadero tú; es solo cuestión de darle la oportunidad a esa persona de seguir indagando que lo que guardamos dentro con tanto recelo.

-¡Antonio deja de comerte a tu novio y ven aquí!- le gritó Francis al español que con una sonrisa de oreja a oreja, le dio otro corto beso a Lovino antes de correr hasta donde estaban sus amigos poniéndose en medio y pasándoles un brazo por el hombro

-Así que ¿qué haremos el verano? No podemos nada mas esperar a que terminen las vacaciones para volvernos a ver- dijo el español acercando más a sus amigos.

-Tienes razón mon ami tenemos que planear cada día, hay que sacarle provecho a este verano- dijo Francis llevándose una mano a la barbilla.

-¿Yo también?- preguntó Gilbert aun con un dejo de inocencia que enterneció a los otros dos chicos que lo abrazaron como si él fuera un chiquillo juntándose con los chicos grandes.

-Gil, claro que tú también, mocoso tonto- le dijo Francis revolviéndole el cabello echando miraditas enfadándose cada vez que no veía alguna raíz obscura en esa mata plateada.

-Después de todo somos el bad friend trio no puedes faltar- dijo Antonio con un tono muy natural que hizo reír a Gilbert.

-Kesesesese obviamente, ustedes no son nada sin mi awesome presencia acompañándolos- dijo Gilbert también bromeando.

Luchar por ser aceptado cuando la mayor parte del tiempo te sientes acomplejado, observado y criticado y aun así intentar no cambiar es como una guerra de todos los días en donde no sabes que tanto debes de ceder ante la sociedad y que tanto debes mantenerte firme en tus convicciones y en quien eres. Momentos en los que te sientes como un anormal bicho raro totalmente diferente… hasta que encuentras otra panda de bichos raros y diferentes de los cuales ser parte. Esa satisfacción de buscar y hallar un lugar en donde puedes reír y nadie te va a callar.

Los chicos se dirigían a la mesa ya casi custodiada por el club de fans del ahora trio (el cual ya estaba disminuyendo en número de integrantes desde que ya no eran solteros) sin embargo antes de llegar Francis fue interceptado por alguien mas.

-Aquí tienes, es el libro que te prometí- dijo un totalmente sonrojado Arthur que le extendía con un poco de agresividad un grueso libro de cuentos fantásticos. –Adiós- dijo apenas Francis tomó el libro queriendo irse de ahí.

-Espera espera mon amour ni siquiera le das un beso a tu caballero de brillante armadura- dijo Francis inclinándose un poco para recibir el mencionado beso mientras que el ojiverde solo se quedó parpadeando un par de veces.

-Tienes razón, es que no veo a ningún caballero de brillante armadura, solo un sapo encantado- dijo sarcásticamente poniéndole una mano en la cara a Francis empujándolo hacía atrás mientras soltaba una risa cínica.

-Arthur ¿Cuándo será el día en que me digas algo romántico?- lloriqueó teatralmente el galo mientras veía al otro alejarse de ahí.

-Cuando esté cayéndome de ebrio, hasta entonces- respondió el británico siendo apresado de pronto por Francis que le rodeó la cintura con un brazo y le tomó la mano al tiempo que le depositaba un pequeño y dulce beso en el cuello acercando sus labios al oído de Arthur.

-Ten cuidado con tus palabras amour puedo tomarlas como una invitación- le susurró Francis lentamente al oído viendo con regocijo como las orejas del ojiverde se pintaba de rojo junto con sus mejillas.

-Tómalo como quieras- solo alcanzó a decir Arthur buscando liberarse del agarre del Francis que antes de que este se soltara le dio otro beso en la mejilla, justo en la comisura de su labio.

Abandonar un escondite para exponerte no a la realidad en la que te toca vivir, sino a un ser amado que al conocer todos tus secretos, fortalezas y debilidades podría tomar tu corazón en sus manos y hacer de él lo que quiera. Más que atemorizante, es paralizante; no poder realizar ninguna acción a pesar de estar muriendo de amor, temblar no solo ante la voz de esa persona sino ante lo que puede provocar con esa misma voz. Jugar contigo y burlarse de ti, usarte y tirarte.

Enamorarse a veces es como vivir en un estado de paranoia que nunca descansa, porque siempre estamos esperando lo peor y es hasta que un día forzado por ti mismo tienes que sacudirte el miedo de encima y prepararte para lo que puede venir, cosas buenas, cosas malas tal vez, cosas dolorosas pero también momentos felices. Una montaña rusa de emociones que así como da miedo también deposita capullos de mariposas en tu estomago que te hacen reír y sentir felicidad.

Vieron a Arthur alejarse aun con tremendo sonrojo en la cara mientras ellos tomaban asiento viendo quien entraba a la cafetería ya sin sorprenderse de ver a Kiku siempre acompañado de Sadiq, o mejor dicho, lo realmente increíble: Ver a Sadiq sin intenciones de matar a alguien o hacerle la vida imposible.

El par de chicos iban platicando animadamente, al menos el turco lo hacía pues últimamente acostumbraba a siempre estar sonriente en compañía de Kiku que de vez en cuando lo acompañaba con unas risitas mucho más discretas. El japonés estaba trabajando en otro manga así que Sadiq llevaba por él las hojas de papel cuidando que nadie fuera a hacerles nada, a veces también lo ayudaba a entintar y cosas así, había empezado a tomar cierto gusto por los trabajos del asiático.

-Te digo Kiku, este manga necesita una odalisca y tienes que dibujar alguna escena donde baile la danza del vientre ¡Sería genial! Con tu estilo una cosa así quedaría increíble- decía Sadiq emocionado tan solo de imaginarlo.

-¿Tú crees? No soy muy bueno dibujando personajes femeninos- decía el muchacho pensando en aquella posibilidad al tiempo que Heracles y Gupta se acercaban a ellos. Cabe mencionar que estos dos también habían empezado a acercarse al asiático puesto que pasaba mucho tiempo con Sadiq.

-¿Qué quieren aquí?- preguntó Sadiq que siempre saludaba de esa manera tan brusca a sus supuestos amigos.

-Pasar el rato molestándote, por supuesto, no creo que haya algo más interesante para hacer contigo- contestó Heracles con tanta calma que no pareciera que estaba insultando al turco el cual solo le espetó una serie de amenazas entre dientes.

-En realidad nos preguntábamos si Kiku querría salir con nosotros estas vacaciones, Heracles y su familia planean un viaje de campo y nos han invitado aunque claro, él nunca te lo va a decir directamente a ti- dijo Gupta también con calma refiriendo esto último a Sadiq.

-No- respondió el turco

-Si- dijo por su parte Kiku al mismo tiempo y ambos al escuchar respuestas contrarias voltearon a verse.

-¡No vamos a ir con este idiota!- dijo el turco.

-Pero quiero ir- dijo Kiku con esa vocecita casi tímida y aquel par de ojos rasgados que desarmaban por completo a Sadiq, sobre todo en el momento en que este le clavó la mirada hasta que el otro intentando usar toda su fuerza de voluntad para negarse… finalmente fue derrotado por la cara de Kiku y soltó un gruñido de frustración.

-¡Está bien está bien!… tú ganas-

-El poder de Kiku es increíble- comentó Gupta asombrado de ver como con un solo gesto el japonés fue capaz de domar al turco.

-Cuida bien de Kiku idiota, puede que alguien te lo quiera robar- dijo Heracles pasándole una mano por la cabeza al asiático mientras sonreía de manera extraña haciendo reaccionar al otro.

-¡No toques a mi Kiku!- gritó Sadiq empujando a Heracles y abrazando posesivamente al chico que soltó un gritito por la repentina acción tratando de decirle a Sadiq que se apartara pero este seguía abrazándolo fuertemente mientras se peleaba a palabras con Heracles. Sin temor a que Kiku lo fuera a lastimar y Kiku después de todo se dejaba abrazar sin temor a ser lastimado.

A veces no es necesario encerrarte físicamente en una habitación para aislarte, casi siempre estamos aislados dentro de nosotros mismos, nos ponemos una máscara o una especie de antifaz, construimos un cuarto de pánico alrededor nuestro en donde la gente no nos puede tocar, ni ver, mucho menos conocer.

Evadir a las personas por no saber entenderlas, ni saber cómo debemos reaccionar a veces ante ciertas situaciones en donde las tenemos que enfrentar es como un remedio rápido y fácil. De la misma manera que preferimos lastimar y alejar a todos de nosotros antes que tener que enfrentarnos al dolor de ser siempre rechazados. Escapar, básicamente huir pero para nuestra mala suerte el mundo entero está lleno de gente y la mayor parte de las veces la misantropía no es una opción. Siempre encerrados en nuestra habitación emocional y mental, ocultos bajo nuestras mascaras de agresividad… vamos a sentir ese deje de soledad y aquella necesidad del calor de alguien más y sin darnos cuenta la máscara y las paredes se empezarán a agrietar.

Finalmente Kiku un poco temeroso de la pelea que se estaba desarrollando entre el griego y el turco, hábilmente se zafó del agarre de este sin que lo notara y se escabulló hasta su propia mesa y en el camino se encontró con Alfred quien iba felizmente tomado de la mano de Natasha, el americano hablaba sin control mientras que la chica asentía de vez en cuando con la cabeza y se mantenía inexpresiva haciendo parecer que se aburría pero no era nada de eso.

-Te pasaré todas las temporadas completas de Xena la princesa guerrera y te juro que será tu próxima heroína, ella es increíble, obvio no tanto como tú pero estoy seguro que te va a gustar- decía Alfred riendo estrepitosamente provocando que la gente a su alrededor comenzara a hablar entre cuchicheos señalando a ambos a lo que Natasha pareció reaccionar apretando inconscientemente la mano de Alfred y mirando hacia el piso.

-No, Xena no será tu próxima heroína… creo que tú próxima heroína debes ser tú misma- dijo Alfred pasándole un brazo por encima del hombro a Natasha acercándola a ella para abrazarla protectoramente sin dejar de sorprenderse nunca lo frágil que la chica en realidad era.

-Tonto- solo murmuró Natasha rodeándole también cintura para corresponderle el abrazo y recargando su cabeza momentáneamente en el pecho del muchacho que le dio un beso en la frente acompañándola hasta su mesa en donde una chica más los esperaba.

Lily era una joven de primer año que unos meses atrás había sido trasladada y cuando era molestada por un grupito de abusonas que vieron en ella a un presa fácil, Natasha actuó efectivamente como una heroína y la salvó. Después de eso aun tras los constantes desplantes de la rubia platinada, Lily la siguió cual pollito a todos lados finalmente haciendose su amiga, la primera de Natasha.

-Te dejo en buenas manos Nat, nos vemos a la salida, cuídala bien Lily- dijo Alfred cuando llegaron con la chica casi niña y que con una sonrisita tímida asintió con la cabeza viendo a Alfred darle un beso rápido en la boca Natasha.

-No me canso de decírtelo Natasha, eres muy afortunada, tienes un novio muy bueno y guapo y tú también eres muy bonita y eres muy fuerte- le alagaba Lily sonriéndole con un sonrojo en su cara mientras que la otra chica solo desviaba la mirada un poco apenada mientras peinaba uno de los mechones de su largo cabello.

-Tú… tú también eres bonita- dijo Natasha murmurando apenas las palabras escuchando un gritito emocionado por parte de la niña a su lado.

-El que tú me lo digas me hace feliz. Tengo una idea, estas vacaciones salgamos de compras juntas ¿Si?- le dijo tomándole la mano entusiasmada

-¿Segura que quieres ir conmigo?- preguntó Natasha un poco extrañada.

-Claro… ¿O tú no quieres ir?- esta vez fue Lily la que pareció un poco desilusionada.

-¡Si quiero!- dijo Natasha con el mismo entusiasmo que Lily al tiempo que Alfred la miraba de reojo.

Hay tiempos y momentos en los que nuestra vida no parece más que una continua tragedia en donde el mundo entero es nuestro enemigo; todos en todo momento nos atacan sin descaso y sin darnos cuenta poco a poco nos vamos convirtiendo en victimas de nuestras tragedias antes que poner un alto a la situación.

Nos dejamos derrotar y la idea de ponernos una capa voladora para convertirnos en héroes no parece vislumbrar en nosotros hasta el momento en que nos damos cuenta de que no hay necesidad de una capa o un traje bajo la ropa, solo la convicción para salvarnos a nosotros mismos y ser los protagonistas de nuestra vida, no personajes secundarios.

Alfred se sentó en su mesa acostumbrada junto con sus amigos al mismo tiempo que Feliks también llegaba saludando a todos con su respectivo beso en la mejilla excepto a Gilbert quien al ver llegar al ojiverde se separó de Francis y de Antonio para ir a sentarse con sus otras amistades.

Gilbert y Feliks se saludaron con un beso en la boca bastante indecoros y tomaron asiento junto con el resto que ya se habían acostumbrado a sus desvergonzadas muestras de cariño.

-Ahora si perras, como que ultimo día de escuela ¿Se dan cuenta de que el próximo año será el último de Gilbo, Kiku y mío? Ósea mi Feli, Lovi, Alfie y Luddy se van a quedar sin nosotros, totalmente cero fabuloso- decía Feliks empezando a deprimirse.

-No te preocupes, todavía nos queda mucha gente rara para que nos haga compañía- comentó Ludwig recorriendo la mirada por toda la cafetería viendo a todos esos peculiares personajes que hacían de aquella escuela un manicomio.

Vieron a la banda hipster nórdica conspirar algo junto con Iván que sonreía de manera no muy tranquilizadora y también Scott que con un cigarrillo en la oreja de vez en cuando le robaba cucharadas de Nutella a los nórdicos mientras espetaba groserías contra el sistema político.

Por otro lado también se veía a Bladimir acosando a su amigo búlgaro echándosele encima como si quisiera morderle el cuello mientras este entre forcejeos y pánico evitaba las "mortales" mordidas del supuesto vampiro.

En la mesa detrás de ellos estaban Elizabetha y Roderich, tenían la mesa frente a ellos tapizada de partituras que intentaban acomodar pero Roderich terminaba desordenándolas cuando una idea para un arreglo se le venía a la mente haciendo de aquello un caos mientras Elizabetha tarareaba mientras acomodaba una vez más todo.

En otros lados estaba Yong Soo abrazándose a Yao el cual intentaba quitárselo de encima. El coreano que se había obligado a dejar libre a quien nunca sería suyo, ahora luchaba por alguien con quien todavía tenía una mínima oportunidad e incluso retaba a su rival de amores con la mirada.

Fue hasta que Iván cansado de esas miraditas y el acoso del moreno, se levantó para ir contra él pero Yong Soo notando esto tomó en brazos a Yao como si este fuera una princesa cautiva y echó a correr entre gritos histéricos de Yao y la mirada asesina de Iván que los perseguía a punto de chocar con Emma, la cual iba del brazo del capitán de natación.

La rubia de ojos verdes, casi al final del semestre había caído perdidamente enamorada del atlético y guapo muchacho australiano que la había salvado cuando esta cayó por accidente a la piscina.

Fue casi como una escena sacada de película y claro, esto fue la causa de que los corazones de gran parte de los alumnos masculinos terminaran rotos y ahora cada vez que la chica se paseaba con su nuevo novio, los pasillos se convertían en un mar de suspiros lastimeros.

-Tienes razón, aún queda mucha gente extraña y… ¡¿Matty?!- exclamó de pronto Alfred cuando vio a su hermano entrar a la cafetería acompañado de Guillermo y tomado de la mano…

-¿Kim-ly?- preguntó de nuevo el ojiazul cuando notó que su hermano iba muy romántico con la vietnamita.

-Alfred, creo que tú naciste con un micrófono injertado en la garganta- le criticó Mathew un poco avergonzado de su propio hermano.

-Espera ¿Desde cuando sales con ella?- preguntó su gemelo señalando a la asiática.

-Oye, "ella" tiene nombre- le regañó Guillermo.

-Ósea Matty, que súper escondido te lo tenías- dijo emocionado Feliks regalándole un guiño.

-Ya llevamos un tiempo pero ustedes nunca se dieron cuenta- dijo Mathew mirando a la muchacha y esta solo alcanzó a sonreír ligeramente y sonrojarse.

-Yo tuve que ser su Cupido, estos dos no se atrevían a hacer nada- comentó Guillermo dándole una fuerte palmada en la espalda a Mathew que incluso se le desacomodaron los lentes.

-Por eso siempre estaban juntos- dijo Alfred señalando al cubano y a su hermano respectivamente.

-Pues claro, ¿Qué te imaginabas yankee pervertido?- preguntó riendo con una carcajada sonora caminando lejos de ahí junto con Mathew y su recién descubierta novia.

-Huy súper lindos nosotros, cada quien con su final feliz; hasta me dan ganas de decir una de esas tonterías como "amigos por siempre"- decía Feliks con un tono soñador.

-Nada de cursiladas, hay que decir algo como "awesome por siempre" kesesesese- opinó Gilbert.

-Ve~ ¿Y si solo decimos "perdedores por siempre"?- propuso Feliciano haciendo reír a todos.

-Como que súper bien, después de todo somos el Losers club- dijo el ojiverde y todos concordaron orgullosos de pertenecer a ese club.

Expectativas, etiquetas, imagen, ser o no ser tú mismo. A veces la frase "serte fiel" es un concepto bastante difícil cuando todos creen saber quién eres excepto tú y en la adolescencia este es el pan de cada día.

Luchar contra la sociedad al mismo tiempo que intentas buscar tu lugar en ella y de paso lidiar con un mar de hormonas que toman el control sobre tus acciones antes que la razón pueda tomar partido. Sin embargo hay un par de cosas buenas en esto y no, no esa tontería de que son, fueron o serán los mejores años de tu vida que en muchos casos no es así. Lo verdaderamente bueno es que la adolescencia es algo que se cura con la edad y la preparatoria, esa por suerte no es para siempre.

Aunque puede que aun dentro de algunos años cuando se llegue a esa edad adulta de maduréz física y emocional todavía una parte de nosotros siga siendo un adolescente perdedor.

FIN

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Les dije que no habría más finales cardiacos… ¡porque este es el capítulo final!

¿Les gustó el final de cada quien, las parejas crack del final? Espero me lo hagan saber.

Ahora las letanías de la autora: Mil millones de gracias a toooodos ustedes que son la gente más cool del mundo por haber seguido esta historia atascada de crack, asesinato de otp´s, desfile descarado de clichés y bueno, todo eso. En serio mil gracias por los reviews, también la gente que me llegó a comentar en Twitter y Tumblr mil ochocientas gracias a los lectores silenciosos; y solo como un último comentario me gustaría compartirles un consejo.

Cuando recién empecé a publicar este fic me llegaban muchos reviews
(en serio muchos) que me decían cosas acerca de cambiar el pairing, incluso Anon-san (no sé si aún siga leyendo) me dijo que lo mejor sería cambiar las parejas para no perder lectores, es entonces que vengo a decirles esto: Gente, si ustedes están publicando una historia de la que están enamorados y aman a esas parejas y aman su plot pero no le gusta a alguien más ¡NO LO CAMBIEN, HAGAN QUE LES GUSTE A LOS LECOTRES! Creo que si yo hubiese hecho este fic con parejas canon o de haberlo cambiado hubiera perdido mucho de su encanto así que les doy este consejo, sean fieles a su historia y usen su talento para que más gente se enamore de su trabajo.

Ahora sí, me despido de nuevo agradeciendo su atención cada domingo (y un lunes), de verdad mil gracias y bueno, como siempre les digo: Nos leemos entre fics.

PD: Solo por si les interesa algún tipo de vomitadero de depresión y tragedia rated M pueden asomarse a mi último OneShot, Lovers Who Uncover en donde me dediqué a desgarrar la pureza del Spamano XD

PD2: ¿Me podrían hacer un awesome favor? Me mandarían un review o un PM con el nombre humano de Holanda y si no tiene uno oficial al menos si el fandom le ha dado uno. Gracias (la abusadora autora que no investiga por su cuenta)