Gracias por vuestros comentarios... Prometo contestar de uno en uno al final de cada capítulo a partir del siguiente, que subiré en un par de días.
CAPÍTULO 2
"EL CUERPO"
¿Dónde estarán todos? Lo único que Booth podía distinguir más allá de la marabunta de agentes federales desperdigados ante sus narices era tierra, sólo tierra y nada más que tierra. Con salvadas excepciones. Unos enfermeros llevaban en camilla a un tipo con cara de susto, collarín e inmovilizado de brazos y piernas. Su piel estaba cubierta por una suciedad viscosa, de sangre y arcilla. También estaban allí varios operarios de la científica, enfundados en sus monos blancos, desfilando casi en línea hacia una pequeña elevación del terreno, también de tierra, como un volcán en miniatura, pareciendo casi, los de la científica, las hileras de hormigas que avanzan con determinación hacia el hormiguero. Sin portar migas de pan, si no complejos aparatos tecnológicos… Entre ellos cree ver a Hodgins, de brazos cruzados, con la cabeza gacha, mirando hacia abajo.
-¡Hodgins! ¿No tendrías que estar buscando… ya sabes… moscas, gusanos y demás asquerosidades…?
-En el cadáver no hay actividad de ningún tipo…
-¿Me estás diciendo que no hay bichos?
-No, Booth. Ni bichos ni detritos.
-¿Ninguno…? ¿Y eso no es raro?
-Créeme, que no es lo más raro del caso… Ya lo verás con tus propios ojos.
Mientras hablaban se iban aproximando al hormiguero. Cuando estuvieron lo suficientemente cerca, Booth se dio cuenta de que aquel montón de tierra era el resultado de haber excavado una zanja detrás, bastante profunda, lanzando los palazos hacia la superficie, donde se habían ido acumulando de aquella manera. Abajo, en el hoyo, uno de los becarios de Brennan tomaba muestras de las paredes del hoyo.
-¿Me tomas el pelo? ¿Abernathy?
-Sí, Booth. El paleto tiene un máster en estratigrafía y puede ayudar a datar la construcción del búnker cuando analicemos las distintas capas de sedimentos.
-¿Un búnker, Hodgins, en medio de la nada? ¿Para salvar a las… vacas? ¿Y todo esto lo hizo el tipo aquel con la cara de susto?
La Doctora Saroyan apareció a sus espaldas, inmiscuyéndose en la conversación sin previo aviso…
-Booth, tú mejor que nadie sabrás que los refugios, cuanto más apartados mejor. Y no, el hombre con la cara de susto sólo lo encontró. Hace unas semanas que compró el terreno escapando de Nueva York. Se trata de un bróker que se arruinó por culpa de la crisis y pensaba que retornando al campo podría llevar una vida tranquila basada en una economía de subsistencia.
-¿Un bróker? En el 29 se tiraban desde el Edificio Chrysler. Ahora se vuelven hippies… Pero, ¿qué demonios quería plantar para tener que cavar tan profundo?
-Lo cierto es que –prosiguió Cam- aunque nuestro bróker, cara de susto para los amigos, se había declarado insolvente, pudo salvar algunos millones en acciones. Como ya no se fiaba de la solvencia financiera los bancos, los canjeó por diamantes y prefirió esconderlos dentro de un maletín y enterrarlos en su propio huerto. Todo un clásico. Por suerte, cuando se cayó llevaba encima su celular. Y no, en el 29 no se tiraban desde el Chrysler. Básicamente, porque ese rascacielos no abrió sus puertas hasta un año después.
-Si hubiese sido en un calcetín, en vez de una maleta –irrumpió Hodgins- al menos tendríamos partículas…
-¿Qué es eso, una especie de chiste de bichólogos?
-Sí y no… -respondió Hodgins, desconcertado-. Sí porque trataba de hacer una gracia. Y no porque los bichólogos no existen. La entimología es una rama de la ciencia que…
-Sí, Hodgins, sí. La bichología es una rama muy guarra, sucia y asquerosa de la ciencia. Y preferiría seguir ignorando las cosas que os enseñan allí… A todas estas, ¿dónde está Bones?
-Abajo.
Tanto Cam como Hodgins respondieron a coro, señalando con su dedo índice una oquedad oscura en medio del hoyo. Los ojos de Booth vieron que el acceso tenía forma cilíndrica, como la escotilla de un barco. Se descolgó por las escaleras verticales y después de saludar al Señor Abernathy ojeó el agujero más de cerca. Podía escuchar la voz de Brennan, con una gran reverberación. Reparó también el rudimentario sistema de descenso que Carl Songbird, por él mejor conocido como cara de susto, había improvisado con un mazo, una estaca y una cuerda, y se dispuso a bajar por él. Apenas había luz en aquella sala. Pero debía de ser enorme. Pero no había puertas. Ni ventanas. Ni ningún tipo de mueble. Brennan estaba junto a varios hombres de bata blanca, atendiendo a un niño de unos doce años. Debía de ser hijo del bróker, que alertado por su padre habría acudido en su ayuda. Le estaban poniendo compresas de agua fría en la frente, quitándole también el polvo de los brazos y las manos. Seguramente estaría asustado, porque no podía pronunciar palabra. Booth siguió buscando en aquella sala. Allí, en algún lugar, estaba el esqueleto que tenían que investigar. Y sin embargo, no lograba encontrar restos de ningún tipo.
-¡Bones…!
Pero Brennan ya no estaba en la sala. Podía escuchar su voz arriba, intercambiando opiniones con Cam. Sólo los médicos seguían allí, atendiendo al chaval. Ya se habrían llevado los huesos. Así que se decidió a subir por la cuerda, maldiciendo que nadie le avisase de lo que estaba pasando. ¡Es una investigación federal! Y le deben respeto. Una cosa es acudir al escenario de un crimen para estar con Temperance, y otra muy distinta es que todo el mundo pase de ponerlo en antecedentes. Antes de salir del hoyo, se acercó al niño, para darle algunos ánimos y comentarle que estaba llevando todo aquello con tranquilidad, como lo haría un adulto. Pero a medida que se acercaba, notó algo extraño en él. Tenía los ojos perdidos, como ausente. Pero lo más extraño no era tanto su mirada, si no su ropa. Estaba llena de polvo y algo corroída y, además, parecía bastante antigua. Se arrodilló junto a él y, mientras los médicos seguían frotando su rostro con gasas húmedas, Booth le tomó de la mano tratando de buscar el pulso, como hacía con Parker después de las sesiones de piscina. Se estremeció con el contacto de una piel tan fría y aceitosa. Cerró los ojos y se persignó. El cadáver había estado todo el rato frente a él. Pero los tegumentos estaban rosáceos. No debía de llevar muerto más de unas pocas horas… Y sin embargo, esas ropas parecían sugerir lo contrario. Esto era lo que Hodgins debía de estar pensando arriba, cuando sugirió las particulares extrañezas de este caso. Seguramente, el miembro más conspiranoico del Jeffersonian ya estaría haciendo cábalas sobre un posible viajero en el tiempo. No era la primera vez que apelaba a esa teoría a la hora de resolver un caso. Pero si la explicación más fácil y lógica fuese la real, seguramente, aquel niño debería ser un niño amish.
-Saponificación.
-¿Qué?
Brennan había vuelto a bajar. Y le hablaba a sus espaldas. Booth jamás había escuchado esa palabra antes de ahora.
-Pero habrás oído hablar de las momias. A veces, en ambientes muy secos, como un desierto, se da la momificación natural. De momento tenemos lo siguiente: La chaqueta tiene un pasador confeccionado por Galway & Morris, una industria textil irlandesa que dejó de producir ropa después de la Primera Guerra Mundial porque su maquinaria fue requisada para la fabricación de uniformes destinados a vestir las milicias de la Triple Entente. El análisis de los tejidos nos revelará si la pieza es original o si se trata de una simple copia. También habrá polen y restos orgánicos en sus uñas en cantidad suficiente para la prueba del radiocarbono… El análisis estratigráfico servirá para fechar el búnker.
-Pero las momias suelen estar arrugadas y secas… Este niño es real. Es como de carne y hueso. Ni siquiera ha perdido el color…
-En Palermo, en Italia, se conservan miles de cuerpos momificados a partir de una técnica casi perfecta, relativamente reciente, empleada desde finales del siglo XVI. Algunos ejemplares son tan reales como este niño. Si buscas el nombre de Rosalía Lombardo en google verás su realismo. Está en una urna de cristal y parece que de un momento a otro se fuese a despertar y a pedir el biberón. Rosalía murió en diciembre de 1920, dos años después de acabar la Primera Guerra Mundial, siendo trasladada post mortem a las catacumbas de los capuchinos. La cronología es muy cercana a la de alguien que vistiese ropa de Galway & Morris…
-¿Crees que hay alguna conexión entre Rosalía Lombardo y nuestro niño amish?
-No lo creo, Booth, pero es demasiado pronto para descartar cualquier relación, cualquier referencia, cualquier cosa que nos pueda servir de ayuda... Lo primero de todo es identificarlo y luego nos será más fácil saber qué le ocurrió.
-Tempy…
-Dime Booth…
-Para que hayan alertado al F.B.I. tiene que haber indicios de que el crío haya muerto asesinado...
-Y los hay.
