Robotech y sus personajes son una propiedad de Harmony Gold USA Inc., Mass Effect y sus personajes son propiedad de Bioware. No se obtiene beneficio económico alguno de esta historia.
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Revisión v.1: Cambio de formato.
Capitulo Uno:
Caballeros Errantes
Planeta Trebin,
Sistema Antaeus, Cúmulo Hades Gamma (antes Nebulosa Cangrejo),
Sistemas Terminus
La nave de exploración MSV Destino esperaba en órbita del árido cuarto planeta del sistema Antaeus. La silueta cuadrada argenta de la nave de clase Kowloon, cuya cabeza de lagarto destacaba del cuadrado conjunto del transporte, contrastaba con el fondo negro, vagamente iluminado del espacio. Su misión era rescatar cualquier activo relevante de las instalaciones en tierra, que permanecían vacías después del desastre.
Una fragata de la Alianza, la SSV Normandía, había aparecido hacía varios días para averiguar la suerte del equipo de investigación que la compañía ExoGeni había mandado anteriormente. Las comunicaciones con los puestos de escucha en los otros sistemas del cúmulo se habían perdido tres días atrás, y eso había motivado la presencia militar. El jefe de la nave investigadora había prometido llegar "hasta el fondo del asunto".
Habían llegado hasta el fondo, literalmente, con horribles consecuencias. Los equipos de tierra habían desenterrado una tecnología antigua, que resulto perniciosa. Al estudiarla, los científicos habían sido convertidos en agresivos engendros bio-mecánicos como los que decía el rumor, habían atacado Edén Prime. El oficial al mando, el Comandante Shepard, se había visto forzado a despacharlos. A su regreso del planeta, notificó con sumo pesar a la Alianza, la cual a su vez avisó a la compañía.
ExoGeni comisionó a la "Destino", para recuperar los datos de la investigación de terraformación que allí se realizaba, así como los pocos cadáveres identificables. No querían permanecer mas de la cuenta en esa región del espacio. Los treinta y tantos miembros de la tripulación estaban conscientes de que podían ocurrir cosas horribles en los Sistemas Terminus, siendo como era refugio de piratas, traficantes, esclavistas y alienigenas xenófobos. La verdadera tragedia había ocurrido ya y no intentaban tentar a su suerte más de lo necesario.
La Capitana Jenny Sparks, la civil al mando de la pequeña nave, estaba lista para abandonar el planeta. Hacía cuatro días estándar que la Normandía se había retirado y el último de los preparativos de embarco había sido terminado hacía cinco minutos. La pequeña y esbelta pelirroja -que iba a recibir una jugosa comisión por ese trabajo-, no veía la hora de regresar a la Ciudadela para gastar su bien ganada recompensa, re-aprovisionando y reparando los pequeños desperfectos de su nave su nave y dando a su vez un merecido tiempo de descanso a su tripulación.
Dos años de viajar sin parar entre las estrellas son capaces de alterar al hombre mas robusto.
En el puente de mando, las comunicaciones internas saltaron a la vida:
– [Capitana: Habla Senner, de Ingeniería. Hemos reparado los conductos de elemento cero dañados, del núcleo de efecto de masa. Deberían de aguantar sin problema hasta llegar a la Ciudadela, siempre y cuando no forcemos demasiado el motor. Estamos listos para partir.]
– De acuerdo, señor Senner – dijo la menuda pelirroja, cuyos ojos claros refulgian como si fueran un par de estrellas, hacia el micrófono ambiental y volteo hacia los puestos de la tripulación:
– Velázquez... ¿que hay del incremento súbito de la radiación de Cherenkov de hace rato?
– Aun estoy investigando capitana. Pero la prueba de interferometría no reporta nada extraño. Quizás es radiación de algún remanente de nova lejana... – Velázquez, la muchacha latina que comandaba el puesto de comunicaciones al lado suyo, replicó rápidamente. De cabello negro y corto, la chica no podía tener mas de dieciocho años, la edad estándar para trabajar como tripulación de una nave. Se había enrolado hacía un mes con ellos, para cumplir los seis meses de protocolo del programa de servicio social de ExoGeni. Había sido un mes muy largo para ella.
– De acuerdo. Lo reportaremos a la Alianza tan pronto lleguemos a espacio controlado por la Ciudadela. – La capitana abrió un canal de comunicación y mencionó en voz alta para toda la nave:
– A toda la tripulación: Estamos por iniciar el viaje de regreso. Si olvidaron algo allá abajo o no lo empacaron, es tarde para recuperarlo muchachosIniciando verificación final de sistemas automatizada en cinco, cuatro, tres, dos... – ordenó.
La rudimentaria I.V. de la nave empezó su verificación. Uno a uno los indicadores de los diferentes departamentos como Ingeniería, Auxiliares, Cubierta Medica y Almacenamiento, fueron desplegando luces verdes en su interfaz haptica personal. Cuando terminó el chequeo, la monótona voz electrónica de la nave le indicó que todo estaba en orden.
Cerró el canal y volteó hacia el puente:
– Alférez Nevan, prepare los motores MLR y mientras tanto sáquenos de la órbita de Trebin. Quiero llegar a casa antes de la cena...
Risas generalizadas en el puente.
– Motores MLR calentando. Dos minutos y medio para alcanzar el estatus operativo. Activando impulsores sub-luz... – gorjeo Nevan, un hombre caucásico, rubio, con ligeras facciones equinas.
El buen ambiente del puente era inmejorable:
– ¡Contacto en los sensores pasivos!, – gritó Velázquez, su cabello corto casi a rape erizándose ligeramente:
– Parece una nave mediana. Distancia de dos mil quinientos kilómetros y acercándose a toda velocidad, ¡curso de intercepción!.
– ¡En marcha sensores activos!, ¡Nevan: alejanos de ellos!, ¡sean o no hostiles de Terminus, no vamos a corrernos ningún riesgo! – ordenó la menuda capitana sentándose en su silla de mando y ajustando su cinturón:
"¿Como es que llegaron tan cerca sin que los detectáramos?".
– Velázquez: ¡Reporte!
– ¡Ladar confirma la silueta de un crucero!, ¡acelerador de masa espinal y ocho baterías de cañones GARDIAN!, ¡por la configuración y relieves parece una nave de guerra batariana!...
El puente se tornó súbitamente tan serio como un panteón. Por la mente de la pelirroja civil, pasaron las imágenes de crueles tropas con cuatro ojos en la cabeza, atacando Elysium y otras colonias humanas. Caer en manos de los esclavistas batarianos significaba un destino peor que la muerte.
– ¡Máximo impulso señor Nevan!, ¡tenemos que ganar tiempo hasta que el sistema de impulso MRL esté listo!. Lance una alerta y ruegue a Dios que alguien de la Alianza esté cerca. ¿Estatus del impulsor MRL?.
– ¡Treinta segundos para carga completa! – aclaró otra voz desde el fondo del puente.
Sparks oyó a la oficial de comunicaciones lanzar la alerta estándar a través de todas las frecuencias. Si había algo que reconocía y le agradaba de la joven, era la eficiencia en su trabajo.
– Detectando carga del acelerador de masa. ¡Van a disparar el arma principal! – Velázquez casi gritó la ultima frase, el pánico haciendo presa de ella.
– ¡Maniobras evasivas!.
Un segundo después, un tremendo impacto sacudió la pequeña nave. Las anaranjadas terminales holográficas del puente se desvanecieron al instante, con chispas y arcos eléctricos saltando a la vida por un momento. Nevan fue propulsado hacia atrás por una explosión que acabó con él. Su cuerpo sangrante y chamuscado quedó tendido en el suelo del puente. Velázquez cayó de su silla dando un gritito y rodó junto al cuerpo caído, dándose un fuerte golpe en la cabeza y tratando en vano de levantarse. La capitana Sparks cayo de rodillas, su cinturón de seguridad siendo botado y gruñendo un gemido lento. Su rojiza y crespa cabellera se había alborotado con el movimiento y el pelo le caía al frente, tapando un poco su vista. Se ayudó con la silla de mando de la nave y volteó a ver a la pelinegra, que se acercaba renqueando a su puesto.
– ¡Reporte! – rugió, hecha una fiera.
– ¡Nos han golpeado con su acelerador de masa!. El motor MRL ha sido dañado y esta inservible. Varios sistemas, incluyendo los impulsores sub-luz y nuestros equipos de comunicaciones están fritos. Ingeniería reporta que el núcleo de elemento cero aguantó, pero tiene fugas. De milagro estamos vivos. ¡Sin embargo, si los batarianos no nos matan, la radiación del eezo lo hará! – comento la otra.
– Ordena la evacuación de Ingeniería y sella la cubierta. ¡Hazlo ya! – ordenó la capitana mientras se acercaba a uno de los casilleros de armas:
– Ya no podemos lanzar otra llamada de auxilio, así que junta a la tripulación hábil en el área de carga y que distribuyan las municiones y armas. ¡Vamos a ser abordados en muy poco tiempo!...
La mujer del cabello oscuro soló acertó a presionar algunos botones y a enviar un mensaje interno al resto de la nave, notificándoles de la situación, mientras veía a la mujer del fiero cabello rojo abrir el casillero del puente y tomar dos rifles de asalto Avenger, compactados para su mejor transporte. Enseguida siguió a la capitana, mientras apretaba algunos botones de su anaranjada omniherramienta, para aplicar una dosis del dispensador de medigel de su traje. El alivio a su dolor fue casi instantáneo. Volteó a tiempo para recibir una de las armas y verificar la carga.
Era una lastima que fuera tan mala disparando un arma...
La nave Batariana se acercó hacia la MSV Destino, como el depredador que esta por darle el golpe final a su presa. Los ciento cincuenta metros del crucero mercenario, contrastaban contra los cuarenta y tantos de la nave transporte. La nave alienígena, conformada de manera mas cuadrada, como si fuera un grupo de cajas rectangulares, apiladas unas sobre otras en una especie de diseño hi-tech, que ya había visto mejores días, daba la impresión de ser un transporte que ya estaba en sus ultimas glorias. Se emparejó rápidamente con la nave de carga y conectó un túnel desplegable para asegurar la escotilla de la nave varada.
En el área de bodega, la capitana Sparks había organizado ya a lo que quedaba de su tripulación. Había perdido seis hombres, incluyendo el Ingeniero Senner, cuando el disparo del acelerador de masa enemigo había golpeado la "Destino". Los treinta y tantos hombres que aún estaban en pie habían sido armados con pistolas, algunas escopetas y rifles de asalto y esperaban nerviosamente en las posiciones fortificadas, -barricadas y cajas apiladas apresuradamente- a lo largo del corredor principal.
Jenny estaba relativamente cerca de la escotilla de entrada. Podía oler el humo acre del soplete de hidrazina, que las agresivas criaturas de cuatro ojos estaban usando para abrirse paso. Ya llevaban más de la mitad de la puerta cortada y solo necesitaban un poco más para adentrarse en la nave transporte. Rogaba que los invasores no fueran militares de carrera -contra los que su tripulación no tendría oportunidad alguna-, sino las bandas acostumbradas de piratas de los Sistemas Terminus -contra los cuales había mas posibilidades de ganar-.
Había dejado en la parte de atrás a Velázquez, la pobre chica tenía poca o ninguna experiencia con armas de fuego y hubiera sido una locura ponerla a combatir. En lugar de eso, la dejó reparando a toda prisa el sistema de comunicaciones, que no había resultado tan dañado como ella creía. A pesar de las pocas posibilidades de que una patrulla de la Alianza de Sistemas -o de cualquier raza del Concilio para esos efectos-, pasara por allí, lanzar una nueva señal de rescate era una carta que tenía que jugarse sin dudarlo.
Un sonido metálico le llego de súbito. La ultima pieza de la puerta había caído y los invasores habían entrado ya. Abrió fuego contra la primera silueta que vio acercarse. Al menos tres tiros impactaron contra el atacante, haciéndolo caer. No venía nadie acercarse para ayudarlo. Entonces hubo un sonido metálico y vio rodar una esfera del tamaño de una manzana hacia ellos.
Jennifer Sparks -Jenny para la pocas personas que eran sus amigos-, era una ex-soldado terrestre, que había decidido retirarse joven de la milicia. Después de lo de Elysium y de la venganza humana en Torfan, no le quedaban ganas de saber de las guerras espaciales. Sin embargo aun recordaba con claridad el entrenamiento básico de los infantes de marina de la Alianza. Había llegado a ser oficial de mando de un pequeño escuadrón, y conocía las condiciones de combate.
Y sabía perfectamente bien de los efectos de una granada aturdidora...
Cerró los ojos y trató de tapar sus oídos. No pudo hacerlo. Un destello y un sonido fuerte como un estampido y de pronto se encontraba desorientada, con la cabeza dándole vueltas y con un espantoso dolor que parecía taladrarle el cerebro. Abrió los ojos unos segundos después. Cerca de ella y a pesar de su repentino malestar, distinguió un soldado batariano, enfundado en una armadura de combate azul, con lineas blancas pintadas a lo largo de los brazos y en el torso un emblema oval, con un sol blanco en el extremo mas lejano. Un casco del mismo color, con visor polarizado le tapaba el rostro.
"¡Mierda!, los Soles Azules..."
Esto iba a ser peor de lo que pensaba. Un golpe seco a su cabeza le impidió seguir pensando y la sumió en la negrura...
El infame batariano Coronel Cathka, había tomado ese día la decisión de poner en buen uso su nueva nave. Un crucero de la Hegemonía Batariana, cuya adquisición hablaba del creciente poderío armamentístico de los Soles Azules. Los ocho sistemas GARDIAN que habían extraído de contrabando de un embarque de camino a la estación Arcturus, gracias a un trato con el magnate mercenario Donovan Hock y su calaña, y que adornaban la silueta del velero transporte, eran también poderosas muestras de que tan extensas eran las conexiones de la organización en otras instituciones.
Atrapar el carguero de Clase Kowloon que habían rastreado hacía poco, le iba a servir para lograr otra prebenda. Solo unos cuantos hechos meritorios más y podría entrar en el circulo de colaboradores cercanos de Vido Santiago y -con un poco de suerte-, después podría poner piedras en el camino del apestoso Tarak, deshacerse de él y comandar las tropas de los Soles Azules en Omega, la capital no-oficial de los renegados Sistemas Terminus.
Con semejantes sueños de grandeza en la mente, Cathka se había embarcado en su flamante "cubeta" -como sus tropas habían dado en llamarle-, y deslizándose en silencio por la atmósfera baja de Trebin, se acercó a el, enmascarando sus emisiones caloríficas con la incrementada emisión de calor del planeta. Había logrado acortar distancias hasta poco mas de dos mil kilómetros antes de que los sensores de la "Destino" lo detectaran, consiguiendo sorprender a la poco atenta tripulación de la nave humana.
Ahora estaba liderando el abordaje e iba a regresar a Omega con esclavos humanos para vender al mejor postor y la carga de la nave, así como con información valiosa para utilizar en el mercado negro.
Ya había noqueado a uno de los primeros defensores, una mujer de intenso cabello rojo, y sus hombres habían penetrado ya en el pequeño transporte humano, golpeando y asediando a los defensores. La operación iba viento en popa y la sonrisa de la criatura humanoide, cuyos rasgos mas prominentes eran dos pares de ojos situados unos encima de otros en su cabeza arrugada, como de perro bulldog, hablaba de la confianza del que sabe que lleva la partida ganada.
Algo no estaba bien sin embargo, y una punzada de temor le asaltó cuando le llegó una comunicación de radio:
–[Coronel Cathka: Aquí Puente. Tenemos compañía. Nuestros sensores localizaron tres objetos de aproximadamente veinte metros de largo cada uno, acercándose a nuestra posición a cuarenta grados de elevación, declinación veinticinco grados de nuestra posición en el plano galáctico, a una distancia de diez mil kilómetros]– la voz del turiano en el puesto de mando le sonó reverberantemente preocupada.
– ¿Maldita sea... podría ser la Alianza?, ¿pero como es posible?, ¡casi los tenemos encima!. ¡¿Porque tardaron tanto en avisar? – el batariano comentó mientras maldecía internamente su suerte. Por el tamaño, bien podrían ser naves de la Alianza. Esto era inesperado, y a Cathka no le gustaban las sorpresas.
–[El equipo del crucero no es muy fiable que digamos y teníamos que hacer las comprobaciones pertinentes...]– a eso el batariano hizo una mueca que habría hecho al otro alienígena perder el color si lo hubiera visto:
–[...de cualquier manera no creo que sea la Alianza señor. La información que nos dio el Corredor Sombrío acerca de esto...]– la voz del puente le llego clara por encima de los sonidos de disparos y estallidos de la pelea tras de él.
– ¡El Corredor Sombrío nos dio inteligencia acerca de la posición de las flotas de acorazados de la Alianza!, ¡no de sus patrullas de fragatas! – Cathka ladró la ultima frase. Lo que fuera que estuviera ocurriendo lo ponía nervioso. Pero la gota que derramaría el vaso estaba por llegar:
–[¡Señor, estoy detectando una transmisión de radio de onda corta!, ¡viene del área de carga!]
La cara del mercenario se puso roja como un jitomate. Todo parecía perfecto hasta cinco minutos atrás. ¿Porque le tocaba a él lidiar con estas tonterías?.
– ¡Hay una señal de radio!. ¡Revisen toda el transporte e inutilicen el transmisor!, ¡lleven a los prisioneros a la nave y preparense para partir! – ordenó a toda prisa, mientras los otros renegados empezaban a transportar a los rehenes a su nave.
Los Soles Azules se apresuraron a buscar en todas las áreas. Los combates casi habían terminado y la mayoría de la tripulación había sido apresada viva, tan solo un par de trabajadores de la parte de trasera de la nave habían resistido hasta el final, atrincherados como estaban, pero un minuto mas de refriega y sus cuerpos sin vida yacían en el suelo del compartimiento de carga.
Los forajidos revisaron apartado por apartado y cámara por cámara. Otros dos minutos después, un par de ellos traían a la señorita Velázquez, sujetándola uno por cada brazo. Su cara de rasgos latinos estaba amoratada por los golpes, varios hilos de sangre escurrían de su boca y nariz. Cathka tomó a la mujer del cabello y la hizo subir el rostro hasta que la apaleada mujer lo miró a los ojos. El batariano no se molesto en ocultar la animadversión propia de esa raza alienigena hacia los humanos, a quienes desde su incorporación a la comunidad galáctica, habían considerado unos advenedizos y arribistas...
– ¡Conque tratando de mandar un mensaje!, ¿eh? – el rostro curtido del soldado se torció en una mueca de salvaje y malsana satisfacción.
La joven mujer morena y de delgada figura no dijo nada, su rostro esbozando una sonrisa de oreja a oreja. A una señal del batariano los soldados, un humano y un turiano que cargaban sendos rifles de asalto, la dejaron caer al suelo. Los Soles Azules no eran conocidos por su delicadeza.
– ¡Ahora te voy a enseñar!... – dijo el oficial al mando y amagó una patada. De pronto la omni-herramienta de la mujer saltó a la vida. Cathka se detuvo inmediatamente, paralizado por el contenido de la transmisión:
–[¡Este es el Teniente Comandante Jack Baker de la Fuerza Expedicionaria Robotech. A la nave crucero agresora: Están rodeados por naves caza. Cesen inmediatamente las hostilidades y rindanse, o afronten las consecuencias!]
"¿Como es posible eso?, ¿como han llegado tan rápido?". No pudo reconocer el nombre de la milicia, pero era probable que fuera alguna división secreta de la Alianza o quizás algún grupo patrocinado por el partido Terra Firma, o peor aún... por Cerberus. En cualquier caso no importaba. La voz del piloto era humana sin duda, y no parecía del tipo de los que hiciera amenazas a la ligera.
Accedió a la señal de las cámaras externas de la nave que aun funcionaban y comprobó que un grupo de estilizadas naves rondaban alrededor de su crucero. Eran mas grandes que todos los cazas e interceptores que hubiera visto, ya fueran turianos, humanos, asari o de alguna otra raza. Se veían muy amenazadores, pero en ultima instancia no eran mas que cazas espaciales. Una ráfaga de los sistemas GARDIAN y caerían como moscas...
– ¡Puente: Habla Cathka!, ¡¿como llegaron tan cerca de nosotros?
–[¡Señor!, ¡no están apareciendo en nuestros sistemas de rastreo!, ¡el sistema GARDIAN no puede trabajar fiablemente!.]
– ¡Pasa a control manual y activa los otros sistemas defensivos!. ¡Se van a arrepentir muy pronto de meterse con los Soles Azules!...
La guerra nunca termina para un buen soldado...
Para el Teniente Comandante Jack Baker, esa regla era especialmente cierta. Desde que se unió a la Fuerza Expedicionaria Robotech en 2022, después de la muerte de sus padres en la guerra con los Zentraedi, y hasta la reclamación de Tirol y la traición del General T. R. Edwards en 2044, habían sido veintidos años de guerra constante (en realidad diecisiete si tomaba en cuenta que había perdido cinco años en un error de transposición al sistema Valivarre, el hogar de los Maestros de la Robotecnia, como todos los demás miembros de la misión Pionero). A lo largo de todos ese tiempo había pasado de ser un simple piloto novato, a convertirse en el líder indiscutido del Escuadrón Wolf, participando activamente en la liberación de varios planetas invadidos por los Invid.
Hasta hacía poco había participado en el asedio a la colmena Invid en Optera, en poder del oficial traidor, y había logrado llevar a sus pilotos a la victoria, hasta que un suertudo combatiente enemigo lo había derribado.
El Almirante Hunter le había dicho que a veces llegaba a pasar, que inclusive el mismo llegó a tener días de esos. Jack no echaba en falta la confianza, pero las palabras del veterano ex-piloto habían sido agradecidas. Y lo fueron todavía mas cuando le pidió que se quedara con ellos al frente del Escuadrón Bermellón del SDF-3, mientras sus hombres viajaban a reforzar a la Fuerza de Reclamación Robotech que iba a echar a los Invid de la conquistada Tierra:
– Los pilotos novatos pueden aprender algunos trucos del viejo Baker... – dijo, y enseguida supo que no podía rehusar.
Ahora, con nuevas fuerzas enemigas esperando en cada rincón para abalanzarse sobre la nave, y habiendo fallado la misión de rescate mandada por la FER, correspondía a los pilotos experimentados como él mantener la superioridad espacial, mientras se organizaba una nueva misión para encontrarlos.
Su mente vagó hasta los momentos previos al viaje interdimensional, hacía poco más de dos días atrás...
– ¡Acabamos de ser embestidos!. ¡Estamos saliendo fuera del rango de la esfera de transposición!. ¡Vince!, ¡tienes que regresar a advertirle a la FER!, ¡no deben usar los misiles Neutrón-S!, ¡la Tierra será destruida si lo hacen!...
Eso es lo que había gritado el Almirante Hunter a través del comunicador, cuando la nave enemiga desconocida los había embestido. El crucero "Icarus", de la nueva clase Shimakaze, al mando de Vince Grant, los había encontrado y cuando les informaron de las averías en su nave, habían preparado una maniobra para transportarlos de vuelta a territorio aliado. Una que involucraba una esfera de transposición. Luego vino el ataque enemigo y se habían separado, quedando fuera de la esfera de influencia de la otra nave. Habían visto desvanecerse el enorme transporte, llevándose el velero científico "Deukalion", compañero del SDF-3 también a la deriva.
Ellos se habían quedado varados allí, precipitándose hacia la singularidad creada por la prueba de los misiles Neutrón-S. Jack había estado viéndolo todo desde un resquicio en el Puente, antes de decidirse a regresar al Cuarto de Operaciones con el resto de sus pilotos.
La nave enemiga no los había perseguido. Quizás estaba mas allá de sus capacidades adentrarse en el inmenso campo gravitatorio de un agujero negro, sustraer una presa y salir, o quizá simplemente se había contentado con ver como el SDF-3 se precipitaba hacia un destino inexorablemente fatal.
En cualquier caso no importaba. Antes de la prueba de los misiles, el Dr. Lang había viajado al SDF-3 a pedido de Rick, para poder explicarle personalmente los efectos de semejante arma. Eso había salvado al viejo bonachón de la suerte de sus compañeros en el "Deukalion". Exedore Formo, el viejo asesor Zentraedi, no había sido tan afortunado...
– ¡Dr. Lang!, ¡hay que reactivar el sistema de transposición Reflex a como de lugar! – ordenó el veterano de incontables guerras Robotech al comunicador interno, su cabello cano escondiendo una herida en su frente.
–[Entiendo Rick. Sobrevivió gran parte del mecanismo, suficiente para poder reactivarlo en diez minutos o menos y realizar una transposición de emergencia, ¿no te parece sin embargo, que esta situación tiene un ligero tinte de deja-vu?]– mencionó el ya anciano científico a través del comunicador, en ese acento alemán tan característico suyo.
El Almirante se detuvo por un momento y miró a su esposa Lisa Hayes. En las abatidas caras de ambos Hunter se formó una mueca de puro horror. La ultima vez que alguien había usado un sistema de transposición dentro de un campo gravitatorio fuerte, tanto una ciudad como el SDF-1, habían terminado ambos en la órbita de Plutón, con el sistema de transposición misteriosamente desaparecido. El mismo Doctor Lang dijo que esa vez habían corrido con suerte...
Rick Hunter se había detenido. El semblante de su esposa Lisa, el de Karen Penn y los otros oficiales en el puente, incluyendo el de Jack, se había congelado. Todos volteaban a ver al hombre de mayor rango ahora. Sabían las consecuencias de tomar esa decisión, habiéndolas vivido algunos de ellos en carne propia. Pero con gran parte de los sistemas del acorazado estropeados o deshabilitados, la otra alternativa era igual de ominosa. El Almirante se debatió unos segundos consigo mismo y su rostro recupero la determinación perdida:
– ¡No tenemos opción Dr. Lang!, si nos adentramos mas en el disco de acreción del agujero negro, menos posibilidades tendremos de sobrevivir. Quien sabe que puede pasar si activamos la transposición a menos de cinco mil kilómetros del horizonte de la singularidad...
–[Tienes razón hijo...]– el anciano soltó un suspiro –[...Activaré el sistema rector de transposición. Dame cinco minutos más...]
– De acuerdo doctor. Hunter fuera.
El puente se había quedado mudo. Lisa Hayes se acercó al viejo oficial, moviéndose con trabajos. Parecía que se había lastimado otra vez cuando la nave había recibido la onda de choque de la explosión. Su holgada ropa de color vino, cual si fuera una especie de kimono, que la definía como embajadora ante las inteligencias extraterrestres que habían encontrado en su viaje, y que colectivamente conocían como los Centinelas, la hacía ver mas vieja de lo que realmente era:
– ¿No tenemos opción, eh? – susurró en voz baja. A pesar de la preocupación, acentuada por las crecientes arrugas en su rostro, todavía tenía animo suficiente para una pequeña broma. Jack pudo darse cuenta de la sonrisa discreta del Almirante. Los había conocido desde los inicios de la misión Pionero y sabía que juntos, los Hunter (almirante y ex-almirante, ahora embajadora), podían enfrentar lo que fuera. Su confianza mutua empezaba a reflejarse en el animo de los presentes en el Puente.
– No, pero eso no importa. Sobrevivimos a nuestro viaje desde Plutón, sobrevivimos a los Zentraedi, sobrevivimos a los Invid y sobreviviremos a esto – el la abrazó con una dulzura y serenidad que ya eran legendarios en la flota.
– Eso es lo que quería oír... – mencionó ella y enseguida volteo hacia los demás:
– ¡Muy bien todos!, hay que prepararse. ¡Haremos una transposición de emergencia en cinco minutos! – la vida volvió al cuerpo de Lisa Hayes-Hunter, la llama de decisión de la ex-militar se encendió de nuevo.
Jack y los otros oficiales se habían llenado de confianza en ese instante. Y apenas les basto para enfrentar la maniobra de emergencia. Ya estaban muy adentro del disco de acrecimiento del agujero negro cuando la intentaron. El sistema de transposición reflex funcionó como debía, pero algo en ese instante no salió como todos esperaban. El desdoblamiento de la nave se prolongó. Un suceso que debía ser casi instantáneo, dentro de la perspectiva de los viajantes, tardo dos largos días de abordo, de los cuales, durante el primero de ellos, los técnicos y científicos habían tratado de detener el proceso.
Después de exhaustivas pruebas el Dr. Lang recomendó que no se alterara el funcionamiento de los sistemas de desdoblamiento y que había que esperar a que el procedimiento -que parecía desarrollarse con normalidad-, se detuviera por su cuenta.
Para el segundo día, el buen científico trató de dilucidar lo que pasó en esos momentos, con un largo discurso científico relacionado con agujeros de gusano, la curvatura del espacio y tiempo, energía y masa obscuras y el multiverso, que involucraba un pizarrón gigantesco, lleno de ecuaciones físicas y matemáticas, muy por encima del nivel de conocimientos de la mayoría de los oficiales presentes en el Salón de Operaciones. Al final ninguna explicación fue satisfactoria.
Lo único que averiguaron con certeza, cuando todo el viaje terminó, era que la maniobra de transposición los había sacado del universo que ellos conocían. Las referencias estelares familiares que estaban a su alcance les indicaban que permanecían en la Vía Láctea, pero los mapas eran solo parcialmente funcionales, con las posiciones de las estrellas alteradas de manera que algunos paisajes característicos no eran fácilmente reconocibles.
Las observaciones revelaban que todo en esa nueva realidad era distinto de alguna manera...
Eso era lo que Karen Penn le había dicho en una de sus escapadas del puente, antes que Rick Hunter lo llamara para explicarle de una misión de emergencia:
–[Este es el transporte de carga "MSV Destino", en órbita del planeta Trebin. Estamos siendo atacados por hostiles de Terminus. Si alguien de la Alianza de Sistemas o sus aliados me escucha, ¡estamos siendo atacados!, ¡repito, estamos siendo atacados!...]
Ese mensaje había llegado a los receptores de la nave. Los sensores que aún funcionaban sin problemas, revelaban dos naves, una de dimensiones similares a una nave de descenso Horizon, y la otra un poco menor que un crucero clase Garfish. Inteligencia no había podido determinar el nivel de amenaza de esas naves, y no quería arriesgar una partida con intenciones hostiles. El Almirante sin embargo, había tenido una de esas corazonadas -de las que solían despertar miradas de suspicacia de su esposa-, y asigno tres cazas Alfa y sus respectivos complementos Beta, bien armados con misiles, sincro-cañones y armas EU-15 "Desestabilizador", para ayudar a la nave en desgracia.
Los pilotos asignados eran prácticamente los mejores de la Flota. Los legendarios Comandantes Sterling -Max y Miriya, héroes de la Primera Guerra Robotech-, y Jack mismo. Sabía que estaba volando con los oficiales de campo con mas experiencia de la Fuerza Expedicionaria. La fama de los Sterling les precedía, eran la crema y nata, y no ignoraba también que todavía estaba lejos del nivel de habilidad de la legendaria pareja, pero no iba dejar que eso lo intimidara.
Cuando estuvieron a menos de tres kilómetros de las naves, el grupo recibió un nuevo mensaje:
–[A todas las patrullas de la Alianza: Esta es la "MSV Destino" en órbita del planeta Trebin, en el Cúmulo Hades Gamma. Si alguien nos escucha, necesitamos ayuda urgente. ¡Fuimos atacados por mercenarios de los Soles Azules y estamos siendo abordados!, repito, ¡estamos siendo abordados!]
Max trató de responder al mensaje, pero casi enseguida los instrumentos de su nave le indicaron el bloqueo de frecuencias. El viejo piloto indicó al joven Jack:
–[Baker: Tu eres el Comandante del Grupo Aéreo, lanza la advertencia y veamos como reaccionan...]
Jack no lo pensó dos veces y tomó el honor concedido:
– Si señor. ¡Este es el Teniente Comandante Jack Baker de la Fuerza Expedicionaria Robotech. A la nave crucero agresora: Están rodeados por naves caza. Cesen inmediatamente las hostilidades y ríndanse o afronten las consecuencias!.
Una transmisión en un lenguaje no-humano le llego casi enseguida. A pesar de no entender el contenido de ese grupo de guturales ronquidos y ladridos, la intención de voz era decididamente hostil...
Los sistemas de baterías del crucero empezaron a activarse. Jack había sugerido activar los sistemas de armas y camuflaje unos minutos antes, así que habían ganado ventaja sobre la nave mediana, al arribar sin ser detectados. Cuando eso sucedió, Max apuntó a las baterías GARDIAN de la nave con su sincro-cañón. Dos segundos después, un destello rojo de alta potencia sacudió el crucero, reduciendo las ocho baterías a poco menos que metal chamuscado. El velero se sacudió de nuevo cuando Miriya deshabilitó los motores unos segundos después. Jack revisó la nave con sus sensores. Había una acumulación creciente de formas de vida en los niveles mas bajos del transporte. Posiblemente ahí estaban los rehenes...
– ¡Hay que deshabilitar los sistemas principales de la nave!.
–[Permiteme...]– Max preparó la carga de su arma desestabilizadora EU-15 y lanzó un disparo. Los sensores indicaron que la actividad eléctrica del velero casi cesó abruptamente.
– ¡Adelante! – Jack maniobró en torno a la nave y encontró lo que buscaba. Una compuerta de carga. Se acercó al casco de la nave y hundió el brazo derecho de su Alfa en la pared reforzada. La cubierta de materiales nano-reforzados presentó resistencia, pero no la suficiente. Un par de golpes y el casco cedió, causando una brecha que lanzó materiales a la negrura del espacio.
Max y Miriya le indicaron que se apartara y les dejara ese trabajo. El joven no replicó. Ambos veteranos pilotos separaron los impulsores Beta de sus naves, que quedaron flotando a la deriva, a custodia de su compañero. Transformando sus cazas Alfa en modalidad Battleloid, se introdujeron en el casco del crucero.
Un grupo de defensores entro por una de las puertas del área de carga. Iban equipados con armas de mediano calibre, apoyadas por lanzadores de misiles y algunas otras. Sin embargo semejante poder de fuego no fue suficiente para evitar que sus caras palidecieran de inmediato, al ver primero una explosión que voló parte del casco y enseguida dos robots humanoides, mas grandes que una lanzadera Kodiak, penetrando a la fuerza en la nave. Algunos de los humanos, turianos y batarianos que se recuperaron de la sorpresa fueron lo suficientemente rápidos para no caer abatidos, achicharrados por las ráfagas de iones de 100 mm de los cañones EU-15. Una lluvia de fuego de armas semi-automáticas bañó el casco de los intrusos Alfa, pero no logró penetrar ningún sistema vital de las naves. Miriya neutralizó sin dudarlo los cohetes que todavía fueron lanzados, con certeros disparos.
Cuando acabó la carnicería, los militares revirtieron la configuración de sus vehículos a modo Guardián. Después salieron ambos de las naves, desmontando y enfundandose en sus vehículos de emergencia "Ciclón".
El Coronel Cathka había regresado, con las fuerzas que había llevado al abordaje del transporte humano. Había mandando un destacamento de Soles Azules bien armados a prevenir un abordaje, pero habían perdido la comunicación con ellos hacía cerca de ocho minutos, después de que los sistemas de la nave se hubieran caído. Los extraños cazas aún estaban estacionados en el área de carga y había ido perdido comunicación con las cubiertas cercanas progresivamente. En total habían pasado casi diez minutos desde que se decidiera a abordar la nave y, lo que debería haber sido una operación rápida de toma de pasajeros, se había convertido en una batalla en la que estaba perdiendo, sin explicarse como ni porque.
El Puente había sido la ultima de las zonas por caer, hacia dos minutos o menos. Quienes fueran esos comandos, o estaban fuertemente armados o eran verdaderas tropas de élite. Su avance había sido vertiginoso y ahora los diez elementos que aún le quedaban estaban atrincherados en la cubierta de Ingeniería, donde nadie en su sano juicio se atrevería a iniciar una confrontación, por miedo de dañar el núcleo de efecto de masa de la nave y provocar un fallo catastrófico que los destruyera a todos.
Varios de sus efectivos estaban enfocados en cuidar a los rehenes. Cathka había decidido no sacrificarlos, pensando que en el peor de los casos podría negociar con sus atacantes y salvar su pellejo. Pensaba en poder huir a algún planeta perdido y quedarse ahí hasta el fin de sus días. No podría enfrentar a Tarak, aún si salia ileso de esta. Lo menos que sucedería seria que lo degradara y jamás volviera a tener el mando de ninguna tropa. Si Vido Santiago o el alto mando de los Soles Azules lo encontraba después de esto, bien podía darse por muerto.
Las puertas de Ingeniería saltaron casi de improviso. Un estallido grande que hizo volar la puerta, llevándose a uno de los soldados que había puesto a cuidar la posición. Quienquiera que fuera, no tenía empacho en ponerlos en riesgo a todos...
– ¡Abran fuego contra quien cruce esa puerta!
Apenas tuvo tiempo de decir eso, cuando vio dos saetas cruzar el umbral. Dos vehículos que parecían aquellos armatostes primitivos que los humanos llamaban "motocicletas" volaron por encima de ellos. Pero a medio salto hicieron algo que nadie se esperaba. Empezaron a tomar forma alrededor de los cuerpos de sus jinetes, sus ruedas cambiando de posición y adaptándose a la extraña armadura que llevaban puesta, como si fuera una parte natural de su cuerpo. Ambos pilotos cayeron en medio del contingente enemigo, que no se atrevía a disparar por riesgo a herir a sus compañeros o dañar el núcleo de la nave. Ambas saetas, blanca y azul, golpearon a sus soldados con fuerza descomunal. Cuchillas vibrantes salieron de sus brazos y rasgaron sin piedad a los soldados. Los que se atrevieron a usar sus armas, encontraron que sus disparos rebotaban contra ellos como si tuvieran barreras cinéticas.
El batariano no lo pensó demasiado. Tomó a uno de los rehenes, una mujer de intenso cabello rojo anaranjado en un traje de colono, que sostenía en sus brazos a la chica morena que había transmitido el mensaje en onda corta. Tan solo quedaban dos de sus hombres en pie cuando lo hizo:
– ¡Deténganse ahora!. ¡Dejenos ir y no destruiré esta nave y a todos adentro!. ¡Si no aceptan mis demandas moriremos todos aquí y ahora!.
Estaba apuntando con su pistola directamente al núcleo de efecto de masa. Los pocos rehenes que estaban consciente soltaron una exclamación de horror. Los dos soldados extraños se detuvieron, aún en posición de guardia, como concediendo a su presa un minuto para respirar antes de morir.
Los soldados de los Soles Azules que aún quedaban en pie, se acercaron con intenciones amenazadoras a ellos. El militar batariano oyó a los dos humanos decirse algo entre ellos:
– ¿Y ahora qué? – pregunto él que parecía mas alto y de figura mas fornida.
– ¡Improvisamos! – decía el otro, que parecía mas femenino y habla con voz mas aguda.
No se movían sin embargo. Ambos intercambian miradas entre ellos. Parecía que no se comunicaran con palabras sino con solo miradas. Se detuvieron súbitamente y después lo miraron fijamente. En el casco visor polarizado de la figura femenina vio su imagen reflejarse y en ella pudo ver a su rehén moviendo sutilmente los labios...
– ¡Ahora!.
El batariano subió la pistola rápidamente, sospechando una treta, pero un codazo tremendo hacia su abdomen lo dobló hacia atrás. Su presa se le escapó y lo hizo girar con una llave de artes marciales que lo llevó directamente al suelo. La mujer lo desarmó, al tiempo que oía un par de disparos de las extrañas armas de sus oponentes, y el sonido de dos cuerpos caer al suelo. El siguiente golpe lo noqueo por completo.
Maximilian Sterling bajó su visor y dijo a la mujer del cabello rojo que bajara su arma. La otra hizo un gesto y al ver la cara del militar, lo hizo sin chistar. Miriya había cambiado su arma por el dispositivo de grabación propio de su Ciclón y estaba muy entretenida grabando la escena. Los rehenes se abrazaban entre ellos y los que aún estaban débiles después del asalto recibían ayuda de los otros para levantarse. La mujer que les había ayudado se acercó a ellos:
– Muchas gracias... pensé que no lo íbamos a contar. Soy la capitana Jennifer Sparks , de la "MSV Destino". ¿A quien debo de agradecer? – pregunto la pelirroja adelantándose hacia su salvadores.
– Comandante Max Sterling, Decimosegunda división aérea de la FER, mi esposa, la Comandante Miriya Parino Sterling. Un placer conocerla capitana... – comento el ligero Max, extendiendo la enguantada mano hacia la otra mujer y haciendo un gesto para estrechar la mano de la pelirroja.
– ¿FER?. No recuerdo ninguna división del ejercito de la Alianza bajo ese nombre – comento la civil estrechando su mano fuertemente. Sin duda era mas fuerte que varios hombres que había conocido, a pesar de su frágil apariencia.
– No somos parte de su "Alianza", cualquiera que esta sea. Digamos que somos mas bien una milicia... independiente. – el piloto de pelo azul y lentes reforzó su dialogo con una sonrisa que en otro caso hubiera desarmado a su oponente.
– ¿De Cerberus o Terra Firma acaso?. De ser así les doy las gracias de todas maneras, pero ni mi tripulación ni yo queremos tener nada que ver con ustedes. – la mujer llevo su mano instintivamente hacia el arma que había capturado. Max percibió que había tenido entrenamiento militar, y no quería comenzar otra pelea.
– Despreocupese capitana. No formamos parte de esos grupos. Estamos aquí por otras razones... – agregó Miriya, apuntando con su cámara hacia ella, pero bajando el dispositivo casi inmediatamente. Sin duda la mujer había aprendido bien las lecciones de diplomacia de Lisa Hayes. Casi podía comportarse como un buen diplomático humano sin que su herencia agresiva Zentradi -o Meltrandi en su caso-, entrara en acción.
– De hecho necesitamos su ayuda en estos momentos, con algunos aspectos técnicos, así como ustedes necesitan la nuestra. – comentó Max con un poco de embarazo.
– Bueno, lo menos que puedo hacer es ayudarles, después de que ustedes nos salvaron de estos miserables... – la mujer esbozó una sonrisa maliciosa y pateo al batariano que estaba en el suelo noqueado – ...aunque no veo como podamos ayudarles, me consta que no he visto jamás esta clase de juguetes en la Alianza...
– No se preocupe, déjenos transportarlos a nuestra nave nodriza y podremos explicarle la situación con mas calma. – sugirió el piloto mientras observaba la nave. El núcleo de efecto de masa llamaba su atención poderosamente.
– De acuerdo, pero me temo que nuestra nave no funciona. Los Soles Azules... – señaló a los caídos – ...hicieron un "numerito" con ella y además tenemos algunos heridos.
– Eso no será problema – comento el peliazul oficial, para después hablar a su comunicador:
– Sterling a Baker: La situación esta controlada. Mejor saca los cables de arrastre de los Betas. ¡Vamos a llevar una nave de paseo!.
–[¡Enseguida comandante!]– oyó a través del comunicador.
Cathka empezó a moverse en ese instante. La figura femenina del dúo que había arruinado por completo su vida ese día, se acercó a él y levantó la visera de su casco. El mercenario pudo ver la cara de una mujer humana, con rasgos delicados y ojos expresivos, su cabello era de un verde obscuro muy sensual y los labios rojos y delicados eran, sin embargo, invitantes. Aun para el batariano, que tenía una vendetta jurada contra la humanidad, el rostro resultaba muy atractivo, entrado ya en años, pero seductor.
– Es alienígena. Parece humano, pero... – confirmó ella, mirándolo de arriba a abajo, como quien revisa un objeto de poca importancia. Sus cuatro ojos eran lo que más le llamaba la atención sin embargo.
– Es un batariano. Una raza no aliada del Consejo No son muy comunes fuera de los Sistemas Terminus... – agregó la capitana Sparks, ante la mirada intrigada de Miriya, quien pregunto inmediatamente:
– ¿Y este otro?
– Es un turiano. Probablemente un renegado o un cazador de fortuna. Perdón por preguntar, ¿pero en que clase de agujero han estado que no reconocen a un turiano?.
– Venimos realmente de lejos, Capitana. Al Almirante Hunter le interesará saber de estas nuevas razas... recordare preguntarle en extensión acerca de estos batarianos y turianos... - el oficial de cabello azul aclaró mientras apretaba los brazos y piernas del prisionero con una banda plástica.
El Coronel Cathka los vio alejarse mientras lo dejaban allí, amarrado. Era la única alma viviente en lo que antes había sido un orgulloso crucero batariano, propiedad de los Soles Azules, ahora una ruina que flotaba a la deriva en el espacio. Había mandado previamente un mensaje, vía comunicaciones MRL a las instalaciones mas cercanas de los Soles Azules y era solo cuestión de tiempo antes de que alguien llegara rescatarlo. El batariano había deseado no haberlo hecho.
El ahora ex-coronel de los mercenarios no quería que nadie lo viera en ese instante. Si hubiera estado desamarrado se habría arrojado al vacío. Si tuviera una pistola ya se habría pegado un tiro. Cuando sus compañeros lo encontraron horas después, desesperaba por ser liberado de su confinamiento -la mujer del cabello rojo había convencido a los soldados de dejarlo encerrado en un armario-. Cuando Tarak lo vio, le dirigió una sonrisa tan mordaz que su compatriota batariano juro que estaba viendo al mismísimo diablo...
– ¡Cathka!... ¡que inesperada y placentera sorpresa!... tienes mucho que explicarle a Vido por esto. Primero te llevas la nueva nave sin permiso y luego la arruinas tratando de ganar dinero fácil... Voy a recomendar al Alto Mando que te perdone la vida y te conserve... como el ejemplo de estupidez que nadie en los Soles Azules debe imitar...
La carcajada que siguió hizo desear al alienígena militar estar muerto...
Mientras Jack Baker y sus superiores arrastraban la MSV Destino hacia el lisiado SDF-3, el sereno hombre reflexionaba en los mas recientes acontecimientos. Algo de lo que había dicho la capitana Sparks lo había hecho reflexionar:
–[Saben... hace un par de días... cuando la compañía nos asigno este trabajo, la empleada de misiones nos dijo que un comandante de la Alianza había averiguado la situación de la falta de comunicaciones, sin que nadie se lo hubiera pedido. Busque en los registros de la misión y reparé en el nombre de ese hombre: Locke Shepard...]– comentó la mujer por radio, mientras ellos verificaban el rumbo.
– ¿Y que hay con ese hombre, capitana? – había preguntado él, con tono ansioso.
–[Jenny, llámame Jenny...]– la voz de ella era juguetona y alegre, un cambio del tono de profesionalismo con el que había recibido a los Sterling.
– ¿Perdón? – preguntó Jack, sin comprender a ciencia cierta lo que estaba pasando.
–[Llámame Jenny. La gente tiende a llamarme Jennifer o capitana Sparks. Una se cansa de la cadena de mando a veces...]
– De acuerdo Jenny, ¿entonces que hay con ese comandante Shepard? – preguntó de nuevo.
–[¿Me pregunto si será el mismo Shepard que detuvo a los batarianos en el Través Aticano...?]
–[Quizá...]– comentó Max Sterling, introduciéndose en la conversación. Ya estaban mas cerca de la nave nodriza.
–[Lo conocí cuando fuimos compañeros en la guarnición de Elysium. Era un hombre difícil de olvidar. Tenía ese carácter que pocas veces se ve en los hombres de ahora...]
– ¿Y como es eso? – pregunto el joven piloto, sinceramente intrigado.
– [Rebosaba confianza, seguridad, inclusive era carismático, y no tenia miedo en demostrarlo. Además tenía una gran rectitud, que seguía al pie de la letra, como un código. Era esa actitud de caballero errante... ayudando a las personas y sacrificándose para que los demás no tuvieran que hacerlo...]
Esa conversación había intrigado a Jack.
"No sueñes Jack Baker, los caballeros errantes de la antigüedad son un anacronismo. Tu eres un militar y debes seguir ordenes. No hay espacio en ellas para la rectitud moral o el idealismo..."
Eso era lo que su consciencia, tomando la forma de la pragmática rubia Karen Penn, le decía. Nadie como tu consciencia para hacer comentarios no exentos de sorna. Saco ese pensamiento de su mente.
Quizá tuviera razón, quizá en el fondo era solo un soldado que se creía un idealista. O quizá era un idealista que se había vuelto un pragmático buen soldado. En cualquier caso no lo consideraba un defecto. Su máximo superior, el Almirante Hunter, era un idealista como pocos. Fue su rectitud lo que lo enfrentó al General Edwards y los catapultó a una dolorosa guerra interna.
Fue esa rectitud la que le dio fuerzas cuando las cosas se ponían difíciles. Y esa misma cualidad fue la que le permitió ganar sin sacrificar su propia integridad. Ella no minaba su capacidad de mando de ningún modo. A pesar de lo difícil de su posición y de la ambigüedad moral de las circunstancias en las que se vio involucrado, la flota confiaba en él incondicionalmente.
Los había llevado a ganar una pequeña victoria el día de hoy. Habían sobrevivido a sus enemigos, salido indemnes de una transposición que los había llevado a un nuevo universo, y bajo su mandato habían rescatado humanos de la opresión de otros malintencionados seres sapientes...
Si. El Almirante era un idealista y a la vez un buen soldado, y la guerra nunca acaba para los buenos soldados.
Pero solo los buenos soldados son capaces de acabar con todas las guerras...
Segundo capitulo revisado y listo. Sigo esperando de sus comentarios -y probablemente me haré viejo antes de recibirlos-.
