Robotech y sus personajes son una propiedad de Harmony Gold USA Inc., Mass Effect y sus personajes son propiedad de Bioware. No se obtiene beneficio económico alguno de esta historia.
Me disculpo por tomar tanto tiempo para actualizar esta historia. La vida es una ocurrencia que suele robar mucho tiempo...
Gracias a JC (lector de la versión en inglés), por hacerme notar que el año correcto de Mass Effect es 2183, no 2187. Corregido ¡gracias JC!
If you want to read this story in English, please check "Shadows of the Reapers" in the same section: Crossovers: Robotech-Mass Effect.
Capitulo Dos:
Rumbo al pináculo del mundo.
Sistema Antaeus, Cúmulo Hades Gamma
(antes Nebulosa Cangrejo),
Sistemas Terminus
Karen Penn se tiró a la cama de su habitación y se relajó profundamente, su cabello rubio flotando sobre la superficie del mueble, como si estuviera bajo el agua. Agradeció en secreto que su turno hubiera terminado ya. Mientras Adelle, la otra controladora de vuelo, estaba de guardia, ella podría dormir. Las regulaciones de la FER decían que los cubículos debían ser compartidos, especialmente cuando se trata de personal de baja graduación, pero ella no tenía que someterse a esa orden. Además, en una nave con capacidad para llevar al menos seis mil personas, los oficiales podían darse el lujo de tener cuartos privados...
"Ventajas de rango", suponía.
Su mente repasaba las cosas que habían acontecido en las últimas horas. Primero la llegada de la nave "alienígena", que resulto no ser tan alienígena. Recordó el momento con absoluta claridad:
Los tres cazas Legioss aterrizaron en la cubierta de reparación de la nave, en el ala este de proa. El pequeño velero que traían era el doble de grande que sus remolques, sin embargo tenía un diseño particular, modular, muy... humano, por decirlo de algún modo. Los tres Veritechs habían pasado a modo Battleloid y hecho varias maniobras, ayudados por otros destroids, para acomodar gentilmente la nave extranjera en la cubierta.
Karen esperaba nerviosa, a la izquierda del grupo de bienvenida: "No se conocen personas de otras dimensiones todos los días", pensaba, mientras escudriñaba a los caracteres a su alrededor. Un destacamento de infantes de marina en armadura CVR-3 y armados con rifles Gallant, se formaron frente a la nave. Las armas estaban cargadas y preparadas pero las ordenes de los oficiales eran de no demostrar ninguna hostilidad hacia los recién llegados.
Junto a ella, con una expresión férrea, estaba el Almirante Hunter y su esposa Lisa, quienes vestían sus mejores galas. Ella llevaba un cabestrillo ligero en el brazo izquierdo. Se había hecho atender sus lesiones después de la maniobra de emergencia, pero los médicos habían determinado que no tenía ningún padecimiento de suma importancia y le habían recetado solo una ayuda ortopédica y analgésicos.
La derecha de Lisa estaba flanqueada por el Dr. Lang, con su bata blanca y las insignias de Jefe Científico engarzadas en el lado izquierdo de su pecho. Siendo uno de los pocos civiles de gran importancia en la expedición, además de ser "efectivamente" el padre de la Robotecnología, los soldados lo trataban con gran deferencia. La Coronel Dana Sterling estaba también a su lado. Había sido nombrada Jefa del Contingente Terrestre del SDF-3 en ausencia de los oficiales de infantería que habían partido con la expedición de reclamación de la Tierra. El semblante de la rubia de pelo corto era de una curiosidad un tanto infantil, mientras que el del científico era de un interés contenido.
Los Sterling y Jack Baker ya habían bajado de sus cazas y se acercaron a la nave, golpeando ligeramente el casco, para dar la señal de salida a los invitados. La escotilla de salida dejo escapar un silbido, igualando la presión de ambas atmósferas. Cuando el proceso terminó, la gruesa lamina de materiales compuestos que funcionaba de puerta se retiró, dando paso a tres figuras. Al frente iba una mujer pequeña, mas bien baja de estatura, de buena figura y largo cabello rojizo y un poco alborotado, que se movía con la presencia inequívoca de un oficial de mando. Atrás de ella dos varones, un caucásico de cabello rubio muy claro al hombro, perfectamente acicalado, que sin embargo mostraba una severa contusión en su rostro, como el moretón dejado por la culata de un arma. Era quizá veinte centímetros mas alto que la pelirroja, pero no tenía la misma aura de confianza que ella irradiaba. El tercer hombre era un asiático, mas alto que ambos, con un físico delgado, pero acerado por -probablemente- años de trabajo duro. Llamaba la atención su cabeza calva y su rostro que tenía un pequeño y fino bigote estilo Fu-Manchu, enmarcando una insinuación de barba cerrada.
"Quizás resultado de una mezcla racial diversa", un grupo interesante sin duda.
Los dos hombres iban ataviados en camisetas negras, con chalecos de algo parecido al cuero sintético, de color anaranjado. Sus pantalones eran gruesos y cortos, con plétora de bolsillos y cintos que podían contener herramientas. Bajo ellos y subiendo hasta la rodilla, venían botas gruesas y resistentes, reforzadas en las coyunturas, de diseño mas bien utilitario. La ropa tendía a disimular el físico impresionante de ambos hombres, pero parecía ciertamente cómoda. La tendencia a la vestimenta confortable era una constante sin importar la galaxia donde se estuviera. La mujer pelirroja sin embargo llevaba una especie de vestido de lycra de una sola pieza que le llegaba hasta el cuello, en colores gris acero y blanco en la parte superior, divididos ambos colores sólidos, por una tenue linea roja que corría por el lado izquierdo de su cuerpo, delineando suavemente su silueta. En su mano izquierda brillaba lo que parecía una especie de guantelete holográfico que resaltaba sobre su ropa. Unos segundos después la pieza de tecnología se desvaneció y solo quedó su mano enguantada. Los oficiales de mando del grupo de soldados voltearon a verse entre sí y después a la Mayor Sterling, quien no dijo absolutamente nada. Sus ordenes seguían en pie.
– Tecnología holográfica... ¡sehr interessant! – oyó musitar al viejo doctor en voz baja.
El grupo se acercó hacia ellos, con Max Sterling haciendo de intermediario:
– Almirante, le presento a la Capitana Jennifer Sparks, de la MSV Destino. – proclamó el maduro piloto en su tono mas conciliador:
– Capitana: El Almirante Hunter de la Fuerza Expedicionaria Robotech y su esposa, la embajadora Lisa Hayes-Hunter...
La cara de la mujer llamada Sparks era de sorpresa bien disimulada. No parecía impresionada por el destacamento, pero si Karen hubiera apostado, diría que era la tecnología de la nave y sus dimensiones los que la tenían maravillada. Su compañero asiático formaba una especie de "o" muda en su rostro mientras miraba a todos lados y el otro varón no dejaba de admirar los artilugios tecnológicos. Ella sin embargo se repuso rápidamente de la sorpresa inicial:
– ¡Un gusto conocerlo Almirante Hunter!, ¡Embajadora Hayes!... – extendió su mano a ambos dignatarios, quienes la estrecharon fuertemente. Si Rick había notado la fuerza inusual de la mujer, no dijo nada –...debemos agradecerles por rescatarnos de esos mercenarios. Sin la colaboración de sus hombres ya estaríamos de camino a los Sistemas Terminus para ser vendidos como esclavos...
– No hay nada que agradecer Capitana. Captamos su mensaje de auxilio y estábamos cerca para ayudar, – mencionó Rick con voz tranquila y enseguida agregó:
– Entiendo que su tripulación requiere atención medica...
– Sí. Los oficiales Huxley, Cho Li y una servidora... – señaló a sus compañeros, que se despabilaron y extendieron sus manos saludando a los presentes – ...estamos en mejores condiciones que el resto. Atendimos a nuestros heridos mas críticos en la enfermería de la nave, pero aún así... – lanzo un leve suspiro – ...el medigel tiene sus limitaciones.
La cara de Rick se curvó en una mueca de incomprensión que fue imperceptiblemente sustituida por una de mas serenidad. Lisa Hayes si vio esa mueca y se adelantó a la replica:
– Entiendo. Nuestras instalaciones medicas están disponibles para ustedes si hay la necesidad, así como la ayuda técnica y de materiales que podamos darles para reparar su nave. Mientras tanto podría sugerir una visita guiada por la nuestra, como gesto de buena voluntad. Si alguien de su tripulación quiere descansar, tenemos alojamiento de sobra...
– En nombre de mi tripulación, se lo agradezco. Ciertamente me gustaría ver su nave, no siempre se puede ver un acorazado tan de cerca. Yo nunca estuve en uno de ellos en mis tiempos de soldado de la Alianza...
– ¿Entonces usted fue soldado?
– Así es. Fui Jefa de Artillería en el Ejercito de la Alianza antes de retirarme hace poco mas de dos años. Conozco suficiente de procedimientos para entender que si no quieren mostrarme algunas partes por razones de secreto, respetaré esa decisión.
– No hablemos de prohibiciones por el momento capitana. Permitame presentar al resto de la plantilla de mando. Ya conoce a los Comandantes Sterling y al Teniente Comandante Baker, quien es Jefe del Grupo Aéreo de la nave... – Rick señaló a Max y a Miriya, quienes tenían sus cascos en las manos, permaneciendo cerca de Dana, quien parecía un poco incomoda con su presencia. Jenny volteó a ver a Jack, dándole una penetrante ojeada de arriba a abajo y este no pudo menos que sentir que lo estaban desnudando con la mirada. Karen se agitó en su lugar, un poco incomoda.
– ...El Dr. Emil Lang, Jefe Científico de la nave... – el ya maduro y barbado doctor dio un paso adelante y saludo a la mujer, tratando de mantener su curiosidad reprimida – … la Coronel Dana Sterling, Jefa del Contingente Terrestre... – la rubia de cabello corto agradeció la intervención del oficial para alejarse de sus padres y después de intercalar un saludo formal con la pelirroja se retiró hacia atrás, junto a los soldados y lejos del disimulado rostro de consternación de sus progenitores:
– ...Y nuestra oficial de control aéreo: Teniente Comandante Karen Penn. – Ambas mujeres cruzaron miradas. Karen mantuvo fija su vista en los ojos color miel de la pequeña oficial, sin embargo, no pudo evitar desviar su mirada hacia Jack unos segundos. La mujer se dio cuenta del gesto y sonrió ligeramente. A pesar del respetuoso apretón de manos, ya se había creado una cierta animosidad entre ellas...
Una vez cumplido el protocolo, Rick informó al Dr. Salazar, el Jefe de Medicina, que ayudara a los colonos en la medida de lo posible. Jenny ordenó al oficial Huxley que fuera a atenderse y ayudara a los médicos en la medida de lo posible. Después de eso partieron a ver la nave.
La rubia Karen se relajó visiblemente, su mente saliendo de esa vivida escena y regresando a las cosas a su alrededor. Mientras se sumía en el bendito olvido del sueño, pensó que todo parecía haber salido muy bien en su primer contacto con otros humanos...
La Capitana Sparks no estaban tan segura de que todo hubiera salido bien...
En las tres horas posteriores a su llegada, Jenny había visto lo suficiente para entender que, quienes fueran sus anfitriones, no provenían del mismo lugar que ella suponía. Al terminar el recorrido diplomático, Lisa guió a la pelirroja y a su acompañante a la Sala de Operaciones, donde les fueron ofrecidos unos refrigerios ligeros y se les permitió comer sin interrupciones, demostrándole además que sus compañeros estaban recibiendo atenciones similares. Cuando terminaron, Lisa y Rick se sentaron frente a ellos, con expresiones de seriedad. La delgada mujer adivinó que el momento de las explicaciones había llegado:
– Es hora de hablar de porque los hemos traído aquí, Capitana. – habló la diplomática, de su modo más cordial.
– Bueno... ¡si se trata de engordarme para después comerme, como en los viejos vids de extraterrestres, me temo que este aperitivo no es suficiente!. – bromeo ella para romper la solemnidad. Cho Li solo agitó la cabeza, entornando sus ojos como quien oye un comentario impropio.
Ambos Hunter sonrieron aliviados. Parecía que las caras serias no habían hecho mella en el animo de la esbelta comandante:
– No, definitivamente no es esa nuestra intención. Pero es claro que hay cosas que querrán preguntarnos. Se aprecia en su rostro y en el de su compañero – mencionó Lisa tranquilamente.
– Cierto... Pueden empezar por decirme quienes son ustedes realmente. La Alianza de Sistemas Humanos tiene acorazados ciertamente, pero no son tan grandes como esta nave, los uniformes y rangos no concuerdan, su tecnología es... – se detuvo un momento y aspiró fuertemente – ...algo que jamás había visto. Cierto es que solo fui soldado durante diez años, pero cualquier persona con cinco centavos de cerebro puede darse cuenta de que ustedes no son de la milicia terrestre... – dijo y se agitó incomoda en su silla. Cho-Li volteo a verla, sorprendido de lo abrupto de sus declaraciones:
– Son humanos... – continuo sin reparar en el reproche no mencionado de su compañero – ...al menos eso puedo decirlo con certeza. Sus comportamientos y rutinas son similares: Sus reclutas aún se duermen a veces en sus puestos, sus oficiales aún nos miran con ceños fruncidos y miradas de preocupación, aún tienden a despotricar contra el Primer Oficial a sus espaldas. Todo eso es muy humano, pero su tecnología no lo es...
– Tiene razón Capitana Sparks. No provenimos de la Alianza Humana... me temo que ni siquiera venimos de la "Tierra"... Al menos de la que usted conoce como la "Tierra". Me temo que el problema de explicar de donde venimos no tiene una manera "diplomática" de expresarse, así que mejor lo diré de una vez: Venimos de otra dimensión.
Lisa no continuó, dejando que los oficiales frente a ella digirieran la información que acababan de recibir. Cho Li se puso en pie rápidamente, lívido. Estaba enfilandose hacia puerta, cuando Jenny lo llamo con voz imperiosa:
– ¡Cho!, siéntate por favor... – ni siquiera volteo a verlo. Tenía las manos entrelazadas y el visaje adusto, en un gesto que tanto a Rick como a Lisa les pareció familiar.
– ¡Jennifer, por Dios!...
– Cho, sientate por favor... – su tono de voz permanecía tranquilo, sin embargo había urgencia de mando en él. Rick recordó de pronto y no pudo menos que impresionarse un poco. Esta pequeña mujer le había traído a la memoria a su viejo amigo y superior, el difunto Almirante Gloval.
El asiático dio la vuelta y regresó a su lugar. Ella volvió a su gesto tranquilo, sin descruzar las manos:
– Realmente... no creo que hayan aparecido de la nada en medio de los Sistemas Terminus para salvarnos, y luego gastarnos una broma tan pesada como esta. Sin embargo lo que usted, señora Hayes, me esta diciendo, es algo bastante insólito. No se ofenda pero... ¿como se yo que esto no es un montaje?, ¿como se que no son piratas con novedosos juguetes tecnológicos, conspirando para quedarse con mis propiedades, por humildes que estas sean?
La cara de Rick se altero visiblemente. Sin duda el comentario de la pelirroja le había ofendido. Estaba a punto de responder de mala manera, pero Lisa ya había previsto eso:
– Entiendo que sea reticente a creer nuestra historia, Capitana. En su lugar yo los hubiera tomado por locos. Verá... no estamos seguros de como pasó, pero el Dr. Lang cree que nuestro modo de viaje MRL, nuestro sistema de "transposición", reaccionó a un campo gravitatorio masivo, como el de un planeta o un agujero negro, y en lugar de llevarnos a nuestro destino nos trajo aquí. Donde quiera que esto sea... – la mujer se acercó a su marido.
Lisa sabía que esas frases no iban a calmar el animo encendido del viejo piloto, pero rogaba que fueran suficientes para contenerlo unos indispensables momentos, necesarios para que la mujer frente a ella cayera en la cuenta de la situación. La diplomática que había dentro de sí, le decía que el camino por el que estaban transitando ya era muy estrecho como para permitir que se adelgazara todavía mas con la presión de la injuria.
– ¡Los reactores de efecto de masa no interaccionan negativamente con...! – alegó Cho Li, casi atragantándose con las palabras
– ...los campos gravitatorios. Lo se Cho. Pero ellos, por si no te diste cuenta, no manejan la misma tecnología que nosotros. – Jenny lo interrumpió inmediatamente. Lisa no podía dejar de apreciar la calma con la que la mujer estaba tomándose la situación.
– Tiene usted razón, Capitana. Esta nave trabaja con dos reactores Reflex Mark IV de protocultura. En caso de una falla o emergencia tiene ocho reactores de fusión en miniatura adicionales para mantener los sistemas funcionando – aclaró Rick con voz controlada para no mostrar ningún rencor.
Jenny alzo una ceja. ¿Ocho reactores nucleares?. Sin duda lo que fuera esa protocultura era un recurso poderoso. Los reactores de efecto de masa solo equiparaban tres veces la potencia de un reactor nuclear de torio. Si eso era cierto, la capacidad de velocidad, carga y rango de la nave era mucho mayor que los de cualquier transporte de la Alianza.
"¡Maldición!, ¡es mayor que el de cualquier nave de todas las razas conocidas!".
Ese monstruo podía contener en su cubierta de aterrizaje un grupo de fragatas de la Alianza con espacio de sobra entre ellas, para grupos enteros de mantenimiento. Su capacidad de fuego, reflejada en el numero de emplazamientos de torretas defensivas y contingente de cazas para operaciones, era mayor que lo que los turianos y asari solían desplegar en sus acorazados. Si el cañón principal era tan poderoso como le insinuaban, esa nave podría hacer ver a la "Ascensión del Destino", la nave de linea mas grande de la Flota de la Ciudadela, como un mero juguete.
Esta nave se bastaría sola para poner en jaque a la Flota de la Ciudadela completa. El mero pensamiento hacía que su cabeza diera vueltas:
– ¡Esta es una nave de combate muy poderosa!. Suponiendo que digan la verdad... ¿que o a quién estaban combatiendo, que era necesario tanto poder? – pregunto levantándose de su asiento. Lisa temió lo peor.
Rick volteo a ver a su esposa, sosteniendo sus miradas por unos segundos, como si trataran de relevarse el uno al otro de una carga muy pesada, sin conseguirlo. Finalmente, después de unos segundos que parecieron horas, Rick se levantó también y caminó hacia el proyector de la sala. Unas cuantas instrucciones en el teclado y después dijo:
– Observe bien Capitana Sparks. No se hasta que punto la historia de la Tierra como usted la conoce sea la misma, pero de lo que estoy casi seguro es que ustedes nunca tuvieron que lidiar con cosas así...
El tono del Almirante era el de un hombre cansado. Jenny se preguntaba si sería solo un efecto dramático o de veras existía esa carga pesada sobre los hombros de ese adulto encanecido, cuyo rostro marcado por una profunda cicatriz en su mejilla derecha, estaba llenándose de arrugas a un ritmo increíble. A una orden suya, la chica desvió su mirada hacia la pantalla. Las imágenes en ella la dejaron sin aliento.
Rick le contó, apoyado por el video almacenado en las computadoras de la nave, la odisea de la humanidad desde el inicio de las Guerras Robotech. Con su entereza conteniendo a duras penas el horror, se enteró de la caída de la nave fortaleza de Zor en la Tierra, de las batallas de la Guerra de la Unificación, de la llegada de los Zentraedi y su guerra contra los humanos, una que redujo la civilización casi a cenizas, matando el setenta por ciento de la vida del planeta y convirtiendo gigantescas y extensas áreas de tierra en yermos desiertos.
Mientras el oficial Cho-Li se llevaba las manos a la cara, como queriendo escudarse de fantasmas vengativos, y ella tratando de permanecer impasible, sin conseguirlo realmente, se enteraron de la expedición Pionero, y del viaje del SDF-3 al sistema Valivarre, para tratar de evitar una segunda guerra interestelar, que no pudieron detener, cuando se enteraron de que los Maestros de la Robotecnia, amos de los Zentraedi, viajaban a su vez al planeta madre, para recuperar la nave que sus esclavos no habían podido. Se desató una nueva conflagración que devastó el planeta otra vez, y que los humanos ganaron por muy poco. Las fotografías, video e información de ese evento llegaron con Dana Sterling y su grupo, que viajaron a alcanzar a la Expedición, en los meses posteriores a la destrucción de la matriz de protocultura que era el motivo central de la disputa entre ambos bandos, liberando la parásita Flor de la Vida en la Tierra.
Con contenida angustia, ambos se enteraron de como, mientras el planeta era invadido de nuevo, la misión Pionero se vio obligada a luchar por su vida, cuando los Invid, quienes se encontraban en conflicto con los Maestros y asolaban su planeta natal, Tirol, cayeron en cuenta de su existencia. El enfrentamiento hubiera resultado desastroso, de no haber sido por los Centinelas, aliados alienígenas quienes los ayudaron en todo momento.
Cuando el Invid detecto la presencia de la Flor de la Vida, el cisma en sus fuerzas dio pie a que la mitad del ejercito conquistador se ausentara del sistema Valivarre. Aún con sus ejércitos reducidos, los invasores fueron suficientemente fuertes para derrotar al Ejercito de la Cruz del Sur, que había defendido la Tierra contra los Maestros, y cuyos recursos estaban agotados, sin esperanzas de contenerlos...
La Tierra fue dominada una tercera vez y la humanidad reducida a una serie de grupos que desconfiaban unos de otros, sumidos en un feudalismo rayano en la anarquía, apartándose lejos de los Invid -y algunos de ellos colaborando con los invasores-. La Expedición Pionero organizó dos misiones de reconquista, solo para fracasar de manera miserable cada vez, merced del incontable número y ferocidad de sus enemigos. La desesperanza llego a tal grado, que algunos elementos de la expedición se aliaron al enemigo, llevándolos a una sangrienta lucha interna, que había terminado hacía poco.
En total casi cincuenta años de guerra habían pasado ante sus ojos en poco más de diez minutos.
Cho Li quería sumirse en el agujero mas profundo que pudiera encontrar y no salir de ahí jamás. Jennifer Sparks no quería mostrar las lágrimas que adornaban sus mejillas, pero sus esfuerzos estaban destinados a fracasar inexorablemente. Cuando Rick terminó, ella retiró a toda prisa las perlas de dolor que rodaban por sus mejillas. Pero la ultima sorpresa vino después, cuando el Almirante dio una orden por su comunicador personal y el Dr. Lang penetró en la habitación.
Llevaba en las manos un contenedor cilíndrico que contenía un trío de flores similares a las orquídeas, de color rosado claro, con una estructura de pétalos largos y estilizados, como campanas alargadas. Despedían un brillo muy particular, de un fulgor rosa que se podía notar a pesar de la intensa luz del cuarto. Cuando la Capitana estiró la mano intentando tocarlas, los tallos secundarios de una de las flores se enroscaron delicadamente en su palma. Cho se acercó con cautela, mientras que Jenny levantó la flor hacia su vista. La planta estaba enroscada en su extremidad, pero no la apretaba sino que suavemente reposaba en ella, y parecía ondular al ritmo de los latidos de su corazón.
– Esta es la Flor de la Vida de los Invid, que los Maestros de la Robotecnia robaron y cuya posesión causo las guerras de las que le hemos hablado... – aclaró Lisa en un tono de voz ominoso – Procesada correctamente es capaz de proveer una energía increíble...
Jenny ya no dijo nada. La voz de la diplomática se estaba apagando rápidamente. Mientras veía a la criatura-flor, como hipnotizada, su mente captó un pensamiento. Imágenes llegaron a ella:
Veía un planeta jardín, bello en su vastedad, en el que las formas de vida diversas y hermosas, departían en armonía. La forma de una mujer madura, cuyo rostro delicado le recordaba el aspecto de una madre, severa, pero siempre devota de su familia, la llamaba a colocarse a su lado. Ella fue sustituida casi enseguida por las siluetas de tres hombres ancianos, no doblados por la edad, sino erguidos en una postura que demostraba orgullo y poder. Luego todo cambió a su alrededor, y mientras las siluetas veían desde lejos, en las estrellas, todo se inundó de fuego. El final de dicho mundo descendió, de manos de una raza de gigantescos seres que empuñaban armas de mortífera destrucción.
A todo ellos se sobrepuso el rostro de un hombre joven, cuyo cabello largo, crespo y de un tono violáceo, reflejaba confianza a la vez que un profundo conocimiento, rivalizado solo por una melancolía sin par. Y tras de él, en el reflejo de sus ojos, la silueta inconfundible del tercer planeta del sistema solar, la Tierra en toda su belleza y esplendor...
Cho y Lisa trataron de despertar a la capitana, pero esta no respondía a sus llamados. La Flor de la Vida aún oscilaba frente a ella, moviéndose lentamente. Jenny reaccionó un momento después, una mueca de conmoción en su joven rostro. Dejó la flor con sumo cuidado en el contenedor y enseguida pidió retirarse a sus habitaciones, para ponderar toda la información que habían recibido. Rick le aseguró que tan pronto su tripulación se encontrara recuperada podrían marcharse, si eso era lo que deseaban. Ellos les facilitarían materiales y apoyo técnico para reparar su nave.
Jenny lo agradeció todo y se retiró, controlando los temblores que recorrían su cuerpo. Enfiló rápidamente hacia el pequeño carguero y una vez ahí se encerró en su camarote. Se quitó apresuradamente sus ropas y herramientas, combatiendo una urgente sensación de asfixia y opresión en su pecho que no disminuía. Era como revivir el terror del Ataque Skiliano y la crueldad de Torfan, todo de golpe. La hacía pensar en las historias que su padre le había contado de la Guerra del Primer Contacto. Ella misma solía jugar en las ruinas de las ciudades destrozadas por las naves turianas...
Dejo todo encima de su cama y solo en su ropa interior corrió al baño de su cuarto y vomitó la comida que le habían ofrecido. Arcadas de dolor la acuciaron sin piedad, hasta que ya no pudo sacar nada mas que bilis de su organismo. Se lavó, limpió y refrescó la cara con el agua fría que llegaba a su habitación.
Regreso a su cama a duras penas, agobiada por el peso de las revelaciones que había recibido, y que no sabía interpretar en su totalidad. Se tendió en ella y trató de dormir sin mucho éxito. Las lágrimas derramadas por la historia destrozada y convulsa de la Humanidad que pululaba fuera de su nave, la acompañaron durante toda la noche.
Lisa Hayes-Hunter entro en el Club de Oficiales, ante los saludos de los guardias apostados en las puertas y otros mandos medios que estaban cerca de ella. Ya no era parte oficial de la milicia, habiendo renunciado para convertirse en embajadora ante los pueblos que conformaban a los Centinelas, pero la tripulación de la nave recordaba perfectamente que ella había sido la Almirante de la Expedición Pionero, antes que su esposo se convirtiera en el oficial de mayor rango. El demostrar respeto ante ella, como lo harían ante cualquier superior, era la manera de los tripulantes de expresar su respeto y cariño ante la aún joven mujer que los había liderado hasta hacía poco tiempo.
Agradeció el gesto con una sonrisa y caminó por el área reservada, bordeando las mesas, mientras veía a los oficiales charlar entre sí, varios de ellos con gesto adusto. La voz de una mujer que le era muy familiar corto el rumor sordo del lugar. Alguien había puesto una grabación de esas melosas canciones de Linn Minmei, que eran tan comunes en la flota.
Hizo un mohín de disgusto, lamentando internamente la selección musical, pero no dedico mas esfuerzo que ese a ignorarla. El momento del rencor hacia la cantante había quedado atrás, inclusive llego a haber días en que fueron buenas amigas. Pero hacía mucho tiempo ya que Lisa no la consideraba una rival. La ex-almirante era una mujer segura de sí, voz de razón en la flota e igual de inteligencias estelares que habían compartido sus culturas con ella.
Por todo lo que podía representar, Minmei era solo un recuerdo un poco amargo...
Se acercó al área de reservados para el Alto Mando. Allí estaban Miriya y Max, en una mesa circular, estudiando esforzadamente una tableta de datos. Sin duda eran los reportes que el Dr. Salazar les había mandado acerca de los tripulantes de la MSV Destino. No habían tenido contacto con la Capitana Sparks desde su reveladora charla, hacía dos días, y le preocupaba que la actitud de horror que había notado en la muchacha al final de su entrevista, degenerara en hostilidad abierta:
– ¡Lisa!, ven aquí. ¿Como esta Rick? – la sonrisa perenne de Max y el gesto serio de su esposa la llamaron.
– Bien, Max. Se ha dedicado en cuerpo y alma a los aspectos técnicos de poner orden en esta nave, pero a veces creo que se excede...
– Deberías decirle que no se esfuerce de más. A veces percibo que la responsabilidad de ser Almirante lo agobia demasiado – dijo el veterano piloto, mientras cuchareaba una sopa humeante cuyo olor a ajo y cebolla le pareció muy apetitoso a la diplomática.
– En cierto modo lo hace, pero creo que se siente responsable por nuestra actual situación... ¡y ya sabes como se pone cuando lo ronda una de esas ideas! – mencionó ella levantándose y tomando una bandeja con cubiertos y un bol pequeño. Mientras pasaba por la barra, sirviéndose a su gusto, Miriya comentó:
– Debería ir a la galería de tiro y disparar un rato. ¡A mi me funciona! – la mueca burlona de la mujer de cabello verde hizo que Max arqueara la ceja.
– ¿Así que te dedicas a mantenerte siempre mortal, en esas noches en que no puedes dormir...? – preguntó el hombre en tono de sorna.
– A veces... a veces solo voy al gimnasio y hago ejercicio hasta que no puedo más. Ya me conoces... ¡siempre bella, siempre mortal! – la mujer Meltrandi sonrió con un encanto que Lisa le había visto adquirir con el paso del tiempo. Los tres rieron amistosamente.
– Los resultados de los tripulantes de la Destino son muy interesantes... – agregó, señalando los datos en su tableta:
– ...Son tan parecidos como lo eran nuestras razas cuando empezamos a mezclarnos. Pero hay marcadores genéticos en ellos, que corrigen defectos como el cáncer y enfermedades hereditarias, hay además modificaciones para aumentar un poco su fuerza y rendimiento...
– La Humanidad versión uno y medio. ¿Porque no descaradamente una versión dos? – preguntó Lisa, más para si misma que para sus compañeros.
– ¡Buena pregunta!... con ese nivel de dominio genético se podrían lograr cosas interesantes. No superhumanos, pero si gente mas fuerte y resistente. Recuerdo sin embargo que los Maestros de la Robotecnia, quienes tenían un dominio extremo de la genética, solo se decantaron por modificadores para exacerbar el control mental de sus clones. Exedore podría habernos aclarado la cuestión con mas exactitud... – comentó Miriya, pensativa.
Los tres recordaron a su compañero Zentraedi caído. Una mente tan educada e incisiva como la de Exedore Formo hubiera podido ayudarles bastante en esos momentos. Y aunque no hubiera sido útil, de todas maneras lo echaban de menos...
Quedaron en un silencio un poco incomodo, que duró unos segundos, hasta que Max se atrevió a romperlo:
– La modificación genética era muy conveniente para los Amos Robotech, según entiendo. Es mas fácil dominar a una población receptiva al condicionamiento mental, que a una que no lo está. Es un tópico interesante. – Max partió un pedazo del pan horneado que había sido servido como acompañamiento:
– ¿Oye Lisa, crees que los de la Destino vayan a ayudarnos? – cambió el tópico así de repente.
– No lo sé Max. No me gustó como terminó la reunión con la Capitana Sparks. A pesar de que insistí a Rick que no revelara esos datos, el daño esta hecho ya. Me temo que a estas alturas dependemos de lo que ella decida...
Uno de los oficiales se acercó a la mesa:
– Almirante Hayes, hay una comunicación urgente de la "Zona de Cuarentena" – así habían dado en llamar al área de cubierta donde estaba la nave carguero extranjera.
– Gracias, cabo... – las insignias en sus hombreras lo delataban como tal:
– ...aunque ahora solo soy Embajadora –
– ¡Perdone el atrevimiento señora... pero para nosotros siempre será Almirante!. ¿Puedo retirarme? – preguntó.
– Perdonado. Prosiga con su trabajo, cabo – dijo ella con el tono y sonrisa mas afectuosos que tenía. El oficial se cuadró, para después darse la vuelta y regresar a sus labores.
Ambos Sterling le sonrieron:
– El rebaño aún cuida de ti, aunque tu ya no cuides oficialmente de él – comentó Max.
– Lo que les agradezco de todo corazón... Los veré después. Vamos a ver si la Capitana Sparks ya tomó una decisión.
Lisa se le levanto para acercarse al enlace de video, donde el jefe de cubierta le reportó que la capitana había salido de la nave y deseaba hablar con ella y con el Almirante. Lisa acusó de recibido y partió con prisa.
Al salir del ascensor que llevaba a la cubierta, percibió que el rumor habitual de la cubierta no estaba presente. Probablemente su esposo había dado la orden de que los dejaran solos un momento. Encontró a Rick cerca de la nave, flanqueado por un soldado y atrás de ellos Sparks, Cho Li y Huxley, quien ya se veía mas repuesto:
– ¡Capitana!, ¡que gusto que haya decidido unirse a nosotros de nuevo! – mencionó, transpirando un real entusiasmo.
– Gracias Embajadora. Ya me he tomado mas tiempo del conveniente... - la mujer se acerco hacia ellos, lanzando un largo suspiro y hablando en una voz mas suave:
– Debo de expresarles mis sinceras condolencias por todo lo que han pasado. Considerando lo que se de mi gente, si mi Tierra hubiera sufrido lo que la suya pasó, quien sabe si nos hubiéramos levantado – la mirada de la chica demostraba una genuina tristeza.
– Se lo agradecemos Capitana. Es una suerte que no se le desea a nadie. ¿Quiere eso decir que nos ayudarán? – Lisa trato de encaminar la conversación hacia el punto que le interesaba.
– Aún tengo ciertas dudas acerca de mi "ayuda", pero creo en ese viejo adagio: "Nobleza obliga". Les prestare mi apoyo, ya que amablemente nos han auxiliado. Sin embargo me temo que la asistencia que puedo darles es mas bien limitada... – dijo mientras caminaba hacia su nave, con el grupo mirándola recargarse en el casco de su transporte y acariciándolo como si fuera una mascota dócil. Los técnicos de la FER habían hecho un buen trabajo, aunque solo fuera patente en el casco.
Después volteo hacia ellos:
– ...A pesar de todo, soy solo una sub-contratista que maneja una nave para una gran empresa, en una galaxia muy competida. Sin embargo los poderes formales de la galaxia podrían facilitarles mas recursos... – la pelirroja dejo entrever una amplia sonrisa.
– ¡No esperábamos menos de usted señorita Sparks!. ¿Quienes son esos poderes formales a los que usted se refiere? – preguntó Rick.
Ella se acercó de nuevo a los presentes, echando su rojo cabello ondulado hacia atrás:
– Cuando la Humanidad, quiero decir los humanos de esta dimensión, empezaron a viajar por las estrellas, se toparon con un grupo de extraterrestres que habían tomado asiento en una estación espacial gigantesca, una reliquia funcional de una raza antigua, que dominó la galaxia hasta hacía mas o menos cincuenta mil años. Se le conoce como La Ciudadela. Las razas que conforman el "Consejo", el organismo que detenta el poder, es portavoz de las decisiones de varios pueblos con respecto a temas de importancia capital en la galaxia. En la actualidad estamos en liga con ellos, y mucho del conocimiento técnico y científico de este universo esta en su poder. ¡Si hay alguien que puede ayudarlos, es el Consejo!.
– Entiendo su punto de vista Capitana, pero permítame preguntarle algo: ¿Porque nos está redirigiendo con una agrupación de extraterrestres, en lugar de llevarnos con su equivalente en la Tierra?, ¿por qué no negociar con la Alianza de Sistemas Humanos? – inquirió Rick, sintiendo curiosidad por el hecho de que la chica frente a él no pensaba en el gobierno de la Tierra como su primer recurso.
Jenny Sparks suspiró un momento. Cho y Huxley se miraron el uno al otro pero no dijeron nada. Lisa adivinaba que la razón que fuera, no solía discutirse a menudo.
– Tengo razones para creer que pedir ayuda a la Alianza de Sistemas puede ser peligroso y poco conveniente para ustedes... – mencionó en un tono de fría determinación. Lisa alzo una ceja. Lo que decía la capitana llamó su atención.
– ¿En que sentido? - Lisa robo la pregunta que el Almirante estaba por formular.
– Su tecnología es en algunos aspectos, mas avanzada que la nuestra. Y el hecho es, que puede caer en malas manos, que desgraciadamente se han vuelto muy comunes en la Alianza. Eso representaría una alteración tremenda del statu quo, y una posible amenaza para todos los seres sapientes, incluidos los humanos...
– Si se me permite la opinión Capitana, creo que se lo está tomando a la tremenda. ¡Los humanos no somos tan malos como parecemos! – intervino el rubio Huxley. Sparks volteo a verlo.
– Eso quiero creer yo también, Huxley. Pero es como si de pronto inventas un juguete peligroso y lo repartes entre todo el mundo. ¿Cuanto crees que tardaría la Humanidad en abusar de él?. En mi opinión, no mucho. ¡No pretendo ser responsable de las posibles malas consecuencias que pueda tener esa decisión!.
Lisa asintió sin decir nada. Imaginaba algo así. El hecho de crecer en una familia militar, que se había obsesionado por la supervivencia de la humanidad, era en si mismo una lección acerca de las múltiples virtudes, defectos y fallos de carácter de los seres humanos. Las imágenes de su padre, el finado Almirante Donald Hayes y el rostro del Supremo Comandante Anatole Leonard, quienes abogaban por la guerra en gran escala con los Zentraedi y los Maestros, le rondaron por la cabeza.
Había cosas que no cambiaban, sin importar en que galaxia se estuviera.
Jenny continuó:
– Miren: Entiendo que desconfíen de mi palabra. En otras circunstancias yo misma los llevaría con mi padre, que es un oficial de alto rango en la Tierra. Pero no estamos en los mejores términos, y a pesar de lo vago que puede resultar lo que les he dicho, creo actuar en su mejor interés al decirles que es mejor que se presenten con el Consejo. Hay mayores oportunidades y menor riesgo con ellos...
– Ese es un juicio de lo mas extraño Capitana. ¿Tiene algún motivo para desconfiar de los Altos Mandos de la Tierra? – preguntó Rick.
Jenny pasó algún tiempo explicando la manera en que la Alianza manejaba las cosas por aquellos lados. Su explicación parecía convincente hasta cierto punto, pero no dejo satisfecha del todo a Lisa. Cuando terminó, ambos Hunters se excusaron, prometiendo a la capitana volver con ella en cuanto hubieran tomado una decisión. Hablaron a solas acerca de ello durante media hora, haciendo conjeturas. Pronto llegaron a la conclusión de que había cosas que la chica pelirroja no les estaba contando, pero a esas alturas del partido, cualquier ayuda que pudieran ganar sería bienvenida. Tomarían la advertencia de Sparks con un grano de sal...
Cuando volvieron a la nave, Jenny estaba revisando los planos de la nave en su omniherramienta, verificando que las reparaciones se hubieran hecho de acuerdo a lo que ella había especificado. Volteo a verlos cuando ambos se presentaron de nuevo:
– Usted confió en nosotros y nosotros confiaremos en usted, Capitana. Sin embargo sabemos que no nos está contando todo. En algún momento tendrá que ponernos al tanto acerca de estas "malas manos" de las que usted hace mención en la Alianza – Lisa estrechó la mano de la mujer.
– ¡Lo haré señora Hayes, lo prometo!. ¡No espero que me crean tan solo por que yo lo digo!. Pero al momento no tengo pruebas que puedan asentar la veracidad de lo que les digo. Sin embargo tengo un pequeño departamento en la Ciudadela, donde hay documentación que podemos verificar para apoyar mi caso... – comentó la pelirroja, sintiéndose mas comprometida que nunca.
– ¡Entonces que así sea!. Llegaremos a esta Ciudadela y entonces juzgaremos. Mientras tanto sea bienvenida a bordo de nuevo – dijo el Almirante, estrechando las manos de la chica.
Rick Hunter terminó su revisión diaria de la nave y se dirigió al Puente, trotando ligeramente por los pasillos. Había estado supervisando las reparaciones del SDF-3 durante los últimos quince días y había llegado a la conclusión de que, haber hecho contacto con los humanos de este universo había levantado la moral de ambas tripulaciones. Estaban haciendo progresos con los trabajos muy rápidamente, pero el Dr. Lang aseguraba que no era posible subsanar todas las fallas estructurales del casco de la gigantesca nave, y mencionaba con especial énfasis que había componentes electrónicos especiales para los cuales no tenían los recursos materiales adecuados, aunque tuvieran las facilidades para manufacturarlos.
Los sistemas de navegación sub-luz y transposición ya eran funcionales, pero la nave estaba severamente limitada en su capacidad de ataque y defensa. A pesar de que la barrera omnidireccional aún trabajaba a un respetable sesenta por ciento de capacidad, uno de los dos sincrocañones que constituían su arma principal no estaba operativo todavía, a consecuencia de la carencia de esos componentes especiales de los que hablaba el científico.
Jenny Sparks le había asegurado que había un gran abasto de materias primas en la Ciudadela, y confiaba plenamente en que los recursos que les fueran necesarios, podría encontrarlos allí. La Teniente Comandante Penn había sido seleccionada para servir de enlace con los otros humanos, mientras que el Tercer Oficial de la "Destino", el asiático Cho Li, fungía como su contraparte.
El resultado era que los dos grupos habían empezando a integrarse de manera lenta, pero segura. Se había establecido una convivencia amistosa con el grupo de la capitana, quienes les habían enseñado las diferencias de percepción de este nuevo universo, mientras los técnicos de la FER ayudaban a reparar su vehículo. Aún tenían las ocasionales peleas y malentendidos, y en varios casos había que consultar a los oficiales de enlace acerca de cuestiones que se insinuaba, podían afectar a la compañía para la que trabajaban, pero en general Lisa comentaba que la integración estaba llevándose a cabo sin problemas. Fue aún más rápida cuando Jenny decidió, en asamblea conjunta, que después del fiasco de Trebin, iban a dejar de trabajar para dicha compañía.
Los oficiales de Inteligencia habían pasado gran cantidad de horas estudiando las tomas de video que los Sterling habían traído cuando rescataron la Destino. En algún momento la capitana fue requerida, debido a su extenso bagaje militar, para ser consultada acerca de ciertas cuestiones con los alienigenas.
Rick había devorado con avidez los reportes de los oficiales enlace, sobre todo los de Medicina e Ingeniería. Ya podía oír del medigel sin que pareciera que le hablaban en alguna lengua extraterrestre. También sabía ya como trabajaba una omniherramienta, y ni hablar del extenso reporte de Ciencia, acerca de los primeros estudios del llamado "elemento cero" y los reactores de efecto de masa. El jefe científico hacía una serie de comparaciones preliminares con sus propios sistemas Reflex y concluía que podían servir como reactores de repuesto, aunque no muy eficientes. Pero podían permitir otras funciones que podían mejorar las cosas en el diseño de naves. Adaptar semejantes sistemas al SDF-3 sin embargo, no estaba dentro de sus planes a corto plazo.
Al igual que Lisa, su interés estaba mas enfocado al ámbito social, -la tecnología era el fuerte del Dr. Lang después de todo-.
Había estudiado más acerca del progreso de la humanidad después del año 2010. Lisa y sus ayudantes habían charlado en extensión con el oficial Huxley y la oficial de comunicaciones Velázquez, quienes tenían el mayor conocimiento de la historia de la humanidad. Sus crónicas eran de lo más fascinantes: Oír de como los hombres habían conseguido no matarse entre ellos y formar una coalición para explorar las estrellas, era un pensamiento de lo más reconfortante. La convivencia con los alienígenas también le interesaba, y a pesar de que la tripulación de la Destino era cien por ciento humana, había estudiado los registros de las nuevas especies que les esperaban en dicho universo, usando todo aquello a lo que podía acceder, dada la poca información general que la nave poseía.
También habían descubierto que la escala temporal no era exactamente la misma. Para los habitantes de ese universo, el año terrestre era el 2183, no el 2044 de su universo natal.
Diferencias como esas y algunas otras habían hecho rascarse la cabeza al Dr. Lang mas de una vez, y en compañía de los científicos de la nave, trataba de averiguar los engranajes de esa nueva realidad que los rodeaba. Poco a poco la mente inquisitiva del viejo robotecnologista empezaba a unir las piezas, pero aún era pronto para encontrar la respuesta a la pregunta de como volver a casa, si es que Vince Grant había avisado a la flota a tiempo y aun había una casa a la cual volver...
Ahora, mientras dejaba atrás los pasillos y penetraba en la sala de mando, para realizar una nueva maniobra de transposición, se preguntaba si alguna vez habría siquiera imaginado la extraña situación en la que estaban.
Habían optado primeramente, por viajar a través de los sistemas de relés de masa hacia la nebulosa Widow. Pero cuando la nave se acercó a la enorme estructura -que definitivamente dejó boquiabierto a mas de uno-, descubrieron con singular desconcierto, que los sistemas de activación de ese impulsor interestelar en forma de "tenedor gigante", no estaban respondiendo a su presencia -y el buen doctor ya no veía la hora de hacer pruebas y aprender mas sobre ese fascinante sistema de transporte, pero en esos momento no había datos útiles de los cuales sacar partido-.
Tras casi una hora de deliberaciones e ideas, Lang sugirió que se mandara a la Destino por delante, siendo que los sistemas del relé de masa la estaban reconociendo después de todo. Se pensó en echar mano de las cartas estelares de la nave carguero, pero las computadoras de navegación estaban parcialmente dañadas. Hacer las reparaciones y posteriormente las conversiones adecuadas entre ambos sistemas era un proceso muy tardado. Sin embargo Huxley, que había pasado gran parte de su vida navegando entre las estrellas, estaba seguro de poder llevarlos hasta el relé de masa de Exodus. De ahí podrían saltar al de Arcturus, de ahí a algún otro relé intermedio y luego conectar a la nebulosa Widow.
La nave partiría con un juego de balizas localizadoras. Al llegar a las cercanías de los relés, lo único que tendrían que hacer era posicionar los aparatos y encenderlos -"como si fuera el rastro de migajas de Hansel y Gretel", había dicho- y ellos ubicarían la señal con sus sensores de largo alcance, obteniendo coordenadas precisas de hacia adonde hacer el desdoblamiento.
El personal técnico trabajó en los artilugios por unas horas, haciendo pruebas para determinar que se pudieran detectar las señales. Cuando el anciano doctor estuvo satisfecho, se entregaron a Jenny Sparks.
Hacía tres días que la Capitana se había marchado ya. Si sus cálculos eran correctos Jenny habría llegado a la Ciudadela haría por lo menos dos días. Ellos estaban en su cuarto salto ya y el plazo para usar el sistema de transposición de nuevo, sin provocar una falla catastrófica, estaba por cumplirse.
– Reporte de estado – inquirió calmadamente a Adelle, la castaña controladora sustituta de vuelo, mientras iba a sentarse a la silla de mando.
– Señor: La Teniente Comandante Penn viene de camino hacia acá con el Oficial Cho Li. Revisaron las últimas consideraciones antes de saltar al sistema Widow. Además Ingeniería reporta que el sistema de transposición esta listo para ser usado de nuevo. El Grupo Aéreo esta listo para ser desplegado a su orden. El Grupo Terrestre y todas las otras cubiertas se reportan en estado de alerta y esperan sus ordenes en la eventualidad de una situación hostil.
– ¿La embajadora Hayes y los Comandantes Sterling?
– ¡Aquí estamos Rick! – la voz de sus amigos le llego desde atrás, con el sonido de la puerta abriéndose.
– Entonces solo faltan nuestros oficiales enlace – el viejo piloto estaba impacientándose un poco.
La puerta volvió a abrirse y la rubia Penn y el bronceado asiático Cho entraron a toda prisa:
– ¡Oficiales de enlace Penn y Li reportándose! – ambos se cuadraron, aún cuando solo uno de ellos estaba obligado a hacerlo.
– En descanso – ordenó Rick y después se dirigió al asiático:
– Señor Li: Si su reporte es confiable, debo creer que nos encontraremos una estación espacial de por lo menos cuarenta kilómetros de largo, defendida por una flota de por lo menos quinientas naves de todas las clases posibles, incluyendo un acorazado de al menos cuatro kilómetros de largo...
– Es correcto señor. La "Ascensión del Destino" es probablemente la nave más grande que yo haya visto, y el poder de su acelerador de masa es suficiente para destripar una nave humana sin mayor contratiempo.
– Superados en numero y en poder de fuego una vez más. ¡Si no fuera porque nuestra misión es diplomática, me daría el lujo de sentir pena por ellos!... - Miriya lanzó el sarcasmo sin inmutarse. Cho Li volteo a ver a la mujer con una expresión de extrañeza.
Lisa se apresuró a calmar al joven oficial, haciéndole recordar que no era ni remotamente la peor situación en que habían estado. Repasaron una vez más el plan. Al terminar la maniobra de transposición lanzarían varias comunicaciones hacia la estación, esperando que la capitana Sparks hubiera hecho su trabajo y hubiera tenido contacto con las personas adecuadas que les ayudarían.
Si la descripción del protocolo de primer contacto dado por la capitana estaba en lo cierto, los extraterrestres esperarían un poco antes de atacar. De no ser así tendrían que levantar la barrera omnidireccional y rogar que sus enemigos se cansaran de lanzar objetos hacia ellos, antes de que el sistema de barrera se descargara en una gigantesca oleada de energía, que destruiría todo en un radio de 200 kilómetros para evitar una sobrecarga...
– ¡Listos a su señal Almirante! – indicó Adelle
– Inicie protocolo de salto, ahora.
– Atención a toda la tripulación: Inicia cuenta regresiva para transposición al sistema Widow en un minuto... – la voz de la controladora tenía un tono de emoción controlada.
– Carga del sistema de desdoblamiento a un veinticinco por ciento y contando – había dicho Karen, tomando un puesto alterno al de Adelle. A pesar de no ser su trabajo en ese instante, las viejas costumbres solían morir lentamente.
Max Sterling condujo a Cho Li a un asiento secundario en el extremo izquierdo del puente, cerca de una fila de controladoras de sistemas. La cara del muchacho estaba palideciendo. Sin duda acababa de caer en la cuenta de lo mal que podían salir las cosas.
Miriya y Lisa se sentaron cerca de ellos, mientras Adelle anunciaba que la transposición iniciaría en treinta segundos. Karen añadió que la carga del sistema había llegado a cincuenta y cinco por ciento. Los segundos empezaron a hacerse eternos...
– ¡Transposición en veinte segundos!
– ¡Carga del sistema a ochenta y cinco por ciento!
– Transposición en diez... nueve... ocho... siete... seis...
– Carga de transposición al cien por ciento. Introduciendo coordenadas de navegación... ¡Coordenadas listas!.
– ...tres... dos... uno... ¡iniciando salto!...
Si alguien hubiera sido capaz de verlos desde el exterior, habría notado la SDF-3 siendo envuelta en una gigantesca esfera de luz, que ilumino el espacio en varios kilómetros a la redonda, engullendo la totalidad de la nave y replegándose en si misma, para desaparecer sin el más mínimo rastro un segundo después.
En el interior de la nave, fue como si el tiempo se hubiera dilatado por unos segundos, al tiempo que una enorme cantidad de luz entraba por el puente. Lisa se acercó a la silla de mando, junto a Rick y se sentó a su lado, tomándolo de la mano. El Almirante volteo a verla unos segundos y le esbozó esa sonrisa familiar que era a la vez tan reconfortante. La joven mujer lo tomó de la mano y se concentró en su profunda, pero tranquilizadora mirada. Una sensación que era ya conocida para ambos los invadió de repente. El tiempo estaba regresando a su curso normal, pero la luz aún no se disipaba a su alrededor.
La certeza de que una nueva aventura estaba por comenzar, les dio la bienvenida...
En el siguiente capìtulo: Volveremos con el Comandante Shepard y la nave Arcángel.
¡Vamos muchachos!, sé que están leyendo esta versión (puedo verlo reflejado en los hits de esta historia). Me interesa conocer las opiniones de los hispano parlantes tanto o más que los del público en inglés. Las revisiones anónimas están permitidas (si es que son muy tímidos para dejar su nombre). Tan solo no exageren. Me interesan los comentarios, no los insultos...
Revisión V.1 - Hecha revisión de estilo. Corregi el nombre de Dana (no Danna), así como las referencias al sistema Fantoma (Sistema Valivarre en realidad. Fantoma es el planeta gaseoso gigante donde esta la luna Tirol, planeta de los Maestros de la Robotecnia).
Además, el caractér de Jennfier Sparks fue soldado por diez años, y dejó la Alianza hace dos. Estas aclaraciones con con el fin de no caer en errores posteriores.
Revisión V.2 - Corregido el nombre de Linn Minmei (por Lynn Minmay, que es el equivalente en Macross). Cambio de formato. Agregadas algunas cuantas lineas.
