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Capitulo Cuatro:
El día que la Ciudadela se detuvo.
Unidad Habitacional J.F.K., departamento 127
Distrito de Zakera, La Ciudadela
Nebulosa Serpiente, cercanías de la estrella Widow
Brazo Galáctico Sagitario.
0600 horas, tiempo local
Abrió los ojos con reluctancia, y con voz pastosa dio la orden a la inteligencia virtual de su departamento, que abriera las cortinas. Se tapó con las sabanas y repitió mil veces que no quería levantarse aún, pero su entrenamiento militar entró rápidamente en juego. David Edward Anderson, capitán de la Alianza, héroe de La Guerra del Primer Contacto, mentor del Comandante Shepard (el primer Espectro humano) y rumoreado candidato fallido al mismo cuerpo de élite, no quería salir de su habitación por ninguna circunstancia. Añoraba el sonido estridente y la agitación de los propulsores, la vibración del viaje MRL, el ajetreo constante de las reducidas cubiertas de las naves de combate... pero mas que otra cosa, anhelaba el hecho de estar al frente de un grupo de hombres, patrullando por lugares inexplorados de la galaxia y buscando enemigos que amenazaran el futuro de la humanidad.
Acepto a regañadientes servir de asesor al Canciller Udina, para realizar ingrata mierda que llamaban "Política de relación con el Concilio", pero esa "no era la manera en como habría preferido pasar sus últimos años", como había comentado a su pupilo antes de que partiera. Continuaba con la rutina espartana que se había auto-impuesto desde que renunciara obligadamente al mando de la Normandía SR-1, pero la vida de civil no era para él.
Un minuto de indulgencia después, se levanto y caminó al baño. Lavo su rostro con el agua helada y después se vistió para iniciar los veinte kilómetros diarios de carrera que le ayudaban a mantener su cuerpo acerado y su conciencia enfocada. Mientras trotaba, pasando por los edificios del Presidio, frente a la torre del Concilio y dejando atrás el sector Financiero y la Zona de Embajadas, su mente volaba hasta los días de la Guerra del Primer Contacto. No quería extrañar su antigua vida, pero después de haber gozado de cierta notoriedad entre los funcionarios de la Alianza, añoraba los momentos donde las miradas del Alto Mando estaban sobre él. Su mente reparó en especial en la torneada figura de una mujer atractiva, de rubios cabellos al hombro:
- "Donde quiera que estés Kahlee, espero que sea mejor que toda esta porquería"
Kahlee Sanders... hija secreta de Jon Grissom, viejo héroe de la milicia.
Recordaba que habían hecho buena química, para el poco tiempo que estuvieron juntos. Sucedió después de su divorcio, cuando le fue asignada una investigación de la Compañía de Manufacturas Dah´tan. Allí la conoció, y a pesar de no iniciar en muy buenos términos, congeniaron muy bien después. Tuvo que rescatarla de manos de un traidor a la Alianza, que la había capturado y llevado a una refinería de elemento cero en el planeta Camala. A pesar de la sucia jugarreta de Saren Arterius (en ese momento su compañero de operaciones y ejemplar soldado del Concilio, antes de que se revelara su traición), salieron bien librados (si no tenía en cuenta su reputación destrozada). Sin embargo Kahlee tuvo que dejarlo, debido a su asignación a un proyecto secreto de alta prioridad de la milicia y no la había visto desde entonces. Anderson suspiraba menos por la vida que dejó atrás, que por volverla a ver. Pero no dejaba que eso nublara su juicio.
Una hora después ya había vuelto a su apartamento, se había duchado y estaba enfundado en el uniforme estándar de la Marina de la Alianza. Mientras terminaba un desayuno frugal, compuesto de fruta y un plato de cereales, se preparó mentalmente para su día.
Tenía que apoyar a Donnel Udina en una negociación importante con el embajador de los Volus, debido a un planeta descubierto en el Través Ático, propicio para la colonización por aquella raza. Estaba en territorio cedido a la Alianza, pero los siempre inconformes extraterrestres habían rebatido la cesión, argumentando que los "terraqueos" no podrían sacarle el debido partido a ese nuevo planeta. El Concilio había alentado al embajador a negociar con ellos, pero cualquier conversación de esa índole debía hacerse con sumo cuidado. Los Volus, una raza financieramente muy perspicaz (inventores del Acta Bancaria de la Ciudadela, y a la cual un periodista terrestre mordaz, había llamado "Los Judíos del Espacio", en un despliegue de gran incorrección política), eran legalmente protegidos de los Turianos, una de las razas del Concilio. No dudaba de la capacidad política del actual embajador para esos lances, pero no iba a resultar ningún día de campo.
Degustó la taza de amargo café negro traído del Brasil, una bebida muy cargada que se había acostumbrado a tomar, y con la cual terminaba oficialmente cualquier desayuno. Mientras saboreaba el acre regusto en su paladar, se preguntaba si no se habría aficionado al brebaje, como recordatorio de la amargura de su actual circunstancia. No dio pábulo a ese pensamiento y se levantó de la mesa, dejando los trastes en la maquina de lavado. Le quedaba media hora antes de la reunión y conociendo a Udina, seguro querría repasar sus argumentos de venta...
Muelle privado de ExoGeni numero veintidos, La Ciudadela
1000 horas tiempo de la Ciudadela.
Carina Velázquez se relajó de manera visible mientras el oficial Huxley maniobraba la "Destino" suavemente, hasta que el casco de la nave hizo contacto con los fijadores magnéticos del atracadero. La mantuvo fija mientras la escotilla de entrada conectaba con el pasillo aislante de desembarco, con un movimiento tan suave que el transporte parecía tener la forma exacta para embonar a la perfección:
- Excelente atracado señor Huxley - dijo mientras le esbozaba una sonrisa. El rubio oficial era mas viejo que ella, pero no lo suficiente para parecer su padre. Y tenía que admitirlo: Le gustaban más los hombres maduros, que los jovencitos rencorosos que solían llenar los espacios lúdicos de la Ciudadela. El rubio ojiverde le agradeció con una reverencia y e indico a la I.V. de la nave, que pusiera los motores en espera.
Iba a extrañarlo cuando se concretara su transferencia a otro carguero:
- Ya basta de elogios señor Huxley. Más de ellos y se va a hinchar tanto que va a reventar. Mejor dele la bienvenida a los técnicos de ExoGeni que vendrán a recoger sus propiedades, pero por ningún motivo los deje entrar a la cabina treinta y seis - dijo la capitana Sparks, señalando la bodega trasera, mientras se levantaba del asiento de mando e iba a su camarote. En ese compartimiento solían guardar los repuestos de la nave, y habían considerado prudente guardar la baliza ahí. Pero la gente de ExoGeni era considerablemente curiosa, y lo que menos deseaba es que hicieran preguntas las personas equivocadas...
- De acuerdo - dijo el rubio y tomando el comunicador pidió a Velázquez que abriera un canal, para después ordenar:
- Personal de almacenamiento: Saquen los vehículos de desembarco, y empiecen a descargar el material. Asegúrense de que todo esta debidamente empaquetado para su entrega y recuento en las bodegas. Las pertenencias de ExoGeni deben estar fuera de aquí para las 1130 horas.
- Vaya señor Huxley, se ve que pasar de Jefe de Almacenamiento a Primer Oficial le sentó de maravilla... -dijo Carina, en tono juguetón.
- Burlate cuanto quieras muchacha, sin embargo yo solía ser primer oficial de una nave de la Compañía de Entregas... - le dijo él dibujando es mueca tan familiar ya de cuando solía presumir sus logros anteriores.
- ...de India del Este... si lo recuerdo señor Huxley. Nunca se cansa de contar la misma historia. Es curioso que nunca diga que la Compañía de Entregas se fue a la quiebra un poco antes de que usted fuera liquidado de ahí - agregó ella sin dejarse impresionar.
- ¡Chiquilla irrespetuosa!, ¡tendré que enseñarte algunos buenos modales! - comentó él, acercándose a ella, una sonrisa traicionando sus intenciones.
- ¡Uuuh, estoy deseando fervientemente eso! - terminó ella con la misma sonrisa picara.
- Creo que las reglas de no-confraternización con los compañeros aplican a la perfección este instante. Señor Huxley: En lugar de darle rienda suelta sus bajos instintos salga a trabajar. Usted también señorita Velázquez: No porque este sea su ultimo día en el puesto, quiere decir que voy a dejar de explotarla hasta el ultimo momento - dijo la capitana, medio en serio, medio en broma.
- Yo también voy a extrañarla capitana Sparks - el gesto de sorna en la cara de la chica latina lo decía todo.
- Ah! ya cállense y vayan a hacer su trabajo - dijo ella, jalando a los dos hacia afuera de la nave.
Dejaron que la esclusa realizara el ciclo de apertura y al cruzar el umbral encontraron al grupo de recuperación de ExoGeni. Viejos conocidos muchos de ellos. Las mujeres saludaron raudamente al grupo y lo dejaron pasar, mientras el primer oficial aparecía para coordinar el desembarco. Jenny Sparks reparó entonces en un hombre alto, fornido y castaño, con cara de pocos amigos, que venía directo hacia ellos:
- ¡Capitana Sparks!... ¡que sorpresa!, empezábamos a temer que tendríamos que pagar rescate por nuestras posesiones en Trebin - comentó en una voz aflautada, que parecía una burla al tamaño masivo de sus pectorales y bíceps, pero no era por eso menos venenosa.
- ¡Jefe Miller!, ¡también es un gusto verlo!. ¿A que debemos el honor de tener aquí al menos agraciado de los empleados de ExoGeni? - contestó la pelirroja con no menos ponzoña. Carina cerró los ojos. La animadversión entre ambos personajes era ya cosa de leyenda, a pesar de solo tener un año de relación patronal.
- ¡¿Bromea Sparks?, ¡este cargamento lo esperábamos hacía una semana! - el hombre se adelantó hacia ella, su gran estatura contrastando visiblemente con la de la pelirroja, en un gesto intimidatorio que no hizo ninguna mella en el animo de la chica.
- ¡Apártese Miller!. ¡He tenido que batallar la ultima semana con piratas de los Sistemas Terminus para volver aquí, incluyendo una nave de los Soles Azules y no estoy de humor para oír ninguna de sus tonterías ahora! - dijo la ex-militar sin amedrentarse. El gigantesco hombre estaba por replicar, pero una transmisión de su omniherramienta lo detuvo:
- [Jefe Miller, preséntese en la Oficina de Personal por favor]
- Nos veremos después capitana Sparks - dijo el gigante con sorna y echo a andar su masivo cuerpo por la pasarela de descarga.
- ¿Como es que lo hace? - preguntó Velázquez, una vez que el hombre estuvo lejos, causando que Jenny, que estaba por abrir una puerta lateral de descarga, se detuviera y volteara a verla extrañada.
- ¿Qué?
- Aguantar esa escaramuza verbal con el Jefe Miller y seguir tan sonriente como antes, ¿como lo hace?
- Cari... - dijo usando el nombre de cariño que usaba solo cuando quería darle alguna lección - ...cuando me aliste para el servicio como Infante de Marina, había en el Fuerte Upham, un instructor que era un verdadero demonio, el Jefe Ellison. Podía acertar a un blanco a setecientos metros con el rifle Lancer estándar y darle entre ambas cejas cinco de cada cinco veces. Era un hombre malhablado como pocos y fuerte como un roble, además de ser entrenador de combate personal. Fue el quien me convirtió en una soldado decente. Sus entrenamientos eran lo mas extenuante que la Alianza puede ofrecer y si sobrevives a ello, nada podrá hacerte daño. Honestamente, después de haberme graduado con el, Miller solo me provoca risa.
- ¡Vaya tipo! - comento la pelinegra pensando en la clase de compañías que la capitana había frecuentado.
- Además podía tomarse el solo un barril completo de cerveza de malta como quien se toma un vaso de agua. Le aprendí demasiados trucos y malas mañas, como para permitir que un tipejo que es la décima parte de ese gran hombre me arruine el día... - dijo señalando la dirección en que el antipático castaño se había retirado - …lo que me recuerda, que esta noche te voy a invitar a ese nuevo lugar al que prometí llevarte cuando te enrolaste con nosotros...
- Capitana no debería molestarse... - dijo la chica latina sin dejar de trabajar.
- No es ninguna molestia, y considerando que te has vuelto la hermana menor que nunca tuve, con mayor razón. Así que has los tramites que debas hacer y nos vemos a las 1930 en el club Flux. ¡Hoy es noche de chicas! - dijo la pelirroja Sparks dándole una ligera palmada. La sonrisa de la capitana la desarmó.
- De acuerdo - dijo la otra mujer acomodándose el cabello y esbozando un gesto amable.
- Ahora hay que apresurarnos. Ya oíste a Huxley, todo debe estar fuera para las 1130 hr.
- Si señora.
Muelle privado de ExoGeni numero veintidós, La Ciudadela
1200 horas tiempo de la Ciudadela.
Jenny Sparks saltó de su asiento cuando terminó de hacer el ultimo trámite del pago de su tripulación. Habían pasado varios días muy apretados, pero con ese ultimo trabajo de ExoGeni, acababan con su contrato obligado con la compañía y después podrían emplearse libremente con el mejor postor. Giro sobre el asiento de su camarote e indico a Huxley que se acercara, para recibir instrucciones:
- Llévate la nave y busca lugar en las bahías publicas. Después activa la ultima baliza localizadora. Ya nos retrasamos más de la cuenta en Arcturus y prefiero no dilatar más la llegada del Almirante Hunter y su nave - se levantó de su silla y se acerco a la salida de su cabina.
Era cierto. Ya habían perdido un día entero y un poco más, debido a un procedimiento erróneo en el papeleo de la Estación de Transito de Arcturus. Y el periodo prometido al viejo militar se estaba acabando rápidamente. No iban a perder mas tiempo.
Lanzo una ultima orden:
- Por cierto, ya tienes el orden de salidas a tierra, así es que deja una guardia mínima en la nave y no quiero ver a los demás hasta dentro de quince días, tiempo de la Ciudadela. ¡Dios sabe que se lo merecen después de todo lo que han pasado!. Encárgate también de avisar a los deudos de Senner y los otros fallecidos...
- Como ordene capitana. Aunque no creo que la tripulación quieran salir, ya sabe, por lo del SDF-3 llegando por aquí - dijo Huxley revisando el manifiesto de salidas. Jenny frunció el ceño y se acercó al caucásico, en un gesto a medio camino entre serio y amenazante:
- Huxley... todos tenemos boletos para el evento principal, pero las oportunidades para verlo desde palcos de lujo no las tienen todos, así es que si es necesario lanzalos por la escotilla de deshechos y que lo vean desde el espacio si quieren. No abordo de mi nave, ¿de acuerdo? - la risa franca del oficial le indicó que había entendido bien. Volteo a ver a su oficial de comunicaciones y agregó:
- Velázquez: ¿No es hora ya de que presentes tus reportes de desempeño a la compañía? - le hizo una seña a la pelinegra.
La chica no le respondió, ni perdió un segundo. Dejó la diadema de comunicaciones que se había vuelto parte indispensable de atuendo y descargó a su omniherramienta los reportes de actividades de su mes de estancia en la nave. No eran demasiado largos, así que cuando Sparks se dio cuenta, la chica ya estaba en la escotilla de salida, lista para partir.
Entraron en el ascensor del área corporativa y la pequeña latina se ajustó el traje -que le quedaba ligeramente grande- ayudándose con el reflejo del cristal interior del cubículo, hasta que un movimiento suave de frenado les indicó que la puerta estaba por abrirse:
- Cari: ¿Puedo confiar en que no digas más de la cuenta? - la voz de la capitana era grave, pero la había llamado por su nombre de pila. Un gesto que solo hacía en contadas ocasiones.
- Totalmente señora. Nada inconveniente saldrá de mis labios - trató de calmar los temores no expresados de la que era -todavía- su oficial al mando, al menos hasta que la reasignaran.
- De acuerdo, aquí nos separamos. Recuerda, en el bar Flux del Distrito Zakera a las 1930 horas.
- Bien capitana - mientras la bajita pelirroja se alejaba, la muchacha enfiló sin dudarlo hacia el departamento de personal.
Después de dejar a Carina para que arreglara su situación laboral, Jenny Sparks salió del edificio de ExoGeni y se tiró sobre la hierba en los jardines del Presidio, ante las miradas de asombro y disgusto de algunos extraterrestres. A pesar del letrero que prohibía pisar el césped, se había vuelto casi una costumbre desde que había venido a la Ciudadela, hacía dos años por lo menos. Le recordaba un tiempo triste, pero lleno de sorpresas inesperadas a cada paso.
Un oficial salariano de Seg-C pasó casi frente a ella, pero no pareció verla. A Jenny no le extrañó. Varias veces había ido detenida a los separos de la Academia de Seg-C en los Distritos, y siempre salía exonerada pagando una multa poco costosa. Casi todos los oficiales la habían arrestado al menos una vez, y podía decirse que conocía a muchos de ellos. Eso había provocado que hubieran decidido hacerse de la vista gorda ante su presencia y prefirieran enfocarse en cuestiones mas importantes de seguridad. Había uno en especial con el que había entablado amistad, un tal Garrus Vakarian. Cada vez que estaba en la Ciudadela el turiano hallaba la manera de encontrarla -ya sea fingiendo un falso arresto o pretextando alguna falta menor- y ponerla al tanto de los sucesos de la Ciudadela, generalmente con un par de tragos de por medio.
De esa manera se enteraba de muchos de los sucesos de la estación espacial. Pero hacía al menos dos meses que Garrus había dejado el cuerpo de policía. De sus amigos extraterrestres era probablemente el más cercano. También estaban Nelyna y Anteus, pero no era exactamente lo mismo con ellos...
Se levantó del suelo, y dirigió sus pasos a la embajada de la Alianza -que estaba frente del establecimiento de la Consorte-. Estuvo un largo tiempo insistiendo a la recepcionista para que la dejara pasar. Varias horas después, y ya hastiada de la persistencia de la pelirroja, la -casi enfurecida- ayudante asari la guió hasta las oficinas de Donnel Udina. Sin embargo un asistente del embajador les comentó que el funcionario y su consejero se encontraban realizando una negociación de suma importancia en la Torre del Concilio y que era probable que regresaran muy tarde.
Jenny consultó el reloj de su omniherramienta y decidió que era mejor marcharse. Volvió a la nave, no sin antes encargar al asistente que en caso de que Udina regresara, se comunicara con ella a la MSV Destino, en el muelle ciento cincuenta y seis del Distrito Khitoi -que es donde Huxley había reubicado la nave-, con calidad de urgente. Regreso al transporte y preparó los mensajes de recomendación que Velázquez le había pedido. Y cuando vio que eran las 1900 horas, decidió que iría al Flux a esperar a su pupila.
Después de casi tropezar con un volus -bajito y rechoncho en su traje de aislamiento, como una pelota de basquetbol- y de esquivar a un elcor -una enorme criatura parecida a la cruza de un caballo y un elefante, igualmente dócil pero tremendamente fuerte-, llego a la puerta del establecimiento y penetró en él. El ruido ambiental de los Distritos se atenuó de inmediato, superado por el sonido de la música de moda en la estación espacial. Se sentó en la barra y se pago un trago.
Sparks saboreo con mucha calma su bebida mientras esperaba que llegara su ex-oficial de comunicaciones. La bebida ambarina y de sabor atenuadamente dulzón que el dueño del establecimiento, -que hacía las veces de cantinero- le había recomendado como Brandy Helado de Serrice, le había agradado desde el primer trago. Dejo que la sensación de frescura empapara hasta el ultimo rincón de su boca y luego lo dejó bajar gentilmente por la garganta. No estaba mal sin duda. Quizá se comprara una botella para sus momentos personales a bordo de la nave...
Mientras miraba a la usual concurrencia de los Distritos bailar y divertirse, se preguntó como iban a cambiar las cosas cuando los "otros humanos" llegaran. Sin duda habría muchos que no dejarían de asistir a semejantes lugares -no serían negocio si no tuvieran un mínimo de clientela dispuesta a ver sus necesidades recreativas satisfechas después de todo-. Presentía sin embargo, que iban a cambiar radicalmente la vida de otros tantos más, ella incluida. Se perdió un momento largo entre las figuras en movimiento de las diferentes razas humanoides, y hasta reparó en el ocasional elcor, volus o hanar que no participaban activamente de la fiesta, pero que se sentían intrigados por los comportamientos de los otros alienígenas ahí reunidos.
La mano de Carina sobre su hombro la saco de sus cavilaciones. Y la sorprendió aun más cuando le quitó el vaso de la mano y sin mediar explicación alguna se bebió lo que restaba del contenido, propiciando una mirada de extrañeza de la mujer mayor:
- Sabes que acabas de beberte la mitad de tu sueldo de un mes, ¿verdad?.
La muchacha le devolvió una cara de pocos amigos. Jenny reparó en su semblante pálido y enseguida la sensación de modorra inducida por el lugar se le pasó de golpe:
- Carina, ¿que sucede? - la latina volteo a verla y activo su omniherramienta. Una transacción se registró en la cuenta del bar y el cantinero volteo reaccionando al momento, y registrando el pedido de la chica morena de dos tragos más de brandy.
- Necesitaba eso - menciono con alivio.
El tipo de la barra trajo dos vasos más de la bebida y ella tomó uno con enfado, dejando el otro para su ahora ex-jefa. Apurando el primer sorbo, dijo:
- Hay un nuevo jefe de personal de ExoGeni - comento la latina y procedió a contarle su historia, perdiéndose en el recuerdo...
Edificio de Oficinas de ExoGeni, el Presidio
La Ciudadela.
Siete horas antes...
Cuando reparó en ello, Carina Velázquez se encontró frente a la oficina del jefe de personal estaba frente a sí. Sin una videocámara, ni una ayudante para darle la bienvenida. Era algo raro en los burócratas de cierto nivel de la Ciudadela -sin importar si fueran alienigenas o no-, no tener una secretaria o ayudante anunciador, cual si fueran la realeza de siglos pasados de la Tierra. Se acercó a la puerta de madera -¡madera!, algo arcaico y anti-natura en la estación espacial, donde la mayoría de las construcciones eran de aleaciones de nanocarbono y polímero fibroplástico-. Una voz con fuerte acento, que la muchacha no reconoció, la invito a pasar.
Al abrirse la puerta, Carina entró en el despacho de un hombrecillo de piel morena y traje de impecable factura, cortado a la ultima moda, enfrascado tan profundamente en el estudio de varios reportes en su pantalla holográfica que ni siquiera volteo a verla. Las estanterías y el escritorio -de factura antigua y de la misma madera de la puerta, o al menos eso pensó- estaban escasamente adornadas, excepto por un plato redondo de cerámica talavera -que reconoció porque su abuelo tenía uno igual en su casa en Santa Ángeles, antes L.A.- que adornaba el cuarto junto con una botella de tequila y un vaso tequilero, en el rincón mas apartado del cuarto.
- Namaste señorita Velázquez. Soy Yami Sarma Kumar, jefe de personal de la sección Ciudadela. Siéntese por favor - el hombre juntó ambas manos haciendo una ligerisima reverencia y después extendió su mano -donde brillaba una flamante omniherramienta Logic Arrest que no podía tener mas de una semana-, indicándole una silla.
- ¿En que puedo ayudarle? - dijo en voz suave.
Aún no podía reconocer su acento, pero las facciones del hombre no dejaban lugar a dudas. Parecía un nativo salido de esa vieja película que al fallecido Ingeniero Senner tanto le encantaba ver -"Dakota Jones y el Templo Maldito" o algo así-. Podía imaginárselo con un turbante rojo y blandiendo una espada curva, persiguiendo al protagonista a través de un puente colgante hecho de cuerdas que parecía se romperían al menor contacto. Desterró semejantes pensamientos de su mente y se sentó, relegando lo kitsch del difunto a segundo plano.
- Disculpe, no lo esperaba. ¿que pasó con Claire Archer, la jefa de personal?
- La señorita Archer se vio involucrada en un accidente de tránsito en el Distrito de Tayseri, lamentablemente falleció hace tres semanas, así que he sido transferido desde la Tierra para ocupar su cargo ahora.
- ¡Por Dios!, lo siento... no me había enterado - Permaneció un momento en silencio y después agregó:
- Vengo a presentar mis reportes de desempeño de servicio social y a pedir una reasignación, debido a que la nave...
- La "Destino" - dijo el hombre enarbolando su penetrante mirada de ojos cafés. No le gustaba. Parecía la mirada de un carroñero cuando encuentra un moribundo. La hacía sentir incomoda.
- ¿Perdón? - respondió tratando de mantener su compostura.
- Su nave actual es la MSV Destino, ¿cierto? - clarificó el sin inmutarse, en esa voz suave y melíflua que era tan engañosa.
- S...sí -dijo ella tratando de combatir la fuerte impresión de que el hombre trataba de meterse en su mente.
- Perdone usted mis modales. Me imagino que debe considerarme bastante descortés. No se preocupe. Es mi labor estar al tanto de los asuntos de la señorita Archer. Entonces... ¿me decía de la Destino? - aclaró el hombre con absoluta tranquilidad.
- E...estoy solicitando una reasignación, debido a que la Capitana Sparks ha decidido no trabajar más con ExoGeni - comentó ella manteniendo la calma, lo cual le estaba costando mucho trabajo.
- Es una lástima. Habíamos tenido una relación laboral muy estable con la capitana. ¿Tiene alguna idea del motivo de semejante renuencia a continuar nuestra relación?...
Carina meditó un momento antes de contestar:
- Me temo que no. Aunque parece ser que le llegaron noticias del desempeño de ExoGeni en su colonia en Feros...
- ¡Ah!, el asunto de Feros, sí. Muy desagradable, cierto. Puede dejarme sus reportes ahora. Los examinaré y veremos quien de los capitanes esta dispuesto a recibirla - dijo el hombre volviendo a los reportes en su interfaz háptica.
- De acuerdo, gracias - pulsó algunos botones de su omniherramienta y los documentos electrónicos se transfirieron al equivalente de su terminaba la descarga, el hombre preguntó:
- Oí que tuvieron un viaje difícil. Esclavistas de los Sistemas Terminus si entendí bien...
- Si... ¿como se enteró de eso?
- Me temo que el exabrupto de la capitana Sparks y el Jefe Miller fue mas notorio de lo que ella hubiera querido.
- ¿Los escuchó desde aquí? - preguntó la muchacha, señalando el encristalado a sus espaldas, que dominaba todo el muelle privado. La Destino podía apreciarse a lo lejos. Por toda muestra, el hombre encendió su omniherramienta y paso la mano por un panel. Una pantalla holográfica con la imagen del muelle y el grupo de descarga de la compañía trabajando, se formó inmediatamente.
- Una vez más no se asuste, por favor. Otra de mis labores es mantener vigilado a ciertos elementos "erráticos" de la empresa. El Jefe Miller es uno de ellos.
Carina no supo que decir. Una intrusión a la privacidad semejante hubiera sido harto costosa e imperdonable en la Tierra, pero en la Ciudadela, Seg-C era tolerante con las políticas de control de empleados de algunas empresas. Le recordaba un poco a ese planeta de oficinas corporativas al que había rechazado ir... ¿como se llamaba?... ¡ah sí!... Noveria. Se pregunto brevemente si Binary Helix y Elanus Risk Control Services harían lo mismo con sus empleados...
- ¿Requiere algo más señorita Velázquez? - el tono del hombre no revelaba molestia alguna, pero era tan glacial como el espacio mismo.
- No. Gracias - dijo y se levantó rápidamente. No quería permanecer un minuto más en esa oficina. Estaba por salir de la habitación, cuando un último comentario del hindú la detuvo.
- Para haberse encarado con piratas de Terminus, su nave esta en muy buenas condiciones, ¿no le parece? - el hombre no distrajo su mirada de los reportes, pero el tono de su voz indujo un escalofrío en la espalda de la ó su reacción girando hacia él:
- La tripulación de la Destino es muy buena cuando se trata de reparaciones. Estoy segura de que encontrará referencias extensas a eso en mis reportes - sin parecer ofendida ni molesta y acto seguido salió de la oficina sin dar tiempo alguno al hombre de decir algo más.
Carina salió de su ensoñación y agregó a su compañera:
- Es… extraño. Normalmente no suelo ser prejuiciosa, pero este tipo parecía querer meterse en mi cabeza. Como si probara mis defensas, como si tratara de medir hasta que punto mi historia concordaba con mis reportes. Es... como si sospechara que algo no era verdad en mis documentos - dijo la pelinegra haciendo un gesto de desagrado. El segundo trago de brandy helado no le supo tan bien.
- Es normal que una persona así trate de medirte, sobre todo si se va a volver tu jefe en algún momento. Y respecto de nuestra tapadera: Huxley me dijo que el reporte de actividades pasó sin levantar muchas preguntas. Yo no me preocuparía demasiado. Mejor tratemos de enfocarnos en cosas importantes: Aquí están tus cartas de recomendación - dijo, pulsando su omniherramienta mientras apuraba otra libación de licor:
- Solo agrega el nombre de tu nuevo oficial superior y listo...
- Gracias capitana -dijo la otra verificando que la transmisión se completara.
- Hay algo que quisiera preguntarte. Le he formulado la misma incógnita a los oficiales de la nave, pero quiero saber tu opinión: ¿Que piensas de lo que pasó?, ¿de "los otros humanos"?, ¿si no hubieras estado allí... lo creerías? - la ex-militar acabó con su bebida y movió la cabeza al ritmo de una de esas pegajosas canciones de moda, que atenuaban la charla del lugar, y que le daban al humo ambiental una apariencia mas densa de lo habitual.
- No... tengo que reconocer que me costaría trabajo creerlo. Pero ya que lo menciona... tengo emociones encontradas respecto a ese asunto. Por un lado agradezco que nos hayan salvado. Dios sabe lo que habría pasado si hubiéramos aterrizado en los Sistemas Terminus... por el otro, son tan "humanos" y a la vez tan diferentes. No puedo medir su naturaleza a ciencia cierta. Me aterra pensar que estemos cometiendo un error al aceptar ayudarlos...
- Yo siento lo mismo. Sin embargo si hubieras visto sus caras cuando se refirieron a su Tierra, y cuando me mostraron su historia... he visto esas expresiones antes: Pena y dolor. Había gran sinceridad en ellos. No creo que estén mintiendo, pero no nos están diciendo toda la verdad tampoco, y si es tan aplastante como el resto de su discurso, no creo querer saberla.
- Entiendo...
- ¿Sabes?, quisiera que te quedaras con nosotros. Entiendo que prefieres permanecer con la compañía. Y solo quiero decirte que la idea de dejar de trabajar para ExoGeni rondaba por nuestras mentes desde que oímos lo de Feros. Lo que pasó en Trebin sin embargo, nos hizo decidirnos.
La pelinegra suspiró y dijo con voz tranquila, que sin embargo tenía un dejo de tristeza:
- Gracias, aprecio la oferta... pero no se si quiera seguir ese camino. Lo que quiero decir es que si dejara de lado mi servicio social con ellos, estaría cerrándome las puertas a muchas oportunidades y poniendo en riesgo mi futuro.
- Bueno... yo siempre tendré necesidad de una buena especialista en comunicaciones, y un aumento sustancial de sueldo arreglaría muchas cosas.
- Se lo agradezco en serio... pero no es por el dinero. Quiero ser más que una simple especialista. Mi tesis es sobre el estudio de los sistemas de comunicaciones proteanos, como la baliza que se destruyó en Edén Prime. La compañía me ofrece mas recursos para investigaciones y mayores posibilidades de encontrar y experimentar con esa tecnología, que ninguna otra excepto la Alianza. La verdad no quisiera enrolarme en la milicia para realizar el sueño de mi vida. Detesto las armas... pero creo que eso usted ya lo sabía.
- Me gusta tu razonamiento. Y estoy de acuerdo contigo, aunque no me guste lo que eso significa. Algo se yo de echarse a perder la vida tomando decisiones equivocadas... Correcto. Te voy a extrañar Velázquez.
- Yo también voy a extrañarla capitana - dijo la muchacha de lacio cabello negro y se acercó a abrazar ligeramente a la pelirroja. Solo habían compartido un mes de trabajo, pero ya existía entre ellas una química y amistad que no era para todos.
- Vamos a tomar una copa más a tu salud. ¡Yo invito! - dijo la bajita pelirroja golpeando la barra.
- ¡¿Como negarme?. ¡Ya podré presumir que me he bebido más de un mes de sueldo en brandy!
Ambas mujeres rieron francamente y Sparks ordeno al cantinero que trajera otros dos vasos más, cosa que ni tardo ni perezoso se apresuró a cumplir...
Cercanías del Bar Flux, Distrito de Zakera,
La Ciudadela.
2035 horas.
El Capitán Anderson se relajó visiblemente al salir de la sala de reuniones de la Torre del Concilio. No esperaba que Udina hubiera llegado a un acuerdo preliminar, sobre todo por que el embajador Volus, Din Korlack, llegó en una actitud muy agresiva. Al cabo de las horas parecía que las pláticas entre la Alianza y el Protectorado Vol no iban a llegar a ningún lado. Por momentos parecía poco probable que las rechonchas criaturas fueran a aceptar un trato que consideraran oneroso. Pero debía reconocerlo, el embajador humano, a pesar de toda su mala fama, tenía suficiente colmillo político para "salvar la nave".
Un acuerdo parcial se estableció, donde los Volus podían colonizar el planeta, a cambio de cooperar con la Alianza en el establecimiento de tarifas preferentes de comercio para la humanidad en los productos que los distintos clanes extraterrestres solían manejar. Además se establecerían en el planeta, bases militares y estaciones orbitales construidas y manejadas en conjunto por la Alianza y la Hegemonía Turiana, con el fin de ofrecer protección a los intereses de los tres pueblos y estrechar los lazos culturales entre ellos.
¡Nada mal para una ronda de trabajo donde no parecía haber esperanzas de progreso por muchas semanas!...
Udina se quedó en la embajada para cumplir las formalidades diplomáticas y Anderson se dirigió hacia su apartamento en los Distritos. Había conservado el mismo lugar desde hacía por lo menos veinte años, cuando su divorcio. A veces le extrañaba que le llegaran aún mensajes de Cinthya, su ex-esposa. Había aprendido a apreciarlos sin embargo, por ser los recordatorios felices de un tiempo más idílico.
Aún quedaba algo del día de veintiseis horas estándar establecido por el Concilio, así que sin pensarlo mucho se desvió hacia el Flux. Era ese nuevo lugar que habían abierto hacía meses, para tomar un trago de ese vodka Red Janey Reserva Especial al cual le había agarrado el gusto hacía poco. Bajó por un ascensor cuyo tránsito se le hizo eterno, hasta llegar al nivel donde estaba el establecimiento.
Ya circulaba a pocos metros de ahí, cuando oyó gritos ahogados y risas. Sus hábitos de militar lo azuzaron al instante. Un par de mujeres, una de expansiva melena pelirroja y vestido gris claro, menos titubeante en su andar que su acompañante, una morena de cabello negro lacio, muy corto, con uniforme azul obscuro y el logotipo de ExoGeni en su hombro izquierdo, caminaban por una calle trasera que iba salir a una parte poco agraciada de la estación espacial. El corredor semi oscuro por donde se movían tenia varias zonas de sombra, donde cualquier criatura inteligente con suficientes agallas podía esconderse para tenderles una emboscada.
El hombre que había en él, le dijo que no era de caballeros dejar que ambas señoritas se pasearan en un lugar como ese. Su parte militar le susurró al oído que no era su problema: Para eso estaba Seg-C. Se dio la vuelta y estaba por dejarlas a su suerte, cuando un grito ahogado lo hizo voltear. Tres hombres con rifles de asalto, liderados por uno más, bajito y robusto, sin distintivos, aparecieron en un extremo de la calle. Todos en armadura de combate y cascos polarizados. Las mujeres trataron en vano de alejarse de ellos, pero fueron rápidamente rodeadas. En la cara de la pelirroja se veía una expresión de enojo y gravedad.
Anderson se metió sin perder tiempo a una de las zonas de oscuridad y permaneció ahí sin moverse. Los tipos no parecían tener buenas intenciones, pero jugar al héroe contra fuerzas superiores no era la mejor estrategia para mantener su cabeza en su lugar. Necesitaba el momento propicio para intervenir. Buscó alguna cosa (una barra u objeto metálico) entre las cajas de basura que estaban a su lado, que pudiera darle una ventaja. Solo encontró una pieza de metal parecida a un transductor, un poco pesada para arrojar, pero resistente para noquear a alguien con un buen golpe. La acercó a sí y esperó:
- ¡No se resistan y no les pasará nada!. Mi jefe quiere hablar con ustedes y es mejor si no hacemos esto a la manera difícil - la voz rasposa del hombre al mando era ridícula, para ser un tipo mas corto de estatura que los otros. La eficiente pistola Karpov que llevaba en la mano sin embargo, no lo era.
- ¡Valientes!, ¡cuatro de ustedes para intentar aprovecharse de nosotras!, ¡uno por uno y puedo con todos! - la bajita pelirroja -cuyo rostro le parecía extrañamente familiar al marino de la Alianza- los increpó. No podía verles las caras debajo de los cascos, pero el gesto de apretar fuertemente los mangos de sus armas delataba su estado mental. La otra mujer morena, se había puesto pálida. Se sostenía de la pelirroja como podía, y de haber apostado a que se había pasado de copas, no hubiera perdido.
- Sabe señora, mi jefe quiere que la lleve en una pieza. Nadie mencionó algo acerca de llevarla sin un rasguño... - los tres matones se rieron entre ellos maliciosamente, mientras el líder se acercaba amenazante a la del vestido gris. Los demás jalaron del brazo a la morena y la arrastraron hacia uno de los rincones oscuros cercanos a Anderson.
- "¿Donde esta Seg-C cuando se le necesita?" - pensó el militar mientras se preparaba para salir en defensa de las chicas, sin perder detalle de la escena.
La reacción de la del vestido gris fue casi como el rayo. El hombretón lanzó un golpe con el arma hacia su cabeza, que no conecto, porque ella lo esquivó rápidamente. Una patada a la entrepierna y un golpe al plexo solar y el tipo cayó hacia atrás, con un gemido de dolor atenuado. Uno más de los maleantes la sorprendió, golpeándola con la culata del arma y derribándola, mientras los gritos de desesperación de su compañera llenaban el ambiente. El alboroto era tal que debía atraer a cualquier oficial de Seg-C que estuviera por los alrededores. Nadie se presentó.
David Anderson no lo pensó dos veces. Se escabulló por detrás de uno de los dos que estaban tratando de vejar a la integrante de ExoGeni, y usando la pieza de metal que traía, asesto un tremendo golpe al mas cercano, que le abolló el casco y lo dejo tendido en el suelo. El que tenía replegada a la chica contra una de las paredes metálicas del callejón y que no se había dado cuenta de la suerte de su compañero, fue interrumpido por una patada barredora que lo hizo tropezar. Un pisotón a la base de su cuello y no se levantó más.
Acto seguido, el ex-capitán de la Normandía tomo uno de los rifles y apuntó a los otros dos, que estaban pateando a la pelirroja en el suelo, inmisericordemente:
- ¡Alto!, ¡un movimiento más y tendrán tantos hoyos en el cuerpo que tendrán que llamarlos "gruyere"!
Ambos criminales se detuvieron al instante. El tercer matón trató de alzar su rifle, pero el soldado disparo un par de tiros a su pierna y el hombre cayó al suelo maldiciendo de dolor. El otro desistió inmediatamente, dejando su pistola en el suelo. Todo ello terminó rematado por el sonido de vomito de la morena, que vino de atrás de él.
La pelirroja se levantó trabajosamente. Mientras se acercaba hacia ellos y él no dejaba de apuntar, el hombrecito comentó:
- ¡Al Corredor Sombrío le interesa su información señorita Sparks, y la obtendrá de una forma u otra!.
Anderson cayó en la cuenta en ese momento de quien era ella: La hija de un viejo amigo suyo, el Almirante G. Sparks, de la Alianza...
No dijo nada, y esbozó una ligera sonrisa cuando la mujer se inclinó a levantar la pistola del suelo y con ella asestarle un golpe al tipo, que lo dejó noqueado. Jenny Sparks no había cambiado en nada. Guío a las dos mujeres fuera del callejón y sin mediar más palabra les señalo un vehículo de transito rápido. Ninguna de ambas se resistió, quizá mas por la impresión que por otra cosa. Se metieron apresuradamente en el carro flotante y Anderson las llevó a una clínica de los Distritos. La Doctora Michel, a quien había conocido por intermediación del Comandante Shepard, los recibió sin hacer muchas preguntas, merced del aspecto de sus acompañantes. Una vez ahí fueron examinadas.
Mientras él montaba guardia sentado en una mesita cerca de la entrada del pequeño establecimiento, con el rifle semi-descubierto y suscitando miradas de nerviosismo de la joven doctora, Sparks se acercó a el, guardando la pistola que había recuperado, en uno de los pliegues de su vestido:
- Capitán Anderson... debo agradecerle por salvar nuestra vida y honra. No tiene idea de cuanto me alegra ver una cara familiar. ¡¿Que está haciendo aquí en la Ciudadela?
La muchacha pelirroja lo había reconocido al instante, ya sin la modorra del alcohol para embotarla y con la adrenalina surcando aún sus venas. Realmente estaba sorprendida de ver a su oportuno ángel de la guarda:
- También a mi me alegra verte Jenny. No hay día en que tu padre no pregunte por ti. Esto no va a sentarle bien cuando se entere - dijo el británico marino. Ella bajó el semblante.
- Espero que no lo haga, aunque no se como voy a evitarlo. Prométame que no le dirá nada por favor...
- No saldrá de mis labios, siempre y cuando me prometas que no se repetirá otra escena de esas. Ya estoy viejo para jugarle al héroe. Por cierto, ¿estas bien?
- Sí, la doctora dijo que solo fueron unas magulladuras, que el medigel se encargará de curar en un par de horas. El entrenamiento de la Alianza definitivamente paga con creces... me preocupa más mi amiga. No esta acostumbrada a la violencia común para nosotros los ex-soldados... - dijo bajando la guardia - ...y respecto a los desagradables bichos molestándonos... desgraciadamente no depende de mi. A ultimas fechas hay muchas personas interesadas en hacerme daño.
- Quizá tenga que ver con la información que esos tipos estaban buscando de ti -dijo el hombre, recordando la frase que el tipo chaparro había mencionado.
- No se de lo que estaban hablando, Capitán - comentó la muchacha a la defensiva, suscitando una mueca de Anderson.
- Eres mala para mentirle a tus superiores Jenny. ¿Ya se te olvidó lo de Antilia?
Ella volteo para evitar mostrar una cara de sorpresa que a Anderson no le pasó desapercibida. El recordar ese extraño desliz, del cual ella no hubiera salido bien librada sin la intervención de ese hombre frente a ella, y que había acaecido cuando todavía era parte de la Alianza, le trajo memorias dolorosas. El hombre maduro supo que había dado en el clavo:
- Eso es jugar sucio Capitán... - su voz destilaba algo de rencor.
- Es mi deber como amigo de tu familia y ex-oficial superior de la Alianza, ver que no te metas en más problemas. Cuatro hombres armados con rifles militares y armaduras, que dicen trabajar para el Corredor Sombrío, tratando de secuestrar a dos jóvenes mujeres en plenos Distritos de la Ciudadela, se acercan mucho a la definición estándar de "problemas" - se acercó a ella, tomándola por los hombros y haciendo que volteara a verlo.
La pelirroja no dijo nada y solo entorno los ojos. Empezaba a recordar uno de los motivos de porque se había alejado de su familia.
- Además... - continuo el moreno y arrugado hombre, con notorio gesto de enojo surcando su rostro - ...armaron un escándalo tal, que habría atraído a media Academia de Seg-C. A juzgar por la escasa presencia de la policía -o mas bien la falta de ella-, el Corredor Sombrío debe considerar que tu información es terriblemente valiosa para dejarla pasar. Lo suficiente como para molestarse en sobornar o estorbar a Seg-C. Esto concierne no solo a tu seguridad Jenny, sino a la de la chica que esta contigo: ¿Que pasa?
Jennifer agachó la cabeza en un gesto culpable y cruzó los brazos sobre su pecho. Permaneció así un minuto y después levantó el semblante.
- Tengo información importante sobre un grupo de humanos especiales.
- A menos de que hayas obtenido información clasificada por la Alianza, no veo porque habría de perseguirte el Corredor Sombrío por eso - comentó él, mientras le acercaba una silla.
- No tiene que ver con la Alianza. De hecho, las personas que encontré no están en liga con nuestra Tierra ni nada por el estilo. Podría decirse de hecho, que no son de esta realidad - dijo ella con semblante culpable.
- Jenny... ya estas grande para fantasear de es manera, ¿no crees? - el militar se levantó y empezó a caminar por el vestíbulo de la clínica.
- ¡No estoy mintiendo!, por eso no quería decírselo. Sabía que no me creería. No estoy segura de que el Canciller Udina vaya a creerlo tampoco...
- ¿Y que tiene que ver Udina en esto? - preguntó Anderson acercándose a la mesa donde la muchacha descansaba.
- No tiene caso decirle nada si no esta dispuesto a concederme el beneficio de la duda. ¿Me ayudaría a explicarle al Canciller si le cuento la historia y le demuestro que es verdad? - se levantó suplicante.
Anderson suspiró un momento. Cualquier promesa que involucrara a Udina iba a ser difícil de mantener, pero si lo había hecho por Shepard, ¿porque no por la hija de uno de sus mejores amigos?.
- Puedo intentarlo.
Jenny procedió a contarle su odisea con los batarianos, y el rescate por parte de las fuerzas Robotech. Le contó de su convivencia con el Almirante Hunter y los "otros", y su experiencia con la Flor de la Vida. Le indicó como ellos le ayudaron a regresar a la Ciudadela y como debían viajar guiándose a través de las balizas localizadoras. Le dijo también como había prometido preparar el camino para su llegada a la estación espacial y que el plazo dado por ella estaba por cumplirse.
Ya había empezado el ciclo de seis horas de noche en el Presidio para cuando termino su relato -aunque en los Distritos esa distinción no era notoria. Siempre había actividad, ya fuera día o noche-.
- Lo que me cuentas puede poner de cabeza a esta galaxia. Ya no digamos a la Alianza - dijo el militar, cruzándose de brazos. Su gesto había cambiado radicalmente.
- ¿Entonces me cree?.
- Todavía necesito confirmación de que lo que me estas diciendo es verdad, pero tengo un amigo en una posición semejante y no he dejado de darle apoyo por eso. Además quiero ver esas pruebas contundentes de las que me hablas.
- ¡Gracias!. ¡No se arrepentirá! - El militar pudo ver la sonrisa de la chica pintada en sus ojos.
Unos minutos después, Chloe Michel se acercó a ellos trayendo a una Carina Velázquez menos pálida y mas tranquila que cuando llegó:
- ¿Estas bien Velázquez? - pregunto Sparks abrazando ligeramente a su compañera.
- He estado mejor capitana...- dijo la chica mostrándose todavía cimbrada por la experiencia - ...pero en cuanto la pastilla de la doctora haga efecto, estaré mejor... - agregó tratando de esbozar una sonrisa.
- Solo necesita dormir. Eso y las pastillas para la resaca y mañana estará como nueva - La joven doctora le extendió unas muestras de medicina a Carina, quien se las guardo en los bolsillos de su uniforme.
- Gracias doctora. Cargue el servicio a la cuenta de la Embajada de la Alianza - dijo Anderson estrechándole la mano.
- Claro, capitán.
- ¡Justo a tiempo para acompañarnos a los separos!
Los tres voltearon a ver inmediatamente a su nuevo interlocutor. Anderson levantó el rifle y se preparó a disparar, pero la armadura azul y reluciente de un turiano, cuyas marcas faciales le atravesaban toda la cara, lo detuvo:
- Baje esa arma Capitán Anderson, si no quiere que lo haga arrestar por obstruir a la fuerza policial. Se vería muy mal en su currículum de consejero del embajador Udina.
- ¿Y usted quien es? - dijo Anderson sin bajar el arma. Otros oficiales que estaban entrando, sacaran sus armas al verlo, pero el turiano les hizo una seña de que no procedieran. Después encaró a los tres humanos.
- Soy el Primer Teniente Chellick, de Seg-C - dijo, mientras hacía señas a los otros policías afuera de la clínica, para que se alejaran:
- ¿Que desea oficial? - la doctora intervino poniéndose enfrente de sus pacientes.
- Doctora Michel... - el extraterrestre hizo un inclinación leve de su cabeza - Estamos requiriendo a su joven acompañante, la señorita Jennifer Sparks, por una denuncia por parte de ExoGeni, acerca de material robado, encontrado a bordo de su nave.
Jenny, que no había sacado la pistola, comento en un tono molesto:
- ¿Qué?, ¿de que rayos esta hablando oficial?
- Hay una denuncia de hechos. Hemos procedido a revisar su nave a pedido de la oficina de ExoGeni en la Ciudadela y encontramos material muy interesante, además de las posesiones robadas. Me temo que tendrá que acompañarnos.
- Eso no puede ser. Teníamos un contrato con ellos para transportar material desde una base en el planeta Trebin, hasta la Ciudadela. Entregamos esta misma mañana. Mi primer oficial firmó el registro de desembarco e hizo la documentación de salida...
- El primer oficial Sean Huxley, esta en los separos de Khitoi y en camino de ser transferido a nuestra jurisdicción en este momento. Fue arrestado por obstruir la ejecución de la revisión.
- ¡¿Huxley?, no... - dijo Velázquez tratando de correr hacia afuera de la clínica. Una asari y un salariano la detuvieron.
- ¡Eso no puede ser!... - dijo la pelirroja bajando el rostro - ...¡Debe ser una equivocación!, puedo mostrarle los documentos que avalan la salida de nuestra nave, después de haber sido revisada a profundidad por el personal de ExoGeni.
- Me temo que he visto esos reportes y los he cotejado contra las salidas y entradas de la bodega de la compañía en el muelle privado numero veintidós. Su veracidad es cuestionable. Son una falsificación -casi impecable por cierto-. Además tengo reportes del material de ExoGeni, que coinciden con la evidencia encontrada en su nave - la mueca de tranquilidad que era la cara de Jenny empezó a resquebrajarse. Chellick agregó:
- Mire, usted es responsable de la nave, por lo tanto debo pedirle que nos acompañe, pues su calidad en este momento es de sospechosa.
- ¿Como se atreve? - saltó Carina inmediatamente acercándose hacia el oficial. Anderson estiró el brazo, deteniendo a la impetuosa muchacha.
- ¡Por favor váyanse!, no quiero otro tiroteo aquí - dijo la Doctora Michel interponiéndose entre ellos y los policías. Su rostro estaba alterado por el miedo, y Anderson consideró que se merecía algo mejor que esto.
- Acompáñenme a los separos de Zakera y arreglemos todo este asunto. Si resulta no ser culpable, no hará mas que perder un par de horas de su tiempo de sueño - el turiano se estaba mostrando dispuesto a conciliar. La situación podía volverse muy tensa en poco tiempo, así que procedió a tratar de desactivarla como mejor pudo hacerlo.
- Hay que acompañarlos, Jenny.
- ¡Capitán Anderson!, ¡no irá a creer en serio que soy una ladrona!.
- No lo creo muchacha. Pero es necesario que salgas de este problema lo mas pronto posible, o no vas a poder ayudar a tus amigos.
La chispa en los ojos de Jennifer Sparks se apagó de súbito. Anderson creyó saber lo que estaba pasando por la mente de la chica. La conocía lo suficientemente bien para saber que no era capaz de cometer un crimen, pero entendía, por el modo de actuar de la policía, que el Corredor Sombrío no se iba a rendir tan fácilmente. De súbito ella saco la pistola y retrocediendo, apunto al oficial:
- ¡Podemos hacer esto tan fácil o difícil como usted quiera Chellick!. Me atrapó y voy a entregarme y confesar el crimen. Pero debe asegurarme que mis dos acompañantes y la gente de la tripulación no serán molestados.
Los policías sacaron inmediatamente sus armas. Anderson y Velázquez voltearon a verla, con el shock pintado en sus rostros:
- ¡Detente Jenny! - Anderson trató de acercarse pero la pelirroja le apuntó y retrocedió un paso.
- No capitán. ¡Le agradezco lo que hizo por mí, pero ambos sabemos que no hay salida de esta!.
- ¡No seas necia muchacha, baja el arma y todo saldrá bien! - comento el turiano, dando un ligero paso al frente.
- ¡No haga eso!, ¡no lo haga! - comento Velázquez, con la desesperación empapando su voz.
- No es tu decisión Cari, así que apártate - dijo la ex-militar, dando otro paso hacia atrás.
- ¡Apártense o todos serán encarcelados por obstrucción de la justicia!, ¡señorita Sparks, no está en posibilidades de negociar! - el oficial de Seg-C le apuntó directamente. Sus compañeros estaban mirando a uno y otro y después a la doctora, dudando seriamente de querer empezar un tiroteo en ese lugar. Chloe Michel se acurruco en un rincón, cubriendo a los pocos pacientes que aún descansaban en la clínica. El pánico en su cara lo decía todo.
- Si lo estoy detective. Mi trato es este: Accede a mis demandas, o empezaré a disparar. "Murió en cumplimiento del deber" es un epitafio digno para un policía, ¿no cree?. Aún si sale vivo de esta, su hoja de servicio se verá manchada con un singular tiroteo fatal en una apacible clínica de los Distritos. ¿Esta dispuesto a eso Chellick?.
- ¡Capitana! -Velázquez trató de acercarse a ella, pero Anderson la retuvo del brazo.
- ¡Silencio Carina!, ¡estoy harta de oírte lloriquear! - dijo la pelirroja perdiendo la calma y suscitando que la morena pelinegra enmudeciera. Sin perder vista de su blanco preguntó de nuevo:
- ¿Entonces que dice?
La faz del turiano se torció en un gesto de ira controlada, que reprimió de excelente manera. El ambiente se hizo pesado por momentos, pero un gesto para detener a sus compañeros termino por desinflar la situación:
- De acuerdo Sparks, le prometo que no se les tocará. Tiene mi palabra.
- ¿Como se que puedo confiar en usted? - pregunto ella, sin dejar de apuntar.
- No lo sabe. Deberá aceptar eso. ¡Ahora baje su maldita arma!.
Jennifer bajo la pistola que le había quitado al matón que la había asaltado. Cuando la dejó en el suelo, varios hombres de Seg-C la apresaron. Los gritos de protesta de Anderson y Velázquez, junto con los chillidos de Michel, perturbaron el ambiente de la clínica. Los oficiales sacaron a todos del lugar, pero cuando estaban por llevárselos, el detective intervino:
- Déjenlos.
- ¡Pero son sospechosos también! - una asari, cuyas insignias la identificaban como sargento, gruñó casi en la cara del turiano.
- ¡Tenemos a la principal!. Solo decomisen sus armas y déjenlos ir - no se molesto en voltear a ver a los dos humanos.
- ¡Malditos sean!, ¡es un error!, ¡están cometiendo un error! - gritaba Velázquez, mientras ella y Anderson eran soltados.
- ¡Te sacaremos de allí!, ¡no te preocupes! - fue lo último que oyó decir al capitán de la Alianza, antes de que la subieran a un transporte volador y el vehículo se pusiera en marcha.
Jenny se resignó a su suerte, agachando la cabeza y sumiéndose en sus pensamientos. Percibió que el vehículo volador se puso en marcha y mientras viajaba, malgasto su tiempo maldiciendo internamente que no pudiera ayudar al Almirante y a los otros. Su mente trató de formular insanos planes de escape, pero la rabia le nublaba el juicio y no llegaba a nada. La impotencia y el desprecio hacia si misma por saber que había cometido una tontería la estaban empezando a torturar. Varios segundos después -¿o fueron minutos?, no lo sabía con certeza-, llegaron a los separos de Zakera.
Un par de extraterrestres la sacaron del auto, obligandola a caminar y cortando de tajo su doloroso trance. La transportaron a través de corredores intensamente iluminados, con celdas de puertas transparentes y macizas paredes de metal reforzado del que estaba hecho la Ciudadela. Había caído en ese lugar otras veces por faltas menores, pero nunca pensó llegar allí inculpada injustamente.
Cuando estaban a punto de arrojarla a su prisión, un hombre se acercó a ella. Le era harto familiar: El despreciable Jefe de Almacenajes Miller:
- ¡Lo sabía!, ¡solo tu eras capaz de una cobardía semejante!, ¡espera a que me suelten y verás, Miller! - Jenny forcejeaba con los guardias, sujeta por las esposas electrónicas. El tono desafiante no aminoraba sin embargo.
- Creo que podre agregar amenazas y hostigamiento a los cargos contra la señorita Sparks - dijo el grandulón, dibujando una sonrisa de burla en su rostro. Jenny lo hubiera castrado allí mismo, de no estar sujeta por las esposas. En cambio lo único que consiguió fue que los oficiales la metieran a la celda de manera violenta. La puerta reforzada de cristacero se cerró sobre ella, aislándola de el.
Mientras se acercaba y golpeaba frenéticamente el cristal, tratando en vano de romperlo, el turiano Chellick se acercó, y la miró como se mira a un animal de zoológico. Acto seguido, otro hombre se le acercó. Por la descripción que Carina había hecho de él , podía reconocerlo: El Jefe de Personal Yami Sarma:
- Namaste, detective. Veo que ha encontrado las propiedades de mi compañía - comentó el hindú, observando con avaricia las pertenencias que Chellick llevaba en las manos. Sparks no pudo contener un grito de espanto, que no fue atenuado lo suficiente por el aislamiento de la celda, al ver las garras del turiano puestas sobre las cosas que el Almirante le había dado: La baliza Robotech y el contenedor de la Flor de la Vida.
- Así es, basado en los reportes que nos ha dado Jefe Miller, creo que se hará justicia - dijo el oficial de Seg-C con el pecho henchido de orgullo. Esa acción iba a a quedar muy bien en su reporte de actividades. Quizá hasta lo promovieran por ello...
- Muy bien. Si me lo permite, me llevaré las pertenencias de la compañía... - el hombrecillo hindú estiró las manos para recuperar los artefactos, pero el extraterrestre los aparto de él, lanzándole una mirada molesta.
- Eso no será posible. Son evidencia y debemos de procesarla para las averiguaciones de rigor - la cara del jefe de personal se convirtió en una mueca de desagrado momentánea, que rápidamente se transformó en un gesto mas plácido.
- Estamos hablando de investigaciones secretas de la compañía... ¿que hay si nuestros rivales corporativos se enteran de esto? - pregunto el Jefe Miller, adelantándose como para intimidar al turiano, táctica que no surtió ningún efecto.
- Procederemos con la mayor discreción del caso, ténganlo por seguro. La evidencia se procesará en dos días y se les devolverá - les dijo el oficial con tono firme, que indicaba que no admitiría mas cuestionamientos.
- De acuerdo oficial... esperaremos. ¿Necesita algo más de nosotros? - la voz melosa de Yami Sarma indicó una sumisión momentánea a los acontecimientos.
- Sí, una declaración formal. Podemos empezar los trámites ahora mismo si gustan - el primer teniente se alejó llevando los objetos hacia la sala de evidencia, con Sarma siguiéndolo de cerca. Miller iba tras de ellos, pero en un momento dado regresó, y parándose frente a ella, le dijo en voz muy baja...
- El Corredor Sombrío siempre obtiene lo que quiere. No lo olvide jamás Sparks...
- ¡Maldito sea!, ¡maldito! - dijo la pelirroja, gritando de rabia, y golpeando enardecidamente el cristal con todas sus fuerzas, mientras veía a ese miserable alejarse de allí.
- Por cierto... saquen también al pobre diablo que esta en la celda siete, es inocente... - llegó la voz de Chellick a lo lejos.
Un humano y un salariano pasaron de largo por el frente de la celda. Un minuto después, ambos volvieron a pasar, llevando a un maduro hombre rubio, de maltratados ojos verdes...
- ¡Huxley! -el primer oficial se soltó de ellos y se acercó al cristal, replegándose a él y mostrando los moretones de los golpes que ellos le habían dado. Su voz era suplicante.
- ¡Capitana!, ¡yo no quería hacerlo!, ¡ellos me obligaron!, ¡lo siento!... lo siento... - dijo el hombre sollozando, mientras los dos oficiales lo agarraban de nuevo y lo jalaban hacia la salida.
- Te creo Huxley, te creo... - dijo ella, observando como se lo llevaban. Deseo mas fuertemente que nunca, mientras se dejaba resbalar sobre el cristal hasta caer de rodillas al suelo, y recordando que eso era solo un buen deseo, que su amigo Garrus no se hubiera ido jamás de Seg-C...
Los dos agentes de la ley echaron al primer oficial Sean Huxley de los separos, a la calle tranquila y poco concurrida. El hombre cayó de bruces y tardó un minuto en levantarse. Sin embargo, una mano lo ayudó a ponerse en pie: La de su compañera, la ex-oficial de comunicaciones Carina Velázquez:
- Cari... yo...
- ¿Dime que sucedió?, ¡tu sabes que sucedió, dímelo! - la latina pelinegra tenía una expresión de desolación en el rostro, y lo zarandeaba fuertemente. El hombre no atinaba a decir palabra, provocando más frustración e ira en la muchacha. Anderson la detuvo:
- ¡Basta!, ¡lo que quiera que hayan hecho, tenemos que remediarlo pronto.
- No hay remedio.
- ¡Maldita sea!, ¡rehazte Huxley!, ¡te necesitamos aquí!.
- ¡No lo entiendes!... ¡yo le ayude a ese miserable de Miller a que encarcelaran a la capitana!
- Eso no importa en este instante. Lo que hay que hacer es conseguir ayuda y pronto.¿Pudiste ver a Jennifer?
- Sí, está en el ala Este, celda nueve.
- Voy a entrar. Como miembro de la Embajada de la Alianza, no pueden negarme el paso. Si no he salido en quince minutos, vayan a la Embajada, pidan hablar con el embajador Donnel Udina y explíquenle la situación, diciéndole que es un código FC-1025 de la Alianza, el entenderá.
- FC-1025. De acuerdo capitán, que tenga suerte.
- Gracias
Anderson dejó atrás a los jóvenes, que estaban sentados frente a la estación de transito y se dirigió a los separos. Zakera tenía el menor de los índices de criminalidad de los Distritos de la Ciudadela, pero no por eso su estación de Seg-C en el distrito dejaba de ser un poco oscura y un tanto sórdida. La diferencia con las estaciones de policía en la Tierra, era que los interiores y celdas de la construcción (así como los de la Academia de Seg-C, según había visto alguna vez), daban hacia partes poco agradables del gigantesco cilindro espacial, partes en las que solo las "ratas de los ductos", como solían llamarle a los niños desamparados que vivían en los distritos, o los Cuidadores, la enigmática raza insectoide que mantenía la Ciudadela funcionando, solían frecuentar.
Al llegar al área de trabajo, la misma sargento que había protestado por su liberación se acercó hacia él, con un gesto intimidatorio:
- Tiene agallas para venir aquí después de lo que paso. Quizá si deba encerrarlo junto a su amiga.
- O quizá debas dejar de decir estupideces y apartarte de mi camino. Quiero hablar con el Detective Chellick.
La asari iba a responderle, pero un salariano intervino primero:
- Chellick esta tomando declaración a la gente de ExoGeni. Si lo va a esperar, siéntese allí - señaló una silla que parecía bastante incomoda. El militar se pregunto como, de una galaxia tan llena de aparatos ergonómicos y comodidades en todos los lugares, las estaciones de policía siempre recibían los pertrechos mas espartanos.
La asari que le había plantado cara se alejó de allí y él esperó un tiempo sentado. A los cinco minutos dos hombres, un castaño alto y fornido, y otro mas bajito, moreno y de facciones marcadamente étnicas, salieron de la oficina. Pasaron frente a él, sin hacerle mucho caso. Cuando Chellick salió de su oficina y lo vio llegar, le hizo una seña y volvió a entrar. Anderson se levantó, agradeciendo internamente que su incomoda espera hubiera terminado y se dirigió hacia la habitación. Una vez que hubo traspasado el umbral y cerrado la puerta, el oficial se sentó en su escritorio y le hizo una seña al humano para que hiciera lo mismo:
- Capitán David Anderson de la Marina de la Alianza. Asesor del Embajador Donnel Udina. Debido a su envolvimiento con la prisionera que tenemos encerrada, me temo que su presencia aquí es poco afortunada.
- ¡Dejémonos de tonterías!. ¡Usted está trabajando para el Corredor Sombrío!, me lo imagine desde que nos encontró en la clínica.
- ¡Silencio!... - ordenó el turiano haciendo un exagerado gesto que hubiera sido muy natural en un hombre - ...esta oficina es segura, pero no me fiaría de que no hubiera oídos en las paredes. Si se calla y no hace ruido, le explicaré lo que sucede.
Anderson batalló para contener la rabia que estaba creciendo dentro de sí. Sabía sin embargo que el turiano podía tener información valiosa, así que dejó que el extraterrestre hablara:
- Hace algunos meses, después del incidente del Antro de Chora en el que el Comandante Shepard me ayudó, la información que obtuve de los traficantes de armas me puso sobre alerta de un contacto que la organización del Corredor Sombrío tenía en la Ciudadela. Investigando más, ensamble una lista de posibles sospechosos, que se fue reduciendo paulatinamente hasta que quedó uno de ellos: El Jefe de Almacenaje Miller, de la compañía ExoGeni, que es el tipo castaño y fornido que usted vio salir de aquí.
- ¿Entonces usted lo ha estado investigando?
- Sí. Hemos tenido muchas notificaciones acerca de asuntos de chantaje y corrupción que conducen a la organización del Corredor Sombrío. Siempre podemos encontrar a los peones, a los jugadores de segunda línea. Pero los cabecillas principales son en extremo difíciles de rastrear. Miller es un peón de segunda línea, despreciable en cualquier caso, pero recibe ordenes de un agente mejor posicionado. He estado rastreando el posible paradero de ese sujeto, pero todos mis esfuerzos me han resultado inútiles.
- ¿Y entonces?
- Hace un mes más o menos, atrape infraganti a Miller traficando con material de ExoGeni. Un delito suficientemente grave para meritar cárcel en una nave prisión por varios años. A pesar de su imponente corpulencia, el tipo no es un hombre demasiado valiente y cuando lo amenacé con ponerlo bajo la sombra por unos años, se acobardó.
- Algún trato debieron haber hecho o él no estaría aquí.
- Así es. Acordamos que nos ayudaría a atrapar al operativo de gran nivel en flagrancia. Pero desde que eso sucedió, no ha habido muchas oportunidades. Las que ha habido han sido frustradas por diferentes circunstancias, lo que concuerda con el poder y recursos de una organización como la del Corredor Sombrío. Pero hay algo más...
- ¿Qué?
- A raíz de eso me di cuenta que, quienquiera que sea ese contacto, debe estar posicionado en Seg-C o tener un espía entre nosotros, pues conoce detalles muy íntimos de la operación en los separos y la Academia.
- Eso explica el incidente de los Distritos hace rato.
- ¿Cual incidente?.
- Antes de llegar a la clínica de la Dra. Michel, unos hombres armados, que decían venir de parte del Corredor Sombrío atacaron a mis asociadas y trataron de secuestrarlas, en un callejón trasero, cerca del bar Flux, aquí en Zakera.
- No es posible, no hay reportes de incidentes ni nada por el estilo.
- Pues lo hubo. Puede verificar las armas que nos decomisaron. Son del mercado negro, versiones militares de armas civiles.
La mente de Chellick vagabundeo un momento. Invoco la interfaz háptica de su terminal y buscó en los registros. Después de un par de minutos más, encontró algo:
- Aquí hay una llamada desde las inmediaciones del Flux, que se cortó abruptamente hace dos horas.
- Más o menos el tiempo en el que sucedió el tiroteo. Puede revisar los registros de disparo de las armas y encontrara que coinciden con la hora de la llamada.
- No solo eso, sino que los datos de modificación del arma son iguales a los que decomise de aquel traficante krogan. Verificaré los registros, pero aunque así sea, es evidencia circunstancial... - Anderson iba a protestar, pero el turiano se adelantó - ...sin embargo me aclara más cosas sobre el envolvimiento del Corredor Sombrío en esta operación.
- ¿Y que hay del otro hombre que venía con él, el hindú?.
- ¿Yami Sarma?, es el Jefe de personal de ExoGeni. Lo hemos revisado de pies a cabeza. Es un burócrata inofensivo que probablemente fue asignado por la compañía para reforzar la presencia de Miller. En el mes que lleva en la Ciudadela ha sido amonestado una vez por pisar el césped del Presidio, siendo ese su único crimen. Muy probablemente sea solo un espectador inocente.
- Me alegra poder ayudarle detective , pero a cambio de todo esto necesito un favor.
- No puedo liberar a la prisionera si eso es lo que quiere. Es parte del gancho actual para que Miller nos entregue al líder...
- Pero mi asociada tiene información importante que concierne a negocios de la Alianza. Y la necesitamos en custodia.
- Y estaría en la mejor disposición de entregarla, si no fuera porque parte del procedimiento estandar es que la retengamos aquí, mientras se realizan las averiguaciones correspondientes.
- ¡Todo esto es una trampa para ella!, ¿no lo entiende?, las cosas que son la supuesta evidencia robada, no le pertenecen a la compañía.
- Me temo que tengo documentos reales que verifican lo contrario. Reportes de meses de descubrimientos de ExoGeni que avalan su posesión. Y aún si no fuera sí, ambos objetos son de procedencia desconocida y tendrían que ser sometidos a análisis exhaustivos para determinar que nos son perniciosos.
- Chellick, no me obligue a poner una queja diplomática ante el Concilio. No quiero causarle ningún problema y sabe que ExoGeni no podría resistirse a un edicto oficial de la Alianza...
- Si a esas tenemos que llegar Capitán, entonces me temo que así será. Pero en lo que usted hace su maniobra diplomática, yo tengo que mantener todo tranquilo en esta estación, y eso incluye mantener a la prisionera en su celda.
El militar de la Alianza se dijo que a pesar de que el turiano estaba en disposición de cooperar, las circunstancias no iban a permitírselo. Estaba envuelto en su propia intriga y no iba a ceder un ápice.
- Entonces concédame este favor. Déjeme ver la evidencia.
- Eso va en contra del protocolo…
- También lo es discutir detalles de un caso con un civil, y sin embargo usted ha obtenido información valiosa... ¡vamos!... deme algo con que maniobrar...
El oficial medito un segundo y retorció sus afiladas garras una contra otra. Estaba indeciso entre lo que quería hacer y su deber. Después de unos segundos, le dijo en voz baja:
- De acuerdo. Le extenderé una cortesía por lo que Shepard hizo por mi en aquel caso, ¡pero no quiero ninguna sorpresa!. Si intenta algo, yo mismo le dispararé, asesor del embajador o no. Sigame discretamente.
El larguirucho oficial de policía salió discretamente de la oficina, y ojeo a su alrededor, observando el movimiento del precinto. Sus compañeros no parecían haber notado sus movimientos, así que le hizo una seña a Anderson y se dirigió hacia el pasillo interior del lugar. Anderson lo siguió tan discretamente como pudo. De alguna forma le recordaba sus días de gloria, y sintió la adrenalina acumularse en su cuerpo, la excitación provocando una ligera euforia de la que no podía desembarazarse. Mientras se acercaba al cuarto, paso por el corredor de las celdas. Verifico los números de las celdas y cuando pasó por la numero nueve, observo discretamente. Allí estaba Jenny Sparks, tendida sobre el camastro del lugar, desolada y con un semblante de desesperación. El capitán de la Alianza se maldijo por no actuar mas enérgicamente y permitir que las cosas llegaran a esto.
La dejó atrás, sin hacerle ninguna seña y se adelanto adonde Chellick lo esperaba. Llegaron al cuarto de evidencias y el turiano abrió la puerta, después de introducir un complicado código de seguridad.
La celda de evidencias era barroca, un gran carnaval en medio de la austeridad de la oficina de seguridad. Estanterías transparentes, guardadas por fuertes cerraduras electrónicas guardaban los distintos objetos relacionados a los múltiples delitos que se realizaban día con día en la Ciudadela. A pesar de lo que el Concilio decía acerca de los índices de criminalidad, el viejo militar sabía que al igual que en la Tierra, siempre habría desposeídos mientras los sistemas de gobierno no se preocuparan por una justa distribución de la riqueza. Era curioso como los errores cometidos por los humanos se replicaban en las sociedades alienígenas por igual.
Chellick se acercó a una estantería rectangular, iluminada por un luz ambarina. En ella estaba la baliza Robotech, un cilindro de unos treinta centímetros cuyo interior parecía oscilar con vida propia. La cercanía con esa tecnología, la cual no se parecía en nada a los artilugios de otras razas que había visto, le daba una sensación de verdadera extrañeza. Pero lo que más llamó su atención era un grupo de flores de color rosado, parecidas a las orquídeas. Eran hermosas, de una manera como solo ellas podían serlo, con una gracia que no tenía par entre las cosas de ese universo.
El oficial de Seg-C sacó el cilindro contenedor transparente, en el cual las flores danzaban tan suavemente que parecían ondularse con un inexistente viento en la habitación. Chellick las contempló un momento, extasiado en la delicadeza de esa forma de vida, y la iba a entregar a Anderson, cuando tropezó ligeramente. El cilindro resbaló de sus manos y hubiera terminado en el suelo, de no haber sido por las ágiles manos del humano.
Al tomarlo, el ex-capitán de la Normandía tuvo una fugaz visión: Su mente lo llevó a los confines de la galaxia y mas allá. Pudo ver una raza de informes seres orgánicos sobreviviendo de la energía que esa planta les daba. Apreció el imperio de un grupo de poderosos ancianos, que se levantaba para conquistar todos los mundos de su sistema natal, al robar la flor a los primeros alienigenas. Observó el surgimiento de un grupo de gigantescos guerreros clonados, cuya misión era encontrar una nave perdida que transportaba esa forma de vida. Y contempló en segundos, las crueles guerras que la humanidad de otra dimensión tuvo que pelear para sobrevivir, todo por causa de ese ente que sostenía entre sus manos. Todo lo que vio lo dejó anonadado. De pronto se sintió enormemente pequeño y solo, como nunca antes se había sentido.
El turiano le retiró el contenedor de las manos y volvió a guardarlo en la estantería. Anderson salió del trance solo un segundo después, y miró al oficial, como anonadado. El otro le hizo una seña como para despedirlo y ambos salieron del cuarto de evidencia. Mientras Chellick cerraba el cuarto Anderson se acercó a la celda de Jenny Sparks, quien todavía estaba acostada. El militar golpeo el cristal frenéticamente, levantando de la barraca a la mujer:
- ¡Capitán Anderson!
- ¡Lo he visto!... - le dijo cuando ella se acerco al cristal - ...¡es verdad!, ¡te creo!
- ¡Debe de ayudarlos capitán!, ¡están por llegar!, ¡debe ayudarlos! - le dijo ella con voz grave mientras pegaba su mano a la división de la celda. Anderson solo asintió y agradeciendo al detective de Seg-C, salió corriendo hacia afuera, con rumbo a la embajada humana, batallando consigo mismo para no sentirse impotente.
Cuando el turiano vio salir al humano del precinto, tuvo el raro presentimiento de que es iba a ser una noche agitada. Lo sentía en sus huesos. Unos segundos después vio llegar a dos reclutas, escoltando a un quariano. Mientras caminaban hacia las celdas, el detective miró al vagabundo espacial dirigir una mirada hacia la sala de evidencias y después hacia la sala de espera, donde su compañera Sybia, la asari que había enfrentado al Capitán Anderson, observaba al recién llegado sin decir palabra. Uno nunca podía saber con exactitud los gestos faciales que esos extraterrestres en sellados trajes ambientales solían hacer, pero su instinto de detective le dijo que algo ahí estaba muy mal. Quizá tendría que vigilar a la asari mas de cerca...
Cuando David Anderson salió, organizó a los tripulantes de la Destino, que aun lo esperaban. Mientras les explicaba su plan, y después de dejarlos, Carina Velázquez se acercó a Sean Huxley y lo abrazó sin mediar palabra. El rubio hizo el gesto recíproco, y ambos permanecieron así, mientras luchaban por no caer en el desanimo. Eran las 2305 horas.
Fue entonces cuando sucedió.
La gente en las calles del Presidio y los Distritos. Los operadores de control de tráfico aéreo de la gigantesca estación espacial. Los trabajadores de las secciones industriales y los niños desposeídos a quienes llamaban "Ratas de los ductos" de la Ciudadela. Yami Sarma Kumar y el Jefe Miller desde su auto, acercándose hacia el edificio de ExoGeni. Chellick desde la sala de espera del precinto de Zakera y el embajador volus Din Korlack desde sus aposentos en la zona de embajadas. La gente del Flux a través del ventanal que recorría todo el lugar, y los asistentes al Antro de Chora y la Clínica Medica de la Doctora Michel, a través de las imágenes de video que reproducían la escena en todos los monitores de la estación espacial. Velázquez y Huxley en el muelle público ciento cincuenta y seis, afuera de la Destino y Anderson desde el balcón de la embajada de la Alianza...
Para todos ellos el tiempo casi se detuvo. Se congeló en el instante en que un enorme resplandor esférico iluminó el cielo de la estación espacial, convirtiendo la noche del Presidio en día forzado. Alumbrando hasta los rincones mas oscuros del Mercado de los Distritos. Encegueciendo a los asistentes que admiraban el espectáculo desde el acorazado "Ascensión del Destino", con una luz mas grande que el resplandor que usualmente despedía la nebulosa Serpiente.
Para muchos más el corazón dejo de latir en ese preciso instante. A las 2317 horas de la Ciudadela, los niños dejaron de llorar y reír para observar. Los adultos se preguntaron cuando se había visto semejante cosa en el universo y los alienígenas se dijeron que lo que fuera a pasar todos los presentes iban a recordarlo por siempre.
Y contarían a las generaciones posteriores que no estaban equivocados, cuando vieron desaparecer el resplandor en el cielo, para dar paso...
¡A la nave más extraña que jamás hubieran visto!.
N.A. : Me he tardado una eternidad en sacar este capitulo, ¡pero finalmente ya está! (Enero es un mes muy atareado para mí).
¡Y en el capitulo cinco! (en pocos días, se los aseguro): EL SDF-3 llega a la Ciudadela causando una conmoción (sí, ya se que eso mismo prometí para este capítulo, pero esta narración era necesaria para establecer los eventos de la siguiente parte, ¡además ahora sí es la buena!).
Una vez más, sus revisiones, comentarios o críticas serán bienvenidas. (siempre y cuando sean razonables). Me interesa mucho saber que los hispanoparlantes están atentos a estas historias.
¡Vamos, animense a comentar!
