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Capitulo Cinco:

Cortina de Acero.

Techo de la Embajada de la Alianza,

El Presidio, La Ciudadela

2310 horas, tiempo de la Ciudadela

El aire frío del ambiente molestó el cuerpo perfectamente moldeado de la Maestra Ladrona Kasumi Goto, provocando que con un pensamiento activara el tejido térmico del cual estaba hecho su traje. Estaba completamente a salvo caminando en la oscuridad del Presidio, en la azotea del edificio de la embajada de la Alianza, escudriñando la agitación de la zona que el Concilio había llamado el Presidio. Había desactivado las alarmas y penetrado en los sistemas de seguridad del edificio, modificando las imágenes de video que llegaban directamente a la Academia de Seg-C, para que no presentaran mas que las usuales escenas de rutina.

Kasumi había preparado esa estrategia, como parte de una serie de medidas dispuestas para colarse sin permiso en el edificio bajo sus pies. Era la mejor ladrona de la galaxia, y su reputación la había ganado a pulso. No había lugar donde no pudiera colarse, ni sistema de seguridad que le ofreciera reto. No había nacido diseñador de sistemas de contención, que fuera capaz de ponerle trabas por más de un minuto, ni objetos valiosos que estuvieran seguros si ella se proponía robarlos.

No era tonta, ni confiada sin embargo. El ser la mejor ladrona implicaba por principio, que no podía ser la más conocida, y el hecho de meterse a robar a la sede de la Alianza de Sistemas Humanos la ponía en el radar de una organización por demás poderosa, y en muchos casos implacable. Cierto, había robado y desafiado las contra medidas que otros poderosos terceros como Cerberus, habían establecido alrededor de ciertos recursos valiosos, pero eso había sido cuando su amante Keiji aún estaba vivo.

Keiji...

Las locuras que puede hacer una mujer por amor. Día con día desde que había fallecido hacía poco más de dos semanas, intentaba engañarse diciéndose que lo que hacía era por justicia. No lo era. El afán de tener los recuerdos de su amante, encriptados y almacenados en un dispositivo neural del cual ambos traían una parte incrustada en la cabeza, era su más poderoso incentivo para allanar el edificio sobre el que estaba parada. Suspiró un momento, dejando que la terrible realidad de su soledad la abrazara por completo. Reprimió sus sentimientos de la manera más exquisita que pudo y se enfocó en el trabajo que estaba por comenzar.

Entrar, registrar y salir. Todo en cinco minutos. Sin testigos, sin huellas ni detalles que la delataran. Como la niebla que invadía el aire de las costas en los días fríos de su natal Okinawa, antes de que la isla se hundiera para siempre en el mar Pacífico.

Como la niebla...

Botas magnéticas aseguradas. El sonido apagado de un cuerpo deslizándose por el túnel del ascensor de la construcción. Una pirueta atlética que la hizo aterrizar suavemente sobre una saliente del interior del cubo. Un movimiento de su omniherramienta y los sensores de presión y cámaras de vigilancia del piso de oficinas donde se encuentra el despacho de Donnel Udina, entrando en un perpetuo ciclo de alimentación de datos falsos. Se arrastró un par de metros por el ducto de ventilación y descolgó de una rejilla en la pared, con su cuerpo envuelto en la capa de ocultación táctica incorporada en su traje. La rejilla volviendo a su sitio después de haber entrado.

- "Todo bien hasta el momento. Dos minutos y contando" - pensó mientras caminaba hasta la puerta del despacho de Udina. Una cerradura Stonewall de triple encriptación.

ADN y confirmación de voz. Juego de niños. La compañía humana Locks for Hire había sacado ese dispositivo hacía menos de una semana. "Nuestra cerradura más fuerte" habían dicho. A ella le había costado menos de un minuto desensamblar su seguridad y pasar por ella como ni siquiera los diseñadores habían soñado...

El interior de la oficina era austero. Minimalista en cualquier caso. Ya había roto las protecciones de la terminal del despacho del embajador. Allí podía haber secretos de incalculable riqueza, acerca de los movimientos políticos del liderazgo humano. Pero su real valor estribaba en la conexión que tenía con la base de datos de la milicia de la Alianza. De todo ese gigantesco arcón de tesoros, a Kasumi le interesaba solo un dato en especial:

- Investigación especial de la Alianza, caso Hock: Expediente 25433 - dijo a la I.V. que le dio la bienvenida. A pesar de que esos cacharros electrónicos eran sofisticados, engañarlos era relativamente sencillo si tenías las muestras de ADN adecuadas.

Sin perder tiempo accedió al archivo solicitado. El cuerpo de Keiji había sido requisado por la Alianza, después de que Donovan Hock, traficante de armas, los atrapara. Su compañero había encontrado una serie de archivos ultra-clasificados de la milicia, que a la larga probaron ser su ruina. Semejante información suele atraer a las personas mas nefastas y Hock no era la excepción. Los atacaron en su guarida provisional en Nueva Venecia, y de no haber alertado a las autoridades de un falso ataque terrorista, no hubiera salido con vida. Sin embargo, Hock atrapó a Keiji y lo torturó hasta matarlo, antes de que la Alianza interviniera. El murió solo en un hospital militar, sin que nadie pudiera identificarlo.

La venganza es la cosa mas nefasta, y Kasumi la rechazaba, pero en ese momento la consideraba la razón lógica para su proceder. Pero antes que eso, estaba recuperar la "caja gris" que contenía la memoria de su compañero. Sin ello, sus recuerdos con él jamás estarían completos.

Descubrió que la Alianza había trasladado el cuerpo a una de sus facilidades en La Ciudadela, una de esas instalaciones secretas. Solo tenía que escarbar un poco más y encontraría la información pertinente. Un segundo después su equipo detecto una súbita variación de corriente y retiró la mano, al comprobar que la computadora en la que trabajaba estaba ejecutando un protocolo de seguridad, en el cual no había reparado.

Un error... probablemente uno costoso. Verifico su equipo, comprobando fehacientemente que los datos que requería habían sido borrados de esa base de datos. La Alianza tendría otro servidor inservible muy pronto, pero ella estaría tal como al principio. No tendría que preocuparse por Seg-C viéndola esculcar las pertenencias de Udina por lo menos, pero si no salía de la embajada pronto, la situación podía degenerar. Por mera curiosidad se acercó al enorme ventanal del cuarto. La obscuridad penetraba por el.

Kasumi se preparó para salir. Verifico que sus contra-medidas estuvieran activas aún (una necesidad para eventualidades como esa) y cuando se acercó presurosamente a la puerta, esta se abrió. La maestra ladrona se movió como el rayo. Un salto y quedó cerca de uno de los balcones de la oficina. Se replegó a la pared, mientras un hombre maduro, con prominentes entradas en su cabello chino y facciones de buitre, en un traje blanco de buena factura, entraba en el despacho:

- "El Canciller Udina... quizá las cosas no estén tan perdidas después de todo" -

El tipo venía murmurando algo. La japonesa pudo jurar que estaba maldiciendo por lo bajo a cuanta deidad conocía. Un gesto simbólico para alguien que era declaradamente ateo. Estaba muy cerca de ella, tratando de activar su terminal, solo para encontrar que no funcionaba. Unos minutos se fueron en el andar de un lado al otro del delgado hombre, dando vueltas y vociferando.

- ¡Maldición, una falla eléctrica!, ¡y en que jodido momento! -

Su voz de villano de caricatura la hizo sonreír. Udina podría ser políticamente muy astuto, pero su porte y aplomo eran los de un anciano cascarrabias. A pesar de que el tiempo se le estaba echando encima (llevaba casi un minuto mas de lo estipulado), ese ejemplar poco agraciado del sistema podía facilitarle el dato que le hacía falta. Estaba tan absorto tratando de hacer funcionar sus cosas, que no había sospechado que pudiera no estar a solas. Era sólo cuestión de acercarse un poco a él. Un golpe solido y...

- ¡Udina! -

La puerta se abrió casi de golpe. Otro hombre había llegado. Kasumi volvió a la pared casi de inmediato. El segundo portaba el uniforme de la Marina de la Alianza. Lo reconoció un segundo después: El Capitán Anderson, ex-oficial al mando de la SSV Normandía, la nave del Comandante Shepard. Había estudiado los perfiles de ambos personajes mientras estructuraba su estrategia de entrada. Sabía acerca de los niveles de amenaza de cada uno, y no era nada que no pudiera manejar. Sin embargo la mejor táctica para no levantar sospechas era no mostrar que estabas donde la gente no quiere que estés. Esperó para ver como se desenvolvía la escena:

- ¡Anderson!, ¿porque tanto alboroto? -

El marino se recargó un momento en la mesa y mientras tomaba aliento preguntó:

- ¿Conoce al Almirante Sparks de la Tercera Flota? -

- Sí... estuve con él hace algunos días -

- Entonces recordará que tiene una hija perdida -

- De la que quiere saber constantemente, si... ¿a donde quiere llegar Anderson? -

- Esa chica esta en el precinto de Seg-C de Zakera ahora mismo. Fue acusada de robar unos artefactos de las instalaciones de ExoGeni -

- ¿Y...? - el canciller no se inmuto. La situación con su terminal lo había puesto de mal talante.

- ¡Es una farsa!. Esos artefactos pertenecen a la tripulación de su nave -

- Interesantes noticias capitán, pero no ha estipulado aún: ¿Que tienen de relevantes para nosotros? -

- Requiere ayuda diplomática. Esta en posesión de información que es del interés de la Alianza y es nuestro deber interceder por ella - el militar se aceró hacia él. Sin duda no esperaba semejante reacción del funcionario.

- ¿De que índole? -

- ¡Una situación de primer contacto! - Udina se dio la vuelta e hizo un gesto exagerado abriendo los brazos. No le gustaba adonde iba esa conversación.

- ¿Esta seguro de lo que dice Anderson?. Esa clase de historias suelen acarrear mucho trabajo para la embajada. Recordará lo de Shepard... -

- ¡No empecemos otra vez con lo de los Segadores!, ¡en este caso hay pruebas de que lo que dice es verdad! - alegó el capitán.

- ¿Que pruebas?, ¿acaso alguna otra grabación que el Concilio pueda descartar como poco concluyente? -

- He visto esos objetos Udina. Verdadera tecnología extraterrestre. Puedo llevarlo al precinto para que los vea, además Seg-C tiene requisada también una forma de vida sin igual, que podría demostrar el testimonio de Jennifer Sparks si la llevamos ante el Concilio -

- Suena muy interesante capitán, y hasta es posible que esta chica diga la verdad, pero me temo que tiene que esperar -

- ¿No me oyó Udina?, Jenny Sparks, hija del Almirante Sparks de la Alianza, está encerrada en el precinto de Zakera en este instante, acusada de un crimen que no cometió, por que al Corredor Sombrío le interesa poseer esa información que ella tiene y... - Udina se llevó la mano a la cara. Estaba pasando otra vez.

- ¿El Corredor Sombrío?, ¿en la Ciudadela?, debe de estar bromeando... -

- ¿Como diablos cree que nos hicimos de la información que incrimino a Saren?, ¿pidiéndola amablemente? -

- Hay cosas de las que no necesito saber Anderson, y esa era una de ellas. Si el Concilio se entera de esto... -

- ¡Deje de quejarse y escúcheme!, si el Corredor Sombrío quiere esa información hará lo que sea para obtenerla, hasta secuestrarla de Seg-C -

- ¡No sea ridículo Anderson!. ¡Ni siquiera él se atrevería a atacar los recintos de Seg-C!. Por el momento dejaremos esta situación tal y como está, primero tengo asuntos con los Volus que deben ser atendidos. Además... -

- ¿No me está escuchando? ¡Hay que ayudarla pronto maldita sea!-

Udina respiró profundamente tratando de contenerse. El militar estaba probando ser más molesto que útil.

- Capitán Anderson: Su colaboración ha sido valiosa para lograr los objetivos de la embajada. Sin duda el embajador Volus va a hablar muy bien de usted. Pero tener su ayuda, no significa que me vea obligado a cumplir todos y cada uno de sus caprichos. Ya bastante tengo con acceder a que Shepard (y todos los problemas que acarrea), siga en contacto directo con usted, en lugar de canalizarlo completamente a través de la Quinta Flota. No vamos a hacer nada por el momento. Mañana por la mañana me presentaré yo mismo en el Precinto de Zakera a solicitar la liberación de esa joven -

- ¡Mañana puede ser muy tarde ya! - el británico estaba perdiendo la calma a pasos agigantados.

- ¡Basta Anderson!, ¡no esta usando su cabeza!. Si no mal recuerdo, Jennifer Sparks es hija de alguien muy cercano a usted, además de una oficial con la que usted trabajó. No esta viendo las cosas de manera objetiva -

- Escúcheme Udina. Independientemente de la relación que pueda tener con su familia, esa chica me contó como se hizo con esa tecnología. Por increíble que parezca, es el resultado de un primer contacto con un grupo extraterrestre. ¡humanos que no pertenecen a la Alianza!. ¡Son una civilización enteramente distinta! -

- ¡Basta de tonterías!, ¡primero los Segadores y ahora esto!, si lo que necesita es tiempo de vacaciones, tómese una semana. Se la ha ganado a pulso. ¡Pero en este momento necesito redactar unos documentos para las negociaciones con los Volus!. Mi deber como representante de la Alianza de Sistemas, es enfocarme en los intereses conjuntos de la humanidad, no en los desvaríos de la hija malcriada de un oficial de la Tercera Flota! - le gritó el burócrata mientras buscaba su omniherramienta en uno de los cajones del escritorio.

Anderson se mesó los cabellos. Era natural que el viejo canciller no le creyera. No lo había hecho enteramente con Shepard, y no lo haría aquí por la misma razón: Udina podía ser un verdadero idiota cuando se lo proponía. Antes de ponerle una mano encima y lamentarlo amargamente, intento una ultima estratagema:

- Por lo menos debe ayudarme a sacar a la señorita Sparks y los artefactos de los separos -

- ¿y porque debería hacer eso? -

- Porque se trata de una mujer terrestre. Aunque la actuación de Seg-C estuviera completamente justificada, aún somos la embajada de la Alianza y velamos por la integridad de los humanos aquí. ¡Eso es más importante que unos cuantos papeles para que los Volus los firmen! -

- Estamos para velar por los intereses "generales" de la humanidad, no por los particulares de una joven de dudosa reputación... -

El ex-capitán de la Normandía iba a replicar, pero un mensaje en la omniherramienta del canciller lo interrumpió. Un mensaje de Din Korlak, que lo llamaba a presentarse en la Torre de la Ciudadela.

- El Concilio quiere saber los términos de la negociación. Puede venir conmigo y observar como se hace verdadera política o quedarse ahí persiguiendo ideales -

Anderson se contuvo de echarsele encima y golpearlo. Se quedó parado pensando mientras el canciller salía de la oficina. El británico golpeó el escritorio con fuerza inusitada, descargando toda la rabia que el tipo al que pertenecía esa oficina, era capaz de inspirar.

Se levantó de la silla en que estaba sentado, llevándose las manos a su escaso cabello otra vez, sopesando sus opciones. Tenía que sacar a Jenny y las pruebas, de precinto de Seg-C en Zakera, y exponer al Concilio su descubrimiento antes de que ellos llegaran, o se desencadenarían problemas muy graves. No sabía que tanto tiempo le quedaba para actuar, pero seguramente no era mucho. Una misión poco menos que imposible para él solo, sin mencionar las consecuencias que, reflejadas en su carrera militar, lo llevarían directamente a corte marcial.

Continuo ponderando sus posibilidades, cuando un destello de luz que venía de la ventana lo hizo acercarse al balcón. Eran ya las 2317 horas.

Las luces de la embajada parpadearon. Temió que lo que esperaba hubiera sucedido, y sus miedos se vieron confirmados, cuando miró al cielo, sobre el cual se veía a aparente poca distancia, una extraña nave, distinta a cuantas hubiera visto a lo largo de sus años de carrera. Habían llegado ya...

Volteó para salir de la habitación, formulando un plan a toda marcha. Si tenia que sacar a Jenny a la fuerza, lo haría, pero lo primero era conseguir un poco de ayuda. No había acabado de formular dicho pensamiento, cuando la interfaz holográfica de la I.V. del cuarto saltó a la vida, proyectando un mensaje que el hombre pensó, no podía ser mas extraño:

Capitán Anderson: Mi nombre es Kasumi Goto y no pude evitar escuchar su conversación con el embajador Udina. Usted tiene problemas y yo, soluciones. Quiero proponerle un trato: Puedo ayudarle a recuperar a la chica y los objetos que le interesan. Si le es propicio, lo encontraré en siete minutos frente al Precinto de Zakera. Esto nos conviene a ambos...


Espacio aéreo circundante de la Ciudadela,

Nebulosa Serpiente, cercanías de la Estrella Widow,

Brazo Galáctico Sagitario

2317 horas tiempo de la Ciudadela

El Almirante Hunter dejó que el resplandor que invadía el puente de mando se disipara, tapándose los ojos. La tripulación a su lado también tenía la cabeza agachada. La mano suave de su esposa lo hizo voltear. La miró con confianza y le extendió una sonrisa sincera. La voz de Adelle, la controladora de vuelo, en el segundo nivel del puente lo devolvió a la realidad.

- Transposición completada satisfactoriamente. Hay confirmación visual de una estación espacial de por lo menos cuarenta kilómetros de largo. Distancia al objetivo: Ochocientos kilómetros. Coincide con la descripción que el Oficial de Enlace Li menciona de la... -

- ...Ciudadela. Ahí esta además la Ascensión del Destino - completó el asiático Cho Li, mirando a la pantalla de observación y señalando la gigantesca nave en forma de estrella. A pesar de tratar de ocultarlo, estaba anonadado sin duda. Viajar por medio de la transposición no era siquiera similar a utilizar la aceleración de los relés de masa.

- Todo parece tan tranquilo desde aquí - comentó Miriya, observando en derredor de la construcción. El resplandor de la Nebulosa Serpiente, que rodeaba a la estación, le daba un tono rosáceo a la escena.

- Varios departamentos de la nave reportan procedimientos sin novedades. Los Grupos Aéreo y Terrestre siguen en alerta y solo Ingeniería no ha dado ningún reporte - comento Karen Penn, ubicada en una terminal al lado del promontorio de mando.

- Comunicame con ellos, Karen - ordenó el Almirante, mientras observaba la forma de la estación espacial. Parecía una especie de estrella de mar, cuyos brazos estaban a medio abrir. Si había entendido bien, los brazos podían cerrarse sobre un extremo, protegiendo el interior, como si fuera una especie de concha con forma de cilindro cónico. Rick se pregunto que tanto podría aguantar el bombardeo de un arma como los sincro-cañones con los que el SDF-3 estaba armado. Esperaba no tener que averiguarlo.

Un blip y un recuadro entrante en la pantalla de visualización le informaron que la comunicación con el Dr. Lang había sido establecida:

- Ingeniería reporte - ordenó el militar esperando la confirmación del viejo científico germano que todo estaba en orden. En lugar de eso, la cara que Emil Lang le presentaba no era nada agradable...

- [¡Tenemos un serio problema Almirante!, el sistema de transposición ha trabajado demasiado continuamente, y los componentes usados en el mecanismo están degradándose. Además, hay un exceso de radiación ambiental proveniente de la nebulosa que nos rodea. Esta radiación esta incidiendo negativamente en...] -

- Doctor, la versión corta por favor - ordenó Rick. Si tenía que batallar con la nave, era mejor saberlo de inmediato.

- [La radiación electromagnética residual causada por el sistema de transposición y la de la nebulosa se están acumulando en los sistemas de refracción de calor del casco de la nave. Estamos transformando el calor en energía y canalizando el exceso hacia las baterías de emergencia secundarias, pero...] -

- Doctor Lang... -

- [...¡pero no es suficiente!. ¡Necesitamos desviar la acumulación de las placas del esqueleto de la nave hacia el exterior, o vamos a asarnos!. Los disipadores no se dan abasto. Si hubiera un campo magnético cercano, como una estrella o un planeta, podríamos liberarnos del exceso sin problemas. Pero en este momento la cantidad es tal que si pusiéramos a trabajar varios aparatos de la nave al mismo tiempo apenas lograríamos usar el veinte por ciento de la carga. Mi sugerencia es usar un mecanismo donde podemos desviar el resultante, con muchísimas posibilidades de salvar todos nuestros dispositivos y a nosotros mismos de la aniquilación...] -

La mente de Rick procesó la información a toda velocidad. Muchos de los sistemas de la nave eran tremendos consumidores de energía. Pero solo uno los superaba a todos con amplio margen...

- ¡Esta proponiendo desviar la energía al Sincro-cañón! -

- [Me temo que así es. Dadas las circunstancias, hay muy pocos dispositivos en la nave que aguanten semejante potencial] -

- ¡Eso es una locura!, ¡disparar el cañón principal sería percibido como un acto de agresión y amenaza!... ¡aún si no apuntamos directamente a ningún blanco! - grito Lisa desde atrás, hecha una furia.

Las posibilidades empezaron a desenvolverse en la mente del Almirante. Habían llegado a la estación espacial que era considerada el centro político de la galaxia. Hacer un despliegue semejante de fuerza era anatema para una misión de paz. El riesgo de provocar una guerra era gigantesco, tanto como la galaxia misma. La otra posibilidad sin embargo, era no hacer nada y morir achicharrados. Ya estaba empezando a notar un súbito incremento de calor en la cubierta. Cho Li se había separado de las paredes, al notar el calor.

- ¡Debe de haber otra manera doctor!. ¡Si hacemos eso, estallará una batalla que no sabemos si podemos ganar! -

- ¡Almirante!, he detectado varios intentos de comunicación que no podemos descifrar debido a la estática acumulada. Los equipos no están funcionando bien debido a la radiación, así que he tratado de responderlos como mejor he podido. Además la "Ascensión del Destino" se está alejando hasta dos mil kilómetros - Adelle dijo en tono apremiante, mientras tecleaba furiosamente en su terminal. Una ligera descarga la aparto del teclado.

- Sin duda para preparar una salva de proyectiles de sus aceleradores de masa - comento Cho Li, en tono pesimista.

Rick volteo a ver al Dr. Lang y la faz de este se contorsionó en una mueca. Su poderosa mente trabajaba a mil por hora. Los rostros de Max y Miriya estaban ensombrecidos por la duda. Karen y Adelle se levantaban de su asientos, alejándose de sus terminales. Cho trataba de controlar su nerviosismo caminando de aquí para allá. No quiso voltear a ver a Lisa, pero podía sentirla detrás de él, tensa y aferrándose con fuerza a su brazo, en un gesto de ansiedad que amenazaba dejar sus marcas de uñas profundamente grabadas.

- [¡Hay otra manera!, ¡si activamos la barrera omnidireccional como estaba planeado en un principio, puedo canalizar el flujo de energía. No será suficiente para descargar toda la energía acumulada en el casco, pero puedo regular el flujo desde aquí e ir disipando la carga!, pero...] - la voz triunfante del doctor fue ensombrecida de pronto.

- ¿Cual es el pero? - la preocupación empezaba a llegar a su punto más álgido.

- [La barrera ominidireccional no esta pensada para trabajar con ese potencial y debido al daño que están sufriendo los circuitos de la nave, no voy a poder regular la primer descarga. Si mis cálculos son correctos, el exceso va a buscar un camino para disiparse. Lo que significa que se va a crear un pulso electromagnético de intensidad considerable...] -

Eso podía considerarse como otro acto de agresión, aunque en menor escala...

- Señor: Hay movimiento. Un contingente de naves esta posicionándose en el área adyacente a la Ciudadela. Contabilizo por lo menos una nave de clase Tristar o su equivalente, y varias equivalentes a cruceros ligeros Garfish - comento Karen Penn sin quitar los ojos de la pantalla.

- ¡Patrullas de ataque de fragatas!, ¡de seguro ya nos consideran hostiles! - comento el asiático sin poder contener la ansiedad en su voz.

- ¿Doctor Lang, cuales serán los efectos sobre la estación si disparamos el sincro-cañón a esta distancia? -

- [Aunque no les apuntemos directamente, podrían darse fenómenos como ionización del aire en la estación, una serie de pulsos electromagnéticos que podrían acabar con todos los aparatos electrónicos no protegidos en un radio de kilómetros a la redonda. Una drástica subida de calor y una larga cadena de etcéteras, en muchos casos mortales para ellos] -

- Otra transposición esta fuera de orden, me imagino -

- [No si quiere morir achicharrado... usted me entiende] -

Rick se estremeció, tal parecía que las cosas no iban a salir bien de todas formas. Su mente tomó la decisión tan raudamente como pudo.

- Seguro nos van a considerar hostiles después de esto. ¡Doctor: Prepárese para descargar la energía acumulada a través de la barrera omnidireccional!. ¡Si acaso sobrevivimos a esta, nos encargaremos de pedir disculpas! -

La cara del alemán salió de la imagen unos diez segundos, para después regresar:

- [¡Cuando usted ordene Almirante!] -

- ¡Penn!, active la barrera omnidireccional a mi señal - la rubia Karen corrió hacia su puesto, haciendo una mueca de dolor debido a las descargas estáticas que recorrieron su cuerpo. No retrocedió sin embargo:

- ¡A su señal! -

- Ahora -

En la cubierta de Ingeniería, Emil Lang dirigió a su equipo haciendo conexiones y derivando el flujo a través de diferentes circuitos, encaminando la energía de los disipadores. Sus hombres trabajaban tan ágilmente como les era posible. El doctor desvió la carga, redireccionandola hacia uno de los capacitores que todavía estaba operable, y cuando estuvo cerca de su máximo potencial lo canalizó hacia la barrera omnidireccional...


En la Ciudadela, Control de Tráfico Aéreo había sido deslumbrado por la aparición del SDF-3, pero cuando recuperaron la visión y tuvieron contacto visual con la aparecida nave, las comunicaciones se dispararon. Varios puestos a lo largo de la gigantesca estación espacial reportaban directamente con la oficina central, que estaban viendo una gigantesca nave que había aparecido de la nada. No había llegado a través de ningún relé de masa y no tenía códigos de identificación de ninguna raza conocida, ya fuera parte del Concilio o no.

En los primeros segundos, la Flota de la Ciudadela, que patrullaba los grupos de relés cercanos, fue ordenada a regresar y ensamblarse a mil kilómetros de la estación espacial, cerca de donde había sido avistada la nave alienigena. Mientras eso sucedía la gente de los Distritos y el Presidio había salido de sus casas, con sus omniherramientas y cámaras en mano. Jamás había pasado nada igual en todos los años de historia de los que se tenia registro. La gente comentaba y especulaba como serían los constructores de semejante astronave.

En la cabina principal de la CTA, el Ejecutor Palin, jefe de Seg-C, quien había sido sacado del discurso de graduación de la nueva generación de reclutas de la Academia, observaba el gigantesco aparato sin poder dar crédito a sus ojos. El Titular de Control, un salariano conocido como Jael Koresh, estaba junto a él, con la misma expresión de intriga:

- ¿De donde vino eso? - pregunto el robusto turiano acercándose a su colega. Era mas alto e imponente que él, pero el otro alienígena tenía un aire de certeza que el otro no podía igualar.

- No sabemos con certeza. Se materializó en un santiamén, frente a nosotros. Esta a ochocientos kilómetros y no esta respondiendo a los intentos de comunicación - el titular se dio la vuelta, dándole la espalda al espectáculo. Nunca en su vida, corta a la sazón, había oído hablar de una raza que pudiera viajar entre las estrellas sin usar los relés de masa, lo que le intrigaba de sobremanera.

- ¿No podemos determinar si es hostil? - preguntó el ejecutor. El artilugio metálico en negro y amarillo destacaba sobre el rosado de la nebulosa Serpiente.

- No, y los protocolos de primer contacto nos obligan a permanecer a la espera hasta que se establezca comunicación o se produzca un ataque - replicó el otro en esa voz distorsionada típica de los anfibios salarianos.

- Ese diseño de transporte me resulta vagamente familiar... ¿que hay de la Flota de la Ciudadela? -

- Los capitanes Asterius, del "Orgullo de Palaven", y Krilik, del grupo de ataque "Victoria en Partia", están por llegar con sus naves del relé numero veinte. Se les ordeno interponerse entre el posible hostil y la Ciudadela. El grupo principal va a tardar doce minutos más, debido a que el mensaje llego durante una maniobra de reagrupamiento del cuerpo principal de la flota. La Matriarca Lidanya llevó a la "Ascensión del Destino" a dos mil kilómetros, rango mínimo efectivo de sus armas, y está colocándose al costado del objetivo, en posición para disparar en el momento que sea necesario. El mecanismo de cerrado de la estación está en espera y en la eventualidad de un ataque podremos cerrarla en menos de cinco minutos. En cuanto llegue el grupo de reserva del relé treinta y seis, tendremos casi cien naves para enfrentar a este recién llegado y en caso de que sea una maniobra de diversión, el ochenta por ciento de la flota aún estará en espera, patrullando las ubicaciones estratégicas - el titular hizo gala de esa manera de hablar tan propia de su pueblo, rápida y concisa.

- Titular: Los sensores activos están detectando una gran carga de electromagnetismo en el casco de la nave. Sus niveles de energía sobrepasan los de los sistemas de La Ciudadela. Sin embargo no hay movimiento de la posición de la nave, no se ve ningún despliegue de armas ni se aprecian movimientos en el exterior del casco. Si se me permite la opinión, es más como si tuvieran un contratiempo con su transporte - un controlador humano le llamó para mostrarle las lecturas de su interfaz. Esas mediciones no presagiaban nada bueno.

- Fallas de funcionamiento. Podría ser una trampa - el turiano se adelantó hacia los dos hombres de control aéreo. Como encargado de la seguridad en la estación, era su deber contemplar semejantes posibilidades.

- No lo sabremos hasta que respondan - esa era la actitud mas prudente y así se le hizo saber al ansioso burócrata.

- Señor: Hay mensajes de frecuencia de radio que están llegando a la estación, parecen bastante distorsionados por la energía que emana de la nave - la estática distorsionaba lo que podría ser una voz.

- ¿Puedes tratar de reconstruirlos?, no importa lo que tarden. Hazlo - ordenó al humano y este empezó su trabajo, aplicando filtros y tratando de reconocer patrones en lo que parecía un caos de frecuencias.

- Señor, también hay movimiento. Algunos dispositivos están surgiendo del cuerpo de la nave, similares a antenas. Una excesiva cantidad de energía fluye entre ellas. Se ha activado un escudo, extensión de dos kilómetros, parece similar a nuestras barreras cinéticas. Además... ¡cielos! -

El Ejecutor Palin y el Titular Jael Koresh observaron ambos al mismo tiempo como la nave era rodeada por una burbuja semitransparente de energía. Lo inquietante vino después, cuando de ella se desprendió una tremenda ola de energía, que golpeo primeramente a las naves del Concilio que iban a hacerle frente y procedió hacia La Ciudadela. Salariano y turiano, ambos se agacharon cubriéndose debajo de las mesas, mientras la gente a su alrededor se alejaba de los sistemas electrónicos. No fue suficiente. Muchos controladores, incluyendo al humano cerca de ellos, cayeron al suelo, fulminados por arcos de corriente eléctrica que saltaron entre sus omniherramientas e interfaces hápticas.

En los Distritos, mucha gente recibió daño al mirar como sus interfaces explotaron en sus manos, muchos otros cayeron en shock debido a la retroalimentación de sus implantes electrónicos. Muchos se salvarían ese día, despertando dos minutos después, con la sensación de que un Krogan los había embestido de frente, pero otros tantos no tendrían la misma suerte. Varios dispositivos poco cruciales de la estación explotaron casi al instante, pero soporte vital e iluminación y control permanecieron relativamente intactos. En la Torre del Concilio, que estaba blindada contra variaciones eléctricas, las imágenes e interfaces de datos registraron una considerable cantidad de interferencia que interrumpió su funcionamiento por varios minutos.

Cuando los dos burócratas de la Ciudadela levantaron la cabeza, vieron algo que les heló la sangre en las mismas venas. Una gran parte de las fragatas del grupo del capitán Krilik habían sufrido desperfectos y empezaban a alejarse lentamente de la formación.

- ¡Son hostiles!, ¡cierren la estación!, ¡y comunicame con la Ascensión del Destino!, ¡a paso redoblado! -

Eran las 2322 horas...


Alrededores del Precinto de Seg-C, Distrito de Zakera

La Ciudadela.

2324 horas tiempo local

David Anderson bajo a toda prisa a través de las escaleras de emergencia, hasta la calle que daba a las instalaciones del Precinto de Seg-C. Hacia unos minutos los elevadores y equipos electrónicos habían fallado estrepitosamente. Mucha gente había sufrido cuando sus aparatos electrónicos habían estallado en sus manos. La Ciudadela estaba a oscuras en muchos lugares y la gente estaba empezando a darse cuenta de que toda la seguridad que habían dado por sentada, se disipaba como la niebla que el viento se lleva.

Pronto el pánico se hacia presente, encarnado en una humana gorda que no encontraba a su niña en la oscuridad, al igual que una asari que había perdido de vista a su amigo hanar.

La situación era el perfecto reflejo de como su propio miedo se estaba volviendo contra él. Había accedido a tomar la sugerencia de la chica del mensaje, por desesperación. Su carrera militar estaba en juego, pero también lo estaba la vida de un grupo de seres humanos. Todo debido a un gigantesco malentendido.

Ya estaba en las inmediaciones del lugar. Había ordenado a Velázquez y a Huxley que consiguieran un transporte, pero el pulso eléctrico que sacudió todo y a todos había echado por la borda ese plan. El edificio estaba a media luz, creada por un generador de emergencia, el estándar de todas las instalaciones de Seg-C. Un corredor semi-iluminado por dentro, con una luz ámbar de seguridad, que parecía mas una caverna como las que las consejas de vieja de la Tierra decían que llevaban al corazón del infierno, se abría a unos metros de la puerta. Parado en cada lado había un par de guardias: Una asari y un salariano, ambos con armas en mano. En la confluencia a la derecha había otros dos pasajes, que llevaban al área de aprovisionamiento y a los Distritos. Sin duda el primero estaba mayormente vigilado, pero dudaba que la estación de policía tuviera suficientes oficiales para salvaguardar todas las calles del distrito.

Se quedó parado, buscando en la oscuridad, y esperando no llamar la atención, cuando oyó una voz suave detrás de él:

- No voltee capitán. Podrían tomarlo por loco, y lo último que quiere es levantar sospechas. Siéntese en las escaleras, debajo del cerezo de ornato, ofrece una muy buena perspectiva del panorama -

El maduro militar hizo lo que la chica le pedía. No podía divisarla, pero tenía la sensación de que estaba caminando casi a su lado. Cuando hubo llegado al lugar y acomodado, como fingiendo descansar, comentó:

- ¡Una cita a media luz!, ¡muy romántico!... - ella apareció atrás del árbol, haciendo gala de un humor un tanto inesperado.

- Señorita Goto. Recuerdo su nombre y profesión, usted es la ladrona humana mas buscada. ¿Por qué quiere ayudarme? -

- ¡Y yo que pensé que no tenía fanáticos en la Alianza!. No se preocupe Anderson, el trato es muy simple: La Marina de la Alianza tiene algo que me interesa, Seg-C tiene algunas cosas que le interesan a usted. Yo le ayudo a sacar lo que usted requiere de los separos y usted me consigue lo que yo necesito. "Quid pro quo" -

- Usted es una ladrona. ¿Por que pedir mi ayuda, si su especialidad es infiltrarse en los lugares mejor vigilados? -

- No me tome por ingenua capitán. Ser la mejor ladrona significa no ser una suicida o una idiota. No soy ninguna de ambas. Si necesita saberlo, el dato que requiero esta en un servidor de la Alianza, al cual solo hay dos accesos: Uno en Arcturus y el otro en la embajada humana a donde estuve "escuchando sin permiso" -

- Y el acceso de la embajada ha quedado bloqueado, así que necesita que yo le ayude a obtener esa información... -

- ¡Veo porque el Comandante Shepard lo tiene en alta estima, capitán!. Entienda usted que un viaje de negocios a la estación Arcturus puede ser peligroso para mi salud -

- Y en lugar de preguntar al Corredor Sombrío por tan valiosa información, prefiere apelar a mí... -

- Le ofrezco mi experiencia en obtener cosas prohibidas. Usted requiere una mujer con conocimiento de lo que está a punto de hacer, si quiere tener una oportunidad de salir bien librado. Por otro lado, soy persona non grata para el Corredor Sombrío, así que hacer un trato con él no es una opción -

- ¿Y como se yo que lo que quiere no va a perjudicar a la Alianza?. Por desesperado que esté, aún estoy bajo juramento de defender a la humanidad de sus enemigos. Y si hablamos de información de un servidor tan custodiado y aislado como usted menciona, seguro no puede traer nada bueno consigo -

- Me temo que puedo explicarle mi interés con certeza. Pero eso no implica que usted vaya a entenderlo de esa misma forma -

- Inténtelo -

Kasumi le contó su historia, omitiendo algunos detalles como el contenido de la "caja gris" de Keiji y su intrusión a la Alianza. No trató de apelar al sentimentalismo del hombre explicándole lo valiosos que eran los recuerdos de su amado, pero no pudo contener las lágrimas sinceras, ni el temblor en su labio inferior cuando le mencionó su muerte. Fue eso quizá, solo eso... lo que el moreno hombre percibió y sobre lo que meditó durante unos segundos antes de responder:

- Las que se hacen por amor son las locuras mas grandes... pero a veces son las que valen mas la pena. No estuve exento de ellas y no creo estarlo jamás. Además mi situación es desesperada y requiere medidas un tanto drásticas. De acuerdo -

- Amén... -

- ¿Y como vamos a entrar y salir sin levantar sospechas? - pregunto el oficial, viendo a los dos extraterrestres haciendo guardia.

- Déjelo de mi cuenta buen hombre, déjelo de mi cuenta -


Espacio aéreo de la Ciudadela,

2325 horas tiempo de la Ciudadela

La Matriarca Lidanya y su tripulación asari solo esperaban a que el grupo "Victoria en Partia" terminara de posicionarse. La guerrera pensaba, mientras mantenía su vista fija en la extraña nave frente a ella, en las consecuencias posibles de que su ofensiva fallara. Durante las Guerras Rachni y las Rebeliones Krogan había tenido que pelear en contra de enemigos poderosos, implacables, realmente dispuestos a la destrucción de las razas de la Ciudadela. La Inteligencia de los salarianos había hecho su labor y lo sabían todo de ellos. Por contraste, de quienes fueran estos recién llegados, sus sistemas de información no estaban seguros de su potencial.

Ponderó las veces que había estado en batalla, y recordó que poco había sentido temor. Nunca por su seguridad, sino por la de la gente que dependía de ella. No despreciaba su vida, sino que trataba de manejar el miedo a su favor. Sin embargo, esa sensación se hacía presente a cada instante, como un ligero rumor en la parte baja de su espalda, que recorría lentamente su espina dorsal, tocando las fibras sensibles de su curvilínea figura. Trató de serenarse recitando una vez más, en voz muy baja, esa vieja letanía que no sabía adonde ni hacía cuanto tiempo ya había escuchado:

El miedo mata la mente. El miedo es la pequeña muerte que conduce a la destrucción total. Afrontaré mi miedo. Permitiré que pase sobre mí y a través de mí. Y cuando haya pasado, giraré mi ojo interior para escrutar su camino. Allá donde haya pasado el miedo ya no habrá nada. Sólo estaré yo.

No disminuyo sus ansias, pero la ayudo a enfocarse en lo que estaba por pasar. Una de sus asistentes la devolvió a la realidad:

- Matriarca Lidanya : Comunicación del Concilio -

Los integrantes del Concilio, con rostros preocupados, aparecieron frente a ella. La asari podía decir con certeza que la presencia de los visitantes no les gustaba nada.

- [Matriarca Lidanya: La estación ha recibido una cierta cantidad de daño, al igual que sus ciudadanos, debido a un pulso electromagnético desprendido de esa nave desconocida frente a nosotros. El Ejecutor Palin ha ordenado la destrucción de ese objetivo. Esperamos que se lleve a cabo dicha orden al pie de la letra] -

- Consejera Tevos, Consejero Valern, Consejero Amoth: Estoy consciente de lo que el Ejecutor Palin les ha dicho, yo misma recibí esa petición... sin embargo tengo la impresión de que nuestros visitantes no son hostiles, y que el lanzamiento de esa oleada de energía no obedece a motivos malintencionados -

- [¡Absolutamente ridículo!, ¿por que habrían generado un pulso de tal magnitud, si no hubiera sido como preludio a un ataque?] - el Consejero Valern de la Jerarquía Turiana, no estaba dispuesto a dar su brazo a torcer, como era su costumbre.

- Puede deberse a una falla en sus sistemas de descarga de calor y energía, tal y como pasa con nuestras propias naves - replicó la Asari con toda la tranquilidad del mundo.

- [Una excusa prepóstera] - agregó el turiano, suscitando una mirada de caución de la consejera Tevos. Lidanya fantaseo con arrancarle las entrañas.

- [¿Tiene alguna información en la que base sus sospechas?] - el consejero salariano se adelantó, su rostro semi escondido, como era usual, por su obscura túnica de embajador.

- Solo puedo hablar con conocimiento de sus acciones, consejero Amoth, y debo decir que un minuto antes de la descarga, recibimos un mensaje que aún estamos tratando de descifrar debido a la estática -

- [¿Por que seguimos discutiendo esto?. Esta perfectamente claro que estos recién llegados no vienen a presentarse pacíficamente] - el beligerante turiano arremetió de nuevo. La Matriarca pensaba que a veces Valern mismo era un peligro para el Concilio.

- [Lidanya, ¿has recibido algún otro intento de comunicación de la nave en cuestión?] - pregunto Tevos, su mirada presentando mas interrogantes de las que la pregunta planteaba.

- Me temo que no Consejera, pero las condiciones de comunicación son difíciles en este instante - terminó la comandante asari. Podía saborear la respuesta que iba a suscitarse en los labios de todos ellos, sin que la formularan expresamente...

- [Entonces no queda mas opción. La orden queda ratificada. Puede proceder] -

- Consejera, ¿no sería mas prudente mandar una nave a inves...? -

- [Matriarca Lidanya, si esto es una trampa Geth o de Saren, no vamos a caer en ella. No hay signos de comunicación de los otros, así que podemos asumir que son hostiles. Los protocolos estipulan que de alguna otra forma habrían intentado comunicarse, aunque no entendiéramos su lenguaje. No ha habido tal procedimiento, así que nos atendremos a nuestros protocolos, y que sea lo que la Diosa quiera. De cualquier forma tiene sus ordenes] - dijo la consejera Tevos, con ese tono lapidario que le conocía tan bien. No quería recular en ello, pero era muy posible que fueran a lamentar semejantes acciones.

La comunicación se cortó y la tripulación quedó a la espera:

- Informen al Orgullo de Palaven y al grupo de ataque que tenemos luz verde. No vamos a esperar a los refuerzos. Pueden comenzar -


Espacio aéreo circundante de la Ciudadela,

Nebulosa Serpiente, cercanías de la Estrella Widow,

Brazo Galáctico Sagitario

2323 horas tiempo de la Ciudadela

En el SDF-3, la descarga de energía había dejado el puente de mando inoperativo por unos minutos, así como también media astronave. Todos se habían cubierto del súbito estallido de luz. Cuando levantaron la vista, pudieron ver los efectos de su audaz maniobra:

- Descarga electromagnética de ciento veinte mega-joules. Envolvió a las naves frente a nosotros y una parte de la estación espacial. Hay daño apreciable a simple vista en varias de ellas y un grupo de veinte se esta separando, alejándose de la zona de operaciones. Nuestra propia nave sufrió desperfectos en varios sistemas -

- Adelle, restablece la comunicación con el Dr. Lang, ¡de inmediato! -

- A la orden señor -

Mientras Hunter y los demás observaban la pantalla, la morena contactó con la cubierta de Ingeniería como pudo. La imagen del Dr. Lang en la pantalla se veía borrosa y un poco distorsionada:

- [Rick, estoy canalizando la energía de los disipadores directamente a los escudos. La maniobra fue efectiva, pero ha provocado otro problema. Los capacitores que alimentan varios sistemas de la nave, incluyendo comunicaciones y armamento, se bloquearon como medida estándar de protección, debido a la variación súbita del campo magnético de la nave. Aunque puedo asegurar que todo está en orden, el estimado de completado del reinicio y puesta a punto de los sistemas caídos es de diez minutos. La duración máxima de la barrera omnidireccional antes de que agotemos la energía acumulada es de los mismos diez minutos, pero se reducirá si nos atacan con armas de gran potencial. Sugiero prepararse, seremos figuras en una galería de tiro por cierto tiempo] -

El puente quedó en silencio. El poderoso escudo que envolvía al SDF-3 era con toda certeza, la única defensa contra las naves que de seguro se les vendrían encima. Un tremendo rugido sacudió la nave. La Ascensión del Destino había hecho una salva de disparos de sus varios aceleradores de masa...

- Apresúrese Doctor. Vamos a entretenerlos todo lo que podamos - la comunicación se cortó inmediatamente, sustituida por el desplegado táctico ofrecido por Adelle.

- ¡Almirante, la estación espacial se está cerrando! - una imagen visual de La Ciudadela moviendo muy lentamente sus brazos dominaba la pantalla.

- Se está moviendo muy lentamente. A ese paso puede tardar unos diez o doce minutos en cerrar completamente. Si no penetran en la estructura en ese tiempo, necesitaran un abrelatas gigantesco - aclaró Cho Li.

- Bien... Lisa, voy a necesitar que estés lista para conferenciar con los miembros del Concilio. Max va a llevarte a ti, al oficial Li y a una escolta a la estructura que la capitana Sparks llamó la Torre del Concilio. Con nuestra suerte, va a ser la única manera de sobrevivir antes de que se den cuenta que la barrera no es de duración infinita -

- De acuerdo Almirante. ¡Vámonos! - La diplomática hizo una seña al oficial asiático, que la acompañó, sintiendo que todo el aplomo del mundo no era suficiente para lo que iban a enfrentar.

Adelle y Karen se miraron, con el frío mortal del miedo recorriéndoles las espaldas. Max y Miriya también voltearon a verse. Lanzaron una mirada a Rick y este se las devolvió subrepticiamente. Acto seguido el grupo salio del puente hacia la armería. Todos ellos sabían que tan mal podrían ponerse las cosas en poco tiempo.

- Tengo una idea: ¿Que tanta energía nos consume el nuevo mecanismo de defensa Égida DS-3? - pregunto el Almirante a su controladora aérea, mientras observaba la flota frente a sí.

- Consume la mitad de la energía por minuto de lo que consume el Escudo Principal DS-1. El nuevo mecanismo combina las virtudes de la barrera Punta de Alfiler y el escudo principal es reposicionable pero cubre solo un área de la nave, ya sea la proa, popa o los costados, es a su vez mas riesgoso, puesto que la protección esta posicionada mas cerca del casco exterior - confirmó Karen, recitando una respuesta sacada casi palabra por palabra del manual técnico Robotech.

- ...pero eso usted ya lo sabía Almirante - dijo la castaña Adelle, observando el súbito brillo en los ojos del viejo piloto.

- Así es Adelle, vamos a ganar tiempo. Inicien el sistema DS-3... -


En el Puente de mando de la "Ascensión", la Matriarca observaba con atención el desplegado táctico. Había ordenado una salva de disparos, después la comunicación con el Concilio. Pero los proyectiles, tanto de su nave como del grupo de ataque y el crucero turiano, no habían hecho nada más que estrellarse en la barrera translúcida que había cubierto al agresor. Cualquier escudo cinético de una nave común hubiera colapsado después de recibir la mitad de esa salva. Sin embargo la de los recién llegados ni siquiera se había inmutado. Empero, no había estructura conocida en la galaxia, exceptuando la Ciudadela y los relés de masa, que aguantara una segunda ronda:

- ¡Prepárense para lanzar una segunda salva! - ordenó la asari

- Cargando aceleradores de masa. Segunda salva lista en veinte segundos - respondió la controladora principal, a un lado de ella.

- Determinen trayectorias de concentración de vectores de fuego en un solo punto, hacia proa! - continuo la oficial sin perder de vista el objetivo.

- Segunda salva lista. ¡Solución de disparo adquirida! - la confirmación llego del puesto de artillería, atrás de ella.

- ¡Fuego a discreción! -

La aún atractiva asari observo la segunda oleada de proyectiles acelerar a una fracción de la velocidad de la luz e impactarse de lleno en la barrera. Varias explosiones sacudieron el escudo, pero al terminar el despliegue de fuegos artificiales, la nave y su protección seguían en pie, como si fueran solo el viento:

- Detecto variaciones de energía viniendo de la nave principal. El escudo que rodea la nave parece oscilar con diferentes cargas eléctricas. Nuestros sensores están siendo distorsionados como resultado del pulso electromagnético, así que no logro detectar con certeza que están... corregiré eso... se están poniendo de frente hacia nosotros -

- ¡Nos están desafiando a disparar! - el murmullo vino de la parte de atrás.

- O están tratando de ofrecer el mínimo blanco si su barrera falla. Vamos a lanzar ráfagas de disparos espaciadas. Preparen solución de disparo, concentrando el fuego de los aceleradores sobre el punto estructural mas débil que puedan encontrar en su casco. Si uno solo de nuestros disparos pasa la cobertura, lo van a lamentar. ¿Que hay de nuestros cazas e interceptores? -

- Cazas e interceptores listos para partir a su orden -

- El grupo de ataque "Iberica" y los dreadnoughts "Estrella Naciente" y "Rubicon" acaban de llegar, están atrás de nosotros a mil setecientos kilómetros - informó su controladora de vuelo.

Lidanya se concentró y razonó por un minuto su estrategia:

- Mantengan en espera el disparo de aceleradores hasta mi orden. Abra un canal con todos los capitanes -

- Comunicación establecida -

En el oval centro de mando de la nave, la imagen en tonos sepia de varios capitanes turianos y asari llenaba el desplegado:

- Matriarca Lidanya, ¿cuales son su ordenes? - preguntó el capitán Asterius, escondiendo un gesto de malicia, que acentuaba las rayas blancas de su tatuaje facial. Lidanya sabía de él: Voluntarioso, un poco irreflexivo, buen líder, pero no muy brillante. El cómo había llegado a capitán de su crucero era una pregunta que no muchos podían responder.

- El enemigo tiene un escudo distinto de nuestras barreras cinéticas. Esa protección es impenetrable para nuestras armas mas fuertes, como ya han podido observar. Aún un bombardeo masivo no ha logrado derribar ese escudo. Sin embargo no se han decidido a atacar por lo que debemos asumir que sus sistemas de armas están deshabilitados, o no funcionan mientras su escudo esta activo. Necesito que lancen sus escuadrones de cazas e interceptores armados con torpedos disruptores... -

- ... Entiendo: Si ellos bajan el escudo para lanzar sus propios cazas, sus aceleradores los masacrarán - el capitán Krilik terminó. Como estratega y como persona le inspiraba más confianza que su compañero de fragua. Era solo una cuestión de antigüedad, el hecho de que Asterius estuviera por encima de él.

- Así es, señores y si nuestros torpedos hacen blanco sin interrupciones, las fuerzas oscilantes de energía obscura los harán trizas. Aún si no lo hicieran, una descarga de semejante cantidad de energía sera suficiente para tirar su escudo - completó la mujer de piel de un tono azul casi violáceo.

- Excelente plan Matriarca. Dos minutos para lanzamiento de vehículos - La capitana del dreadnought Rubicon agregó: - También podemos disparar los prototipos de misiles Jabalina, y en el pero de los casos, podemos lanzar una bomba de efecto de masa -

- No creo que sea necesario capitanes, pero mantengan listas sus baterías. Capitán Krilik, en cuanto su escudo caiga haga un recorrido hacia atrás de ellos. Use sus unidades para deshabilitar sus motores sub-luz y emplazamientos de armas. Capitana Aislin: Que el grupo de ataque "Ibérica" refuerce al grupo del Capitán Krilik. Vamos a deshabilitarlos nada más. El Concilio ordenó la destrucción de la nave, pero hay tecnología en ella de la que podemos aprender mucho si la capturamos intacta - ordeno la Matriarca. Iba a correrse un gran riesgo haciendo eso.

- ¡Pero eso va en contra de la orden del Concilio! - el reclamo vino de Aspius Celern, el capitán del dreadnought "Estrella Naciente".

- ¡Soy la Comandante de Campo de la Flota de la Ciudadela!. ¡A pesar de las ordenes del Concilio, tengo razones para creer que no son necesariamente hostiles!. ¡Hagan lo que les ordeno y déjenme la política a mi! -

- Como desee Matriarca - los oficiales acataron las ordenes y las comunicaciones cesaron.

La asari revisó de nuevo sus preparativos, mientras los refuerzos hacían sus movimientos. Empezarían el ataque en dos minutos. La sensación de lo que los humanos solían llamar "mala espina" le llegó de todo esto, pero no iba a permitir que una extraña corazonada se interpusiera entre ella y su deber...


Precinto de Seg-C, Distrito de Zakera,

La Ciudadela

2326 horas tiempo local

Anderson se acercó a la entrada de la estación de policía a toda prisa. Kasumi había formulado un plan que les iba de maravilla, sobre todo con las condiciones en las que estaba el suministro eléctrico. La idea de la ladrona era muy sencilla, pero no menos meritoria y, considerando que no tendrían que pelear con todo el personal para sacar los pertrechos y a Jenny de ahí, le parecía bastante aceptable. Esa planeación se había venido abajo, cuando se oyó una balacera en el interior del recinto. Los oficiales que deberían estar afuera, vigilando la entrada, habían ingresado de súbito, luego vino el sonido de mas disparos y no volvieron a salir.

No parecía haber movimiento visto desde el exterior sin embargo.

- El Corredor Sombrío no pierde tiempo... no se distraiga capitán. Esto manda al diablo mi soberbio plan, ¡y yo que pensé que no tendría que sacar mi arma hoy! - comentó la ladrona, que estaba junto a él, oculta por el camuflaje táctico, en voz muy baja.

El militar corrió hacia la puerta y escudriño el interior. No vio a nadie, hasta que volteo al suelo. En él, varios cuerpos estaban tirados probablemente muertos. No había rastro del atacante, así que era probable que estuviera adentro, buscando algo... ¡A Jennifer y los pertrechos alienígenas!.

El hombre no se detuvo. Abrió la puerta y entró, agachándose y cubriéndose con mesas y escritorios. El espectáculo que siguió le crispó un poco los nervios. La sangre azul de un turiano se mezclaba con la roja de varios humanos, y las de otros colores extraterrestres en un mosaico arco iris que hubiera sido hermoso para alguien con gustos macabros. Un panorama semejante le recordaba las imágenes de la masacre de Torfan, en toda su brutal gloria. La única diferencia era que entonces fueron los batarianos los abatidos, no las razas del Concilio.

Se acercó al cuerpo de un oficial salariano, el mismo que le había dicho que esperara en su anterior visita. No era un experto xenólogo, pero un muerto es hermanado a otro por la lividez. Kasumi apareció a su lado, examinando el cadáver:

- Disparos de rifle de asalto. Varios, en zonas estratégicas. Quien haya hecho esto, es un mercenario o asesino a sueldo bien entrenado. Pero por la cantidad de cuerpos que hay aquí, no pudo hacerlo solo. Hay heridas de escopeta en este otro. Por la posición de los abatidos, probablemente un biotico lo ayudo - señaló hacia un turiano, tumbado en una posición antinatural, cuyas tatuajes resaltaban debido a su sangre.

Para la maestra ladrona, la vista de una carnicería semejante era algo desagradable, que iba en contra de las formas de operar que conocía. "Si tienes que recurrir a tu arma, para entrar o salir de un lugar, entonces no eres digno de llamarte ladrón", pensaba. Hubo más disparos que venían del interior del lugar. Gritos que llenaron el ambiente. El militar de la Alianza temió lo peor, así que tomo la pistola de cargo del salariano a su lado. Esas armas estaban protegidas con un sistema de reconocimiento biológico, previniendo que un asaltante pudiera usar el arma en contra de su legítimo propietario. Anderson, sin embargo, había aprendido algunas cosas en su entrenamiento de la N7 y otro tanto mientras servía abordo de ciertas naves. Boto la batería de carga, de la pistola y forzando un panel, cruzo un par e cables, reiniciando la memoria. Tan pronto la I.V. interna confirmó al capitán como el nuevo propietario, se apresuró a seguir a la mujer, con el arma lista.

Avanzaron más hacia el interior de la estación. Ella le hizo una seña con la cabeza y le indicó un pasillo, el mismo que conducía al área de celdas. Volvió a desaparecer y Anderson se adelantó hacia el corredor. El área de separos estaba a media luz, en contraste con las salas anteriores. No podía ver el interior de las celdas y eso lo llenaba de ansiedad. Acercó la cabeza a la esquina y miró de reojo.

Frente a él, a unos veinte metros, había un quariano, que portaba una escopeta. Normalmente dichos seres no se involucraban en trabajos peligrosos, debido a la dependencia de los trajes ambientales que llevaban. Una rotura en ellos y un torrente de bacterias y gérmenes invadirían sus cuerpos, los cuales normalmente no podían soportar los microorganismos a los que otras razas estaban acostumbradas. Era una herencia del hecho de vivir durante mas de doscientos años en ambientes estériles, como los de sus naves.

Sin embargo había oído que los que se dedicaban a la vida militar eran reforzados con suplementos herbales y dosis masivas de antibióticos, así como modificaciones en sus trajes, para aguantar mayores cantidad de tensión y auto-repararse en caso de que un disparo los rompiera. Si eso era aunado a la estricta disciplina de la vida en la Flota Migrante, (el convoy provisional que se había vuelto la nación quariana), magnificada por el entrenamiento militar, el resultado era gente dura, difícil de intimidar y mejor entrenada que los elementos de varios cuerpos para-militares.

El capitán observó como el extraterrestre golpeó ligeramente una celda (probablemente la de Jenny), y se alejo de allí para ayudarle a una asari, que batallaba con la cerradura de un cuarto. Del cuarto de evidencias.

- Voy a hacer una derivación, tu vigila y cuando te llame, entraremos por ese miserable - dijo el quariano, observando la cerradura y haciéndole una seña a la alienígena. La reconoció: La sargento Sibya. Le cruzo por la mente una idea malsana: Los oficiales muertos y arrumbados en posiciones innaturales, las diferentes marcas de arma, el hecho de que era la única policía viva en la estación. Ya podría decirle a Chellick, si es que aún estaba vivo, quien era su espía en el precinto.

- De acuerdo - contestó ella y empezó a caminar de vuelta hacia el área de celdas.

El militar se escondió a toda velocidad. Al parecer alguien se había atrincherado en el cuarto de evidencias. En el pasillo había visto un cadáver, al parecer de un turiano, por el tamaño de su armadura, pero no podía asegurar que fuera el del detective. No imaginaba quien se había escondido. La vio venir y se replegó. Iba a ser una batalla difícil, pues sabía que todas las asaris tienen un potencial biótico considerable.

Retrocedió hacia la sala de llegadas y se ocultó cerca del marco de la puerta. Kasumi no había dicho nada y no podía sentirla por ningún lado. No dejo que eso lo preocupara. Esperó a que la extraterrestre se acercara hacia allá, con su escopeta al frente, haciendo su ronda.

Observo el cañón del arma penetrar por el dintel. Después el hombro de la mujer. Cuando iba a girar a la derecha para apuntar a cualquier posible agresor, el militar se lanzó hacia ella, conectando un solido golpe que la hizo soltar la escopeta. Lanzó un segundo golpe que ella esquivó, pero no pudo contraatacar, porque el humano estaba sobre ella. Aferrándola, trato de darle un rodillazo pero no conectó bien, merced de la agilidad de la alienigena. No contaba sin embargo con una barrida que la hizo perder el equilibrio. El hombre sacó el arma y la encañono, pero un resplandor azul iluminó la silueta de la mujer:

- ¡Maldición! -

Jaló el gatillo a toda velocidad, pero las balas rebotaron del escudo biotico con el que la asari había rodeado su cuerpo. La mujer se levantó de golpe, tratando de conectar al humano con un golpe magnificado por su poder. El lo esquivó, haciéndose a un lado y disparando el arma de nuevo. Después de un par de tiros rebotados se lo pensó mejor. Necesitaba mas poder de fuego. La chica hizo un gesto y lanzó una singularidad hacia el centro del cuarto, que empezó a atraer todo el mobiliario y a su oponente con él.

- Capitán Anderson, ¡viejo entrometido! . Ahora me voy a dar el gusto de patear su arrugado trasero, para mostrarle que se metió con la asari equivocada -

El militar no pudo evitar ser arrastrado por el poder. Ella le ayudó dándole un golpe que lo propulso, sin poder resistirse a la diferencia de gravedades.

- No cuente con ello - dijo él, disparando otra vez, sin resultados favorables.

- ¿Que le parece si le rompo todos los huecos del cuerpo primero? - pregunto ella dándole un derechazo que se hundió completamente en la boca del estomago, sacándole el aire. Anderson sintió que le faltaba la respiración, soltó la pistola, mientras abría la boca desmesuradamente, tratando de jalar aire. La cabeza le dolió y la sensación de indefensión se hizo presente. Ella ya estaba sobre él de nuevo, preparando un golpe, cuando de repente oyó un movimiento detrás:

- ¡Esquiva esto! -

Kasumi había tomado la escopeta que ella había tirado y, apuntándole a bocajarro, disparó una salva que propulsó hacia atrás a la policía, hasta estrellarse en una de las paredes. No la mató porque su barrera personal aguantó el impacto, pero el golpe la dejó aturdida. La singularidad y la barrera se disolvieron en un segundo y Anderson cayó al suelo. Justo a tiempo, porque Sibya volvía a la carga con una nueva barrera y mas enfurecida aún.

- Nunca debieron meterse conmigo - avanzó hacia ellos, levantando un par de mesas y precipitándolas hacia ellos. Ambos se agacharon, dejando que el mobiliario pasara por encima de su cabezas.

- Oigo esa frase todo el tiempo - dijo la ladrona, preparando una táctica:

- Distraigala y cuando yo le diga, cúbrase - ordeno al tomo la escopeta que ella le ofrecía y, pertrechado como estaba detrás de un pilar, aún sintiéndose mal por la falta de aire, empezó a disparar con cierta cadencia, impidiendo que la alienígena avanzara demasiado.

Kasumi no lo pensó dos veces. Al dispararle hacia rato, el capitán había acertado a la instalación eléctrica y varios cables habían quedado al descubierto, chispotorreando y restallando electricidad del generador auxiliar, donde habían quedado pelados. La japonesa rebusco entre los bolsillos de su ropa, una granada aturdidora de las que llevaba consigo para ciertas situaciones poco agradables. Una vez que la encontró y mientras la enardecida asari se acercaba más al hombre, jaló el percutor y dejó que se "cocinara" un par de segundos. Después la arrojo rodando por el suelo:

- ¡Cúbrase! - gritó.

El hombre se replegó hacia el pilar, al tiempo que la policía veía el objeto rodar cerca de ella. No pudo hacer nada sin embargo, cuando la granada estalló bajo sus pies. Un par de segundos después, el hombre levantaba la vista. Kasumi salió disparada hacia ella. Un golpe contra el rostro sacudió a la policía, quien dio dos pasos hacia atrás, fuera de balance. Luego un golpe a la base del cuello, que la asari detuvo y trató de contraatacar con otro golpe magnificado bióticamente. La ladrona lo esquivó y atrapando el brazo de su oponente, propinó un codazo al plexo solar y luego la hizo girar proyectándola hacia la pared. La mujer invocó su barrera en medio vuelo, pero no le valió de nada. Al hacer contacto, la chica tocó los cables de corriente accidentalmente. El corto circuito que siguió dejó la estación completamente a oscuras e hizo circular por su cuerpo una descarga de mas de tres mil watts. Su escudo colapso inmediatamente, el potencial eléctrico circulando por su cuerpo sin freno. Cuando terminó, cayó al suelo, humeante y achicharrada.

El marino de la Alianza se levantó, acercándose a la asiática. Ambos se hicieron una seña y pusieron rumbo al cuarto de evidencias, dejando atrás el dantesco espectáculo, cuando un rugido los hizo voltear. La asari se lanzaba hacia ellos, con la piel quemada y sus músculos destrozados, pero aullando infernalmente, solo para ser detenida en seco por un disparo de escopeta. Sibya cayó, finalmente abatida por la cantidad masiva de daño que había recibido.

- Buen tiro, podría hacer uso de sus habilidades de vez en cuando Anderson -

El hombre sonrió y corrió hacia el pasillo. Estaba por entrar, cuando el cañón de una pistola lo hizo detenerse. El quariano había abierto el cuarto de evidencias, fulminado a la oposición y sacado la Flor de la Vida y la baliza Robotech en una bolsa.

- Que mala suerte. Pensé que la inútil de Sibya se habría deshecho de ustedes, pero creo que ahora puedo subsanar ese error. Suéltela Anderson. ¡Yo no me movería de ahí si fuera usted Goto!. Odiaría recordarle lo que le pasó la última vez que lo hizo - la voz del quariano a través de los filtros electrónicos de su traje se oía especialmente macabra. Apuntó al hombre moreno y este bajó la escopeta hasta dejarla en el suelo. Acto seguido le hizo una seña para que se acercara a la japonesa.

- ¿Se conocen? - murmuró el marinero, con el mal genio pintado en el rostro.

- Somos... rivales profesionales. El Corredor Sombrío hará lo que sea para obtener esa información, ¿no es así Kalus? - dijo ella levantando las manos a una seña de él.

- Kasumi Goto: Sin duda el Corredor me pagará una fuerte cantidad extra por llevarle la caja gris que tiene en su cabeza, sin mencionar lo que podría sacarle a Donovan Hock por ella -

- ¿Como te atreves a mencionar ese nombre? -

- Aaah, se encuentra sentimental, ¿no es así?. Es una verdadera lástima que no pueda averiguar el contenido de la caja gris, de lo que su amigo descubrió en los archivos de la Alianza - dijo el quariano, acercándose a la volteo a ver a la ladrona inmediatamente y Kasumi solo bajó el semblante. El bandolero percibió la reacción:

- Ooohh, ¿su camarada no lo sabe?. Tal parece que se ha pillado las manos con la puerta señorita Goto - no podía ver la cara a través de la mascara facial del extraterrestre, pero podía jurar que había una mueca burlona debajo de ella.

- Maldito seas Kal, ¡dejate ya de tonterías! - gritó ella, pensando como iba a explicarle al capitán lo que el quariano bocazas había revelado.

- ¿Y perderme mi momento de triunfo sobre Kasumi Goto, la mejor ladrona de la galaxia, la que me ha relegado a mí, Kalus Alor vas Noriga, al segundo puesto?. Ni soñarlo... -

Anderson se sentía atrapado en un juego de ajedrez que no era el suyo, pero como los buenos jugadores, se limitó a esperar, planeando sus jugadas.

- Grupo Aleph: Procedan a la extracción. Afuera del precinto en dos minutos - dijo el quariano, hablando a su omniherramienta. Los dos humanos se dieron cuenta de que las cosas se iban a poner muy mal.

- Hora de irnos... y hora de cobrar - dijo el ladrón y disparo a quemarropa a la japonesa. Una ráfaga y ella no se levantó. Después de eso le apuntó a él. Anderson vio momentos de su vida pasar en segundos, cuando el arma estuvo frente a él. Agachó la cabeza y no la levantó. Por lo mismo no pudo notar que alguien estrellaba una silla en la testa del maleante. Cuando oyó el golpe, reaccionó inmediatamente levantando la cara:

-¿Que dem...?, ¡Jenny! -

Frente a el estaba Jennifer Sparks, blandiendo los restos del mueble. Tras de ella venía el detective Chellick, visiblemente pálido y cojeando.

- Siento tardarme tanto, ¡pero él no me dejaba salir de la celda! - dijo mientras tiraba el objeto contundente y tomaba del cuerpo aturdido del quariano la mochila con las cosas. Ambas estaban intactas.

- Olvidalo Jenny. ¡Que bueno que estás bien! -

- Es bueno ver que aún recuerda como disparar un arma capitán - dijo el turiano extendiéndole la mano al hombre, quien no la rechazó.

- También me alegro de verle Chellick. Por lo que veo a usted no le fue tan bien. Pensé que era usted el atrincherado en el cuarto de evidencias. E imagino que ya se entero de lo de Sibya -

- Sí y no. Recibí varios tiros cuando el primer asalto, cerca del cuarto de evidencias, pero estas armaduras a veces le dan sorpresas a uno. Me fingí muerto y me arrastré hacia una celda oscura. El atrincherado era un novato que no pudo evitar que el quariano le metiera un par de tiros en el rostro. Cuando Kalus salio, vi que necesitaría refuerzos, así que deje salir a la señorita Sparks. Y en cuanto a Sibya... usted se ha encargado de ella. Eso cuenta como obstrucción de la justicia... pero no voy a presentar cargos ni nada por el estilo -

- Espero que por lo menos reconsidere tenerla aquí encerrada - dijo el militar señalando a su compañera, quien examinaba el lugar.

- Si gusta llevársela no me opondré. Voy a tardar mucho en explicar lo que pasó aquí. Pero el resto de la Ciudadela está igualmente hecho un caos. No me imaginaba que el Corredor Sombrío fuera capaz de semejantes acciones. Sin duda se esta convirtiendo en una amenaza -

- Nunca subestime lo que algunos seres suelen hacer por el poder, oficial. La información da una clase de poder muy solido y conveniente – el tono del militar era ahora un poco condescendiente.

- Tendré que tenerlo en cuenta. Mi trato con el Jefe Miller acaba de irse al diablo, pero eso no me va a detener de perseguir al Corredor Sombrío -

- Espero que lo atrape Detective -

Jennifer se adelantó hacia él hombre, ofreciéndole un arma. El maduro capitán la rechazó, tomando la escopeta que estaba a sus pies.

- ¡Vamos a salir de aquí!, ¡según me he enterado el Almirante Hunter llegó ya, y va a necesitar toda la ayuda que pueda! - dijo ella, sacudiéndose la ropa.

- Primero vamos a tener que pasar sobre los hombres del Corredor que se están acumulando allá afuera - dijo el detective, revisando la calle. El súbito sonido de transportes arribando los despabiló.

- ¡Vámonos entonces! - ordenó Sparks

- Esperen, mi asociada... - dijo el capitán dándose la vuelta para revisar el cuerpo de Kasumi.

- ¿Cual asociada? - preguntaron los otros. En el suelo del precinto estaban los cuerpos de los policías y de Sibya, pero no había rastro de Goto. Anderson no contestó, se rasco la barbilla, pensativo, y se preparó para salir.

Los sonidos de balas surcando las calles los recibieron. De un lado estaban los hombres del Corredor, en las mismas armaduras negras sin distintivos que habían visto antes. Por el otro había un grupo de oficiales de Seg-C, que habiéndose dado cuenta de los disparos en la estación habían regresado a verificar, permaneciendo a cubierto y repeliendo la agresión.

Sin embargo algo sucedía. Cerca de uno de los vehículos que llegaron, un soldado turiano cayó al suelo violentamente y no se levantó. Su compañero salariano disparó varias ráfagas sin ningún blanco aparente, hasta que su arma le fue arrebatada y descargada a mansalva. La barrera cinética de otro sufrió una sobrecarga catastrófica que lo inutilizo enseguida. Y un humano, que había estado al volante de un transporte salió volando sin que aparentemente nadie lo propulsara.

Cuando el auto encendió, arrollando a los soldados que estaban cerca de él, para detenerse enfrente de la puerta. Anderson supo que había sido un tonto por preocuparse de la ladrona.

- Este transporte va directo a la Torre del Concilio, ¿va a subir o no capitán? - preguntó ella, apareciendo en el asiento del piloto.

El militar le hizo una seña a sus compañeros, mientras los cubría con su arma...


Espacio aéreo de La Ciudadela.

2332 horas tiempo local

En el puente del SDF-3, Rick Hunter había visto los movimientos de las astronaves con sumo interés. Mientras tanto había ordenado a sus pilotos, liderados por el escuadrón Bermellón de Jack Baker, que estuvieran listos para despegar cuando fuera necesario. El Dr. Lang había hecho progresos notables en las reparaciones, considerando que había que cambiar mas de un centenar de piezas de distintos lugares de la nave.

Cuando las fragatas de la Ciudadela empezaron a rodearlos, Rick formuló su plan y esperó. Tuvo paciencia mientras las reparaciones seguían su curso y el enemigo no los atacaba. Cierto es que se estaban tomando su tiempo, pero seguramente estaban ideando una estrategia para sobreponerse a la protección de la barrera de su nave.

Cuando los vio desplegar el equivalente de casi cinco escuadrones de combate, Rick imaginó lo que les preparaban. Aun cuando Sparks no había sabido decirles mucho acerca de las capacidades y armamento de los alienígenas, él había visto y peleado en buena cantidad de combates espaciales, desde el viaje del SDF-1 de Plutón a la Tierra, durante su etapa con los Centinelas, y durante la traición de Edwards. Lo poco que sabía de esas máquinas extraterrestres, las hacía ver como prodigios de ingeniería. Pero el veterano piloto de Veritechs sabía que, en aspectos importantes del combate, no estaban a la altura de la Fuerza Expedicionaria Robotech.

Así, cuando vio a los cazas armarse en formación para dirigirse contra la barrera, supo que lo iban a lamentar. Los Zentraedi eran mas disciplinados y mejores tácticos, y fueron derrotados. Los Invid combatieron con ellos en la Tierra y en Tirol, con base en su abrumadora superioridad numérica. Y Edwards los mantuvo a raya gracias a la tecnología Sombra, que recupero de los Invid. Ninguno de ellos pudo derrotarlos.

La Flota de la Ciudadela podría tener mayor numero, pero la estrategia estaba de su parte...

- Almirante, mas de setenta cazas se están acercando a menos de cien kilómetros de la barrera. Vienen armados con proyectiles de mediano alcance - comentó Adelle, mirando la pantalla de mando.

- Los torpedos disruptores de los que la capitana Sparks nos habló. ¿Están listos los Alfas y Betas para la maniobra? - pregunto el veterano, sin parpadear.

- Si Almirante. La barrera DS-3 también esta lista - comento la castaña.

- El Doctor reporta que podremos usar la artillería en un minuto, y el dispositivo Sombra en tres - comento Karen, mientras seguía el progreso de los cazas. Rick solo sonrió.

- Los cazas están disparando su carga. Mas de sesenta proyectiles. Impacto en veinte segundos... -

- Tan pronto como hagan blanco en la barrera y haya pasado la onda de choque, cambia al dispositivo DS-3. Esperemos que la nave aguante -

- Diez segundos... nueve, ocho, siete... -

- ¡Prepárense para impacto! -

- Impacto en dos.. uno... -

Un estremecimiento gigantesco recorrió la nave e hizo tambalearse al personal de la misma. Arcos de electricidad saltaron entre los aparatos eléctricos y varios de los operarios que no estaban protegidos murieron al instante, merced del enorme potencial eléctrico. El gigantesco vehículo se estremeció como si estuviera metido en una maquina compactadora. El metal chilló de manera audible, y por un momento los tripulantes pensaron que no saldrían de esa con vida. Pero el SDF-3 había aguantado muchas batallas en contra de fuerzas superiores y con armamentos de increíble poder. Su aleación inicial de Chobham, reforzada posteriormente con nanofibras de aleación de carbono y el material de confianza de los maestros Robotech, monopolo, en adición a la tecnología de sus aliados de Karbarra, maestros constructores de naves, la habían vuelto una verdadera fortaleza impenetrable.

Aguantó el embate de las fuerzas de energía obscura que se desataron sobre la barrera omnidireccional. Y cuando la dispersión de la energía generada por los torpedos pasó, el Almirante dio la señal:

- ¡Karen, cambia las barreras ahora! -

La rubia controladora ingreso las instrucciones en su terminal a toda prisa...


- ¡Capitán Krilik, es su turno! - comento la Matriarca Lidanya desde su posición en el puente, cuando vio caer la barrera.

- ¡Entrando en combate ahora!, ¿que demonios?... ¡Matriarca!, ¡la barrera aún esta intacta! - dijo el turiano por el canal de radio, cuando trató de acercar su nave hacia el SDF-3. El desplegado táctico, en colores azul y rojo, mostraba que las fragatas del grupo de ataque eran detenidas por una especie de pared.

- No puede ser... - la incredulidad se pinto en su rostro, cuando observó a las fragatas disparar sus municiones contra la nave, solo para ser detenidas por el escudo invisible

- Matriarca, la nave esta lanzando interceptores para contrarrestar a las fragatas: Diez, veinte, treinta... cincuenta... ochenta... ¡mas de ciento veinte naves! - la I.V le anunció. En su despliegue holográfico la nave estaba dando paso a una serie de vehículos mas grandes que sus cazas, pero tan veloces como ellos. El despliegue se llenó de unidades identificadas en el color rojo asignado al enemigo. Pronto fueron tan numerosos como las unidades en azul, sus unidades...

- ¡Por la diosa!, ¡también es un porta-naves!. ¡Prepárense para disparar los baterías de aceleradores de masa!, tenemos que sacarlos pronto de la batalla - ordenó.

- Baterías listas, ¡solución de disparo adquirida! -

- ¡Fuego! -

Los disparos de acelerador de masa de la Ascensión del Destino y los otros dreadnoughts surcaron el espacio hasta el SDF-3, que parecía iba a recibir toda la energía cinética de mas de sesenta proyectiles de un cuarto de tonelada. Sin embargo los proyectiles impactaron en una versión mas pequeña de la barrera que ya habían visto antes. Un nuevo escudo se levantaba entre ellos y su presa.

- ¡No puede ser! - la expresión de la matriarca era mas que frustración, era pura ira.

- Matriarca, la barrera del enemigo se ha reposicionado. Cuando disparó sobre ellos, la barrera nos dio paso. ¡Pero ahora no podemos defendernos de sus cazas!, ¡nuestros sistemas Gardian no pueden enfocar al enemigo, como si sus emisiones energéticas fueran enmascaradas!. A este paso... ¡aarrggh! - comentó Krilik, cuando un estallido hizo sacudir la transmisión que llegaba de su nave, y esta se perdió.

La Matriarca empezó a sentir de nuevo esa horrible sensación que era el miedo, trepar inexorablemente por su espalda...


En pleno combate, Jack Baker se daba a la tarea de cuidar las espaldas de sus pilotos. Habían sido desplegados cuando las fragatas habían detenido su primer ataque, para contraatacar. Al despegar perdió algunos efectivos, pero al activar los Dispositivos Sombra, los emplazamientos defensivos de las naves habían tenido un millar de problemas para lograr un blanco. El resultado era que el mismo había logrado sacar de la contienda varios transportes, sufriendo solo haber perdido a un piloto más y haciendo que la nave de comando del grupo de ataque sufriera varios desperfectos y quedando varada a menos de diez kilómetros del SDF-3.

Mientras Baker seguía lanzando ráfagas de su cañón disruptor, tirando los sistemas de varios transportes y propiciando que otros más emprendieran la retirada, se daba tiempo para reprender a sus pilotos:

- Bermellón cuatro: Cuida tu flanco izquierdo. Seis y siete ayuden a deshabilitar el objetivo cinco. Keikeya: ¿Donde está tu compañero?, Anders: ¡deja de saturar el canal! -

- [Estaba atrás de mi hacía veinte segundos Jefe]-

- [¡Aquí estoy!, sufrí un desperfecto ligero con las turbinas, pero todo parece estar en orden ahora] -

- Bermellón Nueve: No se arriesgue, regrese al SDF-3 para evaluación y posibles reparaciones -

- [¡Pero estoy bien!] -

- ¿Me esta contradiciendo piloto? -

- [No... señor, iniciando regreso al SDF-3] -

- [Líder Bermellón: Líder Céfiro reportando: Todos los bandidos de nuestro sector están en retirada o deshabilitados, Lideres Roc y Gryphus reportan bandidos en fuga con mínimas bajas, escuadrones Wyvern y Ámbar reportan una baja cada uno. Líderes Fokker y Kridanik reportan regresos a cubierta para inspección de sus alfas, de un diez por ciento de sus pilotos] -

- Aquí Líder Bermellón: Billings, ¿que hay de las escuadras Esmeralda y Fenrir? -

- [Ambas están enfrentando al enemigo en el cuadrante mas lejano, pero parece que ya inclinaron la contienda en su favor] -

- De acuerdo Billings, reporta el estatus general cuando hayan terminado -

- [Líder Bermellón: Hay movimiento en el segundo cuadrante, equivalente Tristar y el grupo de interceptores están tratando de flanquearnos] - comento Adelle, la controladora de vuelo en turno. Aunque Jack sabía que Karen Penn estaba ayudándola, aún era la obligación de la atractiva castaña manejar el flujo de la batalla.

- Aquí Líder Bermellón: Nuestro trabajo esta completo con bajas mínimas. Vamos a reagruparnos y ocuparnos de los interceptores Adelle -

- [Negativo Teniente Comandante Baker, deje que la Comandante Sterling y su grupo se ocupen de ellos. Reagrupense y permitan que el crucero entre en rango de nuestros emplazamientos de armas. Cuando de la señal ataquen de nuevo] -

- Entendido. Capitanes del Ala Bermellón, maniobra de agrupamiento en el cuadrante uno. A mi señal, vamos a mandar ese crucero de vuelta a casa -

- [Recibido Líder Bermellón] – contestaron los líderes de los diferentes escuadrones del ala de combate.

- [¡El SDF-3 esta activando los emplazamientos de armas!] - la voz de Keikeya lo hizo voltear hacia la gigantesca nave, los mas de doscientos nidos de armas se estaban activando.

- [Además de los destroids. ¡Miren, allá van los Fénix y la Comandante!] - ese era Billings, el líder del Escuadrón Céfiro.

Mientras dejaban que el crucero se acercara, Baker observó como el Ala de Combate Fénix salia del hangar. Los Fénix eran uno de los nuevos grupos aéreos de la Fuerza Expedicionaria, pilotos entrenados y seleccionados por los Comandantes Sterling. Eran una fuerza de respuesta que el Almirante Hunter había decidido no mandar junto con la Expedición de Reclamación Robotech, manteniendo una buena mezcla de pilotos veteranos y novatos promisorios en reserva. Sus vehículos estaban pintados con un franja diagonal azul cielo y blanco, con el emblema de un fénix de diseño similar al de la vieja heráldica del Ejercito de la Cruz del Sur. Algo muy acorde para ellos, debido a que en él había una gran parte de pilotos que habían pertenecido a dicha élite, habiendo llegado durante el éxodo de Dana Sterling y los sobrevivientes del ataque de los Maestros de la Robotecnia, hacía por lo menos diez años.

- Atentos todos, a su trabajo y dejen que la comandante les de a esos alienígenas una muestra de lo que es volar -

Baker movió los controles de su Alfa y sintió el tirón de la aceleración. Casi ocho ges sacudieron su cuerpo, cuando dio una vuelta cerrada, emplazando su avión en la formación estándar de cinco hombres de los pilotos Bermellón, y volvió su atención al crucero que se estaba desplazando hacia su flanco izquierdo.


La Matriarca Lidanya había determinado que ninguna de sus armas funcionaba para tirar el escudo que sus enemigos habían puesto entre ellos y su artillería, así que había optado por lanzar su contingente de cazas de reserva, para ayudar al "Orgullo de Palaven". Intentaba una maniobra de distracción, lanzando los misiles prototipos Jabalina. Esos eran guiados por I.V´s para buscar los objetivos, reduciendo el daño colateral. Pero no habían tenido ningún éxito. Además de los sitios de armas del casco exterior, el enemigo había sacado una especie de armaduras robóticas, al estilo de los nuevos androides de seguridad prototipo de Hanhne-Kedar. Estos artilugios sin embargo eran mas versátiles, grandes y mejor armados. A pesar de que las I.V´s estaban programadas para burlar muchos programas estándar de disparo automatizado, un piloto entrenado podía cazar el misil y destruirlo antes de que pudiera hacer daño. Casi un noventa y cinco por ciento de los proyectiles habían sido inutilizados de esa forma, por esos emplazamientos móviles, los mas afortunados golpeando el casco de la nave, sin hacer demasiado daño.

El grupo de ataque "Victoria en Partia" había sido reducido a una serie de chatarra espacial varada en torno a la gigantesca nave enemiga. Muchas de las fragatas del grupo Iberia había sido sacadas de la batalla por el asedio incesante de los cazas enemigos. Había muchas posibilidades de que el enemigo inutilizara sus cazas, si tenía en cuenta la suerte que habían sufrido las fragatas del Capitán Krilik, pero tenía que arriesgarse. El turiano había logrado restablecer comunicaciones, pero sus sistemas de ataque estaban inutilizados y no tenía material para intentar un abordaje de la enorme nave. Además si sus enemigos habían conseguido repelerlos en combate espacial, un ataque frontal no iba a representar mucha diferencia.

El Capitán Asterius había informado que estaban intercambiando salvas con la enorme nave, sus emplazamientos de aceleradores golpeando el costado izquierdo, cuando fueron atacados y deshabilitados por los mismos interceptores que habían repelido a las fragatas. "Deshabilitado" era la palabra correcta. Salvedad de algunos transportes que habían recibido demasiado daño y no aguantaron la retroalimentación negativa de sus sistemas, la mayoría de los vehículos habían salido del combate, sin sufrir bajas en el sector humano. Sus oponentes se habían limitado a defenderse del asedio, sin causar mas daños de los necesarios. Esa actitud le sorprendía de sobremanera y la llevaba aún más a pensar en que si sus enemigos quisieran haberlos derrotado sin miramientos, hubiera sido una verdadera masacre.

Como Comandante en jefe de la Flota de la Ciudadela era su deber evaluar las situaciones de combate que se presentaban, y esta era una en la cual su orgullo táctico había resultado dañado. Sin embargo tenía que reconocer que haber visto un solo dreadnought inutilizar a dos grupos de fragatas, además de descartar el poder de tres de las naves de ataque mas poderosas de la flota, hacía que cualquiera reconsiderara sus posibilidades.

Pidió a su ayudante que desplegara las imágenes del encuentro de sus cazas con los del enemigo:

En el espacio aéreo circundante de la nave desconocida, los cazas de la Ciudadela habían tratado de acercarse de nuevo para lanzar una segunda oleada de torpedos, que había sido interceptada por los mecanismos de defensa puntual de la nave. Enseguida los estilizados interceptores enemigos cayeron sobre ellos. En un principio sus armas no parecían afectar las barreras cinéticas de sus pilotos, pero cuando uno de ellos desplegó una andanada de siete pequeños misiles de corto alcance, que envolvieron a dos de sus cazas, se dio cuenta de que las cosas no iban a ser tan sencillas. El poder explosivo de los misiles sobrepasó la capacidad del escudo de los cazas y ambos quedaron dañados, convirtiéndose en pequeñas bolas de fuego que se extinguieron muy rápidamente.

Cuando el mismo interceptor, pintado en rojo y blanco, repitió la dosis a otros dos cazas, sin dañarlos, pero desviándolos fatalmente de su curso, e inhabilitando a un tercero con disparos de un cañón energético en el morro de su nave, supo que tenía que sacar a ese piloto de la contienda. Ordeno al líder de escuadrón que concentraran su ataque en ese aviador, pero la táctica resultó peor, cuando al querer atraparla en una maniobra envolvente, su nave hizo una extraña pirueta y salió disparada verticalmente. Nunca iba a olvidar ese momento, cuando el ingenio cambió de forma, transformándose en una figura humanoide, con un rifle de energía en sus manos, abatiendo sus rivales en un alarde de maniobrabilidad aérea rayano en lo extremo.

Peor fue aquello cuando se dio cuenta de que los otros pilotos hacían maniobras similares, y para colmo, notó que los cazas dejaban sus voluminosos impulsores traseros, separándose de ellos, para que a su vez estos mismos se transformaran en robots de combate, igual de versátiles y elusivos que los cazas principales. En una maniobra de trampa, sesenta de los ochenta y cinco vehículos que había mandado a reforzar al "Orgullo de Palaven" perecieron. Diez regresaron, con numerosas fallas y desperfectos. El resto flotaba en el espacio, sin poder hacer nada. El enemigo había perdido ocho de los suyos solamente.

Sin tropas que reforzaran a su nave, estaba a merced de que llegaran los refuerzos, lo cual debía de suceder en dos minutos o menos. El "Orgullo de Palaven" se había perdido, sus motores y emplazamientos de armas destruidos por el enemigo. En total una sola nave había inflingido daños severos a un cinco por ciento de la flota. Algo completamente inaceptable.

Peor aún, mientras la batalla se desarrollaba, una nave transporte del tamaño de una fragata ligera, había maniobrado hacia adentro de la estación, permitiendo llevar un grupo de tropas hacia la Torre del Concilio. Había avisado al Ejecutor Palin y las defensas del anillo del Presidio se habían activado, pero no estaba segura de que eso fuera a detener a los recién llegados.

- Matriarca: Las naves de refuerzo y guerra cibernética del Comandante Sadar del grupo salariano y los dreadnoughts "Lancia", "Aquila" y "Quatroventa" acaban de llegar, están a cinco mil kilometros de nosotros, a babor -

- ¡Prepárense para un segundo asalto! - ordenó la Matriarca, apretando sus puños. Pero no tuvo tiempo de idear una segunda estrategia. La sorpresa y el shock en su rostro, así como en el de los soldados de la Flota, llegó a través del canal de radio:

- ¡Este es el Almirante Hunter de la Fuerza Expedicionaria Robotech!, ¡detengan su ataque inmediatamente!, ¡nuestras intenciones no son hostiles!, ¡solicitamos parlamentar con el Concilio de la Ciudadela! -

- ¡Comuníquenme con esa nave, de inmediato! -


Espacio interdistritos, en ruta a la Torre del Concilio

La Ciudadela.

2236 horas tiempo local.

Kasumi hacía movimientos de evasión mientras los disparos de sus perseguidores pasaban de largo. El capitán Anderson y la pelirroja Sparks contestaban el fuego, sin mucha suerte, mientras el detective Chellick trataba de ayudarlos lo mejor que podía.

Los hombres del Corredor Sombrío, eran persistentes por decir lo menos. A pesar de haber robado uno de sus transportes y haber inutilizado una parte de su fuerza de ataque, no habían cesado su persecución. La ladrona no sabía que tanto estaría dispuesto a hacer el jefe de los operativos para recuperar las cosas que iban en la parte de atrás del auto, acomodadas en una bolsa. Pero sabía que la maniobra que había montado para hacerse de ellas era muy arriesgada. Se estaba jugando una gran cantidad de sus recursos en para hacerse de esos objetos, así es que lo que fueran, seguro eran sumamente importantes.

Dio un giro súbito y ascendió para dejar atrás a uno de los transportes que se había acercado demasiado, suscitando un gruñido de sus pasajeros, por la inesperada maniobra. Podía ver la torre de la Ciudadela, acercándose lentamente hacia ellos. No podía bajar a nivel de los distritos, por que el tráfico los hubiera detenido, y lo último que necesitaban era darle tiempo a los otros de acercarse a ellos.

Uno de sus perseguidores en el rapidtrans mas cercano, sacó un lanzacohetes ML-77, una de esas armas que solo ciertos fabricantes de los Sistemas Terminus suelen hacer. Kasumi aceleró más, sintiendo que su pie estaba traspasando la cubierta de fibroplástico y aluminio del auto y rogando a quien fuera necesario que no quedaran en su zona de ataque.

El cohete salió disparado y ella hizo un movimiento brusco, que mando a todos los ocupantes sobre su costado derecho. Las quejas de Chellick y el gruñido de Anderson le indicaron que estaban bien.

- ¡Vamos a tener unas cuantas maniobras forzosas, así que agárrense! - grito, con la adrenalina circulando rápidamente por su cuerpo. Había estado en algunas persecuciones y huidas muy extremas, pero nunca antes había tenido un cohete anti-personal siguiéndola de cerca. Hizo una maniobra subiendo de altitud y bajando súbitamente. El cohete no pudo alterar su trayectoria a tiempo y pasó de largo. Pero era muy pronto para cantar victoria:

- ¡Mas cohetes! - grito Chellick desde atrás.

La asiática vio por la cámara retrovisora del auto. Tres bólidos más se precipitaban hacia ellos. Un tiro de la pistola de Anderson destruyó uno, y provocó una perturbación cerca de ellos. Kasumi batalló para controlar el transporte y dio un giro a los controles que los hizo dar una violenta vuelta de tonel. La chica bajó de altitud e hizo un arco rodeando una construcción alta, mientras algunos pocos policías y civiles veían el espectáculo. Un nuevo arco y una súbita maniobra de frenado y el segundo cohete los dejó atrás, siguiendo de largo. Hizo una maniobra y el tercer cohete fue a estrellarse contra el costado de un edificio. Las bajas civiles por el incidente se incrementaban.

Ya podía ver veía las torretas de seguridad del anillo del Presidio. "Las baterías GARDIAN solo se activan en caso de una incursión hostil al interior de la estación espacial" pensó, mientras veía los artilugios cobrar vida y redirigirse a un punto atrás de ellos:

- ¡No se que está pasando, pero mas vale que bajemos de altitud o nos van a obligar muy pronto! - dijo suscitando que sus tres pasajeros voltearan a verla. La vista de los enormes cañones calentando sus mecanismos les hizo comprender la gravedad del asunto.

Kasumi vio un último cohete salir disparado hacia ellos, pero de pronto estalló en medio vuelo. También vio uno de los autos voladores romper formación inmediatamente, el rostro de su piloto marcado por el miedo.

El capitán Anderson volteo a ver hacia atrás, justo a donde estaban sus perseguidores. Estos, al ver las maquinas defensivas ponerse en marcha dejaron de perseguirlos. Rompieron formación y se dirigieron a los distritos, para perderse entre el tráfico. Pero lo que venía atrás de ellos lo tomó completamente desprevenido. Una nave, del tamaño de la Normandía, maniobraba para ponerse al lado de ellos. A través de la cabina de cristal podían ver al piloto, un hombre de mediana edad enfundado en un casco como jamás lo había visto. Les hizo una seña, antes de que se alejara pronto, por los disparos de los sistemas GARDIAN.

Kasumi bajo la altitud, al comprobar que se encontraban en la inmediaciones del anillo del Presidio. Aterrizó todo los suavemente que pudo (considerando que los dispositivos de su transporte no estaban completamente operativos gracias al cohete que estalló cerca de ellos), en el estanque cercano a la Torre de La Ciudadela.

Todos salieron del auto, y mientras se acercaban a la orilla trabajosamente, observaban al piloto hacer una serie de maniobras con esa nave, que hacían ver a los pilotos de la flota de la Ciudadela como unos amateurs. No hacía trayectorias en falso ni de más. Sus movimientos eran precisos, como el capitán solo había visto hacerlo a Joker, el actual timonel de su ex-fragata. Contuvieron el aliento cuando uno de los láseres defensivos rozó la aeronave, pero el veterano no perdió el control. Un disparo de las armas de su vehículo y la torreta que lo había incomodado fue destruida. Un grupo de misiles después, el resto de ellas también fueron historia.

Cuando terminó el circo acrobático, algunas gentes se acercaron a la torre, sin duda atraídas por la pericia de semejante aviador. La extraña nave, a la cual Jenny se refirió como una nave de descenso Horizonte, bajó enfrente de la entrada de la torre, suscitando que el personal de guardia Seg-C del lugar saliera, armas en mano. El miedo translucía en los rostros de los oficiales:

- ¡Este es Seguridad Ciudadela. Dejen sus armas y ríndanse! - una propuesta ridícula, cuando se tiene enfrente una aeronave.

Anderson y su grupo (sin Kasumi, que parecía haberse desvanecido otra vez), se acercaron a la nave, mientras los policías trataban de desalojar a la multitud. La puerta trasera se abrió y bajó una rampa, dando paso a un grupo de cinco soldados en armaduras Ciclón, causando reacciones de asombro y sorpresa en los presentes. Adoptaron un circulo defensivo y después bajó una mujer castaña, de edad madura, en una especie de kimono color vino con detalles en negro, acompañada de un joven asiático con ropas similares. Jenny reconoció a ambos sin problemas:

- ¡Cho!, ¡embajadora Hayes! -

El grito llamó la atención de la mujer, al igual que la de los integrantes de Seg-C, quienes rápidamente se interpusieron entre ellos.

- ¡Quédense donde están!, ¡no sabemos si son hostiles! - dijo uno de los oficiales.

- No lo somos - dijo Lisa Hayes saliendo de atrás del grupo de soldados y encarándose con el oficial al mando, un humano cuya mano estaba temblando:

- Soy la Embajadora Lisa Hayes-Hunter, de la Fuerza Expedicionaria Robotech y estoy aquí para hablar con el Concilio de la Ciudadela. Nuestras intenciones no son hostiles, pero si nos atacan nos defenderemos -

- Sí que si son capaces de ello... - dijo Cho a Jenny cuando se junto a su grupo.

- Nunca había oído hablar de la Fuerza Expedicionaria Robo... ¡como se llame!, si esto es una broma de la Alianza de Sistemas, es una muy buena Anderson - dijo el primer teniente al militar de la Alianza.

- La sorpresa es mutua detective - comentó el capitán. Al igual que él, el resto de la multitud estaba boquiabierta. Los rumores no se hicieron esperar. La situación parecía salirse de las manos de la gente de Seg-C hasta que el hombre intervino:

- Oficial, soy el Primer Teniente Chellick del Distrito de Zakera. El Capitán Anderson y los recién llegados están en misión oficial y no deben ser obstruidos. Localice al Canciller Udina y hágalo llamar por favor -

- ¡pero detective...! - dijo el humano, dudando de la autoridad del turiano.

- Le explicaré todo con calma después Oficial. Por el momento haga lo que se le pidió y diga a sus hombres que contengan a la multitud - ordeno el turiano mirando los rostros de desconfianza de los soldados que acompañaban a Lisa. No quería averiguar que tan mortales eran esas armas que empuñaban.

- Buena maniobra Chellick, pero ¿porque lo hizo? - el capitán se acercó al detective mientras Lisa y Sparks hablaban algo.

- Digamos que tuve una epifanía... - el turiano no volteo a verlo, pero el humanos se dio cuenta de reojo de su sonrisa.

- ¿La planta le mostró algo? -

- Sí. Y creo que podemos aprender mucho de ellos... - señaló a Lisa y a su grupo - ...si no nos precipitamos -

Unos minutos después, la multitud que se había congregado alrededor de la base de la torre era tal, que los presentes podían jurar que la gente de los Distritos estaba subiendo hacia el anillo del Presidio, para ver la situación. Reporteros de las varias corporaciones de noticias de la galaxia estaban presentes también, con Khalisah Al-Jilani dando codazos a sus compañeros para estar casi frente a la nave. Los pocos equipos de cámara que eran funcionales aún, no perdían detalle de la situación. Las fuerzas de defensa de La Ciudadela estaban en alerta máxima, acercándose por la vía principal del Presidio y tratando de dispersar a la multitud. Udina bajó unos minutos después:

- Anderson, ¡tenemos que hab...lar! -

La sorpresa en el rostro del viejo cascarrabias era genuina. Rodeo la nave que estorbaba la entrada y se dirigió al grupo, donde los otros contenían las ansias de los oficiales de Seg-C:

- No se preocupen. Esto está bajo control, regresen a sus puestos. La guardia de la Torre del Concilio tomará el caso desde aquí -

- ¿Anderson?, ¡capitán Anderson! - el gesto de rabia en su rostro era patente.

- ¿Que sucede canciller? - el británico ya se imaginaba lo que iba a suceder.

- ¿Porque no me avisó de esto? - señaló a la nave.

- No me gusta decir se lo dije... pero se lo dije. Y si usted decidió ignorarme, ahora es un buen tiempo para empezar a hacerme caso - el militar solo sonrió. Estaba disfrutando mucho poner a Udina en semejante aprieto.

- Puedo ayudarle a resarcirse. Permitame presentar a la embajadora Lisa Hayes-Hunter, de la REF, propietarios de la nave que está allá afuera, y con quien Jenny Sparks... - hizo una seña a la pelirroja, que conferenciaba con Cho Li - …hizo primer contacto - la mandíbula de Udina casi se fue el suelo. El militar no le había mentido y ahora estaba pagando caro no haberle hecho caso. Resolvió no dejarse amedrentar:

- ¿Que clase de tomadura de pelo es esta?, ¿de que colonia son? - vociferó volteando a ver a la mujer y lanzándole su mirada de reproche mas dura. Lisa Hayes solo se limitó a sonreír sardonicamente:

- De ninguna colonia Canciller. Y le pediría que cuide sus modales, si no quiere agregar una mancha a su (espero) intacto historial diplomático. Si me dirige con el Concilio, podremos explicar nuestra presencia en este lugar, y con suerte detener esta guerra, antes de que mi esposo, el Almirante Hunter, se decida verdaderamente a atacar -

- ¿Qué, entonces no habían estado atacando?. ¿Realmente vienen de la nave? -

La reacción de Anderson y Sparks fue casi inmediata. El militar jaló al consejero, mientras Jenny conducía a Lisa a los elevadores aún funcionales de la torre. Por la rampa de la nave bajó el piloto, levantando la visera de su casco y suscitando un murmullo de la gente:

- Voy con usted Embajadora -

- Gracias Comandante Sterling. Ustedes... - habló a los soldados - ...Cuidenla... - señalando la nave - ...pero no presionen demasiado. Recuerden que es una novedad -

Los soldados se cuadraron inmediatamente y se distribuyeron a lo largo del casco.

Antes de subir, el capitán miró de reojo cerca de uno de los arboles contiguos a la entrada. Le pareció ver una figura femenina en un traje negro, encapuchada. Se dirigió hacia allá sin que nadie lo llamara y cuando estuvo cerca, vio a la ladrona:

- Tal parece que todo va a salir como usted deseaba... -

- Sí, debo agradecerte por ello. Y como lo prometí, cumpliré mi palabra -

- Estoy en deuda con usted caballero... pero déjeme explicarle algo, solo para que no haya malentendidos -

- No necesito saberlo, Kasumi Goto. Entiendo que tiene sus secretos, y como le dije anteriormente: Las tonterías que se hacen por amor son a veces las que mas valen la pena... aunque no puedo negar que me molestó que no me informara -

- Estoy de acuerdo señor Anderson, pero tenía que correr el riesgo. No es personal, si entiende a lo que me refiero. Pero ahora quiero explicárselo de cualquier forma. Se que Keiji lo hubiera aprobado -

Kasumi le contó rápidamente el rol que su amante había tenido, al infiltrarse a la base de datos de la Alianza. El hombre frunció el ceño un momento pero después suavizo el rostro y sonrió. Tenía una vaga idea de lo que el difunto había encontrado en los archivos secretos. Y sabía que era perturbador, por decir lo menos. Pero mucha de esa investigación, de la cual el y Kahlee Sanders eran participes, merecía salir a la luz. La gente debía estar al tanto que los Segadores eran una amenaza muy real y patente. Y si bien no le gustaba que la posesión de semejante secreto recayera en una ladrona, dentro de sí sabía que no abusaría de su conocimiento.

- Busque el dato por mí Anderson. Cuando lo tenga yo lo sabré - comentó ella, activando su capa de ocultación mientras se alejaba de él. Pronto no fue mas que una figura en la niebla o mas bien un vago recuerdo.

El moreno británico volvió a la entrada de la torre. Mientras abordaba uno de los elevadores, para alcanzar al grupo, pensaba que la galaxia acababa de volverse un lugar más extraño de lo que creía.


En la Cámara del Concilio, los consejeros de los tres poderes políticos: Tevos por las asari, Valern por los turianos y Amoth por los salarianos, estaban impacientes. Habían recibido los reportes de los extranjeros que habían llegado a La Ciudadela. Los habían visto enfrentarse a varias naves de la flota de defensa y salir relativamente ilesos. Habían establecido comunicación con ella y la matriarca Lidanya había rehusado seguir las ordenes de continuar la batalla. Y entonces una de sus naves había bajado a la estación llevando a un diplomático hasta la Torre del Concilio.

A pesar de la indignación que Valern sentía hacia la matriarca y su actitud, así como hacia el hecho de que su defensa había sido vulnerada hasta hacerlos ver casi indefensos, los otros dos consejeros estaban sumamente interesados en conocer a estos viajeros espaciales que habían puesto en jaque al centro político de la galaxia. Más aún cuando parecía que estos vagabundos eran (o por lo menos parecían) humanos, y decían no estar en liga con sus aliados de la Alianza de Sistemas.

Así, cuando Lisa Hayes y Max Sterling, seguidos del canciller Udina, Jennifer Sparks y Cho-Li, se presentaron ante ellos, los extraterrestres se sorprendieron, menos por la audacia de sus visitantes, que por la semejanza de comportamientos que exhibían con los otros humanos que estaban presentes. La gente que normalmente tenía asuntos en la Torre se había acercado hasta los balcones, en espera de ser testigos de algo que iba a revolucionar la vida en esa ciudad. Esperaron mientras la mujer diplomático empezaba su discurso...

- Miembros del Concilio: Soy la ex-Almirante Lisa Hayes-Hunter, embajadora de la Fuerza Expedicionaria Robotech y primer oficial del cuerpo diplomático del Gobierno de la Tierra Unida. Me presento ante ustedes sin armas y con intenciones pacificas - Jennifer se adelantó hacia ella y activó su omniherramienta, dando una extensión de audifono a Lisa y esperando evitar el tropiezo de comunicación que podía acontecer. A pesar de que el artilugio no estaba calibrado para ella, Lisa entendió a la perfección el mensaje que siguió:

- Somos el Concilio de la Ciudadela. El más alto cuerpo político de esta galaxia. Mi nombre es Tevos Aelian, y represento a las Repúblicas Asaris, a mi izquierda se encuentra el consejero Amoth, del Sindicato Salariano y a mi derecha está el consejero Valern, de la Jerarquía Turiana... - los otros extraterrestres hicieron una reverencia solemne y la asari continuo:

- Embajadora Hayes-Hunter de la Fuerza Expedicionaria Robotech: La presencia de su nave y sus fuerzas en este lugar nos trae muchas preguntas, todas ellas igualmente importantes. Usted es por lo menos en apariencia, humana. Dice venir de parte del Gobierno de la Tierra Unida, pero según la información que nuestros aliados humanos nos han dado, el Gobierno de la Tierra Unida no existe. Su equivalente es la Alianza de Sistemas Humanos. Lo poco que hemos podido ver de su tecnología, nos indica un grado de avance muy grande en algunos aspectos, pero muy precario en otros. Se nota que su civilización ha tenido contacto con otras inteligencias extraterrestres, pues usted no está sorprendida en lo más mínimo de nosotros. ¿Que tiene que decir a eso? -

- Miembros del Concilio, pueblo de la Ciudadela: El propósito de esta visita formal es establecer relación con los pueblos que conforman esta civilización galáctica. En cuanto a mi origen y ascendiente, no les miento al decirles que vengo de la Tierra, el tercer planeta azul en el Sistema Solar, y que soy representante del Gobierno de la Tierra Unida. Sin embargo, y como la Capitana Jennifer Sparks, uno de los primeros humanos con los que mi gente hizo contacto, me ha hecho notar, las cosas en esta realidad son distintas a las del lugar de donde venimos - habló ella, después de haber aspirado profundamente, midiendo sus palabras.

- ¿Entonces ustedes provienen de otra realidad?, ¿otra dimensión, como suelen decir algunos productores baratos de holovids? - saltó el consejero Valern. La consejera Tevos iba a reprenderlo, pero una seña de Lisa la detuvo.

- Si la consejera me permite responder a eso... sé que suena descabellado. Nuestro jefe científico en la nave, el Dr. Emil Lang, que es un erudito y buen entendedor de semejantes cuestiones, nos confesó que no lo creía posible. Ha dedicado algunos cuantos días a desvelar el misterio de nuestro viaje, sin mucho avance me temo. Pero esta tarea es titánica y rebasa el límite de sus fuerzas, por lo que, entre otras razones, nos vemos obligados a pedir ayuda. Si a eso agregamos que nuestra nave esta operando a menos del cincuenta por ciento de su capacidad real, me temo que nuestra posición se ve comprometida -

Al oír ese ultimo comentario los tres extraterrestres palidecieron. Sí una nave de esa clase operando a la mitad de su potencial podía poner en aprietos a la Flota de la Ciudadela, ¿que podría hacer estando a tope de sus capacidades operativas?. La expresión no le pasó desapercibida a Lisa, quien rápidamente añadió:

- Una vez mas les reitero que nuestras intenciones son pacíficas y de ninguna forma los disturbios que nuestra llegada ha causado deben interpretarse como movimientos con miras hostiles. Nuestra galaxia es un lugar ya muy azotado por la guerra, como para venir aquí a iniciar otra confrontación. Dicho esto, en mi universo una guerra entre razas estelares se ha llevado a cabo durante mucho tiempo, y mi planeta ha participado en todas ellas, a veces a pesar de nuestra voluntad -

El consejero Valern se acercó al frente y encaró a la joven mujer, mientras Anderson y Udina fruncían el gesto. Ya se sabía de la proclividad del turiano a ser irascible y poco conciliador:

- Embajadora: Es un bonito discurso el que acaba de dar. Dice venir aquí con intenciones pacíficas y sin embargo su nave ha lanzado un pulso electromagnético que ha dañado seriamente a una parte de la población que aquí reside. Además de provocar una serie de daños en estas instalaciones y poner a nuestras fuerzas de defensa en un serio inconveniente. Pasará una gran cantidad de tiempo antes de que la Flota de la Ciudadela este operativa a su máxima capacidad. ¿Que tiene que argumentar en su defensa? - el consejero hizo un esfuerzo por contenerse. La ira y la vergüenza por que su ejercito hubiera fallado en defender al Concilio, se vislumbraba en su rostro.

- Que lamentamos ese hecho profundamente. Nada en la información que obtuvimos en nuestro primer contacto nos podría haber preparado para esta eventualidad. Si nos vimos obligados a descargar la energía de nuestra nave, fue porque era la única manera de evitar perecer, debido a nuestros propios errores. Entiendo que es punible por nuestra parte semejante descuido, pero les ruego entiendan que de no haberlo hecho, esta conversación no hubiera tenido lugar jamás. No puedo expresar con palabras que tan grande es nuestro pesar por dicha acción, pero apelo a su comprensión para evitar un yerro mayor . En cuanto a los daños a su flota de defensa, me temo que no íbamos a dejarnos amedrentar por un ejercito. Hemos luchado muchas veces contra fuerzas superiores en tecnología y numero y hemos salido avantes. Apreciamos nuestra libertad y autonomía y no vamos a renunciar a ella por la fuerza - Lisa trató de desplegar toda la sinceridad de la que era capaz. Por un momento la imagen de su madre, de la que su padre se enamoró por un rasgo semejante, fue conjurada a su cabeza. Debió haber sido eso lo que provocó sus lágrimas y lo que movió a la razón al turiano, porque no siguió su diatriba, sino que se replegó, meditando en el significado de ese gesto humano que le desconcertaba.

- Si en algo puede ayudar a ganar su buena voluntad, podemos compensar a los deudos de las familias afectadas. Ninguna cantidad de bienes materiales o recursos puede alcanzar el valor de las vidas perdidas, pero creo que la mutua cooperación puede ayudar a un mejor entendimiento y a cerrar la heridas. Si requieren ayuda militar, la Fuerza Expedicionaria estará dispuesta a ayudarles hasta que sus capacidades se vean devueltas a su antigua fuerza - Lisa siguió. Las expresiones faciales de la asari eran muy similares a las de los humanos y Lisa adivinaba que su buena voluntad se había ganado a la consejera Tevos, aunque el consejero Valern fuera mas difícil de convencer.

- Embajadora Hayes... - el consejero Amoth se acercó esta vez, su turno para hablar había empezado - Agradezco el gesto en nombre de mis compañeros del Concilio. Sin embargo hay una cuestión que a mi parecer debemos aclarar primero. Su tecnología esta en algunos casos decenas de años adelante de la nuestra, aunque en otros aspectos no está tan desarrollada. Su apariencia los identifica como humanos, aunque la cuestión ya salió a colación, de que su origen es distinto del de los humanos de la Alianza de Sistemas. Un punto del cual, el embajador Udina presente en esta reunión, no ha dicho nada hasta el momento -

Udina tomó eso como su señal para tomar la palabra:

- Consejeros: Me temo que no reconozco a la venerable Embajadora Hayes como parte de la Alianza de Sistemas, ni a su nave como parte de las naves de la Flota Militar de la Alianza. Si se me permite la opinión: Dios sabe que con un potencial bélico así, la Guerra del Primer Contacto hubiera sido distinta... -

- ¿Como se atreve?... - el turiano parecía querer arrojarsele a la yugular, pero un movimiento de la consejera Tevos lo detuvo. Su mirada recomendaba tranquilidad, así que el extraterrestre se contuvo.

- ...pero eso no resuelve la cuestión. Mis propia red de contactos no revela nada acerca de una fuerza expedicionaria, ni la aparición de estos humanos debe ser considerada por el Concilio como un movimiento a las espaldas del gobierno de la galaxia -

- Lo que nos lleva al "meollo de la cuestión", para usar una expresión muy humana. Embajadora Hayes: ¿Tiene usted alguna prueba fehaciente de que su historia es verídica?, ¿de que vienen en realidad de donde dicen? - el salariano pregunto incisivamente.

- Bueno: Hay tres cuestiones consejeros. Por principio de cuentas, en nuestra realidad no existen los relés de masa. Nos desplazamos por el universo por medio de un sistema de transposición, que nos permite, por medio de una serie de dobleces del espacio y el tiempo, viajar sin ninguna limitante, salvedad de hacer los cálculos necesarios para no saltar al interior de una estrella o un agujero negro. En segunda: Mi atención ha sido llamada, hacia las modificaciones genéticas que la humanidad de esta realidad ha aplicado a si mismas. Sin ser excesivas, son algo que no compartimos, puesto que el dominio de la genética que poseemos, es algo que hemos aprendido en los últimos treinta años, en nuestras interacciones con otra raza alienígena. Tercera: En la poca información que nuestro primer contacto, la señorita Sparks, nos ha facilitado, no figuran conceptos ni razas similares a las que hemos encontrado anteriormente. Por lo tanto no hay ninguna mención a un componente principal que ha motivado las guerras que han asolado a mi realidad. Capitana, ¿me permitiría la Flor de la Vida? -

Cuando Lisa volteó hacia ella, la mujer sacó el contenido de la bolsa. Entregó a Lisa el recipiente de cristal que habían recuperado de Seg-C. La flor se agito ante la presencia alienígena.

- Esta es la que conocemos como Flor de la Vida Invid. Una planta indígena del planeta Optera, en mi galaxia. Es un elemento muy poderoso de la realidad de donde venimos. Su posesión ha motivado guerras a escala galáctica, pues sus semillas, al ser tratadas de la manera correcta proveen una increíble cantidad de energía. Es el catalizador de la evolución de una raza en concreto, así como la proveedora energética de otras más -

Lisa extendió la planta al Canciller Udina, quien sintió un escalofrío al tocar el contenedor. El hombrecillo lo paso a los consejeros y al tenerlo en sus manos, Tevos pudo percibir los ecos de una forma de vida mas antigua que las asari. Mas antigua que el espécimen 37 que Shepard había reportado como la Toriana, mas antigua que todas las criaturas conocidas que poblaban la galaxia. Un estremecimiento recorrió su cuerpo. Amoth la tomó entre las manos, estudiándola con ojo clínico y determinando sus características principales mientras la admiraba. Un sentimiento de felicidad le llegó de ella, embargándolo. Cuando Valern la recibió, se remontó a una vieja imagen de su juventud, de cuando sus tutores le enseñaron a honrar el espíritu de las cosas. Se sintió en comunión con su propio espíritu, como no se había sentido en mucho tiempo. La regresó a las manos de Tevos en un santiamén, asustado de lo que estaba experimentando.

- Es un espécimen notable de una planta que efectivamente jamás habíamos visto. Pero me temo embajadora, que ninguna de las pruebas que nos ofrece es concluyente por si misma. Su medio de transporte es sin duda bastante singular, más aún por la ventaja de no necesitar un relé de masa para desplazarse por la galaxia. Es innegable que ustedes comparten un origen común con los humanos de la Alianza temo que ante las similaridades, los exámenes de ADN serían poco fiables. Y en cuanto a la Flor de la Vida... aunque entiendo que es algo completamente distinto a lo que habíamos experimentado anteriormente, todavía hay muchas partes de la galaxia que no conocemos. ¿Como podemos decir que no encontraremos allí un espécimen semejante? -

El consejero Amoth no iba a dar su brazo a torcer fácilmente. Lisa hurgaba en su mente pensando en como demostrar la veracidad de sus argumentos, cuando la voz de Jenny llamó la atención de todos.

- ¡Hay algo que se puede hacer! - las miradas del Concilio cayeron sobre la pelirroja y su acompañante Cho, quien parecía hacerse pequeño ante las miradas extraterrestres.

- La capitana Sparks tiene una idea, que podría funcionar para comprobar la veracidad de las palabras de nuestra invitada - intervino Udina, adelantándose. No le había gustado nada la situación, pero no iba a dejar que por unos recién llegados, todo lo que se había logrado se les fuera de las manos.

- ¿De que se trata Capitana? - cuestionó Tevos.

- Tengo una amiga asari cuyo nombre es Nelyna. Ella me habló de que su pueblo tiene una técnica que puede servir para ver dentro de las mentes de las personas que ellas eligen. Me enseño como lo hacían, para poder ayudarme en una situación terrible en la que me encontraba. Después pudo verificar la veracidad de la historia que le contaba. La consejera Tevos podría intentar lo mismo -

Un murmullo se elevó en la sala, pero fue acallado en poco tiempo. La cara del canciller Udina se había puesto roja como un tomate. El consejero Valern volteo a ver a la asari, que parecía meditar la propuesta. Amoth solo esperaba una respuesta, prefiriendo que el silencio hablara de su posición.

- De acuerdo - el clamor se encendió de inmediato de nuevo. Lisa no estaba segura de lo que Jenny había propuesto, pero por la conmoción causada, no parecía nada propio de un lugar tan solemne.

- ¡Consejera! - el turiano se adelantó hacia ella en la plataforma. Su rostro contaba enormidades de lo poco que le gustaba esa idea.

- Tranquilícese Valern. Si es la única manera, lo haré - la asari bajó de la plataforma donde el Concilio pasaba dictámenes, bajando por un rampa que apreció frente a ellos, hasta que estuvo de frente a Lisa.

- Consejera: Si lo que mi asociada pide es impropio o desusado puedo buscar otras pruebas -

- No se preocupe embajadora. Este es un ritual que mi pueblo no comparte con todos los presentes, así que considérese afortunada. Lo que voy a realizar es un sondeo de su mente. Las asaris podemos fusionar nuestros sistemas nerviosos con los de los individuos con los que queremos relacionarnos. Es una manera de aplicar una aleatoriedad a nuestro código genético. El primer paso para esto es buscar en las memorias de nuestro objetivo. Eso es lo que haré -

Lisa sintió como se le subía el color a las mejillas. Pero si era la única forma, accedería.

- Adelante -

- Solo relájese y ponga su mente en blanco. No trate de pelear contra la sensación - La asari se puso frente a ella, acercando su rostro hasta una distancia que incomodó un poco a la mujer y tomándola por los hombros:

¡Abrace la Eternidad! -

Lisa sintió como si cayera a un tremendo vacío. Como si su cuerpo se expandiera hasta una conciencia nueva de la cual no había oído hablar jamás. Como cuando los sabios de Peryton habían visto en su mente, rebuscando en sus memorias mas antiguas. El viaje pronto fue mas allá, viendo memorias genéticas de su raza, que no sabía que estaban allí. Sintió su mente expandirse de tal forma que tuvo miedo de perderse en la inmensidad de la galaxia, en la oscuridad que la rodeaba, en las miles de sensaciones que de pronto asaltaban su cabeza.

Entonces volvió en si, aturdida. Como si se hubiera apagado un interruptor. Su mente estaba en paz de nuevo. Había ido mas allá de lo que había soñado y ahora estaba tranquila. A su lado la consejera Tevos estaba en cuclillas, rodeada por los otros extraterrestres y el canciller de la Alianza. La asari levantó el gesto, ayudada por los demás. Volteo a verla sorprendida:

- Es verdad... y la historia de su pasado es terrible - dijo ella, levantándose. La Cámara del Concilio había enmudecido ante su actuación.

- Más de lo que usted pudo percibir. Ahora supongo que sabe muchas más cosas de nosotros - Lisa cruzo los brazos. De aquí en adelante todo era territorio desconocido.

- Incluyendo algunas que no quisiera recordar. Pero puedo dar fe de su reclamo - la mujer se apoyó en el consejero turiano y se dirigió hacia la plataforma desde donde los había recibido. Al llegar, volteo y conminando a sus compañeros, adoptaron su posición de triunvirato otra vez.

- Embajadora Hayes-Hunter. Su llegada a este lugar ha sorprendido a las razas de La Ciudadela. El primer contacto no es una situación desconocida para nosotros, pero las circunstancias de su llegada fueron sin duda imprevistas. En otras condiciones usted no estaría aquí, sino encarcelada, con su nave y posesiones confiscadas. Sin embargo es menester decir, que no buscan llegar a conquistar ni a imponer un nuevo orden, sino a convivir con los seres sapientes que aquí moran, buscando una forma de volver a su realidad. Por lo tanto, es hora de llegar a un acuerdo. Consejeros... -

La alienígena extendió su mano, ratificando la solicitud que la embajadora hacía. El consejero Amoth también la extendió, casi inmediatamente. Más reluctantemente lo hizo Valern, pero al final cedió:

- El pedido de la Fuerza Expedicionaria Robotech de establecer relaciones con La Ciudadela ha sido aprobado. En días posteriores se les hará conocer las Convenciones del Concilio, así como el Tratado de Farixen. Una vez firmados dichos documentos, se hará la declaración oficial. En este momento estamos ordenando un cese al fuego sobre su nave. Ojalá este sea el inicio de una relación fructífera para todas las partes de esta nueva alianza -

- Esperaremos la información que deban mostrarnos y prepararemos a su vez un dossier de nuestra perspectiva para contrastar nuestros puntos de vista - dijo Lisa haciendo una reverencia y juntando las manos.

- No olvide que deberá compensar a los familiares de los afectados por el pulso electromagnético - Valern no había podido contenerse, pero su sugerencia no fue desoída.

- Así se hará -

- ¡Bienvenidos a esta comunidad galáctica! - dijeron los tres, terminando el discurso.

Los gritos y vivas de la multitud, que se había reunido en la Cámara del Concilio eran estridentes. Max y Lisa recibieron felicitaciones formales del canciller Udina, quien se veía un poco molesto. Lisa lo observo con detenimiento y decidió que tendría que observar a su colega de cerca. Sparks y Cho también se acercaron a felicitarlos. Todavía debía resolverse el asunto de Seg-C, pero teniendo de aliado al detective Chellick, las cosas iban a ser mas fáciles...


Kasumi Goto logró burlar la seguridad del complejo de almacenamiento donde la Alianza tenía el cuerpo de su amado en custodia. No había sido sencillo, pero después de lo de la semana pasada, no era demasiado reto tampoco. Cuando llegó a la cámara mortuoria donde almacenaban los cadáveres, descubrió que no era demasiado tarde aún. El cuerpo de Keiji estaba donde el reporte proporcionado por el capitán Anderson había dicho que estaría.

La ladrona desactivo los controles de congelamiento y sacó la bolsa de almacenaje del helado contenedor, llevándolo en una plancha flotante hasta la mesa de autopsias. El cambio de turno no se realizaría hasta antes de diez minutos, merced de algunas modificaciones en los horarios electrónicos, así que tenía un poco de tiempo. Abrió la bolsa de fibroplástico que contenía los restos mortales de su amado y una punzada de dolor pasó por su semblante. Las lágrimas no eran buenas como pruebas incriminatorias, así que se permitió dejar escapar algunas de ellas, al contemplar el cuerpo ahora helado, de ese ser que antes la reconfortara con su calor como el de un sol.

Permaneció unos segundos así, solo para rehacerse. Regresó el cuerpo a su lugar y tomando la tabla de autopsias, revisó las posesiones del difunto. Unos cuantos pasos más y ya estaba buscando en la gaveta de almacenamiento. El reporte decía que la caja gris de Keiji debía estar almacenada junto con sus otras pertenencias. Pero el espacio estaba vacío. La desesperación hizo presa de ella. Busco en otras gavetas, sin importarle si hacía ruido o alguien la veía. Abrió todos lo cajones, busco en todos los almacenes, verifico en los videos de vigilancia y por fin encontró lo que había sucedido. Un hombre (al que después identificaría como uno de los contactos de Donovan Hock), se había adelantado y había retirado evidencia crucial, justo bajo las narices de todos.

Guardo las cosas de Keiji en su bolsa, tan rápidamente como pudo, dejando el resto tal y como lo encontró y retirando cualquier posible evidencia. Al final, si hubiera sido un fantasma, hubiera dado lo mismo. Kasumi salió de allí con una infinita tristeza carcomiéndole el alma y tratando sin mucho éxito, de desechar sus insanos e irreprimibles deseos de venganza hacia Hock...


Al mismo tiempo que La Ciudadela estaba dando la bienvenida a la REF, los Geth detrás de la nebulosa opaca conocida como el Velo de Perseo, habían detectado la presencia de un par de naves, que no se parecían en nada a los vehículos de las especies del Concilio. Un ya modificado Saren Arterius abordo de su poderosa nave "Soberano", había ordenado a sus seguidores que se acercaran hacia ellas.

Las naves desconocidas, de poco mas de un kilómetro y medio de largo, y cuya forma recordaba a una serie de contenedores rectangulares conectados en línea recta por su parte más larga, como vagones de tren puestos en paralelo, con salientes en el cuerpo cual si fueran espinas, no habían hecho nada para impedir que la flota que acompañaba al Soberano se acercara. Es más, parecían estarle dando la bienvenida. Una vez que estaban cerca, Saren mismo recibió un mensaje que pasó ignorando los sistemas de comunicación de los Geth, directamente hasta su cabeza. Las silenciosas plataformas que esperaban en la sala de comando de la gigantesca nave vieron al avatar de su dios acercarse a la pantalla visual y levantar la mano, con un ansia de poder reflejándose en sus ojos...

- Esto estaba previsto por la Conciencia... ¡Saluden a los hijos de su Dios! -


Una vez más, ¡ya está!.

Como lo he venido diciendo los últimos cinco capítulos, me gustaría escuchar lo que tienen que decir acerca de esta historia.

Esta bien... esta mal... les gusta... no les gusta... cualquier cosa que quieran decir, estoy aquí para oírlos. Además existe ese botón hasta la parte de abajo del texto que dice algo así como "submit review". Estoy aceptando reseñas no firmadas, así que animense y dejenme saber que les parece.

Siguiente capitulo: La nave Arcangel aparece en la estación Omega...