Robotech y sus personajes son una propiedad de Harmony Gold USA Inc., Mass Effect y sus personajes son propiedad de Bioware. No se obtiene beneficio económico alguno de esta historia.


If you want to read this story in English, please check "Shadows of the Reapers" in the same section: Crossovers: Robotech-Mass Effect


Ahora el escritor quiere decir algunas palabras: ¡Pachucos!, ¡patanes!, ¡patatas!, ¡papanatas!...

De acuerdo. ¡Es un mal chiste, lo sé!. (¡No se que demonios esperaba J. K. Rowling poniendo semejantes frases en sus libros!).

Ha pasado mes y medio desde la ultima actualización. Los más pesimistas pensarán que esta historia se había ido directamente al demonio (y no los culpo, yo mismo lo pensé de ese modo por algún tiempo), los más optimistas seguro pensaron: ¡Locke se esta tomando un poco de tiempo para escribir!, ¡oh!, ¡wow, ¿con que ira a sorprendernos ahora? ( ¡ja!, ¡ilusos!).

Los que no perdieron la fe (si... estoy hablando de ti, ferduran) pensarán que me tome mi buena cantidad de tiempo y procederán a escrutar este texto con lupa para poder hacerme los comentarios de rigor (buenos o malos, sabré apreciarlos en su justa medida).

La verdad señores, es mas pedestre. He tenido un mes y medio de locos. Mi trabajo ha repuntado de súbito y entre él, un ligero bloqueo mental, una descompostura de mi disco duro (que le dio al traste a lo que tenía adelantado) e interminables sesiones de Fallout 3 por las noches... he descuidado este texto.

¡No teman señoras y señores!. No estoy muerto, ni la historia tampoco (no vamos ni a la mitad y cada nuevo día se me ocurren mas ideas). Si a veces me tardo un poco más de la cuenta... por favor sean comprensivos (si ustedes están disfrutando la historia yo me estoy divirtiendo como enano escribiéndola).

¡Y ahora los agradecimientos de rigor! (que normalmente aparecen en la versión gringa (¡Vamos, animense ya señores!)): a ferduran por su comentario (me temo que la escena que me pides no está en este capitulo, pero pronto la verás, no pierdas el animo) y a ferduran y Ridli Scott por haber "favoriteado" (para usar una expresión muy cutre, peo en boga en ciertos circulos de mi país) esta historia (con un poco de suerte y mas constancia, mas gente se unirá a este loco paseo, además la diversión en bola siempre es mejor, ¿no creen?)

¡Bueno, basta de peroratas y "a lo que nos truje, chencha"!


Capítulo Seis:

El corazón del mal.

Sistema Hoc

Cúmulo Centinela Omega, Través Ático,

en el extremo mas lejano del Brazo Galáctico Centauro.

El Capitán Vince Grant salió del puente de mando, mientras revisaba una serie de reportes de los sensores de mediano y largo alcance. A pesar de tener poco más de una semana ya de haber llegado a ese universo, había decidido no progresar en su exploración demasiado rápido. Esa extraña galaxia, a la vez similar pero distinta de lo que le era conocido, no era una zona de guerra como lo había pensado. Pero encontrar un sector tranquilo, no significaba que el resto fuera a ser de la misma forma.

Bajó por los elevadores que llevaban a la cubierta medica de la nave y después de caminar un rato decidió que, en lugar de tomar un transporte que lo llevara a los laboratorios de pruebas físicas, caminaría un poco más. Otro poco de ejercicio no le caería mal. Necesitaba apartar su mente de las varias cosas que habían pasado en los últimos días. Mientras andaba por los pasillos, en su mayoría solitarios, se concentraba en el hecho de que haber seguido al SDF-3 a este nuevo universo, sin contar con la posibilidad de regresar a casa, era algo que podían de alguna forma revertir.

Su nave, La SDCF-1 Arcángel, había sido rediseñada urgentemente, de una nave colonia de capacidades autónomas, a una fortaleza de batalla altamente potente, preparada para pelear en igualdad en caso de ser necesario, contra fuerzas superiores en numero. Además de tener casi el doble de tamaño y hasta un cincuenta por ciento mas de capacidad de carga, en comparación con otras naves de la flota, la Arcángel podía desarrollar una autonomía detrás de lineas enemigas comparable a la de la nave insignia de la Fuerza Expedicionaria. Había sido equipada con los viejos cañones y sistemas Reflex de las anteriores naves capitales, previniendo un encuentro con los Haydonitas, que no estaban demasiado lejos. Además disponía de fabricas de materiales, una cubierta de cuidados médicos perfectamente equipada (lo que hizo las delicias de su esposa), amplio espacio en barracas para tropas y hangares para un grupo aéreo completo. Todo autorizado por el General Reinhardt, para una misión que no sabían si podían lograr en poco tiempo.

Dicha acumulación de recursos podría parecer una inversión demasiado riesgosa, pero era poco si tenía en cuenta que, de fallar su misión, esta fuerza de tarea no sería suficiente para detener a sus enemigos. Tenía que encontrar a Rick Hunter y llevar la matriz de protocultura a las fuerzas aliadas estacionadas en la base AluCE, en la Luna. Sin ella, la posibilidad de repeler el siguiente ataque de sus nuevos enemigos, se reducía a cero. No quería siquiera pensar que sucedería con la Tierra si los Haydonitas los derrotaban.

Vagó un poco más pensando en sus posibilidades. Recordaba el momento en que había vuelto al sector Omicrón, buscando pistas del grupo perdido. Su Jefe Científico, Louis Nichols, había sugerido que empezaran allí, tomando en cuenta una particularidad de los agujeros negros, como aquél donde el SDF-3 se precipitaba cuando intentaron su fallido rescate. El joven científico había explicado, en ese tono de sabihondo típico de él, como la perturbación gravitatoria masiva de la singularidad podía dilatar el paso del tiempo dentro de la perspectiva de los que permanecen atrapados en su campo de acción.

Hizo un esfuerzo de memoria, que le empezaba a resultar difícil esos días:

Al aparecer de nuevo en el sector Omicrón encontraron rápidamente la rotura espacio-temporal y al SDF-3. Pero unos minutos después de obtener confirmación visual, la nave desapareció, envuelta en un campo de transposición. Podía entender la decisión de Rick de intentar una maniobra tan arriesgada en esas circunstancias, pero eso reducía las posibilidades de encontrarlos. Literalmente podían estar en cualquier lugar. Ninguno de ellos contaba sin embargo, con tener pistas de donde la nave había sido lanzada. Ayudado por el androide Janice, Louis había podido identificar niveles de radiación en algunas partículas que flotaban en los linderos de la singularidad.

Horas después, los miembros del Consejo de Seguridad se reunían en el Salón de Guerra, para que el joven diera su explicación. Estaban presentes Scott Bernard y Maya Sterling, el Maestro Robotech Cabell y su ayudante Rem quienes habían sido traídos de emergencia de Tirol, el Mayor James Galbraith (quien lideraba el contingente de infantería de marina), la princesa invid Ariel y el soldado karbarrano Arsea, quien había recibido permiso de los Centinelas para sumarse a la expedición, junto con un grupo de efectivos de las distintas razas. Si Vince se hubiera decidido a traer un grupo mas variopinto, no hubiera podido elegir uno mejor.

Louis continuo su perorata. La cantidad de tecnicismos que todos juntos conocían no equivalía a la mitad de los que el científico había usado para describir semejante entuerto. Nadie estaba seguro de si lo había hecho a propósito o no, pero él no daba pie a interrupciones hasta que Vince lo detuvo en seco:

- Todo eso suena muy técnico Nichols, ¿pero que significa en términos prácticos? - pregunto el robusto capitán mientras veía las caras de escepticismo de sus compañeros.

- Que si compara lo que sabemos acerca del mecanismo de transposición, sustentado en la teoría de las supercuerdas y agujeros de gusano, y añade esta materia inusual, cuyos efectos no conocemos al someterse a semejantes niveles de radiación, se podría generar... no lo sé... - El disgusto de en los rostros de los reunidos se hizo presente.

- Lo que el Dr. Nichols trata de explicar es que la energía liberada durante una maniobra de transposición reacciona de manera inusual con esta clase de materia - atajó Janice Em. Su relación con Vince Grant, áspera y de desconfianza en un principio, había mejorado desde el ataque enemigo, y ahora se le apreciaba como un elemento valioso del personal, así como un as bajo la manga. Al no verse detenida, agregó:

- En conjunción, configuran el espacio y tiempo de manera singular. No sabemos a ciencia cierta que es lo que hacen, pero todos los cálculos que hemos podido hacer con las supercomputadoras y mis sistemas de procesamiento, apuntan a que la topología del universo se distorsiona de manera rara. El agujero de gusano que se forma en una transposición con dichos elementos podría llevarnos a un lugar distinto. A otra dimensión quizá - las cejas del consejo de mando se levantaron inmediatamente. Las Fuerzas Robotech estaban de cierta forma acostumbradas a lidiar con problemas que la gente de la Tierra ni siquiera soñaba, pero todo tenía límites y el grupo científico los estaba rebasando a gran velocidad:

- ¿Otra dimensión?, ¿es eso posible? - preguntó Jean Grant, quien estaba al lado de Vince, emocionada. El hombre de color solo esbozó una mueca de disgusto. Sin duda era un prospecto poco agradable saber que quienes buscaban estaban en otro lugar, a donde era muy probable no poder seguirlos.

- En teoría lo es, pero las implicaciones son perturbadoras. Si consideramos que el multiverso es un espacio infinito, no hay manera de saber si podemos llegar donde está el SDF-3, lo cual representa un desafío intelectual sumamente... ehrmm... interesante - intervino Cabell, con entusiasmo, pero a la vez con preocupación. Las caras de extrañeza y pesar en todos eran un claro indicador de adonde se dirigía el éxito de la misión.

- Tenemos que intentar algo de cualquier forma. Si los Hijos de la Sombra se dan cuenta de que no podemos recuperar la matriz de protocultura, su mundo perecerá con inexorable certeza, tal como sucedió con el de mi pueblo - La apremiante voz de Ariel hizo que todos levantaran la cabeza hacia ella. La animadversión que aún se sentía en ciertos estratos por los Invid estaba presente, y era fácil olvidar que ella era quien había dado la voz de alarma contra los Haydonitas.

- Con todo respeto princesa Ariel, pero las circunstancias dicen que la nave está perdida en otra dimensión. El protocolo militar obliga a reportar esto al General Reinhardt y esperar una decisión del Alto Mando. Son demasiados recursos sometidos a un riesgo excesivamente grande... - comentó el Mayor Galbraith. No quería sonar pesimista, pero no era una decisión fácil. Al verlo, Vince recordó al difunto Capitán Gloval y se dijo que ahora que le tocaba a él, no envidiaba estar en sus zapatos.

- Entiendo las implicaciones de ello. Muchas veces vi a la Regente hacer largas reflexiones a solas ponderando el futuro de mi raza. Nos estamos subestimando sin embargo. Si juntamos nuestras experiencias colectivas, puedo decir con certeza que hemos visto cosas sorprendentes. No digo que allá encontremos algo que no podamos entender, pero estamos preparados para ello. Además su Almirante Hunter y los otros están en la misma situación. Sin ellos, esta guerra no se puede ganar. Y es seguro que no están en poder de los Haydonitas, porque de otra forma ya hubieran atacado. No están perdidos en esta galaxia, porque con la cantidad de recursos y talento a su disposición, ya hubieran encontrado un modo de regresar. Tenemos que seguirlos. Además, he tenido lo que usted humanos llaman "una premonición"... -

- ¡Una premonición! - dijo el ursino Arsea de manera despectiva - Princesa: ¿Entiende que está pidiendo arriesgar una considerable fuerza Robotech por una "corazonada"? -

Ariel no hizo caso de lo ofensivo que podía resultar ese cuestionamiento, sobre todo a la luz de los hechos en la Estación Libertad, pero Scott estaba a punto de levantarse de su asiento y estrangular al extraterrestre. Una seña de Maya Sterling sin embargo, lo detuvo.

- Entiendo que esto debe ser difícil para ustedes. Mas aún viniendo de mí, una integrante de la raza que mantuvo esclavizada a sus pueblos durante tanto tiempo. Pero deben creerme cuando les digo que podemos encontrarlo - comento ella, bajando el tono de voz. La situación parecía dirigirse hacia una confrontación y ninguno de los humanos estaba seguro de lo que pasaría si los extraterrestres se decidían a pasar del dialogo a las miradas de todos eran dubitativas. Solo Scott no ponía en tela de juicio lo que su compañera decía. La voz de Vince sin embargo se alzó por encima del murmullo sordo que había invadido la habitación:

- Yo le creo - Los rostros de todos se volvieron hacia el capitán de la nave - Cuando el ataque de los Haydonitas, fue una premonición suya la que salvó a las pocas naves y al personal de la Flota que pudimos evacuar de la Estación Espacial Libertad. Princesa Ariel: Si usted me dice que esos destellos psíquicos suyos nos pueden llevar a encontrar al Almirante, la apoyaré -

Lo que siguió fue una conmoción para todos: Personal y mandos. Y todo ello fue coronado con lo que sin duda parecía un salto de fe. Al entrar en el campo de singularidad y realizar la transposición, no estaban seguros de adonde irían a parar. La respuesta fue: Virmire.

Unas horas después de arribar, Ariel y Scott trajeron al Teniente Alenko y el resto se sucedió rápidamente.

Volvió a la realidad cuando se encontró frente a la puerta del laboratorio de pruebas. En la sala general había varios científicos y algunos militares, de entre los que destacaba el Teniente Marcus Rush:

- ¡Oficial en cubierta! - gritó cuando Vince entro en el cuarto. Los militares se cuadraron para saludarlo y los científicos levantaron las miradas hacia él. El capitán devolvió rápidamente el saludo:

- Descansen caballeros. Solo estoy buscando a mi esposa -

- La Teniente Comandante Grant está en el área de acondicionamiento físico señor. Decidió que era momento para hacer algunas pruebas físicas a nuestro huésped. El Jefe Científico Nichols y Janice Em están con ella - se apresuró a contestar Marcus.

- Excelente Teniente. ¿Puedo hablar con usted en privado un momento? - preguntó mientras los demás retomaban sus actividades. El joven castaño asintió sin decir nada y siguió a su superior.

En camino a la sala de acondicionamiento físico, Vincent preguntó:

- ¿Como va su integración con los alienígenas de la tripulación? - la mueca de enfado se hizo presente un segundo en la cara de Rush, sustituida con prontitud por una expresión neutra, que trataba de no delataba su malestar.

- Para serle franco, aún me está costando trabajo. Hay todavía muchas personas (incluyéndome), que no pueden aceptar el hecho de que un Invid coopere con nosotros. Su esposa y los otros se han encargado de recordarnos amablemente empero, que ella esta de nuestro lado. Además la actitud de la Capitana Sterling ha sido de gran ayuda - aclaró el piloto mientras caminaban. Vince esperaba que la integración no fuera fácil, pero debían intentarlo, por el bien de la misión.

- Entiendo. Solo recuerde que es crucial establecer lazos de confianza entre nuestros pueblos - comentó el capitán con voz aleccionadora. Marcus desvió la mirada, tratando de ocultar un sinfín de emociones encontradas.

- Pero la guerra terminó señor. La diplomacia podría encargarse mejor y con mayor eficacia de estos asuntos - trató de justificarse sin mucho animo. Dentro de sí sabía que su posición no era la mejor, pero perdonar a los Invid por lo de su hermana Marlene, requería una paz interior que en ese momento no tenía.

- No sea ingenuo Rush - agregó Grant, volteando a verlo:

- Siempre habrá la necesidad de entender a los que nos rodean. Eso incluye tanto a nuestros enemigos como a nuestros propios amigos. Es crucial hacerlo si queremos evitar una guerra más como las que hemos enfrentado (aunque a los Haydonitas eso parece importarles muy poco) - se detuvo y sonrió con malicia:

- Además... creo que a usted le concierne eso mas que a cualquiera de nosotros -

- ¿Señor?... - Marcus también se detuvo, llevándose la mano a la cabeza para fingir sorpresa.

- Vamos. ¿Acaso cree que no sé como mira a la Capitana Sterling?. Yo solía mirar de la misma forma a mi esposa - Vincent Grant echo a caminar de nuevo, dejando atrás al oficial. Marcus sintió el rubor subiendo hacia sus mejillas. Parecía que el capitán estaba dispuesto a hacerle sentir pena el día de hoy.

- Relajate hijo. La verdad es que harían una bonita pareja. Única en algunos aspectos - el maduro hombre no volteo, pero podía adivinar la cara de confusión del espigado piloto detrás de él.

- No me siento cómodo con semejante conversación señor - fue la respuesta que le llegó desde atrás.

- De acuerdo - volteo a verlo y levantó el índice, haciendo un pequeño énfasis - Pero dejame decirte algo. No serías ni el primero ni el último que comparta su vida con una extraterrestre -

El castaño esbozó una sonrisa un poco forzada:

- Entiendo señor. Se que en la Fuerza Expedicionaria hay bastantes casos de uniones documentadas entre seres de razas distintas, pero... - la sombra de una duda cruzó por su semblante.

- Puede decirme lo que le preocupa teniente... se ganó ese derecho cuando salvó a Maya hace algunas semanas - dijo el recio capitán, dejando el formalismo militar de lado.

- Estoy consciente de lo que significa señor. Se que va a ser difícil que los altos mandos lo acepten, sobre todo por las restricciones de rango. Pero me preocupa más el hecho de que ello me distraiga de cumplir esta misión. No podemos permitirnos eso. Las posibilidades de tener una vida "normal"... - se detuvo haciendo la mímica de unas comillas en el aire - ...solo pueden cumplirse si encontramos al Almirante y ganamos esta guerra. Y desde que llegamos aquí, a esta... realidad nueva... ya no se que pensar -

- Estoy de acuerdo Teniente. No es el único que no puede dormir por las noches pensándolo. Pero el Almirante está vivo. Es solo una corazonada (igual que la de Ariel) que en algunos círculos de la milicia me hubiese ganado una corte marcial. Pero he conocido a Rick Hunter desde la guerra con los Zentraedi. Y se que ese miserable tiene una suerte envidiable. Lo encontraremos, a él y a la matriz de protocultura. Se lo puedo asegurar -

- Ojalá compartiera su optimismo capitán - dijo Marcus, dejando que su expresión revelara las dudas que lo atenazaban. Se detuvo en la puerta del laboratorio y se recargo en el dintel. Vince decidió no presionar más y le dio una palmada en el hombro, para después hacerle una seña indicándole que eso sería todo.

Al tiempo que el joven se retiraba, el capitán entro al laboratorio de pruebas físicas. Un vistazo panorámico le hizo consciente de la situación. Frente a él, de espaldas, estaban su esposa y Louis Nichols, cada uno intensamente concentrado haciendo registros diversos de la situación que acontecía frente a ellos. Janice estaba conectada a la computadora principal del cuarto, analizando sus propios datos. Había decidido cambiar de aspecto otra vez, volviendo a ser la joven del cabello lila y las facciones dulces, que la mayoría de la Fuerza Expedicionaria había conocido como la compañera de Minmay. El cambio de apariencia, era debido a que era fácil confundirla con la princesa Invid, quien era parecida físicamente. A ultimas fechas no era conveniente, ni saludable andar por los pasillos de la nave con tal semejanza.

Del otro lado del cristal, la situación era particularmente interesante:

Kaidan Alenko estaba haciendo uso de esa particular habilidad suya de la que les había hablado. "Biotica" la llamaba, y en ese instante la utilizaba para levantar varias cajas de diversos materiales. Su cuerpo estaba sumido en un intenso esfuerzo, delineado por esa aura luminosa azul que su esposa le había mostrado anteriormente.

- Creo que eso será todo Teniente Alenko. Ya tenemos datos suficientes - ordeno la doctora Grant mientras observaba los resultados preliminares de su nueva investigació Alenko depositaba las cajas cuidadosamente las cajas en el suelo, los científicos cotejaban datos.

- ¡Muy interesante!. La concentración de energía obscura cambia la polaridad de los campos magnéticos de los objetos que son sujetos de ella. Además... - menciono Nichols cotejando apresuradamente varias tablas de datos. Toda su introversión y poco trato social era perfectamente compensada por su genio.

- El campo magnético no cambia de polaridad Dr. Nichols, sino que la energía oscura convierte la masa positiva en negativa... - lo corrigió Janice, quien además se dio cuenta

de la presencia de Vince.

- ¡Eres una aguafiestas Janice!, ¿eh?, ¡Capitán! - dijo el científico volteando hacia atrás y cuadrándose al instante, al descubrir al visitante.

- ¡Ah!, hola Vince. ¿Que te trae por aquí? - pregunto la mujer, saludando de una manera mas casual. Jean no olvidaba, que a pesar de ser el oficial de mayor rango de la nave, Vincent Grant era antes que nada su compañero...

- Vine a hablar con el Teniente Alenko... y además a decir hola - dijo el robusto hombre agitando los reportes impresos que traía consigo. A pesar de la practicidad de los reportes digitales, él era de esos a los que aún les gustaba sentir la textura del papel entre sus manos.

- Pues como puedes ver acabamos de terminar nuestras pruebas, así que es todo tuyo si lo necesitas - dijo la doctora mientras volteaba a hacer unos ajustes en la computadora en la que estaba trabajando. Ya sabía lo que iba a seguir y no le gustaba en nada...

- A mi me gustaría hacer algunas pruebas para medir sus poderes... - agrego Louis pero un discreto codazo de la mujer y una mirada de reproche de Janice lo hicieron recapacitar:

- ...pero puede esperar -

- De acuerdo - dijo el capitán, mientras se acercaba una silla y se preparaba para la entrevista.

Unos minutos después y mientras Janice y Louis discutían y hacían algunas mediciones, en el área de pruebas físicas, Grant encaraba a Alenko:

- ¿Como se encuentra Teniente? - le hizo un gesto para que se sentara en otra silla frente a él, en la mesa de trabajo.

- Bien Capitán. Aunque no puedo decir que la hospitalidad haya mejorado desde que nos conocimos - dijo el soldado con un cierto dejo de veneno en su voz. No podía culparlo. Las situaciones que habían transpirado desde que se recuperara, fueron poco agradables, por decir lo menos. Atrás de él, Jean dio un ligero respingo que no le pasó desapercibido tanto a los dos hombres en el cuarto, como a los otros que estaban del otro lado del cristal.

- Entiendo como se siente Teniente. Y lamento profundamente que las cosas no hayan sucedido a gusto de todos, pero debe entender nuestra posición - No era ninguna mentira, ni una frase dicha por compromiso. Si las cosas hubieran sido de otra forma, no hubiera tenido que aislarlo en una celda por un par de días. Se propuso no distraerse, pues era imperativo lograr la cooperación del hombre, a pesar de lo tozudo que había demostrado ser.

- Yo también. Y creo que si estuviera en su posición, hubiera hecho lo mismo. Pero no me gusta permanecer encerrado como prisionero - el joven trató de mantener su resentimiento a raya. Shepard lo había dado por muerto en Virmire (¿quien hubiera considerado otra cosa?). Sin embargo, a pesar que la Alianza lo considerara caído en acción, la lealtad era algo difícil de dejar de lado.

- Usted no es nuestro prisionero. Y si quiere considerarlo de ese modo, por lo menos sea honesto: Para tener dicha condición, se le ha tratado a cuerpo de rey - contraataco Vince, controlando su temperamento cuidadosamente.

- Y lo agradezco, es solo que no quisiera quedarme aquí. Mi gente me necesita - insistió el joven. Realmente le gustaría ver la cara de Shepard y la tripulación de la Normandía, al verlo aparecer por la puerta de entrada.

- No lo dudo. Pero creo que en la presente circunstancia ayudaría mas a su gobierno si nos orienta en la forma que pedimos - el capitánestaba empezando a sentirse molesto con la actitud de Alenko.

- Y le he repetido mil veces que la información que quiere de mí, no la tengo o es clasificada. Usted me asegura que esos datos no van a ser usados con fines bélicos, pero no puedo tomar semejante riesgo... - no iba a ceder. ¡Quien sabe de que eran capaces estos alienígenas!, y si su tecnología era alguna indicación, podían poner en serios aprietos, no solo a la Alianza sino a todas las razas del Concilio. Era esa una carga que no estaba dispuesto a llevar sobre sus espaldas...

- Allá vamos otra vez... - Vince estaba por perder la paciencia de nuevo.

- No es mi culpa que... - empezó el joven, pero un sonoro golpe a una mesa detrás de él, lo detuvo.

- ¡Ya basta! - la voz de Jean Grant subió un octava más de lo habitual. Había visto la misma discusión repetirse hasta el cansancio durante la última semana y francamente se había vuelto molesta, por no decir fútil:

- ¡Hombres!, ¡¿alguna vez van a aprender a comportarse como personas adultas? -

El silencio se hizo presente en la sala. La mirada de Janice a través del cristal no había variado en lo mas mínimo, pero dentro de ella analizaba y guardaba celosamente una grabación de lo que estaba sucediendo. Louis estaba desconcertado y solo acertaba a acomodarse sus lentes de trabajo, en una actitud nerviosa, que revelaba cuan incomodo se sentía.

A pesar de los rostros de sorpresa e irritación de Kaidan y Vince, ella continuo:

- Creo que necesitan recordar adonde estamos parados ahora mismo. Vince: El Teniente actuó de la manera que lo hizo porque lo acorralamos. Su reacción fue la de un soldado atrapado en una instalación enemiga. No teníamos derecho a tratarlo así, después de lo que tuvo que pasar. ¡Maldición!, ¡yo también me hubiera insubordinado! - terminó por golpear a su marido en el hombro y después volteo hacia el soldado de la Alianza:

- Querida, ¿puedes...? -

- ¡No he terminado aún!. Teniente Alenko: Respeto su derecho a disentir de nuestro punto de vista, desconfiar de lo que le decimos y a preservar su lealtad a su gobierno. Pero le recuerdo que salve su vida, cuando su superior decidió sacrificarlo. No lo culpo, ni es mi intención manchar su nombre por ello. Esto no es una prueba de devoción. Lo que puedo decirle es que seguimos a nuestro propio superior a este lugar, porque lo necesitamos, a él y los recursos de su nave, para salvar a la humanidad de nuestra dimensión. Sabemos que nuestro objetivo se encuentra aquí y usted conoce esta realidad mejor que nosotros. Y me permitiré restregarle en la cara de nuevo que, de no ser por nuestra intervención, no sería mas que un puñado de ceniza radioactiva esparcido al viento en ese bonito planeta que dejamos atrás. Le aseguro que llegado el momento nos interesará establecer relaciones cordiales con sus pueblos y autoridades, ¡¿así que por que no deja de comportarse como un perfecto idiota y muestra un mínimo de gratitud? -

El semblante de la mujer se había puesto rojo por el esfuerzo. Nadie dijo nada inmediatamente. Era tan raro ver a la doctora Grant fuera de sus casillas, que ante semejante espectáculo todos se quedaron anonadados. Kaidan sin embargo, rompió el silencio minutos después, tratando de contener la risa lo mejor que pudo:

- ¡Vaya una esposa que tiene!, no lo envidio - dijo a Vince quien no salía aún de su estupefacción. El hombre de color relajó el semblante al ver la risa de Alenko:

- Tiene usted razón señora. Y lamento haberme comportado como un "perfecto idiota". Empezamos mal. Las situaciones de primer contacto nunca han sido mi fuerte. Puedo y debo cooperar con ustedes, aunque sea solo por gratitud. Pero tengo algunas condiciones -

- Mencionelas - ordenó Vince, tomando control de la situación.

- Oficialmente la Alianza me va a hacer un funeral, pero aún soy un soldado. Y esta es una situación de Primer contacto, así que quiero que se me considere un Oficial de Enlace en vez de solo un recurso y espero, se me trate de esa forma. Por lo menos hasta que pueda notificar a mi embajada. También quiero que recuerden que la Tierra aún es mi lealtad principal y que no voy hacer nada que los ponga en peligro -

- Todos estamos de acuerdo en eso Teniente - terció Jean.

- Si vamos a cooperar, necesito saber más de ustedes. Y no solo me refiero a su historia. Su nave esta llena de tecnología que me parece familiar en ciertos aspectos, pero hay otra que no asimilo del todo -

- Me parece justo, pero debe haber reciprocidad. Hay cosas que son confidenciales y ninguno puede mencionarlas, pero si quiere jugar al juego de los secretos, esta bien por mí. Usted me cuenta uno, yo le contaré otro. Su contacto será la señorita Em. Tiene autorización para cooperar con usted en lo que necesite. Además creo que ya se conocen - Vince señaló a la chica del cabello lila detrás del cristal, observando sin perder detalle. Alenko solo hizo un gesto de disgusto. Se había topado con Janice durante su fallido escape, y no le había ido nada bien. No atinaba a saber como era posible que una chica tan frágil tuviera tal cantidad de fuerza.

El semblante del joven soldado se suavizó. Solo Jean Grant seguía aún agitada por el esfuerzo. Vince llamó la atención hacia el reporte que tenía entre las manos:

- Podemos empezar con el pie derecho Teniente. Hemos encontrado una serie de señales y emisiones de energía que pudimos rastrear hacia un sector de la galaxia que en nuestra dimensión no esta habitado - dijo con la mayor seriedad.

- ¿En que coordenadas se encuentra? -

- En lo que nosotros denominamos el sector Épsilon. Si esto no le dice nada, quizá el nombre de la Nebulosa Omega le diga un poco más - el hombre vio una expresión de pesadumbre en el soldado que se desvaneció tan fugazmente como apareció.

Kaidan reflexionó un momento antes de contestar:

- Lo que sus sensores de largo alcance encontraron, es la estación espacial Omega. Un viejo centro minero, que se convirtió en refugio de bandidos y traficantes. Esta dentro de lo que la gente del Concilio conoce como los Sistemas Terminus - dijo tratando de ocultar su pesadumbre.

- ¿Y porqué el cambio de semblante?, ¿acaso la relación política con esos Sistemas Terminus no es buena? - cuestionó el capitán. Una cosa era un gesto aislado y otra muy distinta el que su huésped plantara cara de preocupación a cada mención de ese lugar.

- Efectivamente. Omega esta lleno (entre otras cosas), de razas que por varias razones no acatan las ordenes del Concilio de la Ciudadela. Es la jungla en el espacio -

- Se rige por la ley del mas fuerte. ¿Porque será que me acuerdo de las películas del viejo oeste? - Jean hizo una mueca de desprecio. Había trabajado y visitado lugares de mala muerte antes de conocer a Vince, y francamente no le gustaba la idea de tener que meterse otra vez en un antro de esos.

- Su sentimiento es compartido señora Grant. Hay muchas bandas de mercenarios y matones en Omega, que se dedican a actividades poco agradables, ya no digamos legales: Esclavistas, contrabandistas, mercenarios y asesinos a sueldo. Piense en algún trabajo riesgoso y prohibido y lo más probable es que haya uno de esos en Omega - dijo Kaidan demostrando su poco aprecio por el lugar. Tenía un pasado con la estación y no quería recordarlo ahora.

- Todo un lugar para quedarse. Y de seguro es una batalla campal cada día a cada hora - comento Vince en tono de sorna.

- De alguna forma capitán. Hay muchos grupos por allí disputándose el poder de manera local, pero uno domina toda la estación: El grupo de Aria -

- ¿Aria? - ambos Grant preguntaron al unísono.

- Aria T´Lok. Jefa fáctica de Omega. Prefiere no involucrarse mucho en las actividades de ciertas bandas, pero funciona como el equilibrio entre todas ellas. Si un líder crece demasiado en poder y ambición, lo hace desaparecer. Si una banda esta causando demasiados problemas a los negocios, los aplasta y ya. Reina con puño de hierro, y sus hombres están muy bien posicionados, entrenados y armados para que una sola banda pueda con ellos - continuo Kaidan. En su mente se empezó a formar una idea. Ver a esta fuerza de búsqueda enfrentada a la peor basura galáctica, era una buena forma de medir sus capacidades.

- Una reina araña - comentó Jean, sabiendo bien la clase de personas que solían estar en la punta de las organizaciones criminales. Su propia experiencia, vivida en países en desgracia, después de la Guerra de Unificación de la Tierra, le había enseñado muchas cosas...

- Sí. Y la colmena que es su reino, es probablemente el lugar con la reputación mas mala de la galaxia. Sin embargo, también es un hervidero de recursos. Todo lo que los distintos razas producen, se puede encontrar allí - terminó el soldado de la Alianza.

- Suena como un buen punto para empezar nuestras pesquisas. Esos lugares suelen tener gente dedicada a recabar información. Además podríamos encontrar cartas de navegación con las cuales cotejar las de nuestros sistemas. Creo que vale la pena darle un vistazo - aclaró Jean, a pesar de no tener buenos recuerdos de esas locaciones, había aprendido a moverse en ellas sin llamar mucho la atención.

- Entonces pondremos rumbo a la Nebulosa Omega. ¿Que tan pronto puede estar listo para volver a la acción Teniente? - pregunto Vince, con un gesto de malicia que no le pasó desapercibido a los otros.

- Necesito descansar un poco, quizá un par de horas, pero no llegaremos a la Nebulosa Omega antes de seis horas cuando menos. Hay que transitar por varios relés de masa durante el viaje... ¿porque pregunta? -

- Coma y tome una siesta ligera teniente Alenko - lo interrumpió el capitán - Nos veremos en tres horas en el puente de mando. Quería conocer nuestra tecnología, así que le daré la oportunidad. Además no se que es un relé de masa, pero de donde venimos, no necesitamos nada de eso para viajar por la galaxia -

Kaidan vio al Capitán Grant levantarse del asiento, perplejo por la extrañeza de la situación y pensando a toda marcha, que había querido decir el oficial cuando mencionó que no necesitaban relés de masa...


Estación Espacial Omega, Sistema Sahrabarik,

Nebulosa Omega, Sistemas Terminus,

Brazo Galáctico Norma

Zaeed Massani penetro en el abandonado edificio de oficinas en penumbra, rifle en mano. Estaba preparado para disparar al menor indicio de ataque, pero esperaba no tener que hacerlo pronto. Su presa, un mercader elcor bastante traicionero, que había decidido jugarle una mala pasada a uno de sus clientes, no estaría esperando que el infame Zaeed entrara por la puerta del frente, sobre todo cuando estaba plagada con guardias, droides y dispositivos para intentar frenarlo. En su delirio el tipo creyó que podría dictar las condiciones en como lo esperaría, y dejó abierto intencionalmente un camino libre por el que una persona mas cuerda intentaría entrar al recinto.

No él... no Zaeed... nunca se había distinguido por su cordura.

A cuestas llevaba la historia de cientos, por no decir miles de contratos exitosos. Si se tenía dinero suficiente para pagar sus servicios, Massani era el mejor mercenario que el dinero pudiera comprar. Mas de veinte años de estar a la cabeza del negocio lo hacían una garantía de éxito, pero también un profesional altamente cotizado.

El dinero sin embargo, no era problema para ciertos sectores pudientes de la sociedad de Illium. Sectores que no deseaban mas que lo mejor de lo mejor para realizar sus encargos. Había competencias desleales que debían desaparecer, mercaderes que arruinar y operaciones que sabotear... Todo en aras de la libre empresa.

Y algunos de esos encargos requerían gente que no preguntara demasiado, que estuviera dispuesta a cumplir las exigencias de la misión, y que no tuviera reparos en romperse todos los huesos del cuerpo un millón de veces, si la solución del problema así lo demandaba.

Lo que nos traía de vuelta al viejo loco Zaeed... y a su rifle de asalto "Jessie". Esa antigualla que, según él, había visto gran cantidad de combate en misiones de diversa índole. Un buen rifle M-8 Avenger, de esa clase que son construidos para durar. Las circunstancias lo habían llevado a retirarlo, pero el mercenario siempre había sido un poco supersticioso. Y las circunstancias de esa misión, (conseguida un día antes del vigésimo primer aniversario de su "rencilla" con Vido Santiago) se habían presentado de tal forma que el mismo no podía menos que sospechar que su suerte estaba gastándose hasta su último centavo, antes de acabarse.

Penetró en el recinto y divisó a un batariano y a dos turianos apostados en el recibidor del lugar. El ligero brillo azul de sus uniformes le dijo que sus escudos cinéticos estaban cargados y operativos. Mas adelante había un emplazamiento con lo que parecía una torreta de defensa pesada y tres droides de seguridad estándar de Hahne-Kedar. Atrás de todo ello había un elevador para conectar a los defensores de la planta baja con otros tantos que pudiera haber arriba.

¡Maldito fuera si iba a perderse la diversión!...

No podía correr directamente hacia el fondo del edificio o la torreta le metería cualquier cantidad de balas en el cuerpo, haciéndolo pedazos tan pronto penetrara en su rango de ataque. Aunque la idea de agregar varias cicatrices más a su cuerpo, con las cuales presumir a cualquier muchacha de bar en turno, no le era desagradable, no estaba dispuesto a pasar por una nueva cirugía reconstructiva mayor, así que desecho esa idea.

Tampoco podía escabullirse entre ellos, puesto que el escaso mobiliario no lo permitía. Pero había varias columnas que aguantarían una buena cantidad de tiros en su estructura, y el sistema eléctrico no estaba trabajando a su máxima eficiencia. Además ambos muros y techo no eran tan resistentes como en los edificios aledaños, lo cual era una característica común en ciertos habitáculos de baja ralea de las colonias mas paupérrimas de Omega. Uno o dos disparos bien colocados y las cosas no estarían tan disparejas como antes. Midió bien sus tiempos y preparó su rifle, verificando la carga. Activo el interruptor que activaba la característica de munición de disrupción de su arma.

Se dijo a si mismo que hacer explotar las cosas era perderse de la mayor parte de la diversión, como romper un juguete cuando no lo habías tenido mas de cinco minutos contigo. Pero el mercenario considero que la ocasión meritaba una de esas aproximaciones incendiarias que siempre llevaba consigo, por si acaso. Sacó un par de granadas de la bolsa de municiones que llevaba consigo y se escabulló en la oscuridad, hasta quedar cerca de uno de los pilares, en la aproximación mas cercana que podía realizar sin ser visto por el grupo de soldados. Contó mentalmente hasta tres y lanzó la granada rodando hasta el área donde los extraterrestres fumaban un cigarro.

A Zaeed le gustaban los fuegos artificiales. Especialmente cuando alguna de esas pocas ferias itinerantes, que cuando niño eran ya espectáculos en vías de extinción se presentaban en su vecindad, solía disfrutarlos mucho. En sus mocedades soñaba con dedicarse a la elaboración de esos artilugios explosivos que iluminaban el cielo con tonos multicolores y hacían a los espectadores arrobarse en ensoñaciones fugaces. Por supuesto, en muchos casos la vida no es siquiera remotamente parecida a lo que uno se imagina. La de Zaeed no fue la excepción. La guerra, el odio y la adrenalina se volvieron una parte de su vida que tardo en aceptar, para después abrazar y al último considerar algo natural. El niño soñador se volvió un hombre aventurero, para después ser solo un viejo cínico. Pero la ilusión de la niñez no había desaparecido del todo, y su vida militar le enseñó que aún podía conjurar los fuegos artificiales de su juventud, especialmente cuando las granadas incendiarias que el mismo había aprendido a fabricar, explotaban sobre los escudos cinéticos de sus enemigos, desencadenando una serie de reacciones multicolores que en mucho se asemejaban a los espectáculos de antaño.

El viejo dibujo una media sonrisa y salió de su escondite, lanzando un disparo de contusión que pasó de largo del primer grupo, que se agitaba y debatía tratando de quitarse sus achicharradas armaduras, e hizo blanco sobre los androides de seguridad, lanzándolos a todos hacia atrás y deshabilitando a uno de ellos. La torreta reacciono, la Inteligencia Virtual habilitada en ella echando a andar los mecanismos de disparo. Zaeed se refugió detrás de uno de los pilares y se echo espaldas a tierra para presentar el menor blanco posible, varios disparos rebotando en su propio azulado escudo cinético. Al tiempo que hacía eso, disparó contra el techo justo arriba del emplazamiento. Un par de prolongadas ráfagas y el techo cedió, los pedazos de metal y mampostería aplastando a los androides y obstruyendo la visión de la torreta. El guardia batariano, que era el único que había logrado quitarse su armadura a tiempo, se aprestó a buscar una cobertura para defenderse, pero algunos tiros penetraron su cabeza y lo hicieron caer como si fuera un muñeco desmadejado.

Massani se levantó y aprovechando la obstrucción de la torreta, corrió hasta ella y se coloco detrás, abriendo una rejilla en su base. Una rociada del rifle de asalto y el sistema murió. Tan solo habían pasado treinta segundos... Se dirigió al ascensor y presionó el botón de subida. Cuando las puertas se abrieron y no recibió un torrente de balas, se dijo que la bienvenida no había sido tan divertida después de todo. Pero aún le quedaba el resto del edificio...


El club nocturno Afterlife, con sus luces multicolores y pantallas gigantescas de video dominaba la mayoría de la plataforma numero doscientos cincuenta y ocho, donde antaño se recibieran los embarques de insumos externos y se despacharan los cargueros de elemento cero hacia incontables sistemas de la galaxia. Ahora esa antigua y noble instalación se había convertido en un rincón de perdición, destilado de una tierra en la que la ley del mas fuerte estaba condicionada por que tan grande y poderosa era el arma que los habitantes cargaban. Un local donde todas las noches había largas colas de gente tratando de escapar de sus vidas sórdidas y miserables, encandilados como las polillas, atraídas por la luz de la llama que se desprende del sugerente lugar, iluminando su vida y llenándola de emociones y alegrías fatuas y efímeras, consumiéndola como inhumano tributo a Polifemo, en su totalidad, hasta que queden solo los huesos y los cascarones de las vidas vacías que una vez pululaban alrededor de ella.

Era un lugar de decadencia, donde multitud de alienígenas (asaris, humanas y de otras clases), agitaban sus cuerpos jóvenes y perfectos por encima de las mesas y en las esquinas oscuras, al compás de una música estridente y embriagante, que invitaba a los placeres mas sensuales y los pecados mas exquisitos. Un recinto donde se tenía que mirar con recelo hacia todos lados, porque al siguiente segundo se podía estar muerto sin saber exactamente porque. Un remanso donde tomar una bebida en la barra significaba estar expuesto a ser envenenado por algún descontento fanático batariano, que a veces llevaba su gresca mas allá de los humanos. Donde conseguir información valiosa era tan sencillo como demostrar que tenías dinero suficiente con que pagarla (y sobrevivir para sacarle partido).

Ese era el antro de la araña, y en el centro de esa hechura de hilos de corrupción, deseo y decadencia, tejida cuidadosamente alrededor de ella, iluminada por luces duras y oscilantes, bañada por la música excitante, rodeada de soldados bien recompensados, que fusilarían al mas osado sin pensárselo dos veces, y que le traían presas jóvenes para satisfacer su hambre y deseos de poder y riquezas, estaba la Reina Araña.

Enfundada en piel (verdadera piel de nathak traída de los planetas mas peligrosos, y cortada y diseñada por los miembros mas selectos de la sociedad de Omega), metal y fibroplastico, sentada en un balcón por encima de la perdición del lugar, admirando a cada momento, como una diosa oscura y caprichosa, como la vida allí era moldeada por su mero deseo, estaba Aria T´Lok, dueña y regente incondicional de Omega.

Su jefe de seguridad, un batariano malencarado al que Aria había llegado a aceptar (pero jamás a estimar, pues viniendo de ella, tal consideración indicaba que se era solamente un peón útil), se acercó y se quedó parado a un metro atrás, esperando que la esbelta asari se diera cuenta de su presencia. Acercarse más sin su autorización equivalía a buscar la muerte, y nadie (¡absolutamente nadie!) podía interrumpir a Aria en sus momentos de contemplación. Eventualmente la extraterrestre, de facciones duras y mirada ambiciosa, volteo al notar la presencia de una sombra:

-¿Que sucede? - preguntó con voz imperiosa y chocante. El jefe de seguridad ignoró semejante insulto. Su vida era más valiosa que cualquier reclamo a la Reina Araña...

- Aria... la gente del puesto de observación detecto una inusual descarga de energía en los sensores de mediano rango, hace menos de diez minutos. Como si una flota masiva hubiera salido de un viaje MRL. Apareció a menos de cuarenta mil kilómetros de nosotros, pero los sensores activos no detectan mas que una señal extraña, como si fuera un asteroide ferroso o de algún metal pesado... - dijo el extraterrestre, armándose de un valor inusitado.

La mujer no dijo nada, pero el brillo del interés adornó sus ojos:

- Manden naves para una búsqueda in situ, quiero reportes actualizados cada tres minutos. Si encuentran alguna presencia hostil, destruyanla, ¿entendido? - ordenó sin perder la calma y los guardias y lugartenientes a su alrededor lanzaron las ordenes por sus omniherramientas. El batariano iba a retirarse a cumplir sus labores, pero Aria le hizo una seña de que permaneciera en su lugar. El miedo asomó en su rostro:

- ¡Diez minutos!, ¿tardaste casi diez minutos en avisarme?. ¡Responde!: ¿Eres estúpido o no precias tu vida? - la Reina Araña se levantó de su asiento. El batariano se dio cuenta de que había cometido un error fatal. Y le fue confirmado cuando vio a la silueta de la extraterrestre iluminarse de un azul obscuro terrible, indicativo de que su vida iba a terminar abruptamente.

- ¡Yo!... ¡no quería molestarla!...¡usted dio ordenes expresas de no molestarla! - dijo el otro sintiendo que su valor no le alcanzaba para sobreponerse a la imagen de la muerte que veía frente de sí.

- ¡Efectivamente eso hice!, ¡pero si lo que está allá afuera es una flota de ataque contra nosotros, ya los tenemos casi encima idiota!. ¡Como jefe de seguridad deberías de saber eso y sobreponerte!, ¡lamentablemente para ti, no llegarás a poner en práctica lo que aprendiste hoy! - dijo ella, haciendo un gesto y levantando la mano. El pobre infeliz frente a sí se elevo en el aire, producto del tremendo poder biotico de la asari y salió despedido contra la pared del la especie de anfiteatro que era el club nocturno, estrellándose contra a ella a velocidad terminal y repartiendo sus sesos por el lugar. Varias mujeres cercanas al cadáver chillaron y salieron despavoridas, pero el resto de la concurrencia no se detuvo, como deseosa de no llamar la atención de la Reina Araña. Cuando esta terminó, volteo hacia sus subordinados y mencionó, con voz templada por el hielo, pero que transpiraba una furia incontenible:

- Cualquier falla en reportarme un asunto de tal importancia encontrará el mismo castigo... y alguien encárguese de limpiar ese desastre -


Borde del Sistema Sahrabarik,

Nebulosa Omega, Sistemas Terminus,

Brazo Galáctico Norma

Tres horas después, con estupor rayano en la conmoción, Kaidan Alenko daba fe de lo que el capitán le había dicho. Mientras miraba a través de la pantalla holográfica de mando, veía aparecer en los sensores de corto alcance la silueta de hongo de la estación espacial Omega a la distancia.

- ¡No es posible! - dijo contrariado. El salto transposicional había sido casi inmediato. Se preguntó si los recién llegados le estarían gastando una broma.

- No parece muy convencido Teniente. Pero le puedo asegurar que, según los sensores estamos a... ¿Louis? - pregunto Vince Grant. Esperaba esa reacción de su invitado.

- Estamos a un octavo de segundo-luz: Un poco mas de treinta y siete mil kilómetros - dijo el científico, ajustándose las gafas. Janice estaba cerca de él, sin intervenir en el dialogo.

- ¿Como puede ser eso?. No usan relés de masa... - fue la azorada respuesta del joven.

- Nuestro sistema de transposición nos permite atravesar grandes distancias siempre y cuando podamos mantener un agujero de gusano estable. La validación de la teoría sobre la topología del espacio del siglo XXI nos dice que... - empezó el científico en uno de esos arrebatos de alarde tan particulares.

- ¿Agujeros de gusano?, ¿pueden abrir agujeros de gusano estables? - la cara de Alenko decía que no daba crédito a lo que el ex-miembro del desaparecido decimoquinto escuadrón táctico le decía.

- ¡Sí!. Y no solo eso, también podemos... - iba a continuar, pero Vincent fue mas rápido...

- Louis... - El joven pelirrojo se contuvo, mientras Janice atinaba a sonreír, en un gesto aprendido que le daba un aire muy humano.

- Lo siento Capitán. En resumidas cuentas... sí. La explicación es larga, pero no hay tiempo para ella por el momento - la mirada de Vince le dijo inmediatamente que no era prudente continuar esa conversación.

- Hora de hacer un poco de cooperación mutua Teniente. Necesitamos unas cartas de navegación estelar con las cuales cotejar nuestros propios registros. Además sería interesante poder contactar con un mercader de información que pueda darnos noticias del SDF-3, si las hay. Usted conoce la estación espacial, pero si lo que dice es cierto, es un lugar adonde no se puede ir solo. Lo que le pido es que acompañe a un grupo de nuestros efectivos, como guía y asesor. ¿Conoce alguien en ese lugar teniente, que nos pueda ayudar? -

- Me temo que sí - dijo el soldado con reluctancia - Y no es un tipo que se deje encontrar fácilmente - agrego, sin despegar la vista de las imágenes de los sensores de largo alcance.

- Por lo que podemos facilitarle las cosas para encontrarlo. Dispondrá de ciertos recursos para facilitarle su labor... valores de cambio (afortunadamente nos hemos hecho de algunos recursos valiosos y raros para cambiarlos por la moneda que se use). Además no irá solo: Janice y un grupo de efectivos irán con usted - dijo Vince volteando hacia el ginoide, quien solo le devolvió la mirada.

- No se ofenda capitán... pero llevar un grupo numeroso podría ser un riesgo. La inestabilidad política de Terminus hace que esta situación sea como atravesar un campo minado. Un error y se pueden desencadenar consecuencias terribles - advirtió Alenko.

"Hora de otra perla de sabiduría", pensó el capitán, y enseguida decidió que podía aflojarle más la lengua al soldado:

- ¿Cual es el problema con esos Sistemas Terminus teniente?. Su aproximación a ellos es demasiado cauta para indicar nada bueno... -

- Los Sistemas Terminus no aceptan las resoluciones del Concilio y representan por lo menos un veinte por ciento del territorio conocido y cartografiado de la galaxia - Alenko soltó un suspiro y continuó:

- Están divididos en estados pequeños que se manejan de manera independiente. Por si mismos estos planetas no representan una amenaza, pero si se llegaran a juntar para combatir por una causa común... Hace casi tres años hubo un ataque de parte de una flota pirata proveniente de Terminus, contra una colonia de la Alianza: Elysium - se detuvo un momento, inspirando profundamente:

- Las defensas del planeta no fueron suficientes para repeler el ataque y los piratas se dedicaron a destruir y saquear. Si no hubiera sido por las acciones de mi ex-oficial al mando, el Comandante Shepard, la población hubiera sido arrasada y los refuerzos de la Alianza no hubieran podido llegar a tiempo para salvar lo que quedaba. Como verá, no se puede tomar a la ligera a esa gente. Pero el Concilio se opone a una guerra abierta con ellos -

- Entiendo... - Vince Grant y se detuvo, frotándose la barbilla con la mano derecha y meditando un momento cuidadosamente:

- Esto requiere una operación de encubierto. Aún llevará compañía, pero solo irá Janice y algún otro soldado asignado con usted - dijo Vince, sin preocuparle demasiado. Esperaba tener que medir sus fuerzas con los soldados de este universo en algún momento, pero no iba causar un incidente diplomático nomas llegara...

- Señor... con el debido respeto, a pesar de que la señorita Em ha probado que sabe defenderse sola, no creo que este sea un lugar para... - empezó la retahíla del pelinegro.

- ¡Teniente Alenko! - oyó desde su espalda - ¡Creo que está mas que probado que se defenderme!. Además, esta es la perfecta oportunidad para recabar datos de inteligencia de este lugar. Y no hay nadie en esta nave que pueda hacerlo mejor que yo, así que deje sus prejuicios machistas de lado! - Alenko volteo a ver a la chica con expresión de sorpresa. Louis solo reprimió una risa forzada.

Kaidan estaba seguro de que las sorpresas irían en aumento de aquí en adelante.

Y efectivamente, estas continuaron cuando fue escoltado primero a la Sala de Guerra de la nave, donde conoció a las otros que irían con él. El Teniente Primero Marcus Rush sería el piloto que los llevaría a la estación. Se encargaría de la inserción y la extracción de emergencia, en caso de una eventualidad. También estaban el Capitán Angelo Dante, de la infantería, quien sería su segundo acompañante y refuerzo en caso de que las cosas salieran mal, y los oficiales Valverde, un par de gemelos mellizos que permanecerían en la nave y funcionarían como apoyo táctico.

Después de las introducciones de rigor y el desglose de la misión, fue conducido al hangar principal. Mientras caminaba percibió el ambiente de tensión típico de una nave de combate. La gente moviendo suministros y verificando sistemas, a la vez que hacía reparaciones de rutina, y realizaba los procedimientos estándar de trabajo. En ese sentido el ambiente no era distinto del de otros transportes donde había estado. La electricidad flotaba en el aire, pero las miradas de sorpresa y hasta un poco hostiles de la gente de la cubierta no le pasaron desapercibidas.

El vehículo que llevarían para atracar en Omega, era feo a mas no poder. Era literalmente un "ladrillo volador" (comentario de cariño y sorna que había oído y no le paso desapercibido) pintado de un color azul oscuro con vivos en blanco. Marcus Rush lo llamo un caza VE-12S "Beta de Combate Electrónico", y le comentó que había sido rescatado en un modelo similar a esos. Alenko tomo nota de la fuerza y potencia del diseño, a pesar de lo poco agraciado de su linea. Su longitud total era de una décima parte del tamaño de la Normandía. Comparó mentalmente las formas estilizadas de los cazas terrestres y turianos con esos, y se dijo que el mal gusto era una característica mas terrestre de lo que la consideraba.

Lo que realmente lo maravilló sin embargo, fue ver un robot, de tamaño de un edificio de casi cuatro pisos, de figura cuadrada y aparatosa, (que a la sazón identificaría como un destroid "Excalibur") cargando un contenedor de materiales que hubiera necesitado un potente modulo de efecto de masa para transportarse. A pesar de haber visto los (increíbles hasta entonces) robots de seguridad de Hahne-Kedar, estos sistemas eran más impresionantes, sin contar que eran casi tres veces mas grandes.

-¿Maravillosos no? - preguntó Angelo Dante, mientras se acercaba a él. No podía ocultar que se encontraba sorprendido por el tamaño del vehículo, pero aún más por la facilidad con que se desplazaba. Los ingenieros de distintas razas (con excepción de los quarianos, a quienes se les reconocía su natural afinidad con temas de robótica e inteligencia artificial) habían batallado para crear ingenios que pudieran desplazarse de manera tan natural como ese modelo gigantesco lo hacía. Estos recién llegados sin embargo, tenían maquinas que hacían ver a los droides de guerra de la Alianza y otros pueblos como meros juguetes.

- Sin duda Capitán. Parecen sacados de los holovids de fantasía que solía ver los sábados por la mañana cuando niño - dijo Alenko mientras veía a la maquina depositar el contenedor en una estantería casi tan alta como él.

- Entiendo. Esos destroids de vieja generación son sin duda imponentes. Sirvieron bien en la guerra contra los Zentraedi. Pero si ellos lo impresionan, debería ver lo que los posteriores modelos son capaces de hacer - comentó el gigantesco oficial (por lo menos treinta centímetros mas grande de talla que él), mientras miraba casualmente la maquina. El tipo no parecía impresionado en lo más mínimo...

"Probablemente producto de la presencia cotidiana de esos artefactos", pensó. Reflexionó en como las diferencias entre ambos universos eran notables. Si bien había cosas y gestos comunes, se dijo que si sus nuevos compañeros hubieran sido extraterrestres, no hubieran sido más desconcertantes. Inspeccionó la nave de nuevo, con su carga de sensores y sistemas para guerra electrónica que esa particular versión parecía tener incorporada. Hizo una nota mental acerca del inusitado progreso que los extranjeros tenían en tecnología de guerra y espero no estar cometiendo un error al ayudarlos.

- ¿Esta listo para partir teniente?. Si ha volado alguna vez en una aeronave de combate la sensación no debería serle extraña... - comentó Janice, apareciendo detrás de los dos hombres. Venía ataviada en la coraza CVR-3 que había visto portar a los grupos de infantería de marina de la nave.

- No. Supongo que el entrenamiento y despliegue de combate en una nave de descenso Kodiak no cuentan como eso... - volteo hacia ella. La mujer pasó junto a él, arrojándole un tubo con pastillas.

- No conozco sus modelos de despliegue de tropas, pero estoy segura de que no se parecen en nada a un Beta. Conserve el tubo, puede necesitarlo... - tomó una bolsa de pertrechos y se la echo al hombro con una facilidad pasmosa. Kaidan pensó inmediatamente en Ashley Williams y se sonrió.Después volvió su vista hacia el objeto que tenía en sus manos.

- ¿Que?, ¿pastillas para el mareo? - estudio el cilindro color claro, cuyo contenido eran unas pastillas grandes, en apariencia difíciles de tragar.

- Al final de este viaje serán sus mejores amigas... - agregó ella con un poco de malicia y se dirigió hacia la rampa de entrada del Beta, introduciéndose en el interior. Alenko maldijo internamente y pensó que iba a disfrutar mucho el choque cultural entre la señorita Em y las razas de Omega...

Diez minutos después la nave estaba cerrada y Marcus Rush se aprestaba a sacarla del hangar.

- Este es "Skull dos", solicitando permiso para despegar -

- "Skull dos", aquí puente. Permiso para despegar concedido. Proceda al área de infiltración ¡y buena caza!-

Alenko sintió la nave rugir bajo sus pies. Acostumbrado como estaba a la silenciosa operación de la naves de la Alianza, se desconcertó al sentir el estentóreo rugido de las turbinas al elevar la nave. Sus sistemas no se parecían en nada a los de los vehículos que conocía. Apretó su cinturón de seguridad y se aplastó más contra la silla deseando asegurarse con uñas y dientes, gesto que no le pasó desapercibido a sus compañeros:

- Relajese teniente Alenko... - Le comento la teniente Valverde, una rubia de cabello corto a la estricta usanza militar y ojos de un verde almendrado, enmarcados por profundas ojeras, a la que sus compañeros solían llamarle Berta:

- ...volar en un Beta es tan seguro como volar en uno de los aviones de la Tierra de antaño - añadió con una sonrisa amigable.

- Con la diferencia de que cualquier posible complicación no nos deja en una atmósfera repleta de oxígeno, sino en el espacio frío y desnudo - agregó su hermano Miguel, igualmente rubio ojiverde y de facciones demacradas, en un tono de sarcasmo que Kaidan deploró.

El despegue fue mas grácil de lo que esperaba. Pero la aceleración le recordó sus días de prueba en la estación Caronte. Se encontró apretando fuertemente el tubo de pastillas que Janice le había dado. El grito de jubilo de Marcus Rush al sentir la potencia de la nave terminó de confirmarle lo que ya sospechaba.

Estaba por entrar a la estación espacial mas peligrosa de la galaxia en compañía de un puñado de orates...


Zaeed Massani había subido ya por los dos ascensores del edificio, limpiando los siguientes tres pisos de enemigos, que habían presentado un reto mayor que el de la gente de la entrada. Una bala había logrado penetrar sus escudos, entrando y saliendo limpiamente de su antebrazo. Su armadura había aplicado medigel para curar la herida, pero dejaría una fea marca. Siempre lo hacía. Tras de sí había dejado los cadáveres de otros tantos guardias y algunos robots de asalto. La sangre de varios alienígenas decoraba las paredes del lugar, amargo recordatorio de porque uno no se metía con el viejo mercenario.

Solo quedaba por revisar el techo del edificio, aislado en una zona donde las demás construcciones eran de proporciones muy pequeñas. Sin embargo eliminar a su presa no iba a ser mas fácil porque ya hubiera acabado con todos los refuerzos. Los elcor eran, en la percepción general del publico, criaturas fuertes, pero lentas y de movimientos un poco torpes. Los extraterrestres no hacían nada para desmentir esa creencia. Pero el hecho de haber vivido durante tanto tiempo en un planeta de alta gravedad tiene sus ventajas, y una de ellas es haber desarrollado una fuerza y resistencias superiores a lo normal. Un elcor no correría jamás (a menos de que su vida dependiera de ello), pero si lo hacía era mejor quitarse de su camino...

El viejo ex-soldado subió por las escaleras y cruzó el umbral que daba al techo. Había un mercenario solitario allí, que despachó sin perder tiempo. Escudriñó los accidentes de terreno (casetas, tubos y ductos de los sistemas de aire), evitando mirar al techo cavernoso de la estación espacial, para no distraerse. No había rastro alguno del mercader elcor. ¿Como era posíble que una mole de casi cuatro metros de largo por dos de alto desapareciera en un techo sin dejar rastro?... ¡o le habían salido alas o jamás había estado allí para empezar!. Pero eso no era posible. Sus contactos le habían mostrado información pertinente para verificar que su objetivo estaba allí.

Algo sin embargo estaba mal. Reflexionó un segundo, volviendo sus pasos desde que su contacto le mando el contrato de asesinato, en Illium. El contratante había sido terriblemente solicito a la hora de facilitarle ciertos detalles, como una paga anticipada e información sobre su objetivo. Había comisionado a su intermediario encontrar lo que pudiera sobre su nuevo blanco, y este había recabado datos de manera muy sencilla...

¡Como si estuviera ahí... lista para que el la encontrara!...

Se puso en guardia alzando su viejo rifle, la tensión en su cuerpo acumulándose con cada segundo que pasaba. Si su contacto lo había mandado a una trampa, iba a pagarlo muy caro. Su mente voló rápidamente hasta el cadáver que había dejado atrás. Se acercó y buscó frenéticamente alguna insignia o identificación, sin encontrarla. Empezó a despojar el cuerpo de su armadura y la corazonada que hacía latir su corazón desbocadamente encontró su recompensa: Allí, en la base del cuello del mercenario muerto (un batariano por cierto) estaba el tatuaje de un sol estilizado en color azul claro, que le confirmó sus sospechas...

Vido Santiago estaba tras de él de nuevo...

El sonido de elevación de una nave de asalto Mantis terminó de despabilarlo. El viejo saltó poniéndose a cubierto detrás una caseta, al tiempo que varias ráfagas pasaban junto a él. Algunos de los tiros rebotaron en su escudo cinético, llevándolo a un nivel peligrosamente bajo. Una voz lo saludó desde los altavoces del vehículo:

- ¡Zaeed!. Vido Santiago manda saludos... - para después disparar un misil sobre la construcción que le daba cobijo. El mercenario saltó a tiempo hacia atrás para no perecer en la explosión, pero no pudo evitar que esta lo proyectara hacia atrás, casi por encima del borde del edificio, hacia una caída de cuatro pisos. Ya había perdido a Jessie, que había caído hacia la calle durante la explosión, así que se agarró con uñas y dientes del borde de la cornisa, pero la maquina de asalto aún seguía ahí. Solo era una cuestión de tiempo para que el sicario de Vido lo encontrara y entonces podía despedirse.

Miró hacia abajo. No había cuerdas, cables o basura. Nada para disminuir el impacto de su caída. Solo el duro y frío suelo de Omega esperándolo. Miro hacia ambos lados y a su izquierda encontró la nave de los Soles Azules rodeando el edificio:

- ¡Dí unas ultimas palabras para Vido antes de morir, Massani! - la sorna y el desprecio estaban presentes en la voz que salía del aparato, pero Zaeed no podía reconocer la voz. Era uno de esos tantos mercenarios que llegaron a formar parte de las filas de los Soles Azules después de que Vido lo traicionara. Una comezón en el lado derecho de su cara le recordó el día en que su compañero de armas le metió un tiro a quemarropa en el rostro.

Ahora tenía la mitad de la cara de un pobre diablo pegada a su cráneo, porque eso era todo lo que el doctor de mala muerte que lo había atendido después había podido hacer por él. Su ojo derecho era de un azul tan claro que se notaba, sobre todo contrastado con su ojo izquierdo, de color oscuro. La ira y la rabia lo invadieron. Ira por haberse dejado engatusar por lo que parecía un trabajo más. Rabia porque ese desgraciado de Vido aún tenía que pagar por lo que le hizo, aunque con cada segundo colgado de esa cornisa las posibilidades de que eso sucediera se veían cada vez más y mas remotas.

Volteo con el semblante desafiante, hacia la nave que flotaba a su lado, grabando sin duda cada momento de amargura de su predicamento. Clavo los dispares ojos en la cabina del piloto y juntando todo el rencor y odio que veinte años de vendeta pueden inspirar gritó:

- ¡Vido!, ¡ni en el puto infierno podrás esconderte de mí! - dejando que su mirada hablara del suplicio que le esperaba a su enemigo. La nave activó sus cañones contra él, pero los disparos no hicieron blanco. Se había soltado al vacío... a una caída de cuatro pisos que fue interrumpida por el toldo de un transporte de materiales que pasaba por ahí. Zaeed rebotó contra él y terminó en el suelo del distrito, junto a su arma.

Levantándose tan rápidamente como pudo, el ex-soldado activo la función de disparos de contusión de su rifle y abrió fuego contra el transporte, mientras esta disparaba otra vez sus ametralladoras de efecto de masa. A falta de armas mas pesadas con las cuales dañar mas seriamente la maquina voladora, los disparos de contusión, cuyo objetivo principal era tirar rápidamente las barreras cinéticas enemigas, tendrían que hacer el truco. Los tiros se estrellaron en el escudo azul de la nave, pero el mercenario debía estar de suerte, porque una chispa brotó del chasis. Algo no estaba funcionando bien y pudo corroborarlo cuando la nave empezó a moverse erraticamente. El artilugio se alejó, luchando con frenesí para mantener el control. Pero él mismo no había salido ileso. Su escudo había absorbido gran parte del daño propiciado por su caída, pero no había sido suficiente para detener las nuevas ráfagas de su enemigo.

Se llevó la mano al abdomen y observó el líquido escarlata brotar de su torso. Los sistemas de medigel de su armadura no estaban funcionando correctamente, así que el infame mercenario abrió los depósitos manualmente y procedió a aplicarse lo poco que quedaba en las heridas visibles. El transporte se había ido, pero los secuaces de su enemigo no tardarían en venir. Se recargó un momento en un contenedor de basura y vio descender una extraña nave cuadrada y azul a la lejanía. Sabiendo que quedarse en ese lugar equivalía a la muerte, echo a andar, recargándose trabajosamente en la culata de su amado Jessie.

No pensaba que los recién llegados fueran unos samaritanos, pero prefería correr el riesgo, a esperar a que el resto de los Soles Azules lo encontraran...


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Siguiente Capitulo: Continúan las peripecias de Alenko y su grupo en Omega. Además parte de la (aburrida) política de la Ciudadela y Shepard conoce a Rick Hunter. ¡No se lo pierdan!.