Robotech y sus personajes son una propiedad de Harmony Gold USA Inc., Mass Effect y sus personajes son propiedad de Bioware. No se obtiene beneficio económico alguno de esta historia.


If you want to read this story in English, please check "Shadows of the Reapers" in the same section: Crossovers: Robotech-Mass Effect


¡Estoy de vuelta!. Esta vez me he tardado menos, pero de todas maneras ha pasado un buen tiempo desde la ultima actualización. De cualquier manera la historia continua, y mientras ustedes sigan leyendo, yo seguiré quebrandome el coco para llevar esta historia a buen termino.

De nuevo agradezco a ferduran y a Ridli Scott, por haber favorecido esta historia.

ferduran: Espero que mi mensaje haya servido para aclarar tus dudas.

Anyway... show must go on!, ¡así que vamonos con lo que sigue!.


Capitulo Siete:

Política, sinceridad y otras tantas malas costumbres.

Hangar Privado de la Torre del Concilio, La Ciudadela

Nebulosa Serpiente, cercanías de la Estrella Widow,

Brazo Galáctico Sagitario

El embajador Donnel Udina, ataviado para la ceremonia de recepción oficial, se frotaba las manos evidenciando un nerviosismo que era cada vez mas pronunciado. Mientras se acercaba al grupo de recepción, tratando de disimular su ansiedad, observaba a las delegaciones del Concilio, reflexionando sobre la conmoción que había sacudido a la Tierra en días anteriores. Habían pasado casi diez periodos de la Ciudadela (poco menos de cinco de ellos de la Tierra) desde la llegada de la supuesta Fuerza Expedicionaria Robotech, y la opinión general de los altos mandos terrestres había sido de escándalo absoluto.

El Parlamento y la Junta Militar de la Alianza, (que reunían entre ambos a la mayor cantidad de servidores públicos en la historia de la humanidad), habían reaccionado con inusitada celeridad a la noticia. Se había convocado a sesiones extraordinarias durante las últimas noventa y seis horas. Se repasaron asuntos como la política de la Alianza para las relaciones con extraterrestres y la doctrina de guerra, y se dijeron en el estrado muchas cosas que habían quedado veladas desde tiempos de la Guerra del Primer Contacto.

Mas conmoción causó la noticia de que los visitantes que habían puesto en jaque a la Flota de la Ciudadela eran humanos, venidos de una dimensión alterna (si es que la historia mencionada y avalada por el Concilio resultaba ser cierta). La noticia bomba era que los visitantes buscaban ser reconocidos por el triunvirato de la galaxia, como una nación independiente de la Alianza. Por eso los altos mandos se habían decidido a viajar desde Arcturus, mandando como avanzada un grupo de asesores que habían establecido contacto con los representantes de la nave extranjera hacía dos días.

Los medios de comunicación en el planeta madre habían sido mantenidos en la oscuridad de ciertos detalles, pero esa situación no iba a durar mucho, debido a que la población de la Ciudadela había sido testigo de los acontecimientos (y varios miles de humanos y otros extraterrestres estaban involucrados en la compensación que la Fuerza Expedicionaria estaba dando a los damnificados del incidente). Udina estaba al tanto de dicha situación y si hacía unas semanas le hubieran comentado que su mundo estaba por ponerse de cabeza, hubiera mandado al diablo (diplomáticamente eso sí) al atrevido ingenuo.

Ahora el norte se convertía en el sur, y las cosas ya no eran tan claras...

Se detuvo frente al grupo que su embajada había ensamblado y se abrió paso entre los varios asesores y dignatarios, hasta que encontró lo que buscaba. Allí estaban los oficiales de la Marina espacial, preparándose para la recepción del Almirante Hunter y su grupo diplomático. Al frente estaba un hombre que ya había visto sus mejores años sirviendo a los intereses de la Humanidad, al igual que muchos otros mandos de Arcturus. El Almirante Steven Hackett de la Quinta Flota, era un rival político que tenía que ser considerado seriamente. Fue gracias a él y sus recomendaciones, que el Comandante Shepard fue promovido como candidato a Espectro, y su amistad con el Capitán Anderson era de todos conocida. A Udina no le gustaba su presencia en la Ciudadela. Si tenía en cuenta sin embargo que las fuerzas políticas de la Tierra se estaban agitando como cuando un un niño tira piedras a un nido de avispas, su presencia en la estación espacial era mas que obvia.

Junto a él estaba un hombre un poco mas bajito, de rasgos caucásicos, perfectamente afeitado y con los galones de Almirante al hombro. El oficial al mando de la Tercera Flota, Grant Sparks, padre de la capitana civil Jennifer Sparks, quien había hecho primer contacto con los recién llegados, flanqueaba a un grupo de presencias: El Presidente de los Estados Unidos Norteamericanos: Ford v. Huerta. Su par de la Unión Europea: Illich Vladimir Kurchenko y el Primer Ministro de la Federación Popular China: Zang Xiou Guo.

Los invitados se veían atentos, aunque un poco apesadumbrados, listos para obtener cualquier información nueva que les permitiera evaluar a los "otros".

El Embajador no podía tampoco evitar el nerviosismo. Los recién llegados habían rechazado una invitación de parte de los representantes de la Alianza para viajar al planeta madre:

"Me temo que no estamos en condiciones de hacer un viaje de esa naturaleza por el momento. Las reparaciones de nuestra nave, así como la compensación prometida a la Ciudadela por los desmanes causados, nos obligan a permanecer aquí. Cuando hayamos pagado nuestra deuda con el Concilio sin embargo, podremos visitar su Tierra. Según las informaciones proporcionadas por sus ayudantes, es un lugar hermoso" había dicho la embajadora Hayes.

No le gustaba la negativa que habían recibido, y que había motivado a que los dignatarios de las tres naciones mas poderosas de la Tierra hubieran viajado a la estación espacial. Si estos recién llegados tenían una tecnología y fuerzas militares que podían impulsar a los humanos a obtener una posición privilegiada a la hora de respaldar sus demandas ante la comunidad galáctica (sin mencionar que podrían evitar penosos y terribles incidentes como los de Elysium y Edén Prime) entonces, el diplomático pensaba, estaban obligados a compartirla con ellos (y si ese pensamiento no rondaba sus mentes, el mismo debía encargarse de recordarles sus lealtades).

Miró a su reloj. Faltaban menos de tres minutos para que el transporte Horizonte programado para traer a los mandatarios, aterrizara en el muelle privado de la Torre del Concilio. Las delegaciones de las razas de la Ciudadela y sus asociados esperaban ya, ensambladas en sus lugares. Estaban flanqueados por un grupo de soldados ataviados en uniformes de gala, y en formación, con armas ceremoniales preparadas para hacer disparos de salva. Además un grupo de niños de las razas del Concilio esperaban en el fondo, para dar flores a los recién llegados tan pronto bajaran de su nave.

"Los buitres por lo menos tienen el buen gusto de saquear la carne muerta", pensó y se acomodó en su lugar. La nave ya se veía acercarse al espaciopuerto.


Mientras la nave descendía hacia la Torre del Concilio, escoltada por un par de Alfas y acercándose por un corredor aéreo establecido por Seg-C específicamente para ellos, Lisa Hayes, ataviada en un sobrio y elegante vestido de gala blanco, con discretos detalles florales y ligeramente reminiscente de los antiguos kimonos japoneses, se recostaba en el sillón de la cabina de descanso de la nave. A su lado, Rick Hunter, en el impecable uniforme blanco y dorado de gala de la Fuerza Expedicionaria, repasaba los últimos informes de las reparaciones del SDF-3, así como las ofertas finales de compra de los materiales exóticos que traían consigo.

Habían recibido ofertas de millones de créditos (algo verdaderamente exorbitante), por el cargamento de mas de quinientas toneladas de Monopolo que traían consigo (una vez que los científicos de la Ciudadela aprendieron de sus propiedades). También se barajaba una cantidad que rondaba arriba de los seis ceros, por los planos de los prototipos Veritech de primera generación, que habían accedido a vender a las naciones del Concilio. La Alianza, en conjunción con las Repúblicas Asari, habían decidido comprar los planos del VF-X (el prototipo del VF-1 "Valkyrie", que Rick mismo se había encargado de mostrar, desempolvando el venerable Skull-1), mientras que la Jerarquía Turiana se había decantado por los planos del VF-X-0 "Phoenix", impresionados por la línea agresiva y depredadora de la nave.

La Alianza había presionado también, por medio de Donnel Udina, para obtener mas tecnología, a pesar de haberse llegado a un arreglo interesante con la Fundación Sirta, para vender algunas de las máquinas de diagnostico y tratamiento medico que habían desarrollado a partir de tecnología tiroliana, sobre la cual la empresa médica se había interesado bastante. La recomendación de la capitana Sparks sin embargo, pesaba en el animo de los negociadores de la FER y se había decidido que se trataría por separado con los representantes de la Alianza, con tecnología que no pusiera a los humanos de esta dimensión, en una posición decisivamente superior. Rick consideraba que ya había visto demasiado derrama de sangre a lo largo de su vida, como para dejarles "juguetes" demasiado peligrosos.

La protesta no se hizo esperar y a pesar de que cosas como la barrera omnidireccional, los sincro-cañones y los sistemas de transposición no habían sido considerados dentro de la puja, Udina trato de presionar para que se les facilitaran por lo menos prototipos "semifuncionales". Lisa había detenido al embajador, comentándole que esas eran "ventajas" a las que la FER no pensaba renunciar fácilmente y a pesar de la queja (justificada) de que esas armas podrían inclinar la balanza en su favor en caso de un conflicto abierto, ambos Hunters consideraron que no podían renunciar a ellas, a menos de que algo extraordinario sucediera y tuvieran la oportunidad de volver a casa.

Lisa despertó de su reposo y volteo a ver a su marido, quien sin duda estaba pensando en las consecuencias de todo esto. La frente despejada del encanecido piloto se mostraba arrugada en un ceño de preocupación que cada vez se hacía mas frecuente en él. Ambos estaban conscientes de las tensiones que venían de la mano del Almirantado, pero su experiencia tratando con esas nuevas razas (y sobre todo con naciones militarmente tan poderosas) nunca había sido tan agobiante como hasta entonces.

Se acercó a él y se recargó suavemente en su pecho, solo haciendo la presión mínima para que el la notara:

- Rick Hunter... si no te conociera diría que estás nervioso por la reunión -

- No... no es eso linda. Los extraterrestres me preocupan menos de lo que crees -

- ¿Todavía estas pensando en lo que dijo la capitana Sparks? -

- Sí... Es como si volviera a los años anteriores a la misión Pionero. Todo esa retahila de mentiras y manipulaciones entre la FDR y la Cruz del Sur parece repetirse de nuevo, solo que con otros nombres... -

Lisa asintió sin decir nada. Estaba al tanto de lo que su esposo mencionaba y nunca le había gustado esa situación. Mientras oía a Rick hablar calmadamente, su mente vagó hasta la charla que habían sostenido con la pelirroja:


Lisa entró apresurada, en el Salón de Guerra del SDF-3 y se sentó en una de las sillas. Acababa de terminar su reunión con Udina y los enviados del Presidente Huerta, y su mente se movía a pasos agigantados buscando una respuesta que solo una persona le podía dar:

- Acabo de estar con los asesores de una de las naciones mas poderosas de la Tierra y les he dado una excusa diplomaticamente impecable, pero poco creíble para negarme a visitar la Tierra. Va siendo hora de que nos diga, señorita Sparks, ¿porque debemos de cuidarnos de la Alianza? - la embajadora se había dirigido a la bajita capitana que había llegado hacía dos minutos y solo estaba esperándola, con sus compañeros Huxley y Cho Li a ambos flancos, y en actitud nerviosa.

Jennifer se tomó un momento para tomar aire y se sentó en una silla, con Huxley tomando posición junto a ella y Cho Li recargándose en la pared de atrás. Rick, quien venía detrás de su esposa, se paró al frente de la mesa esbozando un gesto de preocupación y sirvió un vaso con agua de la jarra metálica que tenían en el mobiliario. Max y Miriya Sterling (quienes ya esperaban al Almirante y a su esposa) hicieron por otros vasos, y momentos después todos tenían una bebida. Jenny tomo un sorbo y empezó:

- Mi abuelo era oficial de la Alianza, durante los tiempos en que hicimos contacto con los extraterrestres por primera vez. Estaba estacionado en una guarnición cercana a casa, en la colonia humana de Shanxi. Nuestra familia era acomodada y tenía una cierta tradición militar que se remontaba hasta muy atrás... -

Tomó un trago largo, mirando el vaso como si deseara que de pronto se transformara en whisky, y continuó:

- ...cuando hicimos contacto por primera vez, los alienigenas, que a la sazón resultaron ser los Turianos, nos atacaron porque habíamos roto una de las convenciones mas sagradas del Concilio: No activar relés de masa sin saber adonde conducen. El caso es que ellos nos atacaron y se lanzaron contra la guarnición de Shanxi. Es del conocimiento de la humanidad por aquí, que fueron derrotados por una flota terrestre que llegó después, mientras el asedio a la colonia se desarrollaba. Hubieran contraatacado y se habría vuelto una guerra a gran escala con terribles bajas para ambos bandos si el Concilio no hubiera intervenido -

- Desgraciadamente el ataque a nuestra colonia causo que muchos humanos murieran ese día, incluyendo a mis abuelos. Mi padre fue de los que sobrevivieron a la ordalía. Se había enlistado en la Alianza cuando mas joven y después del conflicto había escalado los rangos rápidamente, gracias a su dedicación y trabajo para volver mas fuerte a la institución, para que una tragedia como esa no se repitiera de nuevo. Después de la guerra, empezó a circular un manifiesto que hablaba de la necesidad de un Cerbero, un cuidador de la humanidad, firmado por un anónimo al que la prensa, a falta de información, bautizo como el Hombre Ilusorio. Todo lo que les estoy contando no tendría ningún sentido ni relevancia para explicar el porque, si no fuera porque años después el Hombre Ilusorio hizo realidad su promesa -

- ¿Creo un Cerbero?, ¿un perro de tres cabezas de la mitología humana? - Miriya rompió el silencio reinante.

- Solo figurativamente... En realidad fundó una organización, que mucha gente considera como terrorista: Cerberus - aclaró la capitana.

- Recuerdo que mencionó ese nombre cuando la rescatamos de sus atacantes - comentó Max tomando asiento también.

- Sí... Ellos se dedican, según sus propias palabras, a "asegurar el dominio de la raza humana en la galaxia". Sus metas son quizás... nobles, pero sus métodos son indudablemente cuestionables, y mi padre, quien se había vuelto un militar de suma importancia, era colaborador suyo. Un día hace casi cinco años, mientras estaba de permiso tras haber vuelto de las operaciones de la Alianza en Theshaca, lo encontré durmiendo en su escritorio, agotado por la enorme carga de trabajo que solía tener. Iba a despertarlo, cuando sin poder evitarlo, miré en su escritorio. En él encontré reportes que hablaban de las operaciones de infiltración de Cerberus en la Alianza. En los documentos se mencionaban pruebas suficientes para desenmascarar a varios operativos infiltrados en proyectos de la milicia, como Ascensión o la Academia Jon Grissom. Sin embargo también había una evaluación escrita de puño y letra de mi padre donde, exhibiendo una serie de consideraciones francamente dudosas, desechaba las acusaciones y pruebas contra ellos, declarándolas "circunstanciales". Ese día lo reñí por ayudar a un grupo al que no le importaba derramar la sangre de inocentes, siempre y cuando hubiera una ganancia para la humanidad, o por lo menos para ellos. Nunca olvidaré su respuesta... -

- ¿Cual fue? - preguntó Lisa, temiendo que la joven no accediera a contarles.

Jenny bajó la cabeza un momento y ambos, Huxley y Cho Li, pusieron una mano en sus hombros. Sin duda esa historia ya les era conocida. La muchacha no levantó el rostro, pero su voz se hizo grave y a punto de quebrarse:

- Me dijo que cuando joven, había conocido un mercenario durante el incidente de Shanxi, un tal Jack. Mi padre se había vuelto un tipo reservado y taciturno, con un gran disgusto por los alienígenas y en particular por los Turianos, gracias a la muerte de mis abuelos. Parece que ambos tenían mas cosas en común de lo que creía, porque meses después de acabada la campaña, vino a buscarlo. Discutieron mucho y después el tipo desapareció. Muchos años después, cuando el ya se había vuelto un militar de renombre, lo buscó una vez más. Él mismo me contó todo esto ese fatídico día y agregó una cosa que no puedo olvidar:

"La supervivencia de la humanidad requiere sacrificios que la Alianza no está dispuesta a hacer. Sin embargo Cerberus no esta restringido por las ataduras que plagan a la milicia. Si cooperar con ellos me permite evitar otro Shanxi, Elysium o Torfan, entonces estoy obligado, no por la Alianza... sino por mi propia conciencia... a ayudarlos" me dijo, sin una sombra de arrepentimiento en sus ojos -

- Ese día hace cuatro años decidí renunciar a la Alianza, a la que me había unido por recomendación suya. Huí de casa y vagué durante un tiempo, hasta que terminé en la Ciudadela. Me enteré algunos meses después, que había sido nombrado Almirante de la Tercera Flota, cuando el oficial previo murió. Si me preguntan si Cerberus le facilitó llegar a ese rango, como recompensa por haberlos ayudado, les diré sin dudarlo que así lo creo... y es algo que me llena de vergüenza -


Lisa volvió a la realidad cuando Rick se agitó a su lado. Pensó en su difunto padre, el Almirante Hayes, y se pregunto si el hubiera hecho lo mismo de haber estado en sus zapatos. Sabia bien que hacer lo correcto muchas veces estaba reñido con hacer lo necesario para asegurar la supervivencia de la humanidad, pero...

"¿Hasta que punto es necesario deshumanizarse para asegurar la supervivencia de la especie?, ¿es realmente inevitable convertirnos en un ejemplo de lo peor que podemos ser para garantizar que los "buenos" sobrevivan?"...

"¿Merecemos sobrevivir comportándonos de esa manera?"...

El disparo de los sistemas antigravedad y una ligera vibración que recorrió toda la nave les avisó que estaban a punto de aterrizar. Rick se desperezó y ella combatió un ligero bostezo. Ambos dieron un ultimo toque de arreglo a sus ropas antes de pasar a la sala de espera posterior, donde el resto de la delegación aguardaba:

- Bueno, aquí estamos ya. Hora de jugar a la diplomacia - el ya encanecido Almirante comentó en voz cordial a sus compañeros. Los Sterling y el Dr. Lang le devolvieron una sonrisa franca. Al mirarse al espejo, descubrió que la corbata se le había desarreglado una vez más y siempre era una batalla acomodarla correctamente.

- Trata de no jugar muy duro, Rick. Nunca has sido bueno para esas cosas - comentó Max Sterling, mientras le ayudaba a acomodarse la prenda sin mucho éxito. El Almirante tuvo un deja vú a una época pretérita y sonrió. Hacía ya tantos años que estaba casado con Lisa...

- No te preocupes Rick - se adelantó Miriya quitando a su esposo de en medio y, ante la mirada de complicidad de todos, la desanudó para después rehacer el nudo rápidamente:

- Si las palabras no funcionan, siempre puedo desaparecerlos de la faz de este universo -

La mujer del cabello verde hizo el nudo y lo apretó de la manera justa. La corbata permaneció en su lugar.

El comentario aflojó la tensión acumulada hasta ese entonces. Todos rieron unos segundos y cuando el piloto dio la orden, se acercaron a la esclusa del transporte...


Estación Espacial Omega, Sistema Sahrabarik,

Nebulosa Omega, Sistemas Terminus,

Brazo Galáctico Norma

- ¿Señorita Em? -

Kaidan Alenko se animo a dirigir la palabra a la espigada mujer de cabello lila, que había pasado los diez minutos de trayecto desde la "Arcangel" hasta la estación espacial, comprobando minuciosamente su armadura y el equipo que usarían en la infiltración. No había tomado asiento durante ninguna de las fases del viaje y su actitud le hacia pensar que quizá hubiera algún resentimiento latente. No quería que las cosas quedaran así, por los problemas de cooperación que semejante malentendido podía causar y además porque estaba apenado por su actitud. Esperaba no empeorar las cosas de ninguna forma:

- ¿Que sucede Teniente Alenko? - dijo la robot sin inmutarse, mientras terminaba de revisar los últimos pertrechos. Los Valverde habían ajustado ya los parámetros de sincronización de su equipo con la nave y solo esperaban a que los infiltradores bajaran para empezar a realizar su parte de la misión.

- ¿Podemos hablar en privado?... solo será un minuto - le dijo y ella asintió, señalando la rampa de salida del Beta. Alenko cargo sus armas (que le habían sido devueltas por el personal de la "Arcángel", después de haber sido revisadas y sin duda analizadas minuciosamente) en las placas magnéticas de su armadura. Listo para cualquier situación, bajó mientras ella terminaba de dar algunas instrucciones a los elementos que iban a permanecer en la nave. La mujer-robot se encaminó hacia afuera, mientras se acomodaba al hombro el rifle Gallant que le habían proporcionado para la empresa. Se alejaron un par de metros de la nave y ella volteo a verlo, confiada:

- Dígame teniente: ¿Que le preocupa? - Su rostro no reflejaba nerviosismo ni ansiedad.

Desquiciante...

- No se ofenda señorita Em, pero este es un nido de ladrones y gente de baja ralea. No dudo de su capacidad de defenderse, (no después de lo que hizo de cualquier forma), pero no estoy seguro de que... - dijo el soldado, con tono dubitativo.

- Teniente. Ya habíamos tenido esta discusión en la Sala de Mando. No debería caberle la menor duda que puedo y sé defenderme sola, además de ser experta en recabar información. Así que no entiendo su insistencia en singularizarme - su voz era fría como el hielo. Kaidan empezó a dudar de haber tomado la decisión correcta al hablar con ella.

- No se trata de hacerla parecer singular (aunque debo de confesar que van... vamos... a llamar mucho la atención con estos pertrechos). Pero debo asegurarme que sabrá bastarse sola cuando sea el momento adecuado. Omega es un territorio bastante hostil y... -

- Si va a dudar de mi cada segundo por que cree que no puedo defenderme, porque no lo comprueba usted mismo - el tono de la mujer no era agresivo, pero su postura de guardia estándar le invitaba a verificarlo. Kaidan se quedó absorto por un instante, indeciso si acceder a la manipulación que la chica estaba haciendo de él o despejar sus dudas.

No quiso afrontar las consecuencias de no averiguarlo. Sin mediar palabra soltó un fulminante derechazo que parecía conectar sólidamente en la mandíbula de la joven. Pero lo único que hizo fue arañar el aire.

Janice se había apartado a la izquierda y había medido con precisión los movimientos del soldado. El humano podía desplegar una gran cantidad de potencia, pero no contaba con la velocidad de su oponente. Alenko lanzó otro golpe que ella esquivo casi sin proponerselo, interceptándolo con sus brazos y reteniéndolo, para después hacerlo girar en una pirueta espectacular y derribarlo. No le había costado mas que unos nanosegundos de procesamiento anticipar los movimientos de su oponente y adecuarse a su estrategia. Sus sensores robóticos detectaron un incremento de adrenalina en el cuerpo del hombre y el tipo se levantó como un relámpago.

Los golpes fueron mas veloces esta vez. La patada que iba dirigida a su cabeza hubiera podido hacerle daño, de no haber reaccionado a tiempo, interponiendo sus brazos blindados. Cargó contra ella tratando de sujetarla, pero fue más rápida una vez más. Una zancadilla y él terminó en el suelo. Se levantó en un santiamén, listo para continuar la batalla y desplegando la corona azulada de poder biotico que siempre aparecía en su cuerpo cuando canalizaba su poder.

La voz de Angelo Dante los detuvo:

- ¡Hey!, dejen eso para los locales. Mientras menos tardemos en encontrar a ese contacto suyo... - se interpuso entre ellos encarando a Alenko, la armadura CVR-3 que portaba haciéndolo ver más imponente de lo que ya era - ...mas tiempo tendrán para regresar a la nave a ajustarse las cuentas - dijo separandolos.

Los gemelos Valverde observaban atentamente la escena sin decir nada, parados en la rampa de la aeronave, con una mueca a medio camino entre el espanto y la diversión. Así como vino, la corriente eléctrica en el cuerpo del soldado cesó:

- Esta bien... sin resentimientos - dijo Alenko sin voltear a verla.

- De acuerdo teniente. El Capitán Dante tiene razón, lo mejor es que nos vayamos ya - contestó ella, sin el menor asomo de esfuerzo o sentimiento en su voz. Acto seguido pulso el comunicador del casco de su armadura y dijo:

- Comprobando comunicaciones -

- [Transmisor ultra-línea operativo. A menos de que los locales tengan alguna manera de descifrar encriptaciones de seguridad de nivel cuántico regulación NSF-20, no creo que nadie sospeche siquiera que estamos transmitiendo] - comentó Berta Valverde, devolviendo el mensaje.

La ginoide no dijo nada, solo le hizo una seña a Angelo Dante, quien se acercaba remolcando una motocicleta de apariencia y diseño potentes, de un azul oscuro similar al de la nave. A esa orden, Angelo activo un switch en el vehículo. Kaidan pensaba ya haber visto todo lo que los extranjeros podían hacer para sorprenderlo, cuando observo la motocicleta contorsionarse en modos imposibles, reestructurándose y transformándose en una armadura militar, para acoplarse al cuerpo del soldado. Acto seguido este se alejó de ellos, saltando hacia los techos de las construcciones de Omega, como si desafiara la gravedad.

- Vámonos - ordeno ella, echándose a caminar mientras las turbinas de la nave se reiniciaban y el ingenio se levantaba.

Kaidan ya no sabía que pensar. Nunca había conocido soldados de esa clase. Ella había podido interceptar sus golpes con tanta facilidad que era pasmosa. Ni siquiera Shepard, cuando habían entrenado juntos algunas veces, había demostrado ser tan rápido y diestro. Y además había bloqueado una patada que hubiera tirado a un Krogan sin mucho esfuerzo... esta mujer Janice era toda una interrogante y sabía por experiencia que esa clase de personas son peligrosas. No pudo menos que pensar que estaba vendiendo su alma al diablo al cooperar con ella y su grupo. Tan solo esperaba que su negativa personal a hacer demasiadas preguntas no regresara a atormentarlo después...

Caminaron unas centenas de metros, observando los edificios y accesorias de la estación espacial. Puentes, rellanos, balcones y pequeñas plazas de áreas comunes con luz amarillenta y enfermiza, le daban al lugar una apariencia ambarina y desaseada, que se acentuaba aún más al ver la cantidad de pertrechos y barricadas improvisadas que se levantaban en algunos lugares. Suciedad y basura al por mayor. Todo lo lúgubre y ruinoso del lugar hacía parecer a los barrios mas pobres de la Ciudadela, como si fueran un pedazo de cielo. Kaidan divisó por lo menos diez lugares donde cualquier maleante podía tenderles una trampa y varios rincones oscuros donde era fácil perderse. Janice también los vio, esos y algunos cuantos más, e iba modificando su trayectoria consistentemente. Un sonido de disparos sin embargo los puso en guardia, sacando las armas y pegándose a las paredes para evitar cualquier sorpresa.

Siguieron avanzando, en alerta por los tiros que venían de lejos, hasta que estos cesaron. Cien metros mas adelante, la fuente del sonido se hizo evidente:

Estaban llegando a la confluencia de tres calles estrechas y mal iluminadas. Un puesto de avanzada regional donde había un parapeto, formado por una estructura metálica rectangular, que se alzaba unos tres metros, y cuyo frente vigilaba los corredores. En medio de la hoja frontal había una ranura detrás de la cual se podía contraatacar y adonde uno podía cubrirse en caso de un ataque. Había detrás de él una improvisada caseta hecha de un diseño modular, a manera de un puesto de guardia temporal. En el había varios cadáveres de humanos y alienigenas, con sus diferentes sangres azules y rojas escurriendo por las paredes. Pero lo mas interesante estaba saliendo de la caseta misma.

Se les acercó un hombre robusto, en una armadura amarilla con vivos blancos en el peto y una hombreara estriada en color plata, dando tumbos de aquí para allá, como si estuviera borracho o muy enfermo. Se recargaba en la culata de un rifle de asalto desgastado, similar al que Alenko traía consigo. Su vestimenta estaba hecha jirones en algunos lugares y había parches de sangre fresca y seca alternando en algunas secciones de su torso. Parecía vagar sin rumbo, como si no estuviera en sus cabales. Kaidan tomó la escopeta de su espalda y le apuntó, pero una seña de Janice lo conminó a bajar la guardia.

- Es humano, tanto como mis sensores me permiten determinar. Esta vivo, pero en condiciones de salud deplorables - aclaró, observando al hombre a través del visor del casco de su armadura. Sus signos vitales eran estables, pero de un nivel peligrosamente bajo.

- Los dispensadores de medigel fueron arrancados de la armadura. Si lo hizo él mismo, tiene unas enormes ganas de vivir - comento Alenko señalando algunos puntos en el pecho, brazos y piernas del moribundo.

El tipo pareció reparar en la presencia de los sujetos frente a él y trató de levantar el rifle, sin mucho éxito:

- Vido... sal... de tu agujero... rata... miserable - murmuró en un tono tan bajo, que solo Janice lo oyó claramente. Al mismo tiempo trató de levantar el rifle, pero su cuerpo no se movió, desplomándose ante ellos, solo para tratar de reincorporarse con excesiva dificultad.

- ¿Que? - pregunto el joven soldado, poniéndose en guardia. El eco de ese pasado distante que trataba de olvidar, parecía acechar oculto en las palabras que había pronunciado el recién llegado.

- Está delirando. La actividad celular de su cuerpo va en incremento. Parece que estuviera enfermo o reaccionando a alguna sustancia... - comento ella acercándose a él y observándolo como si fuera una rata de laboratorio.

- Es el efecto del medigel. Estimula el metabolismo celular mitocondrial, haciendo que sus células trabajen el doble de rápido. Como consecuencia el cuerpo se vuelve mas eficiente en su funcionamiento, pero sus reservas de energía se agotan a una velocidad vertiginosa. Una dosis excesiva puede producir ese efecto que estamos viendo - dijo Alenko, señalando al tipo. Dada su pinta, adivinaba que era un mercenario.

La voz de Dante sonó en los comunicadores de ambos:

- [¡Tenemos compañía!. Hostiles armados acercándose por la calle lateral de su izquierda. Seis objetivos con armas ligeras, pero traen un vehículo terrestre con cuatro más de ellos con lo que parece armamento pesado. Recomiendo evasión inmediata] -

- Tal parece que alguien lo quiere muerto - la voz de la mujer reflejó un mínimo de tensión.

- No podemos dejarlo aquí. Esos tipos seguro vienen tras él. Además puede morir si no recibe atención medica adecuada - comentó el soldado de la Alianza, acercándose al robusto hombre y poniendo suavemente una mano en su pecho, para que se quedara en el suelo.

- [Califica como lastre para la misión. Realmente no podemos hacer mucho por él] - oyó la voz de Dante través del comunicador ultralínea - [Si lo ayudamos corremos el riesgo de atraernos la enemistad de quien lo estaba buscando. Yo digo que lo dejemos aquí. No podemos hacer nada más] -

- Podemos mandarlo de regreso a la nave. ¡Ustedes pueden salvarlo como hicieron conmigo!... - insistió Kaidan, levantándose y dirigiéndose hacia la mujer.

- [¡Comprenda Teniente!. ¡Nuestra misión es de búsqueda, no rescate!. Si lo ayudamos perderemos nuestra extracción de emergencia y apoyo aéreo por un par de horas, lo cual es muy riesgoso. ¡Estarán sobre nosotros en dos minutos!, ¡vamonos ya!] - comentó Angelo, en voz apurada.

- ¡¿Como puede decir eso?, ¡podemos llevarlo a un clínica y mantenerlo vivo maldita sea! - Kaidan estaba enfurecido. Hacia algunos días estaba dispuesto a aceptar circunstancias similares sin chistar. Ahora su fuero interno lo impulsaba a pelear rabiosamente por el derecho a vivir de esas otras personas, que antaño no le importaban demasiado...

Janice se sonrió un momento y se acercó hacia él.

- Para estar inmerso en un "nido de ladrones y gente de baja ralea", Teniente Alenko, se está preocupando mucho por un local - dijo Janice en un tono de sarcasmo que hizo que Kaidan quisiera estrangularla. Pero la robot no se detuvo allí. Sacó un paquete de primeros auxilios y administró una inyección al brazo del mercenario - Esta es una carga de nanomaquinas, junto con un suplemento energético. Le ayudarán a regular sus funciones y darle una oportunidad hasta que podamos encontrar atención medica adecuada para él. Llévelo detrás de ese parapeto y prepárese. Para ayudarlo tendrá que hacer algo más que cargarlo. ¡Capitán Dante, rodeelos y este listo para disparar a mi señal! - ordeno y corrió con una velocidad impresionante hasta una barricada, dando un salto y colocándose detrás de ella.

Kaidan iba a replicar algo, pero se detuvo anonadado. Decidió no tentar a su suerte con un comentario impropio. Jaló el cuerpo arrumbado del mercenario hasta detrás de un parapeto. Maldiciendo internamente su recién descubierta veta de samaritanismo, se concentró y verifico sus armas. En menos de un minuto podría tener que hacer uso de todas ellas...


Salón de recepción diplomática de la Torre del Concilio, La Ciudadela

Nebulosa Serpiente, cercanías de la Estrella Widow,

Brazo Galáctico Sagitario

"Las fiestas diplomáticas son como la vida salvaje. En lugar de verdes junglas, llenas de exhuberantes formas, dorados y secos pastizales resplandecientes a la luz de la tarde africana, inmaculadas y azulosas planicies heladas bañadas por los fríos vientos polares u océanos verdiazules y límpidos en los que la vida orgánica se estremece a cada segundo, los escenarios han sido cambiados. Cambiados por enormes salones metálicos, símbolos de la prosperidad y modernidad que los nuevos tiempos traen consigo. Venerados iconos del orden en que la evolución se recrea, pero en la cual, todos los asistentes son lobos...

Lobos en piel de cordero. Algunos mas disimulados que otros, pero al fin y al cabo depredadores todos ellos. Diplomáticos, políticos, celebridades... debajo de sus costosos y finos trajes, peinados perfectos y sonrisas lozanas, hay fieras. Fieras que deberían estar en los zoológicos, en lugar de andar sueltas por el mundo".

"Lupus est homo homini, non homo"...

Eso era lo que pensaba Lisa Hayes-Hunter mientras se movía entre el numeroso grupo congregado en la fiesta de recepción formal, que el Concilio había ofrecido para celebrar su llegada. No sabía hacia adonde podía mirar para evitar el rostro de alguno de los muchos representantes de los poderes que estaban allí congregados, esperando sacar una jugosa rebanada del pastel de novedad que representaba su llegada.

Ella podía lidiar con eso. Los diez años en que había sido la Almirante Hayes, encargada de llevar a buen termino el proyecto de la expedición Pionero, ante facciones políticas opuestas, le habían enseñado miles de cosas acerca de como negociar y lidiar con diferentes personas y grupos. A pesar de que varias veces pareció que distintas tormentas estaban por rebasar y hundir su frágil nave, la Almirante Hayes siempre supo llevar la empresa a buen puerto...

Por lo que veía, su gente tampoco lo estaba haciendo tan mal.

El Dr. Lang estaba manteniendo una charla amistosa con algunos representantes de varias razas. Los asesores científicos (sobre todo los Salarianos, que demostraban una enorme curiosidad hacia él) estaban sorprendidos de la facilidad que el viejo científico demostraba para entender los conceptos de la física de efecto de masa y hacer extrapolaciones a partir de sus propios conocimientos. Si a eso le aunaba su actitud afable y humilde, no era extraño ver que tuviera ya un nutrido grupo de oyentes.

Max Sterling por otra parte, estaba haciendo uso de su natural carisma para agradar a todos. La misma característica que le había granjeado simpatías en los principios de la FDR, estaba enamorando a los diferentes asistentes a la reunión. Sin duda podía ser motivo de preocupación para Miriya que la heredera de la compañía energética Eldfell-Ashland, la señorita Aishwaria "Aish" Ashland, conocida (y escandalosa) socialité, estuviera rondando insistentemente al maduro piloto. Sin embargo Miriya, que también lidiaba con una buena cantidad de admiradores humanos, asari y el ocasional elcor, aún tenía suficiente celo para abrazarse al brazo de Max de vez en cuando y aparecer insistentemente junto a él.

Rick era quien mas le preocupaba sin embargo. Su semblante se mostraba irritado, sino descaradamente molesto. No quería estar ahí y ella lo sabía. Había discutido con él antes de volar a la recepción. La razón de su enojo habían sido las normas que la Ciudadela había impuesto para el establecimiento de su embajada. Considerando su situación, muchas de las restricciones y términos del llamado "Tratado de Farixen" no aplicaban para ellos. Sin embargo esperaba honrarlos en lo mas posible hasta que los esfuerzos conjuntos de las naciones les ayudaran a encontraran una forma de volver a casa.

La negativa de uso de los sincrocañones era, sin duda, lo que mas le sacaba de quicio. Después que los representantes de las razas del Concilio vieron lo que su arma principal era capaz de hacer, el miedo en sus rostros se acrecentó considerablemente. Ella le había dicho que era natural que pusieran esa restricción, considerando que era tecnología que habían acordado no negociar ni ceder a nadie, pero eso no hacía la situación menos tensa. Le había pedido que tratara de sobrellevar las circunstancias, pero el Almirante no había sido especialmente asertivo en ese punto.

No lo había perdido de vista durante toda la noche, mientras hacía sus propios esfuerzos para mejorar las relaciones de su gente con los otros extraterrestres. Las Asari y los Salarianos (especialmente el consejero Amoth) se habían acercado a ofrecerles ayuda desde el primer día. Los Turianos habían tardado mas en aceptarlos, su orgullo herido por lo que pasó con la Flota de la Ciudadela se interponía en su camino. Según lo que el Capitán Anderson (quien había hablado en su favor ante los embajadores humanos, ¡bendito fuera!) había dicho, no era una situación extraña, debido a lo que pasó durante la Guerra del Primer Contacto. Suponía que los Turianos estaban haciendo acopio de sus fuerzas para enfrentarse a una segunda situación humillante a nivel galáctico en relativamente poco tiempo, así que trataba de no darles mas motivos para el enojo.

Le preocupaba más la Alianza de Sistemas. Bien sabía ella que no podía cortar relaciones con el planeta madre indefinidamente, puesto que habría elementos de su tripulación curiosos acerca de la suerte de la Tierra en esta dimensión (a pesar de que muchos de ellos habían nacido en Tirol y jamás habían visto la esfera natal azul en persona). Pero la existencia de ese grupo Cerberus le preocupaba de sobremanera. Mucho recordaba el daño que T. R. Edwards hizo con la tecnología capturada del Invid y no quería en nada repetir semejante experiencia.

..."quom qualis sit non novit", terminó su pensamiento.

"Plauto y Hobbes... ¡que razón tenían!".

Había perdido de vista a Rick. Una mirada rápida al abarrotado salón y lo encontró. Estaba charlando amistosamente con los dignatarios terrestres, con el canciller Udina cerca de ellos, actuando como respaldo diplomático. No le gustaba el embajador humano. Como los buenos políticos, parecía esperar el momento oportuno para virar las cosas en su favor. Pero tampoco le quitaba el sueño. Menos cuando el Capitán Anderson estaba junto a él para ponerle un freno. El haber sido mentor de Jenny Sparks lo hacía un aliado natural que no podían darse el lujo de negar. Además Rick había encontrado en él un alma afín, y su visión personal acerca de los acontecimientos de la Ciudadela había resultado muy certera a la hora de tratar con ciertos elementos de la sociedad galáctica.

Ahora mismo, el Almirante se alejaba del grupo de políticos y se dirigía hacia ella, copas en mano, con el pretexto de llevarle una bebida. Lisa sonrió y dejó que él se acercara. Se excusó de la charla que mantenía con un fervoroso embajador Hanar, y se acercó a su marido, quién parecía sofocado, jalándolo hacia una terraza alejada del bullicio:

- ¿Que sucede Almirante?. Parece... incordiado - comentó en voz baja, señalando al animado convite que tenían a sus espaldas y cerrando la puerta de cristal polarizado que los aislaba del ruido. Se recargó en la baranda de la solitaria terraza, que daba a una vista magnífica de la rosácea nebulosa Serpiente, con las luces multicolores del Presidio y los Distritos iluminando la noche artificial.

- Demasiadas relaciones publicas en muy pocos minutos... - respondió él, sentándose en una mesa cercana y llamándola hacia sí suavemente - ...si hubieras oído a los presidentes de la Tierra... entiendo que todos quieran un pedazo de nuestra tecnología o un compromiso con nosotros (después de ver lo que paso hace unas semanas yo trataría de hacer lo mismo). Pero a veces son tan sofocantes... - ella se acercó, y el le extendió una copa espigada, de una forma muy poco ortodoxa. Sentándose en sus piernas, bebió un sorbo. Era un vino asari de color dorado y regusto un poco dulzón, que le había caído de maravilla.

- Entiendo que no estés a gusto Rick. Pero es importante que vean que el Almirantado es capaz de cumplir ciertas funciones de protocolo. Yo tampoco me la estoy pasando tan bien. Esos Hanar, con su excesivo formalismo ("Este humilde servidor espera poder aclarar con su excelentísima persona asuntos concernientes al papel de su nación en la galaxia") pueden ser muy insistentes a la hora de hablar de los... ¿como los llaman?... "los Dómines"... sí, ese es el nombre - dijo ella echándole los brazos al cuello, en actitud aniñada e imitando la ultracorrecta flema alienígena.

- Los Proteanos... un misterio más de todos los que ha traído este lugar. Si no fuera por las diferencias físicas entre ellos, pensaría en los Maestros de la Robotecnia y la gente de Tirol - comentó él tomando un sorbo de su propia copa.

- Bueno... tengo entendido que los Tirolianos existieron como civilización desde antes que estos Proteanos llegaran a dominar la galaxia. Pero un pueblo así no desaparece tan súbitamente, aunque es cierto que la decadencia y el tiempo suelen acabar con los vestigios de muchas naciones, pero aún así... ¿crees que cuando nos hayamos extinto como especie, las otras razas nos recuerden siquiera? - dijo ella de pronto, su imaginación exacerbándose hasta niveles desconocidos.

- Yo así lo creo, por lo menos los pueblos que hemos ayudado lo harán. Tendría que suceder algo terrible para que no fuera así - le dijo él tranquilamente.

- Pero cincuenta mil años es un largo tiempo. Y en él cualquier cosa puede suceder - su tono era pensativo y de nostalgia. Era difícil considerar, aunque no lo dijeran, que quizá nunca volvieran a casa...

- También eso es cierto. De pronto te ha entrado la vena sentimental. ¿Qué?, ¿la medusa voladora gigante te ha incordiado?. Quizá estas perdiendo el toque muchacha - Rick se contuvo de soltar una carcajada y solo esbozó una sonrisa, acercando su nariz a la de su mujer en un gesto cariñoso que ella le devolvió sin dudar. La intimidad entre ellos no había desaparecido, pero desde que perdieron a su hijo, cuando la rebelión de Edwards, las cosas no habían sido iguales...

- Te dejaré hablar con el embajador cinco minutos y veremos quien esta perdiendo el toque - le dijo ella recuperando su animo y cerrando los ojos, para recargar su cabeza ligeramente sobre su pecho. Extrañaba y añoraba esos momentos fugaces de paz, que eran tan escasos en medio de la tormenta.

- Por otro lado el Doctor Lang y Max parecen estar pasándosela muy bien... - agregó suavemente.

- ¡Bah!, Max siempre ha sido un poco presumido, a pesar de lo mucho que diga lo contrario. Y el buen doctor esta en su elemento. No me extrañaría que nuestras relaciones publicas mejoraran en gran medida por lo que ellos están haciendo. Sorprendentemente, Miriya parece estar llevando la fiesta en paz... - dijo él levantando el rostro y viéndola a los ojos. No le gustaba estar enojado con ella, pero a veces le costaba un poco lidiar con la incesante presión de ser el líder de una nave perdida en un mundo alterno.

- En realidad esta observando detenidamente a la chica Ashland. No me gustaría estar en los zapatos de esa muchacha si incurriera en la mala fe de nuestra querida alienígena - la embajadora enfatizó con un gesto de su dedo índice y haciendo una mueca.

- ¡Eso sería muy malo para nuestras nuevas relaciones galácticas!. ¡No podemos dejar que nuestra colaboradora Zentraedi cree un escándalo interestelar!... - dijo él tomando la pose de mayor gravedad que pudo y suscitando una mirada seria de su esposa.

Ninguno de ambos pudo sostener la postura por mas de unos segundos y enseguida soltaron una carcajada estrepitosa, que sin embargo fue ahogada por el ruido de la reunión. Rieron hasta rabiar y una vez que la gracia paso de largo se vieron a los ojos y olvidaron sus problemas por un rato. Nada parecía perturbar la quietud de su abrazo. ¿Cuanto hacía que no estaban juntos, en una situación tan pacífica?. Ninguno de ellos lo recordaba, pero en ese momento no importaba en lo más mínimo.

Tras unos minutos que parecieron años, el carraspeo callado de una voz cansada los sacó de su ensoñación:

- Embajadora, Almirante... - la voz del Capitán Anderson los hizo voltear y levantarse intempestivamente - No era mi intención interrumpirlos pero... - dijo el militar en el traje de gala azul con vivos dorados, de la Alianza.

- No se alarme Capitán. ¿En que podemos ayudarle? - pregunto ella mientras alisaba parte de su vestido. Rick acomodo el nudo de su corbata y después ambos se acercaron.

- Se trata de ustedes amigos. La Matriarca Lidanya y El Alto Mando de la Flota de la Ciudadela han llegado y están buscándolos, a usted y a su esposa. Me parece que quieren conocer a los mandos de la nave que mantuvo a raya a su ejercito -

Rick se despabiló al oír eso. La Matriarca había externado en comunicaciones posteriores a la declaración de tregua, que quería conocer personalmente al hombre que comandaba el SDF-3. Pero no esperaba que todos los mandos de la Flota estuvieran con ella.

- Bueno, creo que le toca jugar a la diplomacia Almirante. Nomas no vaya a causar un incidente interestelar - le dijo ella en tono sarcástico.

- Gracias Capitán. Iremos en un minuto - dijo y el viejo soldado se alejó de nuevo hacia el interior del salón. Rick volteo a ver a su compañera:

- ¿Qué?, ¿no vas a venir conmigo a conocer a la Matriarca?. Tengo entendido que las Asari, a pesar de su gran longevidad se conservan muy bien. Si todas ellas envejecen con la gracia de la Consejera Tevos, voy a disfrutarlo bastante - comentó Rick en tono mordaz, embromandola.

- No querido... - dijo ella arreglándose el cabello y aplicando el mismo tono mordaz - Me temo que el embajador Elcor prometió presentarme a Francis Kitt, un dramaturgo que está pensando en montar una versión de "Hamlet" con un reparto muy singular, cien por ciento Elcor. Shakespeare es un clásico y yo... no pude resistirme -

- ¿De cuando a acá te gustan los clásicos? - dijo el en tono genuinamente sorprendido.

- Cuando te retiras de la milicia mi amor, encuentras que de pronto tienes una cantidad de tiempo enorme y no sabes que hacer con él. Yo decidí usarlo para repasar las lecturas de mi juventud. Recuerdo que leí "Hamlet" a los quince... -

- ¿Leíste "Hamlet" a los quince años?, yo apenas empezaba a hojear "Sueño de una Noche de Verano" a esa edad -

- Si, bueno... de hecho había leído "Romeo y Julieta" y "Sueño de una Noche de verano" antes, cuando tenía doce... en ese entonces era una completa nerd. Comprenderás que no llegue a ser la mejor de mi clase solo por mi bonita cara... - dijo ella con aire de suficiencia, tomando el último sorbo de su copa.

- En eso tienes razón. Nunca debí llamarte "vieja arpía" cuando te conocí... debí decirte "ratón de biblioteca" - otra mujer hubiera reaccionado de mala manera. No ella, después de todo lo que habían pasado juntos.

- No tientes a tu suerte Hunter. ¡Diviértete con tus nuevos amigos! - le dijo y dándole un beso en la mejilla se alejó hacia la fiesta.

Rick lanzó un largo suspiro mientras se acomodaba las medallas y honores. Cuando salió de nuevo a la fiesta y se encontró al Capitán Anderson, este pregunto ceremoniosamente:

- ¿No nos acompañará su esposa? - a lo que Rick dijo con parsimonia.

- Me temo que no capitán. He intentado cambiarla por una mujer mas vieja... y ella me ha cambiado por un hombre muerto hace mas de cinco siglos... -


Estación Espacial Omega, Sistema Sahrabarik,

Nebulosa Omega, Sistemas Terminus,

Brazo Galáctico Norma

Angelo observó la escena a través de la lente de ampliación digital del casco de su armadura. Los soldados que estaban llegando a la plaza estaban rastreando una señal en un dispositivo parecido a un guantelete holográfico que uno de ellos traía en el brazo.

El teniente Alenko les había contado de eso: Una omniherramienta.

Louis y los otros científicos hablaban maravillas acerca de esa tecnología y mencionaban sus posibles aplicaciones a su propios mecanismos. Pero por el momento no era tiempo de dilucidar acerca de las ventajas de semejante artefacto. Los soldados habían llegado a la encrucijada donde se levantaba el emplazamiento y empezaban a peinar el área. Cinco de ellos humanos (entre ellos un par de mujeres, una de las cuales venía cargando lo que parecía un lanzador de cohetes) y otros tres alienígenas que correspondían al perfil que el teniente había mencionado sobre los llamados "Turianos". Dos más de ellos, con cuatro pares de ojos, cuyo perfil era desconocido. Todos en armaduras personales que estaban teñidas de vivos azules con distintivos en blanco y plata.

Su mente recordó rápidamente lo que había dicho Janice:

- Estamos en inferioridad de fuerzas, así que trataremos de escondernos lo más posible. Ese parapeto portátil que esta en medio de la plaza tiene un baúl en el que pueden caber dos personas un poco apretadas. Recomiendo que pongamos ahí a nuestro protegido. Mientras permanezca inconsciente no será ningún problema. ¡Rápido!, ya se acercan -

Permaneció alerta mientras veía a los hombres y criaturas armadas acercarse hacia la plaza, escudriñando en los rincones y moviéndose en perfecta sincronía. No le gustaba en nada lo que veía. No eran hombres entrenados a la ligera o simples matones a sueldo. Sus movimientos al desplazarse y la forma de realizar sus patrones de búsqueda hablaban de gente con experiencia en combate. Si se presentaba una balacera las cosas podían complicarse.

Kaidan por su parte, había metido el cuerpo del mercenario en el contenedor y corrido a esconderse en el puesto de guardia. Perdió de vista a la mujer, pero no se había preocupado en buscarla, teniendo a los mercenarios tan cerca. Tomó la escopeta de su espalda y se preparó mentalmente. Había acerado su concentración durante sus viajes en la Normandía, y las pequeñas notas de nerviosismo que lo asaltaban al inicio de su misión se habían desvanecido, sustituidas por una calma no del todo inesperada.

Un humano de piel oscura, se separó del grupo y se acercó al parapeto del centro de la plaza:

- ¡¿Donde se habrá escondido, maldito viejo escurridizo? -

- ¡Silencio N´kano!, ¡el bastardo pasó por aquí! - comentó un Turiano sin insignias visibles de rango, con el cual todos los demás sin embargo, actuaban con deferencia, levantando los cuerpos de los pobres diablos que su presa había mandado al infierno:

- ¡Patrón de búsqueda alfa!, ¡revisen toda el área!. Ese estúpido viejo es bueno con un rifle de francotirador, y si consiguió uno, vamos a tener serios problemas. ¡Persius, Richardson!, busquen en las azoteas, allí y allá… - señaló, indicando diferentes emplazamientos en las ventanas y azoteas de los edificios contiguos. Kaidan pensaba en que el Capitán Angelo no se los iba a topar de frente, pero si el combate se desataba ahora, podían obtener ventaja posicional.

- [Capitán Dante. Se están separando. No inicie acciones hostiles, a menos que sea absolutamente necesario] - la voz de Janice zumbo en el comunicador - [Esperemos que al no encontrar nada, se retiren pronto] -

- [Entendido] - oyó al gigantesco soldado responder. Kaidan pensó en su posición relativa en el campo de batalla. Se había metido dentro de un contenedor de armas que era bastante estrecho, había puesto algunas cajas a sus lados y esperaba que al aparecer como una más del montón, no se molestaran en revisar. Oyó gritos de ordenes a uno de ellos y enseguida sintió vibraciones en el piso de la caseta.

Alguien había entrado a revisar y por la regularidad y fuerza de los pasos, especulaba que no estaba muy a gusto con esa tarea. Lo oyó moverse rápidamente a través de la estructura, sus pasos metálicos resonando cada vez mas cerca del grupo de cajas. Sintió un súbito incremento de calor y notó un ligero hilillo de sudor corriéndole por la frente, y dejando pegajoso el interior del casco de su armadura. Los pasos se acercaron un poco y después un poco más. Sonido de cosas cayendo. Puertas abriéndose, quien quiera que fuera estaba revisando los armarios del interior. Papeles y gavetas cayendo al suelo de plastiacero. Las vibraciones se estaban acercando. Se dio cuenta de pronto que estaba conteniendo la respiración inconscientemente, los altavoces de su casco amplificando la intensidad de los sonidos que lo rodeaban.

Un golpe por encima de él y supo que el guardia había llegado a buscar al punto donde estaba escondido. Contuvo la respiración conscientemente esta vez y levantó la escopeta hasta su pecho, preparándose para saltar como una serpiente cuando el soldado descubriera (si es que lo hacía) su improvisado escondite. La tapa del contenedor adonde estaba no se movió sin embargo:

- [Paren la búsqueda, avanzaremos al siguiente punto] -

Oyó la comunicación enemiga suficientemente claro, signo inequívoco de que el buscador estaba cerca, demasiado para su gusto. Oyó los pasos alejarse empero, y se relajó. De pronto se dio cuenta de que estaba apretando demasiado fuerte el mango de su arma. La voz de Janice llegó a su comunicador:

- [Se alejan... le indicaré cuando sea seguro salir teniente] -

Alenko esperó. Ya no oía ruidos cercanos y se atrevió a levantar la tapa del contenedor. Nadie en los alrededores. Se levantó un poco más, para acrecentar su rango de visión. Alcanzaba a divisar el baúl donde había almacenado el cuerpo yaciente del viejo herido. No detectaba movimiento de ninguna clase.

De pronto sucedió.

Oyó un ruido como de golpes sobre una superficie metálica y volteo a ver el baúl. Este se sacudía fuertemente como si algo o alguien quisiera salir...

Janice vociferó en el comunicador:

- [¡Maldición!, ¡nuestro conocido se despertó y el enemigo se ha dado cuenta!, ¡Teniente Alenko!, usted está mas cerca, ¡sáquelo de ahí!] -

Al oír eso Kaidan salió como un rayo de su escondite. Corrió fuera de la caseta y volteo a a su izquierda cerca del parapeto, donde estaba el baúl. Abrió la tapa para encontrar al ex-viejo moribundo hecho una furia, golpeando sin cesar la tapa metálica.

- ¡Déjenme salir miserables! - gritó, lanzando un puñetazo cuando se dio cuenta de que su prisión se abría.

- Sssh... cierra la boca anciano, o nos vas a meter en problemas - susurró Alenko esquivando el bólido que se dirigía a su cara. Zaeed Massani se levantó cuan largo era, y pronto Kaidan se dio cuenta de que fuera de su escondite el viejo, iba a ser difícil mantenerlo oculto. Demasiado tarde...

- ¡Allí esta!, ¡abran fuego! -

Ambos voltearon al unísono para ver a los Soles Azules levantar sus armas. El joven soldado no lo pensó dos veces. Una fracción de segundo bastó para dar un paso al frente, concentrándose y haciendo el gesto mnemotecnico que invocaba su barrera biotica. El aura azul envolvió su cuerpo, mientras los disparos rebotaban a toda velocidad. Sacó al viejo de la trayectoria de las balas con un empujón y disparó contra sus agresores mientras se ponía detrás de una cobertura. La adrenalina corría desbocada por su cuerpo. En un momento se dio cuenta de que la carga en su espalda se aligeraba. Volteo a ver rápidamente como el maduro mercenario desensamblaba su rifle de precisión a una velocidad increíble:

- ¿Que haces?, ¡maldición!, ¡eso no te va a servir! - dijo tratando de levantarse para detenerlo. Una nueva serie de ráfagas lo hizo quedarse en su lugar.

- ¡Ja!, ¡sigue soñando hijo! - dijo y terminó de desarmar el mango del rifle. De pronto la protección biométrica que impedía que alguien más usara esa particular pieza de armamento, se desactivo ante la mirada atónita de su dueño.

- ¡Maldita sea!, ¿como...? - no pudo terminar su frase porque el viejo saltó por encima de él y rodó hasta otro parapeto cercano. Levantó el arma y apuntando sobre uno de sus brazos disparó, justo a tiempo para detener a una de las chicas humanas, que apuntaba con el lanzacohetes.

Para Kaidan fue como si la acción se desarrollara en cámara lenta. El acelerado tiro impactó sobre el cuerpo del arma, dañandola y ocasionando una sobrecarga que causo que el ingenio le explotara en el rostro a la desafortunada mujer. El antes moribundo había tardado menos de dos segundos en apuntar y disparar.

- ¡Guevara!, ¡malditos sean! - se oyó del otro lado de la barrera y las ráfagas se intensificaron.

Una comunicación lo hizo despabilarse:

- [Están tratando de rodearnos, interceptando al enemigo. Capitán Dante, fuego a discreción] -

La voz de Janice se oyó clara y tranquila, como desprovista de cualquier emoción. Lo que hizo mayor el contraste con el grito escalofriante de un Turiano que caía atrás de ellos, estrellándose en uno de los soportes del parapeto con un crujido excruciante que mostraba que su espalda estaba rota. Otro grito más y un hombre caía de la azotea, con su pecho perforado por un arma energética de gran calibre. Trató de no perder su concentración, aunque los gritos lo habían sobresaltado. Salió rápidamente de la cobertura y disparó contra los restantes oponentes. Un empujón biótico lo propulsó hacia atrás. Varios tiros rebotaron en su barrera biotica, que finalmente cedió. De no haber sido por los escudos de su armadura, varias balas le hubieran perforado el cuerpo. Oyó un nuevo tiro del rifle de precisión y un nuevo grito ahogado, ¡ese viejo era una verdadera amenaza!.

- ¡Maldición, todos al vehículo! - grito el líder de los mercenarios, al ver que su compañero Persius (al que había mandado junto con Richardson a asegurar las posiciones de francotirador) caía estrepitosamente desde el último piso de la edificación a su derecha, para decorar el suelo con un plasta informe de sangre azul:

- ¡Usen los lanzallamas! -

Kaidan se levantó para ver el vehículo, que no había participado en las acciones anteriores, dando la vuelta vertiginosamente y trayendo su trompa al frente, sendos lanzallamas lanzando chorros de fuego sobre el parapeto y la caseta detrás de la que ambos hombres estaban escondidos. Apenas a tiempo lograron ponerse a salvo, el aire calentándose mas allá del punto de ebullición en meros segundos:

- ¡Hijos de puta!, ¡yo también se jugar con fuego! - gritó su compañero y tomó lo que parecía una granada de su cinturón. Ya estaba preparado para lanzarla, cuando la mano de Kaidan lo detuvo:

- ¡Espera a mi señal! - le dijo sosteniéndole la mano firmemente.

- ¡¿Y tu quien rayos te has creído para darme ordenes? - volteo el mercenario con cara de pocos amigos.

- ¡El idiota que esta arriesgando su pellejo por ti, viejo miserable! - grito el soldado de la Alianza, sin amedrentarse.

- ¡No necesito tu jodida...! - empezó de nuevo el mercenario, soltando su brazo de la mano de Kaidan.

- ¡Lanza ahora! -

Kaidan se levantó, justo al momento en que los lanzallamas terminaban una descarga más y, juntando toda la energía oscura que era capaz de conjurar, lanzó una esfera que cambiaba sin cesar entre el violeta y el negro mas puro, justo hacia el vehículo. La esfera golpeo de lleno en el cuerpo frontal y provocó una serie de oscilaciones en el chasis que parecía iban a destrozar la carrocería. Zaeed tiró la granada arrojándola al cofre, pero manteniéndose lejos del alcance de las armas montadas.

El explosivo estalló una fracción de segundo después, achicharrando completamente el frente y deshabilitando uno de los lanzadores. Una nueva ráfaga de fuego salió disparada, alcanzando a Kaidan en el torso. La barrera detuvo mucha de la potencia calorífica del disparo, pero el centinela todavía sintió como si su cuerpo se estrujara súbitamente. Un dolor ardiente lo impulsó a arrojarse hacia atrás, mientras su reluctante compañero arrojaba una nueva dosis explosiva al chasis, sin mucho efecto.

- ¡Necesitamos mas poder de fuego! - ladró al comunicador.

- [Yo me encargo. Aléjense lo mas que puedan] - la voz de Angelo Dante le llego como un mortal susurro.

Cosa nada fácil pues el transporte se acercaba hacia ellos a gran velocidad. Zaeed alcanzó a levantar al joven Kaidan y se precipitaron por la baranda del parapeto hacia el otro lado, cayendo un par de metros y levantándose a toda prisa, mientras el enemigo pasaba de lado dañando la construcción. Volteo a ver mientras corría, la silueta azul oscuro del Capitán Dante. Estaba parado frente al grupo enemigo sin levantar su arma. El bólido se precipitó hacia él y parecía arrollarlo. Pero antes de hacer contacto, Angelo activo los impulsores de su armadura Ciclón, saltando e impulsándose para esquivarlo. Al mismo tiempo activó el sistema "Recluso" que era parte del armamento ordinario de todos los Ciclones.

El "Recluso" era un sistema de granadas impulsadas por cohete, resultado de la investigación y experimentación de las fuerzas humanas por casi cincuenta años en sistemas ofensivos anti-mecánicos. Pequeños cohetes de corto alcance que eran guiados efectivamente por láser o radar, hasta veinte centímetros de su objetivo. El tipo de explosivo cargado en ellos era casi siempre anti-armadura, pero a veces, como en esa ocasión, se les podía poner explosivos de alta potencia. Dos de ellos hubieran bastado para reducir a chatarra insalvable un vehículo como el que sus enemigos pilotaban, pero el estándar de disparo de las armaduras Ciclón era seis...

Una compuerta en el pectoral izquierdo de la armadura, se abrió para dar paso a un grupo de pequeños cohetes, cuyas trayectorias hicieron algunas curvas y tirabuzones, hasta que se estrellaron contra el transporte, en medio de los gritos de terror y espanto de sus tripulantes. Angelo aterrizó a unos metros de los restos calcinados de la caseta de vigilancia, mientras una bola de fuego se levantaba a sus espaldas. Zaeed y Kaidan estaban atónitos. Esa clase de poder de fuego en una armadura personal era impensable en la milicia de la Alianza. Angelo ni siquiera se molesto en voltear a ver el desastre. Echo a caminar hacia ellos:

- ¡No te acerques muchacho!, quien quiera que seas, ¡un paso más y te dejaré un jodido agujero en la frente! - comentó Zaeed poniéndose en guardia y apuntando con el desarmado rifle de precisión al gigantesco soldado que se aproximaba.

- Yo tomaré eso - dijo Janice, apareciendo por detrás y tomando el rifle de las manos del caza-recompensas, sin que este pudiera hacer nada para viejo mercenario no opuso mayor resistencia, cansado como estaba de semejante esfuerzo.

- ¡Espero que todo esto haya valido la pena Teniente Alenko... - dijo Dante, sin ocultar el disgusto en su voz y encarándose con el centinela:

- ... porque acaba de hacer nuestra misión más difícil! -


Salón de recepción diplomática de la Torre del Concilio, La Ciudadela

Nebulosa Serpiente, cercanías de la Estrella Widow,

Brazo Galáctico Sagitario

Rick Hunter caminó, siguiendo al Capitán Anderson a través de los recovecos que los invitados dejaban para pasar. Inclusive un par de veces tuvo que detenerse para dejar que otros invitados, que no parecían reparar en su identidad, recularan y les dejaran el camino libre.

Se dirigió al Capitán Anderson, cuando este le mencionó que debían salir del salón diplomático:

- La Matriarca y los jefes militares están en uno de los salones contiguos. El Almirante Hackett, además de un servidor, nos hemos ofrecido a acompañarlo -

- Agradezco el gesto Capitán. Pero no creo que sea necesario tanta formalidad. Sin embargo si quieren asistir a esta reunión informal como mis invitados, será un placer... -

Unos segundos después se encontraban con el otro militar. El Almirante Hackett era mas viejo que ellos, con una barba encanecida y una presencia que le daban un aire de autoridad bien merecido.

- Almirante Hunter. La Matriarca Lidanya ha expresado una gran curiosidad respecto de su persona - comento Hackett saludándolo de mano - tal parece que los extraterrestres están muy impresionados por lo que hizo -

- Yo también estaría impresionado si una nave desconocida, salida de la nada, fuera capaz de detener a una flota tan poderosa como la de la Ciudadela. En mi dimensión hubiera representado graves problemas. Es interesante como algunos alienígenas aquí se lo están tomando con tanta calma - aclaró Rick correspondiendo al saludo.

- En general así lo parece Almirante. Pero tenga por seguro de que las razas del Concilio no duermen bien desde que sus fuerzas armadas fueron evidenciadas. Puedo apostar que los Salarianos en especial, han tratado de infiltrarse mas de tres veces al día de hoy, en sus sistemas computacionales... - comento Anderson con suspicacia.

- Sí... he recibido reportes de intentos de infiltración de bajo nivel. Nada que nuestras defensas informáticas no puedan repeler hasta el momento - comento el ex-piloto. Ya había tenido reportes de infiltraciones, hacía mas de cuatro días atrás. Y desde ese momento había incrementado la seguridad, tanto personal como informática de la nave. Habían establecido una cortina de comunicaciones con una inteligencia artificial de bajo nivel, que se encargaba de mandar mensajes. Las ordenes de cierto nivel de importancia sin embargo, se hacían por vía ultra-linea.

- No se confíe Almirante. Una de las cosas que hemos aprendido con los Salarianos, es que tienen mucha experiencia recabando información, legal o ilegalmente... - agregó Hackett, mesándose un poco la barba de chivo que adornaba su rostro.

- Entiendo... gracias por la información. ¿Procedemos entonces? - pregunto el oficial de la FER, pero Anderson lo detuvo tomándolo del hombro:

- Sugiero esperar unos minutos Almirante. Hay alguien a quien quiero presentarle -

Esperaron un poco más, discutiendo acerca de los eventos de los últimos días. Fue entonces cuando Anderson vio a la Dama Irsana, una de las asistentes de la Matriarca acercarse. Era una Asari de piel de un color casi purpura, con marcas ceremoniales en su frente y portando un vestido que revelaba su bien delineada silueta. Seguramente tenía ordenes de averiguar el porque del retraso

- Capitán Anderson: La Matriarca y sus invitados esperan al Almirante Hunter y acompañantes. ¿Porque la demora? -

- Dama Irsana, esperamos a un último invitado. Lamento que la reunión se retrase por esto pero... - interrumpió el capitán, mientras miraba de reojo a las personas que se aproximaban.

- ¡Podemos irnos ya! -

Todos voltearon hacia el corredor. Aproximándose entre la multitud, que se abrió hacia los lados para darle paso, apareció un hombre robusto, vestido en el mismo uniforme azul oscuro con vivos dorados de la Alianza, que parecía acomodarse perfectamente a su cuerpo. El corte de cabello estrictamente militar y el aire de mando lo delataban...

- Comandante Shepard de la Alianza de Sistemas reportándose. Almirante Hackett, Capitán Anderson... -

- ¿El Comandante Shepard estará con nosotros también?. ¡Esto es inesperado, pero resultará bastante atractivo para la Matriarca! - la Asari sonrió, mostrando una sonrisa perfecta que había sido la ruina de varios humanos y alienígenas.

- Iremos en un minuto Dama Irsana - terminó Anderson y ella se excusó, regresando al cuarto donde los otros extraterrestres esperaban.

Mientras ella se alejaba, Rick observó al recién llegado. Había oído comentarios en la reunión acerca de ese personaje y estaba sinceramente intrigado por su carisma. Conocer al recién promovido primer "Espectro" humano, además de alguien que estaba considerado por la comunidad galáctica como "un ejemplo de lo mejor que la humanidad podía ofrecer", era el broche de roro perfecto para poner fina a la velada:

- Almirante Hunter, permitame presentarle al Comandante Locke Shepard, primer miembro humano del Grupo Especial de Tácticas y Reconocimiento de la Ciudadela, héroe del Ataque Skyliano, Capitán de la SSV Normandía, y promesa de la Alianza. Shepard: el Almirante Hunter de la Fuerza Expedicionaria Robotech, nuevos aliados del Concilio... - dijo el Almirante Hackett con un poco de resentimiento en su voz, que no se hizo aparente sino en la última parte de la frase.

- Es un gusto conocerlo Comandante Shepard. He oído muchas cosas de usted en los últimos días, especialmente de parte del Capitán Anderson. No tiene mas que elogios para usted - dijo Rick en tono amistoso pero sin dejarse impresionar.

- Gracias Almirante, aunque debo confesar que no todo lo que se dice de mi es verdad. Mucho de ello son exageraciones. Debo preguntar... ¿Es su milicia la poseedora de la nave estacionada en orbita de la Ciudadela?. Debo admitir que nunca había visto una nave de construcción humana tan grande e impresionante - comentó Shepard. No era muy ducho en cuanto a relaciones sociales, pero hablar con otros militares siempre se le facilitaba.

- La modestia esta entre las cosas que oí de usted y por lo menos eso puedo asegurar que es verdad. Si Comandante... El SDF-3 ha sido laureado mas veces de las que yo quisiera,aún si esta mal que yo lo diga. El grupo alienígena que nos espera sin embargo, no parece estar muy feliz de su presencia –comentó Rick, en un tono de sorna que hizo a Hackett levantar una ceja.

- Leí los reportes de situación en cuanto llegué a la Ciudadela. Es una gran proeza la que usted y sus fuerzas lograron -Shepard se adelantó antes de que el Almirante Hackett pudiera hacer un comentario inoportuno.

- Corrimos con suerte Comandante, eso es otro lado, sus propios méritos no me son desconocidos. En nombre de la Fuerza Expedicionaria debo felicitarlo por su gran nombramiento, a pesar de las circunstancias poco agradables en las que tuvo lugar - el ex-piloto dijo estrechando la mano de Shepard, quien asintió sin decir nada.

- ¡De pronto le sale la vena política Almirante Hunter!...pero creo que eso es como una segunda naturaleza para nosotros los militares - dijo el Almirante Hackett.

- No gracias... A mi me gustan mas las cosas simples como mandar en una nave y enfrentar al enemigo - dijo Anderson, poniendo una cara larga. Todos se rieron del comentario.

Unos minutos después, entraron en el salón adjunto, donde el Alto Mando de la Ciudadela los esperaba. Los líderes eran un grupo de Turianos, Salarianos y Asaris que parecían a medio camino entre el enojo, la sorpresa y la diversión debido a la presencia humana. Cuando ambos grupos estuvieron uno frente al otro, todos se pusieron en pie:

- ¡Bienvenidos sen todos!, Almirantes Hunter y Hackett, Capitán Anderson... ¡y el Comandante Shepard!. ¡Sin duda, lo mejor que la humanidad puede ofrecer esta reunido en esta habitación! - una Asari se adelantó hacia ellos, vestida en una túnica ceremonial en rojo y azul, hecha de una tela brillante como la seda y que parecía suave al tacto como el terciopelo:

- Soy la Matriarca Lidanya, Capitana del dreadnought "Ascensión del Destino", y Comandante en Jefe de la Flota de la Ciudadela. Me alegra que hayan podido acompañarnos esta noche -

Vieron a la Asari acercarse a Rick y tenderle la mano. Este la observó un momento y después la estrecho fuertemente:

- Es un honor conocer a la persona que fue capaz de repeler a la flota del Concilio incluyendo a su nave mas poderosa - dijo ella en tono tranquilo. La tensión subyacente en los humanos se disipó con ese gesto.

- También es un honor para mí conocer a la oficial que fue capaz de desafiar a sus superiores e interceder por nosotros, Matriarca. Sin usted no estaríamos aquí - Rick se perdió en la profunda mirada de la extraterrestre.

Había incontables años reflejados en sus ojos, además del recuento de numerosas batallas. Sin embargo también había madurez y compostura en ellos, además de una fuerza de carácter que había sido probada innumerables veces y no había fallado jamás. Irradiaba confianza pero no arrogancia, e inspiraba una gran devoción en aquellos que le eran leales. Una mirada a sus ojos y Rick supo que había hecho bien al confiar en ella.

- ¡Me alegra que no hayamos tenido que enzarzarnos en otra batalla!. ¡Me aterra pensar lo que una nave la suya, al mando de un oficial como usted es capaz de hacer! -

- Bueno Matriarca, nuestras opciones eran reducidas en esos momentos. Se había decido que no íbamos a usar toda nuestra fuerza. A riesgo de sonar presuntuoso, pero de haber sido de otra forma, mas de la mitad de nosotros, incluyéndome, no estaríamos aquí para contarlo -

- ¡Eso es una exageración! - saltó un capitán Turiano.

- La suya era una sola nave, mientras que los números de la Flota de la Ciudadela alcanzan mas de quinientas unidades, mas otras flotas de soporte. ¿Como cree que podría haber ganado? - pregunto un Salariano igualmente ofendido. Los rumores empezaron a llenar el cuarto y Hackett miró a Anderson con la preocupación pintada en el rostro.

- Caballeros... - Rick alzo la voz, reduciendo al silencio al grupo frente a él - No me hago ilusiones de haber podido ganar esa batalla. Podría contarles mil y un historias acerca de las proezas militares de la Fuerza Expedicionaria, pero prefiero mejor contarles algo de mi propia nave. Una información que el Concilio descubrió con posterioridad al establecimiento de nuestras relaciones. Estábamos peleando a la mitad de nuestra potencia de ataque -

- ¡Eso es mentira!, ¡todo eso es una farsa! - alegó el mismo Turiano. La Matriarca volteo a hacia él, e iba a reprenderlo cuando Rick la detuvo, para decir tranquilamente:

- Nuestros sincro-cañones no estaban operativos. El Dispositivo Sombra que incrementa las defensas electrónicas del SDF-3, no estaba activo tampoco en ese momento. Nuestra movilidad era mínima y teníamos que depender de nuestros cazas y emplazamientos de armas para defendernos. Y perdimos varios de ellos "deshabilitando", no "destruyendo", sus fragatas. Si sus armas hubiesen llegado a sobrepasar la capacidad de nuestra barrera de defensa, el resultado hubiera sido la descarga de un pulso electromagnético, varios ordenes de magnitud mayor que el que afecto a su población, con la consecuente destrucción de toda la tecnología en un radio de miles de kilómetros. Todos estos datos están en el reporte que ofrecimos al Concilio hace dos días, si es que alguno de ustedes quiere verificar la veracidad de mis palabras. Creanme cuando les digo, que de haber tenido intenciones hostiles, esta conversación jamás hubiera tenido lugar -

Shepard escudriño desde su posición en la retaguardia, las reacciones de los oficiales. Había duda en los Turianos, mezclada con frustración e ira secretas. Los Salarianos por su parte estaban mayoritariamente sorprendidos y curiosos, aunque algunos de ellos estaban decididamente asustados. Las Asari no parecían impresionadas, pero sus ojos presentaban miradas de profunda reflexión y maravilla. Algunos habían palidecido descaradamente cuando oyeron al Almirante, pero ninguno había permanecido impasible ante sus palabras.

El Turiano que había rebatido a Rick, palideció por causa de esas palabras, pero su furia estaba llevándolo hasta el límite:

- ¡Maldito humano presuntuoso! - Avanzo un paso, levantando las garras como dispuesto a arrojarse sobre él, pero Shepard había visto sus intenciones y se puso al frente:

- Creo que hay personas aquí para las que el concepto de "civilidad" no está muy claro - dijo interponiéndose entre el posible perpetrador y su víctima. No quería empezar una pelea, pero no iba a permanecer indiferente ante una provocación a un humano, fuera o no de la Alianza.

- ¡Capitán Asterius!, ¡extienda una disculpa inmediatamente y retirese a sus aposentos hasta las 1200 horas, para ser sometido a una evaluación personal!. ¡El simple hecho de que este hombre lo ha derrotado en batalla debería ser mas que suficiente para mantener el honor y creer en su palabra!. ¡Además su comportamiento es vergonzoso!. ¡Si dependiera de mí lo habría mandado inmediatamente a corte marcial! - la Asari le ordenó que escuchara. Todos los otros asistentes permanecieron callados cuando ella habló. Solo se percibía la lenta respiración de los humanos y la franca angustia e impotencia del turiano.

El oficial al mando del "Orgullo de Palaven" tragó saliva e inclino la testa y, sujeto como estaba a la humillación publica, dijo calladamente:

- Lo siento Almirante... Perdone... mi comportamiento... me he dejado llevar... por mi ira y frustración -

Rick se dio cuenta del insulto que el guerrero frente a él estaba recibiendo y no dijo nada. Solo extendió la mano para estrechar su garra, en un gesto que los otros extraterrestres reconocieron como típicamente humano. Asterius se le quedo viendo un momento, impactado por el proceder del human, pero enseguida acepto la oferta de paz.

- Gracias - murmuró el otro y habiendo dicho eso, con el semblante cabizbajo agregó:

- Si me permiten, debo retirarme -

Nadie trato de detenerlo. Una vez que se hubo ido, la Matriarca volteo hacia los humanos:

- Pido disculpas por el comportamiento de mi subordinado. El Capitán Asterius se ha tomado "muy a pecho" como ustedes los humanos dicen, la derrota de la Flota -

- Lo entiendo Matriarca. Hubiera deseado que este encuentro hubiera sido en circunstancias menos contenciosas -

- No se aflija Almirante. Su llegada fue un golpe duro, pero necesario para ciertas personas y razas de la Ciudadela. Mi única queja es que hubiera sido mejor que llegaran antes. De cualquier forma doy gracias a la Diosa por su arribo. Ahora, si no les molesta, preferiría que pasásemos al punto que nos reúne esta noche -

- Será un placer - dijo Rick y los otros hombres asintieron a su vez. Fue entonces cuando la sorpresa de la noche fue revelada.

- Nos gustaría que se unieran a nosotros en la ronda de un juego de azar... creo que ustedes lo llaman... Póquer... -

Los humanos se vieron los unos a los otros, sin creer lo que estaban viendo. Una mesa llena de oficiales extraterrestres, deseosos de jugar un juegos de cartas tan viejo como la humanidad misma.

- ¡Nada como el Póquer para conocer a tu oponente! - intervino el Almirante Hackett y sin decir nada más, se acercó a la mesa.

- Esto no es exactamente lo que tenía en mente cuando leí el termino "saludable convivencia inter-especies" en mi invitación - comento Shepard a medio camino entre la la incredulidad y la sorpresa.

- Yo tampoco - añadió Rick igualmente sorprendido.

Por toda respuesta Anderson se aproximó a la mesa y pidiendo una mano de cartas, declaró:

- ¡Vivan y aprendan jóvenes!, vivan y aprendan... -


N.A: En la cronología de Macross, el VF-0 "Phoenix" es un prototipo funcional de lo que sería después el VF-1 "Valkyrie". Aparece en el OVA "Macross Zero".

Para efectos de esta historia, el VF-X-0 "Phoenix" es un veritech caza de superioridad aerea, que nunca vio la luz pero que estaba pensado para ser pareja del VF-1. Debido a un costo mayor de producción y prestaciones similares a su pareja, el VF-X-0 nunca pasó de la mesa de diseño, pero con nueva tecnología y adelantos es muy posible hacerlo una maquina funcional.

Siguiente Capitulo: Una mirada a la mala relación entre los Sterling y su hija Dana. Kaidan y su pasada experiencia con Omega. Aria descubre la "Arcángel"... y Miranda Lawson y Cerberus entran en escena.

¡No se lo pierdan!.