Robotech y sus personajes son una propiedad de Harmony Gold USA Inc., Mass Effect y sus personajes son propiedad de Bioware. No se obtiene beneficio económico alguno de esta historia.


Hola chicos y chicas. Estoy de vuelta.

Una disculpa. Prometí que el capítulo anterior no tardaría tanto y miren lo que resulto... En mi defensa solo puedo mencionar que tengo un nuevo trabajo, mejor pagado que el anterior. Y por supuesto con un nuevo trabajo vienen nuevas prebendas, además de una serie de beneficios como los dos primeros libros de la saga de la "Canción de Hielo y Fuego" (es decir "Juego de Tronos" y "Choque de Reyes"), la ultima parte de lops Cantos de Hyperion ("Endymion" y "El ascenso de Endymion"), "Dark Souls" (excelente videojuego) y una larga lista de etcéteras (entre las que no se encuentra Mass Effect 3 desgraciadamente) (¡que cosa!, Mass Effect 3 esta sobre nosotros y yo aún no puedo terminar el crossover de la primera parte, ¡que verguenza!).

En fín... agradecimientos... ¿eh?... no hay agradecimientos.

¡Vamos muchachos!, ¡animense!.


Capitulo Ocho:

Sucesos Inesperados.

Cuartos privados del Almirante, Cubierta de Población,

SDF-3 en órbita estacionaria de La Ciudadela...

Rick Hunter volteo a ver al espejo de su baño, después de terminar una llamada de video en privado con su mujer y contuvo el impulso de golpearlo fuertemente. Encontró que su semblante estaba lívido. Más que simple molestia, lo que había debajo de su mascara de controlada serenidad, era enojo. La causa era la actitud de Lisa. Su proceder como embajadora estaba causando inconvenientes y la discusión para disuadirla de tomar acciones bienintencionadas, pero poco recomendables para la seguridad de su tripulación, lo estaba volviendo loco.

Primero estaba la compensación por los daños en la Ciudadela. Necesitaban retribuir a los civiles por el incidente con el pulso EM. ¡El mismo había considerado la idea y dado autorización!. La venta de los planos del "VF-1" y el "VFX-0" fue consecuencia lógica de ello. Era la mejor opción al haber hallado que vender los excedentes de "monopolo" que traían consigo, no era suficiente para obtener la cantidad necesaria para una tarea como la que querían echarse a hombros.

No le gustaba dar tecnología a sus nuevos compañeros, considerando que eran cosas que habían desarrollado en la Tierra. El Dr. Lang había meditado la cuestión y aseguró que los beneficiados no podrían usar esos recursos como deseaban, pero era muy posible desarrollar tecnología nueva a partir de ellos. A cambio, una buena cantidad de créditos llegaron a la recién establecida cuenta de la Oficina de Asuntos Culturales de la FER.

Recursos que, en otras circunstancias, hubieran tenido que negociar con otros poderes y su consabida carga de obligaciones.

Luego vino la firma de los Tratados de Farixen y su inducción formal a los pueblos del Concilio. Con ella llegaron las absurdas restricciones en cuanto al uso de los Sincro-cañones, que habían hecho palidecer a los representantes de los gobiernos de la galaxia.

A pesar que Rick explicó al personal con mucha determinación, que sus armas eran el resultado de una serie de guerras desafortunadas en las que se habían visto involucrados, y que cualquier uso para fines de conquista rompía con el esprit de corps de la Fuerza Expedicionaria, los alienigenas no se sentían particularmente inclinados a creer en dicha aseveración. Las reacciones no se habían hecho esperar. Los políticos locales habían empezado a considerarlos una amenaza mayor de lo que habían supuesto inicialmente y se habían asegurado de fortalecer las negociaciones entre ellos, tratando de dejarlos sutilmente de lado.

El hecho de que la Flota de la Ciudadela no funcionara al cien por ciento y recibiera ayuda de la FER no era visto con buenos ojos. Además ponía en tensión a un cierto sector de la población, específicamente a aquel que tenía "intereses" en el toroide. La Alianza, por intermediación del Embajador Udina (en una maniobra política bastante audaz), había negociado para que la Tercera Flota, al mando del Almirante Sparks, viajara a reforzar al ejercito alienigena hasta que los reemplazos, cuya llegada estaba prevista en tres semanas, hicieran acto de presencia. Por supuesto, el transito por diferentes reles de masa, de una flota humana ponía en tensión a los Turianos, pero no iban a decirlo abiertamente, aunque en secreto tomaran medidas para prevenir cualquier posible jugarreta por parte de sus asociados.

Era el principio de una escalada armamentista. Una que iba a crear distorsiones en el mapa político de los mundos. Algo cosa más que achacar a los recién llegados.

No quería ni pensar en la parte del trato que involucraba tener un oficial de enlace en su nave a toda horas. Lisa había conferenciado con él durante un día completo, revisando los antecedentes de los candidatos propuestos. Todos ellos eran Espectros con gran experiencia, además de una buena dosis de diplomacia. Rick podía adivinar que había una sana desconfianza hacia ellos, manifestada en la elección.

Al final el Concilio se decidió por quien definitivamente no esperaban. Cuando recibieron la notificación y vieron la "SSV Normandía" descender en la bahía de despegue, Rick supo que las cosas habían dado un giro inesperado, aunque no necesariamente bueno. Shepard hablo con él, claramente enardecido porque el triunvirato había decidido sacarlo de la persecución de Saren y asignarla a otro Espectro. Las maniobras políticas habían revelado que los jerarcas de la galaxia pensaban en mantener a la Fuerza Expedicionaria vigilada y mejor tener al primer Espectro humano para esa labor, sin despertar muchas sospechas. El Capitán Anderson había protestado enérgicamente, pero Udina había insistido en que esta decisión era mejor que cualquier otra. Finalmente el "nuevo" oficial de enlace y su grupo, se habían instalado en la nave hacía algunos días y la tripulación ya lo veía con cierta curiosidad.

Los extraterrestres estaban jugando sus cartas lo mejor posible y sin dar tregua:

Para Rick era como volver a los días de los Centinelas. Hasta hacía poco sus compañeros no estaban del todo convencidos de que la FER no se iba a convertir en otro imperio expansionista como los Tirolianos, a pesar de la ayuda que les había prestado para liberar sus planetas. Los únicos verdaderos incondicionales eran los Karbarranos, a quienes liberaron del yugo Invid y las Praxianas, que agradecían el gesto de haberles conseguido un planeta nuevo. Las demás razas, lideradas por los Perytonianos, los veían con cierta cantidad de recelo.

En medio de la desconfianza, el embajador Veidt de los Haydonitas, intercedía por ellos ante las demás razas y llamaba a la cordura, mencionando que el pueblo cibernético había externado su confianza hacia ellos. Sin embargo fuera del desarrollo de su tecnología Sombra, no había ninguna otra demostración fehaciente de apoyo. No habían mandado científicos ni naves u otras ayudas con ellos.

Era como jugar una partida de ajedrez donde la desconfianza era el rival a vencer...

Y luego estaba el programa de visitas médicas. De pronto tenía un grupo de doctores de varias razas (proporcionados amablemente por la versión galáctica de Médicins Sans Frontiéres, uno más de los tratos de Lisa) y una cantidad enorme de civiles visitando la nave. Todo ello estaba obligando al Contingente de Tierra a mantener un estado de alerta permanente. Además, parte de la tripulación estaba agitada e intrigada por la perspectiva de ver la estación espacial, que se revelaba como un lugar lleno de maravillas. La autorización de permisos provisionales de corta duración, para lidiar con esas expectativas, estaba a la orden del día. Mantener la eficiencia con todas esas circunstancias encima, requería el doble de esfuerzo por parte de todos.

El golpe de gracia sin embargo, lo supo en la última charla con su esposa. Como si no fuera suficiente que varios pueblos (con los Turianos al frente), los vieran de mala manera, Lisa había accedido a reunirse con una delegación de embajadores de la Flota Migrante, una cita solicitada por una chica llamada Tali Zorah nar Rayya, parte del equipo de su nuevo oficial de enlace, e hija de uno de los dirigentes de su pueblo. La reunión estaba programada dentro de dos semanas y desde ya mismo Rick iba a pasar no menos de cinco horas con las narices metidas en los informes del pueblo Quariano, la creación de los Geth y su actual relación distante con La Ciudadela.

¡Y Lisa pretendía comportarse noblemente, recibiendo a los emisarios extraterrestres, ante el descontento de la opinión publica y la desaprobación de varios políticos!...

No es que no la quisiera. No habría aceptado compartir su vida con ella si no fuera así. Era solo que... a veces... se comportaba de manera un poco irritante. Podía entender el "juego de la nobleza" viniendo de ella. La "diplomacia suave", como ella le llamaba, era su especialidad. Sin embargo en esas circunstancias, el no consideraba propicia una aproximación de esa clase a las situaciones políticas en las que estaban metidos.

El viejo ex-piloto ya no sabía que pensar. Si era esto lo que significaba ser parte de una comunidad en la que su mando militar se veía constantemente minado, entonces esa parte de la ecuación ya no le gustaba tanto. Las negociaciones para ayudarles a investigar acerca del extraño fenómeno que los había traído a ese universo estaban siendo dilatadas, básicamente porque todos esperaban que a cambio se les otorgase la posesión de sus secretos tecnológicos o apoyo político. Ambas, cosas en las que su neutralidad lo obligaba a no transigir.

Y luego estaba el hecho de que la comunidad galáctica había encontrado que usaban Inteligencias Artificiales. Lentas, similares a las "Inteligencias Virtuales" que eran cosa de todos los días en ese rincón del universo, pero sin las restricciones de actuación características de las otras. Media galaxia estaba sobre ellos por eso (y no podía culparseles, después del fiasco de los Geth). Solo las maniobras políticas del cuerpo diplomático, además de la demostración con los sincro-cañones, habían detenido a los grupos más radicales de tomar represalias. La Alianza tampoco los veía con buenos ojos, sobre todo después de Edén Prime. Y el hecho que Anderson estuviera en medio de la línea de fuego, tratando de apaciguar a ambos lados, los ponía en una situación delicada.

Para colmo de males, uno de los científicos del Grupo de Investigación Robotech, que estaba de "permiso" en la Ciudadela, se había perdido y a pesar de llevar casi cinco días buscándolo con la cooperación de Seg-C, no había rastro de su paradero...

Unos golpes en la puerta de su habitación lo sacaron de su pasmo. Esa manera parsimoniosa de tocar solo podía ser de alguien...

- ¡Adelante Max! - ordenó sin voltear a ver, mientras caminaba hacia el escritorio privado desde el que a veces tomaba sus decisiones.

La silueta delgada y perfectamente militar de Max Sterling apareció en la puerta del amplio cuarto. Traía puestos los viejos lentes azules de aviador que tenía desde las épocas del SDF-1, y que eran parte de su inconfundible imagen personal. En sus manos bailaba una botella de esa bebida "Zaraiba", un licor fabricado por los Karbarranos, a la que le había tomado tanto gusto últimamente...

- Creo que vas a necesitar un trago, después de que veas esto - dijo destapando el contenedor y sirviendo una medida del destilado de color purpura, de consistencia semejante al vino, en un vaso limpio de los que almacenaba para su uso personal.

- ¿De que se trata? - preguntó Rick, tomando la bebida y dando un ligero trago.

- ¿Recuerdas las sondas espías que mandamos a los rincones de la galaxia, antes de que halláramos a la Capitana Sparks?...- el líder de la FER asintió - ...esta información acaba de llegar, transmitida por una de ellas -

El del cabello azul invocó en su brazo, una de las nuevas omniherramientas Logic Arrest que les habían entregado hace unos días. Una más de las iniciativas de Lisa. Esta sin embargo no podía reprochársela. A pesar que todavía no dominaba a la perfección esos nuevos aparatos, no podía negar que eran sumamente prácticos. Accedió al contenido y Rick observó detenidamente el video que su compañero iba a mostrarle.

Una nave estelar con el cuerpo segmentado en bloques y antenas de comunicación semejando espinas a lo largo de su superficie, cual si fuera una oruga de color gris, y que el viejo ex-piloto identificó, como la que los había atacado en el Sector Omicrón, apareció en la imagen holográfica. Ese extraño engendro hacía contacto con otra nave, que parecía una especie de calamar gigante metálico. Era un poco más grande que un crucero de batalla Zentraedi y, al lado de la primera nave, la hacía ver como un barco normal junto a un transatlántico. En la imagen estaban tendiendo puentes entre las esclusas de ambos transportes.

Cuando el espectáculo terminó, el rostro del Almirante se había ensombrecido.

- Hay varias preguntas en mi cabeza Max, pero las más importantes son: ¿Como nos siguió esa nave? y ¿que es ese monstruo metálico con el que está atracando? -

- Esas son buenas, compañero. Si los tripulantes de esa nave pueden responderlas, quizá también pueden decirnos como regresar a casa -

- ¿De cual sonda llegó esto? - el oficial miró gravemente a su amigo de cabello azul pálido. Eso podía hacer las cosas aún mas complicadas.

- De la que mandamos a explorar el equivalente de nuestro sector Psi. La transmisión se originó en el centro del área, en las inmediaciones de un planeta que no está en los mapas del Concilio -

- ¿Hay más? -

- No. De hecho la sonda no paso desapercibida, y fue destruida antes de que mandara mas detalles -

- Lo que significa que, quien esté en esas naves sabe que lo hemos detectado -

- Así es... Creo prudente llamar a Lisa y prepararnos para viajar -

- Estoy de acuerdo. No querrá que nos vayamos hasta haber terminado nuestro compromiso con el Concilio, pero esta puede ser nuestra única oportunidad de encontrar el camino a casa. Pon la nave en alerta de combate y preparate para desalojar a los civiles, vamos a cancelar todos los permisos y a en dos horas -

- Rick, hay algo más que deberías saber... -

El discreto zumbido del altavoz de comunicaciones resonó en el cuarto, interrumpiéndolos a ambos:

- Creo que tendrás que esperar un momento Max -

Hunter se acercó al comunicador del escritorio y tecleó un par de cosas en la pantalla táctil. Las rubias facciones de la Teniente Comandante Penn aparecieron frente a él, desplegando un gesto de ansiedad contenida. Tras de ella podía ver a la castaña Adelle trabajando francamente en su terminal, dando instrucciones a velocidades apabullantes.

- Almirante: Estamos recibiendo una transmisión no identificada en tiempo real. Está codificada con un sistema de encriptación cuántica similar a nuestro sistema "ultralinea". No responde a los protocolos de comunicaciones de las razas del Concilio. Es de un civil que dice llamarse "El Hombre Ilusorio" y pide hablar con usted -

Los ojos de ambos brillaron casi al unisono. La Capitana Sparks había mencionado a ese personaje, parte de la dirigencia del grupo radical conocido como "Cerberus". Rick mismo había comisionado a Inteligencia de la FER, a buscar toda los datos posibles acerca de ellos y otras fuerzas que pudieran presentar problemas a largo plazo.

No había resultado una tarea fácil. Habían encontrado información acerca de prominentes milicias, incluyendo al Grupo de Operaciones Especiales y las organizaciones de seguridad de los Sistemas Terminus, mejor conocidas como los grupos mercenarios. Sin embargo Cerberus había probado ser poco menos que un fantasma. Lo que se sabía de ellos era poco y confuso. Operaban con un velo de secretismo que les había hecho sobrevivir como organización durante tanto tiempo. Ambos oficiales podían imaginarse lo que los radicales humanos querían, para arriesgarse a romper la cortina de desinformación en torno suyo. Empero, era mejor saberlo de viva voz:

- Karen, redirige la señal hacia mi cabina. Aislanos de los sistemas principales de comunicaciones y codifica la señal. Asegurate de que no queden más registros que los que esta maquina genere. El nivel de acceso autorizado para esta información es ultrasecreto -

- A la orden Almirante. Re-dirigiendo... -

La imagen de la chica desapareció, para ser sustituida por la de un hombre que estaba de espaldas a ellos, parado a contraluz. Rick desplegó la señal en el gigantesco monitor de la pared de su habitación. Ambos oficiales pudieron ver a su interlocutor, quien paseaba frente a una ciclopea estampa. Fuegos anaranjados y amarillos de lo que parecían las reacciones nucleares convulsas de una estrella.

El hombre volteo a verlos, dando una larga chupada al cigarrillo que traía en su mano derecha:

- Almirante Hunter: Un honor conocerlo. Usted y sus fuerzas de combate han estado en boca de la galaxia durante la última semana. Y lo acompaña el Comandante Sterling: El mejor piloto de la Fuerza Expedicionaria. Agradezco que me concedan su atención -

- El Hombre Ilusorio: Rumorado líder del grupo pro-humano "Cerberus". He leído su manifiesto, interesante documento. Pero mejor díganos: ¿Cual es el motivo de esta inesperada comunicación? - pregunto Rick sin dejarse impresionar.

- Mi interés es discutir una situación que a ambos concierne más que a nadie Almirante: La Humanidad - el tono del hombre era firme y decidido.

- ¿Que hay con ella? -

- La Humanidad se encuentra en franca expansión en estos tiempos, como sin duda sabe. Con el advenimiento de la tecnología de Efecto de Masa, los pueblos de la Tierra se encuentran en una posición sin precedentes para expandirse por el universo. Usted sabe sin embargo, cuan peligroso puede ser. Según entiendo, ustedes vienen de una realidad en la que la presencia humana en las estrellas es el pan nuestro de cada día, y en la cual los humanos están en guerra con inteligencias extraterrestres -

- Así es. Todo resultado de un primer contacto desafortunado, que nos obligo a dar a luz a la Fuerza de Defensa Robotech y a sus sucesores: La Fuerza Expedicionaria y El Ejercito de la Cruz del Sur -

- Ejercitos dedicados a contener y detener las agresiones externas que se han presentado a lo largo de los años. En ese sentido nuestras organizaciones no son muy distintas. Si ha leído mi manifiesto, sabe cual es la misión de Cerberus -

- Tener un guardián que proteja a la Humanidad de las incipientes agresiones extraterrestres. Un ideal noble sin duda, pero... ¿alguien le ha mencionado que hace gala de una retórica sesgada, digna de la paranoia mas rampante? - intervino Max, desde atrás de Rick. El Almirante no pudo menos que sonreír, aunque solo para sus adentros.

- Ese comentario es desafortunado, viniendo de los oficiales de una civilización que ha vivido en carne propia las debacles causadas por guerras interestelares. Sin embargo resulta una broma cruel, toda vez que ambos sabemos que, en este preciso momento, los pueblos de la galaxia ven a su gente con desconfianza -

- No se que le motiva a decir eso. Nuestras relaciones con los vecinos galácticos son buenas, y a pesar de que mantenerlas así no es una tarea sencilla, debido a la apresurado de este primer contacto, no me atrevería a aseverar lo que usted sugiere... -

- No me tome por tonto Almirante. El Concilio... - el hombre dio una larga fumada a su cigarro - ...es lento para reaccionar ante los múltiples eventos que suceden en esta galaxia. Pero cuando reconoce una amenaza, sus recursos son vastos para hacerle frente. Se que muchas gentes los miran con recelo y al menos dos de las razas mayores los observan con sumo cuidado. La elección del Comandante Shepard como oficial de enlace con el Concilio esta tan políticamente motivada como usted sospecha. Los Turianos querían poner a uno de los suyos para esta labor, pero el fiasco de Saren Arterius ha dañado su reputación. Por eso llegaron al compromiso de asignar al Comandante Shepard, a pesar de la importante labor que ha estado llevando a cabo. Muchos individuos en los diferentes gobiernos de las razas mayores, lo consideran un cabo suelto y, si antes le dieron carta blanca para tomar las medidas necesarias para atrapar a Saren, a la luz de sus más recientes acciones ya no parecen estar tan seguros. Prefieren tener cerca y vigilados a sus dos mas grandes problemas, aunque para los Turianos eso signifique cortejar a la Alianza -

- Una conclusión que nuestros propios analistas han mencionado. Parece muy al tanto de lo que hace el Comandante. ¿Algún interés especial en el nuevo oficial de enlace? - preguntó Rick, viendo hacia donde se dirigía la conversación. Quería ver que tanto estaba dispuesto el hombre a jugar el juego de la sinceridad.

- Como parte de mi labor, Almirante, es mi deber estar al tanto de todos los posibles enemigos y aliados que pueda ganar para mi causa - comentó el Hombre Ilusorio sin conceder demasiada importancia.

- ¿Y en que categoría entramos nosotros? - preguntó Rick, dejando entrever solo lo más ligera amenaza, disimulada de condescendencia:

- Dígame usted Almirante: Sus fuerzas han demostrado que pueden enfrentarse a lo mejor que tiene la galaxia, con amplias posibilidades de salir victoriosos. Una ayuda de ese tipo para velar por los intereses de la Humanidad sería muy apreciada -

- Me temo que no somos un ejercito a sueldo. Además la manera en que lo dice no me inspira mucha confianza... - Rick tomó asiento en la silla de su escritorio, e hizo un gesto a Max, quien permanecía ceremoniosamente en pie - La primera impresión que viene a mi mente, acerca de su forma de ver las cosas, es que su opinión parece viciada y rencorosa... -

- No se trata de rencor, Almirante Hunter... - aclaró el hombre del puro con un ligero dejo de desdén - ...se trata de vigilia. Los Consejeros son ciegos a lo que esta mas allá de los intereses de sus mundos natales. No quieren hacer posibles sacrificios en pro del bien común, porque temen pagar el costo político por ello. Por eso existen los Espectros... - atrás de él imágenes de los diferentes individuos que conformaban la fuerza de control mas poderosa de la galaxia fueron mostrandose. Asari, Turianos, Salarianos, todos captados en diferentes facetas de su trabajo, aparecieron. Al final, la imagen del comandante Shepard se sobrepuso a todos ellos:

-... para resolver los problemas a los que ellos no quieren o pueden dedicar demasiada atención. Un grupo con las capacidades que ustedes han demostrado, es uno que difícilmente tomarán a la ligera, por muchos problemas que tengan ya -

- ¡Bah!. Lo que se cuenta de nosotros son exageraciones. Encontrará como creo que ya sabe, que mucha de la información que hemos facilitado al Concilio y a la opinión publica no es enteramente cierta... al menos en algunos detalles -

- Lo sé Almirante. No esperaba menos. También sé que su grupo de inteligencia no puede falsificar las demostraciones a los militares, de esas maravillosas tecnologías con las que su nave cuenta... - a esto siguió un recuadro entrante, mostrando imágenes de la pelea con la Flota de la Ciudadela, además de la demostración, en el extremo mas lejano del sistema, de su arma principal - ...la Barrera Omnidireccional y el Sincro-cañón, por ejemplo. No olvidemos sus maquinas médicas y los cazas de los que su armada hace gala. Ninguna de esas cosas son exageraciones, y en las manos adecuadas, podrían cambiar la faz de este universo - el recuadro cedió paso de nuevo al hombre, sentándose en una silla y tomando un vaso de cristal con una bebida ambarina.

- Muchas de esas son prebendas, cedidas por nuestros aliados extraterrestres, o desarrolladas a lo largo de mas de cuarenta años de conflicto. Salvedad de la tecnología medica, que ha sido arrendada a la Fundación Sirta y otras empresas medicas con nuestro consentimiento, ninguna de las otras cosas está sujeta a negociación - Rick mantuvo la compostura lo mejor que pudo. No era la primera vez que preguntaban por sus armas. Tampoco sería la ultima.

- Almirante... no juguemos al juego de la rectitud moral. ¿No es cierto que dieron ustedes los planos de algunos cazas tanto a los extraterrestres, como a la Alianza? - señaló el hombre, conteniendo un semblante neutral. Rick oyó a Max agitarse incomodo, detrás de él.

- Fueron vendidos... contra mi mejor juicio - Rick mantuvo la mirada penetrante de esos ojos azules, en los que adivinaba implantes tecnológicos de alguna clase. Esos ojos eran helados y requirió de su completa entereza para no desviar la mirada.

- Ah sí... tecnología que... cito su reporte textual: "No creemos que los seres de esta dimensión podrán hacer funcionar correctamente, por lo menos en un tiempo considerable, debido a los requerimientos energéticos y de ingeniería necesarios para su correcto uso" - un segundo recuadro dividió la pantalla en dos. En el lado derecho de la pantalla estaban los esquemas de los veritech vendidos a la Jerarquía Turiana, Repúblicas Asari y la Alianza, seguidos de modelos a escala y demostraciones virtuales.

Rick estaba empezando a perder la paciencia. Esa conversación estaba resultando una perdida de tiempo espectacular. Casi podía decir a donde iba a terminar, cuando cayó en la cuenta de que ese reporte del que el Hombre Ilusorio estaba haciendo mención, estaba almacenado solo en la red de la nave. Los vellos de su nuca se erizaron levemente. Algo andaba terriblemente mal.

- ...Y todo para poder dar una compensación a la gente de la Ciudadela. Admiro su nobleza y la de su esposa, la embajadora Hayes, por cuanto los afectados no son solo los humanos, sino muchas razas extraterrestres, y su grupo no está haciendo distinción alguna... - agregó el hombre del fino traje. Se sentó en una silla que parecía bastante cómoda, mientras inhalaba largamente mas humo de cigarro. La maquiavélica figura pudo ver a través de su pantalla, la seña de Hunter a Sterling y como este salía del camarote del Almirante a toda prisa.

- ...es por ese mismo acometimiento que han demostrado, que apelo a ustedes para ayudarme a realizar una labor que solo engrandecerá a la Humanidad -

Rick se acercó a la pantalla hasta quedar perfectamente encuadrado:

- Las lisonja no le va. Especialmente cuando apela a nosotros para cooperar con su agenda. La FER se creó para defender a los seres humanos de sus posibles enemigos. La dominación de otras razas no entra dentro de nuestro credo -

- En eso actuamos de la misma forma Almirante -

- ¡No me diga!. Lo que sabemos de sus actividades no avala esa afirmación. Mas bien sus operaciones parecen demostraciones prácticas, de lo que pasa cuando uno se interpone en el camino de su "pequeña" empresa... -

Rick pudo ver un casi imperceptible tic en el párpado derecho del tipo. Una nimia señal de molestia en lo que parecía una mascara de acero. Podía adivinar que las cosas no iban exactamente por la ruta que el Hombre había concebido:

- Almirante... - el jefe máximo de Cerberus dejó el cigarro en un cenicero y tomó la copa de líquido ambarino a su derecha - ...lo que el Comandante Shepard le haya contado acerca de nosotros, es desafortunado. Es una percepción errónea, nacida de la desinformación. Aún así, mientras haya grupos como la Hegemonía Batariana, ó los esclavistas de Terminus, que actúan buscando el perjuicio de los humanos, cierto es que nos veremos obligados a reaccionar con mayor celeridad y dureza que lo que la Alianza acostumbra. Me temo que como cuerpo, el supra-gobierno de la Tierra esta plagado de intereses y ambiciones que no permiten a la gente alcanzar el rol de gran civilización galáctica que merece. Es ahí donde nosotros entramos. Nuestra meta es facilitar ese objetivo -

- ¡Pero prefieren actuar como un grupo independiente, saltándose las regulaciones y no respondiendo ante nadie mas que ustedes mismos!. ¿Que me asegura que una vez que obtengan suficientes recursos, no renegarán de esos principios de los que usted habla? -

- No debe preocuparse por una doble agenda por nuestra parte. Lo he dicho en veces anteriores y lo digo ahora: "Los motivos de Cerberus son los motivos de la Humanidad". Si mis métodos son extremos, es porque la meta lo justifica. Pero no espero que lo crea solo porque yo lo digo. Usted mismo debe de entenderlo mejor que nadie, ya que proviene de un mundo que fue devastado y aún es dominado por fuerzas extraterrestres. Si se cuestiona mis motivos, preguntese usted: ¿Que estaría dispuesto a hacer para liberar a la gente de la Tierra de sus enemigos? -

La duda ensombreció el rostro del viejo piloto. Su ceño arrugado y su cabello canoso y casi totalmente blanco, se acentuaron más en la imagen del monitor. Recordó las gigantescas ojivas Neutrón-S y meditó acerca de la orden de utilizar tácticas de "tierra quemada", que había dado a la Fuerza de Reclamación si las cosas no salían bien. Había lamentado amargamente esa decisión cuando estuvo a solas. El no saber si la misión de liberación de la Tierra había sido exitosa le estrujaba el corazón día con día, y en cierto modo temía regresar a casa, a encontrar un agujero negro de dimensiones monstruosas, en el lugar donde su planeta había estado. Se quedó callado unos segundos que le parecieron eternidades y, cuando alzó la vista, se encontró con los acerados ojos azules del Hombre Ilusorio, que aún esperaban una respuesta:

- Por mucho que entienda que su motivo es justo... - el viejo Almirante suspiró, como tratando de expulsar de sí el peso de incontables años - ...no puedo darme el lujo de creerle. No cuando sus acciones no tienen freno ni supervisión. Me temo que como jefe militar, es mi deber tener en cuenta todas las posibles consecuencias del uso de mis armas. Es cierto, provengo de un mundo que fue asolado por alienigenas, pero ya he tomado una decisión de ese calibre antes, y no puedo permitir que por mi flaqueza y en aras de un hermoso sueño, recaiga sobre mi conciencia el mal uso de esos recursos -

El Hombre oyó la respuesta y permaneció un segundo en silencio. Terminó de vaciar el vaso que tenía consigo. Cuando lo dejó en su lugar, volteo y enfrentó directamente la mirada determinada de Rick Hunter:

- Me defrauda Almirante. Quizá la información que hemos recabado sobre usted no es de fiar. Me temo que hemos errado en estimar su entereza y capacidad de tomar las decisiones necesarias para asegurar la supervivencia de la Humanidad, ni en esta ni en ninguna galaxia. Solo me queda decirle que no será esta la última vez que hablemos... -

Dicho esto, la imagen del monitor se llenó de estática, inconfundible signo de que la charla se había acabado. Max entró en la estancia apresuradamente:

- ¡Los técnicos hallaron una fuente de retransmisión de la señal entrante!. Procede del área de desembarco de materiales. Un equipo de especialistas y soldados esta en camino para encontrar su ubicación exacta -

- ¿Y nuestro oficial de enlace? -

- Esta siendo notificado ahora mis... -

Una explosión sacudió la nave e hizo que ambos amigos perdieran el equilibrio momentáneamente. Un rumor sordo llegó hasta el cuarto, seguido de la sirena de combate. Una comunicación entrante brilló en las omniherramientas de ambos. Rick batalló un momento con los controles y un segundo después la voz alterada de Adelle salió por los altavoces:

- ¡Alerta de combate!. ¡Ha habido una infiltración en la nave! -


Skye Turnick se replegó hacia las paredes metálicas del corredor ante ella, mientras el resto de su equipo devolvía el fuego. Los soldados que les impedían el paso estaban atrincherados en una intersección desde donde disparaban. Dejo su rifle y arrojó una de las últimas granadas de disco de las que disponía. El explosivo se pegó a una de las paredes de la encrucijada y un segundo después explotó con fuerza demoledora, enviando al enemigo en todas direcciones. Varios de ellos no se levantaron. Su propia gente se adelantó para asegurar el lugar y terminar de rematar a los posibles heridos.

Siguieron avanzando. A lo lejos podía oír los gritos de los pobres desafortunados que se habían cruzado en el camino de los soldados Rachni y Merodeadores Torianos, ambas especies modificadas para obedecer las ordenes de Cerberus, y que habían traído de contrabando a la nave. Había tenido que sobornar a varios oficiales en la Ciudadela, además de crear contenedores especialmente modificados y recubiertos de sensores y camuflaje electrónico, para evitar los verificadores de biomasa que eran parte del equipo de la FER. Afortunadamente para ellos, habían podido echarle el guante a un científico enemigo que había revelado "amablemente" varias de las medidas de seguridad existentes, después de un poco de "convencimiento amistoso". La cantidad de recursos que el Hombre Ilusorio había vertido para esta incursión había sido grande. Y se esperaban iguales resultados de ella. Inclusive había mandado a traerla desde la base de interrogación en el planeta Trident, para encabezar esta operación, y dados sus antecedentes militares, las expectativas eran enormes...

No tenía suficiente deseo suicida como para fallarle al Hombre, a menos que encontrara una manera de desaparecer de la galaxia sin dejar rastro alguno. Cosa poco probable...

- ¿Cuanto falta? - preguntó al especialista en tecnología que habían traído con ellos, un quariano de nombre Khazar al-Durne:

- Veinte metros en linea recta y cinco a la derecha. Los servidores marcados por mi drón están en esa dirección - señaló hacia el fondo del pasillo, hacia un cuarto protegido por cortinas metálicas anti-estática.

- De acuerdo. ¡Ustedes!... - señaló a un grupo de operativos que vestían las robustas armaduras blanco con negro sin distintivos de la organización - …aseguren esta área y acaben con quien aparezca por ahí. Llamen refuerzos y háganlos patrullar estos pasillos de ser necesario -

- ¡Si señora! - los tres soldados que había designado se cuadraron inmediatamente.

Dejó atrás a los otros, mientras hacia una nota mental de cuantos efectivos había perdido ya. No le gustaba la gente de la rama militar. Muchos de ellos eran fanáticos rabiosos de la causa, con actitud de gatilleros y pocas nociones de como sus acciones iban a modificar la historia humana a largo plazo. Había tenido que ocultar su disgusto cuando el jefe ordenó que dejara de lado a su propia unidad para este asalto. Tenía que reconocerles sin embargo, que eran buenos en su trabajo. Muchos de ellos podían perforar un tercer ojo en la cabeza de un individuo, con una pistola a más de quinientos metros. Sin mencionar lo que sus capacidades bioticas y poderes tecnológicos podían hacer...

Y todo eso no era suficiente. En promedio los soldados de la Fuerza Expedicionaria estaban tan bien entrenados como ellos. La diferencia sin embargo, era el equipo con el que contaban. Era posible piratear una armadura Ciclón. Lo había hecho con uno de los pobres diablos que los habían enfrentado en el camino. Sin embargo no había sido posible mantener su control por mucho tiempo. Había un factor en la estructuración de esa tecnología el cual no había tomado en cuenta. Era como si hubiera una consciencia subyacente en esas maquinas, que impidiera el uso efectivo de la tecnología capturada.

No sabía explicarlo con certeza y no tenía tiempo de averiguar el porqué. Lo que importaba en ese momento, con su corazón latiendo a mil por hora, era llegar al punto neurálgico de la nave y enlazarse con los servidores. Una vez que el quariano se pusiera a trabajar, obtendría los datos que le hacían falta, podría soltar la bomba lógica que destruiría los sistemas informáticos, de comunicación y soporte vital de la nave y saldría corriendo.

Además estaba el asunto del secuestro del científico. ¡El Hombre Ilusorio la convertiría en su nueva mano derecha, por encima de esa perra frígida de Miranda Lawson, cuando le llevara al Dr. Emil Lang!.

Contactó al segundo grupo. La alharaca generada por los gritos de la muchedumbre y el sonido de las armas la saludó:

- Este es Alfa... Equipo Bravo: Reporte de situación -

- [Este es Equipo Bravo: Avanzando por los corredores de la nave. Las maniobras de distracción han sido exitosas y el enemigo esta enfocado en defender a los civiles de la nave. Nuestro grupo avanza con rapidez, encontrando resistencia mínima. Tiempo estimado de llegada al objetivo en tres minutos] -

Skye sonrió con amplitud. El plan iba saliendo a pedir de boca. Si podían mantener la situación por otros seis minutos, se harían con información y recursos que jamás habían soñado.

- Reporten cuando hayan asegurado el objetivo, Alfa fuera -

Pronto llegaron a la encrucijada informática de la nave. El nodo principal estaba en el Puente de Mando, según las esquemáticas que habían concebido. Pero los flujos de datos de las computadoras de la nave se concentraban en ese pequeño punto en el que estaban entrando. Habían hallado una puerta a prueba de impactos que les atajaba el paso, además de un guardia al cual habían despachado prontamente. Khazar había intervenido, pirateando el mecanismo de control y habían levantado la puerta manualmente con poco esfuerzo.

La estancia no era mas que un cuarto de servicio relativamente pequeño, donde apenas dos personas podían estar paradas sin darse de codazos una a la otra. Había paneles atornillados y lineas de energía que no se parecían en nada a lo que había visto hasta entonces. Las particiones, cuyas múltiples luces e indicadores amenazaban con inducirle una jaqueca, escondían amasijos de cables perfectamente ordenados.

Para el quariano ese diseño no era nada nuevo, según había comentado:

- Mi gente ya ha experimentado con diseños de esa clase y los desechó por inseguros... - agregó - ...este sistema es parecido por lo menos en apariencia, pero de algún modo es más eficiente como solución de ingeniería. Eso, o quizás les estoy dando demasiado crédito a estos humanos -

Skye lo ignoró y el quariano empezó su trabajo, sin hacer demasiado caso de sus propias conjeturas. Conectó algunos enlaces a los cables de datos, que transmitirían la señal a su omniherramienta, y programó el empalme sub-cortical en su cabeza para hacer el resto. Casi enseguida entró en trance:

- Procediendo con la extracción de datos. Comparando protocolos de comunicación. Compatibilidad del ochenta por ciento, suficiente para realizar la labor designada aunque tomará tres punto cincuenta minutos más de lo esperado. Detectando soluciones heuristicas de defensa. Inteligencias Virtuales superiores a clase doce presentes. Se recomienda protocolo de Inteligencia Artificial de Ataque... Inteligencia de Ataque activada. Enfrentando defensas del sistema - el quariano declaró, en voz monótona.

A la mujer humana le daban escalofríos cada vez que veía al extraterrestre conectarse, convirtiendo su cerebro en una extensión de los sistemas cibernéticos en los que se adentraba ilegalmente. Era como arriesgarse a jugar Rugby con un grupo de Krogans maliciosos, sin usar protección alguna. La potencia de muchos nodos a los que era tan afecto de ingresar, podía freír sus empalmes cerebrales y el resto de su cabeza sin mucho esfuerzo. Sin embargo era cosa sabida que, cada vez que regresaba a su cuerpo, seguía siendo el mismo rebelde obstinado y paranoico que la organización usaba como su pirata informático de cabecera.

Podía ser arriesgado, pero sin duda el tipo era un maestro. En una era donde los "hackers" eran pocos y tendían a no tomar riesgos, a causa de las múltiples contra-medidas desplegadas contra ellos, solo había DOS nombres que garantizaban confianza absoluta, y el de Khazar al-Durne era uno de ellos... siempre y cuando se pudiera pagarle lo suficiente...

Era algo bueno que Cerberus no tuviera problemas en el ramo financiero.

- ¡Aseguren la zona!. ¡Tenemos que darle al tipo todo el tiempo que sea necesario! - la mujer ordenó a su gente y se preparó a resistir, pensando en que si fallaba, el Hombre Ilusorio usaría su pellejo para alimentar Varrens.


El Doctor Emil Lang miró la pantalla de resultados que estaba a su izquierda y esbozó un gesto de innegable suficiencia. El viejo científico traía aparejado consigo la imagen de genio, del calibre de los mejores hombres que la Humanidad hubiera producido jamás. El tipo de recia ascendencia alemana no se lo tomaba muy en serio. A su parecer no era correcto compararse con nombres que habían dado teorías y adelantos decisivos para la especie, como Einstein o Tesla. Por supuesto eso era solo una dosis de modestia que muchos pensarían estaba de más, en el individuo que había descifrado los secretos de la robotecnología y cuyas contribuciones habían ayudado a defender la Tierra, de tres oleadas de invasores extraterrestres. Sin embargo el mismo no lo creía de esa forma y prefería solazarse en la (un poco ingenua) idea de que sus investigaciones estaban destinadas a ser mucho más, que solo la base para construir mejores armas.

Miró a sus espaldas. Su equipo había terminado de re-ensamblar el chasis del aerodeslizador de Dana, para las pruebas de campo necesarias. Habían evaluado el artilugio mecánico en distintas condiciones de gravedad. Lo que encontró le había gustado. El prototipo había funcionado como esperaba y la resistencia de materiales era óptima. Las características particulares del reactor de efecto de masa no le eran desconocidas, e incluso podía llegar a anticipar ciertos problemas y posibilidades que los propios científicos locales no habían imaginado. Eso no lo envanecía y sí le recordaba que, a veces era mejor despejar su mente con otros proyectos, para poder después seguir machacando el problema de explicar como es que habían llegado a esa realidad tan dispar y más interesante aún, como podían volver a casa.

La alerta los había alcanzado cuando se encontraban en plena prueba de los sistemas de armas. El destacamento de seguridad, con el Teniente Watanabe al frente, viejo conocido suyo, aseguro el área. El doctor no era adverso a la presencia de los militares en la Cubierta Científica, pero su equipo no tomaba la situación con la misma calma. Hubo una discusión con el oficial, cuando sus hombres se colocaron en las puertas:

- El protocolo dicta que tenemos que llevarlo al cuarto seguro doctor... - el recio japonés señaló en dirección a uno de los cuartos reforzados - ...a usted y a su equipo, hasta que pase la alarma. Si eso le incomoda a sus hombres, es inconveniente, pero tendrán que lidiar con ello -

- Estoy de acuerdo Teniente. Pero no quiero apresurarlos. Esto no es tan sencillo como interrumpir la prueba y dejarlo todo como está. Tenemos que apagar los sistemas o podríamos causar daños en la estructura de la nave... -

- ¡Haga lo que tenga que hacer doctor, pero hagalo ya!. El Comandante Sterling me va a arrancar el pellejo si se entera que estamos discutiendo esto siquiera -

Lang no dijo nada, pero la mueca de molestia en su rostro lo insinuaba todo por él. Ordenó a sus subordinados detener las maniobras y asegurar todo tanto como les fuera posible en cinco minutos. No podía dedicar mas tiempo como hubiera querido, puesto que hubiera tardado al menos diez minutos y provocado más la frustración del militar. ¡Cuanto le fastidiaba el protocolo!.

Estaba por ultimar la desactivación del sistema de armas del tanque, cuando oyó gritos provenientes de los pasillos. Un soldado se estrelló, proyectado por algo o alguien, en los ventanales blindados de la puerta cuando Watanabe se acercó a verificar. Los hombres que estaban con él se pusieron inmediatamente en guardia y levantaron sus rifles H-90. El militar hizo una seña para indicarles que retrocedieran, cuando oyó un gruñido en el extremo del pasillo. Lo que vieron los dejó sin habla.

Precipitándose hacia ellos, venía una horripilante cruza entre un insecto y un crustáceo, esgrimiendo largos tentáculos rematados en vainas. Las extremidades en general parecían látigos amenazantes, dispuestos a estrangular al infeliz que estuviera más cerca. Sus agudos chillidos confirmaban su naturaleza inhumana y por un momento le transmitieron una sensación de incomodidad que les provocaba un escalofrío. Aquello no venía solo. Corrían en paralelo, una especie de criaturas humanoides, que presentaban largas garras en sus manos. Constato con horror, que no tenían ojos y su piel parecía rugosa a primera vista.

Emil nunca se había considerado un hombre valiente. Sus propios escarceos con la violencia lo habían llevado a enfrentarse con algunos malandrines más grandes que él, cuando era solo un pequeño mozalbete en su barrio, durante los estertores de la República Democrática Alemana. A la sazón, esas peleas le enseñaron a valorar la inteligencia más que la fuerza física, algo que los niños de su edad no podían apreciar. Mientras ellos competían y hacían gala de sus habilidades atléticas, el hacía lo necesario para afinar su mente hasta niveles insospechados.

El nerviosismo le cayó como una piedra en el estomago. Esas cosas se estaban acercando rápidamente y los soldados tomaban posiciones para repeler el ataque. Sintió un amargor acumularse en su garganta y se forzó a si mismo a concentrarse para no ser presa del pánico. Lo único en que podía pensar en ese instante era el problema de la Interpretación de Everett. Aceptando que era un tema tan bueno como cualquier otro para mantener su mente enfocada, se concentró en él:

- La taxonomía de los universos de Tengmark dice que existen cuatro variables de multiversos posibles... - los soldados lo jalaron hacia el cuarto de seguridad mientras veían acercarse a aquellas cosas a la puerta de seguridad - ...Según las mediciones que hemos hecho hasta el momento, este universo nuevo semeja... en teoría... uno de clase III... -

Su proceso de pensamiento se vio interrumpido abruptamente por el sonido de un cristal rompiéndose, señal inquietante de que el engendro mayor había entrado en el cuarto de pruebas. Los soldados voltearon para recibirlo con descargas de sus rifles Galant, mientras los otros científicos entraban en franco pánico. El viejo se forzó a concentrarse mientras evadía a uno de los humanoides de que se le venía encima:

- ...El multiverso de clase III, la interpretación de mecánica cuántica de varios universos de Everett, dice que debido a las múltiples mediciones de la mecánica cuántica, cada observación de un fenómeno cuántico puede y representa un universo distinto... - la criatura que estaba frente a él se abalanzó en su contra, solo para ser detenida y proyectada hacia atrás por el disparo de otro soldado. El miedo volvió a atenazarlo, pero se forzó a continuar concentrado mientras escudriñaba a su alrededor, tratando de separar su mente de la dosis de irrealidad que estaba amenazando su percepción - ...en un universo de esa clase la estructuración de la materia y las constantes físicas son similares, hasta el grado de la igualdad. Lo único que los hace diferentes son los resultados de las diferentes posibilidades relevantes a nivel cuántico... - los gritos y exclamaciones de dolor de sus compañeros le recordaron peligrosamente donde estaba.

Varios de los "zombis-sin-ojos" perseguían a los científicos, mientras los soldados trataban de detener a la criatura grande. El sudor en su frente estaba empezando a perlarla:

- ...hay similaridades entre este universo y el nuestro, sin embargo no todas son compartidas. Esto no es una realidad alterna, sino solo una esfera de Hubble cuyo horizonte cosmológico es distinto al nuestro... -

Se acercó hacia el chasis del aerotanque a toda velocidad. Activo la cabina justo a tiempo. Ya se le venía encima la criatura más grande. Saltó al interior justo a tiempo, para eludir un latigazo. Un segundo después vio el cuerpo doliente del Teniente Watanabe ser proyectado por la amenaza hacia la pared, con un grito mortal que terminó con su cabeza estrellada y sangrante, destrozada por el impacto. Los defensores que aún estaban en pie abatieron a la criatura. La confusión terminó en unos minutos. Había dejado a cinco de sus compañeros caídos, entre soldados y ayudantes, sus cuerpos y armaduras vulneradas por alguna clase de ácido o destrozados por las garras de los otros.

El científico lanzó un suspiro de alivio y observó su mano. No había sentido tal cantidad de adrenalina desde los días de la campaña de los Centinelas. En pie quedaban solo un par de rasos, uno de los cuales maldecía de viva voz a cada segundo, la histeria haciendo presa de él.

El doctor salió de la cabina y escudriño los alrededores. El laboratorio estaba destrozado. Componentes eléctricos desperdigados por todos lados, los prototipos y maquetas de los proyectos rotos o manchados con la sangre de las criaturas o de sus compañeros. Cristales y paneles rotos y la alarma de bio-contaminación ululando desenfrenadamente. La sordidez del ambiente lo atacó de frente y solo su disciplina mental impidió que arqueara y vomitara ante la vista de semejante desolación. Nunca había estado tan cerca de la línea de fuego como hasta ahora, y una vez que lo había visto, no le gustaba en lo absoluto.

De pronto disparos llegaron de la puerta. Los soldados que estaban recuperándose cayeron fulminados, entre la sorpresa y pánico de los sobrevivientes. La atención recayó sobre un grupo de personas en armaduras blanco y negro, que se acercaban caminando por sobre los cadáveres, apuntando sus rifles (de efecto de masa según identifico el doctor) a todo aquel que intentara moverse:

- ¡Nadie se mueva y no resultarán lastimados. ¿Dr. Emil Lang? - se dirigió a él uno de ellos, cuya armadura tenía mas distintivos y que parecía ser el líder.

El científico no respondió de inmediato, aunque sus ayudantes se lanzaron miradas de sorpresa. Quienes fueran esos sujetos, no parecían tener buenas intenciones. Con el estado alterado en que estaba la nave, cualquier ayuda podría tardar en aparecer. Sin confiar un ápice en sus nuevos agresores, el viejo se decidió a ganar tiempo, a como diera lugar:

- Was sagen sie?, nicht verstehen!, "wer sind sie?... (¿que dicen?, ¿no entiendo!, ¿quiénes son?) - mencionóa sus compañeros, tratando de parecer lo más desconcertado posible.

Los otros se miraron un momento, sincera confusión pintada en sus rostros. Agregó:

- Geh weg!, geh weg! (¡vayanse!, ¡vayanse!) -trató de parecer enojado, manoteando y gesticulando.

El líder activó su omniherramienta, la cual tradujo lo que decía al vuelo. Enseguida contraatacó:

- ¡Basta de juegos doctor!, ¡o nos acompaña por las buenas, o me temo que sus compañeros pueden resultar lastimados! -

- Ich spreche nicht die Sprache!, gehen sie nun! (¡No hablo su idioma!, ¡váyanse inmediatamente!) - Langse acercó amenazante a uno de los hombres, quien reaccionó de la manera que él esperaba. Un culatazo del arma lo llevó al suelo, severamente adolorido y sangrante por el golpe a su nariz.

- ¡Doctor! - se oyeron gritos detrás de el. Los ayudantes trataron de hacer algo pero se detuvieron en seco, amedrentados por las armas.

- No lo maltrates... mucho. Las ordenes dijeron que lo lleváramos vivo... - el líder del grupo acertó a inclinarse sobre él - Usted nos obliga a esto. ¡Póngase en pie! -

El doctor trató de reincorporarse lentamente. Tenía que dilatarlos más, pero ellos no estaban dispuestos a perder tiempo. Ante su reacción anquilosada, el líder produjo una pistola de efecto de masa y disparó contra su objetivo mas cercano, uno de los ayudantes, que quedó tendido en el suelo del laboratorio. Emil se maldijo por dentro. A su dolor físico y congoja, tendría que agregarle el de la muerte innecesaria de uno de sus colegas.

Golpeo el suelo con el puño cerrado y levanto la vista. No podía ver la expresión del soldado enemigo frente a él, debido a su casco cerrado. Podía sin embargo imaginar una sonrisa de satisfacción en su rostro:

- Esta bien... no más muertos. Iré con ustedes - no quiso voltear a ver los rostros compungidos de sus ayudantes, por temor a revelar demasiado de su propio estado de animo.

Y entonces sucedió. Abrumado como estaba, sofocado a causa de la nariz rota que le había dejado el otro, sobrecogido por la violencia y espoleado por el miedo, su mente se hizo mas lúcida de momento. La teoría del espacio de transposición vino a su cabeza, junto con todos los datos recabados del extraño fenómeno que los había traído hasta ahí. Las relaciones lógicas y posibles vacíos teóricos de ese hecho tan dispar, se conjuntaron con los datos que había recogido acerca del efecto de masa y sus relaciones con el espacio y el tiempo. Su mente vislumbro, como si fueran las líneas de un trazado ígneo que delineara una figura hecha de luz, las posibilidades inherentes a esa función de desdoblamiento del continuo espacio-temporal que acababa de descubrir.

Si estructuraba con cuidado sus ideas, podía elaborar una teoría para satisfacer sus necesidades...

¡Podía devolverlos a casa!

Sus procesos cognitivos le advirtieron también que mientras sus enemigos estuvieran ahí, dispuestos a todo, no había esa posibilidad. En fracciones de segundo vio las posiciones relativas de los agresores en el cuarto. Los atacantes estaban parados en el rango de la ametralladora de iones, el arma secundaria del tanque. Había instalado un activador en el vehículo para operar de manera remota en caso de una eventualidad. Y el sistema de armas estaba funcionando... (no que ellos se hubieran dado cuenta). La tableta de control estaba tirada cerca de él. Dos segundos bastaron para saber lo que tenía que hacer...

- ¡Camine doctor!, ¡de prisa! - lo azuzó el otro, dándole un jalón para que se levantara. El doctor se movió rápido, fingiendo que se le había proyectado con fuerza excesiva y abalanzándose sobre el dispositivo. La presión sobre el indicador táctil fue suficiente.

La sorpresa en los rostros de los atacantes fue mayúscula, cuando el vehículo se activó remotamente, al tiempo que la ametralladora de iones, triple cañón MIW-20, que estaba montada sobre el chasis volvía a la vida. En menos de un segundo, mas de 10 megajoules de partículas bañaron sus escudos personales con suficiente carga eléctrica para sobrepasar los niveles seguros de operación y desactivarlos. Ninguno de ellos fue suficientemente rápido para arrojarse fuera del área de ataque y eso les costó la vida.

El doctor se levantó dificultosamente. Había rodado lejos del rango de ataque, aunque no había salido ileso. Una quemadura de tercer grado estaba presente en su costado, además de tener esa sensación de nauseas de aquel que ha sido sometido a una carga de radiación excesiva. Sus ayudantes se despabilaron casi inmediatamente, mientras él batallaba para apagar el dispositivo. Algunos corrieron a tomar las armas, mientras otro iba por un kit de primeros auxilios. El viejo científico agradecería cualquier calmante para aislarse de la penetrante sensación de quemazón, que amenazaba con hacerlo desmayar. Decidió que era más fácil si concentraba su mente en analizar la actuación del tanque. El sistema remoto tendría que ser mejorado en algunas cosas, pero había funcionado bien en general. Lo suficiente para salvarles el pellejo.

Una voz llegó desde la puerta:

- ¡Asegurando el área!, ¡se requiere ayuda medica para la cubierta científica! - un soldado del contingente de Tierra venía junto con uno de los oficiales de enlace del Concilio, mientras el muchacho que había ido por el botiquín regresaba a apresuradamente.

- ¡Más de esas criaturas!, ¿como dijiste que se llamaban? - comentó otro soldado desde atrás, acercándose rifle en mano para verificar que el engendro estuviera realmente muerto.

- Rachni... resultan mortales en combate cerrado. Pero parece que sus armas hicieron un "numerito" de él - el interrogado era un turiano con armadura azul, joven, según alcanzó a notar el doctor Lang, por su apariencia física y el tono de voz. El extraterrestre miró al monstruo muerto y luego se acercó al doctor, a quien le aplicaban una dosis de analgésico:

- Soy Garrus Vakarian, del equipo del Comandante Shepard. Sus heridas parecen bastante malas. Sugiero que permanezca quieto mientras aplico una dosis de medigel, en lo que llegan las asistencias. Ayudará a mantenerlo estable -

El turiano se acercó a él, conjurando su omniherramienta. Dio un par de teclazos y salió un dispensador de uno de los brazos de su armadura. Estaba por aplicar el medicamento, cuando algo lo sacó de balance. Atrás de él, el soldado Rachni se había levantado en un último esfuerzo y, pese a recibir varias descargas de las armas de los demás, aún se tambaleaba, vivo, pero por muy poco. Garrus levantó su rifle y activo los escudos de su armadura inmediatamente, a tiempo para recibir el impacto de uno de los tentáculos que la criatura, en su estertor de muerte, había proyectado contra él. A pesar de eso, las ráfagas de micro-partículas del acelerador de efecto de masa en miniatura de su arma, se incrustaron en el cerebro de la criatura, con la puntería extraordinaria de la que siempre hacía gala, y sus escudos fueron eficientes para repeler el golpe contra él. El Doctor Lang sin embargo, que estaba junto a él y no poseía ninguna clase de defensa, no tuvo tanta suerte.

El extraterrestre cayó al suelo, fulminado y rematado por los disparos de los otros soldados, el turiano cayo de espaldas, fuera de balance y el doctor aterrizó sobre los cadáveres de sus otros compañeros, rígido y sin moverse. Los gritos de los ayudantes indujeron un escalofrío de muerte en los presentes:

- ¡Hombre herido!, ¡hombre herido!, ¿donde está la maldita asistencia?... -


Rick Hunter entro en el Puente de Mando en franca carrera. Pidió el reporte de situación a Adelle y Karen, quienes habían coordinado los esfuerzos para mantener la crisis controlada. Dana Sterling había tomado en persona el mando de los soldados, para las labores de búsqueda y destrucción de los invasores. Minutos antes había recibido noticias del Comandante Shepard, indicándole que él y su equipo ayudarían a los esfuerzos de "limpieza" de la nave, debido a su inusual experiencia con esos alienigenas a los que llamaba "Rachni" y "Merodeadores Torianos".

El grueso de la fuerza atacante había dirigido sus maniobras contra la población civil y los doctores que estaban ayudando en el esfuerzo médico. Ahí es donde el "Espectro" y su grupo estaban enfocados. Mientras tanto habían identificado dos células que se habían separado del contingente principal. Uno de ellas estaba en la Cubierta Científica y había dejado elementos en su camino, para crear focos de resistencia. Su objetivo probable era el Dr. Lang y los proyectos de investigación. El otro se había detenido en una de las subcubiertas de mantenimiento, en uno de los nodos de donde se podía interceptar los flujos informáticos de la nave. Los servidores de la base de datos podían ser accedidos remotamente desde ese punto. Los proyectos más importantes, como siempre, estaban alojados en computadoras aisladas de la red local, pero aún los datos menos relevantes en las terminales enlazadas eran una fuente logística, que, si el enemigo (Cerberus sin duda alguna) extraía, podía provocarles severos dolores de cabeza.

El protocolo exigía que el flujo de energía fuera cortado, para prevenir cualquier posible intrusión, pero Adelle había descubierto que, quienquiera que hubiera entrado al mainframe, había inoculado una serie de virus que mandaban ordenes de fallo a los sistemas de soporte vital de la nave y de control de los reactores secundarios, que estaban siempre en espera. El resultado era que, si la electricidad se cortaba, gran cantidad de los sistemas se apagarían, las esclusas exteriores podrían abrirse automáticamente y los sistemas de seguridad de los reactores fallarían, pudiendo llevarlos hasta el punto de masa critica. Cualquiera de las opciones era poco agradable.

Era como ser obligado a meter la mano en una caja llena de bichos ponzoñosos...

Los expertos en informática estaban batallando para eliminar la presencia enemiga del sistema, pero hasta el momento no habían logrado gran cosa. Rick reprimía la punzante necesidad de mesarse los cabellos a cada segundo, manteniendo un semblante neutro, aunque no del todo exento de emoción. Sin embargo, cuando el especialista principal de la nave se le acercó, con la idea de reactivar el programa de Inteligencia Artificial Zentraedi experimental, fue cuando supo que las cosas habían alcanzado el punto crítico:

- Es muy riesgoso, lo sé. Pero el programa extraterrestre es suficientemente agresivo para neutralizar los virus, así como a la I.A. atacante. Dado que nuestros propios sistemas están basados en la tecnología aliada, la I.A. no necesitará tiempo para adaptarse a su nuevo entorno -

- No dudo que ese monstruo pueda deshabilitar a los atacantes. Pero una vez que haya acabado con ellos, ¿como lo detenemos? - preguntó el Almirante, con el rostro compungido, meditando profundamente la cuestión.

La I.A. Zentraedi era el producto de una serie de investigaciones entre sus especialistas y los de sus aliados gigantes sobre una construcción electrónica que, según algunos programadores tirolianos consultados, los Maestros de la Robotecnia habían desarrollado en sus primeras etapas, a partir de los restos de una inteligencia artificial muy antigua, encontrada en sus viajes. En distintas pruebas de capacidad, el programa resultó sumamente exitoso, pero a la vez altamente invasivo e inestable. La Fuerza decidió tener algunos ejemplares en reserva, con la esperanza de ir mejorando el control sobre ellos. La misma Janice, que había sido el objeto de estudio del Dr. Lang durante un buen tiempo, era una versión altamente atenuada de ese mismo programa, y siempre fue vista con recelo por los mandos medios y algunos oficiales prominentes.

Si se decidían a soltar a esa bestia, había la seria posibilidad de perder la nave, y sus vidas con ella...

- Se me ocurre que, cuando logre echar a los intrusos del sistema, podemos forzar una desconexión total, reiniciando desde la última copia de seguridad de hace cuatro horas. Por supuesto, el tiempo mínimo entre el apagado y el reinicio de actividades es de siete minutos - respondió el especialista, mientras hacia cálculos en una tableta que traía consigo. El silencio se hizo en el puente de mando.

- Siete minutos en los que la nave estaría a la deriva y los reactores sin control... - comentó el ex-piloto con gesto de profunda preocupación. La situación estaba acorralándolo.

- Es un riesgo. La diferencia estriba en que ya no estaríamos a merced del enemigo... señor -

Atrás del especialista, Adelle había palidecido, deteniendo sus frenéticos teclazos y volteado a verlos, con rostro asustado. El de Karen batallaba para conservar la apariencia de serenidad. Había una gran cantidad de posibilidades de fallar, pero también había muchas de que el enemigo se llevara información valiosa. No había tiempo que perder:

- Karen, ¿como va la limpieza de la nave? -

- La Coronel Sterling acaba de comunicarse: Las áreas comunes del programa de ayuda ya han sido limpiadas. El Comandante Shepard indica que han acabado con las criaturas que se alejaron hacia las áreas interiores. El grupo que penetró en la Cubierta Científica también ha sido detenido, pero el Dr. Lang resultó herido y esta en estado grave. Solo queda el grupo conectado al nodo informático -

- Maldición... ¡de acuerdo!. Indica a las cubiertas que vamos a aislar las áreas de personal y civiles. Informa a los equipos de limpieza que se retiren a los cuartos y oficinas aseguradas. Avisa a los técnicos que deben mantener los reactores estables manualmente, mientras la maniobra este completa. Especialista: Tiene permiso para soltar a la I.A., empezamos el procedimiento en tres minutos -

- ¡A la orden! -

El ambiente se hizo súbitamente tenso. Estaba a punto de jugar una apuesta arriesgada de nuevo y no quería hacerlo. Su suerte bien podía acabarse esta vez. De todas formas no había modo de librarse sin arriesgar vidas, así que aceptó las posibles consecuencias sin chistar. De saber como iban a ser las cosas ese día, habría decidido quedarse en cama.

Unos minutos después, la tensión ya era insoportable:

- Liberación de la I.A. Zentraedi en 30 segundos... -

- ¡Cubiertas aisladas!. ¡Equipos de control de daños listos para actuar! -

- ¡Especialistas en informática preparados para iniciar la reinstalación del sistema a su señal! -

- Soltando a la I.A. en diez segundos... nueve... -

- ¡Servicios del puente en espera y listos! -

- ...cuatro... tres.. dos... liberando el programa... ¡Carga completa! -

Rick y los otros voltearon a ver la pantalla principal, donde un nuevo indicador parpadeaba en la parte izquierda de la pantalla. Una voz grave salió de los altavoces:

- I.A. 2-A53N687, activada... detectando interrupciones de control de la red local. ¡Iniciando contra-medidas! -

Adelle hizo una seña con su mano derecha, esbozando una cruz por encima de su pecho. Era un gesto antiguo, perteneciente a una de esas moribundas religiones de la Tierra, destinado a alejar el miedo que esa "construcción" le inspiraba. De no ser porque era una violación flagrante del protocolo de la Fuerza, Rick hubiera hecho lo mismo...


La explosión que llegó del corredor fue suficiente para determinar que las cosas ya no estaban saliendo como Skye Turnick quería. Sus hombres habían detenido a algunos de los soldados de la Fuerza con ayuda de sus poderes. Varios de los atacantes habían caído achicharrados, con los restos de sus armas y armaduras fundidos y sus cuerpos quemados. Algunos de sus hombres no habían sido tan afortunados sin embargo. No podía contactar al equipo Bravo y sospechaba fuertemente que su propio escape estaba comprometido.

Khazar había dicho que le faltaban treinta segundos para terminar la descarga. Para ese momento la base de datos del enemigo ya estaba siendo purgada completamente. Una vez recuperada la información, volverían a la sala de desembarque y provocarían una descompresión. Al salir despedidos por el casco de la monstruosa nave, los encontraría un transbordador rápido que los llevaría a la Ciudadela. Las naves del Concilio les darían caza, sabiendo que les sería imposible llegar al nexo de reles de masa. Sin embargo, el plan era huir a la estación espacial. Serían atrapados por las autoridades del puerto, algunos de los cuales debían favores a Cerberus. Una vez allí, la información llegaría a manos del Hombre Ilusorio por medios seguros y ella podría dedicarse a escapar de Seg-C.

El plan no estaba exento de riesgos y hasta el momento estaba saliendo según lo previsto. Pero la confianza podía inducir errores. Cuando los soldados enemigos estaban presionando más y parecía que todos iban a morir allí, decidieron retirarse. Eso le puso los pelos de punta a la operativo. ¿Que jugarreta estaban tramando?. La monótona voz del quariano la saco de su ensoñación:

- Base de datos extraída en su totalidad. Activando virus de borrado total y ordenes de destrucción... ¡ADVERTENCIA!, nuevo programa de Inteligencia Artificial inoculado. Analizando... ¡ADVERTENCIA!, imposible determinar las capacidades de la I.A. atacante. Se recomienda anulación de emergencia de la conexión neuronal, REPITO, se recomienda anulación de emer... -

El extraterrestre ya no tuvo oportunidad de decir nada más. El cabello de Skye se erizo de pies a cabeza al ver como el visor del quariano se hacía nebuloso. Una serie de violentas convulsiones lo sacudió y los ojos brillantes que habían detrás de ese casco alargado se apagaron de pronto. Su cuerpo quedó de pronto flácido y desmadejado, como si hubiera sido un muñeco de felpa que un niño arroja lejos después de jugar con él. Un líquido extraño empezó a escurrir por los sellos del traje, antes herméticos. No tenía necesidad de averiguar que le había pasado, ni esperaba tener que explicarlo. Extrajo el chip de la omniherramienta del muerto y lo almacenó en la suya. Comprobó la integridad de los datos y después ordenó a los cuatro hombres que aún le quedaban, que evacuaran el lugar.

Unos minutos más adelante ya estaban corriendo por los pasillos, los cuales permanecían vacíos. Las alertas de seguridad, en luces rojas y anaranjadas, resonaban sin parar. Algunas compuertas se abrían y cerraban peligrosamente y las variaciones de la corriente eléctrica, visibles en los paneles de iluminación de la nave se estaban haciendo progresivamente más pronunciadas. No era el producto de algún virus que el extraterrestre hubiera podido inocular en el sistema. El muerto no había tenido tiempo de activar ninguna orden de sabotaje. Solo podía pensar que, lo que fuera que hubieran puesto en marcha los técnicos de la FER, era sumamente pernicioso y la apuesta que estaban jugando era más arriesgada de lo que se permitía imaginar.

No dedicó más de un segundo a pensar en eso. Por ella, podían pudrirse en el infierno si ese era su gusto. Llevó a su pequeño grupo por los pasillos que los conducirían de vuelta a su punto de entrada. Pero no fue un viaje exento de dificultades. Uno de sus soldados recibió una descarga de energía que lo frió de pies a cabeza, cuando un estallido gigantesco sacudió la nave y lo precipitó contra un par de cables dañados. Otro fue rostizado violentamente cuando una ola de llamas proveniente de la explosión de varios paneles de circuitos lo envolvió. Uno más fue acribillado de manera violenta, cuando las torretas de seguridad interna se activaron espontáneamente y lo usaron de diana.

Llegaron como pudieron a la sala de embarques. Los efectos que hacían presa de la nave empezaron a amainar, mientras ella y su restante compañero se preparaban para activar una de las escotillas exteriores y precipitarse al vacío. Era literalmente un salto de fe y no dejaba de pensar en que, si el piloto del equipo no era lo suficientemente bueno, lo iban a lamentar.

Faltaban unos segundos para abrir la compuerta, cuando las alarmas cesaron completamente. El soldado que aún la acompañaba se puso en guardia, cuando notó las puertas de la sala de embarque abrirse. Un equipo de búsqueda y destrucción penetró, moviéndose en silencio y escudriñando los rincones de la sala. Un segundo después cayeron en cuenta de los extraños. Skye ya no dudó más. La alarma de descompresión sonó, mientras los soldados abrían los ojos desmesuradamente, revelando siluetas reconocibles de pánico a través de los visores de sus armaduras. Uno de ellos alcanzo a disparar sobre su compañero, acertándole de lleno en el pecho, cuando la diferencia de presión los hizo precipitarse al vacío. La mujer vio el rostro de su compañero alejarse en una trayectoria errática. Ya no había vida en sus ojos.

La violencia del tirón la hizo salir despedida. Después sintió un impacto contra una superficie dura y se dio cuenta de que sus botas magnéticas se habían pegado al contorno del transbordador que estaba comisionado para recogerlos. Ya veía uno de los extraños cazas de la FER precipitarse sobre ellos, listo para destruirlos. Sin embargo el cuerpo inerte de su compañero le sirvió de escudo, chocando contra el dosel de la cabina de la nave y desorientando unos segundos al piloto. Agradeció internamente el gesto fútil y penetró por la compuerta que se había abierto. Una vez dentro selló la división y golpeó la cabina, indicándole al piloto que ya no perdiera más tiempo. Todavía no estaba salvada, ni siquiera remotamente.

Una transmisión entró a su omniherramienta:

- [¿Conseguiste lo que necesitamos?] - la figura y voz estólidas de Miranda Lawson la saludaron.

- Sí – dijo ella con voz glacial. La segunda al mando de Cerberus no le inspiraba ninguna confianza.

- [Tu captura es inminente. ¡Transmite por canal seguro ahora mismo!] -

La operativo torció la boca en una mueca de disgusto, pero las maniobras violentas a las que la nave se sometía le indicaban que era muy posible que no llegaran siquiera a la Ciudadela. Activó la función de transmisión de datos por vía cuántica de su herramienta e inició la descarga. Toda la base de datos: Planos, informes de estrategia, inteligencia y reportes de tecnología, incluso una pequeña I.A. quariana escondida entre los datos. Cosas que la Fuerza Expedicionaria mas valdría no haber escrito jamás, llegaron súbitamente a la casa segura de Cerberus en la Ciudadela. Todo en un santiamén.

Cuando la transmisión hubo terminado, la sonrisa socarrona de Miranda era lo único que podía ver. Un escalofrío recorrió su espalda. Con esa endiablada mujer nunca se podía saber...

- [Misión cumplida, Turnick. Ahora oficialmente eres un cabo suelto. No es personal, pero sabes bien lo que sucede con los cabos sueltos...] -

Skye ya no dijo nada, minada como estaba por la experiencia. Solo volteo a ver como la compuerta que separaba la cabina del piloto, del compartimiento de carga se retraía. El que debiera ser un piloto humano, se reveló como un androide, que volteaba hacia ella. En el lugar del rostro donde deberían estar los sensores visuales, había una interfaz holográfica, que desplegaba una cuenta regresiva en números grandes, a menos de tres segundos de acabar. El pensamiento pasó por su mente como un relámpago.

Había fallado la mitad de su operación y El Hombre Ilusorio no toleraba los fallos, parciales o no...


El Puente de mando se había vuelto un caos en los minutos siguientes. Los ocupantes habían soportado diferentes eventos que habían tornado la situación peligrosa. Los técnicos informáticos habían empezado la restauración de los sistemas tan pronto como la I.A. informó que los atacantes habían sido neutralizados. La verdadera batalla empezó ahí.

La construcción artificial no se iba a dejar contrarrestar fácilmente, y no menos de tres personas murieron cuando se defendió. Las distintas sobrecargas a varios sistemas amenazaron con inutilizar completamente el soporte vital de la nave. El especialista principal trabajó a toda velocidad lanzando comandos para inhabilitar todas las posibles funciones de las que el "monstruo" cibernético podía echar mano. Siete minutos de pesadilla después, la I.A. fue acorralada y deshabilitada, proeza no menos distinta de jalar la cola a un león hambriento y malicioso. Varios de los recursos de la nave no iban a funcionar al máximo de su capacidad por un tiempo, y por dos minutos habían tenido la amenaza de un fallo catastrófico pendiendo de sus cabezas, que el heroísmo de los distintos oficiales de mantenimiento había logrado subvertir.

Así, a pesar de todo, seguían vivos...

Rick no se sorprendió cuando vio el pequeño transbordador Kodiak que había eludido a sus cazas explotar en mil pedazos. Adelle había detectado una transmisión por vía ultralinea con dirección a la Ciudadela. Esa incursión casi le había costado la nave y estaba dispuesto a averiguar el alcance máximo de las operaciones de Cerberus, ahora que se habían tomado la molestia de declararles la guerra tan abiertamente:

- ¡Karen!, ¡reporte de situación! -

- Hay varios daños en las cubiertas medica y científica de la nave, así como diversos fallos en sistemas críticos. Hay escapes de atmósfera en los compartimientos estancos trescientos hasta el trescientos veinte. Fallos de electricidad y de componentes en algunos sistemas secundarios. Enfermería reporta que el total de bajas durante el asalto llega a veinte de los nuestros, quince civiles murieron y otros cincuenta están en estado crítico. Hay seis armaduras Ciclón inutilizadas y logramos capturar equipo enemigo. Ninguno de los atacantes sobrevivió -

- O al menos así parece - oyó detrás de él. Max entró en el puente, seguido del Comandante Shepard y Dana Sterling. Todos venían pertrechados aún.

- Que pongan manos a la obra con las reparaciones Karen – ordenó el ex-piloto con prontitud.

- A la orden Almirante - la rubia volteo a su terminal, lanzando las ordenes pertinentes.

- ¿Que tienes en mente Max? - cuestionó el Almirante, dirigiéndose a su compañero.

- Estas acciones nos dicen un par de cosas. Primera: Cerberus está dispuesto a hacer lo que sea con tal de echar mano de nuestra tecnología y será implacable a la hora de intentarlo. Segunda: Sus contactos y recursos son vastos, para haber logrado embarcar una carga biológica de ese tipo por debajo de nuestras narices, con todos los instrumentos de búsqueda y análisis de los que disponemos -

- Eso concuerda con lo que he visto de ellos... - mencionó Shepard, cruzándose de brazos en un gesto que ya le habían visto con anterioridad - ...no tienen miedo de atacar a blancos tan fuertes como la Alianza, si esta se decide a husmear demasiado profundo en sus asuntos... - la imagen del cuerpo inerte del Almirante Kahoku pasó breve por su mente - ...y su condicionamiento de los Rachni y los Merodeadores Torianos es la mejor prueba de su falta de escrúpulos. No se quienes son peores, si ellos o Saren y los Geth -

- Difícil pregunta Comandante. Y me temo que se convertirán en un problema grande en poco tiempo. Por lo tanto lo mejor es cortarlo de raíz. Adelle descubrió una transmisión de tipo similar a nuestra ultralinea, que se origino en la nave que trataba de escapar. Pudo rastrearla hasta la Ciudadela, al Bajo Distrito Tayseri para mayor exactitud. Agradecería que nos coordinara a la brevedad con Seg-C, para buscar en el punto de llegada. Y le voy a pedir que usted y su equipo vayan con los míos para asesorarlos, dada su reciente experiencia con este grupo terrorista -

- Será un placer – el militar esbozó un sonrisa, la primera que le veían en los últimos tres días.

- ¿Como está el Dr. Lang? - preguntó Dana, que rompió su usual mutismo. Le preocupaba el viejo científico, a quien le había tomado cierto cariño.

- Esta en Enfermería en estos instantes. El Dr. Salazar dice que debería estar muerto, pero supongo que tiene mucha suerte para eso. No sabemos cuando o si despertará. Se le indujo a un coma para que su cuerpo pueda recuperarse. De ahí en fuera, aún con los adelantos médicos de los que disponemos, no hay pronostico que valga -

La Sterling ya no dijo nada. Se cuadró inmediatamente y salió corriendo. Ni Rick ni Max hicieron por detenerla. Shepard también se excuso, diciendo que tenía que ir a preparar a su equipo. Cuando solo quedaron los dos oficiales mayores de la nave, Hunter se hundió en la silla de mando, abrumado como estaba. Max se acercó hasta él.

- Imagino que ir al encuentro de la otra nave está fuera de toda discusión - comentó el peliazul, recordando la información que habían recibido antes de toda la barahunda.

- Sí. Ingeniería reportó que el sistema de transposición esta estropeado, una mas de las bajas de este escarceo. Repararlo puede tardar algunas semanas. Más si tomamos en cuenta que el doctor está inhabilitado. ¡De cualquier forma vamos a seguir varados aquí! - Rick no contuvo el gesto de golpear el recarga-brazos de su silla con el puño y respiró profundamente. Karen lo regresó al momento:

- Comunicación desde La Ciudadela. Es la embajadora Hayes. Pide urgentemente hablar con usted -

- Dile que espere un minuto, responderé desde mi oficina privada...- el ex-piloto se levantó con trabajo de la silla y mientras se dirigía hacia su oficina, preguntó a su primer oficial:

- Por cierto... ¿que era lo que ibas a decirme? -

Maximilian miró un momento su omniherramienta y suspiró:

- Hay reportes de una nave gigantesca, en los llamados "Sistemas Terminus". Inteligencia descubrió esto diez minutos antes del ataque... -

La holografía que salía del brazo de Max no era muy nítida. El oficial la descargó a los sistemas de la nave y la imagen apareció en la gigantesca pantalla principal. Rick bufó y los operadores del puente solo acertaron a contener la respiración:

Allí, asediada por varias naves de ese nuevo universo, había lo que parecía una nave colonia-fortaleza Robotech...


En el siguiente capitulo: La partida del Comandante Shepard de la Ciudadela y un nuevo integrante del equipo.

Revisen y comenten.

Bye.