Robotech y sus personajes son una propiedad de Harmony Gold USA Inc., Mass Effect y sus personajes son propiedad de Bioware. No se obtiene beneficio económico alguno de esta historia.


Hola muchachos, ¿me extrañaron?... De acuerdo... bajen todos esas amas.

Si.

Estoy conciente de que desaparecí durante un buen rato y no actualize esta historia. La verdad podría deciles mil y un cosas acerca de como tuve un bloqueo mental durante tres semanas, como no tuve tiempo para escribir, etcétera. La verdad prefiero mejor dejarles el capítulo que sigue de "Sombras de los Segadores", para que evaluen si ha valido la pena la espera. Si después de leer, aún quieren matarme...

No los culpare.

Puedo tardarme en escribir un capítulo, pero mientras no diga que voy a dejar la historia por falta de interes, pueden considerar que regresaré.

Eventualmente.

Como siempre los agradecimientos están a la orden del día:

Y dice así... ¿qué?, ¿no hay nuevos seguidores?. Supongo que me lo merezco por tardarme demasiado. Pero no importa.

A los de siempre: ferduran y Ridli Scott (por cierto Ridli, ¡felicidades por tu cumpleaños!. ¡Con dos meses y medio de retraso, pero finalmente pude responder!)

Y a los otros... los que leen y no dejan comentario... ¡saber que alguien lee las historias de uno, ayuda de vez en cuando!.

En fin. No mas cháchara y vamonos con lo que sigue...

¡Casi lo olvido!. Hay un nuevo formato en casa. Lo verán conforme lean este capitulo. En días posteriores estaré reformando la historia para adaptarla a este formato nuevo (y quizá agregue alguna que otra linea nueva). Si no quieren releerla, no se preocupen: La historia como la conocen no va a cambiar. Solo voy a presentarla con algunos cuantos arreglos, como cuando relanzan peliculas filmadas en 2D, adaptadas al 3D Digital, ó con tres minutos de escenas nuevas (sí, los estoy viendo a ustedes, "Avatar" y "Titanic")...


Capitulo Nueve:

Encrucijada

Bajo Distrito Tayseri, La Ciudadela

30 minutos después del ataque al SDF-3...

Garrus Vakarian ajustó a su ojo izquierdo el visor Kuwashii que siempre cargaba consigo, calibrando el circuito óptico y el sistema de cálculo de distancias con los objetos a su alrededor. La pieza ocular se había vuelto una especie de fetiche, una parte integral de su imagen personal, del cual no se separaba más que en momentos muy excepcionales. La costumbre le venía de su tiempo en el ejercito Turiano. Sus instructores le habían taladrado en la cabeza, sin piedad ni consideración, que el equipo de un soldado debía tratarse con sumo cuidado. Una noción que, aplicada a la practica, tomaba visos hieráticos.

Reconfiguró el artefacto para entrar en modo de búsqueda. No era tan sofisticado como los de los especialistas de Palaven, pero a diferencia de aquellos, el ex-detective había podido personalizarlo a su gusto. Ahora, a través de el, veía las actividades del distrito desenvolverse en una especie de calma tensa. Había informado a Seg-C de las intenciones de la Fuerza Expedicionaria, tal como el Almirante había solicitado. El Ejecutor Palin había comisionado al detective -ahora capitán- Chellick, que los ayudara. Al tiempo que preparaban la misión, se reportó un altercado con armas de fuego en el mismo lugar donde los especialistas de comunicaciones habían localizado el punto de recepción de la información robada. Así, mientras sus ex-compañeros aseguraban el exterior del edificio y establecían un perímetro de seguridad a toda prisa, el Comandante Shepard, Ashley Williams y el mismo, se preparaban para el asalto a la casa de seguridad.

La FER había sido muy insistente en que fueran solo ellos y algunos operativos suyos, quienes llevaran a cabo la operación. Eso molesto a la gente de Seg-C. A pesar de eso, Garrus lo veía como lo que era, una ocurrencia más del trabajo. Una que provocaba el incordio de sus antiguos compañeros.

– ¿Listo, Garrus?

El tono de voz del Comandante le indicó, sin mirarlo, que esta era similar a esas misiones de rutina, como las que llevaban a cabo en la Normandía. Enseguida cayó en la cuenta: Abatir contrabandistas en mundos inhóspitos, inutilizar inteligencias artificiales fugitivas, destruir bases de Cerberus y enfrentarse a amenazas del calibre de los Geth, entre otras tantas linduras, no eran ni por asomo misiones de rutina...

– ¡Cuando tu digas Comandante!.

Sonrió para sí y tomó su rifle Avenger. No quería dejar su rifle de francotirador Mantis, pero las condiciones de batalla dictaban que el rifle de asalto era más útil para combate en espacios cerrados. Williams portaría una escopeta Scimitar, y un rifle Kovalyov plegado a su espalda, como arma de reserva, así que no les iba a faltar poder de fuego. En manos de la soldado ambas armas eran mortales. Shepard se cargo a la espalda sus propias armas de Espectro y cuando estuvieron listos, un par de operativos de la FER, enfundados en esas mortales, aunque aparatosas armaduras transformables suyas, se adelantaron hacia ellos:

– Comandante Shepard... – Garrus ya reconocía la silueta particular de la rubia Coronel Dana Sterling – ...cubriremos su retaguardia. Usaremos la frecuencia siete tres nueve para comunicarnos, – mencionó mientras cerraba el casco de su armadura Ciclón y hacia la seña a su subordinado para rodear y entrar por la parte de atrás del edificio.

Locke dio su propia orden y enseguida se acercaron rápidamente a la explanada de la entrada principal. Nadie los recibió. Quien hubiera entrado, no había dejado centinelas en el perímetro. A una señal del Comandante, el Turiano forzó la placa del panel de control, que regulaba las puertas principales de la construcción, con un par de toques de su omniherramienta. La codificación de esos mecanismos no era difícil de intervenir, pero hacerlo rápidamente era cuestión de tacto. Requería ambos, sutileza y precisión para el detalle. Virtudes que no muchos poseían. Para su suerte, sus años de detective de Seg-C le habían enseñado toda clase de trucos en lo que se refería a sistemas electrónicos.

Accedieron a las escaleras, en la formación de combate estándar que ya era una segunda naturaleza en ellos, ordenando al elevador subir hasta el octavo piso, como medio de distracción. Tratando de pasar desapercibidos, tomaron las escaleras y empezaron a subir hacia el tercer piso, donde los técnicos habían localizado el punto de recepción de Cerberus. Según el plan, se habría establecido al tiempo de su entrada, un focalizado y sutil campo de disrupción que hacía las veces de señal de interferencia de las comunicaciones enemigas, y solo frecuencias selectas proporcionadas por la FER funcionarían sin problemas.

Un mensaje de Dana entró por el canal reservado:

–[Comandante: Neutralizamos un par de hostiles en el perímetro. Hombres en armadura negra y sin distintivos, armados con rifles de asalto y pistolas pesadas. No parecían estarnos esperando, por lo que es probable que el enemigo no se haya percatado de la operación. Detectamos actividad en el tercer piso. Hay por lo menos tres elementos. Dos de ellos haciendo rondas de guardia a diez metros del pozo de aire principal. Tenemos audio del departamento. Retransmitiendo:

"[¡¿Cual es la contraseña, perra miserable?, ¡dímelo ya y me encargaré de que no sufras demasiado!...]" –una voz penetrante, y de tono amenazador.

"[¡No se de que hablas!...]" –seguido de una voz femenina que gritaba histérica: "[...¡en serio no lo sé!, ¡yo solo venía por una taza de café!.]

– Situación de rehenes... – el militar evaluó rápidamente – ...aseguren las salidas. Estamos por llegar al área de conflicto.

A esa voz, Locke asomó la cabeza ligeramente por la puerta del pasillo de la tercer planta. Pudo ver a uno de sus aliados acuclillado en una esquina, oculto en la penumbra, listo para saltar sobre uno de los hombres de negro, que hacía el rondín a unos metros de él. El otro guardia estaba parado cerca de la entrada del elevador, de espaldas al grupo. De su tercer oponente no tenían ubicación. Casi inmediatamente la voz de Dana le llegó por la radio:

–[En posición para neutralizar al tercer enemigo, a su orden Comandante]

Shepard dio la orden. El comando de la FER saltó sobre el desprevenido centinela, acuchillándolo directamente a la base del cuello, con la hoja vibradora de alta velocidad que tenía acoplada a su brazal izquierdo. Los escudos cinéticos y armaduras que las compañías de pertrechos militares de la galaxia estilaban, estaban pensadas para aminorar impactos de partículas tan minúsculas como un grano de arena, aceleradas a fracciones de la velocidad de la luz. A la hora de rechazar una hoja de aleación de fibra de buckycarbono y titanio, de más de un millón de veces la masa calibrada de cualquier disparo, y que vibraba a una velocidad de mil quinientas veces por segundo, no había defensa posible. Un violento chorro de sangre salió del cuello de la víctima, pero el sonido que produjo fue casi inaudible.

Shepard ordenó a Ashley y esta saltó de la puerta. El otro estaba volteando hacia su compañero, cuando se encontró de lleno ante la Jefa Artillera. Una llave de artes marciales y un pisotón a la base de la espalda fueron mas que suficientes para incapacitarlo. Un ruido que venía del pasillo contiguo los puso en alerta. Voltearon a toda velocidad, solo para encontrar al tercer hostil con el torax perforado completamente por un rayo de partículas. Dana salió de atrás, asintiendo y señalando la puerta del departamento.

Sin que se lo ordenaran, Garrus se enfocó a abrir la puerta, mientras el ruido del interior lo obligaba a darse prisa:

– ¡Vamos a divertirnos un rato!

– ¡No!, ¡sueltame, miserable!

La violencia de las voces hizo al turiano perder la concentración por un segundo. Esa clase de cosas no eran su fuerte. Tali podía haber hecho ese trabajo en menos tiempo. "Lástima que decidió quedarse a ayudarle al Ingeniero Adams..."

– Garrus... – masculló Ash detrás de él, con tono apremiante. La situación adentro estaba degenerando y no había tiempo que perder.

Enfocó su mente de nuevo en la tarea a la mano. El seguro de la puerta se abrió sin el más mínimo ruido. Ash se colocó a la izquierda, Shepard a la derecha y Garrus permaneció al frente, con los demás atrás de él. El Espectro dio la orden y penetraron raudamente en el departamento, como si fueran un tornado.

Los perpetradores ignoraban que los tenían casi encima.

Al entrar a la estancia principal, encontró a dos hombres en las mismas armaduras negras de los de afuera. Uno de ellos estaba recargado en la pared, con un rifle en las manos, observando la escena frente a él, observando con malicia. El otro no traía casco y batallaba para quitarse la parte inferior de la armadura. En una repisa lateral, había una pistola Predator, que probablemente pertenecía a los agresores. Y arrodillada frente a él, estaba una chica de estilizados lentes y cabello recogido negro, atada de pies y manos. Vestía de manera provocativa, tenía el pelo revuelto y desordenado y un moretón en el rostro. A los pies del grupo, yacían tres cuerpos inertes, con las armaduras blanco y negro distintivas de Cerberus.

El entrenamiento militar del extraterrestre entró en juego rápidamente. En una fracción de segundo apuntó al que amenazaba a la civil y disparó un solo tiro, que fue a incrustarse en la cabeza del agresor, dejándole un pequeño agujero en la frente, y que provoco un chillido de horror de la chica. Ashley dirigió su Scimitar IX al pecho del que reía y disparó un par de veces. Varios impactos se formaron en la armadura del otro, llegados del arma de la mujer, que no rebotaron en ninguna barrera cinética. El pobre diablo no se levantó.

Shepard hizo una seña. La Coronel Sterling y el otro soldado revisaron el resto del lugar. Cinco segundos después, el grito de "¡despejado!" les indicó que las amenazas habían sido neutralizadas completamente.

– Todo limpio Comandante... – mencionó la oficial de la FER.

Garrus sin embargo no estaba tan seguro. Las cosas habían salido muy bien, excelentes de hecho... Tenía esa extraña sensación de que se le escapaba algo.

– No me hagan daño, por favor... Yo solo venía por una taza de café... – la civil lloriqueaba y su voz estaba al punto de la histeria...

– No se preocupe, señorita. Mi nombre es Ashley Williams, de la Alianza de Sistemas... – la Jefa se acercó a desatarla, mientras Shepard establecía comunicación con el alto mando – ...permitame un momento y la sacaremos de aquí – comentó, mientras le quitaba las ataduras.

Mientras tanto el turiano repasaba mentalmente lo que veía. Mobiliario, paredes, cajas de circuitos, instalación eléctrica. Nada estaba fuera de lugar, salvedad de los cuerpos de los operativos de Cerberus en el suelo, y la civil que no parecía tener ningún motivo para estar ahí. Algo sospechoso en si mismo, suponiendo que el enemigo sabía que irían por ellos y que la FER iba a hacer hasta lo imposible para recuperar la información robada. Había esperado una operación más agitada. Quizá habían corrido con suerte y los mandos terroristas no habían previsto una respuesta tan rápida. No lo creía. Sus tripas le decían que habían pasado algo por alto, pero no podía poner el dedo -o la garra para más precisión- en lo que era exactamente...

– Área asegurada. Hay cinco bajas enemigas y rescatamos a una civil con heridas leves. Manden asistencia medica – ordenó Shepard hacia el micrófono en su armadura.

– De acuerdo Comandante. El Almirante Hunter quiere hablar con ustedes. Cambie a transmisión holográfica por favor, – ordenó la voz al micrófono. El hombre rezumaba fastidio por todos lados, pero se concentraba en no demostrarlo. Ajustó algunas cosas en su omniherramienta, mientras los demás registraban los cadáveres.

Garrus reflexiono un momento, mientras Shepard conferenciaba con los mandos de la operación: El Almirante Hunter, la Embajadora Hayes y el Detective Chellick. El último un viejo conocido suyo. Los primeros, las mas recientes personalidades de la escena política de la galaxia. No envidiaba el papel del Comandante en semejante reunión de personalidades.

Iba a escoltar a la chica hacia afuera, para llevarla con los médicos, cuando la imagen y la voz inquisitiva de Lisa Hayes, que salían de la omniherramienta de Shepard, lo detuvieron en seco:

–[Señor Vakarian, ¿podría preguntarle a la mujer junto a usted su nombre, y decirle que se acerque a la cámara, por favor?...]– el turiano volteo inmediatamente hacia la proyección holográfica y contesto con cortesía:

– Seguro que si, Embajadora.

Shepard caminó hacia a ellos, mientras Garrus señalaba a la mujer, deteniendo su andar. El extraterrestre la acercó la cámara, mientras preguntaba:

– ¿Cual es su nombre señorita?.

Garrus Vakarian había visto las caras de muchos criminales en su tiempo en Seg-C. Los rostros de algunos de los más depravados y violentos lo habían sorprendido, por la naturalidad con que eran capaces de pasar del frenesí a la tranquilidad. Era una ocurrencia que le había enseñado las múltiples facetas, de lo peor que la galaxia podía ofrecer. Mientras veía una sonrisa fugaz cruzar el rostro de la civil, acompañada de un gesto de confianza que estaba fuera de lugar en una asustada rehén de secuestro, Garrus se puso rígido. Quizá su mente le estaba jugando una mala pasada. Pero el tono histérico y el rostro de miedo reflejados en ella habían desaparecido. En su lugar, una faz serena y la voz mas sensual que jamás había oído, mencionó:

– Me llamo Circe Stilwell... pero creo que la Embajadora Hayes ya sabe eso. – La sonrisa que pensaba haber imaginado, era en suma real y patente.

Ambos Shepard y Garrus cruzaron rápidas miradas de sorpresa, que aumentaron en definitiva, cuando la voz firme del Almirante Hunter ordenó:

–[Comandante: Haga el favor de arrestar a la señorita Stilwell y escoltarla al mando de campo.]

– ¿Bajo que cargos, Almirante? – inquirió el militar, sinceramente intrigado por lo que acababa de pasar.

–[¡Conspiración, espionaje y posesión ilegal de información clasificada de la Fuerza Expedicionaria Robotech!...]


Miranda Lawson, en su presente personalidad falsa de Circe Stilwell, esperó a que su escolta, conformada por tres elementos de Seg-C y dos soldados de la FER fuertemente armados, todos presididos por el Comandante Shepard, terminara de ensamblarse y posicionarse alrededor de ella, con ceño de indiferencia. La habían hecho esperar un poco para verificar su historial y sin duda como una medida destinada a ponerla nerviosa, antes de "encaminarla" al centro de operaciones provisional que se había montado en el precinto del Bajo Distrito Tayseri. Circe Stilwell, la máscara, cuya personalidad provocativa, era a pesar de todo la fachada de una niña insegura y caprichosa, se habría puesto inmediatamente nerviosa por ese simple hecho. En cambio Miranda Lawson, el epítome de la perfección humana y leal creyente de la labor del Hombre Ilusorio, no se dignaba dejar que otra cosa, salvo el mas sincero aburrimiento, la abordara.

Usar una táctica tan malditamente burda contra ella, era invitar al desastre. Su padre, el magnate Henry Lawson, había "trabajado" en ella como en ninguna de las otras "hijas" que había encargado, con la única finalidad de conseguir el perfecto heredero a su personal imperio mercantil. Le había destinado cuantiosos créditos, dándole todo aquello que quería, pero considerándola una inversión más de esas que le habían permitido convertirse en uno de los hombres mas ricos de la galaxia. Su educación había sido la mejor que el dinero podía comprar (que era algo más que excelente). Sus destrezas físicas no tenían rival, sus habilidades bioticas hacían palidecer a muchos exponentes humanos y asari, sin mencionar su intenso entrenamiento en diversas disciplinas como el uso de armas, tácticas, subterfugios, seducción, espionaje y una larga cadena de etcéteras. La cereza del pastel eran las extensas modificaciones genéticas que su padre había encargado a expertos de mil mundos...

Ella representaba la elongación del concepto de lo "humanamente posible", hasta límites insospechados.

Su vida fuera de la controlada burbuja en que su padre la había criado, la había vuelto consciente de muchas de las situaciones políticas de la comunidad interestelar. Sobre todo algunas con las que no estaba de acuerdo. Pese a todo, una sola persona no podía competir con las enormes mareas que definían el rumbo de civilizaciones enteras.

Pero una organización como Cerberus si que podía...

Imaginaba la momentánea sonrisa de satisfacción del Hombre Ilusorio. Había calculado las circunstancias con suma precisión y hasta el momento no se estaba equivocando. Cuando le mencionó por primera vez ese plan, no estaba segura de que los recios dignatarios de la FER fueran a caer en semejante argucia. Las últimas horas, sin embargo, habían resultado una confirmación de cuan grandes eran las capacidades de manipulación de su jefe. El proceder del Almirante y su esposa había sido predicho y se estaba cumpliendo casi punto por punto.

Mientras los soldados la llevaban hacia donde los representantes de los poderes esperaban, dio cauce a la siguiente parte de la estrategia. Dirigió sus baterías contra el hombre cuyo encargo era vigilarla:

– ¡Comandante Shepard!. Finalmente tengo el gusto de conocerlo en persona. He estado muy al pendiente de sus acciones. – comentó, mientras los soldados la guiaban.

– ¡Silencio! – ordenó uno de los de Seg-C, sin detenerse.

Shepard no respondió, quizás prevenido por sus propias experiencias con sus correligionarios, pero la chica pudo ver como apretaba la mandíbula ligeramente. Bien...

– Comandante: Sin importar lo que haya visto u oído acerca de nosotros, puedo asegurarle que Cerberus no es su enemigo...

– ¡Silen... – el guardia iba a reconvenirla de nuevo, pero una seña de Shepard lo detuvo:

– ¡Digale eso al Almirante Kahoku! – respondió, volteando a verla, mientras se acercaban a la entrada del precinto, en una de las plataformas superiores del distrito.

Miranda no dijo nada, solo estudiando el semblante ligeramente molesto del militar. Shepard no recibió respuesta y estaba por voltear de nuevo para seguir su camino, cuando Miranda habló de nuevo:

– ¡El Almirante Kahoku fue una víctima desafortunada!. Pero en esta clase de circunstancias siempre hay daños colaterales... – mencionó sin la mas mínima contrición.

El recio Shepard se acercó a ella, encarándola, y provocando miradas de suspicacia de los otros escoltas:

– ¡Su organización mató al Almirante por descubrir demasiado de sus operaciones!. ¡¿Explíqueme como entra eso, dentro de la definición de daño colateral? – el hombre era fuerte, sin ser excesivamente musculoso. Sabía como intimidar a la gente, y eso le daba un aura de ligero salvajismo que la chica consideraba muy excitante. Pero no se dejó asustar. Miranda había tratado con cosas más sobrecogedoras allá afuera.

Se limitó a sonreír socarronamente:

– A veces, Comandante, la rigidez de la milicia entra en conflicto con nuestra manera de hacer las cosas. Si me dieran un crédito por cada vez que la burocracia de la Alianza bloquea iniciativas más agresivas para asegurar la seguridad de la Humanidad, probablemente ya habría podido comprar la galaxia entera...

– ¡El terrorismo del que hacen gala desvirtúa cualquier buena intención que puedan esgrimir en su defensa! – el militar clavó su mirada penetrante en ella. La pasión y carisma de ese hombre eran innegables, pero Miranda se rehusó a caer.

– ¡No me esperaba esa veta de ingenuidad en usted Shepard!. Piense en esto: Tiempos desesperados exigen medidas desesperadas. ¡Y Saren y los Segadores no van a tomarse las cosas con la misma dosis de ética! – comentó y escudriñó los ojos cafés del hombre:

"Veamos como reacciona a semejante rejón"...

– ¿Que sabe usted de los Segadores? – el tipo rompió el espacio personal de Miranda, de manera agresiva.

"Justo en el blanco..."

– Más de lo que usted cree... – la chica se alejó ligeramente, en un gesto perfectamente calculado para mostrar sumisión, quedándose en el cerco que los soldados habían formado a su alrededor – ...pero eso no parece importarle a sus jefes. En lugar de dejarlo continuar su caza del renegado Saren Arterius, lo confinan a una nave extraterrestre, a hacer de "recadero glorificado" del Consejo... – inyecto una dosis suficiente de escarnio en su voz. Solo lo estrictamente necesario.

La agente de Cerberus pudo ver la seriedad y profesionalismo del Comandante diluirse sutilmente. La emoción estaba allí. Solo tenía que exacerbarla un poco...

– ¿No es cierto que Saren ha probado ser un oponente elusivo?, ¿y que en concierto con los Segadores puede ser considerado la mayor amenaza de la galaxia en este instante?...

Podía saborear la indecisión del hombre en sus ojos. Estaba devanandose los sesos, eligiendo entre su deber a la Alianza y al Consejo, y su necesidad de perseguir al que consideraba hasta el momento su máximo rival, y la mayor amenaza para la galaxia.

Y Miranda podía ver toda esa insatisfacción reflejada en un ligero destello de su mirada.

Toda.

– ¡Esta conversación se acabó! – ordenó el Héroe de Elysium a la escolta y se volteo para ignorarla. Ella lo tomó del hombro:

– ¿Cree usted que puede permanecer impasible, cuando la galaxia esta por irse al demonio?... – los oficiales a su alrededor sacaron sus armas y le apuntaron, pero la chica no cedió:

– ¡Lo reto a que me mire a los ojos y me diga con toda franqueza que puede hacerlo!... ¿no?... ¡ya lo sabía! – miró a los demás de reojo y clavó su cerúlea mirada en la de Shepard, cuyo rostro era una expresión de enojo. Oscilaba entre su rostro y su mano posada en su hombro.

– ¡Importa poco lo que ustedes sepan de los Segadores!. Después de lo que he visto, no me fío de Cerberus... – y Locke Shepard, enojado, retiró su hombro abruptamente.

Lawson solo sonrió:

– No tiene que hacerlo Comandante. Solo recuerde que "Los motivos de Cerberus, son los motivos de la Humanidad"... – lo miró esbozar un ceño de razonable duda:

– ¿No me cree?... Pronto lo hará.

El hombre echo a andar de nuevo, y los demás se acercaron para obligarla a avanzar. Miranda les dirigió una mirada que podía helar el infierno y los dejó atrás. Estaba segura de que el dardo había calado muy hondo dentro del oficial de la Alianza. Todo se desarrollaba a pedir de boca...


Garrus y Ashley aún permanecían en la casa de seguridad. El Comandante había ordenado que apoyaran a sus aliados en lo que pudieran. El turiano sabía de tecnología y estaba asesorando a los técnicos de la Fuerza. Los "fierros" en que la base de datos estaba almacenada eran hardware de punta, y a pesar de la versatilidad de la FER y su eficacia para acceder a sistemas enemigos, el proceso de recuperar la información iba a tardar un poco.

"Tali ó Kaidan habrían hecho las cosas más faciles," pensó. –De hecho, si había algo que Garrus reconocía al extinto humano, había sido su extensivo conocimiento de electrónica y su facilidad para adaptar sus técnicas a las necesidades de la situación–. Había considerado al tipo como agradable y poco prejuicioso -para ser un humano claro-, y de cierta forma fue un mejor compañero de aventuras que muchos otros que había tenido en sus años de oficial de la ley...

Virmire había convertido todo eso en polvo.

"¡Maldito seas Saren!, como si hiciera falta echar todavía mas lodo sobre el honor turiano..."

Volteo a ver a sus compañeras:

Ashley había hecho buenas migas con la Coronel Sterling, de esa forma en como las hembras humanas suelen pasar del trato ocasional al compañerismo mas acérrimo. Ya conocían a la Coronel. La habían visto cuando el ataque al SDF-3, habiendo sido de los primeros oficiales que los ayudó a repeler el ataque de las criaturas que Cerberus había llevado. Después la había visto cuando llego a la enfermería de la nave, inquiriendo por el científico al que Garrus había ayudado.

Aprovecho la actual coyuntura de hechos para preguntar:

– Coronel... ¿como se encuentra el profesor Lang?

En la cara de Dana se pintó un gesto de preocupación. La pelirrubia suspiró, para luego responder, desganada:

– Esta en coma. Por el momento no sabemos si podrá recuperarse. Las toxinas que ese monstruo le inyectó son muy incisivas, y provocaron mucho daño a su cuerpo. Aún con las terapias de las que disponemos, no hay certeza acerca de su recuperación.

– Es una pena. ¡Los espíritus lo ayuden! – mencionó el turiano, ofreciendo su simpatía. Desde el instante del ataque, la imagen del viejo doctor desplomándose a su lado, lo había rondado sin cesar.

La cara de Dana era de extrañeza. Ashley intervino:

– Quiere decir que lo siente. – mencionó – ¡Garrus es un buen tipo!... para ser un turiano, claro.

– Gracias por el voto de confianza, Jefa...

– ¡De nada!, ¡je!, ¡je!, ¡je!... – comentó Ash, con cierta malicia. Dana se rió de buena gana.

Uno de los técnicos hizo una exclamación de triunfo que no paso desapercibida a los otros. La Coronel se acercó a cerciorarse de lo que había pasado y mientras, el extraterrestre se desentendió de ambas mujeres. Todavía tenía esa molesta sensación rondándole los bordes de las escamas. Esa de que algo había pasado, que no habían contemplado.

Repasó los hechos en su cabeza rápidamente:

"Cerberus ataca el SDF-3 y roba información importante, a costa de perder a su equipo de extracción. La información se transmite a la Ciudadela, a una de sus casas de seguridad. Al entrar por ella, encontramos que el recinto ha sido atacado por hombres de armaduras negras, cuya descripción coincide con el grupo que atacó el Precinto Zakera hace casi dos semanas, y que presuntamente trabaja para el Corredor Sombrío, según lo que el Capitán Chellick menciona... ¿Como se enteraron de esta operación?, ¿esta dispuesto el Corredor Sombrío a echarse de enemigo a Cerberus?."

Hubo un segundo de incertidumbre en su mente, provocado por las implicaciones de semejante linea de pensamiento. De súbito reparó en un ligerisimo relieve en la pared. Se acercó a el y pasó su mano por encima.

Sí. Allí había algo...

Calibró su omniherramienta para buscar componentes electrónicos y la pasó por encima del bulto en la pared de plastiacero. Había una lectura muy débil, casi imperceptible. Tomó su rifle de asalto y golpeo la prominencia con la culata. Solo se hizo una abolladura poco notable.

– ¿Que pasa Garrus?.

– Creo que acabo de encontrar algo sospechoso. ¿Pueden ayudarme, señoritas?

Ambas chicas se acercaron hasta el abultamiento. Ashley sacó la escopeta y dio otro culatazo al área. Un par de golpes después habían logrado mellar la pared. Allí, velado entre el recubrimiento, había una especie de nodo electrónico complejo, que no había visto por estar escondido cuidadosamente, empotrado en la pared. No se parecía a ningún equipo que hubiera visto en su vida. El diseño sin embargo le parecía vagamente familiar. Al verlo Dana, frunció el ceño. La expresión interrogante llamó la atención del turiano:

– ¿Coronel Sterling?... – preguntó. Había visto esa mirada muchas veces en Shepard, como para no saber que significaba:

– ...¿Usted reconoce esta tecnología? –

– Me parece familiar... ¡Especialista Vickers!

Uno de los dos técnicos que trabajaban en decodificar la contraseña de encriptación del servidor, se acercó rápidamente:

– ¿Señora?

Dana lo dirigió hacia la pieza del equipo, que el soldado sacó de la pared jalando un poco los cables de conexión, pero sin arrancarla. Observó la pieza, verificándola de arriba a abajo:

– ¿Puede identificar este componente?.

– Parece un relé de derivación RRG-2564XS, de los que usamos en los circuitos conductores de nuestras naves y armas. Pero está... modificado – el técnico indicó algunas partes del circuito:

– No reconozco algunas partes y hay otras... – señaló con su índice hacia una parte del cuerpo, que parecía estar soldada con cierto cuidado, pero que de ninguna forma era parte del original – ...cuya función ha sido subvertida. Nunca había visto algo así.

¡Ahí estaba otra vez!. Esa sensación de que algo andaba terriblemente mal. De pronto algo en la cabeza de Garrus hizo clic. Tuvo una corazonada y verifico de nuevo con su omniherramienta. Encontró varios más de esos nodos desperdigados a lo largo de la casa. Observó las computadoras y la pieza y lo comprendió todo:

– ¡Ay no!, ¡están ligadas al...

Demasiado tarde. Al instante una serie de sensores se encendieron en diferentes partes del cuarto. Gritó a los otros que dejaran de hacer cualquier cosa que estuvieran realizando y permanecieran quietos. Apago la omniherramienta y bajó la pieza ocular de su rostro con sumo cuidado, escudriñando el cuarto.

Había cosas que había aprendido en la milicia: Como el más ligero sonido extraño, en un lugar donde no debía haberlo, podía ser el aviso de una muerte segura... como el más ligero humo podía revelar los laseres invisibles de un sistema de sensores... como la mas ligera presión sobre una placa sospechosa podía activar un artefacto mecánico y precipitar una tonelada de escombros sobre él... como un suspiro podía activar un explosivo sensible al calor y la humedad...

Todo eso y mucho más, pasó por su mente en ese preciso instante. Aguzó la vista y el ingenio, tratando de encontrar patrones. Reviso mentalmente su conocimiento acerca de las posibles maneras de engañar sensores oculares como el suyo. Mil y un ideas y varias miradas después solo encontraba...

Nada.

Nada que pudiera indicarle el tamaño del lío en que se habían metido.

Tardó un minuto, revisando de nuevo. Y de pronto encontró el patrón. Ahí, diminutos, empotrados a las paredes, invisibles cuando inactivos, pero inconfundiblemente vivos, ahora que la carga eléctrica recorría sus piezas. Relés secundarios que conducían una señal eléctrica de frecuencia muy corta. Había visto esa disposición de circuitos, solo en los libros de teoría. Muy pocos especialistas eran capaces de instalar un sistema así. Oyó la voz de Ashley Williams regresarlo a la realidad:

– ¿Garrus?... –preguntó con ligera ansiedad. El turiano decidió que era mejor no disimular la gravedad de la situación.

– ¡Me lo imaginaba!, ¡me lo imaginaba y no pude preverlo!. Es una trampa de variación de señales eléctricas. Hay artilugios disimulados en las paredes, que conducen cargas eléctricas de muy bajo voltaje... – señaló hacia varios lugares donde ahora percibía señales extrañas:

– Parecen ser detonadores finos, activados por impulsos eléctricos. Esta clase de trampa no es común. Es una técnica quariana que solo unos pocos grupos, como los salarianos o batarianos han podido replicar... –

– Y tal parece que ahora Cerberus también... – agregó Ash, mientras su compañero seguía escudriñando el cuarto. Esa clase de sorpresas nunca iban solas:

– En la técnica original, los relés están conectados al interruptor de un emisor de pulso electromagnético. Su misión es deshabilitar una fuerza de sintéticos o infantería con equipo electrónico sofisticado... – señaló al servidor, del cual el otro soldado de la FER se había retirado lentamente – ...sin embargo también pueden estar conectados a una bomba... –la reverberante voz del Turiano salió acongojada de sus cuerdas bucales:

– Si los sensores captan un campo eléctrico mayor al límite estipulado por las I.V.'s de los sensores, podríamos no vivir para contarlo...

Unos cuantos "¡maldita sea!" y otros improperios cortaron el silencio por unos segundos. Después se hizo la paz. Solo la respiración agitada de los soldados perturbaba el aire sepulcral de la habitación. Ashley preguntó en voz baja:

– ¿Podemos tomar la computadora y salir de aquí?

– No lo creo... –comentó el turiano. Ante la mirada de seriedad de los otros se apresuró a agregar:

– Si yo hubiera puesto esta trampa, la habría acompañado de sensores de movimiento y presión. Cualquier intento de movernos de aquí podría detonar la contramedida establecida. No tenemos manera de saber que es lo que va a a pasar a continuación.

– ¡Maldita sea!. ¿Hay alguna manera de desactivar esta trampa?

El extraterrestre dirigió una mirada a sus compañeras, que podía decir muchas cosas. Quedarse ahí parados sin hacer nada equivalía a la muerte. Esas trampas solían estar también conectadas a detonadores remotos. Si la persona o personas que la habían puesto aún observaban -y podían hacerlo si habían dejado cámaras ocultas en el departamento-, podrían activar el dispositivo manualmente y sería su fin. Por otro lado, no quería usar su omniherramienta para buscar las conexiones. Ni siquiera quería arriesgarse a usar el visor Kuwashii por miedo a detonar la trampa...

Maldijo de nueva cuenta el que Tali no estuviera ahí. Su enorme conocimiento de electrónica les habría ayudado a idear una forma de escapar de esa. Kaidan también podía haber encontrado una solución ingeniosa rápidamente. Probablemente ambos podían haber actuado con más seguridad, pero ninguno de ellos estaba ahí en ese preciso instante. No podía contactar con Tali hasta la Normandía, el requisito de energía para mandar un mensaje directo podía detonar la trampa. Y Alenko... bueno... Alenko era polvo radioactivo arrastrado por el viento...

Solo quedaba él para lidiar con esa situación. Tenía que hacer algo y pronto.

Entonces les llegó una sacudida. Ash perdió el equilibrio, pero se recuperó rápidamente. Dana solo se agarró a la pared que tenía mas cercana y los técnicos se tiraron al suelo. Un tremor hizo vibrar el edificio, acompañado del crujir del plastiacero y un rumor sordo que no parecía venir de demasiado lejos.

– ¡Eso sonó como un edificio viniéndose abajo! – la voz de Ashley Williams ya dejaba entrever mas que tensión.

El ex-detective reflexionó un minuto y, temeroso de que estuviera firmando la sentencia de muerte de todos, hizo lo único que consideró conducente. Encendió su omniherramienta a la frecuencia mas baja de operación y una vez que se percató que no habían estallado, escribió un mensaje:

"¡Shepard, tenemos problemas!..."


La puerta del austero cuarto se abrió de pronto y la prisionera y tres de sus escoltas entraron en la habitación. Reunidos en una mesa rectangular, estaban todos los personajes que Miranda esperaba. A la izquierda, en el extremo más lejano el moreno Capitán Anderson, en calidad de representante de la Alianza. A su derecha el Capitán Chellick, por el Consejo y Seg-C. Y frente a ella, Lisa Hayes, Rick Hunter y Miriya Sterling. Todos expectantes a lo que Miranda-Circe tenía que decir. Todos con rostros de preocupación.

No podía pedirse una audiencia más dispuesta.

Los oficiales que la custodiaban se posicionaron a media distancia, con sus armas listas para disparar en caso de cualquier eventualidad. El Comandante Shepard fue a sentarse cerca de Anderson. Y tan pronto tomaron posición, el turiano Chellick empezó:

– Ciudadana Circe Stilwell, veintiocho años, profesión: Pasante de ingeniería, asistente personal provisional del arquitecto salariano Horath Lisanis, miembro de la oficina de Asuntos de Ingeniería y Planificación de la Ciudadela. Afincada en el edificio 25-A del corredor 3-B del Bajo Distrito Tayseri. Numero de registro social: 039521B7G, falso. Licencia de inmigración terrestre: 35HF658, falsa también... – el extraterrestre consulto los datos de su omniherramienta, el tono grave de su ondulante voz dejando entrever la gravedad de la situación:

– ...Los cargos que se le imputan y por lo cuales se encuentra usted aquí, son...

– …espionaje, conspiración, sabotaje, posesión ilegal de información, blá, blá, blá. ¡Meras fruslerías! – mencionó la chica, en voz desafiante.

– ¿Qué?, – la sorpresa e indignación se hicieron presentes en el rostro del alienigena. Sin duda el oficial de Seg-C no estaba acostumbrado a la insolencia, de parte de sus prisioneros.

– Ustedes ya saben acerca de mis múltiples crímenes contra el régimen de esta estación espacial, señores. Ahorremos tiempo y vamos al grano. Estoy aquí porque Cerberus tiene algo importante que decirles.

– ¡¿Como se atreve?... – el turiano se levantó de su asiento.

– ¡Capitán!– la voz de Anderson lo detuvo un instante. Miranda -Circe vio la indignación reflejada en el rostro del extraterrestre y sonrió para sí. Miriya también enarcó una ceja, en un gesto que advertía su diversión.

– La insolencia no le conviene en este preciso instante, señorita Stilwell... – intervino Rick Hunter, con voz tranquila:

– Quien determina que el mensaje de Cerberus tiene relevancia, somos nosotros. Y por supuesto una provocación de esas puede predisponernos negativamente – El Almirante comentó con desdén. Claramente no estaba dispuesto a dejarse manipular fácilmente. Eso agradaba a Miranda.

– ¡Entonces tendría que pesar en su conciencia la posible catástrofe que se avecina!... – contraatacó la agente, mientras los miraba a todos por turnos.

– ¿Catástrofe?, ¿de que habla?. Le advertimos que hacer esto no le ganará nada señorita Stilwell, si es que ése es su verdadero nombre... – respondió Chellick, no dispuesto a quedarse fuera de la situación.

"El turiano pone su ira debajo de una máscara de profesionalidad..." la biotica reflexionó, "...lo que no es mas que un alarde. Anderson parece intrigado, pero si hay algo allí que le moleste, esconde bien sus intenciones. Y el Comandante Shepard está donde quiero que esté..."

La preocupación sin embargo, estaba cerca de su mente. Y tenía que ver con los otros humanos presentes. La tendencia de Shepard a la acción más que al dialogo, le hacía particularmente irritante la situación. No podía decir lo mismo de Lisa Hayes, quien parecía medirla de arriba a abajo sin prisa, tratando de hacerse una idea de su carácter y como podía influenciarlo. Rick Hunter también la veía sin prejuzgar, conteniendo sus emociones y esperando pacientemente. No quiso dirigir la mirada a Miriya Sterling mas allá de un minuto. La mujer del cabello verde solo la miró una vez y esa sensación extraña del primer instante en que la vio, se replico de nuevo. Había detectado algo desde ese entoncesd, y no se sentía muy tentada a ahondar en la sensación de disgusto que le inspiraba.

– Repito: Mi organización tiene algo que decir. Si deciden hacer caso omiso, pueden lamentarlo...

– ¿Es eso una amenaza? – preguntó Anderson sin perder la compostura. Lisa lo secundó:

– Su posición de fuerza es inexistente, señorita Stilwell. La base de datos que su gente robó del SDF-3 esta asegurada ya. Se encuentra rodeada de elementos de Seg-C y por si no fuera suficiente, nuestros soldados patrullan el lugar. Cualquier intento de una sorpresa terminaría con su lamentable deceso. Sin embargo, debo decir que ha provocado mi curiosidad. Hablemos de ese mensaje que tiene que darnos...

– ¡Vaya con la petulancia, Embajadora!. Si yo fuera usted, no apostaría en nuestra contra. Pronto se dará cuenta de que es un mal negocio...

– ¿Oh? – la voz de Lisa tenía un tinte de incredulidad incomodo.

Miranda sonrió, abiertamente esta vez. Gesto que no les paso desapercibido a los del cuarto. Una sacudida los hizo perder el balance. El rumor lejano de un edificio desplomándose, los golpeó sin misericordia.

– ¿Pero que diablos...? – preguntó Anderson e hizo una seña a uno de los guardias para que saliera a verificar.

La omniherramienta de Shepard se iluminó, avisándole que había un mensaje entrante. El soldado verificó el texto y entonces volteo a ver a Miranda con aire rabioso. Se levantó de la mesa con presteza y fue directo sobre ella, tratando de sujetarla. Ella lo eludió lanzándose a un costado. El otro oficial de guardia dudó un momento antes de apuntar. El grito del capitán Anderson despabiló a los otros:

– ¡Shepard!, ¿que sucede?

Miriya se levantó, encañonando a la mujer con la pistola Galant que traía consigo, mientras Chellick y el otro guardia se acercaban y retenían al comandante. El N7 volteo a ver a su superior con el rostro pletórico de ira, mientras forcejaba:

– ¡Cerberus ha activado una trampa en su casa de seguridad!, ¡mi equipo, la Coronel Sterling y los técnicos del Almirante aún están ahí, trabajando para extraer la base de datos!. ¡Garrus mencionó que es una trampa de variación electromagnética, posiblemente conectada a explosivos camuflados!...

– Solo una pequeña muestra de que no estamos jugando... – mencionó Miranda con helado aire de suficiencia:

– ¡Lo que oyeron fue la caída de un edificio abandonado, en los límites del distrito!. Por supuesto hay otras dos instalaciones, una de ellas el edificio donde esta la base de datos, y otra mas, un edificio de departamentos con población extraterrestre, que tienen trampas de esa clase. ¡Les sugiero que nos dejemos de juegos!...

Shepard volteo a ver a la chica, mientras los demás asistentes se ponían en pie, lanzándole una mirada llena de odio:

– ¡Si algo le sucede a esas personas...! – amenazó.

– Eso dependerá de sus superiores, Comandante. Semejante trampa es solo es una medida para equilibrar la balanza, – comentó la chica, poniéndose en pie, e igualándose al resto de los otros.

– ¡¿Como se atreve? – El capitán Chellick también parecía querer lanzarsele a la yugular.

– Basta de tonterías. La trampa esta calibrada con mis signos vitales y una estampa de tiempo. Si muero o no he sido liberada en un máximo de treinta y cinco minutos, puede haber consecuencias terribles para todos. ¿Decía algo acerca de mi posición embajadora?...

– ¿Supone que los aquí involucrados vamos a negociar con Cerberus, basados en la amenaza de fuerza?. ¡De ser así, se equivoca! – Rick Hunter alzo la voz como pocas veces alguien le había oído.

– Demasiada visceralidad... tsk, tsk. Eso no puede llevar a nada bueno – Miranda atizó un poco más el fuego.

– ¡Basta ya! – ordenó la embajadora Hayes haciendo una seña a los otros para que se detuvieran. La furia apenas podía contenerse en ese instante – ¡Si tiene algo que decirnos, digalo ahora!.

– Primero tengo condiciones para ustedes, si quieren recuperar sus datos y a sus hombres con vida...

– ¡Mencionelas! – ordenó Anderson, regresando a su silla. Lentamente los demás fueron retornando a sus lugares, excepto Shepard, quien decidió permanecer parado. Un gesto de impaciencia que el rígido entrenamiento militar no había podido diluir.

– Primero que nada necesito mi omniherramienta...

– ¡De ninguna manera!, ¿cree que vamos a darle una potencial arma nomas porque así lo pide? – espeto el turiano con desprecio. Una mirada de Anderson lo hizo cambiar de parecer.

– ¡Esta bien!, ¡traigansela!

Otro de los soldados salió corriendo. Miranda aprovechó el momento para agregar:

– Espero que no se le ocurra ordenar a sus hombres que intenten acercarse al área de la bomba. Cualquier lectura biométrica ajena a las que siguen dentro del edificio, o cualquier carga electromagnética considerable y la trampa podría activarse...

Chellick se puso blanco como la cera. Cosa nada fácil para un turiano:

– Habla el Capitán Chellick. ¡A todas las unidades de Seg-C!: Formen un perímetro a cincuenta metros del edificio. ¡Nadie puede entrar al lugar hasta nuevo aviso!, ¡sin excepciones!. Cargos mayores a quien traspase el cerco...

– Miriya... – Rick Hunter iba a lanzar una orden, pero la alienigena fue más rápida:

– ¡A las unidades de la Fuerza Expedicionaria!: Se les ordena cooperar con los oficiales de Seg-C, en lo que sea necesario. Establezcan una zona de exclusión alrededor del perímetro establecido por ellos. Medida efectiva al instante, bajo mi autoridad.

El efectivo regresó un par de minutos después, con un microchip. Miranda lo colocó en el guante especializado de su mano izquierda y el artilugio volvió a la vida. Hizo una seña a los demás:

– Segunda condición: Solo negociaré con el Almirante Hunter y el Comandante Shepard... –

– ¡Eso es inaudito!, de ninguna manera vamos a aceptar semejante... – Chellick replicó de nuevo, pero una seña de Miranda lo hizo callar:

– ¡Si quiere mantener las vidas de los civiles y sus elementos a salvo, capitán, hará lo que le ordene!. ¡ESPEREN. AFUERA!

– ¡No aceptaré que se me saque de esta negociación! – agregó Lisa Hayes. Anderson iba a replicar, pero Miranda cedió en ese punto y le permitió a la mujer quedarse allí.

Tanto los guardias, como el representante de la Alianza, la Zentraedi y el Turiano salieron, a regañadientes. Una vez que hubieron cerrado la puerta, la agente de Cerberus activo su herramienta. Buscó durante algunos segundos e inutilizó varios dispositivos de escucha, así como los micrófonos que transmitían el sonido a la habitación de observación de al lado. Una vez hecho esto, hizo un gesto con la mano y lanzó un holograma que pronto quedó perfectamente definido. La silueta de un hombre de cabello cano y facciones ásperas les dio la bienvenida:

–[Caballeros y Dama: Espero que Circe no les haya causado muchas molestias para transmitirles mi deseo...]

Rick se dio cuenta de la treta. Ni la voz ni la silueta eran iguales a los que había percibido antes. Lo que si era igual, eran esos ojos azules acerados, el único rasgo común entre ese individuo frente a ellos, y la imagen del Hombre Ilusorio con quien habló previamente. Distinguió en ellos una malicia y confianza que no estaban ahí la vez anterior:

–[Comandante Shepard. Un placer poder conocerlo. Aunque lamento no poder mostrarme como soy en realidad...] – comentó el Hombre, con cierto grado de sorna.

– Solo sus ojos son reales... – murmuró Rick, y los demás voltearon a verlo.

–[Muy perceptivo de su parte, Almirante Hunter. Si Circe no se los ha mencionado aún, esta conversación se lleva a cabo por medio de un canal tan seguro que ni con la tecnología de la Fuerza Expedicionaria serían capaces de rastrearlo...]– dijo ante el ademán de Lisa para activar su propia omniherramienta.

– Usted nos subestima. La Fuerza podría darle una sorpresa desagradable si se lo propone... – comentó la embajadora, midiendo al nuevo oponente frente a ella.

–[No lo hago Señora Hayes...]– señaló hacia el espejo de doble vista, donde seguro Chellick, Miriya y Anderson estaban observando –[...los alienigenas no conocen nuestras motivaciones, por lo que un proceder así sería natural para ellos. Sin embargo yo soy humano también, y se lo que pasa si se nos subestima.]

– ¡Mejor diga de una vez lo que quiere de nosotros y no nos haga perder el tiempo! – Shepard estalló. Los juegos de palabras lo hacían perder la paciencia.

–[El Almirante Hunter lo sabe bien. Quiero lo mismo que requería de él la vez anterior y por lo que entablé un "amistoso" dialogo en esa ocasión...]

El silencio se hizo en el cuarto. Lisa volteo a ver a su marido con gesto interrogante. Shepard no se inmuto, estando como estaba, al tanto de los pormenores del ataque. Rick mencionó a regañadientes:

– El Hombre Ilusorio se comunicó conmigo, minutos antes del ataque a la nave. Su intención era convencerme de que abrazáramos la causa de Cerberus. A lo cual yo me rehusé terminantemente...

–[Una decisión desafortunada. Y por la cual me he visto obligado a tomar medidas desagradables, pero necesarias para que entendiera mi posición...]

Lisa respondió inmediatamente:

– Eso fue poco acertado. Usted mando a su equipo a una misión desesperada, con inteligencia reunida en poco tiempo y por lo tanto pocas probabilidades de éxito. Sin mencionar que la información que su gente ha robado no es de importancia capital para nuestros planes y es fácilmente reemplazable... – mencionó, con el aplomo del rango de Almirante que alguna vez tuvo.

–[Se equivoca embajadora. La situación se desarrollo tal y como yo lo deseaba. Y debo decir que la FER ha hecho un excelente trabajo, librándonos de elementos cuya lealtad era dudosa o que abrigaban ambiciones incontroladas. Lo mejor que han hecho esos hombres, es proporcionarme información más detallada de sus capacidades de combate... ]– el Hombre esbozó una sonrisa mordaz, que heló la sangre de los presentes –[ ...la cual puedo comparar y complementar con lo que ya se de ustedes por otras fuentes...]

Eso hizo a ambos Hunter enarcar una ceja. Había una sombra de duda en esas palabras, pero antes de poder preguntar más acerca de ello, Shepard se les adelantó:

– ¡Es usted despreciable!. ¿Así espera que cualquiera de nosotros reivindique sus torcidas pretensiones?, ¡tiene que estar loco de atar! – contraatacó el militar, claramente enardecido.

– Comandante... – intervino Lisa, haciéndole una seña para que la dejara hablar. Después se dirigió a la figura holográfica que dominaba el cuarto:

– Mi esposo hizo bien en rechazar su propuesta. Y en cuanto a la información que tiene de nosotros, no pasa de ser un alarde. Solo ha habido dos operaciones militares de la Fuerza, desde que llegamos a este universo. Nuestra escaramuza con la Flota de la Ciudadela...

– Yo no llamaría a eso una escaramuza... – comentó Rick por lo bajo.

– ...y el rescate de la MSV Destino, de manos del grupo mercenario "Los Soles Azules", en las inmediaciones de los Sistemas Terminus. Mientras que la primera operación es muy conocida, de la segunda hemos dado pocos detalles. Por tanto, realmente tiene muy poco con que contrastar los datos que sus hombres han adquirido... –

– [Asumir de esa manera es un error, embajadora. Pero no voy a sacarla de él. Solo les diré que tengo más inteligencia acerca de su ejercito, de lo que pueden concebir. Y el Comandante Shepard puede dar fe de que mis amenazas jamás son en vano...]

– ¡En vano o no, si no desiste de su pretensión, haré que su organización sea cazada por la Fuerza Expedicionaria y usted traído ante nuestros tribunales para ser juzgado!. Crea lo que crea acerca del bienestar de la humanidad, solo está desesperado por obtener poder. ¡Y tanto en su universo como en el mío hay maneras de tratar con tal clase de gentes! – Lisa descargó en esa diatriba, cuanto rencor el tipo frente a ella le estaba inspirando.

–[¡Ah!... Temo que su malentendida superioridad moral saca a relucir lo peor de ustedes. Los vuelve ciegos a las cosas importantes que suceden en la galaxia. Pero ni toda la moralidad de la Alianza... – el hombre volteo a ver a Shepard, cuya mirada indignada lo decía todo – ...ni la buena voluntad de la Fuerza Expedicionaria... – en ese punto, le devolvió un gesto helado a Lisa, que hizo que ella sintiera un ligero escalofrío – ...y desde luego, no las acciones del Consejo... nada de eso sirve para velar por el bienestar de la Humanidad. Pero las armas de su ejercito si que lo hacen, y las vidas de sus hombres, los del Comandante Shepard y las personas del Distrito Tayseri bien las valen, ¿no lo cree?... –

Shepard sintió una punzada en el pecho. Ashley y Garrus estaban atrapados justo en medio de ese fuego cruzado. Y el estaba metido allí, sin poder hacer nada para liberarlos...

– Un chantaje no le va a servir de nada, Hombre Ilusorio... – comentó Rick con serenidad inusitada – ...Todos nuestros efectivos sabían los riesgos de esta vocación cuando se alistaron. Y a pesar de que es un desperdicio de vidas, puedo asegurarle que esta treta no le dará lo que quiere – sentenció, aunque dentro de sí sabía perfectamente que Lisa estaba deseosa de salir corriendo a tratar de rescatar a sus hombres.

–[Usted es un tipo de ideas realmente fijas, Almirante. Pero le ruego que reconsidere su postura. No son solo las vidas de los militares lo que esta en juego, sino las de los civiles. Y considerando la traumática experiencia de su arribo a la Ciudadela, mas daño a la población solo va a ponerlos en su contra irremediablemente.]

Rick miró a Lisa y después a Shepard. A ninguno gustaba la encrucijada en que el Hombre Ilusorio los había puesto. Tenían solo dos opciones y ninguna de ellas era agradable. Permanecieron un momento en silencio. Solo el ligero gesto de cabeza del Comandante traicionó lo que iba a pasar...

– Almirante Hunter: Mi equipo también sabía de los riesgos... – mencionó el Héroe de Elysium, sintiendo un nudo retorcerse en sus entrañas. Una vez más tenía que decidir entre el futuro de la galaxia y las vidas de sus compañeros. Y a pesar que sabía cual era la mejor decisión, la gravedad de ella lo hacía sentirse miserable.

– Lo entiendo Comandante. ¡Y lo siento francamente!. ¡Si le doy a este lunático lo que quiere, muchas más vidas de mis hombres y los de esta galaxia se verán truncadas!... – volteo a ver a Miranda y al holograma:

– ¡Puede olvidarse de nuestra tecnología! -y ojalá que las familias de los afectados me perdonen esto algún día-. Mi respuesta sigue siendo no.

Miranda iba a tomar acción y el Comandante Shepard estaba por abalanzarse sobre ella, pero un gesto del Hombre la hizo desistir:

–[Es una pena Almirante. Tal como dije la primera vez: Usted no esta capacitado para luchar por el bienestar de la Humanidad, ni aquí ni en ningún otro lugar. Por supuesto, veo inútil la necesidad de decirle que se arrepentirá... Circe: ¡El asunto queda en tus manos!] – dijo la figura alejándose hacia el fondo de la imagen y dándoles la espalda.

Rick se preparó para lo que iba a venir. Tener que lidiar con las "consecuencias" de esta negativa, iba a ser de las cosas que mas iba a lamentar. Sobre todo por la carga de imposiciones con las que su esposa iba a tener que lidiar. Pero no podía ceder al chantaje. Este comentario cerraba la discusión y agradecía a cuanta deidad conocía, por haber salido de esta negociación sin mostrar debilidad. Iba a levantarse para dar por terminada la entrevista, cuando oyó la voz de quien no quería que interviniera en ese instante. Miró a Circe y vio la mueca de satisfacción pintarse en su rostro:

– ¡Espere!, ¿porque hace esto?. ¿Acaso no tiene idea del peligro que corre esta galaxia, si nuestra tecnología cae en manos equivocadas? – Lisa estaba confundida. Entendía la decisión de sacrificar vidas de seres sapientes por el control de esos recursos, pero no que hubiera gente dispuesta a tomar semejantes decisiones con tan pasmosa facilidad.

El Hombre volteo de nuevo hacia ellos, acercándose hasta quedar en primer plano de nuevo:

–[¡Yo solo busco el mayor beneficio para los seres humanos, Embajadora!. ¡Al reservarse semejantes prebendas, ustedes mismos cometen un acto de mezquindad en contra de nuestra raza!. Pero por mucho que lo intenten, no pueden detener el avance de la Humanidad hacia su destino...

Díganme: ¿Acaso creen que ustedes son los primeros y únicos de su particular universo en haber llegado a este lugar?]–

La revelación inherente a esa pregunta, cayó como un mazazo sobre el animo de todos. Ninguno de los reportes de inteligencia que habían compilado, había insinuado siquiera la posibilidad de indicios de contacto entre civilizaciones de su dimensión y sus nuevos compañeros. La mera noción sonaba ridícula, pero provocaba en los Hunter un sentimiento de temor irrefrenable. Shepard salió al rescate:

– ¡Esta tratando de tomarles el pelo!. ¡No dejen que sus palabras los afecten!. ¡No se puede confiar en estos tipos!...

– [Un esfuerzo fútil, Comandante... – mencionó el mandamás de Cerberus, encendiendo un cigarro y dando una fumada larga:

– Lo que estoy diciendo tiene fácil explicación...

Seguramente sus aliados pueden decirle lo que es un crucero ligero clase "Garfish", código de identificación "SCL-96-Trident", presumiblemente perdido hace al menos dos años de su tiempo. Ha resultado una fuente de información muy completa respecto de ellos. Eso sin contar las otras naves y los restos de tecnología de naves tirolianas, que han aparecido por aquí en distintos periodos...]

Ninguno de ellos hizo comentarios. Pero lo que el Hombre Ilusorio vio en los ojos de ambos mandatarios de la FER, confirmó cuan controlada tenia la situación:

– El SCL-96 "Trident"... pudo haber sacado esa información de los datos que acaba de robarnos. ¿Que hay de esa nave en particular? – Rick no estaba dispuesto a dejarse amedrentar, pero podía sentir el nudo de ansiedad subiendo como un líquido amargo desde su estómago hasta su garganta.

–[Una vez más Almirante, me trata como si fuera un tonto...]– el tono del Hombre se volvió bajo y frío, con una amenaza inmencionada rondando en el horizonte –[ ...pero esto le enseñará a no subestimarme.]

Un segundo desplegado salió de la omniherramienta. Rick reconoció la nave al instante. Habían desmontado algunas secciones y habían remodelado otras, pero el diseño rechoncho y alargado, como de pez aguja, característico de la nave robotech, seguía estando ahí. Ahora con el logotipo de Cerberus en uno de sus costados.

– ¿Que ha pasado con la tripulación?, ¿están vivos?. Si les ha hecho algo... – amenazó la embajadora, pero el Hombre Ilusorio ni se inmutó.

–[Me temo que cuando encontramos la nave, estaba en condiciones deplorables de conservación. Y casi toda la tripulación había muerto en formas poco agradables. Los pocos sobrevivientes que logramos rescatar no sobrevivieron mas de tres días. Degradación de sus sistemas celulares, un efecto similar al envenenamiento por radiación, pero más invasivo y penetrante. Algo lamentable a todas luces. Sin embargo la información que pudimos rescatar de sus sistemas computacionales, aunque incomprensible al principio, empezó a tener sentido después de un tiempo. Creo que hemos aprendido mucho de ustedes, y mi grupo científico me asegura que podemos sobreponernos a los altos requerimientos de energía de sus sistemas...]– comentó y enseguida chasqueo los dedos. Otra imagen apareció en la pantalla:

–[La cereza del pastel, sin embargo, es este artefacto, que recuperamos de manos batarianas, hace aproximadamente veinte años. No sabíamos que era ni su posible uso. Como verán parece una maquina de tecnología robotech, aunque ciertamente rudimentaria. Sin embargo, cuando el crucero cayó en nuestras manos, todo empezó a tener sentido, ¿no les parece?...] – el Hombre no se esforzó en esconder una sonrisa malévola.

Shepard volteo a ver a los Hunter. Lisa estaba demudada y el Almirante tenía el ceño sombrío. Percibió un murmullo:

– El sistema de transposición del SDF-1... – que salió de los labios de ambos.

Rick se desplomó sobre su silla. El mecanismo había desaparecido durante el primer viaje transposicional de la fortaleza robotech, sin saber como, hacía casi cincuenta años. Ambos eran solo unos jóvenes poco experimentados cuando eso sucedió. Ese acontecimiento había sido el heraldo de tormentas, de todas las cosas malas que estaban por venir...

¡Y finalmente lo habían encontrado!.

En manos de Cerberus...

–[Ahora pueden entender mi súbito interés por ustedes y su cooperación. Si entiendo bien su discurso, dicen esconder su tecnología para que esta no caiga en manos equivocadas. Estas particulares máquinas, sin embargo ya están en mi poder y las de algunos otros poderes de la galaxia. Ustedes pueden hacerse de la vista gorda y no cooperar conmigo, en cuyo caso serán directamente responsables del "mal uso" que se les pudiera dar a estos ingenios...]– el hombre hizo una pausa y aspiró del tabaco de nuevo, dando una larga chupada y saboreando el humo, para después dejarlo escapar:

–[...o pueden cooperar con nosotros para ayudarnos a llevar a la Humanidad a su verdadero lugar en la galaxia, con el mínimo derramamiento de sangre. La decisión es suya.]

– Le dije que esto se iba a poner interesante, ¿no es así Comandante?. ¿Porque no dice algo? – Miranda no pudo resistir la tentación de provocarlo. Locke miró a sus compañeros con fría reserva. Al final dijo algo que mas bien parecía una suplica:

– Almirante, Embajadora... no hagan eso, por favor. Significaría ponerse en contra de todo lo que la Alianza de Sistemas ha logrado en favor de la Humanidad durante muchos años – apeló. Las caras de sus compañeros le decían que iba a necesitar argumentos mas convincentes que eso.

– La Alianza de Sistemas... ¡bah!... sus intenciones son buenas, pero no están dispuestos a hacer los sacrificios necesarios – remató la agente de Cerberus. Podía leer la victoria en los rostros de los otros. Y de pronto, descubrió algo que no estaba en sus planes.

Rick Hunter se adelantó. El desafío en su mirada diciéndolo todo:

– Hombre Ilusorio: Debo admitir que consideré acceder a su petición por un momento. Y lo habría hecho, de no darme cuenta que su estrategia olvida una cosa fundamental. Por toda la tecnología de nosotros que pueda poseer, la manera correcta de hacer las cosas, el "como"... lo tenemos nosotros. Podrá entender esa tecnología con el tiempo. Inclusive puede hacerla funcionar efectivamente, si se empeña en ello. Pero eso tardará un tiempo considerable, aunque llevara treinta años de ventaja. A nuestro mundo le tomó diez años, con los recursos de la Humanidad entera y el genio de un científico visionario, crear esos artilugios. Y no fue una tarea fácil.

Le advierto: ¡Por cada minuto que usted y su gente pasen haciendo investigación, yo personalmente dedicaré dos de ellos a encontrarlo!. ¡Y no me importan las instituciones que tenga que derribar o a la cantidad de personas que deba perjudicar para lograrlo!. ¡Si quiere arriesgarse a una guerra, en la que nosotros llevamos la delantera, la tendrá!.

–[Almirante Hunter: Su reiterada negativa a llevar el destino de la Humanidad a buen termino me entristece. Pero no me asustan de ninguna forma sus amenazas. Ha firmado la sentencia de muerte de sus hombres y de usted mismo, ¡pero que así sea!...] – la sombra que era el líder de Cerberus, se desvaneció en el aire, cortando la comunicación, no sin antes pronunciar una última frase:

– [¡Circe!.]

– ¿Era tan difícil acceder?. Les advertimos que habría consecuencias. – la voz de Miranda se volvió tan fría como un tempano de hielo. Adelantó la mano derecha, intentando activar el interruptor de su omniherramienta.

"¡Ashley!, ¡Garrus!"

Shepard se abalanzó contra la chica, lanzándole un derechazo fulminante y confiando en que los reflejos de su adversario no fueran lo suficientemente rápidos. Pero no conocía las capacidades de Miranda Lawson. Ella lo esquivó, al tiempo que atacaba el punto debajo de la axila, con un golpe que hizo que el Comandante se paralizara un momento. Tomó la pistola pesada que el militar llevaba consigo y lanzó una descarga biotica al Héroe de Elysium, que fue a estrellarse contra Rick Y Lisa, que también se precipitaban hacia ella. Acto seguido descargó varios tiros contra el espejo de doble vista, haciendo que Chellick y Anderson, que estaban del otro lado, se tiraran al suelo. No se detuvo a averiguar si les había hecho daño. Los guardias de Seg-C ya estaban abriendo la puerta, cuando la mujer lanzo un estallido de poder, arrancando la puerta del mecanismo de cerrado, y proyectándolo contra ellos. Salió de la habitación disparando, sin dar cuartel a todos aquellos blancos que se movían.

Tenía que moverse rápido. La última parte del plan aún tenía que llevarse a cabo...


David Anderson no estaba nada contento.

La chica de Cerberus había conseguido maniatarlos como si fueran unos novatos. Habían cometido el error de subestimar a los radicales humanos una vez más.

La operación le había parecido extraña desde el principio, y lo más sospechoso de todo era la presencia de los hombres del Corredor Sombrío en un lugar donde no deberían haber estado. Mientras esperaba sentado en uno de los cuartos contiguos, observando a través del panel de cristal que hacía las veces de espejo de doble vista, veía al ex-detective Chellick dar de vueltas como león enjaulado. Sin duda iba a tener mucho que explicar al Consejo cuando esto acabara.

Un mensaje entró en su omniherramienta. No había remitente, pero el cuerpo de texto le dio una clara idea de quien podía ser:

"Amor con amor se paga. Busca bajo las escaleras del precinto".

Solo podía venir de una persona...

Se excuso con el Turiano y salió al pasillo. Podía ver el nerviosismo de la gente de Seg-C. Se movían a toda velocidad, como hormigas rojas furiosas en pleno ataque a una colmena, mientras buscaban maneras de localizar y desactivar las trampas que los terroristas habían puesto. En medio de ese maelström de ordenes y reportes de situación, Miriya Sterling observaba los planos y esquemas del edificio donde estaba la casa de seguridad de Cerberus, en completo silencio y con la calma de un iceberg. Su rostro presentaba una expresión neutra, que no delataba el frenesí de su pensamiento táctico.

Anderson estaba extrañado, pero a la vez la entendía a la perfección. Si su propio hijo estuviera atrapado en esa construcción, el probablemente estaría haciendo lo mismo.

Se alejó del bullicio y caminó hacia las escaleras. Había varios oficiales parados allí. No podía comprender como es que su contacto quería hablar, teniendo cerca a tantos representantes de la ley. Los oficiales se movieron para darle paso y el viejo militar pasó, colándose por debajo de la escalera:

– ¿Hola? – murmuró, tratando de no llamar demasiado la atención.

No había nada allí. Implementos de limpieza, cajas viejas y las chucherías que nunca faltaban en una estación de policía. Encima de todas ellas había una hoja de papel. Algo desusado y fuera de lugar en un mundo donde las transmisiones electrónicas habían sustituido a los medios físicos. Anderson tomo la hoja con curiosidad y observó el texto. Solo tres líneas, que parecían no tener conexión entre sí:

Baja la niebla

murmullos en ristre

pero no prospera...

Solo incoherencias a su juicio. Pero había también un dibujo, de trazos gruesos, como hechos con un pincel, acompañándolo. Era muy vago y no parecía tener forma. Pero, visto desde cierto ángulo y usando su imaginación, podía parecer una omniherramienta. El hombre tuvo una corazonada y escaneo el pedazo de papel con su propio dispositivo. Este procesó la información en el dibujo y empezó a reordenar secuencias de código. Unos segundos después encontró un mensaje:

"Capitán Anderson:

Estoy muy agradecida de lo que hizo por mí. Aunque me temo, que la persona que me ha incordiado va algunos pasos por delante. Lo cual es ya mucho decir. Además de cubrir su rastro de manera excelente, ha dejado pistas falsas que me han desviado del camino tan claro que antes tenía. No pretendo cejar en mi búsqueda. Keiji se merece más que eso. Así, obligada por su memoria y mi propia debilidad, rebuscando entre los flujos de datos, metiéndome en lugares donde no debía de estar y frecuentando compañías que no debería, encontré...

Algo.

Algo que le puede interesar a usted y a su pupilo.

La información que le dejo, esta almacenada en un servidor temporal de la Extranet. Una vez descargue los datos a su omniherramienta, ó en un plazo de dos horas al momento de recibir este mensaje, la información se borrará, como medida precautoria. No suelo trabajar gratis, pero considero que la valiosa confianza que me ha tenido no se puede comprar con ninguna cantidad de créditos.

¡Ojalá esto le sirva!.

P.D. Los versos haikai nunca han sido mi fuerte. Pero es porque no he encontrado hasta el momento la motivación adecuada..."

No había rubrica, pero no era necesario que la hubiera. El viejo sonrió un momento y después miró el papel. El dibujo que acompañaba el poema se había desvanecido. Solo quedaban tres líneas de texto que no podían delatar a nadie...

Anderson hizo las maniobras pertinentes, reclamando y almacenando la información que la maestra ladrona le había abonado, y salió de abajo de la escalera. El interrogatorio seguía su curso y los oficiales no parecían estar mas cerca de desactivar las trampas. Se enfiló de nuevo al cuarto, confiando en que Chellick y Shepard pudieran ponerlo al tanto de lo que se había perdido después.

Estaba abriendo la puerta del cuarto de observación, cuando vio a Circe Stilwell apuntar hacia el cristal. Su condicionamiento de combate entro en marcha a toda velocidad. Se tiró al suelo mientras oía el primer disparo pasar al lado de su oreja.

Medio precinto se puso en marcha cuando se oyeron los disparos dentro del cuarto de interrogación. Los primeros en responder fueron abatidos por la puerta que salió disparada. Los oficiales que aún estaban en pie iban a abrir fuego sobre la habitación, cuando la Comandante Sterling los detuvo, recordándoles que Rick y Lisa aún estaban adentro. Al contenerlos, dieron tiempo a la operativo para escapar.

Miranda-Circe salió del cuarto. Varios guardias de Seg-C abrieron fuego sobre ella, pero la chica se escabulló rodando, disparando y usando sus poderes bioticos para quitar a los elementos en las oficinas del precinto, sin tentarse el corazón para liquidar a todo aquel que se le pusiera en el camino. Algunos oficiales de la Fuerza también trataron de hacerle frente, pero Miranda los hizo retroceder, proyectando a algunos de ellos contra las paredes o usando singularidades contra ellos.

Miriya, que había desenfundado su pistola a la velocidad del rayo, siguió a la mujer escudándose con las paredes y el mobiliario. De cuando en cuando disparaba un par de ráfagas para obligarla a moverse. La vio saltar por la ventana, hacia una caída de varios metros, al tiempo que se rodeaba de un aura de poder para aminorar el impacto de la caída. La Meltrandi se apostó en la ventana, abriendo fuego cuando la tuvo a tiro.

La de Cerberus ya sabía de lo que eran capaces esas armas y no dio tiempo a presentar un blanco fácil. Prontamente corrió hacia una multitud de curiosos que se arremolinaban queriendo escapar, asustados por el alboroto, mientras se movía en zigzag. Miriya se contuvo de disparar cuando la vio internarse entre la multitud. Transmitió una orden por el comunicador para que las unidades restantes de la FER se sumaran a la búsqueda y ayudándose en algunas cornisas, bajó de las oficinas de un salto. La chica llevaba ventaja, pero la Meltran tomó velocidad en pocas zancadas. La sangre le hervía con el furor del combate.

La vio entrar en un callejón poco iluminado y se detuvo unos segundos para indicar su posición a través del comunicador. Penetró en la calleja con el arma desenfundada y escudriñando la penumbra. Por poco y no ve venir la ráfaga azul que llegó de su izquierda, pero ese sexto sentido que tantas veces le había ayudado en las peleas, la puso en alerta. Se agachó para esquivar el golpe y plantó una barrida a los pies de su oponente, que esta esquivó con una vistosa pirueta. Sin dar un respiro Miriya disparó su arma desde la cadera, provocando que su oponente se arrojara fuera del camino. La respuesta llegó casi de inmediato, varios tiros obligando a la oficial de la FER a guarecerse detrás de una pared. La comandante adivinó la posición de su oponente y sintonizando su arma a máxima potencia, lanzó tres ráfagas que chamuscaron la cobertura y los escudos cinéticos de Miranda y la hicieron apretar los dientes para ahogar una exclamación de dolor.

Esta su vez contraatacó, proyectando una singularidad que atrajo a la Meltrandi hacia si. Pero no pudo tomar el disparo para rematarla, pues la mujer aprovechó el súbito cambio de perspectiva para disparar por encima de la cobertura de su oponente, obligándola a moverse. El efecto de singularidad se disipó y Miriya cayó al suelo, reincorporándose de un salto. Se cubrió de nuevo al escuchar ruido proveniente de su izquierda y volteo rápidamente. Varios tiros la hicieron rodar hacia atrás. En un momento ambas mujeres quedaron de frente, encañonadas por las respectivas armas de su oponente:

– La situación esta equilibrada al momento, pero no por mucho. Mejor rindase ya, Stilwell. La policía y mis propias fuerzas están por llegar... – sugirió la oficial Zentraedi, mientras apuntaba directamente a la cabeza de su oponente.

– ¡Siento decepcionarla Comandante Sterling!. Pero cuando lleguen yo ya me habré ido... – el cañón de su arma estaba apuntado directamente al abdomen de la otra:

– En su defensa debo decir que usted es interesante. ¡Nunca había conocido a nadie que hubiera durado peleando conmigo más de veinte segundos!. ¡Es usted un verdadero incordio!... pero a la vez me resulta... extraña – mencionó Miranda. Estaba diciendo la verdad.

Lo que no le dijo, fue que enfrentarla había inducido en ella un miedo que no esperaba. A ella que había visto cosas allá afuera, que hubieran podido revolverle las tripas a muchos. Que no se había intimidado ante la presencia del Comandante Shepard y que había escapado de un precinto de Seg-C a punta de pistola. Mantuvo a raya la desagradable sensación, con gran esfuerzo. No es que eso fuera a importarle mucho a su interlocutora.

– ¡Comandante Sterling! – oyó los gritos desde atrás. El capitán Anderson y otros oficiales se acercaban ya. La mujer del cabello verde iba a decir algo, cuando una explosión sacudió el Distrito. Perdió el equilibrio un segundo y se recargó en una pared para mantenerse en pie, mientras un rumor sordo le indicaba que una de las trampas se había activado ya. Volteo a ver hacia el otro lado de la zona residencial, para verificar cual de las bombas había estallado, cuando una oleada de poder biotico la proyectó junto con los demás, hacia atrás con fuerza inaudita.

Miriya Sterling oyó a Miranda Lawson mencionar una frase lapidaria:

– Lo siento Comandante... – la chica observo los indicadores de su herramienta – ...pero por lo que veo alguien ya ha pagado las consecuencias de sus malas decisiones. Ha sido muy interesante jugar con usted, pero es hora de irme. Espero que haya podido despedirse de su hija...

Al oír eso, la oficial de la FER trató de reincorporarse, a pesar que sentía que la hubieran golpeado con un gran mazo. Alzó la cabeza, haciendo un tremendo esfuerzo, para ver a la oficial de Cerberus activando su dispositivo personal y tecleando algo. Lo último que vio, antes que su conciencia se desvaneciera, fue a Circe Stilwell alejándose hacia la penumbra del callejón, mientras el sonido ominoso de una segunda explosión se apreciaba a la lejanía...


La mente de Garrus trabajaba tan rápidamente como su fisiología turiana se lo permitía. Verificó los alrededores, siguiendo las posibles conexiones y flujos de energía, con el visor Kuwashii a baja potencia, mientras hacía memoria acerca de ese dispositivo. Las vivencias de excruciantes horas de estudio en la Academia de la Guerra de Palaven lo inundaron, pero el extraterrestre bloqueo de un plumazo toda referencia que no tuviera que ver con la disposición de los circuitos esquemáticos que solían usar trampas como la que los retenía.

Los recuerdos podían esperar...

Los sensores, recordaba, estaban normalmente conectados a una serie de microcircuitos que controlaban la alimentación de energía. Si encontraba esas conexiones, podía intentar hallar el modo de anular la trampa.

Pero hacerlo no era tarea sencilla.

– ¡Dime que hay alguna forma de salir de aquí con vida, Vakarian! – preguntó Ashley, conteniendo su nerviosismo e impotencia lo mejor que podía. Junto a ella, Dana solo acertaba a mirarlos, sin decir nada. No era una especialista en electrónica, y en este momento hubiera dado todo por tener a la mano a Louis Nichols, su compañero del quinceavo escuadrón.

– No lo sé Jefa... – mencionó el turiano mientras observaba sus alrededores. A lo mejor estaban condenados ya. Pero si así era, no se lo iba a decir a sus compañeros antes de saberlo con certeza. Una comunicación entrante en su omniherramienta, le puso los pelos de punta:

–[¡Garrus!...]– la voz electrónica del traje aislante de Tali, le sonó a partes iguales como una maldición impronunciable y el canto de un ave de primavera:

– ¿Tali?, ¿pero que...? –

–[...Shepard me notificó de la situación y la gente de precinto me puso al tanto con los detalles. ¡No hay tiempo que perder!. Hay una manera de salir bien librados de allí, pero es arriesgada.]

– ¡Si tenemos probabilidades de salir de aquí con vida, es mejor arriesgarnos!. El equipo anti-bombas de Seg-C no va a venir. Y quedándonos aquí parados no vamos a remediar nada – comentó Ash, entrometiéndose en la conversación. Garrus no recordaba haber visto a la Jefa Artillera tan preocupada alguna vez.

–[Jefa Williams... tranquilizate. ¡Todos escuchen!: Esa trampa requiere varios circuitos para funcionar. Si este espécimen particular se parece al diseño quariano original, pueden encontrar los circuitos empotrados en la pared visualmente. Son como pequeños bultos en lo que deberían ser paredes lisas. En el peor de los casos, Garrus puede encender su visor por poco tiempo, para ayudarse a encontrarlos, antes de que las I.V. del sistema registren el cambio del campo electromagnético. Lo que tienen que hacer es localizar al menos cinco circuitos e inutilizarlos con munición de protones...]

– Cuatro... – interrumpió el extraterrestre – ...ya hemos localizado uno.

– ¿Eso desactivará la trampa? – preguntó Dana, no dejando que su propia ansiedad la traicionara.

–[No, pero pero la munición de protones puede causar una retroalimentación negativa y error en los sensores de movimiento que vienen incorporados en los circuitos. La I.V. que controla los sensores tendrá que reiniciar el sistema, y eso les dará al menos cinco segundos para escapar...]

– ¡¿Y como se supone que vamos a salir del edificio en cinco segundos? – inquirió uno de los técnicos desde atrás, claramente alterado. Dana le ordenó calmarse.

–[¡Siempre esta la ventana!, ¡je!, ¡je!...]– oyeron otra voz de fondo: Wrex.

–[¡Si saltan por ella, Wrex y yo podemos aminorar su caída usando nuestras habilidades bioticas!]– completó otra voz: Liara.

– Suena arriesgado. ¡Y no solo porque tu lo mencionas, Wrex! – Garrus se burló, mientras trataba de prever todas las posibles resoluciones de esa situación. No lo logró.

–[Una vez más voy a salvar tu turiano trasero...]– agregó el Krogan, divertido.

– Yo puedo aminorar el descenso de estos dos... – Dana señaló a los dos técnicos – ...con mi Ciclón. ¿Pero que hay de los otros civiles en el edificio? – preguntó.

–[No hay civiles. Seg-C no ha dejado pasar a nadie desde que la FER aseguró el área...] – aseveró la Asari.

– Suficiente para mí – la Sterling mencionó.

– Para mi también... – agregó Ashley – ...¡pongamos manos a la obra! –

–[Hay una cosa más que deben saber. Deben hacerlo sin moverse de sus posiciones. Un movimiento demasiado abrupto puede activar la trampa...]– completó la quariana.

– De acuerdo. Deseanos suerte...

Garrus apagó la herramienta y lanzó un suspiro por lo bajo. Si salía bien de esta, tendría que charlar con Shepard acerca de comprar un seguro vida de amplio rango...

Ajustó manualmente los parámetros del visor y miró a las paredes otra vez. Ya había guardado en la memoria del dispositivo la localización de al menos dos circuitos más. Pero no le gustaban las posiciones en que estaban emplazados. Uno de ellos estaba arriba de la puerta de entrada, camuflado en el mecanismo de apertura. Pero el otro estaba empotrado en la pared, detrás de una repisa... y veinte centímetros de plastiacero.

Estaba en el alcance de su rifle de asalto, pero su arma no le permitía hacer un disparo preciso con ella. Si hubiera traído su rifle Mantis, penetrar la pared con un solo impacto no hubiera supuesto ningún problema, pero en esas circunstancias no había mucho que hacer. Oyó un ligero zumbido atrás de sí y observo a Dana Sterling ponerse el casco de su armadura y activar la interfaz:

– Desde mi posición veo varios circuitos camuflados...

– Uno arriba de la puerta y otro cerca de la esquina de esta sala a cuarenta y cinco grados – confirmó el turiano.

– Sí. Y además hay otros dos, uno cerca de la ventana, probablemente colocado en la pared exterior Y uno más en en el extremo de una de las recámaras – menciono la mujer apagando su dispositivo.

– Puedo tirar sobre el de la puerta y el que esta descubierto – mencionó la oficial de la Alianza – Con mi escopeta no será ningún problema – Ashley tomó la Scimitar de su espalda, dejando que el gas residual de los mecanismos de plegado del arma se dispersara.

– Sí, pero no estamos en posición de tirar a los otros nodos sin movernos – comentó Dana.

– Eso no es una opción. Tali no dijo nada acerca de desactivar solo tres circuitos...

La potencia de la escopeta era bastante buena para la distancia desde donde estaban parados. Garrus lo sabía, pero no confiaba en la munición de protones. Su poder de penetración no era todo lo bueno que el quisiera. Encendió la omniherramienta de nuevo:

– Tali: ¿Hay alguna otra forma de hacerlo?. No podemos desactivar todos los circuitos con munición de protones. Problemas de blindaje...

La quariana vaciló un momento antes de contestar:

–[Si... tienen que encontrar el nodo de retroalimentación principal y atacar ese primero. Les dará al menos tres segundos para destruir el resto. Al atacar el nodo principal los sensores de movimiento se desactivan, pero la trampa se pone en espera para dispararse. Si no han inutilizado otro nodo con munición de protones en los tres segundos posteriores, la trampa se activará. Pero si lo hacen bien, cada circuito deshabilitado en cadena retrasará el mecanismo. Al llegar a cinco, el sistema se reiniciará y les proporcionará diez segundos para moverse.]

Ninguno dijo nada. Sin embargo a pesar de lo desesperado del plan, no tenían mucha elección. Garrus programó su arma para dar la salida adecuada, al igual que lo hacía la Jefa artillera. Después encendió su visor. El nodo que habían sacado de la pared, parecía ser el punto de confluencia de los sensores. Ese era el nodo principal:

– De acuerdo. Este va primero... – señaló hacia el punto adecuado – ...¡pero a menos que ese cacharro tuyo tenga más sistemas de armas, aún necesitamos planear tres tiros más!... – refunfuñó el oficial de Seg-C mientras veía a Dana tomar su pistola Galant y accionar algo en ella. La chica arrojó la pistola hacia el alienigena, quien la recibió con un movimiento suave:

– Para el circuito de la esquina... – indicó. El arma era más liviana que su equivalente de efecto de masa y el turiano se preguntó que tanto poder de fuego podía desplegar. No se quedó con la duda:

– ¿Podré penetrar la cobertura de la pared con esto?

– Disparando a toda potencia, podría atravesar tu armadura fácilmente. A esta distancia no se requiere tanto. Con la mitad de la potencia bastará. Y si consideras que funciona a base de emisión de partículas de alta energía, es como la munición de protones de sus armas. – la pelirrubia mencionó, indicandole posteriormente como ajustar la salida de poder.

– ¿Y como vamos a deshabilitar los circuitos mas lejanos? – preguntó la soldado de la Alianza.

Dana solo le dirigió una de esas sonrisas pícaras, que pocos en la FER le habían visto alguna vez, -un recordatorio de tiempos más felices-. Garrus tuvo la sensación de que no le iba a gustar la respuesta y vio confirmada su sospecha, al observar la armadura mecanizada de la Coronel encenderse y abrir un par de compartimientos en los hombros, revelando un grupo de seis cohetes en miniatura, listos para ser disparados. El técnico Vickers miro a su compañero y este le devolvió la mirada con horror, mientras Dana aseveraba:

– Estoy fijando las posiciones de los blancos en el programa de puntería de mi armadura. A tu señal, neutralizaré ambos –

– ¡Es peligroso usar semejante poder de fuego para eso! – el corazón del ex-detective de Seg-C dió un vuelco. Empezaba a dudar seriamente de la cordura de su nueva amiga...

– ¡Es la única manera de neutralizar ambos circuitos sin moverse!. Pero mi disparo tiene que ser el ultimo, para abrirnos paso a través de la ventana. Si todo sale bien, nos veremos abajo... – la chica plantó los dos pies firmemente en el piso.

– ¡No tenemos nada que perder!. ¿Listo, Vakarian? – Ashley se puso en posición apuntando al área que Garrus le había señalado. Este ultimo suspiró y abriendo el canal de su omniherramienta dijo:

– ¡Tali!, ¡Wrex!, ¡Liara!, ¡preparense!... ¡vamos a neutralizar los circuitos en cinco, cuatro, tres, dos...!

Ashley fue la primera en disparar. La escopeta de efecto de masa rugió y casi enseguida, el blanco que habían revelado en la pared se sobrecargó debido a la munción de protones.

Cuatro... tres...

Abrió fuego de nuevo. El mecanismo de la parte superior de la puerta también estalló, lanzando partículas pequeñas cerca de la entrada.

Cuatro... tres... dos...

Garrus abrió fuego sobre la esquina. La ráfaga de partículas ionizadas de la Galant quemó la repisa y penetró en la pared que albergaba el mecanismo, dejando un boquete chamuscado que no dejaba lugar a dudas.

Cuatro...

– ¡Agachense! – Dana activó el sistema de disparo "Recluso". Tres de los seis cohetes que habían visto, salieron disparados. Todos se agacharon inmediatamente, cubriendo sus cabezas.

Tres...

Garrus alzo la vista, y vislumbro una segunda andanada de proyectiles describir unas maniobras casi imposibles y penetrar en la habitacion donde estaban los otros circuitos. La acción parecía llevarse a cabo en cámara lenta...

Dos...

Una explosion sacudio el cuarto. Astillas de plastiacero y materiales de construcción volaron por todos lados. Dana esperó un momento.

Uno...

Uns segunda explosión los desbalanceó. Sin embargo, la soldado de la FER no espero a que el caos se asentara:

Diez... nueve...

– ¡Vámonos!

La pelirrubia Sterling tomó a los dos técnicos de los brazos y activó los propulsores de la Ciclón a toda potencia. De un tirón los tres salieron disparados hacia la recámara, adonde los cohetes habían abierto un boquete.

Ocho... siete... seis...

Garrus ayudó a Ashley a levantarse y corrieron hacia la ventana también...

Cinco... cuatro...

Solo dos pasos los separaban del vacío. Abajo, Wrex ya estaba sudando por el esfuerzo de aminorar la caída de la Coronel Sterling y sus acompañantes. El turiano no lo pensó. Sin vacilar, jaló a la Jefa Williams y se arrojó al vacío. Las cosas empezaron a tomar velocidad a su alrededor, pero no sintió miedo. Confiaba en que sus compañeros de aventuras, esos que no lo habían decepcionado hasta el momento, pudieran rescatarlos...

Tres... dos...

Una serie de explosiones menores sacudieron la edificación, al tiempo que una burbuja azul de poder biotico los engullía. Vio a Liara de reojo, fuertemente concentrada en impedir que llegaran al suelo a velocidad terminal. La caída fue brusca, pero no lo suficiente para recibir daños de consideración. Pero al llegar al suelo, no tuvieron tiempo de dar un paso más. Una explosión gigantesca sacudió el distrito, reduciendo el edificio a astillas y mandando restos de metal y otros materiales volando y dispersándose por el área, propulsándolos hacia el frente con increíble violencia. A pesar de eso Liara no perdió la concentración, usando su poder como un escudo improvisado, para protegerlos de la parte más desagradable de la conflagración.

Fuego, esquirlas y humo salieron volando. Pero una vez que todo el caos desatado por la explosión se asentó, Tali, que se había guarecido a varios metros de distancia, corrió a su encuentro:

– ¡¿Se encuentran bien? – preguntó, mientras extendía la mano a Liara, quien había caído a consecuencia de la onda de choque, para levantarse.

– Estamos bien Tali... – respondió la Jefa Williams, con una rodilla en tierra – ...al menos yo. Garrus sin embargo, parece haber perdido un tornillo... – señaló al turiano, quien yacía tendido en el suelo, boca arriba, con una sonrisa pintada de oreja a oreja:

– ¿Que sucede turiano?, ¿demasiada acción para ti en un solo día?

– No... – mencionó el aludido, con una sonrisa de oreja a oreja – ...solo recordaba la vez que me preguntaron si extrañaba mi trabajo en Seg-C. Agrega: "Escapar de un edificio a punto de estallar", a la lista de cosas por las que este trabajo es mejor que Seg-C! – mencionó con emoción poco contenida, mientras la quariana le ayudaba para reincorporarse.

– ¡Bueno!... ya estamos afuera. ¡Ahora quiero ver la cara de esa mujer Stilwell, cuando se de cuenta que su trampa ha fallado! – comentó Dana acercándose a ellos.

– ¡Ya lo creo... – comenzaba Tali, cuando sintieron el retumbar del piso, acompañado del sonido estridente de otra detonación.

La vista era de otro edificio derrumbándose varias cuadras mas allá. El sonido inconfundiblemente desesperado, de los gritos de agonía de cientos de personas, dio al traste con su alegría...


Oficina de Asuntos Culturales de la FER, Embajada de la Alianza,

Dos horas después del ataque...

El Comandante Shepard se levantó de su asiento y volvió a dar vueltas en la estancia. El salón de reuniones del área reservada de la FER, no era ni la mitad de espaciosa que el de la Alianza de Sistemas, en el mismo edificio. Caminó de una pared a otra, fijándose en el austero mobiliario:

"Estilo militar. Solo lo estrictamente necesario para no ser minimalista. La Humanidad es la misma sin importar de que dimensión viene...", reflexiono, mientras volvía a su lugar. A sus espaldas, la pequeña ventana que daba al exterior mostraba a los transeúntes del Anillo del Presidio, mas alterados y ansiosos que de costumbre.

No podía culparlos...

La Ciudadela al momento, era poco menos que un caos. El Consejo había llamado a una reunión urgente en la torre donde se encontraba el salón de audiencias. La primera vez que había estado allí, la I.V.-guía de turistas, Avina, había dicho que su llamamiento a ese lugar era algo bueno. "Codearse con la crema y nata del gobierno de la galaxia era un gran honor y una gran oportunidad", había oído decir...

En ese momento la "crema y nata" estaba buscando un culpable, para la grave perturbación de la paz publica que había acaecido horas atrás. Y sabía que los Hunter habían sido llamados a comparecer. De cierto modo no envidiaba estar en su lugar.

A pesar de eso los dirigentes de la FER lo habían citado allí, para hablar con él. Su percepción era que querían charlar acerca de algunos puntos de su situación, que no podían esperar. Tenía una cierta idea de lo que podía ser, pero no quería adelantarse a los hechos.

En circunstancias menos apremiantes, habría sintonizado "Noticias de la Ciudadela", el canal informativo donde trabajaba Emily Wong, la reportera que había ayudado con una historia, meses atrás. Pero ahora no le apetecía oír hablar del incidente, y aún sin ver o escuchar los servicios noticiosos, el "Atentado de Tayseri", como la prensa lo había llamado, estaba en boca de todos. Verificar los canales de conversación de la Extranet, era igual a sumergirse en un conjunto de teorías conspiratorias, cada una más disparatada que la anterior, y que variaban desde un ajuste de cuentas entre las corporaciones mercenarias de la galaxia, operativos renegados de la Hegemonía Batariana empeñados en presionar al Consejo, por su favoritismo hacia la humanidad, una misión de los espectros que había salido mal, o inclusive un intento de golpe de estado de parte de Cerberus, para hacerse con el control de la Ciudadela. Los partidarios de esta última eran los más fantasiosos, aunque a creencia del Espectro, no estaban demasiado errados en sus presunciones...

– Shepard... – la voz del capitán Anderson lo sacó de sus cavilaciones. El viejo oficial había entrado en la habitación, sin que se diera cuenta. El gesto apagado del "lobo de mar" le hacía sospechar que las cosas iban a empeorar todavía más, antes de que por fin vieran la luz al final del túnel:

– Capitán, ¿que sucede?, ¿cuanto más me van a hacer esperar aquí? – el Héroe de Elysium ventiló su frustración. Siempre había sido un hombre de acciones, y el hecho de que la Alianza y el Consejo le pidieran permanecer en la Ciudadela, mientras Saren Arterius estaba allá afuera, era algo que estaba llevando su paciencia hasta el límite.

– Tranquilizate Shepard... – el oficial se acercó hasta él y se sentó en una silla cercana – ...Rick y Lisa no te pedirían que esperaras si no tuvieran una buena razón para ello.

– ¿Rick y Lisa?. ¿Que pasó con "Almirante Hunter" y "Embajadora Hayes"? – presionó el otro para desquitar un poco su frustración. Le extrañaba de cierta manera, que su oficial superior hubiera hecho migas tan rápido y de tan buena forma con los "otros".

– ¡Vamos Shepard!, ¡tu no eres el mejor ejemplo de comportamiento protocolario, sobre todo cuando te refieres a los miembros de tu equipo!. Por ejemplo, me parece haberte oído nombrar a la Jefa Williams por su nombre de pila, varias veces en estas últimas horas. Si fuera tu oficial al mando, ya te hubiera disciplinado – lo puyó el veterano.

El Comandante profirió lo mas cercano un gruñido. Estaba consciente de que se había encariñado demasiado con los miembros de su equipo. Bien sabía que eso podía nublar su capacidad de juicio. Pero hubiera dado lo que fuera por haber tenido una escuadra así cuando lo de Elysium. Ese pensamiento le trajo a Kaidan Alenko de vuelta a su mente. El hombre reprimió un gesto de enfado. La situación actual volvía el sacrificio de su compañero algo inútil.

Y así sería mientras Saren siguiera libre para amenazar la galaxia.

La puerta del cuarto se abrió de nuevo. Los Hunter, seguidos por la Coronel Sterling, entraron. Sus rostros se veían molestos y llenos de incertidumbre. El operativo N7 se dijo que a él tampoco le gustaría estar en su lugar en esos momentos. Rick se acercó a ellos y se dejó caer en su silla. Lisa se colocó del otro lado de la mesa, a la misma distancia. Ambos parecían muy cansados:

– Comandante Shepard, Capitán Anderson: Lamentamos hacerlos esperar. Las cosas allá afuera están verdaderamente mal, y me temo que ninguna cantidad de maniobras políticas van a hacer que los problemas que se están gestando, desaparezcan pronto. – sentenció Lisa Hayes, con rostro preocupado. El Consejo los había citado a la Torre de la Ciudadela y al momento estaba esperando. Pero en la mente de la embajadora, había otras prioridades.

– La amenaza del Hombre Ilusorio no ha sido en vano... – Rick continuó – ...Y ahora, con las repercusiones políticas de los últimos acontecimientos, vamos a tener las manos llenas.

– Embajadora, Almirante... no quiero parecer descortés... pero espero que haya un buen motivo para mantenerme aquí. El Consejo ha mandado varias llamadas a mi omniherramienta en los últimos veinte minutos, que he ignorado a propósito por recomendación del Capitán... – echó un vistazo a su oficial superior:

– ...Al ignorar al Consejo, podemos estar propiciando un incidente interestelar.

– Lo entiendo Comandante, pero me temo que hay asuntos mas importantes que atender. Y una vez que terminemos de charlar, estará de acuerdo conmigo que el Consejo y la burocracia galáctica van a ser el menor de nuestros problemas – la voz de Rick parecía salir de su boca, como distante:

– Capitán Anderson: Si tiene la amabilidad...

El veterano de la Alianza invocó su omniherramienta. Un par de movimientos después, una imagen se proyecto en el aire. Era un fragmento de video.

– Recibí esto de uno de mis contactos mas fiables. Puedo garantizar su autenticidad... – dijo el veterano – ...La grabación tiene poco de haberse hecho. Cuatro horas a lo sumo. Observen:

La escena presentaba a un par de Geth, en lo que parecía el claro en medio de una ciudad en ruinas. Ambos sintéticos transportaban los cuerpos machacados y desmadejados, pero vagamente conscientes, de dos soldados. Eran una comando asari y un operativo turiano, arrastrados sin ninguna delicadeza, hasta un claro en medio del lugar. Los acercaban hasta un grupo de trípodes, adonde los depositaron sin contemplaciones de ninguna especie. En el claro había mas cuerpos, empalados en lo que parecían estacas metálicas, que salían de las bases trípodes.

– Dientes de dragón... – mencionó Shepard, haciendo referencia al nombre con que la Alianza conocía esos dispositivos. La memoria de la primera vez que los encontró, en Edén Prime, le atiborró la cabeza de recuerdos pesadillescos por unos segundos.

Anderson detuvo la proyección por un segundo, enfocándose en los dos cuerpos que iban a sufrir el peor de los destinos:

– He identificado a las víctimas. Son los capitanes Deliana Armara, de las Republicas Asari, y Maximus Hieratis, de la Jerarquía Turiana. Ambos Espectros del Consejo.

– ¡Son los que me reemplazaron el la persecución de Saren! – mencionó el N7. Recordaba haber discutido con ellos las pistas que conocía acerca del renegado y los Geth. Ambos habían escuchado atentamente, aunque se veía a leguas su renuencia a creer en la existencia de los Segadores.

– Como puede ver, han fracasado. – sentenció Rick, mientras Anderson dejaba correr el video de nuevo.

La macabra secuencia continuo. Al sentir la presión de los cuerpos sobre ellos, los dientes de dragón liberaron la estaca metálica que era parte de su mecanismo mortal. Lisa se llevó la mano a la boca con rostro de espanto y Dana cerró los ojos, para aislarse del siniestro espectáculo. Pero el horror de ver los cuerpos de dos seres vivos retorcerse, soltando aullidos de dolor y agonía, mientras eran empalados sin misericordia hasta quedar atravesados irremediablemente por efecto de la gravedad, se agudizó aún más cuando fueron testigos de la transformación espantosa que estaban sufriendo. Era como si los cadáveres se recompusieran de pronto. Solo que en lugar de órganos y tejido orgánico vivo, sus sistemas fueran reconstituidos con piezas electrónicas avanzadas. Su piel empezó a oscurecerse y en el caso del turiano, a volverse descaradamente gris. Sus ojos ya no reflejaban emoción alguna. Habían dejado atrás sus anteriores personalidades, para volverse cascarones huecos de si mismos...

La toma cambió de perspectiva y enfocó a varios Geth desactivando los mecanismos para liberar los cuerpos suspendidos. Sin embargo el Almirante Hunter pidió a Anderson que detuviera de nuevo la grabación y señaló a un punto de la proyección. Ahí en el fondo, en el último plano, detrás de algunos sintéticos que veían el acontecimiento con curiosidad, había dos figuras encapuchadas que no se parecían a ninguna de las otras máquinas. El militar hizo un acercamiento. La grabación no era de la mejor calidad posible, ni mucho menos. Y las figuras del fondo no eran muy visibles. Pero Rick y Lisa habían visto ya muchas veces esa configuración, como para dudar de su vista:

– ¡Haydonitas! – fue Lisa quien elevó la voz en ese momento. Miro a Rick con rostro de asombro. Este solo le devolvió la mirada con ceño perturbado.

– Yo tampoco podía creerlo cuando el capitán Anderson me lo mostró la primera vez... pero ahora no tengo dudas acerca de eso.

– ¿Pero no se supone que los Haydonitas son sus aliados? – pregunto Shepard, sabiendo de antemano que la respuesta no le iba a gustar.

– Eso creíamos... – respondió Lisa – ...pero esto cambia las cosas.

El hombre no dijo nada. Solo activó su propia herramienta. El también había recibido un video inquietante. La escena del Soberano atracando con las dos naves desconocidas se reprodujo tal y como los Hunter la habían visto la primera vez.

– ¡Supongo que también podrán explicarme algo acerca de este fragmento! – el tono del Espectro era acusatorio.

Rick lo atajó antes de que dijera algo de lo que pudiera arrepentirse:

– Recibimos esta imagen de una de nuestras sondas exploradoras. Tengo entendido que la sonda original que mando esta información fue destruida. Pero por protocolo, siempre se envían copias de seguridad a otras sondas y de ahí son retransmitidas al SDF-3. Según la estampa de tiempo, esto sucedió algunos días después de nuestra llegada a la Ciudadela...

– ¡Pero la estampa de tiempo en el cifrado de esta imagen dice, que al menos la habían tenido varios días en sus servidores!. ¿Porque retuvieron información de semejante importancia? –

– Eso es mentira comandante. La Fuerza Expedicionaria no retuvo nada... – intervino Dana acercándose a él. Rick la detuvo:

– Yo tengo el fragmento de video original, sacado de los servidores del SDF-3 antes de que fueran atacados y borrados. Este conserva la estampa de tiempo original, inalterada. Si gusta compararlos, podrá encontrar que, si Cerberus le envió esa información -¡y apostaría lo que fuera a que así fue!-, esta tratando de enemistarlo con nosotros. – completó, en el tono más sereno que pudo. No quería que las cosas se fueran a salir de control. No necesitaban un escandalo más.

– ¿Y que hay de las otras naves? – preguntó el operativo N7, aún no muy convencido.

– Son del mismo tipo de la que nos ataco en nuestra dimensión. ¿Quienes son sus propietarios?, no lo sabemos. Aunque con la información que tiene el Capitán Anderson, se puede extrapolar que nuestros aliados Haydonitas tienen algo que ver en todo esto. Si las cosas son como parecen, sus intenciones son hostiles. Y además, si pudieron seguirnos hasta aquí, es posible que sepan una manera de regresar a nuestra verdadera dimensión...

Shepard permaneció en silencio. Los otros, sin embargo, podían ver el reflejo de la lucha interna en su cabeza, en su mirada pensativa y confusa.

– Si Saren y el Soberano se aliaron con estos... Haydonitas, la situación no va a ser nada buena. Saren y los Geth por si solos, son la mayor amenaza que la galaxia haya visto. Si estos alienigenas les aportan tecnología militar similar a la suya, enfrentarlos va a requerir de toda la ayuda posible... – sentenció Anderson, mirando a los Hunter, dejando que el peso de la revelación se depositara sin misericordia sobre sus hombros.

Shepard se levantó y enfiló hacia la salida. Anderson lo detuvo:

– ¿Que crees que haces? –

– ¡Voy a detener a Saren!. ¡Estoy harto de que el Consejo me ignore, mientras la galaxia peligra!.

– Comandante... – Lisa creyó pertinente hablar con franqueza:

– No dudo de su capacidad. Los reportes de sus hazañas hablan muy bien de usted. Pero enfrentar a Saren y sus huestes, si están siendo ayudados por Haydonitas renegados -¡y no quiero pensar otra cosa hasta averiguar si realmente nos han traicionado!-, va a requerir más que solo su nave y su equipo. Necesita igualarse a ellos en el campo de batalla...

– ¡Pero adaptar su tecnología a la Normandía puede tomar semanas o meses!. No tenemos esa cantidad de tiempo! – el operativo de la Alianza descargó toda la frustración que sentía. Sabía bien que enfrentarlos sin ayuda, era como tratar de detener un tanque con una pistola de agua...

– No podemos adaptar nuestras armas a su nave. Eso es lo que causó este incidente en primer lugar... – comentó Rick. Batalló contra la idea que se estaba formando en su mente, pero se dijo a si mismo que la situación se iba a volver desesperada. Y si querían tener una oportunidad de volver, o al menos de sobrevivir, entonces tenía que ceder un poco:

– ...pero podemos cederle algunas cosas. No tenemos naves espaciales para competir contra las de los Haydonitas, pero podemos proveerle de vehículos y personal, con el que enfrentarse a Saren.

Anderson respingó:

– ¡Hacer eso podría llevarnos a un incidente con la Alianza y el Consejo!. ¡Si se descubre que Shepard...

– ¡Se descubrirá capitán... – intervino la embajadora – ...porque el Comandante también esta citado a la Torre del Consejo, y cuando no se presente van a empezar a sospechar!.

– ¡Ya no me importa lo que el Consejo pueda pensar!. ¡Si me hubieran dejado perseguir a Saren, no tendríamos esta presión asfixiándonos!.

– Shepard: El Consejo tomo las decisiones que ya conoces, porque ha habido presión política de varios gobiernos, incluyendo el de la Alianza, para ello. ¡Pero ninguno de ellos midió las consecuencias de lo que estaban propiciando! – el veterano podía entender la molestia y desesperación de su amigo. El había sentido otro tanto al conocer las resoluciones del triunvirato gobernante.

– Es comprensible capitán, pero de ninguna forma justificable. Pero lo hecho, hecho está y ahora tenemos que encontrar el modo de remediar la situación. ¿Que necesita Comandante? – preguntó Rick.

Shepard se puso en actitud pensativa y después agregó.

– Originalmente teníamos un vehículo de capacidades terrestres, para complementar a nuestra infantería, pero lo perdimos en una de las últimas misiones. La requisición de nuevo material a la Alianza se detuvo cuando me asignaron como Oficial de Enlace. Si puede proporcionarnos eso, armas, municiones y un conductor...

– Podemos cederle un "Silverback"... – comentó Rick, pero Dana intervino de inmediato:

– ¡Almirante!...¡señor! – la chica carraspeo e hizo que todos voltearan a verla, sorprendidos.

– ¿Algo que quiera decir, Coronel Sterling?.

– Señor... con todo respeto. Esos VM-9 son buenos vehículos... pero les falta blindaje. Un diseño así no sirve para un campo de batalla, contrariamente a lo que piensen sus analistas. Sin embargo, antes de lesionarse, el Dr. Lang estaba trabajando en un vehículo que iba a ser mejor en todos los aspectos...

– ¿Se refiere al aerodeslizador SPARTAS que el viejo loco estaba modificando?... – Dana y Lisa sonrieron tímidamente:

– ...Estoy enterado de su proyecto. Pero ese prototipo tiene tecnología experimental que no ha sido debidamente probada y podría ser peligrosa.

– ¡Eso no es del todo exacto señor!... – dijo la chica sin vacilar:

– Yo he sido piloto de pruebas del modelo en el que el Doctor trabajó y puedo constatar que sus capacidades han sido probadas, con buenos resultados. Y además tengo más experiencia que nadie manejando esa maquina. La Guerra con los Maestros Robotech fue mi bautismo de fuego. Además... el Comandante ya conoce de mis habilidades de combate.

– En eso no tengo inconveniente alguno. La Coronel sabe manejarse perfectamente según vi hace rato y lo que Garrus me hizo saber después... – comentó Shepard.

Rick ponderó lo que Dana le decía. Lo poco que había visto de los SPARTAS en acción había sido lo que Jonathan Wolfe le había mostrado, durante la campaña con los Centinelas. Eran buenas maquinas, de diseño robusto. Y si el viejo científico había modificado los sistemas del que tenían a bordo, sin duda iba a ser un veritech superior a todo lo que había visto. Por otro lado Max y Miriya iban a poner el grito en el cielo cuando se enteraran de que Dana se iba "de cacería", a una misión que podía ser muy peligrosa. Casi esperaba que la Zentraedi le dejara caer la nave encima cuando se enterara...

– Esta bien, – cedió, con una mueca de ligera preocupación:

– Si dices que el vehículo esta listo para el combate, entonces esta es la oportunidad perfecta para probarlo. Pero vamos a blindar un poco más esta operación. Adicionalmente le cederemos un escuadrón de asalto, armado con armaduras Ciclón. Y además le cederemos un "Sincro-Legioss" para apoyo aéreo. Jack Baker y Karen Penn irán con usted en calidad de pilotos.

Dana silbó. Los combos veritech Alfa y Beta equipados con sincro-cañones miniatura eran llamados "Sincro-Legioss" y representaban el máximo poder de fuego que un caza de combate trans-atmosferico podía tener. Y en manos del jefe del Grupo Aéreo del SDF-3, un vehículo de esa clase era una verdadera amenaza. No sabía que Karen Penn pudiera volar un aparato de esos. Sin embargo había oído rumores que decían que, en algún momento ella había sido piloto de pruebas de los prototipos Alfa y Beta, lo que decía algo acerca de su habilidad.

– ¿En cuanto tiempo cree que podamos salir? – preguntó el Comandante. La ansiedad por salir a perseguir al turiano lo carcomía por dentro.

– Si nos apresuramos, treinta minutos bastarán – terminó Lisa, aplaudiendo por dentro la resolución de su esposo de no permanecer al margen. Esas acciones les iban a causar problemas, pero corría de su cuenta sortear el temporal.

– ¡Daré ordenes para que Pressly movilice los técnicos de la Normandía a ayudarles en lo posible!. Quizá logremos recortar la demora a solo veinte minutos... – mencionó el Comandante, cuadrándose y saludando, para después enfilarse de nuevo a la salida. Dana hizo lo mismo y corrio detrás de él.

Una vez que ambos se fueron, el veterano Anderson se dirigió a los Hunter:

– ¿Se dan cuenta de que estamos enviándolos a una trampa, no es así?

– Sí Capitán... – respondió Lisa – ...pero me temo que no podemos hacer nada más por ellos. Sin embargo, yo no me preocuparía. Su Shepard tiene historial de hacer lo imposible y Baker, Penn y Sterling han pasado todos por muchas situaciones difíciles desde que se unieron a la Fuerza. Si alguien puede hacer lo imposible, son ellos. Sin embargo aún tenemos que pensar como vamos a hacer para que Control de Vuelo dé autorización a la Normandía para salir del Sistema Widow – mencionó, con gesto de preocupación.

– Hay una manera, Embajadora. Pongase en contacto conmigo cuando esté listos y dejen el resto de de mi cuenta...


Veinte minutos después...

Anderson entró en la oficina principal de la embajada de la Alianza, decidido a hacer lo que fuera para lograr que su pupilo pudiera escapar. Udina podía dar la autorización para que la nave saliera del sistema sin ser molestada, y el veterano soldado lo sabía de sobra. Había una manera más difícil de hacer lo mismo, que era accediendo al Área de Control de Vuelo, en la Academia de Seg-C. Esa alternativa sin embargo, era mas riesgosa. Era mejor su plan.

Cerró la puerta y caminó con paso firme hacia el despacho, sin que los guardias en la entrada principal pusieran reparos. No sería la primera vez que Udina y él quisieran tener una conversación privada, a salvo de oídos indiscretos, y los guardias ya estaban acostumbrados a ese proceder:

"Ser el ayudante principal del embajador, tiene sus ventajas..."

Penetró en la oficina. Donnel Udina estaba sentado en su escritorio, estudiando una serie de reportes, con una sonrisa malévola pintada en el rostro. Al verlo entrar, la cara de buitre del hombre se iluminó:

– ¡Anderson!, ¡lo he estado buscando! – dijo mientras veía al moreno soldado acercarse a él:

– ¡Ya se como obligar a que la FER nos entregue...

El tipo sin embargo, no pudo terminar la frase. Un golpe cruzado de derecha directo a la mandíbula, lo silenció y mando al suelo inconsciente, tumbándolo de su silla. Una ligera mueca de satisfacción cruzo la cara del militar. Accedió a la aplicación de control de tránsito y dio autorización de paso a la nave de Shepard. Un minuto después, un mensaje de texto entro a su omniherramienta:

"Normandía en camino. Permiso de paso autorizado..."

– Misión cumplida... – masculló el veterano. Se acomodó en la silla del embajador y vio la información que el noqueado burócrata estaba observando. Esquemas, análisis de armas y un reporte de una I.A. peligrosa. Esa era la información que había sido robada a la FER.

Sin ningún remordimiento, tecleo un par de cosas en la terminal y la información fue borrada. Acomodó a Udina en la silla y salió de la oficina. Ordenó a los soldados que no permitieran el paso a nadie, explicándoles que el embajador quería estar a solas un rato. Y con paso tranquilo, salió de la embajada.

Mientras caminaba por los jardines del Presidio, David Anderson volteo a ver el cielo artificial de la estación, el cual se estaba apagando, para simular el ciclo nocturno. En la distancia podía apreciarse el SDF-3 y mucho más a lo lejos el nexo de relés. Creyó apreciar una pequeña perturbación eléctrica en uno de ellos, y luego la inconfundible estela azul que indicaba que una nave había entrado en el vacío corredor de viaje de un relé de masa.

"Ya hemos hecho lo nuestro, Shepard. Lo demás depende de ti..."


Siguiente capitulo:

Shepard y el viaje a Ilos. Además que ha pasado con Kaidan, Janice y el "Arcangel", en Omega...

Nos vemos después...