Quiero agradecer enormemente a todos y todas las que se han tomado el tiempo de leer y comentar, la verdad es que son el mejor aliciente que alguien puede esperar.

También quiero pedir disculpas por las demoras, soy algo inestable en los tiempo y en verdad lo lamento. A aquellos que se quedaron y siguen leyendo: MUCHAS GRACIAS.

Y finalmente MUY BUENAS NOTICIAS! Al fin tengo beta, y es maravillosa. Además de arreglar todas mis atrocidades ortográficas y gramaticales, va y me da las mejores porras del mundo y como si fuese poco, me aconseja ¿Qué más podría pedir? En verdad, muchas gracias querida Maye Malfter, no sé qué sería de mi sin ti.


UNDER PRESSURE

Capitulo 2: Fascination Street

- Because i feel it all fading and paling and i'm begging to drag you down with me, to kick the last nail in- The Cure

¿Hace cuanto que se estaba magreando con Albus Potter? Scorpius lanzó una densa nube de humo producto de esos cigarros americanos que le había conseguido James. Eran fuertes y sentía como le raspaban la garganta y le hacían pedazos los pulmones.

Sabía cuando había comenzado, él mismo se lo había impuesto como la primera y la última vez, pero no le fue posible. Después de la jodida fiesta en Slytherin, donde primaba más hacer idioteces que la compostura, evitar a Potter había sido condenadamente difícil.

Scorpius nunca había sido bueno para agachar la cabeza, cuando tenía seis años, un grupo de chicos de la primaria mágica le golpearon hasta cansarse, por ser el nieto de Lucius Malfoy. Era común que le insultaran, que le gritaran y le humillaran. Scorpius conoció lo que era tener una amiga cuando Rose Weasley, en el primer viaje en tren al colegio, se lió a golpes con unos chicos que estaban molestando a Scorpius.

—No tienen derecho ¡Ellos son mayores! —había dicho escandalizada. Luego se enteraría que Rose Weasley había nacido en medio de un flujo imparable de nacimientos y que desde pequeña había buscado formas para resaltar en su enorme y colorida familia.

Se hicieron amigos en ese mismo viaje de un millar de horas. Rose dijo que toda su familia había ido a Gryffindor, pero ella quería cambiarlo.

—Hay muchos prejuicios contra Slytherin, y los prejuicios son malos —había sentenciado una Rose de once años, que tuvo el sombrero seleccionador por mucho más tiempo del necesario sobre la cabeza.

El asunto era que James y Rose eran los inadaptados de una familia de completos adaptados. Los Potter y los Weasley eran como la nobleza dentro del mundo mágico, todos querían tener contacto con ellos o ser parte de sus reuniones. Los Malfoy apenas hacia un par de años habían logrado algo de paz, su padre había cumplido condena mucho antes de que él naciera, pero aun así era una paria.

Scorpius era desagradable, odioso, molestoso e irónico con todo el mundo, menos con sus padres, porque bastante tenían con todo el mundo siendo desagradable con ellos, además, Scorpius no tenía nada contra sus dulces y condescendientes progenitores, su bronca iba contra esa sociedad que se jactaba de ser inclusiva, pero que no lograba separar las cosas. Su padre hacía mucho que había pedido disculpas y reconocido sus errores, pero al parecer, nunca sería suficiente.

Al menos tenían dinero, lo que les permitía huir de Inglaterra cada verano.

Cuando Scorpius llego a los brazos del perfecto Albus Potter, quien le sostenía cuan damisela en apuros, se sintió derrotado. Era como si toda la brillantez del comportamiento de Potter le fuese a sacar de su pozo de miserias y cinismo. Scorpius no lo quería, sus mil y un barreras personales habían evitado que le hicieran daño, Potter con su sonrisa de dientes perfectos, no podía venir a alterar eso.

Decidió ignorarlo.

Sin embargo, el asunto se torno difícil. Potter lo miraba con un anhelo casi tangible. Scorpius podía sentir su mirada todo el tiempo. Albus, el chico de las mejores calificaciones y los constantes puntos a su casa, lo seguía con la vista todo el jodido tiempo. Scorpius mantuvo su postura firme durante muchas semanas, al comienzo por rabia -¿Qué se cree de mirarme así?- pero el sentimiento fue mutando, y lo que al principio le creaba desconfianza, terminó haciéndole sentir deseado. No era un sentimiento conocido por él, quien solía ser observado como excremento sobre el césped recién cortado.

Albus le miraba como si quisiera comérselo y Scorpius, a pesar de tener una vida sexual bastante activa, no se lograba acostumbrar.

Sabía que no tenía la elegancia que su padre y abuelo habían exigido en generaciones anteriores. Sabía que no tenía el porte y ni siquiera el cuerpo como para atraer a alguien como Albus. Albus se veía siempre tan guapo, tan masculino y encantador. Scorpius usaba cadenas y ropa enorme, rara vez sonreía y siempre los miraba a todos de la forma más cínica que encontraba. No entendía que rayos le veía Potter, si solo habían tenido un beso en una estúpida fiesta, nada que un adolescente cualquiera no hiciera.

—Seguro que nadie, jamás le había dado plantón— se dijo a sí mismo una mañana, mientras observaba su rostro pálido después de la ducha matutina. Tenía ojeras, Scorpius nunca había logrado dormir muy bien, no después de que lo dejaran amarrado en el bosque prohibido en segundo año. Y tenía la piel tan pálida, de aspecto enfermizo. Y estaba su rostro, sin formas muy masculinas. Físico no tenía que ser, la única respuesta a la obsesión de Potter era que él, Scorpius Malfoy, era el primer ser del planeta que se negaba a sus deseos.

Su descubrimiento le dio una nueva sensación de poder. Tenía algo que Potter quería y estaba claro que Potter no sabía recibir una negativa. Se sonrió.

Desde ese día, comenzó a sostener las miradas de Albus, comenzó a sonreírle de forma irónica, a disfrutar haciendo pequeñas demostraciones de falso interés. Aun recordaba cuando el idiota lo había visto en el bosque con Erik, la cara de espanto y horror. En ese momento había pensando que era asco, ahora se estaba planteando, que quizás, había sido curiosidad.

A veces, Scorpius se preguntaba si era que Albus creía que no había otros chicos gay en Hogwarts, por que no veía otra razón para que un chico brillante y adaptado lo mirara a él, un inadaptado de manual, con ese deseo tan latente. O quizás lo estaba confundiendo todo, quizás la distorsión de sus pensamientos y sus ideas le estaba llenando la mente de impresiones equivocadas, quizás Potter miraba como pastelillo a todo el mundo. Comenzó a experimentar a ver si sus deducciones eran correctas.

Se acerco a una serie de chicos raros que sabia no le rechazarían. Sabía que no era guapo, pero al menos tampoco era repulsivo.

Comenzó a tontear otra vez con Erik en clases, y para su sorpresa era la mirada de Albus Potter la única enfadada. Una que otra avergonzada o quizás asqueada, pero solo Albus parecía querer echar humo por la nariz. Scorpius sabía que Erik era un idiota que solo sabía aprovechar la ocasión. Scorpius solo tenía que hacer un movimiento casi inocente, para que el chico se recargara sobre él.

Sin embargo, ni es sus más retorcidos planes pensó en un Albus Potter casi atacándolo en la biblioteca, un par de meses después del torpe beso en Slytherin.

— ¿Qué le ves a Sutton? — Preguntó Albus, abordándolo en el pasillo de Botánica de la biblioteca.

— ¿Erik? —Preguntó de vuelta Scorpius, inocentemente, alzando la vista del pesado libro que tenia entre las manos.

—Sí, ese —dijo Albus, con tono molesto. Estaba parado a unos cuantos metros de Scorpius, bloqueando la salida.

—Que te importa —dijo Scorpius, volviendo a la lectura.

—Es enorme —dijo Albus y aún cuando Scorpius no lo estaba mirando, sabía que se estaba acercando.

—Lo sé —Scorpius levantó la vista del libro y observó de forma lasciva a Albus— Es lo mejor de todo.

Albus jadeó, tenía un rictus de enojo muy impropio de si mismo, Scorpius siempre le vía sonriendo y rodeado de gente, como gritando a los cuatro vientos lo perfecta que era su vida. Se acercó un poco más y por un instante Scorpius pensó que le golpearía.

—Yo también lo soy —dijo al fin, con la voz apretada, como si estuviera conteniendo un grito.

— ¿Si, Potter? ¿Estás seguro? Lo que sentí el otro día en Slytherin, no era precisamente... enorme —las palabras apenas habían salido de su boca, cuando Albus ya estaba invadiendo su espacio personal.

—Ya —susurró Albus, para quedar parado a escasos centímetros del rostro de Scorpius, quien contra su voluntad se vio enormemente decepcionado por la odiosa distancia que los separaba.

—Eres un idiota —susurró Scorpius, Albus acarició una de sus mejillas con los dedos, el rubio movió la cara en dirección contraria— ¿Por qué no vas a jugar a ser el chico perfecto? —Scorpius sintió como Albus pegaba su mejilla a la de él— Potter —susurró y fue lo último.

Albus le atacó con un deseo que Scorpius jamás había sentido, resistirlo fue imposible. Albus le estaba mordisqueando los labios, al tiempo que se posesionaba de su cuerpo con una presión apabullante.

Scorpius tenía la cabeza inmovilizada por una de las manazas de Potter en su nuca, mientras que la otra lo apretaba de la cintura, al tiempo que ese enorme cuerpo de jugador de Quidditch lo apretaba contra el estante de libros. Se dejó llevar, Albus se coló entre sus piernas, volviendo más feroz el agarre, Scorpius solo tenía las manos apoyadas en los hombros de Albus. Eso estaba genial, estaba increíble, Albus además de hacerlo todo bien, besaba de las mil maravillas y eso no era justo, porque Scorpius estaba lleno de mierda y Potter no, Potter era perfecto y nadie le gritaba cosas ni se burlaba nunca de él. La rabia le embargó, y antes de pensarlo, le mordió con fuerza el labio inferior al moreno. Pero Potter solo jadeó dentro del beso, y continúo atacándolo con una lengua demasiado diestra e inagotable.

En algún momento dejó sus labios para atacar su cuello. Scorpius sintió el exquisito cosquilleo de esa lengua recorrer el espacio desde detrás de la oreja hasta el borde de la camisa desabrochada.

Scorpius sentía su mente hervir, se aferró a los hombros de Albus y se obligó a sí mismo a no emitir sonido alguno.

— ¿Puedo demostrar lo contario? —Susurró el moreno en su cuello, con las manos sospechosamente cerca de su pantalón.

—No —dijo Scorpius, y lo dijo claro y ronco, una negativa tan llana, que sintió como Albus se congelaba—. Aléjate de mí, Potter —escupió, sin moverse. Albus se demoró unos cuantos segundos en erguirse y mirarlo, estaba sonrojado y despeinado y Scorpius quiso golpearlo por el anhelo que sintió.

— ¿Por qué no?

—Porque no se me antoja.

— ¿Se te antojará algún día?

Scorpius sintió sus mejillas arder, no quería seguir hablando, hablar no era lo suyo. Se alzó de hombros y se recargó sobre el estante de libros. Albus se mordisqueó los labios y se fue.

Vinieron un puñado de semanas en donde Scorpius tenía que hacer esfuerzos para ver a Albus, no le costó mucho caer en cuenta de que le estaba evitando. Bien, quizás todo este asunto solo tenía ese final, con cada uno huyendo del otro. Si la respuesta estaba en quitar de su memoria los mullidos labios de Potter sobre su garganta, entonces llenaría su mente de otros labios sobre sí mismo y fin del cuento.

—Estás como muy loquillo últimamente ¿No?

— ¿Me vas a venir a dar sermón moralista tú, de entre toda la gente, Rose Weasley?

—Yo solo comentaba —dijo sonriendo Rose, dándole un profundo trago a su vodka sabor naranja.

—Si claro —refunfuñó Scorpius. Estaban sentados en el salón de Astronomía, no había fiesta en ninguna de las casas y James se había echado novia, así que serian solo ellos dos por esa jornada.

—Albus está de guardia esta noche —Comentó Rose pasándole la botella, Scorpius le lanzo una mirada sorprendida—. Tranquilo, no es que lo invitara, solo le avise, para que hiciera la ronda por aquí ¿Por qué le tienes tanta bronca?

— ¿Tú no?

— ¿Es una broma? —Rose le miro medio flipada— Albus es genial, es el único que no me dice 'pareces una sin hogar Rose'.

—Entonces está ciego, por si pareces una sin hogar —Rose le pegó en la pierna—. El grunge está muerto cariño.

—Lo mismo podría decir del punk, idiota —Contestó Rose sonriendo—. Tarado —agregó en voz baja— ¿Y sabes qué? Me voy a buscar a mi primo, que será el favorito de todos, pero al menos no me trata como una lacra —Se levantó con dificultad y escupiendo un "Disculpa" desapareció por la escalera de caracol en frente de un carcajearte Scorpius.

Volvió unos minutos después con Albus Potter en carne y hueso agarrado del brazo, Scorpius silbo — ¡Felicidades, lo encontraste!

—Rose, no deberías andar por los pasillos medio borracha, te podrían expulsar.

—Si Rose, escucha al chico, tiene cara de listillo —Albus le lanzó una mirada ceñuda y Scorpius rio—. Lo siento, señor listillo.

—No Albus, no escuches al amargado, Malfoy es un amargado —Rose tironeó del brazo de su primo hasta que lo sentó en el piso, cerca de las ventanas—. Mira que noche, Al —Rose se recargó en el costado del chico y bufó—. Malfoy amargado.

—No deberían beber aquí.

— ¿Dónde nos dejas beber, eh Potter?

Albus giró la vista y le miró de forma tan intensa que Scorpius se sintió aun más borracho. Potter no dijo nada en respuesta, solo suspiró con fuerza, pasó el brazo por la espalda de Rose y la recargó contra su hombro completamente dormida. Scorpius siguió dándole pequeños tragos a su botella naranja.

—Potter —dijo Scorpius después de una eternidad— ¿Por qué me miras tanto?

Albus le miró sin dejar de acariciar el corto cabello de Rose— No sé —dijo al fin, con un suspiro.

— ¿Quieres algo más que mirarme, Potty? —Preguntó Scorpius con un sonsonete borracho. Albus asintió con lentitud— ¿Qué quieres Potty?

Albus suspiro con fuerza y negó suavemente— Basta.

— ¿No es acaso esa perfecta noviecita tuya suficiente?

—Basta Malfoy.

— ¿Eres de esos que te gusta tocar fondo, Potter?

—Tú no eres fondo, Malfoy.

— ¿Quieres tocarme? —preguntó en un susurro Scorpius, al tiempo que se inclinaba hacia Albus, sin ser muy consiente como esté tensaba todo el cuerpo.

—Sí —susurró aun más bajito Albus, con la mandíbula apretada y las mejillas ardiendo.

Scorpius le sonrió, borracho perdido, como siempre tenía que estar para poder jugar así con Potter.

Albus bajó la mirada y removió a Rose— Hora de dormir —le dijo al oído, Rose gruñó algunas cosas incomprensibles y Albus le levantó con suavidad, tomándola de un costado. Scorpius vio como se ponían de pie frente a él y se encaminaban a la escalera, se demoró unos instantes en decidir que iría con ellos.

Camino detrás de Albus Potter mientras este arrastraba a Rose hasta las mazmorras. Fue increíble no encontrarse a nadie en el camino, más que a unos cuantos fantasmas indiferentes. Cuando llegaron al pasillo que daba a la entrada de la sala común de Slytherin, Albus se detuvo a unos cuantos pasos del cuadro y Scorpius dijo bajito la contraseña, no porque no quisiera que Albus la escuchara, sino porque todo estaba muy silencioso.

Albus entró primero, Scorpius le siguió de cerca y le hizo señas a Albus hacia donde estaba el dormitorio de Rose. El moreno pareció entenderlo muy bien o quizás ya sabía a dónde estaban dichas habitaciones, porque la llevó medio a rastras de inmediato.

Scorpius se sentó en uno de los sofás de la abandonada sala común de Slytherin, miró el fuego que estaba en sus últimas llamas y se preguntó qué hora serian y que tan borracho estaría. Albus volvió a parecer después de una eternidad.

— ¿Qué tan borracho estas? —preguntó Albus en voz muy baja.

—Eso mismo me estaba preguntando —dijo Scorpius.

— ¿Y?

—No lo suficiente.

— ¿Lo suficiente para qué? —susurró anhelante Albus.

Scorpius miró a su interlocutor, estaba arrodillado en frente de él y decidió que al demonio, si el chico perfecto quería jugar con tierra, era asunto suyo. Llevo las manos al rostro de Albus y tiró de él hasta que sus labios se encontraron en un beso tórrido y necesitado. Albus tardó unos cuantos segundos en reaccionar y corresponder, en tomar el rostro del rubio con fuerza y jadear contra sus labios. Scorpius que era más bajo y más delgado, se vio inundado por Potter y eso no le era suficiente. Quería acercarlo y quería tocarlo por todas partes a la vez. Albus tampoco parecía muy seguro de donde poner las manos, porque estas lo recorrían de norte a sur y de este a oeste sin descanso.

No fue consciente de cuando terminaron recostados sobre el sofá, pero agradeció que fuese uno grande, donde el enorme cuerpo de Potter cupiera sin problemas.

— ¿Ahora, ahora estas lo suficientemente borracho?

—Cállate Potter, antes que me arrepienta —susurró Malfoy en un jadeo ronco.

Y fue suficiente, Potter volvió a atacar los agotados labios de Scorpius, a restregar su firme cuerpo contra el delgado de Malfoy.

Era increíble y Scorpius no quería que parara, el roce era maravilloso y si se detenía, era capaz de matarlo. Los besos se esparcieron por su cuello y por la parte del pecho que dejaban a la vista los botones abiertos de su camisa, Potter era ávido e incansable. Scorpius jamás se había sentido así de deseado, Potter no estaba presionando a nada, solo parecía absorto disfrutando lo que él había decido entregarle.

Su cara volvió a la de Scorpius, junto sus frentes y jadeando contra sus labios, siguió un suave y enloquecedor vaivén con las caderas. Estaba apoyado en los codos, uno a cada lado de Scorpius, quien no sabía que lo tenía más excitado, si el vaivén contra su entrepierna o el espectáculo que era Albus Potter jadeando contra su rostro.

Levantó la cara y rozó sus labios contra los del moreno, Albus pareció despertar de un sopor, y terminó de matar la distancia que existía entre ellos, dándole un suave beso, sin dejar de mover las caderas ni un solo instante.

Por mucho que Scorpius se odiara en la mañana, tendría que reconocer que eso había sido lo mas erótico de toda su vida. Se corrió apenas unos minutos después, como un buen chico de dieciséis años que es empotrado contra un sofá por un tipo que parecía sacado de la portada de una revista. No era un juego limpio, Scorpius se sentía tramposo, como si estuviese haciendo trampa de forma inconsciente.

—Dime que vamos a repetir —dijo Albus después de unos minutos de quietud y silencio.

—En tus sueños, Potter —susurró Malfoy, rogando por que no se notara el jadeo que había escapado de sus labios.

—Más que en mis sueños —dijo sonriendo Potter, al tiempo que se movía y levantaba. Scorpius miro al rededor, ya estaba aclarando ¿Cuánto tiempo habían estado ahí, rozándose, como para que ya estuviese amaneciendo?

—Vete, va a amanecer —dijo, alejando a Potter de su cuerpo.

—Ya —Albus se puso de pie y se acomodó la ropa, sin mirar a Scorpius.

—Se podría repetir —dijo Scorpius, quitando pelusa inexistente de las mangas de su chaleco— Pero nadie tiene que saber.

— ¿Qué?

—No quiero que nadie sepa, Potter —dijo Scorpius, levantó la vista, intentando por todos los medios sonar amenazador—. Y no vas a terminar con tu noviecita ni nada por el estilo —Albus abrió la boca—, a menos que te pongas a andar con otra.

— ¿Por qué?

—Porque no quiero que te hagas la mas mínima ilusión Potter —Scorpius se puso de pie, y una vez más detestó estar tan por debajo de Potter, en todos los sentidos posibles—. Esto es solo un juego ¿Vale?

Albus le miró por tanto tiempo, que Scorpius pensó que se negaría, que saldría todo su perfecto ser, que se reusaría a mentir o incluso diría algo como "¿Cuando quise yo algo contigo?". Pero Albus no dijo nada de eso, cerró la boca y arrugó el ceño— Hecho —dijo, y le besó una vez más—. No le diré a nadie que te tuve jadeando y no dejare a mi novia —susurró y se fue.

Scorpius se sentó en el sofá y se durmió con el olor de Albus Potter llenando sus sentidos. Cuando quiso arrepentirse de ese absurdo trato, ya era muy tarde.

-Continuara-