sam-ely-ember: Gracias infinitas por sus reviews, no saben lo mucho que significaron para mí con esta historia. Me hacen feliz. (Si alguien es parte de IDOJ búsqueme .__. mi username es el mismo).
Le debo este cap a mi beta reader, tenía bastantes huecos -cosas que debo arreglar también en los capítulos siguientes- y él me ayudo con su mirada objetiva (hombre, te lo recompensaré, lo prometo.)
Disclaimer: Los personajes desgraciadamente no me pertenecen, son propiedad de John A. Davis y los descerebrados de DNA productions.
Capítulo 1: Sorpresa.
Lo intenté de muchas y diferentes maneras pero sin importar el esfuerzo la imagen de su mirada indescifrable me atormentaba por lapsos de tiempo impredecibles e inaguantables. Algo había cambiado en él, algo lo suficientemente grande y caótico para que no se atreviera si quiera a mostrarme la lengua como si aún tuviéramos 11 años y acabáramos de tener una estúpida discusión, algo tan trascendental que lo frío de su mirar caló en mí lo suficiente como para hacerme formular cientos de teorías ridículas sin fundamentos o procedimientos lógicos.
Bastó una simple mirada para destruir el orden que había creado con esfuerzo.
Esa mañana fue larga, intenté hacer todo de la manera más veloz posible pensando en que mi falta de sueño afectaría mi intachable puntualidad pero desgraciadamente abrí baches en el tiempo suficientes para sentarme a pensar sobre mí misma, cosa que no había hecho a falta de tiempo y a falta de voluntad. Hacerlo lastimaba.
La razón era evidente: había terminado destrozada luego de un amor fallido. La ira y la desolación parecieron cegarme, fue entonces que me entregué al estudio de forma enardecida esperando olvidar por inercia lo que había sido esa dolorosa experiencia. Y pareció funcionar hasta que la rutina se volvió imperceptible y los razonamientos al respecto regresaron y contrariaron mi realidad. No me di tiempo de sobreponerme, no me di tiempo de sanar y olvidar como era debido. Fue una sutura que no cerró del todo la herida.
Pude recordar con exactitud las palabras que derribaron mi espíritu: "Seamos sinceros: para mí esto jamás fue algo serio. Sí, jamás te quise, fuiste un capricho. Quizá." Sus ojos negros vigilando la contrariada expresión de mi rostro abatido por la confusión y el miedo.
Ojos azules que observan esperando encontrar una respuesta jamás dicha…
Sacudí mi cabeza cuando ambas imágenes parecieron cruzarse y me levanté nerviosa, temiendo lo peor sobre el examen de estadística.
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Necesité de todo mi esfuerzo para no reírme en la cara del profesor cuando entregué mi examen, no había solucionado nada tan sencillo desde el examen de ingreso, eso me hacía sentirme un tanto nerd…y era algo que extrañaba. Caminé hasta mi casillero, cambié de libros y estuve lista antes de que iniciara la siguiente clase, tuve tiempo de llevar un paso tranquilo y devorar un paquete de galletas que había robado de la alacena. Tarareaba la canción que había escuchado en la radio antes de salir y acomodé la parte de la blusa blanca que salía bajo el sweater negro que llevaba ese día, hacía frío así que probablemente la falda rosada había sido una mala opción. De cualquier manera, al entrar al salón vi que era la última en llegar, cosa extraña, y el único asiento vacío era uno junto a la ventana, no de mis favoritos por las distracciones.
Cuando estuve sentada, y predeciblemente me distraje por ver hacia fuera, pensé en retomar el hilo de pensamiento que me había deprimido en la mañana pero resultaba más sencillo recordar a la pequeña niña rubia que, aunque aplicada, jamás se había tomado las cosas tan enserio como lo hacía la joven de hoy. Quizá estaba llevando la madurez a un extremo ridículo y rígido que terminaría por arruinar la poca vida social que ahora sostenía. Bueno, eso sin mencionar que no había tenido un novio serio desde mi ruptura con Nick y de eso ya hacía un buen tiempo. Un largo e imperceptible tiempo. Sí, quizá debería tomarme las cosas un poco menos en serio y tener una vida universitaria normal, no llena de promedios altos pero sí de buenas amistades. Construir una nueva rutina, no indolente pero sí segura.
-Buenos días, clase.- La voz del profesor sonó en un lugar que me pareció lejano. No regresé la vista y decidí prestar atención con únicamente un sentido. –Hoy trabajaremos de manera un tanto distinta. La mitad del grupo irá al laboratorio de computación para trabajar en el proyecto de programación, la otra mitad se dividirá en dos mitades a su vez: una que revisará el texto que dejé en la fotocopiadora hace una semana y la otra preparará exposiciones para las próximas clases.
Luego del bufido general del salón el profesor comenzó a llamar estudiantes al azar para dividirlos en los grupos que había mencionado, yo continuaba observando por la ventana. Un mímido gris se bañaba en la fuente de la plaza principal. El hombre terminó de hablar así que supuse que me quedaría en el salón para ser expositora. Al menos hasta que se acercó a mi asiento y llamó mi atención.
-Tengo una tarea especial para ti.- Susurró. –El decano lo ha encargado especialmente.
-Ah, seguro.- Respondí. -¿De qué se trata?
-Hay un visitante especial que el director recibiría en persona.
-El director está de viaje.
-Así es, por eso el decano quiere que tú recibas a ese visitante en su ausencia.
-¿Por qué le pedirían a una estudiante que ocupara el puesto del director?- Pregunté contrariada, eso carecía de lógica.
-Porque eres una alumna destacada y de confianza, la imagen que la universidad quiere proyectar.
-¿Y la verdadera razón es…?
El profesor suspiró. –Porque es alguien que tú conoces.
-¿De verdad? Dudo mucho que alguien que yo conozca sea considerado tan especial como para ser recibido por el director en persona.
-Es una orden de la facultad, Cindy, deberías acatarla.
-De acuerdo, lo haré. Pero, ¿qué sucederá con la clase?
-Podrás hacer un trabajo complementario para suplir la nota de hoy.
-¿De lo que yo quiera?
-De lo que sea.
-Bien.
El sujeto sonrió y se retiró a su puesto. Me levanté, recogí mis cosas y salí del salón sintiendo varios pares de ojos sobre mi espalda. Caminé hasta la facultad y la recepcionista me estaba esperando impaciente, me llevó a toda velocidad a través de los pasillos y me dejó frente a la puerta de una de las salas de reuniones, si mal no recordaba en esa misma sala había tenido mi entrevista de ingreso. La mujer se retiró y suspiré antes de abrir la puerta.
Mi maleta con libros y cuadernos cayó toscamente al suelo.
El joven de cabello castaño y ojos azules me miraba de forma inamovible, sentí como si cables tensados de acero me mantuvieran rígida contra el suelo, incapaz de moverme. Bajé la mirada al desastre que había causado el accidente y antes de poder hacer algo al respecto, él ya estaba recogiendo todo y poniéndolo dentro de la mochila. Se levantó y extendió la maleta hacia mí. Llevaba unos blue jeans un tanto desgastados, un par de zapatillas que creía haber visto en un comercial de televisión, un sweater rojo alargado y una camisa blanca abierta que agregaba algo de luminosidad. Una irónica modificación de su antiguo atuendo de infancia.
-Toma.- Habló y la voz profunda me fue ajena.
-Eh…Gracias.- Torpemente tomé mi mochila y la tercié sobre mi hombro.
-Lamento que la sorpresa haya sido tan abrupta, no era mi intención.
-No…tienes que disculparte. Para ser sincera no lo esperaba.
-Yo tampoco.- Dijo sincero. –Supongo que a veces las personas tienden a jugarte malas pasadas.
-Dirás que 'el destino' te juega malas pasadas.
-Personas como yo no creen en el destino. Eso deberías saberlo.
-Sí, supongo que sí.
El tensionante incómodo silencio de los minutos posteriores se me antojó eterno. De verdad que no esperaba verlo en ese momento y la ausente expresión en su rostro solo lograba hacerme sentir más incómoda. El odio que había sentido la noche anterior era un débil eco en mi cabeza y en mí nacía curiosidad. Curiosidad por los cómos y los porqués, pero sobre todo… por el hasta cuándo.
Abrí la boca para hablar pero él se adelantó.
-Será mejor que comencemos la visita, debo irme temprano.
-Está bien.
El paseo fue más largo de lo habitual, quizá se debió a que había más silencios que palabras habladas con un sentido absoluto, el valor que había tenido antes para preguntar y saciar mi curiosidad se había esfumado sin apenas notarlo y él simplemente caminaba por donde yo le indicaba, podría haberle hecho entrar al vestidor de chicas o a los húmedos sótanos y habría entrado sin chistar. ¿Dónde estaba su espíritu combativo, eso que durante años no me permitió estar tranquila y que siempre encontraba un punto por el cual atacar? De no verlo con mis propios ojos y reconocer evidentes similitudes, podría pensar que se trataba de una persona completamente distinta.
-Entonces Libby y tú no estudian juntas.- Corroboró al salir del gimnasio.
-No. Ella está en una academia de artes, ya sabes cuán creativa es, no la imagino en un lugar como este.
-Yo tampoco podría.- Concedió. –Pero no deja de ser extraño. Por cómo eran las cosas sería lógico pensar que incluso ahora permanecerían juntas el mayor tiempo posible.
-Lo intentamos pero, entenderás, es complicado.
-Ya veo.- Aún no lograba acostumbrarme a la voz que hablaba por él, era absolutamente distinta a la que recordaba y aún más a la que esperaba al tener esa edad. –Ingeniería Electrónica, ¿eh?, pensé que las ciencias no eran tu fuerte.
-Siempre puedo trabajar en algo no científico al graduarme.
-Buen punto.
-¿Qué tal la NASA?
-Ya sabes, normas, uniformes, horarios inquebrantables e inhumanos, gente con obsesión porque todo sea enorme: los pasillos, las instalaciones, los cohetes…normal.
Yo me reí, esperaba que la narración de su gran sueño cumplido no estuviera cargada de sarcasmo y resentimiento. –Te fue bien, al parecer.
-Sí, fue increíble.- Rodó los ojos y giró el rostro en otra dirección. Parecía que lo estaba logrando, hacerlo enojar de nuevo.
-Sí que me sorprendiste, Neutron.- Pensé en otra forma de molestarlo. –Pensaba que continuarías siendo enano y cabezón al crecer, pero ya ves, finalmente tu cuerpo pareció equilibrar tu cabeza e incluso eres más alto que yo…
Regresó el rostro hacia mí y, aunque inexpresivo, pude ver un ápice de odio en su mirar, luego puso los ojos en blanco de nuevo y dijo: -Como sea.
-¿Sabes otra cosa? No esperaba que…
-Te dejaste crecer el cabello.- Interrumpió. –Te queda bien.
-Ah…¿gracias?- Probablemente era una excusa para que yo no continuara hablando. Y no lo hice, es decir, sí me causaba placer verlo enojado de nuevo pero no quería convertirme en una insoportable guía, sin mencionar que de salir mal el asunto tendría problemas en la Universidad…genial.
Terminamos en la puerta principal, fue uno de los recorridos más aburridos que jamás tuve que dar o sufrir, había prestado especial atención a nuestro paso por los laboratorios, pero en general fue algo insufrible. Suspiré complacida de terminar este asunto y me regresé para verle, él venía caminando detrás de mí y frenó en seco cuando me vio de frente, había estado caminando cabizbajo con las manos entre los bolsillos del pantalón.
-Bien, Jimmy…- Sonó raro en mi voz. -¿O debo decir 'James'?
-No, Jimmy está bien.
-De acuerdo. Jimmy, terminamos, eres libre.
-Gracias, fue una visita interesante.
-Ni lo menciones. En serio, no lo hagas.- Finalicé con tono mordaz.
El silencio atacó de nuevo. ¿Cómo terminar una situación incómoda sino con una despedida incómoda? Decidí que podría preguntarle el motivo por el que el director lo estaba esperando, pero de nuevo se adelantó y no me dejó hablar.
-Cindy, ¿qué harás el viernes?
Eso era en dos días y no había planeado nada especial, tenía un par de exámenes pendientes que…espera… ¿¡qué!? -¿El viernes?... Estás… ¿tener una cita conmigo?
-Sí, algo así, ir a ver una película o algo.
-¿Te pasó algo en la cabeza, Neutron?- Enfaticé señalando mi cabeza.
-Mira, estoy harto de rodeos. Hay muchos intrincados motivos, todos difíciles de explicar, pero venir a esta Universidad era en parte la oportunidad de pedirte esto. ¿Aceptas?
Eww, ¡no! ¿Tener una cita con él?, ¿qué mente enferma querría ver eso? …Aún así, sería la oportunidad perfecta para resolver todas las dudas que tenía, ¿qué podía perder?
-De acuerdo.- Susurré asqueada apretando los ojos.
-Bien, iré por ti a las ocho.- Pasó por mi lado y abrió la puerta, parecía que tenía prisa por irse.
¿Ir a ver una película? Ese no era su estilo, ¿y si me llevaba a otro lugar? -¡Espera!- Llamé su atención, se detuvo pero no volteó. -¿Debo usar algo especial?- Oh sí, Cindy, muy maduro.
Negó con la cabeza y se despidió agitando levemente una mano en el aire. Desapareció entre los carros del parqueadero.
De acuerdo, era por mucho la cosa más extraña que había vivido en un buen tiempo: había aceptado y preguntado qué debía usar para una cita con él…una cita con Jimmy Neutron.
