sam-ely-ember: ¡Feliz año nuevo! Mis mejores deseos para este 2010, muchas bendiciones para ustedes y sus familias.
Me disculpo por la tardanza, tuve problemas con este capítulo, ya saben, los estoy reescribiendo. Espero les guste y, por si las dudas, el siguiente capítulo está a punto de ser terminado.
Disclaimer: Los personajes desgraciadamente no me pertenecen, son propiedad de John A. Davis y de DNA productions. Los uso como reflexión de mi retorcida mente de autora.
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"Tan imposible es avivar la lumbre con nieve, como apagar el fuego del amor con palabras."
-William Shakespeare
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Capítulo 4: Verdad
Me paseé por el cuarto sin descanso cambiando el teléfono de lado de vez en cuando. La llamada finalmente entró. Escuché el repiqueo un par de veces hasta que alguien habló.
-Bonne Nuit!
-¿Libby?
-¿Cindy? Cindy, mon amie! Je suis très contente de t'écouter!
-Libbs, no es divertido, habla en inglés.
-Lo siento, amiga, necesito practicar o el viaje no habrá valido la pena.
-Oh claro, y yo soy tu víctima perfecta. Al menos sé lógica, estás en Inglaterra no en Francia.
-Bien, señorita cuadriculada. ¿Para qué soy buena esta vez?
-Eh… Libby, no quiero sonar dramática pero creo que estoy en problemas.
-Cindy Vortex, ¿en qué rayos te metiste esta vez?
Suspiré antes de comentar la historia. Escuchó cada detalle sin musitar palabra alguna, me esforcé por hacerle ver mi punto de vista y compartir mis preocupaciones. Se tomó una pausa, supuse que estaba pensando qué contestar.
Aunque su respuesta fue completamente distinta a lo que yo esperaba.
Se rió tan fuerte que tuve que alejar el teléfono de mi oído, duró veinte largos y molestos segundos en calmarse pero aún podía escuchar su respiración agitada, bufí enojada y se calló con el propósito de no hacerme enojar más, sabía a plenitud los límites de mi paciencia y no se arriesgaría a cruzarlos.
-¿Terminaste?
-Lo siento, lo siento.- Aspiró hondo y continuó. –Te lo dije, ¡te lo dije!, ¿recuerdas cuántas veces te molesté con eso y siempre terminé fuera de tu casa por semanas? ¡Sabía que terminaría así!
-¿Quieres dejar de regodearte y ayudarme un poco? ¡Esto es serio, Libby!
-De acuerdo, Cindy.- De nuevo se tomó unos segundos, esta vez estaba segura de que pensaba en algo. –Primero, tienes que dejar el pánico, te oyes demasiado alterada, amiga, y eso en definitiva no ayuda. Segundo, tienes que ser honesta contigo misma: ¿qué quieres que pase?
-Eso no lo sé.- Dije rendida y me senté de nuevo en la cama. –Sabes que esto no es un asunto sencillo, ¡no puedo manejar esta situación! No quiero…
-No quieres que alguien te lastime de nuevo.
-No, no quiero.- Suspiré.
-¿Y si él no quiere lastimarte?, ¿habías considerado esa posibilidad?
-¡Tendrías que verlo!, es imposible saber qué está pensando, es aterrador.
-Muy bien, plan B. Confróntalo, ¡dile lo que sientes!
-¿¡Estás loca!? Ni yo misma sé eso.- Con Libby, mi cerebro parecía derribar las barreras que yo había forjado con esmero. Odiaba eso.
-Es eso o convencerte a ti misma de que: a) nada malo pasará, cosa que veo difícil con esa actitud, y b) Te mueres por él. ¿Qué más pruebas necesitas?
-¡Libby!
-Escúchame bien, Cindy Vortex, si no resuelves esto hoy, regresaré a patearte ese trasero blanco tuyo y te sacaré de ese estúpido shock que tienes, ¿entendido?
-Sí.
-¡Dilo como si de verdad lo creyeras!
-Sí, maldita sea, sí entendí. Gracias por tu apoyo.
-No te enfades conmigo, hermana, tengo razón y tú lo sabes.
-Te llamaré en la noche.
-Más te vale que lo hagas, ¡quiero todo con detalles!
-Libby…
-Au revoir!- Canturreó y terminó la llamada.
Me quedé un buen rato sentada en la cama pensando en qué hacer. Por un lado podría encerrarme en mi habitación con la excusa de un trabajo interminable por entregar el lunes y evitar todo, incluso el compromiso de llamar a Libby en la noche; por otro, podía hacer lo que ella sugirió y confrontar la situación. El problema se dividía en dos partes: primera, Libby había dado en el punto y yo no quería salir lastimada de nuevo (posición egoísta), segunda, no estaba del todo segura de mis sentimientos por él aunque el hecho de este nuevo tipo de…relación, causaba estragos en mí y por más que odiara admitirlo: era emocionante (posición masoquista).
-¿Buenos días?
-¿Señora Neutron? Buenos días, ¿se encuentra Jimmy?
-Claro, dame un segundo.
-Hola, ¿cómo estás?
-Bien, gracias. Neutron… ¿podemos vernos hoy?
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-Así que eso dijo Libby…
-Lo sé, fue bastante imprudente de su parte, pero…
-De hecho dio en un punto muy importante, ¿sabes? Supongo que de una forma u otra debemos hablar de este asunto.
-Muy bien.- Su reacción me tomó por sorpresa, no esperaba que se lo tomara tan bien… -Yo primero: ¿qué fue exactamente eso? Es decir, no en términos técnicos, sino más bien tu apreciación al respecto.
Meditó las cosas un buen rato, un par de minutos que se me hicieron eternos aunque viéndolo con un poco de objetividad, quizá yo hubiese hecho lo mismo. La tensión aumentaba con su silencio y el helado frente a mí se derretía a una velocidad irracional.
–Cuando me fui, sentí que muchas cosas habían quedado inconclusas,- habló finalmente. -una de muchas era mi situación contigo. No pude dejar de lado todo lo que había pasado y solo hasta que estuve lejos me di la oportunidad de aclarar mis sentimientos.
-¿Y por qué no hiciste algo al respecto?
-Por dos motivos. El primero: La NASA prohibió cualquier contacto con el exterior ajeno a mi núcleo familiar, eso incluía amigos u otros familiares. El segundo…
Dudó. -¿Sí?
-El segundo eras tú.- Le miré confundida. –Verás, en un rango de posibilidades que estudié con mucho cuidado, la probabilidad de que por ti misma decidieras algo respecto a mí era bastante baja.
-¿Tienes que hacer todo con ciencia, Neutron?
-Si lo hiciese de otra forma, no sería objetivo.
A pesar de comprender el peso de mi papel en ese proceso, lo mucho que había dicho no satisfacía lo que yo quería saber.
-Entonces, ¿haces esto porque sientes que algo te falta o porque realmente…te gusto? Como, gustar…gustar.
-Un poco de ambas.- Me miró con sorpresivo interés. –Algo me hacía falta pero tú no estabas en mis planes. Al menos no como terminaron las cosas.
-¿Aquello de salir conmigo?
-Precisamente. Fue hasta que te vi en la ventana de tu habitación. Eso cambió radicalmente las cosas, yo no quería salir contigo, simplemente hablar como viejos enemigos. No puedo comparar el hoy con lo que sucedía cuando éramos niños, pero la raíz es la misma. Sí, me gustas.
No supe si me sonrojé o la sangre huyó de mi rostro, me quedé petrificada, digiriendo lo que acababa de decir. Pudieron pasar horas, no importaba, yo no sentía nada excepto confusión y estupefacción.
-Entonces, la pregunta va al revés. ¿Te gusto?
Bajé el rostro, aún estupefacta. Quizá lo hacía, pero no podría dar certeza de aquello. ¿Cuántas veces la pequeña Cindy deseó escuchar esas palabras viniendo de él?, la Cindy de hoy no creía en los romances perfectos o cuentos de hadas, ya no más.
-No. Lo. Sé.- Balbuceé. –Esto es tan…repentino, ¡y raro! Es…es como si alguien quisiera terminar nuestra historia y yo no estoy preparada para eso.
-Tiene que ver con tu pasado.- Descifró.
Asentí. –Y sin importar desde qué perspectiva le mire, no puedo convencerme a mí misma de que no será igual que la última vez.
"Terminaré con el corazón roto, de nuevo."
Esa confesión le tomó por sorpresa aunque no lo mostró de manera expresa, cosa que parecía ser un hábito.
-Quizá suceda, quizá no. ¿Piensas arriesgarte?
-Ya estoy saliendo contigo- enfaticé despectivamente. -¿qué otra cosa podría pasar?
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Patear su trasero en los juegos de la feria fue, por mucho, una de las cosas más satisfactorias de las últimas semanas, sin mencionar que parecí haber desarrollado una extraña fijación platónica por el peluche extraterrestre que había ganado en los dardos. Yo sonreía victoriosa y, para el atardecer, creía haber visto en él uno dos o tres gestos similares a una sonrisa. Después de todo terminé acostumbrándome.
Un par de semanas que parecieron ser un parpadeo. Prácticamente pasaba todo el tiempo con él y no tuve que preocuparme por el transporte ni una sola vez, eso sí era un efecto positivo.
Caminando a través de la feria me tomó de la mano, primera vez en cuatro días. …No es que yo llevara la cuenta, por supuesto. Decidimos comprar algo de dulce y unos pasos antes de llegar al local, se detuvo repentinamente. Dirigí la vista hacia donde él miraba y, de nuevo, solo había un par de sombras alejándose. Me preocupaba que su actitud dejara de ser un simple gusto para convertirse en algo sobreprotector y no me gustaba.
Yo podía cuidarme por mí misma y su paranoia estaba más allá de mi límite de tolerancia. Y es que estar con Neutron me ayudó a dejar de lado aquella faceta lastimera de mí misma para recuperar ese lado aguerrido y vivaz que disfrutaba con ímpetu. Mi yo verdadera.
Quizá al irse él yo había perdido la motivación para pelar por algo o con alguien, fui la mejor, en todo, pero con el tiempo la emoción de ser victoriosa desapareció. Entonces me quedó lo mismo que a todas: enamorarse, y para mí no había terminado muy bien el asunto. Estar con Jimmy no era amor, era despertar de las sombras de mi consciencia. De eso me había convencido fervientemente los últimos días.
-¿Mañana pasarás por mí o algo?- Pregunté una vez que llegamos a casa.
-En realidad pensaba salir con Carl y Sheen, quizá hacer algo con mamá y papá…
-Entiendo. Supongo que te veré pronto.
-Sí, supongo que sí. Adiós.
-Adiós.
La vaga despedida –que yo había creído frustrante- fue complementada por un beso sorpresivo, más sorpresivo que aquel bajo la lluvia, similar más a una separación definitiva que a un 'te veré pronto', me encontré ahogada por la sorpresa y la necesidad. Él caminó hasta su auto, lo estacionó junto a su casa, bajó y caminó hasta la entrada, no regresó la vista una sola vez, con el fijo propósito de no verme de nuevo.
No sabía entonces cuánta razón tuve al respecto.
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Neutron no dio señales de vida en tres días, no hubo llamadas, mensajes de texto, e-mails, cartas…Al segundo día decidí llamarle pero no hubo respuesta, incluso sus padres parecieron colaborar a su propósito de esconderse y los Neutron desaparecieron de la faz de la tierra. No pude concentrarme en absolutamente nada y para cuando el tercer día terminó, me encontraba más enojada que nunca. Enojada evidentemente con él pero más molesta conmigo misma por haber sido víctima de mis ilusiones de nuevo.
Pero sin importar cuánta culpabilidad pusiese tener yo en el asunto, las cosas estaban claras para mí: Neutron no desaparecería así como así, jugando con mi corazón para luego escapar.
Era miércoles y luego de la clase de matemáticas decidí recurrir al punto más vulnerable de un niño genio: sus tarados amigos. Sorpresivamente ambos estaban en la universidad y gracias a la relación de Libby con Sheen, que se mantenía intacta sin importar distancia, tenía cómo localizarlos a pesar de varios meses de incomunicación.
-¿Sheen? Es Cindy, ¿cómo has estado?
-¿Cindy? Parecen años luz desde la última vez, todo bien aquí, ¿y tú?
-Bien, gracias. ¿Has hablado con Libby?- Pregunta estándar para iniciar una conversación.
-Justo hablaba con ella antes de tu llamada, es como telepatía, me recuerda al episodio 365 de Ultra Lord: "El ataque de los come-cerebros de Nébula III"
-Sheen…
-Después de la dramática batalla con el Robo-Enemigo…
-Sheen.
-…Ultra Lord fue desterrado al sector de Nébula III…
-¡Sheen! Necesito un favor, ¿podrías dejar de hablar de tus ultra-estupideces y ayudarme un poco?
-Disculpa, es un hábito. ¿Qué necesitas?
-Necesito a Neutron. No quiero excusas, no quiero rodeos, necesito saber dónde está. Ahora.
-Ah…La familia Estevez no se encuentra en el momento, deje el mensaje después de la señal. Beeeeeep.
-¡¡Sheen!!
-No sé dónde está, Cindy.
-Mentiroso, Neutron no se iría a ningún lado sin que tú o Carl lo supieran, dime ahora si no quieres sufrir.
-No sé dónde está, esa es la verdad.
-Muy bien, Sheen, gracias por tu ayuda. Seguramente Carl sí me dirá lo que tú no.
-¡Falso! Carl no sabe que Jimmy regresa esta noche del mini-viaje con sus padres porque…- Se detuvo, usar la psicología era un truco bastante viejo con Sheen pero jamás dejaba de dar resultados.
-Gracias, acabas de ahorrarme una paliza, te veo pronto.
-Rayos.
Terminé la llamada y aunque llegué a sentirme culpable por haber usado a uno de mis amigos, de nuevo, estaba más motivada que nunca para enfrentar la situación. Terminaron las clases y llegué a casa 15 minutos antes de lo acostumbrado, absolutamente furiosa e incontrolable.
Permanecí junto a la ventana de mi habitación tres horas contadas, terminé la novela que había empezado a leer a principio de semestre e incluso tuve tiempo de revisar las ecuaciones de la tarea de física, sin mencionar que pude asegurarme de tener la agenda al día para la semana siguiente. Eran las 11 de la noche y finalmente un par de carros se asomaron por el horizonte, no esperé hasta corroborar mis sospechas y casi volé escaleras abajo; salí, crucé la calle corriendo y me crucé de brazos rente al porche de la residencia Neutron, un minuto después los carros que había divisado al final de la calle se estacionaron uno tras otro frente al garaje.
Del viejo traste que hacía las veces de auto bajaron los señores Neutron, la sorpresa en sus rostros fue evidente y aunque sonreí con plena sinceridad a su saludo, se mostraron nerviosos ante mi presencia. Neutron bajó de su flamante auto, no se sobresaltó al verme, seguramente lo esperaba; guardó las manos en los bolsillos del pantalón mientras caminaba hasta mi encuentro. De forma educada guardé silencio hasta que sus padres entraron a la casa del todo y luego exploté incontrolablemente.
-Así que yo tenía razón después de todo, ¿no? ¿Ni siquiera sobre los 20 puedes dejar de jugarme bromas estúpidas?, muy maduro de tu parte, no dejarás de ser el cretino que siempre creí.
Me miró en silencio, no dio indicios de querer responder a mi acusación y eso solo logró enervarme más.
-¿Entonces no dirás nada?- Silencio. -¿Tenías que corroborarlo, verdad? Bastó que yo manifestara mi miedo para que tú lo hicieras realidad, ¡necesitabas todos los datos de la ecuación!, vaya experimento enfermizo el que te propusiste.
-¿Algo más que necesites decir?
Mi mente rugió molesta, ¿de verdad no le importaba nada? -¡Idiota!
Automáticamente levanté la mano y la estampé en su mejilla, respuesta auto programada para el rechazo. Impacté con fuerza tal que mi mano sintió el ardor y la retiré en cuanto el dolor se intensificó. El impacto había hecho que Neutron volteara el rostro y cuando recobró la compostura su expresión continuaba inalterada. Por supuesto, mi bofetada había estado entre sus cálculos desde el principio.
-Más te vale no mostrar tu horrible rostro de nuevo, Neutron, te destruiré en cuanto te vea.
Di media vuelta y con el paso enfurecido regresé a casa, luchando violentamente contra el llanto que se esforzaba por huir de mis ojos.
