A/N: ¡Lamento tanto el retraso! No hay excusas. Fui perezosa y...me mentí tanto en la traducción de "Do you remember me?" que casi olvido esto. (No me molesto si se dan una pasada por el fic ;D) Y respecto al capítulo anterior: no sé si leyeron bien pero claramente decía "un pare de semanas", lo del 'rompimiento' no fue tan repentino como pareció.
Ahora bien, capítulo largo, abrumador e inesperado para compensar la espera. Los quiero.
Disclaimer: Los personajes desgraciadamente no me pertenecen, son propiedad de John A. Davis y de DNA productions. Son usados con evilness por moi, la chica que empieza semestre en dos días.
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"Nuestras dudas son traidores que muchas veces nos hacen perder el bien que podríamos ganar si no temiéramos buscarlo."
-William Shakespeare
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Capítulo 5: Intrusos.
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Intenté relajar mi expresión pero no pude, eso solamente me traería más problemas. Todo el asunto con Neutron me había hecho olvidar el trabajo pendiente de Programación y el profesor parecía más molesto que de costumbre, no había parado de regañarme en 10 minutos, me sorprendía que su rostro no hubiese enrojecido por las inexistentes pausas para tomar aire.
-Profesor, ¿podría ponerme el '1' y olvidar el asunto?
-No, no puedo, Cindy. Esto me frustra demasiado.
Si supiera lo frustrada que yo estaba. –Como sea, reprobaré este temario, podré ponerme al día con las calificaciones al finalizar el semestre.
-Así lo espero, será algo difícil de lograr.
Decidí saltarme la clase siguiente, había agotado mi motivación y energía, cuatro semestres de notas perfectas colapsaron por un estúpido trabajo que no anoté en la agenda y que mi cabeza se esforzó en olvidar con un único propósito: ese día había visto de nuevo a Neutron luego de años de ausencia. Me quedé en el campus en pro de evitar conversaciones incómodas con mamá quién tenía una habilidad maternal innata para detectar mis cambios de humor; era un lugar apacible, podía verse a los grupos de estudiantes despreocupados sentados sobre el césped, disfrutando un baño de sol. Mis 'amigos' estaban en clase y sentarme bajo el sol como un hongo solitario definitivamente no era una opción, huí al único lugar que me sonaba apetecible: la biblioteca.
Creí que el silencio era el remedio perfecto, pero el mutismo externo avivó mi voz interna, molesta y entristecida, sin ánimo de una lucha en mi interior, trabajé incansablemente, adelanté lecciones, terminé tareas pendientes, leí un par de pequeños libros y en medio del desespero me atrevía ver un cortometraje. Para cuando lo noté había anochecido.
Salí alarmada esperando llegar a tiempo para tomar el último bus que pasaba en la parada, permanecí de pie aferrada a mi mochila tranquilizándome con mantras insonoros como 'aún no es tan tarde, tranquilízate, todo saldrá bien'. El bus llegó luego de una media hora de espera, había un vagabundo en las sillas de atrás y un chico rubio escuchando música del lado izquierdo del bus. Me senté en el derecho.
El viaje me pareció absurdamente largo pero una vez puse la llave en la cerradura de mi puerta me sentí mucho mejor. Suspiré, abrí la puerta, entré, la cerré de nuevo y sonreí. Estaba en casa.
Dejé las llaves sobre el buró de la entrada y noté que faltaban un par de cosas, probablemente mamá las había movido pero ese no era su estilo, generalmente escogía una semana de limpieza trimestral y reacomodaba todo en la casa. Inquietada avancé hasta la sala, oscuridad plena, encendí la luz y todo había sido movido con violencia. Papeles en el suelo, porcelanas rotas, fotos sacadas de los marcos, todo indicaba que había sido un robo.
Sin embargo, las cosas de valor como mis trofeos de artes marciales y los adornos en plata, regalo de mi abuela, se encontraban allí, si algo debieron tomar fueron esos objetos, ¿por qué continuaban ahí? Escuché un sonido de pasos en el segundo piso, caminé sigilosa hasta el inicio de las escaleras. No había nada. Di media vuelta para regresar a la sala y un hombre estaba de pie en el pasillo. Casi grité. Tenía el rostro cubierto y se acercaba a mí con pasos lentos. Retrocedí y mi espalda se tocó con la puerta de entrada. Fue entonces cuando los pasos del segundo piso regresaron y otro hombre enmascarado bajó la escalera, dirigiéndose a mí como su amigo.
Y ahí estaba yo, atrapada con dos desconocidos a punto de hacerme algo innombrable.
"Muy bien, Cindy. Es tu casa, tu territorio. ¡Puedes hacer esto!"
Me di valor y asumí una posición básica de defensa del Tae kwon do, ambos sujetos se detuvieron y pasaron unos segundos sin que alguno de los tres moviera músculo alguno. Entonces uno de ellos atacó. Vino de frente y le esquivé con facilidad, impacté el codo en su cuello y cayó inmóvil al suelo. El otro vino de inmediato, asesté un golpe en su estómago y posteriormente en su frente, cayó junto a su compañero, retorciéndose como el gusano malherido que era.
"Teléfono. Ahora. ¡Llama a alguien!"
El teléfono no estaba en el buró, no estaba en el suelo o en las gavetas. Corrí a la sala y busqué en el desorden. Nada. El teléfono había desaparecido sin rastro.
-¿Buscas esto, pequeña?- Uno de los hombres apareció en la sala sosteniendo el teléfono en la mano izquierda, con la otra, buscó algo en su bolsillo y sacó lo que parecía ser un lapicero plateado. Pulsó el lapicero y un rayo celeste salió y cortó el teléfono por la mitad. Los trozos cayeron y comenzaron a deshacerse por los extremos de la cortada.
Atontada, intenté recordar qué era ese aparato.
Era una nueva arma que el ministerio de Defensa del Gobierno había estado desarrollando, todo lo que concernía al respecto era un mito, rumores sueltos por la facultad y los profesores que trabajaban en el ministerio. Ese era real, demasiado peligroso en manos de un par de ladrones. Un movimiento en falso y yo estaría perdida.
"Desmantelaste uno similar en clase, quizá puedas hacerlo con este. Ahora, ¿qué iba primero?"
-Cindy Vortex.- El otro hombre apareció a mis espaldas. –Una chica bastante inteligente para su edad. Eso es algo peligroso.
-¿M-me conocen?- La pregunta no me pareció estúpida dadas las circunstancias, pero ambos rieron a carcajadas como si hubiese hecho una maroma de circo.
-¿Cómo no hacerlo? Mejor estudiante de la facultad de Ingeniería de Hardvard en Retroville por tres semestres consecutivos. Familia americana promedio, hija única, vivienda urbana en los suburbios. ¿Olvido algo?
Razonamiento veloz: necesidad, espionaje, secuestro, error, muerte.
No hubo nada más después de ese pensamiento, no reclamos, no valor, no miedo, no nada. Me quedé de pie, congelada, aturdida por lo complejo de la situación.
-El asunto es así, princesa.- Habló el que había usado el láser. –Vienes con nosotros, haces lo que decimos y nadie saldrá herido. Una vez terminado el trabajo, regresas a casa y no vuelves a hablar de lo sucedido. Solo vivirás si te portas bien.
-¿Yo? ¿Q-qué pueden querer de mí?- Hablé en un susurro.
-A ti no, tus conocimientos. No había mucho de donde escoger en este pueblito de segunda, pero es en su museo donde exhiben arte original del periodo Edo japonés. Queremos que lo robes para nosotros.
"Muévete, di algo. ¡Haz algo por el amor de Dios!"
Lo que pasó después, fue tan rápido como un disparo.
-Cindy, ¡abajo!
Obedecí y me arrodillé en el suelo, me cubrí la cabeza con los brazos y al levantar el rostro, el sujeto yacía inconsciente, humo salía de su pecho como si hubiese sido atacado. Con temor y sin estar del todo en mis cabales, gateé hasta él y tomé el láser para apagarlo. Se disparó accidentalmente antes de hacerlo y el calor del láser me rozó la mano derecha. No sentí el dolor. Me levanté y giré en dirección opuesta, Goddard caminaba hacia mí con su mirada láser encendida. Era él quien había disparado.
En la entrada de la sala había un hombre sujetando al otro ladrón, lo sujetaba de la camisa y le agitaba con furia, parecía estarle gritando y fue entonces que escuché un pitido en lo profundo de mi cabeza, era lo único que podía oír.
Llegó lo que parecía ser una patrulla de policía, otros dos hombres entraron y uno de ellos me pidió el láser que había recuperado. Lo devolví, confusa, y me senté en una silla que me brindó. Esposaron a los sujetos y los sacaron de la sala. Poco a poco recuperé la audición y lo primero que esucuché claramente fue: "es una fortuna que su madre no estuviera en casa."
Mamá, ¿cómo no pensé en ella antes? Pero sabiendo que estaba segura, tenía un asunto importante en el que pensar: Neutron había venido a salvarme. Y eso explicaba su paranoia con los extraños, no había que ser genio para deducirlo: me habían estado siguiendo. Él pudo notarlo, yo no. Me enojé.
Continué sentada por una hora completa mientras él daba los datos a la policía, no logré controlar la respiración y Goddard puso una manta sobre mis hombros. No levanté la mirada una sola vez, estaba absorta en el pensamiento de '¿qué hubiese pasado si mamá estuviera aquí?', constantemente contrastado con el '¿Y qué si Jimmy no hubiese llegado a tiempo? ¿O si ni siquiera hubiese logrado llegar?'. El mismo escalofrío me recorrió una y otra vez la espalda, no dejé de sentir miedo.
Neutron se arrodilló frente a mí. No lo divisé directamente, le capté con la visión periférica, parecía estar revisando mi expresión. De nuevo.
-¿Qué haces aquí?
-Un gracias estaría bien para empezar.- Suspiró. –Goddard detectó los niveles de energía del láser. Es todo.- Guardé silencio, eso solo sumaba puntos a su conveniente actitud paranóica. -Tienes una herida en la mano.- Me dijo. –Goddard, equipo de primeros auxilios.
-Déjalo. Estoy bien.- Rehusé.
-¿Bien en qué sentido?- Propuso irónico. Enfoqué mi vista en él y fruncí el ceño. –Bromeo.
No se sintió como una broma. Esa enfermiza expresión congelada de su rostro podría decir cualquier cosa excepto algo gracioso, me sacaba de quicio. Tomó mi mano y el contacto me hizo estremecer, se hizo de las herramientas de Goddard para curar la pequeña cortadura de mi mano derecha. No dolió en lo más mínimo.
-Terminamos.- Vanagloriado, colocó una curita sobre la herida. Recuperé mi mano y la cubrí con la izquierda. –Tu mamá demora un poco, ¿verdad? ¿Quieres que me quede contigo?
-No es necesario.- De nuevo tenía la mirada fija en la nada. –Gracias. Ya puedes irte.
-Entiendo.- Leyó mi estado de humor. Finalmente era hora. –Aunque si quieres que me quede…
-Voy a estar bien, Nerdtron.- Dije furiosa y lo encaré. –Deja tu paranoia y vete.
Se levantó del suelo y caminó hacia la entrada. Suspiré. Esto no simplificaba las cosas, estaba en deuda con él, y aunque mi clásico orgullo era la salida más sencilla, sabía que no bastaría. Ya no éramos niños, desgraciadamente ya no.
Detuvo su paso, levanté el rostro y lo vi caminar hacia mí. Puso una mano en mi mejilla y me miró detenidamente, esa calidez imposible en sus ojos zafiro, su pulgar rozando con delicadeza mi rostro, antes de besarme suavemente, con calma. Un delicado roce de labios para mirame de nuevo y decir: mañana paso a buscarte.
Se fue y yo me quedé inmóvil en la silla, atontada. En segundos estuve boquiabierta, las manos extendidas hacia adelante y el ceño entre enojado y sorprendido. Una cachetada habría estado bien, ¿quién rayos se creía para besarme de nuevo? Espléndido, mi cerebro operaba con cinco segundos de retardo. Me llevé las manos al rostro y gemí inconforme.
-Idiota.- Dije, no estaba segura si era para él o para mí.
Me levanté de la silla abrazando la frazada, subí las escaleras y presioné el botón del contestador automático del teléfono en el pasillo. Había un solo mensaje.
-Cinthya, es mamá. Esta noche me quedaré en casa de tu tía Susy, lamento no haberte avisado. No me esperes despierta, te veo mañana.
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Mamá habló hora y media sin parar sobre lo que había sucedido la noche anterior, repasó todas y cada una de las indicaciones que me había dado por seguridad e insistió en comprarme un localizador GPS para saber mi ubicación exacta. Esuchcé en silencio, pocas intenciones tenía de molestarla y era más sencillo esforzarme borrar los detalles de la noche anterior. Ciertos inadecuados detalles. Una vez que terminó comprendí que había perdido una batalla sin haberla empezado: no tendría auto propio antes de los 25 años.
-Imagina si inentan robar tu auto…¡podrías salir herida!- Dijo al finalizar. Afortunadamente no sabía de la pequeña herida de mi mano. Por suerte fue solo la temperatura del láser, de haberme alcanzado por completo…
Salí a esperar el bus como todos los días, pero antes de poner siquiera un pie junto al paradero, una bocina llamó mi atención, un auto azul me estaba siguiendo por la calle.
-¿Quieres que te lleve?
-Piérdete, Neutron. Acordamos dejar las cosas en este punto.
-Yo jamás accedí.- Detuve mi caminar, le miré ofuscada. –Aunque, si quieres llegar tarde…
Buen punto. Maté mi orgullo con una respiración profunda y gruñí por lo bajo antes de acceder a la invitación, entré en el auto, abroché el cinturón y me crucé de brazos mostrando la cara más disgustada posible.
-Cindy, no seas obstinada.- Le miré y mostré la lengua en gesto infantil. Él suspiró. –De acuerdo, si así van a ser las cosas…
El camino transcurrió en silencio, no encendió el radio para mitigar la ausencia de ruido, si intentaba hacerme sentir incómoda como parte de una venganza infantil por mi gesto aún más infantil, lo estaba logrando.
-Llegamos.
-Gracias, supongo.
-Puedo pasar a recogerte cuando salgas.- Propuso.
-¿Qué es lo que pasa contigo? ¿Quieres recibir una demanda por acoso?
-¿Quieres seguir tomando el autobús?
-Es mejor que estar encerrada contigo en un auto. Haz lo que quieras. ¿Estrás aquí todo el día?, bien, suerte con eso.- Bajé del auto y caminé tensa hasta cruzar el umbral.
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-¡Por favor, Camille! Es solo una persona más.
-Lo siento, Cin, la última vez me multaron, no puedo llevarte.
-Camille, ¡es de vida o muerte!- Pedí con rostro suplicante. –Por favor.
-Cindy, no puedo, le prometí a los chicos llevarlos desde el lunes, lo siento.
La conversación terminó cuando llegamos a su auto, las puertas estaban custodiadas por los amigos de Camille, todos tomábamos juntos la electiva –obligatoria- de humanidades.
Me quedé a un lado del auto y todos subieron de forma sincronizada, Camille esperó un poco, le miré angustiada pero negó con la cabeza y dijo: -Lo siento, quizá otro día.
-Sí, quizá otro día.- ¿Por qué ese día no podía ser hoy?
Neutron probablemente estaría esperando por mí y lo que menos deseaba era pasar tiempo a solas con él, mi única alternativa era Camille, la linda estudiante de intercambio que siempre se mostró amable conmigo pero esa posibilidad se cerró como un portazo en la cara.
Atravesé el parqueadero y salí por una de las puertas auxiliares del campus, quizá podía tener una posibilidad de escapar si no usaba la puerta principal. Como era habitual tratándose de Neutron, yo estaba equivocada.
"Es un genio, Cindy, ¿cuántas veces tendrás que repetirlo hasta entenderlo?, claro que él sabía que saldrías por aquí. Te estás comportando de una forma bastante idiota."
Estaba de pie junto a su auto, me detuve al finalizar la acera esquivando su mirada posesiva al otro lado de la calle. Si no caminaba hasta él no tendría por qué llevarme ¿verdad?, es más, podría dar la vuelta, ir a la biblioteca y…uh, no, esa era una pésima idea.
-¡Hey! ¿Vienes o no?- Gritó desde su posición.
"Piensa rápido, Vortex, piensa rápido", mi mente cantó y evalué las posibilidades. Ciertamente era más sencillo que él me llevara, pero…
-Ah, qué rayos.- Me dije, reinicié la caminata con ímpetu y llegué hasta él con el mismo gesto nefasto que le había mostrado en la mañana. –Aquí me tienes.
-Perfecto, entonces vamos.
Esta vez encendió el radio y puso un CD que él mismo parecía haber grabado, reconocí un par de canciones que en medio de mi enojo tararee recordando mi infancia. Él tenía esa misma expresión vacía pero algo en mí sabía que disfrutaba a situación. Me estremecí; había en mi interior un conflicto curioso entre el deseo de golpearlo, el instinto de huir y la culpabilidad por no haber agradecido.
Llegamos a nuestra calle pero no se detuvo.
-Hey, ¿qué intentas hacer? ¿Secuestrarme? No es divertido.
-Hay algo que quiero mostrarte.
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