*Saca banderita blanca* ¿Podemos hablarlo en son de paz? D:

Además de haberme quedado sin internet dos veces (holy crap, what's wrong with the world?) y de una inesperada y fuerte obsesión por "Phineas and Ferb" (Go Phineas, go, go, Phineas… I love him so much *o*), concretar este capítulo fue casi imposible. ¿Por qué? Bueno, llegamos a alguna especie de clímax de la historia, espero compense la espera :3

Si quedan dudas, las resuelvo en los replays a sus reviews, no teman preguntar y por supuesto, gracias por su infinita paciencia, no merecen que una autora descuidada los mantenga esperando por la eternidad.

Disclaimer: Jimmy Neutron no es de mi propiedad, pertenece a John A. Davis y desgraciadamente a DNA productions. Uso malvadamente a los personajes porque…bueno, no hay una razón aparente ._.

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Capítulo 6: Decisión

-Hay algo que quiero mostrarte.

-¿Qué pasa contigo?- Era más sencillo buscar respuestas en vano que contener el impulso de golpearle. –Te vas por años como si no hubiese pasado nada, regresas convertido en una persona completamente distinta, juegas conmigo y te marchas, me espías y ahora pretendes que lo olvide todo. Sabía que ese gran cerebro tuyo terminaría por colapsar.

-No has dejado de ser observadora.- Aludió.

-Idiota.- Murmuré. Era tan extraño su comportamiento que el solo hecho de su parpadeo me enojaba, me molestaba pensar en el contraste de sus personalidades, me enfurecía saber que me concedía la victoria de una pelea que no existía. -¿El observatorio?- Pregunté al llegar al lugar. –Bien pudimos haber ido a tu laboratorio sin que me arrastraras a través de la ciudad.

-Ah, pero en el laboratorio no tengo un telescopio con más de 250x de aumento.

-Como digas.

Bajamos del auto y no tuvimos que parar en taquilla, él ya había comprado los boletos. Lo había preparado todo. Demencial. Caminamos a través del observatorio y la exposición en penumbra hasta llegar al telescopio más grande que la imaginación podía concebir. Habló con el operador como si fueran amigos de toda la vida, operó el telescopio y me llamó cuando pareció ubicar algo. Llegué a su encuentro y me brindó la silla frente al enorme aparato.

La vista era preciosa, un planeta luminoso, difícilmente parecido a cualquier cosa que hubiese visto con anterioridad, de tonos violetas, rodeado por una neblina blanca que giraba lentamente.

-Vaya. ¿Qué es?

-Es un nuevo planeta, más allá de Plutón.

-Espera, ¿más allá de Plutón? ¿Qué Plutón no dejó de ser un planeta?

-No hemos llegado a una verdadera conclusión,- Dijo con presunción. –y creemos que ese planeta orbita fuera de la Vía Láctea.

-Sorprendente. ¿Es oficial?

-No…aún.

-¿Y podías contármelo a mí?- Pregunté alarmada.

-No, oficialmente no, pero ¿quién podría impedirlo?

-Estás enfermo.- Concedí y continué mirando el planeta. -¿Cómo es posible que nadie jamás lo haya visto antes?

-Bueno, eso es por la longitud de su órbita y su rotación. Le lleva unos 200 años dar la vuelta a la galaxia y su rotación equivale a tres años terrestres.- Enfatizó.

-Es increíble. ¿Trabajaste en esto en la NASA?

-Correcto. Es el proyecto cumbre no-oficial.

-Neutron.- Dejé de mirar a través del telescopio y fijé mi vista en él. -¿Por qué me estás mostrando esto?, ¿no sería más coherente si lo compartieras con Sheen o Carl?

Pareció dubitativo, más de lo usual, sobretodo viniendo de una persona que parece tener las respuestas a cualquier pregunta jamás formulada. Retiró la vista y caminó hacia la salida de la sala de observación, me levanté y corrí para alcanzarlo, aún en espera de la respuesta a mi cuestionamiento.

-¿No piensas responder?- Cuestioné con temor.

-No sé qué responder.- Continuó caminando. –Honestamente no lo sé.

-¿No sabes o no quieres? Es una pregunta simple.

-¿¡Tienes idea de lo difícil que es esto para mí!?- Se detuvo justo en medio de la proyección del conjunto estelar de Pléyades. –Yo no quería verte.- Era difícil interpretar su intención mientras me daba la espalda. –Siempre tuviste que complicar todo, Vortex, incluso sin proponértelo.

-¿No querías?- Me encontré abruptamente consternada por la sensación de no ser lo suficientemente buena para ser buscada.

-No, no quería, debía verte y el problema es que ahora quiero hacerlo.- Se volteó y me miró con dureza. –No me preguntes el por qué, lo desconozco, simplemente deseo compartirlo contigo, ¿de acuerdo?

En medio de la fragilidad de la incertidumbre sentí el rostro arder más allá de mi control, más allá de lo que jamás esperé al respecto. Sostuvimos la mirada inamoviblemente, completamente abstraídos en el otro. Las Pléyades dieron paso a Tauro sobre nuestros rostros y él habló nuevamente.

-Cuando regresé y te vi observándome desde tu ventana…bueno…volteaste todo de cabeza. Algo había quedado pendiente, ambos siempre lo supimos y sentí que era justo completarlo.

-¿Han pasado semanas y solo lo dices ahora?- Cuestioné con voz temblorosa. -¡Pudiste haberlo dicho desde un principio!

-No es así de sencillo, hay circunstancias de por medio.

-¿De qué tipo?

-Clasificado.

Suspiré, frustrada. Sí, la ya molesta duda que me había surcado estaba despejada pero en medio de su aplastante confesión, había hecho surgir un nuevo y aún más complicado cuestionamiento, ¿qué era lo que no lo hacía fácil? Para mí todo estaba tan claro como un mapa dibujado por un niño de 10 años. Pasamos tanto tiempo odiándonos que no nos dimos tiempo de pensar en otras cosas.

Quizá era el momento para dejar de tener secretos, de olvidar el infantilismo y mirar las cosas desde una perspectiva adulta. Quizá era justo que me permitiera sentir sin ataduras lo que verdaderamente había ente él y yo, más allá de una especie de amistad sembrada en competitividad. Ya no éramos un par de niños jugando a "sé que soy mejor que tú".

-Llévame a casa.- Exigí. –El fin de semana apenas comienza y tengo mucho por hacer.

-Bien, salgamos de aquí.

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En casa, en la seguridad de mi cuarto, completamente encerrada en la fortaleza de mi espacio, me sentí completamente vulnerable, nerviosa, tensa, confundida. Me dejé caer sobre las almohadas y las fotocopias que leía cayeron sobre mi rostro nublando la vista. Sentía ganas de gritar, ¿cuál era el maldito problema?, ¿por qué simplemente no podíamos decirnos las cosas de frente, evitando los rodeos y la incertidumbre?

Oh cierto, nuestra relación siempre fue así.

"Era bastante estúpido," me dije "pero siempre fue divertido".

Sí, ese era el punto: era divertido, la alegría de causar incertidumbre y de sentirse superior era una alegría que avivaba la más mínima ilusión. Ilusiones de correspondencia, ilusiones de sentimiento. Sentirse superior intentando llamar su atención por sentirme la única en todo. Yo siempre quise ser su único todo.

Ya estaba, aún quería serlo.

Mi conciencia se agitó furiosa, cediendo a la voluntad de admitir lo que siempre me costó trabajo y que ahora simplemente parecía solucionar los últimos años de mi vida. Me levanté, busqué mis zapatos y me los puse corriendo escaleras abajo, estuve a punto de caer un par de veces por lo que mi cabello se convirtió en una potencial vivienda animal y justo al abrir la puerta, él se materializó en mi entrada con la mano en alto para tocar el timbre.

Ambos nos miramos deteniendo las respectivas acciones y solo entonces recordé el desastroso estado de mi cabello. En medio de vanos intentos por acomodarlo, levanté la vista y decidí hablar primero, haciendo fuerza de voluntad para mantener acallado el pensamiento de mi revelación personal.

-Uh…hola.

-Yo quería…bueno…- Respiró hondo. –Quería ofrecerte una disculpa.

Recuperé la compostura y me crucé de brazos mirándolo con incredulidad. ¿Neutron, disculpándose… conmigo? La cordialidad entre los Neutron y los Vortex era un camino poco explorado y lleno de trampas ocultas, ¿qué podría haber detrás? Me incliné para intentar descifrar los pensamientos en sus ojos que sus palabras no expresaban. Pareció intimidarse por mi escepticismo y levantó las manos sobre su pecho para defenderse.

-Estoy siendo cien por ciento sincero.

-Tienes diez segundos.- Amenacé sonriendo vanagloriada.

-Por lo que pasó ayer y por haberte…lastimado. No fue correcto en ningún sentido pero me gustaría que entendieras…- Señalé mi reloj y cortó la idea a la mitad. –Correcto. Puedo probarte científicamente que estoy diciendo la verdad, sin embargo, prefiero que confíes en mis palabras.

-Cinco segundos…

-¡Cindy!

-Bien, bien, disculpa aceptada.- Se paralizó sin decir palabra alguna. -¿No me crees?

-Sí, pero…me cuesta creer que te rendiste tan fácil. ¿No eres tú quien siempre lucha?

-Hay cuestiones clasificadas que me hicieron cambiar de opinión.- Me burlé. -¿Te bastaría saber que mi deber también cambió por un querer?

Lo meditó un instante. –Sí, creo que me bastaría.- Aún sin sonreír, pude sentir la alegría que parecía venir de su interior.

-Y ahora que estás aquí,- le tomé de un brazo y lo halé hacia el interior, -puedes ayudarme con mi tarea de programación.

-Espera, ¿solo me querías para eso?- Preguntó tras cerrar la puerta.

-Quizá…

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En hora y media comprendí de principio a fin lo que un profesor había intentado explicarme por unos cuatro meses, sin mencionar que finalicé unos trabajos extra que podrían ayudarme a suplir el trabajo que Neutron echó a perder con su llegada, finalmente me estaba compensando y no tuve que insinuar una sola palabra al respecto. Fue un tiempo apacible que realmente llegué a disfrutar, la infantil necesidad de sentirme necesitada por él había sido completamente satisfecha.

Me reí de mí misma, disfrutando de estúpidos detalles que parecieran ser depreciables pero podían mantener un corazón al ritmo correcto. Me miró consternado cuando mi risa interna escapó involuntariamente, seguramente porque mi estado de humor no correspondía al programa de televisión que veíamos ahora en la comodidad de mi sala. Negué con la cabeza intentando desviar su atención de mi curiosa actitud.

Bajo las ya constantes extrañas circunstancias del tiempo que transcurría en compañía del otro, no fue extraño que terminara cobijada por un abrazo que, aunque inesperado, parecía ser inevitable y destinado, una necesidad que se superponía a muchos otros pensamientos que parecían venir de mi consternada voz interna. Era ese tipo de momentos que siempre esperé compartir con aquella persona que lograra mostrase lo suficientemente valiosa como para permitirle robar mi corazón, ese tipo de instante que jamás disfruté con cierto idiota cuyo nombre parecía borroso en mi consciente.

Puso su nariz en mi cuello y el roce, además de provocar una descarga eléctrica de arriba abajo, me hizo reír producto de las cosquillas. Soné como una chica cualquiera, feliz, esperando lo mejor de sí misma y de lo que pudiese venir después. Parecía deleitarse en mi aroma y pronto la felicidad fue sustituida por un sentimiento afín y a la vez opuesto: deseo.

Eso estaba mal. Mal de una forma placentera y casi culpable, su respiración sobre mi cuello me hacía flaquear, el corazón me latía con fuerza y de continuar así empezaría a hiperventilar. Tuve que girarme, tomar su rostro entre mis manos e intentar inyectar la misma inseguridad que él me hacía sentir cuando retenía mis ojos en su mirada. Fallé. Cerré los ojos y dejé que me besara sin restricciones ni preocupaciones. Las voces contradictorias de mi cabeza callaron, no había más que esa sensación ambigua de potestad y debilidad, el escozor en el estómago y electricidad embebiendo adrenalina en las venas.

-No, no, Cindy, detente. Detente.

Dijo que te detuvieras, hazlo.

Me incorporé y cerré mi camisa. Enojada. Triste. Vengativa.

-Muy bien, entiendo. Aquí vamos de nuevo.

-No se trata de eso. Es que…no te enojes, yo…

-No tienes que dar explicaciones. Fui yo la que…- Se ilusionó como una adolescente estúpida.

-Si dejaras que…

-¡No necesito excusas, Neutron! Entiendo perfectamente lo que aquí sucede.- Herida en más de un sentido sentí los ojos llenarse de lágrimas ligeras pero evidentes.

-¡Pero no lo entiendes!- Estaba tan enojada que vagamente noté, por primera vez, el cambio de su rostro. Angustiado, culpable.

-¿Qué debo entender? ¿Qué ahora juegas conmigo en un nivel más alto?

-Cindy…

-¡Y pensar que casi…! ¡Uh!

-Escúchame.

-¡Solo sal de mi casa! No quiero verte, no quiero escucharte, no quiero pensar en ti, no quiero saber absolutamente nada que tenga que ver con…

-¡Voy a morir, Cindy!- Gritó y me tomó por los hombros. -¿Entiendes?

-¿Qué?

-Voy en una misión casi suicida al planeta que te enseñé hace dos días.

-¿Qué?- Repetí, absorta, digiriendo la información.

-Por eso no puedo…no podemos…Sería comprometerme contigo de forma plena y no quiero lastimarte, ¿comprendes?

-¿Vas a…morir? ¿Qué?- Balbuceé. -¿Misión suicida? ¡No pueden!

-Claro que pueden.

-¡Eso no tiene sentido! Estás jugando conmigo, ¿verdad? Solo dime la verdadera razón y vete.

-¡Te digo la verdad! ¿Qué razón tendría para jugar con algo tan serio? ¿Una disputa infantil? Tú misma lo dijiste, ya no somos niños. Intenta verlo con madurez.

-No pueden, maldita sea, no pueden. ¿Qué clase de misión es esa?

-Necesitan muestras, estudios. Necesitan una persona que pueda resolver problemas de cualquier índole sin importar la condición.

-Un genio.- Corroboré yo, él asintió.

Me cubrí el rostro con las manos. Era como si arrancaran algo de mí, un golpe mortal, un suicidio con ruleta rusa. No había forma de describir lo mucho que eso pesó en mí, en ese instante todo dejó de importar, absolutamente todo. Me devoró el llanto silencioso. Pensar en que no volvería a verlo, en que todo lo que dije pudo haber marcado de forma trascendental lo que quedaba de su existencia, en lo devastador que me resultaba su ausencia solo podía arrancarme lágrimas. No hubo reflexiones, no hubo estrategias.

-No vine de visita, Cindy. Vine a despedirme.

"Tres años terrestres…"

El eco de esa conversación me atacó con rapidez.

Giré el rostro y le miré. –No llegas a Plutón en menos de tres años.- Sonrió culpable. –Oh, por supuesto, tú llegas a la Luna en 15 minutos.- Escondí el rostro de nuevo. – ¿Por qué tú?, ¿por qué no encuentran a alguien más? No es justo…

-Fui yo quien aceptó.

-Valora un poco tu vida, ¿tu cerebro finalmente colapsó?

-¿Tienes idea de lo que representa explorar algo que nadie jamás ha explorado anteriormente? Es una oportunidad única, pensar en todo lo que podría hacer con mis descubrimientos es…embriagador.

-¿Y de qué rayos va a servirte si no regresarás? ¿Es justo con tus padres, con todos nosotros? ¿Contigo?

-No se trata de justicia.

-Estás demente.- Hubo un largo e incómodo silencio. Continúe llorando, aún inaudiblemente.

-Creo que ahora entiendes por qué me comporté así contigo las últimas semanas.- Asentí.

-¿Y qué es entonces lo que quieres de mí? ¿Odio, amistad? Fácilmente puedo volver a ser tu enemiga.

-No, Cindy.- Sonrió y tomó ambas manos entre las suyas. –Me gustas, siempre lo hiciste, de una forma perturbadora y ridícula.

Bajé el rostro, no hubo cómo procesar lo que había dicho, aún me encontraba consternada y potencialmente destruida. –Neutron, ¿cuándo es el despegue?

-En cuatro días. Pasado mañana debo regresar a la base.

-En ese caso,- regresé la mirada y me observó con sumo interés. –tienes que llevarme a Florida contigo.


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Afñdfndsroenfsdafdsfdkj yesh, soy malvada y me gusta –w-

Los quiero :3 no olviden dejar review para saber que están vivos XD